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Transgresiones

Laborda Yneva, José

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TRANSGRESIONES José Laborda Yneva En ocasiones, el progreso del conocimiento y los avances en la expresión de las artes nos parecen circunscritos al ámbito de lo reciente, como si el largo trayecto ya recorrido no fuese sino una cadencia estable, alejada de impulsos y de sorpresas. Nos hemos acostumbrado a transcurrir entre la sucesión de los estilos, a convivir con las muestras seculares de nuestro pasado construido, asimilando de tal forma su presencia que no siempre somos capaces de percibir que la ruptura de los conceptos ha sido norma a lo largo del tiempo. Sabemos que las épocas dictaron las costumbres y que éstas obligaron a renovar las actitudes, pero raras veces asociamos el concepto abstracto de vanguardia con las formas cambiantes que hace siglos dieron lugar a la evolución del arte. Sin embargo, entendida la vanguardia como una quiebra de la integración entre lo artístico y la sociedad que le sirve de soporte, encontramos evidente la necesidad de la transgresión para el logro del proceso. Otra cosa es el culto a lo deleznable, a lo puramente gratuito, tan frecuente en nuestros días, que poco tiene que ver con el avance de la inteligencia y no trata sino de, en el mejor de los casos, servir de pantalla a la completa carencia de ideas renovadas. Son las vanguardias antiguas, aquellas que propiciaron en su tiempo la evolución de los conceptos, las que inician las bases del progreso de la arquitectura merced a la transgresión positiva. Esas revoluciones del pasado, a veces enmascaradas por la conveniencia de algunos en ocultarlas, son puestas de manifiesto en este libro y se encadenan para repasar el transcurso de la belleza a través de los más excelsos transgresores de lo arquitectónico. Brunelleschi, Alberti, Bramante, Palladio, manifiestan con sus actitudes que la exhumación del relato de sus obras debe contribuir también a expresar su esfuerzo dedicado a la investigación pura, indiscutiblemente adscrita a la vanguardia. Una opción eternamente válida, plena de componentes materiales y conceptuales, urdida en claves de trabajo e inteligencia, donde quien hace bien debe hacer, al tiempo que su talento le permite regresar imaginando. Los de este libro son ensayos, a veces inmersos en la ficción --e laborados desde un enfoque siempre desmitificador, donde lo real se combina con lo supuestoque inician su acción con la imponente ruptura que supuso el impacto gótico de los constructores de catedrales, tal vez el más paradigmático ejemplo del tránsito de lo medieval hacia el dominio de lo moderno. Luego vendrá Brunelleschi, esa preclara síntesis de su tiempo, sin quien no podrá entenderse la arquitectura del Renacimiento. Pero tal vez sea Alberti --que junto a LXXXIII ASTRAGALO, 01 (1994) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review,ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1994.i01.10 Arquitecto, crítico de arquitectura y editor, encargado de la Sección Cultural del Colegio de Arquitectos de Aragón. sus obras supo aportar también esa teoría latente hacía siglos que sólo él desvelóquien con mayor detenimiento ve abordado el estudio de su capacidad transgresora. Algo que quizá ya conocemos pero que no nos importa en absoluto recordar: esa nueva forma de entender lo edificado mediante la definición de sus partes; la nueva opción de la presencia del arquitecto como aislado garante de la calidad de la obra a través de la oportunidad de sus dictados, el entendimiento de la arquitectura como una nueva forma de transcendencia universal. En Alberti se inician nuevos métodos de concepción de lo arquitectónico, basados en el conocimiento previo de sus circunstancias materiales e intelectuales; un conjunto indisoluble entre espacio y forma, que parte de la fantasía como origen de lo proyectado. Es la imaginación de lo posible a través de la depuración de lo imposible, la idea como concepto abstracto y variable que sólo se concreta en el momento de ser dibujada, dejando de lado la estabilidad de lo preconcebido. La elaboración geométrica de lo ideado, minuciosa, exacta, limpia; una expresión del pensamiento a través de la razón, donde se reúne el deseo y la materia para albergar la arquitectura. Después, Bramante, ese transgresor y creador del moderno concepto del espacio, de la ficción de la escala, autor de esa suerte de sueños de vacío, casi ilusiones ópticas, manipuladas para dictar una nueva retórica espacial. Y por fin, el Manierismo, y Palladio, seguro de sí mismo y de la fascinación de sus obras, que puso de manifiesto el límite de la evolución clásica de la arquitectura; término tal vez de la vanguardia antigua e inicio al mismo tiempo de un nuevo concepto del argumento evolutivo del espacio, que inevitablemente culminará en otras actitudes más titubeantes, cuyo acierto heterogéneo va a permanecer hasta la nueva ruptura transgresora que, en nuestro siglo, trajo consigo el Movimiento Moderno. • EUGENIO BATTISTI: En lugares de vanguardia antigua. Akal Arquitectura . Madrid, 1993, 228 páginas. • LXXXIV