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Alexis de Tocqueville: opinión pública y declinación del discurso revolucionario

Sirlin, Ezequiel B.

Abstract

El objetivo de este trabajo consiste en reconstruir una visión que aparece fragmentada en su obra: cómo los mecanismos de opinión en las sociedades democráticas debilitarían la propagación de las doctrinas revolucionarias. Entre sus diversas anticipacione

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Alexis de T ocqueville: opinión pública y declinación del discurso revolucionario Ezequiel B. Sirlin Universidad de Buenos Aires, Argentina Cuando examinaba las causas más inmediatas de la Revolución francesa, Tocqueville (1805-1859) atribuía a los intelectuales un papel decisivo. En esta opinión coincidía con casi todos los pensadores de las generaciones anteriores que habían deplorado la Revolución o parte de ella. Conservadores como Edmund Burke, reaccionarios como Joseph De Maistre y liberales como Madame De Stael ya habían señalado a los hombres de letras como los primeros culpables. En coincidencia con esta atribución, en El Antiguo Régimen y la Revolución (1856)1, Tocqueville afirmó que "la total educación política del pueblo" por parte de los escritores había sido la causa principal del modo violento en que la democracia había llegado a Francia2• Que la sociedad francesa los había potestado para cubrir el vacío dejado por la nobleza, y que desde tan alta posición, los intelectuales derramaron sus palabras y sus formas de pensar hacia un pueblo muy absorbente. Podrían establecerse múltiples diferencias entre el énfasis condenatorio de Burke y el empeño de Tocqueville por explicar el poder de los intelectuales desde una sociología más compleja. No obstante, existe una concepción más básica que comparten los dos autores: el movimiento de las ideas había sido el principal elemento productor de la Revolución. Más allá de los factores sociopolíticos y socioeconómicos, que con mucha originalidad, Tocqueville sumó a las causas de la Revolución francesa (centralización administrati1. Alexis de Tocqueville, L' Ancien Régime et la Révolution, en Oeuvres Completes, 1/, 1, Gallimard, París, 1952. Versión castellana utilizada para las citas y confrontada con el original: El Antiguo Régimen y la Revolución, 1, Alianza, Madrid, 1982 (en adelante Antiguo Régimen o ARR, seguido de parte, capítulo y página). Esta edición incluye "El estado social y político de Francia antes y después de 1789". Alexis de Tocqueville, "Fragments et notes inédites sur la Revolution", en Oeuvres Completes, 1/, Gallimard, París, 1953. Versión castellana: El Antiguo Régimen y la Revolución, 2, fragmentos y notas inéditas sobre la Revolución, Alianza, Madrid, 1982. Véase principalmente el libro tercero. 2. ARR, 1, e, 1, pág. 161. Alexis de Tocqueville 61 va, disfuncionamiento de la nobleza durante el Antiguo Régimen, etc.), también temía y denostaba las ideas abstractas de los intelectuales, porque era un aristócrata cuya familia las había padecido, pero ante todo, porque las consideraba muy poderosas. Pero, ya no como historiador sino como analista del porvenir, perspectiva a la que se consagra en el segundo volumen de la Democracia en América (1840)3, Tocqueville consideró que, si bien la amenaza planteada por las ideas continuaría acechando a Francia, con el mismo avance de la democracia las revoluciones intelectuales y políticas serían cada vez menos probables4• Especulando sobre las tendencias culturales que había observado en Estados Unidos, vaticinó que en las sociedades venideras el discurso revolucionario habría de perder su capacidad de adquirir predicamento. Tocqueville vislumbró el surgimiento de un nuevo tipo de opinión pública cuyos resultados estabilizadores valoró y temió al mismo tiempo. El objetivo de este trabajo consiste en reconstruir una visión que aparece fragmentada en su obra : cómo los mecanismos de opinión en las sociedades democráticas debilitarían la propagación de las doctrinas revolucionarias. Entre sus diversas anticipaciones, Tocqueville señaló que la multiplicación de voces habría de devaluar el peso de cada una, moderando por el mismo efecto de la profusión la capacidad transformadora de las opiniones radicales. Tal vez por tratarse de una profecía esbozada en forma dispersa y subsidiaria de otros temas, los estudiosos han descuidado el anuncio de Tocqueville sobre la declinación del intelectual productor de grandes cambios. Llegaría el fin de todo discurso revolucionario capaz de sobresalir en las futuras sociedades democráticas. La multiplicación de publicaciones y de agentes culturales en pie de igualdad provocaría tal desdibujamiento de la autoridad intelectual que incluso los avances culturales serían difíciles de observar. Las especulaciones de Tocqueville sobre la opinión pública y el movimiento cultural en las democracias venideras conllevan un sentido aún no atendido convenientemente por la críticaS: la premonición 3. Alexis de Tocqueville, De la Démocratie en Amérique 1 (1835), De la Démocratie en Amérique Il (1840), en Tocqueville. Oeuvres Il, Oallimard, París, 1992. Edition publiée sous la direction d'André Jardin. Introduction par Jean-Claude Lamberti. Notices, notes et variantes par Jean-Claude Lamberti et James T. Schleifer. Versión castellana: La Democracia en América, 2 T., Alianza, Madrid, 1980 (en adelante Democracia o DA, seguido de número de volumen, parte, capítulo y página). 4. Tocqueville sistematiza este pronóstico en el capítulo XXI de la tercera parte, de la segunda Democracia, pp. 213-224. Al respecto, consúltese Seymour Drescher, '''Why Oreat Revolutions WiU Become Rare: Tocqueville's Most Neglected Prognosis", Journal of Modern History 64, Septiembre 1992, nO 3, pp. 430-454. 62 Araucaria Nro. 6 de un "polifonismo"6. El fenómeno de la multiplicación disolvería las figuras intelectuales, neutralizando el poder rector que el discurso revolucionario había ejercido en sociedades aristocráticas como la francesa. El efecto paradójico de la libertad de prensa En un capítulo de la primera Democracia en América (1835) dedicado al examen de la libertad de prensa en Estados Unidos, Tocqueville advertía que la multiplicación de los periódicos provocaba un efecto paradójico, del cual las clases gobernantes francesas debían valerse para salvaguardar el orden público. Lejos de los mecanismos de censura que imperaban en Francia, la libertad de publicaciones propiciaba un gran aumento de los medios periódicos. Y, a medida que el poder de la prensa se fragmentaba, disminuía la posibilidad de que un conjunto de órganos publicitarios ejerciera una dirección centralizada de la opinión pública con fines opositores. Esta amenaza para los gobiernos, tan frecuente en Francia debido a la concentración de la prensa, se diluía en Estados U nidos de un modo que para Tocqueville era demasiado notorio para no ser impleméntado: "Los americanos más ilustrados atribuyen el escaso poder de la prensa a esta gran diseminación de fuerzas; es un axioma de la ciencia política en Estados U nidos la creencia de que el único 5. Los especialistas en Tocqueville no se han dedicado a recomponer sistemáticamente la visión del autor sobre la opinión pública moderna aunque no ignoraron en general el problema. Entre los trabajos exegético s que aluden fragmentariamente al tema, destacamos el de JeanClaude Lamberti, Tocqueville el les deux Démocraties, PUF, París, 1983, y el de James Schleifer, Cómo nació «La Democracia en América» de Tocqueville, FCE, México, 1984 [North Carolina Press, 1980]. Por su parte, en tanto estudiosos de la opinión pública, Jürgen Habermas y Elisabeth Noelle-Neumann han examinado el pensamiento de Tocqueville al respecto. En cada caso, han señalado distintos elementos que hacen a su visión original; no obstante, el acercamiento de estos autores a Tocqueville es circunstancial y ceñido a destacar aspectos muy específicos de sus propias conceptualizaciones referidas a la opinión pública. Jürgen Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, G. Gili, México, 1986 [Neuwied, 1962], pp. 161-171. Elisabeth Noelle-Neumann, La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social, Paidós Comunicación, Barcelona, 1995 [Chicago, 1984], cap. 8: "La opinión pública como tiranía: Alexis de Tocqueville", pp. 121-130. 6. Me permito utilizar el término "polifonismo" o "polifonía", con independencia del significado específico que le confirió Mijaíl Bajtín, para designar el fenómeno de la multiplicación de voces y publicaciones que Tocqueville advierte en la sociedad democrática. No entenderemos "polifonía" a la manera de Bajtín como convivencia de distintos sentidos dentro de un mismo texto, sino como convivencia de distintos agentes discursivos en el seno de una sociedad. Alexis de Tocqueville medio de neutralizar los efectos de los periódicos es multiplicar su número. Parece mentira que una verdad tan evidente no se haya divulgado aún entre nosotros. Que quienes pretenden hacer revoluciones con la ayuda de la prensa traten de no dar a ésta más que pocos y poderosos órganos, es cosa que comprendo sin esfuerzo; pero que los partidarios oficiales del orden establecido crean atenuar la acción de la prensa concentrándola, sí me parece inconcebible." (DA, 1, B, 3, pág. 189) 63 Este señalamiento de Tocqueville que, de acuerdo a sus propias notas de viaje, le habría sido transmitido en palabras parecidas por el jurista y legislador norteamericano J ohn Canfield Spencer7, nos lleva a dos consideraciones. Muy brevemente, en primer lugar, debemos resaltar la preponderancia que, en éste y otros pasajes, adquieren los argumentos "tácticos" frente a los "principistas". En segundo término, nos extenderemos -en el siguiente apartadosobre la presencia de un prejuicio muy creativo en la imaginación sociológica que visualiza estos fenómenos. Yendo entonces al primer punto, destaquemos que en este caso Tocqueville promueve la libertad de prensa más por los beneficios que aporta al poder central que a los individuos. Si extendemos su razonamiento podemos advertir una tensión entre la procuración del orden y la defensa de las libertades individuales. Al priorizar la necesidad del orden utiliza argumentos que no se corresponden con los principios liberales que en otros momentos declara. La neutralización de las publicaciones opositoras, en tanto conduce al debilitamiento de la prensa, implica aquí un descuido del "tribunal de la opinión" que contrarresta el avasallamiento de las personas por el Estado. Frente a la defensa liberalprincipista que había promovido Benjamin Constant (la publicidad es "un recurso del oprimido contra el opresor")8, Tocqueville admite que su posición proviene de un cálculo más complejo: 7. Alexis de Tocqueville, "Voyages" y "Écrits politiques et académiques", en Tocqueville. Oeuvres l. Gallimard, París, 1991, pp. 40-45. Otros diagnósticos sobre el mismo tipo de resultados estabilizadores y consensuales que experimenta la opinión pública norteamericana le fueron comentados a Tocqueville, según su propio testimonio, por Jared Sparks (1789-1866), J. Quincy (1772-1864) y el doctor Stewart (1797-1876). Al respecto véase de la misma obra, pp. 64-65, 65-66 Y 95 respectivamente. A su vez, la conveniencia de la extrema división y confluencia de "intereses y sectas" en la sociedad es defendida por Madison en los números X y LI de El Federalista; texto que Tocqueville conocería a su regreso a Francia. 8. Benjamin Constant, "Sur la censure des journaux" (discurso parlamentario, 7 de julio de 1821), en Benjamín Constant. Oeuvres, Biblioteque de la Pléiade, Gallimard, París, 1979, pág. 1297. Véase también en Benjamín Constan!. Oeuvres (op. cit.): De la liberté des brochures, des 64 Araucaria Nro. 6 "Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se le concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por los males que impide mucho más que por los bienes que aporta." (DA, 1, B, 3, pág. 185) La visión táctica que asoma en ésta y otras formas axiomáticas puede ser vista como precursora del giro estratégico que las clases gobernantes implementarán a partir de la segunda mitad del siglo XIX9. Tocqueville se destaca entre quienes, a la luz de las revoluciones en Francia, comprendieron la necesidad de adaptar los mecanismos institucionales destinados a propiciar el orden. La corriente de reflexión iniciada por Constant y seguida por el grupo de los doctrinarios, alcanza con él una visión más acabada. Los problemas que en una primera instancia la democracia ocasiona al orden social, encontrarían un principio de solución con el mismo avance de la democracia. A partir del ejemplo norteamericano, Tocqueville avizoró los mecanismos estabilizadores que el sistema democrático desplegaría una vez superada su etapa transicional. Su prescripción de la libertad de prensa y de asociación estaba fundada en esta anticipación. El "descubrimiento" de la polifonía Siguiendo el segundo enfoque propuesto puede advertirse, en el retrato tocquevilliano del mundo cultural democrático, la existencia de un prejuicio primario 'que selecciona y transmite escenas de la esfera espiritual norteamericana. Esta intuición creativa también proyecta las tendencias observadas hacia el futuro. Hay en Tocqueville, aristócrata normando y analista del nuevo mundo, una obsesión por el número y por la acción devaluadora que la masividad de los agentes provoca en todas las esferas como consecuencia de la democratización. Dos serían las tendencias intervinientes en el mundo cultural democrático. La primera se refiere a la dispersión de los agentes culturales. Aquí nos interesa el fenómeno de la multiplicación de los discursos y publicaciones. La segunda remite a la pérdida de calidad que la masividad provocaría en todos los ámbitos. Las siguientes referencias textuales ponen de manifiesto una imagen muy recurrente mediante la que se sugiere una progresiva diseminación de los agenpamphlets el des journaux considérée sous le rapport de l'intéret du gouvernement (1814), pág. 1221, pág. 1228, pp. 1229-1233, pp. 1239-1240. "Sur la censure des journaux", pp. 12961297 Y pp. 1336-1337. 9. Véase Eric Hobsbawm, La era del capitalismo, Labor/Punto Omega, Barcelona, 1977, cap. 6: y La era del Imperio (1875-1914), Labor, Barcelona, 1990, cap. 4. Alexis de Tocqueville 65 tes que, separadamente y en múltiples direcciones, impulsan el movimiento cultural con escasa conciencia y control de la orientación promovida. En tales paisajes impresionistas puede apreciarse cómo el uso de metáforas y metonimias facilitan la transmisión de ciertas objetivaciones de conceptos abstractos. Figuraciones que, no obstante, poseen un escaso aval empírico y surgen más bien de una intuición sociológica dependiente de los prejuicios antiplebeyos de Tocqueville lO • "Los Estados Unidos no tienen capital: tanto el saber como el poder se encuentran diseminados por todas las partes de esta vasta comarca; las flechas de la inteligencia humana, en lugar de partir de un centro común, se cruzan en todos los sentidos; los americanos no han fijado en ningún sitio la dirección general del pensamiento ... " (DA, r, B, 3, pág. 189) "[En la sociedad igualitaria] A los hombres no les unen ya más que los intereses, no las ideas; diríase que las opiniones humanas no son sino una especie de polvo inmaterial que se agita por todas partes sin poder concentrarse ni fijarse." (DA, n, A, 1, pág. 13) "[En la democracia] Las clases están mezcladas y confundidas; los conocimientos, lo mismo que el poder, se hallan divididos hasta el infinito, y si se me permite la expresión, diré que desparramados por todas partes." (DA, n, A, 13, pág. 54) La imagen de la dispersión de los agentes complementa la obsesión por el número; las crecientes cantidades de artífices culturales que Tocqueville imagina ver lo conducen a evaluar una pérdida de las calidades que las formas de la cultura poseían en su contexto aristocrático. Repasemos algunas de las consideraciones que conforman esta área tópica. En la sociedad democrática "el círculo de lectores se extiende sin cesar" y por consiguiente se pierde el "espíritu" de lectura propio de la sociedad aristocrática. De igual modo, "el número de los que cultivan las ciencias, las letras y las artes se hace inmenso; en definitiva, las obras son innumerables pero imperfectas" 11. 10. Acerca de la "imaginación sociológica" de Tocqueville véanse los trabajos de Robert Nisbet: La formación del pensamiento sociológico, 2T. Amorrortu, 1969 [Nueva York, 1966] y La sociología como forma de arte, Espasa-Calpe, Madrid, 1979 [Oxford, 1976]. 11. DA, n, A, 9, pág. 38. 66 Araucaria Nro. 6 En el teatro, la afición literaria más propia de los hombres democráticos, el aumento de los artífices es especialmente considerable y por lo tanto el efecto general de la democratización se observa como en ningún otro ámbito. Con la democracia se asiste a una disolución del canon de reglas estéticas que en los tiempos aristocráticos se conservaban en su pureza. Al aumentar el número de actores, espectadores y espectáculos, y habiendo tantos jueces "que emiten sus fallos por separado", se hacen "inciertas las reglas y los convencionalismos" ya que en su lugar predomina "el capricho de cada autor y de cada público" 12. De igual modo, el lenguaje sufre transformaciones que involucran a una multiplicidad de agentes. Tocqueville sostiene que en la sociedad aristocrática la evolución del idioma dependía de artistas sobresalientes como Milton, quien "por sí solo, introdujo en la lengua inglesa más de seiscientas palabras". Contrariamente, en la sociedad democrática, la alteración de la lengua estaría sujeta a un proceso social que, al derivar de la interacción de tantos agentes de cambio, no haría más que generar distorsiones. Como es "la mayoría la que dicta la ley en materia de lenguaje", la proliferación de nuevos términos culmina en una pérdida del sentido unívoco que las palabras poseían en el seno de la sociedad aristocrática. Volviendo a la principal consecuencia de la multiplicación de los discursos y publicaciones, citamos: "Apenas se pone el pie en el suelo americano se encuentra uno en medio de una especie de tumulto; un confuso clamor se alza por todas partes; mil voces llegan simultáneamente al oído ... " (DA, r, B, 6, pág. 245) "En Estados Unidos, cuando se entra a una tienda de un librero y se observan los libros americanos que hay en sus estantes, el número de las obras parece muy grande, y el de los autores conocidos, por el contrario, muy pequeño." (DA, II, A, 13, pág. 51) A medida que avanzamos en el significado suspendido que intentamos reunir, surgen algunos referentes sobre los que pesan funciones metonímicas: la "librería" como sinécdoque, remite entonces a la esfera comunicacional democrática que el autor objetiva. 12. DA, I1, A, 19, pág. 73. Alexis de Tocqueville 67 La declinación del discurso revolucionario Inmerso en un medio intelectual proclive, ya desde la Restauración, a ver en la literatura y su función política la principal causa de la Revolución, Tocqueville imaginó una sociedad en donde la relación entre programas intelectuales y grandes acontecimientos sería poco probable. Los pensadores sobresalientes como Lutero o Rousseau (a quien en el Antiguo Régimen Tocqueville llamó "el único preceptor de la Revolución en sus años jóvenes") no prosperarían en el nuevo contexto 13 . Libros transformadores como el Contrato Social perderían su carácter destacado frente a la proliferación de obras menores como los panfletos americanos que "circulan con increíble rapidez y no tienen más que una efímera vida de veinticuatro horas" 14. En Tocqueville, el liderazgo de los hombres de letras durante la Revolución sólo había sido posible en una sociedad transicional; en ella perduraban, aunque disfuncionados, lazos sociales de tipo aristocrático. El carácter destacado de los escritores implicaba un mecanismo de autoridad acumulada en individuos que sobresalían del resto. Pero, de nuevo, el futuro sería diferente. Paralelamente a los procesos de igualación de las fortunas y de las inteligencias, con la dispersión del saber y la transferencia de la autoridad intelectual a la mayoría, la influencia de los visionarios sobre los hombres comunes se desdibujaría paulatinamente. "Me parece difícil que en el seno de una sociedad democrática un hombre pueda concebir un sistema entero de ideas extrañas a las de sus contemporáneos; y si tal innovador se presentase, creo que al principio le sería difícil hacerse escuchar y más aún hacerse seguir. [ ... ] A medida que los hombres se nivelan, el principio de la igualdad de las inteligencias condiciona poco a poco en sus opiniones y se hace difícil, para un visionario cualquiera, conquistar y ejercer un gran poderío sobre el ánimo de un pueblo. En tales sociedades, las revoluciones intelectuales súbitas son entonces raras, ya que si echamos una mirada a la historia del mundo, veremos que lo que ha producido las grandes y rápidas mutaciones de las opiniones humanas, es mucho menos la fuerza de un razonamiento que la autoridad de un hombre." (DA, II, e, 21, pág. 220) 13. ARR, I1, A, 5, pág. 55. 14. DA, I1, A, 13, pág. 51. 68 Araucaria Nro. 6 La relación que Tocqueville establece entre la dirigencia revolucionaria y los lazos de obediencia en la sociedad aristocrática, se repite en otras oportunidades. En la primera Democracia había afirmado: "casi todos los movimientos democráticos que han agitado al mundo han sido dirigidos por nobles" 15. En la segunda Democracia, la referencia a Lutero constituye el ejemplo concreto de una figura tutelar del movimiento revolucionario basada en el poder aristocrático; en un siglo igualitario carente del apoyo de los poderosos príncipes alemanes, Lutero no habría podido conmover a Europa16 • La declinación del discurso revolucionario es en Tocqueville un fenómeno ligado a la ruptura del lazo aristocrático que sobreviene con la "igualdad de condiciones" y el avance del individualismo. Así como en Estados Unidos los funcionarios se confunden en la multitud debido a lo común de su apariencia, y los escritores pierden relieve en la interacción "democrática" con el público, los profetas de la revolución habrán de diluirse17 • Con la igualación multifacética que imagina Tocqueville, no sólo los aristócratas verían declinar sus funciones. El mismo destino aguardaba a todo particular a cargo de tareas homologadas, por el autor, a las "funciones aristocráticas". Personajes emblemáticos disímiles como Lutero, Milton o un agitador de asamblea ateniense, serían víctimas del mismo destino. En la democracia, todo tipo de plan concertado bajo una sola dirección sería de difícil realización; de la misma manera en que la autoridad de un hombre no concertaría planes revolucionarios, la política exterior no podría ser manejada con la planificación de que era capaz la dirección aristocrática. Los excesos del orden y el estancamiento de la cultura Junto a las causas aludidas -multiplicación y devaluación de los agentes culturales, moderación y uniformidad espiritual a partir del dominio intelectual de la mayoríaexisten otros factores que apuntarían a la agonía del discurso revolucionario. Entre ellos, Tocqueville destaca el temperamento conservador de las clases medias cada vez más numerosas. La "igualdad de condiciones" favorecería la proliferación de los pequeños propietarios, excesivamente celosos de sus bienes. Tocqueville los imagina apegados al bienestar, absorbidos por sus empresas domésticas e indiferentes a las propuestas arriesgadas de los agitadores. El fin de las revoluciones dependía, entonces, de una serie de tendencias 15. DA, 1, B, 8, pág. 265. 16. DA, Il, e, 21, pág. 221. 17. DA, 1, B, 5, pág. 207. Alexis de Tocqueville 75 Con todo, existen indicios extratextuales que permiten ver la trama de sus vacilaciones. Acertadas o no, las anticipaciones de Tocqueville acerca de la masificación cultural fueron favorecidas por una sensibilidad prejuiciosa que le permitió objetivar "tendencias" incipientes. Más aún, su atención para detectarlas provenía en gran medida de su condición aristocrática; ella favorecía la intuición para captar y formular interrogantes sobre los procesos de masificación que prepararían el fin de las revoluciones. Las siguientes líneas halladas en los archivos familiares confirman la fuerza de sus sentimientos antiplebeyos, menos explícitos en el observador ideal que Tocqueville cree ser cuando se construye a sí mismo como "personaje-autor-narrador" en sus escritos públicos. "Mi instinto, mis opiniones: La experiencia me ha demostrado que casi todos los hombres, y, desde luego, la cosa se aplica a mí , vuelven siempre más o menos a sus instintos fundamentales, y que sólo hacen bien lo que es conforme a estos instintos. Tratemos, pues, de averiguar sinceramente dónde se encuentran mis i nstintos fundamentales y mis principios más serios. Yo tengo por las instituciones democráticas una inclinación intelectual, pero soy aristócrata por instinto, es decir que menosprecio y temo a la muchedumbre. Quiero con pasión la libertad, la legalidad, el respeto de los derechos, pero no la democracia. Este es el fondo del alma. Odio la demagogia, la acción desordenada de las masas, su intervención violenta y poco ilustrada en los asuntos, las pasiones envidiosas de las clases bajas, las tendencias irreligiosas. Este es el fondo del alma. "38 En tanto remiten a un aristócrata de la Francia posrevolucionaria y concuerdan con lo que hemos visto, estas declaraciones permiten inferir un doble destino de confrontación política. Por un lado las "clases peligrosas", herederas del jacobinismo, cuya irrupción revolucionaria en junio de 1848 hizo que Tocqueville votara a favor de los fusilamientos masivos. Por el otro, los sectores medios que procuraban avanzar sobre los restos del poder aristocrático. Complementariamente o no, conforme a las cambiantes circunstancias, estos dos frentes estimularon su pensamiento acerca del futuro probable de la opinión pública. 37. Al respecto puede consultarse de André Ughetto, "Tocqueville, un styliste du paradoxe", en Analyses & réflexions sur ... Tocqueville, De la Démocratie en Amérique, Ellypses, París, 1985, pp. 108-112. 38. Citado por J.P. Mayer, en op . cit., pp . 35-36. 76 Araucaria Nro. 6 Como instancia de comunicación hegemonizada por los sectores medios, ella conduciría tanto a la declinación del discurso revolucionario como a la de los aristócratas. Allí radicaba el conflicto; Tocqueville quería evitar las revoluciones, pero también la solución que las clases medias tenían para esas revoluciones con prescindencia de la aristocracia. Los dilemas de Tocqueville -algunos de los cuales, según Lamberti, ya habían sido expresados por su pariente Chateaubriand39-guardan correspondencia con los de su clase. En analogía con la noblesse de robe del siglo XVII que interpreta Lucien Goldmann, se podría pensar en una posición singular en la estructura de clases que genera pensamientos esencialmente paradójicos (como los que había producido el jansenismo de Racine y de Pascal en representación de una "estructura significativa" conformada por nobles débiles y marginados40 ). La duplicidad de miras que la situación social-histórica ofrece a Tocqueville resulta un lugar favorable a su compleja visión de la opinión pública. En contradicción con "el fondo del alma", Tocqueville describe su atalaya en la carta a Henry Reeve del 22 de marzo de 1837: "Me atribuyen, alternativamente, prejuicios aristocráticos y democráticos. Si hubiera nacido en otro período, o en otro país, habría podido tener los unos o los otros. Pero mi nacimiento, como sucedió, me facilitó guardarme de los dos. Entré al mundo al final de una gran revolución, que después de destruir las antiguas instituciones, no ha creado ninguna que pueda durar. Cuando vine a la vida, la aristocracia estaba muerta, y la democracia aún no nacía. Mi instinto, por lo tanto, no podía conducirme ciegamente ni a la una ni a la otra. [ ... ] Equilibrado entre el pasado y el futuro, sin instintiva atracción natural por ninguno, podía, sin esfuerzo mirar serenamente cada uno de los lados del problema. "41 39. J.e. Lamberti, op .cit., pág. 74 Y pág. 77. 40. Lucien Goldmann, El hombre y lo absoluto, Península, Barcelona, 1985 [Le dieu caché, Gallimard, París, 1955], cap. 5: "Concepciones del mundo y clases sociales", pp. 111131. Del mismo autor Investigaciones dialécticas, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1962 [Recherches dialectiques, 1958], "El concepto de estructura significativa en historia de la cultura", pp. 105-115. 41. Correspondencia a Henry Reeve del 22 de marzo de 1837 citada por Reinhard Bendix en La razón fortificada, Ensayos sobre el Conocimiento Social, FCE, México, 1975 [Embattled Reason (Essays on Social Knowledge) , Oxford University Press, 1970].