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UNIVERSIDAD DE SEVILLA Facultad de Filología TESIS DOCTORAL BIOGRAFÍA Y OBRA POÉTICA DE MARÍA LUISA MUÑOZ DE VARGAS Esther Colchero Cervantes Sevilla, 2015 Directoras: Dra. Dña. Mercedes Arriaga Flórez Dra. Doña Mercedes González de Sande Programa de Doctorado: Mujer, escrituras y comunicación
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! 5! Introducción ............................................................................................................. 9 . 1.1. España y la entrada en la modernidad a finales de siglo XIX……….…....15 1.1.1. El feminismo en España. Las precursoras…………………………..19 1.1. 2. Misoginia en la transición al siglo XX……………………………..26 1.2. Las escritoras coetáneas de María Luisa Muñoz de Buendía………….…28 1.2.1. El modernismo…………………………………………………..…..28 1.2.1.1. Carmen de Burgos (1867- 1932)………………………......34 1.2.1.2. Concha Espina (1869-1955)……………………………….36 1.2.1.3. María Martínez Sierra (1874-1974)……………………..…41 1.2.1.4. Rosa Chacel (1898-1994)……………………………...…..43 1.3. Las vanguardias y la Generación del 27………………………………….....47 1. 3.1. El polémico concepto de generación en el marbete del 27.………....51 1. 3. 2. La otra “Generación del 27”……………………..…………………53 1.3.2.1. Concha Méndez (1898-1990)………….………………......56 1.3.2.2. María Teresa de León (1903-1988)………..……………....61 1.3.2.3. María Zambrano (1904-1991)………………..………...….63 1.3.2.4. Ernestina de Champourcin (1905-1999)……..………….…66 1.3.2.5. Josefina de la Torre (1907-2002)………………..…...….…72 1.3.2.6. Carmen Conde (1907-1996)……………………….………78 ÍNDICE 1. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA Merche 28/9/15 09:13 Comentario [1]: He!puesto!en!negrita!el! título!de!cada!apartado!para!que!destaquen! de!los!subapartados!
! 6! 2.1. Infancia y juventud..................................................................................... 85 2.1.1. Su educación en Inglaterra .................................…...........................87 2.1.2. El diario familiar, “La Provincia”..................................................... 88 2.1.3. El influjo de Benito Pérez Galdós......................................................89 2.1.4. Su amistad con Juan Ramón Jiménez y Zenobia .............................. 93 2.1.5. Otras relaciones fraguadas con intelectuales..................................... 96 2.2. El matrimonio Buendía – Muñoz de Vargas …........................................ 97 2.3. Guerra y posguerra.....................................................................................102 2.4. Últimos años.................................................................................................104 3.1. Poesía …….................................................................................................. 106 3.1.1. Primeros poemas…….......................................................................109 3.1. 2. Bosque sin salida (1934)..................................................................124 3.1.3. Lluvia en verano (1967)....................................................................134 3.1.4. La Princesita de la Sal (1967)...........................................................138 3.2. Prosa ............................................................................................................141 3.2.1. Narrativa….........................................................................................141 3.2.2. Crítica y Periodismo ..........................................................................143 3. 3. Teatro ........................................................................................................149 2. BIOGRAFÍA DE Mª LUISA MUÑOZ DE VARGAS (1898 -1975) 3. TRAYECTORIA LITERARIA
! 7! 4.1. Nuestra edición ……….......................................................................153 4. 2. Bosque sin salida …….......................................................................155 4. 3. Lluvia en verano (poesías) ……….................................................... 202 4. 4. La princesita de la sal (poemas infantiles) …...…............................ 242 4. 5. Otros poemas ................................................................................... .253 5. Conclusiones............................................................................................ 268 Fuentes básicas..............................................................................................281 Bibliografía general.......................................................................................282 Árbol genealógico familiar…........................................................................ .296 Cronología de las obras …............................................................................. 297 Elenco fotográfico ......................................................................................... 302 La visita de Benito Pérez Galdós a Huelva.....................................................315 5. CONCLUSIONES 4. OBRA POÉTICA BIBLIOGRAFÍA ANEXOS
! 8! ! ! Por ellas
! 9! Introducción ! El objetivo de este trabajo de investigación no es otro que sacar a la luz la vida y parte de la obra de Mª Luisa Muñoz de Vargas (1898-1975), una de las figuras más destacadas, sin duda, dentro del panorama literario y cultural onubense de comienzos del siglo XX y del conjunto de la escritura femenina andaluza de esos años. El lector se preguntará quién es Mª Luisa Muñoz de Vargas. Este nombre aparece mencionado en numerosas antologías poéticas andaluzas1 junto al nombre del que fue su marido, el célebre poeta onubense Rogelio Buendía, o de su abuelo, Francisco Muñoz Morales, director del diario “La Provincia”2. Sin embargo, María Luisa Muñoz es autora de una obra literaria no escasa y variada que merece un estudio detallado por abarcar los tres géneros literarios (poesía, prosa y teatro). Su obra publicada incluye cuatro novelas (Herrumbre en el alma, Toros y palomas, El amor no pide permiso y Tres días de amor); una colección de cuentos infantiles (Cuentos selectos); tres libros de poemas (Bosque sin salida, Lluvia en verano y La Princesita de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 1 Para nuestra investigación hemos consultado las siguientes antologías de escritores y poetas onubenses: Guzmán Camacho, J. A., Lírica de una Atlántida. (Antología de poetas onubenses), Huelva, Club de Escritores Onubenses, 1990; Camacho Hernández, M., Antología de poetas onubenses, Huelva, Instituto de Estudios Onubenses Padre Marchena, 1974; Camacho Hernández, M., Hacia un diccionario de escritores onubenses, Memoria de licenciatura, Huelva, 1985; Fernández Jurado, J., Huelva y su provincia, 4 vol., Huelva, Ediciones Tartessos S.L., 1986; Baena Rojas, J. y Sánchez Tello, J. M., Historia de la poesía en Huelva, Colección Celacanto de ensayo nº 1, Huelva, Caja Rural Provincial de Huelva, 1987; Sorel, A., Diccionario de Autores. Quién es quién en las letras españolas, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid, Cedro, 1988; Lázaro Carreter, F. y Gullón, R., Diccionario de literatura española e hispanoamericana, Madrid, Alianza Editorial, 1993. ! 2 El periódico “La Provincia” fue el diario más representativo de la Restauración en Huelva que nació en 1873 (aunque en los inicios su periodicidad no era diaria y no lo será hasta inicios del siglo XIX). Este diario informó a la sociedad onubense hasta después del estallido de la Guerra Civil española, en 1937. Entre sus propietarios figura Francisco Muñoz Pérez (padre de Mª Luisa Muñoz de Vargas) -quien editaba el diario en la imprenta de su padre, Francisco Muñoz Morales-. Aquél estuvo al frente de la publicación desde 1906 hasta su fallecimiento, en 1921. Posteriormente, su viuda Luisa de Vargas y sus hijos heredaron la imprenta y la continuidad del diario “La Provincia”, según el trabajo de investigación Historia de la prensa escrita en Huelva. Su primera etapa (1810-1923), realizado por Mª Paz Díaz Domínguez en 2008.
! 10! la Sal) y una obra de teatro (Destino’s Hotel)3. Pero su apuesta por la producción literaria no acaba aquí. Mª Luisa Muñoz de Vargas publicó además en importantes revistas de la época como “La Gaceta Literaria”, “Cervantes”, “Papel de Aleluyas”, “Alfar”, “Verbo”, “Hoy”, “ABC”, etc., colaboró en tertulias literarias radiofónicas, y, gracias a su formación en Inglaterra, pudo ejercer asimismo como traductora de autores como Aldous Huxley, Somerset Maugham o Arnold Bennet, colaborando también en la primera traducción de Fernando Pessoa4 (“Inscriptions” de los English Poems) al español. Esta mujer onubense presenta un interesante perfil que justifica su recuperación como exponente de las condiciones en que se desarrolla la escritura femenina en el contexto de una cultural de provincias como lo es la de Huelva a comienzos del siglo XX. Pero además, su obra poética presenta un interés adicional por el modo en que, al menos en su primer libro, Bosque sin salida (1934), refleja las tendencias poéticas de su tiempo, especialmente la influencia de Juan Ramón Jiménez, prologuista del libro, así como la de otros autores de la vanguardia neopopularista. Del mismo modo su obra poética ha sido puesta en relación por la crítica con la de otras poetas contemporáneas como Concha Méndez, Josefina de la Torre o Ernestina de Champourcin, y algunos poemas de sus libros, que aunque éstos no hayan sido reeditados, han sido incluidos en diferentes antologías, como la de Camacho Hernández (1974), Fernández Jurado (1986), Lázaro Carreter (1993) o Josefina Merlo (2010). Tan sólo, el nombre de María Luisa Muñoz de Vargas se recoge en antologías !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 3 En la biblioteca del hijo de la autora, José Rogelio Buendía, en Madrid, se conservan además tres obras dramáticas inéditas: Única, El muérdago y El pueblo así como fragmentos de traducciones de obras en inglés y poemas sin editar. 4 Poeta portugués Antonio Sáez Delgado (1888 - 1935) que pasó su infancia y juventud en la República de Sudáfrica e inició estudios de derecho en la Universidad de El Cabo. Regresó a Lisboa en 1905 e inició su obra literaria en inglés, aunque a partir de 1908 creció su interés por la lengua portuguesa. Su obra es una de las más originales de la literatura portuguesa y fue, junto con Sá Carneiro, uno de los introductores en su país de los movimientos de vanguardia. Sobre las poesías de este autor Rogelio Buendía hizo traducciones que publicó en las páginas de “La Provincia”, los días 3 de agosto de 1923 (con “A lo lejos los barcos de flores” y “Fonógrafo”); el 17 de agosto de 1923 (con “Mi destino”) y el 11 de septiembre de este mismo año. Esta labor fue elogiada más tarde por Antonio Sáez Delgado en su artículo “Inscriptions: Rogelio Buendía, primer traductor de Fernando Pessoa en España”, así como José Mª Barrera (1995, Barrera López, p.60): “En sus impromptus y cuentos ha mostrado un espíritu nuevo y una sensibilidad exquisita”. Sin embargo, no tardó éste en reconocer la labor de Mª Luisa Muñoz: “Rogelio Buendía en colaboración con su esposa traduciría el 1º poema de Fernando Pessoa en España” según se recoge en la obra Lusitania (2003, p.23). Afirmación que también se incluye en Poesía inédita y dispersa de Rogelio Buendía de Ana Ávila y José Mª Barrera: “En colaboración con su esposa, Buendía tradujo algunos poemas ingleses de Fernando Pessoa” (extraído del artículo de Eloy Navarro, de “Onubenses en New York” en Orbis incognitvs : avisos y legajos del Nuevo Mundo: homenaje al profesor Luis Navarro García / coord. por Fernando Navarro Antolín, Vol. 1, 2007, págs. 243-268).
! 11! de poesía infantil5, un ámbito este en el que el conjunto de su obra presenta un especial interés, tal como se pone de manifiesto en la recopilación La Princesita de la Sal (1967). Sin embargo, con este trabajo queremos poner de manifiesto que su aportación al mundo de la cultura fue algo más que una mera creación de poesías infantiles, siendo éstas, por otro lado, de elevado ingenio. Su pasión por las letras la condujo a realizar producciones y adaptaciones teatrales, composiciones cuentísticas, narrativas, incluso se dejó llevar por la interpretación teatral. Por todas estas razones, a las que unimos los escasos estudios existentes sobre la literatura escrita por mujeres en nuestra provincia, Huelva, hemos realizado un estudio y una edición de su obra poética6. En esta primera edición damos a conocer su obra poética con el estudio de los problemas textuales. Asimismo, en ella recogemos algunas composiciones poéticas de María Luisa Muñoz de Vargas que no fueron incluidas en sus libros publicados pero sí fueron difundidas en otros medios (prensa, revistas, antologías…). Se trata en definitiva de presentar esta figura femenina al panorama literario con la intención de hacerle un hueco dentro de la literatura onubense donde consideramos desempeñó un papel importante y en ningún momento reconocido. Para ello, hemos dividido el trabajo en cuatro grandes apartados. En el primero de ellos realizamos un repaso por el contexto histórico y social de la España de finales de siglo XIX y su transición al siglo XX. En él exponemos lo que supuso el fin del Antiguo Régimen y la extensión por toda Europa de la ideología liberal, el consecuente contexto de avances y retrocesos, de tensiones y de guerras. Dibujamos cómo la alternancia en el poder de diferentes gobiernos en España no pudo frenar el impulso de poderosas fuerzas económicas y sociales que reclamaban una adecuación política de las nuevas realidades decimonónicas, tales como el aumento de la población, la racionalización y liberación del sistema económico, la incipiente revolución industrial, y como no, la liberalización de la mujer. Asimismo, exponemos cómo el debate en torno a la necesidad de una educación femenina se configuró como el epicentro de los !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 5 Su obra aparece junto con el de otros autores como Rubén Darío, Manuel Machado, Valle-Inclán, Fernando de Villalón, Jorge Guillén…(Véase: Cerrillo C., Poesía infantil: Teoría, crítica e investigación, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla La Mancha, 1990, Castilla La Mancha, p. 70. Y Gregorio Cano, A., Canon, literatura infantil y juvenil y otras literaturas, Castilla La Mancha, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Castilla La Mancha, 2001, p. 485).! 6 Hemos considerado oportuno realizar, en un primer momento, la edición del conjunto de poesías de la autora por conservarse completa. El resto de su creación (prosa y teatro) merece también un estudio que tendrá lugar en un segundo trabajo de investigación.
! 18! Igualmente, esas discusiones les servirían a las mujeres para conocer realmente cómo y por qué se fraguó el modelo ángel del hogar y adoptar una actitud rebelde o conciliadora con este modelo. Este ambiente de intercambio de pareceres sobre la mujer y su papel en la sociedad española despertó la conciencia de muchos científicos reacios a modificar la estructura social que desde el Antiguo Régimen había funcionado bien. A finales de siglo XIX se desarrollaron toda una serie de teorías sobre la mujer que no se cuestionaron hasta el siglo XX, como que la mujer es una virgen (siguiendo el mito mariano), es asexual y sólo admite el sexo para procrear, jamás por placer (Mangini, 2001: 35). Asimismo, surgieron una serie de teorías defendidas por autoridades como Lamarck, Darwin y Herbert Spencer donde justificaban la inferioridad mental de la mujer (Kirkpatrick, 2003: 65). Se trataba de un discurso médico que reafirmaba la primacía de la maternidad y la vida familiar como destino de la mujer basado en la biología y no tanto en los dogmas religiosos. Es más, a lo largo de los años 20, el estimado doctor Gregorio Marañón, en su obra Biología y feminismo, sostuvo la convicción de que la mujer, no siendo inferior al hombre, sí es distinta a ésta por su capacidad reproductora, y que, por consiguiente, no era posible la igualdad política y social que defendían las feministas. Según Marañón, la glándula genital del hombre se distingue por ser musculosa y fuerte; su metabolismo es distinto al de la mujer. “Nuestra mujer como la paleolítica está hecha para ser madre y debe serlo por encima de todo” (Mangini, 2001: 104). Pero no fue el único personaje ilustre masculino que practicaba el terrorismo antifeminista, también lo harían Gómez Ocaña, Novoa Santos, Vital Aza Díaz, Ramón y Cajal… Estos informados contaminaron a los misóginos (literatos, filósofos, políticos y periodistas) cuyos comentarios de mal gusto traslucían sólo rabia y mal genio. Si un científico comprobaba a través de la manipulación de la información que el cerebro de la mujer estaba menos desarrollado que el del hombre o que la mujer no tenía suficiente imaginación para escribir bien, el literato criticaba a la figura femenina acusándola de poco agraciada y tildando a su escritura de poco ingeniosa. Todas estas críticas vertidas constantemente a través de los medios de comunicación existentes en la época no hizo sino entorpecer la labor de las mujeres denominadas precursoras.
! 19! 1. 1. 1. El feminismo en España. Las precursoras Este discurso científico sobre las diferencias de género sacudió aún más las conciencias de las mujeres más adelantadas y privilegiadas para su tiempo en la España de fin de siglo, las mismas que encenderían el debate sobre la idoneidad de la educación en la mujer y que se convertirían en las precursoras de los derechos femeninos en España, como lo serían Concepción Arenal (1820-1893) y Emilia Pardo Bazán (1851- 1921). Ambas, junto a otras mujeres aguerridas de la sociedad, y que en las sucesivas páginas mencionaremos, se convertirían no sólo en las precursoras de los movimientos feministas sino en el modelo de mujer para muchas de las generaciones jóvenes de aquel entonces y, sobre todo, de las posteriores (Mangini, 2001: 39), a las que además servirían de inspiración para alcanzar cualquier nueva meta en su realidad. Pero, ¿quiénes eran estas precursoras? Concepción Arenal (1820- 1921), pasará a la historia por su valentía, pues durante los cursos de 1842-43, 1843-44 y 1844-45 asistió vestida de hombre a algunas clases de Derecho en la Universidad. Evidentemente, no cursó la carrera, ni hizo exámenes, ni alcanzó ningún título, pues en este momento histórico las aulas universitarias estaban reservadas exclusivamente para los varones, pero sin duda enriqueció y afianzó su interés por las cuestiones penales y jurídicas. Además, allí conoció a Fernando García Carrasco, con el que contrajo matrimonio el 10 de abril de 1848, a pesar de los casi quince años que le separaban de este abogado y periodista. Hombre avanzado para la época que supo entender con total perfección las aspiraciones de Concepción Arenal y contempló a su esposa desde el verdadero plano de igualdad, pues siempre admitió que le acompañase vestida de hombre a las tertulias del café Iris o que aportara al hogar las ganancias de un trabajo remunerado. El matrimonio tuvo tres hijos, de los que sobrevivieron los dos menores, Fernando (1850) y Ramón (1852), pues la mayor, Concepción (1849), falleció a los dos años de edad. Durante los primeros años de matrimonio Concepción Arenal pareció decantarse por la literatura. Escribió algunas composiciones poéticas; tres obras de teatro: Un poeta, La medalla de oro y Dolor y misterio; una zarzuela: Los hijos de Pelayo; y una novela que no se ha conservado: Historia de un corazón y sus Fábulas en verso (1851). Por otra parte, fue asidua colaboradora en “La Iberia”, periódico liberal fundado por Pedro Calvo Asensio en 1854 y que gozó de gran prestigio hasta su
! 20! desaparición en 1898. La colaboración de Concepción Arenal se inicia el 28 de julio de 1855 con el primero de una serie de siete artículos que llevan como título “Watt, su vida y sus inventos”. La prosa de la autora en estos artículos era sobria, pues le preocupaba, sobre todo, conseguir una exposición clara que pusiera de relieve la importancia del hombre que contribuye a hacer progresar la sociedad a la que pertenece. Y como otras mujeres de su generación escribió los artículos bajo un nombre falso, el de su hijo Fernando (Mangini, 2001: 39). Posteriormente, hizo amistad con el violinista y compositor Jesús de Monasterio, de firmes convicciones religiosas y fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl, relación a partir de la que decidirá fundar la rama femenina de esa misma institución en Potes. Se inician, pues, las preocupaciones sociales y humanitarias de Concepción Arenal, cuyo fruto intelectual sería su ensayo La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad (1860) que será premiado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, a pesar de que la escritora encubriera su identidad bajo el nombre de su hijo Fernando. Lo moderno de esta figura era su atrevimiento al asistir a tertulias y conferencias (espacio reservado hasta entonces para los hombres), sin olvidar que publicaba artículos sobre sus conocimientos en sociología y criminología en publicaciones importantes del país, como “Las Novedades” y “La Soberanía Nacional”, y, además, fundó un periódico: “La voz de la Caridad”. En 1869, publicó el ensayo La voz del porvenir, donde se atreve a denunciar la supuesta inferioridad de la mujer por carecer de bases científicas y donde además subraya el potencial de la mujer y la superioridad mental. Y sería reconocida por sus contemporáneos institucionistas, Manuel Azcárate y Francisco Giner de los Ríos. Pero su defensa por la justicia no acaba aquí. Concepción Arenal siempre sintió especial preocupación por los reclusos de las cárceles españolas lo que motivó que Isabel II, nombrara a aquélla, a través del Ministro de Gobernación, Visitadora de Prisiones de Mujeres. Con este fin Concepción Arenal se traslada a La Coruña, donde conocerá personalmente a la condesa de Espoz y Mina, Juana Vega, que se convertirá en una de sus mejores amigas y colaboradoras. Fruto de esa experiencia personal son sus conocidas Cartas a los delincuentes (1865), donde aborda, entre otras, cuestiones la necesidad de reformar el Código Penal, aproximándose en este sentido a las iniciativas que los krausistas habían emprendido. La publicación de esta obra provocó su cese inmediato. Pero en 1865 se crea la Sociedad Abolicionista con el fin de acabar con la esclavitud en las colonias españolas.
! 21! Durante estos primeros años de la Revolución del 68, Concepción Arenal colaboró en algunas iniciativas llevadas a cabo por los krausistas, que recobran sus puestos después del destierro obligado que les llevó su defensa de la libertad de cátedra en 1864. Mantuvo una gran amistad con Francisco Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate, especialmente. De esta forma se hizo eco de las famosas Conferencias Dominicales para la Mujer, pronunciadas en el paraninfo de la Universidad Central de Madrid durante el curso de 1869-70, actividad propiciada por Fernando de Castro, rector en ese momento de la institución universitaria o de la creación a iniciativa del propio Castro de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y la Escuela de Institutrices en 1871. Concepción Arenal presentará el poema titulado Oda a la esclavitud al certamen literario que se convocó y que obtuvo el primer premio. Tras la Revolución del 68 el gobierno provisional presidido por Serrano la nombraría Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, cargo que desempeña hasta 1873, aunque tiempo antes mostrase ya una cierta desilusión por las medidas emprendidas por los representantes políticos, como puede apreciarse en su obra Examen de las bases aprobadas por las Cortes para la reforma de las prisiones (1869). Es el momento que eligió también para publicar La mujer del porvenir (1869), su primera obra de carácter feminista -en realidad había sido redactada en 1861- y a la que seguirán, años más tarde, trabajos como La mujer en su casa (1881), Estado actual de la mujer en España (1884) o La educación de la mujer (1892). Obras en las que Concepción Arenal se propone no sólo disipar los errores que sobre la mujer han arraigado en la opinión de la mayor parte de la sociedad, sino también reivindicar la capacidad intelectual de aquella y su derecho a recibir una educación que le permita desempeñar cualquier profesión en condiciones iguales a la del hombre. Después de su traslado de residencia a Gijón y alejada ya de la vida pública, Concepción Arenal siguió redactando obras jurídicas de carácter penal. Pero a partir de los años noventa su producción disminuyó, preocupada por la edición de sus obras completas, de las que incomprensiblemente se excluyen sus obras literarias. No obstante, a pesar de su avanzada edad y precaria salud, siguió colaborando en innumerables periódicos de la época como el “Boletín de la Institución Libre de Enseñanza”, “La España Moderna”, “La Nueva Ciencia Jurídica”, “Las Dominicales del Libre Pensamiento”, “La Ilustración Española y Americana”, entre otros. En el mes de enero de 1893 sus dolencias se agravan, falleciendo, finalmente, el 4 de febrero.
! 22! Por su parte, Emilia Pardo Bazán, noble y aristócrata novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante española también alertaría a la sociedad de finales de siglo XIX sobre el abismo existente entre los dos sexos. Una división, que para la noble gallega, se trataba de un nuevo problema a afrontar por los intelectuales de entonces quienes preocupados por el creciente protagonismo de los movimientos anarquistas y socialistas y las diferencias entre la España urbana y rural por la desigual industrialización no veían el conflicto de género como un obstáculo al progreso (Kirkpatrick, 2003: 8). Bazán no era el único intelectual que buscaba negociar un espacio para la construcción de la mujer, pero, indudablemente, fue la que logró insertar el nuevo discurso con mayor efecto. A través de sus novelas, principalmente a partir de las consideradas naturalistas Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza, critica las bases económicas, sociales y familiares de la educación y el matrimonio de la mujer. Mientras otras contemporáneas suyas seguían cultivando el género sentimental y didáctico, Bazán compitió con los hombres escritores, demostrando su capacidad de escribir dentro de los ámbitos que ellos dominaban. En una entrevista con “El caballero Audaz”, en 1914, la autora asume abiertamente su feminismo llamándose una radical feminista y afirmando sin ambages que “todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer” (Zavala, 1998: 75). Estas declaraciones y su forma de actuar, pensar y escribir le valieron para tildar su conducta de varonil, pero, a pesar de estas críticas, fue la única mujer que logró abrirse un espacio, a fuerza de sus inquietudes intelectuales, en el mundo de las letras, por definición un terreno exclusivamente de hombres. Sin embargo, a pesar del respeto a sus obras, nunca llegó al reconocimiento al que aspiraba: un sillón en la Real Academia Española (Zavala, 1998: 79). Emilia Pardo Bazán fue una lectora infatigable desde los ocho años, a los nueve compuso sus primeros versos13, y a los quince su primer cuento, Un matrimonio de conveniencia, que envió al “Almanaque de La Soberanía Nacional”, y que sería el primero de los numerosísimos -cerca de 600- que publicaría a lo largo de su vida (Acosta, 2007: 56). Transcurría el año 1866 y en el que aparecía en “El Progreso” la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 13 En la adolescencia, Emilia descubre el antiguo filón de la poesía, que lee en volúmenes que le compraba su padre. Años más tarde recordará: “La música, tal cual puedo yo apreciarla y gozarla, se me descubría ya en las estrofas de los poetas, en las no muy armoniosas octavas de Ercilla, en el martilleo de los alejandrinos de Racine… (…) y sobre todo en el mago Zorrilla, el rey de la melodía, el Verdi de nuestros poetas (Acosta, 2007: 55).
! 23! primera entrega de Aficiones peligrosas, su primera novela original, en el que incluyó versos de carácter romántico e inspirados en la lectura de Espronceda, Rivas y Zorrilla. Hija de los condes de Pardo Bazán, título que heredó en 1890, se estableció en Madrid en 1869, un año después de contraer matrimonio. Asidua lectora de los clásicos españoles, se interesó también por las novedades literarias extranjeras. Se dio a conocer como escritora con un Estudio crítico de Feijoo (1876) y una colección de poemas, publicados por F. Giner de los Ríos. En 1879, publicó su primera novela, Pascual López, influida por la lectura de Alarcón y de Valera, y todavía al margen de la orientación que su narrativa tomaría en la década siguiente. Con Un viaje de novios (1881) y La tribuna (1882) inició su evolución hacia un matizado naturalismo. En 1882, comenzó, en la revista “La Época”, la publicación de una serie de artículos sobre Zola y la novela experimental, reunidos posteriormente en el volumen La cuestión palpitante (1883), que la acreditaron como uno de los principales impulsores del naturalismo en España. Frente a los principios ideológicos y literarios de Zola, Pardo Bazán acentuaba la conexión de la escuela francesa con la tradición realista europea, lo que le permitía acercarse a un ideario más conservador, católico y bienpensante. De su obra ensayística cabe citar, además, La revolución y la novela en Rusia (1887), Polémicas y estudios literarios (1892) y La literatura francesa moderna (1910), en las que se mantiene atenta a las novedades de fines de siglo en Europa. Con posterioridad, evolucionó hacia un mayor simbolismo y espiritualismo, patente en Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), La quimera (1905) y Dulce sueño (1911). Esta misma evolución se observa en sus cuentos y relatos, recogidos en Cuentos de mi tierra (1888), Cuentos escogidos (1891), Cuentos de Marineda (1892), Cuentos sacróprofanos (1899), entre otros. También es autora de libros de viajes (Por Francia y por Alemania, 1889; Por la España pintoresca, 1895) y de biografías (San Francisco de Asís, 1882; Hernán Cortés, 1914). La valentía de ambas escritoras, Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, que no tuvieron miedo a expresar el rol de la mujer oprimida por el hombre contrastaría con la voz de las escritoras románticas, que, aunque también reivindicaron nuevas libertades para la mujer como fue en el terreno de la escritura, la mayoría de ellas enaltecía la ideología de la domesticidad a mitad de siglo XIX. Estas escritoras plantearon la integración de la lectura y de la escritura al plan de estudios requeridos para mejorar la
! 24! formación del modelo de ángel del hogar. Entre ellas cabe destacar a Pilar Sinués, Faustina Sáez de Melgar, Carolina Coronado, Josefa Massanés o Gertrudis Gómez de Avellaneda. Todas a través de sus obras, en mayor o en menor medida, “naturalizaron el acto de escribir, es decir, proponen que para la mujer el escribir es algo natural, incluso llegan a argumentar que la escritura es una parte indispensable para la mujer” (Zavala, 1998: 26). Esta generación también se mostró transgresora de la feminidad en su lucha textual a favor de la escritura y de su independencia en general. A partir de este momento, la prensa española empieza a publicar en números cada vez más importantes composiciones poéticas firmadas por mujeres. Desaparecerían así los rastros de la prohibición de escribir para la mujer, se constituyó un avance importante para el progreso cultural femenino y del país, favorecidas también por la modernización de la prensa y el creciente incremento de mujeres lectoras. A partir de entonces florecerían las revistas especializadas de mujeres que darían salida a la producción poética creada por estas siendo Madrid y Barcelona las capitales centrales de esta producción. Paralelamente a la incursión de nuevas voces femeninas en el panorama literario español, España experimentó una expansión económica constante, que, aunque con variaciones de una región a otra, incluía un crecimiento sostenido de la población y un incremento a largo plazo del Producto Interior Bruto, cuyo ritmo se había acelerado en las primeras décadas del siglo. Este crecimiento de la producción y la consiguiente expansión del consumo cultural posibilitó que las tendencias culturales y artísticas asociadas a la modernidad europea en general empezaran a arraigar también en España. Y el elemento femenino teorizado por Emilia Pardo Bazán cobró forma (Kirkpatrick, 2003: 8). Aumenta el empleo entre la población femenina fuera del hogar, se acorta la distancia en la alfabetización entre ambos sexos y la entrada en España de revistas europeas así como la irrupción del cine moldea a una mujer más moderna: una mujer independiente, intrépida, con el corte de pelo a lo garÇón y la falda corta que se niega a aceptar las!restricciones tradicionales que mantenían a la mujer española fuera de las universidades, las profesiones y los espacios públicos. Otra de las mujeres literatas contemporáneas de Pardo Bazán y que será fuente de inspiración y guía a la generación de escritoras de fin de siglo fue Concepción Giménez de Flaquer, quien alcanzó su posición de influencia por medio de su libro La mujer española y las revistas que fundó y redactó, “El álbum de la mujer” y el “Álbum Ibero Americano”. Giménez de Flaquer publicó unas siete novelas, diez tomos de
! 25! ensayos y varios cuentos, dio conferencias sobre la mujer en Madrid y en otras capitales, y escribió un número elevado de artículos en torno a la cuestión femenina. Aunque sus novelas serían de corte romántico y sentimental, y aunque sus ensayos repitan los tópicos de la mujer bella, buena y abnegada, con la santa misión de madre y educadora de sus hijos, Gimeno logró incorporar en su ficción las nuevas ideas en torno a la emancipación femenina. En sus conferencias en Madrid abogó por el derecho al voto, el derecho a escribir y publicar, y la oportunidad de ejercer profesiones. Los estudios realizados hasta la fecha ponen de manifiesto como toda una serie de aspectos compartidos por aquellas pioneras en el acceso a la cultura fueron siendo asimilados y adaptados por las siguientes generaciones de escritoras hasta bien entrado el siglo XX; aspectos de orden simbólico, que junto a otros de tipo ideológico, político y social, terminarían por traducirse en modelos de representación para las mujeres españolas y propuestas de transformación social, más o menos avanzadas, pero definitivamente enfrentadas a la imagen y a la función social de la mujer heredadas de antiguos modelos. Todas estas ideas fueron plasmadas en sus respectivas revistas, que sin una ideología manifiestamente clara, reivindicaban la participación activa de la mujer en distintos campos. Títulos como “La Mujer” (Madrid, 1851-2), “Ellas”, “Gaceta del Bello Sexo” (Madrid, 1851), “El Pensilde Iberia” (Cádiz), “La voz de la caridad”, “La Instrucción de la mujer”, “Ecos de Auseva”, “La mujer cristiana”, “El Partenón”, “Asta regia”, entre muchas otras cabeceras trataban de convencer de la importancia de la educación de la mujer, así como eran escaparates de producciones literarias, artísticas y científicas femeninas. Todas estas revistas cuentan con conocidas escritoras y articulistas que escriben sobre igualdad, educación o trabajo desde una perspectiva crítica y agresiva, con la intención de despertar a sus hermanas del letargo y ayudarlas a tomar posiciones frente al poder del hombre. Por aquel tiempo, en Madrid también aparecen algunas revistas feministas de las cuales la más importante es “La Voz de la Mujer”, portavoz del Instituto de Cultura de Madrid, del Liceum Club y de la Unión del Feminismo Español. Es, probablemente, la publicación que, dentro de su género, tuvo más importancia en España. Sus redactoras pretendieron formar un frente unido, apolítico y dedicado solamente a defender sus derechos femeninos sin distinción de clases ni ideología. Gracias a esta revista, se celebró en Madrid el primer mitin feminista de España, en 1926.
! 26! Otros periódicos feministas vieron la luz en Barcelona, Valencia y algunas otras ciudades españolas, entre 1915 y 1920, a la vez que proliferaban los organismos dedicados a la defensa de los derechos de la mujer, como: Mujeres del Porvenir, Progresiva Femenina, Liga Española para el Progreso de la Mujer, Sociedad Concepción Arenal, Asociación Nacional de Mujeres Españolas, Consejo Superior Feminista de España. Casi todos ellos tenían su publicación, aunque éstas fueron efímeras (Marrades, 1978: 113). 1. 1. 2. Misoginia en la transición al siglo XX Paradójicamente, mientras en las páginas de las revistas y de los periódicos españoles se insertaba poesía y prosa escrita por mujeres, y las denominadas precursoras se hacían un hueco en el terreno literario, académico o político, crecía el malestar entre los intelectuales y científicos quienes veían como una sinrazón la exhibición del supuesto ingenio de la mujer. Desde la Revista de Occidente se disertaba acerca de la inferioridad intelectual de ésta. Ortega y Gasset, Georg Simmel, Karl Jung, entre otros científicos españoles ya mencionados, se convertirían en misóginos de primera línea con declaraciones antifeministas en su primer número de la revista. La Primera Guerra Mundial intensificó esta campaña bélica verbal porque en Europa había cambiado radicalmente la situación de la mujer. Una notable proporción femenina reemplazó a los hombres en las fábricas y en otros oficios durante la contienda. De tal forma que así las mujeres empezaron a gozar de unas libertades hasta entonces sin precedentes. Al terminar la guerra, los gobiernos de los países bélicos deseaban restaurar el orden y eso implicaba el regreso de la mujer a su papel natural de ama de casa. Sin embargo, aunque España no había participado en la contienda y no tenía los mismos problemas económicos y sociales que el resto de los países de Europa, en el sistema patriarcal español caló hondo el nacimiento de la mujer moderna y su ingreso en las filas del trabajo.
! 27! Es en ese momento, cuando surge un debate en la cuestión de género que se identificó como el pilar de la crisis finisecular y que algunos estudiosos como Susan Kirkpatrick14, consideran definió a los escritores de la Generación del 98. Kirkpatrick considera que, para mediados de siglo, los cánones establecidos para principios del mismo eran íntegramente masculinos. La exclusión de figuras tales como Carmen de Burgos, Concha Espina y María Martínez Sierra, entre otras autoras que después señalaremos, puede ayudar a explicar por qué se pudo clasificar tan nítidamente a la literatura española del cambio de siglo en dos tendencias opuestas: modernismo y generación del 98. “Irónicamente, al mismo tiempo que eliminaba las aportaciones femeninas, esta división binaria se estructuraba en función del género, al codificar el 98 como masculino y el modernismo como femenino” (Kirkpatrick, 2003: 10). Tanto es así que incluso estudios tan innovadores y polifacéticos como 1900 en España, de Serge Salaün y Carlos Serrano, pasan por alto el elemento femenino que empezaba a intervenir en la formación de la cultura española del siglo XX. Lo mismo puede decirse de los análisis de la siguiente ola de innovación estética en España, que se manifiesta literariamente en la generación del 27 y, en las artes visuales, en el Arte Nuevo. Aunque durante las dos últimas décadas se ha otorgado cierto grado de reconocimiento crítico a la obra de poetas y escritoras vanguardistas como Maruja Mallo, Remedios Varo y Ángeles Santos, la historiografía sobre los movimientos vanguardistas de este período todavía no han valorado y reconocido debidamente el papel de la mujer en la ebullición cultural de los años 20 y 30. Es más, nuestras lecturas están condicionadas por prejuicios, o dicho de otro modo, por hábitos de lectura, por nóminas ya establecidas y cerradas que determinan tanto nuestra forma de leer los textos como la concepción que poseemos de los autores y de las épocas literarias. Por eso, se hace imprescindible indagar y estudiar las ausencias. En este sentido, muchas de las interpretaciones que se han hecho de la generación o grupo poético del 27 son masculinas y excluyentes, como bien ha afirmado la crítica feminista (Navas Ocaña, 2009a: 157-162). Es por ello por lo que en este trabajo vamos a repasar el nombre de algunas mujeres que hicieron su gran aportación a la producción literaria española y cómo han sido desahuciadas del !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 14 Para profundizar sobre este fenómeno véase el trabajo realizado por Susan Kirkpatrick en Mujer, modernismo y vanguardia en España (1898-1931).
! 34! Muñoz de Vargas se unió a estas generaciones de escritoras siguiendo sus estilos, o bien si se desmarcó. 1.2.1.1. Carmen de Burgos (1867-1932) Mangini la define como moderna precoz (2001, 1999: 59). Carmen de Burgos representó en vida el pensamiento ilustrado, librepensador, racionalizador y europeísta, que con tanta dificultad se abrió paso en España hasta las puertas del siglo XX, y que vivió un fecundo momento de esplendor durante el primer tercio de ese siglo, hasta frustrarse con la Guerra Civil. Lo que singulariza la figura de la autora es que ocupó esa posición aportando la perspectiva de una mujer pues durante más de medio siglo emprendió la tarea de la modernización de España. La visión del mundo de Carmen de Burgos se fraguaría con la lectura de los filósofos del siglo XVIII (sobre todo Voltaire y Rousseau), lo que derivó muy pronto hacia un socialismo no dogmático que la condujo incluso a la militancia política: en el PSOE, durante la segunda década del siglo XX, y en el Partido Republicano Radical Socialista, en los últimos años de su vida. Durante este recorrido acumuló una vasta y rica cultura, hecha de erudición y de experiencia del mundo, por el que viajó incansablemente, de los confines de Europa a los de América, impulsada por una infinita ambición de conocer. Si fue mujer de pensamiento, también fue mujer de acción. Emprendió numerosas campañas periodísticas en defensa de diferentes causas sociales y políticas, sobre todo, en favor de la mujer. Llegó incluso a presidir organizaciones feministas dentro y fuera de España: la Cruzada de Mujeres Españolas y la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas. Afrontó la aventura de crear con su propia vida un nuevo modelo de fémina, que hoy llamaríamos “la mujer moderna”, integrando en la feminidad todas las capacidades atribuidas hasta entonces a los hombres. Incluso en el plano amoroso rompió muchas convenciones, sobre todo por su relación con el escritor Ramón Gómez de la Serna, más joven que ella, con quien compartió una intensa vida durante más de dos décadas hasta su separación con un divorcio. Pero si destacó en el plano literario y periodístico es porque se convirtió en la primera mujer redactora de un periódico, del naciente “Diario Universal”, donde le fue encomendada la columna diaria que firmaba como Colombine, el pseudónimo con el
! 35! que ya siempre firmaría sus escritos. En esa misma época también colaboraría en el “ABC” y en “El Heraldo de Madrid” (Mangini, 2001: 60). En 1907 empezó su carrera literaria en “El cuento semanal” con su primera novela El tesoro del castillo. En 1908 fundó la revista “Crítica” y en 1909 comenzó a colaborar en la revista de Ramón Gómez de la Serna, “Prometeo”. Además, en ese mismo año, iría a Melilla en pleno conflicto para enviar sus crónicas a este periódico, convirtiéndose así en la primera mujer española corresponsal de guerra. En muchos casos, sus artículos se desplegaron en resonantes campañas: a favor de la reforma del sistema educativo, contra la pena de muerte, contra las guerras… Pero si defendió algo con ahínco fueron sus denuncias de la discriminación de la mujer. Su objetivo amplio era situarlas en un plano de igualdad con los hombres, para cuyo fin contemplaba un largo camino en el que era preciso extender su educación y promover su integración en la vida social. A lo largo de tres décadas, acumuló un legado de miles de artículos publicados en la prensa española y extranjera. En paralelo fue creando una extensísima labor literaria y erudita, cercana a los dos centenares de títulos: novelas largas y cortas (más de un centenar), ensayos, biografías, libros de viajes, estudios literarios, traducciones, libros de entrevistas, prólogos, semblanzas de escritores, manuales de divulgación práctica... Fue la labor de una polígrafa, un inmenso quehacer de una figura descomunal. Y, a pesar de su omisión en la larga tradición la literatura española contemporánea, está considerada como miembro de la Generación del 98, así lo defienden Susan Kirpatrick, en su obra Mujer, modernismo y vanguardia en España (1898-1931); Concepción Núñez Rey en Carmen de Burgos Colombine: En la Edad de Plata de la Literatura Española; Manuel Aznar Soler en Escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939 (p. 655), Iris Zavala en Breve Historia feminista de la literatura española (en lengua castellana) o Ignacio Latorre Zacarés en el artículo “Retrats. Carmen de Burgos Colombine”, de la revista “Asparkía. Investigació feminista”. El ingente número de relatos que escribió se organiza en un complejo universo temático: desde las relaciones amorosas a la crítica social, a la defensa de la mujer, al antibelicismo, a la ambientación histórica, a los mundos cosmopolitas o a los mundos esotéricos. En ese panorama, hemos de destacar aquí dos grandes temas, muy ligados a la experiencia vital de la autora: por una parte, los relatos de espacios y viajes, que componen un gran documento del mundo que recorrió y son expresión de su incesante
! 36! búsqueda de su ansia de conocimiento; y, por otra parte, las novelas en torno al mundo extraordinario de su vida. Y al igual que hiciera María Luisa Muñoz de Vargas, realizó traducciones del inglés, aunque ésta se centró en la novela. Su primera traducción fue Historia de mi vida (muda, sorda y ciega), de Hellen Keller, en 1904. Año este también muy importante para la escritora porque le dio la oportunidad de conocer a Vicente Blasco Ibáñez, cuya amistad se prolongaría en el tiempo y le abriría las puertas del diario “El pueblo”, del que el autor citado era el director (Sevillano y Segura, 2009: 25). Más tarde traduciría La conquista de un imperio, Los misterios de la India y Los últimos filibusteros de Salgari. Y posteriormente publicaría El Veneno del Arte en “Los Contemporáneos”, La Indecisa (1912), y sus numerosos relatos breves y Cuentos de Colombine (1908). Sin embargo, esta etapa de esplendor literario es además el momento de la tertulia de Carmen de Burgos y una época de intensas relaciones de amistad con Benito Pérez Galdós y Rubén Darío, de un ir y venir de personalidades de la vida literaria y artística madrileña. Colombine inspiraba mucha envidia por su ambición, su éxito, su buen sueldo, su tertulia y su popularidad (Mangini, 2001: 61). Uno de sus críticos más insidiosos sería Rafael Cansino Assens, rival de Ramón Gómez de la Serna en el pontificado de la vanguardia. Mujer adelantada a su tiempo, escribió en abundancia sobre los temas más heterogéneos. Si bien no sirvió de inspiración para sus poetisas coetáneas por no haber dedicado tiempo al verso si despertó en ellas la conciencia colectiva para la defensa de la igualdad de la mujer. Con su actitud vitalista demostró que nada es imposible para la mujer, que aquella que se lo propusiera podía vivir de la escritura y que la formación era el primer paso para conseguir cualquier meta. 1.2.1.2. Concha Espina (1869-1955) María de la Concepción Jesusa Basilisa nació el 15 de abril de 1869, en la ciudad de Santander, en el seno de una familia de la burguesía hidalga y tradicional. Su padre, Víctor Rodríguez Espina, fue cónsul de Argentina y trabajaba como consignatario de buques. Su madre, Ascensión Tagle, procedía de una familia de
! 37! propietarios muy arraigada en Santillana del Mar. La suya era una familia muy numerosa, de diez hermanos, siendo Concha la séptima en nacer pero al poco tiempo, a los quince años de edad, perdería a su madre. En la casa no había ningún ambiente literario ni mentor que la iniciara, pues ni siquiera tenían una biblioteca, pero desde bien pequeña mostró interés por la lectura en el colegio de monjas donde se formaba. Efectivamente, se trató de una formación autodidacta, como la mayoría de las mujeres de su generación. Pero el mérito de Concha Espina es mayor teniendo en cuenta que se inició en la empresa literaria de un Santander culto, una ciudad que había vivido la Edad de Oro de las letras españolas (Pérez, 2009: 19). Comenzó a escribir versos a los trece años aunque hasta los diecinueve no llegaría a publicar su primer poema en el diario santanderino “El Atlántico” firmando con el pseudónimo de "Ana Coe Snichp". Esta joven se casó con Ramón de la Serna y Cueto en 1983 y tendría que continuar con su carrera en Valparaíso (Chile), donde su esposo tuvo que marchar. Situación que le propiciaría entrar en contacto con el movimiento modernista, comenzando a colaborar con varios periódicos chilenos y argentinos que le brindaron una sustancial fuente de ingresos. Cinco años después, regresaría a Cantabria, donde, además de dedicarse a su casa e hijos, escribiría hasta acabar su primer libro de poemas, Mis flores (1904). En este primer volumen aparecen poemas dedicados a asuntos religiosos, patrióticos y referentes al hogar. Todo ello propio de una persona de ideario muy conservador al estilo de María Luisa Muñoz de Vargas, puesto que si Concha Espina fue una mujer adelantada a su tiempo y era consciente de la necesidad de una enseñanza reglada para la independencia de la mujer, sus mensajes feministas se enmarcan dentro de la moderación y como venía siendo habitual en la época expresa la promoción de su moral cristiana y la defensa de la familia: Llamé a tu puerta, Señor; me contestó un angelito; No recibe el Padre Eterno; se ha dormido... ¡Qué sueño tan largo; qué sueño, Dios mío!... Volví más tarde a llamar; la Virgen abrió un postigo; ¿Buscas al Niño Jesús? Ven conmigo.
! 38! Despierto en la cuna, ¡qué gorjas me hizo! Ya sé cómo se vulnera la celeste portería si en ella se esconde mi Santa María… (Poema incluido en su obra Mis flores) En estos versos se expresan las fantasías poéticas de lo que ocurría en su nativa montaña de Santander. Y allí se involucraría en el ambiente intelectual, manteniendo una estrecha amistad con los hermanos Menéndez y Pelayo e intensificando las colaboraciones con los periódicos cántabros. Pero en 1907 marcha a Madrid con sus cuatro hijos y allí incrementará las colaboraciones periodísticas hasta conseguir vivir exclusivamente de la literatura (Pérez, 209: 28). Publicará cuentos cortos de temática costumbrista y moralizante y que, posteriormente, va publicando en forma de libros como Trozos de mi vida o La ronda de los galanes (1909). También publicaría novelas como La niña de Luzmela (1909), Despertar para morir (1910), La esfinge maragata (1914), La rosa de los vientos (1916), El metal de los muertos20 (1920) y Dulce nombre (1921). La mayor parte de su producción literaria la componen un sinfín de cuentos, cerca de cuarenta novelas, tres obras dramáticas y tan sólo tres libros de poesías, el ya mencionado título Mis Flores, Entre la noche y el mar (1933) y La segunda mies (1943). En sus tres composiciones de versos se aprecia su especial apego a la religión cristiana, su pasión por los paisajes santanderinos, la añoranza de su infancia y el dolor por la pérdida de su hijo. E, igual que las autoras de su generación, no dudó en cantarle a la estación del año preferida por los románticos, el otoño, utilizando el verso decasílabo: Entre la noche que está dormida y el mar dormido que sueña y lucha tengo enhebrada mi ardiente vida, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 20 Para la realización de esta novela, ambientada en la huelga de 1917 que enfrentó a los mineros de Riotinto y Nerva (Huelva) con la compañía inglesa responsable de la explotación de las minas, Concha Espina visitó la provincia de Huelva. Esta escritora tuvo la ocasión de visitar la comarca onubense en varias ocasiones y su vinculación con la tierra natal de nuestra autora sería tal que incluso una calle de la ciudad lleva el nombre de Concha Espina.
! 39! alma que alerta ronda y escucha. para mi frente clara diadema, los astros hilan vivo reflejo; para mis ojos, triste poema, las aguas mullen un blando espejo. calman las olas sus paroxismos llenas de lumbres y de estupores y entre las fauces de dos abismos hago la siembra de mis amores. Aquí las mieses y las derrotas Son infinitos que yo poseo; Haces de vida, ansias remotas, Vasto refugio para el deseo. Y las criaturas de mi paisaje (…) (“Lejos” de Entre la noche y el mar) De la misma forma que Concha Espina, al igual que lo hiciera años más tarde Gloria Fuertes, expresaba de manera clara su pasión por la poesía: Yo soy una mujer: nací poeta, y por blasón me dieron la dulcísima carga dolorosa de un corazón inmenso. En este corazón, todo llanuras y bosques y desiertos, han nacido un amor, interminable, y un cantar gigantesco; Pasión que se desborda de la tierra y que invade los cielos… Ando la vida muerta de cansancio, inclinándome al peso (“Yo soy una mujer: nací poeta”. Poema incluido en la novela La esfinge maragata). Y también se dejó llevar por la elección del verso menor y libre, como lo hiciera María Luisa Muñoz de Vargas, así como por la elección de asuntos sobre la naturaleza:
! 40! Álamo caminero con lazo de Primera Comunión gigante niño bueno en la procesión interminable del sendero. Cándido cirio con la venera blanca del turismo; fogaril del que pasa la negrura del cauce anochecido (…) (“Alamo”. Publicado en la revista “Vivar del Cid”, en otoño 1931). Como viene siendo habitual en la poesía de Concha Espina, la religión y la recurrencia al cristianismo y sus tradiciones estarían presentes en toda su obra. Pero, como hemos comentado, también se atrevió con el teatro, como lo hiciera María Luisa Muñoz de Vargas. Concha Espina sacó a la luz El jayón, que se estrenaría en el Teatro Eslava de Madrid, en 1918, bajo la dirección de Gregorio y María Martínez Sierra. Esta obra fue posteriormente premiada por la RAE, traducida al italiano y después convertida en ópera por el maestro Francisco Mignore (Pérez, 2009: 43). El año de 1924 estuvo pleno de reconocimientos para la autora. Fue nombrada “hija predilecta” por la ciudad de Santander y se colocó la primera piedra de un monumento erigido por el escultor Victorio Macho en su honor; fue condecorada con la Real Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa por la familia real española. Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1927 y el Premio Fastenrath, otorgado por la Real Academia Española, así como el Premio Espinosa y Cortina. En 1928 también fue candidata a un sillón en la Real Academia de la Lengua, en 1938 sería nombrada miembro de honor de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y en 1950 recibió la medalla de Oro al Mérito al Trabajo y, posteriormente, la gran cruz de Alfonso X el Sabio y otras condecoraciones de entidades españolas y extranjeras. Su trabajo fue constante tanto por su labor como periodista como por su participación en diferentes conferencias. También colaboró en “La novela de guerra”, dirigida por el periodista José Simón Valdivieso, e incluso trabajó activamente en la revista “El Escorial” (Pérez, 2009: 86).
! 41! Esta escritora, a pesar de haber recibido numerosos reconocimientos, ha sido también excluida de la esfera cultural y artística española. Si bien para Kirkpatrick, su poesía no encaja ni con el estilo de la generación del 98 ni del modernismo si lo hacen sus novelas (2003: 27). En este sentido, es importante reseñar un aspecto importante de su modernidad, su contribución a la literatura a través de la novela corta, como lo hicieran el resto de sus coetáneas además de su colaboración reiterada en la prensa española de la época. Concha Espina sería una de las escritoras colaboradoras asiduas del diario onubense “La Provincia”21, en él vertería sus cuentos cortos y poesías. 1.2.1.3. María Martínez Sierra (1874-1974) María de la O Lejárraga fue una mujer activa dentro del movimiento que defendió la renovación estética de la cultura española en el cambio de siglo. Participó en el Lyceum Club entre 1926 y 1936, fundó la Asociación Femenina de Educación Cívica en 1931 e intervino en foros internacionales defendiendo sus ideas feministas y sociales. Aunque su militancia en el Partido Socialista Obrero Español la llevó a ser víctima del franquismo y del nazismo, exiliándose primero en Suiza, Nueva York, México y finalmente Buenos Aires. Pero no sólo ayudó a redactar manifiestos y fundar revistas literarias asociadas al modernismo (como la importante editorial Renacimiento22 y la revista del modernismo poético, Helios), sino que también desarrolló un estilo prosístico muy admirado por otros modernistas e introdujo un nuevo modo de hacer teatro en España, relacionando feminidad y modernidad (Kirkpatrick, 2003: 129). Además del exilio al que se vio forzada tras la guerra civil, vivió en el exilio literario al esconder la mayor parte de su producción literaria tras la identidad de su marido (Gregorio Martínez Sierra), quien firmaba en solitario las obras, incluso tras su separación. Sus memorias dejan muy claro que todas las obras tempranas firmadas por Gregorio Martínez Sierra fueron producto de su colaboración, pues ambos empezaron a escribir juntos incluso antes de casarse y decidieron publicar sus producciones !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 21 Tenemos constancia de su participación en el diario onubense desde el año 1925 hasta el año 1936. La mayor parte de sus colaboraciones son cuentos. 22 Para Guillermo Díaz Plaja, los nueve números de la revista Renacimiento contienen textos de los escritores más significativos alineados con el movimiento modernista, como Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Manuel Machado, Salvador Rueda, Santiago Rusiñol, Francisco Villaespesa, Unamuno y Emilia Pardo Bazán, entre otros (1951: 44).
! 42! colectivas como Gregorio Martínez Sierra (2003: 131)23. María sólo firmó los volúmenes en prosa Cuentos breves (1899), La mujer ante la República (1931), Una mujer por caminos de España (1952), Gregorio y yo (medio siglo de colaboración) (1953), Viaje de una gota de agua (1954)) y la colección de obras teatrales Fiesta en el Olimpo (1960). Pero, además, fue plagiada (como en el guión de la película La Dama y el Vagabundo, inspirada en su obra Merlín y Viviana) y se olvida nombrarla como autora de los libretos de “El amor brujo” y “El sombrero de tres picos” de Falla o “Margot” de Turina. Es más, Pedro González Sánchez, miembro del colectivo y amigo íntimo de los Martínez Sierra, confirmó en su momento que María era la única autora de lo que se publicaba con el nombre de su esposo (Kirkpatrick, 2003: 133). No empezaría a utilizar realmente su nombre hasta 1952. Fuera de una forma u de otra, el tándem María/Gregorio era un binomio bien avenido, pues si María no podía asistir a las tertulias y cafés donde se forjaba la estética y política del modernismo por el simple hecho de ser mujer, Gregorio compartía su aprendizaje con ella. Asimismo, le facilitó valiosas conexiones con influyentes modernistas de la generación anterior, como Jacinto Benavente, y con figuras centrales de la generación más joven como el poeta Juan Ramón Jiménez24, el novelista Ramón Pérez de Ayala, el importante pintor y poeta catalán Santiago Rusiñol y, posteriormente, los compositores Manuel de Falla y Joaquín Turina, al igual que lo hiciera Rosa Chacel. María Martínez Sierra, al igual que la mayoría de las escritoras de principios de siglo, escribió no solo libros25, sino que tradujo comedias (Buena gente de Rusiñol, Tripplepatte de Tristan Bernard y Abejorro de Brieux) y trabajó para periódicos, revistas y emisoras de radio. Por todo ello, es uno de los ejemplos más lacerantes de mujer literata caída en el olvido. La participación de María en estas actividades la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 23 Para más información acerca de la autoría de las obras de Gregorio Martínez Sierra, véase el estudio de O’ Connor, Patricia W., Gregorio y María Martínez Sierra, Boston, Twayne Publishers, 1977; así como el artículo “María Lejárraga de Martínez Sierra (1874-1974), libretista y letrista” de Joseph publicado en Berceo, número 147, Logroño, pp.55-95. 24 Una vez más la poesía y estilo de Juan Ramón Jiménez influye sobre el quehacer poético de las escritoras de principios de siglo. Siendo éste otro punto de conexión con nuestra autora María Luisa Muñoz de Vargas. 25 En la biblioteca de la casa de los Buendía, en Madrid, se ha encontrado un libro sobre la obra de teatro “Rosina”, firmado por Gregorio Martínez Sierra y con una dedicatoria a la autora: “Para la Srita. Luchy Muñoz de Vargas, deliciosa intérprete de Rosina”. No cabe duda de que hubo una relación de amistad entre el matrimonio y nuestra autora. Imagino que estas incursiones de la autora en el mundo de la escenificación le ayudarían a forjar una idea más precisa de la dramaturgia española del siglo XX. Pues ni más ni menos que intepretó el papel protagonista de la obra.
! 43! convirtió en una de las creadoras de la triunfal última fase del nuevo movimiento estético. Su colaboración como sujeto de la creación modernista, en pie de igualdad con los hombres, la colocó en una posición novedosa para una mujer en España aunque en la sombra del nombre de su marido. Ella misma encabezaba el movimiento del Modernismo como novelista, ensayista y dramaturga (Joseph R. Jones, 2004: 60), y tuvo especial interés por la música, como María Luisa Muñoz de Vargas, quien puso letras a músicos de artistas internacionales como Joe Kay. En este sentido, María de la O’ Lejárraga acomodó letras para piezas pianísticas de Manuel de Falla, letras para las canciones de Michel J. Easton, y escribió libretos como La suerte de isabelita y Lirio entre espinas, entre otros (Joseph R. Jones, 2004: 66). Y, aunque tuvo predilección por la prosa, sí escribió obras en verso, sobre todo durante su juventud y en la década de los veinte, de carácter popular, romántico y con el influjo de los poemas de Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez (Joseph R. Jones, 2004: 62). 1.2.1.4. Rosa Chacel (1898-1994) Representa una de las modernas más inconformistas en su vida y en su pensamiento, y es considerada como la única novelista que se ha destacado entre las vanguardistas26. Nacida en Valladolid y en el seno de una familia liberal, creció en un ambiente que le permitió desarrollar una personalidad de gran independencia, amplia cultura literaria (no debe perderse de vista que era sobrina nieta de Zorrilla) y una autonomía de pensamiento poco frecuentes en una niña educada sin asistir a colegio alguno durante su niñez a causa de su delicada salud. Recibió formación directamente de su madre, Rosa-Cruz Arimón, que era maestra, y le dio instrucción elemental en su propia casa. Irrumpió en el escenario cultural madrileño en 1915, cuando ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando para estudiar escultura. Su pasión por lo clásico la condujo al Ateneo de Madrid en 1919, donde empezó a escribir y a convertirse en una de las autodidactas más cultas de su generación. Asimismo, entró en el círculo de Ortega y Gasset, lo que le llevaría a colaborar con revistas literarias como !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 26 Si bien la mayor parte de los críticos la ubican en el arte vanguardista, nosotros hemos incluido a la autora en la sección modernista principalmente por moverse entre esas dos corrientes estéticas.
! 50! La selección de los poetas de este grupo generacional a veces es irritante, puesto que incluso se ha venido en denominar también como el de “Generación Guillén- Lorca”, “Generación del 25”, “Generación de 1931”, utilizada por Juan Marichal, o “Nietos del 98”, como alude Vicente Gaos y la justifica por una especie de descendencia intelectual de los dos líricos más significativos del 98, Unamuno y Machado (Díez de Revenga, 2004: 34). Curiosamente, la relación más antigua que se conserva de los componentes de la Generación del 27 es la “Nómina incompleta de la joven literatura” de Melchor Fernández Almagro, publicada por la revista “Verso y prosa”, en 1927. En ella se menciona a Rafael Alberti, Dámaso Alonso, José Bergamín, Juan Chabás, Gerardo Diego, Antonio Espina, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Benjamín Jarnés, Antonio Marichalar, Pedro Salinas, Claudio de la Torre, Edgar Neville, Guillermo de Torre y el propio Fernando Almagro. Habiendo firmado en ella también poetas como María Luisa Muñoz de Vargas, Carmen Conde, María Teresa León o Maruja Mallo. Por otra parte, Guillermo de la Torre, añade a estos nombres los escritores vanguardistas formados por los ultraístas y creacionistas: Juan José Domenchina, Antonio Espina, Juan Chabás, Gerardo Diego, el propio Guillermo de la Torre, Pedro Garfias, Humberto Rivas, Juan Larrea, José de Ciria y Escalante, Eugenio Montes, Adriano del Valle, Isaac del Vando-Villar y César A. Comet, entre otros (Torre, 1925: 278); puesto que la renovación de la literatura experimentada en Europa también tuvo su eco en España en las primeras décadas del siglo XX, asumiendo la literatura la influencia de los movimientos de vanguardia. Entre 1915 y 1936 se desarrolla en España un espléndido panorama de experimentación poética, de búsqueda y de renovación, reflejo de los afanes de modernización y de ruptura con lo establecido por parte de numerosos poetas. Configurándose así lo que se ha venido en denominar poesía de vanguardia, uno de los capítulos peor conocidos de todo el siglo (Díez de Revenga, 2004: 16). El ultraísmo, el creacionismo y el surrealismo, son para Díez de Revenga, los tres movimientos vanguardistas considerados básicos, pero sus autores, al no publicar sus obras en antologías sino en revistas de la época, no han sido muy difundidos. Es más, las revistas del ultraísmo son la fuente más completa para el hallazgo de los primeros vanguardistas españoles con Guillermo de Torre a la cabeza, pero entre los que
! 51! hay que mencionar también a poetas como César A. Comet, José de Ciria y Escalante, Lucía Sánchez Sarnoil, Rafael Lasso de la Vega, Rafael Cansino-Asséns, entre muchos otros. Todos ellos se afanaban en la superación del simbolismo o su versión hispánica (el modernismo) a través de los principales medios de expresión, las revistas y la prensa. Desde el final de la primera guerra mundial, surgen innumerables revistas de vanguardia que se preocupan, sobre todo, por reinventar el lenguaje y destruir los iconos tradicionales. Los estudiosos Buckley y Crispin, en Los vanguardistas españoles, 1925- 1935 (1973), distinguen dos etapas en las revistas literarias de vanguardia españolas: la ultraísta (1919-1923) y la de 1925 a 1935 cuando, asentada ya una nueva sensibilidad, se busca de manera positiva —tras las huellas de Ortega y Gasset— otra concepción vital. La primera de ella es “Prometeo”, que funda Javier Gómez de la Serna en 1908, otros títulos son “Los quijotes” (1915-18), “Troços” (1916) de Barcelona, “Cervantes” (1916-1920), “Perseo” (1919), “Reflector” (1920), “Ultra” (1921-1922), “Tablero” (1921-1922), “Vértices” (1923) o “Tobogán (1924)”, “Alfar”, La Gaceta Literaria”, “Meridiano” (1929), “Favorables Paris poema” (1926), entre otras29. 1. 3. 1. El polémico concepto de “generación” en el marbete del 27. El propio concepto de “generación” ya es, lo apuntaba José Carlos Mainer, un “lugar común” que debe ser revisado: Aconsejaba Unamuno que repensar los lugares comunes es el mejor modo de librarse de su maleficio. Y una “generación” es metodológicamente un lugar común, con todas las indeseables características de tal: muy frecuentado y escasamente ventilado. En la historia de la literatura los lugares comunes solo pueden ser estaciones provisionales, puntos de tangencia de muchos elementos (Mainer, 2000: 353). Además, el criterio generacional resulta especialmente problemático “si se trata de dar conclusiones sobre un determinado aspecto, como en este caso puede ser la temática del compromiso, la politización o no de una serie de escritores” (Jiménez Millán, 1980: 202). Señala Mainer que en 1932, en el momento de la aparición de la antología de Gerardo Diego, fueron muchas las voces que tacharon de excluyente la !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 29 Sobre este asunto véase Revistas de la Vanguardia española (2005) de Rafael Osuna.
! 52! selección de poetas, poniendo en duda o bien la existencia misma de la generación o simplemente la nómina de Gerardo Diego: Esas estrategias en busca del canon no fueron bien recibidas. Por arriba, por la relación con los seniores, estalló –como ya se ha visto – el caso Juan Ramón Jiménez; en las orillas mismas de la antología, la polémica de las exclusiones que azuzaron las malévolas reseñas de Miguel Pérez Ferrero (“Gerardo y sus amigos”, “Heraldo” de Madrid, 10 de marzo de 1932) y César González Ruano (“Currinchería poética de Gerardo Diego y otras cosas”, Informaciones, 13 de marzo de 1932). En cuanto a la primera disidencia, venía de lejos. Jiménez no había querido participar en el homenaje a Góngora, organizado por Diego. Y, a la vez, los jóvenes más radicales se atrevían a no disimular el dictado de “cursi” que les merecía: la burla vanguardista de Platero y yo es un ejemplo meridiano (Mainer, 2000: 341). La nómina deja fuera a pintores y prosistas. Como indica Mainer, algo de muy especial debió tener la experiencia (o la necesidad de haberla vivido) para que se configurara al cabo como una suerte de “Sociedad Limitada” de poetas –lo que había querido Salinas en 1932– en una de las operaciones de constitución de un canon más brillantes y logradas que se registra en la literatura española. Pero también es indudable la injusticia habida en la historia de la configuración del canon, como se ha hecho con los prosistas o con los pintores: Pensemos en Ramón Gaya o en Maruja Mallo, incluso en Benjamín Palencia y su escuela de Vallecas, cuya huella literaria y cuya originalidad en la reivindicación de un vanguardismo autóctono y telúrico no es pequeña ni anecdótica, al modo de una stracittàa la española: sin esta rama vallecana, es difícil explicar a Miguel Hernández o una parte de la poesía inicial de Luis Felipe Vivanco) (ibid.: 348). Tenemos que replantearnos, por tanto, el concepto de generación, cuestionarnos la nómina de autores que se incluyen en ella, y repensar esas lecturas masculinas que apenas dan cabida a las mujeres intelectuales con cierto protagonismo en los círculos artísticos de las primeras décadas del siglo veinte (pintoras, escritoras, filósofas, etc.): De la llamada “generación del 27” se viene repitiendo la nómina férreamente establecida de un grupo de ocho o diez poetas, varones. En algunos casos, un estudio
! 53! más minucioso incluye un epígrafe muy revelador, “otros poetas del 27”, auténtico cajón de sastre, ensanchado, ahondado, a voluntad y gusto de sus respectivos autores (Miró, 1993: 3). Como ya señalara Anna Caballé (2006: 17), “la historia literaria en nuestro país sigue rechazando firmemente la integración del colectivo femenino”, y no fue de otro modo en la época de las vanguardias, aunque paradójicamente viera surgir a las llamadas “mujeres modernas”, que se subieron al tren de las artes como creadoras, que descentraron un mundo de hombres (Zavala, 2004: 105). Si el arte es la principal construcción simbólica de que dispone una sociedad para fijar y proyectar sus anhelos y frustraciones, es decir, es una herramienta indispensable en la construcción de los valores culturales, todos –creadores y lectores – tenemos derecho a pensar por nosotros mismos qué tipo de símbolos consumimos y por qué (Caballé, 2006: 23). Es bien sabido que los escritores más estudiados, los “canonizados”, han sido los autores presentes en la antología de Gerardo Diego de 1932. Los dieciséis poetas antologados han acaparado casi la totalidad de los estudios críticos posteriores, dejando de lado a novelistas y ensayistas, imprescindibles para conocer el panorama literario de los años veinte y treinta en toda su complejidad; y dejando de lado igualmente a algunas escritoras, responsables, en gran medida, de los nuevos aires de modernidad de nuestro país. Como sugiere Mainer, debemos por tanto, prescindir de lecturas excluyentes y enfrentarnos a los hechos literarios desde otra perspectiva: Hemos aceptado, sin mayores inconvenientes, los marbetes heredados que insisten fundamentalmente en el concepto de generación, una noción que es, al cabo, una de las formas más estrechas de canon porque se basa en un idealismo histórico (se busca, a riesgo de simplificar las cosas, un determinante hegemónico que aglutine las “reacciones” de un elenco privilegiado), porque desdeña la permeabilidad entre los grupos y porque abandona a su suerte lo que no coincide con la cronología o el ideario prefijados (Mainer, 2000: 333). 1. 3. 2. La otra “Generación del 27”
! 54! Érase masculina, por tanto, la Generación del 27 y de ese monopolio de hombres poetas no se ha planteado una seria revisión histórica hasta los últimos años. Así lo han manifestado los numerosos estudios literarios en torno a esta generación de poetas y artistas, como Manghini en Las modernas de Madrid; Montgat en Tomar la palabra: aproximación a la poesía escrita por mujeres; María Rosal en Con voz propia Estudio y antología comentada de la poesía escrita por mujeres (1970-2005); Romero López en Seis siglos de poesía española escrita por mujeres, pautas poéticas y revisiones críticas; Nieva de la Paz en Autoras dramáticas españolas entre 1918 y 1936;!o Pepa Merlo en Peces en la tierra. Una parte de la crítica actual ha achacado semejante chauvinismo a la noción generalizada de que no hubo mujeres poetas sino “poetisas”30. Si tenemos en cuenta el concepto de “generación”, ampliamente controvertido y aplicado por Ortega y Gasset a la Historia en el siglo XIX, aquel ha servido para aglutinar en periodos diferentes a hombres que comparten creencias colectivas y concepciones del mundo que cambian con el tiempo pero con la norma común de no sobrepasar los quince años. Posteriormente el alemán Julius Petersen, en su ensayo Las generaciones literarias, precisó aún más el concepto y explicita que forman una generación literaria los escritores coetáneos, es decir, aquellos nacidos en fechas próximas, con relaciones personales y participación en actos colectivos, unidos por la existencia de un guía, formación intelectual similar, vivencias de ciertos hechos históricos -incluso un hecho generacional-, defensa de ideas sociales, preferencias estéticas, influencias artísticas y filosóficas, rasgos comunes de estilo y cualesquiera otras circunstancias aglutinantes, entre ellas el anquilosamiento de la generación precedente. Ahora bien, después de una extensa revisión bibliográfica somos conscientes de la existencia de un grupo de escritoras nacidas entre finales del siglo XIX y primeros del siglo XX que fueron sujetos de los muchos cambios sociológicos mencionados en el apartado 1 de este trabajo. Se trata de las escritoras contemporáneas de la conocida Generación del 27, identificadas por edad, influencias literarias y rasgos estilísticos con la mayor parte de los autores consagrados dentro del marbete citado. La mayor parte de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 30 La poetisa era para el patriarcado ese ser decimonónico que escribía versos al amor con un canturreo sentimental y triste (Mangini, 2001: 135).
! 55! los estudios más novedosos sobre el tema se centran en los diarios y novelas autobiográficas de las mismas para extraer las preocupaciones comunes de este grupo de mujeres y se menciona a Rosa Chacel (N. 1898), Concha Méndez (N. 1898), María Teresa León (N. 1907), Ernestina de Champourcin (N. 1905) y Carmen Conde (N. 1907) (Nieva de la Paz, 2006: 21). Aunque Zavala incluye también a Josefina de la Torre (N. 1907) y a María Luisa Muñoz de Buendía (1998: 1999) como lo hiciera también Pepa Merlo junto a otra nómina de autoras como Margarita Nelken, Lucía Sánchez Saornil, Clementina Arderiu, Dolores Catarineu, Casilda de Antón del Olmet, Cristina de Arteaga, Pilar de Valderrama, Susana March, Elisabeth Mulder, María Teresa Roca de Togores o Marina Romero. Se trata de una lista infinita de mujeres que si bien no podían asistir a las tertulias masculinas donde se engendraba el patrón moderno de la literatura, sí lo hacían en ámbitos privados. Ellas asistían a tertulias organizadas en casa de amigos literarios: Ernestina de Champourcin recuerda sobre todo las reuniones en el piso de Concha Méndez y Manuel Altolaguirre, además de las tertulias organizadas por Pilar y Valentín Zubiaurre (Zavala, 1998: 190). Las poetas que se vienen asociando a la Generación del 27 entran en el mundo de las letras con inquietudes feministas, en un grado más o menos explícito; encuentran aliados en sus compañeros de vida (Concha Méndez con Manuel Altolaguirre, María de la O Lejárraga con Gregorio Martínez Sierra; Zenobia Campubrí con Juan Ramón Jiménez; María Luisa Muñoz de Vargas con Rogelio Buendía y María Teresa León con Rafael Alberti); mantienen estrechas relaciones con los escritores ya afamados como Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Juan José Domenchina y sobre todo Federico García Lorca, Ramón Menéndez Pidal); buscaron emanciparse a partir de su actividad literaria; la mayoría de ellas escribieron bajo pseudónimos o bajo el nombre de su marido (recuérdese el caso de María de la O, María Teresa de León, Lucía Sánchez Saornil, Zenobia Campubrí o María Luisa Muñoz de Vargas); dieron su salto a la escritura a través de la prensa y la novela corta; y lo más destacado todas y cada una de ellas, trataron de incardinar su producción artística en la cadena literaria femenina mostrando la principal influencia del autor, maestro e impulsor de varios jóvenes poetas de la Generación del 27, Juan Ramón Jiménez - como detenidamente expresa Ernestina de Champourcin en La ardilla y la rosa, en “Juan Ramón en mi memoria”, o Carmen Conde en su segunda autobiografía, Por el camino viendo sus orillas, o nuestra autora
! 56! objeto de estudio, María Luisa Muñoz de Vargas en Lluvia en verano con “A Juan Ramón Jiménez” (Nieva de la Paz, 2006: p.22). Las vidas de estas mujeres son paradigmáticas del denodado esfuerzo de muchas españolas de su tiempo por lograr mayores cotas de libertad y autorrealización y, por ello, haremos un breve repaso por sus vidas y producciones literarias. 1. 3. 2. 1. Concha Méndez (1898-1990) Poeta, dramaturga, editora, impresora, autora de un guión de cine…, su actividad como escritora de vanguardia, su cultivo del deporte, su afición por la música y sus trabajos como impresora la convierten en una de las mujeres más relevantes de nuestra Edad de Plata. Los tres primeros libros de poesía de Concha Méndez, Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930), son los más representativos de su etapa modernista y donde podemos rastrear con claridad las estrategias vanguardistas en su obra lírica. Desde el modernismo poético, y a través de su escritura, de su labor como impresora y de su activismo cultural intenta redefinir los patrones de la feminidad e inicia la conquista de un nuevo papel social alejado del modelo ángel del hogar. Frecuentó y leyó poemas en la Residencia de señoritas (Mangini, 2001: 80 y ss.). No es casual que en 1926 se fundara en España el Lyceum Club, al que se afiliará y en donde asistirá a una conferencia de Rafael Alberti en 1929, donde trabará amistad también con Pilar Zubiaurre y Concha Albornoz. Desde su condición de autora literaria, escribe una nueva leyenda del trabajo, asumiendo funciones anteriormente reservadas al hombre, salvo escasas y significativas excepciones. Frente al modernismo hispánico, donde se había vinculado la feminidad con lo patológico y degenerado, con lo decadente y perverso (Kirkpatrick, 2003: 90 y ss), Concha Méndez ha encarnado la figura de una nueva mujer sana y deportista, moderna y activa, definitivamente ubicada en la vanguardia artística y literaria. En 1918 conoció a Luis Buñuel, con quien mantuvo una relación durante seis años. Pero la fecha clave en su vida fue mayo de 1925, momento en el que conoce a Lorca y asiste a un recital suyo dentro de la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en Madrid. Por entonces descubrirá también la amistad de Maruja Mallo y
! 57! Rafael Alberti. En aquel momento se inicia de manera constatable su particular conquista del espacio público urbano como un ámbito de experiencia, exploración y conocimiento. Es el momento en que empiezan a ser comprobables sus estrategias de seducción como escritora de vanguardia, que la llevarán a escribir también un guión de cine en 1927, Historia de un taxi. Como afirma S. Kirkpatrick, “la inclusión de mujeres constituye una de las formas en que la vanguardia española puso en práctica la modernidad europea” (2003: 222). La rebelión contra las normas artísticas tradicionales implicaba una rebelión contra la sociedad tradicional, y la escritura en Concha Méndez se traduce en un proceso de emancipación y seducción social y cultural, aunque tuvo que enfrentarse a fuertes prejuicios sociales y familiares en torno al papel de la mujer en la sociedad y en la cultura masculina. En 1931, García Lorca le presentó al poeta e impresor malagueño Manuel Altolaguirre, con quien se casó Concha el 5 de junio del año siguiente –siendo testigos García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Cernuda. Posteriormente, viajarían a Inglaterra y editarían los diez cuidados números de la revista “1616”. A su vuelta a Madrid crearon la imprenta La Verónica, donde editaron también la revista “Héroe”, que contó con la colaboración de Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Pedro Salinas y Jorge Guillén, entre otros. Su obra literaria pertenece a los últimos momentos de la que conocemos como “lírica de tradición simbolista”, como bien define Susan Kirkpatrick, y que se desarrolla desde mediados del siglo XIX hasta los años treinta en Europa, y más concretamente en España desde 1896 (con la publicación de Rubén Darío de Prosas profanas) hasta 1939 (Kirkpatrick, 2003: 224). El impresionismo, el esteticismo, el decadentismo o el esencialismo no serán sino diferentes expresiones de ese tronco “simbolista” que ahorma toda una Edad estética, con unas características con las que conecta la poesía de Concha Méndez, quien pertenece de hecho y de derecho a la Modernidad de esta Edad de Plata y al ya canónico grupo generacional del 27. Así lo creen los estudiosos más recientes en torno a la autora, como Peter Lang en Seis siglos de poesía española escrita por mujeres. Pautas poéticas y revisiones críticas, (2007) o Juan María Callés Moreno en “Concha Méndez, la seducción de una escritora en la modernidad literaria” (2014). La primera etapa de su producción poética en la que se insertan sus tres primeros libros de poesía [Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y
! 58! tierra (1930)] se posiciona en la línea del neopopularismo con una clara influencia de la denominada poesía pura (Lang, 2007: 309; Martínez: 2011). Ésta reacciona contra el intimismo sentimental romántico, contra su dramática y ya canónica “desarmonía del alma”, y construye versos desde el foco de un yo intrasubjetivo que se manifiesta como “manifestación polifónica de la pura subjetividad”. Es más, su poesía comienza muy unida al signo de los tiempos y de los poetas que forman su generación, a algunos de los que dedicará versos, como a Alberti o Lorca. Partiendo de una interpretación muy personal de la poesía pura, influida, una vez más por Juan Ramón Jiménez, sus canciones, ambientes marineros y formas neopopulares31 la sitúan muy próxima a los grandes poetas coetáneos, aunque con el tiempo su personalidad marcará su obra. Para Emilio Miró, el influjo inspirador de Lorca y del poeta de Marinero en tierra iba a ser decisivo en su trayectoria (1999, p. 34). En poemas como “Club alpino”, de Surtidor, y “Los patinadores”, “La patinadora”, “Apuesta”, entre otros, de Inquietudes, reflejan esa influencia bien perceptible pero con atisbos personales y la presencia de temas viajeros y deportivos muy acorde con las experiencias de la autora y que nos recuerdan a los poemas de María Luisa Muñoz de Vargas con sus descripciones realistas, como en “Otoño en campos de Córdoba”, “Río gitano”, “En Sierra de Fuenteheridos”, entre otros incluidos en Bosque sin salida: Bajan de las montañas con los “skis”, bajo un cielo entre rosa, blanco y gris. Van los patinadores con trajes de colores. Una blanca bufanda Cayó en el ventisquero (…) (“Los Patinadores”). Además, Concha Méndez se inspira en las tierras y los mares, como la mayoría de las autoras de su generación que se deja cautivar por esa estela albertiana, y que plasmará principalmente en Canciones de mar y tierra: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 31 Al igual que ocurre en la poesía de María Luisa Muñoz de Vargas, estas formas neopopulares y la influencia de Juan Ramón Jiménez o Alberti marcará la obra de todas estas jóvenes poetas.
! 59! (…) Un mar brioso ruge en mi costa. En mí se inician los avatares. Pequeña isla llena de rosas… Y después faro de extraños mares… (“Dintel” de Inquietudes). Sin olvidar el ámbito urbano y de la modernidad en el que se insertan los poemas de “el avión” o “el automóvil” de Inquietudes. La segunda etapa poética de Concha Méndez está formada por cuatro libros: Vida a vida (1932), Niño y sombras (1936), Lluvias enlazadas (1939) y Poemas. Sombras y sueños (1944). En ella encontramos una voz poética fuerte, clara y decidida en un primer momento, que, a fuerza de sufrir rotundas embestidas vitales, poco a poco va a ir derivando hacia otra voz más insegura y vacilante de una identidad que duda entre los sueños y las sombras (Martínez, 2011: 193). La evolución de la voz lírica femenina recorre, en muchos de estos poemas, una trayectoria interesante por los puntos de vista elegido: el de la mujer amante que expresa, con desnudez y naturalidad, el gozo del placer sexual así como la incertidumbre e inseguridad que se le revela por la heterogeneidad del ser amado; el de la mujer de gran fortaleza, creadora que lucha por lograr un lugar dentro del mundo artístico-intelectual; el de la madre, una voz humana de gran bondad y ternura, en Niño y sombras rota por el dolor de la muerte de su pequeño hijo y en un duelo muy difícil de asimilar; en cambio, en Poemas. Sombras y sueños, esta figura maternal abraza, con profunda emoción, la esperanza que entraña en su vida la presencia de su segunda hija, Paloma: (…) No me despiertes amor que sueño que soy sirena y que eres el nadador que va a una playa morena a bañarse a la claror
! 66! Frente a la soberbia de la razón moderna que llevó al hombre a un pensamiento alejado de la vida, Zambrano buscó una razón integradora entre vida y pensamiento. Esta razón, lejos del paradigma del racionalismo moderno que imperaba en Europa, la encuentra “en las fuentes de la cultura española, no filosófica sino literaria”, ya que esta tiene “la fuerza de dar un sentido, mejor, una resolución a los acontecimientos vividos” (Berrocal, 2012: 78) por el hombre. De este modo, la filósofa atribuye a la poesía una “fuerza gnoseológica” capaz de tratar con lo que llama “realidades sumergidas”, aspectos de la realidad que la razón ha olvidado o menospreciado al no poder atraparlas bajo conceptos. Zambrano dice que su razón poética es una razón de amor porque está adherida al hombre en toda su plenitud y complejidad. No es una forma de razón “preocupada por la filosofía, ni trabada en un juego de abstracciones, sino de algún modo conmovida por el corazón humano” (2012: 100) emociones complejas que muestran toda su autenticidad humana. Y ahí radica el encanto de sus lecturas. Si bien su poesía se aleja, en similitudes con las autoras de su generación, su formación, relaciones y dedicación merecían un hueco en este trabajo. 1.3.2.4. Ernestina de Champourcin (1905-1999) Evidentemente, Ernestina de Champourcin es una de las escritoras más privilegiadas en España al ser incluida en la antología de Gerardo Diego. Su numerosa producción poética le posibilitó tal distinción y su inclusión en la Generación del 27 no ha sido en ningún momento cuestionada. Así, Zavala la califica como la tercera voz importante de la Generación del 27 tras Concha Méndez y Josefina de la Torre (1998: 198), o Díez de Revenga, quien la incluye entre sus autores antologados, junto a Concha Méndez en Las vanguardias y la Generación del 27, o Emilio Miró, quien en el prólogo de la Antología de poetisas del 27, la define como una poeta precoz que demostró su ingenio con los versos y la rima desde su más tierna infancia (VV. AA., 1999: 56). Sin embargo, el albacea literario de Champourcin, Arturo del Villar, a pesar de reconocer que aquella tuvo una buena relación con los escritores de la Generación del 27, considera que nunca formó parte de él principalmente por las malas relaciones existentes entre el marido de Ernestina, Juan José Domenchina, y cada uno de los miembros del grupo (Villar, 2002: 10).
! 67! Nacida en Vitoria en 190535, tuvo una educación tradicional y religiosa. Su familia se trasladó cuando ella era muy joven a Madrid, en cuyo Colegio del Sagrado Corazón estudió desde los diez años. Y, como otras mujeres adelantadas de su época, quiso estudiar en la Universidad, pero no pudo hacerlo por la oposición del padre y al plantearle su madre acompañarla a las clases. Pero estos obstáculos patriarcales no le impedirían escribir poesía, desde muy joven, en francés (desde niña hablaba y escribía con suma perfección este idioma además del inglés), primeros versos que ella misma destruiría al plantearse seriamente una vocación literaria (Díez de Revenga, 2004: 191). El manejo de los dos idiomas le proporcionaría el acceso a las publicaciones más interesantes de la vanguardia europea (Villar, 2002: 10) y la lectura de los románticos franceses Víctor Hugo, Lamartine, Musset, Vigny; o de los simbolistas Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Verlaine, Proust…(Fernández Urtasun, 2007: 19). Sus primeros libros la dan a conocer en Madrid: En silencio (1926), Ahora (1928), La voz en el viento (1931), Cántico inútil (1936). Obras donde la poeta evoluciona desde un modernismo inicial, a la sombra de Juan Ramón Jiménez, a una poesía más personal en la que domina el tema del amor envuelto en una rica sensualidad, pero también en el que se aprecia la influencia francesa de Francis Jammes (Zavala, 1999: 198). En esta primera incursión poética los versos delatan los ecos de Juan Ramón Jiménez en su etapa moguereña, como por ejemplo en las alusiones a la vida en un pueblo, en el toque del ángelus, las lilas, los atardeceres coloristas, la melancolía y la presencia de Platero y yo, al que dedica un poema en devoción al autor. En En silencio predomina el yo-emocional que desvela las emociones tomando como punto de partida un pretexto natural, por ejemplo, el atardecer o el otoño del que derivarán la soledad, la tristeza, el silencio típicamente romántico: ¡Qué triste es el ocaso! Un haz de rosas muertas se deshace el ara del pálido horizonte el poniente diluye su lividez incierta huyendo tras la puerta brumosa de los montes. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 35 Es menester referir que en el año del nacimiento de Ernestina de Champourcin también vinieron a este mundo Manuel Altolaguirre, y Jean-Paul Sartre, uno de los padres del existencialismo y del compromiso político con los escritores de la sociedad (Villar, 2002: 10). !
! 68! ¡crepúsculo nostálgico de la tarde cansada, encrucijada austera en cuya sombra aguarda la infinita tristeza del imposible anhelo, resplandores del cielo que iluminan dolientes, mi agonía callada (…) (“Ocaso de otoño” de la obra En silencio) Pero esta exhibición del sentimentalismo desaparecerá ya en la segunda obra, Ahora, donde los versos claman la desnudez poética, pero Champourcin seguirá teniendo como referentes la realidad exterior: el río, la nieve, la espuma, las rosas, las flores: Hoja blanca de hoy, de siempre, de mañana, Frutal de cada día, semilla fecundada Por un rayo de luz o una gota de agua. La vida fluye abajo, arrastrándose vana. Encima de mi frente, los divinos fantasmas del sueño verdadero, los éxtasis del alma… cicatrices de oro, que mi pluma va abriendo sobre la hoja blanca.36 (“Hoja blanca de hoy, de siempre, de mañana”, poema dedicado a Juan Ramón Jiménez, extraído de Ahora). Una vez más la influencia del todopoderoso Juan Ramón Jiménez37 marcará la poesía y trayectoria literaria de una joven poeta: “la presencia juanramoniana ha sido constante y abundante en su obra, en poemas, citas, dedicatorias y artículos” (VV. AA., 1999: 57), principalmente en la obra La voz en el viento, donde también se aprecia la huella de San Juan de la Cruz (Zavala, 1999: 198) o Bécquer (VV. AA., 1999: 58). Esta obra, junto con Cántico inútil, supuso su consolidación de la lírica de Champourcin, quien entraba de lleno y con plenos poderes en el reducido grupo de la Generación del 27 (VV. AA., 1999: 60). Ernestina de Champourcin llega a la perfección poética !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 36 Esta poesía desnuda también se podrá apreciar en algunos de los poemas de María Luisa Muñoz de Vargas, como en “Cancioncilla”, “En rayo de mil rosas”, “Mas tú no lo sabes” o “Luz silenciosa” de su obra Bosque sin salida. 37 El poeta Carmelo Guillén Acosta considera que Ernestina de Champourcin fue la Discípula preferida de Juan Ramón Jiménez en el prólogo a la segunda edición de Presencia a oscuras en 2005.
! 69! teniendo como tema fundamental el amor, y éste se puede presentar como visionario, platónico, real o religioso. De ahí la importancia de la simbología del cuerpo humano con la mención a diferentes órganos: manos, dedos, cara, labios38…: ¡Tus labios en mis ojos! Qué dulzura de estrellas alisa lentamente mis párpados caídos... Nada existe del mundo. Sólo siento tu boca y el temblor de mi espíritu hecho carne de luz. Sé cruel al besarme. Desgarra mis pupilas y arranca de su sombra la lumbre de mi sueño. Con ella te daré mi última mirada. ¡Abrásame los ojos! Que el peso de tus labios despoje mi horizonte de lo que tú no has visto. Quiero olvidarlo todo y anularme en la niebla que ciñen tus caricias. (“El beso” de Cántico inútil) Pero Juan Ramón Jiménez, no fue el único intelectual con el que trabaría una profunda amistad, también lo haría con el resto de intelectuales de la República a través de su participación en el Liceo Femenino, del que fue secretaria y donde conoció en 1930 a Juan José Domenchina, con el que se casaría en 1936. Allí conocería también a Concha Méndez, María de Maeztu, María Baeza, Pilar Zubiaurre, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Juan de la Encina y Rafael Alberti…Asimismo la presencia poética de la escritora se completa con sus contribuciones en la prensa como venía siendo habitual entre los poetas de su generación. Participó en “La Gaceta Literaria”, “Manantial”, “Mediodía”, en la revista murciana “Sudeste”, en “Litoral”, en el “Sol”… Pero al estallar la guerra marcharía con su marido a Toulouse, París y México, donde sobrevivirían trabajando como traductores del Fondo de Cultura Económica hasta la muerte de su marido en 1959. Presencia a oscuras (1952) y El nombre que me diste (1960) serían los dos nuevos títulos con el Ernestina inaugura una segunda etapa poética con la presencia exclusivamente religiosa en estos poemarios (VV. AA., 1999: 65) !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 38 Esta importante simbología del ser humano que testimonian la entrega al amor está también presente en los poemas “La vereda”, “Búcaro”, “Mimbre”, “Un poco de amor” o “Refrán” de María Luisa Muñoz de Vargas.
! 70! coincidiendo con su entrada en el Opus Dei. A estos le seguirían Hai-kais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968) y Poemas del ser y del estar (1972), una poesía de fe y esperanza donde la autora experimenta una auténtica inmersión espiritual. Es en esta etapa donde la dimensión religiosa le proporciona a la escritora el sentido necesario y la razón suficiente para superar la soledad a la que se enfrenta en el exilio y la muerte de su marido, y que autores como José Ángel Ascunce denominan “poesía del amor divino” (Ascunce, 1991: 94): Hazme como esa hoja de otoño, Señor. Como esa hoja de otoño, llama dócil a tu viento, sin inquietudes ni angustias, que rueda sumisamente al impulso de tus manos. Que no pregunta ni sabe; que va donde Tú la llevas, perdida, rodando, sola entre la lluvia y el polvo. Como esa hoja de fuego que ha renunciado a su rama y a la fuerza de su árbol. Hazme como ella, Señor; que vaya entregada a Ti, desprendida de mi misma, ajena a todo: al camino, al horizonte, a la sombra. (“Como esa hoja” de Presencia a oscuras) En su poesía de carácter religioso la poeta se desprenderá de los bienes materiales para alcanzar lo divino, en una especie de abrazo místico. Aunque Champourcin se acerca a la divinidad a través de la misma naturaleza, perfección de la creación divina. Se distingue en estos poemas una clara influencia de San Juan de la Cruz, y que también veremos, en diferentes grados, en Concha Méndez o Josefina de la Torre. Si bien María Luisa Muñoz de Vargas también escribe versos divinos son de
! 71! carácter más descriptivos, como en “Escala santa” (de Bosque sin salida), “A Nuestra Señora”, “Una paloma” o “Doncel divino” (de Lluvia en verano) . En 1972, Ernestina regresaría definitivamente a España y fija su residencia en Madrid, donde continuaría su producción poética sumida en una profunda soledad, que plasmaría en Primer exilio (1978), La pared transparente (1984), Huyeron todas las islas (1988), Los encuentros frustrados (1991) y primera parte de Del vacío y sus dones (1993). Esta poesía de senectud, conforma la tercera etapa de su poesía, culmina entre recuerdos y sueños, añorando el pasado, cuestionando la eternidad y con la presencia de símbolos tan importantes en su obra como el muro, la noche o la luz. A estos sentimientos propios de su edad se le uniría la experiencia de la incomunicación y de la incomprensión: Ernestina intenta en vano dialogar con una cultura que ya no comparte ni comprende. Vuelve entonces su mirada sobre lo concreto y cotidiano, acogiendo esos mismos gestos tal y como se le presentan en su memoria, en distintos momentos y en diversas circunstancias. En su reflexión trasciende esos pequeños actos preguntándose desde ellos sobre el sentido del hombre en la tierra. Ernestina mantendrá las referencias explícitas a la fe cristiana y las alusiones bíblica. Pero en general, los momentos en los que la poeta se refiere a Dios en los poemarios de esta tercera etapa son tan escasos como significativos. Aunque el lenguaje mantiene esa tendencia de la pureza expresiva a la sobriedad (y que continuamente recuerda a Juan Ramón), poco a poco Ernestina va añadiendo símbolos, metáforas, imágenes, fusiones del presente y el pasado, lo sensible y lo abstracto, el sueño y la realidad. Son, quizá, sus poemas mejores, conceptualmente densos y de una gran riqueza visual (Fernández Urtasun, 2008: 35). Como en la siguiente composición donde la escritora relata sus recuerdos en torno a la Guerra Civil: Carretera en huida. ¡Cómo lloran los niños junto a ese baúl mundo abierto en la cuneta! Ya no hay sitio en la casa. ¿La única esta noche? Un caballo se ha muerto al borde del camino y no lo han devorado solamente las moscas.
! 72! Allá en la frontera se alza una línea oscura... (“Carretera en huida” de Primer exilio). Si bien el último ciclo creativo de la escritora muestra lo peor de su existencia, en sus últimas obras, Huyeron todas las islas (1988), Los encuentros frustrados (1991), Del vacío y sus dones (1993), vislumbra, a sus ochenta años, la cercanía con el encuentro de su esposo con la presencia de la muerte y, una vez más, a través de la naturaleza: Y se va marchitando la caja de las rosas; no tiene quien las saque y las lleve al camino. Un airón de perfume se nos quiebra en las manos mientras algo se muere y nace al mismo tiempo. Se nos frustró la cita con aquella fragancia de tan pura, invisible, ese ramo de brisa que apenas huele a nada y que agavilla en sí todo el amor del mundo. Hay cosas que no son, pero que siguen siendo gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado, hermosura secreta que sólo fue latido. (“Y se va marchitando la caja de las rosas” de Los encuentros frustrados) En sus últimos años, hasta su muerte, el 27 de marzo de 1999, recibió numerosos premios y reconocimientos y fue candidata, además, al Premio Príncipe de Asturias de las Letras. 1.3.2.5. Josefina de la Torre (1907-2002) Josefina de la Torre es, junto a Ernestina de Champourcin, otra de las poetas privilegiadas dentro de la historia de la literatura española, al ser considerada como poeta vanguardista en los estudios y antologías de Ángel Valbuena Pratt, en La poesía
! 73! española contemporánea (1930) y de Gerardo Diego, ya mencionadas. Sin embargo, no sería por su amplia producción literaria, que se puede resumir en cuatro libros de poemas: Versos y Estampas (1927), Poemas de la isla (1930), Marzo incompleto (1968), y Medida del tiempo (1989), y colaboraciones diversas en revistas de la época, sino por la valoración que de ella se hace. Así, por ejemplo, Emilio Miró la clasifica como una obra lírica coherente definida con un canto personal que resume su existencia (AA. VV., 1999: 87), o Valbuena Pratt, que la tilda “de fina y depurada al estilo de Pedro Salinas” (Merlo, 2000:27) o Hernández Quintana, que la postula como el testimonio de una época dorada para la poesía española (2001: 45), o, simplemente, es tenida en cuenta por su gran calidad literaria (Hernández Quintana, 2001: 46). Curioso ha sido para nosotros observar las similitudes existentes en la vida y obra de esta poeta y María Luisa Muñoz de Vargas. Josefina de la Torre nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1907, junto a la playa de Las Canteras, lugar donde vivió su niñez. Su infancia está plagada de anécdotas y recuerdos con sabor a mar y que verterá en sus obras poéticas. Ya desde niña deja entrever su exquisita sensibilidad y su minuciosa observación de todo lo que le rodea imbuida por la educación exquisita y el rico ambiente cultural. Como la mayor parte de las escritoras de su generación, perteneció a una familia burguesa que cuenta además con una gran tradición de pintores -el pintor Néstor de la Torre fue su primo- e intelectuales dentro del mundo del arte, la música, la historia y la literatura en Canaria: los Millares, lo que le permitió tener una educación a la que no pudieron acceder las mujeres de su época, pero sí pudo estar en contacto directo con los intelectuales canarios. Su hermano, también escritor, Claudio de la Torre le introduciría en el mundo de la literatura desde muy joven. Pero, paralelamente, Josefina de la Torre se dedicaría también a cultivar otras facetas como son la música, el canto, el deporte y las artes escénicas39. Escribió también dos novelas cortas: Memorias de una estrella (1954) y En !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 39 Era la sobrina del famoso barítono Néstor de la Torre, quien la iniciaría en el mundo de la canción, a lo que pretendía dedicarse de manera profesional y que le conduciría en Madrid a sus estudios de canto. Muestra de ello serían los recitales que daba en la Residencia de Estudiantes, en el Lyceum Femenino y en el Teatro María Guerrero entre otros. Asimismo, la autora participaría en numerosos conciertos de canto o tocando el violín o el piano. Josefina de la Torre establece en su casa de Las Palmas de Gran Canaria durante tres años un teatro de cámara, llamado "Teatro Mínimo", junto a su hermano Claudio de la Torre, escritor y director escénico, y a la vez quien la dirige y aconseja en el mundo de las artes escénicas. Se inauguró con su obra El Viajero, a la que siguieron Hacia las estrellas, de Andreiev, una farsa de Claudio titulada Ha llegado el barranco, La gran Catalina, de Bernard Shaw, y Jinetes hacia el mar, de Singe (Hernández Quintana, 2001: 46).
! 74! el umbral (1954); y adapta la obra de teatro: “Una mujer entre los brazos”, de Rafael Mataramo. Josefina de la Torre publica esta obra en 1956, pero se estrena en Madrid en el teatro “Calderón”, el 23 de noviembre de 1954. Y, al igual que María Luisa Muñoz de Vargas, aunque tocó varios géneros, es en la poesía donde logra condensar todo su yo. Su afición a la literatura empieza desde muy tierna edad. Con tan sólo siete años comienza a escribir poemas (un poema de homenaje a Galdós), y, a partir de 1920, colabora en revistas literarias como “Verso y Prosa”, “La Gaceta Literaria”, “Azor”, “Primer Plano” y “Alfar” entre otras, y a los veinte años publica su primer libro Versos y estampas. Este libro recibiría muy buenas críticas en la época, y Gerardo Diego la incluiría en la Antología de la Generación del 27. Era un tiempo en el que Josefina de la Torre pasaba temporadas en la Residencia de Estudiantes en Madrid donde entraría en contacto con los poetas de la Generación del 27, principalmente entre 1927 y 1935, que es cuando se instala definitivamente en la capital madrileña. En ese mismo periodo, concretamente en 1927, gracias a su hermano conocería a Rafael Alberti, Federico García Lorca, a Cipriano Rivas Cherif, a Pedro Salinas -quien le escribiría el prólogo de su primer libro- y a Giménez Caballero entre otros. Se produciría así un vínculo de amistad entre ella y algunos de los integrantes de la Generación del 27. Su canariedad está presente en toda su obra. Su poesía evoca constantemente a su isla: el mar, la sal, la playa y el viento se funden con sus recuerdos y conforman todo su espacio íntimo. Personifica estos elementos de la naturaleza creando un espacio verdaderamente acogedor, como observamos en estos versos recogidos de sus obras completas, Poemas de la isla (1989: 32, 33): Así, a trechos, bordado el mar por esta aguja parece que sonríe: sonrisas que se ensanchan y cierran lentamente; Un paisaje que acentúa el intimismo de su poesía, y que, al igual que los versos de María Luisa Muñoz de Vargas, recuerdan al Marinero en Tierra de Alberti40. Porque !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 40 Véase el poema “Viento del mar” en el presente trabajo en la página 229.
! 75! su poesía fluye directamente del corazón, de sus recuerdos, de su infancia anclada en su tierra natal. Aunque críticos como Valbuena Pratt atribuyen esta poesía a su influencia por Pedro Salinas. Pero para Emilio Miró son poemas en los que la joven evoca a la niña en el paradisíaco ámbito insular: el mar, la playa, los juegos infantiles (AA.VV., 1999: 74), como lo hiciera también la joven onubense, al recordar también desde Madrid, su infancia en las playas de Punta Umbría41. En todos los poemas, principalmente en sus dos primeros libros, se puede apreciar la fecundadora sombra tutelar de Platero y yo, es decir, la ternura, las sencillas e ingenuas descripciones, espontaneidad e inocencia. La ingenuidad y el amor con que miran los ojos de la niñez recrean pequeños instantes de un mundo que se conoce más bien poco: la infancia, ese lugar donde se fijan las cosas a través de los recuerdos, en donde el despertar a la realidad y a la incomprensión de lo que nos rodea se empeñan en arrebatarnos un paraíso del que, tal vez, nunca debimos haber salido. Así lo hace saber Josefina de la Torre en los siguientes versos de su libro Versos y estampas: Mis dolores se escondían En el fondo de mi alma. Eran tantos, tan pequeños, que casi no me molestaban. Los guardaba con amor en el fondo de mi alma. Añoranza que del mismo modo plasmaba María Luisa Muñoz de Vargas en los poemas “Jardines ingleses”, “Colegialas” o en “Nubecillas blancas”. En su segundo libro, Poemas de la isla (1930), asistimos también a constantes definiciones y descripciones de sentimientos, sensaciones y recuerdos a través de imágenes y símbolos llenos de contrastes. Parece una continuidad con su primer libro con un lenguaje sencillo, propio, lleno de funcionalidad, unido a un aire fresco característico del estilo vanguardista, aunque hay un estilo más vanguardista y surrealista (1930: 69): Yo no quisiera pensarlo, pero lo llevo prendido !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 41 Véanse los poemas agrupados para el título La Princesita de la sal, de carácter infantil.
! 82! Ser dueña de la paz, sin conocerla. Tan nueva mi raíz, que la quebraste lamiendo sus cabellos. (“Horror” a la bestia de Mujer sin Edén) Esta común creencia religiosa entre Carmen Conde y María Luisa Muñoz de Vargas hará que ésta le dedique una poesía, “Elegía a la Calle de Enmedio” en “La Provincia” (el 13 de marzo de 1935) a la poeta cartaginesa (véase página 235 de este trabajo). También comparte con nuestra autora la creación de canciones para niños, a pesar del capítulo trágico de su vida, la pérdida de su niña y que plasmará en su obra Derramen su sangre las sombras y en Júbilos: Cuando te duermes navegarán tu frente barcos de vela. sobre la tierra florecerán de pronto las azucenas, de las estrellas suspenderán los ángeles mil escaleras (…) “Canciones de madre” en Poemas varios (1945-1965) En ambas obras alternan los poemas en prosa y en verso para expresar el ansia y el anhelo maternal. Carmen Conde ve en la maternidad su realización y culminación femeninas: Hijo de la ira de Dios implacable. No podrá salvarte del odio tu madre. No duermas, vigila. No duermas, despierta. Te amenaza fría la heredad desierta (…) (“Canción al hijo primero” en Mujer sin Edén).
! 83! Del mismo modo que recuerda a su madre utilizando los versos de arte mayor o versos sueltos, como lo hiciera también María Luisa Muñoz de Vargas en “Repaso” o “A mi madre”, aunque esta tenga predilección por los versos octosílabos: Su palabra fue marcando mi camino (…) Fue tu tronco el más caliente a mi contacto. Siempre anduve yo cubierta con tu apoyo. La conciencia, la lealtad, la fortaleza ante la vida son las tuyas (…). Madre, ¿sabes tu por ventura por qué soy yo así?, ¿de quién es la nostalgia de tantos paraísos? (Ansia de la gracia) Los senos flotan cual hojas secas en el agua. Senos arrugados, vergonzantes, casi huidizos… ¡Oh senos de las madres viejas, ayer henchidos de vida, rezumándonos la vida blanca, espesa y dulce, de la leche! Con besos los cerraban nuestros padres. Con suspiros velaron cuando novios los pequeños volcanes de los senos. Grandes flores tersas, bienolientes, emergían en las nupcias, con su cándido iniciarse en el amor. (“Apagada” en Los poemas del Mar Menor) La poeta también tiene predilección por los versos de arte menor, aunque especial importancia tiene su inclinaciónn por los poemas en prosa, posiblemente por el dominio de Juan Ramón Jiménez y de Gabriel Miró, pero igualmente se ha señalado la influencia de Ramón Gómez de la Serna (Balcells, 2009: 60). Balcells señala la trascendencia que tuvo en Carmen Conde la lectura de Platero y yo “hasta el punto que delimita un antes y un después en su poesía” (2009: 60). Con este género poético tratará asuntos de la infancia, de recuerdos infantiles, del amor, el paisaje, la ternura, la amistad, la frustración maternal o de su arraigo al mar, la sustancia de sus propias
! 84! raíces, Cartagena, como lo fuera Punta Umbría para nuestra autora. Nuevamente el tema marítimo está presente en esta poeta del grupo del 27 en sus “Poemas del Mar menor”. Su extensa obra está jalonada de premios, como el Premio Internacional de Poesía de Siena en 1961; el Premio Elisenda de Moncada en 1953 con la novela Las oscuras raíces obtuvo; consiguió el premio Doncel de Teatro infantil en 1961; el Premio Nacional de Poesía en 1967 por la edición de su Obra poética; (siendo la primera mujer que recibe esta distinción en nuestro país); Soy la madre mereció el Premio Novela Ateneo de Sevilla de novela en 1980 y, finalmente, ostentaría el Premio Nacional de literatura Infantil y Juvenil en 1987.
! 85! 2.1. Infancia y juventud María Luisa Muñoz de Vargas45 nació en Huelva el 15 de abril de 1898 y murió en Madrid el día 31 de octubre de 197546. La autora pertenecía a una familia acomodada de la Huelva de finales del siglo XIX. Su madre fue Mª Luisa de Vargas y de Soto, natural de Sevilla, hija de Mª de los Dolores Soto y Galán y Carlos de Vargas y Díez de Bulnes, natural de la Habana, descendiente éste de una familia aristocrática de la Habana. Su padre fue el madrileño José Muñoz Pérez, director y propietario del diario “La Provincia” y de la Imprenta Muñoz, quien llegaría también a erigirse alcalde de la ciudad y a ostentar diversos puestos de responsabilidad, como el de Presidente del Círculo Mercantil y Agrícola de Huelva. La buena posición de la que gozaba su familia le permitiría forjarse una educación exquisita en el sur de Inglaterra, cuando contaba 13 años de edad, en el colegio de St. Katherine’s de Walmer del condado de Kent47, donde pasaría algunos años de su infancia junto a su hermana Josefa. En un primer momento, la educación de Mª Luisa Muñoz de Vargas y su hermana en la costa de Inglaterra se preveía para varios años, pero el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la invasión alemana sobre el país galo les obligarían regresar a España antes de lo previsto, a los tres años de su llegada. No obstante, la joven onubense mostraría ya su pasión por la literatura, colaborando por entonces con revistas inglesas. Así, por ejemplo, la autora durante su estancia en Inglaterra prestaría las letras de una de sus primeras poesías, “Why did you call your heart mine?”, al director de orquesta Joe Kay y su Burlington Garden Club Orquestra48, la que se difundiría en una edición impresa. Tras su estancia en el país anglosajón, continuaría su formación en un colegio !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 45 Registrada en su partida de nacimiento como María Luisa Mercedes Josefa Marina de la Santísima Trinidad. 46 Véase Díez Martín Armando, Vida y obra de Rogelio Buendía, Córdoba, San Pablo, 1978, p.39. 47 Además de en fuentes familiares también se menciona en Díez Urueña (1978: 39) y Camacho Hernández (1985: 143). Asimismo, hemos tenido acceso a las postales que desde allí envió la joven a sus familiares y que se conservan en la biblioteca de su hijo en la actualidad, José Rogelio Buendía, en Madrid. 48 Se conserva esta edición británica en la biblioteca de José Rogelio Buendía. El poema se incluye en esta edición en la página 181. 2. BIOGRAFÍA DE MARÍA LUISA MUÑOZ DE VARGAS (1898 -1975)
! 86! en Barcelona y, posteriormente, en el Instituto Libre de Enseñanza en Madrid49, hasta su regreso a su ciudad natal, Huelva, a la que le dedicará numerosos versos. La casa familiar donde nació y se crió está ubicada en la actual Alameda Sundheim de Huelva. Por aquel entonces, la vivienda contaba con un amplio jardín y con dependencias donde se encontraban la redacción del periódico de “La Provincia” y los talleres de la imprenta Muñoz50. Esta era por entonces una de las imprentas más representativas de la provincia onubense junto con las de Gálvez, Reyes o José Mª Herrera y Pinzón, y en ella se imprimieron, además de los números de “La Provincia”, numerosos folletos y libros, incluidos los de la propia autora. Esta era una de las casas señoriales de la época hoy convertida en un establecimiento hostelero denominado La Casona. En esta residencia viviría la autora con su familia durante el invierno, pues durante la estación veraniega se trasladarían a una casa familiar en la localidad costera de Punta Umbría. María Luisa Muñoz de Vargas ocuparía la segunda posición en el orden de los nacimientos de su madre, quien daría luz a cinco hijos más (Federico, José51, Francisco, Rosario y Josefa). Hasta aquí parece que la vida de Luchy, como la llamaban sus familiares y amigos, sería la usual que viviría cualquier joven de su ciudad a principios de siglo XX. Sin embargo, la vida de María Luisa Muñoz de Vargas discurriría por una senda nutrida de anhelos culturales e intelectuales. La pasión de la joven por la literatura y la cultura en general se despertaría desde niña de manera innata. Su hijo José Rogelio Buendía recuerda que su madre sentía una gran admiración por los clásicos de la literatura inglesa y española como Shakespeare52, Cervantes o Lope de Vega, cuyas obras releía junto con la de escritores contemporáneos como Federico García Lorca, Pablo Neruda, los hermanos Machado, Rafael Alberti, Benito Pérez Galdós, los hermanos Álvarez Quintero, Diego Díaz Hierro, Zenobia o Juan Ramón Jiménez entre otros. Con este escritor moguereño y Premio Nobel de Literatura, la escritora cultivaría una amistad !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 49 Sobre esta etapa de su vida apenas hemos encontrado datos y su hijo José Rogelio alberga vagos recuerdos. 50 La imprenta Muñoz, la Papelería Inglesa y el periódico “La Provincia” habían sido fundados por Francisco Muñoz Morales, abuelo de la autora, quien fallecería con apenas 30 años de edad. Sociedad decana del periodismo local y que crecería impulsada posteriormente por su viuda Josefa Pérez Ortiz y sus hijos, dueños de la empresa Viuda e Hijos de Muñoz. 51 Llegaría a ocupar la presidencia de la Diputación Provincial de Huelva y la Dirección General de la Compañía Sevillana de Electricidad 52 En una de las postales conservadas la autora llama a los habitantes de Venecia “descendientes de Shylock”, siendo éste uno de los personajes principales del Mercader de Venecia.
! 87! prolongada en el tiempo53. Sin olvidar los lazos de unión que Mª Luisa Muñoz de Vargas se preocuparía de mantener con aquellos escritoresmencionados líneas más arriba- y artistas a los que admiraba y con los que intercambiaría correspondencia a lo largo de su vida. Por otra parte, el círculo de amistades y familiares de la escritora también contribuiría de alguna forma a su pasión por la poesía, la narrativa y el teatro. Su tío, Luis de Vargas y Díez de Bulnes, sería un importante dramaturgo español que estrenaría veintidós obras en las tablas de Madrid y Latinoamérica. Sin embargo, lo que sería decisivo en la vida literaria de María Luisa Muñoz de Vargas fue su educación y la empresa familiar dedicada a la edición e impresión. 2.1.1. Su educación en Inglaterra La buena posición económica de la que gozaba su familia posibilitaría a la autora realizar sus estudios de Secundaria en el St Catherine’s College, en Walmer, una ciudad del condado de Kernt (Reino Unido)54. Era usual entre las familias adineradas españolas enviar a sus hijas a estudiar al extranjero teniendo en cuenta la escasa instrucción a la que podían acceder en España. Cabe recordar que la provincia de Huelva a finales de siglo XIX carecía de un sistema educativo bien articulado y de calidad. Desde la promulgación de la Ley Moyano de 1857 no empezó a configurarse un mapa educativo con carácter institucional. Y al finalizar el siglo XIX, Huelva contaba tan sólo con tres escuelas de niñas y cuatro de niños de carácter público y algunas escuelas privadas (González Losada, 2000: 29). Pero estos edificios escolares no eran ni suficientes ni adecuados al encontrarse en un estado casi ruinoso. Sin olvidar que en ellas, básicamente, se enseñaba a leer, contar, escribir y en las escuelas de las niñas habría que añadir, además, “labores”55 y “nociones de higiene doméstica” (2000: 42). !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 53 Una colección de cartas personales entre Mª Luisa Muñoz de Vargas, Juan Ramón Jiménez y su esposa, Zenobia, se conservan en la biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid. 54 La primera postal conservada de esas fechas en casa de la familia de la autora está fechada en 1912. 55 Las labores constituían la materia más importante después de la religión y que se debía enseñar en las escuelas de niñas. El pedagogo oficial de la época Mariano Carderera señalaba la importancia de estas materias “propias de su sexo e indispensables para satisfacer las necesidades diarias de la familia, son un deber para la mujer, a quien están reservadas exclusivamente”. (Carderera, M, op.cit, 1895, p.286)
! 88! María Luisa Muñoz de Vargas residió en Inglaterra durante los años 191256, 1913 y 1914, es decir, cuanto contaba con 14 años de edad. Pero no estuvo en este país sola, sino acompañada de su hermana Josefa, y juntas permanecerían allí hasta 1914. “El estallido de la Primera Guerra Mundial obligó a mis hermanas a regresar a España en barco, un viaje en el que pasaron mucho miedo”, relata con vago recuerdo José Rogelio, hijo de la autora. Durante su estancia en Inglaterra, las hijas de Muñoz se instruirían y cultivarían gracias a la oferta cultural y artística que les ofrecía el país anglosajón. De las escasas postales conservadas y escritas por la joven a sus familiares y amigos se extrae la ajetreada vida cultural y artística de ambas hermanas, principalmente durante las vacaciones de verano. Allí tendrían la oportunidad de visitar los museos de Londres como la National Gallery o el British Museum, así como La Dulwich Gallery, un museo de arte ubicado en Dulwich (población dentro del condado del Gran Londres) y admirar valiosas obras artísticas pictóricas de autores como Piero de la Francesca, Tiziano, Rembrandt, Goya, Velázquez, Jan Van Eyck, entre otros. Asimismo, las hijas de Muñoz visitarían espacios arquitectónicos de interés como la catedral de Canterbury (de la que se conserva una postal), la Tower Bridge, la City Hall de Southwark, y disfrutarían de citas culturales como la ópera “La hija del regimiento” en el Covent Garden de Londres. 2.1.2. El diario “La Provincia” El diario “La Provincia” fue el decano de los periódicos onubenses, fundado por el abuelo de María Luisa Muñoz de Vargas, Francisco Muñoz Morales en 1872 y con sus últimas tiradas en 1937. “La Provincia”57 fue el antecesor del actual “Odiel Información” y la plataforma de comunicación de la mayor parte de eventos culturales, políticos y sociales del siglo XX. Este diario se consolidó en la década de los ochenta como el más veterano y prestigioso de los periódicos onubenses abierto a todos los sectores de la sociedad provincial aunque principalmente afín al republicanismo y a los intereses de las compañías mineras. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 56 Existe una colección de postales conservadas en la biblioteca del hijo de la autora que atestigua la estancia de Luchy en Inglaterra. La postal más antigua está fechada el 19 de agosto de 1912. En ellas María Luisa Muñoz de Vargas escribe a diferentes amistades inglesas y a su familia a España. 57 La colección más completa que se conserva en la actualidad es la del Archivo Histórico Municipal de Huelva gracias a la aportación del Fondo Díaz Hierro. Abarca los años 1880-1937.
! 89! Desde 1906 este diario fue dirigido por el padre de la escritora, José Muñoz Pérez, hasta su temprana muerte en 192158. Circunstancia que le serviría a María Luisa Muñoz como trampolín para acceder al mundo de la literatura y el periodismo59. A partir del fallecimiento de aquel, su viuda Josefa Pérez fundaría la “Imprenta Viuda e Hijos de Muñoz”, desde donde a partir de entonces se imprimiría el periódico que además pasó a ser propiedad de aquéllos60. Soporte editorial y propiedad familiar donde María Luisa Muñoz publicó artículos por primera vez con 15 años, y donde colaboraría prácticamente hasta la desaparición del periódico con poesías, cuentos y artículos61. No obstante, este diario no sería el único donde la joven plasmaría su sentir; también lo haría en otras revistas regionales y nacionales como “Alfar”, “Semana Santa”, “Papel de Aleluyas”, “La Gaceta Literaria”, “Isla”, “Letras”, “Ardor”, “ABC”…62. Sin olvidar su participación en revistas internacionales de prestigio como el “Pictorial Review” de New York donde se publicaría su retrato y sus artículos con 18 años63. Entre sus primeros escritos conservados y publicados están los que aparecieron en la revista “Cervantes”, en julio de 1919, cuando sólo tenía veintiún años64, con la firma “L. Muñoz de Vargas”. Rúbrica que a partir de ese momento alternaría con los seudónimos “Luchy”, “Félix de Bulnes”65, María Luisa Muñoz de Vargas o Mª Luisa Muñoz de Buendía, éste, su nombre de casada. 2.1.3. El influjo de Benito Pérez Galdós !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 58 Así consta en la esquela publicada en el diario “La Provincia” del 8 de septiembre de 1921. 59 Sobre el diario “La Provincia” -cuyo sucesor fue desde 1937 el diario “Odiel”- véase Díaz Domínguez (2008). La literatura tuvo siempre una presencia destacada en el periódico, en cuyas páginas podemos encontrar textos, entre otros, de Rubén Darío (5/6/1920), Manuel Machado, Concha Espina (24/7/1920), Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna (10/3/1920). 60 Véase Martín Infante (2002). “La cultura y la literatura en la Huelva del cambio de siglo a través de La Provincia (1895-1901)”. Huelva en su historia-2º época, Vol.9, pp.153-188. 61 Los poemas son transcritos en esta edición; no así sus cuentos y obra en prosa que se publicarán en una segunda edición. 62 Véase por orden cronológico las colaboraciones de la autora en diferentes medios de comunicación en el apéndice de este trabajo. Esta compilación comprende sólo aquellos artículos que hemos podido recopilar puesto que no se conservan todos los números de los diarios y revistas. 63 Así se reseña en un documento conservado en la biblioteca del hijo de la escritora, José Rogelio Buendía en Madrid. No obstante, no se conserva un ejemplar de esa edición neoyorquina. 64 Se trata de un conjunto de obras en prosa de variada temática bajo el epígrafe Impromptus: “Punta Umbría”, “La procesión pasa”, “Sombra”, “En la playa”, “Corazón”, “Lirito”. 65 Era usual que aquellas mujeres que se atrevían a escribir utilizaran pseudónimos masculinos para poder publicar sus escritos. Hasta bien entrado el siglo XIX la mujer tuvo restringido el acceso a la cultura, la política, las artes... (Caso, La olvidadas. Una historia de mujeres creadoras, Barcelona, Editorial Planeta, 2005, p. 17).!
! 90! Benito Pérez Galdós fue uno de los escritores contemporáneos españoles de principio de siglo que fascinaba desde muy joven a María Luisa Muñoz de Vargas. La encadilación de Luchy por las obras de este escritor renovador de la literatura romántica de la época era de tanta magnitud que decidió un día transmitirle este entusiasmo a través de correspondencia. Debería ser muy joven cuando decidió emprender tal comunicación, sin embargo la primera misiva66 de la que tenemos constancia está fechada el día 11 de febrero de 1917, cuando contaba con 19 años de edad; aunque no debió ser la primera comunicación entre la novel escritora y Don Benito Pérez Galdós, pues de ella se extrae un tono de respeto y admiración pero también familiaridad: Muy querido y respetado Maestro: Hubiese deseado escribirle las pasadas Pascuas para felicitarle, mas han sido unas pascuas tan tristes que de haberlo hecho mi carta solo le hubiera apesadumbrado. Y continúa explicándole el motivo de tal retraso, que no era otro que el fallecimiento de su abuela paterna Josefa Pérez, la instructora de María Luisa y quien la aficionaría a la literatura galdosiana: El mismo día de Navidad murió mi abuelita. Fue una gran mujer, toda abnegación amor, digna de ser Madre de Son Simona67. Recuerdo que cuando Usted me hizo el gran honor de escribirme y le leí su carta a mi abuelita, la pobre lloraba; sentía por Usted verdadera admiración y aprecio. Quizás fue el haberme educado por ella, de gran corazón y poderosa inteligencia, lo que me hizo tan aficionada a sus libros, en ellos encontraba las mismas ideas que mi abuelita me inculcaba. (…). Su lema era Amor, Voluntad y Trabajo. Otro de los rasgos definitorios de la joven escritora y que se exhibe en esta correspondencia es su devoción por Dios y la religión cristiana; lo que marcará también su obra posterior: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 66 De esta carta hay una copia en la biblioteca familiar de José Rogelio Buendía en Madrid. 67 Son Simona es una obra de teatro en tres actos y cuatro cuadros de Benito Pérez Galdós, estrenada el 1 de diciembre de 1915 en el Teatro Infanta Isabel de Madrid. En la carta la joven escritora da muestra del conocimiento de las obras del afamado escritor.
! 91! Es ya tarde pero le deseo un muy Feliz Año Nuevo y Usted me dispense, querido Maestro mis expresiones pero como creo que el alma de mi pobre abuelita y la de Usted se parecen algo, al menos en su grandeza y en adorar al mismo Dios Grande y Misericordioso, que a todos ama por igual, perdona y no es severo y duro, sino dulce y tierno, no puedo retraerlas. Reciba todo el respeto y cariño de Luchy Muñoz No obstante, aunque no se conservan las cartas enviadas por Benito Pérez Galdós a Luchy, sí sabemos que la comunicación era recíproca entre ambos por las continuadas cartas enviadas de la autora agradeciéndole a áquel el envío de algunas de sus obras así como algún que otro retrato: Mi queridísimo y muy respetado Don Benito. No sé como expresarle mi agradecimiento por el libro68, la dedicatoria y todas sus atenciones. Muchísimas gracias. Ya he empezado a leerlo y estoy segura de que me va a gustar muchísimo. Pero qué bueno es Usted. ¿Cómo hizo el viaje?, ¿llegó Usted bien a Madrid? Espero que sí y que cada nuevo día se encuentre mejor de su vista. Hoy hace una semana que vino a verme, todavía me dura la alegría que me dio su visita y no pasa una hora que no me acuerde de Usted (…). Estas letras corresponden al 25 de marzo de 1917, justo después de la visita del afamado escritor en tierra onubense69, donde María Luisa Muñoz de Vargas tuvo la oportunidad de conocerle y recibirle personalmente en su casa de Alameda Sundheim 15. Así lo dejó por escrito en un cuaderno de notas personal de la autora70 donde deja constancia de su entrevista con el que llama su “Maestro” o “su queridísimo abuelo”. Encuentro que la joven autora graba con palabras para no olvidarlo jamás: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 68 En la biblioteca de los Buendía en Madrid se conservan dos obras de Galdós: La desheredada y Marianela, ambas con dedicatoria del autor y fechada en 1915. 69 Benito Pérez Galdós no era la primera vez que visitaba Huelva. El primer tributo de admiración de nuestra ciudad hacia el ilustre autor, que data del 4 de enero de 1907, tuvo un cariz político. La Corporación Municipal de entonces decició poner su nombre a una calle en la barriada de Las Colonias. Sin embargo, la segunda visita de Benito Pérez Galdós a Huelva, en 1917 tendría un cariz más literario y artístico. En esta ocasión, se debió al estreno, en ciudad onubense, de su obra Electra en el Teatro Mora y corría a cargo de la compañía de Margarita Xirgú. Circunstancia aprovechada por la “Agrupación artística Álvarez Quintero” para hacerle “Socio Honorario”. Así lo hizo saber Díaz Hierro en un artículo en el periódico “Odiel”, el 18 de octubre de 1970. 70 Un cuaderno de notas improvisado como diario y conservado en la biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid.
! 98! realidad anterior a su relación con éste91; por lo que se podría decir que el matrimonio no hizo más que unir a dos jóvenes autores que se habían venido mostrando bastante activos desde mucho antes dentro de la vida literaria de la ciudad de Huelva, tal como el propio poeta Rogelio Buendía sugiere en un artículo sobre la ciudad: En esta ciudad atlántica hay poetas, verdaderos poetas (…) Juan Ramón Jiménez, Pedro A. Morgado, José A. Jiménez (…) Alfredo Blanco (…). Entre los prosistas ocupan lugares preeminentes Manuel Siurot (…), la escritora Mª Luisa Muñoz – Vargas, que en sus impromptus y cuentos ha mostrado una sensibilidad exquisita (…). (Barrera, 1995: 60). La relación entre María Luisa Muñoz y Rogelio Buendía se iniciaría con el regreso de la autora a su ciudad natal, tras realizar sus estudios de enseñanza media en el Instituto Libre de Enseñanza en Madrid. Al tiempo, Rogelio culminaba sus estudios de medicina en Sevilla durante 1916. María Luisa sentía gran devoción por su novio y su relación era verdadera, pues así nos lo ha transmitido su hijo. A pesar de conservarse escasa correspondencia de este noviazgo, sí se atesora la suficiente como para apreciar el sentimiento de respeto y amor que sentían el uno por el otro. Así, durante la estancia de Rogelio Buendía en París, con motivo de su formación como médico, este le transmitía su inquietud por saber de ella: Luchy: hoy he recibido carta de mis padres y no he recibido carta tuya, ¿por qué? Estoy intranquilo pero mi madre me habla de ti y me dice que te vio entrar en casa de Talegón. Eso me tranquiliza, pues veo que estás bien (…). Tuyo Helios.92 Asimismo, el que será su marido dos años más tarde le recordaba cuánto la quería: “¿Por qué me dices que tú me quieres más?”93. Rogelio Buendía Manzano había nacido en Huelva en 1891 y era hijo de un !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 91 «Doña María Luisa me dijo también que conoció antes al poeta que al hombre. Sin duda, eran ya muy conocidos los poemas de Buendía en Huelva. Fue pues, la común afición a la poesía lo que hizo que ambos se conocieran» (Díez Ureña, 1978: 39).! 92 Extraído de la postal fechada el 26 de junio de 1920 y conservada en casa de los Buendía en Madrid. 93 Declaración escrita en la postal de Notre Dame de París, con fecha del 15 de junio de 1920 y conservada en la biblioteca de la casa de los Buendía en Madrid.
! 99! conocido librero y editor de periódicos, Rogelio Buendía Abreu94, quien con el tiempo también publicaría novelas y algún libro de poemas. Mientras estudiaba la carrera de Medicina en Sevilla, el autor, que fue también consumado pianista, entró en contacto con los círculos literarios de la ciudad, participando en revistas como “Andalucía” o más tarde “Bética”, al tiempo fue publicando sus primeros libros, El poema de mis sueños (1912), Del bien y del mal (1913) y Nácares (1914). Este joven intelectual también se afanó en colmar sus ansias de escribir fundando la revista “Renacimiento” en Huelva en 1913. Y pocos años más tarde se vincularía al movimiento ultraísta, colaborando en revistas sin dejar de ejercer la medicina en Huelva, pero tampoco sin excluir de su vida la creación literaria o la promoción de actividades culturales en la ciudad. El matrimonio, que se celebró en diciembre de 1922, marcaría profundamente la vida de la autora y asimismo su actividad literaria. Tras el casamiento llegaría la maternidad y con ella la dedicación en exclusiva a sus hijos, y por ende, todo lo concerniente a la ocupación doméstica. Destino, que por otra parte, ya tenía reservado de acuerdo a los principios patriarcales que desde las instituciones como la Iglesia y el Estado se imponía a la mujer en aquella época. Y que, en alguna ocasión, su padre le recordaba a Luchy95. En este contexto patriarcal, María Luisa Muñoz de Buendía, como buena esposa, pospondría sus propios intereses (como continuar formándose para ser una escritora reconocida y de prestigio) a favor de su familia, sus hijos y su marido. A pesar de que en sus escritos estarían siempre presentes. Es más, la maternidad será un referente temático en sus obras. Los recién casados se instalaron en Huelva, en el número 6 de la calle Castelar, hoy Queipo del Llano, aunque pasaron igualmente largas temporadas veraniegas en la finca de “Los Parazuelos” (en la Sierra de Aracena) y en Punta Umbría, sobre todo a partir del nombramiento de Rogelio Buendía como médico de la colonia británica, cargo que ocupó desde el año 1928 hasta 1931. Esta circunstancia no impidió que la autora acudiera tarde tras tarde a ver a su madre a la ciudad: Solíamos ir casi todas las tardes a casa de nuestra madre, que ya estaba viuda. Yo iba !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 94 Para ampliar información sobre Rogelio Buendía véase el estudio realizado por Barrera López, en Obra poética de Vanguardia. Rogelio Buendía, Huelva, Diputación Provincial de Huelva, Colección Enebro, 2005.! 95 Así se desprende del diario personal conservado en la biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid.
! 100! más temprano y Rogelio acudía cuando acababa su trabajo. (Díez Urueña, 1978: 40) Tras el enlace matrimonial, llegaría una etapa de continuos viajes96, en cuyo origen estuvo el proceso de formación como médico de Rogelio Buendía. Estos periplos permitirían a la autora visitar, a lo largo de los años 1924 y 1925, diferentes ciudades europeas, como las francesas Niza, París, Bolonia o Lyon; las italianas Florencia, Venezia, Capri y Roma; la capital suiza Berna, o la ciudad alemana de Zurich. De cada una de esas visitas se conservan las postales que escribía Mª Luisa Muñoz de Buendía a su madre y hermanos, correspondencia donde además de comunicarse con su familia plasmaría su pasión cultural y artística y que dejarían huella en su producción literaria. La autora se maravillaría con la Gruta Azul de la Isla de Capri, con las esculturas de Miguel Ángel y los frescos de la Basílica de Santa María Novella en Florencia, con la Plaza de San Marcos y el Gran Canal en Venecia así como con otros enclaves artísticos europeos97. Periplos que permitirían, además, al matrimonio asistir a citas sublimes, como lo sería en aquel entonces la ópera de Francesca da Rimini (compuesta por Riccardo Zandonai) e inspirada en el canto V de La Divina Comedia de Dante y dedicada a los amantes adúlteros Paolo Malatesta y Francesca de Rímini.98 Tras la etapa de continuos viajes y enriquecimiento cultural, se produciría un hito importante en la vida de María Luisa Muñoz de Buendía, la publicación de la que sería su primera obra literaria: Herrumbre en el Alma, una novela corta publicada el 17 de enero de 1925 en la colección La Novela del Día (Sevilla) y firmada con el pseudónimo “Félix de Bulnes”. El prólogo de esta novela, escrito por el propio Rogelio Buendía, nos muestra la relación de camaradería literaria que se había establecido entre la pareja: Detrás de la prosapia ilustre de uno de sus apellidos, se esconde un escritor joven, que arde en una llama de belleza, transparentando la iluminaria de un interior a través de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 96 Según Díez Urueña (1978: 41), «los viajes de estudio de 1924 también los realizó con su esposa. Nos cuenta ésta que, en Roma, fueron recibidos por su Santidad y que recibieron personalmente su bendición Apostólica (febrero de 1924)». Díez Urueña también menciona la visita a casa de Filippo Tomasso Marinetti, escritor italiano que dio vida al movimiento futurista: «Visitamos a Marinetti en su casa de Milán. Recuerdo que su ama de llaves llevaba un cotillón redondo… era enero de 1923 (…)».! 97 Extraído de las postales conservadas en la Biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid. 98 Así lo comunica María Luisa a su hermano Paquito en una postal fechada el 6 de febrero de 1924.
! 101! su pluma como el sol asomándose detrás de una vidriera. Temperamento meridional, forjado en su niñez por una educación en Inglaterra, burilado y pulido en su juventud por viajes a tierras solares, Andalucía, Marruecos, Italia…sin perder por eso su espontaneidad deliciosa, “Félix de Bulnes” atrapa con sus ojos aquello que da todo el paisaje o todo el personaje y se unifica con cada sensación, con cada idea, con cada ser que pasa ante su mirada, con cada palabra que escucha su oído, moliendo después en su espíritu de cien aspas los granos de cada cosecha para dar la harina pura de su arte sincero, cálido, estremecido de emoción, tembloroso de humanidad, de naturaleza viva. En esta Herrumbre en el alma, como en tantos otros cuentos publicados en revistas, como “Cervantes” y “Pictorial Review”, en sus versos que, ya con su verdadero nombre, ya con el pseudónimo serio y empacado de “Félix de Bulnes”, ha publicado este poeta, brilla esa transparencia de inconfundible matiz, tierna, irisada y húmeda de una lágrima bañando la ancha pupila de la verdad emocionada. (Barrera, 1995: 61). Con esta obra, María Luisa, ocultando su identidad bajo el pseudónimo Félix de Bulnes99, intentaría hacerse un hueco en el mundo literario de aquellos años. Un reto difícil, teniendo en cuenta que se trataba de una época donde las mujeres tenían restringido el acceso a las tertulias literarias y donde sus voces a duras penas se escuchaba. Circunstancia que, unida a la predilección de autores de primera fila y ya consagradoscomo nuestro querido Juan Ramón Jiménez- o la existencia de poetas masculinos bien arraigados, como José Manzano Benito o Rogelio Buendía, ensombrecía cualquier iniciativa artística femenina100. No obstante, estas dificultades no frenaron los deseos de la autora por escribir. En estos años colaboraría con las revistas literarias “Papel de Aleluyas”, “Gaceta Literaria, “Alfar” o el diario “La Provincia”101. Sin embargo, la llegada de sus hijos mermaría la capacidad de producción literaria de la escritora durante algunos años, prácticamente hasta que en 1934 publicara Bosque sin salida; obra inspirada en lo que fue el centro de su vida en esos años, su familia. En este libro de poemas, dos de sus !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 99 Desconocemos por qué la autora utilizaba este pseudónimo para firmar sus obras. Sabemos que Bulnes es un apellido noble familiar pero ignoramos la elección del nombre Félix. Nos ha sido imposible concretar la ascendencia de los Bulnes por parte del abuelo materno de María Luisa Muñoz de Vargas por la variedad de ramas de nobles existentes y los vagos recuerdos del hijo de la autora, José Rogelio Buendía. 100 Como bien se recoge en el repaso de las antologías onubenses de este trabajo existieron junto a María Luisa Muñoz de Vargas otras poetas como María del Odiel, Isabel Tejero o Petra Crespo. Sin embargo, es difícil encontrar sus nombres en alguna antología o enciclopedia. 101 Ver el apartado 3.1.
! 102! tres secciones están dedicadas respectivamente a sus hijos (“Poemas niños”) y su marido (“Varia y múltiple”). El 19 de diciembre de 1928, la autora dio a luz a su primer hijo, José Rogelio, y tres años más tarde, el 15 de mayo de 1931, a su hija Rosa María. De esta etapa maternal de la vida de María Luisa Muñoz de Buendía se conservan fotografías, estampas familiares que son reflejos de felicidad102. La vida matrimonial de ambos transcurriría principalmente en la ciudad de Huelva. Por lo general, se trataría de una vida tranquila y hogareña. El día a día de la escritora sucedería entre las paredes de la empresa familiar, su propia casa y la residencia maternal. Sin embargo, los primeros años de matrimonio contrastarían con los venideros, puesto que el estado de salud inestable del esposo de la escritora obligaría a la familia a cambiar su residencia a la capital madrileña. En 1934, “Rogelio pasó a situación de excedente por enfermedad”103 (Díez Urueña, 1978: 32). En general, era un matrimonio feliz basado en el amor y respeto mutuo. La única diferencia entre ambos era la devoción religiosa de ella mientras que Rogelio Buendía demostraba su indiferencia a la religión, que asociaba a la superstición y al atraso cultural, demostrando además ser anticlerical.104 2. 3. Guerra y posguerra La autora continuó publicando en el diario “La Provincia” hasta al menos 1936105, y, posteriormente, en su sucesor el noticiero “Odiel”. Más adelante, sabemos que se vio obligada a vivir en Madrid debido a los problemas de salud que padeció su marido, quien permanecería en un sanatorio de la capital española hasta diciembre de 1942 (Díez Urueña, 1978: 53). La estancia en prisión de Rogelio Buendía106 durante unos años fue decisiva para cambiar la autora su residencia a Madrid y sacar a su familia adelante. En esta época, Mª Luisa Muñoz de Buendía se esforzaría por hacer ingresos extras escribiendo poemas y cuentos que publicaría en diferentes revistas !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 102 Véase los anexos. 103 En ninguna de las biografías que hablan del autor se recoge información sobre esta enfermedad. 104 Extraído de nuestra entrevista con el hijo de la autora, José Rogelio Buendía. 105 La última colaboración de Muñoz de Vargas en el diario fue el “Artículo de exaltación a la patria” con fecha de 12 de octubre de 1936 y con motivo de la Fiesta Nacional de España. En este mismo año la Falange Española compra el rotativo y meses más tarde reaparecería bajo el nombre de “Odiel”. 106 El médico y poeta fue Presidente del Partido de Izquierda Republicana en Huelva razón por la que se le encarcelaría. Su salida de prisión se debió a la buena relación que María Luisa Muñoz mantenía con Zita Polo, cuñada de Francisco Franco. Así nos lo ha transmitido su hijo José Rogelio en una entrevista.
! 103! madrileñas como “Hoy” o “Letras”107. Asimismo, seguiría vinculada con su tierra natal enviando artículos en prosa o en verso. Publicaría en el suplemento “Letras” del diario onubense “Odiel”, sucesor del diario “La Provincia”. En esta estapa de su vida la autora también tendría que hacer frente a uno de los capítulos más siniestros de su vida personal, como sería su enfrentamiento con miembros del Movimiento Nacional, tras el arresto de su marido en una momentánea detención que quedaría en una mera anécdota. Esta época de decadencia económica y política tras la posguerra, a lo que se unía la enfermedad del marido de María Luisa Muñoz de Vargas, serviría a la articulista para probar suerte como dramaturga y escribir obras de teatro con las que obtener nuevos ingresos. Entre estos trabajos estarían algunos títulos conservados en la biblioteca de José Rogelio Buendía como El Pueblo, Única y El Muérdago108 o Calle de la amargura109. Títulos no recogidos en ninguna antología de teatro ni registrados en ningún lugar bien por no haberse representado, o publicado, o bien por haber estos posibles escritos desaparecidos como consecuencia de la devastadora destrucción de los teatros durante la Guerra Civil Española. A lo que hay que añadir la escasez documental sobre el género dramático y de estudios de investigación en nuestro país. Empero su vínculo con las tablas españolas no se reduciría solo a la creación de obras, sino también a la representación, llegando ser la protagonista de obras como Rosina es frágil, comedia del escritor, dramaturgo y empresario español modernista Gregorio Martínez Sierra110; aunque sus miras artísticas iban más allá de la frontera nacional. Aprovecharía su conocimiento del inglés para importar arte del mundo cultural extranjero, traduciendo y adaptando obras de autores ingleses. Paralelamente con su dedicación al teatro, la autora continuaría colaborando en la prensa onubense con reseñas y crónicas sobre temas diversos; al tiempo que conectaría y asimilaría nuevas tendencias narrativas de posguerra y que plasmaría en su primera novela rosa, Toros y palomas (1940). Estos años de residencia en la capital madrileña permitirían a la escritora conocer los entresijos no solo del teatro, arte por el que sentía gran pasión, sino también !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 107 Edición literaria donde se publicaría el cuento “Canción Lejana” el cual se conserva en la Biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid. 108 Como ya se ha mencionado, estas obras se conservan en la biblioteca de Rogelio Buendía en Madrid. El Pueblo aparece como comedia dramática original en tres actos escrita por Félix de Bulnes en una edición de la empresa madrileña Urocla-Tejero sita en la Calle Constantino Rodríguez nº 21 de Madrid. 109 De esta obra se conservan los cuadros quinto, sexto y séptimo en la biblioteca de José Rogelio. 110 En la biblioteca del hijo de la autora se conserva una edición de la citada obra de teatro con una dedicatoria del autor “Para la señorita Luchy Muñoz de Vargas, deliciosa intérprete de Rosina es frágil”.
! 104! por el cine en el momento de su consolidación en España. Arte nuevo vinculado a la eclosión audiovisual en el que también supo consolidar relaciones con sus más altos representantes, como sería Laurence Olivier, uno de los actores y directores de cine británico más importantes del siglo XX. Y relacionado con este nuevo arte, María Luisa Muñoz de Buendía publicaría el cuento Rueda el amor, difundido en las páginas de la revista “Primer Plano” (25 de abril de 1943) y utilizado más tarde para el guión de una película. (Rafael Utrera, 1999: 21). 2. 4. Últimos años ! En 1946, al ganar Rogelio Buendía por oposición una plaza de médico en Elche, el matrimonio se trasladaría a la ciudad alicantina durante unos años. Sin embargo, María Luisa no tardaría mucho en hacer sus maletas y trasladarse a la capital madrileña, donde poder cumplir su sueño y dedicarse al teatro aunque se mantuviese separada de su esposo111. Separación que la autora salvaría siempre que podía con visitas a Alicante; lo que al mismo tiempo le proporcionaría conocer nuevos medios de comunicación donde daría a conocer algunos de sus poemas y obras. La revista alicantina “Cuadernos Literarios” y el programa radiofónico “El ventanal literario” serían sus principales escaparates. No obstante, Muñoz de Buendía también continuaría colaborando con revistas nacionales y la prensa regional andaluza. Publicaría artículos en la edición sevillana del ABC112. Años más tarde, tras la jubilación anticipada por enfermedad de Rogelio Buendía, éste se trasladaría a Madrid instalándose finalmente con su esposa en la calle María de Molina número 6. Años de tensión por la vigilancia extrema a la que la familia estuvo sometida durante los primeros meses de establecimiento en la capital principalmente por la ideología de izquierdas de Rogelio Buendía. A pesar de que sobre esta última etapa de la vida literaria de la autora tenemos escasos datos, sabemos que se dedicó fundamentalmente a la adaptación de obras teatrales en lengua inglesa. Así, en mayo de 1950, tradujo y adaptó la obra Tu mujer y mi mujer, de Somerset Maugham, y, un año más tarde, La sonrisa de la Gioconda113, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 111 Información extraída de nuestra conversación con el hijo de la autora, José Rogelio Buendía. 112 El 30 de julio de 1946 se publicaría el artículo en prosa titulado “Huelva Tropical”. 113 En la biblioteca de José Rogelio se conserva una 4º edición de la obra.
! 105! de Aldous Huxley. En 1952 hizo otro tanto con Historia de un matrimonio y The Fourposter, de Jan Hartog, y Por encima de la vida114, de Somerset Maugham. E igualmente sabemos que realizó una adaptación de Body and Soul de Arnold Benett. Al parecer llegó a escribir ella misma varias comedias, entre las cuales Destino’s Hotel, con dos versiones, española e inglesa, aparece mencionada en la contraportada de su obra Bosque sin salida, y de la que no tenemos más noticias, a pesar de que Valbuena Prat la da como publicada115. En estos últimos años, la familia Buendía-Muñoz adquirió un inmueble en la capital madrileña. Sería ésta una etapa de calma y estabilidad para la familia, con el regreso de Rogelio junto a su mujer y sus hijos. Etapa que favorecería además que María Luisa Muñoz se dedicara a la dramaturgia116. En Madrid, la escritora escribiría sus últimas obras. Una serie de cuentos y poesías destinados al público infantil, como Cuentos selectos (1951), La Princesita de Sal (1967), Lluvia en verano (1967) y el cuento Como el humo del tren (¿); así como otras dos obras dirigidas a un público más maduro y bajo el epígrafe de “novelas rosas”, El amor no pide permiso (1958) y Tres días de amor (¿). Finalmente, la autora fallecería en Madrid el 2 de noviembre de 1975117. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 114 Esta comedia se estrenó en el Teatro Barcelona el 20 de noviembre de 1952, según Puebla López- Sigüenza (2012), Colección Teatro, Madrid, Editorial Escelicer, p.111. 115 Sobre la producción dramática de posguerra existe un gran vacío documental debido principalmente a la censura impuesta bajo el régimen franquista y, por la escasez de textos conservados. 116 Así lo reseña en una carta personal conservada y escrita por la autora el 30 de septiembre de 1953 en la ciudad alicantina de Elche. 117 La fecha del fallecimiento de la autora la conocemos por una esquela publicada en el diario “ABC” el día 2 de noviembre de 1975. Se celebró su funeral en la Parroquia jesuita San Francisco de Borja, en la calle Serrano 104 de Madrid.
! 106! 3.1. Poesía A pesar del carácter multifacético del conjunto de su producción, la poesía ocupa en ésta un lugar central, no sólo por ser el género que cultiva de manera más asidua y a lo largo de toda su vida, sino porque resulta ser, asimismo, el único en el que encontramos resultados más homogéneos, en la forma de tres libros y numerosos poemas publicados en diferentes revistas y periódicos. La obra poética de María Luisa Muñoz constituye una interesante muestra de la evolución de la poesía española de su época. En ella, la escritora cultiva unos versos postmodernistas donde se aprecia el descenso a lo cotidiano, la relajación del retoricismo y la presencia íntima del poeta, elementos característicos de su voz y que nos proponemos a analizar a posteriori. Muñoz de Vargas se sumerge en el recuerdo de su infancia, le canta a la primavera o al otoño, dedica versos a su madre, a sus hijos, a la naturaleza diseminada en arboledas, sierras, ríos, montañas, etcétera. Los versos de la autora están teñidos de melancolía en una línea romántica que no abandona. Se trata de una voz ensordinada que canta a la emoción, a la expresión proyectando su estado anímico sobre su mundo circundante: Si todas las rosas se deshojan, todas, menos la roja que late de amor. Tiembla igual que un mimbre, canta igual que un ave pero nadie sabe quien la enamoró. Todas las rosas mueren cuando llega el frío menos esta rosa en el pecho mío. 3. TRAYECTORIA LITERARIA
! 107! Es una continuidad de aquel desgarro sin estridencias que recuerda a Bécquer y que parece haber condicionado el quehacer y la visión de María Luisa Muñoz de Vargas. “La poesía de Bécquer, tan clara y transparente, donde todo parece escrito para ser entendido, tiene su encanto, sin embargo, al margen de la lógica” (Alvar, 1994: 204). De esta dedicación poética se desprende el gusto de la autora por un estilo natural y espontáneo, afín a la obra Juan Ramón Jiménez y bajo cuyo nombre se sitúa, por medio de un prólogo, la primera edición lírica de la autora, Bosque sin salida (1934). Empero, además de la influencia de Juan Ramón, presente tanto en el recurso a las formas populares como en su característico lenguaje poético, el conjunto de la poesía de María Luisa Muñoz de Buendía desprende concomitancias con voces de otros contemporáneos como García Lorca, Antonio Machado, Alberti y Rubén Darío, con los que además comparte página en algunas revistas de la época (como la “Gaceta Literaria o “Papel de Aleluyas”). Grosso modo su lirismo ondea al compás de aquellos poetas que comenzaron a escribir en la década de los veinte imbuidos, algunos, por la vertiente ultraísta, pero la mayoría contagiados por el simbolismo tardío y la majestuosidad popular de Rubén Darío. El modernismo de éste y de sus corifeos empezó a ser otra cosa cuando lo invadió un deliberado provincianismo velado de ironía, un tono coloquial y autobiográfico (Mainer, 1981: 193): Como una niña rubia, con un blanco babero, la luna llena se pasea por el cielo. Luna, lunera, ¿quién te almidonó el babi que vas tan hueca? Salta a la comba con un aro todo de plata y de cristal, con un cordel de seis colores que el agua sacó del mar.
! 114! ¡Oh rosas blancas entre fresca yedra, sobre el clavo callado. ¡Deshojaos, blancas rosas, deshojaos y nevad sobre el viejo teclado que corrieron las manos de mujeres que tenían los cabellos empolvados! ¡Oh rosas blancas de suave aroma en jarrón esmaltado! ¡Deshojaos, blancas rosas, deshojaos! ¡Cubrid con vuestra nieve el viejo piano donde duermen las almas de mujeres que tocaban sonatas de Bethoven, pavanas, minuetos… y eran, como vosotras: rosas blancas sus lindas cabecitas, soñadoras, de cabello empolvado! En esta ocasión, la autora hace uso de “La evocación del siglo XVIII”, tópico de la poesía modernista e introducido por el propio Rubén Darío en Prosas profanas y que continuaron no pocos de sus imitadores españoles. Se trata de un siglo XVIII más rococó que neoclásico del que se destaca la mezcla de sensualidad y delicadeza que justifica la comparación de la figura femenina con la rosa, imagen con la que aparece ya, en este poema inicial, el tema de las flores, que, más allá de su larga tradición poética anterior, habrá de ser uno de los más frecuentes en su poesía al mismo tiempo que lo hace la representación de la figura femenina. La métrica del poema, una silva modernista, en la que el autor pretende infundir cierta musicalidad con la repetición del asonante (técnica también típicamente modernista), nos indica que la autora estaba muy familiarizada con el lenguaje poético y los tópicos del último modernismo español. Los motivos florales, el colorido y la sensualidad reaparecen en “A la flor de lobo”123, que, dentro del localismo folklorista, refleja la influencia del colorismo de Salvador Rueda: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 123 Poema publicado en “La Provincia” el 19 de junio de 1922 y contextualizado en la Sierra de Aracena.
! 115! Yo te haría emblema de la Sierra, tus pétalos son cárdenos morados y violetas como los dulces tonos de las viejas montañas, de las regias hortensias y las ingenuas malvas que crecen en los bosques sombríos de castaños; que ambar dorado llevas sobre tu corazón un pedazo de cielo a la puesta de sol. Tu nombre es la armonía suprema de la vida: Flor, mágica palabra síntesis de la forma y el color. En ti vive la rosa, los lirios, el clavel, tu alma es el perfume, de ti nace la miel. Lobo, palabra rebosante de energía y pasión, de fuerza, de venganza, de odio, ¡de ambición! Flor de lobo, Reina de la montaña: Yo te haré emblema de la Sierra: ¡Tienes los tonos malvas y rojos de su tierra! Los siguientes versos de “Félix de Bulnes” se plasmarían en el diario “La Provincia” meses más tarde (el 13 de abril de 1922). En esta ocasión, la autora abría otra línea temática de cierta importancia en su obra, la religiosa, a través de una “Plegaria” donde Dios es el destinatario de la súplica: Jesús: haced que en mis labios no brote el agravio que hiera a mi hermano, haced que mi mano riegue y no recoja la flor y la hoja que alegra el camino de los peregrinos que cruzan la vida… Haced que trabajen mis brazos, que me guíen mis pasos hacia tu clemencia. ¡Dadle claridad a mi inteligencia!
! 116! A mi corazón, Señor, dadle amor y a mi alma, perdona Señor sus flaquezas. El cariz religioso de los versos obedece también al contexto en el que escribió la autora, época en la que se le exigía a la mujer no sólo devoción religiosa, sino una actitud inocente. Del poema, de nuevo una silva modernista (publicado un Jueves Santo), emana un sujeto lírico que ansía encontrar el perdón divino y el camino del bien. Se trata de una plegaria fruto de esa instrucción religiosa preconizada, bajo el paradigma “ángel del hogar”, por los moralistas del siglo XIX y XX y con el que se trabó el modelo de mujer: atenta, sumisa y relegada al ámbito de lo privado; y más si desea ejercer la escritura deberá centrarse en temas cursis o religiosos. En esta ocasión, el yo del poeta se alinea a un espíritu necesitado del perdón y el auxilio divino, y sobre el que volcará sus anhelos de consuelo. Dos años más tarde, la autora irrumpirá nuevamente en el campo de la prensa abordando esta temática religiosa con “La Escala Santa”. Ahora bien, este otro poema fue escrito con motivo de su viaje a Roma y que, publicado en la revista onubense anual “Semana Santa”, pasaría después a Bosque sin salida: Escalera sagrada, escala Santa manchada por la sangre de Jesús escalera Sagrada, hasta subirte yo nunca supe lo que fue la cruz la Cruz que por nosotros sufrió Cristo. Escalera Sagrada, yo no he visto el mármol encendido por su divina huella pero sentía que las gotas de sangre eran estrellas luz cenital dentro del alma mía. ¡Oh Jesús mío! Por lo que tú sufriste por ajenos pecados mi corazón, vaso de sangre humana en el sagrado mármol yo te hubiera volcado.
! 117! Ambos poemas, junto con otros tres: “A Nuestra Señora”, “Como una golondrina” y el “Romance del Jueves Santo124” y que serán incluidos más tarde en Bosque sin salida, modelan el mundo poético religioso y devocional de la autora. Si bien, en este caso, se aprecia ya la influencia neopopularista de la poesía de Lorca y Alberti con sus reminiscencias de la tradición, la poeta no duda en escoger unos versos puramente simbólicos a través de la Escalera Sagrada y la Cruz para hablar de la muerte de Cristo, de la crucifixión, como lo hiciera Lorca en “Oda al Santísimo Sacramento del altar”. Más allá de estas primeras incursiones en la poesía religiosa, la voz poética de la autora continúa evolucionando y mostrando nuevos recursos de la tradición literaria modernista como el canto a la naturaleza con odas al otoño y a la primavera, y que configuran una gran parte de su obra poética. Así, en el poema “Que sea la barca fuerte” (17-11-1922), incluido en Bosque sin Salida, el romance octosilábico reverbera una musicalidad modernista con el uso de la rima consonante dentro del esquema de la cuarteta asonantada de las tres primeras estrofas (el mismo utilizado en los alejandrinos de “A la flor de lobo”): El otoño va pintando el campo con sus pinceles, Primavera no adornó con tal arte sus vergeles. Por entre las alamedas dejaron los cardenales, perdidos mantos de púrpura enredados en rosales. Octubre en campos de Córdoba, el Guadalquivir sombrío, en el césped de la alfombra se ha dormido el amor mío. Palios de oro sobre el río, varas de plata los sauces, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 124 Publicado este último igualmente en las páginas de “La Provincia” (29-3-1934) con el título “Madrugada de Viernes Santo” e ilustrado con dibujos de José Caballero.
! 118! mi corazón es la barca, tu mirada rompe el jaspe. La elección del tema otoñal, con su melancolía, invoca a la obra de Machado o Juan Ramón Jiménez, influenciados por el krausismo, imbuidos por la necesidad de ese contacto con la naturaleza, que no dudan en transmitir con la descripción de versos que se convierten en auténticos lienzos estacionales. María Luisa Muñoz, en vez de cantar a los “Campos de Castilla” como lo hiciera Machado, canta a la ciudad cordobesa, al Guadalquivir, a Huelva, a Sevilla, porque su mundo lírico se sustenta en paisajes melancólicos y jardines mortecinos andaluces. Son unos versos, además, aderezados con el ingrediente del amor, añadiendo aún más romanticismo si cabe. En ellos, la poeta empieza a desnudar su alma con sigilo, hablándonos de cómo el amor entra en su vida, para lo que utiliza la metáfora del jaspe. Jaspe que rompe su corazón helado. Es la primera vez que la poeta se sincera. Y lo hace en los últimos versos del poema. Pero aun antes de que empiecen a aparecer el resto de las composiciones que pasarán de la prensa al libro de 1934, es necesario dejar constancia de un episodio que nos permite apreciar mejor el grado de inserción de Bosque sin salida en la poesía de su tiempo y que, a la vez, anticipa la posterior dedicación de la autora a la traducción y adaptación. Se trata de la publicación de la traducción de algunos de los English Poems, de Fernando Pessoa, quien por esas fechas tenía alguna relación con Rogelio Buendía y Adriano del Valle, como ha señalado Antonio Sáez Delgado (1999: 3-4), y que fueron traducidos del inglés por Mª Luisa Muñoz de Buendía y Rogelio Buendía. En ese mismo núcleo vanguardista onubense, conectado a su vez con la vanguardia portuguesa, surge en 1927 la revista “Papel de Aleluyas”, fundada por Rogelio Buendía, Adriano del Valle y Fernando Villalón. La publicación, de periodicidad mensual, tuvo una vida corta (desde julio de 1927 hasta julio de 1928), pero supo reunir en sus páginas algunas de las producciones literarias más representativas de ese escenario vanguardista en el que se movían, entre otros, Rafael Alberti, Ramón Gómez de Serna, Gerardo Diego, Eugenio D’Ors o Luis Cernuda (Issorel 2007: 19; Osuna 2005: 35). Y, además, también escribiría, María Luisa Muñoz de Vargas. Un conglomerado de autores que, si bien proclamaban innovaciones literarias y apuestan por la modernidadeslóganes de un manifiesto futurista engendrado en Francia-, sus obras no dejaron de ser más que una continuidad de ese modernismo tardío (De Torre, 1965: 538).
! 119! En el número 1 de “Papel de Aleluyas” (julio de 1927), la primera página ya abría con el poema “Noche” de la autora (firmado con el pseudónimo “Félix de Bulnes”), junto a un relato de Ernesto Giménez Caballero y un dibujo de Barradas y, en las sucesivas páginas de este número, aparecían también producciones de Gerardo Diego, Fernando Villalón, Ramón Gómez de la Serna y Manuel Halcón. La voz poética de la autora continúa desnudándose, como venía sucediendo en sus últimas publicaciones, haciéndose cada vez más transparente para hablar del sentimiento más universal, el amor: ! ¿El amor, que será? Es algo que se va... que se va. — Una luz que se enciende, se apaga Y hace mayor la oscuridad. Y con esta elección temática, el amor, envuelto en el halo de misterio y oscurantismo de la noche, Muñoz de Vargas no duda en hacer uso de un lenguaje coloquial y sencillo, el que será otra de sus señas de identidad junto con los baluartes de esta nueva estética y donde sigue cobrando importancia la métrica tradicional (con estrofas con versos de arte menor). En esta cabecera de ambiente poético generacional, regentado por los autores del 27, volvería a publicar seis breves poemas sobre el amor (en el número 3): “Cristal pintado”: “Campanillas”, “Kermesse”, “Cancioncilla”, “Cuna” y “Mimbre” y que se integrarían después en Bosque sin salida.125 Pero “Papel de Aleluyas” no sería la única revista “ultraísta” donde la joven poeta vertería su ingenio. La revista “La Gaceta Literaria”, semanario fundamental en la evolución de la literatura española de la época, cedería una de sus páginas a esta voz. Muñoz de Vargas publicaría también -dentro del marco contextual generacional del 27 (concretamente el día 15 de noviembre de 1927)- tres nuevos poemas126 que pasarían igualmente a Bosque sin salida: “Niña bordando”; “Marinera” y “Luna lunera”. Cada uno de ellos refleja una métrica breve pero de giro ingenioso, propia de la enunciación oral y que caracteriza a este tipo de composiciones. De este modo, la autora configurará el estilo de su primera obra poética, Bosque sin salida, sencillo, limpio, claro, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 125 En los números 2 y 4 de “Papel de Aleluyas”, la autora publicó también dos breves relatos en prosa bajo el título De la dulce Inglaterra. 126 Bajo el título “Poemas andaluces”.
! 120! transparente y con estructuras que favorecen la nemotecnia a partir de repeticiones de palabras y versos, enumeraciones y hasta fragmentos de discursos referidos, sobre todo de discurso directo, típico de la poesía tradicional oral. A todos esos poemas eufóricos deben añadirse otros dos: “Feria mojada” (sobre la lluvia y la Feria de Abril) y “Hojas nuevas” (sobre el deseo de abolir la angustia) y que la autora publica en 1925 en otra de las revistas fundamentales de la vanguardia española, la gallega “Alfar”. En ellos, el verso libre seguirá siendo el protagonista de la musicalidad, verso polífono de origen francés y que cultivaría Juan Ramón Jiménez en el modernismo hispánico. Voz que serviría una vez más de inspiración a nuestra creadora. Sin embargo, durante siete años no se difundirían nuevos poemas de Luchy, periodo de producción poética escasa que coincidiría con una de las etapas más felices de su vida, el nacimiento de sus dos hijos, José Rogelio y Rosa. Años de dedicación a la maternidad que, de manera automática e inconsciente condicionaría sus nuevas rimas. Hasta el 7 de julio de 1934, la sección “Letras” de “La Provincia” no dedicaría la página central a tres nuevos poemas cortos de “Félix de Bulnes”: “Niña bordando”, “Cántaros rojos” y “Lechuga”. Asimismo, en el mismo periódico aparecería otro titulado “Colegialas”. Incursiones que preconizaban la aparición de una voz poética renovada y marcada por un nuevo tono, más coloquial, sencillo, popular e infantil. Signos de identidad que tomarían forma en la primera edición poética de la autora, Bosque sin salida. Con posterioridad a la publicación del libro, continuarían apareciendo en prensa nuevos versos de María Luisa Muñoz hasta prácticamente el final de su vida. Así, por ejemplo, en “Calle de Enmedio” homenajea la poesía de su compañera de generación Carmen Conde, poema publicado en el diario familiar el 13 de marzo de 1935. Al día siguiente, y en la misma cabecera, la joven poeta, con motivo del homenaje al tercer centenario de Lope de Vega escribiría el poema “La tonta de los milanos” : Mírala por donde viene la Tonta de “Los Milanos”, con una sonrisa boba y un lirio azul en la mano.
! 121! La madreselva del campo le perfuma su vestido, los pajarillos la alegran con sus más graciosos trinos. Y cuando la noche llega una estrellita se baja para servirle de vela y alumbrarle su camino. Todo el mundo la contempla con la estrellita en la mano; parece una luna nueva la tonta de los Milanos. En la primavera de ese mismo año, la cabecera zaragozana “Noreste”, con motivo del homenaje que el escritor Tomás Seral y Casas realizó a las mujeres heroínas vanguardistas en la citada revista127, difundiría nuevos versos de la autora: “Árbol” y “Balada”. En esta ocasión, enunciaciones de canto al amor, a la esperanza y a la primavera. En esta década de los años treinta, de eclosión de revistas literarias, nacería otra de las cabeceras señeras de la literatura española. La revista gaditana “Isla”, que de la mano de su fundador Pedro Pérez Clotet, difundiría un conjunto de creaciones literarias de autores jóvenes y cultivados128 en ambientes modernistas y vanguardistas. Y en su primera etapa, concretamente en el número 7 (1935), figuraría la voz poética de María Luisa Muñoz de Buendía con su poema “Primavera”: Perfumada de soles y de lluvia bañada, la Primavera ha entrado cantando en mi jardín. Violetas la vestían, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 127 La citada edición acogió también las producciones de Carmen Conde, Mercedes Ballesteros, Elena Fortún, Josefina de la Torre, Dolores Arana, Rosario de Velasco, María Cegarra Salcedo, Rosario Suárez- Castielo Ángeles Santos, Norah Borges de Torre, entre otras. 128 Entre ellos figuraron Rafael Laffón, Ángel Valbuena Prat, Juan Ruiz Peña, Adriano del Valle, Pedro Pérez-Clotet, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco…Para una mayor información consúltese el trabajo de Juan Antonio Hernández Guerrero, Cádiz y las generaciones poéticas del 27 y del 36: La revista "Isla".
! 122! rosas la desnudaban, deshojándose a pétalos sobre su piel de abril. Nocturnos ruiseñores arpegiaban su canto, sus pies en los arroyos reflejaban la aurora y todo su rubor se tornaba amapolas. Una vez más, la autora haría uso del metro corto y de su predilección por la percepción del paisaje, al estilo becqueriano, en ese intento de salida del modernismo, buscando un encuentro cordial con la naturaleza. Esta sencillez lírica que proclamaba el romanticismo y que la autora cultivaría ex professo. Con este mismo estilo y en esta misma revista, pero en una segunda etapa de la misma (en 1939), se publicarían cuatro nuevos poemas de Luchy: “Mañana”, “Serranilla”, “Cigüeñas en los trigales” y “Noche” (y que configurarían un adelanto de lo que sería su segunda publicación poética Lluvia en verano). Por otra parte, el inicio de la Guerra Civil española (1936) marcaría un antes y un después en el país. El conflicto armado entre el bando nacionalista y republicano, al que inevitablemente había que alinearse, marcó la senda de la trayectoria literaria de los años 30. Si bien, a finales de la primera década del siglo XX empezaron a irrumpir en toda España revistas literarias que se convirtieron en auténticos escaparates de la creación literaria española posmodernista y del canto a la pureza, a partir de 1936 los temas de la creación poética se centrarían en reflejar la realidad del conflicto. Sin embargo, la poesía de María Luisa Muñoz de Buendía permanecería inalterable temáticamente, lo que no su prosa129, a la que dedicaría esfuerzos loables por exaltar los nuevos valores ideológicos del diario familiar “La Provincia”. Ahora bien, tanto las revistas de un bando como de otro continuarían con sus producciones literarias y difusiones, creaciones que abarcaban una gran variedad genérica de estilos. De la misma forma que las cabeceras surgidas con unos propósitos más unánimes – como las nacidas para difundir las obras de los poetas de la generación del 27 y 36 – continuarían !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 129 Véase el apartado de la prosa de la autora.
! 123! con su legado, como lo fue la citada “Isla” o la cordobesa “Ardor”. En esta última, nacida tras culminar el conflicto armado, María Luisa Muñoz volvería a plasmar sus versos junto a otros poetas de generación como Juan Ramón Jiménez, Emilio Prados, Pedro Pérez-Clotet, Rafael Laffón, Rogelio Buendía, Concha Méndez, Eleazar Huerta, entre otros muchos más. En esta ocasión, la joven poeta regresa más introspectiva para hablar del tema vital de la soledad con el romancillo titulado “Ay soledad campanilla blanca”. La década de los cuarenta supuso una continuidad en la creación del mundo poético de la autora gracias a revistas como “Tajo”, “Letras”, la madrileña “Hoy”, la alicantina “Cuadernos literarios”130 o la onubense “El santísimo rosario” donde propalaría el soneto “Nubecillas blancas”, el poema en prosa “las horas”, la quintilla “Un manzano en flor”, “Primavera” o el villancico “anegadita de amores”. Y también gracias al programa radiofónico alicantino “El ventanal literario”, donde la autora difundiría los poemas “Sardinas”131, “Invierno” y “Quien me lo dijo primero”, junto con “Nubecillas blancas” y “Narcisos blancos”. En ellos, la nostalgia y melancolía de la autora se apodera de los versos. Como una continuidad a la poesía modernista, María Luisa Muñoz de Vargas nos referirá los temas vitales del paso del tiempo, el recuerdo de la infancia y la añoranza por la tierra que le vio nacer, Huelva. Condensará en diferentes sonetos y quintillas la belleza por el mar, el campo, la Sierra o simplemente la luz, iluminadora de su alma. El último poema publicado de la autora sería uno dedicado a su más apreciado maestro “A Juan Ramón Jiménez”132 en la cabecera poética malagueña “Caracola”, en 1971: De campos de Moguer volví yo un día con un haz florecido sobre el brazo; flores me dejaron el regazo tibio de sol, de brisa y melodía. Flores del brezo, llenas de armonía; !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 130 Sabemos de la existencia de la publicación de los poemas “Invierno” y “Quien me lo dijo primero” por las anotaciones que la propia autora hizo en su cuaderno de notas y que se conserva en la biblioteca de José Rogelio Buendía. 131 Así lo hizo saber por escrito la propia autora en su cuaderno de notas privado. 132 Poema incluido en la edición Lluvia en Verano.
! 130! Un interés especial ofrece “La vereda” en la que, con la característica imaginería rural de esta sección, la autora, arrojando luz sobre el título de esta última, parece aludir a su propio camino personal del que resulta inseparable su matrimonio: La vereda es tan estrecha que no cabemos tú y yo... "Pasa delante",—me dices— que quiero verte, mi amor". "No, pasa primero tú, que a ti quiero verte yo". La vereda es tan estrecha que no cabemos los dos; por entre trigales va que el solito maduró. Amapolas son los labios y juncos los brazos son. Con junquillos se hizo el cesto y de flores se llenó. "Abrazaditos cabemos"... Y así seguimos los dos. El diálogo con la poesía de Rogelio Buendía, al que nos referimos anteriormente, se hará presente en la siguiente sección, “Varia y múltiple”, que la autora dedica al poeta. Estos versos son de carácter más introspectivo. El amor se presenta, desde el poema inicial, “Bosque sin salida”, como tema principal no sólo como motivo de reflexión (“Noche”), sino también materializado en el diálogo con el amante (“Mas tú no lo sabes”), que sustituye aquí como receptor de la voz poética a los niños de la primera parte. Pero tanta importancia como el diálogo con el amante tiene, a nuestro juicio, la introspección psicológica y emocional (“Mi angustia”, “Tristeza, hermana mayor”). Ahora, la naturaleza pasa a ser metáfora de la emotividad del sujeto poético (“Montes y corazones”), especialmente en los poemas de inspiración marina (“Olas”, “Mar”, “Como un barco en la bruma”), aunque el río como metáfora vital sigue presente en la obra (“Ni una gota de agua”). Sin embargo, en esta sección tienen menos
! 131! importancia, las formas populares aún se encuentran presentes, como lo hace en “Cante hondo”. Integrados en la estructura que acabamos de describir, muchos de los elementos vienen dados por las tendencias poéticas de la época. Así, la primera y más evidente es, sin duda, la del Juan Ramón más próximo a la lírica popular, como en Baladas de Primavera. En ese sentido, el prólogo en prosa refleja claramente la huella propia que el poeta reconoce en la obra de la autora, pues los motivos de la poesía de ésta se integran en su prosa con total naturalidad. Juan Ramón relaciona el bosque sin salida del título con otro espacio cerrado, el patio (ambos espacios están abiertos, dice, sólo hacia arriba, “con fugar cercana sólo a la estrella”), con el que identifica más que la ciudad, la vida de la propia autora a partir de la afición de ésta a las plantas, pues, como el patio, la autora guardaría en su interior una riqueza espiritual escondida en la propia discreción de la vida, como si ese lugar cerrado escondiese un bosque frondoso dentro. Este BOSQUE SIN SALIDA (¿qué aire espejista lo trajo a la villa?) puede acumular, apretar sus troncos y sus copas dentro de una casa de Huelva, tras las tapias, al fondo del fin. Y pienso en María Luisa de Huelva, arbusto, enredadera errante de su patio íntimo, de su bosque penúltimo todavía, inmensos los dos en su secreta soledad, como un libre oasis del desierto, con fuga cercana sólo a la estrella. Va y viene vestida de primavera, de patio a bosque, de bosque a patio, incontrable una hora, después del trajín visible del día, abriendo sus flores poéticas sus cancioncillas en flor al morado crepúsculo segundo. No menos evidente es la influencia de otros poetas contemporáneos: Lorca, a partir del Libro de poemas, y el Poema del cante jondo (“Baladilla de los tres ríos”) en la primera parte, y el del Romancero gitano en la segunda, tal como se puede apreciar sobre todo en poemas como “Río gitano” o “Santa Marina”; Alberti con el neopopularismo de Marinero en tierra (muy especialmente, aunque no de forma exclusiva, en los poemas de tema marinero) de La amante y de El alba de alhelí en los poemas más próximos a la lírica popular. Una de las principales huellas que la poesía contemporánea deja en la autora son las características metáforas. Así se puede apreciar por ejemplo en “Río gitano”:
! 132! Los álamos, caballeros, casaca verde de raso, peluca blanca de seda, tu triste copla acompañan tañendo laudes de pena, y en procesión van siguiendo tus verdes aguas, lagarto que bajo el sol serpentea. Desde el punto de vista de la métrica abundan las estrofas de arte menor, especialmente las características de la lírica popular, así como el romance, de cuyas estructuras métricas hace la autora un uso muy libre, debiendo destacar asimismo el deslizamiento de las formas más breves (como las representadas en “Coplas”) hacia el “haiku”, tal como se puede apreciar, por ejemplo, en “Luz de alba”: Por la mañana el cielo saluda al sol naciente con un pico rosado de su pañuelo. La autora presenta numerosos rasgos en común con otras poetas contemporáneas, como Concha Méndez (Surtidor), Josefina de la Torre (Versos y estampas y Poemas de la “Isla”), Ernestina de Champourcin (Ahora), o Carmen Conde (Júbilos), de acuerdo con el perfil común que traza de ellas Emilio Miró en su Antología de poetisas del 27 (1999). Su obra confirma, desde luego, esta proximidad, pues en ella encontramos la misma tensión entre modernidad y tradición que se da en las mencionadas autoras (Bellver 2001), así como las mismas alusiones a la maternidad y la ocasional presencia infantil. En relación con el componente infantil del libro, hay que destacar que el mismo año en que sale Bosque sin salida y respondiendo probablemente a los mismos estímulos, aparecieron Júbilos (Poemas de niños, rosas, animales, máquinas y vientos) de Carmen Conde, con quien la autora mantuvo amistad134, y Candor: Niños y flores, de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 134 También colaboraba en el diario familiar. De hecho María Luisa Muñoz de Buendía le dedica la poesía “Calle Enmedio” en “La Provincia” (13-3-1935).
! 133! Josefina Bolinaga, así como las Canciones infantiles recogidas por María Rodrigo y Elena Fortún (García Padrino, 1990: 69) y la antología La poesía infantil recitable (1934) de Luis Sánchez Trincado y Rafael Olivares Figueroa (García Padrino, 1990: 69). Algunos de sus poemas, como por ejemplo la “Nana de María Rosa”, ha sido incluida en la antología de Carme Riera El gran libro de las nanas (230), o el conjunto del libro incluido en el catálogo Pequeña memoria recobrada. Libros infantiles del exilio del 39 dentro de la sección “La Edad de Plata y los libros infantiles: 1920-1938” (2008: 202). La inserción del libro en la poesía española de su tiempo, su arraigo en la lírica juanramoniana y la influencia de los jóvenes poetas de la vanguardia se ponen de manifiesto en los comentarios críticos que recibió la obra135. En algunos casos, tan sólo hay una mención, como en el del diario madrileño “El Sol”, del 16 de octubre de 1935, o en el “Almanaque literario”, de ese mismo año. También lo hizo la revista “Isla” en su número 7 (1935): De Huelva nos ha llegado Bosque sin salida, sencillo libro de poemas debido a la exquisita pluma de Mª Luisa Muñoz de Buendía. Bosque poblado de niños, flores, nubes, pájaros…Por entre los cuales pasea la autora, soñando sus bellos juegos metafóricos. Ya son las nubes de otoño que maquillados modelos se prueban fervorosos sus modas del invierno (31). Más interés presenta, sin embargo, la reseña que “LC” escribe para la “Revista Hispánica Moderna” al año siguiente: Unas ochenta composiciones breves repartidas en tres secciones: “Poemas niños”, “Vereda” (sic), “Varia y Múltiple”. De carácter infantil las de la primera, en las otras dos predominan las de inspiración campestre o las de tema íntimo. Libro bello de poesía simple; de un lirismo natural y delicado, las más de las veces. Lleva huellas de varias tendencias muy modernas, pero en lo fundamental no tiene, si se salva sobre todo el nombre de Juan Ramón, prologuista y paisano de la autora, relación directa con ninguna de las fórmulas corrientes. Hay en estos poemas y canciones sensibilidad !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 135 Recogido en la contraportada de Lluvia en Verano, se encuentra un comentario que Gabriela Mistral incluyó en una carta a Rogelio Buendía: “saluda muy afectuosamente a su compañera y agradécele de modo muy vivo el regalo de su lindo libro de versos. Usted sabe, sin que se lo diga, que he sido lectora feliz de sus poemas”.
! 134! muy fina, ternura sin empalago y gracia de limpio cuño, como de campo abierto y fresco. (217) Años más tarde, Ángel Valbuena Prat lo describiría así en su Historia de la Literatura Española (1953): “Las finas y ágiles canciones de Bosque sin salida de María Luisa Muñoz de Buendía poseen el encanto de lo vivo que no envejece. Risa andaluza siempre fluida, con pórtico de Juan Ramón. En cambio, es el poniente romántico de Shelley el que revive en la fina autora, de brisas nórdicas y elegancia de retrato de Gainsborough. (792)”. La obra ha sido igualmente mencionada en otros estudios sobre la poesía de la época, como el de González Muela y Rozas La generación poética de 1927, donde aparece mencionado junto a otros libros de 1934 (1986: 99). Del mismo modo, la presencia de la autora en las antologías poéticas se ha basado en gran medida en este libro. Así, en la reciente antología Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27 (2010) -donde apenas se nos dice algo de su biografíase recogen los poemas “Coplas”, “Kermesse”, “Bosque sin salida”, “Mimbre”, “Gardenia”, “Cante hondo” e “Inconsciencia”. 3.1.3. Lluvia en verano (1967) # ! El año 1967 sería uno excelente a nivel profesional para la escritora y poeta María Luisa Muñoz de Vargas. En ese tiempo publicaría no uno, sino dos nuevas obras poéticas: Lluvia en verano y La Princesita de la Sal. Como hemos mencionado, la autora ya vivía en Madrid y en estos años acumularía recuerdos de su infancia. La añoranza y la melancolía van a ser, por tanto, sentimientos predominantes en estas dos nuevas obras poéticas. Lluvia en verano supone una continuidad en lo referente a la elección de metros, estilo, selección de temas populares y el gusto por lo romántico. Sin embargo, en treinta años (desde que se publicara Bosque sin salida) ha vivido nuevas experiencias que han moldeado su voz poética. Ahora, la autora pierde vitalidad. Y su visión del mundo se va impregnando de melancolía por la lejanía de la tierra natal, la ausencia de su amado, la vejez y/o la muerte. El libro, dedicado esta vez a su hija María Rosa, reproduce en su título el del poema inicial, “Lluvia en verano”:
! 135! Es extraña esta lluvia en verano, es extraña esta paz en mi alma. (Los niños en la playa se cobijan, en vano, bajo los toldos claros, a la vera del agua.) Pienso en ti, te recuerdo, y ya no me estremece el eco misterioso de tu voz en mi oído... La lluvia cae en el mar y en diamantes florece. ¡Gota a gota en mi alma va cayendo el olvido! En él, la añoranza y la melancolía se adueñan de la voz poética que recuerda el maravilloso tiempo del ayer (concretamente sus dulces vivencias del verano en la playa de Punta Umbría), espacio donde la autora siempre tiene sitio para pensar en la ausencia del amado. La diferencia de tono con respecto al libro de 1934 es apreciable en un poema de éste que tiene un título prácticamente idéntico: En verano, después de una tormenta, el campo todo es una alegre fiesta. Como un niño chiquito que sus ojos restriega con la mano, alegre se despierta. Brilla el sol en la lluvia que tiembla en el manzano, la yedra se barniza, cruje bajo mis pies la grava del jardín y mis cabellos roza el ala de un jazmín.
! 136! El conjunto está compuesto por ochenta y seis poemas que, en esta ocasión, no están divididos en secciones, por lo que resulta difícil detectar una estructura como la que se podía observar en Bosque sin salida, pareciendo más bien que el libro hubiera sido compuesto según un orden puramente acumulativo. No obstante, es posible distinguir en él algunas series relacionadas con episodios de la biografía de la autora, como las dedicadas al viaje a Galicia (“Galicia”, “A las fuentes del Sil”, “Atardecer” y “La dulce tierra gallega”) o a la muerte de la madre y el regreso a Huelva (“La vieja casa”, “Amor y paz”, “Elegía”, “Dios, sola luz” y “Llanto”). Más allá de estos casos, sólo es posible agrupar los poemas según criterios temáticos y formales. El paisajismo del primer libro se encuentra igualmente presente en éste (“Lluvia en Verano”, “Primavera”, “Sombras”, “Trilla”, “Balsa de mis sueños”, “Altos de Sierra Morena”, “Las horas”, “Paisaje”, “Fue el río”) con la misma pervivencia de motivos marinos (“Salpícame ola”, “Viento del mar”, “Entre mar y cielo”). El paisaje aparece en ocasiones vinculado a espacios geográficos concretos (“Galicia”, “A las fuentes del Sil”, “Atardecer”, “La dulce tierra gallega”, “Granada”), alguno de ellos vinculado a la propia Huelva, como “Elegía de la calle de Enmedio”. Al igual que en Bosque sin salida, la Naturaleza ocupa aquí un lugar de especial importancia, con frecuencia representada por algunos de los elementos que la autora había elegido en el libro anterior para proyectar su voz lírica: flores y plantas (“Reseda”, “En el jardín”, “Duda”, “Frutilla verde”, “Naranjo”, “A un árbol abatido por el viento”, “Nievan los chopos”, “Narcisos blancos”, “Violeta”); pájaros e insectos (“Rubias abejas”, “El niño y el pajarito”, “Gallo”, “Quisiera saber”); o estrellas y astros (“Misa de alba”, “Quiero coger estrellas”, “Lunita”, “Secreto”, “Sol”, “buen artesano”, “Al sol tibio”). Sin embargo, incluso en estos poemas se puede apreciar la nota dominante de la nostalgia y la melancolía que caracteriza el conjunto del libro y que se manifiesta en ocasiones de manera explícita, como en “Nubecillas blancas”, “¿Volveré?”, “A mi madre”, “La vieja casa”, “Amor y paz”, “Elegía”, “Llanto”. En general, frente al libro de 1934, éste presenta un mayor número de poemas de carácter abiertamente sentimental o meditativo, cuyo tema es fundamentalmente el amor (“Desengaño”, “Tu sonrisa”, “Sombras”, “Para ser un amor precisa”, “Luz silenciosa”, “Ausencia”, “Como eras antes”, “Un poco de amor”, “Recuerdo”, “Inquietud”, “Aljibe”, “Cautiverio”,
! 137! “Desesperanza”, “Ay soledad”, “campanillita blanca...”, “Juventud”, “Cuna”, “Temor”, “Madrigal”). Esa misma importancia del tema amoroso se manifiesta en los poemas de inspiración más claramente popular (“El buen cerrajero”, “Al alba la vi”, “De plata y nieve”, “Canto de Julieta”, “Copla”, “Verano”, “Beso”), una orientación que presenta una vertiente particular en la poesía navideña (“Villancicos”, “Doncel divino”, “Anegadita de amores”), que conecta inevitablemente con poemas religiosos de inspiración popular (“Una paloma”) que hay que relacionar a su vez con otros poemas de carácter religioso (“Catedral”, “Salvas al señor”, “Dios, sola luz”). Ya hemos mencionado en su biografía que Mª Luisa Muñoz de Vargas fue cristiana practicante y siempre alabó el cultivo de las letras sobre estos temas. Así, por ejemplo, lo haría con el libro “La fiesta de las rosas” del poeta onubense Díaz Hierro136: Distinguido amigo: En este día del Dulce Nombre (…) le doy las gracias por su nuevo y bello libro (…). Hermoso el título y todos los versos. Es una alegría ver como sigue dando buenos poetas este maravilloso cielo de Huelva: Juan Ramón Jiménez, Rogelio, Morgado, Adriano Manzano…y quisiera incluirme yo.. Me dice usted que me parece su libro, pues “una isla de optimismo en un mar que se entristece”, (…). Precioso este poema: Por el temor de la rosa De deshojarse y no ser Sálvame Virgen María, Sálvame. “ Este poeta onubense también serviría de fuente de inspiración para la autora, como el resto de las obras de los poetas de su tierra natal, a quienes elogia en cualquier carta o escrito. Un aspecto esencial del libro es la presencia en él del mundo infantil. Excepto en alguno de los poemas de los años treinta, la presencia de los niños y la recreación del mundo infantil no es ahora tan perceptible, quizá por haberse convertido ya en un elemento constante por sí mismo en la voz poética de la autora. Sin embargo, hay !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 136 Diego Díaz Hierro y la autora intercambiaron correspondencia como era habitual entre la escritora con sus poetas, escritores y amigos de su generación. Cartas atesoradas en la biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid.
! 138! poemas dedicados, desde fuera, al mundo de los niños, como “Ingenuidad” o “Al sol tibio”, mientras que, en otros casos, ese mismo mundo infantil es utilizado por la autora para manifestar sus propias emociones, como en “A cuatro esquinas”. En ese sentido, hay que recordar que al menos ocho de los poemas del libro pasaron ese mismo año a La Princesita de la sal: “Sol, buen artesano”, “Naranjo”, “Verano”, “Paisaje”, “Lunita” (como “Baja, lunita”), “Secreto”, “Quiero coger estrellas” (como “Quiero estrellas”) y “El niño y el pajarito”. Grosso modo, se mantienen las mismas modulaciones de la voz poética de la autora y, por ello, se puede decir que se observan las mismas influencias que habíamos indicado en relación con Bosque sin salida, como las de Juan Ramón (corroborada ahora por el poema “A J.R.J.”) o la de Antonio Machado en “A un árbol abatido por el viento”. Poca huella parece dejar la poesía de la posguerra más allá del recurso ocasional al soneto, pues incluso los poemas de carácter religioso del libro están más próximos a los de Bosque sin salida que a la poesía religiosa existencial de ese período. Mayor importancia parece tener, sin embargo, la poesía popular medieval original (no la que llega por medio de libros como La amante o El alba del alhelí de Alberti), tal como se puede apreciar en poemas como “Al alba la vi”, “Tanto querer”, “Canto de Julieta”, o “Verano”. La obra fue objeto de una reseña en el número de Poesía Española, cuyo autor “C.M.”, alababa por encima de todo la huella de los poemas de orientación popular, en los que percibía “la gracia y la sabiduría poética de la lírica tradicional de nuestros cancioneros” (15): De las canciones –continuaba el reseñistame han llamado la atención algunas por la fuerza expresiva que procede de su misma ingenuidad, tan propia de cierta poesía femenina” (15)137 3.1.4. La Princesita de la Sal (1967) ! En 1967, el mismo año en que vio la luz Lluvia de verano, María Luisa Muñoz publicó La princesita de la Sal, un conjunto de veintidós poemas infantiles, !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 137 Ni qué decir tiene que de la misma crítica se puede extraer un sentimiento de rechazo hacia la escritura femenina.
! 139! ilustrados con siluetas de Elisabeth von Rathlef138 y editado por la Editorial Juventud de Barcelona. En la obra aparecen finalmente reunidos los poemas de aire infantil más característicos de sus otros dos libros. De “Poemas niños”, la sección inicial de Bosque sin salida, pasan un total de siete poemas: “La Princesita de la Sal”, “Luna, lunera”, “Lechuga”, “Campanillas” (con el título “Campanillitas”) “Y más, si me quieres tú” (con el título “Cochinitos de cauchú”), “Por verla llegar” (con el título “Almejas”) y “Arroyito” (con el título “El niño sordo”) a los que se añade “Cántaros rojos”, de “Veredas”. De Lluvia de verano pasan a este segundo libro, tal como se ha indicado, “Sol, buen artesano”, “Naranjo”, “Verano”, “Paisaje”, “Lunita” (como “Baja, lunita”), “Secreto”, “Quiero coger estrellas” (como “Quiero estrellas”) y “El niño y el pajarito”. Los que no pertenecen a los libros anteriores, “Sal “ y “Viento del mar”, proceden de los versos finales de los poemas “Mañana” y “Serranilla”, publicados en el número 15 (1939) de la revista gaditana “Isla”, cuyos versos iniciales pasan (junto con los dos restantes poemas, “Cigüeñas” y “Noche”) a Lluvia de verano, donde constituyen los poemas “Verano” y “Viento del mar” (que pasan a su vez a La Princesita de la Sal) y “Altos de Sierra Morena”139. De ese modo, son sólo cuatro los poemas nuevos que incorpora el libro y que por sí mismos se insertan en las mismas constantes temáticas y formales de los libros anteriores. Así, se puede apreciar, por ejemplo, en “El chopo y el sol”: - Chopito que estás desnudo y descalzo junto al río, chopito, ¿no tienes frío? - Sí que lo tengo, sol, sí. ¿Cuándo me vas a vestir? - En abril, la primavera, que es mi alegre costurera, cose un traje para ti de verdes hojitas nuevas. - ¡Ay, qué contento estoy ya !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 138 Nacida en Estonia en 1919, Elisabeth von Rathlef, se especializó en las figuritas de papel recortado. Véase su obra Siluetas de Barcelona, Editorial Juventud, 1974. 139 Véase la sección “Otros Poemas”.
! 146! Buendía y posterior encarcelación de éste. A partir de aquí, esta senda de colaboraciones de la escritora tan al uso y habituales parecen tornar para volverse instructiva en esta materia, la política. Félix de Bulnes compone y publica para exponer el panorama de las conciencias ideológicas de los españoles antes de la celebración de las terceras elecciones generales de la Segunda República española. Incluso se atreve a dar recetas morales en “Tolerancia”145: Si los españoles tuviésemos un poco más de tolerancia (…), si fuésemos como dicen los ingleses más “road-minded”, todo estaría como una seda. Pero aquí cada cual quiere imponer sus ideas al resto. Cada español se siente árbitro de los ideales del prójimo (…).Seamos tolerantes (…). Hombres así debieran ser nuestros gobernantes. Que supieran gobernar para España entera y no para un sector solo. Esta firmeza en sus palabras adquiere solidez bajo el pseudónimo de Félix de Bulnes y continuará en “Desmateralización de la política”146 para verter su opinión sobre la creación del cuerpo de delegadores del Gobierno de provincia: De perlas me parece a mí que soy completamente apolítico la idea del Gobierno de crear un cuerpo nacional de gobernadores provinciales al margen de los vaivenes de la política. Sin embargo, Félix de Bulnes se imbuirá de los valores ideológicos imperantes en el gobierno provincial de Huelva y cantará las conquistas de la Falange Española, como tuvo lugar en “A la gloriosa e invicta academia de Infantería de Toledo”. Y qué mejor manifestación de la ideología imperante nacionalista que escribir el día de Fiesta Nacional, como lo hizo Félix de Bulnes en “La Provincia”147, el 12 de octubre de 1936: Cuántos años, cuántos siglos hacía que los españoles no sentíamos esa profunda exaltación de espíritu de nuestra invicta raza? (…) Hoy la Virgen del Pilar, la Virgen españolísima, la Capitana invicta de las tropas aragonesas (…), la Generala en jefe de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 145 Artículo publicado en “La Provincia” el 19 de febrero de 1936. 146 Publicado el 16 de marzo de 1936, en el diario “La Provincia”. 147 El 1 de octubre de 1936, el diario “La Provincia” dedica la primera página para comunicar a los lectores los dos valores que a partir de ahora defenderá el diario: Patria y Fe.
! 147! los Ejércitos Nacionales de hoy, sonríe viendo como los españoles, sus hijos, van de triunfo en triunfo llenos de Fe y de Esperanza (…). Éste sería el útimo artículo de carácter político, que, guiado por la voz del Generalísimo, escribiría María Luisa Muñoz de Vargas. Una vez finalizara la Guerra Civil española, la escritora abandonaría su ciudad natal para continuar con su vida en Madrid, donde se dedicaría a escribir narrativa, cuentos de carácter romántico e infantil y teatro. Sin embargo, no se disvincularía totalmente del diario familiar. Desde la capital madrileña, la autora continuaría colaborando en “La Provincia”, pero como siempre lo había hecho antes de la compra del diario por parte de la Falange española, es decir, con voz propia. Bajo el nuevo nombre de “Odiel”, y en la sección denominada “Letras”, la escritora realizaría una crítica (el 5 de octubre de 1941) de la nueva obra poética de Rafael Manzano, Mujer. En ella, recupera su voz y alaba la obra de su comprovinciano y amigo con determinación, una determinación fruto de su propia experiencia poética: El romance, los endecasílabos, los alejandrinos revoloteaban junto a su ventana el día de su nacimiento. Vinieron a posarse en su cuna, picotearon el pan que él les ofrecía, ya niño, en su mano (…). Él mismo reconocía en sus versos influencias de otros poetas (¿Juan Ramón Jiménez, Rogelio Buendía?) Ahora ya el poeta no está influenciado por nadie. Canta su musa sola (…) Para que a Rafael Manzano no le falte ninguna de las cualidades que hacen a un gran poeta, no le ha faltado, como a Bécquer o a Espronceda, un amor imposible. Tres años más tarde, la onubense volvería a colaborar en el que fuera el diario familiar. Y qué mejor ocasión que la conmemoración del Descubrimiento de América, hito histórico trascendental para la provincia de Huelva. Tierras de las que partirían Cristóbal Colón y sus marineros con destino a tierra “desconocida”. El 3 de agosto de 1944, María Luisa Muñoz de Buendía publica en “Odiel” “Una carabela”, un canto a su Huelva: En este rinconcito del mundo tan distinto a todo el resto de él: Varía el color, varía el perfume, cambia la brisa. Sobre las murallas de un agrio color rojizo, el cielo brillaba
! 148! de azul, de un azul fuerte y limpio. El río reflejaba los altos eucaliptos de las orillas en sus aguas teñidas por la historia (…).! Su último elogio a su tierra natal lo haría el 30 de julio de 1946 desde las páginas del diario ABC con “Huelva tropical”. Un artículo reflejo de su buen hacer poético de temática primaveral, tan cultivado por la autora a lo largo de su carrera poética, porque en Huelva encuentra nuestra autora su inspiración: Al llegar al jardín, del que había estado años ausente, me quedé extasiada: se abrían ante mí las adelfas, las palmeras, florecía la morada bogambilia, trepaba la yedra, suspiraban los dondiegos con frenesí desbordante. Los jazmines dejaban caer sus perfumados paracaídas lentamente acariciando el aire a su paso, cubriendo el suelo de levísima nieve (…). Todo en Huelva es tropical: el cielo, las plantas y las almas. Supe también porque Huelva da pintores y poetas (…)
! 149! 3.3. Teatro # # Desde pequeña la escritora mostró ser una gran apasionada del teatro, donde acudía como espectadora siempre que podía. Esta afición la cultivaría con mayor profusión durante el transcurso de su educación en el Instituto Libre de Enseñanza en Madrid, donde culminaría sus estudios tras su estancia en Inglaterra. Sus designios como escritora, unidos a su pasión por el arte de la escena y la apretada situación económica familiar por la que atravesaría como consecuencia de la reclusión de su marido en un sanatorio de la capital, conducirían a la autora a probar suerte con el género teatral. Su primera incursión en el mundo de las tablas sería a través de la puesta en escena de la obra Destino’s Hotel148. Se trata de un título desconocido del que no tenemos ningún tipo de información, pero que, sin duda, sería una de sus primeras obras teatrales, bien como traductora, bien como adaptadora. Decisivo en su carrera sería el traslado de residencia de la escritora a la capital del espectáculo en Madrid, allá por el año 1944. Destino que le proporcionaría nuevas oportunidades para darse a conocer en el género teatral. Su dominio del inglés, habilidad con el lenguaje y el conocimiento del teatro de aquellos años, así como su pasión por dramaturgos clásicos como Lope de Vega o Shakespeare conducirían a María Luisa Muñoz de Vargas a traducir y adaptar obras diversas. La escritora optaría por llevar al escenario títulos que triunfaban en Londres gracias también a las amistades cultivadas en los círculos de la cultura española, como Adriano del Valle, y que le abrirían las puertas de los escenarios de Madrid y Barcelona. En la década de los cincuenta, María Luisa Muñoz se atrevería con otra adaptación teatral. En este caso, de la novela de Somerset Maugham, Tu mujer y mi mujer (Home and Beauty)149, estrenada en mayo de 1950 de la mano de la actriz Irene López Heredia, según la reseña publicada en ABC el 14 de abril de ese año: Ayer se estrenó en el Benavente la adaptación de una obra de W. Somerset que lleva el título Tu mujer y mi mujer y que firma Félix de Bulnes (seudónimo de Mº Luisa Muñoz de Buendía). El público rió muchísimo y se divirtió en gran escala durante el !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 148 Obra atribuida a María Luisa Muñoz de Buendía en las primeras páginas de su libro poético Bosque sin salida (1934). 149 No hemos localizado ninguna edición de la obra con la traducción de la autora, aunque Hormigón la menciona en su obra del año 2000: Autoras en la historia del teatro español (1500-1994), volumen II. (Publicaciones de la Asociación de directores de escena de España, Madrid) !
! 150! curso de los tres actos y aplaudió con insistencia al fin de cada jornada (…). Era ya una obra conocida del público español porque la obra se llamó en el cine “Demasiados maridos” y en su primera versión escénica castellana que firmaron Elena de Ampudia y María Luisa Muñoz de Buendía “Mis maridos” (.)Es una farsa vodevilesca, llena de felices alusiones a los temas de la posguerra, con diestra exhibición de frases y situaciones irónicas y sarcásticas y osado atrevimiento. En esencia, la trama se reduce al conflicto que se plantea entre una mujer y dos esposos, uno de los cuales, a quien se creía muerto, “resucita” y crea el litigio de raíz burlesca (…). Sin embargo, a esta buena crítica hay que unir otras tantas negativas en torno a la misma obra, de las cuales, a pesar de no haberlas localizado, sí sabemos de su existencia a través de una carta remitida por Rogelio Buendía a su mujer. En ella, el médico da a su esposa la enhorabuena por su traducción, al tiempo que la anima a seguir escribiendo debido al escaso apoyo recibido: Lamento el poco éxito de tu traducción de Maugham aunque tu traducción, sobre todo el primer acto es ¡magistral!, es mucho mejor que todo el teatro ñoño, estrépito para teatro de aficionados, que el teatro español de ahora. Es más, el médico alaba el trabajo realizado por la autora al situarla en un nivel superior al de otros títulos más sonados, como serían en aquel momento los nombres de Benavente o Muñoz Seca. Rogelio se lamenta de las malas críticas vertidas sobre una obra que para el escritor nada tenía que ver con la tendencia de aquellos años: Preferible al teatro de Muñoz Seca, de Arniches, del de Dicenta y hasta el de Benavente de los primeros tiempos y algunas cosas de los Quintero. Y ya era malito todo eso… yo había soñado un teatro robusto, duro, humano, nuevo por el fondo y por la forma, y me convenzo, que si esa obra traducida por ti, ni público ni críticos la tratan así, ¿qué podían hacer con algo verdaderamente humano y sentido…? Estas palabras de reconocimiento al trabajo de María Luisa Muñoz de Buendía serían un bálsamo reparador para continuar traduciendo otras obras para su representación. Así, en 1951, adaptó una nueva comedia inglesa, La sonrisa de la
! 151! Gioconda, de Aldous Huxley, que fue estrenada el 27 de enero de ese mismo año en el Teatro Lara de Madrid, bajo la dirección de Alfonso Sastre. La única información que tenemos de ella proviene de la obra Historia y antología del teatro español de posguerra (1940-1975) de García Ruiz y Torres Nebrera y en ella se nos dice que era “un texto de mala calidad, mal traducido por Mª Luisa Muñoz de Buendía” (2005: 113)150. Sin embargo, estos juicios no frenarían el ímpetu de Félix de Bulnes quien continuaría trabajando para los escenarios. En 1952, realizaría dos adaptaciones de Jan Hartog: Historia de un matrimonio y The fourposter151, ambas estrenadas en Barcelona (Hormigón 2000: 405). Asimismo, por esas fechas, Muñoz de Vargas haría otro tanto con una comedia de Guy Bolton, titulada Por encima de la vida, basada, nuevamente, en una novela de Somerset Maugham y llevada a los escenarios de Madrid y Barcelona. Con este título llegaría por fin un éxito tanto en las tablas de la capital madrileña como de Barcelona y Valencia, pues así se lo corroboraría su esposo Rogelio Buendía en una carta, el cual por entonces residía en Alicante: ¡Magnífica traducción! El primer acto, un prodigio de diálogo, de gracia chispeante, una verdadera joya. Sin ese acto sería una obra más de Maugham, que a mí no me gusta. Pero tú has puesto en la traducción tanto cariño, que la haces interesante, y en el primer acto magnífico. El teatro estaba, el patio casi lleno, las gradas, menos de media. Aquí la gente no va a ver comedias, prefiere las revistas, las varietés, el monstruoso engendro llamado el folklore (…). Muchas veces levantaron el telón en tu obra y hubo aplausos muy grandes en el 3º y 4º acto (…). Supongo que en Barcelona la habrán puesto muchas noches. Te auguro que en Madrid has de tener un éxito de público (…)”152. Ahora bien, su esposo, al igual que la animaba a escribir, también se mostraba crítico con algunos defectos: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 150 Una vez más se expone de manera clara la animadversión hacia el quehacer de la autora. 151 Este título se menciona en una carta escrita por María Luisa Muñoz, enviada a Zenobia y conservada en la biblioteca de José Rogelio Buendía en Madrid y la Universidad de Costa Rica. 152 Pensamos que pudiera estar haciendo mención del estreno de la obra reseñada en Valencia. En aquel entonces, Rogelio Buendía ejercía su profesión como médico en Alicante. Además, en la misma carta que la augura suerte en los escenarios de Madrid y Barcelona.
! 152! Encuentro un defecto en la obra, y es que cuando se van los dos primeros actos se ve el desenlace, a causa del crítico del teatro. El título debe ser siempre un enigma. De la misma forma que le advertía a la autora de las fuertes críticas que siempre han existido en Madrid: La crítica en Madrid es muy especial, pues no pueden ver al Maugham, y está llena de pedantes avinagrados. Pero lo que es preciso es que tengas un gran éxito de público” La quinta adaptación conocida que la autora llevó a cabo fue Body and Soul, de Arnold Benett, a la que se refiere Hormigón (2000: 244) sin dar más datos. Es, sin duda, esta etapa de la biografía de la autora la más incompleta debido a la escasez documental sobre el teatro de posguerra en España. No obstante, además de las adaptaciones teatrales mencionadas, la escritora se atrevería con la producción teatral. Se conservan, en la biblioteca de su hijo en Madrid, manuscritos escritos a máquina por la propia autora bajo el pseudónimo Félix de Bulnes. Estas obras tienen como título Calle de la amargura; El Pueblo153 , Única y El muérdago154. ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! ! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 153 En la portada de la obra consta que es una comedia dramática en tres actos.- original de Félix de Bulnes. 154 La escasez de trabajos de investigación sobre teatro impiden corroborar si estos títulos fueron llevados a escena o publicados. Ninguna de ellas está fechada.
! 153! 4.1. Nuestra edición El conjunto de la poesía de María Luisa Muñoz no presenta problemas importantes de carácter textual. Las modificaciones que sufren los poemas al pasar de la prensa periódica a los libros no son verdaderamente significativas, al igual que tampoco lo son las que se aprecian en los poemas que pasan de un libro a otro. En ese sentido, lo único reseñable es la composición de La Princesita de la Sal, que toma ocho poemas de Bosque sin salida155 y otros ocho de Lluvia en Verano156, incorporando un total de seis poemas nuevos, aunque algunos de ellos habían visto la luz en periódicos y revistas, como es el caso de “Viento del mar” y “Sal”. Llama la atención que la autora publicase Lluvia de verano y La Princesita de la Sal en el mismo año, 1967, a pesar de la repetición de tener en común ocho poemas, por lo que cabría más bien considerar que el libro original es Lluvia en verano y que La Princesita de la Sal no es más que una antología de la poesía infantil. Sólo tratándose de una antología se entiende que la autora no incluyera otros poemas de carácter más explícitamente infantil (como “El tantarantán” o “Pirulín”) de los que componen la primera sección de Bosque sin salida, titulada “Poemas niños” y dedicada, de hecho, a sus hijos. En ese sentido, un caso interesante es el de la serie de cuatro poemas publicada en 1939 en el número 15 de la revista gaditana “Isla”, bajo el título “Poemas andaluces”, pues, tal como se indica en nota, dos de los poemas incluidos en la serie, “Mañana” y “Serranilla”, generan cada uno de ellos otros dos que se incluyen más tarde en Lluvia en verano y La Princesita de Sal, como si la autora hubiera decidido dividir cada uno de los poemas en dos mitades destinadas a cada uno de los dos libros de 1967. La edición está organizada en cuatro bloques correspondientes a cada uno de los tres libros, bloques que completamos con una sección de “Otros poemas”, en la que !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 155 “Cántaros rojos”, de “Veredas”. “La Princesita de la Sal”, “Luna, lunera”, “Lechuga”, “Campanillas” (como “Campanillitas”) “Y más, si me quieres tú” (con el título “Cochinitos de cauchú”), “Por verla llegar” (como “Almejas”) y “Arroyito” (como “El niño sordo”). 156 “Sol, buen artesano”, “Naranjo”, “Verano”, “Paisaje”, “Lunita” (con el título “Baja, lunita”), “Secreto”, “Quiero coger estrellas” (con el título “Quiero estrellas”) y “El niño y el pajarito”. 4. OBRA POÉTICA
! 154! incluimos los publicados en prensa periódica y revistas literarias, con excepción de los que pasaron en su momento a los libros, aspecto éste que se hace constar en las correspondientes notas. Por lo que respecta a las tres primeras secciones, hemos elegido la versión que figura impresa en cada uno de ellos, indicando en nota las variantes que afectan sobre todo a los poemas que pasan de los otros dos libros a La Princesita de la Sal y a algunos poemas publicados en prensa y revistas, y, especialmente, a los que en los dos libros de 1967 tienen su origen en la mencionada serie publicada en “Isla”, que hemos decidido transcribir en la sección “Otros poemas” tal como fue publicada originalmente. Por último, hemos decidido mantener, con sus variantes, el texto de La Princesita de la Sal, a pesar de que son sólo cuatro los poemas nuevos que incorpora, puesto que se trata de una de las obras más conocidas de la autora y muestra una unidad que no podría percibirse si sólo fueran transcritos dichos poemas.
! 155! 4. 2. BOSQUE SIN SALIDA
! 258! -¡Ya se fue1 ¡ Ya se fue! ¡Ah pícaro! ¡Ya verás! Se había ido. Allí estaba con una risita de guasa, en la tapia del corral, como diciendo:- ¡Qué tonta! ¿Te crees tú que me voy a ir? ¡Cá, mujer, cá! ¿Dónde has visto tú que un nene mimado vaya por esos mundos a ganarse el pan? Es mucho más cómodo que le abran a uno el piquito y le den las miguitas, diciéndole:-Toma Lirito, monín. Y, además…¿dónde me iba a ir yo con este aspecto tan…tan cursi? ¡Mira que estoy!¡Bueno me han puesto!¿Qué dirían mis compañeros, los gorriones si me vieran así? ¿Qué diría? Bueno, estaré cursi; pero estoy más bonito! ¿Por qué serán las cosas bonitas cursis? Cuestión de gustos. Más bonita que mi alma, y sin embargo, la señora fea del principal me dice que es cursi… La amita estaba cansada de esperar que Lirito se dejase de filosofías. Verdaderamente que para ser un gorrión, Lirito pensaba demasiado; bien que, aunque lo crea, no lo parecía. ¿Quién iba a decir que un pajarito dorado, con la crestita roja más mona del mundo, era al fin y al cabo, un simple gorrión, ni más ni menos que esos que andan por las calles? La amita se desesperaba: -Baja Lirito, que es hora de arreglarse. No se lo tuvo que decir dos veces. Lirito era muy presumido. Le encantaba dejarse pintar sus plumitas y ponerse una crestita de bayeta flamante cuando la vieja se descoloría. Bajó Lirito y su ama le arregló. ¡Qué mono estaba! Parecía otro, un pajarito de los Trópicos. Las noches de invierno dormía bajo la patita de Choli, un gato de Angola auténtico. Con las caricias de su amita y de Choli, era feliz. Sólo cuando alguna de las clientes (su amita era modista) le llamaba cursi, Lirito sufría. Aunque él lo sabía, no le gustaba nada que se lo dijesen. Lirito tenía la pícara costumbre de posarse con el pie de las damitas mientras se probaba. Un día vio probarse a una dama muy peripuesta. -Otra como yo –pensóparece un colibrí y no es más que gorrión. No pudo contenerse. La miró con sus ojillos burlones y ella comprendió.. Cuando fue a posarse en el pie, se alzó éste y Lirito murió aplastado. La pobre amita se quedó llorando: pobre Lirito era un gorrión; pero así pintadito, con su crestita de bayeta grana, parecía otra cosa! ! Evocación del siglo XVIII204! ¡Oh rosas blancas entre fresca yedra sobre el clavo callado, ¡Deshojaos, blancas rosas, deshojaos y nevad sobre el viejo teclado que corrieron las manos de mujeres que tenían los cabellos empolvados! ¡Oh rosas blancas de suave aroma en jarrón esmaltado! !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 204 “La Provincia”, 17-12-1920. Firmado: Félix de Bulnes.
! 259! ¡Deshojaos, blancas rosas, deshojaos! Cubrid con vuestra nieve el viejo piano donde duermen las almas de mujeres que tocaban sonatas de Bethoven, pavanas, minuetos… y eran como vosotras, rosas blancas sus lindas cabecitas soñadoras, de cabello empolvados. Plegaria205 ! Jesús, haced que en mis labios no brote el agravio que hiera al hermano, haced que en mi mano riegue y no recoja la flor y la hoja que alegra el camino de los peregrinos que cruzan la vida… Haced que trabajen mis brazos, que me guíen mis pasos hacia tu clemencia. ¡Dadle claridad a mi inteligencia! A mi corazón, Señor, dadle amor, y a mi alma, perdona, Señor, sus flaquezas. A la Flor de lobo206 ! FLOR DE LOBO: !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 205 “La Provincia”, 13-4-1922. Firmado: Félix de Bulnes. 206 “La Provincia”, 1-6-1922. Firmado: Félix de Bulnes.
! 260! Yo te haría emblema de la Sierra, tus pétalos son cárdenos morados y violetas como los dulces tonos de las viejas montañas, de las regias hortensias y las ingenuas malvas que crecen en los bosques sombríos de castaños; que ambar dorado llevas sobre tu corazón un pedazo de cielo a la puesta de sol. Tu nombre es la armonía suprema de la vida: Flor, mágica palabra síntesis de la forma y el color. En ti vive la rosa, los lirios, el clavel, tu alma es el perfume, de ti nace la miel. Lobo, palabra rebosante de energía y pasión, de fuerza, de venganza, de odio, ¡de ambición! Flor de lobo, Reina de la montaña: Yo te haré emblema de la Sierra: ¡Tienes los tonos malvas y rojos de su tierra! Árbol207 Árbol, yo te he sentido junto a mi corazón como un hermano silencioso. Yo te tenía abrazada, árbol, amigo mío, mi frente descansaba sobre tu piel profunda y tú me consolabas con la dulce frescura que tu savia arrancaba de las aguas del río. Árbol, tú bien sabías que yo, junto a ti era solo la sombra mía !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 207 “Noreste” 1 (1935) Firmado: María Luisa M. de Buendía.
! 261! en esta primavera. Balada208 ! La rueca y el yunque Azul es la flor del lino y sus hebras son de plata, tu cabello es oro fino y tus manos son dos alas. Dale niña a la rueca, dale, que si no se para. Canciones de amor oí y me entretuve a escucharlas... ¡Ay, el corazón perdí mientras la copla duraba! Dale niña a la rueca, dale, que si no se para. Salta la chispa en el yunque y en el pecho el corazón, ardiente y rojo, se funde solo con oír tu voz. Entre las sombras dejé mi alegría una mañana y a la sombra de tu amor he vuelto hoy a encontrarla. Dale niña a la rueca, dale, que si no se para. Poemas andaluces209 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 208 Idem. 209 “Isla” 15 (1939): 156-7. Firmado: María Luisa Muñoz de Buendía.
! 262! Mañana ! No puede con tanto sol, la flor, no puede con tanto amor, la flor, agüita fresca requiere, que con tanto sol, no puede. Serranilla ! El airecillo del mar viene alegrando la sierra, toma las flores por conchas, el musguillo por arena, ¡piececitos de mi niña bañándose en la ribera! El airecillo del mar, jugando entre jaras, viene alegrando la sierra; ¡estará la mareíta alta en mi marisma salada! ¡Viento del mar! ¡Viento del mar! De tanto andar por lo montes, se te ha caído la sal. Ya no me hueles a nada, a nada, viento del mar.
! 263! Cigüeñas210 ! Cigüeñas en los trigales como blancas azucenas; alta la pierna, el plumaje nieve de plata serena. Noche211 Torres de alabastro, muros de cristal, ante mi mirada desfilando van; labrados por sombras, no son realidad; los teje la noche y la soledad. ¡Qué sombría es esta que pasa…!212 ! ¡Qué sombría es esta que pasa como un ala por mi casa, sin que la pueda entrever! es él, que aunque lejos, viene a rondarme cual doncel que enamorado rondase a quien suspira por él. Primavera213 !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 210 A diferencia de los dos anteriores, que sufren alteraciones al pasar a Lluvia en verano y La Princesita de la Sal, donde dan lugar a otros poemas, éste pasa sin modificaciones a Lluvia en verano. 211 Es el único poema de la serie que no pasa a los libros de 1967. 212 Este poema pertenece a la colección de los que se publicó en la revista madrileña “Hoy” el 28 de marzo de 1942.
! 264! Los árboles alzan sus ramas al cielo pidiéndole a Dios les mande alegría y tome las huellas que dejó el frío hielo y llenó sus venas de melancolía. Y Dios les escucha y manda la lluvia que infle con su beso los tibios dolores estalle la savia, florezcan sus brazos y canten las hojas sus claras canciones. ¡Ya es la primavera, los árboles tienen un manto de oro; Ya es primavera! Ya vuelve a volar la quimera! ¡También han nacido margaritas rosas, en los corazones que nubló la pena! Invierno214 Si todas las rosas se deshojan, todas, menos la roja que late de amor. Tiembla igual que un mimbre, canta igual que un ave pero nadie sabe quien la enamoró. Todas las rosas mueren cuando llega el frío menos esta rosa en el pecho mío. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 213 Poesía publicada en la revista madrileña “Hoy” el 29 de marzo de 1942. 214 Poema publicado en la revista alicantina “Cuadernos literarios” en febrero de 1948.
! 265! Villancico215 Ni jacintos ni azucenas ni jacintos ni azucenas ni jazmines, ni alhelí perfuman como el clavel que en un pesebre yo vi. Nacido ha de una Rosa en que el Verbo se prendió es rosa de Jericó y no la hay más hermosa. No la igualara el mismo sol ni la nieve ruborosa cuando el alba la enamora, en su más tierno candor, a esta Niña que es Señora a esta Virgen que es Esposa y Madre del mismo Dios. Ni jacinto, ni azucena, ni jazmines, ni alhelí, perfuman como el clavel que en un pesebre yo vi. ¿Por qué me llamabas mía?216 ¿Por qué si no me querías me llamabas mía? !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 215 Villancico publicado en la revista madrileña El Santísimo rosario en diciembre de 1949. 216 Versión española de la versión inglesa publicada en la edición británica promovida por Joe Kay y su “Burlington Garden Club Orquestra”.
! 266! ¿Por qué fingirme pasión si ya había muerto tu amor? Refrán Como una rosa al alba suspira por rocío así suspiro yo por ver al amor mío. Yo iba hacia ti ligera como río hacia la mar creyendo que me querías y tú no me quieres ya. Al cesar las estrellas de brillar con el sol bebías mi amor a besos y yo perdí tu amor. Las horas217 La luz hiere de nuevo la playa, el mar murmura suavemente, la brisa es fresca, un corazón se duerme mientras yo miro el mar. Todo me da la sensación de eternidad: la luz, la playa, mi corazón, el mar. Es un momento único, interminable. Pero estoy sentada a la sombra de una caseta: la sombra se achica. Ya da el sol en mis pies. Un grillo recorre el filo de la sombra, va dejando en la arena la huella de sus pasos, sigue recorriendo el borde la sombra que va achicándose más y más. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 217 Poema en prosa publicado en el suplemento “Letras” del diario “Odiel”, 5-10-1941.
! 267! El grillito, reloj vivo, graba las horas en la arena y dice: Estamos en la vida, el tiempo pasa.
! 274! en el periódico familiar “La Provincia” (donde firmó un total de 23 textos -poemas, cuentos y artículos de opiniónentre los años 1919 y 1936) al tiempo que colaboró con otras cabeceras y revistas como “Semana Santa” (Isla Cristina), “Papel de Aleluyas” (Huelva), “Grecia”, “Hoy”, “Ardor” e “Isla”, el “Diario Odiel”, “ABC”, en la revista “Caracola”, etcétera. Como hemos descrito, desde su juventud Mª Luisa Muñoz de Vargas se entregó a la literatura escribiendo poesías, cuentos, novelas y relatos pero también asimilando su esencia asistiendo a las tertulias literarias de la época, gracias por otra parte por conocer al que fue su marido, el médico-poeta Rogelio Buendía. Enlace que marcó definitivamente su carrera literaria, no sólo porque a partir de entonces firmaría sus escritos como María Luisa Muñoz de Buendía sino porque formar una familia pasó a ser una prioridad en su vida. Lo que dio lugar a que sus producciones fueran discontinuas en el tiempo. Quizás por esta razón los antologistas desdeñaron su quehacer literario. Ahora bien, el primer año de matrimonio también trajo a la escritora la oportunidad de viajar por diferentes ciudades europeas como París, Lyon, Berna, Zurich o Roma, periplos que inspiraron a la autora para crear la que fue su primera obra de envergadura, la novela corta Herrumbre en el Alma (en 1925) y que firmó con el pseudónimo Félix de Bulnes. No volvería María Luisa Muñoz de Vargas a publicar un nuevo libro hasta nueve años más tarde, un tiempo que destinó a formar su propia familia. Entre 1925 y 1934 nacieron sus dos hijos José Rogelio y Rosa María, a quienes les dedicó el que fue su primer y gran libro de poemas, Bosque sin salida (1934). Como es evidente, la vida profesional de las personas siempre va muy ligada a la vida personal. Así, por ejemplo, María Luisa Muñoz de Vargas tuvo que empezar una nueva vida en la capital madrileña a causa de la entrada en prisión de su marido, Rogelio Buendía, por haber presidido en Huelva el Partido de la Izquierda Republicana. Internamiento que además provocó en el médico un deterioro en su salud y el posterior internamiento en un sanatorio madrileño. Indudablemente, estos años no fueron los más felices de María Luisa Muñoz de Vargas. Tuvo que sacar adelante a su familia en unos años de estancamiento de la economía nacional a causa de la posguerra. Corrían los años cuarenta en España cuando la escritora, forzada también por la necesidad de granjear ingresos a la unidad familiar, supo aprovechar la coyuntura de residir en la capital de las letras y de la cultura para continuar forjando su carrera literaria. En esos años, María Luisa Muñoz de Vargas compaginó su colaboración en
! 275! diarios y revistas de la época con la creación de una novela rosa (en 1940 publicó Toros y Palomas), el cuento “Rueda el amor” (publicado en las páginas de la revista “Primer Plano” -25 de abril de 1943- ), la impartición de clases de inglés y las traducciones. En estos años, la vida de la escritora fue agitada y convulsa por las circunstancias personales, desavenencias que por otra parte enriquecieron su carrera a partir de su incursión en el género dramático. Mª Luisa Muñoz de Vargas realizó adaptaciones de obras teatrales inglesas al castellano: en mayo de 1950, la autora llevó a las tablas la obra Tu mujer y mi mujer, de Somerset Maugham; en 1951, La sonrisa de la Gioconda, del británico Aldous Huxley; en 1952 hizo otro tanto con Historia de un matrimonio de Jan Hartog y Por encima de la vida de Somerset Maugham. Otro de los títulos que llevó a los escenarios fue Body and Soul de Arnol Beniot así como la comedia Destino’ s Hotel. Sin olvidar que ella misma representó alguna obra de teatro de la mano de su amigo Gregorio Martínez Sierra. Así lo hizo con Rosina es frágil. Y por otra parte escribió cuatro obras teatrales (El Pueblo, Única y El Muérdago o Calle de la amargura) que a pesar de que no sabemos si fueron llevadas a escenas, si se encuentran conservadas en casa de su hijo, José Rogelio Buendía, y firmadas bajo el pseudónimo Félix de Bulnes. Ahora bien, en estos años María Luisa Muñoz de Vargas no abandonó su pasión por la prosa o la poesía. Concretamente en la década de los cincuenta y sesenta escribió sus últimas obras que se repartieron entre libros de cuentos y poemas infantiles, como Cuentos selectos (1951), La Princesita de Sal (1967) o Lluvia en verano (1967), y “novelas rosas” como El amor no pide permiso (1958) o Tres días de amor (¿). Teniendo en cuenta la no conservación y pérdida de parte de su correspondencia por aquel entonces con personalidades de renombre del mundo de la cultura, y que hemos comentado en el apartado 2.1.5. de este estrabajo, seguramente, María Luisa Muñoz de Vargas prestó sus escritos a otros soportes editoriales u otros productores teatrales. En cualquier caso, su actitud precoz y su dominio del idioma inglés le permitió conocer, según consta en su correspondencia, a Maurice Chevalier, Gabriela Mistral, Gregorio Martínez Sierra, Juan Ramón Jiménez, Zenobia Campubrí, y por supuesto, a su gran admirado, Benito Pérez Galdós. Contactos que le abrirían puertas en el mundo de la cultura y que le permitirían pulir sus trabajos a partir de las recomendaciones de los más ilustrados. A pesar del carácter multifacético del conjunto de su producción, la poesía
! 276! ocupó en ésta un lugar central, no sólo por ser el género que cultivó de manera más asidua y a lo largo de toda su vida sino porque resultó ser asimismo el único en el que hemos encontrado resultados más homogéneos, en la forma de tres libros y numerosos poemas publicados en diferentes revistas y periódicos. En lo que respecta a su evolución, la lírica de María Luisa Muñoz de Vargas pasó por las mismas fases que la de cualquier autor del siglo XX. El neopopularismo de la primera época (hasta 1925 aproximadamente), en la que predomina el magisterio de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Alberti, y en la que abundan los temas y formas populares, tratados eso sí, desde un punto de vista culto, muy formalista y exquisito. Una segunda etapa bien marcada está constituida por el periodo comprendido entre 1925-1931, aproximadamente. En estos años la autora colaboró con las revistas “Papel de Aleluyas” , “Alfar” y “Gaceta Literaria”, vertiendo versos donde están presentes objetos modernos y donde la metáfora pasa a ser un componente esencial que deforma o elude la realidad y crea una nueva visión de ella. Ahora la poeta dirige su mirada a los elementos de la vida moderna y, la naturaleza que se contempla es sustituida por el paisaje urbano. La tercera etapa poética está marcada por el compromiso, la rehumanización, la poesía social y política, sobre todo a partir de 1931 con el advenimiento de la II República y marcada por la aparición en 1930 de El nuevo Romanticismo de José Díaz Fernández. En ella, con la publicación de su gran libro de poemas Bosque sin salida en 1934, la autora muestra una gran madurez gracias al nuevo lenguaje poético que las vanguardias le ofrecen para el tratamiento de los mismos temas que parecían interesarle desde sus comienzos en la poesía del último modernismo. Véase también sus colaboraciones en las revistas vanguardistas “Grecia” o “Isla”. Su primer gran libro de poemas, Bosque sin salida, prologado por su gran amigo y comprovinciano Juan Ramón Jiménez, está constituido por una colección de setenta y tres poemas divididos en tres secciones (“Poemas niños”, “Veredas” y “Varia y múltiple”), dedicados a sus hijos y su marido. El título del libro, Bosque sin salida reproduce el del poema que abre la tercera sección, cuyo contenido nos aclara el sentido del libro y también su estructura. La obra poética reproduce de alguna manera el conjunto de su universo vital en el que los hijos y el marido apenas dejaban en medio un espacio propio para ella. La imagen del bosque sin salida adquiere igualmente sentido tras la lectura del prólogo de Juan Ramón, quien, al hilo de la importancia de los motivos florales en la obra de María Luisa Muñoz de Vargas, pone en relación el
! 277! bosque con otro espacio igualmente cerrado y vegetal, el patio que ocultan las casas de Huelva en su interior y en el que, rodeada de flores, se imagina a la autora, una imagen con la que probablemente pretende representar su sensibilidad poética. La autora presenta numerosos rasgos en común con otras poetas contemporáneas, como Concha Méndez (Surtidor), Josefina de la Torre (Versos y estampas y Poemas de la Isla), Ernestina de Champourcin (Ahora), o Carmen Conde (Júbilos), de acuerdo con el perfil común que traza de ellas Emilio Miró en su Antología de poetisas del 27 (1999). Su obra confirma, desde luego, esta proximidad, pues en ella encontramos la misma tensión entre modernidad y tradición y que se da en las mencionadas autoras, así como las mismas alusiones a la maternidad y la ocasional presencia infantil. Por otra parte, este libro tuvo trascendencia en el terreno de la literatura infantil. El mismo año en que sale Bosque sin salida y respondiendo probablemente a los mismos estímulos, aparecieron Júbilos (Poemas de niños, rosas, animales, máquinas y vientos) de Carmen Conde, con quien la autora mantuvo amistad, y Candor: Niños y flores, de Josefina Bolinaga, así como las Canciones infantiles recogidas por María Rodrigo y Elena Fortún (García Padrino, 1990: 69) o la antología La poesía infantil recitable (1934) de Luis Sánchez Trincado y Rafael Olivares Figueroa (García Padrino, 1990: 69). Algunos de sus poemas, como por ejemplo la “Nana de María Rosa”, han sido incluidos en la antología de Carme Riera El gran libro de las nanas (230), o el conjunto del libro incluido en el catálogo Pequeña memoria recobrada. Libros infantiles del exilio del 39 dentro de la sección “La Edad de Plata y los libros infantiles: 1920-1938” (2008: 202). La autora no volvió a publicar un nuevo libro de poemas hasta 1967, año que dio luz a Lluvia en verano y La Princesita de la Sal. El primero de ellos es un compendio de 86 poemas relacionados con episodios de la vida de la autora y donde persevera en sus constantes temáticas con paisajes, motivos florales, religiosos, infantiles y reminiscencias de su juventud. Un aspecto esencial del libro es la presencia en él del mundo infantil donde el diálogo marca el ritmo de los versos, de la misma forma que la nostalgia y el amor se funden en armonía. La Princesita de Sal (1967) es una nueva colección de poemas infantiles de la autora y en el que se da cabida a algunos de los publicados anteriormente más otros nuevos, todos en la línea de las constantes temáticas mentadas. En ella observamos elementos típicos de la poesía infantil de todos los tiempos, como la sencillez en la construcción sintáctica, los versos cortos, las metáforas simples, los diminutivos, las
! 278! aliteraciones, onomatopeyas, las repeticiones y estribillos y, de manera general, una musicalidad simple. Del mismo modo, el diálogo con la naturaleza o la presencia de lo maravilloso y sobrenatural se muestran ampliamente en estos poemas. En general, la trayectoria poética de María Luisa Muñoz de Vargas se caracteriza por una temprana asimilación de las corrientes de la época: la herencia romántica de la etapa anterior, un modernismo temprano y un afán de modernización con las vanguardias y la denominada Generación del 27. En este sentido, cabe destacar en su obra poética un sello muy personal caracterizado por una inclinación por la sensualidad y delicadeza a través de la figura del jardín y las flores (a imitación de su admirado Juan Ramón Jiménez); una herencia romántica becqueriana con sentimientos profundos tendentes a la naturalidad y búsqueda de lo esencial, el amor (ya sea materno, fraterno o conyugal); una infancia y juventud en estado latente constante a partir del símbolo del mar; la predilección por los versos cortos y rimas fáciles; y como no, las llamadas de atención constantes al receptor, principalmente en su poesía infantil. Con respecto a la prosa, María Luisa Muñoz de Vargas recreó su ingenio produciendo pequeños relatos en prosa que publicó principalmente en “La Provincia” pero también en las revistas “Papel de Aleluyas”, la serie sevillana “la novela del Día” o las madrileñas “Letras” y “Primer Plano”. Sin olvidar su también dedicación a lo fabuloso y fantástico y concentrado en sus Cuentos selectos (1951). Aunque el grueso de esta producción culminó con los títulos de las novelas, de corte romántico, Toros y palomas (1940) y Tres días de amor (1949). En todas ellas el amor es el tema central de una serie de historias protagonizadas por personajes femeninos y ambientadas en ciudades andaluzas y que la autora conoció bien, como Madrid, Córdoba, Sevilla o Huelva. Y siguiendo la tendencia de los escritores de su generación, el cuento también fue una conquista de Muñoz de Vargas como el titulado “Rueda el amor” (1943) y que fue publicado en la revista “Primer plano”. Esta obra fue recogida años más tarde en Cuentos de cine. De Baroja a Buñuel (1999), obra de referencia acerca del nacimiento del nuevo arte. La escritora onubense, como el resto del conjunto de los autores de su generación de la Edad de Plata, recurrió al cine en su prosa. Una razón más para incluirla en ese grupo selecto de escritores al igual que la inclinación por publicar algunos de los cuentos en revistas, como lo fue “Canción lejana” en “Letras” o “Como el humo del tren”. La versatilidad de la pluma de María Luisa Muñoz de Vargas también se
! 279! aprecia en sus colaboraciones en prensa recreando recuerdos del pasado (“Colegialas”), haciendo homenajes poéticos a figuras como Carmen Conde, Lope de Vega o Juan Ramón Jiménez (“Elegía a la Calle de En medio”, “La tonta de los milanos”, “A Juan Ramón Jiménez”) u opinando sobre los impuestos, la justicia o la política. Aunque también fue víctima del escenario político de la guerra civil y se dejó seducir por la nueva ideología imperante en el periódico familiar (con títulos como “La desmaterialización de la política” o “Artículo de elogio a los cadetes de Toledo”). Ya en Madrid, y con un clima político más estable, Muñoz de Vargas continuó publicando en cabeceras del sur para hacer críticas literarias (“Mujer”), rememorar el Descubrimiento de América (“Una carabela”) o simplemente dedicar unas letras a su provincia natal (“Huelva Tropical”). Fue por tanto María Luisa Muñoz de Vargas una escritora polifacética que vertió su ingenio en cuentos, novelas, artículos de opinión, teatro y poesías (en revistas y periódicos de tirada nacional, regional y local). Una mujer del siglo XX que intentó compaginar la modernidad con la tradición, enamorada de su tierra, la literatura y su familia. Una joven entusiasta, culta y bilingüe capaz de internacionalizar el teatro español con adaptaciones castellanas de obras populares inglesas. Fue hábil, inteligente, prudente y valiente. Y capacitada para hacer todo lo que se propusiera pero sin llamar la atención, sin salir de los márgenes impuestos por la sociedad del momento, sin ensombrecer la imagen de su marido y poeta Rogelio Buendía. Pero si tenemos que destacar algún rasgo de su personalidad en la escritura fue su humildad e inseguridad. Nunca estuvo conforme con lo que escribía y siempre dudaba de la valía de sus producciones. Imaginamos que fue una tónica común de aquellas mujeres precursoras, que como María Luisa Muñoz de Vargas, tuvieron miedo de las críticas de aquellos que dominaban las riendas del mundo.
! 280!
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! 295! VALBUENA PRAT, Ángel (1930), La poesía española contemporánea, Madrid, Compañía Iberoamericana de Publicaciones. — (1953), Historia de la Literatura Española, Volumen IV, Barcelona, Gustavo Gili. VALENDER, J. (2001), Concha Méndez en su mundo. Una mujer moderna (1898-1986), Madrid, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. VILANOVA, A. y SOTELO, A. (1999), La crisis española de fin de siglo y la generación del 98. Actas del Simposio Internacional, Barcelona, Universidad de Barcelona. VILLAR, Arturo del (2002), La poesía de Ernestina de Champourcin: estética, erótica y mística, Cuenca, El Toro de Barro. VON RATHLEF, E. (1974), Siluetas de Barcelona, Barcelona, Editorial Juventud. ZAMBRANO, M. (1993), Filosofía y Poesía, Madrid, Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares-FCE. — (1989), Hacia un saber sobre el alma, Madrid, Alianza Editorial. — (1990),!Los Bienaventurados, Madrid, Siruela. — (1990),!Claros del Bosque, Barcelona, Seix Barral.
! 296! ANEXOS a. Árbol genealógico familiar
! 297! b. Cronología de las obras FECHA PUBLICACIÓN OBRA ACONTECIMIENTO DE INTERÉS 1913-- Edición británica promovida por Joe Kay y su Burlington Garden Club Orquestra Poema Why did you call your heart mine? 1919 (29 de abril) Regreso de Rogelio a Huelva tras finalizar sus estudios en Madrid. Le regala a la autora, un libro de Poems de R.W. Emerson, considerado uno de los precedentes del ultraísmo. 1919 (julio) “Revista Hispanoamericana Cervantes” (1916-1920) “Impromptus”: “Punta Umbría” 1. “La procesión pasa”; 2. “Sombra”; 3. “En la playa”; IV “Corazón”; V. “Lirito”. Firma: L. Muñoz Vargas 1919 (Octubre) “Revista Hispanoamericana Cervantes” (1916-1920) “Impromptus”: “El Rocío triste”, “El tamboril del Rocío”; “Sonrisa” 1919 (21 noviembre) “La Provincia” “Oxford Street”. Emoción sugerida sobre una fotografía publicada en el diario ABC de Oxford Street. 1920 (5 enero) “La Provincia” GALDÓS. Expresa su pesar por la muerte del fallecimiento de Benito Pérez Galdós. 1920 (4 mayo) “La Provincia” “Pepe Conde o el mentir de las estrellas”. 1920 (17 diciembre) “La Provincia” “Evocación del siglo XVIII” . 1922 (13 abril) “La Provincia” “Plegaria” 1922 (20 abril) “La Provincia” Artículo “La Plaza de San Francisco” 1922 (4 de mayo) “La Provincia” “Corazón” 1922 (12 mayo) “La Provincia” “Rosal” 1922 (3 mayo) “La Provincia” Poema: “Sonrisa” En diciembre se casa con Rogelio Buendía Manzano. Inicio de los viajes.
! 298! FECHA PUBLICACIÓN OBRA ACONTECIMIENTO DE INTERÉS 1922 (19 junio) “La Provincia” “A la flor de lobo” (desde Aracena) 1922 (21 septiembre) “La Provincia” Cuentos cortos: Las rosas blancas 1922 (17 noviembre) “La Provincia” “Que sea la barca fuerte” 1923 (11 septiembre) “La Provincia” Traducción de un poema de Fernando Pessoa: “Inscriptions” 1924 (23 de enero) “Semana Santa” En el fondo Díaz Hierro “La escala Santa” Viajes por París, Lyon, Berna, Zurich 1925 Publicación de la obra “Herrumbre en el alma” 1925 “Alfar” “Feria Mojada” 1925 “Alfar” “Hojas nuevas” 1927 (julio) “Papel de Aleluyas” (nº1) “Noche” (Félix de Bulnes), p. 1. 1927 (agosto) “Papel de Aleluyas” (nº2) “De la Dulce Inglaterra”: “Las misses days”; “En la playa”; “El álamo de cobre” (Luchy) p. 1. 1927 (septiembre) “Papel de Aleluyas” (nº3) “Cristal pintado”: “Campanillas”, “Kermesse”, “Cancioncilla”, “Cuna” y “Mimbre”. p.2 1927 (octubre) “Papel de Aleluyas” (nº4) “De la Dulce Inglaterra”: “El caballero sonriente”; “La flor del azafrán”, “la ardilla” y “asfodelos”. 1927 (15 noviembre) “Gaceta Literaria” “Niña bordando”, “Marinera”, y “Lunalunera” y que formarán parte del que será su primera obra, Bosque sin salida 1934 Bosque sin salida Libro de poesías Prólogo: JRJ. Esta obra tiene bastante eco en las revistas de la época: Almanaque Literario, El periódico El Sol. !
! 299! FECHA PUBLICACIÓN OBRA ACONTECIMIENTO DE INTERÉS 1934 (7 julio) “La Provincia” “Colegialas” 1935 (13 marzo) “La Provincia” Poema “Calle En medio” dedicado a Carmen Conde de Oliver 1935 (14 marzo) “La Provincia” “La tonta de los milanos” Poema en homenaje a Lope de Vega. 1935 (22 octubre) “La Provincia” Artículo de opinión sobre los impuestos en vehículos. 1935 (28 noviembre) “La Provincia” Artículo de opinión sobre justicia. 1935 “Isla” (1º etapa). Hoja de Artes y Letras. (1932- 1936). Nº 7- 8. Poema: “Primavera”; En él también se hace eco de su obra Bosque sin Salida. Define Romanticismo 1935 “Noreste” (nº10. Año IV) “Árbol” y “ balada” (Mª Luisa Muñoz de Buendía) 1936 (Enero) “La Provincia” Artículo de opinión sobre el nuevo año 1936 (19 febrero) “La Provincia” Artículo de opinión sobre la tolerancia política. Inestabilidad política que derivará en el inicio de la Guerra Civil Española 1936 (16 marzo) “La Provincia” Artículo de opinión sobre la “desmaterialización de la política” 1936 (28 mayo) “La Provincia” Artículo objetivo sobre un personaje callejero de la ciudad de Huelva 1936 (28 septiembre) “La Provincia” Artículo elogio a los cadetes de Toledo 1936 (12 octubre) “La Provincia” Artículo de exaltación a la patria La Falange Española compra el periódico “La Provincia”. 1936 “Ardor” “Ay soledad, campanilla Blanca” 1939 “Isla” (Verso y Prosa) Nº 15 (p.156, 157) Sección: Poemas andaluces: “Mañana”; “No puede con tanto Sol”; “Serranilla”: “El airecillo del mar”; “Cigüeñas: cigüeñas en los trigales”; “Noche: Torres de alabastro”.
! 306! [10] María Luisa Muñoz de Vargas durante una estancia en la ciudad de Barcelona con unos amigos, (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). [11] María Luisa Muñoz de Vargas en el hipódromo de Barcelona, (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). Unknown Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 307! [12] María Luisa Muñoz de Vargas con Rogelio Buendía en Granada, 1922, (Sevilla, archivo de Eduardo Maury Buendía). Unknown Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 308! [13] María Luisa Muñoz de Vargas con Rogelio Buendía en Niza, 19 de enero de 1924, (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). [14] María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio, 19 de marzo de 1930 (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía) [15] María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio en Punta Umbría (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía) Unknown Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 309! [16] María Luisa Muñoz con su hijo José Rogelio en la playa de Punta Umbría, 10 de julio de 1930, (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). [17] María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio y su hermano Federico en la playa de Punta de Umbría, (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). Unknown Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt Unknown Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 310! [18] María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio y su hija María Rosa (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía). [19] María Luisa Muñoz de Vargas con sus hijos José Rogelio y María Rosa, fotografía realizada por Alfonso, abril de 1933 (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía). Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 311! [20] María Luisa Muñoz de Vargas con sus hijos José Rogelio y María Rosa, fotografía realizada por Alfonso, Madrid, abril de 1933, (Sevilla, Archivo de Eduardo Maury Buendía). Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 312! [21] Miembros de la familia de María Luisa Muñoz de Vargas en la casa familiar de Alameda Sundheim, nº 9, Huelva (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía). Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 313! [22] María Luisa Muñoz de Vargas en una de las estancias de la casa familiar de Alameda Sundheim, nº 9, Huelva [23] María Luisa Muñoz de Vargas y su marido, Rogelio Buendía con sus hijos José Rogelio y María Rosa (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía) [24] María Luisa Muñoz de Vargas con su hija María Rosa en 1950 (Sevilla, Archivo de Eduardo Maury Buendía). Abajo, María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio y su hermano Santiago en la playa de Punta de Umbría. (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 314! [24] María Luisa Muñoz de Vargas y su marido Rogelio Buendía, Madrid, 1965 (Sevilla, Archivo de Eduardo Maury Buendía) [25] María Luisa Muñoz de Vargas con su sobrino Santiago López Muñoz, (Madrid, Archivo de José Rogelio Buendía) [26] María Luisa Muñoz de Vargas con sus tres nietos, Miguel, Rosario y Eduardo Maury Buendía (Sevilla, Archivo de Eduardo Maury Buendía) Abajo, María Luisa Muñoz de Vargas con su hijo José Rogelio y su hermano Santiago en la playa de Punta de Umbría. (Madrid, archivo de José Rogelio Buendía). Jose Ignacio Beltrán Muniz 6/4/15 20:12 Con formato: Fuente: Times New Roman, 8 pt
! 315! d. El relato de la visita de Benito Pérez Galdós a Huelva 14 de Marzo218 “-Ahí viene el tren, ya, ya, vendrá Galdós? Federico219 corre a ver si lo ves. - Si ha venido, yo le he visto las botas. Papá fue al Internacional a ver si estaba allí y no había ido, después al de París y tampoco estaba, está en el Hotel Urbano. Dice Papá que cuando le dijo: -tengo que traerle a Usted una visita, Galdós contestó:-Ya lo sé, Luchy, vive en Alameda Sundheim. - Allí tiene Usted su casa - ¿Cómo?-Yo soy su padre. - Que me la traiga Usted de seguida, hoy mismo en cuanto quiera. He venido en el tren pensando, ¿veré a Luchy? Llegó papá y me dijo hoy no podía ser que estaría cansado, que mañana. 15 de marzo Federico fue a preguntar: ¿Cuándo podrá venir Don José Muñoz con su hija Luchy? - Esta tarde a las seis y media.- le dijo el secretario. Ahora vamos a dar un paseo, está deseando verla. A las seis y media fui a ver a Galdós, tomé ánimo al entrar, estaba sentado en el patio con Marchena. - Don Benito!, y le dí el ramo - Esta es Lucy.- me dijo mirándome, tomó el ramo y olió las flores - Toma-le dijo al secretario y le dio el ramo. Marchena se retiró, Don Benito me ofreció una silla, me senté. - Lucy Lucy para qué me ha traido esas flores? - Yo se las traería todas, todas - ¿Por qué no vino Usted ayer? yo la esperaba, hasta las ocho estuve aquí. - Estaría Usted cansado - No, yo se lo dije a un señor, su tío - Mi padre - Que la trajera a Usted !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! 218 Trascribimos las notas tal y como las escribió María Luisa. 219 Hermano de la autora.