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El nombre de flamenco, que ocho letras tiene

Suárez Ávila, Luis

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51 Excelentísimo Sr. Director, Excelentísimos Señores Académicos, Señoras y Señores: Desde que yo era muy jovencito, me interesé por la obra de nuestro “padre fundador” don Luis Germán y Ribón, concretamente por sus “Anales de Sevilla” que esta Real Corporación había publicado en folletín desde 1917 a 1921. En ellos yo iba buscando noticias sobre la prisión general de los gitanos la noche del 30 de julio de 1749. Y las encontré1. Con motivo de unas fiebres tifoideas, por comer ostiones crudos, que me tuvieron apartado de todos durante un verano, comencé a quitar a mi padre de su biblioteca, todo lo de Rodríguez Marín, que tenía mucho, las obras de Don Luis Montoto, las de Joaquín Guichot, las de “Demófilo”,… y logré tener en mi cuarto una pequeña biblioteca, honorablemente sustraída, que me permitió estar al tanto de lo escrito y producido por muchos relevantes miembros que lo fueron de esta Real Academia. 1. Luis Germán y Ribón, Anales de Sevilla (Extracto de los Anales de Sevilla de D. Diego Ortiz de Zúñiga, con correcciones, adiciones y continuaciones hasta el tiempo presente), 1784, Manuscritos en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla. Me permito sugerir a esta Real Academia que, pese a la publicación de esos Anales en folletín, en los Boletines de 1917 a 1821, sería deseable disponer de una buena edición crítica, a partir de los distintos manuscritos existentes. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO letRaS tiene Por luis suárez áVila Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 2ª época, 44, 2016, pp. 51–83. 52 Y fue verdadera devoción la que tuve por nuestro “padre fundador” y por todos los que he citado. Todos ellos crearon en mí un interesante horizonte estético que he ido madurando durante toda mi vida. Por eso, estar hoy aquí, nombrado Académico Correspondiente, por un lado, me abruma y me cohíbe y, por otro, me hace una gran ilusión porque ingreso en una Corporación que acogió a quienes yo había leído y admirado desde muy joven. ¿Cuándo iba a pensármelo yo? Citaba Rogelio a los Académicos Correspondientes que a lo largo de la historia lo han sido de El Puerto de Santa María: Don Juan Luis Roche, el erudito dieciochesco, especialista en terremotos, al que le tiene gran veneración nuestro medievalista, el querido amigo, Don Manuel González Jiménez, cuya pasión secreta es su afición a los estudios sobre los movimientos de tierra; al poeta portuense Ángel María Dacarrete, precursor de Bécquer; a Don Cástor Montoto de Sedas, notario que fue de El Puerto de Santa María e hijo y biógrafo del polígrafo y Académico de esta Real Corporación, Don Luis Montoto Raustentrauch; o al poeta y profesor universitario, José Luis Tejada, creador entroncado con los clásicos, con las vanguardias y con la poesía popular, un casi hermano mayor que tuve. A los cuatro los he leído con varia y desigual intensidad, pero siempre con admiración. Todos fueron de “tono mayor”, por lo que El Puerto estuvo de siempre muy bien representado en esta Casa. Contrasta todo ello con la poquedad de mis méritos y el “tono menor” de mis estudios y escritos dispersos por revistas especializadas, por actas de congresos, por volúmenes de homenaje…, sin que mis obligaciones como abogado me hayan permitido, muy a pesar mío, hacer el libro con que sueño sobre el Romancero de tradición oral entre los gitanos bajoandaluces que descubrí y he descrito, aunque el corpus que recogí sigue inédito en su mayor parte; o publicar la descripción y dibujos míos de todos los elementos, con sus variantes y esquemas de rendajes, de la guarnición calesera, desde las de mulas de galeras y diligencias, la que el Ayuntamiento de Sevilla regaló a Isabel II, la de los Duques de Montpensier, hoy propiedad del Excmo. Sr. Don Rafael Atienza, Marqués de Salvatierra y Académico de esta Real Corporación, hasta las que va copiando, luego, toda la burguesía agraria andaluza para quedar definitivamente fijada, aunque con las elementales diferencias de las “escuelas” de guarnicioneros, y mi estudio de las mismas casi en fase de terminación desde 1972. Son gajes del oficio y de mi pasión por el ejercicio del Derecho. LUIS SUÁREZ ÁVILA52 53 Por eso, a mis años, más que una realidad, soy una expectativa, lo que hace que mi agradecimiento a esta Real Corporación sea mayor. A mis gracias por el nombramiento, debo añadir que me congratula la generosidad con que me habéis tratado. La amistad es un don. Tener amigos que me han arropado para que yo, escaso de méritos, hoy acceda a esta Casa es un verdadero privilegio que, acaso con mis solas palabras, no sé cómo agradecer. Porque, como dijo Anselmo, el personaje de “El curioso impertinente” del Quijote: “No puedo yo corresponder con agradecimiento que llegue al bien recibido”. Mi presentador, el entrañable Excmo. Señor Don Rogelio Reyes Cano, se ha desmedido en sus apreciaciones sobre mí. Ya se sabe que la amistad tiende a velar las muchas faltas en los amigos. Y sencillamente eso es lo que he percibido en la presentación, aunque me he emocionado al oír hablar de mi padre, que nos proporcionó, no sólo a mis hermanos y a mí, sino a nuestros amigos y compañeros de colegio, un medioambiente literario, artístico y, en suma, cultural y creó buenas y bien cimentadas vocaciones e inquietudes que se han ido fraguando a lo largo de nuestras vidas. Gracias, también, por tanto, a Rogelio por sus cariñosas palabras. Y ya, metidos en harina, parafraseando la canción infantil de comba “El nombre de María, que cinco letras tiene”, he dado título a este ensayo: “El nombre de flamenco que ocho letras tiene”. El nombre: Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española escribe: “Si se huvieran conservado los nombres que Adán puso a las cosas, supiéramos sus esencias, sus calidades y propiedades; ya que esto no nos consta, es cierto que los nombres que ponemos a las cosas les vienen a quadrar por alguna razón”2. El nombre… alguna razón… Desde 1973, en que comencé a difundir las ideas que expongo a seguida, ahíto de leer y oír opiniones muy diversas sobre la etimología (¡¡¡) y procedencia del nombre de flamenco, las expuse, a veces con ardor y con vehemencia, en charlas, tertulias, conversaciones de café y en cualquier ocasión en que se haya originado. Es cierto que no siempre tuve el auditorio o los interlocutores adecuados, que seguían –y siguen–, erre que erre, manteniendo sobre el particular las peregrinas y descabelladas opiniones que se han 2. Tesoro de la lengua castellana o española, edición de Martín de Riquer, Ed. Alta Fulla, Barcelona, 1993, p. 830 a, NOMBRE. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 53 54 venido vertiendo por gentes, aparentemente autorizadas, y que circulan como artículos de fe. Mi pensamiento ha sido apadrinado por Ángel Álvarez Caballero, por Antonio Zoido y por otros, que van, poco a poco, cayendo de su peso al comprender que repugnan a la sana crítica muchas otras interpretaciones caprichosas y sin sentido del nombre de flamenco3. Y, si mis prédicas han ido tomando cuerpo, hoy las hago avalado –y bien–, por mis lecturas, por documentos de primera o de segunda mano, que han pasado desapercibidos a los llamados flamencólogos, pero que estaban bien patentes desde hacía tiempo, o que he hallado por sorpresa. Rebuscar en la prensa del XIX es saludable recurso para comprobar que el nombre de flamenco está perfectamente consolidado ya en 1807 y aun en la segunda mitad del XVIII. Denomina a un incipiente género que está a punto de ser –si es que ya no lo ha sido antes–, convertido en mercancía, modus vivendi, al amparo de la afirmación de los caracteres nacionales y del resurgir de lo castizo. Sin embargo, el fenómeno, con otros nombres, o sin él, viene desde más antiguo; preexiste, aunque diseminado y solapadamente, al nombre. Nuestros Siglos de Oro han sido testigos de las aptitudes de los gitanos para el canto y la danza. El siglo XVIII es, en cambio, el de la sedimentación de los variopintos ingredientes a los que, materiales de acarreo o en trance de pérdida, se les ha dado un nuevo cauce expresivo. La unidad del género, dentro de su diversidad, se identifica como cantos y bailes de gitanos (con sus 3. Esta muletilla de “mi pensamiento ha sido apadrinado” la utilizo mucho por haberla leído, siendo muy joven, en Días geniales o lúdicros de Rodrigo Caro, en una edición de Bibliófilos Andaluces que tenía mi padre. En recuerdo de esos días felices, la sigo usando cada vez que cuadra. Luis suárez áVila, “¿Flamenco?: una metonimia”, Revista de Flamencología, Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces. Jerez de la Frontera, Año XI, número 21, 1er. Semestre de 2005, pp. 13–29. Fue la reproducción de una conferencia mía ya antigua, sin notas, que constituye el meollo de este discurso. Posteriormente, algo más ampliado, pero sin notas, lo publiqué en la revista Orbis Tertius, Revista de pensamiento y análisis de la Fundación SEK, Madrid, noviembre 2005, pp. 68–75. También, en la revista Culturas Populares, 7, “Flamenco: motivación metonímica y evolución cultural del nombre de los gitanos y de su cante”: www.culturaspopulares. org/textos7/articulos/suarez.htm. Antonio zoiDo naranJo, La prisión general de los gitanos y los orígenes de lo flamenco, Portada Editorial, Sevilla, 1999. pp. 209–242. Ángel álVarez caballero, El cante flamenco, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pp. 167–176. LUIS SUÁREZ ÁVILA54 55 nombres propios: chacona, zarabanda, Antón Colorado...), aires andaluces (polo, jaleos, caña, panaderos, seguidillas, almorano, gilianas...), jaleillo probe, bailes de candil... Pese a todo, su definitiva eclosión es consecuencia de la devoción romántica de los costumbristas y escritores viajeros por el llamado color local y lo pintoresco. Con la reacción del casticismo ocurre su hallazgo e ingresa, como diversión y espectáculo, en los llamados salones y escuelas de baile, en los bailes de candil, en los teatrillos, en las botillerías, en los cafés cantantes... y se mantiene en ventas y figones. Se percibe, sin embargo, que, desde siempre, casi en gestación, fue un medio de vida. Un buen rastro literario de los cantos y danzas de los gitanos permite confirmar la adopción por éstos y la integración paulatina de materiales muy diversos –pero todos ellos españoles, aunque con algún ingrediente negroide–4, deturpados o no, con los 4. El cante flamenco es inicialmente tributario del Romancero y del Cancionero de tipo tradicional de los siglos XV y XVI. Sobre esta cuestión, Luis suárez áVila, “La memoria viva, el olvido y el fragmentismo, poderosos agentes fundacionales del flamenco”, en Minervae Baeticae. Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Sevilla, 2010, 38, pp. 279–314. José Luis naVarro garcía, Semillas de ébano. El elemento negro y afroamericano en el baile flamenco”. Portada editorial, Sevilla, 1998. José Luis ortiz nueVo y Faustino núñez, La rabia del placer, El nacimiento cubano del tango y su desembarco en España (1823–1923), Diputación de Sevilla, Sevilla, 1999. Jesús Raúl naVarro garcía, (coord.), Cuba y Andalucía entre las dos orillas, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Sevilla, 2002. Francisco Javier osuna, Del villancico de negros del XVII y XVIII al villancico flamenco, http://losfardos.blogspot.com.es/2013/12/neglito–usta–flamenquito– zi–el.html 24 de diciembre de 2013. Edward Luis Waggott suárez, “Ciegos, pliegos de cordel, negros y boda de negros”, Pliegos de la Academia, 2ª época, 21, Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, El Puerto de Santa María, 2004, pp. 77–108. Con una generosidad sin límites, Jesús Cosano Prieto me ha facilitado su folleto inédito, pero en prensa, titulado Los flamencos de Guinea, en que trata de los villancicos de negros y concretamente en la Catedral de Cádiz, en 1725, de los que cita uno en que se canta: No siempre a esta Catedral Han de entrar con media lengua A cantar su villancico Los flamencos de Guinea. Ya se sabe que, desde el siglo XV, lo negros se juntaban en los arrabales de las ciudades, los días de fiesta, para cantar y eran tildados de escandalosos y pendencieros, lo que está bien documentado, como también sus relaciones con los gitanos, e incluso sus matrimonios mixtos. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 55 56 que se forja un fenómeno que termina por normalizarse, apremiado por la necesidad de ser expuesto al público y a diario. Esa normalización va requiriendo de cánones, repertorios, incorporaciones, que acaban por multiplicar sus formas y fijar definitivamente sus maneras, para desembocar tanteando un espurio concepto de pureza y posiblemente algunas invenciones de la tradición. Ello no es obstáculo para que siga habiendo sectores flamencos de los llamados intimistas –ajenos al “artisteo”– que aún proporcionan materiales venerables y sorprendentemente antiguos o de incorporación relativamente reciente, aunque rodados en el tiempo. No obstante, como ha ocurrido cíclicamente y, salvo períodos más o menos regeneracionistas –v. gr., el romanticismo, el folklorismo de la primera República y la Restauración, la Generación del 27, el neojondismo de los 1960–70–, la literatura le ha sido esquiva y, muy en particular, los gacetilleros del XIX han sido críticos mordaces con las manifestaciones flamencas. Lo contrario sucede con los costumbristas y viajeros extranjeros que las describen como escenas pintorescas arquetípicas, mostrando lo actual revestido con caracteres pretendidamente primitivos, dando con ello, una perspectiva falsamente histórica al realismo naturalista. El valor de lo diferente, de lo exótico, es lo que sorprende entre lo que refleja la prensa, lo que la sociedad está percibiendo y lo que siempre ha estado larvado en la literatura. Otra cosa es el nombre. Los nombres son expresión de una necesidad apremiante por distinguir a alguien o a algo del resto. Su atribución es exógena. Quiero decir que nunca viene desde dentro. La imposición de un nombre es cuestión de terceros. De ahí que, cuando algo se hace notar o se reitera, sea preciso ponerle nombre. Y se lo ponen. Da igual que sea un nombre, un mote, un alias o un apodo. Es el referente. A veces se toma el todo por la parte. Eso es muy común. Tengo para mí que flamenco es una metonimia. Decididamente, los flamencos, los gitanos, han sido tachados de “gente baja y escandalosa”, de fanfarrones, de pendencieros, de valentones, de barateros... Acaso no sea un tópico falso lo de la “faca en la liga”, ni el cuchillo en la faja. Demófilo, en 1881, recoge estas dos coplas: LUIS SUÁREZ ÁVILA56 57 No te metas con la Lola; la Lola tiene un cuchiyo pa defendé su persona. No te metas con la Nena; la Nena tiene un cuchiyo pa er que se meta con eya.5 La Lola y La Nena son, desde luego, dos gitanas bravías, de carne y hueso, dos reales hembras de armas tomar, que han quedado ejemplificadas en la tradición flamenca, aunque no son casos únicos. En 1845, Prosper Merimée escribe su Carmen, que luego es la heroína de la ópera de Bizet (1875). La navaja o el cuchillo en la liga de Carmen es algo que está palpable en el medioambiente de lo gitanesco y llama la atención de quienes se afanan por pintar los prototipos que afloran en el romanticismo. Por cierto, que Merimée equipara a flamenco con gitano6. En parecido ambiente, llegan a oídos de Demófilo estas tres coplas que, en 1881, nos deja en su Colección...: Al regorbé e una esquina te den una puñalá que ni el Santólio resibas. 5. DemóFilo. Colección de cantes flamencos recojidos y anotados por…, Imp. y Lit. de El Porvenir, Sevilla, 1881. Esas dos coplas en Soleares de tres versos, p. 42, número 217, y p. 43, número 218, respectivamente. Sobre Manuela Perea “La Nena”, cfr. nota 20. La Lola es posiblemente la misma Lola de la copla: La Lola. la Lola se va a los Puertos, La Isla se quéa sola. Esta copla de soleariya, recogida por Demófilo en 1881, dio pie a la obra teatral La Lola se va a los Puertos de sus hijos Manuel y Antonio Machado y al poema “Cantaora” del primero. 6. Prosper Merimée, Carmen, Traducción, introducción y notas de Ramón Buenaventura, Ed. Hiperión, Madrid, 1986, p. 54: “…que todo tiene remedio cuando se es amigo de una flamenca de Roma”– Y anota Merimée: “Expresión que, en germanía, designa a los gitanos. Roma no quiere aquí decir la Ciudad Eterna, sino la nación de los romi o de las gentes casadas, nombre que se dan los gitanos”. (Nota 21 al capítulo III, p. 92). EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 57 58 Te den una puñalá que er Pare Santo de Roma no te la puea curá. Mala puñalá te peguen que te den los Sacramentos, porque no le tienes ley ni a la camisa e tu cuerpo7, que son como una maldición, una premonición, incluida la fórmula “Al regorbé de una esquina”, de lo que luego sucede –y ha quedado en coplas–, a Curro el Chato: Al regorbé e una esquina mataron a Curro er Chato por causa e la Violina8. Pero todo son cosas sin importancia, incluso una muerte alevosa, con cuchillo: Por una cosita lebe jise de mi ropa un lío por lo que sobreviniere, que Demófilo anota: “Hay criminales que llaman una cosita leve a darle a un hombre una puñalada y dejarle muerto en el sitio. Hacer un lío por lo que sobreviniere, significa aquí prepararse a huir de la acción de la justicia”9. Una cosita leve: lo mismo que Berganza relata, en El coloquio de los perros cervantino, de Nicolás el Romo, jifero del Matadero de la Puerta de la Carne en Sevilla, que, como 7. DemóFilo. Colección… (1881), respectivamente: Soleares de tres versos, p.8, número 33; p. 64, número 338; Soleares de cuatro versos: p. 90, número 38. 8. DemóFilo. Colección… (1881), Soleares de tres versos, número 31, p. 8. Y en nota 1: “Curro el Chato era, según nos dijo el cantador que nos cantó esta copla, un valiente, un jaque, y la Violina, querida suya”. En La Ilustración española y americana, 30 de julio de 1882, Benito Mas y Prat cita entre las bailaoras flamencas de más fuste a Dolores Moreno, Isabel Santos, las hermanas Rita y Geroma Ortega, la “Lucas” y la “Violina”. 9. DemóFilo. Colección… (1881). Soleares de tres versos, número 242 y nota 3, p. 47. LUIS SUÁREZ ÁVILA58 59 todos los que se ejercitan en la jifería […] con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca; por quítame allá esa paja, a dos por tres, meten un cuchillo de cachas amarillas por la barriga de una persona, como si acocotasen un toro. Por maravilla se pasa día sin pendencias y sin heridas, y a veces muertes; todos pican de valientes, y aun tienen sus puntas de rufianes; no hay ninguno que no tenga su ángel de guarda en la plaza de San Francisco [la Audiencia], granjeado con lomos y lenguas de vaca10. El de las cachas amarillas, el jifero, el cuchillo jifero, se convierte en otra metonimia, como parece apuntar Rodríguez Marín11. Jifero fue un oficio propiamente gitano: “ministros de aquella confusión que llaman jiferos”, dice Berganza. Jiferos fueron Enrique “El Mellizo”, Enrique Butrón, Ignacio Ezpeleta, “El Pollo Rubio”, Gaspar el de Alfonso, Agustín “El Melu”…, en Cádiz; o los Bermúdez, “Los Titis”, “Los Tabares”, “Los del Cepillo”, “Anzonini”, Francisco Niño…, en El Puerto de Santa María; o Félix Serrano Medrano, “El de la Culqueja”, Perico Frascota, Ramón Medrano Fernández…, en Sanlúcar de Barrameda, y muchos otros mozos de los mataderos bajoandaluces, por citar nada más que alguno; o cortadores, cortadores de carne, fueron el dieciochesco “Tío Perico Cantoral”, jerezano; los gaditanos Antonio Monge Rivero, “El Planeta”, su sobrino Lázaro Quintana Monge, o el portuense Pedro Niño Boneo, “El Brujo”… que tuvieron bastante que decir en el 10. Miguel de cerVantes saaVeDra, Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección, que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, a quienes comúnmente llaman los perros de Mahudes, en “Novelas ejemplares”, edición de Francisco Rodríguez Marín, Clásicos Castellanos, Madrid, Ediciones La Lectura, 1917, pp. 214–218. 11. M. de cerVantes, Novela y coloquio que pasó…, p. 215, en nota: “De jifa, equivalente en árabe a carne mortecina, se dijeron así a los despojos de las reses, y de ahí se llamó jifero a todo lo tocante al matadero, desde el oficial que las sacrificaba hasta el cuchillo grande, de cachas amarillas por lo común, con que se mataba y descuartizaba”. Y una nueva metonimia –“Qué malos aceros”–, se me viene a la memoria, en la siguiriya corta: Qué malos aceros tenía el cuchillo, mare e mi arma, con que me jirieron. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 59 66 arte de manejar la navaja, el cuchillo y la tijera de los jitanos24, en que describen los golpes y recursos para los ataques y defensas con la navaja, el cuchillo y las tijeras, arma esta última peligrosísima en una riña, pero utilizada en el esquileo de bestias, oficio propio de la gente gitana, ocupación, por cierto, también prohibida por las pragmáticas25. El mundo del hampa, las cofradías de malhechores, se convierten en materia literaria desde mucho antes. Los gitanos seducen por su exotismo desde su aparición en la vida española y su submundo está patente tanto en las pragmáticas reales, como en la realidad misma. Se les prohíbe tener armas, pero, en cambio, siempre dispusieron de ellas. Y “el de las cachas amarillas”, de nuestros Siglos de Oro, no es sino un eufemismo para nombrar al cuchillo flamenco26, como lo son la herramienta, la lezna, el alfiler, el lenguado, la mojarra, el churí, el jifero el quitoli, o el chisme... del habla jergal. Porque esas cofradías de germanes (recuérdese que en tiempos de George Borrow se les llamó a los gitanos castellanos nuevos, germanos y flamencos), jaques, rufianes, pícaros..., como escribe Vicente Espinel, en 1618, que es “una especie de gentes que ni parecen cristianos, ni moros, ni gentiles, sino su religión es adorar en la diosa Valentía, porque les parece que estando en esta cofradía los tendrán y respetarán por valientes”27. Y el doctor Suárez de Figue24. M. de R.,. Manual del Baratero ó arte de manejar la navaja, el cuchillo y la tijera de los jitanos, Madrid, 1849, Imprenta de D. Alberto Goya. Hay también un facsímil actual de E. y P. Libros Antiguos, S. L., sin lugar ni fecha. 25. Novísima recopilación de las Leyes de España, Dividida en XII. Libros, en que se reforma la Recopilación publicada por el Señor Don Felipe II, en el año 1567, reimpresa últimamente en el de 1775: y se incorporan las pragmáticas, cédulas, decretos, órdenes y resoluciones Reales, y otras providencias no recopiladas y expedidas hasta 1804. Mandada formar por el Señor Don Carlos IV. Impresa en Madrid, Año 1805. Particularmente: Gitanos y Armas. 26. También en el siglo XVIII, y, como se verá, en el XIX. En el Almanak Mercantil o Guía de Comerciantes, D. D. M. G. (D. Diego María Gallardo), Imprenta Vega y Compañía, Madrid, 1795. En “Cuchilleros”, se anuncian: “Cuchillos extranjeros, los más ordinarios de los que en algunas partes llaman flamencos con cabos o mangos de palo, cuerno ó hueso…” 27. Vicente esPinel, Vida del escudero Marcos de Obregón, estudio preliminar y bibliografía Ángeles Cardona Gubert, Libro Selección Bruguera, Barcelona, 1972, Relación II, Descanso II, p. 232. LUIS SUÁREZ ÁVILA66 67 roa, en El Pasajero, se sorprende de esta gente porque “es gusto verlos rebentar de valientes”28. O en El Rufián dichoso de Cervantes en que Antonia, encareciendo la guapeza de Lugo, dice: “¿Hay más que ver que le dan parias los más arrogantes, de la Heria los matantes, los bravos de San Román?”29 Porque los barrios sevillanos de la Feria, o Heria, y San Román, fueron, como los llamaban los poetas jácaros, “la Chipre de la valentía”. Y, aún otra vez, en El Rufián dichoso, se vuelve a insistir, por Fray Antonio, ponderando el arrojo del valiente Lugo: Que por Dios, y así me goce, que le vi reñir con doce de Heria y de San Román.30 Viniéndonos más cerca, un sucedido de 1760, pero relatado después por José Cadalso en la VII de las Cartas Marruecas, cuenta que, cuando iba a caballo para Cádiz, se perdió de noche y se encontró a un señorito que lo condujo a un cortijo donde se vio sorprendido con la primera reunión flamenca de que se tiene noticia. Allí oficiaba de director un gitano llamado “El Tío Gregorio”: –¿Quién es ese tío Gregorio?– preguntéle, atónito de que aprobase tal insolencia; y me respondió: –El tío Gregorio es un carnicero de la ciudad que suele acompañarnos a comer, fumar y jugar. ¡Poquito le queremos todos los caballeros de por acá! Con ocasión de irse mi primo Jaime María a Granada y yo a Sevilla, hubimos de sacar la espada sobre quién lo había de llevar; y en esto hubiera parado la cosa, si en aquel tiempo mismo no le hubiera prendido la justicia por no sé qué puña28. Cristóbal suárez De Figueroa, El Pasajero (El Passagero. Advertencias vtilissimas para la vida humana, Madrid, Por Luys Sánchez, 1617), introducción, edición, notas e índices de María Isabel López Bascuñana, Promociones y Publicaciones Universitarias, S.A., Barcelona, 1988. p. 539. Hay otra edición anterior preparada por Francisco roDríguez marín, Biblioteca Renacimiento, Madrid, 1913, p. 279. 29. M. de cerVantes, El rufián dichoso, Jornada primera, versos 1.066 a1069. Edición de Jenaro Talens y Nicholas Spadaccini, Cátedra, Madrid, 1986. 30. M. de cerVantes El rufian dichoso, Jornada tercera, versos 2.553 a 2.555. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 67 68 ladillas que dio en la feria y otras frioleras semejantes, que todo ello se compuso al mes de cárcel”31. En Cádiz, sin ir mas lejos, Juan Ignacio González del Castillo, en su sainete El soldado fanfarrón, escrito sobre 1785, utiliza flamenco como sinónimo de cuchillo: CABO: Señores; ¿qué ha sido esto, que un remolino de gente por la ventana está oyendo? JUANA: El melitar, que sacó, para mi esposo, un flamenco. SOLDADO: Ni un francés, ni un italiano he sacado yo...32. Y es que el flamenco que saca el soldado fanfarrón –que, por cierto, la gitanería ha sido afecta a la milicia, donde sirvieron muchos como pífanos y atambores–, es un cuchillo flamenco, arma de acreditado uso por gitanos y no gitanos, desde tiempos muy antiguos hasta casi nuestros días, e imprescindible, aún hoy, entre los gauchos argentinos que la tienen por herencia española. Y no es extraño: Sevilla y Cádiz, puertas de América, fueron cabezas de puente en el trasiego de infinidad de españoles aventureros, y sobre todo bajoandaluces, a aquellas tierras. Recuérdense, por ejemplo, en los “Censos de los gitanos” ordenados sobre todo por Felipe V y Carlos III, las menciones de “ausente en las Indias” que aparecen con cierta frecuencia al lado del 31. José CaDalso, Cartas Marruecas, prólogo, edición y notas de Lucien Dupuis y Nigel Glendiinning, Londres, Támesis Books Limited, 1966. Fueron publicadas por primera vez en el Correo de Madrid, tomos IV y V, desde el 14 de febrero hasta el 25 de julio de 1789, como “...escritas por un imparcial político”. El suceso que narra, en la Carta VII, ocurrió en 1767, en que Cadalso va a Cádiz, aunque lo relata después. 32. Juan Ignacio gonzález Del castillo, Obras completas, Real Academia Española, Biblioteca Selecta de Clásicos Españoles, Madrid, Librería de los Sucesores de Hernando, 3 tomos, Madrid, 1914. Para el texto de “El soldado fanfarrón”, II, p. 377. En la ópera El poeta calculista (1804), de Manuel García (Sevilla, 1775–París, 1832), antes del aria “Ah, qué monstruo…”, hay un diálogo: “…Como decía mi amo a la Ninfa: no me acuerdo cómo se llamaba, en fin, a la que empuña el flamenco”. En esa ópera está también, y se canta, el famoso “Polo del contrabandista”. LUIS SUÁREZ ÁVILA68 69 nombre de alguno de los censados33. O, mucho antes, el 30 de mayo de 1498, en Sanlúcar de Barrameda, los cuatro gitanos bajoandaluces Macias y Antón del Egipto con sus mujeres, María y Catalina, homicianos (asesinos) del tercer viaje de Colón, cuando ya nadie quería enrolarse en esas aventuras, a quienes les son conmutadas las penas de muerte por embarcarse34. En 1789, el naturalista y marino guatemalteco Antonio de Pineda y Ramírez del Pulgar describe la vestimenta del hombre de campo argentino: “un calzón de triple azul o colorado, abierto hasta más arriba de medio muslo, que deje lucir el calzoncillo, de cuya cinta está preso el cuchillo flamenco”35. Y lo mismo en épocas de caudillos y guerras intestinas, entre 1820 y 1870. En este sentido Emeric Essex Vidal en las Ilustraciones pintorescas de Buenos Aires y Montevideo, (Londres, 1820), cuando pinta la indumentaria de los mayordomos, capataces o propietarios, cita el cuchillo flamenco y “como no hay barberos, se afeita muy pocas veces y éstas con su cuchillo”, lo que da idea del filo de estas armas36. 33. Archivo Histórico Municipal de El Puerto de Santa María. Sección Papeles antiguos. Gitanos, leg. 1.625, piezas, 2 a 8. 34. Peter boyD boWman, ndice Geobiográfico de más de cincuenta y seis mil pobladores de la América Hispánica, I. Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 1985, p. 171. María Helena SáncHez ortega, “Los gitanos españoles desde su salida de la India hasta los primeros conflictos en la península”, Espacio, tiempo y forma, Serie IV, Hª Moderna, t. 7, 1994, p. 338 y nota 38. 35. Antonio de PineDa y Ramírez Del Pulgar, Relación del viaje Alrededor del Mundo por Don...a bordo de la corbeta de S. M. “La Descubierta”, en conserva de “La Atrevida, extractado de su Diario, apuntamiento y relaciones, manuscrito, Museo Naval, Madrid, libro122, doc.13. 36. Emeric Essex viDal, Ilustraciones pintorescas de Buenos Aires y Montevideo, Londres, 1820. Hay una edición actual, Buenos Aires y Montevideo, Emece Editores, Buenos Aires, 1998. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 69 Cuchillo flamenco, siglo XVIII. (De mi colección) 70 Curiosamente, y allí donde exista algún aliento de cultura hispana, sucede lo mismo. Los puntos filipinos, nombre con que se moteja a los niños díscolos, no son sino los más pícaros de las familias bajoandaluzas que emigran, o les hacen emigrar, a esas islas entonces españolas. Son lo mismo que pájaros de cuenta o elementos de cuidado. Estos individuos, estos prendas, se llevan a las Filipinas, junto al romancero –que allí llaman a los romances tradicionales korridos, igual que aquí entre los gitanos bajoandaluces–, otras manifestaciones arquetípicas como, por ejemplo, el cuchillo flamenco o las peleas de gallos. Precisamente, en una sentencia de la Corte Suprema de Filipinas, dictada el 27 de abril de 1946, se condena por homicidio, cometido al lado de una gallera, a Raimundo Carrera, quien atacó a Canuto Prudente con una navaja para pelea de gallos [las que aún hoy se usan para aguzar las defensas de los pollos de pelea] y se cita como precedente otra sentencia antigua (13 Jur. Fil., 392) en que se juzga a un tal Epifanio Magcomot y a sus hijos Clemente e Isidro que riñeron, en una timba –jugaban al “monte”–, con un tal Bonifacio Gabales, “y mientras le tenían sujetado llegó súbita e inopinadamente Epifanio, que venía de bastante lejos, y con un cuchillo flamenco acometió e hirió a Bonifacio, de cuyas resultas éste falleció”37. Del cuchillo de Flandes, del cuchillo flamenco, del cuchillo de Malinas, ciudad donde se fabricaban, dan cuenta, por ejemplo, Lope de Vega en El testimonio vengado, o Góngora, en el romance que comienza “En aquel siglo dorado...”, o Cervantes, en su Pedro de Urdemalas, que dice ser joyas los cuchillos y las dagas de Flandes, aunque pondera su baratura. Y, jugando con las palabras, en el Saynete del matemático, Marte dice: ¡Bueno! ¿Cómo he de venir, si de Flandes vengo, donde acuchillado me tienen los tiempos?38 37. Philipine jurisprudence, Full tex, The Lawphil Projet, Arellano Law Foundation. GR. Nº L–163 April 27–1946. Sentencia contra Maximino Aplegido, Raymundo Carrera y Félix Penaso. 38. Saynete del Matemático, edición de Luis Estepa, en Teatro breve y del Carnaval en el Madrid de los siglos XVII y XVIII, Comunidad de Madrid, Madrid, 1994, p. 105. LUIS SUÁREZ ÁVILA70 71 Salvador Daza Palacios y María Regla Prieto Corbalán han estudiado escrupulosamente el proceso criminal contra Fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774), causa que se siguió a ese fraile que pretendía a la joven María Luisa Tassara y, al verse despechado, cuando aquélla salía de la iglesia, el fraile metiendo la mano por debajo de su escapulario, sacó un cuchillo flamenco y le tiró con él una puñalada en la cara, con cuyo golpe cayó en el suelo Dª María Luisa. Cómo se quedaría la que declara se deja en consideración; y más, viendo que dicho religioso no contento con lo ejecutado, cebándose en la inocente niña como si estuviera dando en una piedra, siguió dándole puñaladas... Así se expresa Doña Juana García de Miranda, madre de la difunta, ante Roque Martín. En el proceso criminal abierto contra el fraile, el escribano Baltasar Rizo dibujó, en el margen de uno de los folios, el arma homicida, el cuchillo flamenco. El fiscal de la Real Audiencia de Sevilla, Don Joseph de Ubago y Busto, en sus conclusiones, además de otras circunstancias que agravaban el delito, consigna entre ellas “por el género de arma, prohibida por nuestras Pragmáticas”39. Sólo con consultar de pasada la Novísima recopilación... se hallan las numerosas disposiciones y pragmáticas que se han dictado, desde el siglo XVI hasta el XVIII, prohibiendo el uso de estas armas y concretamente del cuchillo flamenco40. En efecto, estas prohibiciones trataban de evitar las numerosas muertes que, en reyertas, por cualquier causa, se daban no solamente entre personas socialmente marginadas, sino entre nobles, soldados y aun clérigos. En este sentido, recuérdese un decreto del Cardenal Don Luis Solís y Azcona en 1756 en que precisamente a los clérigos de la Archidiócesis de Sevilla, mandaba: Que a dichos eclesiásticos de mayores y menores órdenes [...] prohibimos el uso de armas, sin diferencia en la cali39. Salvador Daza Palacios, y María Regla Prieto corbalán, Proceso criminal contra fray Pablo de San Benito en Sanlúcar de Barrameda (1774). Clérigos homicidas en el siglo XVIII. Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones, Sevilla, 1998. 40. Novísima recopilación… EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 71 72 dad de estas, tiempos, ni horas, bajo de la pena que arbitrásemos, según los casos que ocurran, aunque nunca bajará de dos meses de cárcel y veinte ducados de multa41. Joaquín Guichot, en su Historia del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de Sevilla , reproduce el “Auto del buen gobierno de la ciudad”, de 1783, en que se hace referencia, precisamente, al cuchillo flamenco: 26. Que nadie use armas cortas de fuego, ni de acero, como son escopetas de menos de á vara, trabucos, tercerolas, encaros y pistolas; guadeño, almaradas, puñales, rejones, cuchillos de monte, dagas, cuchillos flamencos, ni otro instrumento alguno punzante de los prohibidos42. Y, en Cádiz, el 29 de noviembre de 1800, Don Tomás de Morla, dicta un “Auto de buen gobierno”, en el que ordena que “ni en puestos de baratillos, tiendas de quinquillería, ni en las de cuchilleros se permitirá vender cuchillos con punta de los llamados flamencos43. El profesor Juan José Iglesias desempolvó del Archivo Histórico Municipal de El Puerto de Santa María unos legajos de “Ramos de visita de Cárzel” de los años 1766 a 1790 y de 1790 a 1801 en que se constata que la mayoría de las muertes, perpetradas por individuos conocidamente de casta gitana, son cometidas usando como arma un cuchillo flamenco y, en una ocasión con un flamencón, arma esta, de seguro, más terrible y de mayores proporciones44. 41. Francisco Aguilar Piñal, La Sevilla de Olavide, Ayuntamiento de Sevilla. Colección de clásicos sevillanos, Sevilla, 1996. p. 206. 42. Joaquín guicHot sierra, Historia del Excelentísimo Ayuntamiento de la Ciudad de Sevilla, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, Sevilla, 1990, t III, p. 10 (edición facsímil de la de 1898). 43. Auto de buen gobierno dictado por don Tomás de Morla, Caballero Comendador de Criptaza en el Orden de Santiago, Teniente General de los Reales Exércitos, Capitán General de los quatro Reynos de Andalucía y Costas del Mar Océano, Gobernador militar y político de esta Plaza, 29 de noviembre del año 1800. Impreso en Cádiz por Don Pedro Gómez de Requena (Impresor mayor de S. M.). 44. Juan José Iglesias RoDríguez, Una ciudad mercantil en el siglo XVIII: El Puerto de Santa María, Muñoz Moya Montraveta Editores, S.A., Sevilla, 1991. pp. 540–547 y 579. Archivo Históricio Municipal..., Ramos de visitas de cárzel... Años 1790–1801. Ap., leg. 18. LUIS SUÁREZ ÁVILA72 73 Porque el cuchillo, el churí, es imprescindible instrumento para esta gente. En un sainete publicado en 1816, El Gitano Canuto Mojarra, o el día de toros en Sevilla, de José Ferrer de Orga, Canuto se pone serio y amenaza: ¿Conmigo chanzas? ¡Vaya! Si he traído el churí (cuchillo) le abro como una granada.45 Estebánez Calderón, en 1831, en la revista Cartas Españolas publica por primera vez su “Pulpete y Balbeja”, dos bravos que se enzarzan en una reyerta: “Esto hecho, se desnudaron de las capas con donoso desenfado y desenvainaron para pinjarse cada cual: El uno, un flamenco de tercia y media con el cabo blanco y el otro un guadifeño de virola y golpetillo, ambos hierros relucientes que quitaban la vista, y agudos y afilados”, precisamente dos armas de las prohibidas: el cuchillo flamenco y el guadeño (aquí guadifeño) del “Auto del buen gobierno”. Y en la escena Gracias y donaires de la capa, “El Solitario” pormenoriza: “Y en esto blandía, en efecto, un ancho y luciente flamenco de puro acero, objeto artístico salido de las manos del tío Matute”46. Y no es extraño que algún cuchillo flamenco, a imitación de los de los armeros de Flandes y de Malinas, sobre todo, saliera de las fraguas bajoandaluzas, porque los gitanos, hábiles herreros, aprovecharon –y documentación hay de ello– 45. José Ferrer De orga, El Gitano Canuto Mojarra, o el día de toros en Sevilla, por Don..., 1816. Ejemplar manuscrito que poseo, seguramente perteneciente a un grupo de teatro aficionado de finales del XIX. 46. Serafín Estébanez calDerón, Escenas Andaluzas, bizarrías de la tierra, alardes de toros, rasgos populares, cuadros de costumbres y artículos varios, que de tal o cual materia, ahora y entonces, aquí y acullá y por diverso son y compás, aunque siempre por lo español y castizo ha dado a la estampa El Solitario, nuevamente ahora reducidos á un cuerpo y compilación, enriquecida con mucho de nuevo y de inédito por el cuidado y esmero de algún aficionado. Edición de lujo adornada con ciento veinte y cinco dibujos por D. F. Lameyer. Madrid. Imprenta de Don Baltasar González, calle de Hortaleza núm. 89, 1847. (“Pulpete y Balbeja”, pp. 1–7; “Gracias y donaire...”, pp. 288–309, aunque en el índice, por error, tienen otra paginación). Hay una edición facsímil. Ed. Atlas, Madrid, 1983. La escena “Pulpete y Balbeja” fue publicada por primera vez en la revista Cartas Españolas, de Carnerero, Madrid, I, p. 3, 27 de abril de 1831; “Gracias y donaires de la capa” en El Siglo Pintoresco, Madrid, II, 9, pp. 226–236, septiembre de 1846. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 73 74 restos de espadas rotas para fabricarse cuchillos bien templados. De hecho, el que en las reiteradas Pragmáticas reales se les prohibiera el oficio de herrero iba dirigido a evitar que se hicieran sus propios cuchillos y estiletes. Rodríguez Marín, por su parte, que escribe haber velado armas flamencas con Demófilo en el café de Silverio, recoge esta copla en sus Cantos populares españoles, (1882): Si se m’ajuma er pescáo y desenvaino er flamenco, con cuarenta puñalás se iba a rematá er cuento47. Ciertamente los gitanos, tildados de bravíos, fanfarrones, valientes y “guapos”, son aficionados a montar gresca y a sacar el flamenco en cualquier ocasión. El rastro literario de escenas de reyertas protagonizadas por la gente del bronce es amplísimo; se convierte en una constante en el teatro, en la novela, en las tonadillas, en los romances de pliegos de cordel, en los memoriales, en los autos judiciales... Sin embargo en el Diccionario de la Real Academia Española, no ingresan, hasta la edición de 1925 estas acepciones de FLAMENCO: II 3.Dícese de lo andaluz que tiende a hacerse agitanado. Cante, aire, tipo, FLAMENCO. II 4. Achulado, 2ª Acep. U. t.c.s... II 8. And. y Argent. Cuchillo de Flandes... 47. Francisco RoDríguez marín, Cantos populares españoles, Francisco Álvarez y Cia., Editores, Sevilla, I, II y III, 1882; IV y V, 1883. La copla es la 7.650, IV, p. 413. En nota añade: “Ignoro si se llama flamencos a algunos cuchillos de forma especial, o si se les da ese nombre por usarlos la gente flamenca”. Hay una variante recogida en el número 7.649: Si me s’ajuma er pescao y desembaino er cuchillo, con cuarenta puñalás s’arremata el asuntiyo. Y pone por nota en esta: “Ajumársele a uno er pescao, enfadarse, acabarse la paciencia con que se venían oyendo insultos y amenazas. En el mismo sentido se dice: yenársele a uno er gorro e guijas”. Mucho antes, en “Dos años en España durante la guerra Civil, 1838–1840”, Carlos Dembowski, (Crítica, Barcelona, 2008, p. 437) recoge una variante: Si se me eriza el bigote y tiro de mi chuchillo, con catorce puñaladas arreglaré el asuntillo. LUIS SUÁREZ ÁVILA74 75 Demófilo se había limitado a consignar, en 1881, que “Los jitanos llaman gachós a los andaluces y estos a los jitanos flamencos”48, pero antes, en 1871, en la Revista de Literatura, recoge coplas con estos versos: Flamenca, si tu me vieras... ...Flamenca, yo no te hablo… Ven acá, mala flamenca... 49 En este sentido, me interesa subrayar la inclinación hacia el vocativo tierno y equivalente que se repite distinto y alternativo, a veces añadido en el verso largo de las siguiriyas. Porque es lo mismo serrana/o, que gitana/o, que primito/a, o que flamenca/o... O, como en la soleá, que alterna, al repetir los tercios en el cante, flamenca/ gitana, para nombrar lo mismo: Esta flamenca camela, [y se repite, cantando] esta gitana camela cositas que no están en orden; quiere que yo la camele, teniendo quien se lo estorbe. Desde el siglo XVIII, puede documentarse esta voz, flamenco, en el sentido de arrogante, en una tonadilla, sin fecha, pero de la segunda mitad de ese siglo, hallada por Faustino Núñez. Es la tonadilla escénica de Pablo del Moral titulada La discordia. En ella, una maja le dice al majo: ...es con el aire como tan flamenco estás, mira ya te lo diré, y a mí qué se me dará, las penas y pesadumbres es lo que me engorda más...50 48. DemóFilo, Colección… (1881). Comienza su prólogo con esas palabras (p. VII), y en la nota 2, p. 27, escribe: “Los andaluces llaman flamencos a los jitanos…” 49. DemóFilo. Antonio macHaDo álVarez. De Soledades (Escritos flamencos, 1879), Colección Memoria del Sur, número 4, Córdoba, 1982. Ibid. Primeros escritos flamencos (1869–70–71). Colección Memoria del Sur, número 2, Córdoba, 1981. 50. Faustino Núñez, Guía comentada de música y baile preflamencos (1750– 1808), Ed. Carena, Barcelona, 2008, p. 630. El mayor apogeo de la tonadilla se da entre 1770 y 1790. Pablo del Moral estuvo en Madrid desde 1778. EL NOMBRE DE FLAMENCO, QUE OCHO LETRAS TIENE 75 82 –Esa baraja no sirve, dice arrojando en la tierra otra, y clavando el cuchillo sobre la manta en que juegan59. Por eso mismo, cuando mi hermano Juan, al que le encargaron crear el cartel de la XII Bienal de Flamenco en Sevilla, en 2002, me pidió sugerencias, no dudé en apuntarle que el tema central podría ser un cuchillo flamenco. Y me hizo caso. Porque un cartel, ante todo, tiene que ser un grito plástico y metonímico. Tal cual el nombre de flamenco: una metonimia. 59. Manuel María de Santa ana, Cuentos y Romances Andaluces. Cuadros y rasgos meridionales (1844–1869), edición de José Luis Agúndez García, Signatura Ediciones, Sevilla, 1999, p. 67. LUIS SUÁREZ ÁVILA82 83 Juan Suárez, cartel de la XII Bienal de Flamenco de Sevilla