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La común fascinación de la literatura y del cine por los perdedores: Algunos casos arquetípicos

Abstract

La literatura, volcada desde sus orígenes en el héroe, vuelve sus ojos a partir del romanticismo hacia el perdedor. Y el cine, casi desde sus inicios, se suma a esa última corriente. A lo largo del siglo XX la común fascinación crece caudalosa. De forma que, unidos y apoyándose mutuamente, ambos ofrecen una generosa gama de personajes perdedores y fracasados, desde los hundidos por una insuperable adicción al alcohol o al juego a los que pierden defendiendo sus convicciones. Y quedan por medio los atrapados por la mujer fatal, los militares que nunca ganaron una batalla, los desheredados sociales que apenas son conscientes de su condición de perdedores, los que sufren los errores de la justicia o la autoridad, los explotados y discriminados, incluso en algún momento las víctimas de la fatalidad.

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La común fascinación de la literatura y del cine por los perdedores: Algunos casos arquetípicos

Author: Checa Godoy, Antonio
Year: 2011
Source: https://idus.us.es/bitstreams/01acff04-f507-4a99-80b7-99ce004140da/download
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
LA COMÚN FASCINACIÓN DE LA LITERATURA
Y DEL CINE POR LOS PERDEDORES.
ALGUNOS CASOS ARQUETÍPICOS
ANTONIO CHECA GODOY
UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
[email protected]
Resumen: La li e a u a, olcada desde sus o ígenes en el hé oe, uel e sus ojos a pa i
del oman icismo hacia el pe dedo . Y el cine, casi desde sus inicios, se suma a esa úl ima co ien e.
A lo la go del siglo XX la común ascinación c ece caudalosa. De o ma que, unidos y apoyándose
mu uamen e, ambos o ecen una gene osa gama de pe sonajes pe dedo es y acasados, desde
los hundidos po una insupe able adicción al alcohol o al juego a los que pie den de endiendo
sus con icciones. Y quedan po medio los a apados po la muje a al, los mili a es que nunca
gana on una ba alla, los deshe edados sociales que apenas son conscien es de su condición de
pe dedo es, los que su en los e o es de la jus icia o la au o idad, los explo ados y disc iminados,
incluso en algún momen o las íc imas de la a alidad.
Palab as cla e: Li e a u a. Cine. Pe dedo . F acasado. Muje a al. Alcoholismo.
Abs ac : Li e a u e, de o ed o he he o om his o igins, u ns his eyes om he
oman icism owa ds he lose . And he cinema, almos om his beginnings, adds o his las
cu en . Along he 20 h cen u y ha common ascina ion g ows migh y. So, joined and suppo ing
each o he , bo h o e a gene ous ange o losing and ailed cha ac e s, om hose sunk by an
insupe able addic ion o alcohol o gaming o hose ha lose de ending his con ic ions. And le
behind a e he ones caugh by he emme a ale, he mili a y men who ne e won a ba le, he
social disinhe i ed ha sca cely a e conscious o his lose s’ condi ion, hose who su e he
mis akes o jus ice o au ho i y, he exploi ed and disc imina ed ones, and e en in some momen
he ic ims o a ali y.
Keywo ds: Li e a u e, cinema, lose , ailu e, emme a ale, alcoholism
Résumé: La li é a u e, en e sée depuis ses o igines chez le hé os, ou ne ses yeux à
pa i du oman isme e s le pe dan . E le cinéma, p esque depuis ses commencemen s, se join
à ce de nie cou an . Le long du XXe siècle la ascina ion commune c oî abondan e. De açon
à ce que, unis e é an mu uellemen appuyé, ils o en les deux une gamme géné euse de
pe sonnages pe dan s e a és, depuis en oncés pa une addic ion insu passable à l’alcool ou au
jeu ceux qu’ils pe den en dé endan ses con ic ions. E les a apés es en pa milieu pa la
emme a ale, les mili ai es qui n’on jamais gagné de ba aille, déshé i és sociaux qui comp ennen
à peine sa condi ion de pe dan s, ceux qui subissen les e eu s de la jus ice ou l’au o i é, les
exploi és e disc iminés, même dans un momen les ic imes de la a ali é.
Mo s-clés: Li é a u e, cinéma, pe dan , a é, emme a ale, alcoolisme.
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1. INTRODUCCIÓN
Desde sus o ígenes, la li e a u a mos ó su admi ación y su inclinación po
los hé oes, como en la Iliada o en la Odisea, incluso en Gilgamesh. El hé oe puede
mo i en ba alla, como Roldán, o no se comp endido po su ey, como El Cid; o
puede que su esposa es é enamo ada del mejo amigo, como le ocu e al ey
A u o. Pe o ello no le a eba a su condición de hé oe. Solo en su p ime a madu ez,
a pa i del oman icismo, la li e a u a se sien e a aída con in ensidad po el
pe dedo –quizá más exac amen e po el acasado–, aunque es o haya enido sus
p eceden es: El ingenioso hidalgo don Quijo e de La Mancha iene bien poco del
adicional hé oe que desea se .
También el cine, desde su nacimien o, se in e esa sob e odo po el
iun ado . Hollywood impone su happy end, ese inal o odoxo que exige
inequí ocamen e la de o a del mal. Pe o al cine se le il a on p on o nume osos
pe dedo es: lo son buena pa e de los p o agonis as de las películas de humo ,
como el mismo Cha lo , o esul an se hé oes o zosos, como el pe sonaje de
Bus e Kea on de El maquinis a de la gene al (1926); y no se ol ide que, además, el
cine neg o impone p o agonis as, sean delincuen es o de enso es de la ley, cuyos
imp ecisos lími es di icul an conside a los iun ado es. También en el wes e n se
al e nan el épico hé oe soli a io con el pe dedo en e e na huida. La li e a u a del
siglo XX acabó sucumbiendo an e el hechizo del pe dedo , más c eíble, y poco a
poco más abundan e que el hé oe o el iun ado na o. Y así sigue en el siglo
siguien e.
Resul ó ine i able que ambos, li e a u a y cine, coincidie an en múl iples
his o ias que enían como p o agonis a a un pe dedo –mucho más a amen e
una pe dedo a–; pe sonajes que, íc imas de la sociedad, de la his o ia o de sí
mismos, po an el es igma del acaso, del echazo, del cas igo o de la inadap ación.
No malmen e es el cine quien abso be: la ob a li e a ia pasa a ob a
cinema og á ica, pe o no al an ejemplos en di ección con a ia. La li e a u a acili a
las his o ias e incluso los a que ipos; el cine selecciona, enal ece y, con ha a
ecuencia, busca ans o ma el éxi o imp eso en éxi o de pan alla. No obs an e,
a eces se á el iun o cinema og á ico el que ac i e el in e és po la e sión
li e a ia, sob e odo en o ma ea al1.
1 Un da o elocuen e sob e la in ensidad del p oceso: el si io Adap aciones de la li e a u a en el cine español,
desa ollado po Glo ia Cama e o, elaciona 956 ob as li e a ias españolas que habían conocido e sión como
la gome aje has a 2005, ci a de suyo exp esi a. Disponible en Biblio eca Vi ual Ce an es: h p://goo.gl/ j46 (01/
03/2011).
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
2. VARIANTES EN EL MODELO DE PERDEROR
Su gen, como esul a lógico, nume osas a ian es ípicas en o no al pe dedo ,
que consis e a eces en de o ado polí ico o é ico, en e a la igu a del acasado
p opiamen e dicho: pe dedo po demé i os p opios o po in luencia social, pe o no
po causas polí icas, polí ico-bélicas o di ec amen e de i adas de sus con icciones.
El pe sonaje pe dedo anuda dis in as p oblemá icas, unciona como un núcleo
que pe mi e pone en elación el discu so na a i o con p oblemas de polí ica y é ica, en
la medida en que ep esen a –d ama izadas– esoluciones a con lic os deba idos y
analizados po eo ías polí icas y ilosó icas. El pe dedo es una igu a a a esada po la
his o ia de su iempo, es el esul ado de una coyun u a ágica y, a la ez, se cons i uye
como al po p opia decisión, es deci , de iene pe dedo a pa i de una conscien e elección
de ida (Ama Sánchez, 2006: 151).
En odo caso, muchas de es as igu as – acasado o pe dedo – alcanza án
gene alizado p edicamen o po encima de e apas, modas o cul u as, con sus
causan es y caldos de cul i o: la muje como ehículo de la pe dición del homb e
–amo imposible, muje a al–, mucho más a amen e ella hundida po él; el alcohol
–y desde los años se en a o as d ogas– como pozo sin ondo especialmen e
en ado pa a el esc i o y en gene al el a is a; la gue a y las dic adu as con su
a mós e a as ixian e, sus miedos y sus pe secuciones, y el homb e ec o, ín eg o,
como íc ima; la espi al del juego, que a apa sin emisión; las injus icias de la
jus icia, casi siemp e inapelables; la disc iminación, la explo ación o las di e encias
sociales, sin ol ida la incidencia del des ino inexo able o, incluso, la a alidad.
En e los pe dedo es/ acasados, los hay que se esis en –es é ilmen e casi
siemp e– y los que a ojan la oalla y acaban con ha a ecuencia en el suicidio o
la in eg ación, pe o los hay ambién que igno an su p opia cualidad de pe dedo es
po que no conocen ni a isban o o mundo. Pueden se buen ejemplo los
p o agonis as de Los san os inocen es, de Miguel Delibes (1981) –un no elis a según
el cual odos sus p o agonis as son in a iablemen e pe dedo es–, asladados al
cine con idelidad y éxi o po Ma io Camus (1984), pueden se un ejemplo.
No al an las adiciones en an a iopin o pano ama y en esos as ases
li e a u a-cine. Po ejemplo, el indomable pe sonaje li e a io que el cine ans o ma
en pe dedo . O ice e sa. En 1954, Robe Ald ich (1918-1983) di ige Apache,
la gome aje basado en la no ela B onco Apache, de Paul Iselin Wellman (1895-
1966), edi ada en 19362, donde Bu Lancas e enca na al pe sonaje his ó ico
2 La no ela se publica en España en 1947, en edición de Luis de Ca al , como B onco Apache. T as el es eno
del ilm, hay un elanzamien o po la misma edi o ial bajo el í ulo Apache.
LA COMÚN FASCINACIÓN DE LA LITERATURA Y DEL CINE POR LOS PERDEDORES. ALGUNOS CASOS ARQUETÍPICOS
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Massai, un indio apache que no sigue el camino esignado de Ge ónimo, en 1886,
y escapa de su ese a en Flo ida. Wellman, buen conocedo del mundo indio, al
que dedica a ias ob as, pe iodis a y ocasionalmen e ambién guionis a, aza el
pe il épico y du o del líde indio, con odos sus asgos, incluida la c ueldad. Pe o
en el ilm, los impe a i os censo es del Código Hays y de las g andes p oduc o as
y dis ibuido as implica on plasma un Massai que e mina como dócil y esignado
cul i ado de maíz: con e ido en pe dedo . Casi dos décadas después, sin emba go,
an o Ald ich como Lancas e y Wellman se desqui a án con Ulzana’s Raid (La
Venganza de Ulzana, 1972), donde eapa ece un Massai, aho a sí, desc i o según
da os his ó icos sin happy end, pues el indio mue e usilado, pe o indómi o, as
en ona un can o une a io.
Hay pe dedo es li e a ios que esul an más o undos en el cine, como el
maes o de Moncho en La lengua de las ma iposas, ilm que José Luis Cue da (1999)
basa en el b e e y he moso cuen o de Manuel Ri as (1996):
–Recue da es o, Moncho. Papá no e a epublicano. Papá no e a amigo del alcalde.
Papá no hablaba mal de los cu as. Y o a cosa muy impo an e, Moncho. Papá no le
egaló un aje al maes o.
–Si que lo egaló.
–No, Moncho. No lo egaló. ¿En endis e bien? ¡No lo egaló! (36).
Cuando los camiones a anca on ca gados de p esos, yo ui uno de los niños que
co ían de ás lanzando pied as. Buscaba con desespe ación el os o del maes o pa a
llama le aido y c iminal. Pe o el con oy e a ya una nube de pol o a lo lejos y yo, en el
medio de la alameda, con los puños ce ados, sólo ui capaz de mu mu a con abia:
«¡Sapo! ¡Tilono inco! ¡I is!» (39).
En el ilm, la imagen inal es de un maes o que, digno, se aleja p eso hacia
su usilamien o, sin agacha la cabeza, de audado po los insul os que le p opina
Moncho, su alumno p edilec o, po indicación p o ec o a de la mad e: « ú ambién,
Moncho, g í ale». Con dolo osa e inusi ada du eza, sub ayada musicalmen e, el
niño g i a «¡a eo!», «¡ ojo!» (Cue da, [01:XX:XX]). Si se conside a que el maes o
es pe dedo –pues no cede en sus c eencias–, lo es po in ole ancia.
2.1. El alcoholismo
Pocos pe dedo es más mimados po la li e a u a y el cine que quienes
consumen alcohol po alguna adicción o pa a neu aliza , sin éxi o, el econocimien o
del p opio acaso. Buen ejemplo puede se Días sin huella, ob a de Billy Wilde
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(1945) sob e la no ela The los weekend – í ulo o iginal de la película–, de Cha les
R. Jackson (1944).El o undo éxi o de la ob a li e a ia signi icó la inmedia a
adap ación ílmica. Reconoció Jackson lo muy au obiog á ico de su na ación.
Don Bi nam, p o agonis a, es un esc i o cuyo acaso lo conduce a un alcoholismo
que no log a á supe a , siendo su obsesión ob ene dine o pa a pode bebe . La
adicción no solo lo des ui á a él, sino ambién a su he mano y a la muje que lo
ama. Es muy impac an e la secuencia inal, donde Bi nam a a de apu a dos
bo ellas acías mien as suena una llamada ele ónica que pod ía sal a lo. En
cambio, él piensa: «Helen, es oy bien, lo que pasa es que no puedo habla ». Bi nam
es, en odo caso, un doble pe dedo : como esc i o y como alcohólico.
Po su pa e, los nue e úl imos minu os de Días de ino y osas, de Blake
Edwa ds (1962) –mucho más popula po sus comedias, incluida la se ie de La
Pan e a Rosa–, acaso apo an uno de los momen os más d amá icos, po
alcoholismo, del caudaloso cine de pe dedo es con p ocedencia o consecuencia
li e a ia. Rela o que, po cie o, iene una ayec o ia poco habi ual, pues James
Pickney Mille , uno de los p ime os guionis as de éxi o en la ele isión
no eame icana, se basa en his o ias apo adas po la en onces incipien e
Alcohólicos Anónimos y lo lle a en 1958 a la pequeña pan alla bajo el í ulo Days
o wine and oses –Días de ino y osas–. En 1962, Edwa ds la impo a al cine con
éxi o c í ico y come cial. Y cua o décadas después llega á una e sión ea al con
es eno en B oadway (2003). Así pues: no ela, ele isión, cine y ea o.
En Días de ino y osas, la jo en Ki s en A nesen –Lee Remick–, es á
enamo ada de Joe Clay –Jack Lemmon–, un ejecu i o de elaciones publicas de
San F ancisco que la a as a hacia el alcohol has a des ui las idas de ambos. Él
consigue inalmen e supe a la adicción, pe o no ella. En la la ga secuencia inal,
Ki s en in en a el eg eso al hoga , pe o Joe la echaza po que no c ee que ella
pueda supe a el alcoholismo y a a de p o ege a la hija que ienen. Los úl imos
o og amas mues an a Joe mi ando cómo Ki s en se aleja en la noche mien as
pa padea un le e o luminoso: «BAR» (Edwa ds, 1962).
Y, si el alcoholismo es pe dición, en pocas películas se ha e lejado una
olun ad au odes uc o a an cla a como la de Ben Sande son, p o agonis a de
Lea ing las Vegas, un esc i o acasado y endeudado que acude a Las Vegas pa a
deja se mo i median e el alcohol. La no ela, del no eame icano John O’B ien
(1990), ambién iene mucho de au obio-g á ica y conoce cie o éxi o,
con i iéndose en película de cul o (Figgis, 1995) al es ena se poco después de
que O’B ien se suicidase de un i o. La no ela se aduci ía después a nume osos
idiomas: en España, como Adiós a Las Vegas.
No es es a ciudad, e iden emen e, un escena io casual pa a que el pe sonaje
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cumpla su unes o obje i o de modo i emediable, incluso a pesa de conoce a
su muje ideal y se co espondido. Pe o ya es i ecupe able. Ella lo desc ibe en la
úl ima secuencia del ilm:
El caso es que los dos sabíamos que eníamos poco iempo. Yo le acep é
como e a, sabiendo que jamás cambia ía y él sen ía lo mismo po mí. Me gus aba
su d ama, él me necesi aba. Le amaba, le amaba de e dad.
Es so p enden e la ecuencia con que el esc i o adic o al alcohol na a
di ec amen e su expe iencia o aza un ela o au obiog á ico poco disimulado. Y
al cine, cla o, le ascinan esas «his o ias e dade as». En 1947 apa ece Unde he
olcano –Bajo el olcán–, no ela del b i ánico Malcolm Low y y ambien ada en el día
de di un os de 1938. Asis imos al p oceso au odes uc o , es a ez con mezcal,
de un excónsul b i ánico que debe abandona Cue na aca (Mo elos, México) po
causa de su escandaloso amo al alcohol. Se a a de un con ex o bien signi ica i o,
al se consabido que la echa en cues ión iene, en el país hispano, una doble
ace a, úneb e y de bu la an e la mue e, lo cual explica su colo ido. La no ela
llega al cine años después de mo i su au o , a ca go de John Hus on (1984) y
p o agonizada po Albe Finnley.
También el iconoclas a no eame icano Cha les Bukowski, econocido
bebedo , ha sido eje de a ias películas: como en S o ie di o dina ia ollia (O dina ia
locu a), de Ma co Fe e i (1981), donde Ben Gazza a, ca ac e izado como el
no elis a, enca na a un esc i o alcohólico al que asedian ex añas muje es. Po
su pa e, en Ba ly –en je ga inglesa, «mosca de ba »; í ulo aducido como El
bo acho– (1987) se acude al di ec o Ba be Sch oede y el mismo Bukowski
con ecciona el guion, expe iencia ílmica de la que se nu e, con de alle y ac i ud,
pa a la no ela Hollywood (1989). En ella econoce lo au obiog á ico de Ba ly. Es,
en e ec o, la his o ia de Hen y Chinaski, un al e ego de esc i o acasado, con
aspec o descuidado, amigo de la noche, indi idualis a, escép ico siemp e, lúcido
a a os y muy c í ico con la sociedad que le odea.
Las ace as esc i o a y adic a de Bukowski eapa ecen casi dos décadas
después, en 2005, con Fac o um, ilm no uego di igido po Ben Hame . Pe o, si
bien el alcohol es á ha o p esen e, cob a más elie e el p o agonis a en an o
esc i o acasado que i e de las más he e ogéneas ocupaciones. Película mucho
más con enida, en odo caso, que la de Sch oede , p opicia al exceso.
Pe o hay películas que escapan a los esquemas más adicionales sob e la
au odes ucción y la impo encia gene adas po el alcoholismo o que apo an
nue os aspec os a es a his o ia ecu en e. El 27 de mayo de 1939, poco an es de
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es alla la II Gue a Mundial, mue e en Pa ís Joseph Ro h, as habe concluido la
no ela co a Die Leyende om heiligen T inke (La leyenda del San o Bebedo ). No se
demo a la edición, en Ams e dam. T as medio siglo (1988), la ilma E nano Olmi
con el mismo í ulo y ob iene el León de O o eneciano.
Ro h i e en Pa is desde 1933, como exiliado as el iun o nazi en Alemania.
Su ob a es la his o ia de un mendigo, And eas Ka ak, que ecuen a los puen es
del Sena y ecibe una enigmá ica y peculia o e a: 200 ancos po sali de su
penosa si uación, a cambio de de ol e los en el cepillo de una capilla con la
imagen de San a Te esi a de Liseux. El indigen e, conse ando aún su dignidad,
los echaza inicialmen e po que no c ee se capaz de cumpli el pac o, pe o e mina
acep ándolo y nos hace es igos de unas epe idas en a i as que siemp e us an
la absen a y algunos pe sonajes de su pasado. Olmi, conside ado el más ele an e
y genuino ealizado ca ólico i aliano, cons uye una película singula , me a ísica,
sin apenas al e a una b e e na ación li e a ia que se eedi a incesan emen e.
Ca los Ba al, en el p ólogo a la edición española de la no ela, explica que
la ob a a a de cómo el ino ans o ma las leyes del mundo y has a la i ud de
los san os pa a hace lo habi able pa a quienes c een en él. Desde esa pe spec i a,
¿es And eas un pe dedo ? El au o , que desde luego es un g an bebedo –no así
Olmi–, plasma apun es sob e la ida an e io del p o agonis a –incluso una mue e
en de ensa de una muje –; adi inamos la caída, asis imos a su impo encia po no
sabe aleja se de la bebida... Mue e en la sac is ía del emplo, in en ando saca el
dine o del bolsillo. ¿Un pe dedo ? P obablemen e sí, pe o sui gene is.
2. LA MUJER FATAL
O a clase de pe dedo es el in luido po una muje , enómeno casi obsesi o
en los ámbi os li e a io y ílmico. Buena pa e del cine neg o clásico se cimen a
sob e la igu a cla e de la muje a al – emme a ale–, capaz de a as a y u iliza al
homb e has a con e i lo en un muñeco, un í e e que, inducido po ella, es capaz
de oba e incluso ma a po que lo han con e ido en un pe dedo o un acasado
(Se ano de Ha o, 2000). Más a día y con menos igo apa ece á la si uación
in e sa, el homb e que des oza la ida de una muje , al menos desde el pun o de
is a que aquí nos ocupa.
En España, es a a que ípica igu a emenina iene cla o p eceden e li e a io
con empo áneo en Ca men, la b e e no ela de P ospe Mé imée (1847), an as
eces lle ada al cine sin que el paso del iempo pa ezca mengua el in e és po
ella: la ob a li e a ia no solo asciende al cine, sino ambién, cla o es, a la ópe a
LA COMÚN FASCINACIÓN DE LA LITERATURA Y DEL CINE POR LOS PERDEDORES. ALGUNOS CASOS ARQUETÍPICOS
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(Bize , 1875), así como a la publicidad (U e a y Gua inos, 2010) y, na u almen e,
al lamenco, ya sea como espec áculo au ónomo o en sus múl iples p esencias
cinema og á icas (Millán Ba oso, 2009).
La gi ana Ca men seduce y maneja al pusilánime Don José, mili a de cuyo
o icio aleja has a induci lo al deli o y con e i lo en bandole o: lo ans o ma en
un a que ípico pe dedo bajo in lujo de muje a al.
Ca men end á una buena imi ado a en Conchi a, la p o agonis a de La
emme e le pan in (La muje y el pelele), del esc i o anco-belga Pie e Louÿs (1898).
Sub i ulada «no ela española», el muñeco al que alude el í ulo se ía g á icamen e
ese homb e man eado po cua o muje es en el conocido cuad o de Goya.
Ambien ada en el ca na al de Se illa de 1896, asis imos en la no ela a la
deg adación de un homb e a manos de una muje eleidosa:
En La muje y el pelele, la his o ia de Conchi a, as la b e e desc ipción que de ella
hace el na ado de la no ela a pa i de las imp esiones del pe sonaje And é S é enol, a
a se con ada, como en Ca men, po quien, p esa de un deseo incon olable, ha sucumbido
p e iamen e a los encan os de la muje . E ec i amen e, como Don José en Ca men, Ma eo
oma la palab a en La muje y el pelele desde el es ado de uina al que lo ha lle ado Conchi a
pa a na a su elación con ella a un na a a io que aho a es enca nado po el ci ado
And é S á enol, Conchi a, como Ca men, de iene, pues, en una de esas muje es « ela adas»
po homb es ya des uidos po ellas (Poya o, 2006: 162).
Es a his o ia, como la de Ca men, a ae p on o al cine has a ealiza de
ella, al menos, media docena de e siones. Ya en 1920, el canadiense Reginald
Ba ke di ige en EE.UU. The woman and he puppe , p o agonizada po Ge aldine
Fa a . Aún en las pos ime ías del cine mudo, 1928, llega á, mucho más es imable,
La emme e le Pan in, con di ección de Jacques de Ba oncelli y p o agonismo de
Conchi a Mon eneg o. La película se u o po pe dida du an e mucho iempo.
Ve sión algo pos e io , y muy con o e ida –ap eciada después–, se á la que
di ige Jose on S e nbe g (1935) y p o agoniza Ma lene Die ich: The de il is a
woman (El demonio es una muje ), que llega a es a p ohibida en nues o país po que
se es ima que idiculiza a la Gua dia Ci il. El guion, de John Dos Passos, e oca
una usión en e Ca men y La muje y el pelele. En 1958, llega la e sión ancesa de
Julien Du i ie , ecupe ando el í ulo de la no ela y con p o agonismo de una
B igi e Ba do que inicia los mejo es años de su ca e a. Sigue ambien ada en
Se illa, pe o ya no en ca na al, sino en la Fe ia. Po su pa e, Luis Buñuel, en el
que se á su úl imo ilm, uel e lib emen e a la ob a de Louys con Ese oscu o obje o
de deseo (1977), cop oducción ancoespañola; y Ma io Camus di igi á después
una e sión ele isi a del mismo í ulo que la no ela: La muje y el pelele (1992).
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An es de Ca men y de Conchi a, la li e a u a omán ica ha impues o
la gamen e un modelo de pe dedo , el de We he : un amo no co espondido
que lle a al suicidio al enamo ado. T as siglo y medio de su publicación, la b e e
no ela de Goe he, Las des en u as del jo en We he (1774), in e esa á al cine, cla o
–acaso no an o como o o uni e sal pe sonaje del esc i o alemán, Faus o–.
We he llega a la g an pan alla a ca go de Max Ophüls (1938) y Pila Mi ó ambién
lo adap a en 1986, aunque aumen ando la edad de los pe sonajes. En ambos
casos, el í ulo se simpli ica a We he , con una muje , Ca lo a, que no cumple con
el pe il a que ípico de la muje a al: sien e a ec o since o po el p o agonis a
masculino, pe o no amo , po lo que él se suicida.
James M. Cain (1892-1977), esc i o no eame icano, es au o de un amplio
abanico de ob as conside adas excelen es modelos de no ela neg a, llegando a ias
al cine. La más conocida, con a ias e siones ílmicas, es The Pos man Always
Rings Twice (El ca e o siemp e llama dos eces), donde la muje induce al homb e al
asesina o. Muy signi ica i o es el caso de Double indemni y (1936), adap ada a cine
en 1944 y con a día e sión li e a ia en español como Pac o de Sang e. Los guionis as
son el mismo di ec o , Billy Wilde – ambién des acado guionis a–, y Raymond
Chandle , esc i o de no elas neg as e sionadas en la g an pan alla, como The big
sleep (El sueño e e no), así como guionis a de ilmes an sólidos como Ex años en un
en (Hi chcock, 1951), a pa i de la no ela homónima de Pa icia Hig smi h;
pe o en España se llama á Pe dición.
Una muje seduce a un ep esen an e de segu os, del que inge es a
enamo ada, pa a que asesine a su ma ido y así epa i se una indemnización,
comp endiendo él, demasiado a de, que ha sido íc ima de un engaño. Es una
des acada mues a de espe uosa adap ación no ela-cine, impo ando al guion las
cualidades esenciales de la ob a li e a ia:
Pe dición es una película de guionis a, milimé ica en su composición y ealización,
oda la mise-en-scène se limi a a aduci en imágenes un ex o b illan e y e icaz al i mo de
la ca ac e ización de sus pe sonajes, odos ellos necesa ios pa a los mo imien os de pieza
subsiguien es […] Na ada en lashbacks, la in iga no consis e en conoce a los culpables,
que son desde el p incipio los p o agonis as del d ama, ni siquie a en a e igua como
p e enden come e su ale oso c imen, sino en la impaciencia que p oduce el len o discu i
del in es igado en busca del más mínimo e o de ambos cómplices. Todo es o, a mi
juicio, es simple dialéc ica, cine hablado, guion (Lame , 1998: 116-117).
An es de James M. Cain y del auge del géne o neg o li e a io y ílmico, en
EE.UU. y en Eu opa, ambos discu sos habían apo ado clásicos pe dedo es po
in lujo emenino. Uno es el p o agonis a de la no ela P o eso Un a (El p o eso
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6. GUERRAS Y POSGUERRAS
En e los pe dedo es, li e a u a y cine coinciden en su in e és po las íc imas
de las gue as, que p esen an una gama muy amplia de si uaciones: desde los
judíos del holocaus o –po e e i nos al úl imo con lic o mundial– a an os
desplazados sin hoga , his o ias dolo idas de pa isanos odeados, esis en es
descubie os o ma anzas indisc iminadas de inocen es4. En España conoce án
un es imable cul i o los ela os en o no a los de o ados in e io es, los que
pe die on la gue a pe o no se exilia on y su ie on la in e minable posgue a.
En e ellos, bien di e en es si uaciones, desde los que han de ocul a se en e pa edes
a los que, en el mon e, sob e i en en el maquis. Son pe dedo es en e pe dedo es,
pues pa a la sociedad no exis en5.
En 2004, el mismo año de su mue e, Albe o Méndez publica la que se á
su única ob a, Los gi asoles ciegos, que ob end á di e sos p emios en España. Méndez
nos o ece cua o his o ias, que él de ine como o as an as de o as, y son en
e ec o cua o his o ias de pe dedo es polí icos, la úl ima de ellas, la que da í ulo
a la no ela, se á lle ada al cine en 2008 en la gome aje di igido po José Luis
Cue da, con guion del mismo y Ra ael Azcona, ambién i ulada Los gi asoles ciegos.
Elena i e en el hoga amilia de O ense con su hijo Lo enzo. Su ma ido, Rica do,
epublicano, ex p o eso de ins i u o, i e ocul o en la casa, as a ma ios y
es an e ías. Es un empa edado. El niño asis e a una escuela de eligiosos y uno de
ellos, enamo ado de Elena, in en a á iola la, lo que p o oca que Rica do salga
de su clandes inidad. Descubie o, p e e i á suicida se lanzándose al acío que
cae en manos de la policía. El ilm, de no able aus e idad y len o discu i e leja,
sin la compleja es uc u a de la no ela, el d ama de una amilia de pe dedo es en
un mundo hos il, aná ico y ce ado.
Los o os pe dedo es, los que op a on po lanza se a las mon añas y o ma
gue illas, los in eg an es del maquis, apa ecen bien e lejados en ob as como
Luna de lobos, no ela de Julio Llamaza es publicada en 1985, que end á dos años
después su disc e a e sión cinema og á ica (Checa Godoy, 2008). Una pa ida
de epublicanos lucha po sob e i i en las mon añas leonesas. Sien en miedo,
es án en pe manen e ensión, se sien en solos, dela ados, se desespe an. No ienen
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4 Un p ime balance del cine sob e la II Gue a Mundial en Eu opa, y las p ocedencias li e a ias en su caso,
en Cahie s de la Cinéma hèque, Pe pignan, nº 55/56, 1991 [Monog á ico Eu ope 39-45].
5 Na u almen e, la p opia gue a ci il española ha gene ado una la ga elación de películas con p eceden e
li e a io y egue o de pe dedo es. Soldados de Salamina (2000), soldados a los que nadie llo a á, no ela de Ja ie Ce cas
y ilm (2003) de Jaime Camino, puede se un ejemplo ecien e. Un balance en Sánchez- Biosca, Vicen e (2005),
«Polí icas de la memo ia. La gue a ci il española en el cine y el epo aje ele isi o», en A chi os de la Filmo eca,
Valencia, nº 49, pp. 32-51.

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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
u u o, poco a poco an mu iendo a manos de la Gua dia Ci il y planean llega a
F ancia, pa a ello necesi an dine o po lo que deciden secues a al enca gado de
una mina. Solo uno de ellos, Ángel, consegui á escapa del ce co6.
7. LA INJUSTICIA
Los e o es de la jus icia o las injus icias de la au o idad han supues o siemp e
ancho campo pa a la li e a u a y el cine. No ela neg a y cine neg o, en especial,
han hecho de las íc imas de esas sen encias o pe secuciones el eje de muchas
ob as. Pe o ambién menudean los alega os con a muy dis in as disc iminaciones
que gene an pe dedo es y acasados. Un ejemplo muy popula –pues incide la
ele isión– es el de El ugi i o. Da id Goodis, esc i o no eame icano especializado
en no ela neg a, ealiza en los años cua en a guiones pa a Hollywood y en 1946
publica Da k Passage, p e iamen e apa ecida po capí ulos en The sa u day e ening
pos . Delme Da es la lle a de inmedia o a la pan alla (1947) con mismo í ulo,
pe o, en España, se llama la no ela T as el os o y el ilme Senda eneb osa. La
his o ia es bien conocida: un homb e injus amen e acusado del asesina o de su
esposa escapa de la p isión pa a descub i al e dade o au o del c imen y ehace
su ida. Na u almen e, le pe sigue la enaz policía y ha de hui con inuamen e.
Es un ine i able pe dedo que incluso se e obligado a cambia de os o. La
e sión cinema og á ica incluye un happy end que e i a al p o agonis a, al in y al
cabo inocen e, se inalmen e ní ido pe dedo , pues conoce a una muje que lo
ama y consigue euni se con ella ue a de EE.UU.
En 1963 la cadena de ele isión no eame icana ABC comienza a emi i la
se ie The ugi i e (El ugi i o), cuyo éxi o la p olonga po cua o empo adas. Pa a
Goodis es una copia de su no ela. Demanda a la p oduc o a y consigue impo an es
apoyos, pe o mue e –a pun o de cumpli los 50 años, a consecuencia de una
paliza– an es de la sen encia a o able de 1970. En la se ie ele isi a, el ca ác e
de pe dedo apa ece mucho más cla o, pues cada capí ulo suele conclui con la
huida del p o agonis a po habe sido localizado. Y no hay amo co espondido.
En 1993 conoce una nue a e sión cinema og á ica de í ulo consabido: The ugi i e,
p o agonizada po Ha ison Fo d, y di igida po And ew Da is. Es un ilm disc e o,
pe o unciona bien en aquilla.
Goodis, pe iodis a y publici a io, dejó a ias no elas más en las que de una
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6 Llamaza es es coau o del guion de Flo es de o o mundo, ilm di igido po Icia Bollain; ambos e lexionan
sob e la elación en e ambas a es en (2000) Cine y li e a u a. Re lexiones a pa i de Flo es de o o mundo, Mad id, Páginas
de espuma.
112 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012)
u o a o ma apa ece la igu a del pe dedo , como Down he e (Dispa en sob e el
pianis a), donde asis imos al d ama de un pianis a, an año amoso, que mal i e en
un an o de delincuen es y pe dedo es. Allí lo golpea á el pasado ol idado, pues
su he mano pe seguido eapa ece. Un jo en F ançois T u au , an enamo ado
de la no ela neg a, la lle a al cine en Ti ez su le pianis e (1960), aunque asladando
la acción de Filadel ia a Pa ís.
La disc iminación acial es obje o de muchos ace camien os en li e a u a y
cine. Algunos dejan huella. En 1960, la esc i o a no eame icana Ha pe Lee
publica To kill a mockingbi d (Ma a un uiseño ), que ob iene el p emio Puli ze y se
con ie e po en onces en la ob a más leída en EE.UU. sob e disc iminación
acial. Es á inspi ada en i encias ju eniles de la au o a. En 1962 se ueda una
película basada en la no ela, con el mismo í ulo que es a, excelen e adap ación
que di ige Robe Mulligan.
Ma a un uiseño , ambien ada en el su de Es ados Unidos, dep imidos as
el c ack del 29, na a la his o ia de Tom Robinson, jo en neg o acusado alsamen e
de iola a una jo en blanca. Pese a que su abogado, A icus Finch –un blanco
que a os a la incomp ensión local po de ende al muchacho–, demues a la
inconsis encia de las p esun as p uebas, que los supues os es igos mien en y que
Tom es inocen e, el ju ado, mayo i a iamen e blanco, condena al acusado, quien
a a de hui y ecibe po ello 17 dispa os. Tenemos, pues, un pe dedo a que ípico:
inocen e some ido a jus icia nada ciega y a las p esiones acis as del en o no. Y
o o en el p opio abogado, quien no log a con ence al ju ado de la inocencia de
su de endido y su e el echazo de sus ecinos, incluso a sali azos. Tan o no ela
como película en añan un b illan e alega o con a esa injus icia acis a
p edominan e po en onces en los EE.UU., aunque los pe sonajes neg os es án
mucho menos desc i os y analizados que los blancos. G ego y Peck, en el papel
del abogado, iene quizá la mejo in e p e ación de su ca e a y log a un ósca po
ella.
8. LA SOCIEDAD
Hay pe dedo es na os po que sus ambien es, ances ales, apenas pe mi en
que siquie a se plan een lo con a io. Son un buen ejemplo los p o agonis as de
Los san os inocen es, b e e no ela que publica Miguel Delibes en 1981. Con g an
idelidad al ela o y a su espí i u, Ma io Camus la lle a al cine apenas es años
después. El ilm se con ie e en uno de los g andes éxi os in e nacionales del
cine español de los años ochen a y sus dos p o agonis as, Al edo Landa y F ancisco
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Rabal, eciben ex aequo el p emio a la mejo in e p e ación masculina en el es i al
de Cannes. Es amos de nue o an e una e sión cinema og á ica que ecoge bien
los alo es del ex o y añade con habilidad las posibilidades de la imagen.
En la Ex emadu a del anquismo, Paco «el bajo» y Régula, su muje , i en
en una choza al se icio de los seño es de un co ijo. Tienen cua o hijos: Nie es,
Qui ce, Rogelio y Cha i o –de icien e men al–, y su en con esignación y
es oicismo la explo ación y las humillaciones de los p opie a ios. A ellos se une el
ambién de icien e Aza ías, he mano de Régula, despedido de o o co ijo, que
iene un pája o, una g aja, su «milana boni a», como la llama. I án, el seño i o,
que quie e o za a Paco pa a sali de cace ía pese a su pie na escayolada, lo hace
inalmen e con Aza ías y e mina dispa ando in encionada y mo almen e a la
«milana». I acundo, Aza ías aho ca al seño i o.
En línea ce cana hab ía que si ua La amilia de Pascual Dua e, p ime a
no ela de Camilo José Cela y ambién ambien ada en el du o mundo u al
ex emeño, es a ez a inicios del siglo XX. Edi ada, no sin di icul ades, en 1942,
no pod á lle a se al cine has a el in del anquismo: se es ena en 1976 bajo
di ección de Rica do F anco, quien no solo educe el í ulo a Pascual Dua e, sino
ambién los sen idos de la ob a li e a ia, lo que no impide a José Luis Gómez, el
p o agonis a, obe ene el p emio de in e p e ación masculina en el es i al de
Cannes de 19767.
Pascual Dua e puede se un psicópa a capaz de ma a a su mad e, a su
esposa y al aman e de su he mana, pe o ambién es íc ima de unas condiciones
exis enciales du ísimas: pad e con abandis a y mal a ado ; mad e alcohólica,
in iel y despiadada con los hijos; he mana que huye de la casa y es explo ada po
el Es i ao, con el que ambién le engaña su p opia muje y al que Pascual da
mue e as sabe del emba azo de ella; he mano que mue e ahogado en una
inaja, aman e de la mad e c uel con los hijos; Lola, la p ime a esposa, que pie de
los dos hijos que iene… Se dan odos las condiciones pa a que Pascual Dua e
sea un homb e en en ado a la sociedad y a sí mismo. Un pe dedo na o. La
na ación de Pascual se inicia con un signi ica i o y bien conocido:
Yo, seño , no soy malo, aunque no me al a ían mo i os pa a se lo. Hay homb es
a los que se les o dena ma cha po el camino de las lo es y homb es a quienes se les
manda i a po el camino de los ca dos y de las chumbe as.
7 Las dos «no elas u ales ex emeñas» y sus e siones cinema og á icas han sido analizadas en: San o o,
Pa icia J. (1996), No el in o ilm. The case o La amilia de Pascual Dua e and Los San os Inocen es, Associa ed Uni e si y
P esses, Lond es/Nue a Yo k.
LA COMÚN FASCINACIÓN DE LA LITERATURA Y DEL CINE POR LOS PERDEDORES. ALGUNOS CASOS ARQUETÍPICOS
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9. EPÍLOGO
La li e a u a y el cine, en especial en las úl imas décadas, han encon ado
en la igu a del pe dedo un mo i o p e e en e, inago able, a o ecido además
po la con inua apa ición de nue os campos, ci emos po ejemplo, sin sali de
España, la i upción de una nue a conciencia social hacia los p oblemas
p o ocados po el mal a o y la iolencia de géne o o los de i ados de las
condiciones i ales de los nue os inmig an es. Pe o ambién la legión de pe dedo es
po culpa de la d oga y las ma ginaciones de una e ce a edad en auge gene an
abundan es ob as li e a ias que in e esan al cine.
Quedan, no obs an e, nume osos modelos que, pese a su in enso cul i o,
man ienen igencia y demues an que li e a u a y cine siguen en iqueciéndose y
complemen ándose. Las gue as balcánicas de ines del siglo XX, po ejemplo, han
dejado ya una impo an e huella li e a io-cinema og á ica plagada de pe dedo es.
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