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Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México, Puebla y Veracruz

García Rojas, Irma Beatriz

Abstract

Este ensayo se propone analizar, desde una perspectiva interdisciplinaria, pero con acento histórico cultural, cuatro ejemplos cartográficos de otras tantas ciudades mexicanas de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando esa escala geopolítica, ge

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Araucaria Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades Año 12, No 24. Segundo semestre de 2010 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México, Puebla y Veracruz Autor(es): Irma Beatriz García Rojas pp. 197-217 URL: http://www.institucional.us.es/araucaria/nro24/monogr24_8.pdf Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política y Humanidades, Año 12, No. 24. Segundo semestre de 2010. Págs. 197-217 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México, Puebla y Veracruz Irma Beatriz García Rojas Universidad de Guadalajara, Jalisco, México Resumen Este ensayo se propone analizar, desde una perspectiva interdisciplinaria, pero con acento histórico cultural, cuatro ejemplos cartográficos de otras tantas ciudades mexicanas de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando esa escala geopolítica, geoeconómica y geocultural adquiere gran relevancia en el proyecto de “orden y progreso” enarbolado por el gobierno porfiriano. Las ciudades de México, Guadalajara, Veracruz y Puebla, entre otras, fueron construidas y reconstruidas en ese periodo directamente desde la perspectiva del gobierno nacional y mediante la intervención de los gobiernos municipales, hecho que la cartografía constata. Unos y otros junto con la iniciativa privada -que por primera vez usa la cartografía para promocionarse-, demuestran la unión alcanzada por los grupos en el poder a través de esas representaciones político culturales. El análisis, dividido en tres apartados de acuerdo con los tres tipos de planos encontrados, nos dará la oportunidad de mostrar su contenido imaginario, simbólico, económico, cultural y científico en varias de sus dimensiones espacio temporales. Palabras clave: Representación cartográfica, ciudades, ciencia, política y cultura. Abstract This essay analyzes four examples of Mexican urban cartography from the late-nineteenth and early twentieth-centuries using an interdisciplinary frame and historical accent, when the “order and progress” project promoted by the Porfirian government contributed to important changes in urban geopolitics, geo-economics and geo-culture. Mexico City, Guadalajara, Veracruz and Puebla, among others, were built and transformed using the vision of the national government, and through the investment and intervention of municipal governments and through private initiative, which used cartography for the first time as a promotional tool. All three groups in power demonstrated their shared agenda in the graphics and iconography of cultural and political representations. This essay identifies the imaginary, symbolic, economic, cultural and 198 Irma Beatriz García Rojas scientific content of late Porfirian cartography, highlighting the similarities as well as differences in three types of urban maps: commercial plans, municipal expansion plans, and representations of the historical city. Key words: Cartographic representation, cities, science, politics and culture. “México. Ferrocarriles”, H Demoulin, 1900, en Eduardo Noriega, Atlas miniatura de la República Mexicana, 8ª. Ed., París, México, 1919. Aquí se pueden localizar las ciudades cuya cartografía se estudia. Introducción Desde hace una década mi interés por la relación Estadoterritorio me ha llevado a hacer uso de fuentes visuales entre las que se encuentra la cartografía.1 Específicamente en este ensayo las interrogantes e inquietudes corresponden a la cartografía urbana que en medio de la “tranquilidad” política que reinó durante la presidencia de Porfirio Díaz representó el proceso seguido en y para 1 Vid. Irma Beatriz García Rojas, Historia de la visión territorial del Estado mexicano. Representaciones político culturales del territorio, México, Universidad de Guadalajara-Universidad Nacional Autónoma de México, 2009, y “Una interpretación histórica del discurso cartográfico”, Takwá (Departamento de Historia, Universidad de Guadalajara) 2008, págs. 11-32. 199 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... las principales ciudades mexicanas.2 La interpretación que se pretende hacer de las representaciones artísticocientífico-políticas que constituyen los mapas y planos, trata de alejarse de las limitaciones de una óptica reducida que conciba la cartografía sólo como “producto” técnico o científico-cada vez más preciso y fiel al objeto representado-, o como una amalgama de ambos, o que los reduzca a elementos decorativos del texto escrito. Esta tónica fue propuesta en buena parte por el geógrafo e historiador británico John Brian Harley, propulsor de la geografía crítica que incluyó en sus análisis de mapas la relación de poder alejándose del paradigma evolucionista.3 Es una línea seguida en México para la cartografía mexicana por varios académicos. Entre éstos están geógrafos, como el mexicano Héctor Mendoza Vargas, que ponen el énfasis en la historia de la Geografía en México, o el estadounidense Raymond Craib, quien con los ejemplos de la cartografía veracruzana y nacional del último cuarto del siglo XIX ha abordado la “rutina cartográfica” con la intención de avanzar en una teoría espacial más generalizada.4 Hay historiadores del arte como la italiana Alessandra Russo y Barbara Mundy que estudiaron los saberes y contextos de la cartografía indígena de los siglos XVI y XVII en México, y la especialista en historia de la educación Dorothy Tanck de Estrada, que se asomó a la cartografía indígena de 1800.5 Más inclinada a su especialidad histórica, Alejandrina Escudero ha analizado algunos planos de la ciudad de México como obra de arte.6 También el antropólogo y arqueólogo Michel Antochiw, con aportes sobre la historia cartográfica de Yucatán7; o el geógrafo Luis Felipe Cabrales Barajas, quien tras largos 2 Gracias a los ayudantes de investigación Cynthia Isabel Tapia, Beatriz Adriana Mendoza Hernández, Víctor Hugo García Gutiérrez, Anagelli Capula Diosdado, Juan Carlos González, Amanda Guadalupe Solís Espinosa, María Isabel Bonilla Galindo, Fernando Esparragoza Amador y Arturo César Pozos Romero. Agradezco también las sugerencias y comentarios de Jordana Dym, que permitieron superar algunas deficiencias de la autora. 3 J.B. Harley, La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía, México. FCE, 2005. 4 Héctor Mendoza Vargas, ed., México a través de los mapas, México, UNAM, IIG-Plaza y Valdés, 2000, especialmente los ensayos de Mendoza Vargas y Michel Antochiw; Raymond Craib, Cartographic Mexico. A History of State Fixations and Fugitive Landscapes, Durham and London, Duke University Press, 2004. 5 Alessandra Russo, El realismo circular. Tierras, espacios y paisajes de la cartografía novohispana, siglos XVI y XVII, México, UNAM, 2005; Barbara Mundy, The Mapping of New Spain: Indigenous Cartography and the Maps of the Relaciones Geográficas, Chicago and London, University of Chicago Press, 1996; y Dorothy Tanck de Estrada, Atlas ilustrado de los pueblos de indios. Nueva España, 1800, México, El Colegio de México, El Colegio Mexiquense, Fondo Cultural Banamex, CDI, 2005. 6 Alejandrina Escudero, “Carlos Contreras y la planificación de la República Mexicana”, VII Coloquio Internacional de Geocrítica, “Geografía histórica e historia del territorio”, DF, mayo 2006; “Carlos Contreras: primer urbanista del siglo XX en México”, en http://discursovisual.cenart.gob.mx/ dvwebne08/diversa/divsemale.htm , y “La ciudad posrevolucionaria en tres planos”, en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XXX, núm. 93, 208, págs. 103-136, disponible en http:// www.analesiie.unam.mx/pdf/93_103-136.pdf. 7 Michel Antochiw, Historia cartográfica de la península de Yucatán, México, IPN, 1999. 200 Irma Beatriz García Rojas años relacionando la historia con su materia, hace poco empezó a comparar el paisaje artístico y el paisaje cartográfico para desmadejar particularmente proyecciones isométricas8. Por otra parte, específicamente en el aspecto histórico urbano de México, encontramos que la cartografía histórica ha sido aprovechada como fuente de información, sin llegar a ser analizada específicamente, por los historiadores Hira Gortari Rabiela y Regina Hernández Franyuti o por el urbanista Eduardo López Moreno.9 De los que trabajan en lengua inglesa se pueden mencionar a Carol Reese y a Michael Johns, que estudian la ciudad de México en el mismo periodo que aquí se aborda y toman en cuenta el proceso urbano en el contexto cultural y político correspondiente.10 Los estudios sobre México y Guadalajara proporcionan rica información e ilustran el proceso urbano con planos, pero sin analizar la cartografía. La historia de las ciudades de Puebla y Veracruz también ha sido estudiada, aunque, hasta donde conozco, ni usando como fuente la cartografía ni haciendo su análisis, a pesar de la magnífica recapitulación de la cartografía de Veracruz de Manuel Toussaint.11 Si bien los seguidores de Harley se aproximan mucho al tipo de análisis que aquí hago, éste lo complemento con propuestas de otros autores tan disímiles como el semiólogo estructuralista Roland Barthes, el historiador y filósofo Michael Foucalt, los historiadores Roland Chartier y José Gaos, el filósofo y antropólogo Paul Ricoeur, la lingüista María Josep Cuenca, entre otros.12 Con estas bases he buscado abordar la cartografía de manera complementaria y contrastada con otras fuentes y discursos escritos, visuales y “monumentales”, como medio de conocimiento de los procesos político culturales mexicanos y, particularmente, de los ligados al territorio, e interpretar la cartografía como 8 Felipe Barajas y Mercedes Chong, “Anunciarse en mapas: La cartografía comercial de México, Guadalajara y León, durante el Porfiriato”, ponencia presentada en el III Coloquio del Cuerpo Académico “Espacio, Tiempo y Sociedad”, Guadalajara, Jalisco, noviembre 2009. 9 Hira Gortari Rabiela y Regina Hernández Franyuti, La ciudad de México y el Distrito Federal: Una historia compartida, México, Instituto Mora, 1988; Eduardo López Moreno, La cuadrícula en el desarrollo de la ciudad hispanoamericana, Guadalajara, México, Guadalajara, UdeG, ITESO, 1992; 10 Carol Reese, “The Urban Development of Mexico City in 1850-1930”, en Planning Latin America’s Capital Cities, Arturo Almandoz (ed.), págs. 139-169, [versión digital disponible en http:// books.google.com]; Michael Johns, The City of Mexico in the Age of Diaz, Austin, University of Texas Press, 2010; y La ciudad de México y el Distrito Federal: Una historia compartida, México, Instituto Mora, 1988. 11 Manuel Toussaint, “Ensayo sobre los planos de la ciudad de Veracruz”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas (UNAM), IV, 15, 1947, versión digital en http://www.analesiie.unam.mx/. 12 Roland Barthes Análisis estructural del relato, México, Ediciones Coyoacán, 1988; Michel Foucault, Las palabras y las cosas, 30ª ed., México, Siglo XXI editores, 2001, Surveiller et punir, Paris, Tel Gallimard, 1975; Roland Chartier, El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural, Barcelona, Gedisa editorial, 1995; José Gaos, Obras completas XIV. Historia de nuestra idea del mundo, México, UNAM, (Nueva Biblioteca Mexicana, 116), 1994; Paul Ricoeur, Tiempo y narración, Madrid, Ediciones Cristiandad, vol. 1, 1987; María Josep Cuenca Comentario de textos. Los mecanismos referenciales, Madrid, Arco/Libros, 2000. 201 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... una narración de valor simbólico y concreto, como una corografía o descripción del territorio que incluye, generalmente, aspectos topográficos, delimitaciones de áreas jurisdiccionales civiles, inventarios de establecimientos o productos elaborados o comercializados en el lugar y, en ocasiones, la relación entre las localidades.13 Pero particularmente he tomado en cuenta el valor político de la narración cartográfica, de la imagen representada, de los símbolos incluidos, de su estructura estética y semántica, así como de los intereses económicos y los universos culturales implícitos puestos en juego en su manufactura y mensaje. Desde esa óptica, mi análisis histórico cultural del texto cartográfico demostraría la necesidad de las élites porfiristas de explorar y conocer el territorio urbano, de representarlo de una manera accesible y manipulable, de mostrar sus construcciones, modificaciones y apropiaciones en su contexto histórico político-cultural y, de alguna manera, hasta su concepción del mundo. Se estudia la cartografía urbana porque precisamente, entre 1880 y 1910, la supremacía de las ciudades sobre el resto del territorio y su abundancia era notoria. El proceso de urbanización y el crecimiento de las urbes, principalmente las capitales, formó parte de la estructura centralista política, económica y territorial en el México de aquellos 30 años. Esa estructura surgió tras un periodo caracterizado por la “fragilidad del Estado emergente y lo precario e inconsistente de sus pretensiones de dominio nacional frente a la vastedad de un territorio fragmentado en multitud de regiones mal comunicadas, controladas por figuras de autoridad local bien arraigadas”14. Porfirio Díaz arribó al poder en 1876, se consolidó después de 1884 y llegó a los festejos del Centenario de la Independencia de México (1910) junto con una generación positivista que creía en la ciencia, en el progreso, y en la ciudad como sumun de la organización territorial y la sede por excelencia de la vida política y cultural15. Fue un periodo de consolidación del Estado y de definición de la nación moderna, en el que los grupos en el poder apreciaron el valor de la cartografía como instrumento de reconocimiento y dominio del territorio y sus habitantes. De ahí también que dentro de los modelos de planos considerados se pudieran seleccionar los que privilegian connotaciones políticas, culturales y económicas del gobierno nacional de Porfirio Díaz, y su vínculo con la representación del espacio urbano en general, de las tres principales ciudades capitales y la principal ciudad puerto en ese entonces. México, Guadalajara y Puebla debían su importancia al número de habitantes y al dominio político, cultural y económico, re- 13 Con “discursos monumentales” me refiero a la obra pública, a la arquitectónica, ingeniera y escultórica con presencia en los espacios públicos. 14 Fausto Ramírez y Esther Acevedo, “Preámbulo”, en Los pinceles de la historia. La fabricación del Estado. 1864-1910, México, CONACULTA, INBA, UNAM, MUNART, Banamex, 2003, págs. 17-33. 15 Reese, “The Urban Development”, François-Xavier Guerra, México: del Antiguo Régimen a Revolución, 2 t., 2° ed., México, FCE, 1991; Johns, The City of Mexico, y García Rojas, Historia de la visión territorial del Estado mexicano, cap. I. 202 Irma Beatriz García Rojas gional o nacional, que ejercían. Veracruz era importante porque desde allí partían los insumos nacionales a los principales socios comerciales, o llegaban todos los productos europeos que dominaban el mercado mexicano. Con la excepción de Puebla, las poblaciones de esas ciudades crecieron considerablemente: 1874 (aprox.) 1910 México Ciudad 200,000 471,066 Guadalajara 75,000 119,458 Puebla 75,000 96,121 Veracruz 10,000 48,633 Poblaciones, 1874-191016 El análisis de los planos de dichas ciudades se expondrá en tres apartados: En el primero se analizará un ejemplo de los planos “comerciales” que surgieron como medio de difusión de los establecimientos comerciales y manufactureros que proliferaron en varias ciudades durante el porfiriato. El siguiente se centrará en un plano, ejemplo de los que muestran el crecimiento de las ciudades -tanto en extensión como en superficie-, que lucían los edificios de sedes educativas, culturales y de servicios públicos. El tercer apartado abordará un plano que representa momentos históricos vividos por la ciudad, en un afán de reconstrucción e interpretación de su pasado y de valoración de su presente. Planos comerciales El México urbano de los años ochenta del siglo XIX al primer decenio del siglo XX se caracterizaba por la influencia afrancesada en el consumo y en la cultura, y por la poca política y la mucha administración. Es decir, a lo largo de esos años cuajó un proceso, iniciado desde mediados de siglo XIX, de cambio en la concepción, edificación y forma de vivir la urbe, producto del liberalismo económico imperante. La ciudad iba encontrando una nueva identidad en la modernidad, y sus representaciones se hacían presentes, en distinta forma y grado, según la urbe. La Ilustración y la Revolución Industrial habían significado la aparición del espacio público, donde el ciudadano –ente políticoejercía sus derechos, donde se ejercitaba como “comprador” del comercio establecido y, como tal, requería información de los establecimientos existentes. Fue allí y 16 Estadísticas históricas del INEGI, México, t. I, 1994, págs. 17, 19, 22 y 25. Vid. Alejandra Moreno Toscano, “Cambios en los patrones de urbanización en México (1810-1880),” Historia Mexicana, XXII, 2 [86] octubre-diciembre 1972, págs. 160-187; Hélène Rivière d’Arc, Guadalajara y su región. Influencias y dificultades de una metrópoli mexicana, México, Sep-Setentas, 106, 1973; Leonardo Lomelí Vargas, Breve historia de Puebla, México, El Colegio de México, Fideicomiso Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, 2001; y Alejandro de Antuñano Maurier (coord.), Veracruz. Primero puerto del Continente, Veracruz, ICA/Fundación Miguel Alemán, 1996. 203 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... entonces que la cartografía mexicana adquirió el nuevo matiz publicitario. Es decir, además de representar a la ciudad como espacio construido, fraccionado (abundantemente a partir de las Leyes de Reforma que propiciaron que la propiedad, otrora de la Iglesia católica y de los pueblos indígenas, pasara a las manos acaparadoras del nuevo capitalista urbano) y denominado de acuerdo con los valores de reconocimiento civil y gratitud política, el plano fue usado por el comercio y la industria locales para dar a conocer su ubicación, precisar su ramo de actividad e incrementar, posiblemente, su mercado. En varias ciudades mexicanas aparecen los planos “comerciales, anunciadores o mercantiles”, a través de los cuales, una serie de establecimientos manufactureros y comerciales de considerable importancia y suficiente poder económico se convirtieron en emisores de este discurso cartográfico y pagaron la elaboración y distribución de planos entre su clientela que crecía al amparo del “orden y progreso” 17. Eran receptores del mensaje cartográfico no más del 27.7 por ciento de la población total: la que sabía escribir y leer al final del gobierno de Díaz18. Planos de este tipo existen para Puebla, México y Guadalajara. Por su valor estético añadido, veamos el caso de Guadalajara: una carta elaborada y “propiedad” del explorador ítalo-argentino Julio Popper Ferry19. Según la cédula del Plano Directorio de Guadalajara -exhibido en la Sala Historia de Jalisco II, del Museo Regional del estado-, “Resalta los principales comercios del centro de la ciudad, dando cuenta de la importancia de Guadalajara como centro comercial [que tenía] en 1900” 20. Algo de lo que siempre se han ufanado habitantes y gobiernos de la ciudad de Guadalajara y que forma parte del imaginario tapatío es la idea de que su ciudad tiene y ha tenido históricamente una “vocación comercial”. De una u otra forma, la comercial sí ha sido una actividad muy importante en la vida económica de la “Perla de Occidente” como lo demostró Rivière21. Por lo tanto, los emisores financieros del plano, 17 El gobierno porfirista daba grandes facilidades a los capitales extranjeros: concesiones, exención de impuestos etc. Esto propició la existencia de almacenes franceses, bancos alemanes, estadounidenses e ingleses; oficinas de servicios (telégrafos, ferrocarriles, electricidad) de diversas nacionalidades. En materia de comercio exterior -exportaciones de materias primas, en particular de mineralesque significaba oficinas y otros servicios establecidos en las ciudades, durante el periodo estudiado, el valor de las exportaciones pasó de 27.5 millones a más de 146 millones de dólares, García Rojas, Historia de la visión territorial, cap. I. 18 INEGI, Estadísticas históricas, pág. 117, t. I. 19 La vida y exploraciones de este cartógrafo están en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino, Buenos Aires, mayo y agosto 1893, págs. 14 (5 – 8). 20 La parte central de este plano fue publicada en 2002, en la portada de López Moreno, La cuadrícula en el desarrollo. Desde entonces, el plano me interesó y me aboqué a su localización; lo encontré y fotografié en el citado Museo en 2007 para iniciar su estudio para la investigación en proceso Representaciones y significados de los lugares de Guadalajara. Hace más de un año, Cabrales Barajas, por su parte, empezó su análisis como paisaje urbano; sus resultados están por publicarse. 21 Tema que desarrolla Rivière como tesis en Guadalajara y su región. 204 Irma Beatriz García Rojas inmigrantes, inversores franceses y españoles22, y comerciantes locales, lo patrocinaron para darse a conocer y ampliar su mercado, que crecía junto con el incremento de los servicios públicos23 de Guadalajara. Por eso, la adecuación o relación entre texto y contexto (incluyendo contenido, tiempo de la enunciación e intención comunicativa del plano) es sólida, con una dimensión acentuada en su presente y con un mensaje explícito claramente perceptible. Al compararlo con el plano del mismo autor para la ciudad de México, se nota que la relación entre el emisor o cartógrafo y el plano y los receptores es más reducida, pues los lectores del mensaje, tapatíos, jaliscienses o vecinos del noroccidente del país, constituían un mercado local o regional más limitado que el que ofrecía el nacional que giraba alrededor de la ciudad de México24. Plano Directorio de Guadalajara, dibujado por Julio Popper [1900], litografía de Loreto Ancira y hno. 22 Entre ellos, los Fortul y Chapoy, Winter Halder, A. Faure, Jurgencen, Ponciano Ruiz, Mario Rodríguez, los hermanos Salcedo y José Cabrera, cuyas empresas están señaladas claramente en el plano. 23 En el periodo de estudio, en Guadalajara se pavimentan y empiedran muchas de sus calles, se introduce más agua y funcionan varias líneas de tranvía urbano y suburbano, García Rojas, Olvidos, acatos y desacatos. Las políticas urbanas para Guadalajara, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, págs. 33-47. 24 Rivière, Guadalajara y su región, págs. 180-214. 211 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... amplio, casi “civil”, al plano de Guzmán. Con ello, añadimos, se trata de una carta que si bien fue producida para su momento presente, también miraba al futuro del puerto, del moderno puerto en el que se habría de convertir Veracruz, fortaleciendo el discurso político local y nacional, tal como consideraba el citado gobernador veracruzano, en tanto que “el progreso moral como material del estado” tendría que manifestarse en la cultura intelectual de sus individuos” y reflejarse en edificios públicos e higiene de sus ciudades47. Las grandes obras, que en el periodo estudiado se llevan a cabo en las otras ciudades, son registradas en su cartografía, donde se puede ver la aplicación de los principios urbanísticos franceses del barón de Haussmann en combinación con los catalanes de Alfonso Cerdá en busca de una mayor higienización, en la construcción de acuíferos48, la modernización del sistema de drenaje sanitario, la apertura de las calles49 -como muestra el plano 4 de la ciudad de México, que estudiaremos abajo-; en el empedrado o pavimentado de las más importantes, y en la fracción de terrenos para nuevas colonias50, que obligan a las ciudades a crecer hacia los cuatro puntos cardinales (siempre y cuando los accidentes geográficos lo permitan), acentuado su carácter de “centro” difusor de progreso.51 También este tipo de cartografía usa como elemento decorativo y político, tanto en la orla como en las esquinas, dibujos y grabados de las fachadas de los principales edificios civiles y religiosos, símbolos del progreso. Para Puebla cito dos planos topográficos, uno hecho en 1856 y reformado en 1883 y otro de 1784, actualizado en 1883, ambos levantados por el ingeniero, al parecer mexicano, Luis G. Careaga y Sáenz. Analizo el primero, dedicado al Ministerio de Fomento, pero ambos son dignos de tomar en cuenta, pues resaltan la calidad urbana alcanzada por el trazo originalmente de “orden y concierto” en el que el mito incluyó a los ángeles, y en el siglo XIX al “orden y progreso” 52. 47 Carmen Blázquez Domínguez, (comp.) Veracruz, t. II, México, Gobierno del estado de Veracruz, Instituto Veracruzano de Cultura, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (Textos de su historia), 2000, pág. 168. 48 El Lerma en México, el Colomos y Chapala en Guadalajara. 49 Como Gante y 16 de Septiembre y Paseo de la Reforma en México. En Guadalajara la calle de San Francisco hacia el Sur. En Veracruz el mercado público Hidalgo y el teatro Dehesa. En Puebla hospitales, teatros, nuevos jardines. En todas estas ciudades, instalaciones eléctricas, telégrafo y teléfono. 50 En la ciudad de México las colonias “Los Arquitectos”, San Rafael, Los Azulejos, Guerrero, Santa María la Ribera, San Rafael, Morelos, el Rastro, Limantour, Candelaria, Díaz de León y La Maza, Peralvillo, Condesa, Roma, Bolsa, Cuahutémoc, la Viga, Valle, Juárez, Romero Rubio y Escandón, plano “La Expansión de la ciudad de México. 1850-1910”, en Atlas de la ciudad de México, México, DDF, El Colmex, 1986, pág. 67. En Guadalajara las colonias Francesa, Americana, Moderna, West End. Víd. García Rojas, Olvidos, acatos, págs. 56 y 57. 51 Para profundizar en la influencia de estos urbanistas, por ejemplo en la ciudad de México en la construcción del hoy Paseo de la Reforma, Vid. Reese, “The Urban Development…” . 52 La leyenda aseveraba que el trazo en damero de la ciudad de Puebla fue hecho por los ángeles, los mismos que habían colocado las campanas de su catedral. Vid. José Carlos Rovira, “Un fantasma en Puebla de los Ángeles. (Tradición e invención sobre Gutierre de Cetina)”, en Destiempos 3, 14 212 Irma Beatriz García Rojas Desde el siglo XVII, Puebla contaba con una rica zona de influencia, alcanzando magnificencia arquitectónica, principalmente religiosa, pero también civil, y bonanza económica, al grado que se llegó a considerar como una capital alternativa para el virreinato ante las frecuentes y costosas inundaciones que vivía la ciudad de México53. Aunque también sufrió inestabilidad política, su economía basada en la industria textil y la agricultura logró cierto auge con el ascenso de Porfirio Díaz. Este plano de Careaga refleja esa situación en una vista general de la ciudad de Puebla; haciendo una representación descriptiva, muestra la traza cuadricular de las calles que la integran, así como la zona periférica en la que están los trazos de los fuertes y cerros de Loreto y Guadalupe. Plano topográfico de la Ciudad de Puebla, (1883) por Luis G. Careaga y Sáenz, ingeniero topógrafo, con base en otro plano del mismo autor, de 1874, impreso en papel con soporte de tela, 56 x 76 cm, en Vélez y Guzmán, op. cit.: s.p. Si bien no hubo un estricto cumplimiento de la ley, como el gobernador Juan Crisóstomo Bonilla54 pretendiera, sí se construyeron obras públicas55 que (2008), pág. 533. 53 Leonardo Lomelí Vargas, Breve historia de Puebla, México, El Colegio de México, Fideicomiso Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, 2001, pág. 79. 54 Gobernó Puebla de 1877 a 1884, año en que murió. Era un militar y político cercano a Díaz; participó en el “Plan de Tuxtepec” que permitió a don Porfirio llegar al poder. Vanegas, Breve historia, pág. 78. 55 El Hospital general, se mejoró el asilo de pobres y el orfelinato, se crearon escuelas normales, se comenzaron las obras del ferrocarril que comunicó a Puebla con Izúcar de Matamoros. También se instaló un nuevo sistema de fuentes económicas o de llave económica, con cañerías de hierro. Desde 213 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... representan el plano en cuestión. Está decorado en las cuatro esquinas con “estampas” de construcciones notables: Tren de Veracruz, Catedral y calle de Guevara, Casa de la Maternidad y Calle de Mercaderes. La Catedral, por cierto, se muestra incompleta y de lado tras un parque y una calle lateral (en ese tramo llamado desde 1776 hasta principios del siglo XX Guevara, y hoy 5 de mayo) 56. Anteriormente, la profusión e importancia de iglesias católicas poblanas habían llevado a calificar a la ciudad como levítica, pero ahora su estampa representaba el proceso de secularización seguido en México en años anteriores57. Del lado derecho se consignan los lugares de importancia, así como las características geográficas del valle y la cuenca del río Atoyac. Además, en la parte superior izquierda se encuentra un sello con el escudo de la bandera mexicana y en el centro de la zona inferior, el escudo heráldico concedido a la ciudad desde su fundación,58 en el que se ven los ángeles “celestiales que la custodiaban en todos sus caminos” y que complementaron su nombre durante siglos. Debajo del escudo, Careaga añade datos de la fundación, verificada por Gonzalo Díaz Vargas, alguacil mayor y regidor de “Los Ángeles en Indias” en 153859. La presencia de una escala temporal orientada al pasado pone de relieve la herencia mítico-histórica poblana, no así los cambios del panteón nacional que designaron a Puebla en 1862 como “de Zaragoza”, en honor del héroe de las batallas contra el ejército francés, cuyo enfrentamiento más famoso fue la “Batalla de Puebla” del 5 de mayo. Con ello, Careaga evidencia ser un emisor política y culturalmente conservador; afiliado al Imperio de Maximiliano, y beneficiario, merced a la Academia de las Nobles Artes de San Carlos, de la autorización de “maestro de obras” para ejercer en “todo el Imperio”60. Pero era un burgués que se adaptaba a los cambios: entre 1887 y 1882, recibió de la Secretaría de Fomento los “privilegios” solicitados61. Esa personalidad no era entonces todos los dueños de casas tuvieron que pagar una pensión de agua, a pesar de sus antiguas mercedes. La introducción de tubos de plomo en 1908 encontró mucha oposición por parte de la población. 56 Hugo Leicht, Las Calles de Puebla, Puebla, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, 2002, pág. 86. 57 Lomelí Vargas, Breve historia, pág. 92. 58 El 30 de marzo de 1531 fue elegido el lugar donde se asentaría la ciudad como escala necesaria entre México y Veracruz. Cinco meses después le fue concedido el escudo y la denominación de “Puebla de los Ángeles, www.puebla.gob.mx. 59 “Carta al Emperador de Gonzalo Díaz Vargas, en 500 años de historia de México en documentos, [versión digital],disponible en: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1556_377/Carta_al_Empe- rador_de_Gonzalo_D_az_de_Vargas_algua_1173.shtml 60 Luis Robles Pezuela, Memoria presentada A S. M. el Emperador por el Ministro Luis Robles Pezuela de los trabajos ejecutados en su ramo el año de 1865, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1886, doc. 23, pág. 364. 61 Dichos privilegios se referían a la realización de obras de “molino, propulsor de canoas, mejora y fabricación de propulsor para embarcaciones, motor o multiplicador de la fuerza, bomba hidráulica, 214 Irma Beatriz García Rojas muy extraña en Puebla. Así que el emisor del plano tenía que coincidir con sus lectores, los poblanos ilustrados y conservadores62. Reconstrucción de la historia de la ciudad Los planos de las ciudades mexicanas no solo mostraron su notable crecimiento horizontal, también reconstruyeron su pasado, lo revalorizaron, aunque también lo mitificaron. En algunos casos eran un simple recordatorio de los principales hechos históricos que le dieron origen, como el Plano de Puebla de 1902, por Atenógenes Carrasco, cuya información es colocada en una cartela y con letra manuscrita como indicio de antigüedad63. Otro ejemplo es el Plano de la ciudad de Tenochtitlan en el año de 1519, dibujado por Leopoldo Batres en 1892, que hace referencia al pasado indígena64. Para Guadalajara están los 14 planos con que José de Mendizábal ilustra su artículo “Evolución topográfica de la ciudad de Guadalajara”65. Distinto es el caso del Plano de México en 1810, 1876 y 1909 (imagen 4), que enfatiza la dimensión geopolítica del discurso cartográfico al representar el crecimiento de la ciudad entre el momento del nacimiento del país y el gobierno de Porfirio Díaz. Son emisores de este texto cartográfico: la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, como editora -fundada en 1833, es la agrupación científica por excelencia a la que durante el gobierno de Porfirio Díaz pertenecieron los más notables historiadores, ingenieros, biólogos etc., y políticos miembros del gabinete-; la Oficina de Nomenclatura (dependencia que revisa y encuentra “conforme a sus datos” el plano), y la litografía y grabadora A. Portilla-la Pila. Es decir, en conjunto, el Estado mexicano de finales de siglo XIX. aparato para secar semillas húmedas”, Memoria presentada al Congreso de la Unión por el señor Secretario de Estado y del despacho de Fomento, Colonización, Industria y comercio de la República mexicana, general Carlos Pacheco. Corresponde a los años trascurridos de diciembre de 1877 a diciembre de 1882. Tomo I. México, Oficina Tipografía de la Secretaría de Fomento, 1885, pág. 438. 62 Con el mismo estilo decorativo, pero más acorde con el espíritu liberal y positivista de la época, encontramos el plano de Guadalajara, titulado Plano de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, 1884, MMOyB, Col. General Jalisco, v.2. c. 2111. 63 Archivo Histórico Ciudad de Puebla, legajo 1, f. 26, 1902. 64 Leopoldo Batres, Plano de la ciudad de Tenochtitlan en el año de 1519, MMOyB, núm. 871-A- 25-A, v. OYBDF02. 65 José (de Mendizábal) [sic], M.S.A. [Miembro de la Sociedad Alzate] dibujó 14 planos titulados cada uno con el periodo histórico al que aludían: “I. 1542 á 1550”, “II. 1550 á 1570”, “III[.] 1570 á 1600”, “IV. 1600 á 1650”, “[V] 1650 á 1700”, “VI. 1700 á 1740”, “VII. 1740 á 1780”, “VIII. 1780 á 1800”, “IX. 1800 á1825”, “X. 1825 a [sic] 1850”, “XI. 1850 a [sic] 1866”, “XII.1866 á 1880”, “XIII[.] 1880 á 1888” y “XIV 1888 á 1896”, en Memoria Sociedad Alzate México, t. X, México, Imprenta del Gobierno Federal en el Arzobispado, enero 1897. 215 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... México en 1808, 1876 y 1909. Plano de la ciudad. Su progreso durante el gobierno del señor general de división Porfirio Díaz, presidente de los EE.UU.MM., litografía a color, por Álvarez, 1909, escala 1:13,000, 66 x 97 cm, MMOyB, Col. General, Distrito Federal, V. CGDF07, núm. 7602-CGE-725-A. Es un plano típicamente topográfico en tanto que el trazado de la ciudad incluye los nombres de calles, avenidas, como el ya mencionado Paseo de la Reforma, calzadas, los ríos La Piedad, Los Morales y Consulado que la cruzan, sus plazas de La Constitución y Mixcalco, el gran parque la Alameda y el bosque de Chapultepec; la penitenciaría de Lecumberri, las bombas de desagüe del oriente de la ciudad; el hospital General, panteones, dos hipódromos, tres estaciones de ferrocarril, algunas “colonias” de reciente fraccionamiento, y las municipalidades colindantes con la ciudad: Tacubaya, Mixcoac y Guadalupe Hidalgo. Pero en tanto que esa información está encabezada por la fecha de 1810, de indudable valor para la ciudad y el país por ser la del inicio de la Independencia, los años de 1876, de ascenso al poder del general Díaz, y 1909, su presente, quedan ligados al momento fundacional de la Nación, con lo que se esclarece el emblemático nivel histórico que el régimen de Porfirio Díaz quería darle a sus referentes cronológicos. Resalta así la intención propagandística y legitimadora de los voceros cartográficos del gobierno. En tanto, en términos visuales, el prolijo título desequilibraría la imagen al estar situada del lado izquierdo, pero resulta equilibrada, al ubicar la mancha urbana de 1810 a la derecha y al dotarla del color rojo. Es así que el color pasa de ser un indicio, a un informante–en términos del análisis barthiano—, pues aquel objetivo es reforzado en general con su manejo. El rojo es también usado para el nombre del presidente, y para enmarcar el 216 Irma Beatriz García Rojas recuadro donde se situa el área ocupada por la ciudad de México en 1910 con una doble raya de ese color, y en el año intermedio dentro del título del plano. En negro está el resto de ese título del plano, lo que señala la intención de mostrar el “progreso” de la ciudad “durante el gobierno del Sr. Gral. De División” con el grado militar explícito. El mismo color, acentuado por el grosor, lleva el listado de “edificios públicos” e “iglesias” protestantes y católicas. Otros colores--amarillos, sepias y verdes— resaltan los cuarteles en que estaba dividida la ciudad, que llevan además un número de gran tamaño en rojo, así como las municipalidades ya anexadas por la expansión urbana. Aquí se puede anotar la ausencia de “estampas” de edificios notables, para evitar que los receptores, el “pueblo” en general y los grupos gobernantes en particular, se distrajeran del mensaje principal, el geopolítico. Si la información descriptiva, escrita y gráfica, le concede a la representación un nivel “científico” de acuerdo con los signos convencionales predominantes en la cartografía de la época, está el complemento dado por la concepción de progreso positivista imperante. La tipografía retrae la imagen de la ciudad y del gobierno nacional a otro nivel en el que la institución eclesiástica adquiere una especial importancia. Así que la burguesía en el poder, receptora del mensaje podía quedar tranquila con la representación de una ciudad conservadora, que además, contaba, según evidencia el plano, con los centros de recreo adecuados a su nivel socio cultural, entonces denominado en términos generales “decencia”: los dos hipódromos, el Jockey Club, un panteón “francés” y un “parque español”. Es decir, se trata del plano que más recalca la dimensión geopolítica urbana entre los analizados; resaltando con ello la importancia que en el contexto histórico se le concedía a la ciudad y, particularmente, a la capital del país, y haciendo del mismo plano, más un instrumento propagandístico que geográfico. Conclusiones En medio de la consolidación del estado mexicano, los cuatro planos estudiados solo nos permiten trazar líneas generales como conclusión. Son representaciones que responden a una compleja “construcción social” condicionada históricamente, donde los emisores ejercen, merced a que el nuevo mercado urbano es su principal receptor, de unión entre el aparato político y el capital comercial, industrial e inmobiliario. Estas obras narran tanto realidades físicogeográficas como imaginarios culturales mediante una mezcla de lenguajes científicos o político-culturales; pero básicamente, concediéndole un valor preponderante a lo urbano, donde pretenden demostrar el progreso y el orden en que vivían las principales urbes del país. Pudimos observar matices de toque liberal cuando en los planos se resalta- 217 Cartografía urbana mexicana 1880-1910: Guadalajara, México... ba la cultura de la clase en el poder, o cuando esta cultura se mostraba alineada con los principios del sistema en construcción, o con el pasado inmediato, lo que contribuía a crear un imaginario nacional legitimador del poder, o en su inclinación reivindicadora del pasado, evidentemente positivista por la información cuantitativa y descriptiva que proporcionaba de un gran “liberalismo conservador”, resultado del mestizaje integral con que se formaba la Nación. También hallamos en todos los planos un sistema de valoraciones, en su lenguaje escrito, visual y numérico y, en sus indicios catalíticos, que destacan los espacios significativos para la cultura predominante en el periodo. Igualmente, combinan la tradición con la clasificación cientificista, ensalzan los servicios de las urbes dignas de finales de siglo XIX, tanto para los grupos dominantes locales y nacionales y para los capitales extranjeros que el gobierno nacional procuraba se instalaran en el territorio mexicano. Finalmente, estos ejemplos cartográficos conllevan una intención de dominio, no solo a través de la técnica, también de carácter político y cultural, develando la cosmovisión preponderante ya desde entonces, donde el hombre es el controlador principal del territorio, de los productos que distribuye, y del hombre mismo.