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Los discursos sobre la emigración española en perspectiva comparada. Principios del siglo XX- principios del siglo XXI

Gil Lázaro, Alicia; Fernández Vicente, María José

Abstract

En este texto comparamos el presente y el pasado de las construcciones discursivas sobre la emigración española exterior, con el fin de revisar en perspectiva histórica las consecuencias de la imposición de ciertos argumentos en la visión general del hecho migratorio y en las decisiones de los actores sociales. La incertidumbre sobre las cifras de salidas, la postura de los gobiernos y las diversas reacciones en la opinión pública son algunas de las cuestiones que se examinan, tanto en la gran diáspora migratoria de fines del siglo XIX y principios del XX como en la nueva ola que está empezando a desarrollarse en los albores del siglo XXI.

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DOCUMENTOS DE TRABAJO IELAT _____________________________________________ Instituto de Estudios Latinoamericanos – Universidad de Alcalá Nº 73 – Abril 2015 Alicia Gil Lázaro María José Fernández Vicente Los discursos sobre la emigración española en perspectiva comparada. Principios del siglo XX- principios del siglo XXI Los discursos sobre la emigración española en perspectiva comparada. Principios del siglo XX - Principios del siglo XXI Alicia Gil Lázaro María José Fernández Vicente Estos documentos de trabajo del IELAT están pensados para que tengan la mayor difusión posible y que, de esa forma, contribuyan al conocimiento y al intercambio de ideas. Se autoriza, por tanto, su reproducción, siempre que se cite la fuente y se realice sin ánimo de lucro. Los trabajos son responsabilidad de los autores y su contenido no representa necesariamente la opinión del IELAT. Están disponibles en la siguiente dirección: Http://www.ielat.es Instituto de Estudios Latinoamericanos Universidad de Alcalá C/ Trinidad 1 Edificio Trinitarios 28801 Alcalá de Henares – Madrid www.ielat.es [email protected] Equipo de edición: David Corrochano Yurena González Ayuso David Montero Pérez Eva Sanz Jara Inmaculada Simón Lorena Vásquez González Guido Zack Consultar normas de edición en el siguiente enlace: http://www.ielat.es/inicio/repositorio/Normas%20 Working%20Paper.pdf DERECHOS RESERVADOS CONFORME A LA LEY Impreso y hecho en España Printed and made in Spain ISSN: 1989‐8819 Consejo Editorial UAH Diego Azqueta Concepción Carrasco Isabel Garrido Carlos Jiménez Piernas Manuel Lucas Durán Diego Luzón Peña Pedro Pérez Herrero Daniel Sotelsek Salem Miguel Rodríguez Blanco José Juan Vázquez Cabrera Unión Europea Walther Bernecker (Friedrich-Alexander-Universität Erlangen-Nürnberg, Alemania) José Esteban Castro (Newcastle University, Gran Bretaña) Sergio Costa (Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad Libre de Berlín, Alemania) Ana María Da Costa Toscano (Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad Fernando Pessoa, Porto, Portugal) Georges Couffignal (Institute des Haute Etudes de L’Amérique Latine, Paris, Francia) Olivier Dabène (Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Política), Francia) Leigh Payne (Latin American Centre and Brasilian Studies Programme, Oxford, Gran Bretaña) Marisa Ramos Rollón (Universidad de Salamanca, España) América Latina y EEUU Janete Abrao (Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, Brasil) Eduardo Cavieres (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile) Francisco Cueto (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO-, República Dominicana) Eli Diniz (Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil) Juan Ramón de la Fuente (Universidad Nacional Autónoma de México, México) Pablo Gerchunoff (Universidad Torcuato Di Tella, Argentina) Christine Hunefeldt (Universidad de California San Diego, Estados Unidos) José Luis Machinea (Universidad Torcuato Di Tella, Argentina) Armando Martínez Garnica (Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia) Carlos Marichal (El Colegio de México, México) Marcos Neder (Trench, Rossi e Watanabe Advogados Sao Paulo, Brasil) Peter Smith (Universidad de California, San Diego, EEUU) Los discursos sobre la emigración española en perspectiva comparada. Principios del siglo XX - principios del siglo XXI. Alicia Gil Lázaro1 María José Fernández Vicente2 Resumen: En este texto comparamos el presente y el pasado de las construcciones discursivas sobre la emigración española exterior, con el fin de revisar en perspectiva histórica las consecuencias de la imposición de ciertos argumentos en la visión general del hecho migratorio y en las decisiones de los actores sociales. La incertidumbre sobre las cifras de salidas, la postura de los gobiernos y las diversas reacciones en la opinión pública son algunas de las cuestiones que se examinan, tanto en la gran diáspora migratoria de fines del siglo XIX y principios del XX como en la nueva ola que está empezando a desarrollarse en los albores del siglo XXI. Palabras-clave: emigración, historia, España, discurso, percepciones. Abstract: In this text we compare the present and the past of the discourse constructions about foreign Spanish emigration, in order to analyze the consequences of the imposition of some arguments in the overview about migration and the decisions of the social actors in historical perspective. Uncertainty about the numbers of departures, the position of the Governments and the different reactions in public opinion are some of the issues discussed, both great migratory diaspora of the nineteenth and early twentieth century and in the new wave that is beginning to develop in the dawn of 21st century. Key words: Emigration, history, Spain, discourses, perceptions. 1Alicia Gil Lázaro es doctora en Historia por El Colegio de México (México, 2008) y licenciada en Historia por la Universidad de Salamanca (España, 1997). Además es master en Estudios Latinoamericanos por el Instituto de Iberoamérica (Universidad de Salamanca, España, 1999) y master en Historia por El Colegio de México (México, 2002). 2 María José Fernández Vicente es doctora en Historia por la Universidad de París (2004) y por la Universidad de Salamanca. Especialista en estudios sobre emigración y su evolución histórica. 1.-Introducción El conocimiento de la historia es esencial para contextualizar los procesos migratorios contemporáneos y analizar sus efectos a la luz de aquellos que los han precedido en el tiempo. España posee una larga historia migratoria bien estudiada por historiadores y otros científicos sociales, pero ha atraído también la atención de periodistas, escritores y políticos contemporáneos, lo que en cada ciclo expansivo ha generado diversas corrientes de opinión e interpretaciones del fenómeno. En estas páginas nos proponemos comparar los discursos públicos contemporáneos sobre la emigración exterior de los españoles en dos momentos históricos distantes en el tiempo: por un lado, tomaremos en cuenta los debates en el último tercio del siglo XIX y principios del XX y, por otro, las consideraciones en la actual coyuntura española, donde todo parece apuntar hacia el inicio de un nuevo ciclo migratorio masivo. Nos fijaremos, en concreto, en las percepciones oficiales y las emanadas de algunos medios de comunicación nacionales. Los principales debates se han centrado en aspectos como el tamaño de la población emigrante, las causas de las salidas fuera de las fronteras españolas o los beneficios y las desventajas de las mismas. El objetivo del texto es encuadrar la emigración en un contexto amplio y global que supere las dicotomías tradicionales entre modalidades, continentes o períodos migratorios y que permita advertir las diferencias y similitudes frente a un hecho que ha marcado y sigue marcando el devenir histórico de este país. 2.- El inicio del ciclo migratorio: dos momentos de globalización y crisis económica Tanto la primera gran oleada migratoria de la población española, que dio comienzo aproximadamente en la década de 1880 y finalizó en la de 1930, como la corriente de salidas al exterior de los últimos seis años (2009-2014), comparten un contexto histórico de partida muy similar, por cuanto un proceso de globalización económica expandió los intercambios de mercancías y la movilidad de los factores de producción prácticamente por todo el planeta en la segunda mitad del siglo XIX, al igual que ha ocurrido durante el último tercio del siglo XX hasta la actualidad. Así pues, las migraciones españolas del pasado y el presente no son hechos aislados sino que se encuadran en marcos amplios de desplazamientos internacionales. Durante la primera globalización, las personas y los capitales se movilizaron masivamente desde las zonas excedentarias a las demandantes, animados por grandes transformaciones tecnológicas, sobre todo en los transportes y las comunicaciones, que acortaron la duración de los trayectos, abarataron su coste y lo hicieron más seguro. Más de cincuenta millones de europeos se marcharon al continente americano, sobre todo a los Estados Unidos, en una diáspora sin paralelo hasta ese momento; en torno a trece millones de asiáticos (indios y chinos fundamentalmente), así como una numerosa emigración africana, todavía de carácter forzado3. En el momento globalizador de la economía mundial que vivimos ahora, los traslados internacionales se han visto intensificados por los extraordinarios avances en la industria aeronáutica, aunque miles de personas siguen utilizando rutas terrestres y marítimas para cruzar las fronteras y establecerse en otros países. Los grandes adelantos en las comunicaciones, en la era digital de Internet, han estimulado las salidas. La División de Población de las Naciones Unidas contabilizó en 2013 un total de 231 522 215 emigrantes en el mundo4. Respecto a la situación económica interna de España, también se puede establecer un cierto paralelismo entre ambos procesos migratorios. En las últimas décadas del siglo XIX, el país vivió una profunda crisis agraria y pecuaria que trajo consigo unas muy bajas tasas de crecimiento de la economía frente a otros países europeos, al tiempo que experimentaba un notable incremento demográfico. La baja productividad agraria y la falta de dinamismo de las ciudades, son algunas de las explicaciones tradicionales de la salida de españoles hacia América y el norte de África5. Entre 1880 y 1930 más de cuatro millones de personas emigraron. Por otro lado, no hay que insistir mucho en la crítica situación por la que atraviesa la economía española desde el año 2007. Jordi Maluquer, quien tilda la actual crisis como “la tercera gran depresión” (tras las depresiones de 1881-1896 y 1929-1939), ve en la baja productividad española —previa al estallido de la burbuja inmobiliaria—, una de las principales razones de esta prolongada postración de la economía6. La época de crecimiento económico anterior estuvo estrechamente conectada al aporte demográfico que supuso la llegada de más de cinco millones de inmigrantes extranjeros a España. Las manifestaciones más poderosas de la crisis, las tasas de desempleo en torno al 26% —alrededor de seis millones de personas en paro— y el incremento alarmante de la pobreza y la desigualdad, se hallan en la base del reinicio del ciclo emigratorio español, que está protagonizado, en primer lugar, por el movimiento de retorno de inmigrantes a sus países de origen y, tras ellos, a bastante distancia todavía pero en número creciente, por españoles de nacimiento que buscan un empleo fuera del país7. 3 Kenwood, A. G. y Logheed, A. L., Historia del desarrollo económico internacional, vol. I. Desde 1820 hasta la Primera Guerra Mundial, Madrid, Akal, 1973, pp. 83-86. 4 United Nations, Population Division, Trends in International Migrant Stock: Migrants by Destination and Origin, United Nation Database, 2013, Table 10. Adjuntamos todas las URL en la bibliografía final. 5 Sánchez Alonso, Blanca, Las causas de la emigración española, 1880-1930, Madrid, Alianza Universidad, 1995. 6 Maluquer de Motes, Jordi, “España en el país de las maravillas”, El País, 19.2.2012. 7 Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, pp. 7-9. A pesar de las diferencias que podemos suponer entre dos oleadas migratorias separadas por más de un siglo de avances económicos y científicos, una de las primeras controversias susceptibles de ser comparadas en ambos ciclos es la referida a los problemas de medición del tamaño del contingente emigratorio. Aunque las salidas a la emigración experimentaron un aumento progresivo desde mediados del XIX, la preocupación por las dimensiones de la emigración en las esferas oficiales fue más bien escasa hasta la década de 1880, cuando una masacre de inmigrantes españoles en Saida (1881) abrió un amplio debate público ante el cual el gobierno hubo de dar una respuesta8. Hasta entonces prácticamente se desconocían las cifras del éxodo exterior y se tenían nociones difusas sobre el perfil de los emigrantes. Tras estos sucesos, que tuvieron un intenso seguimiento en la prensa nacional y llevaron a una movilización social fuerte, la salida de connacionales se convirtió en una gran preocupación que se canalizó hacia un mayor conocimiento del fenómeno migratorio, sus proporciones, causas, características y consecuencias para el país, para lo cual se creó en el Ministerio de Fomento un Negociado para estudiar la emigración encargada de elaborar por primera vez unas estadísticas migratorias9. Una vez publicadas las primeras, se llegó a la conclusión de que, a pesar de ser la emigración un elemento totalmente negativo para la nación, no había por qué alarmarse dadas las escasas proporciones que había adquirido hasta ese momento. Convenía, por tanto “no dejarse impresionar por los lamentos del vulgo”, según el informe que acompañaba la estadística, que cita Sánchez Alonso. Incluso para algunas provincias como las cántabras, era preferible incluso a que sus habitantes se quedaran “en el pueblo que les vio nacer”10. La contabilidad de las salidas constituyó un motivo de polémica desde entonces, por cuanto se asentaba sobre una definición de emigrante con arreglo a criterios administrativos o socioeconómicos, pero no demográficos. Las famosas listas de pasajeros “entrados y salidos por los puertos españoles con destino al extranjero y provincias de Ultramar” sobre las que se asentó la estadística, no distinguían entre pasajeros y emigrantes, ni capturaban datos como el nivel de alfabetización, el estado 8 Fernández Vicente, María José, “De la tragedia de Saida al drama del Heliópolis. El “problema migratorio” en España (1881-1907)”, en Delgado Larios, Almudena (coord.), Conflictos y cicatrices: fronteras y migraciones en el mundo hispánico, Madrid, Dykinson, 2014, pp. 247-271, pp. 249-252. 9 Llordén Miñambres, Moisés, “Posicionamiento del Estado y de la opinión pública ante la emigración española ultramarina a lo largo del siglo XIX”, Estudios Migratorios Latinoamericanos, año 7, núm. 21, 1992, pp. 275-290, pp. 283-284. 10 Sánchez Alonso, Blanca, “Visiones de la emigración en el siglo XX: de emigrantes a inmigrantes”, en Morales Moya, Antonio, Las claves de la España del siglo XX. La modernización social, Madrid, Sociedad Estatal España Nuevo Milenio, 2001, pp. 101-118, p. 104. civil, el modo de pago del pasaje o el número de viajes realizados previamente11. Las investigaciones posteriores encontraron, además, grandes divergencias entre las estadísticas migratorias españolas y las latinoamericanas, debido a la importancia que alcanzó la emigración clandestina, las salidas por fronteras terrestres o las efectuadas por puertos extranjeros12. En las décadas siguientes, la amplia cobertura dada a las expatriaciones por parte de los medios de comunicación, así como la elevación del flujo migratorio al rango de problema nacional desde el Estado, contribuyeron a extender la idea de que se trataba de una salida masiva. Sin embargo, Blanca Sánchez Alonso llama la atención sobre la mitificación que sufrió desde entonces esta oleada migratoria. Para la autora, si se analiza globalmente el fenómeno se puede observar que tanto en términos relativos (comparado con los totales de población española) como frente a otros países europeos (Italia o Portugal por ejemplo), la emigración exterior española presentó un perfil relativamente bajo con picos puntuales en algunos años en concreto. “Cuantitativamente hablando, ningún demógrafo señalaría las altas tasas de emigración exterior como uno de los rasgos característicos de la evolución de la población española ni en el siglo XIX ni en el siglo XX [...] Las cifras agregadas de «millones de españoles que emigraron» que aparecen en la historiografía dan una imagen distorsionada de un fenómeno que solamente a escala regional tuvo dimensiones e impactos notables”13. Esta misma incertidumbre respecto a la fiabilidad de las cifras a la hora de delinear las dimensiones reales del flujo de salida a principios del siglo XX, ha generado en los años recientes un amplio debate en la opinión pública española. A partir de 2009, los medios de comunicación han seguido con puntualidad la publicación por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) de sus notas de prensa con la actualización de datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE)14. A 11 Naranjo Orovio, Consuelo, “Análisis cuantitativo”, en Vives, Pedro, Veiga, Pepa, Oyamburu, Jesús (coords.), Historia general de la emigración española a América, Madrid, Historia 16, 1992, pp. 177-200, pp. 178-179. Así, por ejemplo, dichas estadísticas históricas no recogieron datos sobre alfabetización hasta 1925. 12 Las estadísticas fueron recopiladas por el Instituto Geográfico y Estadístico (IGE) desde 1882 y se empezaron a publicar una década más tarde. Yáñez Gallardo, César, La emigración española a América, siglos XIX y XX. Dimensión y características cuantitativas, Gijón, Archivo de Indianos, 1994, pp. 29-31. 13 Sánchez Alonso, Blanca, “El final del ciclo migratorio español. Desideratum”, Historia y política, núm. 23, 2010, pp. 135-162, p. 145. 14 Instituto Nacional de Estadística, “Estadística del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero a 1 de enero de 2014”, Notas de prensa, núm. 833, 20 de marzo de 2014, pp. 1-5. Desde 2009, el INE confecciona el PERE a partir de las inscripciones que realizan los emigrantes en las oficinas consulares de los países receptores. Otras dos fuentes de datos son la Estadística de Variaciones Residenciales (EVR) que elabora el INE a partir de las altas y bajas en los padrones municipales por cambios de residencia y el Censo de los electores residentes-ausentes (CERA) que viven en el extranjero, actualizado mensualmente. la luz de los cambios que esta estadística refleja —el más expresivo de todos, sin duda, es que a partir de 2011 el saldo migratorio español volvió a ser negativo—, en el año 2013 se publicaron varios ensayos en las plataformas digitales de diversos grupos de expertos adscritos a diferentes ideologías políticas15. Las interpretaciones divergentes de estos trabajos trascendieron a los medios de difusión, confiriéndoles un impacto mediático mayor que el que usualmente tiene la investigación científica, contribuyendo a ampliar la visibilidad de los flujos migratorios recientes y a hacer de estos, como sucedió a partir de 1880, un verdadero problema de índole nacional (anexo I). En este sentido, la investigadora Carmen González Enríquez, del Real Instituto Elcano, ha publicado diversos artículos desde 2012 hasta la actualidad donde explica que este aumento del número de españoles residentes en el extranjero se debe esencialmente a la salida de España de miles de inmigrantes extranjeros nacionalizados, así como a la nacionalización de ciudadanos —sobre todo de América Latina— pero de origen español gracias a la Ley de la Memoria Histórica. Para esta autora, la salida de españoles autóctonos hacia otros países ha sido exigua y la alarma creciente que ha provocado no se corresponde con el tamaño que se desprende de las cifras del INE, sino que atiende “al tono sombrío que caracteriza desde hace algunos años la visión de los españoles sobre su realidad y su futuro”, de modo que las noticias, en concreto aquellas sobre la emigración de jóvenes cualificados vendrían a confirmar “los más negros diagnósticos sobre la profundidad de la crisis”16. Otra autora, Amparo González Ferrer, publicó a fines de 2013 en la página web de la Fundación Alternativas un análisis crítico respecto a las cifras y su procedencia. Para empezar, los principales indicadores dependen de la inscripción de los emigrantes en los consulados y para hacerlo se debe demostrar la permanencia en el país de destino al menos durante un año, para lo cual se precisa de un permiso de trabajo, condición que en la mayoría de los casos no se cumple en el momento de la llegada. Además, la inscripción apenas conlleva beneficios y los costes suelen ser altos, como el traslado hasta la ciudad donde se encuentre la oficina consular, por ejemplo, o las consecuencias de la pérdida de la inscripción en el Padrón en España. En definitiva, ni el PERE ni el CERA ni la EVR constituyen indicadores precisos de cuántos españoles se han marchado o en qué momento lo han hecho y no recogen aspectos demográficos importantes como el nivel de estudios o la cualificación (al igual que sucedía con las 15 Los tres Think Tanks españoles cuyos estudios han atraído una mayor atención de los medios han sido la Fundación Alternativas (FA), la Fundación 1º de Mayo (F1M) y el Real Instituto Elcano (RIE). 16 González Martínez, Carmen, La emigración desde España, una migración de retorno, Real Instituto Elcano, 17.1.2012; “Los nuevos emigrantes españoles”, El País, 15.10.2013. Dejando al margen retornos y nacionalizaciones, la cifra que aporta González a fines de 2013 es de 40 000 españoles autóctonos en el exterior, un 0,1% de la población española y un aumento del 6% de estas salidas desde 2009 hasta 2013. de sus socios europeos38. Su ubicación geopolítica, como frontera sur continental, los hace además especialmente proclives a la recepción de población africana — mediterránea y subsahariana—. El crecimiento económico en España permitió que por primera vez el país se alejara de su tradicional papel de expulsor de mano de obra y se convirtiera en un receptor neto de inmigración, con varios lustros de saldo migratorio positivo. Así pues, en estos tiempos tan condicionados por la crítica situación económica, conviven en el discurso oficial dos lógicas muy distintas de concebir y analizar el hecho migratorio: o bien se apela a la libre circulación de personas y a las ventajas de la movilidad trasnacional —en el caso de la salida de emigrantes—, o bien, si se trata de hablar de inmigración, se insiste en una retórica similar a la del resto de Europa y de los países más desarrollados, que refuerza ideas como el control de las fronteras, las políticas de seguridad, la selección y limitación de los flujos, o, en un tono más suave, la idea de la cooperación al desarrollo para elevar la calidad de vida de las personas e impedir que abandonen su país, que reproducen, en definitiva, antiguas visiones pesimistas y de rechazo. Como ejemplo de este último tipo de discurso, durante la Cumbre Unión Europea-África celebrada en Bruselas en abril de 2014, el presidente del Gobierno español afirmó que la emigración debía ser “una opción, no una obligación de supervivencia”, por ello había que apoyar a los países de origen y tránsito de los flujos migratorios y cooperar en su desarrollo económico. Para Mariano Rajoy, las naciones deberían dar a los jóvenes de África una alternativa a la migración irregular. “[...] y cooperar para frenar esta tragedia con una adecuada gestión de los flujos migratorios y un control de las fronteras más eficaz [...] el principal recurso de África son sus jóvenes y el principal desafío es asegurar que cada uno de ellos tenga la oportunidad de vivir su vida en un entorno próspero, seguro y pacífico”39. En claro contraste con lo anterior, el mensaje que en estos tres últimos años se ha enviado desde el Estado acerca de la emigración de jóvenes españoles, no solo recupera plenamente la visión positiva de la misma heredada de la tecnocracia franquista, sino que reproduce, como no puede ser de otro modo, las señales enviadas desde Europa respecto a la posible solución a los gravísimos problemas en los que se halla inmerso el mercado de trabajo español. Frente a las debilidades del modelo económico actual, desde el Gobierno se invita a los trabajadores a marcharse al extranjero, en especial a los jóvenes. 38 Maluquer de Motes, Jordi, “España en el país de las maravillas”, El País, 19.2.2012. 39 “Mariano Rajoy: la emigración debe ser una opción, no una obligación de supervivencia”, Crónicas de la Emigración, 3.4.2014. En una entrevista para el diario El País a fines de 2013, el comisario europeo de empleo, Laszlo Andor, académico austríaco considerado de la izquierda moderada, analizaba la actual segmentación del mercado laboral español —algunos trabajadores muy precarios y otros muy protegidos— y el daño para la economía en su conjunto que el desempleo juvenil prolongado podía acarrear. Como no se prevé cercana una solución a estos graves problemas, ni aún con los millones de ayuda que está previsto que la UE inyecte al Estado español en la lucha contra el paro, el comisario sugería a los jóvenes españoles que dejaran de estigmatizar la emigración pues “muchas veces trae oportunidades [...] también hay que verlo de manera positiva”. La emigración, según Andor, es el resultado de un período de desarrollo equivocado de España y una lección “contra futuras burbujas o especulación en activos inmobiliarios”. Sin embargo, en una percepción sobre el retorno similar a la descrita por algunos autores a principios del XX, esta puede ser vista como una ventaja por la experiencia que los retornados aportan al país de origen: “[...] tres, cuatro o cinco años en la UE pueden estar muy bien si ganas dinero y aprendes, para volver después a tu país cuando esté mejor”40. Con este mismo argumento, las máximas autoridades migratorias y los miembros del gabinete han insistido una y otra vez en las bondades de lo que ahora desde el poder se prefiere denominar eufemísticamente “movilidad exterior”. Para ello, el discurso oficial se abstrae del contexto económico en el que se producen las salidas. Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte, al ser interrogado en una comparecencia sobre la posible “fuga de cerebros” que se intuía tras la publicación de las cifras del INE en julio de 2012 afirmaba: “Ni siquiera creo que haya que llamarlo así. El hecho de que haya jóvenes con capacidad y voluntad de movilidad, que dominen idiomas extranjeros, que tengan la voluntad de salir fuera, que quieran ensanchar sus horizontes profesionales, nunca puede considerarse un fenómeno negativo”41. A fines de ese año la Secretaria General de Inmigración y Emigración, Marina del Corral, en una comparecencia ante periodistas, restaba importancia al impacto de la crisis y el desempleo en las decisiones de los jóvenes a la hora de emigrar. Del Corral enfatizaba, por el contrario, los factores de atracción sobre este nuevo flujo, es decir, la influencia de la globalización, la libre circulación de trabajadores en Europa y el reclamo de profesionales por su buena preparación técnica, y finalizaba retomando un longevo y resistente argumento finisecular, al afirmar sin ambages que esta emigración también 40 “László Andor, comisario europeo de Empleo: ‘Hay que ver la emigración de jóvenes de manera positiva’”, El País, 18.12.2013. La verdadera pérdida, según el político, “es cuando los emigrantes se van de Europa y no regresan”. 41 González Ferrer, Amparo, “¿Se van los españoles? Sí, y deberíamos preocuparnos”, Eldiario.es, 8.10.2012. se debía “por qué no decirlo, al impulso aventurero de la juventud”, comentario que levantó fuertes críticas entre los colectivos conformados por los propios emigrantes42. Desde la perspectiva académica varios trabajos han reforzado esta versión oficial. En los informes del Real Instituto Elcano se insiste una y otra vez en la idea de que “algunos miles de jóvenes encuentren trabajo en otros países europeos es una buena noticia en cualquier circunstancia”, porque ese trabajo fuera es especialmente enriquecedor en términos de aprendizaje y de establecimiento de redes y esa “movilidad laboral” en definitiva beneficia a sus protagonistas y al país en conjunto”, por no hablar de lo mucho que puede favorecer al mercado de trabajo europeo43. También la empresa privada se ha sumado a este optimismo. Un informe de la Caixa sobre el descenso de la población activa sostenía en 2013 que desde un punto de vista estrictamente económico la lectura sobre este hecho no podía ser negativa por la contención del gasto público que conlleva, pero sobre todo, al igual que la opinión anterior, “porque estos trabajadores mantendrán, o en muchos casos mejorarán, su formación”. El gran reto, según la entidad bancaria, será volver a atraer a este colectivo cuando la crisis pase, pues gozará de una experiencia laboral muy valiosa para una economía cada vez más internacionalizada”44. Sin embargo, a la par del tono triunfalista con el que se esgrimen estos argumentos, desde el gobierno se ha tendido a minimizar, como ya vimos, el impacto de las salidas, reiterando un discurso similar al anteriormente citado del Real Instituto Elcano: que se trata ante todo de inmigrantes nacionalizados o de sus hijos que han nacido en España —como si su salida, por otro lado, no tuviera consecuencias económicas y demográficas graves45— y, en menor medida, españoles de nacimiento, por lo que no hay de qué preocuparse. Ante estas percepciones, que retrotraen a esas otras ya citadas de los inicios de la emigración masiva en 1880, cabe preguntarse qué tipo de políticas migratorias se han llevado a cabo hasta el momento. Sin olvidar que se trata del momento inicial del ciclo, la versión gubernamental se ha traducido en la práctica en una muy escasa acción legislativa. La estrecha relación entre la emigración 42 “Marina del Corral achaca la emigración de los jóvenes ‘al impulso aventurero’”, ABC, 1.12.2012. Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, p. 34. Véase, Españoles con dignidad. Carta a la Ministra de Empleo y Seguridad Social, 4.12.2012. 43 González Enríquez, Carmen, La emigración desde España, una migración de retorno, Real Instituto Elcano, 17.1.2012. 44 La Caixa, “Radiografía del descenso de la población activa”, Informe Mensual, 31.8.2013. 45 González Ferrer, Amparo, “Lo siento Elvira, las cifras no cantan”, Eldiario.es, 4.11.2013. Según esta autora, los nacionalizados españoles, aunque se marchen, pueden regresar a España cuando y como lo deseen, solicitar ayudas para emigrantes retornados, transmitir la nacionalidad y libertad migratoria consiguiente a sus descendientes, y por tanto, “cualquier política migratoria seria debería tenerlos en cuenta a la hora de planificar”. y los problemas del mercado de trabajo se abordan en el Real Decreto 1674/2012 de 14 de diciembre que reconoce: “[...] la necesidad de que muchos jóvenes bien formados abandonen el mercado de trabajo español y busquen oportunidades en el extranjero, motivada por la incertidumbre a la hora de entrar en el mercado de trabajo, los reducidos sueldos iniciales y la situación económica general de nuestro país [...] ‘la estrategia española de empleo’ ha incluido la movilidad como un aspecto determinante a reforzar. Asimismo, en el artículo 13 se establece como una competencia del Servicio Público de Empleo Estatal coordinar e impulsar acciones de movilidad en el ámbito estatal y europeo, así como ostentar la representación del Estado español en la red EURES”46. La idea de estimular desde el Estado la movilidad intraeuropea frente a las salidas hacia otras latitudes, reiterada en los argumentos oficiales revisados hasta ahora, recuerda, sin duda, el intento de los gobiernos de la Restauración de orientar el flujo migratorio hacia los territorios coloniales o del norte de África, y desalentar las salidas hacia América. Se trata así de imponer criterios selectivos a través de la normativa, que orienten y regulen de algún modo las salidas. Según el Informe de la Fundación 1º de Mayo, el Gobierno está impulsando que los organismos de él dependientes y las instituciones políticas amplíen la información sobre esta movilidad hacia Europa a través de la publicación de varias guías y textos de orientación a los emigrantes47. Sin duda, el programa básico en el que se apoya el ejecutivo es Tu primer trabajo EURES. La red EURES es una iniciativa de la Comisión Europea —financiada por cada Estado— para alentar la movilidad laboral dentro de los países de la UE. El programa pretende ayudar a jóvenes europeos a encontrar empleo o un período de prácticas o aprendizaje en otros países de la UE. El Estado español otorga subvenciones para el desplazamiento a entrevistas de trabajo o para incorporarse a un puesto de trabajo48. El Ministerio de Empleo y Seguridad Social está colaborando también en la celebración de cursos de información con las universidades españolas, como el organizado a fines de 2013 por la Universidad Carlos III de Madrid y el Portal de 46 Boletín Oficial del Estado, Real Decreto 1674/2012 de 14 de diciembre, por el que se establecen las bases reguladoras para la concesión de subvenciones públicas destinadas a la financiación de la acción “Tu primer trabajo EURES”. 47 Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, p. 20. En este texto se cita la Guía para la creación de servicios de información juvenil en el exterior, del Instituto de la Juventud. También a principios de siglo XX proliferaron este tipo de guías para emigrantes. 48 Extraemos esta información del enlace a la red EURES desde la página oficial de la Unión Europea. Jóvenes Españoles en el Exterior (CEXT)49. La organización de cursos y actividades destinadas a la preparación de los candidatos a emigrar constituye un fenómeno destacable, por cuanto se han extendido en la oferta universitaria española y a otros organismos y agentes, exigiendo, por lo demás, un desembolso considerable para quienes pretenden partir50. Tampoco se puede evitar, en este caso, una comparación entre la acción de estos agentes mediadores con las antiguas agencias de emigrantes de principios del XX, que lucraban con la necesidad de información de los individuos y que tan denostadas fueron desde las autoridades. Con todo, la estrategia europea muestra claramente sus límites. Por supuesto, la libre movilidad de ciudadanos de la UE en el espacio Schengen y la necesidad de mano de obra en países como Reino Unido, Francia y Alemania, han llevado a los españoles a orientar su proyecto preferentemente a Europa, y, a dichos países, a diseñar programas de atracción de trabajadores en sectores con fuerte demanda como la enfermería o la hostelería, como ya sucediera, a otra escala, en los años sesenta. Sin embargo, los estrechos márgenes económicos de las ayudas y la frágil voluntad política de los Estados han debilitado los proyectos y con ello también los argumentos más risueños de que los mercados de trabajo europeos constituyan una vez más una válvula de escape frente a los conflictos internos en España. El ejemplo más claro en este sentido es Alemania, que lanzó en 2013 un programa de ayuda financiera para jóvenes parados europeos el cual anunciaba su cierre tan solo diez meses más tarde por agotamiento de fondos frente al “espectacular incremento de las solicitudes”51. Poco antes el gobierno alemán había aprobado una importante limitación en el acceso a las prestaciones sociales de los inmigrantes europeos, concediendo un tiempo entre 3 y 6 meses para aquellos que se queden en paro, tras los cuales deben regresar a sus países52. Un último elemento que parece dar la razón al optimismo oficial respecto a los aspectos positivos de esta nueva oleada migratoria, pero también a los que prevén un 49 El Seminario “La emigración española, antecedentes y nueva realidad” fue inaugurado por el Director General de Migraciones, Aurelio Miras Portugal. El evento operó como mesas redondas con especialistas. La jornada fue un taller donde participaron profesionales que trabajan en el extranjero, con el objetivo de orientar a los participantes que pretendieran emigrar. 50 Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, p. 20. El informe cita un seminario organizado por la Universidad de Alcalá de Henares para alumnos del último curso universitario, estudiantes de formación profesional y otros profesionales que desearan emigrar, con un precio de 750 euros de matrícula. 51 Doncel, Luis, “Berlín cancela su plan para jóvenes parados europeos”, El País, 14.4.2014. Más de ocho mil jóvenes de países como España, Portugal, Grecia o Bulgaria se han beneficiado de las ayudas, la mitad de los cuales son españoles. El objetivo del plan era conceder becas para estudiar el idioma o trasladarse a ocupar un puesto de trabajo. 52 Müller, Enrique y Abellán, Lucía, “Berlín limitará el acceso a las prestaciones sociales de los inmigrantes europeos”, El País, 26.3.2014. desplazamiento cada vez más amplio en virtud de la crítica situación del país es el incremento de las remesas. A fines de 2013, el Banco de España hizo públicos los datos de envíos de dinero desde el exterior, que habían crecido a lo largo de ese año en un 22,5% respecto al año anterior. La cifra del último trimestre en concreto es la mayor desde que el BE construye esta serie (1990) y supera, por primera vez, a las remesas que los inmigrantes establecidos en España envían al exterior, que han decrecido en los últimos años a la par que el número de inmigrantes. Estas cifras colocan a España como el tercer país de la UE que más remesas recibió en 2012. Aun cuando este asunto, como ya se ha dicho, no se discutió a fondo durante la oleada de principios del siglo XX, diversos estudios posteriores han demostrado la importancia progresiva que adquirieron las remesas en el desarrollo de algunas regiones españolas, como Galicia y Asturias, y es algo que ya se anuncia en el presente como un potencial “brote verde” para la economía doméstica de muchos hogares españoles53. Por otra parte, frente a esta corriente de optimismo oficial, muy diversas voces se han alzado en contra de la percepción anuente con el estímulo a los flujos de salidas y el inmovilismo estatal. Desde el punto de vista político, la oposición ha expresado ante el Senado su rechazo a lo que considera un escenario “desolador”, instando al Gobierno a implementar políticas activas de empleo y de atención a los desempleados con el fin de evitar una nueva emigración económica, recopilar información objetiva “que permita conocer realmente el nuevo fenómeno migratorio” y así poder establecer políticas sociales efectivas54. El informe de la Fundación Alternativas denuncia la ausencia de interés por parte del gobierno para visibilizar y entender el fenómeno migratorio así como para intervenir en él. La autora del texto, añade, en otros foros, nuevos elementos para el análisis de las consecuencias del éxodo: “[...] al menos en el corto plazo no podemos ignorar el impacto fiscal de este escenario: perdemos mucha más población joven, en edad activa, con capacidad de aportar al sostenimiento de nuestro estado del bienestar y al crecimiento de nuestra economía, de la que estamos recuperando [con los retornos]”55. 53 Delgado, Cristina, “España vuelve a ser un país receptor neto de remesas”, El País, 31.12.2013. 54 “Los socialistas proponen políticas activas de empleo que eviten una nueva emigración económica”, Crónicas de la Emigración, 25.11.2013. Otras de las medidas que proponían los socialistas ante el Senado atendían más concretamente a las oportunidades de los que hubieran decidido emigrar, como facilitar la inscripción consular, ofrecer a los nuevos emigrantes una información completa de las condiciones en el país de emigración, las asociaciones españolas, los Consejos de Residentes Españoles (CRE), apoyar a organizaciones sociales y ONG’s con experiencia en movimientos migratorios y otros. 55 González Ferrer, Amparo, “Lo siento Elvira, las cifras no cantan”, Eldiario.es, 4.11.2013. La autora compara las salidas y llegadas por tramos de edad concluyendo que, mientras que los emigrantes son sobre todo personas en los grupos centrales de la edad activa “entre los que recuperamos están sobre representados los que ya han agotado su vida laboral”. 4.- La opinión pública y los actores sociales Como hemos visto, la emigración ha suscitado reacciones diversas en las élites gobernantes susceptibles de ser comparadas en términos diacrónicos y, en este sentido, resta preguntarse cuáles fueron las principales percepciones sobre los emigrantes circulantes a fines del siglo XIX y cuál es su correlato actual ¿Quiénes eran y quiénes son los protagonistas de la diáspora migratoria, vistos desde los discursos públicos dominantes? En primer lugar, para los políticos liberales contemporáneos del éxodo de fines del XIX, la miseria y el hambre habrían sido las causas fundamentales de la emigración. “Si los senadores leen El Liberal o El Imparcial —afirmaba un senador en 1889— encontrarán los pavorosos relatos que hacen de familias de españoles que emigran a Ultramar, no llevados del deseo de hacer fortuna, como en otros tiempos, sino empujados por la miseria”56. Para la opinión pública, por tanto, los emigrantes eran ante todo pobres gentes, cuya ignorancia e inocencia hacía de ellos víctimas perfectas de abusos y engaños durante el periplo migratorio. Se extendió por entonces la idea de la emigración como una epidemia que impulsaba a los individuos de una forma casi irracional a las garras de los enganchadores. Un informe elaborado por el diputado liberal Piernas Hurtado expresaba “En virtud de la “ignorancia” e “inocencia” de algunos, o bien del “espíritu aventurero” o la “fiebre de la emigración” que afectaba a otros, los candidatos a la emigración eran considerados como seres “irracionales”, “inconsistentes”, y por lo tanto presa fácil de estos “agentes sin escrúpulos””57. Esta imagen canónica convivió en el tiempo con otra de similar fuerza, que consideraba a aquellos que se atrevían a emigrar como “los mejores, los más hábiles y en edad productiva”, de modo que, al final, ambas condujeron a una consideración muy negativa de ellos, pues mientras los primeros, analfabetos e incultos, no podrían sacar ninguna ventaja del hecho de emigrar y darían una muy mala imagen del país en el extranjero, los segundos, que España había formado hasta llegar a la edad activa, “roban a su país”58. Junto a la miseria, la asociación de la emigración con la delincuencia fue también frecuente. Engañados por las mafias de la emigración, los inmigrantes terminaban cayendo en el robo, la prostitución y la marginalidad. Por 56 Diario de Sesiones de las Cortes, Congreso, núm. 74, sesión del 6 de junio de 1890, p. 2006. Citado en Fernández Vicente, María José, “De la tragedia de Saida al drama del Heliópolis. El “problema migratorio” en España (1881-1907)”, en Delgado Larios, Almudena (coord.), Conflictos y cicatrices: fronteras y migraciones en el mundo hispánico, Madrid, Dykinson, 2014, pp. 247-271, p. 258. 57 Citado en Nadal, Jordi, La población española, siglos XVI-XX, Barcelona, Ariel, 1966, p. 174. 58 Sánchez Alonso, Blanca, Las causas de la emigración española, 1880-1930, Madrid, Alianza Universidad, 1995, p. 90. tanto, la idea que intentaban transmitir los contemporáneos a esta gran emigración era que mejor no se marcharan porque lo iban a pasar muy mal. Según cita Sánchez Alonso, el Consejo Superior de Emigración señalaba en 1915 que “debido a la vergonzante carencia de instrucción elemental y a la ínfima valoración en sus oficios, pues en su mayoría son agricultores, labradores, campesinos, jornaleros y braceros, los emigrantes estaban condenados al fracaso”59. La investigación histórica posterior, especialmente la que se ha enfocado en el estudio de las cadenas migratorias y las redes sociales de los emigrantes, ha demostrado que los emigrantes no eran tan ignorantes ni analfabetos como los políticos de entonces pensaban. La mayor parte de ellos conocía bien su lugar de destino y las posibilidades de empleo. Los que ya habían emigrado eran la fuente más viable de transmisión de información a los potenciales candidatos y en muchos casos sufragaron los pasajes y ayudaron a buscar empleo a los recién llegados. Además, al contrario de lo que usualmente se ha supuesto, algunos estudios han demostrado que ya entonces se daban tasas altas de alfabetización en los emigrantes60. Tampoco parece ser cierto que se fueran los más pobres, ni salían de las regiones más pobres. Tal y como dicta la teoría económica de las migraciones, los individuos con más bajo nivel de renta no formaron el grueso de las corrientes migratorias, como tampoco sucede en la actualidad. El traslado y la instalación configuraban un proceso caro que involucraba no solo a los que se iban sino también a sus familias, que en última instancia eran quienes financiaban el viaje, hipotecaban su parcela, ahorraban durante años o acudían a los prestamistas: “los que van a América no van por no poder comer aquí, pues el solo hecho de tener para el viaje, supone que no son pobres del todo”61. La emigración como una estrategia familiar tenía como finalidad diversificar riesgos y pivotaba sobre el envío de las remesas. Con el tiempo, la concepción del emigrante en España cambió al calor de las discusiones sobre la “cuestión social” y la mayor atención hacia el mundo laboral. De ser considerado como uno de los miembros más desfavorecidos de la sociedad, se empezó a hacer hincapié en la condición socio-laboral del emigrante. Pasó, por tanto, a considerarse un trabajador en busca de un mejor empleo, o un mejor salario, y así se reflejó en la legislación migratoria de mediados de los años veinte62. Si bien no se 59 Ibídem., p. 92. 60 Sánchez Alonso, Blanca, “Visiones de la emigración en el siglo XX: de emigrantes a inmigrantes”, en Morales Moya, Antonio, Las claves de la España del siglo XX. La modernización social, Madrid, Sociedad Estatal España Nuevo Milenio, 2001, pp. 101-118, pp. 113-114. La autora cita los censos argentinos y cubanos, por un lado, y las cifras regionales sobre alfabetización, las gallegas y asturianas sobre todo, para confirmar esta afirmación. 61 Ibídem, p. 116. La cita se extrae de Molina Nadal, Enrique, El emigrante en América, Madrid, Tipografía de A. Marzo, 1913, p. 67. 62 El artículo 2 de la Ley de Emigración de 1924 decía expresamente “Serán considerados emigrantes a los efectos de esta Ley los españoles o sus familias que, por causa de trabajo, abandonen el territorio abandonó el tono paternalista e infantilizante que había caracterizado la consideración desde el poder respecto al emigrante hasta entonces —versión que todavía sería dominante durante el franquismo—, se empezó a analizar en mayor medida la racionalidad de sus decisiones imponiéndose un mayor realismo y pragmatismo. Esa misma idea del emigrante como un trabajador en movimiento, compelido a buscar un empleo fuera de su país por unas circunstancias anómalas, se ha retomado en la actualidad con fuerza, para convertirse en una de las consideraciones claves bajo la que se observa y se analiza el fenómeno. A la par, una concepción fuertemente negativa sobre la emigración ha seguido instalada en la mentalidad colectiva española hasta nuestros días y se sigue reproduciendo en el momento actual en el que se reinicia el flujo migratorio de salida. Los temas que gobernaron las consideraciones sobre el fenómeno entonces se reiteran una vez más ahora en función de varios argumentos clave: en primer lugar, son las generaciones jóvenes las que sufren con virulencia las consecuencias de la crisis económica sobre el mercado de trabajo, aunque ellas, claramente, no la causaran; el desempleo y la falta de perspectivas empuja a estos jóvenes a tomar la decisión de marcharse fuera del país, cuando en condiciones normales no lo habrían hecho. Asimismo, la emigración sigue siendo considerada una válvula de escape para atenuar la presión social ante la crisis, lo cual favorece que las autoridades no tomen medidas para frenarla actuando sobre la regulación del mercado laboral, sino más bien lo contrario, la alienten como solución temporal ante las altas tasas de paro. Pero, por otro lado, el contingente migratorio actual es diferente al de otros momentos de la historia, por su composición social, su cualificación y experiencia vital. La valoración sobre los emigrantes, por tanto, también ha variado en los tiempos recientes aunque los diversos perfiles que se atisban sobre quiénes se van y por qué han caído igualmente en algunas generalizaciones que se hacen desde los medios oficiales. Para empezar, a nadie se le escapa que por primera vez se trata de un contingente emigratorio no solo alfabetizado sino muy bien preparado. Frente a la idea generalizada a principios del siglo XX de que emigraban los incultos y analfabetos, existe en la actualidad plena consciencia de que se está yendo, probablemente, la generación más cualificada de la historia de España y esto es percibido desde la opinión pública como una enorme pérdida de capital humano para el país, un muy mal negocio por parte del gobierno. Este hecho ha permitido, sin embargo, desviar el análisis oficial sobre las motivaciones del éxodo desde las causas esencialmente económicas a otra serie de impulsos como las mayores expectativas vitales, la nacional para establecerse fuera de él definitiva o temporalmente”. Citado en Fernández Vicente, María José, “El Estado español y la emigración, 1880-1985”, en Escrivá, Ángeles, Bermúdez, Anastasia y Moraes, Natalia (eds.), Migración y participación política, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Colección Politeya, 2009, pp. 265-295, p. 269. búsqueda de un mayor reconocimiento social, una superior calidad de vida, entornos más saludables, realización personal o estilos de vida diferentes. Por ello, desde los colectivos involucrados se percibe un ejercicio de ocultamiento ante la brutal realidad de la crisis económica y sus efectos63. La prensa ha popularizado esta imagen estereotipada de la salida de profesionales altamente formados, que, sin embargo, ya existía desde antes de la crisis. Los comentarios del RIE se esfuerzan por negar la existencia de una supuesta “fuga de cerebros” y para la FA la discusión sobre la terminología desvía de las verdaderas circunstancias de la diáspora. “El mayor incremento de la nueva emigración española no se está produciendo entre los que acaban de terminar sus estudios y se marchan para aprender o mejorar sus idiomas. Los que se van de forma creciente desde que empezó la crisis son personas por encima de la treintena, muy bien preparadas cuyas perspectivas profesionales y de emancipación personal y familiar se han visto truncadas por un mercado laboral segmentado y poco dinámico y por un debate político que los ignora. Y lo peor de todo es que muchos no volverán, o tardarán demasiado en hacerlo”64. Según González Enríquez, la alarma creada solo se justifica considerando que la población española ha sido “extraordinariamente inmóvil en las últimas décadas” tras el fin del ciclo emigratorio a Europa de los años sesenta y setenta65. Incluso la autora muestra su total extrañeza de que no sean muchos más los que hayan decidido dar el paso de buscar mejores condiciones de vida en otros países, dadas las cifras del paro actuales. La respuesta que da el Informe de la Fundación 1º de Mayo es la siguiente: “Si ahora la emigración, en este sexto año de crisis no ha conocido los niveles de gran escala de otras ocasiones es porque, junto a la red familiar de protección y a pesar de los recortes, los recursos del estado de bienestar permiten sortear la recesión sin acudir a la emigración como primera opción”66. Respecto al perfil de la emigración por edad, si bien es cierto que los más jóvenes disponen del tiempo necesario para poder rentabilizar la inversión que supone una emigración internacional, no ha sido su salida (la de la franja de edad entre 25 y 34 63 Citado en Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, p. 33. 64 González Ferrer, Amparo, “Lo siento Elvira, las cifras no cantan”, Eldiario.es, 4.11.2013. Algunos medios de comunicación alternativos, albergados en plataformas de Internet, hablan de la emigración como la “estrategia del PP para reducir el paro”. “Estrategia del PP para reducir el paro: El número de españoles que emigraron desde enero crece un 21,6%”, Kaosenlared, 6.10.2012. 65 González Enríquez, Carmen, “Los nuevos emigrantes españoles”, El País, 15.10.2013. 66 Alba Monteserín, Susana, Fernández Asperilla, Ana y Martínez Veiga, Ubaldo, Crisis económica y nuevo panorama migratorio en España, Madrid, Centro de Documentación de las Migraciones, Fundación 1º de Mayo, 2013, p. 21. A.R. “2013, el año que España perdió más población por la crisis”. El Plural.com, Periódico Digital Progresista, 31.12.2013, disponible en http://www.elplural.com /2013/12/31/2013-el-ano-en-que-espana-perdio-mas-poblacion-por-la-crisis/ Agencias. “Cerca de 40.000 españoles han emigrado en los primeros seis meses de 2013”. Cadena Ser. 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