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La «historia de vida» periodística, un género poco usual en la prensa española

Abstract

En los últimos años, el periodismo ha recurrido con asiduidad a los géneros periodísticos biográficos. Lo ha hecho no sólo el periodismo escrito, sino también el periodismo radiofónico y el televisivo. Los manuales sobre géneros periodísticos, sin embargo, le han dedicado hasta el momento muy poca atención. Uno de estos géneros es la historia de vida periodística, poco usual en la prensa española, aunque cada día más presente en los suplementos dominicales de los diarios nacionales.

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La «historia de vida» periodística, un género poco usual en la prensa española

Author: López Hidalgo, Antonio
Year: 2001
Source: https://idus.us.es/bitstreams/e417b175-1708-45d2-857d-0b0b150d161e/download
La «his o ia de ida» pe iodís ica,
un géne o poco usual en
la p ensa española
D . An onio López Hidalgo
Pe iodis a y p o eso en la Facul ad de
Ciencias de la In o mación de Se illa
Los géne os pe iodís icos biog á icos cada día son más comunes en los
dia ios, pe o los es udios y manuales que abo dan su es udio, sin emba -
go, son escasos. Algunos de es os géne os, como la en e is a de c ea-
ción o en e is a-pe il han sido abo dados académicamen e desde múl-
iples pun os de is a. El epo aje-pe il o epo aje biog á ico, bas an e menos, si
bien es cie o que las ob as sob e géne os pe iodís icos lo ci an, aunque b e emen-
e, en los capí ulos ela i os al epo aje. O os géne os, como el pe il, muy usual
en la p ensa dia ia, b illa po su ausencia en es os manuales. Ningún au o
ampoco, sal o José R. Vilamo 1, es ablece di e encias en e pe il y semblanza.
ÁMBITOS. Nº 6. 1e Semes e de 2001 (pp. 95-106)
1 VILAMOR, Jose R.: Redacción pe iodís ica pa a la gene ación digi al. Edi o ial Uni e si a ias, Mad id,
2000, pág. 405.
RESUMEN
En los úl imos años, el pe iodismo ha ecu ido con asiduidad a los géne os pe iodís icos
biog á icos. Lo ha hecho no sólo el pe iodismo esc i o, sino ambién el pe iodismo adio ónico y el
ele isi o. Los manuales sob e géne os pe iodís icos, sin emba go, le han dedicado has a el momen o
muy poca a ención. Uno de es os géne os es la his o ia de ida pe iodís ica, poco usual en la p ensa
española, aunque cada día más p esen e en los suplemen os dominicales de los dia ios nacionales.
ABSTRACT
In he las yea s he media has eso ed equen ly o he biog aphic jou nalis ic gen es.
This has been done no only by he w i en media, also he adio onic and T . The manuals abou
media gen es, ne e heless, ha e dedica ed un il he momen e y li le a en ion o him. One o
hese kinds is he his o y o he jou nalis li e, no usual in he Spanish p ess, al hough is p esen
e e y day mo e in sunday supplemen s o na ional newspape s.
Palab as cla es: Redacción Pe iodís ica/Géne os pe iodís icos/Géne os pe iodís icos biog á icos/
Géne os pe iodís icos de in e és humano.
Key Wo ds: Edi ing jou nalis ic/Jou nalis ic gen es/Biog aphics jou nalis ic gen es/Jou nalis ic
gen es o human in e es.
96 La “his o ia de la ida” pe iodís ica,
un géne o poco usual en la p ensa española
Pocos hablan de la biog a ía. En los úl imos años, sin emba go, han is o la luz
algunos abajos sob e la nec ológica como géne o pe iodís ico. En España, sin
emba go, ninguna ob a hace e e encia a la his o ia de ida pe iodís ica, un
géne o, po o a pa e, bas an e inusual en nues a p ensa. Se á es e úl imo géne o
pe iodís ico el que nos ocupe en las siguien es páginas.
El é mino «his o ia de ida» se u iliza con asiduidad en La inoamé ica,
sob e odo en A gen ina. Au o es como Sibila Camps, Luis Pazos, Jo ge B. Ri e a
o Julio A diles G ay hacen e e encia a es os ex os pe iodís icos en sus ob as. En
España, po el con a io, an o los manuales sob e géne os y es ilos pe iodís icos
como los e e idos a edacción pe iodís ica, ya sea en p ensa, adio o ele isión
eluden es e é mino a la ho a de denomina a es e géne o biog á ico. Cie o es
ambién que algunos manuales ampoco aluden a es os ex os pe iodís icos deno-
minándolos con o o sus an i o. Su exis encia en nues a biliog a ía se aduce en
ausencia. Como se ha dicho, es e géne o pe iodís ico no es demasiado usual en las
páginas de nues os dia ios, pe o sí es e dad que lo hemos podido encon a de
mane a casi u i a en nues as lec u as ma inales de ines de semana.
Sibila Camps y Luis Pazos dis inguen oda ía en e biog a ía e his o ia de
ida. A i man que la his o ia de ida es una biog a ía ampliada de una pe sona y
que, como consecuencia, puede inclui da os inédi os, in o maciones sob e aspec-
os ín imos y p ecisiones sob e:
* desc ipción ísica;
* o ma de es i se y de peina se (incluye ado nos y acceso ios, pe ume
que usa, cómo se maquilla);
* ca ác e (incluye su o ma de exp esa se a a és del lenguaje, de los
ges os y de la mi ada);
* si es homosexual, d ogadic o o alcohólico;
* sen imien os (miedos, dudas, obsesiones, dep esiones; ilusiones y pasio-
nes; us aciones; un sueño que le esul a ep esen a i o o ei e a i o);
* c eencias (con icciones eligiosas y polí icas);
* cos umb es (p e e encias en música, lib os, cine, ea o y ele isión;
«hobbies», depo es que p ac ica; cómo es un día cualquie a en su ida);
* su i ienda ac ual (ubicación, desc ipción del ba io o zona; si es casa o
depa amen o; dimensiones, an igüedad, mobilia io, deco ación y ado nos, pe so-
nal domés ico, masco as);
* su amilia:
- sus pad es y he manos (o igen sociocul u al, ocupación o p o esión, a ini-
dades);
- su p opia amilia: es ado ci il, cónyuge, hijos, nie os, sus ocupaciones y/
o es udios);
* el luga donde se c ió (paisaje, ac i idades, i iendas y come cios);
* ecue dos de in ancia (la casa na al, jugue es p e e idos y en e enimien-
97An onio López Hidalgo
os, el p ime día de clase, el mejo amigo, elación con los amilia es);
* ecue dos de adolescencia (el/la p ime /a no io/a, el descub imien o del
sexo, los paseos, el comienzo de su ocación);
* en e medades que lo ma ca on;
* el momen o más eliz de su ida y el más desdichado;
* odo ipo de anécdo as ( iajes, acciden es, encuen os que le esul a on
de e minan es);
* amigos, compañe os de es udio y de abajo, enemigos;
* su mue e:
- si mu ió, en qué ci cuns ancias; cuáles ue on sus úl imos deseos y sus
úl imas palab as;
- si aún i e, cómo se le imagina, cómo desea ía que ue a.
Ob iamen e, es os dos au o es ad ie en que una his o ia de ida no debe
con ene odos los aspec os de es a enume ación en a i a. Según el biog a iado,
el pe iodis a pod á op a po unos u o os, pues siemp e depende á de di e sos
ac o es, además del medio pa a el que se esc ibe y del en oque elegido po el
pe iodis a, como son: la pe sona a quien se hace e e encia y la ac i idad a la que
se dedica; las ci cuns ancias po las cuales se incluye esa his o ia de ida; o la
sección en la que se publica á2.
Pe o una his o ia de ida es mucho más que una biog a ía. O en odo caso
no deja de se algo dis in o. Camps y Pazos, po ejemplo, no es udian el lenguaje
y la es uc u a de es e géne o pe iodís ico, y ahí adica, pa a empeza , una de las
p incipales ca ac e ís icas que di e encian a la biog a ía de la his o ia de ida. El
mé odo pa a elabo a es e úl imo géne o u iliza como mé odo la en e is a pe io-
dís ica. Pa iendo de la g abación de ese diálogo, el pe iodis a ob iene del pe so-
naje en e is ado los da os biog á icos necesa ios pa a elabo a su his o ia de ida.
Pe o ob iene no sólo da os, echas, anécdo as, i encias c uciales en su ida,
us aciones y sueños, ambién ha g abado el ono de la na ación, el i mo de sus
con esiones, la a en u a in ans e ible de la li e a u a o al. La ida es á g abada en
una cin a de case e, pe o és a no sólo apo a una enume ación de da os i enciales,
ambién con iene un ozo de iempo congelado, una con e sación que u o en o o
iempo p e é i o y que la ecnología nos pe mi e aho a conse a el documen o
como si ese iempo se hubie a pa ado pa a siemp e.
El pe iodis a necesi a oda ía ealiza algunas ope aciones pa a que esa
his o ia ecob e la ida pe dida en el papel imp eso. Pa a ello, el pe iodis a
desg aba la con e sación, pe o a la ho a de edac a la elimina las p egun as y
conse a el ex o como si uese un monólogo. Sólo hay que limpia el ex o
esul an e de algunas impu ezas, como mule illas, epe iciones innecesa ias, pe o
2 CAMPS, Sibilia y PAZOS, Luis: Op. ci ., págs. 146 y 147.
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un géne o poco usual en la p ensa española
siemp e conse ando el ono na a i o, conse ando la iqueza o al de la na a-
ción, po que esa iqueza se as asa a la esc i u a.
1. Repo aje e his o ia de ida
Hay que dis ingui , no obs an e, en e epo aje e his o ia de ida. Dis ingui
sob e odo en e alguna modalidad del epo aje. El p ime lib o de Gab iel Ga cía
Má quez, como odos sabemos, no ue una no ela, sino un epo aje. ‘Rela o de
un náu ago’ es un epo aje en el que el p o agonis a, es deci el náu ago, Luis
Alejand o Velasco, na a en p ime a pe sona los diez días que es u o a la de i a
en una balsa sin come ni bebe , que ue p oclamado hé oe de la pa ia, besado po
las einas de la belleza y hecho ico po la publicidad, y luego abo ecido po el
gobie no y ol idado pa a siemp e. El esc i o colombiano cuen a la his o ia en
p ime a pe sona, quien habla es el náu ago, pe o Ga cía Má quez no ha espe ado
el ex o en su in eg idad. El ela o que ha esul ado es u o de una en e is a
exhaus i a, pe o ambién de un es ilo pe iodís ico que es el del p opio au o . La
misma écnica que en «Rela o de un náu ago» u ilizó en o os epo ajes ambién
na ados en p ime a pe sona como es el caso de «La a en u a de Miguel Li ín
clandes ino en Chile». En la in oducción al ex o lo con iesa: «El es ilo del ex o
inal es mío, desde luego, pues la oz de un esc i o no es in e cambiable, y menos
cuando ha enido que comp imi casi seiscien as páginas en menos de cien o
cincuen a. Sin emba go, he p ocu ado en muchos casos conse a los modismos
chilenos del ela o o iginal y espe a en odos el pensamien o del na ado , que
no siemp e coincide con el mío»3.
En un a ículo i ulado «So ismas de dis acción»4, Ga cía Má quez cuen a
cómo esc ibió «Rela o de un náu ago»: «Rela o de un náu ago es á más ce ca de
la c ónica, po que es la ansc ipción o ganizada de una expe iencia pe sonal
con ada en p ime a pe sona po el único que la i ió. En ealidad es una en e is a
la ga, minuciosa, comple a, que hice a sabiendas de que no e a pa a publica en
b u o sino pa a se cocinada en o a olla: un epo aje. No u e nada que o za
po que ue como pasea me po una p ade a de lo es con la posibilidad sup ema
de escoge las mejo es. Y es o lo digo en homenaje a la in eligencia, el he oísmo
y la in eg idad del p o agonis a que con jus icia ue el náu ago más que ido del
país». Y añade el P emio Nobel: «No usamos g abado as, po que las mejo es de
aquel iempo e an an g andes y pesadas como una máquina de cose , y el hilo
magné ico se emb ollaba como cabellos de ángel. Aun hoy sabemos que son muy
3 GARCÍA MÁRQUEZ, Gab iel: La a en u a de Miguel Li ín clandes ino en Chile. Ediciones El País,
Mad id, 1986, pág. 8.
4 GARCÍA MÁRQUEZ, Gab iel: «So ismas de dis acción» en: Sala de p ensa. Web pa a p o esionales de
la comunicación ibe oame icanos. h p:www.saladep ensa.o g/a 201.h m, 15 de ma zo de 2001.
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ú iles pa a eco da , pe o nunca hay que descuida la ca a del en e is ado, que
puede deci mucho más que su oz, y a eces odo lo con a io. Tu e que oma
no as en un cuade no de escuela, y eso me obligó a no pe de una palab a ni un
ma iz de la en e is a, y a a a de p o undiza a cada paso. G acias a esos
cuidados, opezamos de p on o con la causa del desas e, que has a en onces no
se había dicho: la sob eca ga de apa a os domés icos mal es ibados en la cubie a
de una na e de gue a. ¿Qué ue es o sino una en e is a exhaus i a en más de
ein e ho as de in e oga o ios pa a a e igua la e dad? Sin emba go, yo la había
conocido mejo que el lec o en un cuen o con ado de i a oz con suspensos
dia ios: un ela o ascinan e».
El p ocedimien o u ilizado po Gab iel Ga cía Má quez pa a elabo a es os
epo ajes es á basado en el mismo p ocedimien o que Julio A diles G ay emplea
pa a elabo a sus his o ias de ida. Ambos pa en de la en e is a, en endiendo és a
como mé odo de acceso a las uen es, como un mé odo pa a ob ene la in o ma-
ción. Pe o mien as en el epo aje el au o eelabo a el ex o y el p oduc o inal
es u o de su p opio es ilo, en las his o ias de ida, sin emba go, la oz del
en e is ado no desapa ece, sino que se mues a al lec o como un monólogo en
el que el pe iodis a ha sabido no sólo con a una his o ia de ida sino que ha
espe ado cómo su p o agonis a ha con ado su p opia his o ia.
2. El pione o de las his o ias de ida
En su ob a «El pe iodismo cul u al»5, Jo ge B. Ri e a incluye una en e is a
con Julio A diles G ay, conside ado pione o en la u ilización pe iodís ica de la
«his o ia de ida». Na ado , d ama u go y pe iodis a, además de maes o u al y
p o eso de Li e a u a, A diles G ay ue uno de los undado es del mo imien o
«La Ca pa» (1944), en Tucumán. Fo mó pa e del equipo pe iodís ico de «La
Gace a» de dicha p o incia, y ambién abajó en «La Opinión» de Buenos Ai es.
En e sus ob as, cabe des aca «Tiempo deseado» (1944), «Los amigos lejanos»
(1956), «Vecinos y pa ien es» (1970), «Pe sonajes y si uaciones» (1989) y «De-
li ios y quime as» (1993). En la en e is a mencionada, que se ep oduce a
con inuación, A diles G ay habla de sus his o ias de ida, cómo las concibió y
cuáles deben se sus ca ac e ís icas p incipales:
«- ¿Cuál es el o igen de sus «his o ias de ida» pe iodís icas?
- Yo engo de una egión de na ado es popula es, la mayo ía de los cuales
lo hacía en e so. La egión de Mon e os, en Tucumán, ha sido el ene o más
g ande de Ca izo, cuando hizo los Cancione os. Casi odas las glosas son p ác-
icamen e his o ias, pe o además es án los na ado es en p osa, que al ededo de
una mesa, de un ogón, cuen an cosas, muchas de ellas adicionales, y o as
5 RIVERA, Jo ge B.: El pe iodismo cul u al. Paidós, Buenos Ai es, A gen ina, 1995, págs. 174-177.

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un géne o poco usual en la p ensa española
in en adas, ag egadas... Con ese bagaje de cul u a popula ine a Buenos Ai es ya
muy g ande, pasados los cua en a años. Me acue do que comencé a abaja en
1967 en «P ime a Plana». Hacía una sección que copiábamos o le an ábamos de
«L’Exp ess», la e is a ancesa, y que se llamaba «L’Exp ess a plus loin a ec...».
Acá le pusimos «P ime a Plana a más lejos con...» Fulano o Mengano. Ya se
había in en ado el g abado de case e; el p ime o que yo u e ue un Philips... Me
manda on a en e is a lo -se ía en ma zo del 67- a Miguel de Molina. Yo le hice
las p egun as, y de p on o i que e a un na ado sensacional; un gi ano, como e a
él, que con aba con una g acia, con un sale o, oda su in ancia... Me dije: ¿po qué
le engo que pone mi p egun a?... Acá hay un enómeno que es del na ado
popula , que ambién exis e en Buenos Ai es, con mayo ampli ud, po que de
p on o descub í que había idas muy icas, como las de los inmig an es eu opeos,
españoles, judíos expulsados, ex soldados de la del ’14, que sabían con a muy
bien (aunque o os no sabían con a ). Llegó el momen o en que yo iba a hace la
expe iencia con odo ese ma e ial... y cie a «P ime a Plana» en el ’68, con
Onganía. En ese ín e in apa ecen dos lib os de Miguel Ba ne : «Biog a ía de un
cima ón» y «La canción de Rachel», que él le an aba con g abado . Además ya
había apa ecido «Los hijos de Sánchez», de Osca Lewis, y me dije «Acá no hace
nadie es e abajo», y jus o me llama Time man pa a «La Opinión». Di igía el
Suplemen o el g an poe a Juanci o Gelman. Un domingo yo me ui a una illa
mise ia y encon é una ieja ucumana -ahí en la illa de Re i o- que me con ó con
lujo de de alles cómo es un incendio en una illa mise ia. Lo desg abé sin las
p egun as y le busqué un í ulo, que e a «His o ias de ida», y la p ime a que salió
en junio del ’71 se llamó p ecisamen e «El incendio», y de ahí en más apa ecie on
p os i u as de pue o, co edo es de au o, como Gál ez, ile e os, e cé e a, has a
llega a un enómeno muy cu ioso: me encon é con dos comba ien es de la Gue a
del Chaco, un boli iano y un pa aguayo, que habían peleado en las inche as, uno
de un lado y o o del o o, en Fuen e Boque ón. Es o lo i ulé «La gue a de los
pob es». Así empezó el éxi o de es as «his o ias», que yo hacía casi odos los
domingos. Has a que empezó un poco la en idia a que e me mano ea la sección.
Paco U ondo hizo una cosa, el «Go do» So iano hizo o a, y yo me enojé con Juan
Gelman... Después Tomás Eloy Ma ínez me dio más manija pa a abaja . És a es
la génesis de las «his o ias de ida».
- Po qué eligió ese ipo de pe sonajes, y qué alo cul u al poseían, desde
su pe spec i a?
- Descub í que la o ma de ija una na ación no es sólo la esc i u a. La
esc i u a ue lo más la go que hubo. El anal abe o no podía egis a . E a el monje,
el le ado, el que egis aba. Hay un enómeno en la ijación de la na ación: la
elocidad con que se piensa espec o de la elocidad con que se esc ibe. La
elocidad del pensamien o es mayo , es simul ánea con el habla. Pa a esc ibi hay
que ap ende a que la mano aya siguiendo el pensamien o, y esa a ea de
101An onio López Hidalgo
educción que se empieza en la escuela p ima ia es muy len a, y es pa a p i ile-
giados. En cambio, el anal abe o que sabe na a , con el g abado piensa, habla,
cuen a con odas las leyes de la na a ología. Si uno analiza la g aduación, la
g adación de un na ado popula , descub e que es la misma que la de un cuen o
de Flaube ... Me di cuen a de que yo hacía la a ea de « ija » en el g abado y de
«desg aba » hacia la le a. Cumplía un paso p e io hacia la le a, pe o conse an-
do el acen o, la sin axis del na ado , los gi os popula es... Me di cuen a ambién
de que había una mina de o o en es a g an ciudad, que hacía a su his o ia y a su
sociología... Se podían e las co ien es mig a o ias e inmig a o ias, an o desde
el in e io como desde el ex e io , hacia Buenos Ai es, las a en u as de la gen e
que había enido a p incipios de siglo... Me dije: «Voy a pone me a abaja ,
po que hay muchos p o agonis as de la his o ia del ea o a gen ino que se nos an
a mo i y cuyo es imonio se pe de á po que no han esc i o». El p ime abajo que
hice ue el de Milag os de la Vega, hice sus memo ias; después empecé a
en e is a a o os p o agonis as de la e is a, del ea o po ho as, del cine, como
Qua ucci, Ma cos Caplan, e cé e a. Eso se publicó en un lib o i ulado «His o ias
de a is as con adas po ellos mismos», un omo de 400 páginas con ce ca de
ein a p o agonis as, cuyos es imonios de o o modo se hubiesen pe dido. Tan o
es así que aho a eo que cuando se mue e algún iejo apa ece mi «his o ia de
ida» en la nec ológica. La usan como uen e de in o mación. Eso se ía pa e de
la his o ia. La pa e sociológica e a cómo inie on los inmig an es del ex e io , o
los «cabeci as neg as» en la época de nues a pequeña e olución indus ial; po
qué ino, po qué se asen ó acá... Me encon é con casos inc eíbles como el de
Anas asio Qui oga, un coya de la Queb ada que ab icaba ins umen os, como
sicus, quenas, e quenchos, cha angos... y que además hacía música (la que lo
descub ió ue Leda Vallada es). Él e a albañil de p o esión, y i ía en To ugui as,
donde había ep oducido el paisaje de Jujuy en un e eni o que había comp ado,
de 30 x 30. Ahí había hecho un ce o, había plan ado un ca dón y había le an ado
una casa de pied a con echo de paja b a a, y i ía en Jujuy... pe o en To ugui as.
Él me con ó a ias his o ias, además de su biog a ía... Los cuen os son ábulas que
ienen ínsi a una cosmogonía que explica la c eación del mundo, cómo nacie on
los á boles, los pája os, e cé e a.
- ¿La ealización de «his o ias de ida» equie e alguna des eza o conoci-
mien o especial?
- Sólo g aba y limpia un poco. El na ado casi siemp e iene mule illas
que son moles as. Hay o as que no lo son, que hacen a la na ación, como po
ejemplo «como le iba diciendo, amigo». Eso es un encan o que hace al es ilo del
na ado . Desg abo a an o de conse a , en lo posible, el es ilo o al en la
esc i u a.
- ¿Exis e alguna di icul ad especí ica?
- Hay que encon a el na ado . Hay gen e que no sabe con a . Una ez,
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un géne o poco usual en la p ensa española
pa a hace una his o ia o al del ú bol, en e is é a iejísimos jugado es, pe o e an
de una limi ación an g ande que no les pude saca nada. Lo mismo me pasó con
un g iego que me con ó la gue a con los u cos, pe o ampoco le pude saca
mucho. El sec e o es que el que na e enga iqueza o al, po que esa o alidad se
as asa a la esc i u a; lo que queda de ico es la o alidad en la esc i u a: el colo ,
lo que a con ando, su es ilo de na ado ...
- ¿Cuál ue su «his o ia» más log ada?
- La que me p odujo mayo encan o es «La gue a de los pob es»: la his o ia
de esos dos ipos que no se conocían y que habían cambiado dispa os... ¡con ada
con una ingenuidad! E a como si el «Aduane o» Rousseau, en ez de pin a , e
con a a cosas.»
3. Una his o ia de ida: la úl ima ejecución po ga o e il
En España el géne o de la his o ia de ida es bas an e inusual. No obs an e,
se pueden encon a algunos ejemplos, incluso bas an e signi ica i os. El pe iodis-
a de «El Co eo de Andalucía», F ancisco Gil Chapa o, cul i ó es e géne o,
aunque sólo alcanzó a publica cua o o cinco his o ias. El día 2 de ma zo de 1997,
en la página 4 de es e dia io se illano, apa ecía una de es as his o ias, conc e a-
men el la de José Mo illo Pa ón, o icial de la Audiencia de Se illa. En la
en adilla, el pe iodis a p esen a al pe sonaje. És a decía así: «El 2 de ma zo de
1974 -hoy se cumplen 23 años-, el e dugo se illano José Mo eno, nacido en el
ba io de T iana, ejecu ó po ga o e il al úl imo ajus iciado po es e p ocedimien-
o en España. Ocu ió en la p isión p o incial de Ta agona, y la íc ima ue el
súbdi o alemán Heinz Chez, que había ma ado a un gua dia ci il en el camping
Cala D’Oques. en Ta agona. José Mo eno salió de Se illa el día an e io a la
ejecución, después de que José Mo illo Pa ón, o icial de la Audiencia, le comu-
nica a, de pa e del p esiden e de la Audiencia, que enía que i a un iaje. José
Mo illo gua da aún el ga o e en el edi icio de la Audiencia se illana y cuen a
cómo i ió esos días y cómo e a el e dugo.»
A pa i de aquí el pe iodis a deja la palab a a José Mo illo pa a que cuen e
la his o ia de la úl ima ejecución po ga o e il. Cuen a la his o ia como quien
habla en la calle a un g upo de pe sonas. El ono desc ip i o del na ado y el ai e
d amá ico de la his o ia pe mi en al lec o ace ca se sin opiezos a un ex o
con ado con sencillez y humanidad. El lec o queda a apado con la p ime a uel a
de ue ca. Rep oducimos a con inuación sólo la p ime a pa e del ex o. Así con ó
José Mo illo aquella i encia:
«Fue en el mes de ma zo de 1974. Cuando ocu ió es o de Ta agona, el
p esiden e de la Audiencia me dijo: «Pepe, hay que i a busca al e dugo». Y yo
espondí: «Aho a mismo». Y me encajé en su casa. «José, ¿qué?, ¿qué pasa?,
¿homb e, qué pasa?». Y yo le dije: «Nada, que enemos que sali de iaje, que nos
han mandado llama de Ba celona». «¡Vaya ela, con la ho a que es!», me
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espondió. «Que hay que sali u gen e», le ol í a deci , «que hay que oma el
p ime a ión, que es o y que lo o o». Él se di igió a su muje y le dijo: «Niña,
espé a e que amos a oma una copa». Salió a la calle, y me p egun ó: «¿Qué
ocu e?». Y yo le comuniqué que eníamos que i a Ta agona a una aeni a.
E a po la a de. Vinimos a la Audiencia, y es aba el p esiden e en su
despacho. «Seño p esiden e, que ahí es á el ejecu o . ¿Quie e us ed que pase?».
Y me espondió: «No, no, no». El e dugo se quedó sen ado en el es íbulo de la
segunda plan a de la Audiencia. El p esiden e, que no lo io a él, me dijo que nos
ué amos y que sacá amos dos bille es de a ión. Cla o, yo le p egun é: «¿Y pa a
qué dos bille es?». «Pa a que lo acompañe us ed». «¿Pe o cómo oy a acompaña -
lo, don An onio? ¿Yo quién soy pa a i a acompaña lo? Que le pongan una escol a
de policía o algo, pe o yo ¿cómo oy a acompaña le a es e seño ?».
Bueno, se saca on los bille es, y cuando eg esamos a la Audiencia, cambia-
ía de imp esión o algo, el caso es que me llamó po elé ono pa a que se
descambia an los dos bille es, y a con inuación se puso de acue do con el je e
supe io , y al día siguien e, a las sie e de la mañana, salió el e dugo en una
anche a de Policía desde la Je a u a Supe io , en la Ga idia, con es o cua o
agen es. Yo, an es, había cogido el as o -el ga o e-, que lo enía yo gua dado,
se lo di, y nos uimos a la Je a u a. Cuando llegamos allí, dijimos que el je e
supe io nos es aba espe ando, y nos hicie on espe a un momen o. Bajamos a los
calabozos, donde enían ya la anche a, me imos el cacha o en la pa e de a ás
y me p egun a on si yo iba ambién con él. Y yo espondí: «No, solamen e he
enido a acompaña lo has a aquí». En in, se ue on pa a Ta agona en coche.
A los dos días, a las seis y media o sie e de la mañana, llama on a mi casa,
que es á den o de la Audiencia. «¿Quién es?». «Ab a us ed, de Je a u a». Ab í y
me dije on: «Aquí lo iene us ed». Es aban el e dugo y el ga o e. Yo les dije que
espe a an un momen o, que se lo iba a comunica al p esiden e. Lo llamé a su
i ienda, que es aba a iba de la Audiencia, le con é que el ejecu o ya había
eg esado con la Policía y que es aba odo en condiciones, y me mandó deci les
que se podían e i a y que muchas g acias. «Y al ejecu o le dice us ed», me
comunicó, «que pase y que o dene sus cosas».
Salimos ya a la calle y me dijo el e dugo: «Vamos a oma un ca eli o».
Nos uimos a la Es ación de Au obuses, omamos un ca eli o y me dijo: «Vamos
a comp a la p ensa». Y en la p ensa pues ya enía la no icia de la ejecución. Lo
que ocu e es que se publicó que el ejecu o e a de Badajoz, y él me comen ó: «No
son embus e os. Dicen que ha sido de Badajoz, y he sido yo, Pepe». Cla o, yo le
p egun é: «¿José, pasas e miedo o algo?». «¡Qué a! Las que me echen», me dijo.
«Pasé un poco de apu o», añadió, «po que al pone el ga o e, la íc ima enía el
cuello muy pequeño, y al da le con el o nillo no se ab azaba con la anilla
delan e a». Tu o que qui a el ga o e, lia le con una cue da un ozo del saco
donde lle aba el apa a o pa a hace le un ajus e, pa a que llega a al cuello, y ya lo