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Políticas públicas y desarrollo regional en la sociedad de la información : tendencias y retos

Moreno Gálvez, Francisco Javier

Abstract

El empleo del término sociedad de la información para denominar el actual modelo social, por más que extendido, no está exento de problemáticas y contradicciones. Uno de las polémicas más notables es aquella que se refiere a las posibilidades que se abren, gracias a los avances permitidos por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, para el desarrollo de las regiones, sobre todo de aquellas que han ocupado un lugar subordinado en la división internacional del trabajo. Las siguientes líneas tratarán de abordar las continuidades y rupturas que se esconden tras esta sociedad de la información, destacando las dinámicas y tendencias que afectan a las regiones en el marco de la crisis y reestructuración del capitalismo.

Full text

318 | issn 1696-2079 redes.com no 12 | 319 Políticas públicas y desarrollo regional en la sociedad de la información: tendencias y retos1 Public policies and regional development in the information society: trends and challenges doi: 10.15213/redes.n12.p318 Francisco Javier moreno Gálvez Resumen El empleo del término sociedad de la información para denominar el actual modelo social, por más que extendido, no está exento de problemáticas y contradicciones. Uno de las polémicas más notables es aquella que se refiere a las posibilidades que se abren, gracias a los avances permitidos por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, para el desarrollo de las regiones, sobre todo de aquellas que han ocupado un lugar subordinado en la división internacional del trabajo. Las siguientes líneas tratarán de abordar las continuidades y rupturas que se esconden tras esta sociedad de la información, destacando las dinámicas y tendencias que afectan a las regiones en el marco de la crisis y reestructuración del capitalismo. Palabras clave: sociedad de la inFormación, brecha diGital, desarrollo reGional, neodiFusionismo,, nuevas tecnoloGías de la inFormación y la comunicación. 1 - Este trabajo es resultado del trabajo realizado para el Proyecto de Excelencia “Nuevas tecnologías de la información y participación ciudadana. Formas de mediación local y desarrollo comunitario de la ciudadanía digital” (P08-SEJ-03680, Consejería de Economía, Innovación y Ciencia de la Junta de Andalucía). 320 | issn 1696-2079 AbstRAct The use of the term “information society” to describe the current social model is a widespread but contradictory and problematical practice. One of the most notable controversy is which refers to the opportunities that open up with the new information and communication technologies. These possibilities are especially relevant for the development of subordinate regions in the new international division of labor. The following lines aim to describe the continuities and ruptures that are hiding behind the information society. In this aim, we will emphasise the trends and dynamics concerning regions in the context of crises and reorganisation of capitalism. Keywords: inFormation society, diGital divide, reGional develoPment, neo-diFFusionism, inFormation and communication technoloGies. 1. IntRoduccIón El año 2005 fue escenario de dos acontecimientos que en el ámbito de la comunicación adquirían especial protagonismo y relevancia. Por un lado, noviembre de 2005 fue la fecha escogida para cerrar en Túnez la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (cmsi) que había arrancado en Ginebra dos años antes bajo el abrigo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (uit). En segundo lugar, se conmemoró el XXV Aniversario del informe Un solo Mundo, Voces Múltiples (macbride, 1980), encargado por la unesco a una comisión presidida por el irlandés Sean MacBride (premio Nobel y premio Lenin de la paz) y que se convirtió en la bandera de lo que se denominó Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (nomic), que completaba el ya extendido Nuevo Orden Económico Internacional (noei), refugio de los países no alineados en el mundo polarizado como consecuencia de la guerra fría. Aunque han pasado 10 años, ambas referencias nos sirven para contextualizar un debate en torno a las políticas públicas en sociedad de la información que sigue vigente en las ciencias sociales. F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 321 Si el trabajo de la Comisión MacBride se saldó con una derrota2, el contexto actual puede también situarse bajo este mismo apelativo pues casi cuatro décadas después, con una situación internacional en peores condiciones que las que justificaron la propuesta del nomic, los principales debates que establecen hacia dónde camina la sociedad de la información ya no tienen a la unesco como punto de referencia, sino a la uit (símbolo de la deriva hacia el determinismo tecnológico y empresarial) y a otros organismos globales privados cuya función es la de establecer las nuevas reglas del juego y garantizar la estabilidad del sistema capitalista en su crisis. Este es el marco en el que se desarrollan proyectos estratégicos como la Global Information Society de la administración estadounidense y su traslación europea con la European Information Society. Esta evolución del sistema global de información y comunicación es paralelo a las profundas transformaciones que van a recorrer el sistema-mundo de la mano de la reestructuración capitalista que se remonta también a la década de los 70 y en la que las nuevas tecnologías, los procesos de comunicación y la aplicación del conocimiento van a resultar claves. Asistimos al surgimiento de un nuevo sistema de relaciones ya no internacional sino global, pues las coordenadas geopolíticas no se ciñen únicamente a los límites establecidos por las fronteras, físicas e inmateriales, de los Estados-nación, sino que se abren a una nueva articulación de lo global con lo local. Esta transformación del rol tradicional del Estado-nación viene también determinada por la creciente importancia de las regiones infra y supraestatales, las cuales protagonizan un proceso de reorganización territorial que vacía por arriba y por abajo a las instituciones estatales y que está marcado por una doble dinámica de descentralización y recentralización económica y política. En las siguientes líneas trataremos, en primer lugar, de dar cuenta de aquellos fenómenos que tienen que ver la reestructuración del capitalismo y el surgimiento del actual sistema global de información y comunicación que le acompaña. En segundo lugar, abordaremos la reconfiguración espacial producto de esa reestructuración, deteniéndonos en el papel que pueden adoptar las regiones en el nuevo escenario global y prestando especial atención a la reedición de las estrategias difusionistas y desarrollistas en relación a la integración de la tecnología en procesos de desarrollo. Para ello, además de una revisión de la bibliografía disponible en el ámbito de la economía 2 - Tras la publicación del informe, los EEUU y Gran Bretaña, insertos en sus respectivos procesos neoliberales, decidieron abandonar la UNESCO por su supuesta orientación ‘filocomunista’, privándola así de buena parte de su financiación y abocando sus programas al fracaso. Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 322 | issn 1696-2079 política y la comunicación para el desarrollo, se han analizado los diferentes documentos estratégicos que a nivel de las políticas públicas se remiten a la configuración de la sociedad de la información a escala regional y global. 2. ReestRuctuRAcIón del cApItAlIsmo y confIguRAcIón del sIstemA globAl de InfoRmAcIón y comunIcAcIón Remitirse a la crisis del capitalismo no es algo novedoso en los tiempos que corren, como tampoco lo es hablar de la histórica capacidad que el capitalismo ha tenido para superar sus crisis mediante estrategias de reestructuración que han ido transformando no solo las relaciones productivas y las formas de obtención del beneficio por las economías capitalistas, sino también las relaciones políticas, sociales y culturales a una escala cada vez mayor. Cada proceso de crisis y reestructuración ha inaugurado una nueva fase dentro del modo de producción capitalista, un nuevo modo de desarrollo resultado de la combinación entre un determinado régimen de acumulación y un modo de regulación concreto. Las sucesivas crisis, de momento, lejos de suponer rupturas definitivas no han supuesto sino cambios cualitativos en el modo de funcionamiento del sistema capitalista. En este sentido, la crisis de los años 70, cuya génesis situamos simbólicamente en la subida de los precios del petróleo en el año 1973, ha supuesto el punto de inflexión entre un modo de desarrollo fordista y un modo de desarrollo que llamaremos neofordista3. La reestructuración que se llevó a cabo durante aquellos años buscaba reconvertir radicalmente el tejido industrial y el proceso productivo de cara a la configuración de una nueva división internacional del trabajo a través de un proceso de reorganización del sistema mundo en el que “cambian sustantivamente el carácter de los elementos del sistema, la forma en que éstos se relacionan entre sí y el modo en que el sistema funciona y se reproduce” (Arrighi y Silver, 2001: 28). Una buena fórmula para describir el paso del modo de desarrollo fordista hacia el neofordista es recurrir a la distinción entre paradigma tecnológico, régimen de acumulación, modo de regulación y sistema de información y comunicación en ambos modelos4. 3 - Preferimos utilizar el término neofordista frente al posfordista pues refleja mejor que los cambios a los que se hacen referencia no representan una ruptura radical con el taylorismo y fordismo sino, antes bien, una reformulación orientada a adaptarse a unas nuevas condiciones de cambio tecnológico, de composición de la fuerza de trabajo y de configuración del mercado actual (Alonso, 1999: 53). 4 - Para los párrafos que siguen, hemos tomado como referencia las obras de Alonso (1999), Arrighi, F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 323 El paradigma tecnológico que va a dominar el fordismo estaba caracterizado por la producción en masa protagonizada por la gran empresa oligopólica como unidad productiva básica y con el petróleo barato como fuente de energía clave. Su organización del trabajo estaba dominada por los principios de normalización, racionalización y planificación propios de la dinámica taylorista y por el principio de organización científica (división de tareas en todas las áreas y separación de funciones de ejecución de las administrativas y de investigación y desarrollo). El control patronal iba más allá del control del proceso de trabajo y también determinaba la producción de la demanda a partir de un modelo de consumo de masas. La producción se articulaba en torno a las grandes ciudades industriales presentando un escenario de concentración espacial y de economías de aglomeración en los espacios urbanos. Ya en el neofordismo, vamos a ver como en las economías desarrolladas caen los sectores tradicionales que habían sido la imagen de marca del fordismo (acero, producciones mecánicas y eléctricas, automóvil), debido sobre todo a la relocalización de la producción en países o regiones periféricas con ventajas comparativas (salarios, condiciones laborales, legislación medioambiental, etc.), a la vez que se produce un auge de otros sectores como la microelectrónica, la informática o las telecomunicaciones que van a ocupar un lugar estratégico en el nuevo paradigma tecnológico debido, sobre todo, al aumento de las capacidades de procesamiento de datos e información, que permiten mantener los procesos de control y coordinación de la producción con aquellas regiones periféricas que albergan las actividades deslocalizadas. Igualmente, esta disponibilidad de información conlleva un conjunto de innovaciones tecnológicas y organizacionales que buscan recuperar la rentabilidad perdida con la crisis a través de la generalización del modelo de producción en masa pero flexible, caracterizado por la integración, fruto de la utilización intensiva de las máquinas gracias a procedimientos informatizados, y por la flexibilidad, que se desarrolla a partir de la utilización de los avances tecnológicos que permiten una mayor coordinación y adaptación de la producción. Asistimos así al paso del sistema de corporaciones multinacionales verticalmente integradas y organizadas burocráticamente, también llamado sistema de empresa corporativa, al surgimiento de la empresa red flexible que descentraliza los procesos y áreas de producción pero que centraliza el control sobre la producción, el mercado y los recursos tecnológicos y financieros. Barr e Hisajeda (2001), Castells (1998 y 2005), Delgado (1998), Harnecker (1999), Herscovici (2005) y Lash y Urry (1998). Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 324 | issn 1696-2079 El régimen de acumulación característico del fordismo es el del aumento sostenido de la producción por persona y del volumen de capital fijo per-cápita, acompañado de un incremento de la demanda, de una ampliación del poder de compra por parte de los asalariados y del aumento del trabajo no directamente productivo, todo ello como producto de las políticas públicas keynesianas. En la nueva fase, la producción en masa va cediendo el paso a una progresiva segmentación del mercado que va a demandar una elaboración individualizada del producto, lo que va a ser posible gracias a la reestructuración organizacional del proceso de producción y a la interconexión en tiempo real entre la oferta y las tendencias de la demanda. Igualmente, asistimos al fin de las políticas públicas de corte keynesiano que buscaban el objetivo del pleno empleo. Este movimiento no significa que el Estado deje de intervenir, sino que ahora ya no interviene para regular mercados sino más bien para estimularlos mediante políticas fiscales y monetarias. Se finaliza así con el régimen de acumulación fordista mediante un menor consumo masivo, mayor ahorro y mayores beneficios. Por otra parte, el modo de regulación que sostiene al fordismo se basa en una serie de mecanismos socio-institucionales de regulación adaptados a las necesidades de los grandes mercados para amortizar los altos costes fijos derivados de, por un lado, los convenios colectivos que garantizaban salarios mínimos por el Estado y contratos de larga duración y, por otro lado, la intervención creciente del Estado cuyas políticas públicas servían para garantizar el crecimiento económico, la estabilidad, el pleno empleo, los servicios sociales, etc. Se implantó así lo que se conoce como Estado del Bienestar, basado en el consenso keynesiano a partir del pacto capital / trabajo y que implicó al aparato estatal, a las asociaciones de empresarios y a los grandes sindicatos. Por su parte, el nuevo modo de regulación se caracteriza precisamente por el abandono de aquel consenso y por el desmantelamiento del Estado del Bienestar fruto de políticas fomentadoras de la privatización del sector público y la desregulación del sector privado. Uno de los ámbitos que más ha notado la magnitud de los cambios en el paso de un modelo a otro es el del empleo que, marcado por la pérdida progresiva de fuerza del sindicalismo, va adoptando una tendencia hacia la precarización y la flexibilización numérica y funcional. No obstante, si en el neofordismo las formas institucionales que dan coherencia y estabilidad al régimen de acumulación han de adaptarse a la necesidad de superar el marco del Estado-nación, podríamos decir que estamos todavía ante un proceso inacabado pues no existen instituciones ni un compromiso social que respalden el nuevo modo de regulación, aunque sí que se hacen patentes una serie de tendencias como la progresiva F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 325 retirada del Estado o la creciente flexibilización de los mercados. A cada modo de desarrollo, igual que le corresponden un régimen de acumulación y un modo de regulación determinados, también le corresponde un sistema de información y comunicación específico (sic). A pesar de no estar completamente definido, el sistema de información y comunicación neofordista se articula en torno a una estructura de redes electrónicas donde las variables inmateriales de cultura, información y comunicación juegan un papel cada vez más relevante en la lógica de acumulación global así como en la regulación macroeconómica y social (herscovici, 2005: 183). Así, hemos pasado de un sistema fundamentado en las dinámicas de cultura masiva y de servicio público, con un Estado intervencionista y con gran peso en las políticas culturales y de comunicación, a otro sistema dominado por el desmantelamiento de los servicios públicos culturales y por el auge de una serie de macrogrupos con vocación transnacional y de organismos globales de regulación que van a dominar la geopolítica de la cultura. No es que el Estado desaparezca y pierda todas sus competencias infocomunicacionales, sin embargo, condicionado por la tendencia a la privatización, la desregulación y la liberalización, se dedica cada vez más al pasado (defensa del patrimonio) dejando al mercado la gestión del futuro (contenidos audiovisuales, nuevas redes electrónicas, etc.) (martín barbero, 1989). Culmina de esta forma un proceso de transición que, aunque todavía en proceso de estabilización y con muchos de sus aspectos sin desarrollar, nos ayuda a dibujar los contornos de una nueva fase del capitalismo que va a recibir numerosos apelativos, entre los cuales destacan, no sin polémica, el de sociedad de la información. La particularidad que nos interesa de dicho modelo es que estamos ante una teoría comunicativa que engloba el desarrollo de las nuevas tecnologías convertida en propuesta global de explicación para el modelo de sociedad actual (Garnham, 2000: 69-70). Estas políticas públicas en sociedad de la información y los indicadores a estas asociados se vinculan a un sistema de información y comunicación de dimensiones globales, atravesado por fuertes desequilibrios y caracterizado por: 1. La tendencia hacia gigantescos procesos de concentración y capitalización, en detrimento del pluralismo en la creación, producción y distribución. 2. Limitación de la diversidad cultural a pesar de la variedad cultural existente y potencialmente accesible. 3. Configuración de una realidad con dos mundos culturales que van Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 326 | issn 1696-2079 a distintas velocidades: una cultura transnacional de predominio anglosajón con efectos de clonación en el mundo; y culturas locales, cada vez más minorizadas y acercándose a roles folclóricos o de conservación de vestigios queridos del pasado. 4. Ampliación de los modelos de negocio en perjuicio del modelo de servicio público. Igualmente se acrecienta la criminalización de las prácticas del intercambio sin ánimo de lucro (como las P2P). 5. El núcleo central del sistema lo ocupan los derechos de la propiedad intelectual o de exclusiva, de explotación, de comunicación y difusión, lo que encarece de facto los productos, a pesar del abaratamiento ligado a la extensión de las nuevas tecnologías. 6. Flexibilización y precarización del empleo que se crea en el ámbito de la cultura. 7. Creciente influencia de los distribuidores en la gestión y determinación de la oferta. 8. Privatización de las redes con grandes operadores privados que nos aleja de la idea de universalización con acceso público y nos acerca a una realidad de redes cerradas y privadas inmersas en una guerra de estándares (zallo, 2005a: 239-242). Este panorama no es solo muestra de la subordinación al carácter neoliberal de las transformaciones en curso, sino también de la discriminación de las políticas culturales y de comunicación a las políticas de sociedad de la información, contaminadas del discurso empresarial que hace hincapié en la innovación para la competitividad. Se entiende mejor así lo mencionado en la introducción sobre la Cumbre Mundial sobre Sociedad de la Información, que supondría una cristalización simbólica de las tendencias anteriormente apuntadas pues “si la uit puede convocar una reunión sobre la sociedad de redes, es debido a la definición de corte tecnicista del recurso inmaterial como fundamento de un nuevo orden mundial” (mattelart, 2005: 43). La cmsi, en la que se evidenciaron fuertes resistencias al reconocimiento del derecho a la comunicación, terminó validando la voluntad inicial del gobierno estadounidense y de algunos gobiernos europeos: identificar al mercado como eje fundamental de la sociedad de la información, al sector privado como el actor central en el control y manejo de la misma y a los gobiernos como los actores encargados de asegurar el marco jurídico propicio para la desregulación del sector infocomunicacional (Saffon, 2007: 25). Relegando de facto las políticas de inclusión y lucha contra la brecha digital al voluntarismo y solidaridad de empresas y organizaciones sociales, asistimos de nuevo al vaciamiento de lo F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 333 una perspectiva etnocéntrica hacia otra contextual y policéntrica, desde un interés económico a un interés más universal e interdisciplinario y desde una perspectiva de desarrollo administrado tecnocráticamente hacia formas participativas en la resolución de problemas. La superación de definiciones caducas, entendiendo el desarrollo como un proceso y resultado intangible y no como simples avances materiales, nos lleva a reubicar el concepto de desarrollo en un marco constructivista, subjetivo e intersubjetivo, valorativo y axiológico, y, por cierto, endógeno, o sea, directamente dependiente de la autoconfianza colectiva en la capacidad para inventar recursos, movilizar los ya existentes y actuar en forma cooperativa y solidaria, desde el propio territorio, generando, obsérvese, una proalimentación en compensación (boisier, 2002: 30). La crítica y recomposición del concepto de desarrollo nos remite a otro reto para el desarrollo regional de igual o mayor importancia: la modificación de las condiciones contextuales que colocan al espacio regional como el ámbito privilegiado para un modelo de desarrollo basado en el conocimiento6. La constatación de la importancia que adquiere el conocimiento para el desarrollo de una determinada región ha de completarse con una reflexión acerca de los cambios acaecidos con la globalización y que justifican que las regiones se conviertan en los agentes decisivos para el desarrollo económico, a saber: crisis del Estado-nación que, como justificamos anteriormente, se ve obligado a redefinir sus funciones tradicionales; constitución de un entorno de flujos tecnológicos flexible y cambiante que afecta no solo a los mercados, sino también a los ámbitos tecnológicos o culturales; configuración de un nuevo espacio de negociación de la intervención política y de dinamización de las economías locales. En este nuevo contexto, habida cuenta de que los bienes inmateriales constituyen una fuente de ventajas competi6 - La evolución de los principios rectores de las políticas regionales en las últimas décadas nos sirve como muestra de cómo han ido modificándose las variables del desarrollo. En Boisier (2002: 19), encontramos un cuadro que resume esta evolución: “1950/1960: infraestructura como condición del crecimiento económico regional; 1960/70: atracción de actividades externas, polos de desarrollo, base exportadora; 1970/80: desarrollo endógeno, PYMES, competencias (habilidades y atribuciones) locales; 1980/90: innovación, difusión de tecnología, medios innovadores; 1990/00: conocimiento, factores intangibles, aprendizaje colectivo; 2000/10: capital relacional, interconexión, cultural local, e-trabajo.” Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 334 | issn 1696-2079 tivas en el nuevo patrón de desarrollo, es necesario pensar y actuar desde una perspectiva regional para, aprovechando su flexibilidad y capacidad de adaptación, extraer todo el potencial de la sociedad del conocimiento (sicsú y bolaño, 2004: 135). Autores como Moulier-Boutang afirman que el territorio, en un contexto que denomina de capitalismo cognitivo, deja de ser solo un elemento indirectamente productivo para convertirse en directamente productivo y actor principal en virtud del conjunto de externalidades positivas que extiende en sus redes de relaciones, de esta forma, el territorio presenta un grado de integración e interdependencia tan grande en este nuevo contexto que se transforma en una verdadera fuente de innovación (2003: 50–51). Esta postura, defendida no solo por los teóricos del capitalismo cognitivo, ha venido acompañada de una serie de nociones acuñadas para denominar las nuevas estrategias de desarrollo regional en la sociedad de la información, como por ejemplo: regiones que aprenden, territorios productivos, territorios de excelencia, etc. Destacamos el concepto de región que aprende que expresa la necesidad de las regiones de adquirir permanentemente nuevo conocimiento en un proceso de aprendizaje continuo como medida de inserción en la nueva fase del capitalismo. Hoy en día, el desarrollo de una región puede depender más de aprender a desarrollarse, de ser capaz de aprehender y aprender los factores información y conocimiento, que de disponer de recursos para ello (román, 2001: 25–26). Así, cuando hablamos de regiones que aprenden nos referimos a regiones con una ventaja económica basada en la creación de conocimiento, donde “la infraestructura humana regional y la infraestructura de redes es más importante que la infraestructura física” (boisier, 2002: 12). Este aprendizaje regional y colectivo se encuentra ligado a la capacidad de innovar de cada región, para lo que son necesarias grandes cantidades de capital social, comprendido este como un tipo de capital “colectivo, cívico, sinergético, relacional, intangible, tácito, de entorno, compartido, enredado, etc. [y entendido como] la capacidad que tiene un grupo social para adquirir información, incorporarla a procesos económicos propios y gestionar tales procesos (…), la capacidad para transformar la información en conocimiento y el conocimiento en acción” (román, 2001: 36). Precisamente, este entorno cambiante caracterizado por el papel del conocimiento y el aprendizaje en la competitividad interterritorial introduce otro de los retos a los que han de enfrentarse las estrategias de desarrollo regional: la puesta en marcha de una nueva división internacional del trabajo (ndit), donde la variable clave del crecimiento y la competitividad entre regiones deriva de su proporción de trabajadores del conocimiento y de actividades F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 335 de alta intensidad de saberes (servicios informáticos, I+D, enseñanza, formación, sanidad, multimedia, software, etc.) (vercellone, 2004: 66 – 67). Así, el nuevo ecosistema comunicativo condiciona que las diferentes estrategias de desarrollo regional busquen ampliar el número de destrezas cognitivas a fin de ser competitivos en un entorno donde los territorios se reorganizan y se articulan en función de su capacidad de producción de conocimiento o de medios de conocimiento. Con la aparición de la ndit proliferan los discursos en relación a las oportunidades de desarrollo de aquellos territorios que venían ocupando posiciones subalternas pues se plantea, desde diferentes ámbitos, que los caminos abiertos por la revolución de las nuevas tecnologías supondrían la posibilidad de dar un salto cualitativo en su desarrollo sin necesidad de haber ocupado una posición favorable en las anteriores modelos de crecimiento. Para poder arrojar algo de luz sobre esta problemática y polémica cuestión es necesario remitirse a las tendencias de descentralización y recentralización que atraviesan el proceso de reorganización territorial y que van a determinar en gran medida como las regiones van a encarar la globalización. En primer lugar, encontramos la dinámica de descentralización, de la cual además se pueden extraer dos lecturas. Por un lado, esta tendencia se expresa mediante la deslocalización de ciertas actividades de las empresas (producción, trabajo manual cualificado, tareas administrativas, I+D, etc.) y la superación de las barreras estatales en la conformación del nuevo modelo de articulación socioeconómica fruto de la crisis capitalista. Es importante comprender que en este caso, descentralización no significa diversidad, se puede descentralizar pero ello no significa cambiar la dinámica de reproducción del sistema. En segundo lugar, más allá de beneficiosa para los intereses capitalistas, la descentralización puede ser entendida también como el instrumento idóneo para el desarrollo local, aumentando la participación popular y propiciando transformaciones de tendencia igualitaria en la base económica (delGado, 2002: 56). Es en este último sentido que la descentralización, tal y como apunta Zallo (2002a; 2002b; 2003), puede considerarse como una contratendencia compensatoria a la globalización y a su expresión recentralizadora. Así, lo regional adquiriría un nuevo sentido en el paradigma actual, ya que los territorios no deberían su desarrollo económico y social a la globalización, sino a pesar de ella, expresando un conflicto en el cual los espacios privilegiados por la globalización serían los centros mundiales tecnológicos y financieros (con mayores ventajas en conexión, competencia y articulación económico – tecnológica), los Estados-nación (que mantienen ventajas en la articulación Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 336 | issn 1696-2079 política y de poder); y las ciudades (que tienen la ventaja de ser los espacios idóneos para las economías de aglomeración) quedando las regiones y sus políticas discriminadas y relegadas a un plano secundario y al cual plantan cara no tanto a partir de factores económicos o geopolíticos, sino sobre todo a partir de las variables culturales y políticas (zallo, 2005a: 231 – 232). Observamos así como se desarrolla la contradicción entre la tendencia de descentralización y aquella otra dominada por la inclinación a la centralización, o recentralización, si tenemos en cuenta su relación con periodos anteriores. Como ya señalamos anteriormente, con la NDIT, no siendo tan importantes las economías de escala, surgen las economías de innovación y aglomeración de recursos y las sinergias comerciales, financieras y de lobbying, que animarían esta localización de recursos en torno a centros de decisión económica y redistribución de poder creándose de esta manera espacios físicos donde se concentran cada vez un número mayor de sedes decisionales y fiscales de organismos y empresas estratégicas, especialmente vinculadas a los ámbitos básicos de sociedad de la información, así como los servicios de alto valor añadido (zallo, 2002b: 286). Transversalmente relacionada con la tendencia hacia la recentralización nos encontramos con que en el nuevo escenario de reorganización territorial se inaugura también una nueva estructuración jerárquica global organizada no en forma de red, como se puede inferir de algunos discursos de la sociedad de la información, sino en forma de círculos concéntricos de dominación e influencia determinada por el grado de integración de cada región en la sociedad del conocimiento (zallo, 2005a: 30). La posición a ocupar por las diferentes regiones en esta jerarquización se plantea a partir de dos posibles itinerarios: el primero pasa por un desarrollo activo de las especificidades cognitivas, culturales y comunicacionales, y de la imbricación de estas con un consolidado sistema de investigación, desarrollo e innovación ligado al proceso de cambio tecnológico; el segundo consiste en la oferta de mejores condiciones en los procesos productivos tradicionales para el capital (menores salarios, menores resistencias sindicales, menores trabas a la degradación medioambiental, etc.). Ante este cruce de caminos, que define dos modelos de desarrollo, tenemos que señalar la trampa ideológica a la que se ven abocadas las regiones periféricas en lo relativo a las posibilidades de desarrollo que se abren con la laureada sociedad de la información y que rompe el mito del salto cualitativo de los territorios dependientes al primero de los itinerarios señalados. Hay que tener en cuenta que existe una profunda diferencia en el proceso de incorporación al nuevo modo de desarrollo entre las regiones centrales, viradas a mantener su posición privilegiada y su hegemonía proF. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 337 ductiva heredadas del fordismo, y las regiones periféricas, que creen haber encontrado una nueva vía para su desarrollo. De este modo, se nos muestra nítida la continuidad entre la jerarquización territorial de la etapa fordista y el nuevo orden global aumentando la distancia entre las regiones que ya tenían ventajas en el modelo fordista o industrial, pues “los recursos inmateriales no son ajenos a los recursos e infraestructuras” (zallo, 2002b: 285). Este esquema jerárquico, que acompaña a la ndit, impone un dispositivo de exclusión–inclusión que obliga a un buen número de regiones no ya solo a ponerse al servicio de los centros desarrollados, sino a enfrentarse a una desconexión forzada en función de las necesidades del propio sistema global. 4. A modo de conclusIón En las anteriores líneas hemos dibujado un panorama de transición hacia un nuevo modo de desarrollo en el que las nuevas tecnologías y las variables inmateriales de comunicación y conocimiento ocupan un lugar central e inspira la propia denominación del estadio social como sociedad de la información. De manera complementaria, hemos tratado de establecer los diferentes escenarios a los que se tienen que enfrentar las regiones a la hora de afrontar el nuevo papel que les corresponde en una dinámica económico, política y cultural consagrada a la dialéctica entre lo global y lo local. Ambas dimensiones nos parecen inseparables, pues los proyectos como la Global Information Society o la European Information Society, inspirados en las dinámicas de reestructuración del capitalismo, se han materializado en multitud de programas de desarrollo regional, con especial incidencia en los espacios periféricos. En este contexto, el carácter ideológico de determinadas estrategias neodifusionistas lleva a cuestionar muchos de los principios inspiradores de las propias políticas de sociedad de la información. La superación de las brechas económica y social entre regiones, con base en la aplicación intensiva de nuevas tecnologías, no es algo que pueda ser separado de las condiciones materiales de partida y de la elección de los principios que inspiren dichas políticas públicas. Aterrizando en un ejemplo, la consagración de las políticas europeas de sociedad de la información a los principios de liberalización, mercantlización y competitividad (en coherencia con los principios neodifusionistas de modernización, desarrollo, progreso e innovación) responde a un modelo de centralización que poco o nada tiene que ver con la laureada Europa de los pueblos y de las regiones. Algunos autores han señalado que el escaso Políticas Públicas y desarrollo reGional en la sociedad de la inFormación: tendencias y retos 338 | issn 1696-2079 o nulo papel asignado a las regiones en el proceso de integración comunitaria puede ser el gran culpable del fracaso de las políticas en materia de desarrollo regional en la sociedad de la información. En este sentido, estamos de acuerdo con Zallo cuando señala que faltan todavía propuestas concretas para solventar el desarrollo desigual de las regiones y que existen graves carencias en la formulación de políticas de sociedad de la información, al no existir un “sistema de evaluación que dé cuenta de los resultados en claves cuantitativas y cualitativas para conocer eficacias, eficiencias y, sobre todo, si los desarrollos económicos y sociales van en la dirección correcta y no se trata solo de generar mercados remunerados para empresas de informática y operadores” (2003: 322). En definitiva, a pesar de las posibilidades que se abren en torno a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, parece que a lo que realmente asistimos con proyectos como la Global Information Society es a una nueva articulación de la desigualdad regional que podría tomar el nombre, en el marco del nuevo paradigma tecnológico, de apartheid digital (mattelart, 2002a: 161) en el que se diferencia entre: 1. Espacios que controlan las redes de información y comunicación, los nuevos sectores, la innovación científica y tecnológica, los flujos globales. Zonas que funcionan como archipiélagos tecnológicos y financieros de alto consumo, alto dinamismo tecnológico y alta disponibilidad de servicios). 2. Espacios que son víctimas de ese mismo control. Espacios dependientes y subordinados que van a ser conectados o desconectados del espacio económico transnacionales en virtud de las necesidades puntuales de los centros integrados. Son zonas prescindibles y olvidadas donde se genera cada vez mayor riesgo, mayor empleo precarizado, menores situaciones de seguridad, ninguna capacidad de decisión, etc. (alonso, 1999: 97, 128). Un apartheid digital que presenta importantes continuidades con respecto a periodos anteriores pues sus elementos definitiorios no hacen sino reproducir unas relaciones de poder ya clásicas entre los integrados y los excluídos (a nivel de ciudadanía pero también de los territorios) en el seno de un modo de producción capitalista que ha demostrado una alta capacidad de transformación y adaptación en virtud de sus necesidades de reproducción y legitimación. F. Javier moreno Gálvez redes.com no 12 | 339 bIblIogRAfíA ADORNO, T. Y HORKHEIMER, M. (1969, 2004). Dialéctica de la Ilustración, Madrid: Trotta. ALONSO, LUIS ENRIQUE (1999) .Trabajo y ciudadanía: estudios sobre la crisis de la sociedad salarial, Valladolid: Trotta / Fundación 1º de Mayo. 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