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Una respuesta estética a la crisis del pensar metafísico

Abstract

Sin duda hoy vivimos malos tiempos para cultivar el pensar metafísico. La lógica del cálculo y de la rentabilidad que impera en las sociedades capitalistas actuales no deja cabida a formas de conocimiento que necesitan de estados no rentables como la serenidad y la contemplación. Pero nuestro tiempo no sólo se caracteriza porque haya menos metafísica, sino porque van reduciéndose las posibilidades para este pensar. Lo que queda, por tanto, es iniciar la búsqueda de una solución desde dentro del mundo tecnificado en que vivimos y no a pesar de él. Para ello habrá que echar mano de una forma de conocimiento que reúna la doble condición de, por un lado, sustraerse de la cadena y circuitos que impone la técnica y, por otro, poner al hombre en el camino del preguntar metafísico. En este sentido, de lo que se trata es de retornar a las «experiencias primeras» desde dentro del sistema técnico y no a pesar de él.

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Una respuesta estética a la crisis del pensar metafísico

Author: Porcel Dieste, David
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/264cbf4f-a6e4-413b-9c36-b39fbc6448bd/download
Fed o, Re is a de Es é ica y Teo ía de las A es. Núme o 14, ene o de 2015. ISSN 1697- 8072
UNA RESPUESTA ESTÉTICA
A LA CRISIS DEL PENSAR METAFÍSICO
Da id Po cel Dies e
Uni e sidad de Salamanca
RESUMEN: Sin duda hoy i imos malos iempos pa a cul i a el pensa me a ísico.
La lógica del cálculo y de la en abilidad que impe a en las sociedades capi alis as
ac uales no deja cabida a o mas de conocimien o que necesi an de es ados no en ables
como la se enidad y la con emplación. Pe o nues o iempo no sólo se ca ac e iza
po que haya menos me a ísica, sino po que an educiéndose las posibilidades pa a es e
pensa . Lo que queda, po an o, es inicia la búsqueda de una solución desde den o del
mundo ecni icado en que i imos y no a pesa de él. Pa a ello hab á que echa mano de
una o ma de conocimien o que eúna la doble condición de, po un lado, sus ae se de
la cadena y ci cui os que impone la écnica y, po o o, pone al homb e en el camino
del p egun a me a ísico. En es e sen ido, de lo que se a a es de e o na a las
«expe iencias p ime as» desde den o del sis ema écnico y no a pesa de él.
PALABRAS CLAVE: Mundo ecni icado – Me a ísica – Jacques Ellul – Ma in
Heidegge – Educación es é ica
ABSTRACT: Wi hou any doub , nowadays, we a e li ing ha d imes o cul i a e he
me aphysical hinking. Calcula ion logic and he p o i abili y ha is cu en ly aking
pa in capi alis socie ies do no ha e oom o any ype o knowledge which needs
non- easible s a es such as se eni y and medi a ion. Howe e , ou ime is no only
cha ac e ized by he lack o me aphysics bu by he educed possibili ies o his
hinking. Wha i emains, he e o e, is o begin he sea ching o a solu ion om he
inside o he echnical wo ld in which we a e li ing and no in spi e o i . To do his, i
will be necessa y o ecou se o a way o knowledge ha mee s he double condi ion o ,
on he one hand, back ou o he chain and ci cui s imposed by echnique and, on he
o he hand, o si ua e mankind on he way o he me aphysical ques ioning. In his
sense, wha is ele an is o come back o he « i s expe iences» om inside he
echnical sys em and no in spi e o i .
KEYWORDS: Technical wo ld – Me aphysics – Jacques Ellul – Ma in Heidegge -
Aes he ic educa ion
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I. In oducción
Sin duda hoy i imos malos iempos pa a cul i a el pensa me a ísico. La
lógica del cálculo y de la en abilidad que impe a en las sociedades capi alis as ac uales
no deja cabida a o mas de conocimien o que necesi an de es ados no en ables como la
se enidad y la con emplación. Resul a llama i o, en es e sen ido, la abundancia de
í ulos1 que hoy en día eclaman el alo in ínseco del sabe me a ísico, máxime
cuando, a la luz de aquella lógica alimen ada po la sed de pode de de e minas éli es, la
me a ísica es conside ada como un sabe inú il, p escindible, se ible en odo caso como
me o pasa iempo o dis acción. Tampoco la p og esi a especialización del sabe ayuda
al eje cicio de una au én ica iloso ía en nomina i o que con ibuya a una isión in eg al
del mundo. El p opio sis ema de e mina a los u u os in es igado es a con inua
especializándose en un de e minado campo del sabe , pe diéndose con ello la
pe spec i a holís ica necesa ia pa a una adecuada comp ensión del mundo.
Pe o nues o iempo no sólo se ca ac e iza po que haya menos me a ísica, sino
po que an educiéndose las posibilidades pa a es e pensa . El conjun o de condiciones
que han p epa ado el camino pa a el desa ollo del pensamien o me a ísico, desde que
Tales de Mile o o mula a aquello de El p incipio de odo es el agua has a las dispu as
del pasado siglo en o no a la legi imidad de la me a ísica como o ma de
conocimien o2, ienen hoy en día di ícil cabida. Las azones de ello son complejas y
ha ía al a un abajo de mayo en e gadu a pa a pode a on a el p oblema. Es e
abajo, humilde en su na u aleza, no p e ende abo da el p oblema de las condiciones
de posibilidad del p egun a me a ísico desde un pun o de is a psicológico, sociológico
o epis emológico, a ando de descub i aquel conjun o de elemen os que in e ienen en
la o mulación de la p egun a po el «se », y desa ollando pa a ello odo un a mazón de
concep os, hipó esis y leyes explica i os, sino, más bien, se limi a a mos a que en el
mundo egido po aquella lógica del pode y del cálculo se p oduce un desajus e en la
elación en e el suje o cognoscen e y el obje o conocido. Es e desajus e, como se e á,
es á en el o igen de la c isis del pensa me a ísico.
Sin emba go, es e abajo no p e ende se pesimis a en su ondo ni en su o ma,
de mane a que, desde la consciencia de que en el mundo económico en que i imos no
se da es a elación a o able a la me a ísica, se p opone la iabilidad de un pensa
me a ísico adecuado a los nue os iempos. En es e sen ido, no c eemos que pueda
cambia se el mundo, pe o sí la mane a de mi a lo, de o ma que es e eje cicio es é ico
descub a nue os aspec os lo su icien emen e esqui os pa a eludi las exigencias de las
llamadas «sociedades del endimien o».3 El hecho es que hemos enido que deja de se
me a ísicos pa a ad e i la pe inencia de la p egun a po las condiciones de posibilidad
de aquel pensa . La insis encia de la p egun a mues a que la me a ísica ha dejado de se
un quehace común y habi ual. Sin emba go, y a pesa de que en las sociedades
ecni icadas al e un «quién» dispues o a p egun a y un «qué» a se in e pelado,
pensamos que aún es amos a iempo de inicia la p egun a po el Se .
II. Unas go as de enomenología
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His o iado es y ilóso os de la écnica del pasado siglo como Jacques Ellul,
Jünge , Mum o d o Heidegge coinciden en de ini el mundo occiden al con empo áneo
como un «mundo ecni icado», es o es, como un mundo en el que la écnica se ha
con e ido en la condición pa a la ida y la supe i encia. Así, algunos de los es udios
más ele an es de aquellos au o es4 co obo an que a pa i del siglo XVIII la écnica
mues a una ace a adicalmen e dis in a de la écnica an e io , has a el pun o que el
enómeno écnico ac ual apenas iene nada en común con la si uación an e io a aquel
siglo. En la ac ualidad, no sólo acon ece que la écnica a o ece la ida o la exis encia,
sino que la condición pa a i i y pa a «se » pasa po domina el lenguaje écnico. Es e
p oceso de ecni icación, po el que odo cuan o exis e acaba supedi ándose a la lógica
que impone la écnica o con i iéndose en algo écnico, explica, en pa e, la c isis ac ual
de los alo es eligiosos y me a ísicos. Al espec o, Jacques Ellul ya ad ie e del
ca ác e sac ílego de la écnica, que no es á limi ada po nada, sino que se ex iende
indisc iminadamen e a odos los campos y ac i idades del homb e: “Y, ¿po qué no
había de ob a así la écnica? Es au ónoma y no conoce más ba e as que los lími es
empo ales de su acción. Más allá, lo que busca no es el mis e io, sino la ie a
momen áneamen e desconocida que es necesa io explo a .”5
De hecho, la écnica sólo puede se e dade amen e e icaz si engloba una
eno me can idad de enómenos y hace en a en su juego el máximo de da os. Es es a
endencia hacia la o alidad, como decíamos, lo que hace de la écnica un enómeno
capaz de ins ala se en aquellos ámbi os que hacía un iempo e an p opiedad
incompa ible del se humano. Y es que no sólo la écnica ha pene ado en lo
ino gánico, explo ando has a ines insospechados la es uc u a del á omo, sino ambién
en el mundo de la sus ancia o gánica, con olando enómenos na u ales como la
p oc eación o el desa ollo del emb ión. O os enómenos, como el e o ismo, la amis ad
o la ac i idad poié ica, que has a aho a se suponían sus aídos de las exigencias
écnicas, ambién pa ecen necesi a de nue as ías de canalización y ealización
conec adas al en amado ecnológico. Mues a de ello es que puede cul i a se la amis ad
desde la dis ancia o inicia se una elación sen imen al haciendo uso de pla a o mas
i uales. De hecho, la in luencia de los nue os canales de comunicación en las
elaciones humanas llega a se al que el p opio canal acaba modelando el ipo de
comunicación y sus posibilidades.6 También el depo e, en el que la búsqueda de la
ma ca y el éco d se impone sob e alo es ances ales como el sac i ico y la excelencia,
acaba educiendo al p opio depo is a a un ins umen o más del p oceso écnico de
ob ención de « egis o». Tal es el cambio, que el mundo ac ual no se de ine po un
cambio de alo es, sino po una nue a o ma de alo a y de pensa , que pa ece no
inclui aquel medi a p opio de la ac i idad me a ísica. Es deci , no sólo el mundo es lo
que ha cambiado, sino nues a mane a pensa y de elaciona nos con él.
Heidegge se e ie e a la lógica de la «solici ación» y del «emplazamien o» pa a
explica es e p oceso de ecni icación del mundo y de disolución del o den me a ísico.
El ilóso o en iende que la esencia de la écnica mode na consis e en que descub e la
Na u aleza como ecu so almacenable, acumulable y desechable, a lo que llama
«exis encia». Así, mien as que la écnica an igua se limi a a ap o echa se de la
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Na u aleza pa a la elabo ación del p oduc o, la écnica mode na «emplaza» o ins a a la
Na u aleza a cumpli una de e minada unción den o del sis ema écnico en cues ión.
Po an o, los abajado es ya no se igen o a ienen a los eque imien os de la
Na u aleza, sino a las necesidades c ecien es que impone la p opia écnica: “En odas
pa es se solici a que algo es é inmedia amen e en el emplazamien o –es deci , que enga
su plaza, su luga - y que es é pa a se solici ado pa a o a solici ación. Lo así solici ado
iene su p opio luga de es ancia, su p opia plaza. Lo llamamos las exis encias.”7 Así,
po ejemplo, en el sec o p oduc i o, una cen al e moeléc ica emplaza al combus ible
ósil a ocupa un luga pa a que suminis e calo , y ello en is a de una nue a
solici ación, a sabe , la disponibilidad de co ien e eléc ica. También es a endencia se
hace isible en ámbi os sociales como la in es igación o la educación: al in es igado
clínico se le solici a a que solucione un de e minado p oblema en is a de una nue a
solici ación, como demanda la p oducción de al á maco des inado a la cu a de una
en e medad; y el p o eso es emplazado a segui de e minados p ocesos e aluado es del
alumno en is a de nue os eque imien os, como el de comple a cie os es udios
es adís icos, en ocasiones alejados del campo de la pedagogía. Incluso en espacios
des inados al espa cimien o, elemen os de la Na u aleza, como los pa ques o espacios
na u ales, es án emplazados a ocupa un «luga » den o del complejo u ís ico, es o es,
solici adas a la solici abilidad de la p oducción de expe iencias y deseos consumis as.
Es os ejemplos no sólo mues an la in asión a odos los ámbi os sociales de esa
endencia i e e sible a con e i odo en «exis encias», sino el hecho de que el se
humano ambién se encuen a some ido a las mismas condiciones po lo que algo es
con e ido en «exis encia». En e ec o, quié alo o no, el homb e se e suje o a la
exho ación a ocupa una «plaza» den o de un de e minado sis ema écnico.
Po an o, en é minos heidegge ianos, cabe de ini el «modo de es a » del
homb e con empo áneo como un es a «emplazado», p o ocado a una nue a
solici ación. El homb e se encuen a p o ocado a ex ae y almacena «exis encias». Se
explo an los ecu sos na u ales, pe o ambién los se es humanos pueden se explo ados,
es deci , is os y a ados como me os ecu sos disponibles dispues os, a su ez, pa a
abas ece ene gía y saca endimien o. Es su mane a de encon a se, de es a en el
mundo, que en lo sucesi o a a de e mina su campo de acción y de decisión, no dando
luga , con ello, a ninguna o a o ma de i i que no sea la que imponga el sis ema
écnico del que se o me pa e. Es deci , el se humano es, hoy más que nunca, un «se
conec ado», necesa iamen e imb icado en el mundo ecnológico; alejado, po an o, del
pensamien o lib e y c eado : “El pensamien o subyacen e a esa ex aña cons ucción
o gánica hace a anza un poco la esencia del mundo écnico, po cuan o con ie e al se
humano, y aho a en un sen ido más li e al que nunca, en uno de los componen es de ese
mundo.”8
III. En onces…, ¿hay oda ía luga pa a el Mis e io?
Una consecuencia inmedia a del p oceso de ecni icación es, como hemos
apun ado, la desapa ición de lo «ma a illoso». Po un lado, ya no se dan las condiciones
pa a una expe iencia del mis e io y apenas hay esquicios pa a sen imien os como la
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«admi ación» o el «asomb o»: e dade a an esala de concepciones es é icas, me a ísicas
y eligiosas. A ás ha quedado el iempo en el que el poe a, el mís ico o el me a ísico
podían man ene una elación de ce canía, de p oximidad, con la Na u aleza, en
pe pe uo con ac o con sus o mas y sec e os. Más bien, el homb e de hoy i e ins alado
en pode osas cons ucciones écnicas que median en su elación con el en o no y apenas
ya puede islumb a se la Na u aleza as el ensamblaje écnico: “No es un aza que la
hid oelec icidad cap e las cascadas y las obligue a i po conduc os ce ados: de la
misma mane a, el medio écnico abso be el medio na u al. Nos encaminamos
ápidamen e hacia el momen o en que ya no dispond emos de medio na u al. No
ol idemos que la noche desapa ece á cuando hayan enido éxi o las in es igaciones
dedicadas a ab ica «au o as bo eales» a i iciales. En onces se á de día sin
in e upción en odo el plane a…”9 En es e con ex o, esul a di ícil encon a luga es
na u ales p opicios pa a una expe iencia es é ica de lo bello y de lo sublime, aho a
susci ada po los escena ios a i iciales, o pa a la ado ación a «lo sag ado», que acaba
cediendo a los impe a i os y coacciones p oceden es del en amado ecnológico. No
sólo el espacio pa a una expe iencia del mis e io se educe; ambién el iempo pa a la
medi ación pa ece ol e se más escaso, sob e odo en aquellos luga es en los que los
elojes se acumulan y las a eas se amon onan. Hoy más que nunca el iempo «p opio»,
de cada uno, se op ime has a la as ixia: ¿qué posibilidades hay de expe imen a el
Mis e io en un mundo en el que ya nada pe enece al dominio de los dioses y de las
ue zas na u ales?
Po o o lado, el p oceso de globalización écnica conduce al in del «se como
ocación»: undamen o de cualquie ac i idad c eado a. En e ec o, o a consecuencia
del p oceso de ecni icación es que el «se » no es ya algo que se ealiza, en el sen ido de
la ocación, sino algo que se solici a desde la exho ación o p o ocación p opia de la
esencia de la écnica mode na. Es deci , el indi iduo, in eg ado en cons ucciones cada
ez más amplias, que le imponen un de e minado modo de ope a y de pensa , enuncia
a la posibilidad de i i con o me a su deseo de se o de ealización pe sonal. En es a
si uación lo que es á en pelig o es el se como « ocación», has a el pun o que, ins alado
en aquel modo de ope a , quien llega a se no es po que lo haya que ido, sino po que se
le ha ins ado a ello en a as de un aumen o de endimien o o p oduc i idad. Nie zsche,
e i iéndose a la ciencia, ya lo an icipó an es de su colapso en 1888: No es la ic o ia de
la ciencia lo que ca ac e iza nues o siglo XIX, sino la ic o ia del mé odo cien í ico
sob e la ciencia. El mé odo se impone aho a sob e aquellas ac i idades que pa ecían
ese adas únicamen e al genio y la habilidad pe sonales. Ya no iene cabida la igu a
del genio polí ico o me a ísico, que, haciendo uso de un alen o espon áneo, podían
e oluciona la ciencia de su iempo. Aho a se impone el cumplimien o de cie a
me odología p ees ablecida y uni e sal, po la cual un polí ico medioc e puede ob ene
una buena polí ica y su p ác ica asegu a un mejo esul ado que el del eje cicio de una
polí ica «no écnica».10 Incluso ac i idades como la música o la li e a u a,
ca ac e izadas po la espon aneidad y c ea i idad, se han ans o mado sus ancialmen e
po el e ec o de de e minadas écnicas no a ís icas, p oli e ando así nue as endencias
como la «cibe li e a u a» o la «música de diseño».
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Po an o, la condena del conocimien o es que es á ya p ede e minado an o po
el mé odo como po las me as que de aquél se espe an. En e ec o, las expec a i as y
p opósi os del homb e dedicado al conocimien o se encuen an muchas eces
de e minados po los impe a i os del sis ema socio-económico del que ineludiblemen e
aquél o ma pa e. Lo mismo que ocu e en el caso del a e o de la polí ica acon ece en
la ciencia: se ins a al cien í ico na u al a que e u e o con i me al hipó esis cien í ica, a
que expe imen e y obse e al hecho, siemp e en is a de ob ene un esul ado
p ees ablecido que esponda a las expec a i as del sis ema y en a as del aumen o de
endimien o.11 En onces, si el c i e io de e dad (o de alsabilidad) se aplica a odo
aquello que encaja den o de los pa áme os que impone la ciencia, hab á que eclama
aquello que caiga ue a del ámbi o de la explicación y dé ocasión a las «expe iencias
p ime as».
IV. Hacia una educación es é ica de la mi ada
Hemos is o que no sólo en el ámbi o de la p oducción y del consumo, sino
ambién en el de la in es igación, el conocimien o cae den o del ámbi o de la
«solici ación» y del «emplazamien o». Es di ícil imagina en es a si uación una azón
libe ado a, emancipado a, según el ideal ilus ado, que esi úe al homb e a su luga
pe dido y le p edisponga nue amen e al pensa me a ísico. La « azón na u al», que
an año había libe ado al homb e de la supe s ición y de la men i a, ha caído p isione a
de su p opia cons ucción. Es al la op esión que eje ce la ci cuns ancia sob e el
indi iduo que és e acaba con undiéndose con ella po mo i os de supe i encia: “Ni el
homb e ni el g upo pueden escoge un camino que no sea un camino écnico; es án
colocados en e a es e simple dilema: o deciden sal agua da su libe ad de elección y
usa el medio adicional o pe sonal, mo al o empí ico, y en onces en an en
compe encia con un pode con a el cual no hay de ensa e icaz po que sus medios
ca ecen de e icacia y se án ahogados o eliminados, y ellos mismos se án encidos, o
bien deciden acep a la necesidad écnica; en onces ence án, pe o queda án some idos,
de modo i emediable, a la escla i ud écnica.”12
En es a si uación, po la que po doquie el se humano se haya
i emediablemen e ins alado en la cadena de la «solici ación» y el «emplazamien o», ya
no si en ampoco aquellas p opues as neo omán icas13 po las que se concebía la
posibilidad de p ac ica o mas de exis encia libe adas de las a adu as y adhe encias
p oceden es de las o maciones écnicas. En un iempo en que odo es á in e conec ado
con odo y la écnica pene a incluso en el in e io de los indi iduos, con i iéndolos en
au én icas cons ucciones ecno-o gánicas, in eg an es, a su ez, de cons ucciones más
amplias, pa ece ya i ealizable oda o ma de ida al ma gen de los sis emas écnicos.
Po lo mismo, el e o no al e uño median e o mas de p oducción que nos de uel an a
la Na u aleza esul a i ealizable a la luz de la complejidad que encie an las
ins i uciones y o ganismos an o en el ámbi o económico-p oduc i o como polí ico-
adminis a i o. Lo que queda, po an o, es inicia la búsqueda de una solución desde
den o del sis ema écnico y no a pesa de él. Pa a ello hab á que echa mano de una
o ma de conocimien o que eúna la doble condición de, po un lado, sus ae se de la
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cadena de las solici aciones y, po o o, pone al homb e en camino del p egun a
me a ísico. En es e sen ido, de lo que se a a es de e o na a las «expe iencias
p ime as» desde den o del sis ema écnico y no a pesa de él.
Po an o, hoy más que nunca es ap emian e una educación es é ica de la mi ada
que ponga al homb e en camino de «expe iencias p imo diales», pe o no enunciando al
mundo écnico, sino con ando con él, po que, como eco daba Hölde lin, “donde es á el
pelig o, c ece ambién lo que sal a”. Al espec o, el plan eamien o de Heidegge
e e ido a la esencia de la écnica14 in i a a pensa la écnica como camino, más que
como ins umen o. En su con e encia La p egun a po la écnica (1953), el au o
a eme e con a la concepción ins umen al de la écnica que no se p egun a po la
esencia de lo écnico, sino que la supone o incluye como algo ya sabido, y en onces
esul a se una isión de icien e. Así, Heidegge en iende que la esencia de la écnica,
an es y más adicalmen e que una o ma de ins umen alización, consis e en se un
modo de des ela o desocul a la Na u aleza. Nos elacionamos con la écnica iendo en
ella un ensamblaje de elemen os que solici an o demandan la ejecución de de e minadas
a eas, cuando la écnica es ambién, lo mismo que el a e, una mane a de des ela o
desocul a la Na u aleza. La écnica es un modo de desocul a , en an o que hace
apa ece las cosas, los en es, de di e en es mane as. Son muchos los casos donde puede
e se es e desocul amien o p opio de la écnica: po ejemplo, en la écnica na al, que
nos descub e el ma como algo na egable; en los apa a os mode nos pa a medi el
iempo, que hacen apa ece és e en o ma de sucesión de unidades de mo imien o; o en
la écnica polí ica, que acaba con i iendo el deseo y genio pe sonales en un es ue zo
disciplinado y me ódico. Desde es e pun o de is a, la écnica no se compo a sólo como
un ins umen o al se icio del se humano, sino como una mane a de desocul a la
Na u aleza, que aho a se hace isible en an o que ealidad «modi icada», «solici ada».
En es e sen ido, la écnica no sólo si e, ambién enseña, ilumina, descub e lo
que yace ahí ocul o; de mane a que, lo mismo que ocu e en la ob a de a e, la ealidad
«modi icada» e ela lo na u al en lo his ó ico, lo «dado» en lo «pues o». Tan o es así
que aho a la Na u aleza sólo sabe mos a se en o ma de i mos y co ien es a i iciales.
La Na u aleza es, más que nunca, Na u aleza «p o ocada», y es p ecisamen e a a és
de la consciencia de es e hecho como podemos ap ende a econoce as las apa iencias
lo «no modi icado». No es casual que ilóso os como Jünge se hayan ocupado en
a ios de sus abajos15 de di igi la mi ada del lec o a los p incipios mismos de las
écnicas más e oluciona ias, como el eloj mecánico o la imp en a, pues es ahí, en la
comp ensión de los mecanismos undamen ales que llenan los millones de a ilugios de
un mismo géne o, donde puede adi ina se que es una y la misma la ue za que los
anima: ¿o acaso el i mo en eco ado –común a odos los elojes mecánicos- no es más
que o a o ma de hace se isible la ue za de la g a edad?
Hay que acos umb a la mi ada a econoce el eposo que yace as el
dinamismo écnico. Gi an las uedas, a anza el calenda io, co en los elojes. Se iene la
sensación de que odo se mue e, odo ma cha hacia delan e, a un i mo incesan e,
i e e sible; cuando lo único que se mue e son las uedas, las sae as y los núme os, no
la ue za que los anima. Se comp ende en onces que el sen imien o dinámico del mundo
72
es el esul ado de una pe cepción supe lua, que se queda en el aspec o isible de la
écnica, como la isión del niño que, incapaz de e el uco, e la ac uación del mago
como un ac o ex ao dina io: “En el ámbi o más p o undo de la écnica, allí donde és a
se con ie e en hechizo, lo económico, el aspec o del pode cau i a menos que el
aspec o lúdico. Queda cla o en onces que somos p esas de un juego, de una danza del
espí i u que ningún a e a i mé ico es capaz de cap a .”16 Po an o, es la a ición a mi a
lo que puede conduci nos hacia las «expe iencias p ime as», pues la con emplación de
lo «in empo al», espec o del cual no es amos emplazados ni solici ados, p epa a el
camino pa a expe iencias p imo diales como el «asomb o» o la «admi ación». És as
acon ecen en an o que la isión de lo in empo al, mien as sosiega y a ae nues a
a ención, nos libe a de las a adu as y adhe encias que ineludiblemen e implica el modo
de es a «emplazado». En e ec o, en la ac i ud con empla i a ya no ac uamos como
usua ios o demandan es de la écnica, sino, más bien, como ac o es desin e esados y
sus aídos de las exigencias y de los p opósi os. De lo que se a a po an o es de
acos umb a la mi ada a lo «pe manen e», pa a luego hace lo nues o, deja nos hechiza
po él, p opiciando la ocasión pa a que el mundo se e ele no ya como obje o de
demanda o solici ación, sino de asomb o y con emplación, ab iendo con ello el camino
al pensa me a ísico.
1 Véase NUSSBAUM, MARTHA C., Sin ines de luc o. Po qué la democ acia necesi a de las
humanidades [T aducción de Ma ía Vic o ia Rodil], Ka z edi o es, Buenos Ai es/Mad id, 2010;
LLOVET, JORDI, Adiós a la uni e sidad: El eclipse de las humanidades, Galaxia Gu enbe g, Ba celona,
2011; o ORDINE, NUCCIO, La u ilidad de lo inú il, Acan ilado, Ba celona, 2013.
2 Dispu as que, como ya ha quedado de mani ies o, con ienen o suponen una me a ísica. Al espec o,
éase “Pa a in oduci a Heidegge ” en Es udios ilosó icos 1957-1987, TORRETTI, ROBERTO,
Uni e sidad Diego Po ales, San iago, 2006.
3 Véase, HAN, BYUNG-CHUN, La sociedad del cansancio, He de , Ba celona, 2012.
4 Véase, al espec o, ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, Oc aed o, Ba celona, 2003;
HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 17 Ediciones del Se bal, Ba celona, 1994,
Con e encias y a ículos; MUMFORD, LEWIS, El mi o de la máquina, Pepi as de calabaza, Log oño,
2010.
5 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, Oc aed o, Ba celona, 2003, pp. 148
6 Es e enómeno se hace especialmen e isible en la enseñanza, en la que p o eso es y alumnos ienen que
acaba dominando cie as des ezas ins umen ales y ecu sos ecnológicos pa a ansmi i o ecibi
conocimien os, p e iamen e adap ados a los ci cui os o coo denadas que imponen aquéllos.
7 HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 17 Ediciones del Se bal, Ba celona, 1994,
Con e encias y a ículos.
8 Véase, JÜNGER, ERNST, Sob e el dolo , Tusque s, Ba celona, 1995, pp. 37,38
9 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 85
10 Al espec o, a i ma Ellul: “Lenin ins i uyó la écnica polí ica. No llegó a o mula de una ez po odas
sus p incipios, pe o alcanzó, desde el p ime momen o, el doble esul ado siguien e: po una pa e, un
polí ico medioc e, aplicando es a «mane a de hace », puede ob ene una buena polí ica media, e i a las
ca ás o es y asegu a una línea cohe en e. Po o a pa e, el mé odo a i ma su supe io idad espec o de
una polí ica no écnica.” (en ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 89)
11 Al espec o, añade Heidegge : “po es o la ísica de la época mode na no es ísica expe imen al po que
emplee apa a os pa a p egun a a la Na u aleza, sino al con a io: como la ísica –y ello po que es ya pu a
eo ía- emplaza a la Na u aleza a p esen a se como una ama de ue zas calculable de an emano, po es o
se solici a el expe imen o, a sabe , pa a p egun a si se anuncia, y cómo se anuncia, la Na u aleza a la que
se ha emplazado de es e modo.” (en HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica, pp. 20, 21)
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12 ELLUL, JACQUES, La edad de la écnica, pp. 90
13 Véase, JÜNGER, ERNST, La emboscadu a, Tusque s, Ba celona, 1993.
14 Véase HEIDEGGER, MARTIN, La p egun a po la écnica.
15 Como ejemplo, éase JÜNGER, ERNST, El lib o del eloj de a ena, Tusque s, Ba celona, 1998.
16 JÜNGER, ERNST, Abejas de c is al, Alianza Edi o ial, Mad id, 1995, pp. 131.
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