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El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez

Vázquez Campos, Braulio

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Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez Braulio Vázquez Campos Doctor en Historia Es todo un tablero de días y de noches Donde el Hado con hombres en lugar de piezas juega: Aquí y allá las mueve, las une, las coge, Y una a una, a la Caja, de vuelta las relega. De los Rubaiyat de Omar Jayyam1 1. Introducción Alfonso X es uno de los personajes históricos de los que más se ha escrito; quizá demasiado. Y ello desde múltiples perspectivas, pues ciertamente así lo requieren la diversidad y trascendencia de sus actuaciones en los campos político, legislativo, económico y cultural. Tal hipertrofia bibliográfica se ha desarrollado también en el muy particular ámbito del que versa este trabajo: el ajedrez. El Libro de los juegos producido por el taller alfonsí, del que forma parte el Libro del acedrex, ha llamado la atención tanto de filólogos como de historiadores del arte, del ajedrez, de la filosofía y de las mentalidades... pero casi nunca de los medievalistas propiamente dichos. Es la triste cara de la inevitable 1 Así al menos traduzco yo los versos de Omar Jayyam, en la versión inglesa que popularizara en Occidente Edward FitzGerald (primera edición): «‘Tis all a Chequer-board of Nights and Days/ Where Destiny with Men for Pieces plays: / Hither and thither moves, and mates, and slays, / And one by one back in the Closet lays» (Rubáiyát of Omar Khayyám, the Astronomer-Poet of Persia, 11, cuarteta XLIX. Versificación inglesa de E. FitzGerald. Londres, 1859). 294 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos ultraespecialización, que hace extremadamente laborioso – pero no imposible– abordar un estudio global de cualquier fenómeno histórico. Como consecuencia de ello, contamos con una bibliografía relativamente abundante, a veces repetitiva, casi siempre valiosa, pero incompleta en el tratamiento del asunto y de desigual difusión. En los últimos años se han producido esfuerzos por armonizar toda la información disponible sobre este tema, protagonizados por dos filólogos: Paolo Canettieri2 y, sobre todo, Sonja Musser3, que en su tesis doctoral planteó un meritorio acercamiento multidisciplinar al Libro de los juegos, aunque adoleciendo – entre otras cosas– de un conocimiento demasiado superficial de la historiografía. A pesar de estas notables aportaciones que han ubicado esta obra en el contexto de la cosmovisión alfonsina, todavía son necesarias, desde el punto de vista de un historiador, algunas precisiones e incluso nuevas interpretaciones del texto alfonsino. Para contribuir, siquiera mínimamente, en esa línea, debo comenzar por presentar un estado de la cuestión sobre Alfonso X y el ajedrez, siguiendo por una crítica constructiva que llame la atención sobre los aspectos que han sido deficientemente analizados, o no tratados en absoluto, por los estudios precedentes. A tal fin, glosaré las distintas interpretaciones que sobre los aspectos más variopintos – simbólicos, artísticos, ajedrecísticos– han efectuado distintos autores sobre el Libro de los juegos, y señalaré la concepción de la figura monárquica que se desliza en su discurso. Sin embargo, es necesario, antes de entrar en materia, detenernos brevemente en qué ajedrez conoció Alfonso X, y de dónde procedía. 2. “En el Oriente se encendió esta guerra...”4 Desde la clásica obra de Murray sobre la historia del ajedrez5, es aceptado por casi todos que el ajedrez contemporáneo es el descendiente directo 2 P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos-Introduzione, edizione e commento [Internet]. http:// knol.google.com/k/paolo-canettieri/alfonso-x-el-sabio-il-libro-dei gioiochi/vyvpjuoxc2n0/ 70# (última consulta: 5/12/2010); Alfonso X, Il libro dei giochi (edizione critica), Roma, 1996. 3 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»: Historical, Artistic and Metaphysical Dimensions of Alfonso X’s «Book of Games». Tesis doctoral: Universidad de Arizona, 2007. Disponible en http://etd.library.arizona.edu/etd/GetFileServlet?file=file:///data1/pdf/etd/azu_ etd_2444_1_m.pdf&type=application/pdf (última consulta: 7/12/2010). 4 “... cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra”. Del primer soneto del poema Ajedrez, de Jorge Luis Borges. 5 H. J. R. Murray, A History of Chess, Oxford: Clarendon, 1913. Sigue siendo la obra de referencia, a pesar de la publicación durante el último siglo de varios libros sobre la misma materia que han popularizado, y a veces matizado, las hipótesis del erudito londinense. Destaco las obras 295 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez de un antiguo juego de la India, el llamado en sánscrito ˇcatura˙nga. Este vocablo significaría “de cuatro miembros”, en alusión a los tipos de unidades militares de la antigua India representados en el tablero: infantería, elefantes, caballería y carros de guerra. El ˇcatura˙nga pasaría, probablemente durante la época sasánida (siglosIII-VI d. C.), a Persia, donde vería modificadas sus reglas y su nombre (al pelvi ˇcatrang)6. Con la conquista de Persia por los musulmanes en el siglo VII d.C., el nuevo juego, llamado en árabe clásico šit�ranˇg, vería facilitada su difusión por todo el Califato, y desde allí irradiaría a la Europa cristiana por diversas rutas, como la Península Ibérica, el sur de Italia y Bizancio7. A los reinos hispanocristianos llegó, naturalmente, desde al-Ándalus, donde se llamó aššit�ranˇg o aššat�ranˇg, que daría lugar al castellano “acedrex”, “axedrez” y, finalmente, “ajedrez”8. El šit�ranˇg – o šat�ranˇg, o šat�ranyˆ, según las normas de transliteración seguidas por cada cual– se jugaba, como el actual, sobre un tablero de 64 escaques y con 32 piezas o trebejos, 16 por jugador. Sin entrar en profundidades acerca de sus reglas, sí me parece conveniente aclarar los movimientos de cada figura y alguna diferencia con el ajedrez moderno9: • El rey, pieza clave del juego, podía mover, como el actual, a cualquier casilla adyacente a su posición. La victoria en el juego venía dada por el jaque mate (del árabe – tomado del persa–, aššˉah mˉat, el rey ha muerto), que acaecía cuando, después de haber sido amenazado por un trebejo enemigo, el rey no podía trasladarse a ninguna casilla libre de piezas o del ataque adversario, ni cubrirse con algún miembro de de Ch. K. Wilkinson y J. Dennis, Chess: East and West, Past and Present, Nueva York, 1968; H. Golombeck, A History of Chess, Londres, 1976; R. Eales, Chess: The History of a Game, Glasgow, 1985; y D. Shenk, La partida inmortal: Una historia del ajedrez, Madrid, 2009. 6 Cfr. Bo Utas, “Chess I. The History of Chess in Persia”, Encyclopaedia Iranica, vol. V, 1992, 394396. Disponible en http://www.iranica.com (última consulta: 5/12/2010). 7 El que la Península Ibérica fuera la única vía de entrada del ajedrez en Europa me parece poco probable (cfr. R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 129, en Alfonso X el Sabio. Libros del Ajedrez, dados y tablas, 2 vol., Madrid-Valencia, I, 125-235). Las múltiples rutas que enumero aquí fueron propuestas por H. M. Gamer, “The Earliest Evidence of Chess in Western Literature: The Einsiedeln Verses”, 749, en Speculum, vol. XXIX, nº 4 (oct. 1954), 734-750. Véase también Á. Galán y Galindo, “Variantes del juego de ajedrez y sus figuras”, 42, en Arte, Arqueología e Historia, nº 14 (2007), 37-53. 8 Me atengo en este artículo a las etimologías de “ajedrez” y de los nombres originales de las piezas proporcionadas por el diccionario de la Real Academia Española. Cfr. las normas ISO 233 y 233-2 sobre transliteración de letras árabes al alfabeto latino. 9 Cfr. F. M. Pareja Casañas (ed. y trad.), Libro del ajedrez, de sus problemas y sutilezas: según el ms. arab. add. 7515 (Rich) del Museo Británico. Madrid, 1935, vol. 2, XXXIV-XXXIX. Se trata de una obra árabe anónima, coetánea del Libro de los juegos alfonsí. 296 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos su ejército. El movimiento del “enroque”10 no había sido inventado aún. La posición de “rey ahogado”11 llevaba a la derrota del que la sufría, y no a las tablas como sucede hoy. • El firzˉan (en árabe andalusí alfarza), consejero o visir, corresponde a nuestra actual reina, pero sólo movía una casilla en diagonal, resultando así una pieza mucho más débil. La palabra firzˉan provendría del persa farzin, y éste del pelvi frˉazen, “guardián”. • El alfil (en árabe fˉıl, del pelvi pˉıl, elefante) movía dos casillas en diagonal, saltando por encima las piezas que pudieran estar en su camino. De esta manera, cada alfil sólo podía acceder a 8 casillas del tablero. • El faras, caballero o caballo, movía como el actual caballo. • El roque, en árabe ruˉ hˉ h (del persa roˉ hˉ h, y este del pelvi rah, carro de guerra) movía como la torre actual. • Los bayˉadiq movían como los actuales peones, una sola casilla hacia delante, pero, al igual que éstos, capturaban en diagonal. Sin embargo, no podían avanzar dos casillas en su primer movimiento. Si conseguía llegar a la octava fila (es decir, a la primera del contrincante), el baidaq promocionaba, pero sólo a firzˉan. A propósito del aspecto físico de los aparejos del juego, los especialistas creen que los tableros fueron monocromos hasta el siglo XII12, aunque los escasos testimonios literarios y arqueológicos no permiten ser muy tajantes en este sentido. Sería muy común incluso que el juego se practicara sobre una tela donde estarían dibujadas las casillas, que se enrollaría una vez finalizada la partida13. En cuanto a las piezas, los musulmanes abandonaron, por lo general, 10 Único movimiento del ajedrez actual en el que intervienen dos piezas en la misma jugada, el rey y cualquiera de las dos torres en su situación inicial y con ciertas condiciones. El rey se desplaza dos casillas en dirección a la torre con la que piensa enrocarse, mientras que ésta se coloca en la casilla adyacente del lado opuesto del rey. 11 Que se produce cuando el jugador al que le toca mover sólo puede hacerlo con el rey, que no se encuentra en estado de jaque, pero que únicamente puede desplazarse a casillas en las que se pone en tal situación. 12 Según Calvo, la costumbre de pintar los escaques con colores alternos aparece, por primera vez, en Versus de scachis, obra compuesta en su opinión hacia el año 1100 (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 157). Cfr. H. M. Gamer, “The Earliest Evidence of Chess...”, 742 (sitúa Versus de scachis c. 1000). 13 R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 156-157; L. Vegas Montaner, “Las reglas del ajedrez de Abraham Ibn Ezra”, en Raíces (Revista Judía de Cultura), n° 6 (1989), 32. Disponible en: http://www.revista-raices.com/publicado/public.php?body=antol&art=ajedrez (última consulta: 5/12/2010). 297 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez la representación naturalista de la figura humana y animal que prevalecía en la Persia preislámica y la India, optando en cambio por la abstracción y la decoración geométrica14. Para la mayoría de los autores, como Brunet, Goldschmidt y Calvo, ello fue debido a la iconoclastia propia de la religión islámica15. Es cierto que, si bien el Corán nada dice al respecto, sí lo hace la sunna. Según Sophie Makariou, “se atribuye al primo y yerno del Profeta, el primer imam del chiísmo, ʿAlˉı [ibn Abˉı T�ˉalib], un khabar (dicho) que condena las piezas de ajedrez como simulacros”. A pesar de ello, también hubo trebejos figurativos de factura islámica16. 3. El šat�ranˇg llega a Europa Pero, ¿cuándo comenzó realmente a jugarse el ajedrez en Occidente? Por lo que se refiere a la Península Ibérica, es lugar común hacer responsable de la introducción del šat�ranˇg en al-Ándalus a Ziryˉab, genial músico que, procedente de Iraq, se incorporó a la corte del emir cordobés ‘Abd ar-Rahmˉan II (822-852 d.C.)17. Sin embargo, en la obra del historiador Ibn H�ayyˉan, cuando refiere noticias de las innovaciones orientales aportadas por el célebre cortesano, nada dice sobre nuestro juego18. Sí está documentado que entre los estandartes más eminentes del ejército califal cordobés del siglo X había uno llamado “Ajedrez” (Šat�ranˇg )19, lo que resulta indicativo del arraigo y reputación del juego en la corte andalusí. Desde el Califato de Córdoba habría pasado el ajedrez a los reinos y condados hispano-cristianos. Suele aludirse, como prueba de que ya se jugaba en aquellas tierras por lo menos desde principios del siglo XI, al testamento 14 Á. Galán y Galindo, “Variantes del juego de ajedrez y sus figuras”, 37-42. 15 A. Goldschmidt (Die Elfenbien skulpturen aus der romanischen Zeit, IV, 4-8; y II [1918], 9, 35, 43; III [1923], 41; IV [1926], 46-48, 51), citado en H. M. Gamer, “The Earliest Evidence of Chess...”, 744; J. Brunet y Bellet, El ajedrez: investigaciones sobre su origen, Barcelona, 1890, 227; R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 163. 16 S. Makariou, “Le jeu d’échecs, une pratique de l’aristocratie entre l’islam et chrétienté des IXe-XIIIe siècles”, 129 y 134-136, en Les Cahiers de Saint-Michel de Cuxa, XXXVI, 2005, 127-140. El encorchetado es mío. Cita en página 129. 17 Por ejemplo, Á. Galán y Galindo, “Variantes del juego de ajedrez y sus figuras”, 43-44. 18 Ibn H�ayyˉan, Crónica de los emires Alhakam I y Abdarrahman II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-I] (traducción, notas e índices de Mahmud Àli Makki y Federico Corriente), Zaragoza, 2001, 201 y ss. 19 E. García Gómez (ed.), Anales palatinos del califa de Córdoba al-H�akam II, por ’ˉ Isˉa ibn Ahmad al-Rˉazˉı, Madrid, 1967, 67 y 88. 298 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos de Ermengol o Armengol I, conde de Urgel, por el que legaba sus trebejos al monasterio de San Egidio, para la fábrica de su iglesia (1010)20. El conde urgelitano moriría en el transcurso de la campaña emprendida junto a Ramón Borrell de Barcelona en Córdoba, en el contexto de la guerra civil desatada entre los pretendientes al Califato que precedió a la Fitna. Precisamente la viuda de Ramón Borrell, Ermesinda, legó su ajedrez a la iglesia de San Egidio, en Nimes21. Avanzado el siglo, en 1068, otro urgelitano, el gran guerrero Arnau Mir de Tost, mencionaba en su testamento varios juegos de cristal de roca y de marfil, que seguía incluyendo entre sus propiedades en un inventario que elaboró antes de peregrinar a Santiago de Compostela (1071). Además, su esposa – Arsenda– le había cedido por testamento el derecho a disponer de su tablero y sus piezas de ajedrez (1068)22. Hay que destacar que este noble catalán fundó la Colegiata de San Pedro de Ager, y probablemente le donó sus trebejos fabricados con cristal de roca – supuestamente de origen fatimí–, parte de los cuales se conservan hoy en el Museo Diocesano de Lérida23. Es verosímil que, al igual que en los condados catalanes, el ajedrez estuviera ya asentado en Castilla y en León. Un relato sobre el Cid, aunque escrito mucho después del siglo XI, en el taller alfonsí, se hace eco de esta expansión del ajedrez como objeto de lujo. Se trata de la Primera Crónica General, cuando enumera, entre los regalos que el “soldán de Persia” envía al Cid Ruy Díaz en premio a sus gestas, un “açedrex de los nobles que fueron en el mundo, que aun oy en día es en el monesterio de Sant Pero de Cardenna”24. ¿Significan los anteriores testimonios que había prendido el ajedrez entre los cristianos europeos de aquel entonces, o eran estos trebejos estimados como meros objetos suntuarios? ¿O ambas cosas? Conviene mencionar, en este punto, 20 Ya Murray señaló que el documento no especifica la ubicación del cenobio. Él propuso “St. Giles at Nîmes in the south of France” (H. J. R. Murray, A History of Chess, 406). Cfr. A. Velasco González y F. Fité i Llevot, “Piezas de ajedrez de la Colegiata de Sant Pere d’Àger”, 588, nota 11 (ficha del catálogo de la exposición Alfonso X el Sabio, Murcia, 2009, 586-588); F. Fité i Llevot, “El lot de peces d’escacs de cristall de roca del Museu Diocesà de Lleida, procedents del tresor de la col.legiata d’Àger (s. XI)”, 287, en Acta historica et archaeologica mediaevalia, Nos 5-6, 1984-1985, 281-312. 21 J. B. Trend, “Alfonso el Sabio and the Game of Chess”, 396, en Revue Hispanique, t. LXXXI [y último], nº 1 [Paris 1933], 393-403; F. Fité i Llevot, “El lot de peces d’escacs...”, 285 y 287. 22 F. Fité i Llevot, “El lot de peces d’escacs...”, 303-304. Cfr. otras hipótesis en Á. Galán y Galindo, “Variantes del juego de ajedrez y sus figuras”, 41; F. Valdés Fernández, Las figuras de ajedrez y cristal de roca del Museo Catedralicio de Ourense, Orense, 2004, 30. 23 Pueden admirarse sus fotografías en AA.VV., Alfonso X el Sabio: Catálogo de la Exposición, Murcia, 2009, 587, 588 y 589. 24 Primera Crónica General (ed. R. Menéndez Pidal), Madrid, 1906, t. I, 628. 299 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez el Versus de scachis, poema en latín sobre el ajedrez hallado en dos manuscritos – el 319 y el 365– del monasterio benedictino de Einsiedeln (cantón de Schwyz, Suiza). Helena Gamer argumentó, basándose en el análisis paleográfico y estructural de ambas versiones, que el poema fue escrito no muy lejos del año 100025. Y aunque coincido con Sophie Makariou en señalar que un único testimonio literario no basta para concluir que el juego estuviera difundido entonces en Europa26, si le unimos los testimonios y piezas aludidos, podemos colegir que, finalizando el primer milenio, el ajedrez era ampliamente practicado en la Cristiandad, y especialmente entre los hispanos27. Tanto se afianzó esta disciplina que un siglo después, a principios del siglo XII, el converso aragonés Pedro Alfonso (antes Mosé Sefardí) podía enumerar el scaccis ludere (jugar al ajedrez) entre las siete probitates (actividades propias de un caballero) en las que debía ser ducho un hombre noble28. Y ello a pesar de algunas condenas eclesiásticas, provocadas por las alteraciones de la paz social que conllevaban el empleo ocasional en el ajedrez de dados – para agilizar las partidas– y las apuestas29. En el Occidente plenomedieval, las reglas del juego se mantuvieron en lo esencial, pero las formas abstractas de las piezas islámicas se enriquecieron con figuras animales y humanas, en ocasiones asumiendo nombres y funciones diferentes a los de los “cuatro cuerpos” del antiguo ejército hindú30. Y así, vemos – en el Versus de scachis y en otros textos– que, al tiempo que se mantuvieron los peones (pedites) y los caballeros (equites), la reina (regina) sustituyó al firzˉan o visir – aunque en el siglo XIII éste regresó a los tableros–, los condes (comites) o los obispos (episcopi) a los alfiles o elefantes, y las torres a los roques o carros de guerra31. 25 H. M. Gamer, “The Earliest Evidence of Chess...”, 742. 26 S. Makariou, “Le jeu d’échecs...”, 127, nota 4. 27 Más indicios de la popularidad de este juego en la Península Ibérica en M.ª T. López de Guereño Sanz, “«Más valie sesso que ventura»: El ajedrez en la Edad Media Hispana”, 562-564, en Alfonso X el Sabio: Catálogo de la Exposición, Murcia, 2009, 560-573. 28 A. Hilka y W. Söderhjelm (eds.), “Petri Alfonsi Disciplina Clericalis, I: Lateinischer Text”, en Acta Societatis Scientiarum Fennic 38/4 (1911). Disponible en internet en The Latin Library, http://www.thelatinlibrary.com/alfonsi.disciplina.html y en Intra text CT, http://www.intratext. com/X/LAT0745.HTM (última consulta: 5/12/2010). En la edición de M.ª J. Lacarra Ducay, Zaragoza, 1980, 117, se transcribe la citada probitas como schachis ludere. La equivalencia castellana del término probitates la tomo de la traducción inglesa “gentlemanly pursuits”, en J. R. Jones y J. E. Keller, The scholar’s guide. A translation of the twelfth-century Disciplina Clericalis of Pedro Alfonso, Toronto, 1969, 49. 29 H. J. R. Murray, A History of Chess, 408-410; F. Fité i Llevot, “El lot de peces d’escacs...”, 289; M.ª T. López de Guereño Sanz, “«Más valie sesso que ventura»...”, 561. 30 H. M. Gamer, “The Earliest Evidence of Chess...”, 744. 31 H. J. R. Murray, A History of Chess, 395, 417; Á. Galán y Galindo, “Variantes del juego de ajedrez y sus figuras”, 48-50; S. Makariou, “Le jeu d’échecs…”, 139. 300 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos Esta transformación estilística en las piezas se vio acompañada por alguna novedad en su movimiento, recogida por el sabio sefardita Abraham ibn Ezra (1092-1167). En el poema que dedicó al ajedrez, se contempla que el firzˉan (o “férez”, en hebreo) pueda desplazarse en su primer movimiento a la tercera casilla en una de las dos diagonales posibles; y también podría hacerlo el peón llegado a la octava casilla (lo que hoy denominamos peón coronado, y el Libro del acedrex alfonsino “peón alferzado”)32. 4. El Rey Sabio y el ajedrez Así pues, cuando nace el que será Alfonso X, el ajedrez es bien conocido y ampliamente practicado en la Cristiandad, y en particular en la corte castellanoleonesa. El propio Fernando III, conforme al elogio que incluyó su hijo en el Setenario, era “muy sabidor [...] de jugar tablas e ascaques e otros juegos buenos de muchas maneras”33. Y esa afición por los escaques sería heredada por el Rey Sabio, que la llevó al punto de dedicarle un tratado junto a otros pasatiempos en el Libro de los juegos, códice lujosísimo cuya única edición, hasta donde sabemos, estuvo destinada al uso privativo del monarca34. Es precisamente a esa obra a la que le voy a dedicar las próximas páginas, pues en ella está la clave de todos los significados que encerraba el ajedrez – y el resto de juegos– para el Rey Sabio: desde el propiamente lúdico hasta el metafísico, pasando por el astrológico y el político. 4.1. Sobre la autoría y fecha del «Libro de los juegos» Como se habrá podido deducir de mis anteriores palabras, sólo se puede acceder al sentido completo del Libro del acedrex alfonsino si se analiza en el 32 L. Vegas Montaner, “El poema de Ajedrez de Abraham Ibn Ezra”, en F. Díaz Esteban (coord.), Abraham Ibn Ezra y su tiempo: actas del Simposio Internacional, Madrid, Tudela, Toledo, 1-8 febrero 1989, 363-380; y “Las reglas del ajedrez de Abraham Ibn Ezra”, ya citado. Véase también H. J. R. Murray, A History of Chess, 460 y 526-528. 33 Alfonso X, Setenario (edición e introducción de K. H. Vanderford [Buenos Aires: Universidad, 1945]; estudio preliminar de R. Lapesa), Barcelona, 1984, 13. Ya lo notó Ricardo Calvo, aunque sin señalar la fuente (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 149). 34 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi... Text and Images in Alfonso El Sabio’s «Libro de Acedrex, Dados e Tablas»”, 306, Zeitschrift für Kunstgeschichte, LV (1990), 277-308. Y es que la cultura alfonsí “se escribió para pequeños círculos de sabios, y no para el vulgo” (A. Domínguez Rodríguez, “El «Libro de los juegos» y la miniatura alfonsí”, 60, en Alfonso X el Sabio. Libros del Ajedrez, dados y tablas, 2 vols., Madrid-Valencia, I, 1987, 29-123). 301 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez contexto de la obra que lo incluye, el Libro de los juegos. Y lo primero que hay que aclarar es el quién, el cómo y el cuándo de su elaboración. ¿Quién y cómo compuso esta obra? Antonio G. Solalinde35 y Gonzalo Menéndez Pidal36 razonaron en su día que las obras atribuidas a Alfonso X fueron producto de una suerte de cadena de producción37. En ella, bajo la dirección más o menos estrecha del Rey Sabio, unos compilaban materiales, traducían si era necesario y redactaban el texto, otros lo escribían – primero en borradores y luego en la versión definitiva–, y por último unos terceros lo ilustraban con miniaturas en los huecos dejados al efecto. Es objeto de debate hasta qué punto intervenía en realidad Alfonso X38, aunque suele citarse la General Estoria para demostrar que estaba muy pendiente de los proyectos culturales que impulsaba en su corte: “El rey faze un libro, non porqu’él le escriva con sus manos, mas porque compone las razones d’él, e las emienda et yegua e enderesça, e muestra la manera de cómo se deven fazer, e desí escrívelas qui él manda, pero dezimos por esta razón que el rey faze el libro.”39 El conocido como Libro de los juegos, o también como Libro de acedrex, dados e tablas (aunque incluye más juegos) forma parte de la selecta colección de obras patrocinadas por el Rey Sabio y plasmadas en ricos códices de pergamino, con frecuencia miniados, seguramente destinados a la cámara regia: las Cantigas, el Lapidario, el Picatrix o la General Estoria son otras ilustres piezas de ese tesoro bibliográfico40. Unas breves cifras nos dan una idea de la magnitud del tiempo y dinero invertidos en una obra como el Libro de los juegos: 98 folios 35 A. G. Solalinde, “Intervención de Alfonso X en la redacción de sus obras”, Revista de Filología Española, II (1915), 283-288. 36 G. Menéndez Pidal, “Cómo trabajaron las escuelas alfonsíes”, Nueva Revista de Filología Hispánica, 4 (1951), 363-380; “El rey faze un libro…”, en F. Rico Manrique (coord.), Historia y crítica de la literatura española, vol. 1, t. 2, 1991, 152-156. 37 Téngase esto en cuenta cuando hablamos de “obras alfonsinas”. 38 C. Alvar, “Alfonso X”, en C. Alvar y J. M. Lucía, Diccionario filológico de literatura medieval española: textos y transmisión, Madrid, 2002, 1-5. Véase también: A. Domínguez Rodríguez, “El «Libro de los juegos» y la miniatura alfonsí”, 31-40; C. L. Scarborough, “Autoría o autorías”, 331, en J. Montoya y A. Domínguez (coords.), El Scriptorium alfonsí: de los Libros de Astrología a las Cantigas de Santa María, Madrid, 1999, 331-337. 39 Tomado de C. Alvar, “Alfonso X”, 2. Se trata de una cita extraída del libro XVI, capítulo XIV, dedicado a narrar cómo Dios dispuso que Moisés escribiera las segundas Tablas de la Ley, estableciendo el claro paralelismo Dios/rey y Moisés/escribano. Véase P. Sánchez-Prieto Borja (ed.), General Estoria de Alfonso X el Sabio, Madrid, 2001, 393. 40 C. Alvar, “Alfonso X”, 3. 308 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos “lacordura derecha era tomar del seso aquello que entendiesse omne que más su pro fuesse, e de la ventura guardarse omne de su danno lo más que pudiesse, e ayudarse della en lo que fuesse su pro”71. Como prueba de sus argumentos, los sabios inventaron sendos juegos: el ajedrez (dominio del “seso”), los dados (de la “ventura”) y las tablas – más conocidas hoy por su nombre inglés: backgammon–, donde la inteligencia y pericia del jugador pueden aprovechar o contrarrestar el factor suerte que conlleva el empleo de dados. Esta última opción parece ser presentada en el Libro de los juegos como la más acertada conforme a la razón72, aunque otros indicios apuntan a que Alfonso prefería el ajedrez. ¿Cómo entender, si no, que leamos en esta obra que “el acedrex es más assessegado iuego e onrrando [sic] que los dados nin las tablas”73, y que se le dediquen 64 de los 98 folios del total? Generalmente, los distintos autores han planteado esta confrontación entre “seso” y “ventura” como una diatriba entre el libre albedrío, representado por la sabiduría, y el determinismo, que implica abandonarse a la fortuna. Dicha oposición no era nueva, aunque hay que reconocer la originalidad de la forma trina en la que fue presentada por el equipo alfonsí de redactores74. Entre los tratadistas de lengua árabe, había sido la comparación entre tablas reales (nard) y ajedrez (šat�ranˇg ) la que había servido de alegoría de la confrontación de dos doctrinas teológicas: ˆyabr y qadr. La primera (ˆyabr), que pretendía responder a un seguimiento literal del Corán y de los “hadices” (dichos atribuidos a Mahoma), se identificó con el más duro determinismo, el dominio aplastante de la omnipotencia divina sobre la voluntad humana. Dado su componente aleatorio – el azar se confunde con el hado en la mente de Alá–, las tablas fueron elegidas para encarnar tal idea. Nacida en los primeros tiempos del islam, esta doctrina fue contradicha desde fines del siglo VII por la del libre albedrío (al-qadr), que ponía en relación la libertad de elección con la justicia de la recompensa y el castigo eternos. Esta visión del mundo se reflejaba perfectamente en el ajedrez, donde el individuo, limitado por unas reglas y por un tablero finito, podía 71 Cfr. P. Grandese, “Sulla composizione del libro dei giochi di Alfonso X el Sabio”, 177, Annali di Ca’ Foscari. Rivista di lingue e letterature straniere dell’Università di Venezia, XXVII (1988), 171-81. 72 “El juego de Tablas [...] debió ser el que mejor se amoldaba a la visión íntima del monarca castellano. Por lo menos, es el único tipo de juego en el que constan de modo indudable sus propias aportaciones personales” (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 150). De la misma opinión se muestra P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos - Introduzione - Ideologia e simbologia [Internet]. Versión 7 (enlace ya citado). 73 Libro de los juegos, fol. 2v. En el folio 1v también se afirma que el ajedrez “es más noble e de mayor maestría que los otros”. 74 R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 155. 309 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez decidir, conforme a su entendimiento, entre un número de jugadas que tendía al infinito. La disputa teológica se tiñó de sangre después de que los Omeyas se arroparan en la doctrina del ˆyabr para perseguir a sus enemigos políticos, justificando el nuevo rumbo que estaba tomando el Califato75. Dados los antecedentes de la dialéctica entre “seso” y “ventura”, a mi entender no cabe especular – como hiciera Ana Domínguez– sobre si este diálogo filosófico es consecuencia, siquiera parcial, del estado de ánimo de AlfonsoX al final de su reinado76. Creo, con Canettieri, que es más probable que el inicio de la obra fuera escrito muchos años antes de la rebelión del infante Sancho contra su padre, causa, según supone Domínguez, de las reflexiones pesimistas del monarca en el Libro de los juegos77. * * * La dialéctica entre “seso” y “ventura” en el Libro de los juegos no se queda en el planteamiento inicial de una disputatio escolástica ilustrada por diferentes exempla. Partiendo de esa base, Alfonso quiso incluir las ideas aristotélicas y ptolemaicas sobre el Universo que se conocían en la corte castellana a través de diferentes traducciones árabes de textos helenísticos78. A tal fin, sus eruditos redactores articularon su mensaje en una estructura basada en los números 7 y 12, y añadieron alegorías astrológicas que introducían en el discurso, aparantemente lúdico, el tema del influjo de las estrellas sobre el destino del hombre79. El empleo de aquellas cifras pretendía expresar, en esta y otras obras alfonsinas, el orden del Universo, tal y como se concebía en el modelo de Claudio Ptolomeo, vigente en la Edad Media, con sus siete planetas y doce constelaciones zodiacales. Es bien conocida la preocupación de Alfonso X (“casi la obsesión”, 75 F. M. Pareja Casañas (ed. y trad.), Libro del ajedrez, de sus problemas y sutilezas, vol. 2, LXIIILXIV. Se equivoca por lo tanto Musser cuando defiende que el origen de los tres juegos principales del tratado alfonsino, presentado en forma de quæstio escolástica, puede ser visto como un debate entre islam y cristianismo sobre la predestinación y el libre albedrío (S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»..., 1.225). 76 Cfr. A. Domínguez Rodríguez, “El «Libro de los juegos» y la miniatura alfonsí”, 32. Esta autora también atribuye a los sentimientos del monarca la inclusión de juegos de ajedrez astronómicos que requerían el uso de dados, al final del códice (ibídem). Como veremos, este último hecho responde más bien al planteamiento filosófico general de la obra. 77 P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos - Introduzione - Coordinate [Internet]. Versión 12 (enlace ya citado). 78 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 278. 79 P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos - Introduzione - Ideologia e simbologia [Internet]. Versión 7 (enlace ya citado). 310 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos diría Valdeón80) por la astrología81, que instigaría la traducción de obras como El libro conplido en los iudizios de las estrellas de Ibn Abˉı-l-Riˆyˉal, o el Libro de las cruzes de ‘Ubayd Allˉah. En el prólogo añadido por los traductores alfonsinos a este último, se declara la creencia del Rey Sabio en “el dicho de Aristótil [Aristóteles], que dize que los cue[r]pos de yuso, que son los terrenales, se mantenen et se goviernan por los movementos de los corpos de suso, que son los celestiales, por voluntad de Dyos”82. Aparte alusiones genéricas a la voluntad divina tanto en las obras de contenido astrológico como en el Libro de los juegos, es llamativo que el taller alfonsino desplegara una visión del mundo más propia de la ciencia helenística que de la teología cristiana occidental83. Por lo que se refiere a las distintas claves numéricas presentes en el Libro de los juegos, Sonja Musser ha recordado las detectadas por autores anteriores, y ha propuesto otras84: los 64 folios que ocupa el Libro de ajedrez corresponden a las 64 casillas del tablero85; la cifra de 151 miniaturas (interpretando como doble la del folio 77 vuelto) es símbolo también del 7 ( = 1 + 5 + 1); 72 + 72 da como resultado 98, número de folios del códice…86 Ricardo Calvo, por su parte, ha llamado la atención sobre que la obra estuviera dividida en siete partes, número 80 J. Valdeón Baruque, “Alfonso X y la convivencia cristiano-judío-islámica”, 177, en J. Mondéjar y J. Montoya, (eds.), Estudios alfonsíes: lexicografía, lírica, estética y política de Alfonso el Sabio, Granada, 1985, 165-177. 81 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 287; J. A. Sánchez Pérez, “El Libro de Las Cruces”, 77, Isis, vol. 14, nº 1 (mayo 1930), 77-132. Véase, de A. García Avilés: “Alfonso X y la tradición de la magia astral”, en A. Domínguez y J. Montoya (coord.), El Scriptorium alfonsí: de los libros de astrología a las «Cantigas de Santa María», 83-104; “«Imágenes mágicas»: la obra astromágica de AlfonsoX y su difusión en la Europa bajomedieval”, en M. Rodríguez Llopis (coord.), AlfonsoX: aportaciones de un rey castellano a la construcción de Europa, Murcia, 1997, 135-172. 82 J. A. Sánchez Pérez, “El Libro de las cruces”, 80 (cita con la puntuación y alguna mayúscula modificada; las cursivas son mías). Sobre esa traducción, finalizada en 1259, véase también R. Muñoz, “Los orígenes del «Libro de las Cruces», de Alfonso X el Sabio (1ª parte)”, Revista de filología de la Universidad de La Laguna, nº 1, 1982, 153-176. 83 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 289. 84 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 1.226-1.228. 85 Calvo detecta cierto apresuramiento en las páginas finales del Libro del acedrex para no excederse de la mágica cifra (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 129). 86 Esta última relación matemática, de ser intencionada, rebate la opinión de Piero Grandese, que defendía que al códice le faltaban dos folios, por lo que originalmente habría tenido 100, “numero certamente più «complido» [...] e conveniente perciò a un codice regio di Alfonso el Sabio” (P. Grandese, “Sulla composizione del libro dei giochi di Alfonso X el Sabio”, 181. Citado en P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos - Introduzione - Coordinate [Internet]. Versión12 [enlace ya citado], que desarrolla a su vez la hipótesis de Grandese). 311 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez alrededor del cual gira la simbología de las Partidas, de las tablas astronómicas y del Setenario87. La simbología astrológica se hace más patente al final del libro (fols. 95r-97r), donde se explican los dos últimos juegos, los escaques y las tablas que se juegan “por astronomía”. Especialmente significativo es el tablero del primer juego. Es heptagonal, pues son siete los jugadores, “cada uno con su planeta”88. En su interior se disponen ocho anillos concéntricos: el exterior contiene los doce signos del Zodíaco; los 7 interiores se hallan escaqueados. En el centro, la Tierra, compuesta de tres anillos y un círculo, signos de los cuatro elementos: fuego (rojo), aire (cárdeno claro), agua (blanco) y tierra (pardo). Con ayuda de un dado heptaédrico, se iban moviendo sobre el tablero las figuras de los planetas89. Aparte del movimiento de las esferas celestes, los autores del Libro de los juegos quisieron también encajar en él lo que creían saber de la naturaleza terrenal. Así, convirtieron el ajedrez y las tablas de cuatro jugadores, hechas “a semeiança de los quatro tiempos dell anno” (fols. 87-89), en una representación de las cuatro estaciones, los cuatro elementos y los cuatro humores, identificados por sendos colores: verde (primavera-aire-sangre); rojo (verano-fuego-cólera, de χολή, bilis); negro (otoño-tierra-melancolía, de μελαγχολία, bilis negra); y blanco (invierno-agua-flema). En suma, el Libro de los juegos está cargado de significado metafísico y astrológico, producto de la cosmovisión que impregnaba la corte de eruditos de Alfonso X. Tal complejidad en el despliegue alegórico ha llevado a Sonja Musser a suponer que lo que el Rey Sabio pretendió con esta obra fue “mirar en las profundidades de estos juegos, como en una bola de cristal, con el fin de ver el futuro y poder arreglárselas mejor con los desafíos que la vida real presentaba”90. Afirmación que va más allá de lo demostrable. 87 R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 129. Las siete partes son las dedicadas a: el ajedrez; los dados; las tablas; variantes de los juegos anteriores, en mayor formato (el más destacado, el “grant acedrex” de 12 x 12 casillas); los juegos de cuatro jugadores (ajedrez y tablas de las cuatro estaciones); el alquerque; y los juegos astrológicos (escaques y tablas que se juegan “por astronomía”). 88 A saber: Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. 89 Cfr. J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 285-286; S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 1.228; P. Canettieri, ALFONSO X - Libro de los juegos - Introduzione - Ideologia e simbologia [Internet]. Versión 7 (enlace ya citado). 90 Véase S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 80-85, 1219-1221 y 1.2301.231. La cita, en la página 1.231. 312 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos 4.3. Ultraespecialización e hiperinterpretaciones: a propósito de las miniaturas del «Libro del acedrex» Las miniaturas del Libro de los juegos, y en especial las que ilustran el Libro del acedrex, han sido una de las cuestiones más estudiadas de la obra. Al mismo tiempo, se trata de un ámbito muy perjudicado por la ultraespecialización que denunciábamos al principio de este trabajo. Ello provoca que, junto a interpretaciones sugerentes, se hayan ofrecido otras que pecan de exceso de imaginación. No es éste lugar para analizarlas por extenso, pero sí considero pertinente hacer ciertas precisiones sobre algunas de las más discutibles. Un ejemplo ya antiguo de lo que tratamos ahora es la explicación del filólogo e hispanista inglés John Brande Trend sobre los gestos de los jugadores estampados en las miniaturas del Libro del acedrex: “Las manos de los jugadores están dibujadas en casi cada caso con los dedos en ciertas posiciones, como para ahuyentar el mal de ojo y otras influencias mágicas, y ayudar al jugador a ganar”91. No puede descartarse (ni demostrarse, con los datos con los que contamos) que en alguna miniatura en concreto pudiera ser así; pero hace tiempo que Ricardo Calvo, citando una apreciación de Steiger similar a la de Trend, puntualizaba a propósito de aquellas escenas que, en realidad, los dedos extendidos, o el personaje que toca un trebejo, lo que hacen es señalar exactamente a la figura o cuadro del tablero donde comienza a desarrollarse el problema planteado en el texto precedente del Libro del acedrex92. Otros casos más recientes afectan, sobre todo, al esfuerzo por identificar en las miniaturas del Libro de los juegos a determinados personajes de la familia real castellana. Como muestra, un botón: las miniaturas de los folios 47 vuelto y 48 recto del Libro del acedrex. En la primera de ellas vemos a dos personajes sentados en el suelo y separados por un tablero: a la izquierda, un hombre maduro, con el pelo rubio o quizá cano, tocado con un bonete decorado con castillos y leones, emblemas heráldicos de la casa real; su túnica y su capa, rojas con los ribetes dorados; y también dorado es su calzado93. Se le enfrenta, al otro lado de los escaques, una mujer de rodillas, cuyo rostro queda enmarcado por una toca blanca (fol. 47v). En la miniatura situada justo en la página adyacente (fol. 48r), se enfrentan en torno al 91 J. B. Trend, “Alfonso el Sabio and the Game of Chess”, 396-397, citando a P. Fr. Juan Zarco Cuevas, Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de El Escorial (S. Lorenzo de El Escorial, 1924-1929), III, 444-445. 92 R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 131, refiriéndose a A. Steiger, Libros de acedrex, dados e tablas. Das Schachzabelbuch König Alfons des Weisen, nach der Handschrift J.T.6 fol. des Escorial mit Glossar und grammatischem Abriss, Ginebra-Zürich, 1941, XVII. 93 Los zapatos dorados son privativos de los reyes en estas miniaturas, según S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 754-757. 313 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez Miniatura del folio 47 vuelto Miniatura del folio 48 recto 314 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos tablero dos mujeres con sendas túnicas de gasa que permiten ver sus senos y muslos; los rostros de ambas parecen intencionadamente borrados, como ya señalara Sonja Musser94, lo que ha deteriorado en buena medida el cuadrante superior derecho de la ilustración. A la izquierda de ellas, un varón con el bonete y los ribetes de su capa blasonados con castillos y leones, con calzado dorado, de pelo castaño oscuro, barba rala, y facciones y expresión diferentes – pero es sólo mi opinión– a las del hombre del folio 47v. Lo acompaña, sentado en el suelo (los otros tres personajes están sentados en banquetas), un segundo individuo, de pelo rubio y barbado. Domínguez Rodríguez identifica en ambas miniaturas con Alfonso X a los varones adornados con las armas de la casa real de Castilla y León, a pesar de las diferencias físicas que existen entre ellos. Pero va más allá, al afirmar con toda seguridad: “En ambas miniaturas […] quiso sin duda el monarca que se contrapusieran ambos aspectos de su vida”, refiriéndose a su vida romántica y erótica, respectivamente. De la dama que se enfrenta al hombre del folio 47v, dice que “puede tratarse de un tardío homenaje al gran amor de su juventud, de la que tuvo un hijo anterior a su matrimonio, Doña Mayor Guillén de Guzmán”. Por otra parte, afirma que en el folio 48r, “el rey Alfonso parece visto en la madurez”, que el hombre junto a él es un “cortesano”, y que “los censores posteriores han frotado los escotes de las señoras”, cuando en realidad los dañados son sus rostros95. La autora también apunta que no es posible identificar a Violante, la esposa de Alfonso X, “con ninguna de las reinas que juegan al ajedrez, o que comparecen en las Cantigas”. Pero, en cambio, sí le ha sido posible sugerir la presencia de Mayor Guillén de Guzmán en el folio 47v, sin que sepamos a ciencia cierta con qué ignota imagen o descripción física de la noble castellana se ha efectuado la comparación. Las apreciaciones de Sonja Musser al respecto son aún más peregrinas. Ella identifica a doña Violante en varias miniaturas – entre ellas la del folio 47v– por su “inconfundible nariz, ancha y cuadrada, y su mirada penetrante” (sic)96; no declara en qué fuentes ha constatado que aquéllos eran sus rasgos. Es lo máximo que llega a justificar sus asertos en estas cuestiones. Porque sin ningún fundamento también supone que una de las amantes de Alfonso, Mayor Guillén 94 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 744-745 y 919. 95 A. Domínguez Rodríguez, “El «Libro de los juegos» y la miniatura alfonsí”, 56. Las cursivas son mías. 96 “Alfonso’s spouse, Violante, is also easily identified beginning with those portraits where she appears as the queen in full regalia next to her husband. Her distinctive wide, square nose and penetrating gaze are found in no fewer than five illuminations including fols. 16r, 18r, 47v, 49r 54v and 56r” (S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 79). 315 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez de Guzmán, y su hija, Beatriz – reina de Portugal y báculo de su padre durante sus últimos años– figuran con frecuencia en el Libro de los juegos97. Especialmente extravagante me parece su análisis de la miniatura del folio 48r: sitúa a Alfonso X (el hombre con el birrete y el manto decorados con castillos y leones) sentado “en un banco de una casa de baños”98. A su izquierda estaría “un hombre más joven”, que considera puede ser “o su hijo ilegítimo con María de Aulada, Alfonso Niño [sic], o, con menos convicción, el príncipe heredero Fernando de la Cerda, que murió en 1275”99. Dicho sea de paso, Musser, al tener como fuente exclusiva en este asunto el Livro de linhagens de Pedro de Barcelos, yerra como él en el nombre de la madre de Alfonso Fernández “el Niño”, que hoy sabemos que fue Elvira Rodríguez de Villada, cuyas relaciones con Alfonso X habrían tenido lugar hacia 1242100. Pero, regresando a la descripción de la miniatura, también lanza la autora otras hipótesis respecto a ese “joven”: que pueda ser Fernando de la Cerda, o el hijo natural de Alfonso X Martín Alfonso, e incluso el infante Manuel, que, aunque rebelde contra su hermano el rey, no vio su cara desfigurada en la miniatura, lo que no se compadece con otras afirmaciones de la autora respecto a supuestas imágenes del infante Sancho101. De las “damas ligeras de ropa” que juegan al ajedrez, Musser cree que son “su hija ilegítima Beatriz y su madre Mayor Guillén de Guzmán”, es decir, “su «otra» familia”102. Doña Mayor, según Musser, aparecería en más ocasiones, siempre hermosa, a menudo poco vestida, “al estilo moro”, engalanada con collar y brazaletes de oro, y manos pintadas de alheña. En el caso del evidente borrado de caras de las mujeres cuasi desnudas del folio 48r, deja Musser volar aún más su imaginación: la responsable de tan furiosa damnatio memoriæ habría 97 En los folios 18r, 40v, 48r y 54r (ibídem). 98 Otros autores se han preguntado si este personaje no sería más bien el infante Sancho (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 130; C. Bordons Alba, “El ajedrez, juego de reyes”, 225). 99 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 724, y nota 112, sobre Alfonso Fernández “el Niño” (c. 1242-1281), uno de los hombres de confianza del Rey Sabio. Acerca de la actividad política de Alfonso Fernández, véase B. Vázquez Campos, Los adelantados mayores de la Frontera o Andalucía (siglos XIII-XIV), Sevilla, 2006, 110, 112, 121, 143, 188, 196 y 225. 100 J. de Salazar y Acha, “Precisiones y nuevos datos sobre el entorno familiar de Alfonso X El Sabio, fundador de Ciudad Real”, 221-222, en Cuadernos de estudios manchegos, nº 20, 1990, 211231; sobre Mayor Guillén véase el mismo artículo, 222-224. 101 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 915-916. Las desfiguraciones de los rostros de ciertas figuras masculinas en las miniaturas corresponderían, según ella, a una destrucción deliberada de las imágenes del infante Sancho, rebelado contra su padre en 1282 (op. cit., 754, 918 y 1.231). 102 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 724. 316 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos sido, nada más y nada menos, que la reina Violante, celosa – siempre según Musser– de Mayor Guillén y de su hija103. El análisis de la miniatura del folio 18r nos depara más sorpresas. Musser afirma que en aquella ilustración Violante y “su competencia”, Mayor Guillén (de nuevo con una túnica translúcida), son las que se encuentran disputando una partida de ajedrez104. Abreviemos, en este punto, la imaginativa hipótesis de Sonja Musser: Si la hemos entendido bien, el taller alfonsí no habría tenido reparos en presentar desnudas a una antigua amante del rey y a su hija más querida, como tampoco en dibujar con un generoso escote a la propia reina, doña Violante, en el folio 56r105. La autora ve tal proceder como lo más natural del mundo en la corte real castellana del siglo XIII, después de establecer anacrónicas comparaciones con lo estilado en el antiguo Egipto106. Doña Violante, víctima de un ataque de celos, habría destruido unas imágenes de doña Mayor, pero paradójicamente no otras, como la del folio 18r. 103 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 742-746. Sobre estas hipótesis insiste a lo largo de su tesis (792, 915-920, 1.226-1.227). 104 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 741-742. 105 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 939-940. Sobre otras hipotéticas identificaciones de doña Violante véase S. Musser, op. cit., 739-740. 106 S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 918. Miniatura del folio 18 recto 317 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez Recapitulemos ahora sobre lo que nos consta por otras fuentes, y hagámonos algunas preguntas. Sabemos que Mayor Guillén de Guzmán murió a comienzos de 1262107. ¿Había sido tan importante en la vida de Alfonso X como para perpetuar su memoria en el Libro de los Juegos, teniendo en cuenta que éste se terminó en 1283? Es cierto que doña Mayor fue madre de una hija (quizá dos) de Alfonso, y que recibió del entonces infante heredero importantes señoríos, como el de Elche en 1244; pero también María Alfonso (hija natural de Alfonso IX de León) y Elvira Rodríguez de Villada desempeñaron el mismo papel de amante y madre de hijos de Alfonso en un momento u otro108. ¿Cabe conjeturar, sin ninguna prueba que lo avale, un odio visceral entre Violante y Mayor Guillén, como sí sabemos que existió entre la esposa y la amante de Alfonso XI, bisnieto del Rey Sabio? A diferencia de este último caso, Alfonso X no convivió continuadamente con su concubina, ni tuvo muchos hijos con ella, ni postergó a su descendencia legítima en beneficio de la bastarda. Violante tenía otros motivos de preocupación, como la suerte de sus nietos, los hijos de Fernando de la Cerda, en el pleito sucesorio que los enfrentaba al infante Sancho. No se trata de despreciar el trabajo de los autores mencionados en este apartado, pues otros razonamientos suyos están bien argumentados, o al menos son verosímiles. Así parece la hipótesis de Musser acerca de las caras masculinas borradas en ciertas miniaturas, que podrían pertenecer al rebelde Sancho y, en una ocasión, al infante Manuel, que había secundado a su sobrino contra Alfonso X109. Tampoco se trata de negar la posibilidad de identificar los nombres, etnia, religión u oficio de los personajes representados en las miniaturas110. Pero no queda más remedio que denunciar el poco fundamento de las conjeturas descritas antes, consecuencia de no haber analizado en profundidad los testimonios cronísticos y documentales coetáneos, y de ignorar las más recientes 107 M. González Jiménez, Alfonso X el Sabio, 156. 108 M. González Jiménez, Alfonso X el Sabio, 28. 109 Miniaturas de los folios 1r, 51r, 72r, 88v, 96v y 97v (S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 792. Las de los fols. 88v y 96v parecen haber sufrido más bien un deterioro no intencionado). En otro lugar, un tanto contradictoriamente, afirma que alguna cara dañada lo habría sido no por ira del monarca contra Sancho, sino por la pena de haber perdido a su hijo mayor (op. cit., 754). Sin embargo, nada dice la autora de la miniatura del folio 96v, que representa una partida de los “escaques que se iuegan por astronomía”. Allí el rostro de Alfonso X (según lo identifican todos los especialistas) aparece desvaído, sin que debamos suponer una mano destructora, sino tan sólo un deterioro casual. Otras figuras de las miniaturas, por ejemplo en el Libro de los dados, tienen las facciones borradas (fol. 70v), y no han despertado la curiosidad de Musser. 110 Por ejemplo, cuando Calvo propone identificaciones como jugadores de ajedrez de judíos, árabes, caballeros de órdenes militares, monjas, músicos, etc., así como de personajes de la corte real, aunque con prudencia (R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 130-131). 324 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos sólo desempeñado por infantes de la casa real y por ricoshombres – la cúspide nobiliaria–. Los caballos del ajedrez eran, por supuesto, los caballeros (“cavallos, mas los sus nombres derechos son cavalleros, que son puestos por cabdiellos por mandado del Rey pora ordenar las azes de la hueste”). Los roques, los antiguos carros de guerra, eran asemejados a las “azes” o escuadrones137 de los caballeros. Los alfiles (“eleffantes que solíen los Reyes levar en las batallas”), en cambio, no encontraban en el texto alfonsino ningún paralelismo en el ejército de la época (fol. 3). Las piezas de la hueste real podían ser tomadas en el transcurso de la partida, pero no el rey, que podía recibir jaque “por quel pudiessen fazer salir de aquel logar dó soviesse como desonrrado”. Pero si lo arrinconaban de manera que no tuviera ninguna casilla adonde ir, recibía “xamat [jaque mate], que es tanto como muerto” (f. 3v). El parsimonioso andar del rey en el tablero era símbolo de la obligación del monarca de carne y hueso de no dejarse llevar por la ira – “non se deve arrebatar en las batallas”– y de proceder reflexivamente – “metiendo mientes en lo que ha de fazer”– (fol. 3v). ¿Acaso no recuerdan estas palabras el consejo recibido por Alfonso X de su padre, Fernando III, en el Libro de los doze sabios? “Non te rebates a fazer ningún fecho fasta que, primeramente, lo pienses. Salbo quando vieres tus henemigos delante ti, que aquí non ay que pensar, salbo ferir reziamente e pasar delante.”138 Aparte de la militar, la otra gran faceta de un monarca medieval era la de la justicia139. Para captar la trascendencia de esta función según se veía en el siglo XIII, nada mejor que acudir a las palabras del propio Alfonso X, o de sus juristas: “así como el alma yace en el corazón del home, et por ella vive el cuerpo et se 137 S. de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española (Madrid, 1611), ed. De F. C. R. Maldonado, Madrid, 1995, 619, voz “HACES [I]”. 138 “Cap. XLII. En que el rey no se rebata a hacer ningún hecho hasta que lo piense”. Tomado de H. H. Gassó y D. Romero (eds.), “Libro de los doce sabios, Ms. 92 (=77) de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander”, Memorabilia: Boletín de literatura sapiencial, nº 6, 2002. Esta relación ya fue advertida por S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 101. 139 A. Marongiu, “Un momento típico de la monarquía medieval: el rey juez”, Anuario de Historia del Derecho Español, XXIII (1953), 677-715. Para un análisis del concepto de justicia en los textos de Alfonso X, vid. M. Madero, “Formas de la justicia en la obra jurídica de Alfonso X el Sabio”. Hispania, LVI/2, nº 193 (1996), 447-466. Musser ha apuntado otro detalle que ilustra la importancia otorgada por Alfonso a la justicia. Al mencionar el Libro de acedrex, de pasada, el ajedrez decimal (10 x 10 casillas), se introduce una pieza adicional respecto al ajedrez normal, el juyz, que no es, contra la costumbre alfonsina, traducción de la correspondiente pieza islámica, el dabbaba (S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 536). 325 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez mantiene, así en el rey yace la justicia, que es vida et mantenimiento del pueblo de su señorío”140. En esa línea, hablando de las “avantaias de los trebejos dell acedrex”, el códice explica “... ca el Rey es acotado en guisa que puede tomar a todos e ninguno non puede tomar a él. E esto es a semeiança del Rey que puede fazer iusticia en todos los que la merecieren, mas por esso non deve poner la mano ninguno en él pora prenderle, nin ferirle nin matarle; aunque él fiera o prenda o mate. Mas bien le pueden fazer vergüença en tres maneras: faziéndol salir de la casa do está, o embargándol la casa o quiere entrar, e nol dexar tomar lo que quiere” (fol. 4r). ¿No es curioso que, a propósito de esta batalla simbólica que es el ajedrez, parezca que se esté hablando más de súbditos que de enemigos exteriores, y comience una pequeña digresión sobre la justicia que imparte el soberano? ¿O que reivindique la inviolabilidad de la persona real en términos casi idénticos a los de las Partidas141? ¿Cabe sacar alguna conclusión sobre si hubo algún suceso concreto que provocara tales reflexiones? No podemos, sin caer en los excesos interpretativos que he denunciado antes, achacar la redacción de este enunciado a la particular situación de guerra civil de finales del reinado, ni a la rebelión nobiliaria de 1272-1273, teniendo en cuenta que Alfonso X venía sufriendo insurrecciones de miembros de su familia y de la alta nobleza desde el mismo comienzo de su gobierno. Sin ir más lejos, en 1255 se rebeló uno de sus hermanos, Enrique, aliado al clan de los Haro, algo de lo que no sólo hablan documentos y trabajos de medievalistas142, sino también las obras del taller alfonsí, por ejemplo el comienzo del capítulo LXVI del Libro de los doze sabios143. En cualquier caso, la problemática relación entre las distintas monarquías feudales y sus respectivos grupos nobiliarios era algo muy antiguo y generalizado. 140 Partida II, título I, ley V. Las Siete Partidas del rey don Alfonso el Sabio, Madrid, 1807, t. II, 7. 141 Partida II, título XIII, ley VI: “Et sobre todas las cosas del mundo debe el pueblo guardarse de le tañer [al rey] para matarle, nin para ferirle nin para prenderle” (Las Siete Partidas del rey don Alfonso el Sabio, Madrid, 1807, t. II, 107. El encorchetado es mío). 142 M. González Jiménez (ed.), Crónica de Alfonso X (según el Ms. 2777 de la Biblioteca del Palacio Real, Madrid), Murcia, 1999, 23, nota 24; J. González, Repartimiento de Sevilla, Madrid, 1951, I, 69, nota 191, y 242-248; A. Ballesteros, Alfonso X el Sabio, Barcelona, 1963, 107, 111, 115 y 142; J. F. O’Callaghan, El Rey Sabio, Sevilla, 1999, 104-107; B. Vázquez Campos, «El frustrado proyecto señorial de Fernando III para Arcos de la Frontera», Actas del I Congreso de Historia de Arcos de la Frontera, Cádiz, 2003, 131-138. 143 Libro de los doze sabios, cap. LXVI: “E porque a poco tienpo después que este rey don Alfonso reinó, acaesçió grandes descordias por alguno de los infantes, sus hermanos, e de los sus ricos omes de Castilla e de León, faziéndose ellos todos unos contra este rey don Alfonso”. Cita tomada de H. H. Gassó y D. Romero (eds.), “Libro de los doce sabios…”. 326 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos Finalmente, es significativo que, al describir el Libro del acedrex cómo debían fabricarse las piezas más lujosas, aquellas cuyas “fayciones [...] se fazen meior e más complidamientre”, estableciera que “el Rey deve estar en su siella con su corona en la cabeça e la espada en la mano assí como si iudgasse o mandasse fazer justicia” (fol. 4v). 5. Jaques al rey A través del ajedrez nos hemos acercado a la complejidad de la cosmovisión patrocinada por un monarca que ha pasado a la historia como el Rey Sabio. El motivo de su fama también ha sido, paradójicamente, fuente de los más severos juicios que la posteridad ha vertido sobre él. Sus creencias astrológicas fueron censuradas como nigromancia; sus alardes de sabiduría le valieron el mote de soberbio; el disfrutar de tantos conocimientos y el verse desposeído del poder, hizo que se dudara de su ingenio144. Como su lejano descendiente Felipe II – otro amante del ajedrez, de la astrología y de los libros–145, también tuvo Alfonso su leyenda negra. En ello intervinieron muchos factores. Los panegíricos exaltados de su propia corte de intelectuales – tan dispuestos en todas las épocas a cantar la gloria de sus mecenas– pudieron transmitir la imagen de un monarca presuntuoso, demasiado orgulloso de su sapiencia. Pero no fue sólo eso. Se trató también de propaganda política, responsabilidad tanto de los sucesivos reyes como de los enemigos de éstos. En primer lugar, cuando su hijo Sancho IV llegó al trono, estaba muy preocupado por legitimar su discutible derecho a reinar. Esa inquietud, compartida por sus sucesores, pasaría en tiempos de Alfonso XI, bisnieto del Rey Sabio, a la Crónica de Alfonso X, en la que se respira un ambiente indiscutiblemente hostil contra el soberano cuyo reinado narra146. Pero también los adversarios de la autoridad monárquica atacaron la memoria de Alfonso X. Su concepto de realeza, que impulsó en su monumental 144 “El sobrenombre de Sabio que ganó por las letras, o por la injuria de sus enemigos, o por la malicia de los tiempos, o él por flojedad de su ingenio parece le amancilló; pues con el crédito que tenía de ser tan sabio, no supo mirar por sí y prevenirse” (Juan de Mariana, Historia general de España, Madrid, 1855 [Toledo, 1601], 402). 145 Fue el Rey Prudente quien ordenó llevar el Libro de los juegos de la Capilla Real de Granada a su biblioteca en San Lorenzo de El Escorial (S. Musser Golladay, «Los Libros de acedrex, dados e tablas»…, 57, citando a J. B. Sánchez Pérez, El ajedrez de D. Alfonso el Sabio, Madrid, 1929). 146 M. González Jiménez (ed.), Crónica de Alfonso X, “Introducción”, XXXVIII-XLIII. 327 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES El Rey en jaque: Alfonso X y el ajedrez obra legislativa y en su práctica política, era el primer paso en el largo proceso de transformación de la monarquía feudal en el estado burocrático y autoritario de los siglos modernos. Tales iniciativas fueron vistas con recelo por las élites aristocráticas y también por las ciudades castellanas, celosas de su relativa libertad, y de ahí nació en buena medida la gran rebelión de 1272-1273. Alfonso X vio malogrado su proyecto, pero sus sucesores volvieron una y otra vez a la carga: en especial, su bisnieto Alfonso XI, que significativamente elevó a rango de derecho supletorio las Partidas en el Ordenamiento de Alcalá, en 1348. Alfonso XI triunfó allá donde fracasó su bisabuelo, pero en cambio sufrió las consecuencias de que su más tremendo enemigo, Juan Manuel, fuera además uno de los grandes literatos de nuestra lengua. Este hijo del infante Manuel, y por lo tanto sobrino del Rey Sabio, deslizó en obras propias y oídos ajenos todo tipo de relatos afrentosos – no necesariamente falsos– contra Alfonso XI y su estirpe. Acaso también se debiera en última instancia a él la leyenda de la blasfemia del Rey Sabio, recogida, entre otros, por Pedro de Barcelos – otro bisnieto de Alfonso X–, según la cual este monarca habría afirmado que si él hubiera estado junto a Dios en la Creación, algunas cosas hubieran sido “melhor feitas que como as Elle fezera”147. No cabe duda de que Alfonso tenía una idea muy elevada de sí mismo y de la institución que encarnaba, pero es dudoso que tal comentario fuera verídico. Al menos, en las obras que patrocinó no se le presenta tan fatuo como para prescindir del consejo de hombres más ilustrados que él: así puede apreciarse en el Libro de los doze sabios, o en el prólogo del Libro de los juegos, si tomamos al rey de la India como alter ego del monarca castellano. Las monografías y estudios parciales de las últimas décadas, algunos de los cuales han sido citados a lo largo de estas páginas, han dictado un juicio más ecuánime sobre este personaje de luces y de sombras. Alfonso también recibió jaques en vida. Su reinado fue una continua sucesión de guerras y rebeliones: su hermano Enrique y el clan de los Haro, los mudéjares andaluces y murcianos, los benimerines del Norte de África, los ricoshombres casi al completo, el rey de Francia, su querido hermano Manuel y su hijo Sancho... Recuerda la vida de Alfonso a los dos primeros problemas del Libro del acedrex, en los que el rey es acosado de jaque en jaque recorriendo un eterno periplo circular, que hace retornar a todas las piezas a la posición 147 P. de Barcelos, Crónica Geral d’Espanha (ed. de L. F. Lindley Cintra), vol. IV, 382, citado en M. González Jiménez, Alfonso X el Sabio, 449. Sobre esta y otras leyendas antialfonsinas, véase M. González Jiménez, op. cit., 448-455, y L. R. Funes, “La blasfemia del rey Sabio: itinerario narrativo de una leyenda (I)”, Incipit, nº 13, 1993, 51-70; “La blasfemia del rey Sabio: itinerario narrativo de una leyenda (II)”, Incipit, nº 14, 1994, 69-101. 328 Alcanate VII [2010-2011], [293 - 328] CANTIGAS Y OTRAS OBRAS ALfONSÍES Braulio vázquez Campos inicial148. Igualmente, en 1283, cuando se concluyó el Libro de los juegos, Alfonso se rehacía del último jaque, el del infante heredero, y veía cómo sus súbditos iban retornando lentamente a la obediencia. Sin embargo, pocos meses después, el 4 de abril de 1284, en la misma ciudad en la que “fue començado e acabado” su libro sobre el ajedrez y los otros juegos, recibió el mate. Como en la cuarteta de Omar Jayyam149, fue el destino común a todo hombre, a todo trebejo, el que derrotó finalmente al Rey Sabio. 148 Cfr. R. Calvo, “El «Libro de los juegos» de Alfonso X el Sabio”, 152. 149 O como en el segundo de los sonetos de Borges dedicados al ajedrez: “También el jugador es prisionero / (la sentencia es de Omar) de otro tablero / de negras noches y de blancos días”. O, como en la bajomedieval Comparatio Mundi ad Ludum Schakarum, en términos muy parecidos a Jayyam: “Mundus iste totus quoddam schacharium est...” (L. Thorndike, “All the World’s a ChessBoard”, 463, Speculum, vol. 6, nº 3, jul. 1931, 461-465).