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Género y arqueología: un esquema de la cuestión

Cintas Peña, Marta

Abstract

En las últimas décadas se ha asistido al nacimiento y desarrollo de las llamadas Arqueología Feminista, de Género y Queer, así como a la aparición de trabajos de investigación en esta línea. Se intenta ofrecer aquí una síntesis de las mismas, especialmente de las dos primeras, en lo relativo a sus críticas y pro-puestas metodológicas, así como a su posible aplicación en el ámbito concreto de la Prehistoria.

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177 Estrat Crític 6. (2012): 177-187 Debat: La iniciativa d'obrir una secció de Debat a la revista Estrat Crític sorgeix de la consideració col•lectiva que el replantejament ha de ser una constant en tota disciplina científica. Així doncs, i perseguint aquest objectiu, hem cedit aquesta primera secció a diverses propostes que es presenten com una crítica a l'Androcentrisme, encara avui present, en l'Arqueologia. Esperem que us agradi i que us convidi a repensar les vostres lectures i projectes i que faci evident, una vegada més, que la lluita contra el Patriarcat ha de seguir vigent dins i fora de l'Acadèmia. Género y Arqueología: un esquema de la cuestión Marta Cintas Peña Universidad de Sevilla [email protected] Rebut: 13 març 2011; Acceptat: 21 octubre 2011 RESUMEN En las últimas décadas se ha asistido al nacimiento y desarrollo de las llamadas Arqueología Feminista, de Género y Queer, así como a la aparición de trabajos de investigación en esta línea. Se intenta ofrecer aquí una síntesis de las mismas, especialmente de las dos primeras, en lo relativo a sus críticas y propuestas metodológicas, así como a su posible aplicación en el ámbito concreto de la Prehistoria. Palabras clave: Arqueología, género, Prehistoria, desigualdad. RESUM Durant les últimes dècades s’ha assistit al naixement i desenvolupament de les anomenades Arqueología Feminista, de Gènere i Queer, així com a l’aparició de treballs d’investigació en aquesta línia. S’intenta oferir aquí una síntesi d’aquestes, especialment de les dues primeres, en allò relatiu a les seves crítiques i propostes metodològiques, així com a la seva possible aplicació en l’àmbit concret de la Prehistòria.. Paraules Clau: Arqueologia, gènere, Prehistòria, desigualtat. El presente trabajo tiene como objeto ofrecer una visión sobre las Arqueologías Feminista y de Género, tendencias surgidas en las décadas de los 80 y 90 que alcanzan su máxima representación en la actualidad. Para ello se ha optado por una estructura tripartita que comprendería sus inicios y planteamientos metodológicos, en primer lugar, su posible contribución en el campo específico de la Prehistoria reciente de Europa, en segundo, y su aplicación directa con ejemplos concretos, por último. Se 178 pretende así proporcionar una perspectiva general y a la vez pragmática, de las posibilidades que a la investigación aporta tal enfoque. La intención última no es otra que la de estimular y fomentar un debate amplio, serio y, sobretodo, necesario e inaplazable por más tiempo, en torno a esta cuestión. La visión de conjunto que se ofrece busca, en definitiva, sentar las bases para una discusión que, sin embargo – y no podría ser de otro modo -, debe profundizar en las mismas para su desarrollo. Arqueología Feminista, Arqueología de Género y Arqueología Queer. El movimiento feminista desarrollado especialmente en Estados Unidos y Europa en el siglo XX irá, paulatinamente, integrándose en todos los ámbitos de la esfera académica. Algunos de los primeros textos que abordarían el problema serían: Women in Prehistory, 1989, de M. Ehrenberg, o la obra Engendering Archaeology, de Gero and Conkey, 1991 (Whitehouse, 2007). Fruto de ello será la aparición, paralelamente a los movimientos posmodernos, de la llamada Arqueología Feminista en los años 80, primero en Estados Unidos y Escandinavia, posteriormente en España o Italia. Será a raíz de ella y del Postprocesualismo de donde surjan la Arqueología de Género1y la tendencia queer (Cruz, 2009). Las diferencias entre las tres estriban en los objetivos que cada una persigue. Para la Arqueología Feminista es necesario reconfigurar la forma en que se hace Arqueología, en primer lugar, y aplicar el nuevo enfoque posteriormente, para así obtener una visión histórica más objetiva. Existe una total convicción en la premisa: la ciencia se hace por alguien, por algo y para algo. Paralelamente a la ya famosa cita de Beauvoir: un punto de vista feminista no se tiene, se construye (Harding, 1987)2; será ésta quien plantee cuestiones de forma similar al marxismo: ¿la desigualdad por sexo ha existido siempre o es un producto histórico?, que podría encuadrarse perfectamente en la más amplia de: ¿la desigualdad social y la explotación son inherentes a la humanidad o resultado de transformaciones históricas? En cuanto a la Arqueología de Género3 , es considerada por la Feminista como una reducción de ésta. Su interés radicaría en ofrecer información específicamente sobre la mujer (y también sobre el hombre), sin la necesidad de que el planteamiento inicial sea distinto. Ello se debe a la consideración de que todo aquello que no se nombra se vuelve invisible, por lo que es necesario hacer un esfuerzo por rescatar a todas las mujeres del limbo informativo en el que se han visto inmersas a lo largo de la Historia (Masvidal, 2007). Del mismo Estrat Crític 6. (2012): 177-187 Género y Arqueología: un esquema de la cuestión 179 M. Cintas Peña modo ocurriría con las actividades de mantenimiento (Montón, 2005; González et al., 2005; Sánchez, 2007) que, al haber sido puestas en relación con mujeres, tampoco han recibido interés por parte de la investigación. Es esta Arqueología del Género la que ha ido haciéndose un hueco en la investigación. No obstante, parece que, en algunos casos, las denominaciones Feminista y del Género se utilizan aleatoriamente, no existiendo claras diferencias entre una y otra. En último lugar, la Arqueología Queer critica de las anteriores el uso, a veces, de la equiparación género/sexo, y la marginación de raza, etnia o clase social en el estudio, y afirma (de la misma forma que la Teoría Queer de la que se nutre) que existe una gran variedad de identidades sociales. El estudio de sexualidades alternativas a la heterosexualidad y su conocimiento a través de la cultura material será también una preocupación principal de esta tendencia, así como el cuestionamiento de conceptos como “familia” o “unidad familiar” y la facilidad con la que a veces se equiparan “homosexualidad” y “pedofilia” (Dowson, 1998). Aunque sus planteamientos resulten igualmente válidos en una esfera teórica, son mucho más difíciles de aplicar, puesto que las posibles evidencias, al tratarse de aspectos relacionados más con un plano simbólico que material, no siempre son apreciables en el registro. No obstante, ha de partirse de la idea de que el registro no existe, sino que es producto de la investigación arqueológica, por lo que en los tres casos habrán de buscarse las herramientas que nos permitan estudiarlo (Vila et al., 2007) En los tres casos se cuestiona el carácter legitimador de la Arqueología con respecto a nuestra sociedad, patriarcal, aplicando a la investigación parámetros actuales que no necesariamente han de ser los mismos que los del grupo cultural al que se pretende comprender (Díaz-Andreu, 1994). Se hace hincapié, también, y sobretodo en un primer momento, años 80 y 90, en la propia visión androcéntrica de la Academia y de las personas dedicadas a la arqueología, mayoritariamente hombres, que imposibilita un cambio en profundidad. Arqueología Feminista/de Género4 en lo relativo a la Prehistoria y, más concretamente, a la Prehistoria reciente europea. Como consecuencia de la aparición de las tendencias previamente mencionadas y, al igual que en otras etapas, el enfoque propuesto se aplicará a la Prehistoria. Es en este ámbito donde su estudio resulta, quizás, más complicado. Por una parte, la ausencia de fuentes escritas hace necesario buscar indicios a partir exclusivaEstrat Crític 6. (2012): 177-187 180 Género y Arqueología: un esquema de la cuestión mente de la cultura material; por otra, parece ser la Prehistoria el período en el que comienzan las desigualdades de género. La abundancia y exclusividad de figurillas femeninas durante el Paleolítico contrasta fuertemente con la situación que se genera a finales de la Edad del Bronce, donde las representaciones serán, fundamentalmente, de hombres. Además, en el ámbito de estudio de la Prehistoria se produce un enfrentamiento con una fuerte tradición que, a pesar de no contar con evidencias materiales, sitúa al hombre en clara preponderancia con respecto a la mujer. No existe otra motivación para ello que el sesgo androcéntrico. Ante esta situación de partida, el feminismo, por una parte, y una buena praxis científica, por otra, nos llevarían a plantear dos cuestiones fundamentales: ¿la visión que actualmente tenemos de la Prehistoria es la correcta?, y ¿en qué momento y por qué comienzan las disimetrías sexuales entre hombres y mujeres? En el primero de los casos, el Feminismo y la Arqueología del Género ponen énfasis en la necesidad de realizar una crítica a presupuestos tradicionales basados en una visión androcéntrica propia del siglo XX, y no en evidencias materiales, así como cambiar la perspectiva de estudio a la hora de abordar situaciones aún no analizadas. Cabría diferenciar el trabajo científico de la divulgación del conocimiento en educación primaria y secundaria, universidades o exposiciones y museos. Ello supondría no sólo contemplar la posibilidad de hechos concretos como que ajuares de armas se encuentren en tumbas de mujeres, hecho ampliamente documentado (Davis-Kimball, 1997; DavisKimball y Yablonky, 1995; Davis-Kimball et al., 1995)5, sino también en sentido opuesto, es decir, que adornos y molinos de mano aparezcan en tumbas de individuos de sexo masculino, sin necesidad de buscar por ello una explicación alternativa (Díaz-Andreu, 2005) y, por supuesto, no asignar el sexo en función del ajuar, sino a la inversa, en caso de duda, aceptar el propio desconocimiento. Igualmente cabría decir en lo relativo a la aceptación de opuestos tradicionales tales como hombres-activos-tareas esenciales y mujeres-pasivas-tareas auxiliares (Díaz-Andreu, 2005) u otros más concretos del tipo cerámica a mano-producción doméstica-trabajo femenino y cerámica a torno o con valores tecnológicos sociales añadidos-producción industrial-trabajo masculino (Colomer, 2005). Con respecto a la difusión y en pro de una mayor objetividad científica, es más que aconsejable el fin del uso de expresiones tales como “el origen del hombre” o “los hombres prehistóricos” (Argeles, Estrat Crític 6. (2012): 177-187 181 M. Cintas Peña Piqué y Vila, 1991), así como la modificación de gran parte de las ilustraciones que pretenden informar visualmente. El bombardeo constante de argumentos de género – y, por tanto, construidos – en Prehistoria es fácilmente apreciable para cualquier persona que realice un análisis mínimamente crítico. En cuanto al segundo interrogante, para el estudio y obtención de una conclusión válida que responda a ello se ofrecen diversas hipótesis de trabajo y propuestas metodológicas. Tanto para la Arqueología del Género como para la Feminista es imprescindible recuperar las actividades de mantenimiento (Montón, 2005; González et al., 2005; Sánchez, 2007) y reconocer la importancia que para el desarrollo de un grupo social tienen, tal y como ya se mencionó anteriormente. En la misma línea, desde la visión marxista-feminista cobra fuerza la propuesta de integrar a la reproducción en la configuración del análisis del sistema económico. Esto es, pensar la reproducción biológica como un proceso de trabajo, en el que la terminología marxista se aplique a la “fabricación” de seres humanos del mismo modo que a la de productos, resultando de ello las equivalencias: fuerza de trabajo - capacidad y energía de la mujer durante la gestación; el objeto de trabajo - embrión/feto; medio de trabajo – cuerpo y condiciones auxiliares; objetivo – creación de la vida humana (Sánchez, 2005). También atendiendo al papel de la reproducción encontramos destacadas propuestas de análisis, que señalan la importancia del control de la reproducción y su relación con el dominio sobre las mujeres, dando lugar a la desvalorización social de éstas (Ruiz y Vila, 2001). Otras opciones concretas serían la realización de investigaciones óseas para determinar los trabajos que pudo haber realizado una persona en vida (Jiménez et al., 2004); la diferenciación a partir de los espacios sociales (Castro et al., 2002); las influencias que tiene en los individuos la movilidad y la relación con el entorno (Hernando, 2005); la variabilidad existente o no entre hombres y mujeres en lo relativo a la endogamia o exogamia y patrones de residencia (Escoriza y Sanahuja, 2005); o la aplicación de los planteamientos de la arqueología de la muerte (Izquierdo, 2007). Sin duda la etnografía, la antropología y, más recientemente, la etnoarqueología (Vila et al., 2007) podrían ser de gran ayuda en el estudio de la desigualdad por razón de sexo, habiendo empezado a realizarse investigaciones con este fin en los últimos años (Hernando, 2005). Se ofrecen, en el siguiente y último apartado, tres ejemplos prácticos, y Estrat Crític 6. (2012): 177-187 182 Género y Arqueología: un esquema de la cuestión sus resultados, de investigaciones llevadas a cabo dentro de alguno de los marcos mencionados previamente. Aplicación de las propuestas de Arqueología de Género/Feminista en la Prehistoria reciente europea. El primero de los trabajos a los que se aludirá es un estudio de síntesis, realizado por Sánchez Romero (2005), acerca de la producción y uso de utillaje lítico. Además de las conclusiones derivadas del mismo y que se expondrán a continuación, el trabajo ejemplifica el modo en el que puede desarrollarse una investigación. Si la industria lítica era una actividad únicamente realizada por hombres es la pregunta inicial a la que se pretende dar respuesta. Para ello, en colaboración con Díaz-Andreu se procede a la redacción y envío de una encuesta a un total de 20 personalidades distinguidas en este campo. De los cuestionarios se extraerán una serie de causas en las que se apoya la invisibilidad de la mujer en la producción y uso de materiales líticos: estudios etnográficos, pensamiento actual y tradición historiográfica. De los tres ofrecidos sólo se considerará el primero, entendiendo los otros dos como no concluyentes atendiendo a su anacronismo, por una parte, o a una validez otorgada por el tiempo, por otra, y no en base a su carácter científico u objetivo. Considerando, por tanto, a la etnografía como única garante viable de la defensa del binomio trabajo líticohombre, se procede a refutar el argumento. Previamente, y como crítica, señala que una gran parte de estos estudios etnográficos utilizados como sostén del enfoque androcéntrico han sido realizados por hombres y eligiendo, en los grupos sociales estudiados, la visión masculina. Es decir, hombres interrogan a hombres sobre la totalidad del grupo, y luego se presentan los resultados como generales e indiscutibles (Sánchez, 2005). Sin embargo, existen abundantes ejemplos documentados de mujeres realizando trabajos de talla y uso de instrumentos de piedra y/o de metal como prácticas de caza de tipo colectivo (Dahlberg, 1981); caza por mujeres en los grupos Agta (Estioko-Griffin y Griffin, 1981); del mismo modo en el caso de las mujeres de grupos aborígenes australianos y con respecto a los canguros, o en Nueva Guinea y las islas Andaman (Bird, 1993; Gorman, 1995); mujeres Chipewyan (Jarvenpa y Brumbach, 1995); representación de mujeres con armamento en Qin Shihuangdi, China (Nelson, 1997); o en las culturas Sauramatiana y Armantiana de la estepa rusa (Davis-Kimbal, 1997); caza practicada por las mujeres Barsawa en África (Kent, 1998); Mbuti en Zaire, o poblaciones de Alaska (Wadley, 1998)6, entre otros. Todos ellos Estrat Crític 6. (2012): 177-187 183 M. Cintas Peña demuestran la falta de objetividad en el uso de los ejemplos etnográficos. En segundo lugar, se ofrece como ejemplo de trabajo a partir de un enfoque de género el llevado a cabo por Jiménez-Brobeil et al. (2004), consistente en el análisis de restos óseos en distintos poblados de la cultura de El Argar, sureste de la península Ibérica. El objetivo es determinar las diferencias apreciables entre los sexos y discernir, en la medida de lo posible, a partir de ello, las actividades que hubieron realizado en vida y si hay argumentos suficientes para establecer una distinción en base al género. Los yacimientos examinados son: Castellón Alto, Fuente Amarga, Cerro de la Encina, Cerro de la Virgen, Cuesta del Negro, Puerto Lope y Terrera del Reloj, todos ellos en la provincia de Granada. A través de la observación de tres tipos de marcadores (artrosis, estrés músculo-esquelético y traumatismos) determinarán que el esfuerzo físico llevado a cabo por los varones sería mayor que el realizado por mujeres, estando los primeros más expuestos a sufrir traumatismos. Los datos parecen también reflejar que los individuos de sexo masculino, a partir de las evidencias en cuádriceps, talón de Aquiles y espolón, efectuaban largas caminatas por terrenos pedregosos, mientras que las mujeres no presentan en la misma medida tales rasgos, lo que podría interpretarse como consecuencia de actividades de tipo doméstico. Del mismo modo, ellos realizarían trabajos que requirieran mayor fuerza muscular que las mujeres. No obstante, si bien los datos no pueden verificar la existencia de desigualdades de género o la posición que mujeres y hombres ocuparon en la sociedad argárica, no es aventurado sugerir que sí habría una división sexual del trabajo. En cualquier caso, la aparición de mayor número, tanto de investigaciones en esta línea como las que parten de otros enfoques, permitiría establecer conclusiones de más peso. En tercer lugar, se trata de examinar el uso que habrían tenido diferentes espacios domésticos y, a partir de ello, extraer la segregación social y de consumo que se habría producido en los mismos. En este caso la investigación fue desarrollada por Castro Martínez et al. (2001), en un edificio identificado como casa en el asentamiento de Puig Morter de Son Ferragut, Mallorca, datada entre los años 750 – 500 ANE. Ello obedece a la premisa de que las desigualdades quedan evidenciadas en función del acceso de las personas a los recursos, y a la compensación que obtienen por el trabajo realizado. La unidad doméstica en cuestión, conocida como Edificio Alfa, presenta Estrat Crític 6. (2012): 177-187 184 Género y Arqueología: un esquema de la cuestión tres espacios diferenciados: un patio porticado y dos habitaciones interiores (estancias A y B). El porticado, a su vez, comprendería el área del hogar, área entre tirantes, receptáculo y pasillo, y sería en tal ámbito donde tenían lugar los trabajos de producción de alimentos, incluyendo sacrificio, descuartizamiento y cocinado de animales, fabricación de harina y tortas o procesado de lácteos, además de actividades de mantenimiento, elaboración de tejidos, manufacturación de ornamentos, fabricación de cerámica, reparación de utillaje o almacenamiento, compartiendo este último con la habitación A. En cuanto a la B, sólo se encontraron en ella restos de consumo esporádico de alimentos. Por último, la existencia de balas de honda de piedra y una varilla de cobre, entre otros objetos singulares, en la zona entre tirantes, hace pensar en la relación de este espacio con prácticas político-ideológicas. Según los investigadores, parece existir una conexión entre la estancia A, área del hogar, receptáculo y pasillo, por una parte, y estancia B y área entre tirantes, por otra. Una vez establecida esta relación se constatan dos grupos sociales diferenciados en base a las actividades, uno de los cuales (el de la estancia A y los tres ámbitos del área porticada) asumiría un volumen de trabajo mucho mayor que el otro, recibiendo a cambio una compensación menor. En última instancia, se plantea la hipótesis de que estos grupos se identifiquen con mujeres, caso de la zona A, área del hogar, pasillo y receptáculo; y hombres, estancia B y sector entre tirantes. La validez o no de la misma tendrá que esperar a su corroboración a partir de nuevas investigaciones en la misma línea. Conclusiones Continuando con la estructura tripartita del trabajo, y considerando haber ofrecido una visión general de las posibilidades de la tendencia, tres son las conclusiones principales que pueden extraerse del mismo. Se determinan, en primer lugar, y una vez expuestos los inicios de las Arqueología Feminista y de Género, sus objetivos, los distintos métodos de trabajo propuestos y los resultados que, en conclusión a lo anterior, pueden ofrecer estudios en esta línea, y la validez teórico-práctica del enfoque. Así mismo, se evidencian argumentos suficientes como para proceder a la reflexión y crítica de la historiografía tradicional en lo que a la perspectiva de género/feminista se refiere. Por último, sería deseable una mayor responsabilidad por parte de todas y cada una de las personas dedicadas a la Arqueología como materia de investigación y docencia, y no únicamente de Estrat Crític 6. (2012): 177-187 185 M. Cintas Peña aquellas (salvo excepciones) de sexo femenino, en virtud de un conocimiento más amplio, más objetivo y más científico del ser humano. Las respuestas que nos proporciona la Arqueología están condicionadas por las preguntas que formulamos y las herramientas que empleamos a la hora de obtener información. Sólo desde una posición crítica será posible encontrar otras formas de acercarnos al registro y, en consecuencia, de generar conocimiento. Bibliografia ARGELES, T.; PIQUÉ HUERTA, R.; VILA MITJÀ, A. (1991): “La importancia de llamarse hombre en Prehistoria”, en Revista de Arqueología, 121, pp. 6-9. CASTRO MARTÍNEZ, P.V.; ESCORIZA MATEU, T.; SANAHUJA YLL, Mª E. (2002): “Trabajo y espacios sociales en el ámbito doméstico. Producción y prácticas sociales en una unidad doméstica de la Prehistoria de Mallorca”, en Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol. VI, nº 119 (10). COLOMER, L. (2005): “Cerámica prehistórica y trabajo femenino en El Argar: una aproximación desde el estudio de la tecnología cerámica”, en Arqueología y género, pp.177-217. CRUZ BERROCAL, M. 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