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La antropología filosófica y los límites contemporáneos del humano

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La antropología filosófica y los límites contemporáneos del humano

Author: Dias de Carvalho, Adalberto
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2012
Source: https://idus.us.es/bitstreams/3bf3999d-978c-4cf5-acd9-20ee73b84e25/download
Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 93-98.
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LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA Y LOS LÍMITES
CONTEMPORÁNEOS DEL HUMANO
Adalbe o Dias de Ca alho
Ins i u o de Filoso ia da Uni e sidade do Po o (Po ugal)
Recibido: 15-07-10
Acep ado: 14-09-10
La an opología es, al ez, la ciencia más di ícil de de ini sob e la
apa iencia de se aquella que iene el obje o de es udio más e iden e: el Hom-
b e. Desde luego po que si la adop amos como una ciencia ilosó ica, en luga
de es udio, habla emos de e lexión y, en ez de obje o, ende emos a esc ibi
p oblemá ica. Y la e dad es que cuando en la his o ia de las ideas pa ecían
culmina las an opologías cien í icas, és as se con on an con los umb ales de
su p opio cien i icismo y la eeme gencia de la i alidad del abo daje ilosó ico.
Aho a no an o po la inminencia de la cues ión kan iana “¿qué es el homb e?”
mas, an es de es a, po la in e ogación sob e lo humano. Una in e ogación
que se uel e u gen e más po cues iones é icas elacionadas a la his o ia e-
cien e de la humanidad que po simples en edos epis emológicos.
En ealidad, enómenos his ó icos como el Holocaus o coloca on la duda
sob e el es a u o de lo humano cuando, de un modo ágico, en su p opia esen-
cia so p enden emen e se insinuó lo inhumano. Además, su ge la duda si, des-
pués de sucesos an aumá icos, cuando se impone la u gencia de lo humano,
es e humano se á alguna ez posible.
Sin emba go, si lo humano deses abiliza, po su sis emá ica y c uel in-
encionalidad, los undamen os de lo humano, en o as e ien es, la pob eza,
el hamb e y, de o ma gene al, las injus icias sociales uel en la en e de lo
que podemos denomina lo deshumano (él mismo endencialmen e inhuma-
no). Rela i amen e a lo inhumano se dis ingue a penas po una di e encia de
in ensidad en la línea de la concen ación his ó ica. Con odo, lo deshumano
se desdobla en lo co idiano con una no malidad que con oca po eso mismo la
complicidad. Lo inhumano –cuando es pe cibido– p o oca up u as casi po el
es uendo de un emo dimien o colec i o; lo deshumano –en cuan o eco de un
Adalbe o Dias de Ca alho
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a alismo p oclamado o implíci amen e admi ido– se de ama en complacien-
es con inuidades.
Pe o c ece aún la consciencia de lo sob e-humano, sea, en el seguimien-
o de Nie zsche, po la p omoción colec i a de la capacidad c ea i a e in empes-
i a de un Homb e que se encuen a ascendiéndose, sea po la cu iosidad al-
ededo de los indi iduos sob edo ados que desa ían la no malidad. Mien as,
algunos de los p opios p oduc os del genio humano, designadamen e a ni el de
la obó ica, se pueden cons i ui po su e inamien o, aunque po aho a en un
plano dominan emen e ic icio o especula i o, como po enciales amenazas a la
p opia genialidad. Es que la decisi a negación de lo humano no se encuen a
an o en su absolu a ex e io idad, ue a de los lími es de inidos, con idando a
co espondien es ac i udes de dema cación y de de ensa, sino i umpiendo an-
es de su p opio in e io y llenando de dudas a los p o agonis as de las ce ezas
que lo sopo asen y c is alizasen.
Si enca amos igualmen e los desa íos de las p opias ciencias, ápi-
damen e obse amos ambién que no hay más una on e a ní ida en e lo
humano y lo animal o en e aquél y lo na u al, los cuales adicionalmen e
se oponían. P ime o la e olución y después la e ología, la neu obiología y la
paleon ología llena on de pe plejidades a odos cuan os juzgaban que, sob e
las up u as o igina ias del c eacionismo de la an opología bíblica, asen a-
ban i e ocables e inal e ables discon inuidades que ga an iza ían –o hab ían
ga an izado– aquellas oposiciones. Además, lo humano ep esen aba la jus i-
icación y la más al a inalidad del mundo. Tenido como e e encia, lo humano
ma caba el opo de una je a quía que legi imaba la subal e nidad de odos los
o os se es. De los animales, de la na u aleza o de los que e an is os –y ca a-
logados– como subhumanos.
Siendo así, ¿cómo ei indica un espacio pa a la an opología cuando son
des uidos los pa áme os que azaban sus con o nos? Cues ión di ícil has a
po que, con ella, se in oca una ci cula idad que encie a en el in e io de su
ecu encia é minos –y concep os– es a u a iamen e an di e sos como el de
la an opología en sí mismo y el del humanismo. He aquí el p oblema: se á que
sólo hay an opología si exis e un humanismo que p ese e ideológicamen e el
meollo de lo humano en cuan o educ o indiscu ible.
És a es, en el ondo, la g an cues ión que, del lado de la c í ica ilosó ica,
desde Heidegge , decla adamen e nos pe u ba, designadamen e a pa i del
momen o en que es e ilóso o conside ó que el humanismo esul an e del ol ido
del Se y de la a i mación del Homb e-suje o es esponsable, a a és de la om-
nipo encia de la écnica, de la p opia des ucción del suje o que la p o agonizó.
Sin emba go, nues o pun o de is a es el de que, cuando la an opo-
logía pa ece de ini i amen e amenazada, en ez de p oclama su des ucción,
es a emos inalmen e en condiciones de anuncia su u gen e y auspiciosa e-
de inición. Aho a ya no de una an opología que p esuponga y enga como i-
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La an opología ilosó ica y los lími es con empo áneos del humano.
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nalidad la au oc acia del Homb e, pe o de o a que, econociendo los lími es de
és e, los conside e como su a ibu o y su iden idad a a o de una acción que,
espe ándolos, no los enca e como la simple y ne as a dimensión nega i a de
un ideal.
Pe o, en odo es e deba e al ededo del es a u o de la an opología ilosó-
ica, al eme ge la p oblemá ica del humanismo, con ella a lo a implíci amen e
la cues ión del suje o. Lo que nos obliga a pene a en la his o ia de su delinea-
mien o sob e odo en el con ex o de la mode nidad. Es, de o o modo, ex ema-
men e cu ioso que la a i mación de la an opología ilosó ica acon ezca, en la
mode nidad, en un con ex o de econ e sión del p opio es a u o del suje o y del
p opio humanismo, en ambos casos po e e encia a la p oblemá ica del lími e.
Mon aigne y después Pascal desempeña on en es e i aje un papel
pione o que iene que se sub ayado. Es o cuando el p ime o, en pleno siglo
XVI, imbuido de un p o undo escep icismo que con as a con el p eceden e op-
imismo enacen is a, c i ica las p e ensiones del homb e –ca ac e izado como
una “mise able e insigni ican e c ia u a”– en ocupa el cen o del uni e so; el
segundo, en el siglo XVII, e omando las ese as del au o de los Ensayos,
iden i ica p ecisamen e la agilidad del homb e cuando, en su soledad exis-
encial, és e se con on a con la g andeza de Dios o de la Na u aleza o, al ez
mejo , con la amenaza de su ausencia.
Pe o lo más cu ioso es que a pa i de la mode nidad, dejando de cons-
i ui el Cosmos o Dios exp esiones del Se in ini o en elación a las cuales el
homb e p i ilegiadamen e medía y asumía su ini ud, el homb e se e obligado
a pe cibi se, sob e odo, a pa i de sus p opios lími es. Tal es cla amen e la
óp ica kan iana en la medida en que, pa a es e ilóso o, el suje o se epone
apenas a su p opia es uc u a, ei indicando así una ini ud adical. Es a pe -
cepción es, con odo, algo con adic o ia ya que, al hace lo, él se posiciona como
de en ado de los lími es de sus acciones e, inclusi e, de sus pensamien os, lo
que implica inclusi e la cons i ución de una é ica asen ada en los p esupues os
de su azón…O a es aquí que el humanismo mode no gana o ma y ue za,
haciendo del homb e, al inal, su in absolu o en la medida en que, más allá de
él, iende a no habe cualquie o a e e encia que e dade amen e lo limi e: el
humanismo es, inalmen e, el mo imien o de c eación –que se p esen a como
descub imien o– del homb e po sí y pa a sí mismo. És e, ela i amen e a la
esignación medie al de una ini ud que se con on aba p incipalmen e con su
inconmensu abilidad an e la in ini ud di ina, iene mismo a e ela se como
siendo capax in ini a is.
In e esan e se á aquí indaga sob e la cohe encia y legi imidad de pe -
sis i se limi ado, como es co ien e en la mayo ía de los análisis, al es ic o
ámbi o de la ap oximación heidegge iana en e la his o ia del humanismo, la
de la mode nidad, la de la subje i idad y la del indi idualismo. Alain Renau
Adalbe o Dias de Ca alho
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1desa olló a un al p opósi o un conjun o de c í icas que in e esa e ene sob e
odo cuando las mismas denuncian la ep esen ación de la his o ia mode na de
la iloso ía en pa icula y de la his o ia de la mode nidad en gene al “como ha-
biendo desa ollado cada ez más plenamen e, de Desca es a Hegel, las po en-
cialidades de un concep o uní oco del suje o, apa ecido con la ins alación del
ego cogi o como undamen o de lo eal y de ini i amen e asegu ado en su eino
po la i upción hegeliana del Suje o absolu o”. Impo a á, en e ec o, muy po
el con a io, e la his o ia de la mode nidad y, den o de ella, la his o ia de la
subje i idad, como una his o ia plu al y discon inua, dándose pa icula ele-
ancia a la in e ención del cogi o c i icis a, cuya impo ancia, de o o modo, el
p opio Heidegge llegó a pe cibi en Kan y el P oblema de la Me a ísica. Aquí
gana con o nos ní idos una c í ica a la me a ísica de la subje i idad – y no a su
p omoción pu a y simple – en la jus a medida en que es ealizada una c í ica a
las ilusiones del suje o sob e su ini ud y del su se -en el-mundo.
Foucaul , a su ez, no deja á de des aca ambién, en Les mo s e les
choses, el papel de la analí ica de la ini ud iniciada po Kan en cuan o p oce-
dimien o que, iniendo a ma ca las con adicciones de una mode nidad que
sob e las aspi aciones y a ogancia del suje o indaga sus con o nos epis emo-
lógicos, iene po in de e mina cuáles pueden se los undamen os de las e-
p esen aciones y su legi imidad. La g an no edad es que, a pa i de aho a, “el
lími e no se mani ies a como de e minación impues a al homb e del ex e io
pe o como ini ud undamen al”.
Es a aba de la mode nidad, no al ededo de una au oc acia del suje o
sin up u as ni aguedades mas an es en o no a la analí ica de la ini ud,
pe mi e, a nues o e , e o za la impo ancia de la ein e p e ación de Alain
Renau de la his o ia de la mode nidad. Es que si es a his o ia es plu al al
signi ica que el p opio humanismo es mul idimensional y, po lo an o, suscep-
ible de pe mi i desa ollos di e sos y has a con lic i os, los cuales an desde
el desdoble de una o odoxia que desemboca en una mo al que con ie e en
no mas las p e oga i as y acul ades del suje o, o sea, en de echos y debe es,
has a – aún en el deci de Foucaul – el e o no de la é ica como “p ác ica de sí”
en cuan o consecuencia de la idea de habla del mundo sin lo subje i a .
El desen edo al que p ocede Renau en e suje o e indi iduo es aquí
pa icula men e ele an e pues pe mi e muy conc e amen e que, dis inguién-
dose humanismo de indi idualismo, se pueda habla de una “de i a indi i-
dualis a del humanismo mode no”. De i a es a que se consuma con Leibniz al
concebi la exis encia de las mónadas en un mundo some ido a una a monía
p ees ablecida po Dios y que no es así ob a del homb e como suje o. La e dad
es que Heidegge io en el acionalismo de Leibniz una de las ealizaciones
[1] “Les subjec i i és: pou une his oi e du concep de suje ”, in E. Guibe -Sledziewski; J.-L. Vieil-
la d-Ba on, di ., Pense le suje aujou d’hui, Pa is, Mé idiens Klincksieck, 1988, p. 55
Théma a. Re is a de Filoso ía Nº 46 (2012 - Segundo semes e) pp.: 93-98.
La an opología ilosó ica y los lími es con empo áneos del humano.
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más pe eccionadas del humanismo po , a a és de un mecanismo de “an-
opomo ismo”, concebi la p opia subs ancia – en endida en el ámbi o de su
monadología – como suje o. Si en Desca es el Homb e se imponía – en el espa-
cio de una an opología – en cuan o suje o pa a quien los en es e an, an es de
nada, obje os, en Leibniz, los p esupues os de la me a ísica de la subje i idad
gana ían con o nos más as os cuando los en es, mucho más que obje os, son
pensados, ellos mismos, como suje os. Po es a 2 ía, la p io idad esencial de
la subje i idad humana en cuan o au op oducción se p esen a como siendo la
esencia de odo y cualquie en e.
En es e con ex o, des aca en onces Renau : “La esis mayo de Heideg-
ge sob e la his o ia de la subje i idad se concen a po lo an o en la decisión
de, de una mane a u o a, hace oda oda es a his o ia (y, po es e hecho,
oda la his o ia de la mode nidad) al ededo del cogi o monadológico como
doble p o undización del suje o ca esiano, simul áneamen e en el sen ido de
la ein e p e ación ac i is a de la cogi a io y no de la ein e p e ación mona-
dológica (en endida como an opomó ica) de la subs ancia”. (2) Se con i maba
de es e modo, pa a Heidegge , la ins alación de la me a ísica de la subje i idad
que end ía a culmina , en Hegel, con el suje o absolu o y en Nie zsche, con
el supe homb e. Sin emba go, lo que Leibniz llega á a conoce se á an es la
indi idualidad de las mónadas en su indi isibilidad y simplicidad, bien como
en su especi icidad e i educ ibilidad. Renau llega mismo a admi i que és a
se á una de las p ime as ecusaciones del concep o de na u aleza humana y
una p ime a mue e del homb e en la medida en que él acaba po no se más
de lo que los indi iduos. Indi iduos, añádase, incapaces de, po ellos mismos,
ins i ui una disposición me ódica, es o es, de se suje os y, como ales, a í-
ices de su mundo. La con icción de Heidegge de que hay una linealidad de
la his o ia del humanismo en endida como his o ia del suje o se hace, pues,
insus en able. Tan o más que, además de es a de i a indi idualis a, en e el
cogi o ca esiano y la pe spec i a nie zscheana se in e ponen el cogi o empi-
is a y el c í ico: el p ime o, ab iéndose a las imp esiones –di e en emen e del
acionalis a que se cie a sob e sí–, el segundo, como imos ya, p opo cionando
p ecisamen e una c í ica de la me a ísica de la subje i idad y, con ella, del
suje o que ol ida sus lími es y las ilusiones que puede cul i a sob e sí mismo.
Con base en es os p esupues os c í icos, Renau cons a a que si “la
mode nidad su ge cul u almen e con la i upción del humanismo y ilosó ica-
men e con la delineación de la subje i idad” (3), su lógica se ins i uye po la
“sus i ución p og esi a y di e enciada” –designadamen e en Leibniz, Be keley,
Hume, Hegel y Nie zsche– de la subje i idad po la indi idualidad. A pa i
de aquí, si se iene que acep a que el indi iduo es una igu a del suje o y el
indi idualismo una igu a del humanismo en el con ex o de la ins alación del
[2] Ib., p. 69

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homb e como alo en un mundo que deja de se conside ado como es ando in-
ínsecamen e je a quizado, impo a ambién conclui que, siendo el indi iduo
una igu a e anescen e del suje o, el indi idualismo es igualmen e, a su ez,
una igu a e anescen e del humanismo.
Es e humanismo mul idimensional ab e camino a una an opología
plu al y non dogmá ica3.
[3] Ib., p. 60