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Del retablo a la máquina real. Orígenes del teatro de títeteres en España

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Del retablo a la máquina real. Orígenes del teatro de títeteres en España

Author: Cornejo-Vega, Francisco J.
Publisher: UNIMA
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/d977acbd-5c01-4d2f-b199-6f58cb496572/download
FANTOCHE
AÑO 2015 - NÚMERO 9
Ma ione as de Juani o y las habichuelas mágicas.
Sob e 1950. Fo o H. V. Toze
5 LA ÚLTIMA LECCIÓN DEL SR. TOZER
DICTADA A TEO ESCARPA
Adol o Ayuso
36 DEL RETABLO A LA MÁQUINA REAL
F ancisco Co nejo
77 MUSEO GALEGO DA MARIONETA
Magdalena de Rojas
37
DEL RETABLO
A LA MÁQUINA
REAL
Se supone que ue du an e la Edad Media cuando apa ecie on las p ime as
mani es aciones del ea o de í e es en la península ibé ica. Pe o ¿cuándo y
dónde? ¿En los salones co esanos, en el in e io de los emplos o en las pla-
zas? ¿Acaso en los es si ios a la ez?
¿En los einos c is ianos del No e o en Al Andalus me idional? Muy poco se
sabe de es e pe iodo an amplio como desconocido en lo que a los í e es
espec a. En ealidad, no se puede documen a un au én ico ea o de í e es
has a el siglo XVI, cuando empiezan a apa ece algunas mani es aciones es-
c i as sob e los ‘ e ablos’ de ‘ í e es’ y sob e las pe sonas que hacían de ellos su
modo de ida.
ORÍGENES DEL TEATRO
DE TÍTERES EN ESPAÑA
F ancisco J. Co nejo
Ti i i e o y p o eso
[email p o ec ed]
QUÉ DICEN LOS DOCUMENTOS
Y LOS ESCRITORES
Vaya po delan e el hecho de que, al no habe se conse ado ningún
es o a queológico, ni siquie a iconog á ico, co espondien e a los
p ime os siglos de la his o ia del ea o de í e es español (los más
an iguos pa ecen se del siglo XIX), odo lo que se sabe al espec o
es á basado en las uen es esc i as documen ales o li e a ias. No ha
de ex aña , en consecuencia, que al a a algunas cues iones que
ienen que e con los aspec os ma e iales y écnicos de es a his o-
ia, los dis in os au o es que se han a en u ado a a ea an compleja
expongan –expongamos– hipó esis, o elucub aciones más o me-
nos undadas, a iesgo siemp e de dis o siona la ealidad his ó ica.
Las p ime as no icias sob e í e es en la
España c is iana es án inculadas a los
jugla es. Se sabe que un g upo de ellos
i ían en Sahagún en el año 1116 y que
en 1136 los hubo ambién en la co e
de León1. Pe o jugla es había de mu-
chas clases, desde los músicos y poe as
co esanos – o ado es–; ac óba as y
jugado es de manos –jacula o es–; has-
a bu ones y ep esen an es ambulan-
es que ac uaban con monos, cab as,
pe os o í e es (en onces denomina-
dos ba as els). Es e úl imo g upo, el
más bajo de odos, e a el de los llama-
dos cazu os. Así quedan de inidos en
una decla ación de Al onso X de Cas illa
echada en 1275, que conside aba que
es os no me ece ían el nomb e de ju-
gla es2.
Muy poco se sabe ace ca de cómo e an y qué es lo que hacían es-
os cazu os con sus ba as els. Ramón Llull se e ie e a es os úl imos
1 La uen e p incipal pa a el conocimien o de la his o ia lejana de nues os í e es sigue siendo,
John E. Va ey, His o ia de los í e es en España (desde sus o ígenes has a mediados del siglo XVIII), Ma-
d id, Re is a de Occiden e, 1957, pp. 9-24.
2 Manuel Milá y Fon anals, Ob as comple as del Doc o D. ..., II, Ba celona, Lib e ía de Ál a o Ve da-
gue , 1889, pp. 231-232 y 242-243.
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como de made a pin ada ( us e pin u a); o os esc i o es con empo-
áneos desc iben es a di e sión con co inas as las cuales el jugla
mo ía unos caballos de made a u ilizando cue das (quia iucula o es
aciun i e caballos pe cho dam e similia); posiblemen e algo pa eci-
do a lo que mos aba una de las minia u as del códice Ho us Delicia-
um (h. 1165), de He ad on Landsbe g: dos mozos, si uados en lados
opues os de una mesa que, a a és de cue das, manejan dos igu as
de caballe os a mados peleando con espadas. Va ey piensa que su
uncionamien o debió de se semejan e al de esos ‘ í e es danzan es’
que se mue en al i mo de la música que in e p e a el i i i e o, que
con unas cue das suje as en e su pie na y o o sopo e hacen baila
a dos muñecos a a esados po las mismas. Aunque, an o las igu as
del Ho us Delicia um como la mayo ía de los es imonios que hablan
de ba as els has a el siglo XVI, es án elacionadas con emas bélicos:
luchas, o neos o asal os a o alezas3. He aquí un posible o igen del
uso de la palab a ‘cas illo’ o ‘cas illejo’ como denominación del ea illo
de los í e es.
Si de los ba as els y sus cas illos apenas queda más as o que unos
pocos y dispe sos es imonios esc i os, con los ‘ e ablos’ mecánicos de
emá ica eligiosa a los que aluden algunos au o es de los siglos XVI y
XVII iene a sucede lo mismo. Es os e an una especie de e abli os de
al a embu idos en un g an cajón; donde a a és de sencillos mecanis-
mos se mo ían y desplazaban unas igu illas, ep esen ando en cada
uno de sus cuad os las dis in as escenas de la Pasión o de la ida de
algún san o4:
¿Y qué cosa puede se más sub il que n e ablo que ayan nos es an-
ge os el año pasado, en el qual, siendo odas las ymágines de made a,
se ep esen auan po a i icio de un elox ma auillosámen e, po que en
na pa e del e ablo íamos ep esen a el nacimien o de Ch is o, en
o a auc os de la Passion, an al na u al, que pa escía e lo que passó?
La palab a ‘ e ablo’, que o iginalmen e designaba un al a ilus ado de
pin u as o escul u as, pasó, po ex ensión, a se empleada pa a aludi a
es os a ilugios mecánico- eligiosos y, poco después, a cualquie ipo
de ea illos de í e es; Co a ubias, en su Teso o de la lengua... (1611),
lo de ine así:
RETABLO, comúnmen e se oma po la abla en que es á pin ada algu-
na his o ia de deuoción, y po es a en la abla y made a, se dixo e a-
3 Va ey, op. ci ., pp. 16-24.
4 C is óbal de Vilallón, Ingeniosa compa ación en e lo an iguo y lo p esen e [1539], Mad id, Sociedad
de Biblió ilos Españoles, 1898, pp. 174-75.
blo. Algunos es ange os suelen ae una caxa de í e es, que ep esen-
a alguna his o ia sag ada; y de allí les die on el nomb e de e ablos... 5
También, me a ó icamen e, se aplicó el é mino al p opio con eni-
do his o iado en los al a es, como ya hizo Juan de Padilla, monje
ca ujo se illano, en su lib o Re ablo de la ida de Ch is o (Se illa:
Jacobo C ombe ge , 1505) o ha ía igualmen e, ya en pleno siglo XX,
Ramón Mª del Valle-Inclán con su Re ablo de la a a icia, la luju ia y
la mue e6. Po e ablo se en endía en el siglo XVI, no solo la es uc-
u a ísica sob e la que ac uaban los í e es, sino, incluso, el p opio
espec áculo. Así se ecoge en la documen ación sob e las ep esen-
aciones que en 1578 y en Valladolid hizo Alonso de Capilla, au o y
ecino de Toledo. Capilla había con a ado al ol eado And és Ba -
bo, i aliano, pa a “ ol ea y hace las ue zas de Hé cules”; mien as
que él enía que “hace un e ablo” con su gen e7.
A la ez que la palab a e ablo quedaba asociada p incipalmen e al
cas illo de los í e es animados di ec amen e po el i i i e o, su gía
una nue a amilia de é minos pa a designa a o o ipo de ea i o
mecánico: el ‘mundo nue o’ o mundinue o, mundino i, o ilimondi,
u ilimundi, o i i imundi, que de odas es as o mas se conoció a lo
la go de los siglos al cajón o a ca que con igu illas, p ime o, y con
elemen os de óp ica e imágenes, después, p esen aba, no ya his-
o ias eligiosas –como en los p ime os e ablos mecánicos–, sino
is as, bailes o his o ias de di e en es luga es8. Así lo de inía el Dic-
ciona io de Au o idades ( . IV, 1734):
MUNDINOVI o MUNDINUEVO. Cie a a ca en o ma de escapa a e, que
ahen acues as los Saboya dos, la qual se ab e en es pa es, y den-
o se én a ias igu illas de made a mo ibles, y me iendo po de ás
una lla e en un aguje o, p ende en un hie o, que dándole uel as con
ella, hace que las igu illas anden al ededo , mien as el can a una can-
cioncilla. O os hai que se én po un id o g aduado, que aumen a los
obje os y án passando a ias pe spec í as de Palacios, ja dínes y o as
cosas.
5 Sebas ián de Co a ubias Ho ozco, Teso o de la lengua cas ellana o española, En Mad id: po Luis
Sanchez, 1611.
6 Sob e los usos de es a palab a éase: Al edo Ca ballo Picazo, “Pa a la his o ia de ‘ e ablo’”, Re is a
de ilología española, 34 (1950), pp. 268-278.
7 Anas asio Rojo Vega, Fies as y comedias en Valladolid. Siglos XVI y XVII, Valladolid, Ayun amien o
de Valladolid, 1999, p. 291.
8 Va ey a a ampliamen e sob e es e ipo de di e sión (op. ci ., pp. 85-90); éanse ambién A. Pages
La aya, “Bailes y mojigangas sob e el Mundo Nue o en el ea o español del siglo XVII”, Cuade nos
Hispanoame icanos, 326-327 (1977), pp. 246-263, y Ca alina Buezo, “El A ca del Nue o Mundo: un
a i icio escénico del ea o b e e ba oco”, en P ác icas es i as en el ea o b e e del siglo XVII, Kassel,
Reichenbe ge , 2004, pp. 197-207.
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Cómo e an ísicamen e los e ablos de í e es, y cuáles sus con enidos y
p o agonis as, son cues iones a las que es di ícil esponde con exac i-
ud. És a es la in o mación que o ece Co a ubias al espec o:
TÍTERES, cie as igu illas que suelen ae los es ange os en nos
e ablos, que mos ando an solamen e el cue po dellos, los gobie -
nan como si ellos mismos se mouiessen, y los maes os que es án
den o de ás de n epos e o, y del cas illo que ienen de made a
es án siluando con unos pi os, que pa ece habla las mesmas igu as,
y el in é p e e que es á acá ue a decla a lo que quie e deci ...
A es o se pueden añadi , an solo, algunos es imonios li e a ios, y po
lo an o indi ec os, además de a díos, que ienen a alumb a el asun-
o. El licenciado F ancisco de Úbeda, en su Lib o de en e enimien o de
la píca a Jus ina... (1605), hablando de uno de los bisabuelos de la p o-
agonis a, dice que “ u o í e es en Se illa, los más bien es idos y aco-
modados de e ablo que jamás en a on en aquel pueblo”, y que es os
hablaban “po ce ba ana” (los ‘pi os’ de que hablaba Co a ubias). Dice
que e a un maes o en “hace la a enga i e e a” con la que seducía a
las muje es; las mismas “que después de habe le comido los dine os,
es idos, mulos, í e es y e ablo, le comie on la salud y ida y lo de-
ja on hecho í e e en un hospi al”, donde mu ió po que, en su locu a,
“un día se le an ojó que e a o o de í e es y que las había con una c uz
de pied a que había en el zaguán del hospi al”, a la que embis ió con
a ales consecuencias9.
Fue Miguel de Ce an es el esc i o que más y mejo conoció y e lejó
en sus esc i os el mundo i i i e o de p incipios del siglo XVII; ambién
el que con ibuyó en mayo medida a consolida alguno de los ópicos
asociados a es a p o esión, como se e á más adelan e. Dos de sus
No elas ejempla es (1613) incluyen ex os de in e és; el p o agonis a
de El licenciado Vid ie a apo a su nega i a cali icación:
De los i e e os decía mil males: decía que e a gen e agamunda y
que a aba con indecencia las cosas di inas: po que con las igu-
as que mos aban en sus e a os ol ían la de oción en isa, y que
les acon ecía en asa en un cos al odas o las más igu as del Tes-
amen o Viejo y Nue o y sen a se sob e él a come y bebe en los
bodegones y abe nas; en esolución, decía que se ma a illaba de
cómo quien podía no les ponía pe pe uo silencio a sus e ablos, y los
des e aba del eino.
9 F ancisco de Úbeda, La píca a Jus ina, 2 ols., Mad id, Edi o a Nacional, 1977, Lib o p ime o, Ca-
pí ulo segundo
Mien as que en su Coloquio de los pe os se o ece un in e esan e
da o cuan i a i o: “ay an os i e e os en España, an os que mues-
an e ablos...”. Mucha más enjundia que es os b e es pá a os iene
el con enido de uno de los en emeses que publicó en 1615, donde el
p o agonis a es p ecisamen e un e ablo: El e ablo de las ma a illas.
En él una pa eja de ‘ i e e os’ –como los llamó siemp e Ce an es–,
Chan alla (él) y Chi inos (ella), con Rabelín, el músico que habían con-
a ado “pa a oca en los espacios que a da en en sali las igu as del
Re ablo de las Ma a illas”, p e enden ac ua en el luga al que acaban
de llega con enciendo al alcalde y al gobe nado del mismo de que
e an una compañía impo an e y que el espec áculo que p esen an
es ma a illoso. Dice Chan alla, dándose pis o:
Hanme en iado a llama de la Co e los seño es co ades de los hos-
pi ales, po que no hay au o de comedias en ella, y pe ecen los hos-
pi ales, y con mi ida se emedia á odo.
Y explica, más adelan e:
Po las ma a illosas cosas que en él se enseñan y mues an, iene a
se llamado Re ablo de las ma a illas; el cual ab icó y compuso el
sabio Ton onelo debajo de ales pa alelos, umbos, as os y es ellas,
con ales pun os, ca ac e es y obse aciones, que ninguno puede
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e las cosas que en él se mues an, que enga alguna aza de con e-
so, o no sea habido y p oc eado de sus pad es de legí imo ma imo-
nio; y el que ue e con agiado des as dos an usadas en e medades,
despídase de e las cosas, jamás is as ni oídas, de mi e ablo.
Aludiendo pa ódicamen e a Juanelo Tu iano, el ab ican e de a-
mosos au óma as, que abajó al se icio del empe ado Ca los V, al
habla del esponsable de la cualidad ma a illosa del e ablo: sus i-
gu as son in isibles pa a los descendien es de con e sos o pa a los
hijos ilegí imos. Llegados a un acue do y p e io pago de una buena
can idad a cuen a, la unción puede da comienzo. Chan alla, jun o
al e ablo, explica su disposición: “Sién ense odos. El e ablo ha de
es a de ás des e epos e o, y la au o a ambién, y aquí el músico”. Y
empieza con su ‘a enga’:
¡A ención, seño es, que comienzo!
¡Oh ú, quienquie a que uis e, que ab icas e es e e ablo con an
ma a illoso a i icio, que alcanzó enomb e de las Ma a illas po la
i ud que en él se encie a, e conju o, ap emio y mando que luego
incon inen e mues es a es os seño es algunas de las us ma a illo-
sas ma a illas, pa a que se egocijen y omen place sin escándalo
alguno! Ea, que ya eo que has o o gado mi pe ición, pues po aque-
lla pa e asoma la igu a del alen ísimo Sansón, ab azado con las
colunas del emplo, pa a de iballe po el suelo y oma enganza de
sus enemigos. ¡Ten e, ale oso caballe o; en e, po la g acia de Dios
Pad e! ¡No hagas al desaguisado, po que no cojas debajo y hagas
o illa an a y an noble gen e como aquí se ha jun ado!
P osiguen los cuad os del e ablo ‘mos ando’, a quienes lo puedan
e , o as muchas igu as: un o o, leones ampan es y osos colmene-
os que hacen “las ue zas de Hé cules” o el baile de He odías. En es o,
i umpe un Fu ie anunciando la llegada de opas a las que la pobla-
ción debe aloja . Y en medio de una g an con usión, la ep esen ación
e mina: “la Chi inos descuelga la man a” –la misma que poco an es
Chan alla había llamado pomposamen e ‘ epos e o’– y los i i i e os
se egocijan diciendo:
El suceso ha sido ex ao dina io; la i ud del e ablo se queda en su
pun o, y mañana lo podemos mos a al pueblo; y noso os mismos
podemos can a el iun o des a ba alla, diciendo: ¡ i an Chi inos y
Chan alla!
La elación en e í e es y ‘ma a illas’ no la in en ó Ce an es en su
en emés: lo demues a la siguien e no icia acaecida en la ciudad de
Lima y conse ada en el A chi o Nacional de Pe ú (ANP, F ancisco
Rami o Bo e, 1597-1600, . 2080):
Apa ece en un documen o susc i o el 15 de julio de 1597, po el cual
se cons i uyó una compañía en e los o o gan es, que cie o médi-
co llamado Doc o Julio y Jusepe He nández, de común acue do y
con o midad habían a mado una ynbinción que se llama cas illo de
ma auillas, en la cual habían gas ado mucho dine o, y eniéndola
concluida pa a pode ap o echa se de ella, se ap es aban pa a mos-
a la al público a quien pagase po e la.10
El Doc o Julio y Jusepe He nández, como en la icción ce an ina
Chi inos y Chan alla, ap o echando la magia de los í e es y la c e-
dulidad del público, se disponían a inicia su p opia a en u a con
es e ‘cas illo de ma a illas’: la conquis a de un nue o e i o io, con
las a mas i i i e as o jadas en la ieja Eu opa. Po o a pa e, no
se ía in e osímil que, como se ha a en u ado, el o igen de es os es-
pec áculos se base en una adición hispano-musulmana de ep e-
sen ación de ‘ma a illas’11.
Toda ía más ama y ascendencia ha gozado el episodio conocido
como ‘El e ablo de Maese Ped o’, que Ce an es incluyó en la se-
gunda pa e de su Don Quijo e de la Mancha, capí ulos XXV y XXVI.
En él se mues an muchos de alles del uncionamien o de las pe-
queñas compañías ambulan es que se buscaban la ida ep esen-
ando con los í e es –a los que, po cie o, el esc i o nunca llamó
po ese nomb e: siemp e los denominó ‘ igu as’. El Maese Ped o
que p o agoniza es e episodio (capí ulo XXVII), esul a á se Ginés
de Pasamon e, uno de los galeo es libe ados po Don Quijo e en
el capí ulo XXII de la p ime a pa e de la no ela. T ans o mado en
‘ i e e o’, cubie o el os o po un g an pa che, mudado su nomb e
y an eponiéndole el p es igioso í ulo de ‘maese’ –‘maes o’, el más
al o ango del sis ema g emial impe an e–, el an iguo delincuen e
se p esen a con su ca e a y su ‘compañía’ en la en a donde se alo-
ja el amoso caballe o manchego. Su compañía se compone de un
mono adi ino y de un muchacho que le ayuda en la ep esen ación
del e ablo. La p esencia del animal o maba pa e de la adición
asociada a los espec áculos popula es ambulan es de i i i e os y
ola ines desde los lejanos iempos de los ba as els12. Después de
a ma el e ablo en el luga que le señala el en e o, la unción pue-
de comenza . El Maese con oca a su público y:
10 Guille mo Lohmann Villena, El a e d amá ico en Lima du an e el Vi eina o, Se illa: Escuela de
Es udios Hispanoame icanos, 1945, p. 72.
11 Fede ico Co ien e, “Del ‘ ea o de somb as’ islámico a los í e es, pasando po los ‘ e ablos de
ma a illas’”, Re is a de Filología Española, XCIV, 1º, ene o-junio, 2014, p. 45.
12 Va ey, op. ci ., pp. 11-12.

45
Obedecié onle don Quijo e y Sancho, y inie on donde ya es aba el
e ablo pues o y descubie o, lleno po odas pa es de candelillas
de ce a encendidas que le hacían is oso y esplandecien e. En lle-
gando, se me ió maese Ped o den o dél, que e a el que había de
maneja las igu as del a i icio, y ue a se puso un muchacho, c iado
del maese Ped o, pa a se i de in é p e e y decla ado de los mis e-
ios del al e ablo: enía una a illa en la mano, con que señalaba las
igu as que salían. Pues os, pues, odos cuan os había en la en a, y al-
gunos en pie, on e o del e ablo, y acomodados don Quijo e, Sancho,
el paje y el p imo en los mejo es luga es, el ujamán comenzó a deci
lo que oi á y e á el que le oye e o ie e el capí ulo siguien e.
Y aquí comienza el muchacho, eje ciendo la unción de ‘ ujamán’ o
in é p e e de la his o ia ep esen ada, su ‘a enga’ explica o ia del “ e-
ablo de la libe ad de Melisend a”, mien as que su maes o da ida
a las igu as, a la ez que in e p e a la banda sono a del espec áculo:
... cuando se oye on sona en el e ablo can idad de a abales y om-
pe as y dispa a se mucha a ille ía, cuyo umo pasó en iempo b e-
e, y luego alzó la oz el muchacho y dijo:
—Es a e dade a his o ia que aquí a uesas me cedes se ep esen a
es sacada al pie de la le a de las co ónicas ancesas y de los oman-
ces españoles que andan en boca de las gen es y de los muchachos
po esas calles. T a a de la libe ad que dio el seño don Gai e os a
su esposa Melisend a, que es aba cau i a en España, en pode de
mo os, en la ciudad de Sansueña, que así se llamaba en onces la
que hoy se llama Za agoza; y ean uesas me cedes allí cómo es á
jugando a las ablas don Gai e os...
El ema “de la libe ad de Melisend a” es un ema caballe esco medie-
al. He ede o, po an o de aquellos juegos de ba as els que anima-
ban los jugla es. En él apa ece una ciudad amu allada, con sus o es
y sus balcones, caballe os a caballo, pe secuciones e, incluso el ama-
go de una pelea a ga o azos:
Y aquel pe sonaje que allí asoma con co ona en la cabeza y cep o
en las manos es el empe ado Ca lomagno, pad e pu a i o de la al
Melisend a, el cual, mohíno de e el ocio y descuido de su ye no,
le sale a eñi ; y ad ie an con la ehemencia y ahínco que le iñe,
que no pa ece sino que le quie e da con el cep o media docena de
cosco ones, y aun hay au o es que dicen que se los dio, y muy bien
dados...
La es uc u a écnica del e ablo y las con enciones usadas en él pe -
mi ían p esen a las di e sas escenas exigidas po el a gumen o (la co -
e de Ca lomagno, la o e del alcáza de Za agoza y el ex e io de las
mu allas de la ciudad) a la ez que la en ada y salida de los di e sos
pe sonajes, ya ue a a pie o a caballo. La capacidad de seducción del
espec áculo hizo mella en la as o nada men e de Don Quijo e que,
Ba as els
espada en mano, salió en de ensa de los p o agonis as, Gai e os y Meli-
send a, en e a la “ i e e a mo isma” que a caballo les pe seguía, dando
“con odo el e ablo en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas o-
das sus ja cias y igu as, el ey Ma silio malhe ido, y el empe ado Ca -
lomagno, pa ida la co ona y la cabeza en dos pa es”. Así con esaba el
caballe o su a eba o: “Real y e dade amen e os digo, seño es que me
oís, que a mí me pa eció odo lo que aquí ha pasado que pasaba al pie
de la le a: que Melisend a e a Melisend a, don Gai e os don Gai e os,
Ma silio Ma silio, y Ca lomagno Ca lomagno”.
¿Cómo e an esas igu as, capaces de engaña a Don Quijo e y de a ae
a an os públicos? ¿De qué ma e iales es aban ab icadas? ¿Y cómo
uncionaban? Las de Maese Ped o es aban hechas de “pas a” (“De én-
gase uesa me ced, seño don Quijo e, y ad ie a que es os que de i-
ba, des oza y ma a no son e dade os mo os, sino unas igu illas de
pas a”); el Concilio sinódico de O ihuela (1600), como se e á más ade-
lan e, habla de í e es de e aco a y, aunque no es é documen ado,
es más que p obable que ambién los siguie a habiendo de made a,
47
como los ba as els. E an de cue po en e o (“mos ando an solamen e
el cue po dellos, los gobie nan como si ellos mismos se mouiessen”,
Co a ubias); “Pues po es a abe u a de a iba abajo —p osiguió
maese Ped o, omando en las manos al pa ido empe ado Ca lomag-
no...”) e, incluso, podían ene pie nas mó iles (“de un b inco [Gai e os
a Melisend a] la pone sob e las ancas de su caballo, a ho cajadas como
homb e...”. En cualquie caso, no pa ece que uesen í e es complejos y
de delicados mecanismos – eco demos que el licenciado Vid ie a de-
cía, exage adamen e, que a los indecen es i e e os “les acon ecía en-
asa en un cos al odas o las más igu as del Tes amen o Viejo y Nue o
y sen a se sob e él a come y bebe en los bodegones y abe nas”. Sin
emba go, sí que poseían un cuidado es ua io, an o los del bisabuelo
de Jus ina (“los más bien es idos y acomodados de e ablo” que hubo
en Se illa) como, al menos, la Melisend a de Maese Ped o (“pues llega
don Gai e os y, sin mi a si se asga á o no el ico aldellín, ase della y
mal su g ado la hace baja al suelo”).
Si los i i i e os mo ían sus muñecos “de ás de n epos e o, y del cas-
illo que ienen de made a” (Co a ubias) o de una “man a” (Re ablo de
las ma a illas), es á cla o que es os se hacían isible po encima del co -
inaje o del cas illo y, en consecuencia, e an manipulados desde abajo.
Hay que desca a , po an o, las écnicas de manipulación supe io
como la a a a la cabeza o los hilos. Has a muchos años después no
hab á no icias iables del uso de í e es de guan e, y las ca ac e ís icas
ipológicas de los í e es desc i os ampoco pa ecen adecua se a es e
géne o, que iun a á a pa i del siglo XVIII. Va ey esc ibió, sin emba -
go, que “casi odas las desc ipciones de es os i i i e os ambulan es [de
Co a ubias, Suá ez de Figue oa y Ce an es] se e ie en a ep esen-
aciones dadas po í e es de mano”, po que in e p e a a Co a ubias
cuando dice “mos ando an solamen e el cue po dellos” como si solo
se hiciese isible la pa e supe io del muñeco, y no sus pie nas, en lu-
ga de deduci , como se debie a, que el i i i e o mues a ‘ odo el cue -
po’ del í e e, pe o no el suyo p opio, comple amen e ocul o “de ás de
un epos e o y del cas illo”13. Igualmen e, deduce de es e ex o de 1615:
No es azón se oluiden o os es ange os manejado es de í e es, mi-
nis os de pa icula en e enimien o, a quien hazen dezi y haze lo
que quie en, me iéndolos en campaña, donde peleando se encen
unos a o os14
13 Va ey, op. ci ., pp. 94-96.
14 C is óbal Suá ez de Figue oa, Plaza uni e sal de odas ciencias y a es, Pe piñan : po Luys Rou e,
1629, . 339 .
que “Suá ez de Figue oa nos in o ma que los an oches del siglo
XVII emplea on la cachipo a usual”; pe o una cosa es que los í e es
peleen, como se io que ya hacían habi ualmen e los ba as els, y
o a di e en e a i ma a pa i de ello la exis encia y uso, en aquella
época, de la ac ual cachipo a y, en consecuencia, de los con empo-
áneos í e es de guan e. Finalmen e, Va ey conside a que si, como
dice el Licenciado Vid ie a, a los ‘ i e e os’ “les acon ezía embasa en
n cos al odas o las más igu as del Tes amen o iejo y nueuo, y
sen a se sob e él”, es po que és os lo e an de í e es de guan e “que,
además de o ma un asien o más cómodo que las ma ione as, qui-
aba al mismo iempo la posibilidad del des ozo de los mandos
ágiles de és as. Ningún ma ione is a, de buena gana o delibe ada-
men e, ha á de sus í e es un cojín”. E ec i amen e, ningún i i i e o
usa ía de asien o a sus muñecos; pe o no lo ha ía en ningún caso,
aunque es os ue an de guan e. Es pelig oso oma al pie de la le a
los ex os ce an inos, siemp e ca gados de segundas in enciones:
aquí al au o lo que le in e esa es sub aya la i e e encia e “inde-
cencia” de es os maes os del en e enimien o, capaces de coloca
sus posade as sob e las imágenes de pe sonajes sag ados, aunque
sea o zando aquello que la lógica de la ida eal hace al amen e
imp obable: que un abajado mal a e aquellas he amien as con
las que se gana la ida. Da la imp esión de que el jo en Va ey, en los
años en que edac ó su His o ia de los í e es en España, desconocía
la g an a iedad de posibilidades écnicas exis en es en el a e de
los í e es; sus e e encias, casi exclusi as, al í e e de guan e y a la
ma ione a de hilos se mues an insu icien es pa a la comp ensión
de la compleja his o ia de los í e es.
Lo más p obable es que es os ex os li e a ios se e ie an a í e es de
peana: cla ados a una ba a e ical in e io , y, és a, a su ez, inse a-
da en una base suscep ible de se mo ida po el i i i e o o dejada,
inmó il pe o con su igu a isible, sob e una abla auxilia del cas illo,
lo que pe mi i ía la p esencia de múl iples pe sonajes en escena y
la posibilidad –esencial pa a la e osimili ud de casi odos los ex os
ci ados– de se sucesi amen e animados po un único in é p e-
e. Es os í e es de peana son especialmen e adecuados pa a las
escenas ecues es o au inas, como las que se apun an en algu-
nos de los ex os aquí analizados. És a es una écnica que segui ía
siendo usada po la máquina eal y ha llegado has a nues os días
en ea os adicionales como el de la Tía No ica, de Cádiz, o los
belenes de Lagua dia (Ála a) y de Ti isi i (Alcoy, Alican e).
49
Los í e es de peana pueden, además, inco po a algunos meca-
nismos sencillos que pe mi en cie os mo imien os de las igu as.
A ello pa ece aludi Rod igo Ca o en un b e e ex o, de hacia 1626:
... los í e es, igu illas que imi an a los homb es y muje es, y pa e-
ce que hablan y hacen odas las acciones que suelen los homb es,
y i ando de un hilillo menean y ue cen la ce iz, mue en los
ojos, acuden con las manos a cualquie minis e io y, inalmen e,
cualquie igu illas de és as pa ece que i e he mosamen e15
Es a clase de mecanismos es de ca ác e in e no y, po lo an o,
in isible pa a el espec ado , y no debe lle a a c ee alsamen e
que el uso de esos ‘hilillos’ es pa ecido al de los hilos de la ma io-
ne a ac ual. Es a sencilla mecánica in e io debía de se en odo
semejan e a la u ilizada en las igu as eligiosas p ocesionales,
capaces de bendeci con la mano o lle a la a su os o, ex ende
sus b azos, asen i o saluda con un mo imien o de cabeza y o as
acciones simples pa ecidas. La exis encia de es e ipo de imáge-
nes animadas es á bien documen ada desde la Edad Media has a
el siglo XVIII16.
No es con enien e con undi las igu as de uncionalidad ea al
que llamamos í e es con los jugue es so is icados conocidos
como au óma as, de maquina ia mucho más compleja; aunque
la de inición de Co a ubias los incluya como una clase pa icula
de es os:
Ay o a mane a de í e es, que con cie as uedas como de elox
i ándole las cue das an haciendo sob e na mesa cie os moui-
mien os, que pa ecen pe sonas animadas, y el maes o los ae
an ajus ados que en llegando al bo de de la mesa, dan la buel a,
caminando al luga de donde salie on. Algunos an añendo el
Laúd, mouiendo la cabeça, y meneando las niñas de los ojos; y
odo es o se haze con las uedas y las cue das. En nues o iempo
lo hemos is o, y ue inuención de Ioanelo, g an Ma emá ico, y
segundo A chimedes...
Una coincidencia cla i icado a que se da en odos los es imonios
is os has a aho a iene que e con la es uc u a uncional de la
ep esen ación. Tan o Co a ubias como Ce an es (en su Re a-
15 Rod igo Ca o, Días geniales y lúdic os, ed. Jean-Pie e E ien e, II, Mad id, Espasa-Calpe, 1978, p. 141
16 Pa a una isión gene al, éase F ancisco J. Co nejo-Vega, “La escul u a animada en el a e espa-
ñol. E olución y unciones”, Labo a o io de A e, nº 9, Se illa, 1996, pp. 239-261; y pa a un es udio
de allado de es os mecanismos, Hilda Calzada Ma ínez, La escul u a a iculada en el Dis i o Fede al:
a e, ingenio y mo imien o, Tesis magis al en His o ia del A e, México D.F., Uni e sidad Nacional
Au ónoma de México, 2011.
blo de las ma a illas, y en el Quijo e) e, incluso, F ancisco de Úbeda,
p esen an un e ablo accionado en e dos pe sonas con labo es
cla amen e di e enciadas: po una pa e, el “in é p e e”, “ ujamán”
o “a engado ”, esponsable de la na ación de la his o ia y de la ges-
ión de la emo i idad y el i mo de la misma, si uado jun o al e a-
blo; po la o a, y ocul o a la is a de los espec ado es, el animado
de los í e es, que aunque no les p es a a su oz podía imi a la con
el sonido del pi o, lengüe a o ce ba ana, y a eces, además, e a el
esponsable del acompañamien o con música y e ec os sono os.
Aunque ambién podía habe una e ce a pe sona pa a hace la mú-
sica, como el Rabelín que ocaba, a la is a del público, en el Re ablo
de las Ma a illas.
Es e epa o de a eas es aba al se icio de un ipo de espec áculo
basado en una o ma d amá ica adicional y sencilla como e a la de
la na ación ilus ada. Un na ado lle a el hilo de la his o ia mien-
as que los í e es ponen en acción aquello que és e cuen a. Y ellos,
con sus mo imien os, su habla pa ódica a a és de la lengüe a, o la
p opia música, no hacen sino ilus a , isual y sono amen e, el ex o
único y p incipal eci ado po aquél. Es a ue la ó mula d amá ica
igen e al menos has a la segunda década del siglo XVII, momen-
o al que pe enecen la mayo pa e de los es imonios li e a ios
ci ados; los cuales, po o o lado, no apo an ningún indicio de la
exis encia de espec áculos de í e es que, imi ando al ea o de ac-
o es pe o sus i uyendo a es os po muñecos, ep esen a an ob as
d amá icas complejas como las comedias. Algo que no se e á do-
cumen ado has a que a p incipios de la década de 1630 apa ezca el
enómeno de la máquina eal.
En cuan o a la emá ica de las ob as ep esen adas, los ex os li e a-
ios nos dicen que las hay de ca ác e épico caballe esco (“la libe -
ad de Melisend a”), eligioso (“ igu as del Tes amen o Viejo y Nue-
o”, “la igu a del alen ísimo Sansón, ab azado con las colunas del
emplo”, el baile de la “doncella He odías”, “el agua del io Jo dán”) y
núme os suel os pa odiando a o o géne o de espec áculos, como
el de los o os o el de los ola ines (leones ampan es y osos colme-
ne os que hacen “las ue zas de Hé cules”). El ema de la caballe ía
e a p opio de los í e es desde la época de los p ime os ba as els;
además, enía g an impo ancia en la cul u a popula an o po la
igencia del omance o como po las múl iples ec eaciones y ee-
diciones que a lo la go de odo el siglo XVI se hicie on de las no elas
de caballe ía medie ales, como bien e leja Ce an es en su Quijo e.
51
La ep esen ación de las his o ias sag adas con í e es debió de
se algo habi ual desde la Edad Media, como lo ue en o as pa -
es de Eu opa, aunque en España no se haya encon ado docu-
men ación que lo ac edi e. El Concilio sinódico de O ihuela, en
el año 1600, p ohibía cualquie ep esen ación que a a a de las
ida de C is o, la Vi gen o los san os, ealizada con esas igu as a -
iculadas de a cilla que ulga men e llaman ‘ í e es’ (imagunculis
ic ilibus, mobili quadam agi a ione composi , quas Ty e es ulga i
se mone apellamus); an o den o como ue a de las iglesias17. Si
el Concilio alegaba que más que in i a a la de oción, es as ep e-
sen aciones e an causan es de bu la y desp ecio hacia los emas
sac os (cùm i isionem po iùs & con emp um, quàm de o ionem
exci en ), el Licenciado Vid ie a, como ya se io, hacía suyos esos
mismos a gumen os con a í e es y i i i e os “que a aba[n] con
indecencia las cosas di inas: po que con las igu as que mos a-
ban en sus e a os [¿ e ablos?] ol ían la de oción en isa” y se
ex añaba “de cómo quien podía no les ponía pe pe uo silencio a
sus e ablos, y los des e aba del eino”. De poco se i ían p ohi-
biciones y quejas; p ecisamen e ue la emá ica eligiosa la más
p ocli e a gene a escenas ca gadas de d ama ismo y isualmen-
e impac an es (b u ales ma i ios, milag os ma a illosos, ascen-
sos a la glo ia celes ial o descensos al pa o oso in ie no, he mo-
sas pecado as a epen idas, pe sonajes adicalmen e mal ados o
absolu amen e bondadosos, o las dos cosas de mane a sucesi a,
e c. e c.). Todo ello eje cía un a ac i o al en e los a icionados al
ea o ( ambién en el de ac o es) que es e géne o, enca nado en
las llamadas ‘comedias de san os’, no solo no pudo se des e ado
sino que ue el más demandado y concu ido po los espec ado-
es hispanos de los siglos XVII y XVIII18.
Finalmen e, ambién se encuen a en los ex os una emá ica a iada
de más o menos pequeños núme os independien es, que casi siemp e
acompaña on (y siguen hoy acompañando) a las ep esen aciones de
í e es. La escena de la co ida de o os que de o ma pa ódica si ió
pa a ce a los espec áculos i i i escos desde el siglo XVII has a el XIX,
pa ece que ya enía éxi o de alguna mane a en e el público de los e-
17 Va ey, op. ci ., p. 99.
18 Véase como la agedia dieciochesca El Sansón, de Joseph Concha (Ba celona: po Ca los Gibe
y Tu ó, s.a.) inaliza como una de las escenas del Re ablo de las ma a illas: “...Ya de mi alien o odos
los impulsos / conmue en de es as basas los cimien os. / Ya el dó ico Edi icio i ubea: / ya pie de
su nibel: ah ie o Pueblo, / aquí mue e Sansón de Dios mandado, / y con él los ing a os Filis eos, /
po amigo de Dios, él siendo jus o, / y po se enemigos de Dios ellos, / si iendo a la memo ia, y
los anales / es e caso asomb oso de esca mien o. / (Desencájanse las columnas, y cayendo odo el
Templo, dexando a odos sepul ados en las uinas).”
ablos, como mínimo, du an e el siglo XVI19. No puede se casualidad
que en e an escasos es imonios se epi a la p esencia del o o en e
los muñecos de los e ablos (en La píca a Jus ina y en el Re ablo de las
ma a illas). Además, ha sido un ecu so habi ual de las compañías i i-
i e as de odas las épocas la imi ación, po pa e de sus muñecos, de
núme os de ac obacia, equilib io o ue za (en onces ealizados po los
llamados ola ines y ol eado es); en e los cuales es aba el llamado
“las ue zas de Hé cules” (que ya se io que p ac icaba en Valladolid,
en 1578, el i aliano And és Ba bo), que ambién ealizan las supues as
igu as de “osos colmene os con espadas desen ainadas” en el Re ablo
de las ma a illas, y que pe maneció igen e, como mínimo, has a el si-
glo XIX20. Qué deci de los núme os de baile, undamen ales en el ea-
o de nues o Siglo de O o, y ep oducidos en los ea illos de í e es
19 En el concie o que F ancisco de los Reyes hizo pa a ac ua du an e la Cua esma en Mad id, en
1657, se obliga a que “con los í e es a de haze ayles y en emeses y su co ida de o os y algunas
comed[i]as que se pidan...” (Cha les Da is y John E. Va ey, Ac i idad ea al en la egión de Mad id se-
gún los p o ocolos de Juan Ga cía de Albe os, 1634-1660. Es udio y documen os, . II, Lond es, Tamesis
Books, Fuen es pa a la His o ia del Tea o en España XXXV-XXXVI, 2003, 425-26).
20 Co a ubias, op. ci ., en la oz bol ea , explica: “O os bol eado es hazen las ue ças de Hé cules,
lleuando no cinco o seis, nos cabeça abaxo, y o os de pies: y auinedo dado buel a con ellos al ea-
o, se le despiden los nos y los o os, dando buel as en el ai e, y boluiendo las a mas con e él, con
espadas y b oqueles, al son de algún ins umen o, o nos con a o os hazen una ba alla ingida...”.
En el Dia io Me can il de Cádiz de 1 (6 y 15) de ene o de 1826 se puede e es e núme o adicional
ealizado jun o a o o mucho más mode no, el globo ae os á ico: “Plaza de ás del juego del balón.
El S . José De S e ani, p o eso p i ilegiado de S. M. El Rey de P usia en la escuela gimnás ica, da á
hoy la unción siguien e. P incipia á con la ma oma i an e. Segui án los sal os mo ales de ba uda.
El di ec o se dis ingui á con los uelos en el ampolín, y las ue zas he cúleas pi amidales. Conclu-
yendo la unción con una g aciosa pan omima, en la que se ele a á un GLOBO ae os á ico. A las 3 ½”.
65
... hemos sido in o mados q pasando cie a p ecession de la o -
den de s o Domingo po na calle q es á ce ca de su conuen o
en na casa pa icula donde po modo de ies a enían n juego
de í e es al iempo q así passauan po allí se apa escie on jun-
as dos igu as, la na con hábi os de s o Domingo y la o a con
hábi o cle ical de man eo y bone e, y que a la del dicho aile q
lleua a alçadas las aldas po de ás, la yua aço ando el clé igo,
y aun ambién han que ido añadi que in e uenía na igu a de
muge a quien e oçaua el aile, de que han esul ado a ias in-
e p e aciones malsonan es y pe judiciales, en especial con a la
dha o den de s oDomingo de lo qual pa esce que la audia eal
ha començado a p ocede y hecho algunas p isiones de es o
qua o pe sonas... 54
En su Coloquio de los pe os, Ce an es inc emen a en can idad y en
calidad el epe o io de los ‘males’ que a ec an a la p o esión:
... es o del gana de come holgando iene muchos a icionados y
golosos. Po es o ay an os i e e os en España, an os que mues-
an e ablos, an os que enden al ile es y coplas, que odo su cau-
dal, aunque le endiessen odo, no llega a pode se sus en a n dia;
y con es o los nos y los o os no salen de los bodegones y abe nas
en odo el año, po do me doy a en ende que de o a pa e que de
la de sus o icios sale la co ien e de sus bo ache as. Toda es a gen e
es agamunda, inu il, y sin p ouecho, esponjas del ino y go gojos
del pan.
Aquí son a ados los i i i e os, jun o a o as ca ego ías de en-
dedo es ambulan es, de holgazanes –como si su ac i idad no
uese e dade o ‘ abajo’–, de inú iles –¿qué p o echo puede
p oduci el di e i a la gen e?–, de bo achos sin emedio y,
lo que es peo , como ganan poco dine o pa a an o ino como
necesi an, de delincuen es que ocul an su e dade a uen e de
ing esos bajo una apa iencia i i i e a. Si a es os dos pá a os ce -
an inos se suma el hecho de que el sagaz Maese Ped o quijo il,
que ap o echa –con su mono adi ino y su e ablo– la c edulidad
popula pa a llena su bolsa, no es más que un con ic o galeo-
e, y que Chi inos y Chan alla ienen a iza el izo de lo ea al
–al ‘ ende ’ a su público algo que no exis e– con su ‘ma a illoso’
e ablo, en onces, end emos comple a la isión que Ce an es
p esen a del an iguo o icio de juga los í e es. Una isión que
ecoge bas an e ielmen e el cómo sus con empo áneos, igual
que o os an es, eían a los i i i e os; lo que no impide que, a la
ez, siemb e la duda en el lec o de sus ob as sob e si ese ‘ illano’
i i i e o, ca gado de innume ables de ec os, no se á en ealidad
54 AHN. Inquisición de Valencia. Ca as, leg. 503, nº 2, ol. 106 ; en Va ey, “Ti i i e os...”, p. 243.
un ‘hé oe’ que des ela la capa de alsedad e hipoc esía que co oe a
una sociedad en e ma55.
Suá ez de Figue oa, apoyándose en la au o idad de esc i o es p es-
igiosos (Juan Jacobo U eche o, Sec e os; Celio Rodiginio, 1469-
1525, Lecciones an iguas) publicó en 1615 un magní ico compendio
y jus i icación de lo is o has a aquí, en su Plaza uni e sal de odas
ciencias y a es. En el capí ulo co espondien e a los cha la anes,
que aba ca ambién a ciegos, ola ines y i i i e os, dice:
... En suma quan o se puede deci des os, pa a, en que es gen e
pe dida, ociosa, agabunda, de ida desconce ada, de mal exem-
plo, engaña bobos, hablado es de en aja, q es o suena Cha la a-
nes, y po ema e me ecedo es odos de na gale a. Ponen po mil
caminos assechanças a las bolsas de sus embeuecidos ci cuns an-
es, que de con inuo dan c édi o a sus disla es y usle ías. El o icio
des os pa ece quisie on su pa en España los ciegos, epública
bien semejan e a la de los o os, saluo que su me cadu ía e mi-
na en epo o ios, o coplas, en que se e ie en casos mons uosos
acon ecidos en lexanas pa es. [...] Pod ía c ece el núme o de los
e e idos o o géne o de ciegos Gascones, que al son de n abel
hacen danza y sal a el pe o que aen amaes ado. También me
pa ecen des e jaez los que llaman Bola ines, gen e p odigiosa en
ma e ia de sal os, po hace los de mil mane as, al pa ece no con
poco pelig o, y así ienen algunos nomb es de mo ales. [...] No es
azón se oluiden o os manejado es de í e es, minis os de pa -
icula en endimien o; a quien hacen deci y haze lo que quie-
en, me iéndolos en campaña, donde peleando se encen nos
a o os; indus ias odas, an es ganzúas gene ales pa a las bolsas.
[...] Mas azón se á pone in a es e discu so con adue i , que aun-
que po azón de Es ado Polí ica, pe mi ie on la Repúblicas en o-
dos iempos semejan es juegos, y en e enimien os, pa a que el
ulgo se diui iese con ellos, y así se es au asse de sus a igas, o
como ocioso, a aído dellos, dexasse de acome e cosas peo es,
con odo esso se ía muy jus o limpia las ciudades de los más des-
os, pues no si uen sino de ocupa , y dis ae a los que a ende ían
a sus negocios, sino los uuiessen delan e. Fue a de que po la ma-
yo pa e los que se ocupan de semejan es niñe ías dexan de gas-
a el iempo más loablemen e, pues andan oda la ida aldíos, y
como Gi anos de na ie a en o a.56
55 No compa o ni las conclusiones ni la in e p e ación que Ca ballo hace de los ex os ce an-
inos, que no hacen sino p olonga has a el siglo XX los p ejuicios secula es con a los i i i e os,
cuando dice: “Desde Ce an es has a el siglo XVIII, los í e es y e ablos encon a on una ue e
oposición. Recué dese lo que dice de los i i i e os el inmo al esc i o en el Coloquio de los pe os
y el El Licenciado Vid ie a [...] No ol idemos ampoco la bu la que de los au o es de e ablos hace
Ce an es en el capí ulo XXV de la segunda pa e de Don Quijo e de la Mancha –capí ulo an as
eces ci ado– y en El e ablo de las ma a illas. Maese Ped o con su e ablo de igu as de ce a [¿?],
a abales y ompe as, saqueaba a los in ieles [¡!] luga eños, y Chi inos y Chan alla, acompañados
po el Rabelín, con no menos habilidad que Maese Ped o, alige aba las bolsas de los ecinos de
Juan Cas ado.”(op. ci ., pp.276-77).
56 Suá ez, op. ci ., pp. 338 -339 .

67
De nue o se c i ica al i i i e o po su ca ác e ambulan e (“gen e
agabunda”, “como Gi anos de na ie a en o a”), po que e gana
dine o con su abajo (“assechanças a las bolsas de sus embeuecidos
ci cuns an es”), po que sus ac i idades son conside adas “indus ias
odas, an es ganzúas gene ales pa a las bolsas”, po que su o icio no
es ú il: “los que se ocupan de semejan es niñe ías dexan de gas a
el iempo más loablemen e, pues andan oda la ida aldíos”, y po
su holgazane ía y cuasi delincuencia: “gen e pe dida, ociosa, de ida
desconce ada, de mal exemplo”. Pe o Suá ez, que aquí no acusa de
i e e encia con lo sag ado o de emb iaguez, al menos di ec amen e,
en cambio, inco po a un nue o e impo an e a gumen o en con a
de los que hacen í e es: dis aen a los que se debe ían ocupa de
sus o icios y po su culpa los abandonan (“se ía muy jus o limpia las
ciudades de los más des os, pues no si uen sino de ocupa , y dis ae
a los que a ende ían a sus negocios, sino los uuiessen delan e”).
An e amaño cúmulo de acusaciones que se les a ibuyen es lógico
p egun a se con el Licenciado Vid ie a ¿“cómo quien podía no les po-
nía pe pe uo silencio a sus e ablos, y los des e aba del eino”? La
espues a ambién es á en Suá ez:
... po azón de Es ado Polí ica, pe mi ie on la Repúblicas en odos iem-
pos semejan es juegos, y en e enimien os, pa a que el ulgo se diui -
iese con ellos, y así se es au asse de sus a igas, o como ocioso, a aído
dellos, dexasse de acome e cosas peo es...
La exis encia de los í e es iene a se , po an o, un mal meno ;
no odo a a se abaja y su i : el Es ado sabe que el ulgo –
siemp e se i á de excusa ‘el ulgo’ pa a jus i ica el amo hacia lo
placen e o– necesi a ambién di e i se, dis ae se, descansa , no
aya a se que se le ocu a hace “cosas peo es”... A pesa de odos
los p ejuicios que se han ido glosando, pa ece cla o que el ea o
de í e es cumplía, como sigue cumpliendo, una unción social
necesa ia y, po lo an o, impo an e: la de en e ene .
Es e equilib io ines able en e ole ancia y pe secución que los
i i i e os su ie on has a p incipios del siglo XVII, unido a la ima-
gen nega i a que de ellos se había cons uido, ayuda a comp en-
de , en cie a medida, el que llegase a sucede un hecho an la-
men able como el sucedido en Ezca ay, ya con ado, en el año de
1591: la iolación de la i i i e a To ibia del Río po ca o ce eci-
nos de la illa. El es igma nega i o lo han seguido a as ando los
i i i e os a lo la go de los siglos. Pa ecie a e dad que los í e es,
como los ola ines, sal imbanquis o maeseco ales (‘ ile os’), ue-
sen un in en o del Diablo Cojuelo57.
GRANDES CAMBIOS
La España de las úl imas décadas del siglo XVI y p ime as del siglo
XVII asis ió al enómeno de la con e sión de las adicionales, y es-
po ádicas, di e siones ea ales en una maquina ia pe ec amen e
eng asada que, haciendo del ea o su me cancía, se ex endió a
lo la go y ancho de oda la península gene ando, du an e odo
el año, impo an es can idades de dine o. A las ep esen aciones
d amá icas que has a en onces se enían haciendo en casas pa i-
cula es, palacios, iglesias, uni e sidades, calles o plazas, inie on a
suma se las que, de mane a cada ez más sis emá ica y p og ama-
da, se ealizaban en los llamados co ales: desde en onces, co a-
les de comedias. Es os comenza on a su gi po inicia i a p i ada,
y muy p on o se g a ó su ac i idad con la obligación de sos ene a
algunas ob as pías con ines bené icos o sociales (hospi ales, casas
de la Mise ico dia, niños, p esos de la cá cel); a pesa de lo cual, el
negocio ea al siguió siendo an sus ancioso que muchas ins i u-
ciones se con i ie on en p opie a ias de co al pa a goza de sus
bene icios. Co adías, cabildos municipales, con en os, incluso la
p opia mona quía (Co al de la Mon e ía, en el Alcáza de Se illa)
sacaban a subas a la explo ación de sus co ales de mane a que el
‘a endado ’ esul an e ges iona a la ac i idad de los mismos.
La can idad de in e eses que se ue on c eando en o no al ecién
nacido ea o come cial gene ó la apa ición de una se ie de no -
mas egulado as que, desde el Consejo de Cas illa y en nomb e del
Rey, ue on sen ando las bases de un modelo de uncionamien o
ea al que pe maneció igen e du an e dos siglos. Con iene de-
ene se en algunos aspec os de es a no edosa legislación po que,
aunque su gió pensada pa a el ea o de ac o es, acabó a ec ando
ambién a las compañías de í e es y ola ines en la medida en
que és as pa icipa on en el ci cui o peninsula de los co ales de
comedias.
Puede que la no ma que más epe cusión u o en el desa ollo
del o icio de los í e es uese la que p ohibía la ep esen ación de
comedias du an e el pe iodo de la Cua esma (los cua en a días
57 Luis Vélez de Gue a a, El diablo cojuelo, Mad id, Imp en a Real, a cos a de Alonso Pé ez, 1641,
T anco I.
69
anscu idos en e el Mié coles de Ceniza y la Semana San a) a
ins ancias de las au o idades eligiosas: “...que no se ep esen en
[las comedias] en iempo de Cua esma, ni en los domingos de Ad-
ien o, ni en los p ime os días de las es Pascuas, po el espe o y
de oción que se debe a los ales días...”58. Es e pe iodo de p ohibición,
de hecho, ma caba signi ica i amen e el calenda io ea al haciendo
que la empo ada se iniciase as la Pascua de Resu ección y inalizase
el Ma es de Ca na al o de Ca nes olendas. Es o enía siendo así en Ma-
d id desde 1579 y, p obablemen e, en o os muchos luga es59. Pe o no
en odos, como se deduce de algunos es imonios que mues as una
esis encia y dan a en ende que se so eaba la p ohibición ep esen an-
do comedias de ema sac o. En una Cédula de 2 de ma zo de 1590, el
Consejo Real decía:
En el consejo se a en endido que en esa ciudad [G anada] se suelen eçi-
a comedias en la qua esma, que po se en iempo que es, es de mucho
ynconbenien e. Es a éis ad e ido de no consen i que se eçi en come-
dias en el dicho iempo, aunque sean a lo di ino, ni ningún en emés... 60
Y unos, de enso es de las comedias, a gumen aban: “Se han usado en
Valencia en iempo de San Vicen e Fe e , del bea o D. Tomás de Villanue-
a, del seño Pa ia ca (D. Juan de Ribe a) que siendo i ey [1602-1604]
las pe mi ía en Cua esma, a lo di ino...”; mien as que o os esc ibían una
Ca a de los Conseje os de Valladolid a S. M. con a las comedias en Cua-
esma, con o a del Co egido y Ayun amien o61. En 1603, el Consejo de
Cas illa dejaba cla o en el conocido como Real Dec e o de e o mación
de comedias, con alidez en odos los einos hispanos “...que en ningún
iempo del año se ep esen en comedias en monas e ios de ailes, ni
monjas, ni que en el de la cua esma haya ep esen ación dellas, aunque
sea a lo di ino...”62. Es a p ohibición, igen e has a después de la mue e
de Fe nando VII en pleno siglo XIX, a ec aba exclusi amen e a las come-
dias ealizadas po ac o es, pe o no llegó a a ec a a las ep esen aciones
de í e es o de ola ines. Al pa ece , el pe iodo cua esmal –p opio pa a
la medi ación y el sac i icio– e a incompa ible con la cualidad ca nal de
58 Emilio Co a elo y Mo i, Bibliog a ía de las con o e sias sob e la lici ud del ea o en España. Con-
iene la no icia, ex ac o ó copia de los esc i os, así imp esos como inédi os, en p o y en con a de las
ep esen aciones; dic ámenes de ju isconsul os, mo alis as y eólogos; consul as del Consejo de Cas illa;
exposiciones de las illas y ciudades pidiendo la abolición ó eposición de los espec áculos ea ales y un
apéndice comp ensi o de las p inciplaes disposiciones legisla i as e e en es al ea o, Mad id, Es . de
la Re . de A chi os, Bibl. y Museos, 1904, p. 163.
59 Véase Da is-Va ey, op. ci ., . I, p. XLIII
60 AMG, Lº 7091, . 139 -140 , en Agus ín de la G anja, “No as sob e el ea o en iempos de Felipe
II”, en Luciano Ga cía Lo enzo y John Va ey (eds.). Tea os y ida ea al en el Siglo de O o a a és
de las uen es documen ales, Lond es, Tamesis Books-Ins i u o de Es udios Zamo anos, 1991, p. 40.
61 Co a elo, op. ci ., pp. 194 y 583.
62 Ibídem, p. 621.
los ac o es y, sob e odo, de las ac ices, ejemplos de ida pecaminosa y
ac i os despe ado es de las más bajas pasiones (léase ‘sexo’). En cam-
bio, a los í e es de apo, made a y alamb e se les pe mi ía ep esen a
las mismas his o ias que jugaban los ac o es, incluso con oda la ca ga
i ónica, sa í ica e i e e en e p opia de los í e es, pues o que, en eo ía,
no podían encende los malos pensamien os. Sea como ue e, el caso es
que la p o esión i i i e a se io bene iciada di ec amen e po es a no ma
y la ap o echó como puen e de pla a pa a en a , ya de o ma pe ma-
nen e, en la p og amación de los co ales de comedias de las ciudades
impo an es.
Ya se pudo comp oba en los con a os de a endamien o de los co ales
an es ci ados, que con emplaban en sus cláusulas la p esencia de í e es
y ola ines en Cua esma (Mad id, 1615 y 1621; Se illa, 1616 y 1622; Va-
lladolid, 1629). Las ac uaciones cua esmales podían se muy impo an-
es pa a las compañías de í e es más amosas, que ep esen aban en
Mad id, Se illa, Valencia, o Valladolid, ciudades con una demanda ea al
consolidada y en las que había público du an e casi odo el año; pe o, ni
odas las compañías i i i e as exis en es podían ac ua en los co ales de
es as g andes ciudades, ni odas las ciudades con co al p og amaban
í e es en Cua esma, ni e a solo en es e pe iodo cuando los í e es ocu-
paban los co ales. Si a como ejemplo el caso de Valencia, ciudad de la
que se iene más in o mación: en e 1588 y 1630 hay cons ancia de que
los i i i e os ac ua on seis eces du an e la Cua esma, cinco en los me-
ses de e ano (junio a sep iemb e) y o as seis en el es o del año63. Las
ep esen aciones cua esmales e an solo una pa e, sus ancial, eso sí, de
la ac i idad i i i e a, como ya se comienza a islumb a y se con i ma á
más adelan e con de alle.
O a no ma impo an e e a la que limi aba el núme o de compañías ea-
ales au o izadas a ep esen a en los co ales a a és de un sis ema de
licencias. En 1600 una jun a de eólogos p opuso al Consejo de Cas i-
lla que an solo se concediesen cua o licencias; an es de julio de 1602,
el Consejo señaló que uesen seis los au o es au o izados; en dec e os
sucesi os la can idad ue modi icándose, en el de 26 de ab il de 1603
el núme o aumen ó a ocho (“ha mandado su Majes ad, que en odos
es os einos no pueda habe sino ocho compañías de ep esen an es de
comedias y o os an os au o es dellas”); en 1615, las licencias aumen a-
ban a doce; en 1641, se man enía dicha can idad y, pa ece se po es i-
monios indi ec os, que en 1644 las licencias ol ie on a se ocho64. Pe o
63 Va ey, “Ti i i e os...”, pp. 238-249.
64 Da is-Va ey, op. ci ., . I, pp. LXX-LXXIII.
71
és as e an las can idades eó icas, po que en la p ác ica, según es á bien
documen ado, en algunos momen os pudo habe has a un o al de 40
compañías ac uando en los co ales, con o sin í ulo pa a hace lo. E, inclu-
so, en e las de í ulo, pa ece bas an e p obable que hubie a, simul ánea-
men e, más de las doce p esc i as65. Los comedian es poseedo es de es a
licencia egia apa ecen designados en los documen os como “au o de
comedias [de los nomb ados] po su Majes ad”, y sus compañías como “de
í ulo” o “ eal”. En el año 1631 se á a un i i i e o al que se le llame “au o de
la máquina de los í e es po su Magd.”, con i mando que los comedian es
de palo siguie on los pasos de los de ca ne y hueso.
Es e dad que la no ma i a que egulaba el ea o come cial español obli-
gó a p o undas ans o maciones en las compañías de í e es que quisie-
on pa icipa de su ci cui o; pe o es os cambios, digamos adminis a i os
o bu oc á icos, con se muy impo an es (necesidad de consegui el pe -
miso eal, obligación de ealiza con a os no a iales, con sus co espon-
dien es ga an ías económicas, e c.), no lo ue on an o como los que se
p oduje on en el p opio con enido y es uc u a de sus espec áculos. El
e ablo de í e es que nos mues a Ce an es e a, en esencia, la na ación
de una his o ia ilus ada con í e es, e ec os sono os y música –o, ambién,
una his o ia de muñecos animados explicada po un in é p e e–, que po-
nían en uncionamien o dos, acaso es, pe sonas; y cuyo con enido hun-
día sus aíces en emas caballe escos, eligiosos o di e imen os de o igen
medie al. En cambio, los nue os espec áculos que los i i i e os p esen a-
ban en los co ales en la e ce a década del siglo XVII e an copias ealizadas
con muñecos de las mismas comedias que los ac o es ponían sob e el a-
blado: las mismas ob as, de los mismos poe as con empo áneos, di ididas
en las mismas jo nadas y con pa ecidas loas, en emeses y bailes. Es deci ,
e an au én ica ama ea al, sin na ado , pe o con necesidad de dis in os
animado es-ac o es que supiesen da ida a los í e es sabiendo declama
la poesía que cons i uye la d ama u gia áu ea hispana. Y en lo écnico, la
complejidad de la comedia –donde, además de los humanos mo ales,
suelen apa ece se es celes iales o in e nales– exige un mayo amaño del
ea illo y una es uc u a escenog á ica mucho más so is icada que la del
adicional e ablo, es deci oda una ‘maquina’ que pe mi a odas las po-
sibilidades de e olución de los muñecos, no solo sob e la ho izon alidad
del ablado, sino ambién sob e la e icalidad ascenden e o descenden e
imp escindible en las comedias de san os o de magia66.
65 Ibídem, pp. LXXVII-LXXXVIII.
66 Sob e la máquina eal, éase F ancisco J. Co nejo-Vega, “La máquina eal. Tea o de í e es en los
co ales de comedias españoles de los siglos XVII y XVIII”, Fan oche, nº 0 (2006), pp. 13-31.
Desg aciadamen e, has a aho a, los da os y documen ación sob e es e hi-
po é ico p oceso de ans o mación b illan po su ausencia. En e lo que
se sabe del e ablo –poco, como se io– y la apa ición documen ada de la
máquina de los í e es pa a hace comedias, apenas hay algo que se puede
con a . Acaso, la ep esen ación imaginada po José de Valdi ielso en su
omance espi i ual i ulado “Ensaladilla del Re ablo” (1612), en el que, a pe-
sa de su ondo a gumen al eligioso o ece una isión bas an e comple a
de lo pudo se una ep esen ación de í e es en uno de los co ales de co-
medias mad ileño du an e las p ime as décadas del siglo XVII67. Comienza
el omance si uando la ep esen ación en Mad id, en el co al de la C uz, y
anunciada con su í ulo po un ambo ile o:
Tocando en n ambo ino
iba un moço po la Co e,
al Re ablo combidando
de la En ada del Rey pob e.
En el co al de la C uz
se ep esen a es a noche,
po que desde que el Rey nace
le c uci ican amo es.
El anuncian e p ome e ‘in enciones’, en e ellas unos niños olado es, a
pesa de que no son ola ines:
Al Re ablo caualle os,
e án lindas inuenciones ,
y aunque no po la ma oma,
bola niños olado es.
Es deci , anuncia a los angelillos que, colgados de cue das o alamb es
–a semejanza de los ac o es que colgados de los pescan es o sob e el
apa a o conocido como ‘nube’ apa ecían como ángeles en las e dade-
as comedias–, anuncian a los pas o es el nacimien o de Jesús (pues la
ep esen ación que se anuncia bajo el nomb e de La en ada del Rey po-
b e es un adicional Nacimien o):
La nube se ab ió, y salie on
ángeles en azimados,
can ando, Glo ia a los Cielos,
Paz en la ie a can ando.
67 Se ci a po la siguien e edición: Joseph de Valdi ielso, “Ensaladilla del Re ablo”, en Romance o
espi i ual, en g acia de los esclauos del San issimo Sac amen o, pa a can a quando se mues a descu-
bie o [1ª ed. 1612; Ap obación de 27 de ma zo de 1612], Mad id, en la Imp en a del Reyno, 1648,
pp. 180 -183 . Va ey, His o ia..., pp. 157-60.
73
Se inicia ía la unción a las doce de la noche, un ho a io inusual y p o-
hibido en la ealidad, ya que los co ales debían de queda desalo-
jados mien as oda ía hubie a luz na u al; pe o en es e caso es una
ho a simbólica y cohe en e con el ema ep esen ado:
Llenóse el co al de gen e,
algo después de las doze,
pe o en á onse de balde,
que es el Au o un buen homb e.
Las luzes se enzienden luego,
y las co inas se co en...
Una ez encendidas las luces, necesa ias siemp e pa a ilumina el es-
cena io, y co idas las co inas del e ablo –que no elón de boca del
co al, inexis en e–, el esponsable del e ablo (el au o ) p ocede a
p esen a la ob a con una au én ica ‘loa’ a la mane a de las que se
hacían como p ólogo de las comedias:
...diciendo así en ez de loa
el que el Re ablo compone:
Silencio, seño es,
e án una ob a,
que más nueua que ella
no se ha is o o a.
[...]
Vayan adue idos,
que es cie a la his o ia,
qui ose el somb e o,
y acabó la loa.
T as lo cual, hace su apa ición el que a a eje ce de na ado de la
his o ia e in é p e e de las oces de los dis in os pe sonajes que, ade-
más, pone la música con su gui a a. La pieza comienza con un co o
de niños bailando:
En n banco del co al
pa a enseña el e ablo,
en la mano una gui a a
subió un moço desba bado.
Y empeçando a oca la
se ie on en el ea o
de las manos ocho niños,
que aquella le a baila on.
Y luego en an en escena los í e es p o agonis as; San José, la Vi gen
y el bu o sob e el que mon a, buscando posada bajo la nie e:
No se huuie on bien en ado
quando començo a neua ,
en ez de copos de nieue
hojas de jazmín y açaha .
Y en n jumen o subida
na niña de c is al,
delan e su Esposo i gen...
El mozo na ado can a el diálogo en e San José y el posade o; y lue-
go cómo la san a amilia se ins ala en el po al. En onces:
Los san os Pad es del Limbo
salie on po na cueua,
alçando al Cielo las manos:
pidiendo que al Ius o llueua.
La cue a, el in amundo que albe ga a los Pad es del An iguo Tes a-
men o, añade un e ce ni el simbólico –y espacial– al e enal y al
celes e de los ángeles, que iene a comple a una cosmo isión p e-
sen e en odas las mani es aciones a ís icas de los siglos áu eos. A
las plega ias de los san os del subsuelo esponde desde las al u as un
en iado di ino:
Quando ompiendo los ai es,
n Niño que al Cielo aleg a,
las alb icias a los pad es
pudo pedi des as nueuas:
Espe ad p isione os de oy más aleg es,
que ya el Reden o de cau iuos iene.
Una ez e i ados es os pe sonajes ex ao dina ios y uel os a la his-
o ia del adicional Nacimien o, apa ecen los pas o es y, a ellos, los
ángeles anunciado es, como se io; los pas o es can an y bailan an e
los habi an es del po al:
Llega on los es zagales
de lau el engui naldados,
y po aleg a al Niño
con g acia así le dança on.
Y inaliza la ob a, y el omance de la Ensaladilla del Re ablo, con una nue-
a apa ición celes ial de angelillos jugando cañas:
Pa a juga unas cañas
en an aladas quad illas,
de cla ines, y a abales,
si uiendo aques a le illa.
75
[...]
Vuessas me cedes pe donen,
que aquí da in el e ablo
de la en ada del Rey pob e,
engan mañana emp ano.
La ep esen ación igu ada po Valdi ielso eincide en las ca ac e ís i-
cas del e ablo ce an ino: el p opio nomb e de ‘ e ablo’; la p esencia
isible de un mozo na ado y, en es e caso, ambién músico, en e
a la ocul a del, o los, animado es de los í e es; la ep esen ación de
un ema adicional como lo e a, y has a hoy lo sigue siendo, el Naci-
mien o. Pe o ambién se anuncian en ella algunas ca ac e ís icas de
la máquina eal que iun a á como p incipal ehículo del ea o de
í e es a lo la go de los dos siglos enide os. La p ime a es el hecho de
se una ep esen ación de í e es en un co al de comedias, el ámbi o
que se á habi ual a las compañías de máquina eal. La segunda es
la p esencia de una loa, de bailes (aunque aquí, den o de la p opia
ob a) y de un inal espec acula como es el ‘celes ial’ juego de cañas,
elemen os imp escindibles en las ep esen aciones de las comedias
de ac o es y, muy p on o, en las de la máquina eal. Y la e ce a, la
p esencia de pe sonajes de ca ác e celes ial y del in amundo que,
jun o a los e enales exigen una compleja es uc u a écnica y esce-
nog á ica que se á el asgo dis in i o de la, po al mo i o, conocida
como ‘máquina’. Todos ellos asgos que, con los da os y documen os
que se ienen, se dis ancian de la idea de e ablo que han asmi ido
las de iniciones y la li e a u a de aquella época.
Lo que no cambió en es as décadas de ansición ue la unción que
cumplían las ep esen aciones de í e es, ya uesen con e ablos o en
máquinas, con his o ias adicionales o con comedias, den o o ue a
de los co ales; és a siemp e ue la de di e i . Una ez que la Iglesia
enunció a u iliza los í e es con una inalidad didác ica doc inal –si
es que alguna ez llegó a ene la– es os si ie on siemp e pa a p ocu-
a place a su público. Un place a eces conside ado inocen e, o as,
no an o.
Ilus ación y ex o: San iago O ega