scieee Science in your language
[es] (orig)

«Como a escuras»: la noche en el teatro de Calderón. Luces, emociones y técnica actoral

Author: Monzó Ribes, Clara
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 2025
DOI: 10.14643/131E
Source: https://idus.us.es/bitstreams/0afb473c-ba2d-4e0d-8469-a1c35eb37aa4/download
«COMO A ESCURAS»:
LA NOCHE EN EL TEATRO DE CALDERÓN. LUCES,
EMOCIONES Y TÉCNICA ACTORAL
Cla a Monzó Ribes
Uni e si a de València
[email p o ec ed]
RESUMEN:
No es sencillo ingi la noche en un ablado iluminado po la luz na u al del sol. Los ingenios del
Siglo de O o debían conoce an o las limi aciones como las posibilidades que o ecían los
edi icios ea ales de la época a la ho a de oscu ece e ilumina la escena. Es e a ículo p e ende
aza un pano ama de los dis in os ecu sos d amá icos que pe mi ían ec ea la oscu idad an e el
público áu eo. A a és del co pus de Calde ón de la Ba ca, desde el co al de comedias has a el
Coliseo del Buen Re i o, se busca á la huella de la luz en el ex o. La écnica del ac o , jun o al
deco ado e bal, se alia án con obje os y amoya pa a desplega an e el espec ado cla oscu os
llenos de ma ices: la débil llama de una ela, el ocaso, la penumb a o el eclipse.
Palab as cla es: Calde ón de la Ba ca, luz, aco aciones, écnica ac o al, co al de comedias,
oscu idad.
«Como a escu as»: Nigh in Calde ón’s Thea e. Ligh s, Emo ions
and Ac ing Technique
ABSTRACT:
Th ough he wo ks o Calde ón de la Ba ca — om he co al de comedias o he Coliseo del
Buen Re i o— his s udy aces he p esence o ligh wi hin he ex . The ac o ’s echnique,
oge he wi h e bal scenog aphy, joins o ces wi h p ops and s age machine y ( amoya) o
un old be o e he audience a chia oscu o ich in nuance: he ain lame o a candle, he sunse ,
wiligh , o an eclipse.
Keywo ds: Calde ón de la Ba ca, Ligh , S age di ec ions, Ac ing echnique, Co al de comedias,
Da kness.
ISSN: 2340-1176
A alan a 2025, 13/1: 111-142
Cla a Monzó Ribes
112
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
113
n el mes de mayo de 1652, se ep esen ó an e los Reyes, en el Coliseo
del Buen Re i o, La ie a, el ayo y la pied a
1
. El escena io debió de
con e i se en un escapa a e de ma a illas que aca iciase los sen idos
del público, boquiabie o an e la mágica unión de a e e ingenie ía.
Así daba cuen a León Pinelo de la magni ud del espec áculo:
Fue la comedia de las du ezas de Anaja e y el Amo co espondido. Mudábase el
ablado sie e eces. Rep esen ábase con luces po da la is a que pedían las
pe spec i as. Du aba sie e ho as. El p ime día la ie on en público los Reyes; el
segundo, los Consejos; el e ce o, la Villa de Mad id; y después se ep esen ó al
pueblo o os 37 días, con el mayo concu so que se ha is o
2
.
La elación del c onis a emi e a un modelo ea al «a la i aliana», magní icamen e
ep esen ado en la Co e po el Coliseo, que, en e al co al de comedias, jugaba con la
p o undidad y los ucos de la pe spec i a. Jun o a las mu aciones —esas
ans o maciones de la escena que la inco po ación de los bas ido es había hecho
posible
3
—, León Pinelo des aca el uso de «luces», necesa ias pa a alumb a los eco ecos
del as o escena io. Las bondades del ea o i aliano de g an apa a o, así, llega án a la
península de la mano de los amosos ingenie i, que ha án del escena io áulico una
au én ica en ana a las inno aciones ecnológicas de su iempo, donde, en e máquinas
de complicada ingenie ía, b illa á el so ilegio de las luces y las somb as
4
. Del lado del
1
Es e abajo se enma ca en el p oyec o con e e encia PID2022-136431NB-C62.
2
León Pinelo, An onio de, Anales de Mad id (desde el año 447 al de 1658), ed. Ped o Fe nández Ma ín,
Mad id, Ins i u o de Es udios Mad ileños-CSIC, 1971, p. 348. Mode nizo la o og a ía del pasaje.
3
La adopción de es e nue o modelo exige la c eación de una e minología aco de, capaz de desc ibi los
elemen os del edi icio ea al, que deja huella en las aco aciones p opias de las ob as de ámbi o palaciego.
Pensemos po ejemplo en la aco ación inicial de Las a mas de la he mosu a y el modo en que menciona
algunos de los ing edien es ca ac e ís icos del ea o a la i aliana, como la co ina, los bas ido es y las
mu aciones, o el o o: «Có ese la co ina y ense odos los bas ido es del ea o ansmu ados en apa ado es
de piezas de pla a y, en medio, una mesa llena de asos y iandas, y sen ados a ella, homb es y muje es, y,
en su p incipal asien o, Co iolano y Ve u ia, y los músicos de ás, a imados al o o, y Pasquín y o os
si iendo la mesa» (Ped o Calde ón de la Ba ca, Las a mas de la he mosu a, ed. Paula Casa iego
Cas iñei a, Mad id-F ank u am Main, Ibe oame icana-Ve ue , 2024, Aco . inicial). El núme o de
bas ido es del Coliseo llegó a suma once a cada lado, can idad que se inspi aba en los que u ilizó Aleo i
en el Tea o Fa nese de Pa ma (Ignacio A ellano, His o ia del ea o español del siglo XVII, Mad id,
Cá ed a, 2008, p. 90). Po o o lado, como ecue da Ruano de la Haza espec o a los inicios de la a qui ec u a
ea al española, «El equi alen e de una co ina simplemen e no podía exis i en esos p ime os ea os,
imp o isados y p imi i os, del siglo XVI» (José Ma ía Ruano de la Haza, «Ac o es, deco ados y
acceso ios escénicos en los ea os come ciales del Siglo de O o», en Ac o y écnica de ep esen ación del
ea o clásico español, ed. José Ma ía Díez Bo que, Lond es, Támesis Books, 1989, p. 79).
4
El a co de p oscenio, añadido undamen al del ea o i aliano, obedecía ambién, de acue do con Emilio
O ozco, a « azones de o den p ác ico» (Emilio O ozco, El ea o y la ea alidad del Ba oco, Ba celona,
E
Cla a Monzó Ribes
114
co al, sin emba go, los e ec os especiales de es a índole se e án educidos al mínimo,
pa a cede el peso de la espec acula idad al más pode oso de los ecu sos: la imaginación.
Como sabemos, el p og ama ea al de los Siglos de O o se desa ollaba en ho a io diu no;
ci cuns ancia que pe mi ía ilumina el ablado de o ma na u al y e i a con ello, además,
el iesgo de incendios.
No obs an e, la isibilidad en escena es un asun o que a menudo ha susci ado
dudas en los c í icos: «Un p oblema que oda ía no se ha esuel o sa is ac o iamen e es
el uso de la luz a i icial en los ea os come ciales del siglo XVII. ¿Cómo podían los
espec ado es e los ado nos y apa iencias que se mos aban de ás de las co inas al
ondo del escena io sin ayuda de la luz a i icial?»
5
. Siguiendo el abajo pione o de Va ey
dedicado a la esceni icación de la noche en el Siglo de O o
6
, Ruano a aba de econs ui
la ayec o ia del sol y calcula su incidencia sob e los co ales del P íncipe y de la C uz,
omando en conside ación la o ien ación de ambos edi icios, en la es ela de las
desc ipciones de los ea os mad ileños que ealizó jun o a John J. Allen
7
. Pa ece que la
isibilidad cambian e se a monizaba g acias a la acción de un oldo endido sob e el pa io
del co al, que pe mi ía, además, p o ege al público del calo . Allí donde los ayos del
sol no alcanzaban, hab ían de in e eni po lo an o elas y hachas, cuya llama,
pa ape ada ingeniosamen e as papeles pin ados, podía despedi luces de colo es
8
.
Plane a, 1969, p. 49), ya que, con su adopción, Saba ini apun aba «a la posibilidad de acili a la
iluminación del deco ado y a la de e o za los e ec os de huida o pene ación de la pe spec i a, lo cual
en aña la p eocupación po los e ec os espaciales como úl ima azón de la unción de la embocadu a»
(ibíd., p. 49).
5
José Ma ía Ruano de la Haza, La pues a en escena de los ea os come ciales del Siglo de O o,
Mad id, Cas alia, 2000, p. 265. Y no solo en el ea o de Mad id. Me cedes de los Reyes Peña se o mulaba
la misma p egun a con espec o al se illano co al de la Mon e ía, «que, al es a embu ido en e las mu allas
alcaza eñas, no pe mi ía ab i g andes huecos» (Me cedes de los Reyes Peña, «El Co al de la Mon e ía
de Se illa», en El co al de comedias: espacio escénico, espacio d amá ico, eds. Felipe B. Ped aza
Jiménez, Ra ael González Cañal y Elena Ma cello, Almag o, Uni e sidad de Cas illa la Mancha, 2006, pp.
33-34). En el de Calaho a, Domínguez Ma i o habla de anos abie os di ec amen e en la echumb e del
pa io; (F ancisco Domínguez Ma i o, «Pa a la geog a ía ea al del Siglo de O o en el no e de la
península (algunos ámbi os y espacios escénicos)», en El co al de comedias: espacio escénico, espacio
d amá ico, eds. Felipe B. Ped aza Jiménez, Ra ael González Cañal y Elena Ma cello, Almag o,
Uni e sidad de Cas illa-La Mancha, 2006, p. 103).
6
John E. Va ey, «The S aging o Nigh Scenes in he comedia», The Ame ican Hispanis , 2:15, 1977, pp.
14-16.
7
José Ma ía Ruano de la Haza y John J. Allen, Los ea os come ciales del siglo XVII y la
esceni icación de la comedia, Mad id, Cas alia, 1994.
8
Véase José Ma ía Ruano de la Haza, op. ci , 1989, pp. 91-92 y 2000, p. 266). Ruano se apoya en una
aco ación de La impe ial de O ón, de Lope de Vega, que desc ibe es e enómeno: «Én ense y con música
descub an el lienzo del es ua io con muchas lumina ias en papeles de colo es, y Ma ga i a en lo al o»
(ibíd., p. 266).
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
115
En cualquie caso, mien as el espec ado se esignaba a con empla a los
in é p e es sin ucos ni in e e encias, se eía p i ado de los ma ices del ocaso y la
penumb a. An e un modelo d amá ico que p escinde a la ue za de de e minados signos
y es ímulos isuales
9
, la pe icia del d ama u go, el pode del e so y la écnica del ac o
end án que alia se pa a ae la noche a escena. Pe o, sob e odo, se ol e á
imp escindible la olun ad del público, dispues o a sume gi se en el juego iccional
10
. Es
en es a enc ucijada donde apa ecen las «con enciones» d amá icas, que sos ienen la áci a
colabo ación en e odos aquellos que pa icipan en el hecho ea al, desde el ex o a la
escena.
I. A a és de las aco aciones:
plan eamien o, obje i os, es uc u a
A pa i de aquí, analiza emos en p o undidad algunas escenas des acadas del co pus de
Calde ón de la Ba ca, con el obje i o de aza po ez p ime a un pano ama del
compo amien o ac o al y los mecanismos d amá icos que in e ienen en las escenas sin
luz del ea o áu eo. A a és de una p oducción que a anza en consonancia con el
pe eccionamien o del sis ema ea al de la época, asis i emos al acomodo de las
con enciones a las exigencias de la comedia y la agedia, del co al y del palacio,
pasando po los géne os b e es
11
. Coo denadas dis in as que pond án a p ueba el ingenio
del poe a y nos egala án aliosa in o mación sob e el desempeño del ac o , en equilib io
con el uso de la escenog a ía y los e ec os especiales.
Pa a abo da es e as eo, ecu i emos como he amien a p incipal a las
aco aciones, que no solo cons i uyen un documen o imp escindible a la ho a de
9
En la semió ica o semiología del ea o, disciplina que con mayo o meno acie o puso sus es ue zos en
do a al ea o de un lenguaje analí ico, la iluminación se conside a un signo undamen al del hecho ea al,
y así lo es ablecía Tadeusz Kowzan en El signo y el ea o, Mad id, A co Lib os, 1997. En el ámbi o
español, es de obligada consul a el es udio de Ma ía del Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a
d amá ica, Mad id, A co Lib os, 1997.
10
Es o mismo ad ie e Va ey sob e el ea o con empo áneo: «noso os ambién es amos acos umb ados a
acep a con encionalismos casi an in e osímiles. En el cine o en la ele isión emos muchas eces ob as
seudodocumen ales en que, po ejemplo, algunos lad ones en an en un banco de noche. Acep amos el
con encionalismo po el cual podemos e las ca as y aun las exp esiones de los pe sonajes» (John E.
Va ey, «Valo es isuales de la comedia española en la época de Calde ón», Edad de O o, 1:5, 1986, p.
292).
11
Dejo ue a de es e es udio los au os sac amen ales, que me ecen po sí mismos un análisis de conjun o
en p o undidad.

Cla a Monzó Ribes
116
econs ui el ea o de la época, sino que a eso an el ge men de la « ea alidad» misma
12
;
es deci , siguiendo a He menegildo —y simpli icando con ello las ami icaciones de un
é mino no exen o de polémica—, aquella «condición de lo que en la ep esen ación o en
el ex o d amá ico es especí icamen e ea al»
13
. De es e modo, en e los ing edien es que
de inen al cabo el géne o ea al, el ac o deja as o en el ex o a a és de las aco aciones,
que an azando un camino que nos pe mi e ecupe a el ges o y los indicios de una
écnica ya p o esionalizada en el siglo XVII, al y como ha pues o de mani ies o en
epe idas ocasiones Rod íguez Cuad os, especialis a en la ma e ia
14
.
Empecemos, a modo de ejemplo inaugu al, analizando una escena de la comedia
Ag adece y no ama
15
. Pongámonos en si uación: siguiendo las ó denes de su seño a,
Flo a ha conducido a Lau encio y Robe o, su c iado, has a un cama ín de palacio. Pues o
que en ese momen o amo y g acioso han de pasa desape cibidos, ap o echan el ocaso
pa a mo e se con mayo libe ad po los co edo es. Así lo e elan las palab as de
Lau encio, que sigue a Flo a a ciegas:
En segunda oscu idad
as con undiendo mis huellas,
pues ya nacen las es ellas,
mu iendo la cla idad.
¿Adónde desde el ja dín
a escu as des a mane a
me ienes? Dó es oy quisie a
12
Cla a Monzó Ribes, Poé ica de las aco aciones en la d ama u gia de Calde ón de la Ba ca,
Uni e si a de València, 2019, pp. 45-47.
13
Al edo He menegildo, Tea o de palab as. Didascalias en la escena española del siglo XVI, Lleida,
Edicions de la Uni e si a de Lleida, 2001, p. 9.
14
Tómense como abajos de e e encia los dos g andes es udios de la au o a dedicados al ac o áu eo:
E angelina Rod íguez Cuad os, La écnica del ac o español en el Ba oco. Hipó esis y documen os,
Mad id, Cas alia, 1998 y El lib o i o que es el ea o. Canon, ac o y palab a en el Siglo de O o, Mad id,
Cá ed a, 2012. De hecho, la p esencia del ac o se ha omado como c i e io axonómico pa a es ablece
ipos de aco aciones; en es e sen ido, Rod íguez Cuad os dis ingue en e aco aciones «ilocu i as» (o
«pe o ma i as») y aco aciones «pe locu i as», que inco po an el e ec o p o ocado en el espec ado
(E angelina Rod íguez Cuad os, op. ci ., 1998, p. 73). Más conc e amen e, en elación con el
desempeño ísico del in é p e e, Ruano de la Haza habla de aco aciones kinésicas, ges uales y ela i as a la
oz (José Ma ía Ruano de la Haza, op. ci ., 2000, p. 303). En la medida de lo posible, a o aquí de
combina la e minología de ambos. Las p opues as axonómicas en ma e ia de aco aciones son a ias y
esponden a c i e ios di e sos; pa a ob ene un pano ama global, emi o a mi esis doc o al (Cla a Monzó
Ribes, op. ci .).
15
Pa a los da os ace ca de la da ación y la his o ia ex ual de las comedias ci adas en es e a ículo, consúl ese
Calde ón Digi al, la base da os di igida po Faus a An onucci.
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
117
sabe [...]
16
.
De es os e sos se deducen a ios aspec os necesa ios pa a con ex ualiza la
escena, an o las coo denadas empo ales como el es ado de desconcie o en que, incapaz
de o ien a se, se halla Lau encio; un es ado que, es lógico, se aduci á en un desempeño
ísico de e minado.
Una ez a solas, ya en el cama ín, Lau encio y Robe o a an de econoce en e
las somb as los muebles que los odean, imaginándose acompañados po odo ipo de
ma a illas, inos obje os de deco ación y supe che ías p opias de una p incesa: «Hab á,
según el e lejo / que no da la luna, aquí / mil jugue es de c is al, / de po celana y co al. /
¿Es o no es un ca e? Sí; / y de la China, do ado»
17
. Con el amanece , la ilusión se
des anece. Seño y c iado se descub en p on o, no en el cua o de una dama, sino en el
c udo in e io de una o e: «a la escasa lumb e b e e / huye on escapa a es, / esc i o ios
y bu e es»
18
, se lamen a á Robe o.
Desde el pun o de is a del lec o , el pasaje no p esen a p oblema alguno. Sin
emba go, si nos igu amos espec ado es, su gen algunos in e ogan es que hab emos de
a on a a la ho a de econs ui la pues a en escena. El desengaño de Lau encio y Robe o,
cuya ensoñación se ompe con la luz, como al pincha una bu buja, pod ía ma e ializa se
sin g andes complejidades en un ea o a la i aliana, p o is o con mecanismos de
iluminación a i icial. De hecho, el ó ulo «Fies a que se ep esen ó a sus majes ades» que
acompaña al í ulo de la ob a, sugie e, en e ec o, que se lle ó a cabo en palacio. Aho a
bien, en una unción pensada pa a los co ales
19
, el éxi o de la escena, cuya comicidad se
basa en la consecución del gag, depende ía po comple o del deco ado e bal. El ac o ,
sin ampa ni ca ón, es á solo en el ablado.
16
Ped o Calde ón de la Ba ca, «Ag adece y no ama », en Ve dade a quin a pa e de comedias, ed.
José Ma ía Ruano de la Haza, Mad id, Biblio eca Cas o, 2010, pp. 447-548, . 2930-2937. La nume ación
de los e sos es mía.
17
Ibíd., . 2989-2994.
18
Ibíd., . 3012-3014.
19
Son a ias las no icias de ep esen ación de Ag adece y no ama que se egis an en la base de da os
CATCOM, di igida po Te esa Fe e Valls. La p ime a de ellas da a de 1649 y emi e a una unción que
u o luga , p ecisamen e, en los co ales mad ileños.
Cla a Monzó Ribes
118
II. La noche en el co al de comedias
Sin e izaba Va ey cómo «pa a el espec ado había es indicios de que una escena ocu ía
de noche: la indumen a ia de los ac o es, sus pa lamen os y, sob e odo, su mane a de
acciona »
20
. En e ec o, an o el es ua io como los obje os cumplían en el ablado una
unción con ex ualizado a
21
, undamen al a la ho a de si ua la acción en las coo denadas
empo ales y espaciales adecuadas. Al igual que las sillas, mesas o el céleb e a uendo «de
camino», un acceso io de iluminación en manos de un pe sonaje —po ejemplo, un
candil— ansmi e al público la in o mación necesa ia pa a an icipa que se halla,
pa adójicamen e, an e una escena que anscu e en plena oscu idad. En el ea o áu eo,
la noc u nidad es un ma co indisoluble de las es a egias d amá icas de la comedia u bana,
de modo que, como el Ca na al, p ocli e a la sub e sión es i a, la noche c ea un clima
p opicio pa a que los jó enes p o agonis as in iguen a su an ojo. Los e ec os lumínicos
y el es ua io, así, son aliados idóneos de la comedia a la ho a de p o oca la con usión
de iden idades y a o ece la imp esión de una madeja en edada que solo se o dena á, de
un i ón, en los ul imísimos e sos, an es de los acos umb ados enlaces ma imoniales.
Velas, hachas y candiles, en manos de damas y c iadas cómplices, uncionan como
he amien a pa a mo e se en e los dis in os espacios bu lando la igilancia de la
au o idad é ea
22
.
Del o o lado, como end emos ocasión de explo a en o os apa ados, cuan o más
se ace ca a la agedia, más se con ie e la oscu idad en caldo de cul i o pa a acciones
alejadas de la mo alidad: c ímenes, emboscadas o i upciones en bien gua dados
con en os. La li e alidad escénica p opicia, además, una lec u a simbólica o me a ó ica
que pa e del juego en e luces y somb as, y que se p es a a a ac i as in e p e aciones
pa a la c í ica.
En es a línea, analizó Va ey La dama duende: «G an pa e de las imágenes poé icas
de la ob a es iban en el con as e luz/oscu idad pa a señala dico omías ales como
20
John E. Va ey, a . ci ., 1986, p. 291.
21
José Ma ía Ruano de la Haza, op. ci , 1989, p. 86.
22
O hón A óniz elabo ó un lis ado de comedias de Calde ón pe enecien es a la p ác ica escénica popula
que, a su juicio, eque ían luz a i icial (O hón A óniz, Tea os y escena ios del Siglo de O o, Mad id,
G edos, 1977, p. 234).
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
119
conocimien o/igno ancia, e dad/men i a, espe anza/desespe ación, beldad/ ealdad»
23
.
Pa a los p opósi os de es e a ículo, sin emba go, nos cen a emos en la dimensión
espec acula del ex o. Sea como sea, lo que es á cla o es que, desde el pun o de is a de
la cons ucción d amá ica, la asunción de es e ambien e noc u no equie e del
conocimien o y la a i mación de los códigos co espondien es po pa e de odos los
agen es ea ales (desde ac o es y miemb os de la compañía has a el p opio espec ado ).
Teniendo en cuen a que el co al se encon aba pa cial o o almen e iluminado po la luz
diu na, el allo de alguno de los elemen os da ía al as e con el pac o de e osimili ud
24
.
II. 1 Iluminación, obje os y écnica ac o al
Como anunciábamos, a lo la go del ex o, diseminadas en las aco aciones
encon amos e e encias a a ios obje os de iluminación
25
. Recopilando es as e e encias
es posible econs ui un pequeño glosa io de oces que se aglu inan bajo el é mino
«luz»; palab a gené ica que apa ece con ecuencia en la comedia áu ea, como ilus a la
siguien e aco ación: «Ellos es án apa ados, y ella saca una luz de una lin e na que ae
cubie a»
26
. A menudo, no obs an e, es a luz adquie e la o ma de dis in os signi ican es,
como la «bujía»: «Vanse y sale Lisa da y Nise con una bujía»
27
. En es e sen ido, el
Dicciona io c í ico e his ó ico de la p ác ica escénica en el ea o de los Siglos de O o,
di igido po Rod íguez Cuad os, ecoge un amplio mues a io de é minos elacionados
con la iluminación escénica, epa idos en los ex os de la época; en e o os: «an o cha»,
23
John E. Va ey, «La dama duende, de Calde ón: símbolos y escenog a ía», en Es udios sob e Calde ón,
ed. Ja ie Apa icio Maydeu, Ba celona, Is mo, 2000, II, p. 250.
24
Resul an muy ú iles los da os que apo a Va ey sob e el modo en que incidía la luz na u al en los co ales
mad ileños: «El del P íncipe es aba o ien ado del Es e al Oes e, y el de la C uz del Su es e al No oes e, lo
que quie e deci que, po la a de, la luz sola caía desde el lado de echo de la sección del público que es aba
en e al ablado […]; el ablado es a ía iluminado po la luz di ec a —aunque di usa— del sol, y la escena
in e io oscu ecida po la somb a del balcón si uado encima de ella» (John E. Va ey, a . ci ., 1986, p.
285).
25
Desa ollo en es e apa ado algunas de las ideas que u e ocasión de esboza , no hace mucho, en unas
b e es páginas (Cla a Monzó Ribes, «El ac o (calde oniano) a oscu as», A isos de Viena, 1, 2021, pp.
70-73).
26
Ped o Calde ón de la Ba ca, La dama duende, ed. Faus a An onucci, Ba celona, C í ica, 1999, .
2006Aco .
27
Ped o Calde ón de la Ba ca, Peo es á que es aba, ed. Sa a Pezzini, Mad id-F ank u am Main,
Ibe oame icana-Ve ue , 2024, . 1593Aco . A e ec os p ác icos, en el ex o los signi ican es suelen se
in e cambiables. Po ejemplo, en la aco ación «Vanse. Sale Tosco con luz, y Es ela» ( . 743Aco .) de Amo ,
hono y pode , Vila Ca nei o egis a una a ian e en que el é mino «luz» se sus i uye po el de « ela»
(Ped o Calde ón de la Ba ca, Amo , hono y pode , ed. Zaida Vila Ca nei o, Mad id-F ank u ,
Ibe oame icana-Ve ue , 2017).
Cla a Monzó Ribes
126
guia se po el ac o, los equí ocos se mul iplican, dando luga a nume osos opiezos con
el mobilia io: «Sién ase encima la sal illa y el ja o y los id ios»
57
.
Po su pa e, en el simpá ico En emés del d agoncillo se esceni ica un conju o. A
la ho a de cena — al y como se deduce del diálogo—, el soldado, compinchado con
Te esa y el sac is án, p onuncia un so ilegio in en ado con el que p e ende hace c ee
al g acioso que es capaz de hace apa ece , po encan o, los dis in os pla os de la cena.
Así, mien as se p onuncian las palab as mágicas, el sac is án, escondido bajo la mesa,
obedece las ó denes del soldado y a e elando los í e es. Los conju os en añan una
e balidad pe o ma i a, pues o que su ealización equie e de la pa icipación conjun a
de la p onunciación de unas palab as especí icas y de la ejecución de una ges ualidad
codi icada. Es e ca ác e i ual es imi able en escena, donde ha de se econocido como
una p ác ica mágica, p ecisamen e lo que lle a al g acioso a cae en el engaño: «Te esa
oma el candil y el soldado hace como que conju a. El g acioso hace las mismas acciones
y la c iada a sacando lo que escondió»
58
.
Es e hace «como que conju a» se e i ica en el ex o en o ma de una la ga ó mula
que acumula signi ican es desp o is os de signi icado lógico, pe o en iquecidos con
imas y pa alelismos í micos, que se epi en: «qui ilín quin paz / qui ilín quin puz»
59
, o
«aquí el buz», «allí el baz»
60
. No enemos ma cas de pe o ma i idad en las aco aciones
implíci as que nos pe mi an econs ui esas acciones que se anuncian en las explíci as, y
que quizás se dejasen a la imp o isación de los ac o es; sin emba go, solo concediendo
que el ango de isión del g acioso es limi ado debido a la p eca ia iluminación, puede
unciona el plan eamien o cómico, basado en la in e acción de los pe sonajes. De lo
con a io, el mal echo ma ido descub i ía el engaño con acilidad: «Alcanza el g acioso
57
Ibíd., . 121Aco . En ediciones pos e io es, se añaden algunas aco aciones explíci as que ilus an la
secuencia: «Sién anse los dos de espaldas el uno al o o» ( . 204Aco .), «Va a sen a se y cae» ( . 237Aco .).
En el apa a o c í ico del en emés, Loba o da cuen a de odas las a ian es del ex o (Tea o cómico b e e,
ibíd., 1989).
58
Ped o Calde ón de la Ba ca, «En emés del d agoncillo», en Tea o cómico b e e, op. ci ., .
233Aco ., pp. 195-217.
59
Ibíd., . 240.
60
Ibíd., . 237 y 238. Sub ayan Rod íguez Cuad os y To de a cómo la desa iculación lógica de la palab a,
enómeno común en los géne os b e es, la despoja de su semán ica has a con e i la en obje o escénico
sono o (E angelina Rod íguez Cuad os y An onio To de a, Calde ón y la ob a co a d amá ica
del siglo XVII, Lond es, Támesis Books Limi ed, 1983, p. 105).

«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
127
qué come , y el sac is án, que es á debajo de la mesa, se lo qui a»
61
; «Va a bebe el
g acioso, el soldado le qui a la bo a, y luego el sac is án»
62
.
III. Las emociones en la oscu idad
Vemos, po lo an o, que más allá del uso de obje os de iluminación, la oscu idad eme ge
en el ablado a a és de un lenguaje no e bal codi icado en las aco aciones de
mo imien o. Po o a pa e, es a ges ualidad del ac o no es á desp o is a de signi icado.
En consonancia con las expec a i as de cada géne o d amá ico, la ausencia de luz puede
gene a una desen adada con usión co eog á ica que p o oque la ca cajada en el
espec ado , pe o se ab e ambién, cuan o más pa icipa del uni e so ágico, a la apa ición
de la sospecha, el miedo y la duda. Cuando el aciocinio del pe sonaje se pone a p ueba,
a lo an las emociones, que dejan as o en el compo amien o y el desempeño ísico. Así,
a a és del «ges o emocional»
63
se p oduce una co espondencia de co e somá ico en e
la al e ación anímica y su mani es ación co po al; expe iencia psicológica que el ac o
hab á de se capaz de plasma en el ablado. Dicho de o o modo, en el plano escénico,
es as co espondencias en e ges o y emoción pa en es en el e so dela an el conocimien o
po pa e de los ac o es de una se ie de pau as ísicas que pueden aba ca desde el más
impe cep ible cambio en la oz has a un ges o e ec is a como el desmayo.
La siguien e aco ación de Peo es á que es aba e idencia la exis encia de una
mímica con la que el público comp ende que el pe sonaje es á ac uando p i ado del
sen ido de la is a: «Vanse y sale don Césa en ando»
64
. La imagen de la aco ación
dialoga con el e so, que a eso a una se ie de aco aciones implíci as pe o ma i as
65
,
e elado as de una u bación que condiciona la ac i ud kinésica de don Césa : «En no able
con usión / es oy la pue a buscando / sin discu so y sin azón, / en las somb as opezando
/ de mi misma u bación»
66
. Así, no es de ex aña que la ges ualidad especí ica en es os
61
Ibíd., . 310Aco .
62
Ibíd., . 319Aco .
63
Cla a Monzó Ribes, op. ci ., p. 158.
64
Ped o Calde ón de la Ba ca, Peo es á que es aba, op. ci ., . 1717Aco .
65
Es deci , aquellas aco aciones que se p onuncian al iempo que se ealizan. Véanse E angelina
Rod íguez Cuad os, op. ci ., 1998 y Cla a Monzó Ribes, op. ci ., 2019.
66
Ped o Calde ón de la Ba ca, Peo es á que es aba, op. ci ., . 1718-1722.
Cla a Monzó Ribes
128
con ex os de oscu idad, an o si in e ienen obje os de iluminación como si el ac o
depende po comple o de su cue po, es é apa ejada po lo común a la emoción del miedo.
El es ado de emo en el que se halla don Césa al mo e se en la penumb a llega a
aslada se, en un bello caso de hipálage, a sus pisadas, que Nise desc ibe así: «Pues ya
he sen ido pisa / coba demen e»
67
.
Comen ábamos an es cómo la segunda jo nada de La dama duende se basa en la
habilidad écnica de los ac o es pa a simula que se mue en en una oscu idad o al. Se
hace sí e ec i o el juego de equí ocos gene ado po el uso de ímidas elas en el ambien e
noc u no del in e io de la casa
68
. Es Isabel quien mejo desc ibe la expe iencia del miedo
como consecuencia de la ausencia de luz: «[...] ¡Ay de mí is e, / que, como es de noche,
engo, / con la g ande obscu idad, / de mí misma asomb o y miedo! / ¡Válgame Dios, que
emblando es oy!»
69
. Es a emoción se p esen a sin causa de inida; una mani es ación del
subconscien e en en ado a una imaginación sin enos, y que depende á del ac o y la luz
como aside os empí icos. Toda la jo nada plan ea, a a és del apa a o de aco aciones,
una unión indisoluble en e iluminación, kinésica y ges o emocional. La delimi ación del
con ex o espacial iene dada po el diálogo, que des ela la ejecución de ese mo e se «a
escu as»: «No hallo el bu e e... ¿Qué es es o? / Con la u bación y espan o / pe dí de la
sala el ien o; / no sé dónde es oy, ni hallo / la mesa. ¿Qué he de hace , cielos?»
70
. Como
Isabel, los pe sonajes an desc ibiendo sus in enciones y mo imien os a medida que los
ealizan, pa a que el público en e en el juego iccional. Solo con la acep ación del
espec ado es e osímil que don Manuel aga e el aza a e c eyendo que ha cap u ado a la
in usa: «Topa Isabel con don Manuel, y él la iene del aza a e»
71
.
67
Ibíd., p. 912. Es a p oyección del es ado anímico del pe sonaje en la desc ipción del en o no es ecuen e
en es e ipo de escenas: «qué es ancia an sin senda ni camino / mi a e imien o pisa / donde aun la luz del
sol no se di isa [...] / pues an solamen e eo / a escaso iso la unes a boca / de una en eabie a oca»
(Ped o Calde ón de la Ba ca, La es a ua de P ome eo, ed. Ma ga e G ee , con un es udio de la
música de L. S ein, Kassel, Reichenbe ge , 1986, . 601-607).
68
No obs an e, es ace ada la ap eciación de A ellano ace ca de cómo de e minados ma ices co esponden
po en e o a la palab a: «hay oscu idades que son lób egas y o as que no. Lo que in e esa al espec ado
sabe es p ecisamen e que se a a de un ipo de oscu idad exac amen e lób ega, y eso sólo lo puede deci
el ex o: odo lo más que los medios escénicos pueden o ece es una oscu idad s anda » (Ignacio
A ellano, «Valo es isuales de la palab a en el espacio escénico del Siglo de O o», Re is a Canadiense
de Es udios Hispánicos, 19:3, 1995, p. 434, no a 18).
69
Ped o Calde ón de la Ba ca, La dama duende, op. ci ., . 1535-1540. Recue da An onucci que
«la “g ande obscu idad” no es más que un llamado a la imaginación de los espec ado es» (Ped o
Calde ón de la Ba ca, op. ci ., 2021, no a al . 1537).
70
Ibíd. . 1542-1546.
71
Ibíd., . 1594Aco .
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
129
Las aco aciones ecogen es a in e acción en e galán y c iada, y pe mi en
econs ui con exac i ud una secuencia de pe secución que comienza en el momen o en
que Isabel apaga la ela: «Dale un po azo y má ale la luz»
72
, «Va andando, y Isabel
de ás dél, huyendo de que no la ea»
73
. Cuando don Manuel, oda ía a oscu as, c ee
habe a apado al se mis e ioso, se encuen a a sí mismo sos eniendo el aza a e en el ai e.
Es a acción de palpa y anda a ien as se ecupe a, en es e caso, a a és de las aco aciones
implíci as:
Quienquie a que es, se es é quedo
has a que aigan la luz,
po que si no, ¡ i e el cielo!,
que le dé de puñaladas.
Pe o sólo ab azo el ien o,
y opo sólo una cosa
de opa, y de poco peso
74
.
Así, en los é ices de lo cómico hay espacio pa a el su gimien o de emociones
di e sas que pueblan la escena de ma ices, al se icio de una expe iencia, po a iada,
sa is ac o ia, y que no al e a las expec a i as p opias del géne o.
Es e emo inocen e, que cuen a con la complicidad del espec ado , adquie e una
p o undidad dis in a, ce cana al concep o de obos clásico, en las ob as del espec o
ágico. En El médico de su hon a, Mencía y Jacin a ingenian un a did pa a e i a que
Gu ie e encuen e a En ique, que espe a escondido en las habi aciones de la dama. Se
a a de una es a egia muy simila a la que azan doña Ángela y su c iada en La dama
duende, pues o que en ambos casos la penumb a es imp escindible pa a que el in uso
pueda escapa sin se is o: «Al oma la luz la ma a disimuladamen e y salen Jacin a y
En ique siguiéndola»
75
. An e mecanismos análogos, la adsc ipción al géne o ágico es á
de e minada po la suma del con ex o iccional p ees ablecido y del e ec o que se busca
causa en el espec ado . Dicho de o o modo, mien as que en La dama duende el público
an icipa con segu idad que doña Ángela sald á ai osa de sus maquinaciones, y puede
72
Ibíd., . 1584Aco .
73
Ibíd., . 1565Aco .
74
Ibíd., . 1602-1608.
75
Ped o Calde ón de la Ba ca, El médico de su hon a, op. ci ., . 1310Aco .
Cla a Monzó Ribes
130
abandona se a la ensión momen ánea de la escena, en El médico de su hon a la ida de
Mencía se en en a a un iesgo eal, que pende sob e el celo ex emo de don Gu ie e.
A p opósi o de es e pe sonaje, Gu ie e p onuncia unos e sos que sub ayan la
equi alencia simbólica, a i mada en el con lic o de los celos, en e luz y azón, y que
dejan al descubie o su cegue a mo al: «ma o la luz y llego / sin luz y sin azón, dos eces
ciego»
76
. De acue do con C uickshank, «don Gu ie e p e ende se el de enso de la luz
del hono , pe o sólo es el c eado de la oscu idad. Él es, al mismo iempo, una c ia u a de
la oscu idad»
77
. En La hija del ai e, Semí amis ecupe a es a di ección simbólica cuando
supe pone de o ma explíci a los signi icados de la luz que po a: «Y la espues a sea /
apaga es a llama: así se ea / cuán o, deslumb adas, mis locu as / abo ecen la luz y ob an
a escu as»
78
.
Jun o a la cegue a mo al me a ó ica que se desp ende de es e juego de signi icados,
en la oscu idad noc u na apa ece un miedo, es a ez, en aizado en ibulaciones más
p o undas. F iso, pe sonaje de La hija del ai e, enca na a a és de la ges ualidad los
e ec os ísicos que ep oducen la expe iencia del miedo:
[...] Apenas da án
en e somb as an as
mudas señas de mis plan as
las lo es ni las a enas
de aques os ja dines; pues
bandos dis an es se han hecho
odo el alo en el pecho,
odo el emo en los pies
79
.
En o a escena de la ob a, Menón y Nino, desde lados opues os, se ace can de noche
a la habi ación de Semí amis. El p ime o, que ha sido condenado al des ie o, se a iesga
a se descubie o en el palacio del ey, como e ec i amen e sucede á no mucho después.
El iesgo que en aña es e pun o de pa ida en el des ino del pe sonaje acen úa la ensión
76
Ped o Calde ón de la Ba ca, El médico de su hon a, op. ci ., . 1911-1912.
77
Ped o Calde ón de la Ba ca, El médico de su hon a, ed. Don W. C uickshank, Ba celona, Cas alia,
2012, p. 26.
78
Ped o Calde ón de la Ba ca, La hija del ai e, ed. F ancisco Ruiz Ramón, Mad id, Cá ed a, 1987,
segunda pa e, . 2192-2195.
79
Ibíd., . 1962-1969.
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
131
de una escena que, en con ex o cómico, eíamos como habi ual en el ma co del en edo.
Pa a Menón, la oscu idad es p esagio úneb e: «Pisando las neg as somb as, / imágenes
de mi mue e, / con la lla e que enía / de los ja dines de I ene, / a Semí amis e é»
80
.
Nino, en cambio, a anza hacia los aposen os con la ac i ud de quien se sabe iun ado :
«¡Tu iso oco, qué aleg e!»
81
. La con ención d amá ica o na e osímil el hecho de que,
aun an e la misma pue a, los dos homb es no se econozcan.
Cuando Menón uel a a sali a escena, una ez descubie a su p esencia en palacio,
apa ece á con una impac an e ca ac e ización: «Vanse, y salen los Soldados y Menón,
sacados los ojos»
82
. Como en la oscu idad, el ac o ha de ale se de nue o de una kinésica
que haga comp ende al espec ado que Menón es á ciego, si bien no al a án e sos que
con i men nues as sospechas: «¿Dónde me lle áis, después, / que, i anos y c ueles, / me
habéis sacado los ojos?»
83
.
IV. «Oscu écese el ea o»: la lumino ecnia escénica
No end ía el público que habe dado ienda suel a a su imaginación de habe con ado el
espec áculo con e ec os especiales. Imaginemos cómo los ecu sos lumínicos pod ían
habe dado ida en escena a aquello que el deco ado e bal se limi aba, o zosamen e, a
e oca . Algunas imágenes, eple as de cla oscu os y iolen os con as es c omá icos, se
ans o ma ían an e nues os ojos en au én icos lienzos, con o mando un museo de lo
ágico. Pensemos en icas desc ipciones como la que pin a don Ál a o en Ama después
de la mue e:
Po en e mon es de llamas,
en e piélagos de sang e,
opezando en cue pos mue os,
quiso mi amo que llegase
a la casa de Maleca,
es ago ya mise able,
pues del ace o y del uego
80
Ibíd., . 2908-2912.
81
Ibíd., . 2943Aco .
82
Ibíd., . 3144Aco .
83
Ibíd., . 3146-3148Aco .

Cla a Monzó Ribes
132
pa esa dos eces yace
84
.
Un paisaje a oz que se dibuja a la luz de las llamas: «A las luces que con usas, /
ya cebado, el uego hace, / mi o una muje que es á / apagándolas con sang e»
85
.
El peso de la palab a en la c eación del espacio se elaja a medida que aumen a la
complejidad esceno écnica. Po ello, los juegos de luces son ecu sos habi uales en los
dis in os escena ios de palacio, desde ecogidos salones has a la majes uosidad del
Coliseo del Buen Re i o —inaugu ado en 1640—, donde se sacaba el máximo pa ido a
las posibilidades de la amoya. La década de 1620 había sido especialmen e uc í e a
pa a el desa ollo de las di e siones palaciegas. Las ob as de e e encia de Sebas iano
Se lio (Tu e le ope e d’A chi e u a, en 1599
86
) y de Nicola Saba ini (P a ica di
abb ica scene e macchine ne’ ea i, 1637) plasman la culminación de una consciencia
espec acula que, a pa i de la inaugu ación del Coliseo, coincide con el g ado úl imo de
desa ollo de la d ama u gia calde oniana
87
. En e complicadas máquinas que pe mi ían
ec ea el ma o ealiza mo imien os aé eos, ambos ingenie i, jun o a Leone de So ni,
idea on nue as écnicas de iluminación escénica. La ob a de Saba ini incluye
88
, en el
p ime lib o, an o conside aciones gene ales sob e la luz y el modo en que es a in e ac úa
con el espec ado (capí ulo 16) como indicaciones p ecisas sob e mecanismos de
iluminación, al iempo que analiza las en ajas e incon enien es del uso de la ce a o el
acei e (capí ulos 38 y 39). Es en el segundo lib o donde se explica cómo c ea ayos,
84
Ama después de la mue e, op. ci , . 2166-2173.
85
Ibíd., . 2184-2187.
86
Sebas iano Se lio p oponía ya un sis ema de iluminación basado en la colocación sob e el ablado de un
buen núme o de candelas, alimen adas con acei e, que podían ambién colga se en e a la escena. Como
esca an Ra ael Maes e o Al onso Rod íguez G. Ceballos, Se lio in o ma ambién de que se añadía alcan o
al ecipien e con el doble p opósi o de aumen a la in ensidad de la llama y de despedi pe ume en el
ecin o (Ra ael Maes e, «Esceno ecnia de los salones do ados: el del Alcáza , el del palacio del Buen
Re i o», en Espacios ea ales del Ba oco español: calle, iglesia, palacio, uni e sidad, ed. José Ma ía
Díez Bo que, Kassel, Reichenbe ge , 1991, p. 49 y Al onso Rod íguez G. Ceballos, «Escenog a ía y
amoya en el ea o español del siglo XVII», en ed. Au o a Egido, La escenog a ía del ea o ba oco,
Salamanca, Uni e sidad de Salamanca-Uni e sidad In e nacional Menéndez Pelayo, 1989, p. 41).
87
Véase José Ma ía Ruano de la Haza, «La escenog a ía del ea o co esano», en Tea o co esano
en la España de los Aus ias, di . José Ma ía Díez Bo que, Cuade nos de Tea o Clásico, 10, 1998, p. 161.
Po impe a i o c onológico, ni Fon ana ni Cosme Lo i pudie on habe aído a España el lib o de Saba ini,
pe o p obablemen e sí lo manejaba Baccio del Bianco (Al onso Rod íguez G. Ceballos, op. ci ., p.
45), con quien Calde ón es ableció una uc í e a (mas no exen a de polémica) colabo ación.
88
Sigo la eedición de 1638 (P a ica di ab ica scene, e machine ne’ ea i, Rauenna, Pie o dei Paoli e
Gio. Ba is a Giouanelli,), que incluye el segundo olumen.
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
133
uenos, nubes que suben y bajan —e incluso cambian de colo —, o se desc ibe «il modo
di a nasce e l’au o a» (capí ulo 55)
89
.
Así, en los escena ios de palacio, Calde ón o o ga a la luz la capacidad de esol e
écnicamen e aquellas escenas que en ablados más humildes no podían lle a se a cabo a
is a del espec ado . La noche eme ge, aho a, en oda su li e alidad. Si aquel conju o
es a ala io que p onunciaba el soldado en el En emés del d agoncillo se desa ollaba en
una oscu idad ingida, en El mayo encan o, amo la hechice a Ci ce log a as oca los
cielos a su an ojo:
[...] Los ai es cubie os
de apo caliginoso,
segunda noche pa ezca [...]
y el sol y la luna hoy,
iéndose i i an poco,
piensen que el camino e a on
de sus celes iales o nos
o que yo desde la ie a
apagué la luz de un soplo
90
.
Es a de e minación desa a, en e ec o, la u ia de los elemen os, que se ma e ializa
en escena: «T uenos y g anizo, y escu écese el ablado, y iñen a escu as»
91
. En medio de
la conmoción, los pe sonajes «andan / opezando unos con o os»
92
, has a que Ci ce
decide pone in al albo o o de o ma e ec is a: «Húndese la mesa y los dos g aciosos
sob e ella, y con la ba alla a escu as se an odos»
93
. Como en aquella ep esen ación que
eco daba admi ado León Pinelo, es e ipo de escena se uel e en el con ex o áulico un
89
La desc ipción del mecanismo que pe mi e ep esen a en escena el p oceso de una nube que a c eciendo
a ojos is a se e i ica en la as uosa Fo unas de And ómeda y Pe seo, sin luga a dudas pun o álgido de
la os en ación esceno écnica del siglo XVII: «Desde que Pe seo dijo aquel pasado e so de la nube, que en
úl imo pe il del o içon e se e mina a, y con uso en e las músicas del ay e con las dis an es oces del ma ,
del mon e y del pue o, no hizo de ella más ap ecio que ci a la, empeçó a c ece en un he moso nuba ón,
a gen ado de pla a, an o que, al queda el ablado solo, ya e a an g ande que pudo, al desapa ece se, dexa
de ás de sí o o bello nuba ón de o o, co onado de ayos, que a mane a de ono sus en a a en la úl ima
de sus g adas las dos deidades de Palas y Me cu io [...]» (Ped o Calde ón de la Ba ca, And ómeda y
Pe seo, ed. Ra ael Maes e, Almag o, Museo Nacional del Tea o, 1994, . 467Aco .).
90
Ped o Calde ón de la Ba ca, El mayo encan o, amo , ed. Alejand a Ulla Lo enzo, Pamplona-
Mad id-F ank u am Main, Uni e sidad de Na a a-Ibe oame icana- Ve ue , 2013, . 2196-2207.
91
Ibíd., . 2208Aco .
92
Ibíd., . 2214-2215.
93
Ibíd., . 2226Aco .
Cla a Monzó Ribes
134
ecu so ecuen e, y con él se ab i á La ie a, el ayo y la pied a: «Obscu écese el ablado
y, mien as se dicen los p ime os e sos, se descub e la pe spec i a del ma , con uenos
y elámpagos»
94
.
De engámonos aho a con calma en una ob a como Eco y Na ciso, esc i a pa a se
ep esen ada en el Palacio del Buen Re i o, con mo i o del décimo cumpleaños de la
In an a Ma ga i a el 12 de julio de 1661. Desde su í ulo, la ob a bebe de la ma e ia
mi ológica, an del gus o del público co esano, p ocli e al uso de elemen os isuales y
sono os
95
. Du an e el desenlace de la comedia, Eco y Na ciso, o u ados po un con lic o
pe sonal, han esuel o acaba con sus idas: mien as que a Eco, echazada po el bello
jo en, le ha sido a eba ada su oz, Na ciso es incapaz de ama a o o que a sí mismo. En
el momen o c ucial, la nin a se des anece en el ai e, despojada al in de su cue po pa a
ans o ma se en pu o eco («Que Eco en ai e / en e mis b azos se ha uel o»
96
), en an o
que Na ciso se a oja a la uen e en cuyas aguas eía su os o e lejado. Es a
conca enación de p odigios se aduce en un sob esal o gene alizado que culmina con el
ad enimien o de un eclipse, al y como desc ibe An eo: «Que el sol, empañando el día, /
en pa das somb as se ha uel o»
97
. Aunque las aco aciones de la ob a iendan a se
sin é icas, ma e ializa en escena el enómeno que desc iben los e sos eque i ía la unión
de amoya y de e ec os lumínicos y sono os; así como la in e ención de écnicas de
94
Ped o Calde ón de la Ba ca, La ie a, el ayo y la pied a, ed. Au o a Egido, Mad id, Cá ed a,
1989, . 1Aco .
95
En p incipio, la o mulación sin é ica de las aco aciones del ex o que conse amos apun a más bien a
una ep esen ación en alguno de los salones palaciegos, an es que en el Coliseo. Aunque «son nume osas
las comedias esc i as especí icamen e pa a palacio, pe o que no di ie en sus ancialmen e de las
esceni icadas en los co ales» (Felipe Ped aza, «El ea o co esano en el einado de Felipe IV», Tea o
co esano en la España de los Aus ias, en di . José Ma ía Díez Bo que, Cuade nos de Tea o Clásico, 10,
Mad id, 1998, p. 76), Eco y Na ciso p ecisa de algunos elemen os escenog á icos, como la uen e
(«Asómase Eco po de ás de Na ciso a la uen e», Ped o Calde ón de la Ba ca, Eco y Na ciso, ed.
Sebas ian Neumeis e , en Cua a pa e de comedias, Mad id, Fundación José An onio de Cas o, 1966, pp.
129-225), que al ez eque i ían de un espacio más amplio que el disponible en el co al. Una uen e se
empleó ambién, po ejemplo, pa a la esceni icación del en emés de El iun o de Juan Rana, que se
ep esen ó jun o a Fie as a emina amo en una ies a palaciega (Ped o Calde ón de la Ba ca,
En emés del iun o de Juan Rana, op. ci ., pp. 552-553), al ez en la Sala de Bu las de palacio (Ma ía
Luisa Loba o, «Calde ón en los si ios de ec eación del Rey: esplendo y mise ias de esc ibi en palacio»,
en Calde ón, sis ema d amá ico y écnicas escénicas, eds. Felipe B. Ped aza Jiménez, Ra ael González
Cañal y Elena Ma cello, Almag o, Uni e sidad de Cas illa-La Mancha, 2001, p. 207). Pa a las
ca ac e ís icas a qui ec ónicas del Salón Real (o Salón de Reinos) y del Salón Do ado del alcáza , emi o,
espec i amen e a los abajos de Ra ael Maes e, op. ci ., y José Ál a ez Lope a, «La econs ucción
del Salón de Reinos. Es ado y eplan eamien o de la cues ión», en El palacio del Rey Plane a. Felipe IV y
el Buen Re i o, Mad id, Museo del P ado, 2005, pp. 65-90.
96
Ped o Calde ón de la Ba ca, Eco y Na ciso, op. ci ., p. 224.
97
Ibíd., p. 224.
«Como a escu as»: la noche en el ea o de Calde ón. Luces, emociones y écnica
135
ingimien o que, como eíamos an e io men e, c is alizan en la ó mula «cae “como
mue o”». La al e ación de la na u aleza es á en consonancia con un acon ecimien o
sob ena u al en doble me amo osis: la ele ación de Eco —p obablemen e po acción de
una canal—
98
, y la mue e de Na ciso, que pasa á a la inmo alidad en o ma de lo .
En la edición de 1688 —la p ime a da a de 1672—, Ve a Tassis ado na el pasaje
con una p o usa aco ación: «Teniendo Febo asida a Eco, y Sil io a Na ciso, uela Eco a
lo al o y cae como mue o Na ciso en el ablado. Suena uido de e emo o, oscu écese el
ea o, y en cesando, sale de la ie a una lo que imi e a la del na ciso y ocul e el cue po
que cayó en el ablado»
99
. Pa a que la me amo osis uncione, la aco ación se cuida de
especi ica cómo ha de queda el cue po, escondido de ás del na ciso ingido, que se
ele a ía a escena a a és de un esco illón du an e el oscu ecimien o de la escena. La
oscu idad pe mi e, en es e caso, ocul a las cos u as de la amoya al iempo que adquie e
esonancias me a ó icas, pues, jus o en el desenlace, el eclipse con i ma el unes o
a icinio que el hado había p onos icado pa a los jó enes: «Cumplió el hado su amenaza,
/ aliéndose de los medios / que pa a es o ba lo puse, / pues uina de en ambos ue on /
una oz y una he mosu a, / ai e y lo en ambos siendo»
100
. Pasado el eclipse, la calma
uel e a eina , poco a poco, sob e la escena, donde hab á apa ecido el na ciso: «Aclá ase
el ea o y apa ece la lo »
101
. Es a ans o mación del anidoso jo en en lo combina el
imagina io poé ico de la es é ica ba oca con una endencia al simbolismo espec acula
en aizado en la génesis de la d ama u gia omán ica
102
. Así, el espacio de una A cadia
mi ológica, anclada en una es é ica de e inamien o pas o il, se opaca pa a dibuja
isualmen e an e los espec ado es el ca ác e ágico de la ob a; una imp esión que, ac o
seguido, queda á sua izada a modo de b oche con la opo una exclamación de Baco: «¡Y
hab á bobos que lo c ean!»
103
.
98
Pa a la desc ipción de la maquina ia escénica, consúl ese el clásico es udio de José Ma ía Ruano de
la Haza, op. ci ., 2000.
99
Ped o Calde ón de la Ba ca, Eco y Na ciso, Cua a pa e de comedias del céleb e poe a español
don Ped o Calde ón de la Ba ca, Mad id, F ancisco Sanz, 1688, . F2 .
100
Eco y Na ciso, op. ci ., 1966, p. 225.
101
Eco y Na ciso, op. ci ., 1688, . F2 .
102
La he encia calde oniana en la li e a u a omán ica puede a i ma se en la siguien e aco ación, una de las
úl imas de Don Juan Teno io (1844), cuyas simili udes con las de Eco y Na ciso que enimos comen ando
son azonablemen e os ensibles: «Las lo es se ab en y dan paso a a ios angeli os que odean a Doña Inés
y a Don Juan, de amando sob e ellos lo es y pe umes, y al son de una música dulce y lejana, se ilumina
el ea o con luz de au o a. Doña Inés cae sob e un lecho de lo es, que queda á a la is a en luga de su
umba, que desapa ece» (José Zo illa, Don Juan Teno io, ed. Aniano Peña, Mad id, Cá ed a, 1997, .
3806Aco .).
103
Ped o Calde ón de la Ba ca, Eco y Na ciso, op. ci ., 1966, p. 225.
Cla a Monzó Ribes
142
ea o clásico español, ed. José Ma ía Díez Bo que, Lond es, Támesis Books, 1989,
pp. 77-98.
Ruano de la Haza, José Ma ía, «La escenog a ía del ea o co esano», en Tea o
co esano en la España de los Aus ias, di . José Ma ía Díez Bo que, Cuade nos
de Tea o Clásico, 10, 1998, pp. 136-167.
Ruano de la Haza, José Ma ía, La pues a en escena de los ea os come ciales del
Siglo de O o, Mad id, Cas alia, 2000.
Ruano de la Haza, José Ma ía y Allen, John J., Los ea os come ciales del siglo XVII
y la esceni icación de la comedia, Mad id, Cas alia, 1994.
Rubie a Fe nández, Ja ie , La cons ucción del espacio en la comedia española del
Siglo de O o, Mad id, A co Lib os, 2005.
Saba ini, Nicola, P a ica di ab ica scene, e machine ne' ea i, Rauenna, Pie o dei
Paoli e Gio. Ba is a Giouanelli, 1638.
Sa ake, Kenichi, «Luz y oscu idad en los d amas eligiosos de Calde ón», en Hacia
Calde ón: No eno Coloquio Angloge mano (Li e pool, 1990). A chi ium
Calde onianum, ed. Hans Flasche, S u ga , F anz S eine Ve lag, 1991, 6, pp. 81-
91.
Va ey, John E., «The S aging o Nigh Scenes in he comedia», The Ame ican Hispanis ,
2:15, 1977, pp. 14-16.
Va ey, John E., «Valo es isuales de la comedia española en la época de Calde ón», Edad
de O o, 1:5, 1986, pp. 271-298.
Va ey, John E., «La dama duende, de Calde ón: símbolos y escenog a ía», en Es udios
sob e Calde ón, ed. Ja ie Apa icio Maydeu, Ba celona, Is mo, 2000, II, pp. 227-
251.
Zo illa, José, Don Juan Teno io, ed. Aniano Peña, Mad id, Cá ed a, 1997.
RECIBIDO: MARZO 2023
APROBADO: MAYO 2023
h ps://doi.o g/10.14643/131E