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Las supuestas inscripciones púnicas y neopúnicas de las Islas Canarias

Abstract

Estudiamos en este trabajo una serie de inscripciones alfabetiformes encontradas en las islas canarias de lanzarote y fuerteventura, diferentes a la escritura líbico-bereber, conocida desde el siglo xix. Han sido interpretadas como escritura latina, pero

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Las supuestas inscripciones púnicas y neopúnicas de las Islas Canarias

Author: Tejera Gaspar, Antonio; Perera Betancort, María Antonia
Year: 2011
DOI: 10.12795/spal.2011.i20.11
Source: https://idus.us.es/bitstreams/f2bfd5e8-f7c1-44db-b538-f369825d985b/download
SPAL 20 (2011): 175-184
ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924
h p://dx.doi.o g/10.12795/spal.2011.i20.11
LAS SUPUESTAS INSCRIPCIONES PÚNICAS Y
NEOPÚNICAS DE LAS ISLAS CANARIAS
THE SUPPOSED PUNIC AND NEOUNIC INSCRIPTIONS FROM THE CANARY ISLANDS
ANTONIO TEJERA GASPAR*
Mª ANTONIA PERERA BETANCOR**
Resumen: Es udiamos en es e abajo una se ie de insc ipcio-
nes al abe i o mes encon adas en las islas cana ias de Lanza-
o e y Fue e en u a, di e en es a la esc i u a líbico-be ebe ,
conocida desde el siglo XIX. Han sido in e p e adas como es-
c i u a la ina, pe o ambién como signos al abé icos púnicos
o neopúnicos.
Palab as cla e: Insc ipciones púnicas, neopúnicas, la inas y
líbico-be ebe es.
Abs ac : In his a icle we s udy one se ies o alphabe ical
insc ip ions om he islands o Lanza o e and Fue e en u a
(Cana y Islands), di e en o he lybico-be be alphabe ,
known in hese islands om he XIX cen u y. The e a e di -
e en in e p e a ions abou hese insc ip ions, as la in le e s,
and also as punic o neopunics.
Keywo ds: Insc ip ions punic, neopunic, la in and lybico-
be be .
En es as pocas líneas plan ea emos algunas cues io-
nes sob e uno de los hallazgos más in e esan es de ca-
ac e es al abé icos encon ados en las islas Cana ias,
en 1983, dados a conoce en esa echa po sus descu-
b ido es, José de León He nández1, Robe o He nán-
dez2 y Ma An onia Pe e a (1983). Se documen aba po
ez p ime a en Lanza o e un nue o ipo de esc i u a,
que se pa ecía bien poco a la líbico-be ébe , que desde
el úl imo e cio del siglo XIX se había localizado en la
isla de El Hie o ( ig. 1), de la que hoy con amos con
un epe o io epig á ico en odo el A chipiélago, que
con o ma, sin duda, un pa imonio de un alo ex ao -
dina io3 .
* Uni e sidad de La Laguna (Tene i e)
** Cabildo de Lanza o e.
1. De León, He nández y Robayna (1988): 129-201; íd. (1995):
455-535; de León y Pe e a (1996): 49-105; de He nández (1990): 83-89.
2. He nández y Pe e a (1983); íd. (1987): 59-78; íd. (1990);
He nández e alii (1987): 223-294; He nández y Pe e a (s/ ).
3. Sp inge (2001); Sp inge , Pe e a y Ma e o (2001: 6-13).
La apa ición de aquella esc i u a con ibui ía al des-
cub imien o pos e io de un buen núme o de yacimien-
os en es a isla, y en la ce cana de Fue e en u a, siendo
las únicas po el momen o, en las que se ha documen-
ado es e al abe o. Exis e, sin emba go, cie o pa ecido
con algunos signos de La Gome a, g abados en el asa
de un ecipien e de made a, aunque po el momen o no
se han podido de e mina con oda ce eza. Si bien hoy
esul a ela i amen e ácil adsc ibi cul u al e his ó i-
camen e la esc i u a líbico-be ébe , an o la del con-
inen e a icano, como la de las islas Cana ias, mucho
más con o e ida es, sin emba go, la alo ación de es-
os o os ca ac e es al abé icos, a los que se les deno-
minó desde su descub imien o como esc i u a “la ina
cu si a pompeyana”, o de mane a más simpli icada
“la ina.” Se a aba de signos al abé icos en ex emo
di e en es a lo documen ado has a la echa, po lo que
se le buscó es e o o o igen, al obse a cie as simili u-
des con aquélla en los azos de algunas le as. Es a de-
nominación se ha ido gene alizando, has a el ex emo
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de que algunos in es igado es, como e emos, los con-
side an p opios de la ci ada esc i u a4.
Una di icul ad simila sob e su denominación y ads-
c ipción cul u al, se p odujo en echas ce canas, con el
descub imien o en el no e de Á ica de un al abe o en
el que exis ía un cie o pa ecido con algunos signos de
los encon ados en Cana ias, y que al no pode los de-
ini ampoco de mane a p ecisa, algunos in es igado-
es, como Th. Monod (1993: 381-386) y M. Milbu n
(1983: 8-11), op a on po denomina los con un é mino
igualmen e imp eciso. El de “insc ipciones enigmá i-
cas” ( ig. 4).
El p oblema de es a esc i u a adica no sólo en la
de e minación co ec a de su con ex o y adsc ipción
cul u al, sino en el de de ini su denominación p ecisa.
En un abajo nues o an e io , p opusimos sus i ui el
é mino de “esc i u a la ina” po o o menos comp o-
me ido, denominándola líbico-cana ia, has a an o no
pudié amos p ecisa debidamen e su adsc ipción cul u-
al y c onológica5. Con es e nomb e compues o que ía-
mos exp esa su o igen no ea icano. Con el é mino
4. Pa a es a discusión se puede consul a el abajo de Teje a y
Pe e a (2011: 565-572).
5. Teje a y Pe e a (1996: 107-131); Teje a (1990: 533-542); Te-
je a y Chausa (1999 : 69-74).
libio se hacía e e encia al nomb e de Libia, u ilizado
po los g iegos pa a denomina al Á ica medi e ánea,
si uada al oes e de Egip o, que conocemos en la ac ua-
lidad con el apela i o á abe de Mag eb. y con el de
cana io se ponía de elie e la única zona ue a del con-
inen e, las islas Cana ias, en donde ambién se había
localizado es a esc i u a. Nos e e imos al yacimien o
de “Bu Njem” en la ac ual Libia, en donde exis en al-
gunos ca ac e es que poseen mucha semejanza con los
cana ios, y pa a los que René Rebu a 6 había u ilizado
la denominación de “líbico de Bu Njem”, o de al abe o
“Bujenien”. y como quie a que no se han podido ads-
c ibi de mane a segu a a ningún con ex o cul u al, el
ci ado in es igado que ía que con esa denominación
no se p ejuzga a la na u aleza his ó ico-cul u al de los
ex os hallados en es e yacimien o, del mismo modo
que hemos p opues o con los de Lanza o e y Fue e-
en u a ( ig. 5).
6. Rebu a (1969: 189-212, pp. 189-195: ôle des o esses sa-
ha iennes”, pp. 195-212, ouilles de Bu Njem, a ec plan du camp
e des p incipia); íd. (1972: 319-339); íd.. (1974-75 : 165-187) ; íd.
(1975: 495-505); íd..(1982: 188-199); íd. (1983 : 911-919) (“signi i-
ca ion d’insc ip ions de Menaa, Cas ellum Dimmidi, Lambèse e Bu
Njem (en e 158 e 259 ap. J.-C.)”. “Le sens `au el du cie ge´ appo e
à un cul e en appo a ec Flo e e les Flo alia (3 mai).
Figu a 1. Insc ipción líbica-be ebe de la isla de Hie o Figu a 2. Insc ipción bilingüe líbico-la ina
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HIPÓTESIS SOBRE SU
ADSCRIPCIÓN CULTURAL
La singula idad y no edad de es e al abe o ha plan-
eado una se ia discusión cien í ica del máximo in e és,
sob e odo –como hemos señalado–, en lo que espec a
a su adsc ipción cul u al, p opiciando una se ie de hi-
pó esis pa a explica su o igen y con ex o cul u al. De
las di e en es p opues as – odas ellas muy discu idas,
como e emos–, des acamos es. Algunos in es igado-
es han in e p e ado es os signos como p opios del al-
abe o la ino; o os le han buscado un o igen púnico o
neopúnico, en e a quienes se han decan ado po en-
ma ca los en una adición au óc ona no ea icana,
cuyo o igen se pod ía emon a incluso a una e apa an-
e io a la p esencia en el Mag eb de las cul u as p o-
ohis ó icas medi e áneas. H. J. Ulb ich (1990: 7-319)
los empa en ó asimismo en sus p ime as publicaciones
con esc i u as ibé icas, aunque más a de se inclina ía
po a ibui les igualmen e una iliación la ina ( ig. 6).
La compa ación con el al abe o la ino ha sido, sin
duda, la hipó esis que ha hecho mayo o una, y aun-
que cie amen e pa ece exis i una apa en e a inidad de
algunos ca ac e es con esa esc i u a, esul a, a nues o
juicio, muy di ícil de adsc ibi los en su o alidad como
p opios de aquél.
El supues o o igen la ino de algunas insc ipciones
al abé icas de las islas, ya había sido de endido po el in-
es igado Ped o He nández Bení ez (1955: 182-186),
Figu a 3. Mapa en el que igu a la elación de los al abe os líbico-be ebe es no ea icanos y su a inidad con los de las islas
Cana ias, según J.A. Belmon e e alii (2001).
Figu a 4. Esc i u a de Bu Njem en Libia, según R. Rebu a
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quien en 1955 in e p e ó como ales unas líneas de ex o
halladas en Fue e en u a7. Se a a de unos epíg a es
apa ecidos en 1874 y 1878, en el ba anco de la To e,
y en unas cons ucciones monumen ales de azado la-
be ín ico halladas en Jandía. Fue on descubie os po
el Ma qués de La Flo ida, don Luis Bení ez de Lugo,
y po el e udi o majo e o don Ramón Cas añey a (Ál-
a ez Delgado 1964: 398-399), dados a conoce en la
ob a de Sabino Be helo (1980: 220), quien los consi-
de ó “un agmen o de insc ipción lapida ia con signos
g abados muy pa ecidos a los de Los Le e os de la isla
del Hie o” (ibid. 142). Se a a de un bloque pé eo del
que igno amos las medidas, que con enía cinco o sie e
signos dispues os en posición e ical, aunque p oba-
blemen e de lec u a ho izon al. J. Ál a ez Delgado
ambién conside ó es os signos epig á icos como p o-
pios de aquélla esc i u a no ea icana, pa a la que p o-
puso la siguien e lec u a. Uno de ellos, lo lee (a) mdl ny
y lo aduce po el ua eg “amadel-a anah”, o amadal-
i anay “ ie a mala”; y el o o, (b) idyn, lo conside a un
plu al be ébe de eidi con el signi icado de “pe o” o
bien como iudayan con el de “demonio” (Ál a ez Del-
gado 1964: 399) ( ig. 7).
El ci ado in es igado P. He nández Bení ez (1955:
183), como decíamos, se había inclinado po conside-
a las de o igen la ino- omana, pa a las que p oponía
una echa p óxima a nues a e a. Pa a de ende su hi-
pó esis u ilizaba a gumen os his ó icos, sos eniendo
que las islas habían sido descubie as po los omanos,
7. Un es udio cla i icado y enjundioso sob e los supues os ca-
ac e es la inos de Cana ias puede e se en el abajo de M.
Ramí ez
Sánchez (2004: 2112-2130).
quienes más a de “…domina on a los na u ales con
los que come ciaban, isi ando nues o a chipiélago
pe iódicamen e”. Después de hace una se ie de dis-
quisiciones his ó icas de la supues a p esencia de los
omanos en las islas, especialmen e en G an Cana ia,
y en és a de Fue e en u a, concluye diciendo que uno
de los epíg a es, el localizado po el Ma qués de La
Flo ida en 1874, es un ex o o i o pa a el que p opo-
nía la siguien e lec u a: “Cen um Vi Iulius Io i Op-
imo Maximo”, y “cuya e sión a la lengua e nácula
se ía: `El Cen u i o Julio a Júpi e Op imo Máximo”
(ibid., 185), la misma que Ál a ez Delgado había leído
po el ua eg, “amadel-a anah”. La o a insc ipción
encon ada cua o años después, en 1878, po don Ra-
món Cas añey a, ue ambién conside ada po Sabino
Be helo como signos de ipo líbico-be ébe , aunque
pa a nues o in es igado se a aba igualmen e de un
ex o la ino, simila al an e io , aunque en es a ocasión
Figu a 5. Ubicación del yacimien o de Bu Njem en Libia,
según R. Rebu a .
Figu a 6. Esc i u a líbico-cana ia de Fue e en u a, que
W. Pichle la ha conside ado como al abe o la ino con su
ansc ipción en cas ellano.
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lo in e p e aba sin discusión como una “pied a milia-
ia” que adujo como “Pied a milia ia.-Cinco millas”
(ibid., 185-186), leída, en cambio, po J. Ál a ez como
“iudayan”.
El o igen púnico y neopúnico
O a de las explicaciones dadas a es a esc i u a ha
sido la de conside a la de o igen púnico o neopúnico.
La aíz púnica de los signos la puso de mani ies o R.
Muñoz, en su análisis de un conjun o de líneas de ex o
p oceden es de Lanza o e y Fue e en u a. Es e in es i-
gado pensaba que los ca ac e es conside ados de esc i-
u a la ina e an en ealidad púnicos. y pa iendo de es a
esc i u a es ablece una se ie de lec u as de muchas de
las líneas de ex o de Fue e en u a, siguiendo el co pus
publicado po W. Pichle (1992: 313-453; íd. 2003), así
como ambién de las conocidas en Lanza o e. Con ela-
ción a una de las insc ipciones de es a isla, quizá la más
di ulgada po se de las p ime as que se die on a cono-
ce –comúnmen e leída po el la ín como SINCICAVA
(Balbín, Fe nández y Teje a 1987: 19-54)–, es e in es-
igado piensa que “no es la ina, sino púnica” (Muñoz
1993: 40).
Asimismo se e e ía R. Muñoz a la exis encia de
unos pocos ex os bilingües líbico-púnicos de Fue e-
en u a, pa a los que p opone su p opia lec u a (Mu-
ñoz 1993: 34-35), y sob e los que quisié amos hace
algunas conside aciones. El p ime p oblema adica
en sabe cuál es el sen ido de la lec u a de las dos
insc ipciones pa a de e mina si los ca ac e es conside-
ados púnicos, son ocálicos o silábicos. El au o op a
indis in amen e po da le un sen ido de lec u a sinis ó-
gi a, es deci de izquie da a de echa, a los signos con-
side ados púnicos, mien as que p opone una lec u a de
abajo a iba pa a la esc i u a líbica. Pe o como quie a
que en es as esc i u as la di ección puede se di e en e
en cada caso, el p oblema no esul a ácil de soluciona .
Más complejo aún es de e mina si en ealidad son pú-
nicos es os signos esc i u a ios –los mismos, po cie o,
que W. Pichle conside a la inos–, ya que, a nues o jui-
cio, es a esc i u a nada iene que e con los al abe os
enicio-púnicos que conocemos has a el momen o en la
cuenca del Medi e áneo.
La Pied a de Anaga
La supues a p esencia de esc i u as enicio-púni-
cas en las islas, no es, como pudie a pensa se, un hecho
nue o, ya que a ines del siglo XIX se dio a conoce un
b e e ex o con una se ie de ca ac e es que se p e endie-
on empa en a , en e o os al abe os, con el enicio. Se
hallaban insc i os en la conocida y muy discu ida “Pie-
d a de Anaga”, encon ada el año 1886 en el en o no de
Roque Be mejo (Anaga, San a C uz de Tene i e) (Me-
de os, Esc ibano y Ruiz 2000: 47), en la que Manuel de
Ossuna8, su descub ido , p e endió e signos simila es
a los púnicos, heb eos, á abes e ibé icos, u de anos y
líbicos a la ez (Ál a ez 1964: 398). Muchos in es iga-
do es conside a on es e hallazgo como una pied a alsa,
a ibuyéndole “sus azos a simples isu as na u ales del
a agoni o en que apa ece” (ibídem) ( ig. 8).
Se a a de una pied a c is alina de 8 cms de lon-
gi ud, que en una de las ca as, con enien emen e e-
bajada, se hallaban los ci ados signos de esc i u a. En
ecien es e isiones se ha uel o a pone de mani ies o
el alo de los ca ac e es insc i os en ella, conside án-
dolos en es a ocasión de o igen neopúnico9, pa a los
que se p opone la siguien e lec u a: “Debido a la ac-
u a del sello, puede da se el caso de no es a comple a
pa e de su lec u a:]-h II. Los dos úl imos signos, dos
azos e icales pa alelos conside amos que co es-
ponden a un nume al, posiblemen e el núme o dos. Si
a endemos a la posibilidad de un an opónimo seguido
8. Ossuna y Van Den Heede (1889); Ta quis (1971: 169-177).
9. Mede os, Esc ibano y Ruiz (2000: 47). En el ex o, los au-
o es no se e ie en a la esc i u a como de o igen neopúnico, aun-
que sólo apa ece al clasi icación en el pie de o o de la p. 47, en la
que se dice: “Pied a de Anaga. Caliza c is alizada con sello insc i o
neopúnico”.
MDLNRy IDyN
Figu a 7. Esc i u a líbico-be ebe de Fue e en u a,
in e p e ada en o o momen o como signos la inos,
según J. Ál a ez Delgado.

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de un nume al, podemos halla nos an e un nomb e i-
nalizado en ´h “he mana”, emenino de ´h “he mano”,
con caída del p ime ´aleph. Pe o ambién hay o as al-
e na i as a la u ilización de un nomb e pe sonal, como
puede se la e e encia a un p oduc o, o ambién a una
zona geog á ica, o igen p obablemen e de una de e -
minada me cancía” (Mede os, Esc ibano y Ruiz 2000:
49). Po su pa e, A. José Fa ujia (2002) en un abajo
muy documen ado sob e las ci cuns ancias del hallazgo
de es e obje o, así como en odo lo ela i o a su dis-
cusión cien í ica, c ee que “la p esencia en ella de un
nomb e e minado en h , “he mana” ha ía e e encia a
un eó o o o eónimo iden i icable con una deidad e-
menina, Tani , pa ed a de Baal Hammón. En elación
con es e hecho, en la isla de Fue e en u a ya se ha se-
ñalado la p esencia de una insc ipción bilingüe, en pú-
nico y líbico –sólo que en un sopo e inmueble–, donde
ambién se ha documen ado el mismo eó o o”10.
Sob e el supues o alo a ibuido a los ci ados ca-
ac e es como p opios de una esc i u a neopúnica,
con iene ene en conside ación dos aspec os. En p i-
me luga , nos pa ece pe inen e de e mina lo que se
en iende con es e é mino. Bajo al denominación se
10. En el ex o alude a la ob a de R. Muñoz (1994: 35-36).
ag upan odas las mani es aciones cul u ales a aiga-
das en la adición enicio-púnica, que después del 146
a.C. pe i ie on en el Mag eb bajo la ocupación o-
mana (Fe nández A danaz 1994: 97-114). La esc i u a
neopúnica, conocida en dis in os ámbi os del Medi e-
áneo, sigue la pau a de los ca ac e es enicios an i-
guos, aunque con algunas e oluciones o males, que
se desa olla án en dis in os con ex os cul u ales, ya
sean de adición au óc ona, en según qué luga es del
Medi e áneo, o de los enicios que con inua on sus
modos de ida du an e siglos en las cos as de es e
ma , o en dis in as zonas del no e de Á ica, en donde
es a esc i u a con i ió con o as, como la la ina, a lo
la go de a ias cen u ias después de la ocupación o-
mana del con inen e. Es a asociación es muy común
en muchos o os ámbi os no ea icanos, sob e odo en
Túnez, en donde, en algunos casos lo hace con la esc i-
u a líbico-be ébe , como es á muy bien documen ado
en muchas es elas bilingües púnico-la inas. O coexis-
iendo ambién con el la ín en dedica o ias de ca ác e
público, como la conocida de la scaenae ons del ea-
o omano de Lep is Magna en Libia, que se echa en
el año 1 ó 2 de la E a.
No exis e pues una esc i u a di e enciada que poda-
mos de ini como neopúnica, dis in a a la de adición
Figu a 8. La denominada Pied a de Anaga cuyos g abados han sido in e p e ados como esc i u a púnica, según J. Fa ujia.
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enicia, sino que se a a de los mismos signos de es a
an igua esc i u a, cuya e olución g á ica se ha hecho
a pa i de o os más an iguos. Pe o a la pos e es el
mismo sis ema al abé ico, y de g a ía simila a aquélla,
que se pa ece bien poco po cie o a la conocida como
líbica o púnica de las dos islas ci adas.
Pe o sob e odo, pa a explica un obje o de es as ca-
ac e ís icas con ca ac e es al abé icos de esc i u a neo-
púnica, como la de la pied a de Anaga de Tene i e, o los
ex os púnicos, o los bilingües libio-púnicos señalados
en Fue e en u a, hab ía que en ende los, a nues o jui-
cio, con elación a la p esencia de aquéllos en las islas,
o en su caso, a unas posibles elaciones con inuadas con
el A chipiélago, ya que de lo con a io esul a muy di í-
cil en ende un obje o de es as ca ac e ís icas, comple a-
men e descon ex ualizado, en una isla en la que no exis e
ninguna e idencia a queológica de es a cul u a, ni nada
hay ampoco, a nues o juicio, “en la a queología de las
Islas Cana ias que nos pe mi a siquie a a isba la p esen-
cia de gen es enicio-púnicas, a pesa de que en época
omana, es e A chipiélago o mó pa e de las ie as ex-
emas del mundo an iguo. Pe o has a donde sabemos
po la in es igación, bien con as ada en la ac ualidad,
sólo alcanzamos a conoce que ue on pobladas po g u-
pos libio-be ébe es no ea icanos, en una echa p oba-
ble que i ía desde ines del siglo I a.C., al p ime e cio
del s. I d.C. y has a an o no exis an e idencias ma e ia-
les más p ecisas y mejo de inidas sob e es as cues iones,
la supues a p esencia de enicios y púnicos en es as islas,
no deja de se más que un p oblema his ó ico y a queo-
lógico, ei e adamen e es udiado desde an iguo, y que en
ningún caso pe mi e incula las an iguas cul u as cana-
ias con ese mundo” (Teje a y Chá ez, 2011:265).
Quisié amos e mina es as conside aciones con
las palab as au o izadas de M.
Ramí ez
Sánchez “Ha
anscu ido el iempo su icien e pa a pode echa la
is a a ás con la mi ada e lexi a y, sob e odo, c í-
ica, que nos impone nues a condición de his o iado-
es. Pe o a juzga po a ias publicaciones ecien es,
algunos colegas p e ie en desempol a es os abajos
como jus i icación de algunas líneas de in es igación
que pa ecen es a en boga hoy en
día,
a juzga po el nú-
me o de publicaciones que, de o ma ei e ada, p e en-
den demos a , en ocasiones con más ehemencia que
a gumen os,
la
exis encia de insc ipciones neopúnicas
y la inas en Cana ias (González e alii 1995; González
e alii 2003). Resca ada del ol ido la pied a de
Anaga
nada pa ece con adeci la posibilidad de que los aba-
jos de He nández Bení ez puedan esuci a de la mano
de algún his o iado que, con ocación de epig a is a
o ilólogo, p e enda con i ma las eo ías del sace do e
eldense” (Ramí ez Sánchez 2004: 2120).
La hipó esis de un o igen a icano:
¿es una esc i u a de los ga aman es?
Una úl ima p opues a ha sido la de conside a que
es a esc i u a, ci cunsc i a po aho a en Cana ias a es-
as dos islas o ien ales, y en el no e de Á ica al á ea de
la p o incia de la T ipoli ania, pod ía explica se como
la in e p e ación que hicie on las poblaciones libias de
la esc i u a la ina ap endida de los omanos, después de
una p ime a e apa de con ac o, y más a de como esul-
ado de un la go p oceso de acul u ación en e ambas
comunidades. Se a a sólo de conje u as, ya que nada
de es o se halla bien de inido po el momen o, pe o
que cab ía ene la en conside ación, en el supues o de
que el p oceso de mes izaje se hubie a hecho con una
cie a apidez, ya que a pesa de que la des ucción de
Ca ago se ija en el 146 a.C., la p esencia e ec i a de
Roma en es a pa e del con inen e, sólo se mani ies a
desde mediados del siglo I a.C., es deci , casi cien años
después de aquélla p ime a incu sión bélica. y sob e
odo, a pa i del manda o de Augus o (27 a.C.-14 d.C.),
e lexión a la que W. Pichle se ace ca ambién en su
plan eamien o.
Los signos esc i u a ios del yacimien o de “Bu
Njem” es án bien echados en los siglos III y IV d.C. en
una e apa pe enecien e al Bajo Impe io. Tiempo que
conside amos su icien e pa a que en el con inen e se
hubie a p oducido ese p oceso de mes izaje, mien as
que pa a los signos de Cana ias, po el con a io, no
con amos con ninguna echa, ni siquie a ap oximada,
pa a ubica los en una secuencia his ó ica de e minada.
Se ha hablado de que la p esencia de es a esc i u a en
Figu a 9. Supues os signos de esc i u a púnica g abados en la
Pied a de Anaga (Tene i e), según P. Ta quis.
182 ANTONIO TEJERA GASPAR / Mª ANTONIA PERERA BETANCOR
SPAL 20 (2011): 175-184
ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924
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las islas pudo se esul ado de la llegada de indígenas
no ea icanos omanizados, de gen es acul u adas, que
en el con inen e habían conocido, siquie a de mane a
udimen a ia, la lengua y la esc i u a la inas (Pichle
2003: 141-142). En ese caso, y siguiendo los modelos
a icanos de esos mismos p ocesos de acul u ación, ca-
b ía pensa que ales acon ecimien os hubie an enido
luga al menos po las echas a las que nos hemos e-
e ido pa a “Bu Njem”, que po aho a –y con odas las
ese as que equie e el caso–, pueden se i de e e-
encia pa a explica la p esencia de es as gen es en Lan-
za o e y Fue e en u a, ya que en el caso cana io, al
no con a con da os c onológicos p ecisos, no podemos
decan a nos po ninguna.
G. Camps, en e o os in es igado es, ha plan eado
o a hipó esis no exen a ampoco de p oblemas, un-
damen ada en la posibilidad de que la base de es e al-
abe o se encon a a en la p o ohis o ia no ea icana,
pudiendo a ibuí selo a los ga aman es, o a o as e nias
elacionadas con cul u as medi e áneas de ines del II
y p incipios del p ime milenio a.C., y que se co es-
ponde con una época muy an e io a la p esencia o-
mana, e incluso a la llegada de enicios y g iegos al
No e de Á ica (Camps 1987: 202). En ese mismo sen-
ido se mani es aba R. Rebu a (1975: 167), al con-
side a que los ga aman es, como o as gen es de la
Tipoli ania me idional, u ie on en común una o ma
de esc i u a pa icula . Es en el Fezzan en donde se en-
cuen an los signos más p óximos a la esc i u a de “Bu
Njem”, como asimismo en los yacimien os de “Mak-
nusa” y en el “Tmed el-Koumas”.
En apa iencia pod ía pensa se que de ini es a es-
c i u a como pe enecien e a los ga aman es se ía como
no deci nada, pe o no es así, en absolu o. Po nues a
pa e, c eemos que es es a una pe spec i a de in es-
igación que encie a un g an in e és po si es u ie a
elacionada con iejas esc i u as p ela inas, aún po
analiza , empa en adas de alguna mane a con o as de
la cuenca medi e ánea, que acaso pudie an elacio-
na se con el sus a o cul u al de los llamados “pueblos
del ma ”. En es e sen ido con iene eco da aquí una
ieja discusión, aún no esuel a, ace ca de la p esen-
cia de ca os de dos uedas g abados en muchos yaci-
mien os upes es que se asocia on con la llamada “ u a
de los ca os saha ianos”, y que se c eye on inculados
con p o o ipos micénicos. Una e isión minuciosa de
odos es os aspec os, en los que hab ían de inclui se las
que han sido conside adas “insc ipciones enigmá icas”,
pod ía si no esol e el p oblema, al menos eplan ea
es as cues iones con una pe spec i a di e en e a la que
manejamos ac ualmen e.
Se a a una ez más de conje u as, pe o no cab ía
desdeña que algo de eso pudie a es a e lejando al-
gunos de los signos esc i u a ios que se encuen an en
muchos luga es del Medi e áneo, en e los que exis e
un cie o ai e de amilia, aunque po el momen o e-
sul e muy a iesgado decan a se po una p opues a en
es e sen ido, pe o c eemos que con iene deja abie a
es a o a posibilidad que complemen a ía algunas de las
que aquí se hemos ecogido.
Es as y o as muchas hipó esis c eemos que pueden
se manejadas has a an o se conozca algo más sob e
es e aspec o ele an e y no edoso de la epig a ía an i-
gua de Cana ias, y en especial de es os al abe os, que
po aho a sólo se han documen ado en las islas de Lan-
za o e y Fue e en u a, y cuya de e minación cul u al
ha de con ibui , sin duda, a en ende mejo el o igen
an iguo de las e nias insula es.
Esc i u a y poblamien o an iguo
de las islas Cana ias
El poblamien o de Fue e en u a y Lanza o e puede
se i de a gumen o pa a explica el o igen, y en pa e
la an igüedad misma de es a esc i u a. Resul a cuan o
menos suge en e que nos encon emos an e un hecho
de es a ele ancia, cuál es la génesis de un al abe o que
sob e una base indígena p eexis en e, unas poblaciones
asumie an y adop a an algunos ca ac e es la inos has a
llega a c ea unas o mas p opias en donde se e leja-
ía la in luencia de ambas adiciones. De se así, con-
a íamos con una documen ación excepcional pa a ija
el poblamien o de es as dos islas, ya que en ese caso la
llegada de sus gen es no se hab ía p oducido en una e-
cha an e io al l46 a.C., mediados del siglo II, pe íodo
en el que, como hemos is o, los omanos pene a on
en el No e de Á ica.
Nues a p opues a es que el poblamien o de Cana-
ias, y en conc e o el de es as islas o ien ales, debió de
habe enido luga a pa i de la p esencia omana en el
Mag eb, momen o en el que las islas hab ían sido po-
bladas con gen es cas igadas po los omanos, a causa
de las e uel as y de la enaz esis encia que sos u ie-
on los be ébe es an e el some imien o de Roma, de-
bido a una se ie de acon ecimien os que u ie on luga
en los p ime os años del siglo I d.C. Nos e e imos a
las insu ecciones de las e nias que habi aban un ex-
enso e i o io que se ex iende desde el A las ma o-
quí has a Túnez, y que se alza ían con a el pode de
Roma después de que les hubie an usu pado sus e i-
o ios. De odas ellas, des aca la p o agonizada po la
183LAS SUPUESTAS INSCRIPCIONES PÚNICAS y NEOPÚNICAS DE LAS ISLAS CANARIAS
SPAL 20 (2011): 175-184
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ibu de los Musulames que u o luga en e los años 5
y 6 d.C. Con pos e io idad, o as e nias o ma ían pa e
de la g an con ede ación que luchó de mane a coali-
gada con a la p esencia omana en el Mag eb bajo el
mando del céleb e númida Tac a inas, jun o al que pa -
icipa on muchas ibus en uno de los episodios más
c uen os acaecidos du an e el sojuzgamien o po Roma
de las p o incias a icanas, y que coincidió con el man-
da o del empe ado Tibe io (14-37), quien so oca ía
es as e uel as iniciadas el 17 d.C., asesinando a Tac a-
inas el año 22 d.C. Los en en amien os de las ibus
be ébe es no e mina on con su mue e, sino que con i-
nua on du an e a ios siglos has a el Bajo Impe io, con
pe iodos muy c uen os, como ha sido bien es udiado
po M. Rache (1970) y M. Benabou (1976), en e o os
his o iado es (Teje a 2006: 96-98). O os in es igado-
es11, sin emba go, sugie en la p esencia de los oma-
nos en el A chipiélago, pe o elaciona da con algún ipo
de ac i idad come cial o explo a o ia (Teje a y Chausa
1999: 69-74).
En odo caso, y has a an o no engamos una se-
cuencia c onológica y cul u al más p ecisa, con iene
deja abie as es as y o as posibilidades que el u u o
pe mi i á de e mina las con más p ecisión.
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