Fed o, Re is a de Es é ica y Teo ía de las A es. Núme o 14, ene o de 2015. ISSN 1697- 8072
UNA RESPUESTA ESTÉTICA
A LA CRISIS DEL PENSAR METAFÍSICO
Da id Po cel Dies e
Uni e sidad de Salamanca
RESUMEN: Sin duda hoy i imos malos iempos pa a cul i a el pensa me a ísico.
La lógica del cálculo y de la en abilidad que impe a en las sociedades capi alis as
ac uales no deja cabida a o mas de conocimien o que necesi an de es ados no en ables
como la se enidad y la con emplación. Pe o nues o iempo no sólo se ca ac e iza
po que haya menos me a ísica, sino po que an educiéndose las posibilidades pa a es e
pensa . Lo que queda, po an o, es inicia la búsqueda de una solución desde den o del
mundo ecni icado en que i imos y no a pesa de él. Pa a ello hab á que echa mano de
una o ma de conocimien o que eúna la doble condición de, po un lado, sus ae se de
la cadena y ci cui os que impone la écnica y, po o o, pone al homb e en el camino
del p egun a me a ísico. En es e sen ido, de lo que se a a es de e o na a las
«expe iencias p ime as» desde den o del sis ema écnico y no a pesa de él.
PALABRAS CLAVE: Mundo ecni icado – Me a ísica – Jacques Ellul – Ma in
Heidegge – Educación es é ica
ABSTRACT: Wi hou any doub , nowadays, we a e li ing ha d imes o cul i a e he
me aphysical hinking. Calcula ion logic and he p o i abili y ha is cu en ly aking
pa in capi alis socie ies do no ha e oom o any ype o knowledge which needs
non- easible s a es such as se eni y and medi a ion. Howe e , ou ime is no only
cha ac e ized by he lack o me aphysics bu by he educed possibili ies o his
hinking. Wha i emains, he e o e, is o begin he sea ching o a solu ion om he
inside o he echnical wo ld in which we a e li ing and no in spi e o i . To do his, i
will be necessa y o ecou se o a way o knowledge ha mee s he double condi ion o ,
on he one hand, back ou o he chain and ci cui s imposed by echnique and, on he
o he hand, o si ua e mankind on he way o he me aphysical ques ioning. In his
sense, wha is ele an is o come back o he « i s expe iences» om inside he
echnical sys em and no in spi e o i .
KEYWORDS: Technical wo ld – Me aphysics – Jacques Ellul – Ma in Heidegge -
Aes he ic educa ion
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I. In oducción
Sin duda hoy i imos malos iempos pa a cul i a el pensa me a ísico. La
lógica del cálculo y de la en abilidad que impe a en las sociedades capi alis as ac uales
no deja cabida a o mas de conocimien o que necesi an de es ados no en ables como la
se enidad y la con emplación. Resul a llama i o, en es e sen ido, la abundancia de
í ulos1 que hoy en día eclaman el alo in ínseco del sabe me a ísico, máxime
cuando, a la luz de aquella lógica alimen ada po la sed de pode de de e minas éli es, la
me a ísica es conside ada como un sabe inú il, p escindible, se ible en odo caso como
me o pasa iempo o dis acción. Tampoco la p og esi a especialización del sabe ayuda
al eje cicio de una au én ica iloso ía en nomina i o que con ibuya a una isión in eg al
del mundo. El p opio sis ema de e mina a los u u os in es igado es a con inua
especializándose en un de e minado campo del sabe , pe diéndose con ello la
pe spec i a holís ica necesa ia pa a una adecuada comp ensión del mundo.
Pe o nues o iempo no sólo se ca ac e iza po que haya menos me a ísica, sino
po que an educiéndose las posibilidades pa a es e pensa . El conjun o de condiciones
que han p epa ado el camino pa a el desa ollo del pensamien o me a ísico, desde que
Tales de Mile o o mula a aquello de El p incipio de odo es el agua has a las dispu as
del pasado siglo en o no a la legi imidad de la me a ísica como o ma de
conocimien o2, ienen hoy en día di ícil cabida. Las azones de ello son complejas y
ha ía al a un abajo de mayo en e gadu a pa a pode a on a el p oblema. Es e
abajo, humilde en su na u aleza, no p e ende abo da el p oblema de las condiciones
de posibilidad del p egun a me a ísico desde un pun o de is a psicológico, sociológico
o epis emológico, a ando de descub i aquel conjun o de elemen os que in e ienen en
la o mulación de la p egun a po el «se », y desa ollando pa a ello odo un a mazón de
concep os, hipó esis y leyes explica i os, sino, más bien, se limi a a mos a que en el
mundo egido po aquella lógica del pode y del cálculo se p oduce un desajus e en la
elación en e el suje o cognoscen e y el obje o conocido. Es e desajus e, como se e á,
es á en el o igen de la c isis del pensa me a ísico.
Sin emba go, es e abajo no p e ende se pesimis a en su ondo ni en su o ma,
de mane a que, desde la consciencia de que en el mundo económico en que i imos no
se da es a elación a o able a la me a ísica, se p opone la iabilidad de un pensa
me a ísico adecuado a los nue os iempos. En es e sen ido, no c eemos que pueda
cambia se el mundo, pe o sí la mane a de mi a lo, de o ma que es e eje cicio es é ico
descub a nue os aspec os lo su icien emen e esqui os pa a eludi las exigencias de las
llamadas «sociedades del endimien o».3 El hecho es que hemos enido que deja de se
me a ísicos pa a ad e i la pe inencia de la p egun a po las condiciones de posibilidad
de aquel pensa . La insis encia de la p egun a mues a que la me a ísica ha dejado de se
un quehace común y habi ual. Sin emba go, y a pesa de que en las sociedades
ecni icadas al e un «quién» dispues o a p egun a y un «qué» a se in e pelado,
pensamos que aún es amos a iempo de inicia la p egun a po el Se .
II. Unas go as de enomenología
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His o iado es y ilóso os de la écnica del pasado siglo como Jacques Ellul,
Jünge , Mum o d o Heidegge coinciden en de ini el mundo occiden al con empo áneo
como un «mundo ecni icado», es o es, como un mundo en el que la écnica se ha
con e ido en la condición pa a la ida y la supe i encia. Así, algunos de los es udios
más ele an es de aquellos au o es4 co obo an que a pa i del siglo XVIII la écnica
mues a una ace a adicalmen e dis in a de la écnica an e io , has a el pun o que el
enómeno écnico ac ual apenas iene nada en común con la si uación an e io a aquel
siglo. En la ac ualidad, no sólo acon ece que la écnica a o ece la ida o la exis encia,
sino que la condición pa a i i y pa a «se » pasa po domina el lenguaje écnico. Es e
p oceso de ecni icación, po el que odo cuan o exis e acaba supedi ándose a la lógica
que impone la écnica o con i iéndose en algo écnico, explica, en pa e, la c isis ac ual
de los alo es eligiosos y me a ísicos. Al espec o, Jacques Ellul ya ad ie e del
ca ác e sac ílego de la écnica, que no es á limi ada po nada, sino que se ex iende
indisc iminadamen e a odos los campos y ac i idades del homb e: “Y, ¿po qué no
había de ob a así la écnica? Es au ónoma y no conoce más ba e as que los lími es
empo ales de su acción. Más allá, lo que busca no es el mis e io, sino la ie a
momen áneamen e desconocida que es necesa io explo a .”5
De hecho, la écnica sólo puede se e dade amen e e icaz si engloba una
eno me can idad de enómenos y hace en a en su juego el máximo de da os. Es es a
endencia hacia la o alidad, como decíamos, lo que hace de la écnica un enómeno
capaz de ins ala se en aquellos ámbi os que hacía un iempo e an p opiedad
incompa ible del se humano. Y es que no sólo la écnica ha pene ado en lo
ino gánico, explo ando has a ines insospechados la es uc u a del á omo, sino ambién
en el mundo de la sus ancia o gánica, con olando enómenos na u ales como la
p oc eación o el desa ollo del emb ión. O os enómenos, como el e o ismo, la amis ad
o la ac i idad poié ica, que has a aho a se suponían sus aídos de las exigencias
écnicas, ambién pa ecen necesi a de nue as ías de canalización y ealización
conec adas al en amado ecnológico. Mues a de ello es que puede cul i a se la amis ad
desde la dis ancia o inicia se una elación sen imen al haciendo uso de pla a o mas
i uales. De hecho, la in luencia de los nue os canales de comunicación en las
elaciones humanas llega a se al que el p opio canal acaba modelando el ipo de
comunicación y sus posibilidades.6 También el depo e, en el que la búsqueda de la
ma ca y el éco d se impone sob e alo es ances ales como el sac i ico y la excelencia,
acaba educiendo al p opio depo is a a un ins umen o más del p oceso écnico de
ob ención de « egis o». Tal es el cambio, que el mundo ac ual no se de ine po un
cambio de alo es, sino po una nue a o ma de alo a y de pensa , que pa ece no
inclui aquel medi a p opio de la ac i idad me a ísica. Es deci , no sólo el mundo es lo
que ha cambiado, sino nues a mane a pensa y de elaciona nos con él.
Heidegge se e ie e a la lógica de la «solici ación» y del «emplazamien o» pa a
explica es e p oceso de ecni icación del mundo y de disolución del o den me a ísico.
El ilóso o en iende que la esencia de la écnica mode na consis e en que descub e la
Na u aleza como ecu so almacenable, acumulable y desechable, a lo que llama
«exis encia». Así, mien as que la écnica an igua se limi a a ap o echa se de la
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Na u aleza pa a la elabo ación del p oduc o, la écnica mode na «emplaza» o ins a a la
Na u aleza a cumpli una de e minada unción den o del sis ema écnico en cues ión.
Po an o, los abajado es ya no se igen o a ienen a los eque imien os de la
Na u aleza, sino a las necesidades c ecien es que impone la p opia écnica: “En odas
pa es se solici a que algo es é inmedia amen e en el emplazamien o –es deci , que enga
su plaza, su luga - y que es é pa a se solici ado pa a o a solici ación. Lo así solici ado
iene su p opio luga de es ancia, su p opia plaza. Lo llamamos las exis encias.”7 Así,
po ejemplo, en el sec o p oduc i o, una cen al e moeléc ica emplaza al combus ible
ósil a ocupa un luga pa a que suminis e calo , y ello en is a de una nue a
solici ación, a sabe , la disponibilidad de co ien e eléc ica. También es a endencia se
hace isible en ámbi os sociales como la in es igación o la educación: al in es igado
clínico se le solici a a que solucione un de e minado p oblema en is a de una nue a
solici ación, como demanda la p oducción de al á maco des inado a la cu a de una
en e medad; y el p o eso es emplazado a segui de e minados p ocesos e aluado es del
alumno en is a de nue os eque imien os, como el de comple a cie os es udios
es adís icos, en ocasiones alejados del campo de la pedagogía. Incluso en espacios
des inados al espa cimien o, elemen os de la Na u aleza, como los pa ques o espacios
na u ales, es án emplazados a ocupa un «luga » den o del complejo u ís ico, es o es,
solici adas a la solici abilidad de la p oducción de expe iencias y deseos consumis as.
Es os ejemplos no sólo mues an la in asión a odos los ámbi os sociales de esa
endencia i e e sible a con e i odo en «exis encias», sino el hecho de que el se
humano ambién se encuen a some ido a las mismas condiciones po lo que algo es
con e ido en «exis encia». En e ec o, quié alo o no, el homb e se e suje o a la
exho ación a ocupa una «plaza» den o de un de e minado sis ema écnico.
Po an o, en é minos heidegge ianos, cabe de ini el «modo de es a » del
homb e con empo áneo como un es a «emplazado», p o ocado a una nue a
solici ación. El homb e se encuen a p o ocado a ex ae y almacena «exis encias». Se
explo an los ecu sos na u ales, pe o ambién los se es humanos pueden se explo ados,
es deci , is os y a ados como me os ecu sos disponibles dispues os, a su ez, pa a
abas ece ene gía y saca endimien o. Es su mane a de encon a se, de es a en el
mundo, que en lo sucesi o a a de e mina su campo de acción y de decisión, no dando
luga , con ello, a ninguna o a o ma de i i que no sea la que imponga el sis ema
écnico del que se o me pa e. Es deci , el se humano es, hoy más que nunca, un «se
conec ado», necesa iamen e imb icado en el mundo ecnológico; alejado, po an o, del
pensamien o lib e y c eado : “El pensamien o subyacen e a esa ex aña cons ucción
o gánica hace a anza un poco la esencia del mundo écnico, po cuan o con ie e al se
humano, y aho a en un sen ido más li e al que nunca, en uno de los componen es de ese
mundo.”8
III. En onces…, ¿hay oda ía luga pa a el Mis e io?
Una consecuencia inmedia a del p oceso de ecni icación es, como hemos
apun ado, la desapa ición de lo «ma a illoso». Po un lado, ya no se dan las condiciones
pa a una expe iencia del mis e io y apenas hay esquicios pa a sen imien os como la
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«admi ación» o el «asomb o»: e dade a an esala de concepciones es é icas, me a ísicas
y eligiosas. A ás ha quedado el iempo en el que el poe a, el mís ico o el me a ísico
podían man ene una elación de ce canía, de p oximidad, con la Na u aleza, en
pe pe uo con ac o con sus o mas y sec e os. Más bien, el homb e de hoy i e ins alado
en pode osas cons ucciones écnicas que median en su elación con el en o no y apenas
ya puede islumb a se la Na u aleza as el ensamblaje écnico: “No es un aza que la
hid oelec icidad cap e las cascadas y las obligue a i po conduc os ce ados: de la
misma mane a, el medio écnico abso be el medio na u al. Nos encaminamos
ápidamen e hacia el momen o en que ya no dispond emos de medio na u al. No
ol idemos que la noche desapa ece á cuando hayan enido éxi o las in es igaciones
dedicadas a ab ica «au o as bo eales» a i iciales. En onces se á de día sin
in e upción en odo el plane a…”9 En es e con ex o, esul a di ícil encon a luga es
na u ales p opicios pa a una expe iencia es é ica de lo bello y de lo sublime, aho a
susci ada po los escena ios a i iciales, o pa a la ado ación a «lo sag ado», que acaba
cediendo a los impe a i os y coacciones p oceden es del en amado ecnológico. No
sólo el espacio pa a una expe iencia del mis e io se educe; ambién el iempo pa a la
medi ación pa ece ol e se más escaso, sob e odo en aquellos luga es en los que los
elojes se acumulan y las a eas se amon onan. Hoy más que nunca el iempo «p opio»,
de cada uno, se op ime has a la as ixia: ¿qué posibilidades hay de expe imen a el
Mis e io en un mundo en el que ya nada pe enece al dominio de los dioses y de las
ue zas na u ales?
Po o o lado, el p oceso de globalización écnica conduce al in del «se como
ocación»: undamen o de cualquie ac i idad c eado a. En e ec o, o a consecuencia
del p oceso de ecni icación es que el «se » no es ya algo que se ealiza, en el sen ido de
la ocación, sino algo que se solici a desde la exho ación o p o ocación p opia de la
esencia de la écnica mode na. Es deci , el indi iduo, in eg ado en cons ucciones cada
ez más amplias, que le imponen un de e minado modo de ope a y de pensa , enuncia
a la posibilidad de i i con o me a su deseo de se o de ealización pe sonal. En es a
si uación lo que es á en pelig o es el se como « ocación», has a el pun o que, ins alado
en aquel modo de ope a , quien llega a se no es po que lo haya que ido, sino po que se
le ha ins ado a ello en a as de un aumen o de endimien o o p oduc i idad. Nie zsche,
e i iéndose a la ciencia, ya lo an icipó an es de su colapso en 1888: No es la ic o ia de
la ciencia lo que ca ac e iza nues o siglo XIX, sino la ic o ia del mé odo cien í ico
sob e la ciencia. El mé odo se impone aho a sob e aquellas ac i idades que pa ecían
ese adas únicamen e al genio y la habilidad pe sonales. Ya no iene cabida la igu a
del genio polí ico o me a ísico, que, haciendo uso de un alen o espon áneo, podían
e oluciona la ciencia de su iempo. Aho a se impone el cumplimien o de cie a
me odología p ees ablecida y uni e sal, po la cual un polí ico medioc e puede ob ene
una buena polí ica y su p ác ica asegu a un mejo esul ado que el del eje cicio de una
polí ica «no écnica».10 Incluso ac i idades como la música o la li e a u a,
ca ac e izadas po la espon aneidad y c ea i idad, se han ans o mado sus ancialmen e
po el e ec o de de e minadas écnicas no a ís icas, p oli e ando así nue as endencias
como la «cibe li e a u a» o la «música de diseño».
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Po an o, la condena del conocimien o es que es á ya p ede e minado an o po
el mé odo como po las me as que de aquél se espe an. En e ec o, las expec a i as y
p opósi os del homb e dedicado al conocimien o se encuen an muchas eces
de e minados po los impe a i os del sis ema socio-económico del que ineludiblemen e
aquél o ma pa e. Lo mismo que ocu e en el caso del a e o de la polí ica acon ece en
la ciencia: se ins a al cien í ico na u al a que e u e o con i me al hipó esis cien í ica, a
que expe imen e y obse e al hecho, siemp e en is a de ob ene un esul ado
p ees ablecido que esponda a las expec a i as del sis ema y en a as del aumen o de
endimien o.11 En onces, si el c i e io de e dad (o de alsabilidad) se aplica a odo
aquello que encaja den o de los pa áme os que impone la ciencia, hab á que eclama
aquello que caiga ue a del ámbi o de la explicación y dé ocasión a las «expe iencias
p ime as».
IV. Hacia una educación es é ica de la mi ada
Hemos is o que no sólo en el ámbi o de la p oducción y del consumo, sino
ambién en el de la in es igación, el conocimien o cae den o del ámbi o de la
«solici ación» y del «emplazamien o». Es di ícil imagina en es a si uación una azón
libe ado a, emancipado a, según el ideal ilus ado, que esi úe al homb e a su luga
pe dido y le p edisponga nue amen e al pensa me a ísico. La « azón na u al», que
an año había libe ado al homb e de la supe s ición y de la men i a, ha caído p isione a
de su p opia cons ucción. Es al la op esión que eje ce la ci cuns ancia sob e el
indi iduo que és e acaba con undiéndose con ella po mo i os de supe i encia: “Ni el
homb e ni el g upo pueden escoge un camino que no sea un camino écnico; es án
colocados en e a es e simple dilema: o deciden sal agua da su libe ad de elección y
usa el medio adicional o pe sonal, mo al o empí ico, y en onces en an en
compe encia con un pode con a el cual no hay de ensa e icaz po que sus medios
ca ecen de e icacia y se án ahogados o eliminados, y ellos mismos se án encidos, o
bien deciden acep a la necesidad écnica; en onces ence án, pe o queda án some idos,
de modo i emediable, a la escla i ud écnica.”12
En es a si uación, po la que po doquie el se humano se haya
i emediablemen e ins alado en la cadena de la «solici ación» y el «emplazamien o», ya
no si en ampoco aquellas p opues as neo omán icas13 po las que se concebía la
posibilidad de p ac ica o mas de exis encia libe adas de las a adu as y adhe encias
p oceden es de las o maciones écnicas. En un iempo en que odo es á in e conec ado
con odo y la écnica pene a incluso en el in e io de los indi iduos, con i iéndolos en
au én icas cons ucciones ecno-o gánicas, in eg an es, a su ez, de cons ucciones más
amplias, pa ece ya i ealizable oda o ma de ida al ma gen de los sis emas écnicos.
Po lo mismo, el e o no al e uño median e o mas de p oducción que nos de uel an a
la Na u aleza esul a i ealizable a la luz de la complejidad que encie an las
ins i uciones y o ganismos an o en el ámbi o económico-p oduc i o como polí ico-
adminis a i o. Lo que queda, po an o, es inicia la búsqueda de una solución desde
den o del sis ema écnico y no a pesa de él. Pa a ello hab á que echa mano de una
o ma de conocimien o que eúna la doble condición de, po un lado, sus ae se de la
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cadena de las solici aciones y, po o o, pone al homb e en camino del p egun a
me a ísico. En es e sen ido, de lo que se a a es de e o na a las «expe iencias
p ime as» desde den o del sis ema écnico y no a pesa de él.
Po an o, hoy más que nunca es ap emian e una educación es é ica de la mi ada
que ponga al homb e en camino de «expe iencias p imo diales», pe o no enunciando al
mundo écnico, sino con ando con él, po que, como eco daba Hölde lin, “donde es á el
pelig o, c ece ambién lo que sal a”. Al espec o, el plan eamien o de Heidegge
e e ido a la esencia de la écnica14 in i a a pensa la écnica como camino, más que
como ins umen o. En su con e encia La p egun a po la écnica (1953), el au o
a eme e con a la concepción ins umen al de la écnica que no se p egun a po la
esencia de lo écnico, sino que la supone o incluye como algo ya sabido, y en onces
esul a se una isión de icien e. Así, Heidegge en iende que la esencia de la écnica,
an es y más adicalmen e que una o ma de ins umen alización, consis e en se un
modo de des ela o desocul a la Na u aleza. Nos elacionamos con la écnica iendo en
ella un ensamblaje de elemen os que solici an o demandan la ejecución de de e minadas
a eas, cuando la écnica es ambién, lo mismo que el a e, una mane a de des ela o
desocul a la Na u aleza. La écnica es un modo de desocul a , en an o que hace
apa ece las cosas, los en es, de di e en es mane as. Son muchos los casos donde puede
e se es e desocul amien o p opio de la écnica: po ejemplo, en la écnica na al, que
nos descub e el ma como algo na egable; en los apa a os mode nos pa a medi el
iempo, que hacen apa ece és e en o ma de sucesión de unidades de mo imien o; o en
la écnica polí ica, que acaba con i iendo el deseo y genio pe sonales en un es ue zo
disciplinado y me ódico. Desde es e pun o de is a, la écnica no se compo a sólo como
un ins umen o al se icio del se humano, sino como una mane a de desocul a la
Na u aleza, que aho a se hace isible en an o que ealidad «modi icada», «solici ada».
En es e sen ido, la écnica no sólo si e, ambién enseña, ilumina, descub e lo
que yace ahí ocul o; de mane a que, lo mismo que ocu e en la ob a de a e, la ealidad
«modi icada» e ela lo na u al en lo his ó ico, lo «dado» en lo «pues o». Tan o es así
que aho a la Na u aleza sólo sabe mos a se en o ma de i mos y co ien es a i iciales.
La Na u aleza es, más que nunca, Na u aleza «p o ocada», y es p ecisamen e a a és
de la consciencia de es e hecho como podemos ap ende a econoce as las apa iencias
lo «no modi icado». No es casual que ilóso os como Jünge se hayan ocupado en
a ios de sus abajos15 de di igi la mi ada del lec o a los p incipios mismos de las
écnicas más e oluciona ias, como el eloj mecánico o la imp en a, pues es ahí, en la
comp ensión de los mecanismos undamen ales que llenan los millones de a ilugios de
un mismo géne o, donde puede adi ina se que es una y la misma la ue za que los
anima: ¿o acaso el i mo en eco ado –común a odos los elojes mecánicos- no es más
que o a o ma de hace se isible la ue za de la g a edad?
Hay que acos umb a la mi ada a econoce el eposo que yace as el
dinamismo écnico. Gi an las uedas, a anza el calenda io, co en los elojes. Se iene la
sensación de que odo se mue e, odo ma cha hacia delan e, a un i mo incesan e,
i e e sible; cuando lo único que se mue e son las uedas, las sae as y los núme os, no
la ue za que los anima. Se comp ende en onces que el sen imien o dinámico del mundo
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es el esul ado de una pe cepción supe lua, que se queda en el aspec o isible de la
écnica, como la isión del niño que, incapaz de e el uco, e la ac uación del mago
como un ac o ex ao dina io: “En el ámbi o más p o undo de la écnica, allí donde és a
se con ie e en hechizo, lo económico, el aspec o del pode cau i a menos que el
aspec o lúdico. Queda cla o en onces que somos p esas de un juego, de una danza del
espí i u que ningún a e a i mé ico es capaz de cap a .”16 Po an o, es la a ición a mi a
lo que puede conduci nos hacia las «expe iencias p ime as», pues la con emplación de
lo «in empo al», espec o del cual no es amos emplazados ni solici ados, p epa a el
camino pa a expe iencias p imo diales como el «asomb o» o la «admi ación». És as
acon ecen en an o que la isión de lo in empo al, mien as sosiega y a ae nues a
a ención, nos libe a de las a adu as y adhe encias que ineludiblemen e implica el modo
de es a «emplazado». En e ec o, en la ac i ud con empla i a ya no ac uamos como
usua ios o demandan es de la écnica, sino, más bien, como ac o es desin e esados y
sus aídos de las exigencias y de los p opósi os. De lo que se a a po an o es de
acos umb a la mi ada a lo «pe manen e», pa a luego hace lo nues o, deja nos hechiza
po él, p opiciando la ocasión pa a que el mundo se e ele no ya como obje o de
demanda o solici ación, sino de asomb o y con emplación, ab iendo con ello el camino
al pensa me a ísico.
1 Véase NUSSBAUM, MARTHA C., Sin ines de luc o. Po qué la democ acia necesi a de las
humanidades [T aducción de Ma ía Vic o ia Rodil], Ka z edi o es, Buenos Ai es/Mad id, 2010;
LLOVET, JORDI, Adiós a la uni e sidad: El eclipse de las humanidades, Galaxia Gu enbe g, Ba celona,
2011; o ORDINE, NUCCIO, La u ilidad de lo inú il, Acan ilado, Ba celona, 2013.
2 Dispu as que, como ya ha quedado de mani ies o, con ienen o suponen una me a ísica. Al espec o,
éase “Pa a in oduci a Heidegge ” en Es udios ilosó icos 1957-1987, TORRETTI, ROBERTO,
Uni e sidad Diego Po ales, San iago, 2006.
3 Véase, HAN, BYUNG-CHUN, La sociedad del cansancio, He de , Ba celona, 2012.
4 Véase, al espec o, ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, Oc aed o, Ba celona, 2003;
HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 17 Ediciones del Se bal, Ba celona, 1994,
Con e encias y a ículos; MUMFORD, LEWIS, El mi o de la máquina, Pepi as de calabaza, Log oño,
2010.
5 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, Oc aed o, Ba celona, 2003, pp. 148
6 Es e enómeno se hace especialmen e isible en la enseñanza, en la que p o eso es y alumnos ienen que
acaba dominando cie as des ezas ins umen ales y ecu sos ecnológicos pa a ansmi i o ecibi
conocimien os, p e iamen e adap ados a los ci cui os o coo denadas que imponen aquéllos.
7 HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 17 Ediciones del Se bal, Ba celona, 1994,
Con e encias y a ículos.
8 Véase, JÜNGER, ERNST, Sob e el dolo , Tusque s, Ba celona, 1995, pp. 37,38
9 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 85
10 Al espec o, a i ma Ellul: “Lenin ins i uyó la écnica polí ica. No llegó a o mula de una ez po odas
sus p incipios, pe o alcanzó, desde el p ime momen o, el doble esul ado siguien e: po una pa e, un
polí ico medioc e, aplicando es a «mane a de hace », puede ob ene una buena polí ica media, e i a las
ca ás o es y asegu a una línea cohe en e. Po o a pa e, el mé odo a i ma su supe io idad espec o de
una polí ica no écnica.” (en ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 89)
11 Al espec o, añade Heidegge : “po es o la ísica de la época mode na no es ísica expe imen al po que
emplee apa a os pa a p egun a a la Na u aleza, sino al con a io: como la ísica –y ello po que es ya pu a
eo ía- emplaza a la Na u aleza a p esen a se como una ama de ue zas calculable de an emano, po es o
se solici a el expe imen o, a sabe , pa a p egun a si se anuncia, y cómo se anuncia, la Na u aleza a la que
se ha emplazado de es e modo.” (en HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 20, 21)
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12 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 90
13 Véase, JÜNGER, ERNST, La emboscadu a, Tusque s, Ba celona, 1993.
14 Véase HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica.
15 Como ejemplo, éase JÜNGER, ERNST, El lib o del eloj de a ena, Tusque s, Ba celona, 1998.
16 JÜNGER, ERNST, Abejas de c is al, Alianza Edi o ial, Mad id, 1995, pp. 131.
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