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Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo XVII: Pierre-Paul Billet y Jean-Pierre Jaron

Bruña Cuevas, Manuel

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reCHERches Culture et histoire dans l'espace roman 5 | 2010 EnseignerleslanguesmodernesenEurope Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo XVII Pierre-Paul Billet y Jean-Pierre Jaron ManuelBruñaCuevas Ediciónelectrónica URL: https://journals.openedition.org/cher/9152 DOI: 10.4000/cher.9152 ISSN: 2803-5992 Editor Presses universitaires de Strasbourg Ediciónimpresa Fecha de publicación: 1 diciembre 2010 Paginación: 219-260 ISBN: 978-2-35410-029-2 ISSN: 1968-035X Referenciaelectrónica Manuel Bruña Cuevas, «Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo XVII», reCHERches [En línea], 5 | 2010, Publicado el 17 diciembre 2021, consultado el 29 enero 2022. URL: http:// journals.openedition.org/cher/9152 ; DOI: https://doi.org/10.4000/cher.9152 Ce(tte) œuvre est mise à disposition selon les termes de la Licence Creative Commons Attribution - Pas d’Utilisation Commerciale - Partage dans les Mêmes Conditions 4.0 International. n°5 / 2010 Culture et Histoire dans l’Espace Roman Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I ; Pierre-Paul Billet y Jean-Pierre Jaron MA N U E L BR U Ñ A CU E V A S Universidad de Sevilla El principio de una serie ininterrumpida Pierre-Paul Billet y Jean-Pierre Jaron son los autores de las dos únicas gramáticas del francés editadas en España durante el último cuarto del siglo xvii. Anteriormente a ellos, las publicaciones en España de obras destinadas a la adquisición de la lengua francesa también habían sido escasas. Para el siglo xvi cabe citar tan solo la Grammatica (1565) de Baltasar de Sotomayor, salida a luz junto con el Vocabulario de Jacques de Ledel (que se autodenomina también Jacques de Liaño). Aparte de estas dos, hubo algunas obras compuestas en España durante ese mismo siglo xvi, pero no llegaron a imprimirse1; nos referimos al Dictionarium Lingue Franconie (1562), de Nicolao Landuchio, y al Arte de grammatica, de Baltasar Pérez del Castillo, recientemente descubierta y estudiada por Luis Pablo Núñez (2009), que la fecha entre 1563 y 1578. Ya en el siglo xvii, el Arte de Gramatica Francesa en Español, de Diego de Cisneros, apareció en Madrid en 1635, si bien había 1 Hay referencias a la lengua francesa en las Reglas gramaticales para aprender la lengua española y francesa, confiriendo la una con la otra (1586, aunque compuesta hacia 1560), de Antonio del Corro, pero, además de que no se compuso ni publicó en España, es una obra básicamente válida para el aprendizaje del español más que para el del francés. Manuel Bruña Cuevas 220 sido impresa previamente en Douai (1624), junto con una gramática del español, bajo el título De Grammatica Francessa, en Hespañol. Las particulares circunstancias que vivió Cataluña a partir de 1640, con el inicio de la guerra de Secesión y el reconocimiento de Luis XIII de Francia como soberano, favorecieron la publicación en Barcelona de dos obras para aprender francés, si bien ninguna de ellas se caracterizó por su originalidad. Editadas por los impresores Lacavallería, de origen francés, la primera –Dictionario Castellano – Dictionaire François – Dictionari Catala (1642, reeditado en 1647) – no es sino una versión de los Coloquios de Berlaimont, si bien presenta la gran novedad de incluir el catalán; la segunda (1647) es menos original, ya que se trata simplemente de una reedición, con supresión de ciertas partes, de las obras de Sotomayor y Ledel bajo el mismo título con que ya aparecieron estas en 1565 ; Grammatica con reglas muy prouechosas, y necessarias para aprender a leer, y escriuir la lengua Francesa, conferida con la Castellana. Quiere esto decir que, cuando en 1672 Pierre-Paul Billet lanza al mercado español su primera obra, tanto el propio autor como sus potenciales clientes debieron de considerarla como la primera gramática para aprender francés destinada expresamente a hispanohablantes. Por aquel entonces, de hecho, no es probable que se guardara recuerdo de la gramática publicada treinta y siete años antes por Cisneros y menos aún, dada su fecha de edición y sus particulares características, de las ediciones de los Lacavallería. Por supuesto, el que se editaran tan pocas obras en España no quiere decir que los españoles no hubieran dispuesto de publicaciones para acercarse al francés. No cabe duda de que llegaron al territorio peninsular las abundantes obras políglotas que incluían, entre otros idiomas, el español y el francés, así como ciertas obras bilingües que, aunque pensadas prioritariamente para francófonos, eran utilizables asimismo para la adquisición del francés; estamos pensando en libros tales como los Dialogos en Español y Françes (1604), de César Oudin, reeditados a todo lo largo del siglo xvii, y en obras similares de diversos autores. Y también circularon por España, como lo dejan ver las bibliotecas históricas actuales (Bruña Cuevas 2005) y los catálogos conocidos de bibliotecas antiguas, los diccionarios bilingües o trilingües editados fuera de la Península a lo largo del xvii ; los de Hornkens (1599), Pallet (1604, 1606-1607), Oudin (1607, 1616, 1621, 1624-1625, 1645, 1650, 1660, 1675), Vittori (1609, 1616-1617, 1627, 1637, 1644, 1671, 1677) o el Anónimo de Amberes (1639). Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 221 Pero, como decíamos, aunque hubiera diccionarios francés-español a disposición de los españoles, aunque hubiera ciertas obras para aprender español que pudieran ser aprovechables por hispanohablantes para acceder a la lengua francesa, nos parece muy probable que, cuando Billet lanza en 1672 su primera gramática, dirigida exclusivamente al uso de los españoles deseosos de aprender francés, esta no solo viniera a llenar un vacío editorial evidente, sino que también fuera vista como la primera empresa de este género por buena parte de quienes la adquirieran en España. Muy seguramente, el mismo sentimiento debieron de tener los contemporáneos de Sotomayor y Ledel, los de Cisneros y los de las ediciones de Lacavallería. Pero, con perspectiva histórica, existe una diferencia entre estas últimas obras y la de Billet ; la de Billet inaugura una serie ininterrumpida de gramáticas de francés para españoles, mientras que las otras no. A partir de Billet, y hasta nuestros días, la mayor parte de las gramáticas de francés para hispanohablantes, ya se publicaran en España o en otros países, fue deudora, en grados diversos, de las gramáticas del mismo género editadas anteriormente. En esa serie, la gramática de Billet es el pilar primero, el hito que marca la linde hacia el pasado. Cisneros, en cambio, fue solo un precursor, un pionero; es un precedente todo lo venerable que se quiera, pero un precedente aislado, casi nos atreveríamos a decir que improductivo –aunque no fuera merecedor de ello–, dado que los autores posteriores de gramáticas francesas para españoles no conocieron su obra y no pudieron, por tanto, sacarle provecho al elaborar las suyas. Y algo parecido, aunque en menor grado, ocurre con los libros de Sotomayor y Ledel ; tras su aparición y venta en los años sesenta del xvi, nadie parece haber vuelto a recordarlos hasta que, setenta años después, un editor avispado, Antonio Lacavallería, los resucita tal cual en una nueva edición que, por las circunstancias coetáneas de guerra, ni volverá a repetirse, ni, con toda probabilidad, llegó a los hispanohablantes que no residían en Cataluña; en todo caso, ningún autor posterior interesado en la enseñanza del francés a los hispanohablantes en general o a los catalanohablantes en particular volverá a acordarse de ellos. Tras la aparición de la gramática de Billet, por el contrario, ya nunca existirá ningún hiato temporal importante en la edición de obras similares. Vivía aún Billet cuando le surgieron competidores. Todos ellos conocieron su obra y a ella se refieren abierta o encubiertamente en las suyas. Igual harán con respecto a sus predecesores inmediatos o, a veces, más lejanos los autores de gramáticas francesas para españoles del xviii y siglos posteriores. El honor de haber iniciado esa serie productiva e ininterrumpida le corresponde, como decíamos, a Pierre-Paul Billet. Pero ese honor era demasiado novedoso para Manuel Bruña Cuevas 222 que ni el propio Billet lograra comprender su alcance. De ahí su reacción airada contra el segundo representante de la serie que él inaugura ; Jean- Pierre Jaron. De ambos pasamos a ocuparnos en las páginas que siguen. El maestro don Pedro Billet Pierre-Paul Billet –« don Pedro Billet » para sus conocidos y discípulos españoles– era, si atendemos a sus propias declaraciones, un parisino asentado en Madrid desde 16642. Desconocemos cuál pudo ser la causa de su llegada a España. Ciertamente, hacia mediados del xvii pululaba por este país un gran número de franceses dedicados a trabajos temporeros en el campo o en la ciudad, a la venta ambulante, a la artesanía… También tenían presencia en ciertas urbes, entre las que se contaba la capital del reino, los grandes mercaderes. Pero el perfil de Billet que conocemos no responde a ninguna de estas categorías. De sus obras impresas y de sus declaraciones se deduce que había realizado estudios en París, lo que le permitía manejar con completa soltura el latín, componer piezas literarias en esta lengua y en la francesa y enseñar por reglas el francés a las élites sociales de Madrid3. Si no hablaba español con anterioridad, su permanencia en España pronto lo facultó para enseñar castellano a los franceses llegados a la capital, de lo cual, como veremos, también quedará huella en su obra. Billet logró probablemente integrarse en la sociedad madrileña gracias a su condición de hombre culto. Es muy posible que fuera su actividad como docente de su lengua materna la que le abriera las primeras puertas. El enseñar la lengua francesa a personas de buena situación social, tales como nobles, miembros de la alta jerarquía de la Iglesia y gente letrada en general, le permitió poder presentar sus obras, en las páginas preliminares, como dignas de la confianza de personas de nombre conocido, todas o muchas de ellas discípulas suyas. Con ello daba lustre a sus publicaciones, al tiempo que se hacía propaganda para obtener nuevos discípulos de calidad. Es así como la duquesa de Aveiro (1630-1715), discípula de Billet, es la dedicataria de su primera obra, el Arte para aprender facilmente, y en 2 Véase Bruña Cuevas (en prensa) para una explicación de los indicios que permiten afirmar que Billet llegó a Madrid hacia 1664. 3 « No quiero ponderarte que para cumplir mis deseos de seruirte mi patria es Paris, mi profesion en sus Escuelas fue la de las buenas Letras, y noticia perfecta de algunas Lenguas. Haviendo primero para conseguir las agenas hecho particular estudio en la mia ; pues tengo por indecoroso de su nacion, al que pretende hazerse proprio en las estrañas hallandose como estraño en la propia » (Billet 1672, « Prólogo al Lector »). Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 223 poco tiempo a leer, escrivir, y hablar la Lengua Francesa (Lyon, 1672); y a una nueva discípula, María Petronila Niño de Guzmán, condesa de Villaumbrosa (1640 - ca. 1700), se dirige la dedicatoria de la primera edición de la segunda publicación de nuestro autor, la Gramatica francesa, dividida en dos partes (Zaragoza, 1673). La condesa de Villaumbrosa es conocida como una de las grandes mujeres lectoras del siglo xvii español y como importante bibliófila por haber heredado y conservado hasta su muerte la notable biblioteca reunida por su marido, el marqués de Montealegre. Han llegado hasta nosotros ejemplares de obras en que la propia condesa deja constancia de haberlas leído. Tal es el caso, por poner un ejemplo, de su ejemplar de Historiae Francorum scriptores coaetanei (París, 1636), hoy día en la Universidad de Salamanca (BG / 29879), al pie de cuya portada se lee, escrito a mano, lo siguiente ; « Ego Maria Petronila Niño Enrriquez de Guzman Comittissa Ville Vmbrose hunc legi librum à prima vsque ad vltimam paginam ». Como se ve, la condesa era capaz de leer y escribir en latín, por lo que no sabemos si, como discípula de Billet, lo fue de lengua francesa o de lengua latina, ya que también de esta última pudo dar clases el maestro francés. De hecho, en la Biblioteca Nacional de España se conserva un manuscrito con este título ; Compositiones a Emanuele Silvae et Mendoçae, ex hispanico, in latinum sermonem versae et scribi caeptae pridie nonas Iulii anni millesimi sexcentisimi nonagesimi tertii, sub disciplina P. Pauli Billeti (mss / 10593, hh. 106v-131v). Lo mismo que de la condesa de Villaumbrosa cabe decir de la duquesa de Aveiro, casada con el duque de Arcos y sobre quien pueden ser ilustrativas las siguientes palabras de su contemporáneo Jean de Vayrac ; […] Doña Marie de Guadeloupe, Lancastre, Cardenas & Manrique, cinquiéme Duchesse d’Aveyro, de Torresnuevas & de Ciudad Real, septiéme Duchesse de Maqueda, & Marquise d’Elche, une des plus vertueuses & des plus savantes femmes de l’Europe. Elle possedoit parfaitement les Langues Latine, Grecque & Hébraïque, presque toutes les Langues vivantes de l’Europe, & savoit foncierement l’Histoire Sacrée & Prophane. (Vayrac, État présent de l’Espagne, 1719, vol. III ; 28) Lo que a menudo buscaban los autores al dedicar una obra a un alto personaje era, de atenernos a sus declaraciones, adornarla con un nombre relevante y lograr que, por consideración a él, los lectores acallaran la manifestación pública de sus posibles críticas al libro. Pero la realidad es que solo muy parcialmente se alcanzaba tal objetivo, por lo que es de creer que, en el fondo, lo que en último término perseguían los autores con tales dedicatorias era recibir cierto grado de apoyo, aunque no fuera económico, Manuel Bruña Cuevas 224 por parte de los destinatarios. Que Billet quizá se sintiera defraudado en ese empeño tras la publicación de su primera obra (1672) cabe sospecharlo por el hecho de que, solo unos meses después, cambiara de dedicataria, pasando de la duquesa de Aveiro a la condesa de Villaumbrosa. Y es probable que bajo el manto protector de esta nueva dama le fuera mucho mejor, dado que su tercera obra publicada también le está dedicada ; se trata de la traducción al castellano de las memorias de la condestablesa María Mancini, impresas con el título de La verdad en su luz, o las verdaderas memorias de Madama Maria Manchini, Condestablesa Colona (Madrid, 1677). Es prácticamente seguro que si la elección de un traductor para esas memorias recayó en Billet fue por intermediación de la condesa de Villaumbrosa, amiga personal de la condestablesa. La llegada de esta a España en 1674 planteó un delicado problema a las autoridades. Sobrina de Mazarino y antigua amante de Luis XIV –quien solo por razones de Estado desistió de casarse con ella para hacerlo con la infanta María Teresa, hija de Felipe IV de España–, estaba unida en matrimonio al condestable Mancini, del que se había separado. Tras recorrer varios países europeos, rehuyendo siempre la reclusión en algún convento a la que se la destinaba tanto por conveniencias políticas como por el acoso al que la sometía su despechado marido, acabó recalando en España, donde su situación no sería diferente a la que venía viviendo ; pese a contar con algunos apoyos importantes, se ordenó su enclaustramiento en un convento de Madrid. Para colmo, en 1676 aparecieron en Colonia unas memorias apócrifas de la condestablesa ; Les Mémoires de M. L. P. M. M. Colonna, G. Connétable du royaume de Naples. Con el fin de limpiar su reputación, y dada la precariedad de su situación en España, la condestablesa tuvo a bien responder rápidamente a ese libro con otro ; La Vérité dans son jour, ou les véritables mémoires de M. Manchini, Connétable Colonne. Aunque impreso en España, apareció sin indicación de lugar ni fecha y de modo prácticamente clandestino, ya que, quizá para ahorrar el tiempo que conllevaban los trámites legales, no constan en él los textos correspondientes (licencia de impresión, aprobaciones, tasa, erratas), pese a ser de inclusión obligatoria. ¿Lo redactó enteramente la propia Mancini o fue Billet quien, como mínimo, le pulió el estilo ? No sería de extrañar que Billet interviniera de algún modo en esa primera versión francesa, en cuyos preliminares –indicio suplementario– se incluyen además tres epigramas laudatorios firmados por Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 225 él. Sea como sea, Billet empezaría inmediatamente la traslación al español – con algunas variantes4 – de esas verdaderas memorias ; unos meses después, en 1677, se imprimía en Zaragoza la nueva versión española. Dada la trascendencia a nivel europeo de este caso, es obvio que hasta el traductor contraía un fuerte compromiso al estampar su nombre en portada y dar apoyo a la difícil causa de la condestablesa. De ahí que creamos que lo que decidiría a Billet a lanzarse a esta empresa fuera su deuda con la condesa de Villaumbrosa por el apoyo recibido de ella desde la publicación de su gramática unos años antes (1673). Por lo demás, el propio Billet confiesa su agradecimiento a la condesa en la dedicatoria que encabeza su traducción; refiriéndose a por qué la elige como dedicataria, nos dice ; Y quando no huuieran hecho precisa tan soberana elecciõ estas circunstancias, y la estrecha amistad q[ue] tiene con V. Exc. la Excelentissima Cõdestablesa, no me huuiera permitido consagrar en otras aras esta corta fatiga (y solo considerable por su assumpto) el voto, que (agradecido à las honras que recibiò de V. Exc. la primera que saliò cõ su patrocinio) hize de poner à sus pies quantas sacasse à luz mi corta capacidad. (Billet 1677, dedicatoria) Dado que los influyentes personajes españoles que se mencionaban en la traducción de Billet no siempre salían bien parados, y puesto que, a pesar de su publicación, la condestablesa Mancini acabó confinada en el alcázar de Segovia antes de poder huir de nuevo a Francia, es posible que todo este asunto acabara afectando negativamente a Billet. Quizá hasta sus relaciones con la condesa de Villaumbrosa se deteriorasen a raíz de ello. Y puede ser también que, tras estos servicios prestados, Billet esperara un respaldo, que no recibiera, para la publicación de la futura obra que parece anunciar en el prólogo al lector de La verdad en su luz (1677) ; « Recibe este fruto, aunque corto presente, aguardando à que (maduro el de los sueños verdaderos, ò Verdades soñadas) te lo ofrezca mi obsequio ». No nos consta, en efecto, que esa supuesta obra en preparación llegara nunca a la imprenta ni sabemos a ciencia cierta si se trataba de una nueva traducción o de alguna composición original de Billet; ni siquiera nos atrevemos a asegurar que, al hablar de 4 « Se me olvidaua decir, que en algunas cosas no me he ceñido al original (no sin estar aconsejado) y que otras he añadido, que nada inovando en la substancia de esta historia, la sirven de adorno » (Billet 1677, prólogo). Manuel Bruña Cuevas 226 « sueños verdaderos, ò Verdades soñadas », Billet esté refiriéndose a un título en vez de a una temática5. Sea como sea, el caso es que el voto expresado por Billet en el prólogo de La verdad en su luz, ese voto según el cual dedicaría a la condesa de Villaumbrosa todas sus obras – ver nuestra cita anterior –, no se vio cumplido un decenio más tarde con la publicación por segunda vez de su Gramática (Madrid, 1688). En esta ocasión, la dedicatoria va dirigida simplemente al lector, y no ya a ningún influyente personaje. ¿Acaso nadie hubiera querido hacer un desaire a la condesa de Villaescusa apadrinando una obra que ya había aparecido una primera vez al cobijo de su nombre ? Puesto que este desaparecía de la nueva edición, es posible que así lo entendiera el propio Billet y ni siquiera intentara buscarse un nuevo protector entre la aristocracia. Lo cierto es que en esta segunda edición de su Gramática se aleja de la comprometedora y hasta peligrosa sombra de la nobleza para dedicar su libro simplemente al curioso, fundiendo en un solo texto tal dedicatoria con el prólogo al lector bajo el encabezamiento de « Epístola dedicatoria al Curioso, que sirve de prólogo al Lector ». Y no deja de llamar la atención en esta dedicatoria-prólogo el tono desengañado con que Billet se manifiesta contra las dedicatorias dirigidas a los poderosos; no deja de sorprender que alguien como Billet, que tantas lisonjas había dirigido en sus obras anteriores a la duquesa de Aveiro y a la condesa de Villaumbrosa, pregone ahora la inutilidad de buscar en los magnates el amparo contra unos ataques de los que ellos mismos no logran estar exentos, los acuse de ser causa de descrédito para las obras cuando se esperaba que lo fueran de mayor estima y los tache de desagradecidos, por pura altanería, hacia quienes les ofrecen el fruto de su esfuerzo. No sabemos interpretar esta « confession ingenua » de otro modo que como hemos dicho ; como un reflejo de los sinsabores que todo el asunto de la condestablesa Mancini acabaría acarreando a Billet y, quizá también, como una falta de apoyo para llevar a la imprenta 5 Similar expresión a la usada por Billet figura en el título Universidad de Amor, y Escuelas del interés. Verdades soñadas, o sueño verdadero. Al pedir de las mujeres (1636). Se trata de una obra atribuida a Antolínez de Piedrabuena y adaptada parcialmente al francés por Claude Le Petit (1638-1662) con el título de L’Escole de l’interest et l’Université d’Amour. Songes veritables, ou verites songées. Galanterie morale (París ; Jean Guignard, 1662). ¿Acaso preparaba Billet una nueva traducción de esta obra ? No iríamos hasta defenderlo; máxime cuando también en otros títulos de obras españolas del xvii se hallan expresiones parecidas; así, en los Desvelos soñolientos y verdades soñadas (Zaragoza, 1627), de Francisco de Quevedo (1580-1645), o en la famosa novela El diablo cojuelo. Verdades soñadas y novelas de la otra vida (1641), de Luis Vélez de Guevara (1579-1644). Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 233 Latina, sin copia de frases, ò expresiones selectas, tan vtiles como se sabe, à la enseñãça de las lenguas ; y finalmente, sin tratado de Poesia, que corresponde al lib. 5. de Nebrija ; circunstancias todas tan essenciales à vn Arte, y que le constituyen tal. (Billet 1688, « Dissertacion » ; 2-3) Con estas palabras, el objetivo de Billet es ennoblecer su propia gramática asimilándola al modelo de las gramáticas latinas y diferenciándola de la elemental obrilla publicada por Jaron. La portada de la edición de 1688 de la Gramática de Billet, en efecto, la presenta como repartida en tres partes ; una primera –sobre ortografía-pronunciación y partes de la oración– correspondería a los rudimentos de la lengua; pero a ella se añadía una segunda parte sobre sintaxis y expresiones cortesanas, así como una tercera sobre poesía francesa21. Las cinco partes del modelo nebrisense encontraban así su fiel reflejo en la obra de Billet, indignado de que la simple cartilla de Jaron reclamara para sí un nombre, el de arte, que él no se había atrevido a usar a pesar de haberlo podido hacer con toda propiedad. Solo oculta Billet que él mismo había titulado Arte la primera de sus publicaciones sobre la lengua francesa (1672), a pesar de que en ella no se incluía ni una parte sintáctica ni ningún tratado sobre métrica. Es de suponer que Billet daba por sentado que, dieciséis años después, nadie recordaría aquel primer tanteo, del que, cierto es, casi renegó desde el principio, dado que ni siquiera llegó a reivindicarlo como propio en la portada mediante la impresión al 21 Esta distribución en tres partes es una novedad en la edición de 1688 de la gramática de Billet con respecto a la primera edición de 1673. En la primera, el título de portada era Gramatica Francesa, dividida en dos partes. La primera contiene los primeros rudimentos con observaciones curiosissimas sobre las partes de la Oracion. La segunda comprehende vn tratado muy por extenso de la Oracion, ô construcion; con vn Paralelo de la eloquencia Española, y Francesa; y Francesa, y Española. Con vn Arte poetica, o breve compendio de la Poesia Francesa, vtilissimo para aprender à conocer los versos, y à componerlos. El arte poética ya se incluía, pues, en 1673, pero era presentada como un aditamento a la gramática propiamente dicha, que solo comprendía dos partes (el dividida en dos partes del título). El título de 1688, en cambio, es el siguiente ; Gramatica Francesa, dividida en tres partes. La primera. Contiene los primeros rudimentos, con observaciones curiosissimas sobre las partes de la oracion, y nueuamente añadidas. La segunda. Comprehende vn tratado muy por extenso de la oracion, ò construccion, mas amplio que el de la primera Ediccion, con vn Paralelo de la Eloquencia Española, y Francesa, y Francesa, y Española; aumentado de mas de vna tercia parte en esta segunda Edicion, de las expresiones mas cortesanas de el Idioma Frances. La tercera. Contiene vn Arte poetica, o breve compendio de la Poesia Francesa, vtilissimo para aprender a conocer, y medir los versos, y à componerlos. Como se ve, en 1688 el arte poética no se presenta como un añadido, sino, conforme a las artes latinas, como una de las partes de las que se compone la gramática; de ahí el dividida en tres partes del título. Manuel Bruña Cuevas 234 completo del nombre de autor22. Por no traer a la memoria su Arte de 1672, así como por no cambiar el nombre a una obra (la Gramática de 1673) que posiblemente había alcanzado celebridad y de la que la edición de 1688 se presentaba como nueva versión ampliada, Billet renuncia al empleo de arte en el título de 1688, con lo que asume la paradoja de defender que su gramática es una verdadera arte de la lengua francesa aunque se titule gramática. Con todo, el arte de Jaron había aparecido con la aprobación eclesiástica correspondiente, en la que el censor, Francisco Cruzado y Aragón, dedicaba a la obra algunos cumplidos. Aunque propios del género y sin mayor contenido23, estos cumplidos no debieron de sentar nada bien a Billet, que los toma como « releuante aplauso » y no duda en desmentir contundentemente el buen criterio del censor ; Estimo, y venero como deuo à D. Francisco Cruçado; pero puedo dezir, como Aristoteles de Platon, y con mas razon, pues D. Francisco no es mi Maestro que mas estimo y venero à la verdad. La Aprobacion sola no haze à vn libro bueno, si no lo es por si. Es formalidad, que muchas vezes, ò no la acompaña la Sciencia, ò la sobra la passion, ò la falta el cuidado; y mi Gramatica no huuiera logrado los aplausos que logrò la primera vez que saliò à luz, con todo lo que escrivieron en su alabança, ni los lograria esta segunda vez, por la Aprobacion de Don Esteuan Cruçado, hijo de Don Francisco, si yo no la huuiera trabajado con el cuidado, y solicitud, que serà facil de reconocer à quien tuuiere ojos. Perdonaràme, pues, Don Francisco Cruçado, si no hallando mas luzes en la Cartilla de el señor Iuan Pedro Iaròn, que la insignia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, à quien el Autor ha dedicado se [sic] Obra, y lo limado, y terso, de la Aprobacion de Don Francisco, 22 El Arte de 1672 se presenta en portada como compuesto « por Don P. B. Maestro de lenguas ». Ya hemos explicado en Bruña Cuevas (en prensa) las razones por las que interpretamos « P. B. » como « Pedro Billet ». Fidel Corcuera y Antonio Gaspar (2001 ; 311-313) o Asensio Gutiérrez (1977 ; 137), en cambio, identifican « P. B. » con « Pedro Bonet », basándose para ello en Palau (1948-1977, nº 32505). Tampoco en el Repertorio de D. Fischer, J. F. García Bascuñana y M. T. Gómez (2004) se atribuye a Billet el Arte de 1672. No descartamos, pese a que lo veamos poco probable, que, al aparecer la obra en Francia, se imprimiera en portada P. B. para que no se confundiera el nombre del autor con el de su coetáneo (aunque más joven) Pierre Billet (1565-1719), que llegó a ser titular de la cátedra de Retórica en el Collège du Plessis y rector de la universidad parisina (Michaud 1966-1970). 23 « […] reconozco, que sale à nueva luz con nuevas luzes, de los primores y Elegancias, que tan discreta, y pulida Lengua mereçe. […] Singular, pues, obsequio haze à Nuestra Nacion el Autor deste Arte, quando facilita, con tan bien explicados Documentos, la noticia de la Lengua Francesa, tan comun aora en toda Europa, como entonçes lo era la Griega. Y assi justamente mereçe la Licencia que pide, &c. » (Jaron 1688, aprobación de Cruzado y Aragón). Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 235 passo al examen de las inumerables faltas de esta Cartilla […]. (Billet 1688, « Dissertacion » ; 6) De Francisco Cruzado, caballero de Calatrava y tesorero de la reina madre, también nos dice Billet que era un antiguo conocido suyo. Pese a ello, o precisamente quizá por ello, Billet escribe las palabras que acabamos de citar, donde, por encima de alguna expresión cortés, descuella claramente su disgusto. Nótese que esto es así a pesar de que el hijo de Francisco Cruzado firma una de las dos aprobaciones de esta segunda edición de la gramática de Billet, lo cual puede ser más que una mera casualidad. Y puede serlo porque la aprobación de Esteban Cruzado –significativamente sin fechar, contra lo que era usual– viene a añadirse a la que ya se había concedido al libro y con la cual, en principio, hubiera podido bastar ; la firmada por Francisco de Barrio en junio de 1687, colocada al principio de las hojas preliminares, inmediatamente después del prólogo. Nos preguntamos por ello si, más que a una necesidad administrativa, esta nueva aprobación no será un recurso suplementario para desactivar la competencia que pudiera suponer el Arte de Jaron para la gramática de Billet. Si Billet realmente conocía desde hacía años, como él mismo afirma, a Francisco Cruzado, este, con el fin de desagraviarlo por la aprobación que había redactado para el Arte de Jaron, pudo conseguir que fuera a su propio hijo a quien el vicario de Madrid encargara una nueva aprobación, la cual, por supuesto, es un elogio de la obra de Billet, de quien Esteban Cruzado se declara discípulo ; […] me puedo dàr la enorabuena de que [la gramática de Billet] aya venido à mis manos, por mostrar, no yà en la censura, sino en la alabança, quanto me precio de ser Discipulo de tan acertado Maestro, que enseñando en esta Corte las buenas letras, haze à los Cortesanos y à los Principes mas habiles para serlo. (Billet 1688, aprobación de Esteban Cruzado) Evidentemente, si el propio hijo de quien había alabado la obra de Jaron se declara discípulo de Billet, queda resaltado, por contraste, el carácter de simple formalidad que cabía atribuir a la aprobación de Francisco Cruzado. Billet queda retratado en la aprobación de Esteban Cruzado como maestro destacado de la flor y nata de la corte, como maestro incluso de quienes tienen que aprobar la publicación de su obra, y lo decimos en plural porque también Francisco de Barrio, autor de la otra aprobación de la edición de 1688, declara ser discípulo suyo24. El propio Billet veló desde el 24 Así se refiere a Billet Francisco de Barrio en su aprobación ; « […] este Nebrija de la Francesa Gramatica (que puedo llamarle con este nombre) no tanto por ser su Discipulo, como por deuersele de derecho este titulo ». Manuel Bruña Cuevas 236 principio de su carrera por presentarse en sus obras como autor reconocido socialmente, para lo cual recurrió a la inclusión de poemas laudatorios en los preliminares. Lo hizo así en su Arte de 1672, en su traducción de 1677 y en su Gramática de 1673; de hecho, en esta última uno de esos poemas se debe a Francisco de Barrio, el censor de 1688, que ya entonces se decía discípulo de Billet. Ciertamente, y a pesar de que, como veremos, volverá a usar de este recurso en otra obra posterior, no lo explota en la Gramática de 1688, quizá por parecerle que el contenido de su prólogo-dedicatoria hubiera entrado en parcial contradicción con la incorporación de tales poemas. Pero, ante la competencia que le surge con Jaron, no duda en comenzar su disertación contra él mostrando que contaba entre sus conocidos o amigos con el famoso médico Juan de Cabriada25, señalando de paso que no es el trabajo lo que le falta y dejando sobreentender que no le falta por su gran reputación como maestro ; Vna tarde de las que suelo dar al descanso de la penosa y continuada tarea de la semana, concurrì con el Doctor D. Juan de Cabriada, tan conocido en esta Corte por su grande, y acertada doctrina, que con solo nombrarle se haze su Elogio, el qual, despues de las vrbanidades reciprocas que passan entre conocidos, ò amigos, no ignorando mi profession, me preguntò, si tenia noticia de un Arte de la lengua Francesa, que auìa salido aora nueuamente ? Respondile, que era essa la primera vez que oìa hablar de tal Arte […] (Billet 1688, « Dissertacion » ; 1-2) Frente a este maestro de la élite madrileña, abonado por sus buenas relaciones sociales entabladas gracias a veinticuatro años de enseñanza en la corte y por una obra que circulaba impresa desde hacía quince, Jaron solo podía aparecer a los ojos de la clientela que pretendía robarle a Billet como un novato sin avales de cuya ciencia más valía desconfiar. Como hemos intentado mostrar, Billet cargó toda su artillería para convencer al público de que así era. Es muy probable, nos parece, que, además de defender sus intereses, Billet realmente estuviera convencido de la justeza de esta visión del asunto, que estuviera convencido de que, en último extremo, Jaron casi no tenía derecho a inmiscuirse en una actividad o ámbito que, al menos en Madrid, había considerado como un coto propio y que no concebía compartir con nadie. Creemos que así lo pensaría por entonces. 25 Juan de Cabriada (1665-1714) contribuye de modo decisivo a la renovación del pensamiento científico español con su Carta philosophica medica chymica, impresa en 1687 por Lucas Antonio de Bedmar y Baldivia, el mismo que sacó a luz el Arte de Jaron. Podría ser que, por esta circunstancia de tener un impresor común, Cabriada conociera por azar, antes que el propio Billet, la publicación de la obra de Jaron. Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 237 Las circunstancias posiblemente le obligaron a ver el mundo de otro modo hacia el final de su vida. Pero, en 1688, sus esfuerzos y el apoyo del librero Anisson le hicieron ganar la partida ; si Jaron intentó defenderse, su alegato nunca llegó a la imprenta; más aún, su gramática no volvió a editarse. El gran maestro derrotó enteramente al principiante que había osado medirse con él. Billet poeta Pierre-Paul Billet debía de conocer la producción literaria francesa en verso. Él mismo era dado a componer poemas en su lengua materna. Pensamos, además, que se relacionaría en Madrid con los literatos españoles; de hecho, nos parece probable que el firmante de las dos décimas que aparecen en la gramática de 167326, Francisco de Avellaneda, sea el famoso autor de entremeses del siglo xvii (¿1625 ?-1684). Posiblemente fuera su afición literaria lo que en último término llevara a Billet a incluir en su gramática de 1673 –no aparece en el Arte de 1672– una parte final dedicada a la métrica francesa (« Arte poetica, o Compendio breue de la Poesia Francesa, vtilissimo para aprender a conocer los versos, y a componerlos », ff. 146r-174r); con ello lograba distinguirse del simple maestro de lenguas que se limitaba a enseñar los rudimentos del idioma27 y llegaba a una clientela más diversificada en cuanto a su interés por la lengua francesa. No nos extrañaría que también influyera en su decisión de añadir a su obra esa parte poética una posible rebeldía contra el poco aprecio en que tendrían la poesía francesa los círculos literarios españoles contemporáneos –por lo menos los defensores de la poética culta barroca, ya conceptista ya gongorista–; es lo 26 Estas dos décimas aparecen al final del libro, tras el índice y las erratas, en página propia sin numerar. No es el lugar habitual para los poemas laudatorios, que suelen formar parte de los preliminares de las obras, por lo que cabe suponer que las décimas fueron añadidas tardíamente, una vez que el libro estaba ya compuesto en imprenta. Ello da mayor significación al valor que Billet concedería a la inclusión de esos poemas de autor conocido en su obra. 27 Distinguiéndose por esa vía de los maestros de francés sin demasiada formación, Billet, aunque lo oculte, también se asimilaba a los autores de prestigio que habían incorporado un arte poética a sus gramáticas de lenguas vivas. Claude Lancelot (1615-1695), por ejemplo, lo hizo así tanto en su gramática del italiano (París, 1660) como en su gramática del español (Paris, 1660); y ya antes había añadido este autor, en la segunda edición (1650) de su Nouvelle méthode pour apprendre facilement, & en peu de temps la langue latine, tras el correspondiente tratado de métrica latina, un tratado de versificación francesa, el cual servirá de modelo a Billet para la composición de su arte poética. Sobre como asimiló Billet esta fuente directa, véase Bruña Cuevas (1999 ; 97). Manuel Bruña Cuevas 238 que cabe deducir de la encendida defensa que hace de la poesía francesa de su tiempo en el proemio de su « Arte poetica » ; La Prosa Francesa, no siendo (como algunos piensan) el vnico assumpto de la estimacion, que todas las Naciones de Europa hazen de nuestro Idioma; y mereciendo nuestra Poesia gran parte de los aplausos, que vnanimemente le dàn, me parece, no lograria cumplidamente mi intento, si (despues de averme explayado bastantemente sobre las reglas que dì de la primera) no ofreciera à la curiosidad, y al desengaño, los preceptos que propongo de esta postrera, que si la estimacion es hija de el conocimiento, espero mudaràn de dictamen aquellos, que sin fundamento, no hazen caso de nuestra Poesia, y que a vista de este breve Compendio, no solo la tendràn en mejor concepto, pero aun confessaràn (por mas que obre la passion) que nuestros versos, en nada son inferiores à los de las primeras lenguas del Mundo. Y si (hasta aora) perdieron, en la opinion de muchos, por faciles, è intelegibles, suplico à los que tuvieren este dictamen, se desengañen, y se persuadan à que los versos, para ser buenos, no han de tener dificultades, ni la obscuridad de Oraculos; y que, si (para merecer estimacion, y aplausos) fuera preciso el que necessitàran de Comentarios, parece, que la palabra que Dios concediò a los hombres, para explicar sus conceptos, aun trasladada al papel, no logràra su fin principal. Y no me aleguen los Comentarios que vemos oy de los Poetas Latinos, y Griegos, pues no milita la misma razon, y con muy diferentes circunstancias los comentaron, ò yà por averse perdido con el dilatado curso de los años las ideas, y noticias de lo que trataron, ò yà por aver passado sus obras à Naciones, que hablauan diferente Idioma. (Billet 1673 ; 146r-146v) Es en esta arte poética de 1673 donde figuran los primeros poemas franceses de Billet que nos son conocidos. Son cinco composiciones en total (1673 ; 165r, 166v, 172r y 173v-174r), de las que las tres primeras aparecen también en la segunda edición de la gramática (1688 ; 304, 306, 315). Pero en 1688 se incluye además, para ilustrar las explicaciones sobre el rondeau, que no se daban en 1673, un nuevo poema de Billet. A ello se añade que las dos últimas composiciones de 1673, dos sonetos, aumentan a tres en 1688, ninguna de las cuales coincide con las dos de 1673 a pesar de haber sido compuestas también por Billet. Como se ve, Billet aprovechó su arte poética para dar publicidad a sus propios versos, de los que debía sentirse orgulloso puesto que no duda en usarlos como ilustración de sus comentarios, en pie de igualdad con los versos de Régnier, Godeau, Bertaut, Voiture o Malherbe con que se ejemplifican otras explicaciones. Es posible que, en un principio, se tratara de una simple afición por la poesía; pero quizá, con el tiempo, Billet se sintiera lo bastante seguro de la calidad de sus poemas para pensar en editarlos. Compárese, a este respecto, cómo cambia, de la primera a la Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 239 segunda edición de su gramática, el modo de presentar sus sonetos. En 1673 lo hacía así ; « […] de vno, y otro [tipo de sonetos] seruiràn de exemplo los dos Sonetos que siguen ; el primero parto de mi ociosidad; y el segundo produccion fantastica de mi idea » (f. 173r). En 1688, en cambio, ya está decidido a publicar una recopilación de su producción poética ; « De vno, y otro serviràn de exemplos los Sonetos que se siguen que ofrezco à la curiosidad de el Lector, entre tanto, que salen à luz las Poesias, que para alivio, y descanso de estudios, y ocupaciones mas serias, ha producido à ratos mi Musa » (p. 318). Siendo así, se entiende que ninguno de los tres sonetos de 1688 coincida con los dos de 1673 ; Billet aprovechaba la nueva edición para sacar a la luz nuevas composiciones poéticas suyas. Y, sin embargo, es de interpretación menos transparente de lo que parece este último anuncio de publicación que acabamos de citar. Por el lugar en que se encuentra, todo parece invitar a creer que Billet está hablando de la publicación de su producción poética en francés y que también se está refiriendo a ella cuando asegura en su disertación contra Jaron, aludiendo a Richelet, lo siguiente ; « Perdi entonces los estriuos de la paciencia, viendo leuantaua [Jaron] vn falso testimonio à vn conocido mio [Richelet], y con quien me he carteado en algunas ocasiones con el motiuo de embiarle versos mios » (Billet 1688, « Dissertacion » ; 3). Sin embargo, mientras que ninguna colección de poemas franceses suyos vio nunca la luz28, sí logró Billet editar una recopilación de su producción poética en latín, por lo que, como decíamos, no está claro si las poesías por publicar a las que se refiere en 1688 son las que componía en francés o las que componía en latín. En efecto, aparte de los poemas que incluye en su Gramática, solo conocemos como producción poética en francés debida a Billet los tres epigramas laudatorios incluidos en los preliminares de La vérité dans son jour29 y un soneto en honor del difunto poeta y dramaturgo Agustín de Salazar y Torres (1632-1675), aparecido en los preliminares de la edición póstuma 28 Ya hemos señalado que ese anuncio de publicación de 1688 no es el único que se encuentra en una obra de Billet. Más arriba hemos referido cómo en el prólogo al lector de La verdad en su luz (1677) anuncia que está preparando unos sueños verdaderos, ò Verdades soñadas, tampoco nunca publicados, que sepamos. 29 Ya hemos hablado más arriba de esta obra. Se trata de La vérité dans son jour, ou ses véritables mémoires, o sea, la versión en francés de las memorias de María Mancini, impresa en Madrid unos meses antes de que se editara su traducción al castellano por Billet. Manuel Bruña Cuevas 240 de sus obras30. Aunque no descartamos que puedan encontrarse, ya sea en obras francesas ya en obras españolas, otros poemas de Billet compuestos en francés31, lo cierto es que difícilmente podrán ser comparables en cantidad a la recopilación de sus composiciones latinas en verso y prosa editada con el título de Petri Pauli Billeti Parisiensis opusculorum miscellaneorum latino sermone scriptorum, pars prima (Madrid, 1703). Ninguna obra de Billet muestra mejor que esta última el complejo mundo de relaciones sociales en que el autor se movía. Abundan en ella las referencias a una red de amigos de nombre conocido, pero también a enemigos que atacan mediante libelos a Billet y que intentan incluso entorpecer la publicación de este libro. Así se lee en las composiciones que conforman la obra, pero también se deja ya ver desde los preliminares. En este libro, en efecto, Billet vuelve a dedicar su esfuerzo a un magnate, con lo que contradice sin pudor el discurso que había mantenido en el prólogodedicatoria al lector de la segunda edición de su gramática (1688) ; la dedicatoria de esta obra latina está dirigida al recién estrenado rey Felipe V, nieto de Luis XIV e iniciador de la dinastía borbónica española32. Como ya hemos dicho, no sabemos si Billet padeció de alguna manera, en tanto que francés que hacía ostentación de su origen, el estado casi continuo de guerra entre las coronas francesa y española durante los reinados de Luis XIV y Carlos II, pero, en todo caso, es de suponer que acogería con júbilo 30 Las obras de Salazar y Torres fueron editadas con el título de Cythara de Apolo, varias poesías divinas, y humanas, que escrivio D. Agustin de Salazar y Torres; y saca a luz D. Iuan de Vera Tasis y Villarroel, su mayor amigo (Madrid, 1681 y 1694). Van precedidas de una colección de poemas laudatorios de diferentes autores; todos están en español, como era de esperar, salvo el poema de Billet, que, aunque firmado en español (« D. Pedro Pablo Billet / Parisiense »), es un soneto en francés con encabezamiento igualmente en lengua francesa ; « L’Autheur du Sonnet console les Muses de la mort de Feu M. Don Augustin de Salazar, par l’esperance certaine de le voir viure eternellement dans ses ecrits » (1694 ; ¶¶¶4v). 31 El descubrimiento de nuevos poemas franceses de Billet podría venir a confirmar lo que ya hemos apuntado y demuestra el caso de la Cítara de Apolo al que acabamos de referirnos ; las relaciones frecuentes que mantenía nuestro maestro con los círculos literarios madrileños. 32 No sabemos si Billet hubo de arrepentirse una vez más de esta dedicatoria a un poderoso. La entronización definitiva de Felipe V como rey de España costó una larga guerra entre las potencias europeas, doblada en la Península de una especie de guerra civil entre los reinos de Castilla y Aragón. En dos ocasiones (1706 y 1710) tomaron Madrid las tropas que apoyaban al otro pretendiente a la corona española, el archiduque Carlos de Austria. Nos preguntamos si, durante los periodos de dominio austracista en Madrid, la vida de un autor que había dedicado su última obra a Felipe V fue menos apacible de lo deseable o si, incluso, hubo de abandonar transitoriamente la capital. Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 241 la entronización de un rey francés en España. En una situación en que los altos cargos del reino pasaron a estar copados por franceses, quizá no sea casualidad que, habiendo llegado el nuevo rey a Madrid el 18 de febrero de 1701, ya en marzo de ese año hubiera conseguido Billet la aprobación para editar sus obras latinas. Con todo, el libro no saldrá a luz hasta 1703 por mor de la oposición –si creemos a Billet y si no vemos en sus palabras una simple retórica propia de las dedicatorias– de los « envidiosos », que no dudaron en atacarlo oralmente y por escrito ; Non Iussu quidem, verùm permissu sacrae Majestatis tuae, Potentissime, Invictissimeque Rex, non ad manus, sed ad pedes tuos, prodit haec Prima opusculorum miscellaneorum meorum Pars, atris, infestisque invidiae dentibus appetita, etiam priusquam in lucem ederetur, scilicèt, fama volarat, quasdam eorum, quasi primitias tibi oblatas, non mediocritèr placuisse, & luculentè satis laudatas esse. Hoc sat erat, vt inviderent, & pro liuoris sensu, forsan, si potuissent, quid in me crudelius consulerent, quam convitia scriptis edita, quam contumeliosa oris probra, quibus me passim lacerare non renuerunt. (Billet 1703, dedicatoria a Felipe V) Como hemos dicho, también las propias composiciones latinas de Billet revelan unas relaciones tormentosas con su entorno. No faltan ataques a quienes se toman por buenos escritores, e igualmente, como era de esperar de un maestro de lenguas, a quienes abandonan demasiado pronto el aprendizaje de estas creyendo que ya las dominan. Pero se hallan asimismo numerosas composiciones dedicadas a fieles amigos. Entre estos figuran nombres conocidos ; diversos miembros de la nobleza y la realeza, pero también representantes de los círculos cultos, entre los que destacan, a veces con varias composiciones en su honor, Nicolás Coppola, el famoso geómetra; Feliciano Gilbert de Pisa, autor de Inmortalidad de Carlos II, Rey de España (Madrid, 1701), o Andrés González de Barcia, uno de los fundadores de la Real Academia Española. Estos dos últimos, en contrapartida, firman sendos poemas laudatorios33 situados, junto a otros, en los preliminares de la obra, ya que en esta también reaparece, después de su desaparición en la edición 33 El de González de Barcia lleva este encabezamiento ; « In Authoris laudem, Latio, Hispano, & Gallico metro pangentis, & in hoc Volumine Epigrammata, Satyras, & Epistolas publicantis… ». Como venimos diciendo, conocemos composiciones poéticas de Billet en francés o en latín, pero no hemos hallado ninguna en español pese a que González de Barcia – no sabemos si por deferencia – afirma aquí que también las cultivaba. Dudamos de que así fuera ; como hemos explicado, su poema laudatorio dedicado a Agustín de Salazar y Torres está en francés, a pesar de que todos los demás que lo acompañan están en castellano y de que el contexto de publicación, por tanto, hubiera sido propicio a una composición poética excepcionalmente en español por parte de Billet. Manuel Bruña Cuevas 242 de 1688 de su gramática, este medio de proclamación de la celebridad y el aprecio de que gozaba el autor. Otras reediciones de la gramática de Billet Las ediciones de Amberes Tras la edición de 1688, la gramática de Billet conoció dos reediciones más ; la de Amberes, sin fecha, y la de Madrid de 1708. La edición de Amberes, a cargo de Henrico y Cornelio Verdussen, no lleva fecha en portada, pero, como la aprobación y el privilegio incluidos en preliminares datan de 1687, aparece asignada a este año en muchos catálogos bibliográficos, fichas de bibliotecas y estudios académicos; por ello mismo suele considerarse que es anterior a la segunda edición de Madrid de 168834. No creemos que así sea; en nuestra opinión, la edición de Amberes es posterior a la de 1688 por las razones que pasamos a exponer. Tanto la edición de Amberes como la de 1688 se presentan en portada como segunda edición de la obra de Billet y ambas comparten, además del mismo prólogo del autor, la misma aprobación por Francisco de Barrio y el mismo privilegio redactado por Antonio de Zupide, una y otro fechados en 1687. Pero la de 1688 cumple con el resto de requisitos legales para poder editar un libro en el reino de Castilla ; además de una segunda aprobación sin fechar a cargo de Esteban Cruzado, en el pliego preliminar se incluye la licencia del ordinario, firmada por Francisco de Campos en 1687, así como la tasa y la fe de erratas, fechadas en setiembre de 1688 al igual que la cesión de derechos por parte del autor al mercader de libros Florian Anisson. Ninguno de estos datos prueba que la edición de Amberes sea anterior a la de Madrid. Más bien todo deja pensar que la aprobación y el privilegio que comparten ambas ediciones estaban destinados a una edición en España, ya 34 Es el caso de Amado Alonso (1951 ; 26) ; « En 1687 [Billet] publicó en Amberes su Gramática francesa, al parecer con extraordinario éxito, pues al año siguiente tuvo en Madrid dos reediciones ». Alonso no tenía noticia de la edición de 1673 y hablaba de dos reediciones madrileñas en 1688 porque, interpretando mal sus fuentes, creyó que Florian Anisson y Bernardo de Villadiego llevaron a cabo impresiones diferentes. Aún se recoge así en la Bibliografía de Niederehe (1999), pero, como hemos explicado, se trata de una misma edición realizada a costa de Anisson por el impresor Villadiego. Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 249 de Maunory, suivant l’usage de la Cour d’Espagne, reeditada en 1704 y 1708. Se trata de una gramática del castellano seguida de un diccionario unidireccional francés-español. Su autor, Maunory (ca. 1640 - ante 1705)48, posiblemente conoció personalmente durante su estancia en Madrid al maestro parisiense; en todo caso conoce su gramática y hasta le copia literalmente la comparación de los sonidos de la lengua con la música, un símil con el que Billet abría su obra y con el que también comienza Maunory la suya. Este, además, recurre a Billet como auctoritas para atacar a Oudin. Como hemos visto en la cita anterior, Billet se había referido a los barbarismos y explicaciones erradas que contenía el diccionario de Oudin; pues bien, sus palabras las cita literalmente Maunory introduciéndolas de este modo ; « Voicy le témoignage qu’en rend publiquement un excellent Maistre de Langues dans son introduction au pararelle [sic] des deux Langues Françoise & Espagnolle, imprimée à Madrid en 1688 » (Maunory 1708, prólogo). Evidentemente, Billet no podía sino sentirse halagado por la deferencia que Maunory le mostraba, pero eso no quita para que, al mismo tiempo, viera en él un competidor cuyo prestigio podía ensombrecer el suyo propio como maestro de español. Posiblemente, por tanto, Billet se esforzara por desacreditar la gramática de Maunory, si no por escrito, sí en su práctica docente. Así era, en efecto, si se atiende a lo que Jean de Vayrac cuenta al respecto ; Par tout ce que je viens de dire il est facile au Lecteur de comprendre le peu de fonds qu’il y a à faire sur la Grammaire de Monsieur Maunory, & combien peu de raison il a eu de declamer contre les autres Grammairiens, sur tout contre le pauvre Oudin, dont la Grammaire est sans contredit la moins méchante, qui ait paru. C’est le témoignage qu’en rend Don Pierre Billet, dont le suffrage doit servir de regle en matiere de Langue Espagnolle; cela est si vrai, qu’il conseille à tous ses Disciples de s’en servir preferablement à celle de Maunory. J’avoüe que dans sa Grammaire Françoise il a frondé contre lui, & c’est en quoi M. Maunory a erré grossierement lors qu’il parle des barbarismes de cet Auteur, puisque Don Pierre Billet parle des barbarismes touchant la Langue Françoise, & nullement touchant la Langue Espagnolle. (Vayrac, Nouvelle grammaire espagnolle, 1708, disertación contra Sobrino y Maunory) Nótese en esta cita que el abate de Vayrac ve a Billet prácticamente como si fuera español al otorgarle el título de don (« Don Pierre Billet »), por lo 48 Para estas fechas de nacimiento y muerte, véase el razonamiento de Sáez Rivera (2007 ; 458). Sobre la obra de Maunory, Cazorla Vivas (2002 ; 41-49), Sáez Rivera (2007 ; 456- 476). Manuel Bruña Cuevas 250 que coherentemente afirma que la opinión del parisino « doit servir de regle en matiere de Langue Espagnolle ». No descartamos que estuviera siendo realmente el portavoz de Billet, que lo que este no consideró oportuno escribir para defender su prestigio como maestro de español lo esté difundiendo el abate. Jean de Vayrac (1664-¿1734 ?), aunque ya conocía el español cuando llegó a Madrid en 1701, seguramente se perfeccionó en el dominio de esta lengua gracias a Billet49. No nos extrañaría que acabara tomando la idea de editar una gramática castellana de sus conversaciones con Billet sobre Maunory, por más que Vayrac la presentara luego como un encargo recibido directamente del rey Felipe50. Si fue así, el abate no debía de estar seguro de que su iniciativa agradara al ya por entonces, por edad y por fama, venerable Billet, con quien seguiría unido por lazos de amistad y de agradecimiento. Sea como sea, lo cierto es que J. de Vayrac la publicó en 1708, si bien la encabezó, quizá pensando no solo en sí mismo sino también en Billet, con una « Dissertation sur les Grammaires Espagnolles de Messieurs Maunory & Sobrino », que era en realidad básicamente contra Maunory, ya que dedica a Sobrino solo el párrafo final, de siete renglones51. En esta, amén de atacar el trabajo de Maunory parte por parte, al modo como lo hizo Billet en su disertación contra Jaron, el abate se deshace en alabanzas hacia Billet como maestro de español y francés, y, no contento con ello, cierra su obra con las 49 Quizá el abate de Vayrac no fuera propiamente un discípulo al uso de Billet. En una memoria que redactó hacia el final de su vida, el abate cuenta que, gracias a que sabía español, Luis XIV le encomendó acompañar como intérprete a su nieto, el nuevo rey Felipe V, en su viaje de París a Madrid, y que este último « trouva à propos de me placer auprès du comte de Saint-Ysteban, qui fut mis à la teste du cabinet, pour rédiger en espagnol tous les mémoires qui étaient envoyés de la cour de France à celle d’Espagne, et en français ceux qui de la cour d’Espagne étaient envoyés à celle de France. Depuis 1701 jusqu’à 1710, je demeurai auprès de ce grand ministre et pendant tout ce temps là j’ose dire que je rendis des services essentiels aux deux Couronnes » (según la transcripción de Morel-Fatio 1925 ; 69). Que estuvo al servicio del conde de Santisteban ya lo había dicho previamente Vayrac al referirse a esa casa nobiliaria en su État présent de l’Espagne (París, 1718) ; « […] & comme j’ai eu l’honneur d’avoir été auprès de lui pendant tout ce temslà, & d’avoir eu beaucoup de part à sa confidence […] » (éd. 1719, tomo III ; 158). En su labor traductora mientras estuvo con el conde, es muy posible que J. de Vayrac recurriera a menudo a la ayuda de Billet, « maestro » suyo, por tanto, en este sentido inhabitual del término. 50 En la misma memoria a que hemos aludido en la nota anterior, el abate dice ; « Délivré du soin des affaires de l’Etat, sa Majesté Catholique me chargea de composer une Grammaire française pour les Espagnols, et une espagnole pour les François […] » (según la transcripción de Morel-Fatio 1925 ; 69). 51 No eran las de Sobrino y Maunory las únicas gramáticas de español que se ofrecían por entonces a los francófonos; también había otras como la de Ferrus (Amsterdam 1680, Lyon 1695 y 1704) o la de Perger (París, 1704). Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 251 mismas halagadoras referencias a Billet con que la había comenzado; véanse las frases finales de su gramática ; Peut-être que ceux qui liront cette Grammaire, croiront qu’à cause que j’ai censuré les fautes des autres, j’ai assez de presomption pour croire que je n’en ai pas commis; mais je les prie ne n’avoir pas cette idée de moi, je connois trop bien mon insuffisance, & la difficulté de mon entreprise, pour n’avouër pas qu’on pourroit faire quelque chose de mieux; tout ce que je puis dire sans me trop flater, c’est que de toutes les Grammaires qui ont paru jusqu’à present, celle-ci est la meilleure; & je ne connois guere de François qui soit en état d’encherir sur elle, si ce n’est que Monsieur Billet s’en mêle, comme étant le seul que je connoisse capable de porter un Ouvrage de cette nature à sa derniere perfection; & ma reconnoissance m’oblige à dire à sa loüange, que si j’ai eu le bonheur de faire quelque progrés dans la Langue Castillane, c’est aux leçons que ce fidéle ami m’a bien voulu donner, que je le dois. (Vayrac 1708 ; 395-396) Suponemos que, con tales deferencias, el amor propio de Billet padecería menos por el lanzamiento de una nueva gramática del español por parte de alguien que, de algún modo, era discípulo suyo, pero no por ello dejaría de acusar el golpe ; aunque editada en París (1708), la Nouvelle grammaire espagnolle de Vayrac pudo darla a conocer en Madrid su propio autor, que siguió residiendo en esta ciudad al menos hasta 171052. De ahí, quizá, que Billet añadiera su « Adición » sobre los verbos castellanos en la tercera edición de su gramática francesa (1708), aparecida el mismo año que la gramática de J. de Vayrac. No nos consta, aunque no pueda descartarse, que el abate impartiera nunca lecciones de español en Madrid, por lo que no hay razón para pensar en una competencia por conseguir discípulos entre el abate y el veterano Billet; pero este pudo sentir esa rivalidad en el plano de sus respectivas publicaciones, dado que presenta su adicionada gramática francesa de 1708 como suficiente herramienta para aprender castellano. Fuera como fuere, la competencia editorial directa acabará llegando en 1714, fecha en que el abate publica una gramática francesa para hispanohablantes, evidentemente destinada a venderse en España por más que estuviera impresa en París53. ¿Fue porque se enturbiaron las relaciones entre Billet y 52 Si esa difusión existió debió de ser muy limitada; por lo menos si se juzga, como ya percibió Hernández Alonso (1999 ; 296), por la ausencia actual de ejemplares de la primera edición de la gramática de Vayrac (1708) en las bibliotecas españolas. 53 Sobre las dos gramáticas de Vayrac pueden consultarse Bruña Cuevas (1999 ; 96-105), Hernández Alonso (1999), Jiménez Domingo (2004a, 2004b, 2006, 2010), Sáez Rivera (2007 ; 505-573). Sobre la vida y demás obras del mismo autor, Jiménez Domingo (2002, 2006 ; 31-125) y Sáez Rivera (2007 ; 498-505). Manuel Bruña Cuevas 252 Vayrac por lo que este último se decidió finalmente a lanzar una alternativa a la gramática francesa de Billet ? No puede excluirse, ya que el abate elimina de la segunda edición de su gramática española, aparecida también en 1714, la disertación contra Maunory y Sobrino donde tanto alababa a Billet y suprime asimismo las palabras con que concluía la primera edición de 1708, esas con que expresaba su gratitud hacia Billet y le rendía pleitesía. Preferimos pensar, no obstante, que lo que pudo pasar fue que, al no haberse vuelto a publicar la gramática de Maunory y posiblemente fallecido este, la reedición de la disertación de 1708 perdía parcialmente sentido; y que, en 1714, ya retirado o quizá hasta muerto Billet, no era de recibo que el abate de Vayrac siguiera proclamando que tuvo un maestro que hubiera podido componer una gramática española mejor que la suya. Creemos, por lo demás, que hubiera sido un sinsentido que, después de la publicación de la « Adición » de 1708 y de que Billet la considerara como equivalente a una verdadera gramática española, Vayrac hubiera mantenido el aserto final de su obra de 1708; y tampoco podía alabar a Billet en su gramática francesa de 1714, no solo porque este no había sido maestro suyo de francés, sino por temor a que hubiera podido sugerírsele que, si la gramática publicada por Billet era buena, el lanzamiento de una nueva no tenía razón de ser. De hecho, en el prólogo de su gramática francesa de 1714 Vayrac menciona un conjunto de gramáticas de la misma lengua y critica sus defectos, supuestamente corregidos en la suya; son las de Chiflet, Port-Royal, Mauconduit, Veneroni, Régnier-Desmarais y Buffier, pero también las de Jaron y Billet. Que, en ese conjunto de críticas, la de Billet hubiera recibido también alguna parte nos parecería justificado por la razón que hemos expuesto. Solo que la crítica contra la de Billet, además de ser virulenta, no se halla atemperada por ningún amable comentario posterior, como ocurre en el caso de las críticas contra las de Buffier y Régnier-Desmarais. Esto dice Vayrac de la gramática francesa de Billet ; « […] la de Billet es tan obscura, y tan confusa, que nunca ha habido sino su Autor que haya podido comprehenderla cabalmente » (Vayrac 1714 ; xxv-xxvj). Una de dos, por consiguiente ; o Billet y el abate se enemistaron en fecha posterior a la primera edición de la gramática española de este último en 1708, o el abate, tras de que Billet falleciera en algún momento entre 1708 y 1714, lejos de optar por rendirle homenaje, se siente Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 253 libre de criticar su obra abiertamente, eliminando de paso el menor rastro de gratitud que hubiera podido quedarle hacia su antiguo amigo y maestro. En todo caso, alcanzara a conocer o no Billet la gramática francesa de Vayrac, hay algo que nos parece probable ; que esta esté marcada por la visión que tenía Billet de lo que debía ser una gramática completa. El abate tenía que conocer la disertación (1688) de Billet contra el Arte de Jaron54, donde el parisino definía de qué partes debía componerse una gramática para ser realmente un arte gramatical. Esas partes se encuentran en la gramática francesa de Vayrac, significativamente titulada El Arte Françes. No queremos decir con ello que la gramática francesa de J. de Vayrac tuviera como única fuente la de Billet, ya que sus fuentes son diversas y no es Billet la principal55; pero sí es significativo que, de todas las gramáticas francesas para españoles editadas en el siglo xviii, solo las de Billet y Vayrac contengan un tratado de poesía. El de Vayrac (1714 ; 897-937) está copiado del que incluye la Grammaire Françoise (edición de 1714) de Claude Buffier (1661-1737)56, no del de Billet, que estaba inspirado, como ya hemos dicho, en Claude Lancelot. Pero lo que nos parece evidente es el deseo por parte de Vayrac de que no se le pudieran aplicar las mismas críticas que Billet dirigió a Jaron. A todas luces, intentó superar al maestro parisino con una gramática francesa que, estando más desarrollada en todas sus partes –hasta alcanzar las 964 páginas, distribuidas en dos tomos–, sobrepasara también a la de Billet allí donde este más había incidido desde siempre ; en un arte poética más completa y más al día en la elección de autores que la que había publicado Billet. Debió de tenerlo presente si se toma en cuenta que este último, entre las varias advertencias que elige para concluir su « Adición » de 1708, vuelve a remachar en la importancia de conocer la métrica para pronunciar una lengua con propiedad ; […] advierto de passo à los q[ue] tuvieren el deseo de aprovechar de su aplicacion, hagan por consejo lo que he hecho por eleccion, y no incurran en el afectado desprecio de la poesia; pues les puedo assegurar con ingenuidad, q[ue] mientras no tuvieren algun baño, por lo menos, de la medida de 54 Ya hemos dicho que la diatriba de Vayrac contra Maunory y Sobrino, además de llevar el mismo título de « disertación » que llevaba la de Billet contra Jaron, sigue el mismo procedimiento de crítica aplicado por el parisino. Puede considerarse una influencia más de Billet sobre Vayrac. 55 La gramática de Billet es, en cambio, según Sáez Rivera (2007 ; 145, 1171), fuente principal de la Gramática española (Nápoles, 1689) de José Faustino Perles y Campos. 56 Buffier reprenderá a Vayrac su plagio, pese a ser confesado, en el « Avertissement » de la edición de 1723 de su Grammaire (Bruña Cuevas 1999 ; 96). Manuel Bruña Cuevas 254 los versos, serà como impossible, q[ue] tengan vna perfecta noticia de la pronunciacion de las sylabas. (Billet 1708 ; 199) Ahora bien, la advertencia que definitivamente cierra la « Adición » de 1708 no es la anterior, sino esta otra ; […] la mas nociva gerarquia pues, es de quellos que no ignorando lo mejor, ni careciendo de medios para conseguirlo, rendidos à vn vil interès, y esclavos de vna sordida avaricia, solo apetecen lo mediano, y viciando à los demàs con su exemplo, el qual à fuer de malo, se sigue siempre mas aprisa que el bueno, introducen, y fomentan varios escritos, que mas conducen à la ignorancia, que dàn luz para vencerla. Esta es pension inevitable en las Cortes, donde muy amenudo la sola novedad haze todo el merito, y la vnica recomendacion de lo que se introduce, y no solo las mas vezes, pero siempre, en perjuyzio de la razon, y de lo mas solidamente establecido. (Billet 1708 ; 200) Como se ve, Billet condena la mediocridad de ciertas publicaciones, bien recibidas en los medios cortesanos simplemente por ser nuevas y en detrimento de « lo mas solidamente establecido ». Si no nos equivocamos, más que hacer una simple reflexión general, Billet puede estar pensando en alguna obra concreta, una nueva obra que, pese a no ser comparable en calidad a su gramática francesa (identificable con lo sólidamente establecido), hubiera venido a hacerle la competencia. Esa obra bien pudiera ser la de Abdón Senén Guilla Rubí, la Forma gramatical, la qual contiene el modo como se ha de aprender à leer, y hablar la lengua Francesa, publicada en Madrid en 170757. Suponemos que, si Billet estaba atento a proteger su magisterio como docente del español, tanto más lo estaría como maestro de francés. Desde que apareciera en 1688 el Arte de Jaron, no había tenido que afrontar la competencia de ninguna otra gramática de francés para hispanohablantes. Pero la afluencia de franceses a Madrid desde la instauración de la dinastía borbónica, si bien aumentaría el número de sus discípulos, también acrecentaría el de quienes impartían lecciones de francés. Guilla Rubí era uno de estos58. Ahora bien, podría ser que Guilla Rubí no fuera el simple maestro novel, falto de protectores, que era Jaron, lo que explicaría que 57 Se trataba de la primera obra del autor según afirma él mismo en su dedicatoria ; « […] me valgo de la proteccion benigna de V. S. que no tendrà à mal recibir vn don tan corto, si lo parangona con ser de mi entendimiento primer parto » (Guilla Rubí 1707 ; ¶2v). Sobre los contenidos de la gramática de Guilla Rubí véase Lépinette (2000). 58 Así lo declara el propio Guilla Rubí en el prólogo de 1707 ; « No me mueve otra cosa para sacar à luz este breve libro, que las prolixas instancias de muchos, à quienes el idioma contenido he enseñado ; y como es gloria de vn Maestro vèr su trabajo de muchos aplaudido, creo, que dandole à la Estampa, es arte para que no lo tengan olvidado ». Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 255 Billet no arremetiera contra él como lo hizo contra este último y se limitara a manifestar su malestar con las palabras veladas del final de su « Adición », tanto las referidas a lo mediocre de ciertas nuevas publicaciones como las que aluden a la importancia de la poesía, pues la Forma gramatical de Guilla Rubí no incluía ningún tratado de métrica. Guilla Rubí, a diferencia de Jaron, encontró un alto personaje a quien dedicar su obra ; José de Grimaldo, directamente en contacto con Felipe V como titular de la Secretaría del Despacho de Guerra y Hacienda. Las relaciones de Guilla Rubí y su devoción a la familia Borbón en momentos de guerra59 pudieron, pues, ponerlo fuera del alcance de las críticas de Billet, ya que, tanto por su origen60 como por las reglas de su gramática, hubiera sido blanco fácil de su pluma. Sirva de ejemplo uno de los consejos que brinda Guilla Rubí en su gramática ; […] aunque la lengua Francesa tiene estas particulas, y se vale de ellas para expressar su mayor perfeccion, y elegancia, sin embargo advierto, que al que no quisiere recapacitarlas, ò por falta de paciencia, ò por parecerle confusion, las dexe, porque no dexarà de dezir bastante bien diziendo sin particula …ne suis riche…yo no soy rico… que con particula …je ne suis pas riche… (Guilla Rubí 1707 ; 46) Billet se sentiría horrorizado al leerlo. Ciertamente, tal consejo no es más que una argucia del maestro para no espantar a sus discípulos ante las dificultades que les oponía el aprendizaje del francés; puede hasta verse como una invitación a lanzarse a hablar incluso si no se dominan todas las reglas gramaticales. Guilla Rubí, de hecho, continúa su frase anterior de esta guisa (de muy mala guisa, por cierto, en cuanto a la corrección gramatical y estilística) ; Pero lo mejor fuera, quando se emprende saber vna cosa, saberla siempre à lo mejor, y particularmente este, pues en este siglo se necessita tanto de ella, por aver llegado el dia tan dichoso de vèr las dos Coronas tan reciprocamente vnidas, necessitando entenderse en el Real servicio vnos con otros. (Guilla Rubí 1707 ; 46) Pero, aun suavizado su primer consejo con este añadido, imaginamos mal a Billet, dado el tenor de su gramática, aprobando el que un maestro descendiera a tales zalamerías para ocultar que aprender a manejar correctamente –único modo de manejo concebible para Billet– una lengua 59 La gramática de Guilla Rubí se abre con una plegaria a la Virgen de Montserrat por el rey Felipe, la reina María Luisa Gabriela de Saboya y el príncipe de Asturias. 60 Guilla Rubí era un catalán de Perpiñán, por tanto, como el borgoñón Jaron, hubiera podido ser acusado por el parisiense Billet de no conocer la norma cortesana francesa. Manuel Bruña Cuevas 256 extranjera no es empresa fácil ni rápida. Otra de las advertencias con que Billet cerraba su « Adición » de 1708 puede, pues, estar dirigida a quienes se dejaron engatusar –siempre desde la visión del parisino– por las técnicas amables de enseñanza practicadas por maestros como Guilla y Rubí ; […] pero mi intento es insinuar, que no desprecien cosa alguna que pueda conducir à la perfeccion à que deben anhelar; y sobre todo si la quieren lograr, que se guarden de incurrir en las impaciencias de algunos sugetos, que apenas empiezan à aprender, quando no solo ya quisieran saber, pero aun se persuaden à que saben, y contando sobre vna facilidad imaginaria, y no real, y verdadera, juzgan que les sobra qualquiera breve aplicacion, y con esta ridicula persuasion no consiguen lo que pudieran, por creer, que yà no necessitan de cosa alguna. (Billet 1708 ; 200) Billet, en suma, hubiera podido lanzar contra Guilla Rubí una disertación similar a la que redactó en su día contra Jaron61 o a la que Vayrac dedicó a Maunory; en vez de eso, solo reaccionó con dos páginas que, aunque forman el colofón de su « Adición », pueden pasar desapercibidas en el conjunto de la tercera edición de su gramática y que, de estar realmente redactadas pensando en Guilla Rubí, no mencionan siquiera su nombre. Ya fuera por imposibilidad de atacar abiertamente a un bien protegido Guilla Rubí, ya porque no pudiera obtener de Anisson una financiación similar a la que le brindó en 1688 para publicar treinta páginas suplementarias de disertación acerba, ya porque, siendo de edad avanzada, Billet no poseyera el mismo vigor vital que veinte años antes, lo cierto es que el maestro parisino no se embarcó contra Guilla Rubí, al menos por escrito, en una nueva polémica, en otra más de las varias que lo acompañaron a lo largo de su existencia. En 1688, Billet consideraría que, en materia de enseñanza del francés, Madrid era feudo de su magisterio y que su gramática era señora del mercado español; en la plenitud de su vida tenía posibilidades y fuerzas para luchar por sus dominios y ni siquiera concebía ceder una parcela a un recién llegado que, contrariamente a él, no había podido invocar más amparo que el de la Virgen del Carmen. Veinte años después, su mundo había cambiado mucho ; Billet tiene que defender sus asentadas posiciones en el campo de la enseñanza tanto del español como del francés, pero ni sus fuerzas son las mismas ni sus nuevos competidores se hallan tan indefensos como lo estuvo Jaron. Seguramente, además, durante el tiempo transcurrido Billet se había ido percatando de que el campo editorial de las gramáticas de francés para 61 La disertación contra Jaron no se incluyó en la edición de 1708. No hubiera tenido sentido dado que la obra de Jaron (1688) no había vuelto a publicarse. Dos maestros de francés en el Madrid de finales del siglo X V I I 257 hispanohablantes, que él ocupó en solitario desde 1672 hasta 1688 y casi en solitario hasta 1707, ya no le pertenecería nunca más en exclusiva, que irremediablemente tendría que compartirlo con nuevas producciones. Por su bien, confiamos en que no llegara a ser testigo en 1714 de la edición del Arte de Vayrac. Invitación final Terminamos así este recorrido por la vida y obra de don Pedro Billet, como lo llamaban sus conocidos españoles. Antes de él se habían editado esporádicamente algunas gramáticas de francés para españoles; con él comienza la serie ininterrumpida de este tipo de obras que llega hasta nuestros días. En el Madrid del último rey de la casa de Austria, primero, y en el de los años iniciales del reinado del primer Borbón, después, Billet fue el gran maestro de francés, pero también un reputado maestro de español para los cada vez más numerosos franceses que llegaron a esa ciudad durante el tiempo que le tocó vivir. Fue un hombre culto relacionado con la nobleza, que acabó decepcionándolo pese a que se puso a su servicio como traductor. Pero también estuvo relacionado con los círculos letrados madrileños y envuelto en las redes de amistades y rencillas que les eran propias. Fue un escritor que, por elección o por necesidad, acabó buscando la gloria literaria a través de sus composiciones en latín, a pesar de que pasó su existencia defendiendo ante los españoles la calidad de la poesía en francés, que también cultivó. Frente a él, pocas posibilidades de éxito editorial tuvieron otros maestros de francés, esos que, como Jean-Pierre Jaron, debieron de pulular por el Madrid del último cuarto del siglo xvii. Pero, al cambiar las circunstancias a principios del siglo xviii, también quedó atrás en Madrid, definitivamente, el dominio exclusivo de un solo maestro en el ámbito de la enseñanza del francés a los españoles. Billet, al final de su vida, llegó a entrever que así sería en adelante. Tras estas pinceladas nuestras sobre las trayectorias de Billet, Jaron y algunos otros autores de gramáticas francesas, solo nos queda desear que despierte pronto el interés de otros investigadores lo que en torno a ellos queda aún por dilucidar. Manuel Bruña Cuevas 258 Bibliografía Alonso Amado, 1951, « La pronunciación francesa de la ç y de la z españolas », Nueva Revista de Filología Hispánica, 5 ; 1-37. 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