scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Los celos : comedia en tres actos / acomodada al teatro español por Isidoro Gil

Gil y Baus, Isidoro

Full text

388 Los ceros, Ú "COMEDIA EN TRES ACTOS $ ACOMODADA AL TEATRO ESPAÑOL POR o .* D. ISIDORO GIL: ds BOVPA DLED 00 Siboo inabial * IMPRENTA DE REPULLÉS. | 1842. PERSONAS. DON FERNANDO DE AGUILAR. ELISA, su muger. y DON FEDERICO MENDOZA. DON GABRIEL DE ARRAYAN. LEOPOLDO. MATILDE, esposa de Federico. - JACINTA, doncella de Elisa, UN CRIADO DE DON FERNANDO. La escena es en Madrid. El primero y tercer acto en casa de Aguilar; el segundo en la de Mendoza. Esta Comedia, que pertenece á la Galería Dramática, es propiedad del Editor de los teatros moderno, an— tiguo español y estrangero; quien perseguirá ante la ley al que la reímprima 0 represente en algun teatro del reino, sin recibir para ello su autorizacion, segun previene la Real orden inserta en la Gaceta de 8 de Mayo de 1837, y la de 16 de Abril de 1339, relativas á la propiedad de las obras dramáticas. ; o E E E EE A Esto primero. e, 4 El teatro representa un gabinete elegante, dispuesto para noche de funcion, y contiguo úá la sala principal, á la cual corresponden las Ca del foro. Puertas laterales d derecha é izquierda. ESCENA PRIMERA. a , s DON FERNANDO. ELISA. (Al levantarse el telon, Elisa estará de pie acabando de arreglar su peinado delante de un psiche. Don Fernando sale por la izquierda recorriendo con la vista varias esquelas.) Fernando. Otro que tampoco vendrá. Elisa. Quién? ? Fernando. Uno de mis compañeros. El elegante agente de bolsa don Javier de Bustos... Habrá gr an funcion en el Liceo... Elisa. Y baile ademas en casa de la marquesa del Girasol... te lo dije... hoy era muy mal dia: cuando se tiene inten cion de dar baile, es preciso buscar una noche en que no se reciba en las principales ter tulias de Madrid, ni haya Liceo, ni reunion filarmónica que llame la atencion; mucho mas viviendo como nosotros vivimos á lo “último de la calle de Hortaleza. Fernando. (Revisando las esquelas.) Oh! pierde cuidade, no nos faltarán elegantes ni bellas..., don Gabriel del Arrayan , Leopoldo... Elisa, (De pronto.) Ah! vendrá! 4). AS Fernando. Quién? Leopoldo! - Elisa. (Reprimiéndose.) No... no... creí que hablabas de don Gabriel. s Fernando. Ok! El bueno de Arrayan no dejará de venir... se halla en todas partes... no hay funcion á que no asista... es propietario, y ahora le ha dado por jugar á la bolsa y hacer el tonto con las mugeres de los agentes sus amigos... no es como el tétrico y juicioso Leopoldo. Elisa. (Con indiferencia.) Le has convidado? Fernando. Sí; aprecio á ese jóven... es un muchacho muy fino, y que no creo feliz... Ademas no debo olvidar nunca que nuestro íntimo amigo, el honrado don Vicente del Pino, me le recomendó antes desamorir. Elisa. (Conmovida.) Ah! aquel escelente abogado... era su protector. Fernando. Como que llegué 4 Ai algunas veces si sería su padre. ; Elisa. (De pronto.) Ok! no. (Repr imiéndose.) Bien que nadie conoce la familia de ese jóven. Fernando. Yo lo creo... si no la tiene... Pero sea como quiera, es lo cierto que me le han recomendado, y él se ha-= ce acreedor á la amistad de cualquiera por su talento y finnra. Ademas baila, y esto, hija mia, es una cualidad apreciabilísima para nosotros, que recibimos gente esta - noche, ahora que nuestros elegantes han declarado la guerra al baile. Elisa. Sí, dentro de poco habrá que ajustar bailarines al mismo tiempo que la música. — Eh! dime ahora qué tal estoy. Fernando. (Besándola la mano.) Seductora... ! Ese ador-. no es de un gusto esquisito, y el vestido sumamente elegante. : Elisa. No dirás esta vez que he tardado en aviarme. Fernando. (Mirando á su reloj.) Oh! no. — Dos horas y media, no es mucho. Elisa. Dios mio! Cerca de las nueve; pues ya no tardarán en ir llegando. (Un criado sale á entregar una :es= quela á don Fernando, y vase.) Fernando. (Abriendo la esquela.) Aun es temprano. Vaya una esquela singular. (Zeyendo.) “Tengo el disgusto de no poder disfrutar de su amable sociedad, por hallarme bastante indispuesta. Mi marido se cmmpe- 5 Hará tal vez en no separarse de mi lado, y por lo tanto pido á usted nos disimule, contando siempre con la sin cera amistad de su afectísima Sc. == Matilde E rado de Mendoza. o Lilisa. Matilde no querer venir! Qué raro capricho! Fernando. No, no es capricho. £lisa. Pues qué es entonces ? Fernando. Una enfermedad terrible que la mina el alma; * ténla lástima, y no dudes que si su marido viene, la ve-" remos aqui. Gabriel. (Fuera riendo.) Ja! jal de Venga usted, yenga . usted. Elisa. Oyes ? ya ego gente en el salon. Un criado anunciando. Don Gabriel del Arrayan, el señorito Leopoldo. - ESCENA IL DICHOS. GABRIEL. LEOPOLDO. Gabriel. (En trage de baile, bigole.) Ah! ah! es cosa chistosísima... Señora, beso á usted los pies. (Subiendo otra vez hácia el foro y hablando adentro.) Entre usted , querido. Xen (Sale Leopoldo.) Leopoldo. Se ha lastimado usted ? Gabriel. No, no he hecho mas que medir el suclo con-las costillas. (Elisa y Fernando se echan á reir.) (Apar- Le.) Se me han saltado Jos tirantes. (Elisa y Leopoldo vucloen dá reírse. Don Fernando no puede contener se al verlos y se rie tambien. Gabriel los mira muy serio.) Pues señor, muy bien; doy á ustedes gracias por el interes que se toman por 1mí. Elisa. Perdone usted... como no se ha hecho usted mal. Fernando. Y cómo diablos le ha pasado á usted eso, amigo don Gabriel? Leopoldo. Se puso á bailar la mazzurca en la antes ala, y. (Echanse todos d reir de nuevo.) Gabriel. (Soltando el trapo tambien.) Ja! ja! jal en verdad que el lance provoca á risa. Figúrense ustedes que entro en el recibimiento, donde no ba nadie todaví ía, y al paso que echo una ojeada á un espejo para ver si se habia descompuesto el lazo de mi corbata, me pon= 6 go á tararear una mazzurca con aquella ligereza que me es característica, hago el paso 0 compas de la música, enrédanseme los pies... y vengo á dar con la nuca con ado suelo. sine: Yo tuve la dicha de entrar á tiempo de darle la mano, Elisa. Y no ha tomado usted algo? Gabricl, Sí. señora, he tomado... la mano del señor. (Risa general.) Eso es, ríanse ustedes, porque es una gracia. (Aparte.) Si se me habrá desgarrado el pantalon. se criado. taarind raión El marques del Roble, don César Comares, don Federico Mendoza y Su señora, Gabriel. Ah! la sin par Matilde. Elisa, Matilde! pues no decia en su esqúela...? Fernando. Ya te advertí que no faltaria si venia su marido. Pasemos á la sala á recibir á.esos señores, quer! ida Elisa. Elisa. dE Gabriel.) Señor don ae: le recómiendo á usted á Leopoldo, porque es muy jóven y conoce poca gente. Gabriel. Descuide usted, señora, Fernando. Si usted se resiente de la caida, puede pedir lo que guste. (Con tono burlon. ) y Gabriel. Gracias, gracias, amigo mio; en el salon nos veremos, $ Elisa. Hasta despues. (Fase Fernando dando la mano ú Elisa,) ESCENA pb GABRIEL. LEOPOLDO. Gabriel. (Mirándolos alejar.) Gracias... pero señor, qué será que un hombre que se cae siempre ha de causar risa. (Viendo pasar á un mozo por el foro.) Ah! muchacho, venga un helado á ver si se me pása el susto. (Toma un helado.) Soy hombre que se muere por los helados... el otro dia tomé veinte-en casa de la marqbes del Páramo. Leopoldo. Jesucristo! Gabriel. Es un escelente tónico... Ah! abora que me acuerdo, amiguito, cuidado con decir una palabra sobre mi costalada á las señoras del baile; se me reirian en la barbas. Leopoldo. Pierda usted cuidado... ia á quién diablos se lo habia yo de con tar? Gabriel. Es verdad, usted conoce poca gente, segun ha dicho la esposa de don Fernando, que le mira á usted, á lo que veo, con sumo interes, Leopoldo. En efecto, esa señora me trata con una bóndad... á la que le estoy tanto mas agradecido, cuanto que frecuento pocas tertulias y vivo muy retirado. Gabriel. Es decir que tiene usted pocas relaciones .en la corte...? No es usted de la corte, caballerito? : Leopoldo. Yo... (Algo cortado.) No me es posible conlestar á usted á esa pregunta, Gabriel. Ah! — Y la familia de usted dónde para? Leopoldo. No sé, caballero. (Con impaciencia.) Gabriel. Va! A menos que haya tenido usted la desgracia de perder á su madre. Leopoldo. Tampoco lo sé, señor aio. (Idem.,) Gabriel. Ya! ( Aparte.) Parece que mi hombre no tiene 4 nadie... será hijo del acaso... (41to.) Pero usted conoctrá al menos á su... (Aparte) Cáspita! Nome átrevo á preguntarle por su padre. Leopoldo. Qué decia usted ? Gabriel. Digo... que creo.recordar... Sí... sí, no me engaño: yo he visto á usted verias veces con un caballero anciano el invierno pasado. Leopoldo. Sí, don' Vicente del Pino, abogado de mucho crédito, á quien fuí confiado desde niño, y el cual he tenido la desgracia de perder hace seis meses: ríe encuen— tro solo en el mundo. (Vuelve d pasar el críado con la bandeja. Gabriel le entrega el vaso.) Gabriel. Ah! ah! (Aparte.) No lo decia? es un Antony. Leopoldo. Solo cuento con un corto número de amigos... y desde ahora me lisonjeo de tener uno mas. Gabriel. (Dándole la mano.) Sí, por vida mia; un amigo siempre es algo cuando se cuenta con pocos, y hunca es malo tener quien le dé á uno la mano si se le ya el pie, como usted ha hecho esta noche conmigo... Por cierto que nuestra amistad ha empezado de un modo muy original. Leopoldo. Y chistoso al propio tiempo. Gabriel. Mejor; asi nos encontramos de buen humor para 8 : » entrar en el baile: yo metsiento en disposicion de bailar, de valsar, de galopar... oh! me muero por la galop, amigo mio: es.tan, delicioso tener á una hermosa entre los brazos , llevarla de derecha á izquierda, de izquierda á derecha, estrechando suavemente su'esbelto tale y su mano de malfil en las barbas del marido que está dado á todos los diablos... Vamos, es muy poético, muy romántico, .como ahora se dice á todo. : Leopoldo. Veo que es usted aficionado al baile. Ga iel. Y al bello sexo, amigo; pero puedo asegurar á us- ¡ ted, sin vanidad, que nome falta fortuna... yo no sé cómo me las compongo, siempre he de tener tres ó.cua= tro al retortero... Oh! pero ya se ve, para eso tambien se necesita AER cierta reputacion.. tener cierto temple... Mire usted, yo soy un hombre terrible para los maridos : soy duelista, pendenciero, de un tiro hago trizas un muñeco de yeso á cuarenta pasos... (Parándose y mudando de tono de repente.) Pues con lodo eso... querrá usted creer que no tengo lance en que no salga mal parado? En fin, este año llevo ya recibidos dos balazos. Leopoldo. Es posible? Gabriel. Sí, el uno en el eros y el otro en un faldon de la levita. Leopoldo. No puede usted quejarse: Algun sinsabor le habian de costar sus rápidas conquistas. Gabriel. Rápidas! no tanto como á usted le parecen. Ahora,-sin: ip mas lejos, estoy haciendo la corte'á una.muger, cuyo nombre no diré, porque soy muy. reseryado; es una muger divina, pero máldito si lleva, trazas de hacer caso de mí. Leopoldo. Pues debe ser de hielo esa muger! -» Gabriel; Verdad *—Como digo, está Bsadafánera á mi eso no me importa: al contrario se me figura que es mas incitante... la desgracia... la verdadera desgracia es que la niña está enamorada de su marido como una tonta; pero es celosa, amigo mio, es celosa como. una sultana, y aquí para entre nosotros, pienso sacar provecho de ese. defectillo: el marido hará siga de las suyas, ella se enfadará, yo la .«apaciguaré y... Soy de usted con. el mayor aprecio. (Ofreciéndole una pastilla.) Gusta us= ted de.una pastilla. Leopoldo. Gracias, no estoy constipado. y Gabriel, Oh! Usted tiene trazas de un mozo fuerte y robusto... por el estilo del Antony de Dumas. Leopoldo, (Cogléndole de pronto por el brazo.) Caballero, qué ha dicho usted ? . Gabriel. Nada, nada, una broma... mi intencion no ha sido ofender 4 usted. > Leopoldo. Lo creo... porque le costaria la vida al que lo intentase. : Gabriel. (Aparte.) El tal caballerito tiene el puño de hierro. , Leopoldo. Pero volviendo 4 sus amores de usted... Decia usted que el objeto de su pasion es... Gabriel. No be dicho la persona... Tengo la suficiente reserva para no compromeler... (Viendo salir á Matilde.) Ah! Ella es! : ; Leopoldo. Matilde! la muger de don Federico Mendoza, un fiscal de la audiencia! - Gabriel. Toma! por qué no? lo mismo que si fuese la de otro cualquiera, ESCENA IV. DICHOS. MATILDE. Matilde. ( Saliendo aceleradamente por el foro y con muestras de estar muy agitada.) Dónde estará....? dónde habrá ido...? tampoco aqui. Gabriel. (Saludando.) Señora. Matilde. (Bajando hácia el proscenio y colocándose entre Gabriel y Leopoldo.) Ah! Don Gabriel, mucho me alegro de ver á usted. Gabriel. Yo soy el dichoso, señora. 2 Matilde. Wa visto usted por aqui á Federico, mi marido... le ando buscando. ; ; Leopoldo, Se siente usted tal vez indispuesta? Matilde. Si, eso es... no me siento bien... la mucha. gente, el calor que hay en esa sala... Hágame usted el obsequio de ver si está por ahí mi marido, que le busquen... quiero retirarme. (Leopoldo va d mirar por la puerta del foro.) Gabriel. Tam pronto! no es posible; su esposo de usted se hallará ocupado:en este momento... apuesto á que aho- 16 Fedegico. Sí, y gracias á la casualidad... sé un “secreto de usted... Desde aquel dia, que jamas se apartará de mi memoria, he vuelto. con - frecuencia ácasa de Margarita, y he' tenido la desgracia de no volver á hallar á usted nunca... Se ha olvidado usted de ella...? Vaya usted mañama... 4 las nueve... yo se lo ruego. Elisa. Ah! ya veo cuál es la esperanza de usted. Federico. Irá usted, no es verdad ? Elisa. No,- caballero, no. : , Federico: Ah! esa es una prueba de que usted jamas y me ha profesado la-amistad de que me hablaba ha- % ce poco, de que usted no me ama como yo la-amo, Elísa. Por piedad... calle usted, Federico. Federico. Como ama usted “4 otro... Elisd. Señor de Mendoza! : gn Federico. Sí, señora,:á otro... que sigue 3 usted á todas partes, que veo continuamente á su lado, y para el cual siempre tiene usted una mirada, óÓ una sonrisa de bondad , Elisa. Por Dios, hable usted mas bajo:'no le entien— do á usted. : Federico. Ese jóven... Leopoldo. Elisa. Apenas le conozco. Federico. Ma venido al baile. Llisa. Pero no convidado por mé. Federico. Razon á mi favor. Elisa. Jamas le hablo. . Federico, Wácia aqui viene. ESCENA X. » LEOPOLDO, por la puerta de la izquierda del foro. ELISA * FEDERICO. 7 di Leopoldo. Señora, aqui me tiene usted á sus órdenes, segun deseaba. a » Federico. (Bajo á Elisa y con ironía.) Jamas le hablo. Elisa. (Algo cortada.) Ah! es usted, Leopgldo... qué tiene usted? viene usted agitado... descompuesto el semblante. Leopoldo. Nada, señora, nada:.. Mi pareja, que me ha dejado plantado. Estoy en desgracia esta noche, * J Federico. Yódo al contrario... aqui tiene usted una A que le estaba aguardando. Leopoldo. (Haciendo una ligera inclinacion de cabeza.) Caballero... N Elisa. Con efecto, me alegro infinito de que haya usted venido, Leopoldo... (4 Mendoza.) Es un escelente jóven que nos recomendó al morir don Vicente del Pino, un abogado anciano... á quien yo apreciaba en estremo. Federico. (Con ironia.) Y el señor, á lo que veo, ha recogido la herencia en ese punto. (Movimiento de: Elisa.) Elisa. Sí, dice, usted bien, me intereso vivamente -en su suerte; por esa razon queria recomendársele á usted. á mi vez. Ha estado colocado hasta hace poco en casa de un negociante, un amigo de mi marido; y como usted, señor de Mendoza, tiene tantas relaciones en la Bolsa... podia... AiO Federico. Com sumo gusto; pero... mi influjo. vale. tan poco... j Leopoldo. Doy á usted gracias, señora, por el interes que por mí se toma... Jas bondades de usted me hacen todavía mas cara la memoria de mi bienhechdr! Creía haber perdido todos mis amigos con da Elisa. (Algo conmovida.) Eso era juzgar de los demas con demasiada ingratitud! Todos los amigos de casa lo son tambien de usted: el señor de Mendoza por ejemplo... ' Federico. Ciertamente. (4Aparte.) Parece que me ha esco= gido para animar al señorito. Leopoldo. Procuraré hacerme acrecdor á tanta bondad... pero si mo me engaño, el wals ha empezado. Elisa. No, todavía no. (4parte, mirando d Federico.) Quisiera que se marchara. Federico. No le deja ir. . 2 ESCENA XL 1 DICHOS: DON FERNANDO. UN CRIADO: ternando. (En el fóro hablando con el criado.) Bien + , está; harás poner en mi gabinete dos mesas de tresillo; ahora te daré cartas. (Viendo á su muger.) Ah! aquí estabas...? tus primas acaban de Jlegar... algo tarde por 2 18 ho A cierto... Vé 4 saludarlas, y colócalas en buen sitio. Elisa. Voy ahora mismo. : Federico. (Yendo á ella.) Si esta señora tiene la bondad... Elisa. Gracias: (Acercándose 4 Leopoldo.) Leopoldo me ha ofrecido ya el brazo. : Fernando. Me alegro de ello... porque usted, amigo mio, hace falta al lado de su muger, (Bajando la v0z.) que parece estar muy agitada. Hace un instante me dirigí á hablarla, y la hallé con los ojos anegados en lágrimas. “Elisa. Quién, Matilde? “Federico. Ya sé lo qué es. Fernando. (En voz baja.) Y yo tambien... Vea usted lo que hace, amigo mio...! Creo no equivocarme, tiene celos... es una pasion terrible y que hace muy infeliz. Federico. Sí, al marido. (Elisa y Leopoldo se habrán encaminado al foro durante las últimas palabras. Don Fernando toma unas barajas de uno de los muebles. Don Gabriel sale á este tiempo por el foro.) : ESCENA XIT. DICHOS. DON GABRIEL. Gabriel. (Tomando un helado y riendo.) Sí, es cosa seria... Ah! amigo Leopoldo, ya lo he compuesto todo. Leopoldo. Doy á usted mil gracias. : Elisa, Cómo, qué quiere decir con eso ? Leopoldo. (Llevándosela.) Nada, no es cosa particular, Fernando. (A Federico.) Vamos, vaya usted á buscarla; estará la pobre desesperada. Gabriel. (Bajando hácia el proscenio.) Mácia aqui viene mi ingrata. (Señala á la puerta de la izquierda.) Cielos! el marido. % Fernando. Aqui tiene usted justamente á don Gabriel, que podrá informarle hácia qué lado la encontrará. Gabriel. A quién? : Fernando, A Matilde, la esposa del señor. Gabriel. (Señalando á la izquierda.) Ah! sí... por ahí creo haberla visto... en la primer sala de la derecha. Federico. (Bajo 4 don Gabriel.) Quién es ese Leopoldo que acompañaba á la esposa de don Fernando? , - Gabriel, Diré á usted: es un jóven sin patria ni hogar, ni a a J padre ni madre... fuera de eso, un sugeto... muy sont do en Madrid. Fernando. (Dirigiéndose á Federico.) Loro Federico!— y sa muger de usted ? Gabriel. (Señalando á la derecha.) Por ahí, por ahí. Federico. Sí, sí. (Apar te.) Ella hará de modo que yo aca— be por enamorarme ciegamente... de la otra. (Pase por la derecha.) Gabriel. (Acabando el helado.) Le he dicho que venia por la derecha cuando viene por la izquierda... Y yo muy -zaino, me «quedo aquí como quien no hace la cosa... Es- to'es lo que los inteligentes Tio un ardid de guerra... (Sale o Qué a soy! ESCENA XIII. GABRIEL. MATILDE. (Durante esta escena Matilde no hace mas que dar vueltas por si ve á su marido, y don Gabriel la Sigue hablando.) Ñ Matilde. Me han engañado. Gabriel. Ah! señora, es usted! Bendito una y mil veces el acaso que me ha detenido aqui. Matilde, Caballero... (Aparte) Otra vez á mi lado! Qué hombre tan insípido! * ; Gabriel. (Aparte.) Mí presencia la ha cansado una conmocion agrádable... se ha ruborizado... (4lto.) Permita usted que aproveche tan favorable coyuntura... Matilde. Usted dispense; venia buscando á mimar ¡des (Sube hiácia el foro.) Gabriel. Otra vez! Parece que no se da mucha prisa á ahorvarla á usted. la mitad del camino. (Apar te.) Pero qué pícaro soy! (Deteniéndola. ) Ah! señora, déjeme usted aprovecharme de su ausencia para hacerla patentes mis sentimientos... Matilde. Qué sentimientos Í Caballero, no le entiendo á usted. Gabriel. Ah! cs que usted se complace en mo querer en— tenderme. CHAR te.) Ya está al cabo de la calle. (Alto.) 20 No son nada para usted esas palabrillas sueltas que de cuando en cuando se escapan de mi enamorado corazon? Matilde. Vuelta con lo mismo! caballero, esto es ya una persecución. Gabriel. Una persecue: on... Pues sí, señora... no quiero ne=- garlo... lo es... ó por mejor decir... es otra cosa... es el lenguaje de un jóven estremadamente sensible y entusiasta... que no ha podido ver á usted sin admirarla y compadecerla. Matilde. Olyida usted que estoy casada ? : Gabriel. Oh! no, señora, no! me acuerdo de ello perfecta— menle; y eso es lo que me hace mas inapreciable un tesóoro que en tan poca estima manifiesta tener don Fedepico, : Matilde. (Con nO/eaocian Por qué es esa suposicion...? “Cree usted lo que dice? Gabriel. Ah! los tales maridos no conocen hasta dónde llega su dicha... Solo nosotros, jóvenes candorosos y sen cillos, almas ardientes é ingénuas, sabemos apreciar las buenas cualidades... que ellos desconocen y olvidan á los pies de nuestras coquetas. Matilde. (De pronto.) Don Gabriel, usted ha yisto á mi marido en el salon hablando con alguna. Gabriel. Yo no digo que.. Matilde. Sí tal, sí tal... y si es cierto que usted me a PA Gabriel. Ah! considerablemente. Matilde. Cuéntemelo usted todo... no me oculte usted na= da; por Dios... hable usted, hable usted, ya le escucho. SS : Gabriel. (Aparte) Con qué calor lo ha tomado...! Esto es hecho. Matilde. Federico estaba... dónde estaba? Gabriel. Don Federico...? aqui mismo estaba hace poco, Matilde. Pero no solo ? : Gabriel. No... con el amo de casa... don Fernando. Matilde. Eh! noes eso... (Conuna sonrisa afectada.) Hablo de otra persona... de la señora que tenia al lado, Gabriel. Señora...! no recuerdo... ah! la señora de Aguilar, que salia de aqui cuando él...? Matilde. Elisa... oh! no, no... no habia otra ? "Gabriel. Yo no he visto... (4par te.) Calla! Si tendrá esta celos ahora? Mejor, me ven lria como de perilla, 21 Matilde. Y en este momento no sabe usted dónde está, con quién habla? + Federico. Eh! eso no debe importarnos, señora; estará distraido por ahí sin duda; pero cuente usted con que yo ocuparé su puesto siempre que se separe de usted... seré esclavo de sus acciones, de sus movimientos... Matilde. Sí, sí, espíele usted... Sigale usted los pasos, y en descubriendo alguna cita, en probándome que Federico me es infiel, venga usted á verme. Gabriel. Me recibirá usted ? Matilde. Sí... (Aparte.) Como un aviso. Gabriel. (4parte.) Vamos, soy un pícaro lleno de suerte. ESCENA XIV. DICHOS. ELISA. FEDERICO. (Salen por la derecha sin ver d Matilde.) Elisa. No, no iré. Federico, Oh! cuán cruel es usted. (4parte.) Cielos! mi muger, t Matilde. ( Aparte.) Elisa! Elisa. (A Gabriel.) Don Gabriel, hágame usted el obsequio de ver lo que ha sucedido en el salon principal; la gente corre bácia alli. Gabriel. Voy 4 complacer á usted... (Saludando á Federico.) Caballero... (Aparte.) Está escrito que no se me ha de escapar un marido. (Mase por la izquierda.) Federico. (Aparte y mirando dá su mugcer.) Oh! qué mi- ¿radas! Elisa. Señora, la traigo á usted su marido, que andaba perdido en el baile. Matilde. (Observándolos y con ironia.) Por eso será sin duda por lo que no nos hemos encontrado en toda la noche, Federico. Te creía perdida... he preguntado por tí á iodo el mundo. Matilde. (Ldem.y Pobre Federico! Todavía se le conoce en la cara el susto... está todo turbado.., Federico. (Confuso.) Yo? Matilde. No le parece 4 usted lo mismo, señora? (Hiisas y rumor dentro.) 22 Federico. Qué es esto? el ruido aumenta. Elisa, No puede ser cosa desagradable, porque oigo risas, Gabriel. (Saliendo por la izquier da.) Bueno, bueno; yo aseguro á usted que no quedará asi, Elisa. Qué es Eso, señor don Gabriel. EN Gabriel. (Viene á colocarse entre Elisa y don Federico. Oh! ya se concluyó todo... Me ha enviado usted á tiempo, porque si no es por mí, lleva Leopoldo la bofetada mas descomunal.., : Zlisa, Leopoldo! Qué dice usted ? Gabriel, Qué he de decir! la disputa con el vizconde del Roble... Ah! ustedes tal vez no le conocerán, Es uno muy elegante, alto, que gasta anteojos; le habia quitado la pareja á polio en unos de los rigodones pasados, y yo, que habia tomado cartas en el asunto, creí haber lo compuesto; pero sí, ya baja! El tal Leopoldito se conoce que tiene malos humos; no se contentó con lo que yo le dije, y se fue en derechura á pedir una satisfaccion al de los anteojos, que es un palmo mas alto que él... y en donde deja caer la mano... : Elisa. Pero despáchese usted, por Dios, qué “es lo que ha sucedido? acabe usted. , Federico. Qué agitacion ! s Gabriel, Yo lMegué justamente en lo mas acalorado de la disputa. Roble le dijo. al otro una espresion que le ofendió... alusiva á la semejanza de su origen con el de don Juan de Austria y Antony, Elisa. (De pronto.) Seguid, ; Gabriel. Leopoldo le ció con arrogancia , y» como: ya he terrido la satisfaccion de decir á ustedes, iba á recibir por respuesta una descomunal bofetada del de los anteojos, cuando afortunadamente para él llegné yo á tiempo de evitarle esa afrenta, Federico, Le detuvo usted del .brazo? ; Gabriel. Sí' señor, y el tal vizconde del Roble puede yanagloriarse de que si es corto de vista es en cambio muy largo de manos, porque me ha hecho ver las estrellas, Federico. De indignacion ? Gabriel. No, de gusto. Debo tener eb carrillo como una grana. y VR Eakico, Calla! con que ha sido usted el que ha recibido.,.? 23 Gabriel. De lleno. Federico. (Riendo.) Ah! ah! es lance gracioso. Gabriel. Verdad que sí? lo propio dicen todos... No, lo es que yo no puedo quejarme de haber perdido la noche... Al entrar, por poco me desnuco, y ahora acabo de recibir un bofeton por poderes.. .. Dios sabe Jo que me aguardará al salir... — Yo quise tomarlo por lo serio, en cuanto recibí el ultraje; pero no habia medio; Leopoldo sintió... Federico. El bofeton ? Gabriel. Eh! no, la ofensa que por él se me habia hecho, y me pidió encarecidamente que dej jase á su cargo la terminacion de este asunto, puesto que 4 él venia dirigido, Ya debe haber quedado todo corriente. Elisa. Lo cree usted ? | Gabriel. Pues no lo he de creer! se batirán. Elisa. Cielos! Gabriel. Es lance que no puede arreglarse de otro modo... yo, desde luego, mo consiento otra cosa... necesito que mi mejilla se lave con sangre. (Dirigese hácia el foro.) Elisa. Qué dice usted ? Leopoldo... Federico. (Acercándose á Elisa y en ooz baja.) Mucho se interesa usted porese jóven, señora. Matilde. (Idem á Federico,) Y qué le importa á usted eso, caballero. Gabriel. Ah! don Fernando los ha separado, y viene hácia aqui con Leopoldo. ESCENA XV. DICHOS. DON FERNANDO. LEOPOLDO. Lcopóldo. Déjeme usted, se lo pido por favor. Fernando. (Trayéndole.) No, amigo mio, mo es usted el que lo ha recibido. Gabriel. Yo lo creo. A Elisa. Leopoldo... (Reprimiéndose.) Qué es eso? qué ha pasado ? : Leopoldo. Señora, pido á usted me dispense por haber sido causa de un escándalo que no traerá consecuencias. Gabriel. Cómo que no traerá consecuencias ? Fernando. Asilo espero. (Se dirige á hablar con las personas del foro.) 24 Klisa. (Acer cándose d Federi ico con misterio.) Señor de Mendoza ! , Federico. Señora! , Matilde. (Aparte observándole.) Qué le querrá? Gabriel. (Escuchando.) Cómo? + Elisa. (Bajo á Federico.) La cita que usted me pidió en la calle de Leganitos. Federico. (Idem.) A las nueve. Elisa, (fdem.) lré á ella; tengo que confiar á usted un . secrelo. Federico. (Con alegría.) Ah! Gábr iel. (Que lo ha oido.) Oiga! Matilde. (Bajo á Gabriel.) Qué le ha dicho? : Fernando. Vamos, esto pasó ya; un rigodon para acabarlo de olvidar. - b Todos. Sí, sí. 1 Leopoldo. vrbanas d buscar á Gabriel le dife en voz daja.) Mañana á las cinco estaré en su casa. (Despues de decir esto los convidados vuelven 4 entrar en el salon de baile. Don Gabriel se acerca 4 Matilde para sacarla; pero esta se coge d su marido y se va con el, Lo propio le pasa con Elisa, que da el brazo á Leopoldo. Viéndose solo se resigna y se pone á tomar un helado.) » ses , 7 PRI RO GS | Eeto segundo. — y 1 El teatro representa una sala de la casa de don Federico. Puerta de entrada al foro. En el mismo término, G la derecha, una ventana con colgaduras: al ' lado opuesto una chimenea, sobre la cual habrá un reloj. Puertas laterales. A la derecha , en el proscenio y próximo á la puerta , un velador. A la izquierda, un sofá. ESCENA PRIMERA. eds FEDERICO. UN CRIADO. Federico. (Sale por la izquierda, y dice al criado que le sigue señalando al velador.) Tráeme el sombrero y los guantes, y déjalos ahí. Voy á salir. (El: criado se retira.) Ya pronto debe ser la hora, y Elisa estará aguardando... qué significará esta cita? Una muger que ha desdeñado siempre mis obsequios, que se ha mostrado sorda á las súplicas de sus numerosos adoradores... ! *tSo- lo quiero yer en usted un amigo, me dijo... tengo que confiarle un secreto.?? Qué será...? En fin, pronto voy á salir de la duda. (41 críado, que ha vuelto d salir y hier dejado el sambrero y los guantes encima: del vela— dor.) Bien está; si mi muger pregunta por mí, dirás que he ido... (Pensando.) que he ido... á la audiencia. (Matilde saldrá por la derecha dá tiempo que el dice las últimas palabras, y se acercará con sigilo. El criado se va por el foro.) 32 tante de tranquilidad. Sabe usted lo que es pasar un año amando con delirio y devorado por los celos! Matilde. Oh! yo me hubiera muerto. Fernando. Aquel súplicio era superior Áá mis fuerzas: no pude sufrir mas; abandoné mi carrera, hice pedazos mi espada. Volyí... pero harto tarde para deshacerme de mi rival... otro... el hermano de mi muger, ofendido de su incesante persecución , le habia muerto en desafio, y se habia visto precisado á refugiarse en pais estrangero. Mi prometida. esposa se hallaba á las puertas de la «muerte, y no se atrevió á resistir á la imperiosa voluntad de su padre. Yo la adoraba... el amor me tenia ciego entonces, solo vi su hermosura, sus virtudes... mo pensé mas que en la dicha de llamarla mia. Reclamé el cumplimiento de la palabra dada, y llegué á ser su esposo. Pero juzgue usted de mi dolor, de mi desesperación , cuando conocí que no era dial l yo, que la queria con pasion... con frenesí...! Aquel corazon que yo hubiera comprado á precio de mi vida no me pertenecia... preocupada por no sé qué pensamientos, mi presencia, el metal de mi voz la hacian temblar... y por la noche, durante el sueño, ' pronunciaba palabras de angustia y de terror. Desde que observé esto, en mi casa, en público, en. todas partes espiaba sus acciones, sus palabras, sus miradas... hasta sus sueños. Mis sospechas se fijaban alternativamente en todos aquellos á quienes dirigia una palabra, una mirada, una sonrisa, á veces cala Matilde, Oh! sí, Sí... eso es. Fernando. Despótico y suspicaz la Cgadens á abandonar los bailes, las diversiones... hubiera deseado poder tener en mis manos su corazon para arrancarle sus Secretos. Estaba celoso, señora... y de ese modo causaba mi desgracia y la suya... queria poseer su amor; lo que conse gula asi era granjearme su indiferencia, su odio. Felizmente conocí por último que era un loco... un Insensa- to. Me desarmó su resignacion, y á riesgo de perder la vida, hice cuanto pude hasta que logré reprimir dentro del pecho mis injustas sospechas... luché contra mí mismo... y vencí. En el dia soy feliz... mi muger me da ca— da dia mayores pruebas de ternura, recompensando de ese modo los esfuerzos que he hecho para ser digno de ella y de mí...! Ya sabe usted todo lo que he sufrido, se- 1 , 33 ñora... ya sabe usted la lucha que he tenido que sostener, y el premio que la victoria me ha reportado. Usted que se halla próxima á ceder ante la pasion que yo he logrado vencer... usted, que mas dichosa que yo, ha empezado por ser amada... tema usted acabar por ser mirada con indiferencia y aversion... como yo empecé. Matilde. Ob! Dice usted bien; procuraré ocultarle mis lágrimas... porque conozco que si continúo atormentándole con mis celos, llegará tambien á aborrecerme. Fernando. Diga usted de una vez: “quiero tener valor,” y le tendrá. - Matilde. Ah! por mas que me he formado esa resolucion, nunca he podido llevarla á cabo...! Siempre creo encontrar algun misterio en sus acciones, en sus pala bras, histo en sus miradas. Fernando. Oh! reconozco perfectamente la terrible ib medad que yo he padecido... son los mismos síntomas, la misma locura... Aun ahora que ha cesado, cuando creo ver en ella cierto aire de reserva, de misterio, que en vano me he querido esplicar desde aquella época... ' Matilde. (Interrumpiéndole.) Qué dice usted... ? Criado. (Anunciando.) Un caballero, que dice llamarse don Leopoldo, pregunta por el señor de Aguilar. Matilde. Que pase adelante. ESCENA. V. ' DICHOS. LEOPOLDO: Lcopoldo. (Saludando á Matilde.) Señora... Fernando, Aguardándole estaba á. usted, amiguito, Leopoldo. Dispense usted mi tardanza... tenia varias diligencias que hacer esta mañana, las cuales, hablando á usted francamente, gEn no he concluido... (Mirando al reloj.) La una ya..! Matilde, Supongo que esas diligencias no tendrán relacion con el lance de ayer noche? Leopoldo. Ninguna, señora... Dom Fernando lo ha arreelado... Fernando. Oh! aquello no fue nada, y Leopoldo hubiera hecho mal... : ; Leopoldo. En efecto; yo, pobre jóven, desconocido, sin fa- ) 34 milia y siri apellido, yo, que estoy bondebradó á nO Ssaber lo que son las caricias de un padre, hubiera hecho mal en enfadarme por la insolencia de un vizconde del Roble: he venido al mundo para sufrir con resignacion los insultos, las afremtas de mis semejantes, y si por casualidad llego, á verme, como ahora, objeto de los sarcasmos de un fátuo que goza del privilegio de tener por padre á un intrigante sin pudor ni vergiienza, debo bajar la cabeza y darle las gracias. Fernando, Oh! esa amarga ironía viene mal con lo. que usted me habia prometido, amigo Leopoldo. Leopoldo. Y lo que á pesar de eMa sabré cumplir, señor de Aguilar. Fernando. Asi me gusta. Entre tanto,-yo, que le profeso á usted una verdadera amistad... deseo separarle de Madrid por « algun tiempo... enmenos de ocho dias lleva usted ya varias disputas... Matilde, Y em. eso hace mal... asi se originan los desafios, y si usted sucumbiera en uno de CU Leopoldo. Podia morir seguro de que nadie me lloraria. (Movimiento de Matilde y Fernando.) Matilde. Cómo! . Fernando. Y sus amigos de usted ? Leopoldo. Mis amigos, sí, verdad es; pero eso no es bas= tante. (Esforzándose por parecer alegre.) Vamos á ver, señor don Fernando, qué piensa usted hacer de mí? adónde quiere usted enviarme? á casa de algun. banquero -estrangero? á.Filipinas para divertirme un poco, ó no le parece á usted todavía bastante lejos ? Fernando. No es necesario que salga usted de España... Esta señora tiene en Cádiz un hermano, rico negociante, á quien irá usted recomendado de parte de su esposo. Matilde. Y yo añadiré mi recomendacion á la suya.. Leopoldo. Ah! señora... No sé cómo agradecer á usted, señor de Aguilar, el interes que por mí se toma... Solo sé decirle (Tendiéndole la mano.) que le miro como padre, y conozco que le profeso un cariño filial. (Zariando de tono y encaminándose hácia la puerta de la derecha.) Pero ahora tenga usted la bondad de pre— sentarme á don Federico, porque me está esperando cierto amigo, (Aparte.) y no quiero hacerle esperar, Matilde, Federico está en su despacho. * 35 Leopoldo. (Cerca de la puérta.y Pues démonos prisa, por= que no es cosa de hacerle mala obra si es cierto, como me ha dicho el almivarado don Gabriel del Arrayan, que tiene que hacer hoy fuera de casa. Matilde. (Con viveza y yendo á el.) Ah! don Gabriel le ha dicho á usted eso ? : Fernando. (A Leopoldo con viveza”) Soy con usted, Leopoldo... (Bajo á Matilde.) Vamos, señora, valor... imíteme usted, y tenga confianza... no perderá usted nada en ello. (Pase con Leopoldo.) ESCENA VI.. MATILDE, sola, despues de una pausa, - 7d Sí, seguiré sus consejos... le ocultaré mis lágrimas, mi do= lor, no verá nada, porque quizás tambien mis sospechas sean injustas, y le haga desgraciado... Federicó desgracia— do...! y por mí...! llegaria á aborrecerme...! oh! no, to- + davía me ama. Desde hoy en adelante no le atormentaré mas con mis celos; quiero darle pruebas de confianza» y para empezar desde ahora mismo ya puede salir, ¿si quiere; no le haré una sola pregunta... Voy á llevarle yo misma... (Va á coger el sombrero. y los guantes de su marido, á tiempo que don Gabriel abre la puer— ta del foro y saca la cabeta.) ESCENA VIL MATILDE. DON GABRIEL: * Gabricl. (Asomando la cabeza.) Las diez; ya debe haber salido. Le Matilde. (Volviéndose, y asustada.) Qué es eso? ah! Gabriel. Chist! Perdone usted, bellísima señora, si me atrevO á penetrar en su estancia sim criado ni campanilla, como un mal intencionado... Matilde. Qué quiere usted? qué viene usted á hacer aqui, á estas horas? Gabriel, (Retrocediendo.) Cómo? pues qué, no ha salido...? R Matilde. Quién ? - / 36 Gabriel. Quién ha de ser? él, su esposo de usted... Matilde. Sabe usted acaso... ? Gabriel. Sí por cierto; no hemos convenido que en averiguando que tiene que ir dades parte...? Matilde. (De pronto. y Ah! sí, sí; pero hable usted Bajo: Gabriel. No tema usted... estoy yo aqui. Matilde. (Acercándose ú el.) Vamos, anoche, en el baile, fue cuando supo usted que tenía una cila, no es esto? y con quién ? Gabriel. Je! je! je! no quiero abusar de lo ventajoso de mi posicion... Solo debo decir, porque no he oido mas tampoco, que debe salir hoy por la mañana. : Matilde. Pero adónde? adónde debe ir? á qué hora? Gabriel. (Turbado y Se pasos atrás.) Pues qué no ha salido ? , Matilde. (Deteniéndole con-civeza.) Sí tal, sí tal... ya ve usted que estamos solos... absolutamente solos. (.4parte.) Oh! yo he de averiguarlo. ¿ Gabriel. ( Aparte.) Solitos... Verdad es... me siento tocado de los nervios á esa idea. | Matilde. Hable usted, don Gabriel. Oh! estoy bien enterada... no tema usted... lo sé todo. Gabriel. Señora... (Aparte.) La centellean los ojos... Si será por mí? Matilde. (Yendo á sentarse al sofá.) Venga usted aquí, y siéntese... 4 mi lado. Gabriel, ( Aparte.) A su lado...! Smtana re) Soy un dichoso mortal! Matilde. Usted les oyó darse la cita...? be sido HORAS engañada... no es verdad ? Gabriel. Sosiéguese usted. Matilde. Yo... estoy serena... tranquila... ba lo ve usted, don Gabriel. Gabriel. Sí, sí, señora, ya lo veo. (4parte.) Mas parece que está rabiando. Matilde. Vamos á ver, cómo sabria usted que Federico debia estar fuera á estas horas, si no se lo hubiese oido á Elisa, la esposa del señor Aguilar ? Gabriel. Elisa ! Matilde. Ah! lo ve usted ? Conviene usted en ello, lo con-= fiesa ? Gabriel. Yo! 3 Matilde. Ya seve, usted queria engañarme al (ratito. porque temia alligir me... pero ha hecho usted bien de decirmelo al cabo... Gabriel. Perdóneme usted... yo no he dicho... Matilde. Sí por cierto. Gabriel. No por cierto. Matilde. Ah!'viene usted haciéndose. ahora el reservado conmigo, señor Arrayan? Gabriel. Yo, no señora, nada de eso... quisiera por el contrario tener muchos secretos para -confiarselos á usted... como la he confiado... el de mi acendrado amor. Matilde. Sí, sí, ese ya le sé... ya me le ha dicho usted..: y por eso, ya ve usted el cuidado que se me da de la cita que mi laca tiene con Elisa ESA á las.. Gabriel. A las nueve. Matilde. (Levantándose y dai á la derecha.) Ah! ella es.. Gabriel. (Lecontándose .) Cómo? Matilde. (Para sí.) Ella es... no me engañaba... le está aguardando... Bien, iré yo misma... (4 Gabriel.) El sitio, caballero ? Gabriel. (Aparte.) Qué oigo? me he dejado engañar como un chiquillo... Matilde, El sitio! Gabriel. Eh! qué le importa á usted eso, si mi AMOF +. Matilde. El sitio , digo... Gabriel. No sé... no he oido. Matilde. Sí señor, sí señor; yo quiero ir... usted me acompañará... me dará usted el brazo. Gabriel. Yo... ciertamente... si usted quiere... con mucho gusto... (4p.) Que me ahorquen si la llevo adonde está el otro! —Buena se armaria...! La voy á pasear por todas las calles de Madrid. / Matilde. No ha oido usted que le pregunto dónde es el sitio? Pero ah! aqui está él! Gabriel. (Viendo á Federico.) Él! no habia salido...! Misericordia...! buena la hemos hecho. ESCENA VIII. MATILDE. DON GABRIEL. FEDERICO. Federico. (Sin reparar en ellos.) Por fin se marcharon... 38 Elisa me estará esper aun (Reparando en don Gabriel.) _ Ah! don Gabriel aqui...! qué feliz casualidad...? Gabriel. Una casualidad en efecto... venia... pasaba por ahí... y». (Aparte.) Qué cara tan ridícula debo tener en este momento! Matilde, Don Gabriel: se ha quedado sorprendido al verte; ya se ve, te cr q fuera. Federico, A mí? pues quién le ha dicho... ? Gabriel, Permítame usted,.. Matilde. Sí, te creía en la cita donde con tanta impaciencia te estarán aguardando á estas horas; no es ver dad, señor de Arrayan ?. Gabr Ed Señora... yo... (4parte.) Dios me valga! Federico. Cómo? qué es eso? Gabriel. Yo no he dicho... (4parte,) Estoy en ascuas. Matilde, Oh! el señor lo ha sabido de un modo muy par= * ticular. Yo tambien debia saberlo, si es cierto, como dices, que no tienes secretos para mí; asi es que no quez ria creerlo hasta que don Gabriel me ba asegurado haber sorprendido esesecreto á la misma persona interesada. Federico. Eso no puede ser,.. (Lanzándole una mirada Nena de severidad.) C A | Gabriel. (Muy cortado.) Yo... diré á usted... y suplico á usted que me dispense, porque,.. Decia á la señora: Suponiendo que su esposo de usted... pero no era mas que una suposicion.., ruego á usted que adyierta que no era mas que una mera suposición, Federico. Si la casualidad, ó cualquiera otra circunstancia, que no puedo adivinar ahora, hubiese instruido á este caballero de un asunto que solo á mí interesa, debe saber que una indiscrecion de su parte merecería otro nombre... : Gabriel. Cómo qué? Señor don Federico, usted puede estar seguro de que jamas, jamas de la vida diré yo... Matilde. Lo que sabr.. Gabriel. Saber, yo...! si por no saber niaun sé lo que me digo. Federico. (Bajo.) Bien está. Matilde. (Marcándolo.) Sí, está muy bien. Gabriel. (Mirando á los dos alter O y esfor— zándose para reirse.) Je! je! je! (Aparte.) Será cosa de que esto dure mucho tiempo? 30 Matilde. Yo por' mi parte no insisto mas... ni sé nada... A quiero saber nada. Gabriel. (Aparte.) Respiro... hace un cuarlo de H04S que tenia secuestrada esta facultad. Matilde. (Mirando dá LL ¿el.) sa voy á ste, Federico. Tú! Gabriel. ( Aparte.) Dios de bohidad! Vuelven á la E Matilde. Sí... voy á hacer una visita... á la señora de Aguilar. | E Federico. A Elisa! A ' ; Matilde. No te incomodes, si tienes que hacer... si no pue— des venir conmigo... Federico. No, no puedo en eleotós no salgo hoy por la mañana. (4parte.) Sabrá acaso... ? Matilde. Don Gabriel, que hace poco me Sbeud el ale A tendrá la bondad de acompañarme. Gabriel. Yo, señora. (Federico se apoya en el E del sofá, y dice en voz baja dá Gabriel, que está cerca.) Federico. Quédese usted... Matilde. (A Gabriel.) No es ver dad Gabriel. ( Aparte.) No hay escape! Matilde. (Poniéndose el sombrero.) Con «que vamos? Federico. Quédese usted. “Gabriel. Qué agonía! (Aparte.) Matilde. Deme usted el brazo. Federico. Se lo prohibo á usted espresamente. (Bajo.) Gabriel. (Aparte.) Qué apuro! Esto es poner á un hom- - bre entre la espada y la pared... (41o.) Señora, siento mucho no poder tener el gusto de... me es imposible en este momento... Matilde. Me desaira usted ? Gabriel. Nada de eso... pero un negocio urgente... la disputa*de anoche... Tengo que ir á averiguar, antes que “pase la hora, cómo ha quedado el lance, porque si el amigo Leopoldo cede, tendré yo que volver por mi ho- + nor ofendido... ¿ Federico. Es verdad. Matilde. Bien , pero como solo se iria de dejarme aqui, á dos pasos, en casa de Elisa... Gabriel. Pero si no está en casa... Federico. Chist! Matilde, (Aparte) No es alli. Lo Gabriel. (Arárte) bl es lo que he-dicho! Matilde. (Observando! á dá Federico.) Entonces me dejará usted en casa de su hermana; vive tambien cerca. Federico. Sí, eso es, en casa de sn hermana, Matilde. ( Aparte.) Tampoco es alli. Gabriel. En casa de su hermana ? Matilde. Ó donde haya ido. Gatricl. (Yendo hácia el foro.) Ustedes me perdonarán... tengo que estar á las doce sin falta en casa de Leopoldo , calle de la Encomi da. Matilde. (Que se ha acercado á Federico y le observa.) Pues bien... todo es camino. , Gabriel. Pafa: la calle de Leganitos...? Federico. Cielos! Matilde. ( Aparte.) Calle dé Leganitos... (4parte.) Alli es.. Gabricl. (Aparte.) He CEmeidd: una bestialidad... (Alto) Es decir, señora... quisiera... no digo «que... (4parte.) Pero hay ley de Dios para tener á un hombre en, la ridícula posicion en que yo me hallo? - Matilde. (Sonriéndose con satisfaccion.) No se molesten ustedes, señores... quédense ustedes los dos si tienen que hacer... Me acompañará un criado... (4par- te.) ¡No hay duda, es en casa de la criada que estuvo enferma... Ah! yo la veré antes que él. (Fase por la derecha.) Federico. ( Aparte.) Lo ha descubierto todo. Gabriel. (Ap.) A solas con el marido... Voy á pasar un rato muy ameno. ESCENA IX. FEDERICO. DON GABRIEL. i Federico. (Estallando.) Caballero! caballero! Gabriel. Qué es eso? qué hay? Federico. Silencio, por su vida! (Dirigese al foro y mira.) ? Gabriel. (En el proscenio.) Eh ?. por mi vida? por la tuya antes, marido de una sirena engañadora! Federico. Lo que usted ha hecho es indigno! sus chismes van á ser causa de que mi casa sea un infierno. Gabriel. Le juro á usted, don Federico, que yo no he Lx tenido la culpa; su muger de usted me ha cogido á y traicion; como soy que me ha cogido á traicion. Federico. (Apretándole. el brazo con fuerza.) Silencio! usted ha querido indisponerme con ella... COnm0zCO SUS intenciones de usted, sus proyectos, pero no le dispensaré á usted el honor de temerle. Gabriel. Permítame usted; yo jamas he tenido pretension de que nadie me tema, al contrario. Federico. Silencio, repito. (Vuelve 4 subir hácia el foro.) Gabrícl. No, es que yo tampoco puedo tolerar que me traigan y re lleyen como un zarandillo... Si ayer me dieron un bofelon, no es fiesta para todos los dias... y si lo que usted desea es que le dé una satisfaccion, no, tiene mas que decirlo... (4parte.) Estrañábame yo que no acabara esto asi...! saldré con algun hueso roto... como siempre. Federico. (Volviendo.) Una satisfaccion, dice usted...? Sí, señor, quiero que me ayude usted 4 reparar el daño que me ha hecho: ahora mismo va usted á sa—- lic en. busca de mi muger, y á reunirse con ella. Gotriel. Oiga! "Federico. Sí, señor, es preciso que la alcance usted, y que la ofrezca el brazo... Gabriel. Oiga!! Federico. Háblela usted mal de mí, digala usted lo que quiera, no me da cuidado. + Gabriel (Aparte.) El demonio del fátuo! Federico. Se brindará usted á acompañarla hasta la calle de Leganitos... ella aceptará... pero cuidado con ir muy despacio, con. hacerla codo mucho: en fin, es preciso que se componga usted de modo que llegue 4 esa casa lo mas tarde posible. Gabriel. Muy bien... y entre tanto... usted... (Aparte.) Pues voy á hacer un buen papel. Federico. Caballero, no por esto haga usted suposiciones, que serian todavía mas injuriosas á mi honor que al suyo propio; todo es falso, entiende usted? todo... ahora, dése usted prisa... corra usted.., Gabriel. Voy volando. (Aparte.) Oh! si yo pudiera hacértelas pagar todas juntas. (Federico le mira.) Ya me marcho, ya me marcho. ¿3 Fernando. (Saliendo por la izquierda.) Qué vuido! esas vOces.. Matilde. one latias) Den Eenfandos aqui! Federico. (Queriendo disimular.) Oh! nada.. . UNA' SUPO= sicion ridícula. Matilde. El señor lo dice... y basta. (Con ironia.) Fernando. Adivino lo que puede ser; una señora qué ha visto usted salir de aqui, no es verdad... sé quién es. (Bajo á Federico.) A qué le decia yo á usted. Matilde. No, señor de Aguilar, no, usted no sabe, ni puede saber... Federico. Matilde! Fernando. Esa señora ha venido á consultar á su esposo de usted sobre un pleito... Matilde. (De pronto.) No es cierto, Fernando. Yo mismo la he acompañado... Matilde. (De pronto.) A Elisa! (Federico agarra del brazo á Matilde, que da un grito.) Ah! me haces mal. Fernando. Mi muger! (Palideciendo de pronto y. observándolos fi He, Federico. No la escuche usted... está demente... es una locura, una pasion desenfrenada que causará la desgracia de todos los que la rodean. (4 medía voz y mirando ú Matilde.) Su muerte! (Don Fernando pasa á colocarse en medio de ellos.) Matilde. (Aterrada por las miradas de don Fernando.) Ah...! dice bien... ha sido una equivocacion... yo no sé, no he visto... es imposible... : Fernando. (Yendo á Federico.) Mi muger se lama Elisa, caballero. Federico. Juro á usted... Fernando. No, oh! no... no lo creo... si fuese cierto... Oh! yo lo sabré... (Vase precipitadamente por el foro.) , ESCENA XV. MATILDE. FEDERICO. Matilde. Federico! Federico. Gózate en tu triunfo... nos has perdido. Matilde. Ah! ele pero lo que tú has hecho es infame, indigno...! Dónde intentas ir? 49 Federico, No me quedan mas que algunos instantes, Elisa... Matilde. Quieres ir á defenderla ? Federico. Qué te importa...? déjame. Matilde. (Lanzándose á la puerta.) No! no saldrás. Federico. Qué es Jo que dices? Matilde! Matilde. (Precipitándose d la otra puerta.) Digo que no saldrás. 4 Federico. Dame esas llaves... pronto, esas llaves. Matilde. No lo esperes. Federico. (Yendo d ella.) Esas llaves... lo exijo, lo mando. Matilde. Vé 4 buscarlas. (Arroja las llaves por la ventana.) Ñ Federico. Infeliz! (Empuja violentamente la puerta del foro.) Matilde, No, no quiero... ! Una vez que tús no tienes piedad: de mí, yo tambien seré cruel, inexorable. (La puerta cede, Matilde le agarra del brazo.) Ah! Federico. (Cogiéndola del brazo y trayéndola en medio de la escena.) Desdichada! Déjame... déjame. Un hombre muere tal vez en este momento, y eres tú... es tu lo— ca pasion la que le asesina! (Matilde cae de rodillas: Federico se va precipitadamente por la puerta del . foro, que ha cedido á sus golpes.) AA OATES E A SO RO O O Q ÁS | eto fercero, — AAA El teatro representa un gabinete en casa de Aguilar. La puerta de.entrada al foro. Ala derecha la del cuarto de Elisa. A la izquierda la del despacho de don, Fernando. Un tocador á la altura de la primer - caja de la derecha. , ESCENA PRIMERA. ELISA, JACINTA. Poco desputs DON FERNANDO. (Al levantarse el telon aparece Jacinta arreglando el gabinete; Elisa sale ¿ poco precipitadamente y como asustada; trae un gorro de color oscuro, vestido azul y un albornoz escocés.) E Elisa. (Al salir.) Jacinta! Jacinta! (Entrégala apresuradamente el albornoz y el sombrero, y se deja caer en un sillon delante del tocador.) Era €l! no bien me habia “escapado de la persecucion de don Gabriel... y mi hijo, mi hijo! Fernando. (Apareciendo fuera de sí en la puerta de entrada y deteniéndose.)' Ah! (Elisa le vueloe la espalda y se pone á arreglarse el peínado al tocador, aparentando una gran serenidad: despues de un momento de silencio, Fernando se vuelve hácia el ' foro corno si hablara con alguno dentro.) Está bien... tenga usted la bondad de aguardar un momento. Elisa. (Folviéndose con frialdad.) Ah! eres tú? Fernando. Llegas ahora? , 5 Jlisa. Yo! Jacinta me acaba de peinar, iba á salir. Jacinta. Aquí estan el sombrero y el albornoz. Mi señor perdonará si encuentra esto desarreglado, porque su esposa acaba de levantarse, MES: Fernando. (Observándolas.) Bien está; déjanos solos. Elisa. Sí; llevate todo eso á mi cuarto; me concluiré de arreglar alli. (Se levanta.) Fernando. Espera un momento, (4 Jacinta. ) Jacinta tiene que ver qué es lo que quieren ahí fueña... que avise á Pedro... Jacinta. (Yendo hácia la puerta.) Voy allá, señor. (Al tiempo E marcharse y aparte.) Calla, el señor don Gabriel...! Cómo viene de barro...! se habrá caido. (Fernando la mira.) Voy... voy cor riendo. (Vase.y ESCENA. II. ELISA. DON FERNANDO. : Elisa. Perdona si te dejo ... tengo que coucluir de arreelarme. : Fernando. De a no, estás como edbes estar.. de mañana... (Examinando el trage.) Y aun do hubieses salido... Elisa. Oh! no, estaba muy cansada... pero no quisiera quitarte tus ocupaciones... si has vuelto á casa por algun negocio... Fernando. (Deteniéndose.) No, nada de de E celebro al - contrario que me hayan dejado solo contigo, porqne estoy algo desazonado á consecuencia de una escena que acabo de presenciar. . Elisa. Tú! en efecto, traes el bligie descompuesto. Fernando. Sí, vengo de casa de Foderico, . (Elisa se vuel- ve disimuladamente, y su marido la obseroa en el espejo.) de Federico Mendoza... y su muger acaba de moverle un escándalo en un rapto de celos. Jlisa. Está cclosa? é injustamente quizás? hace mal en dejarse dominar de esa pasion. , Fernando. Tú piensas de ese modo...? y tienes razon cn verdad; pero cómo ponerse en guardia contra una sospecha que le consume á uno y no le deja vivir...? Esa pa- , 5a : - sion es un suplicio, pero un suplicio lento, horrible, que nos arrebata cien veces mas que la vida... sí, nos arre—- bata la felicidad, la confianza, el sosicgo...! es la pérdida de todas las ilasiones...! (Estallando,) Es el infierno en la vida, sépalo usted. Elisa. (Con temor.) Ah! me has dado miedo, Fernando. (Serenándosc.) Perdona; no sé en qué estaba pensando... tengo... tengo lástima de la pobre Matilde: ama tanto á su marido! Y si ha sido tan vil- ', mente engañada, es de compadecer en efecto una pobre. muger que no tiene mas defensa que sus lágrimas! (Exallándose gradualmente.) Un hombre es diferente, sap vengarse, sabria lavar su afrenta con sangre! Ela. (Con temor.) Fernando...! (Dominándose.) Pero qué viso de razon hay en que Federico, tan reflexivo, tan honrado, la engañe asi? Seria imperdonable. Fernando. Pues sin q la engaña. Elisa. ÉM Fernando. Sí, él; es un infame: se complace en desgarrar el corazon de una esposa jóven y bella, y hay en el mundo, en nuestra misma sociedad, una muger tan vil, tan despreciable, que acepta gustosa la complicidad de su crimen: tú la conocerás? Elisa. (Con frialdad.) No. Fernando. Yo tampoco; hoy se hallaba en su casa al mismo tiempo que yo. fuí... (Obseroándola en el es. pejo.) porque he salido... temprano... antes que tú, Flísa. Antes que yo! Sí... Fernando. No has salido, es verdad. Estaba en su casa... 0h! yo no he logrado verla; pero Matilde la ha visto, Ó por mejor decir ha creido verla, porque es imposible! (Violentándose para' sonreirse.) A que no adivinas qué persona ha mombrado en medio de su rapto? Elisa. Ah! con qué ha nombrado á la persona? Fernando. Sí, á una muger estimada de todos los que la conocen, adorada por un marido que hace quince años se desvela á fuerza de cuidados, de confianza y de cariño, por conseguir un amor que es para él la felicidad, la vida! á una muger á la cual sería preciso arrancarla el corazon si fuese capaz de encerrar 39 tanta vileza y perfidia; y esa muger que ha nombrado... (Haciéndola volver, y clavando en ella sus miradas.) esa muger, eres túl Elisa. (Levantándosc.) Yo! Fernando. Sí, tú..! su querida! di Elisa, (Delenicitatos) Caballero...! 4 esas palabras no hay mas que una respuesta posible, el silencio y el desprecio. Fernando. Elisa! Elisa. (Cambiando enteramente de tono.) Perdona, tengo que salir; voy á mi cuarto. «hasta despues. (Entra en su cuarto.) ESCENA JIL DON FERNANDO. Oh! no, ño... esa serenidad... ese aire imponente no pueden engañarme... Engañarme ella! oh! mas quisiera la muerte! Y en ese caso, al traidor, al infame que ha despertado en mí nuevamente esta funesta pasion... iría á él, y toda su sangre... (Conteniendose.) Oh! á cada paso me abandona la serenidad... me he visto avergonzado delante de ella... no he podido contener mi arrebato... y por qué? qué pruebas tengo, qué indicios para acusarla? He de dar fé á las palabras de una muger celosa, fuera de sí? y porque haya proaddo su pombre en un rapto de furor, un nombre que en seguida ha negado, he de echar en olvido quince años de constancia, de felicidad... (4sal- tado por otra idea y estallando.) Pero por qué se pu= so pálido “aquel hombre...? Por qué temblaba...? Quién era aquella muger que estaba alli, que se estremeció á mi voz? Ah! yo debia haber arrancado aquella col-— gadura, y haberla arrastrado á ella hasta los pies de su cómplice... debia con mano desesperada... (Cayendo en un sillon.) Ah! yo pierdo el juicio! me vuelvo loco! me muero! ESCENA IV, DON FERNANDO, DON GABRIEL. Gabriel, (Desde la puerta.) Gracias, amigo, gracias; ya 54 y está bien, me ha dejado usted como nuevo. (Salien—- do.) Maldito cabriolé, y malditas lluvias! Pero ya que estoy aquí, mo quiero marcharme sin dar las gracias por su hospitalidad al bueno de don Fernando. Fernando. (Voleiéndose.) Man pronunciado mi nombre! Gabriel. (Reparando en el.) Ah! él es. Amigo, puede usted vanagloriar se de tener un criado que maneja el eee á las mil marayillas. En un cuarto de hora me ha dejado como una patena... Mire usted... ya no Age conoce... y estaba AOS no habia por donde coger If... hecho una plasta...! (Ktiendo.) Ja! ja! ja, maldecido cabriolé...! Daba compasion... y porque quise meterme en una guantería... ““Puf, quite usted allá,» me dijo la buena de la guantera haciendo aspavien— tos... (Cambiando 'de tono.) Y me dió con la puer— ta en Jos hocicos! Estúpido cabriolé, y mas estúpido el que iba dentro de él! Fernando. Tenia usted mas que'averiguar quién era? Gabriel. Ese era mi intento, pero tenia los “ojos obstruidos... si me ha entrado el barro hasta por las ventanmas de la nariz... y lo que mas rabia me ba dado, es que el amo del tal elemento se iba riendo... (Riéndose de indignacion.) Ah! ah! ab...! y sería algun médico... pero yo me yengaré! Fernando, Celebro haber tenido ocasion de poderle ser á usted útil, aunque siento el motivo; y le deseo mejor suerte para en adelante, Gabriel. Bien puede usted decirlo, porque desde anoche parece *que estoy. de-vena: aqui'un bofeton, y en casa de don Federico Mendoza esta mañana... Fernando. (Cogiendole del brazo.) En casa de Mendoza esta mañana? qué babla usted de Federico? le ha visto usted hoy ? Gabriel. Toma! y á su eS Sa Die Qtro matrimonio que tall —Dios me libre...! Si vuelvo á poner jamas aMi los pies... 5 Fernando. Sí, ban. tenido una disputa, no es verdad? Una quimera por celos? Gabriel. En la que me he encontrado metido de patitas de vna manera atroz; el marido por un lado, la muger por el otro; el uno que me mandaba callar, la otra que queria que hablase; Federico que tenia una cita.,, 55 Fernando. (De pronto.) Em su casa? Gabriel. Al contrario... es decir, no habia tal cosa, y ella empeñada en que le estorbase que fuera, y él obstinado en que yo acompañase á su muger, la cual queria llegar la pues mientras que el marido por su lado... qué sé yo...? maldito si he podito entender una palabra. 'Fernando. Pero en fin, Matilde le diria á usted... Gabriel. Ah! sí, me dijo... ahi está lo mas chistoso... Cuando llegamos, y no encontró á nadie en casa de la vieja, una pobre muger que vive en la calle de Leganilos, en una hohardilla. .. Ciento veinte escalones nada menos.. . y una soga para agarrarse... Yo entré jadean— do, con un palmo de lengua fuera... pero ella... sí... luego que no vió á nadie, se puso encarnada, amarilla, verde, qué sé yo de cuántos colores... “los ojos la echaban chispas. “Salga usted de aqui,” me dijo, 4 mi! á mí! ** Usted está de inteligencia con mi marido, usted me ha traido aqui engañada!” A la calle de Leganitos figúrese usted...! leia si cuando uno hace la corte 4: una MUugor.. Fernando. Qué dice usted ? Gabriel. Cómo? (Aparte.) Bruto de mí, qué es lo que he dicho? Fernando. Prosiga usted... Volvió usted despues á casa de Mendoza ? Gabriel. Nada de eso; entonces fue cuando encontré á mi bella del albornoz escocés y el sombrerito color de granate. Fernando. Eh? Gabriel. Mablo de una bella con albornoz escocés , y el sombreritó color de granate que ha sido la causa de mi des» graciado encuentro con el cabriolé. Una señora que al pasar por mi lado en la esquina de una calle, hizo una es- - clamacion, dió un grito por este estilo... AR! Fernando. (Reffexíonando.) Es particular. Gabriel. Sí, pero era una aventura que no se presentaba de un modo desagradable. Fernando. Con que un albornoz escocés! Gabriel. Y un sombrero color de granate. Fernando. Y logró usted ver á la que lo llevaba? Gabriel. Sí, algo vi; el pie, el ajre, el cuerpo... pero en cuanto á la cara, Dios guarde á usted muchos. años... 56 porque 11ate un paso... ah! por mas señas que al volver una esquina reparé que el vestido era azul. Fernando. (Muy agitado.) Vestido azul...! Siga usted. Gabriel. El grito que habia dado y el paso que llevaba, picaron mi curiosidad... yo, que soy naturalmente algo arriscadillo, apreté á andar detras de la bella... Pero yo estoy haciéndole á usted perder el tiempo con co-+ sas que no le interesan... Fernando. (Deteniéndole.) Nada de eso! continúe usted... Con que un albornoz escocés ? Gabr iel. (Muy de prisa,) Gorro color de granate... y vestido aul. Como decia, ¡ba ya á darla alcance, cuando al llegar á la Puerta del Sol se metió en un coche alquilon, que sin duda la esperaba, y al subir me hizo un gesto de... " Fernando. De temor ? E Gabriel. Ó de amistad... asi... (Haciendo una seña con la rnaj0.) lo cual quiere decir, amor, silencio y otro sin número de cosas.. da iénte no habia por alli ni un mal id que alquilar; pero yo tengo buenas piernas, y ya me disponia á seguirla al escape , cuando al atravesar de una acera á otra la calle del Cármen pasa corriendo un cabriolé y zás...! me pone de barro de Jos pies á la cabeza... Todo el mundo se echó á reir... y yo, confuso éindignado, tomé por las callejuelas el camino de su casa de usted, que era la mas inmediata. Fernando. ( Aparte.) Oh! quiera Dios que sean vanas mis sospechas! (4lto.) Y si usted volviese á ver á esa muger - que ha encontrado y seguido tan cerca... la conoceria ? Gabriel. En seguidita... todavía me parece que la estoy viendo... con su albornoz escocés, su gorro eajOr de gra— nate, su vestido azul... y... ESCENA V. DICHOS. ELISA, €on el trage que se acaba de cilar, Elisa. (Saliendo de su cuarto, y hablando dentro.) Sí... salgo... por una hora solamente. Gabriel. (Viéndola.) Jesucristo! . Elisa. ( Aparte.) Don Gabriel... «Fernando. (Obseroándolos.) Ah! y Gabriel: ( Aparte.) Pues es la misma... idéntica ! « a A 5: Fernando. (Haciendo por qe Verdad que sí? Es cosa singular. Gabriel. (Estápefació;) No tal... no digo que... Fernando. Sí por cierto... exactamente idéntica... albornoz escocés , sombrero... hasta el vestido azul, .. (Riendo.) Ja! ja! ja! Gabriel. Pero qué... (Aparte.) Calla! y se rie... se rie! Elisa. Señores, con permiso... voy á salir, Fernando. (En voz baja y deteniéndola.) Otra vez... Elisa. Fernando! Fernando. (Sonriéndose.) Por Dios, no te vayas tan pronto, Elisa; don Gabriel creerá que huyes de él. Gabriel. Yo! qué disparate...! si he tenido solamente esa idea que... (4parte.) Otro atolladero...! Dios quiera que no salga peor que del otro! y Elisa. No edil 4 Fernando. No... tienes fazon... tú no puedes dba figú—- rate que eres para él una aparicion... porque hace un instante acaba de contarme el ericuentro que ha tenido esta mañana, antes de mi venida, con una señora del mismo porte... el mismo trage. Elisa. Es posible! Gabriel.. No, no era enteramente igual que digamos... el color... el albornoz... él, en fin... y yo... ya se ve... toma! (Aparte.) Estoy etdiado; Fernando. (Riendo.) No parece sino que quiere usted tranquilizarme ahora... Ja! ja! ja! : Elisa. (Aparte.) Oh! yo fallezco. A Fernando, (Tomando un tuno superficial.) La verdad es, "si yo no estuviese seguro de que á la hora de ese encnentro novelesco, mi muger sE SUNS acostada muy tranquilamente en su cama... donde la encontré dormida hace POCO... Gabricl. Sí, eh? ja! ja! ja! Eopadricas (Riendo mas fuerte.) Wace un instante... Ja! jal ja! (Acercándose d Elisa.) Ríase usted tambien, señora... usted misma se pierde ! ; S Elisa. (Fiolentándose para reirse.) Yo... en efecto, sí, os... Fernando. Un lance chistoso... ja! ja ! ja! No es verdad ? (4 don Gabriel.) Gabriel. Muy divertido... ja! ! ja! ja! (Aparte,) Este hombre tiene un modo de reirse que da frio. Fernando. Qué es eso, señor don Gabriel? nos deja usted 64. do en mi corazon un dardo mortal... que ya no es facil arrancar de él... sus celos de usted han desper— tado los mios... Lo que usted dijo era la verdad... Matííde. Gran Dios! no, no... su esposa de usted es tambien inocente... es digna de la estimacion de todo el mundo... no me cree usted...? Cree usted que si ella me hubiese arrebatado el cariño de mi marido diria yo esto? Fernando. Lo que usted dijo era la verdad, y yola doy gracias por ello. : Matilde. (Cogiéndole de la mano.) Oh! no... ya que usted quiera creerlo... perdónelos usted... haga usted como YO... y perdone. : Fernando. Perdonar...! me: da usted compasion. (Éntrase volviendo á cerrar la puerta.) Gabriel. Parece que esto se complica. Matilde. Señor de Aguilar! (Rieparando en don Gabriel.) > Gabriel. ( Aparte.) Ah! Ahora me toca á mí... me va á has cer hablar si me quedo... (Hace que se va.): Matilde. (En tono de súplica.) Don Gabriel... don Gabriel...! (Se detiene.) Cuando todo el mundo huye de mí, me abandona... me desamparará usted tambien... Gabriel, (Volviendo, á ella.) Señora... yo... (Aparte.) Si empieza á hacer pucheros, soy perdido. Matilde. Conozco que he. procedido mal con usted... y le pido que me perdone... (Tendiéndole la mano.) me guarda usted rencor todavía ? Gabriel. (Enternecido.) Ni por soñacion. Matilde. Usted sabe dónde está mi marido ? Gabriel. Sí por cierto... (Parándose repentinamente.) quiero decir... no creo. (4parle.) Volví á dar en el anzuelo, E Matilde. Oh! usted lo sabe... le amenaza algun riesgo. Gabriel. Oh! lo que es en cuanto á eso puedo jurar á usted positivamente que no. (4parte.) Mas bien será al otro. Matilde. Es decir que no se han retado... que mo debe ba- Uirse. Gabriel. (Con tono solemne.) No conozco aqui mas que una persona á quien se haya insultado y que deba batirse... | 65 Matilde. Dios eterno! y quién es? Gabriel. (Enseñando las pistolBs y señalándose.) El que está presente. Matilde. Usted ? WE Gabriel. Sí, yo... ser sensible y vengativo... que no puedo soportar una afrenta ni los edGies de una bella... Oh! no tengo maldito el apego á la vida...! Quede usted con Dios, señora... voy á morir de amor... y de un balazo que me pegará de vizconde del Roble... (Matilde aplica el oido hácia el cuarto de Elisa.) Si al menos conlase con una lágrima de usted... Matilde. Silencio! (Escuchando.) Gabriel. (Aparte.) Parece que le ha hecho efecto... (41to.) Si al menos contase con... (No viendola 4 su lado, se vuelve y la halla escuchando úá la puerta de Elísa: se dirige hácia ella.) uua lágrima de... Matilde. (Escuchando SSBpLES No hay duda, es éLl., es Su vOZ... Gabriel. (Aparte y retirándose hácia la derecha del proscenio.) Él..! cayó en la cuenta... y si el márido viene, creerá da he sido yo... el que la he dicho... Pues señor, allá se las arreglen, yo me evado... yo... (Mar— chándose prec ipitadamente.) yo me evado! Matilde. Ah! es él. ESCENA XI. a ELISA. Elisa. (Presentándose en la puerta de la derecha y hablando dentro.) Vaya usted , Federico, yaya usted... prefiero la muerte... Matilde. Fernando! Elisa. (Viéndole.) Cielos! (Las dos se quedan en silencio durante algunos instantes.) Matilde. Mi marido...! está ahí en el cuarto de usted. Elisa. En este instante acaba de salir de él... Ah! Señora, sus celos de usted van á hacer correr muchas lágrimas. Matilde. Arránqueme usted la duda que está aqui... ! dígame usted... pruébeme usted que no es culpable... ! Elisa. Y si del secreto que nos hubiese de reconciliar dependiesen mi honor, mi vida... la existencia de un desgraciado... el sosiego de mi marido...! y si á su casa de 5 66 : : usted solo hubiese ido. movida de vn sentimiento puro y sagrado ? ¿ Matilde. (Con enojo.) Eh ! señora... Elisa. Pues sépalo usted, ya que es preciso que mi espia— cion sea completa...) entré en casa de Fuderico, que tan noble y generosamente se ha conducido, á participarle Jos temores de una madre desventurada, que se halla en este momento delante de usted y que no puede estrechar entre sus brazos á su hijo querido... cuyos dias ¿se hallaban en peligro, y al cual su esposo de usted podia salvar... Le ba salvado, y por premio de un servicio que quisiera pagar con mi-propia sangre... yo he introducido la discordia en su matrimonio... be: hecho desgraciados á ustedes dos... ah! perdóneme usted., señora... soy una pobre madre, y he querido salvar á la vez mi. secreto y... mi hijo, que iba á Perecet.. Matilde. Su hijo de usted...! y Dl es ? qué ista Elisa. Misterio horroroso en efecto! que mi familia ha tenido ocullo 4 pesar mio como un crimen que podia deshonrarla y perderme... en el dia soy yo sola á espiar le.,, me hallo sola y trémula ante la cólera de un marido cuya venganza y sospechas ha llamado usted sobre mí. Matilde. (Dejándose caer de rodillas y llorando.) AM. yo soy la que debe pedir á usted perdon, señora, porque he sido funesta á todos los que me rodean... mi amor es un amor que mata... Oh! no me “maldiga usted, Elisa. (Levantándola.) Maldecir 4 usted! yo...! cuando Federico me ha vuelto mi hijo, y en este momento tal wez arrostra por mi causa la cólera de Fernando. Matilde. Qué dice usted ? | Elisa. Oh! yo le he relevado de sus juramentos, de su pálabra... he querido cargar sola con el odio y la venganza de mi marido... pero creerá él la confianza que van á hacerle, se dejará desarmar, Matilde. Oh! corro á aplacarle: dónde estan ? Elisa. No sé... cerca de aqui creo que debian reunirse... Fernando, en medio de su ciego delirio, queria batirse. Matilde. Oh ! venga usted, señora, venga! y si aun duda todavía... si... (Úyese dá este tiempo un tiro; las dos se quedan A se aprictan en “silencio la mano convulsivamente; óyese un segundo Liro.) Elisa. Dios eterno! 7 ; 6 Matilde. (Desfalleciendo y dejándose cacr en un sillon de la izquierda.) Federico! Elisa. Ah Ucorramos! ESCENA XIL DICHOS. FEDERICO, por el foro. Elisa. (A Federico.) Cielos...! y... y mi marido ? Federico. Todo lo sabe , señora: usted lo ha querido asi, y en este momento Leopoldo, que le ba salido al encuentro... Elisa, Al encuentro ? y esos tiros, :ese desafio ? ; Federico. Ignoro, la causa; no hemos sido nosotros... Ah! ya estan aqui... (Reparando en su muger.) Matilde... Matilde...! (Acude á socorrerla:) Elisa. Cielos! (Elisa hace un rnovimiento hácia el foro y retrocede al ver “4 su marido.) : ESCENA XIIL DICHOS. FERNANDO. LEOPOLDO, Despues DON GABRIEL. . Leopoldo, Adónde me lleva usted, señor de Aguilar ? esa agitacion... Fernando. Venga usted, venga usted... (Repara en Elisa, se detiene, baja hasta donde ella está, y la dice en voz baja.) Señora, todo lo sé, Elisa. Ah! no por amí..: imploro perdon por mi hijo. Fernando. Perdon... y de qué...? de lo pasado antes de conocerme... de la infamia de un vil seductor... ah! si viviese ahora... En el dia mi venganza no puede al-— canzar mas que á dos desgraciados... y mi venganza es esta, (Folviéndose hácia Lcopóldo.) Leopoldo, abrace usted á su madre! Leopoldo, Yo! es cierto lo que he oido? Elisa. (Estrechando la mano á Fernando é inclinán— dose.) Ah! señor, mi vida entera, la de mi hijo... (Abriendo los brazos á Leopoldo.) Hijo mio! (Matilde, reanímada por los cuidados de su marido, empieza dá volver en si.— Federico se acerca á Fernando, y le da la mano.) : Leopoldo. Madre mia! 68 qa Federico. Es una noble accion! : Matilde. (Volviendo en si.) Muerto! cuál, Dios mio? (Ve ú Leopoldo en los brazos de Elisa, y dá Federiz co y Fernando dándose lu mano.) Ah! qué Veo...? esos tiros... esa esplosion... oh! no, no. (Levántase, se coloca en medio de ellos, los mira, los toca sin po. der respirar apenas.) : Gabriel, (Que sale riendo con el brazo cn cabestrillo, y viene á colocarse á la izquierda.) Ja! ja! ja! ja! me ha atravesado un brazo... fortuna que no me ha roto el hueso... Maldita estrella mia...! Si lo decia yO... pero no importa... de todos modos le he dado una buena leccion... : Federico. (Estrechando la mano d Matilde.) Lo oyes? una leccion... N Matilde. (Dando un grito y arrojándose en sus brazos.) Ah! no se me olvidará. (Doh Fernando da la mano ú . su muger, y don Gabriel al verlos. se queda atónito.) FIN DE LA COMEDIA.