Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental
Abstract
En el presente artículo hemos realizado un estudio que aborde los aspectos teóricos y prácticos relacionados con las hipótesis de transición dentro del ámbito de la Educación Ambiental. Para ello exponemos la evolución seguida hasta llegar al propio concepto de hipótesis de transición, tanto en la nomenclatura utilizada como en el significado interno de dichos términos. Además ejemplificamos la utilidad de esta herramienta didáctica al desarrollar su posible uso en el ámbito de la Educación Ambiental dentro de la temática de la energía y del agua.
Full text
303 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS Núm. 32.3 (2014): 303-318 http://dx.doi.org/10.5565/rev/ensciencias.1137 ISSN (impreso): 0212-4521 / ISSN (digital): 2174-6486 Rodríguez-Marín, F., Fernández-Arroyo, J., García Díaz, J.E (2014) Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental. Enseñanza de las Ciencias, 32.3, pp. 303-318 Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental The transition hypothesis as a teaching tool for Environmental Education Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales, Universidad de Sevilla [email protected], [email protected], [email protected] RESUMEN • En el presente artículo hemos realizado un estudio que aborde los aspectos teóricos y prácticos relacionados con las hipótesis de transición dentro del ámbito de la Educación Ambiental. Para ello exponemos la evolución seguida hasta llegar al propio concepto de hipótesis de transición, tanto en la nomenclatura utilizada como en el significado interno de dichos términos. Además ejemplificamos la utilidad de esta herramienta didáctica al desarrollar su posible uso en el ámbito de la Educación Ambiental dentro de la temática de la energía y del agua. PALABRAS CLAVE: hipótesis de transición; hipótesis de progresión; itinerarios didácticos; Educación Ambiental. ABSTRACT • In this article we have sought to conduct a study that focuses on the theoretical and practical features related to the transition hypothesis within the field of environmental education. This approach exposes the evolution followed up to the very concept of transition scenarios, both in the nomenclature used as in the inner meaning of these terms. We will also exemplify the usefulness of this teaching tool to develop its potential use in the field of environmental education within the issue of both energy and water KEYWORDS: transition hypothesis; progression hypothesis; didacticitinerary; Environmental Education. Fecha de recepción: marzo 2013 • Aceptado: abril 2014
304 Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 INTRODUCCIÓN Presentamos las hipótesis de transición como una herramienta didáctica que creemos que resuelve en cierta medida el problema de dar sentido, en cuanto al que enseña, al proceso de construcción de conocimiento. Se trataría de un instrumento útil para programar la intervención educativa y para orientar la exploración y comprensión de las dificultades que los alumnos encuentran en el proceso de construcción de conocimientos. En lo que sigue, intentamos caracterizar este instrumento, aclarando, en lo posible, su origen y evolución. En el presente artículo usaremos este término como concepto que engloba y amplía la noción de hipótesis de progresión, más utilizado en la literatura precedente (Grupo «Investigación en la Escuela», 1991; García Pérez, 2000; García Pérez y Porlán, 2000). Para ilustrar nuestra propuesta presentaremos resultados de dos investigaciones recientes en el ámbito de la Educación Ambiental (en lo sucesivo, EA) basadas en dicha herramienta. Pese a que dicho concepto tiene su origen en la Didáctica de la Ciencias, pensamos que son de gran utilidad en la EA, debido a que en este campo no es frecuente encontrar propuestas didácticas que contemplen un tratamiento gradual y progresivo de los contenidos. Consideramos que el manejo de esta herramienta didáctica en la EA permitiría orientar la intervención educativa hacia el tratamiento de los problemas socioambientales. Adquieren especial relevancia aspectos propios de la corriente socioconstructivista, en la que la perspectiva del aprendiz, la consideración de sus intereses y su motivación, todo ello canalizado a través de las emociones, tienen una influencia considerable sobre lo que sucede en el aula y sobre el éxito del aprendizaje (Zembylas, 2005). Y además se potencia el trabajo en torno a problemas, es decir, planteando situaciones cotidianas, cercanas, y que intenta involucrar a los alumnos en las investigaciones (Stauffacher et al., 2006). Por otro lado, el uso de las hipótesis de transición determina, en el plano metodológico, un enfoque procesual contrapuesto a las investigaciones que tradicionalmente en EA han utilizado análisis tipo pretest-postest, centrándose en dos momentos: el antes y el después de la intervención educativa. Desde nuestro punto de vista este tipo de investigaciones no otorgan la importancia que merecen a los elementos y a las relaciones que existen en la intervención, considerando solo una información muy puntual, ya que solo tienen en cuenta el estímulo entrante y el producto que sale, siguiendo un esquema similar a una caja negra. A la hora de investigar los cambios procedimentales o actitudinales duraderos, este tipo de metodología debería ser la utilizada por el investigador (Cohen y Manion, 1990), sobre todo teniendo en cuenta que en muchos casos la evolución conseguida en el alumnado con una intervención educativa no es duradera en el tiempo y, transcurrido dicho tiempo, desaparece de manera total o parcial (Rabadán y Flor, 1998). LAS HIPÓTESIS DE TRANSICIÓN Cualquier intervención educativa requiere una cierta forma de organizar y secuenciar los contenidos. Tradicionalmente, los contenidos se han organizado de acuerdo con taxonomías más o menos elaboradas, pero siempre con una formulación cerrada. Véase, por ejemplo, la taxonomía de Bloom (1956) o el trabajo de Resnick y Klopfer (1989), cuyo eje didáctico está constituido por los componentes de una teoría de la enseñanza, como la investigación del desempeño competente en un campo específico, de los estados iniciales de los alumnos antes de la enseñanza y de los procesos de transición del estado inicial hasta el estado final. Independientemente de que un contenido fuera muy general o muy específico, su definición era única y ajustada a la rutina académica (normalmente una simplificación del conocimiento científico). Además, su secuenciación respondía a una lógica científica no a una lógica psicológica.
305 Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 Al respecto, el constructivismo introduce un planteamiento nuevo: la definición científica del contenido sería solo un referente, un posible punto de llegada, por lo que resulta imprescindible contar con formulaciones intermedias que faciliten y orienten el proceso de construcción del conocimiento. El acento se desplaza así de la taxonomía de los contenidos al proceso de construcción y a la manera de profundizar en cada contenido concreto. En esta línea, las hipótesis de transición son una herramienta didáctica que permiten (García, 1998 y 2004a; Cano, 2008; Rodríguez-Marín, 2011; Mora, 2011 y Fernández-Arroyo, 2012a): a) Dar coherencia al proceso de construcción de conocimientos en la intervención educativa y orientar el tratamiento de los problemas socioambientales. b) Establecer una gradación desde lo simple hacia lo complejo en la formulación y organización de los contenidos y en la formulación y reformulación de los problemas que investigan los/las estudiantes. c) Explorar las ideas de las personas implicadas en el proceso de EA y detectar y superar las dificultades de aprendizaje asociadas a dichas ideas. d) Analizar, desde la perspectiva de la investigación didáctica, el proceso de construcción de un determinado contenido. Para poder profundizar en un contenido y establecer posibles niveles de formulación de este, pensamos que las hipótesis de transición deben estar basadas en el paradigma de la complejidad (Morin 1986, 1992, 1999 y 2001; García, 1995, 1998, 2004a y 2004c; Morín y Naïr, 1998; Bonil, 2005; Cano, 2008). Pero basarnos en el paradigma de la complejidad pasa por la necesidad de establecer una gradación desde lo simple hacia lo complejo en los contenidos y en la reformulación de los problemas que investigan los/las aprendices, superar las dificultades de aprendizaje de las personas o analizar el proceso de construcción de un determinado contenido (García, 1998 y 2004a). Además, asumir el paradigma de la complejidad como referente teórico supone cambiar nuestra concepción de la propia investigación didáctica: un análisis procesual de la evolución de las ideas de un grupo de alumnos y alumnas desde lo simple a lo complejo, respecto a un contenido marcado por la integración de conocimientos de naturaleza diferente, y en un contexto sistémico y complejo como es el aula (entendido como espacio donde se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje). La idea de definir diferentes niveles de formulación para un contenido concreto aparece inicialmente en autores de tradición piagetiana (García, 1998). Así, Shayer y Adey (1981) aplican la descripción de estadios evolutivos propuesta por Piaget a la secuenciación por niveles de una gran variedad de contenidos escolares. Sin embargo, fueron los estudios sobre las ideas previas del alumnado los que provocaron el desarrollo actual de la noción de los niveles de formulación. El alumnado en el ámbito escolar y los participantes en el ámbito de la EA, partiendo de sus concepciones iniciales, van a construir los contenidos mediante un proceso de aproximaciones sucesivas (Host, 1976; Giordan, 1983), en el que un objetivo no se alcanza pronto, sino que se llega a él progresivamente, a través de una serie de pasos que se corresponden con los diferentes niveles de formulación. Esta propuesta se desarrolla en contraposición al modelo de sustitución del conocimiento erróneo del alumno o participante por el conocimiento científico verdadero. Así, Giordan (1985) y Astolfi (1988), hablan del error como un paso obligado en la construcción del saber; Martinand (1981) mantiene que el error no es un defecto del pensamiento sino una fase más en un proceso de búsqueda; Pope (1985) señala que las propuestas de cambio conceptual encaminadas a la extirpación del error constituyen un auténtico «asalto cognitivo», y Cañal (1986) destaca que la construcción del conocimiento debe hacerse «mediante constructos intermedios, cada uno de los cuales, independientemente de su nivel de corrección científica, podrá ser válido para el alumno en el momento de su formulación y en el contexto en que se haya elaborado» (p. 135).
306 Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 Diversos autores han ido perfilando la caracterización de la noción de niveles de formulación. Así, Develay y Vogel (1986) los definen como un enunciado que pretende materializar una etapa en el proceso de construcción de un concepto. Para estos autores el saber no resulta de una adición, sino de una reorganización continua. Según Giordan y De Vecchi (1987), los niveles de formulación se refieren a los sucesivos estados por los que pasa un individuo en la evolución de un determinado conocimiento, a los umbrales alcanzados, a un cierto grado de abstracción. No se trata de un nivel lingüístico, sino de un momento en el desarrollo de determinadas estructuras cognitivas. Para Astolfi (1988) se trata de trabajar una red de aproximaciones sucesivas, en la que hay que distinguir un plano lingüístico, un plano lógico y un plano epistemológico, a la hora de caracterizar los diferentes niveles de formulación. Astolfi (1990) propone asociar las tramas conceptuales a los niveles de formulación, de manera que clarifiquen un determinado campo conceptual combinando la lógica científica con la lógica del alumno. Estas aportaciones conllevan un cambio radical en la organización y secuenciación del conocimiento escolar, pues ahora el profesorado tiene que intervenir orientando un proceso de aprendizaje mucho más flexible y abierto, con diversidad de caminos y de momentos en la construcción del conocimiento. Para ello tiene que basarse en conjeturas sobre cómo se podrá desarrollar mejor ese proceso. Se trata de hipótesis en el sentido de enunciados sobre lo que podría ocurrir en el contexto de aprendizaje, si creamos determinadas condiciones de trabajo, de predicciones sobre los cambios que se pueden producir en el conocimiento de los aprendices. Son hipótesis de trabajo que tendrán que reformularse en la propia práctica educativa. En estas aproximaciones al concepto de hipótesis, se puede apreciar un doble uso del término: como niveles propuestos por el profesorado para orientar la elaboración de los contenidos en el aula o como los niveles que manifiesta el alumnado al explicitar sus ideas. Pero estos dos enfoques no se excluyen. Así, el profesorado cuando programa debe incorporar en la tipificación de los niveles tanto las aportaciones procedentes del análisis epistemológico e histórico del contenido como los datos que obtiene sobre la evolución de las ideas de los alumnos (Martín, 1994). En definitiva, este planteamiento evolutivo presenta indudables ventajas respecto a una formulación cerrada y terminal de los contenidos escolares: supone una visión relativa del saber, y concede mayor relevancia al proceso en sí (los niveles de formulación intermedios) que al producto final de este (el nivel de formulación que se propone como meta), más a lo dinámico (cómo cambian los sistemas de ideas de los alumnos, qué hipótesis orientadoras queremos tener y con qué niveles de formulación) que a lo estático (listas de contenidos, diversidad y densidad de contenidos, tramas estáticas de contenidos…). Se trata, en todo caso, de tener unos posibles itinerarios que se reformulan en función de lo que ocurre en el aula. Si realizamos un breve resumen de la evolución seguida por el término hipótesis de transición dentro del grupo IRES (Investigación y Renovación Escolar), podemos decir que se comenzó utilizando el término hipótesis de progresión en los primeros materiales que se publicaron, entendiéndolo como un sistema general de ideas que se encuentran estructuradas y en evolución, al que debería tender el alumno que aprende, que se va construyendo a lo largo de los diferentes niveles educativos y que sirve al profesor como «hipótesis general de referencia» para el diseño y desarrollo de su proyecto de trabajo (Grupo «Investigación en la Escuela», 1991). También lo encontramos en la propuesta curricular denominada «Investigando Nuestro Mundo» (García y García Pérez, 1992a): «esta perspectiva proporciona una interpretación global del desarrollo humano y del desarrollo social (indesligable del mismo), que constituye un aspecto fundamental de la cosmovisión del Proyecto IRES» (García Pérez, 2000; García Pérez y Porlán, 2000). Posteriormente, García (1995) habla de hipótesis sobre la posible progresión del conocimiento escolar, concibiéndolas como «posibles itinerarios didácticos» donde los alumnos investigan los pro-
307 Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 blemas planteados y, paralelamente, estos avanzan desde unos niveles de formulación a otros. Ambos procesos se ajustarían por la evaluación continua de la propia aula. En los siguientes materiales publicados, relacionados con el diseño de propuestas para lograr un currículo globalizado (García, Martín y Rivero, 1996) se mantiene el concepto de hipótesis de progresión. Del mismo modo que cuando se aborda la construcción del conocimiento referido a las nociones ecológicas, como el concepto de ecosistema (García, 1994 y 1997; García Díaz y Rivero, 1996) y el estudio del medio urbano (García Pérez, 2002 y 2003). Mediante estas hipótesis de progresión, los contenidos son secuenciados desde una perspectiva constructivista y evolutiva del conocimiento escolar, entendiendo el aprendizaje escolar como un proceso, abierto e irreversible, de reorganización continua de los sistemas de ideas de los sujetos. La continuidad del término se hace patente a la hora de abordar los contenidos escolares en general y los contenidos ecológicos en particular (García, 1998). Cuando el grupo IRES se introduce en el ámbito de la EA, la concepción de la hipótesis de progresión no varía significativamente (García, 1999), considerando que las aportaciones realizadas al ámbito de la Didáctica de las Ciencias (García, 2003) también son aplicables al ámbito de la EA. Estas circunstancias son desarrolladas con mayor profundidad por Martínez (2000), García y Cano (2006) y Cano (2008). La idea de hipótesis de progresión connota que el proceso es lineal: vamos, gradualmente, desde el conocimiento inicial del alumno hacia el conocimiento deseable. Esta consideración lleva, en el seno del grupo IRES, a un replanteamiento del instrumento didáctico. El educador tiene que tener una hipótesis de trabajo sobre lo que puede suceder en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y esa hipótesis no tiene que referirse, necesariamente, a un cambio lineal y progresivo, sino a una transición más abierta desde unos niveles de formulación a otro, que considere también retrocesos y cambios no previstas inicialmente. Además, como indica Mora (2011), una hipótesis de transición puede referirse únicamente a la posible evolución de un determinado contenido; hay que tener presente que los contenidos solo adquieren un significado si se consideran en relación con otros, como nudos en una red del saber, por lo que es más coherente el que se elaboren hipótesis de transición referidas a cambios más generales de los sistemas de ideas, que afecten a diversos contenidos organizados en tramas y jerarquizados o a conceptos metadisciplinares –como sistema, interacción o evolución–, que referidas tan solo a cambios puntuales. Es decir, las transiciones propuestas deben referirse no a un mero listado de temas, sino a un conjunto de ideas que interactúan entre sí y que se incluyen unas en otras según su mayor o menor grado de generalidad y que se pueden visualizar mediante mapas conceptuales, redes o tablas de dos dimensiones (una horizontal, que se corresponde con el conjunto de contenidos relacionados que constituyen ese campo conceptual concreto –la amplitud de la trama–, y otra vertical para las relaciones entre las distintas nociones consideradas, relaciones que definen unos niveles de jerarquía). Esta idea se ha trabajado en el estudio de las concepciones sobre el conocimiento del medio natural, de la energía y del agua (Rodríguez-Marín, 2011; Mora, 2011, Rodríguez-Marín y García, 2011; Fernández-Arroyo y Solís, 2011; Fernández-Arroyo, 2010a, 2010b, 2012a y 2012b). Las hipótesis de transición no deben entenderse como un planteamiento cerrado e inflexible de la programación de los contenidos educativos. Es decir, no son un itinerario ineludible por el que inevitablemente hay que pasar, de forma que cada alumno siga mecánicamente un trayecto lineal y ascendente. Tienen un carácter abierto y flexible, admitiendo diversidad de recorridos formativos. Se trata, más bien, de la elaboración de un marco orientador reformulable que parte del tratamiento de los obstáculos que dificultan la transición hacia formas más complejas del conocimiento escolar. Nos permite, por un lado, interpretar la realidad educativa y, por otro, intervenir en ella en un determinado sentido.
308 Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 Pero las hipótesis de transición no solo son una herramienta didáctica. También se constituye como una herramienta de utilidad en la investigación (Rivero, 1996; Martínez, 2000; Solís, 2005; Luna, 2007; Cano, 2008; Sousa, 2008; Mora, 2011; Rodríguez-Marín, 2011; Fernández-Arroyo, 2012a). Como investigadores nos permite analizar la evolución de las ideas del alumnado y profesorado, e indirectamente inferir las dificultades que encuentran en dicho proceso. En un sentido similar, Porlán et al. (2010 y 2011), Rivero et al. (2011), Solís et al. (2012a) y Solís, Porlán y Rivero (2012b) analizan los resultados de sus investigaciones caracterizando la evolución tanto del conocimiento profesional como del conocimiento escolar desde la perspectiva de un itinerario en el que se construye progresivamente el conocimiento. En relación con estas hipótesis, es necesario elaborar un sistema de categorías para estudiar los momentos del proceso enseñanza-aprendizaje. Dicho sistema de categorías tiene un carácter procesual por interacción íntima con los datos obtenidos, evolucionando paralelamente a la recogida de información. Esta herramienta de análisis tiene dos componentes. Por un lado, un componente teórico basado principalmente en el paradigma de la complejidad. Por otro lado, un componente metodológico, al proponerse la evaluación de las ideas del alumnado desde los principios de la complejidad (García, 1995; Bonil, 2005). Gracias a las hipótesis de transición es posible establecer un gradiente de ideas de menor a mayor complejidad sobre un determinado contenido, que es posible que el alumnado adopte a lo largo del proceso de enseñanza y aprendizaje (García, 1997, 1998 y 1999; Porlán y Rivero, 1998; Solís, 2005; Cano, 2008). Para establecer este gradiente es necesario determinar la trama de contenidos que constituye el contexto de la transición, establecer el conocimiento escolar deseable hacia el que se dirige el gradiente, definir los diferentes niveles de formulación de cada contenido concreto y determinar las ideas previas del alumnado participante, donde se empiezan a detectar las posibles dificultades de aprendizaje del alumnado y que se complementa con la información que aportan las actividades realizadas a lo largo del proceso de formación. Una manera gráfica de plasmar la idea de «construcción progresiva» es la metáfora de la escalera, que da una visión holística del proceso de enseñanza-aprendizaje y nos sirve para visualizar el análisis que se realiza del proceso de construcción. En esta representación gráfica cada escalón supone un paso en el proceso de aprendizaje, un cambio en las ideas de la persona que aprende y un nuevo nivel de formulación del contenido progresivamente más próximo al conocimiento deseable. El peldaño representa por tanto el grado de dificultad existente en las transiciones que se producen en la construcción de un determinado conocimiento. La altura de cada peldaño es proporcional al grado de dificultad en la transición de un nivel de formulación a otro.
309 Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 Fig. 1. García, Rodríguez-Marín y Solís (2008: 25). PROPUESTAS DE HIPÓTESIS DE TRANSICIÓN: EL AGUA Y LA ENERGÍA Como ya se ha mencionado, para facilitar la construcción del conocimiento del alumnado puede ser de gran utilidad establecer diferentes niveles de formulación de un contenido determinado dentro de las hipótesis de transición. Permite la reorganización permanente de una determinada idea mediante sucesivas construcciones a modo de evolución de un determinado conocimiento (Cañal, 1987; Giordan y De Vecchi, 1987). Esta manera de entender el conocimiento está en concordancia con las posiciones relativistas del paradigma de la complejidad y a su vez es antagonista de una visión del conocimiento como algo absoluto, cerrado y verdadero. A la hora de establecer los niveles de formulación, Martín del Pozo (1994) considera importante tener en cuenta la información, cuyo origen está en: a) el análisis científico-epistemológico de las nociones científicas implicadas; b) la investigación didáctica sobre las ideas del alumnado y sus dificultades de aprendizaje, y c) las ideas mantenidas por nuestro alumnado en clase durante el desarrollo del proceso que estamos siguiendo. Además, para superar las dificultades generales, también es necesario considerar la formulación de conceptos y las dificultades de aprendizaje en la transición desde un pensamiento simple hacia un pensamiento complejo (García, 1998). Para García (1998, 2002a y 2004a) esta transición debe ser entendida como un cambio hacia:
310 Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 – Una perspectiva más sistémica del mundo, superadora de la visión aditiva de la realidad y de las formas de actuación y de pensamiento basadas en lo próximo y evidente, en la causalidad mecánica y lineal, en las dicotomías y los antagonismos, en la idea estática y rígida del orden y del cambio; – Una mayor capacidad para ir más allá de lo funcional y concreto, para abandonar lo evidente y la adopción de diferentes perspectivas, a la hora de interpretar la realidad y de intervenir en esta. – Un mayor control y organización del propio conocimiento, de su producción y de su aplicación a la resolución de problemas complejos y abiertos, superándose, por una parte, la dependencia de la cultura hegemónica y de sus valores característicos (con el desarrollo de actitudes de tolerancia, solidaridad, cooperación, etc.) y, por otra, la sumisión a los dictados del experto (técnicos, políticos). Este autor muestra la necesidad de establecer un marco más amplio donde integrar las distintas hipótesis de transición sobre contenidos concretos al que denomina macrohipótesis de transición. Esta macrohipótesis de transición recoge la evolución desde lo simple hacia lo complejo en cada uno de los contenidos abordados. Es fácil entender que considerar las hipótesis de transición como herramienta didáctica válida supone indirectamente asumir el carácter relativo y dinámico en el conocimiento escolar (aspectos de especial relevancia en el constructivismo y la complejidad). Desde una visión didáctica, el carácter relativo y dinámico implica poner por delante, en cuanto a importancia, el proceso de aprendizaje en sí, frente al resultado final (entendido este como una formulación única y cerrada del contenido que se está trabajando). Teniendo en cuenta los aspectos anteriores se presentan, a modo de ejemplo, algunos ejemplos de categorización referidos a las temáticas del agua y la energía (García, Rodríguez-Marín, Solís y Ballenilla, 2007; Rodríguez-Marín, 2011; Fernández-Arroyo y Solís, 2011; Fernández-Arroyo, 2010a, 2010b, 2012a y 2012b) que pueden servir de guía orientativa para trabajar los niveles de formulación de cualquier problemática socioambiental: 1. Una primera transición sería pasar de una concepción aditiva y cerrada a otra concepción más ecosistémica (en sentido amplio, como ecosociosistema), relativista e integradora. a) En primer lugar, se deberían considerar todos los posibles elementos, relaciones y variables que están implicados en esta problemática. Por ejemplo, respecto al tema de la energía, aunque comencemos trabajando la energía por sus aspectos más locales y concretos (uso doméstico de la energía), habría que ir complejizando los problemas pendientes, hasta tener una visión lo más global de la temática posible (relación del consumo de la energía con problemas sociales como las guerras). En relación con el agua, su uso doméstico también podría ser un buen punto de partida para la reflexión o incluso para optar por la escuela como contexto cercano al sujeto. De nuevo, en la escala global podríamos abordar los actuales conflictos que ya existen en el presente alrededor del agua (relación de poder entre Israel y Palestina, pongamos por caso) y los conflictos que se prevén puedan existir en el futuro. Por ejemplo, recientemente un informe del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos advierte que en los próximos diez años las fuentes de agua generarán inestabilidad en el sur de Asia, el norte de África y el Medio Oriente con consecuencias impredecibles para el resto de regiones. b) En segundo lugar, habría que adoptar una perspectiva integradora. – Integrar los aspectos naturales con los sociales, evitando los planteamientos reduccionistas. El hecho de centrarse exclusivamente en lo social o en lo natural impide una comprensión más profunda de la temática y tampoco ayuda a capacitar a las personas a gestionar los
311 Las hipótesis de transición como herramienta didáctica para la Educación Ambiental ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 problemas. Por ejemplo, cuando abordamos en el aula la problemática del uso, gestión y contaminación del agua en un espacio natural con presencia poblacional, no podemos disociar problemas como qué uso se le está dando al agua en ese contexto, quiénes son los encargados de gestionar esa agua, quiénes poseen ese agua, cómo se distribuye, cuáles son las prioridades de uso que tiene el agua en ese entorno, cómo se actúa ante los casos de contaminación del agua o a qué elementos sociales y naturales afectaría. Trasladado esto al ámbito de la energía, tampoco se pueden disociar problemas como para qué usamos la energía en nuestras casas, de quién es la electricidad que consumimos, cómo llega la electricidad a nuestras hogares o qué papel tiene el Gobierno en el control de la producción y el consumo de energía eléctrica, de aquellos como qué es la energía, qué es la electricidad, qué ocurre en una combustión o se pierde energía en el paso de una forma de energía a otra. – Integrar la ciencia en los valores y las actitudes (las ideologías). No basta con trabajar problemas más próximos a los problemas científicos tradicionales, sino que hay que trabajar tanto problemas propiamente político-ideológicos como problemas en los que la ciencia aporta importantes argumentos para el debate político. Siguiendo con el ejemplo del agua, ante los graves problemas que presenta este recurso existen cada vez más voces que exigen apostar por una «nueva cultura del agua» donde la carga político-ideológica es importante. Respecto a la energía, además de trabajar qué es la electricidad como problema científico tradicional, también hay que trabajar con problemas político-ideológicos (¿cómo sabemos si consumimos menos energía?, ¿depende de nuestro grado de bienestar de la cantidad de energía que consumimos? o ¿es posible ahorrar energía dentro del modelo socioeconómico capitalista?) y con problemas en los que la ciencia aporta importantes argumentos para el debate político (¿qué es más despilfarrador un termo eléctrico, uno de gas o uno que funcione con placas solares de acuerdo con lo que nos dice hoy en día la ciencia? o ¿tiene algún límite el aumento del consumo energético?). – Integrar los diferentes tipos de conocimientos (conceptual, procedimental y actitudinal) entre sí y con la acción. Al respecto, es muy relevante el tratamiento de problemas que personalicen la temática de forma que los participantes tengan que cuestionar no solo sus conceptos sino también sus actitudes, sus hábitos y sus rutinas cotidianas. Por ejemplo, respecto a la energía y el agua, es necesario trabajar el uso, consumo y gestión que se hace de estos dos recursos mediante cuestiones en las que se aborden estos aspectos: ¿en qué situaciones a lo largo de un día consumo energía y agua?, ¿todos los usos son igualmente despilfarradores?, ¿qué hago y qué podría hacer para evitar el despilfarro de energía y de agua? o ¿en qué medida participo en la gestión social de la energía y el agua? – Integrar lo local con lo global, lo concreto con lo general. Por ejemplo, frente al planteamiento tradicional de trabajar solo el consumo de energía y agua en el hogar habría que complementarlo con el análisis del consumo de energía y agua a otras escalas (¿cuánta energía consume un electrodoméstico concreto?, ¿qué cantidad de agua supone un acto de nuestra vida cotidiana?, ¿y de nuestra ciudad o nuestro país?, ¿y de otros países?, ¿todos consumimos igual?, ¿y en el conjunto de nuestro planeta?, etc.). c) En tercer lugar, habría que facilitar que los participantes puedan describir cualquier evento desde la triple perspectiva del mesocosmos (lo perceptible, evidente y próximo a nuestra experiencia), el microcosmos (lo no perceptible por ser muy pequeño) y el macrocosmos (lo muy grande). Así, por ejemplo, describir qué sucede en los tres niveles cuando usamos una cocina de gas o una eléctrica: ¿qué apreciamos cuando encendemos la cocina?, ¿qué procesos físicoquímicos hay en una llama o en una resistencia incandescente?, ¿existe alguna relación entre
318 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, NÚM. 32.3 (2014): 303-318 The transition hypothesis as a teaching tool for Environmental Education Fátima Rodríguez-Marín, Jorge Fernández-Arroyo, J. Eduardo García Díaz Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales, Universidad de Sevilla fr[email protected], jferar[email protected], [email protected] In this paper we have performed a study that addresses the theoretical and practical aspects of transition scenarios in the field of environmental education. We believe that the transition hypothesis as a teaching tool solves, to some extent, the teacher’s problem of trying to make sense of the process of knowledge construction. We try to characterise this tool by explaining as much as possible its origin and evolution. We use this term as a concept that encompasses and extends the notion of progression hypothesis, used mainly in previous literature (Group “Research in School”, 1991; García Pérez, 2000; García Pérez and Porlán, 2000). We consider transition hypotheses to be a teaching tool that allows to (García 1998 and 2004a; Cano, 2008; Rodríguez-Marín, 2011; Mora, 2011 and Fernández-Arroyo, 2012a): a) Give coherence to the process of knowledge building in educational intervention and guide the management of social and environmental problems. b) Establish a scale ranging from the simplest to the most complex of the development and organisation of content and the formulation and reformulation of the problems studied by the students. c) Explore the ideas of those involved in the environmental education process and identify and overcome the learning problems associated with those ideas. d) Analyse the process of creation of particular content from the perspective of educational research. We believe that in order to look deeper into a content and set up possible levels of formulating said content, the transition hypothesis should be based on the complexity paradigm (Morin 1986, 1992, 1999 and 2001, García 1995, 1998, 2004a and 2004c Morin and Nair , 1998; Bonil, 2005; Cano, 2008). However, relying on the complexity paradigm requires us to establish a scale ranging from the simplest to the most complex within the content studied and in reformulating the problems studied by the students; to overcome people’s learning problems; or to analyse the construction process of a particular content. In addition, to illustrate our proposal we present the results of two recent pieces of research in the field of environmental education, focused particularly on the issue of energy and water, based on this tool and following the analysis of the transitions as follows: 1. A first transition would be to move from an additive perception towards a more ecosystemic (broadly defined as socio-eco-system), relativistic and inclusive one. Considering all the possible elements, relationships and variables that are involved in this issue and adopting an integrative perspective. 2. A second transition would be a move from simple to complex causes. Mythical causes (such as providentialism, fatalism, etc.) and mechanical-linear causes (cause and effect) would have to be overcome, thus organizing the world based on the interaction and the reorganisation of the systems. Furthermore, in relation to the causes, the transition from the antagonism perspective (the engine that moves the world is confrontation, competition, beating the other, etc.) towards the complementarity perspective (unity is strength, the most effective action is based on cooperation, we all depend on each other...) would need to be studied. 3. A third transition is related to change and time, considering changing the world as an evolutionary and irreversible change, and overcoming “fixist”, static, fatalistic and cyclic approaches. Ultimately, the desired knowledge about change and time would focus on the notion of co-evolution (systems that evolve together while interacting) and dealing with problems.