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La Subjetividad y la Fantasía en la Creación Plástica: Sus Procesos Psicológicos y Simbólicos en el Arte Infantil y Primitivo

León-Río, Belén

Abstract

El simbolismo en el arte está conectado en gran medida con la estructura de lo inconsciente, al igual que hacen los niños en sus manifestaciones plásticas encontrándose a veces las mismas imágenes y metáforas que se han producido en el arte de otros periodos más antiguos como la prehistoria, esto nos llevaría a pensar que no existe una sola idea o concepción esencial que no posea antecedentes históricos, todas se basan en última instancia en formas primitivas arquetípicas, que se hacen patentes en el arte a través de una consciencia que no actúa sólo a través del pensamiento sino que percibe internamente. En este artículo veremos como el inconsciente no sería sólo un mero depositario del pasado, sino que también está lleno de gérmenes de futuras situaciones psíquicas e ideas creativas, el artista no pocas veces, debe sus mejores obras a las inspiraciones que aparecen súbitamente del inconsciente, éste ejercería una gran influencia en el material mitológico, religioso, artístico y en todas las demás actividades culturales con las que se expresa el ser humano.

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Instructions for authors, subscriptions and further details: http://brac.hipatiapress.com Date of publication: February 3rd, 2015 Edition period: February 2015 - June 2015 PLEASE SCROLL DOWN FOR ARTICLE The terms and conditions of use, except where otherwise noted, are related to the Open Journal System and to Creative Commons Attribution License (CCBY). The indication must be expressly stated when necessary. To cite this article: León Río, B. (2014). La Subjetividad y la Fantasía en la Creación Plástica: Sus Procesos Psicológicos y Simbólicos en el Arte Infantil y Primitivo. Barcelona, Research, Art, Creation, 3(1), 33-58. doi: 10.4471/ brac.2015.03 To link this article: http://dx.doi.org/10.4471/brac.2015.03 1) Universidad de Sevilla. España Belén León Río1 La Subjetividad y la Fantasía en la Creación Plástica: Sus Procesos Psicológicos y Simbólicos en el Arte Infantil y Primitivo Keywords: Reason, intuition, unconscious, archetype, symbol, fantasy BRAC - Barcelona Research Art Creation. Vol. 3 No. 1, February 2015, pp. 33-58 Symbolism in art is largely connected with the structure of the unconscious, as children do in their artistic manifestations sometimes finding the same images and metaphors that have occurred in the art from older periods as prehistory this would lead us to believe that there is no single idea or concept that has no essential historical background , all based ultimately archetypal primitive forms , which are evident in the art through a consciousness that does not act only through thought but sees internally. In this article you will see how the unconscious would not be just a mere repository of the past, but is also full of germs of future psychic situations and creative ideas , the not few artist sometimes be their best work to the inspirations that appear suddenly unconscious , it would exert a great influence on the mythological, religious, artwork and all other cultural activities that the human being is expressed. Abstract (Received: 6 May 2014; Accepted: 7 Desembre 2014; Published: 3 February 2015) Belén León Río University of Sevilla The Subjectivity and Fantasy in Artistic Creation: Its Psychological and Symbolic in Child and Primitive Art Processes 2015 Hipatia Press ISSN: 2015-8992 DOI: 10.4471/ brac.2015.03 BRAC - Barcelona Research Art Creation. Vol. 3 No. 1, February 2015, pp. 33-58 Palabras clave: Razón, intuición, inconsciente, arquetipo, símbolo, fantasía El simbolismo en el arte está conectado en gran medida con la estructura de lo inconsciente, al igual que hacen los niños en sus manifestaciones plásticas encontrándose a veces las mismas imágenes y metáforas que se han producido en el arte de otros periodos más antiguos como la prehistoria, esto nos llevaría a pensar que no existe una sola idea o concepción esencial que no posea antecedentes históricos, todas se basan en última instancia en formas primitivas arquetípicas, que se hacen patentes en el arte a través de una consciencia que no actúa sólo a través del pensamiento sino que percibe internamente. En este artículo veremos como el inconsciente no sería sólo un mero depositario del pasado, sino que también está lleno de gérmenes de futuras situaciones psíquicas e ideas creativas, el artista no pocas veces, debe sus mejores obras a las inspiraciones que aparecen súbitamente del inconsciente, éste ejercería una gran influencia en el material mitológico, religioso, artístico y en todas las demás actividades culturales con las que se expresa el ser humano. Resumen (Recibido: 6 Mayo 2014; Aceptado: 7 Diciembre 2014; Publicado: 3 Febrero 2015) Belén León Río Universidad de Sevilla La Subjetividad y la Fantasía en la Creación Plástica: Sus Procesos Psicológicos y Simbólicos en el Arte Infantil y Primitivo 2015 Hipatia Press ISSN: 2015-8992 DOI: 10.4471/ brac.2015.03 BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 35 L nuestra consciencia. De lo inconsciente surgirían efectos determinantes que aseguran en todo artista la similitud y aun la igualdad de la experiencia y de la creación imaginativa, lo que explicaría la coincidencia de muchas de estas imágenes arquetípicas a lo largo de la historia del arte y su identificación con el espectador que participaría igualmente de ellas. La creación artística es un campo de exploración idóneo de los productos de lo inconsciente, donde descubrimos a menudo estructuras arquetípicas o simbólicas que coinciden con temas míticos. Una de las pruebas fundamentales de esto es el paralelismo que podríamos calificar de universal, entre los temas mitológicos representados una y otra vez en la historia del arte. Esto no implica que la actividad artística pueda conocerse solamente por su fundamento arquetípico pero sí podemos tener en cuenta que dentro de ésta existen modelos arquetípicos que actúan con una dinámica de fondo que descifran el mensaje de ciertas tendencias evolutivas del inconsciente. Esta forma de pensamiento funciona sin esfuerzo, espontáneamente y es dirigido por motivos inconscientes, se aparta de la realidad liberando tendencias subjetivas. El mito estaría emparentado con los productos del inconsciente y el artista en proceso de introversión encuentra muy a menudo en su obra reminiscencias del pasado individual además de numerosas huellas de estadios espirituales arcaicos. Como vemos el artista que se expresa simbólicamente, establece un enlace con los estratos más antiguos del espíritu humano, desde largo tiempo atrás sepultados por debajo del umbral de la consciencia, este mismo simbolismo se puede ver en las manifestaciones plásticas infantiles, detectándose desde que el niño empieza a dibujar sus primeros garabatos. Mientras el individuo de hoy en día concentra toda su energía e interés en la ciencia y en la técnica, el hombre antiguo se consagraba a su mitología, encontramos aquí un mundo de fantasía que manaba de una fuente interna y que producía figuras plásticas o esquemáticas que concordaban con su esencia más profunda (revisar frase). C. G. Jung, llegó a la conclusión de que la época que creó los mitos pensaba de la misma manera que hoy lo hace el sueño. Incluso se descubren fácilmente en los niños rudimentos de mitos en formación y fantasías consideradas como reales. Bastaría con relajar el a mente inconsciente del hombre moderno conserva la capacidad de crear símbolos siendo el arte un canalizador de estos, ya que además de las formas que percibimos trasmiten mensajes que influyen en Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 36 interés para eliminar la exacta adaptación psicológica al mundo real, que se expresa por medio del pensamiento dirigido y sustituirla por fantasías. Según este autor, nuestro cuerpo conserva en muchos órganos residuos de antiguas funciones y estados, así también, nuestro espíritu, aun cuando en apariencia ha superado aquellas arcaicas tendencias instintivas, lleva siempre la huella de la evolución recorrida y revive en los sueños, en la imaginación y a través del arte las épocas más distantes. De esta manera la mente humana tendría su propia historia y la psique conservaría muchos rastros de las anteriores etapas de su desarrollo, los contenidos del inconsciente ejercerían una influencia formativa sobre la psique. E. Pérez de Carrera describe como el arte tiene sus orígenes en el símbolo utilizando los sentidos hacia formas de consciencia que despierten emociones paralelas en la percepción de la obra plástica: La escritura pictográfica tuvo mucho de simbólica. De pintar un caballo se pasó a metamorfosear con atributos equinos aquellos que habían demostrado cualidades especiales como la velocidad o la resistencia. Del caballo con cabeza humana se pasó a grabar un rostro o una característica como la huella de un casco o las ondas de las crines. Esta capacidad simbólica de llegar a sintetizar en un rasgo las características zoológicas, morfológicas o de fenómenos relacionados con la Naturaleza adquiere caracteres de un verdadero lenguaje con varios niveles paralelos de lectura, y quizá su principal cualidad sea que pueden ser percibidos más de un escalón de comprensión al mismo tiempo. La utilización de los sentidos hacia formas de consciencia que despiertan emociones paralelas es una de las fuentes de la poesía y el arte, y nace ligada al gráfico, al rasgo, al símbolo, al movimiento y a la necesidad mágica de vivir realidades ensoñadas. De esta forma de compartir experiencias, de la que el arte de las cuevas <prehistóricas> es una referencia testimonial, quedan aún ejemplos en la escritura japonesa de sílabas y palabras que tienen su origen en el dibujo. El valor añadido de los idiomas ortográficos, de palabras que intentan contener un significado concreto, es la facilidad de intercambiar un pensamiento. El verso comulgado, la conversación, disminuyen en cierto modo la transmisión mistérico-mágica pero aumenta la comunicación ético-filosófica, proporcionando riqueza interior para enfocar la aventura individual del pensamiento. (2004, pp. 259 y 260) BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 37 Sri Aurobindo ya menciona como las sociedades humanas en sus primeros comienzos o en fases primitivas solían tener una mentalidad marcadamente simbólica que impregnaba sus pensamientos, costumbres e instituciones. Este estadio de su desarrollo social era siempre religioso y activamente imaginativo en su religión, pues para este autor existe un parentesco natural entre simbolismo y el sentimiento generalizado, imaginativo o intuitivo, de modo que ambos van siempre a la par. De esta forma el símbolo expresaría algo que el hombre siente que está presente detrás de sí mismo, de su vida y de sus actividades: “el Divino, los dioses, el vasto y el profundo Inefable, una naturaleza de las cosas oculta, viva y misteriosa”. (2002, p. 22) El arquetipo sería la imagen de un contenido en su mayor parte trascendente a la consciencia. Un ejemplo de ello sería el símbolo mandala, cuya existencia a través de los milenios puede comprobarse en multitud de culturas y que en el arte aparece en todas las épocas, simboliza el fenómeno de la divinidad encarnada en el hombre. Estos arquetipos representan esencialmente un contenido inconsciente, que al ser percibido cambia de acuerdo con cada consciencia individual en que surge, de ahí las grandes diferencias en la representación artística de un mismo arquetipo en varios autores, incluso perteneciendo a una misma época. De lo inconsciente surgen así efectos determinantes que, independientemente de la transmisión, aseguran en el artista la similitud y aún la igualdad de la experiencia, expresándose en imágenes simbólicas surgidas a través de la creación que variarán de un artista a otro, en función de cada consciencia individual y transformándose en un mismo autor a lo largo de su evolución artística. En el arte vemos como estas representaciones no se heredan, sino en las formas que pueden variar infinitamente. La actividad creadora, estaría propulsada y regulada por estas “condiciones inconscientes colectivas” como las llamaría C. G. Jung, (1994, p. 148) produciendo configuraciones plásticas donde se repiten estructuras idénticas como por ejemplo la unificación de los contrarios en un tercero, la cuaternidad, el cuadrilátero, la cruz, la rotación, el círculo, la esfera, etc. Estos arquetipos vivos formularían un fragmento inconsciente esencial y cuanto más universal sea la difusión de ese fragmento, tanto más universal será la acción del símbolo, pues roza en el artista y en el espectador la cuerda que le es afín; y siendo la más alta expresión posible de lo presentido y aún no sabido, incluyen en sí la atmósfera espiritual de su época, captando justo aquello que puede ser común a un gran grupo humano, produciendo en tales circunstancias una participación inconsciente. El arquetipo tendrá, por lo tanto, un lado que es accesible a la razón, pero también un lado, que es inaccesible Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 38 a ésta, por cuanto está compuesto, no sólo, de datos de naturaleza racional, sino también, de los datos irracionales de la pura percepción interna y externa. La abundancia de presentimientos y significados del símbolo, hablan tanto al pensar, como al sentir, y su peculiar carácter de imagen cuando se configura en una forma sensorial artística, estimulan tanto la sensación como la intuición. El arte adquiere así un contenido que impresiona, influye y fascina, a través de una pre-forma inconsciente que parece pertenecer a la estructura heredada de la psique y puede a causa de ello, manifestarse como fenómeno espontáneo en el proceso artístico plástico, según C. G. Jung a través, del pensamiento fantaseador se establece un enlace con los estratos más antiguos del espíritu humano: Autores y artistas se han interesado por el mundo simbólico artístico de los niños. Hegel decía del arte infantil: En Alemania el psiquiatra Hans Prinzhorn publicó en 1922 gran número de trabajos de pacientes mentales en su volumen Bildnerei der Geistes Kranken que provocaría una enorme conmoción entre los artistas y aficionados al arte donde señalaba: … toda buena idea y todo acto creador han brotado de la imaginación y han tenido su inicio en eso que pueda llamarse fantasía infantil. No sólo el artista, sino todo hombre creativo a de agradecer a la fantasía lo más grande que hay en su vida. El principio dinámico de la fantasía es lo lúdico, lo cual es también algo propio del niño; como tal, aparece asimismo incompatible con el principio del trabajo serio. Pero hasta ahora nunca ha nacido una obra creativa sin ese juego con la fantasía. Es incalculable lo que debemos a la fantasía. Por ello es miope tratar con desdén las fantasías en razón de su carácter aventurero o inadmisible. (1994, pp. 87 y 88) Los intentos que hacen los niños de dibujar o modelar la figura humana dan como resultado meros símbolos, que sólo aluden a la forma viva que pretenden representar pero no son nada fieles a sus motivos y sus significados. En este aspecto, el arte es el principio puramente jeroglífico, no un signo fortuito o arbitrario sino una vaga representación del objeto para la mente.1 BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 39 Nos encontraríamos aquí frente a un proceso psíquico que se desarrollaría preferentemente en lo inconsciente, donde la fantasía tendría que ver con el impulso lúdico o de juego, el artista plástico y todo hombre creativo deben mucho al principio dinámico de la fantasía, ya que, no hay que olvidar que lo más valioso del ser humano puede hallarse precisamente en su imaginación. El niño sacaría a la luz mediante ese juego con la fantasía lo que encerraría en su esencia más íntima, plasmándola en la materia plástica. En estos dominios de la fantasía, gran parte de sus contenidos pertenecen al inconsciente y la otra parte se encuentra en lo consciente, por lo que sólo a través de la imaginación, se establecería un enlace con nuestro pasado inconsciente, reviviendo en el arte las épocas más distantes. La fantasía creadora, dispondría no sólo de las fuentes personales del individuo, sino también del espíritu primitivo ya olvidado y sepultado por el tiempo. En el arte pueden aparecer como figuras abstractas que se expresan también en las mitologías de todos los pueblos y épocas. El conjunto de estas imágenes sería este inconsciente colectivo que todo ser humano heredaría en potencia. Estas imágenes surgirían de manera espontánea y coincidirían entre sí en todas las épocas y lugares del mundo. Mediante la fantasía nos apartaríamos de la Sólo un tonto pensaría que lo que tiene de personal el sonido de un violinista se puede determinar midiendo las ondas sonoras y el registro armónico, o que el contenido expresivo de un Rembrandt de la última época se puede examinar mediante comparaciones con una tabla de colores. Hacemos un compendio contrastando la esfera de los datos medibles con el reino de los datos expresivos, en el que los contenidos psíquicos aparecen inmediatamente y se captan sin la mediación de un aparato intelectual. Todos los movimientos expresivos sirven para este único fin: incorporar lo espiritual y así construir un puente desde el Yo al Tú […] Encontramos las raíces de esto en circunstancias bien simples: con los niños, que en sus juegos inventan una animada danza o hacen garabatos, cuyo valor expresivo habla claramente al iniciado; o con los primitivos, que en sus máscaras de baile expresan de algún modo su visión del mundo, imbuida de ideas mágicas y demoniacas […].2 El Subjetivismo y la Fantasía en la Actividad Artística Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 40 realidad, liberando tendencias subjetivas las fantasías del artista manarían de una fuente interna, produciendo representaciones muy variadas. El vínculo que tendría el espectador con la fantasía estaría condicionada principalmente por su relación con lo inconsciente en general, esta última relación se hallaría a su vez especialmente condicionada por el espíritu de la época de tal manera que si el grado de racionalismo predominante fuera alto el individuo se inclinaría menos a admitir lo inconsciente y sus productos, y viceversa. En el inconsciente, los elementos más heterogéneos se remplazarían los unos a los otros, de tal manera que todo aquello que en la consciencia estaría separado y es opuesto, confluiría en agrupaciones y configuraciones que, una vez llevadas a la luz de la consciencia, ya no aparecerían como contrarios. El psicólogo francés Théodule Ribot dice que la edad de oro del símbolo fue la época prehistórica: La fantasía en su mayor parte es un producto de lo inconsciente, aunque también contiene partes conscientes. Sería esencialmente involuntaria, enfrentándose como algo extraño al contenido consciente. El material aflorado de la fantasía contendría imágenes del desarrollo psicológico del individuo en sus estados sucesivos, C. G. Jung lo compara con un trazado o una descripción del camino a seguir más tarde entre los opuestos. Según este autor, a pesar de que la consciencia a menudo no encontraría mucho que entender directamente en las imágenes, estas intuiciones contendrían sin embargo una “fuerza de vida” que puede causar un efecto determinante en la voluntad. Esta determinación de la voluntad se ejercería por ambos lados, por lo que pasado algún tiempo, los opuestos se volverían a fortalecer. Pero este renovado conflicto forzaría al individuo a recorrer otra vez el proceso, de tal manera que el individuo podría dar un paso más. Esta función mediadora de los opuestos fue llamada por C. G. Jung “función transcendente”. Aquí la fantasía creativa tendría la función de unir los opuestos. C. G. Jung decía que la infancia, gracias a su ingenuidad, proyecta una imagen más completa del ser humano, de todo el hombre en su individualidad Desde entonces ha sido arrollado por la presión hostil del pensamiento racional que, reforzado por la experiencia y por la razón misma, ha ido ganando terreno constantemente… La razón de ser del símbolo radica en la voluntad humana de expresar lo que es intrínsecamente inexpresable.3 BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 47 Estas experiencias y consideraciones nos hicieron constatar que existen ciertas condiciones inconscientes colectivas que actúan como reguladores y propulsores de la actividad creadora de la fantasía y que, al poner al servicio de sus fines el material existente en la consciencia, producían las configuraciones correspondientes. Las artes plásticas alimentan el espíritu humano, integrando contenidos inconscientes que totalizan al hombre psíquico, produciendo consecuencias muy importantes como difíciles de describir. Ni siquiera C. G. Jung exponiendo este tipo de cuestiones respecto a la psicología pudo exponer adecuadamente las transformaciones que sufre el sujeto bajo la influencia del proceso que denominó “de individuación”. Este suceso consistiría en hacer conscientes partes inconscientes de la personalidad, no produciéndose una simple asimilación de las mismas a la personalidad del yo ya existente, sino más bien se da una transformación de ésta. La afluencia de contenidos inconscientes vivifica y enriquece la personalidad, la voluntad como energía disponible, se subordina a la nueva estructura integrada, denominada por C. G. Jung, “sí-mismo”. La individuación significaría por lo tanto llegar a ser un ente singular, traduciéndose como la realización del sí-mismo o la realización de sí. La totalidad consciente es una afortunada unificación del yo y el símismo en la cual ambos mantienen sus características esenciales. El sí-mismo sólo tendría un sentido funcional cuando puede actuar como compensación de una consciencia del yo, si el yo se disolviera identificándose con el símismo surge como bien dice C. G. Jung una especie de “vago superhombre”. El proceso de individuación sería el comienzo de un camino evolutivo, que debe tomar el ser humano, ya que, no excluye al mundo, sino que lo incluye, pues el sí-mismo abarca en sí infinitamente mucho más que un mero yo, tal como se puede apreciar en el simbolismo desde siempre. C. G. Jung descubrió arquetipos del sí-mismo que también hemos hallado en el quehacer plástico del niño de dos a siete años, a través de técnicas como el dibujo sobre papel que permite la improvisación y el juego con la materia. Estas figuras incipientes contienen ya un rico material de fantasía, donde vemos un sinnúmero de complicadas configuraciones que se repiten y que coincidían con otras que C. G. Jung ya había estudiado con sus pacientes en el campo de la forma dramática, dialéctica, visual, acústica, de baile, pictórica, de dibujo o plástica, descubriendo mediante estos métodos el proceso inconsciente al que dio el nombre de proceso de individuación. Otro hecho coincidente en la configuración de estas manifestaciones artísticas fue la aparición de productos mitológicos, comprobándose que los niños de tales obras al igual que los pacientes de C. G. Jung tenían conocimientos de mitología que Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 48 eran sobrepasados por sus creaciones de la fantasía configuradora. Lo que demostraría de modo inequívoco la coincidencia de las fantasías regidas por reguladores inconscientes con las manifestaciones de la actividad espiritual humana en general, conocidos por la tradición e investigación etnológica. Sri Aurobindo nos habla de una sociedad que habiendo comenzado a espiritualizarse, haría de la revelación y la realización del Ser divino en el hombre el objetivo primordial de todas sus actividades, su educación, su conocimiento, su ciencia, su ética, su arte, su estructura económica y política: C. G. Jung descubrió que esta simbología perteneciente a las más antiguas tradiciones sagradas que se repite en todas las culturas, estaría relacionada con los periodos de transición en la vida del individuo. Serían símbolos de transformación que están demandando la necesidad de liberarnos del estado actual en el que nos encontramos buscando en nuestra vida la transcendencia. Esta función de la consciencia sería la plena realización del potencial del símismo individual, los arquetipos señalarían el camino que debe buscar el hombre para su liberación para este autor el yo consciente estaría subordinado al sí-mismo que constituiría el centro de la personalidad psíquica total que sería ilimitada e indefinible, no susceptible de formulación y sólo simbólicamente expresable, constituyendo la totalidad del ser humano, tanto en lo consciente como en lo inconsciente. El sí-mismo se expresaría como una fuerza particular en cada hombre impulsándolo a la individuación y realización de su propia existencia. El sí-mismo trabajaría como una energía que apunta hacia una totalidad, donde el yo estaría subordinado al sí-mismo e iría más allá de sus valores e ideas, pudiendo incluso ir contra ellas, pues el sí-mismo enfrentaría al hombre constantemente a un camino de cambio y reevaluación. En el arte, la sociedad espiritualizada no le asignaría como única misión la representación de imágenes del mundo objetivo y del mundo subjetivo, sino la de contemplar estos mundos con la visión significativa y creadora que traspasa las apariencias y revelan la Verdad y la Belleza, cuyas formas o apariencias, cuyos símbolos o imágenes significativas, son las cosas visibles e invisibles. (2002, p. 289) BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 49 En el quehacer plástico de un niño se pueden ver a lo largo de su infancia, símbolos e imágenes que no permanecen estáticos, sino que cambian, evolucionan y gradualmente van desarrollando ciertos temas inconscientes o arquetipos. Hacia los dos años comienzan a dibujar sus primeros grafismos siendo siempre formas circulares que abarcan todo el papel, o conjuntos de círculos. El trazo gestual será muy importante en los niños al igual que hicieron los prehistóricos mediante líneas de expresión el artista conecta con su interior, Hans Arp apuntaba sobre esta forma de trabajar: El empleo de formas sin relación directa, con ningún objeto real será una forma de expresión importante en los artistas del siglo XX aquí los niños también tienen una tendencia hacia los símbolos abstractos, estos símbolos pueden ir acompañados de objetos transformados como hicieran en su obra Klee, Kandinsky o Miró entre otros, siendo estos artistas los primeros que buscaron esta libertad primitiva en sus obras, tal vez por ello nos recuerde al arte infantil en sus primeras etapas. En sus obras no hay arriba ni abajo, como tampoco existe distinción o separación clara entre un objeto y otro. Los niños, como estos creadores, hacen un empleo continuo de la superposición sin normas de escala o proporción de tamaños (Fig. 1), representando a menudo gran variedad de símbolos como ya hiciera el hombre prehistórico. Así en los dibujos infantiles en sus primeros inicios, en torno a los dos o tres años, se caracterizaran por la ausencia de fondo, al igual que la concepción prehistórica del espacio, donde todas las direcciones lineales poseen igual derecho, cualquier inclinación respecto a la horizontal es permisible en los 360 grados. (Fig. 2) Los Arquetipos Primitivos: Su Relación con la Actividad Plástica de los Niños y los Artistas del Siglo XX Entonces, con los párpados entornados, el movimiento interior fluye inmaculado hasta la mano. En una habitación oscura es aún más fácil seguir la guía del movimiento interior que al aire libre. Un director de música interior, el gran diseñador de las imágenes prehistóricas, trabajaba con la mirada vuelta hacia dentro. Así sus dibujos ganan en transparencia; se abren a la interpretación, a la inspiración repentina, a la recuperación de la melodía interior, a la aproximación circular, y la totalidad se transmuta en una gran exhalación.10 Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 50 Figura 1. Dibujo niño de 7 años. © Figura 2. Dibujo de niño de 4 años. © BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 51 En estos primeros grafismos infantiles hemos encontrado paralelismos con la simbología del arte prehistórico así en el arte primevo naturalista del período Figura 3. Dibujo niño de 7 años. © Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 52 magdaleniense, el tipo más usual de abstracción sería aquel que concentra y simplifica la forma natural; y en un segundo lugar aquel que emplea formas (Foms and Shapes) inexistentes en la naturaleza y a las que se ha dotado de un significado simbólico conocido solamente por los iniciados. Mientras que un tercer tipo consistiría en mezclar temas naturales transformados con símbolos abstractos. En un cuarto tipo la concentración y simplificación se lleva tan lejos que los rasgos naturalistas se pierden por completo, en el periodo auriñaciense se encontrarán ejemplos de este tipo de abstracción, siendo en las últimas fases de la Edad del Bronce y los comienzos de la del Hierro cuando se llega a su total representación. Este último tipo de abstracción según S. Giedion, también se dará en el arte de la década comprendida entre 1910 a 1920 muchos artistas eliminaran el detalle, dando más fuerza a su obra. Los niños usarán este recurso de forma permanente en sus primeros dibujos incipientes realizados a los dos años, hasta la formación de símbolos más concretos a los seis y siete años. (Fig. 3) En estas primeras etapas de la vida el niño representará con mucha frecuencia los arquetipos relacionados con el tema de la madre y la fecundidad que son también muy recurrentes en el mundo del arte. Para C. G. Jung el “anima” sería la madre que tendría dos aspectos, uno constructivo y otro destructivo la madre, es por un lado la seguridad, el alimento, el amor y el cobijo frente a una madre devoradora y castradora. Esta ambivalencia se correspondería con el mar y la tierra, en el sentido de que una y otra son receptáculos y matrices de la vida. El mar y la tierra son símbolos del cuerpo maternal. Nacer es salir del vientre de la madre, morir es retornar a la tierra. La madre es el abrigo, el calor y la ternura, siendo también por el contrario, el riesgo de opresión debido a la estrechez del medio y al ahogo por una prolongación excesiva de la función nodriza y de guía. Las grandes diosas madres han sido diosas de la fertilidad como Gea, Rea, Hera, Deméter para los griegos, Isis entre los egipcios y en las religiones helenísticas, Ishtar entre los asirobabilonios, Astarté para los fenicios e íberos y Kali entre los hindúes. Los niños dibujan el arquetipo del hijo formándose en el útero de la madre mediante el procedimiento que los antropólogos denominan “radiografía” al referirse al arte primitivo. Los artistas contemporáneos al igual que los niños representan una imagen simultánea del interior y el exterior al mismo tiempo, para ello muestran el objeto como si fuera trasparente, delineando el contorno y representando después el interior. (Fig. 4 y 5) BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 53 El niño no reproduce a veces el objeto real que éste tiene ante sí, sino que lo interpreta al igual que los artistas contemporáneos, mostrando únicamente elementos invisibles de este objeto y al mismo tiempo es posible que otros que saltan a la vista sean enteramente desdeñados. El erudito francés G. H. Luquet en su obra L’art primitif (1930) compara metódicamente el significado de los dibujos infantiles, del arte primitivo y del arte prehistórico diciendo: “Para el hombre de hoy, una pintura es comparable cuando reproduce lo que sus ojos ven; para el hombre primitivo lo es cuando expresa lo que su mente sabe.” 11 Figura 4. Hijo formándose en el útero de la madre, dibujado por un niño de 4 años.© Figura 5. Hijo formándose en el útero de la madre, dibujado por un niño de 5 años.© Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 54 Paul Klee, en su dibujo Getroffenes Muttertier (1923) usa este recurso de la trasparencia para representar un animal saeteado mientras sus crías hambrientas buscan sus ubres para alimentarse. Marc Chagall pintará este mismo tema de la madre, en Retrato de Vava de 1966, donde vemos una mujer con una abertura oval trasparente en su regazo que contiene una pareja de novios besándose como preludio de fecundidad. La copa tiene que ver con el seno materno que produce la leche, en la India la copa de oblación del soma se asimila al creciente lunar, el soma sería el bálsamo de la inmortalidad. El grial medieval, sería otro arquetipo ligado a la copa, el cáliz de la última cena que recogió la sangre de Cristo, la búsqueda de éste simboliza la aventura espiritual, tiene que ver con dos talismanes de la religión céltica precristiana el caldero de Dagda y la copa de soberanía para C. G. Jung, simbolizaría la plenitud interior tan buscada por los hombres. E. Pérez de Carrera lo interpreta en este mismo sentido: Las manos han sido representadas como símbolos mágicos en la prehistoria mediante impresiones en relieve sobre arcilla o imágenes directas de manos pintadas sobre la superficie parietal con ayuda de colores, en positivo o negativo. S. Giedion describe dos técnicas: a) Impresión positiva: la mano se recubre de color rojo o negro y se aplasta contra la superficie pétrea, encontrándose en los repliegues de roca de las cavernas en color ocre, rojo y en manganeso azul-negro. b) Impresión negativa: se coloca la mano contra la pared de piedra, y se extiende o se sopla el color alrededor de los contornos de los dedos y la planta. En los niños se pude observar en edades muy tempranas la utilización de las dos técnicas descritas, se untan las manos con tempera y las plasman sobre el papel o bien colocan la palma de la mano sobre el papel contorneando luego con una línea la silueta de la mano. (Fig. 6) Puede que la sangre sagrada, el Grial que buscaban los caballeros de Arturo, no fuera la copa del Galileo crucificado en Jerusalén sino un misterioso estado de consciencia que proponía una búsqueda interior, y sólo los caballeros, las gentes que juraban lealtad, sacro-oficio, entrega, generosidad y defensa de los débiles podían pretender semejante hazaña. (2004, p. 85) BRAC - Barcelona Research Art Creation, 3(1) 55 S. Giedion nos dice acerca de este símbolo: “En las culturas más dispares de las cuatro partes del mundo aparecen manos provistas de significado simbólico. Lo más que tienen en común es su afinidad humana: rara vez puede apreciarse otra vinculación directa con ellas.” (1991, p.122) Figura 6. Palma de la mano sobre el papel contorneando la silueta. (Dibujo de un niño de 7 años). © Belén León – Subjetividad y fantasía en la creación plástica 56 Toda esta simbología del niño tiene su importancia en su desarrollo, por lo que no debemos desdeñarla, nuestros métodos de enseñanza deben ser menos restrictivos, preocupándonos principalmente por estimular su creatividad y que trabaje sobre sus propias experiencias lúdicas y emocionales, donde busque temas de expresión con un alcance ilimitado. Como vemos, el niño al nacer traería consigo un cerebro heredado de los antepasados que sería el resultado orgánico de la función psíquica de todos los ascendientes en el estarían preformados los instintos, todas las imágenes primordiales que han constituido siempre el fundamento del pensar humano y todo el tesoro de los temas mitológicos en toda su insospechada variedad, el niño produciría a veces combinaciones de ideas y símbolos, que no cabe atribuir a las experiencias de su existencia individual, sino más bien a la historia del espíritu humano. El modo de pensamiento primitivo, analógico, del sueño y el mismo quehacer artístico recrean estas antiguas imágenes del inconsciente que aparentemente creemos están causadas por nuestra consciencia y sin embargo poseen su propia realidad y espontaneidad. La comprensión de esas imágenes, surgidas de lo más hondo de la psique es de vital importancia en la problemática del proceso del devenir de la personalidad del ser humano, siendo el arte una fuente importantísima en la aportación de símbolos. Conclusiones Notas 1 Autor citado por E. H. Gombrich, La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente, Ed. Debate, Londres, 2002, p. 149. 2 Autor citado por E. H. Gombrich, La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente, Ed. Debate, Londres, 2002, p. 264. 3 S. Giedion, El presente eterno: los comienzos del arte, Col. Alianza Forma nº 16, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1991, p. 120. 4 Autor citado por E. H. Gombrich, La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente, Ed. Debate, Londres, 2002, p. 261. 5 Autor citado por E. H. Gombrich, La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente, Ed. Debate, Londres, 2002, p. 224. 6 Autor citado por D. Mitchinson. Henry Moore. Escultura, Ed. Polígrafa, Barcelona, 1981, p 46.