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215 GÉNERO, HUMOR Y ESCRITURA; O DE CÓMO SE CONSTRUYE LA SONRISA INTELIGENTE Martínez Lozano, Consuelo Patricia Escuela de Ciencias de la Comunicación Universidad Autónoma de San Luis Potosí [email protected], [email protected] RESUMEN: Esta ponencia intenta bordar en tres direcciones que aluden a la presencia femenina en la creación literaria y su relación con el humor como una construcción cultural y de género: la primera se refiere a la presencia del sentido del humor y la ironía en cierta producción literaria creada por mujeres, como son los casos de la escritora y filósofa Rosario Castellanos y de Sor Juana Inés de la Cruz, en México. Derivado de este punto, el segundo aspecto aborda, comparativamente, la presencia o ausencia del sentido del humor en la escritura de otras creadoras literarias de diversas nacionalidades, estilos y épocas, como Simone de Beauvoir, Katherine Mansfield y Jane Austen. Finalmente, como un tercer punto y a manera de conclusiones, intento desarrollar un breve análisis respecto al uso del humor y la ironía en la escritura femenina como una forma de transgresión y, a la vez, como una mecanismo de emancipación o búsqueda del sentido libertario y de goce para las mujeres. PALABRAS CLAVE: Género, humor, ironía, placer, escritura.
216 “Pero, señora, ¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito” Sor Juana Inés de la Cruz en “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” “Ante esto yo sugeriría una campaña: no arremeter contra las costumbres con la espada flamígera de la indignación ni con el trémolo lamentable del llanto, sino poner en evidencia lo que tienen de ridículas, de obsoletas, de cursis y de imbéciles. Les aseguro que tenemos un material inagotable para la risa. ¡Y necesitamos tanto reír, porque la risa es la forma más inmediata de la liberación de lo que nos oprime, del distanciamiento de lo que nos aprisiona!” Rosario Castellanos en “Mujer que sabe latín…” Esta ponencia nace de un tema de investigación al que he podido acercarme en tiempos recientes: el estudio del sentido del humor desde una perspectiva de género. El punto de partida de esta inquietud surgió en el terreno de la literatura, fundamentalmente a través de la producción literaria de la escritora mexicana Rosario Castellanos (1925-1974). Tomando como base los textos de Castellanos, pude aproximarme a la identificación de la ironía y el sentido del humor como una manera de transgresión de género y, también, de búsqueda de libertad en las mujeres. El carácter de las reflexiones que aquí comparto, nace y se desarrolla, en primera instancia, en el terreno de la perspectiva académica dentro de las ciencias sociales y la antropología, y no en el ámbito del análisis literario especializado. Y también, me atrevo a manifestar, que lo aquí expuesto proviene de la simple y llana afición, gusto y sobre todo admiración personal por la literatura y especialmente por la figura de Rosario Castellanos, cuya producción literaria a la que por fortuna tuve acceso desde mi adolescencia, influyó de alguna manera en la percepción que fui desarrollando en años posteriores respecto a la perspectiva teórica del género y la construcción cultural-simbólica del ser femenino y masculino. LA SONRISA DE LA ESCRITORA Rosario Castellanos, al hablar de Sor Juana Inés de la Cruz, señala cierta característica de la monja jerónima que permite vislumbrar el sentido del humor como un posible rasgo de su personalidad: “La distancia es el alma de lo bello que lejana se transforma con facilidad en humor. Y esta figura patética, más que admirable, conmovedora, esta mujer, más allá de su soledad y de la incomprensión hostil que la rodeaba, más allá de su vida difícil y de ‘llama combatida entre contrarios vientos’, más allá del fracaso de su ambición más alta, supo sonreír” (Castellanos, 1997: 67). Es preciso resaltar este interés de Castellanos por la ironía, el humor, la sonrisa. Castellanos identifica estos rasgos en Sor Juana, y en cierta forma no oculta o permite vislumbrar su admiración por esta característica. La misma Castellanos en su obra hace gala constante de esta
217 cualidad y en su texto “Mujer que sabe latín…”, sentencia: “La risa, ya lo sabemos, es el primer testimonio de la libertad” (Castellanos: 1997, 202). A Rosario Castellanos le interesa (y de alguna manera también la define o la “libera”) la ironía, el sarcasmo, incluso reírse de sí misma; de las disposiciones social y culturalmente impuestas que han determinado el ser mujer, y de la manera en que las mujeres de la sociedad mexicana aprehenden y expresan esas disposiciones; de lo que las mujeres son en ese contexto. En lo particular admiro y me conmueve esta virtud en la obra literaria de Castellanos, y que también puede encontrarse en su correspondencia personal, lo que define una característica de su personalidad, y sobre todo, de su inteligencia (Martínez, 2011). Según me enteré hace unas semanas, a través del suplemento dominical de un periódico mexicano (La Jornada), por un artículo de Marco Antonio Campos, la Editorial Renacimiento publicó en Sevilla una antología de Rosario Castellanos titulada “Juegos de Inteligencia”. Esta antología fue seleccionada y prologada por Amalia Bautista. Según apunta Campos, esta es la primera vez que se publica en España un libro de poemas de Rosario Castellanos. Llamó poderosamente mi atención que esta antología aludiera en su título a la “inteligencia”, principalmente porque ésta es la característica fundamental que me parece vislumbrar en la producción de Castellanos, y dicha inteligencia se manifiesta literariamente en sus expresiones irónicas y/o humorísticas. Por su parte, Poniatowska expresa lo siguiente al referirse a las cartas personales de Castellanos (y también, de alguna manera, a su estilo literario): “aspecto notable es el del humor, incluso a costa, o mejor dicho, sobre todo a costa de sí misma, y esto no abunda entre las escritoras mexicanas. […] Sólo los inteligentes son capaces de hacer chistes sobre sí mismos. Los tontos son los que repiten chistes ajenos” (Castellanos, 1996: 19). De nueva cuenta puede encontrarse esta interpretación del humor e ironía en la producción de Castellanos como una expresión clara de su gran lucidez intelectual. El uso de la ironía en la producción literaria de Castellanos ha sido objeto de algunos análisis, como el de Megged (1994)145 y el de Guerrero (2005). Para analizar la obra de Castellanos, Guerrero ofrece algunos conceptos de ironía, de diversos autores, provenientes del análisis literario, a la vez que apunta el origen de la percepción de lo irónico: “el concepto de ironía nació 145 Según Megged, “La ironía y el humor en temas serios y triviales [Castellanos] lo logra con medios que permiten convertir la relación trágica en una sonrisa liberadora o aterradora” (Megged, 1994: 189). Para explicar lo anterior y disertar al respecto, Megged hace un análisis estilístico de un cuento de Rosario Castellanos titulado: “Lección de cocina”. Megged desarrolla trece aspectos o “métodos” (como categorías analíticas) a través de los cuales indica la manera en que Castellanos logra, en dicho cuento, “dar lo burlesco en lo trágico”. Dichas categorías son las siguientes: 1) Exagera la fuerza de las afirmaciones; 2) Usa adjetivos y apodos paródicos e irónicos; 3) Mezcla palabras y conceptos elevados con términos de uso diario; 4) Critica e intensifica sus defectos; 5) Compara objetos extraídos de contextos diferentes; 6) Habla con desdén de temas serios; 7) Utiliza dichos e imágenes literarias y cinematográficas; 8) Se vale de los detalles que hay detrás de las palabras; 9) Mantiene un diálogo consigo misma; 10) Teatralización; 11) Ruptura del efecto humorístico; 12) La tensión en el relato; y 13) La figura del narrador.
218 en Grecia, en la temprana comedia griega y […] se aplicaba tanto al lenguaje como a la manera de comportarse de un tipo de personaje, el llamado eiron, que se caracterizaba por aparentar ser menos listo de lo que era, con lo cual engañaba a otro llamado alazón. Eiron derivó en una técnica que consiste en decir lo menos y significar lo más” (Guerrero, 2005: 25 y 26).146 Castellanos se burla de sí misma, y esta risa frente al espejo la ubica en un juego de simulación, de aparentar ser una mujer insignificante, sin atractivos de ningún tipo, ya sean físicos o intelectuales. Una figura que oscila entre la nulidad y la aparente indefensión. Sin embargo, esta sonrisa tiene que ver con un acto de liberación y, a la vez (o por lo mismo), con una forma de transgresión. Para Castellanos reírse de sí misma es el inicio del acto transgresor de emancipación ante los esquemas de pensamiento y acción que subordinan a las mujeres. Al reírse de sí misma se burla también de las normas culturalmente establecidas que han determinado el lugar de subordinación al que son confinadas las mujeres. Castellanos nos invita, entonces, a reírnos de nosotras mismas, porque en esa burla va implícito el señalamiento claro y descarnado de lo que los esquemas histórico culturales nos han obligado a ser. La risa devela el patetismo de las normas, esto es, lo que estas determinaciones “tienen de ridículas, de obsoletas, de cursis y de imbéciles” (Castellanos, 1995: 38). Rosario Castellanos siempre está presta a reírse de sí misma y con frecuencia a auto-ironizarse sin contemplaciones, casi como una manera de exorcismo. En una de sus “Cartas a Ricardo”, Castellanos habla de sus relaciones más o menos ríspidas con su medio hermano, y de la manera de apreciarse a sí misma en el marco de dicha relación: “Con mi hermano yo me había adjudicado un papel de lo más incómodo. Yo era la mujer fuerte. (…) Y además yo era una amazona capaz de soportar ocho o diez horas a caballo sin mostrar el menor signo de fatiga, de asistir, sin pestañear, a las hierras (ese calor sofocante, esas nubes de polvo, esa cantidad de bichos picándolo a uno). Y además hábil para los negocios, capaz de sacar adelante el rancho. Cuando me pongo a ver esto, ahora, me da risa. ¿De dónde saqué una imagen tan estrafalaria? De Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, lo menos”. (Castellanos, 1996: 175).147 Sin embargo, me atrevo a señalar que es principalmente en la poesía donde Castellanos se permite reír (a veces con amargura) de sí misma y de su oficio, es decir, de su “Otro modo de ser”148 mujer escritora, como puede apreciarse en su poema “Autorretrato” (1985: 185-187), donde ella misma se analiza y se refleja con cierta dulce ironía, pero sin autoconmiserarse: “Yo soy una señora: tratamiento arduo de conseguir, en mi caso, y más útil 146 Ver Martínez (2010 a) 147 Ver Martínez (2011) 148 Con esta frase hago referencia a un poema de Rosario Castellanos titulado “Meditación en el umbral”. (Castellanos, 1985: 73)
219 para alternar con los demás que un título extendido a mi nombre en cualquier academia. (...) Soy más o menos fea. Eso depende mucho de la mano que aplica el maquillaje. (…) Soy mediocre. Lo cual, por una parte, me exime de enemigos y, por la otra, me da la devoción de algún admirador y la amistad de esos hombres que hablan por teléfono y envían largas cartas de felicitación. (…) Amigas… hmmm… a veces, raras veces y en muy pequeñas dosis. En general, rehúyo los espejos. Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal y que hago el ridículo cuando pretendo coquetear con alguien. (…) Sufro más bien por hábito, por herencia, por no diferenciarme más de mis congéneres que por causas concretas. Sería feliz si yo supiera cómo. Es decir, si me hubieran enseñado los gestos, los parlamentos, las decoraciones. (…) Siempre que releo este poema, vuelve a mí la sensación que tuve cuando lo leí por primera vez: la experimentación de una especie de perplejidad (¿por qué esta mujer se ríe tanto de sí misma?, me preguntaba) y, al mismo tiempo, la identificación y las ganas de reír, a mi vez, de mí. Aunque aquí presento sólo unos fragmentos, el poema en general es lúdico y con imágenes de gran fuerza y precisión: al leerlo podemos ver a Rosario en las diversas circunstancias de la vida cotidiana a las que alude, y esta visión la representa sonriendo en todos los momentos: ya sea con las amigas; frente al espejo lista para maquillarse; charlando con los varones devotos o explicándose a sí misma su inclinación al sufrimiento y la infelicidad.
220 En algunos ensayos y cuentos, Castellanos dibuja el perfil de diversas personalidades y roles femeninos en México149: la madre, la joven casadera, la mujer provinciana, la solterona, la intelectual, la joven estudiante, etc.150 Las solteronas de Castellanos son retratadas con trazo fresco pero firme, sin concesiones ni conmiseraciones, y sobre todo, con un humor fino pero no por eso menos agudo y mordaz. Las mujeres jóvenes también pasan por el tamiz de la sonrisa al plasmarlas entre aturdidas, indiferentes, aburridas y/o sometidas a una estructura patriarcal masculina que parece cancelar toda posibilidad de rebelión, sobre todo si se encuentran en la provincia (Martínez, 2011: 120). Estas figuras femeninas son tema recurrente en todos los campos de la creación literaria de Castellanos, lo mismo en la poesía, los cuentos o la novela que en el ensayo o, inclusive, en su tesis de filosofía. Me refiero al texto “Sobre cultura femenina”, que constituyó su tesis para obtener el grado de Maestra en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México.151 El humor, la mirada incisiva, están siempre latentes en la obra de Castellanos, incluso en los terrenos de la producción académica como lo fue, justamente, su tesis de filosofía, publicada en México hace apenas unos cuantos años. En el prólogo a dicho texto, Cano señala que tanto los integrantes del sínodo como el público asistente a la defensa de la tesis de Castellanos reían a carcajadas, compartiendo los penetrantes e irónicos planteamientos que contenía el trabajo presentado (Castellanos, 2005: 32). En un tipo de producción académica como es una tesis (que se asume como un texto y exposición serios), Castellanos logra integrar de manera brillante el humor como característica de su trabajo y herramienta explicativa de sus planteamientos. Con esto, de alguna manera fisura y se rebela ante la imposición de la solemnidad científica. (Martínez, 2011: 119). En su ensayo “Mujer que sabe latín…”, Castellanos describe con agudeza y mordacidad la condición de soltería en las mujeres mexicanas, y, no obstante que estos planteamientos fueron expresados a principios de los años setenta del siglo XX, bien pueden ser trasladados a la 149 No hay que perder de vista que la producción literaria de Castellanos abarca de los últimos años de la década de los cuarenta del siglo XX hasta los primeros años de los setenta. En este sentido, aludo a las configuraciones de lo femenino que corresponden al tiempo en que Rosario Castellanos vivió y escribió. Sin embargo, gran parte de estas determinaciones de género que permean la obra de Castellanos, aún persisten y se mantienen con una gran fuerza en México (sobre todo las que se refieren a la maternidad). En esencia y como fundamento principal, las inquietudes y planteamientos de Castellanos se mantienen vigentes en el contexto mexicano. Incluso ahora con mayor énfasis, a raíz de la violencia y la descomposición del tejido social (los casos de feminicidios son apenas un ejemplo) que impera en la sociedad mexicana actual. 150 Al referirme a la joven estudiante hago alusión directa a la protagonista de la novela “Rito de iniciación”, que permaneció inédita (aparentemente extraviada) durante muchos años, y fue publicada hasta 1997. También considero pertinente aclarar que no aludo en este documento a la faceta o línea temática literaria más conocida de Rosario Castellanos: sobre la condición de miseria y explotación de los indígenas del estado mexicano de Chiapas. 151 Rosario Castellanos se tituló con esta tesis en 1950, cuando apenas tenía 25 años de edad.
221 realidad actual de México en los albores del siglo XXI. A continuación me permito citar un párrafo algo extenso. Dice Castellanos: “Porque no se elige ser soltera como una forma de vida sino que, la expresión ya lo dice, se queda uno soltera, esto es, se acepta pasivamente un destino que los demás nos imponen. Quedarse soltera significa que ningún hombre consideró a la susodicha digna de llevar su nombre ni de remendar sus calcetines. Significa no haber transitado jamás de un modo de ser superfluo y adjetivo a otro necesario y sustancial. Significa convertirse en el comodín de la familia. ¿Hay un enfermo que cuidar? Allí está Fulanita, que como no tiene obligaciones fijas… ¿Hay una pareja ansiosa de divertirse y no halla a quién confiar sus retoños? Allí está Fulanita, que hasta va a sentirse agradecida porque durante unas horas le proporcionen la ilusión de la maternidad y de la compañía que no tiene. ¿Hace falta dinero y Fulanita lo gana o lo ha heredado? Pues que lo dé. ¿Con qué derecho va a gastarlo todo en sí misma cuando los demás, que sí están agobiados por verdaderas necesidades, lo requieren? Y ¿por qué las necesidades de los demás son verdaderas y las de la soltera son apenas caprichos? Porque lo que ella necesita lo necesita para sí misma y para nadie más, y eso, en una mujer, no es lícito. Tiene que compartir, dar. Sólo justifica su existencia en función de la existencia de los demás”. (Castellanos, 1995: 32 y 33).152 Aquí podemos apreciar la manera en que Castellanos expresa planteamientos filosóficos y socioantropológicos a través de mecanismos humorísticos. Esto le confiere a su expresión una gran solidez y agudeza. De esta manera, al recurrir al matiz irónico, al humor; los planteamientos de Castellanos se vuelve más vigorosos, más contundentes, más analíticos, es decir, más dotados de una “seriedad” que muy posiblemente el tono solemne o academicista no le proporcionaría; por el contrario, probablemente los volvería patéticos. Como ya señalaba al inicio de este documento, para Castellanos, la figura de Sor Juana Inés de la Cruz es, entre muchas cosas, una “mirada luminosa […] un corazón abierto y ancho” (Castellanos, 1997: 62) que se vuelca íntegro hacia la búsqueda del conocimiento, es la gran inteligencia lúdica, entusiasta, sonriente. “Lee incansable y ávida. ¿Le arrebatan los libros? Observa, estudia en los hechos. De los juegos infantiles, de la práctica culinaria, deduce leyes científicas. Y sueña y consume sus espíritus en el sueño y en la vigilia”. (Castellanos, ibid). Me parece, en muchos sentidos, que Castellanos percibe en Sor Juana un espejo, una especie de alter ego en relación, justamente, a esa manera humorística, irónica y mordaz de enfrentar las determinaciones y subordinaciones de género que cada una tuvo que afrontar en su vida y momento histórico. Mucho se ha escrito sobre Sor Juana, y hasta la fecha continúa siendo una fuente inagotable de estudios, libros, documentos, tesis y disertaciones eruditas. Evidentemente no es mi intención hacer aquí competencia a todo ese sapiente mar de tinta que ha corrido en aras de aproximarse, entender y explicar a la monja jerónima del barroco novohispano en México. Simplemente me parece pertinente, y en cierta forma justo, señalar esta característica 152 El subrayado al interior de la cita es mío.
222 del humor, la ironía, la inteligencia sonriente de Sor Juana, más allá (o a pesar de) su erudición, de su prístina capacidad intelectual-científica, de su talento y genio literario. A pesar de ella misma, del ensañamiento de toda una sociedad y una época, como bien dice Castellanos, Sor Juana “supo sonreír”. En su “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” (1998), Sor Juana hace una vigorosa y genial autodefensa de su inclinación al estudio y la búsqueda del conocimiento; a la par, o como parte de la fundamentación de sus argumentos, traza una serie de relatos autobiográficos y, de paso, hace gala de ese talante humorístico e irónico que dota de mayor agudeza y contundencia sus expresiones. No es raro imaginar a Sor Juana sonriendo en algunos momentos al escribir ese texto y en muchos otros aspectos de la vida cotidiana.153 Dice Sor Juana (2002: 4) en uno de sus escritos catalogados como Romances Filosóficos: “Finjamos que soy feliz, triste Pensamiento, un rato; quizá podréis persuadirme, aunque yo sé lo contrario: que pues sólo en la aprehensión dicen que estriban los daños, si os imagináis dichoso no seréis tan desdichado. (…) Los dos Filósofos Griegos bien esta verdad probaron: pues lo que en el uno risa, causaba en el otro llanto. (…) Uno dice que de risa sólo es digno el mundo vario; y otro, que sus infortunios son sólo para llorados. (…) Si es mío mi entendimiento 153 Como un simple comentario, me parece adecuado mencionar una película de la directora argentina María Luisa Bemberg, sobre la vida de Sor Juana, titulada “Yo, la peor de todas”, en la que traza un retrato digno, vivaz y de una gran admiración y respeto por el personaje de la monja jerónima. En las primeras escenas de la película aparece una Sor Juana riendo quedamente tras bambalinas cuando en el convento se representa ante el Virrey una de sus obras teatrales: “Los empeños de una casa”.
223 ¿por qué siempre he de encontrarlo tan torpe para el alivio, tan agudo para el daño? (…) En este juego recurrente de contradicciones se instala continuamente el pensamiento irónico de Sor Juana, y estas contradicciones tienen que ver con su propia vida que ella misma definía como “llama combatida entre contrarios vientos”. Ante la incomprensión, el señalamiento, la censura, la acechanza de sus acosadores, Sor Juana espeta juguetona, risueña, pero también audaz, firme, contundente: En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner bellezas en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas? (ibid: 134). Estos versos de Sor Juana definen mucho de esa sonrisa inteligente, humorística, que puede caracterizar a cierto tipo de escritura femenina. A pesar de la persecución e incomprensión, de su propia soledad y abandono, Sor Juana no utiliza la pluma para volcar rencores o repartir culpas e improperios (y que si lo hubiera hecho no le habrían faltado motivos); señala el hostigamiento pero con un guiño irónico que lo hace más incisivo, más agudo, como un cuchillo de finísimo y sabiamente tallado filo. Como Castellanos, Sor Juana también sabe reírse de sí misma y elaborar autorretratos en los que se autodefine sarcásticamente como una mujer compleja, rebelde y transgresora incluso para consigo misma, y ni se diga hacia las directrices y disposiciones de su tiempo que dictaminaban el deber ser en la vida de las mujeres. Al explicar los motivos para ingresar al convento, Sor Juana define su inclinación al estudio y conocimiento, no obstante y a pesar de ser mujer, no como una provocación, sino como una fuerza interior a la que no le es posible dominar: “A cuyo primer respeto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola; de no querer tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinación, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentación, la vencí con el favor divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo. Pensé yo que huía de mí misma, pero ¡miserable de mí!, trájeme a mí conmigo y traje mi mayor enemigo en esta inclinación, que no sé determinar si por prenda o castigo me dio el Cielo” (Cruz, 1998: 36). Entre Sor Juana y Castellanos median tres siglos de distancia. Sin embargo, ambas comparten esta gracia de la escritura inteligente: el sentido del humor, el gesto sarcástico e irónico que, al parecer, en sus colegas contemporáneos varones no existe, o al menos no con el matiz que ellas le dotan. Al observar estas características en la escritura de Rosarios Castellanos y Sor Juana,
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