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Aficiones arqueológicas del hombre que pudo ser rey

Beltrán Fortes, José

Abstract

Entre las variadas aficiones del duque de Montpensier sobresale una inusual para un personaje de su alcurnia: la arqueología, aunque desarrollada como simple "práctica social", propia de los eruditos de la época. En el curso del acondicionamiento de los jardines de San Telmo el duque hizo excavar en 1860 varios enterramientos romanos que formaban parte de la necrópolis meridional de Hispalis. Los restos quedaron musealizados in situ. Dos fotos de J. Laurent permiten documentar las tumbas y parte de los ajuares exhumados, que desaparecieron posteriormente.

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AH ENERO 2013 44 Antonio de Orleáns pasó desde 1848 la mayor parte de su vida en Sevilla y sus otras residencias de la provincia y de Cádiz (en Sanlúcar de Barrameda). En este marco no sólo destacó por su posición social y protagonismo político, sino también por sus intereses y actividades culturales e intelectuales. La formación de Montpensier en su niñez y juventud había sido esmerada. Estudió en un liceo público francés, a pesar de ser ya por entonces hijo del rey, y completó su formación con un preceptor particular, el escritor Antonio de Latour (1808-1881), quien lo acompañará ya toda su vida como secretario y amigo. En 1843 realizaron ambos un viaje que, frente a los tradicionales intereses italianos del Grand Tour , les hizo conocer territorios más exóticos (el mundo islámico o el egipcio) o clásicos (el griego), más acordes con los nuevos gustos del romanticismo imperante. El viaje lo recogió Latour en un libro que, con el título Viage de S.A.R. el Serenísimo Señor Duque de Montpensier a Túnez, Egipto, Turquía y Grecia. Cartas, fue posteriormente traducido al castellano y publicado en Sevilla en 1849. Su formación e inquietudes culturales le hicieron desarrollar otras muchas actividades intelectuales en el marco sevillano, a lo que tampoco estaban ajenos sus creencias e intereses políticos, ya que, como ha afirmado justamente Vicente Lleó, la opción política del infante era una suerte de "andalucismo romántico" que propugnaba en el marco ideológico la recuperación de lo genuinamente español y castizo —en buena medida lo andaluz, desde una perspectiva clásica del viajero romántico de la época—, a la par que un planteamiento progresista, con base en la innovación técnica en el marco económico. Fruto de ello fue su mecenazgo en proyectos culturales, públicos o particulares, y su pertenencia a diversas instituciones de esa índole en la Sevilla decimonónica. De ello nos interesa destacar que Montpensier formó parte como socio de honor de la Diputación Arqueológica de Sevilla, creada en 1853 como delegación provincial de la Academia de Arqueología existente en Madrid. No sabemos si el duque intervino activamente en las actividades de esa sociedad arqueológica, que apoyó sobre todo las excavaciones en Itálica, pero en suma es otro ámbito institucional donde se demostró el mecenazgo de Antonio de Orleáns en el marco cultural y de las Bellas Artes. Entre las variadas aficiones del duque de Montpensier sobresale una inusual para un personaje de su alcurnia: la arqueología, aunque desarrollada como simple "práctica social", propia de los eruditos de la época. En el curso del acondicionamiento de los jardines de San Telmo el duque hizo excavar en 1860 varios enterramientos romanos que formaban parte de la necrópolis meridional de Hispalis . Los restos quedaron musealizados in situ. Dos fotos de J. Laurent permiten documentar las tumbas y parte de los ajuares exhumados, que desaparecieron posteriormente. Aficiones arqueológicas del hombre que pudo ser rey El duque de Montpensier y sus excavaciones en San Telmo JOSÉ BELTRÁN FORTES UNIVERSIDAD DE SEVILLA MONTPENSIER LLEVÓ A CABO EXCAVACIONES EN LOS JARDINES DE SAN TELMO QUE DESCUBRIERON CINCO TUMBAS ROMANAS CON SARCÓFAGOS Y AJUARES Cabeza monumental de mármol de la diosa Roma, de Itálica, que formó parte de la colección de Montpensier y hoy se encuentra en la colección Helvetia, en Sevilla. Los duques de Montpensier en el jardín de San Telmo. Obra de Alfredo Dehodenq, 1853. Colección del marqués de Paradas. ■El duque de Montpensier era el quinto hijo de Luis Felipe de Orleáns, rey de los franceses desde 1830. Siguiendo los intereses de Francia se casó con la infanta española María Luisa Fernanda (1832-1897), hermana de Isabel II, con pretensiones a la Corona de España. El destierro de Francia de su padre, por la revolución de 1848, les llevó a trasladarse a España, pero como se les obligaba a residir fuera de Madrid eligieron Sevilla. Fue un destacado instigador de las conspiraciones contra su regia cuñada para sucederla en el trono. La revolución de 1868 logró la abdicación de la reina, pero Montpensier no alcanzó el trono, debido a la oposición de Prim (que optó por Amadeo de Saboya) y de Napoleón III, debiendo ir al destierro. De regreso en España, en 1870 mató en un duelo al también cuñado de Isabel II, Enrique de Borbón, con lo que arruinó sus posibilidades de acceder al trono. Su hija María de las Mercedes se casó con su sobrino, el rey Alfonso XII, pero sólo vivió algunos meses. Montpensier murió en Sanlúcar de Barrameda, en 1890, en el transcurso de una cacería. Pretendiente a la Corona española AH ENERO 2013 46 Entre las pasiones coleccionistas del duque sobresalía —como es bien sabido— la de la pintura, pero también podemos afirmar que coleccionó antigüedades arqueológicas, sobre todo esculturas y algunos epígrafes, que llegaron a su poder por diversos medios. Ya en 1848 solicitó las esculturas de la antigua colección formada por Francisco de Bruna para hermosear el palacio sevillano de San Telmo, pero le fue negado, pasando aquellas a la Comisión de Monumentos. Por azar del destino se encuentran actualmente en las salas del museo arqueológico, ubicado en el parque de María Luisa de Sevilla, en terrenos que fueron de la propiedad de Montpensier. Por el contrario, sí llegó a poseer una monumental cabeza marmórea aparecida en Itálica en las excavaciones de Ivo de la Cortina, que representaba una personificación de la diosa Roma, del siglo II d.C., y que vio en su palacio el epigrafista alemán Emilio Hübner, quizá cuando visitó Sevilla aquel mismo año de 1860. Posteriormente fue trasladada al palacio de Sanlúcar de Barrameda en poder del infante Alfonso de Orleáns y, actualmente, forma parte de la colección Helvetia, de nuevo en Sevilla (véase la imagen de la pág. 44). Por la referencia contenida en una carta de 1873 sabemos que en el palacio de San Telmo había otras esculturas antiguas, según describe Manuel Ruiz Llul: "...ví una cabeza gastada, en mármol blanco, que me pareció ser un Nerón, dos esfinges y otras varias piezas diferentes en bronce, un ídolo egipcio, y varios utensilios comunes de orden fúnebre". El ídolo quizá fuera una escultura egipcia de un gato, referida por otras fuentes, pero las piezas sepulcrales eran romanas y podemos contextualizar su descubrimiento. En efecto, un excepcional episodio de la vida de Montpensier nos lo presenta como excavador a la búsqueda de antigüedades romanas, con motivo del descubrimiento de varias tumbas con ajuares en el curso de los trabajos de acondicionamiento de los jardines del palacio sevillano de San Telmo, entre mayo y noviembre de 1860. Primero salió a la luz una tumba y, dado el interés del duque, se ampliaron los trabajos y se exhumaron en conjunto cinco sepulcros, con sus respectivos ajuares. Los descubrimientos arqueológicos de San Telmo no pasaron desapercibidos a la prensa del momento; un ejemplo más de la modernidad de aquellos momentos y del hecho de que la arqueología llamaba la atención dentro de los círculos cultos y de lectores en general. Así, son descritos en la Revista de Ciencias, Literatura y Artes de Sevilla en una amplia noticia elaborada en forma de carta por el periodista Antonio Gómez Acebes, donde se relata el recibimiento en el palacio de los Montpensier de un grupo de eruditos sevillanos para analizar los descubrimientos: aparte del citado están Miguel de Carvajal, presidente de la Academia Sevillana de Bellas Artes y de la Comisión de Monumentos; José Fernández-Espino, catedrático y director de la revista; Juan José Bueno, poeta y presidente de la Diputación Arqueológica de Sevilla; Francisco Mateos Gago, catedrático, anticuario y coleccionista; Antonio Colón, también catedrático y correspondiente de la Real Academia de la Historia; Demetrio de los Ríos, que iniciaba aquel mismo año sus excavaciones de Itálica, y Balbino Marrón, arquitecto municipal; un grupo que representaba la institucionalización de la erudición sevillana. Lamentablemente el artículo no va ilustrado con grabados o fotografías, pero aporta jugosas noticias: “El hallazgo de cinco seEl duque exhibió los ajuares hallados en las tumbas en el Salón de Espejos de San Telmo. ■El edificio de San Telmo se comenzó a construir en 1682 en un sector extramuros al sur de Sevilla, en el barrio de Marruecos, con la función de Universidad de Navegantes ante las necesidades del comercio con América. Bajo el reinado de Carlos III pasa a ser Real Colegio Náutico de San Telmo, pero éste será suprimido por decreto de 1841, aunque el edificio siguió abierto hasta julio de 1847. Poco después, los duques de Montpensier, tras residir en los Reales Alcázares de Sevilla, tuvieron este edificio como residencia, reestructurándolo como palacio y agregándole otros terrenos (exconvento de San Diego y huerta de la Isabela), que convirtieron en huertos y jardines, diseñados por el francés Lecolant. A la muerte de la infanta viuda, en 1897, el edificio pasó a la Iglesia, convirtiéndose en seminario diocesiano, y la mayor parte de los jardines fueron a manos del Ayuntamiento, que los reestructuró para la Exposición Iberoamericana de 1929 y hoy constituyen el parque de María Luisa. Desde 1989 es la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Tras una restauración intensa llevada a cabo durante un lustro, según el proyecto del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, volvió a abrir sus puertas hace dos años. En el proyecto de restauración del palacio en su función actual han vuelto a aparecer restos de la necrópolis romana en la parte de los jardines que aún conserva el edificio. Las excavaciones arqueológicas, que se han desarrollado en estos últimos años, han puesto en evidencia un interesante sector de la necrópolis romana desde época altoimperial hasta momentos tardoantiguos, identificándose recintos acotados y un mausoleo tardoantiguo con dos inhumaciones en sarcófagos bajo el pavimento. La sede de la corte chica AH ENERO 2013 47 pulcros romanos, descubiertos (...) en los pintorescos jardines del Palacio de San Telmo, suntuosa morada de los piadosos entendidos Príncipes (...) nos dirijimos al sitio donde se encuentran los sepulcros, que es al final de los jardines, contra las tapias que caen fronteras á la antigua y memorable Ermita de San Sebastián del Campo (...) todos convinimos en que los cinco sepulcros eran romanos (...) Uno de los sepulcros es abovedado, de medio punto. Los otros cuatro planos. Aquel, cubierto con gruesos ladrillos, en forma de cuñas. Estos con losetas de barro (...) son de diversos siglos ó épocas, porque están unos más bajos y otros más altos (...) pertenecían á un prolongado cementerio, establecido á orillas de una pequeña vía romana (...) volvimos á Palacio para examinar detenidamente los curiosos objetos encontrados en ellos, los cuales se hallan espuestos, en dos grandes mesas, en el magnífico salón o galería de cristales (...) varias ánforas de vidrio, lacrimatorias y de perfumes(...), muchos fragmentos de unas y de otras, un anillo de oro con piedra, como ágata (...) donde se ve grabado, muy superficialmente, un caballo paciendo, dos rotos husos de hueso, unas pinzas ó tenacillas epilatorias de metal dorado, un Maxencio de cobre, un pequeño espejo redondo, una despedazada tapaderita de barro (...) una urna ó caja cineraria de plomo, destrozada (…) tratóse de arqueología (...) el Duque de Montpensier (...) había pensado que se estendiera un Acta, donde constara el inventario de los objetos arqueológicos y todos los demás pormenores”. Somos afortunados porque dos fotografías realizadas por J. Laurent pocos años después reproducen los sepulcros y parte de los ajuares descritos, que sirven para datarlos entre los siglos II-III d.C. El duque de Montpensier musealizó los primeros en el jardín y conservó los segundos en el palacio de San Telmo, concretamente en el salón de los Espejos, aunque posteriormente ambos han desaparecido: los sepulcros en los trabajos de acondicionamiento de los jardines realizados para la Exposición Iberoamericana de 1929 y los ajuares funerarios en los avatares sufridos por el palacio posteriormente. De la colección arqueológica de los Montpensier sólo quedan hoy día in situ tres lápidas epigráficas de Itálica, que fueron recogidas por el aficionado inglés Nathan Wetherell y formaron parte de su colección arqueológica en la fábrica de curtidos del antiguo convento de San Diego. Cuando se añadió al palacio de San Telmo esta propiedad también debió acaparar Montpensier algunas antigüedades de aquella colección y, seguramente, las mandó empotrar en una de las paredes del citado salón de los Espejos, junto a las otras piezas arqueológicas. Allí están todavía colocadas las tres inscripciones romanas, recordando actualmente con su presencia los antiguos usos que tuvo este insigne edificio sevillano, hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía y que, en la época de los Montpensier, lo fue de la segunda corte de España, conocida como “la corte chica”. ■ Más información ■Lleó Cañal, Vicente La Sevilla de los Montpensier: segunda corte de España. Fundación Focus-Abengoa. Sevilla, 1997. ■Ros, Carlos El duque de Montpensier. La ambición de reinar. Editorial Castillejo. Sevilla, 2000. ■Beltrán Fortes, José Arqueología sevillana de la segunda mitad del siglo XIX: una práctica erudita y social", en María Belén y José Beltrán (editores): Arqueología fin de siglo. La Arqueología española de la segunda mitad del siglo XIX (=Spal Monografías III). Universidad de Sevilla - Fundación El Monte. Sevilla, 2002. Las fotografías de Jean Laurent procede esta fotografía. No sabemos la fecha exacta de realización de esta imagen, aunque pudo ser tomada en alguna de las visitas documentadas del fotógrafo a Sevilla, en 1862 y 1863, con motivo de la celebración de la Exposición Bético-Extremeña de 1874. Aunque también es sabido que muchas de las imágenes que llevan su firma fueron hechas por fotógrafos ayudantes anónimos y, en Sevilla, Laurent contó con varios. ■El francés Jean Laurent (1816-1892) ha sido definido como el más importante y activo de los fotógrafos del siglo XIX español. Instalado en Madrid desde 1857 hasta su muerte, fue el autor de un impresionante archivo que conformó de todos los rincones de España, conservado en buena parte por su seguidor Ruiz Vernacci y actualmente custodiado en el Instituto del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Cultura, archivo del que