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La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo

Carrera, Pablo; Jiménez Morago, Jesús Miguel; Román Rodríguez, Maite; León Manso, Esperanza; Viedma, Irene

Abstract

Este artículo presenta una revisión de algunas líneas de investigación centradas en el acogimiento familiar sobre las que sería conveniente ampliar nuestro conocimiento, particularmente en España. Para que la medida de acogimiento familiar se ajuste mejor a las necesidades de los menores es fundamental dar el salto de los estudios descriptivos al análisis de los procesos relacionados con una mejor adaptación. Con motivo de una investigación actualmente en marcha por los autores, en este artículo se repasan algunas de las áreas más relevantes para el desarrollo de los menores en acogimiento familiar que aún están escasamente estudiadas. Concretamente, las áreas revisadas son la auto-regulación, las representaciones mentales de apego, la salud mental y la familia acogedora como contexto de recuperación. En cada una de ellas se subraya su importancia en el acogimiento familiar y se repasan los estudios más relevantes. El artículo finaliza con algunas conclusiones derivadas de la revisión.

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291 Apuntes de Psicología Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, 2016, Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, ISSN 0213-3334 Universidad de Huelva, Universidad de Sevilla La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo Pablo CARRERA Jesús M. JIMÉNEZ-MORAGO Maite ROMÁN Esperanza LEÓN Universidad de Sevilla (España) Irene VIEDMA Fundación Márgenes y Vínculos, Sevilla (España) Resumen Este artículo presenta una revisión de algunas líneas de investigación centradas en el acogimiento familiar sobre las que sería conveniente ampliar nuestro conocimiento, particularmente en España. Para que la medida de acogimiento familiar se ajuste mejor a las necesidades de los menores es fundamental dar el salto de los estudios descriptivos al análisis de los procesos relacionados con una mejor adaptación. Con motivo de una investigación actualmente en marcha por los autores, en este artículo se repasan algunas de las áreas más relevantes para el desarrollo de los menores en acogimiento familiar que aún están escasamente estudiadas. Concretamente, las áreas revisadas son la auto-regulación, las representaciones mentales de apego, la salud mental y la familia acogedora como contexto de recuperación. En cada una de ellas se subraya su importancia en el acogimiento familiar y se repasan los estudios más relevantes. El artículo finaliza con algunas conclusiones derivadas de la revisión. Abstract The current paper is a review of some research lines on foster care in which we need a greater knowledge, particularly in Spain. If we want foster care to be better adjusted to children needs, it is essential to move beyond descriptive studies to tackle processes and mechanisms that lead to a better adjustment. This article reviews some of these relevant areas for children development that are still scarcely studied in foster care, in line with a current research project by the authors. The areas reviewed are self-regulation, mental representations of attachment, mental health and the foster family as a context for recovery. In each area, it’s emphasized its relevance for foster care, and the major studies are reviewed. The article ends with some conclusions derived from the literature review. Dirección de los autores: Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología, c/ Camilo José Cela, s/n. 41018 Sevilla. Correo electrónico: pabcar[email protected] Recibido: noviembre de 2016. Aceptado: diciembre de 2016. En el campo de la intervención familiar, el acogimiento familiar se sitúa en el ámbito de la protección a la infancia como la medida más adecuada en los casos en los que se debe separar a un niño o niña de su familia de origen, pero no se plantea su adopción. En sus dos principales modalidades, en extensa (con familiares directos del menor) y en ajena (con personas no relacionadas con el menor), esta medida de protección supone la integración de menores en familias dispuestas a cuidarles y hacerse cargo de su educación y desarrollo (ya sea temporal o permanentemente), todo ello sin crear vínculos de parentesco ni filiación y en un proceso complejo que no está exento de retos y dificultades (Amorós y Palacios, 2004; Fisher, Leve, Delker, Roos y Cooper, 2016). En el presente artículo haremos referencia a la investigación centrándonos en el acogimiento en familia ajena, ya que es la modalidad predominante en los países en los que se han investigado las áreas de interés para la revisión. 292 Apuntes de Psicología, 2016, Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo A pesar de que desde la psicología o el trabajo social se viene defendiendo desde hace tiempo el acogimiento familiar como alternativa prioritaria frente a la institucionalización, los cambios en el sistema de protección se han ido produciendo en los últimos años de manera muy lenta y con notables diferencias en las distintas Comunidades Autónomas (Dirección General de Infancia y Familia, 2016; del Valle, López, Montserrat y Bravo, 2008). Solo muy recientemente, la Ley Orgánica 8/2015 y la Ley 26/2015 de modificación del sistema de protección a la infancia y adolescencia han venido a dar el necesario impulso legislativo al papel del acogimiento familiar en el sistema de protección, lo que se ha traducido también en planes de actuación en el ámbito autonómico. Como otros niños y niñas que pasan por el sistema de protección, la gran mayoría de los menores acogidos han experimentado situaciones de maltrato y negligencia grave en su familia de origen y, con frecuencia, han pasado por centros de protección antes de ser acogidos por una familia. En estos casos, la adversidad padecida es muy importante y, como muestran diferentes estudios, afecta a las principales áreas de desarrollo infantil (Amorós y Palacios, 2004; Amorós, Palacios, León, Fuentes y Mesas, 2003; Jiménez y Palacios, 2008). Precisamente a estos niños y niñas, la experiencia de ser acogidos por una familia les proporciona un contexto estable, protector, sensible y estimulador, en el que es posible establecer relaciones personales significativas que favorecen su desarrollo y su recuperación. Después de todos estos años en los que se ha consolidado la medida, para seguir avanzando es necesario dar un paso adelante en la investigación para abordar en profundidad el estudio de los procesos y mecanismos de adaptación, lo que contribuiría a situar la investigación en acogimiento familiar en nuestro país a la altura de la existente en otras medidas como la adopción. A continuación, se revisan algunas de las áreas de mayor relevancia para la adaptación y el desarrollo de los menores que han experimentado situaciones de adversidad y sobre las que actualmente se tiene un conocimiento limitado en el acogimiento familiar. Si bien estas áreas están claramente relacionas entre sí, se abordarán en apartados diferentes para facilitar la revisión de los aspectos en los que se ha avanzado y aquellos en los que el conocimiento es aún más limitado. Sin ánimo de agotar las muchas posibilidades existentes, en el presente artículo nos referiremos a la auto-regulación, las representaciones mentales de apego, la salud mental y a la familia acogedora como contexto de recuperación. Primero se hará un breve recorrido de la investigación en España, para después repasar el estado de los conocimientos en cada una de estas áreas en el plano internacional, subrayando su relevancia en el acogimiento familiar. Se finalizará con algunas conclusiones derivadas de la revisión. La investigación en acogimiento familiar en España De forma parecida a lo señalado por Palacios y Brodzinsky (2010) en el campo de la adopción, también se pueden identificar dos ópticas principales en la investigación en acogimiento familiar. La primera vendría del campo del trabajo social y el sistema de protección de menores y estaría más centrada en aspectos de la intervención; la segunda, desde la psicología o la psicopatología evolutiva, se centra en evaluar los efectos de la adversidad y en estudiar trayectorias evolutivas y procesos de adaptación en diferentes dimensiones del desarrollo. A diferencia de la adopción, en la investigación en acogimiento familiar se da un claro predominio de la primera óptica, mientras que los estudios desde la segunda perspectiva son más escasos. Ello se debe, en parte, a la gran heterogeneidad de las trayectorias vitales de los menores en acogimiento familiar y también a la naturaleza y a la propia complejidad de la medida, ya que la intervención profesional está presente desde su inicio hasta su finalización y los menores pueden ser acogidos de manera temporal o permanente y mantener, en muchos casos, contactos con sus familiares. Otra posible razón es que en los diferentes países se establecen distintas modalidades de acogimiento con duración, características familiares y de intervención profesional diferentes, por lo que resulta más difícil generalizar las conclusiones de las investigaciones de unos países a otros. Además de las anteriores, en España se dan otras razones por las que las investigaciones centradas en los procesos de desarrollo y en las trayectorias de adaptación en acogimiento familiar son aún escasas. La principal es que la implantación del acogimiento familiar como medida de protección data de finales de los 80, por lo que las primeras investigaciones se iniciaron a finales de los 90 y principios del nuevo siglo. Lógicamente, la mayoría de estos primeros estudios se centraron en visibilizar, actualizar y describir cuál era la situación de esta medida en nuestro país (ver, por ejemplo, Amorós et al., 2003; del Valle y Bravo, 2003; del Valle et al., 2008; Estellés, García y Mondaza, 1999; Jiménez y Palacios, 2008; Montserrat, 2008; Sánchez-Moro, 2000; Villalba, 2002). Estas investigaciones nos han permitido conocer los perfiles de menores y familias de origen y de acogida, y algunos aspectos sustanciales de la intervención profesional y del funcionamiento de la medida en sus diferentes modalidades. En algunos casos, también nos han permitido conocer el ajuste psicológico y parámetros del desarrollo cognitivo de estos menores, así como algunas características del contexto familiar y el funcionamiento de las familias de acogida. Un poco más recientemente se ha avanzado en algunos aspectos de la valoración de la dinámica y las capacidades de la familia acogedora, en especial las relacionadas con una Apuntes de Psicología, 2016 Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. 293 P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo mejor adaptación y desarrollo de los menores. Entre estos avances, se han llevado a cabo estudios que han empezado a analizar aspectos como el estrés parental, el perfil educativo y parental de los acogedores o la comunicación sobre el acogimiento para ponerlos en relación con el ajuste psicológico y el desarrollo de los menores (por ejemplo, Fuentes y Bernedo, 2009; Fuentes, Salas, Bernedo y García-Martín, 2015; Jiménez, Martínez, Muñoz y León, 2013; Jiménez y Palacios, 2008), y se ha analizado también aspectos clave como las transiciones y los contactos con las familias de origen (Del Valle, Lázaro, Lopez y Bravo, 2011; León, Jiménez-Morago y Silva, 2016; Salas, Fuentes, Bernedo y García-Martín, 2016), las posibilidades de reunificación (León, 2012; López, del Valle, Montserrat y Bravo, 2013), o el riesgo de ruptura en esta medida (Bernedo, García-Martín, Salas y Fuentes, 2016; López, del Valle, Montserrat y Bravo, 2011; Palacios, Jiménez y Paniagua, 2015) Además, el impulso de la investigación ha contribuido durante este tiempo a perfeccionar el modelo de intervención profesional mediante el desarrollo de programas de formación dirigidos a las familias, así como diferentes guías y ayudas dirigidas a profesionales y familias en temas como la valoración de idoneidad o el trabajo de historia de vida (Amorós, Fuentes y García, 2004; Jiménez, Martínez y Mata, 2010; Palacios, 2014). A pesar de estos innegables avances, sigue habiendo aspectos fundamentales del desarrollo de los menores en acogimiento familiar sobre los que tenemos muy poca información. Entre estas áreas están la auto-regulación, las representaciones de apego, la salud mental y la familia acogedora como contexto de recuperación, a las que antes hacíamos referencia. A estas dimensiones, que son algunas de las que se estudian en el proyecto de investigación con menores acogidos en familia ajena actualmente en desarrollo en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, dedicamos el resto de esta revisión. Auto-regulación La auto-regulación de la conducta y las emociones de una manera adaptativa al contexto social es una capacidad central del desarrollo, así como uno de los principales objetivos de la socialización parental (Blair y Ursache, 2011). En relación con el concepto más amplio de auto-regulación, las funciones ejecutivas son capacidades cognitivas que sirven para organizar información, planear la acción, la resolución de problemas o la inhibición del comportamiento de una manera consciente e intencional. Son capacidades fundamentales, por tanto, para un comportamiento auto-regulado (Blair y Ursache, 2011; Diamond, 2013). La regulación de las emociones de forma adaptativa y eficaz es otro aspecto importante de la auto-regulación, que se desarrolla de forma inter-relacionada a las funciones ejecutivas, ya que comparten procesos de control atencional y áreas cerebrales (Blair y Diamond, 2008; Calkins y Marcovitch, 2010). Las capacidades de auto-regulación se estimulan principalmente en la interacción con las figuras de cuidado, durante los primeros años de vida. De una regulación por parte del cuidador se pasa paulatinamente a la auto-regulación en un proceso en el que la sensibilidad, la sincronía y la estimulación en la interacción con el cuidador o cuidadora juegan un papel fundamental (Calkins y Marcovitch, 2010). La adversidad y las situaciones de maltrato y negligencia padecidas por los menores durante los primeros años suponen, por tanto, el empobrecimiento de las condiciones necesarias para el desarrollo de estas capacidades (Fisher et al., 2016). Los déficits en la auto-regulación en la infancia están relacionados sobre todo con problemas de tipo externalizante, como pueden ser los problemas de conducta o la impulsividad (Schoemaker, Mulder, Deković y Matthys, 2013), un ámbito en el que las investigaciones han mostrado que los menores en acogimiento familiar presentan problemas con frecuencia (Oswald, Heil y Goldbeck, 2010; Rubin et al., 2012). Las capacidades de auto-regulación también parecen especialmente importantes en el ámbito escolar, ya que son muy importantes para una buena adaptación a los requerimientos tanto sociales como académicos de este contexto (Blair y Diamond, 2008). En esta área también una parte importante de los niños y niñas en acogimiento familiar parece presentar dificultades, vinculadas en parte a los problemas de conducta e impulsividad referidos anteriormente (Amorós y Palacios, 2004; del Valle et al., 2008; Zima et al., 2000) En definitiva, tanto por la historia de adversidad de estos niños y niñas como por las dificultades en áreas relacionadas con la auto-regulación, parece relevante el estudio de las capacidades de auto-regulación en menores en acogimiento familiar. En este aspecto, la investigación es más bien escasa, si bien encontramos algunos resultados de interés. En relación con las funciones ejecutivas, una investigación en EEUU, con niños y niñas en acogimiento familiar entre 3 y 6 años, encontró que éstos presentaban un control inhibitorio (la capacidad para inhibir voluntariamente una respuesta dominante y ejecutar una no dominante) más deficiente que el que mostraba el grupo de comparación. Además, se encontró que el control inhibitorio mediaba de forma completa la relación entre la adversidad sufrida y el ajuste escolar, y parcialmente la relación entre adversidad y competencia socio-emocional (Pears, Fisher, Bruce, Kim y Yoerger, 2010). En el Bucharest Early Intervention Project se realizó un seguimiento longitudinal de menores en instituciones, menores en acogimiento familiar previamente institucionalizados y menores de la población general en Rumanía. En evaluaciones a los 54 meses se encontraron puntuaciones más altas en control inhibitorio de los menores en acogimiento familiar en comparación con los institucionalizados, 294 Apuntes de Psicología, 2016, Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo pero más bajas que las de los menores que han crecido con sus familias biológicas (Nelson, Fox y Zeanah, 2014). Dentro de este mismo estudio se encontró que los déficits en la memoria de trabajo, es decir la capacidad de organizar y trabajar con información mentalmente para alcanzar un determinado objetivo, mediaban la relación entre institucionalización temprana e impulsividad e inatención a los 12 años (Tibu et al., 2016). La generalización de estos resultados a menores en acogimiento familiar en otros países, sin embargo, plantea dificultades debido a las graves carencias que mostraban las instituciones rumanas. Respecto a la regulación emocional, se han encontrado relaciones entre esta dimensión y el ajuste escolar en menores en acogimiento familiar (Healey y Fisher, 2011). En este mismo estudio, el nivel de regulación emocional entre 7 y 11 años se podía predecir por el rendimiento en funciones ejecutivas en edad preescolar. El papel mediador de esta dimensión entre el maltrato sufrido y la adaptación ha quedado patente también en estudios con menores maltratados que siguen con sus familias biológicas, en los que la desregulación de las emociones mediaba longitudinal y negativamente entre el maltrato infantil sufrido, la aceptación del grupo de iguales y los posteriores problemas de ajuste externalizantes (Kim y Cicchetti, 2009). En resumen, existen evidencias que apuntan a la importancia de las capacidades relacionadas con la auto-regulación, como las funciones ejecutivas o la regulación de las emociones, como aspectos mediadores entre la historia de adversidad de menores en acogimiento familiar y su ajuste y adaptación en diferentes contextos. Que estas capacidades sean susceptibles de mejora mediante intervenciones implementadas a tiempo subraya todavía más su importancia como objetivos de intervención con niños y niñas en acogimiento familiar, y la necesidad, por tanto, de estudiarlas en esta población (Fisher et al., 2016). Representaciones mentales de apego La teoría del apego supone una de las teorías más influyentes sobre el desarrollo socio-emocional, y su propio surgimiento debe mucho a la observación de niños y niñas separados de sus figuras de referencia (Bowlby, 1973). Resulta, por lo tanto, un aspecto fundamental a la hora de analizar la adaptación de niños y niñas en acogimiento familiar, si bien los aspectos más conceptuales y de fondo no se abordarán en este apartado (para una revisión en español, ver López y Ortiz, 1999). Una de las maneras en la que las primeras relaciones de apego influyen en el desarrollo psicológico y las experiencias posteriores es mediante lo que se ha denominado modelos internos de apego. Los modelos internos de apego se refieren a una serie de representaciones mentales sobre las experiencias interpersonales, las figuras de cuidado y el sí mismo, que se construyen sobre la base de la experiencia de vinculación y protección con las figuras de apego principales. Una vez internalizada esta serie de expectativas, sentimientos, esquemas y maneras de procesar la información relacionada con el apego actúan en parte fuera de la consciencia, influyendo en la manera de comportarse e incluso de percibir e interpretar la experiencia en nuevas relaciones (López y Ortiz, 1999; Main, Kaplan y Cassidy, 1985). Las experiencias de negligencia o abuso en la relación con sus figuras de apego inducen en el niño o niña unas representaciones de apego en donde predominan la inseguridad y desconfianza respecto a sí mismos y a las figuras adultas (Hodges, Steele, Hillman, Henderson y Kaniuk, 2003). La separación de las figuras de cuidado, aun habiendo sido abusadoras, tiene también efectos significativos en las representaciones de apego (Bowlby, 1973; Stovall-McClough y Dozier, 2004) Estas expectativas y representaciones negativas de niños y niñas maltratados respecto a las figuras adultas, sobre sí mismos y las relaciones, ejercen una influencia negativa en el establecimiento de nuevas relaciones, limitando en ocasiones la confianza y seguridad emocional en ellas. Si bien estas representaciones son susceptibles de modificación si las circunstancias cambian, se trata de un proceso complejo y con cierta resistencia al cambio (Hodges et al., 2003). A pesar de la patente importancia de este tema en el acogimiento familiar, la investigación en este ámbito es muy limitada, si bien en general concuerda con lo que podemos esperar a nivel teórico y con las investigaciones realizadas con menores adoptados o en centros de acogida (Román, Palacios, Moreno y López, 2012). Las características específicas de esta medida que pueden tener influencia en aspectos de las representaciones de apego, como su posible carácter temporal o los contactos con la familia biológica, hacen que sea imprescindible su estudio en menores en acogimiento familiar y que los resultados en poblaciones relacionadas, como los menores adoptados, no sean del todo generalizables. La evaluación de las representaciones mentales de apego en menores entre 3 y 9 años se lleva a cabo generalmente a través de instrumentos proyectivos. Una de las técnicas más usadas es la evaluación a través de las historias incompletas, en la que el niño o niña debe elaborar narrativas en respuesta a situaciones hipotéticas relacionadas con el apego (Román, 2011). Dos estudios reflejan el mayor grado de desorganización, así como menos indicadores de seguridad en las narrativas de menores en acogimiento familiar en comparación con menores de la población general, y la relación entre el nivel de desorganización o de seguridad en las representaciones de apego reflejados en las narrativas con la severidad de las experiencias de maltrato antes del acogimiento (Bovenschen et al., 2016; Orgel, 2007). Otro estudio con niños y niñas de 5 años encontró una mayoría de representaciones negativas del sí mismo, aunque un nivel alto de aceptación Apuntes de Psicología, 2016 Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. 295 P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo por parte del cuidador o la cuidadora de acogida estuvo relacionado con representaciones más positivas del sí mismo y de las relaciones de apego (Ackerman y Dozier, 2005). En otra investigación se analizó el cambio en las representaciones de apego de adolescentes en acogimiento familiar profesionalizado en el transcurso de un año, también mediante una técnica proyectiva. En este estudio se encontró que, aunque permanecía predominante una estrategia de evitación respecto a las emociones relacionadas con el apego y las separaciones afectivas, los adolescentes desarrollaron ciertos indicadores de seguridad y confianza en los adultos en ese tiempo (Dallos, Morgan-West y Denman, 2014). Usando una metodología de entrevista para evaluar las representaciones mentales de apego, encontramos otros estudios con adolescentes y jóvenes adultos con resultados que evidencian una evolución positiva tras el acogimiento familiar. En un estudio con adolescentes en acogimiento familiar, se evaluaron las representaciones de apego respecto a sus padres biológicos y sus acogedores. Se encontró que, mientras respecto a las familias biológicas casi toda la muestra mostraba representaciones categorizadas como inseguras, en torno al 50% de los adolescentes había desarrollado representaciones de apego seguras respecto a sus acogedores, un porcentaje similar al de adolescentes con representaciones seguras respecto a sus padres en muestras de la población general (Joseph, O’Connor, Briskman, Maughan y Scott, 2014). En otra investigación con dos grupos de jóvenes adultos de Alemania, uno criado en acogimiento familiar permanente y otro en instituciones, se encontró un mayor porcentaje de jóvenes con representaciones mentales de apego seguras en el grupo que había crecido en acogimiento familiar (Nowacki y Schoelmerich, 2010). En resumen, la evidencia disponible apunta a que los menores en acogimiento familiar están en riesgo de haber desarrollado representaciones mentales de apego con elementos de inseguridad y desorganización, y que estas representaciones son relevantes para la formación de nuevas relaciones en el contexto del acogimiento familiar. También hay ciertos indicios de la posibilidad de desarrollo de representaciones seguras en las familias de acogida. Profundizar, por tanto, en la evaluación de las representaciones mentales de apego en esta población nos puede ayudar a adecuar la intervención profesional en el acogimiento familiar, con el fin de que sea lo más beneficiosa posible. Salud mental El ajuste psicológico y la salud mental de los menores en el sistema de protección han sido objeto de preocupación y de investigación desde hace tiempo. Sin embargo, solo recientemente se ha empezado a plantear la necesidad de un conocimiento más profundo de los posibles problemas que vaya más allá de la división entre problemas externalizantes e internalizantes, así como de ser más prudentes a la hora de utilizar las categorías diagnósticas que se aplican a la población general con estos menores (DeJong, 2010; Tarren-Sweeney, 2013). El caso del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es ilustrativo al respecto. Los problemas de impulsividad e inatención son frecuentes en los menores en acogimiento familiar (Oswald et al., 2010) y, como consecuencia, hay una alta prevalencia -en torno al 50%- de menores en acogimiento familiar diagnosticados de TDAH en países con estudios amplios de prevalencia como EEUU (Rubin et al., 2012). Esta alta prevalencia, asociada a ratios elevadas de uso de medicación psicotrópica, ha causado cierto debate respecto a la adecuación del diagnóstico en esta población. La cuestión está en que un número relevante de los menores en el sistema de protección presenta una serie de factores que contribuyen a las dificultades en la regulación a las que nos hemos referido con anterioridad en este artículo, y que pueden solaparse con los síntomas de impulsividad e inatención característicos del TDAH, como dificultades de lenguaje o aprendizaje, problemas de ansiedad o síntomas de estrés postraumático (Klein, Damiani-Taraba, Koster, Campbell y Scholz, 2015). Algunas investigaciones han puesto de manifiesto cómo, efectivamente, es infrecuente encontrar en menores en acogimiento familiar un diagnóstico de TDAH de forma aislada, sin coexistir con otro tipo de problemas de salud mental (Tarren-Sweeney, 2013). Entre estos problemas de salud mental, también se puede encontrar una presencia relevante -diferentes estudios coinciden en una cifra de en torno a un 20% de los menores en acogimiento familiarde síntomas disociativos, síntomas de estrés postraumático o trastornos del apego (Greeson et al., 2011; Hulette, Freyd y Fisher, 2011; Minnis, Everett, Pelosi, Dunn y Knapp, 2006; Tarren-Sweeney, 2013). Aunque estos problemas pueden no ser mayoritarios, tienen suficiente presencia en los menores en acogimiento familiar y requieren una atención especializada y diferenciada de otros problemas que debe ser tenida en cuenta. Diferentes investigadores han señalado cómo muchas de estas dificultades se dan de forma inter-relacionada, como alteraciones en distintas dimensiones específicamente derivadas de las experiencias de adversidad y maltrato en la infancia. Esta presencia de dificultades relacionadas de diferente tipo, que a menudo no alcanzan la gravedad suficiente para ser consideradas un trastorno según los estándares actuales pero que aun así tienen relevancia en conjunto, junto con las objeciones al sobre-diagnóstico de trastornos como el TDAH, han llevado a muchos investigadores y profesionales a cuestionar la validez de los enfoques diagnósticos categoriales con menores en el sistema de protección, y a abogar por un enfoque más informado de la trayectoria evolutiva y las circunstancias específicas de estos menores. Debido al maltrato y adversidad continuada que muchos de estos niños y niñas han sufrido, pueden presentar dificultades con características diferenciales respecto a la 296 Apuntes de Psicología, 2016, Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo población general que no son adecuadamente recogidas por los enfoques diagnósticos clásicos, y que pueden necesitar un tratamiento específico diferente (D’Andrea, Ford, Stolbach, Spinazzola y van der Kolk, 2012; DeJong, 2010; Tarren-Sweeney, 2013). En definitiva, la literatura revisada indica que es necesario un mayor conocimiento respecto a la salud mental de los menores en acogimiento familiar y los problemas que pueden presentar, ya que podrían distinguirse de problemas aparentemente parecidos en menores que no han sufrido adversidad grave. Además, parece que una parte de los menores en acogimiento familiar, minoritaria pero suficientemente relevante, puede presentar dificultades inter-relacionadas y con cierta complejidad en diferentes ámbitos como consecuencia de la adversidad sufrida; dificultades que requerirían un acercamiento informado de la trayectoria evolutiva y las circunstancias específicas de estos menores para poder ofrecerles un tratamiento adecuado y evitar su patologización. La familia acogedora como contexto de recuperación Hasta ahora nos hemos referido a las dificultades que pueden presentar los menores en acogimiento familiar en diferentes ámbitos (auto-regulación, apego y salud mental) como consecuencia de la adversidad que han sufrido. Pero para comprender bien esta medida de protección y su relación con el bienestar y la recuperación de los niños y niñas habría que realizar dos importantes puntualizaciones a este discurso, que derivan de la investigación en este campo. En primer lugar, si bien es cierto que el haber sufrido adversidad supone un riesgo para diversos ámbitos del desarrollo, esto no significa que todos los menores en acogimiento familiar presenten estos problemas. Lo que las investigaciones suelen encontrar es un porcentaje más elevado de menores en acogimiento familiar con dificultades en la dimensión que se estudie (por ejemplo, auto-regulación, ajuste académico o problemas de conducta), en comparación con menores que no han sufrido maltrato y que han crecido con sus familias biológicas. No obstante, conviene señalar también que los estudios muestran que un porcentaje muy considerable de niños y niñas en acogimiento familiar no presentan problemas graves (Fisher et al., 2016; Oswald et al., 2010). El hecho, ampliamente comprobado, de que algunos individuos presentan una buena adaptación a pesar de haber sufrido una adversidad considerable entra en el campo de la resiliencia (Rutter, 2006). La investigación también ha dejado claro que la resiliencia no es una capacidad innata y meramente interna a la persona, sino un proceso dinámico que está muy relacionado con las experiencias de interacción y factores contextuales (Luthar, Cicchetti y Becker, 2000; Rutter, 2006). La segunda puntualización respecto al discurso que relaciona adversidad temprana con el ajuste o la adaptación actual es que falta al menos un elemento fundamental en la ecuación, y es el contexto y los apoyos actuales de la persona. Aunque la experiencia temprana es muy importante, los grandes estudios longitudinales de psicología del desarrollo han mostrado que la adaptación presente es fruto tanto de la trayectoria evolutiva y de experiencias pasadas como de las circunstancias y apoyos actuales (Sroufe, Coffino y Carlson, 2010). Con limitaciones relacionadas con la duración de la adversidad y la etapa evolutiva en la que se dé, de qué dimensión psicológica se trate, o la edad de la persona, el desarrollo psicológico muestra plasticidad y capacidad de recuperación si la calidad del contexto y las relaciones cambia (Palacios, Román, Moreno, León y Peñarrubia, 2014). La implicación de estos dos puntos para el campo del acogimiento familiar es clara: es fundamental valorar los contextos y apoyos en el presente de los menores en acogimiento familiar, porque pueden contribuir a la recuperación y a la buena adaptación a pesar de la adversidad que han sufrido. La familia acogedora y su capacidad educativa y parental tienen un papel privilegiado por la importancia del contexto familiar para el desarrollo y por su potencial capacidad terapéutica en menores con adversidad temprana (Schofield y Beek, 2005). En la investigación en acogimiento familiar, sin embargo, este tema se ha estudiado de manera limitada. La literatura disponible apunta a que muchas de las características de parentalidad positiva en la población general como un estilo educativo democrático, comunicación, bajo estrés parental, calidez en la relación, establecimiento de normas, apoyo en la familia o una orientación centrada en las necesidades infantiles también están relacionadas con una mejor adaptación en los menores acogidos y un mejor funcionamiento del acogimiento familiar (Berrick y Skivenes, 2012; Fuentes et al., 2015; Jiménez et al., 2013; Jiménez y Palacios, 2008; Schofield y Beek, 2005; Sinclair y Wilson, 2003). En relación con las representaciones mentales de apego, en las que los acogedores pueden jugar un papel especialmente relevante, se ha encontrado que tanto un estilo de apego seguro-autónomo, como la sensibilidad en los acogedores tienen una influencia positiva (Bovenschen et al., 2016; Dozier, Stovall-McClough, Albus y Bates, 2001). Dada la importancia de la interacción sensible y no verbal entre el cuidador y el menor para el desarrollo del apego, este es un área que se beneficia especialmente de técnicas de observación de la interacción entre cuidador y niño o niña (Steele et al., 2007). El estudio ya mencionado de Joseph y colegas (2014) es un buen ejemplo de la utilidad de las técnicas de observación en este ámbito, y de cómo el tono de la interacción se relaciona con la seguridad en las representaciones de apego de los menores. En resumen, lo que se ha querido destacar en este apartado es que existe diversidad en el desarrollo entre los Apuntes de Psicología, 2016 Vol. 34, número 2-3, págs. 291-300. 297 P. Carrera y otros La investigación en acogimiento familiar: de la descripción a los procesos de adaptación y desarrollo menores en acogimiento familiar, de manera que muchos muestran una buena adaptación, y que la familia acogedora en esto juega un papel fundamental. Si bien parece que, en general, las características típicas de la parentalidad positiva son las que se relacionan con una mejor adaptación en el acogimiento familiar, en otros aspectos más específicos relacionados con los comportamientos de los acogedores que favorezcan la seguridad en las representaciones de apego de los menores, un conocimiento más matizado y en profundidad podría ser muy útil para guiar de forma práctica a los acogedores en su admirable y compleja labor. Conclusiones A lo largo de esta revisión, se ha tratado de poner de manifiesto la necesidad de superar la investigación principalmente centrada en la descripción de perfiles de los menores y familias, de las características de la medida o de la intervención profesional, para profundizar en algunas de las dimensiones más importantes del desarrollo psicológico y en los procesos relacionados con una mejor recuperación y adaptación de niños y niñas en acogimiento familiar. Este avance supondría situar el conocimiento sobre estas dimensiones y procesos en el acogimiento familiar al nivel del actualmente existente en otras medidas de protección como la adopción, lo que permitiría establecer comparaciones y extraer conclusiones de enorme valor para la investigación y la intervención con menores y familias. De las áreas repasadas, algunas como la auto-regulación o las representaciones de apego se sabe que son afectadas de forma negativa por la adversidad temprana y que tienen una importancia capital en el desarrollo psicológico y en la adaptación en diferentes contextos. Otras, como la salud mental, necesitan un acercamiento más matizado, informado, y amplio del que a menudo se tienen debido a su complejidad y sus características diferenciales en niños y niñas del sistema de protección al menor. Por último, resulta fundamental entender los factores relacionales y familiares que favorecen una mejor recuperación y adaptación en los menores en acogimiento familiar, a pesar de su pasado adverso. Además de informarnos sobre procesos psicológicos y relacionales que son muy relevantes a nivel teórico, estas áreas tienen en común que han sido poco estudiadas en el acogimiento familiar (especialmente en España) y que son aspectos psicológicos que requieren un acercamiento suficientemente informado y riguroso. Obtener un mayor conocimiento sobre las dimensiones del desarrollo psicológico que se relacionan con una mejor o peor adaptación, como las revisadas en este artículo, es crucial para establecer objetivos y afinar la intervención con los menores y las familias implicadas en el acogimiento familiar (Rutter, 2000). Como es natural, los temas relevantes para la investigación en acogimiento familiar no se agotan con los expuestos; se ha hecho poca mención en esta revisión a la familia biológica o a otros asuntos más relacionados con la intervención, como las visitas o la reunificación, áreas fundamentales en el acogimiento familiar de las que es muy necesario también un mayor conocimiento. Afortunadamente, existen grupos de investigación en nuestro país trabajando sobre algunos de estos aspectos y sus primeros resultados parecen prometedores (Balsells, Amorós, Fuentes-Pelaez y Mateos, 2011; León, 2012; León et al., 2016; Salas et al., 2016). El proyecto de investigación en el que se enmarca el trabajo presentado aquí pretende contribuir modestamente en nuestro país al mejor conocimiento de estas áreas emergentes en la investigación internacional. Confiamos, de esta manera, seguir avanzando en la mejora del acogimiento familiar y en el ajuste cada vez más fino de la intervención a los menores y a las familias que forman parte de esta medida clave en el sistema de protección a la infancia. Referencias Ackerman, J. P. y Dozier, M. (2005). The influence of foster parent investment on children’s representations of self and attachment figures. Journal of Applied Developmental Psychology, 26, 507-520. Amorós, P, Fuentes, N. y García, O. (2004) La formación para el acogimiento en familia extensa. Infancia y Aprendizaje, 27, 447-455. Amorós, P. y Palacios, J. (2004). Acogimiento familiar. Madrid: Alianza Editorial. Amorós, P., Palacios, J., León, E., Fuentes, N. y Mesas, A. (2003). Familias canguro. Una experiencia de protección a la infancia. Barcelona: Fundación La Caixa. Balsells, A., Amorós, P., Fuentes-Pelaez, N. y Mateos, A. (2011). Needs analysis for a parental guidance program for biological family: Spain’s current situation. 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