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Mujeres senegalesas y economía informal en Sevilla: repercusiones en los roles de género

Moreno Maestro, Susana

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Publicado en Actas del I Congreso Internacional sobre Género, Trabajo y Economía Informal. Universidad Miguel Hernández. Elche, 27-29 febrero 2008. ISBN: 978-8496297-85-2. TÍTULO: Mujeres senegalesas y economía informal en Sevilla. Repercusiones en los roles de género SESIÓN CIENTÍFICA: I. Economía informal y género AUTORA: Susana Moreno Maestro PALABRAS CLAVE: senegalesas, economía informal, género, inmigración, Sevilla INSTITUCIÓN DE PROCEDENCIA: Grupo de Investigación GEISA (Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía), Universidad de Sevilla. 1. Introducción Históricamente, los movimientos migratorios africanos han tenido lugar dentro del propio continente y, la mayoría de las veces, de una misma región. Hoy, ante las dificultades crecientes para encontrar trabajo y medios de subsistencia, ya sea en el campo o en las ciudades, los africanos y africanas emigran también fuera de sus fronteras. Y es que África no está excluida de la Globalización, se encuentra totalmente integrada en el sistema mundial. Es, por tanto, de un África integrada en la economía mundial de donde parten hombres y mujeres en busca de unas mejores condiciones de vida para ellos y para sus familias, gentes que, en contraste con la absoluta libertad de movimiento para los capitales, sufren las fronteras del “Norte”, reforzadas para impedir el paso a quienes vienen del “Sur”, hablando en términos mucho más ideológicos que geográficos. La presencia creciente de las mujeres en los procesos migratorios es necesario observarla, por tanto, en la Globalización, que no es solamente neoliberal sino, también, colonial y patriarcal (Kergoat, en Sow 2006). Se hace necesario, pues, analizar no solo los procesos migratorios de mujeres en términos cuantitativos sino, sobre todo, la propia posición de estas dentro de la familia, de la comunidad y de la sociedad dentro de este contexto mundial. Nuestro análisis pondrá también sobre la mesa la otra dinámica que, junto a la Globalización, caracteriza a nuestro mundo actual: la Localización o reafirmación de las identidades colectivas (Moreno, 1999ª; 1999b; Stavenhaguen, 2000; 2001; 2005, entre otros) tanto de género, como etno-nacionales y socioprofesionales. En el presente artículo, se concreta en el colectivo de mujeres senegalesas -principalmente wolofy dedicadas fundamentalmente a la venta ambulante. 2. Economía, trabajo y mujer en el país de origen El colonialismo en África supuso un declive general en la posición de las mujeres en relación a los hombres. Los funcionarios coloniales aceptaron los estereotipos de género occidentales relegando a las mujeres al ámbito doméstico y dejando los asuntos económicos y políticos a los hombres (Parpart, 1988). Esta pérdida de poder de las mujeres se generaba, sobre todo, en relación al acceso a la tierra y la fuerza laboral: la percepción de los funcionarios era que los hombres eran los campesinos y los productores de alimentos en África y, así, cuando se comercializaron los derechos a la tierra, los hombres, considerados los cabezas de familia, fueron quienes recibieron los títulos de propiedad. Se consideró a las mujeres como “simples” agricultoras de subsistencia, mientras que los hombres se identificaron como potenciales agricultores de cultivos industriales y, por lo tanto, con derecho a asistencia técnica. 1 (ibid). Esta consideración, que se perpetúa con el tiempo, continúa hasta nuestros días: ¿a cuántas mujeres del valle del río Senegal–se pregunta la socióloga Fatou Sow (2005)- se les ha considerado agricultoras y se les ha dado tierras, equipos o créditos como cultivadoras, sabiendo que centenares de miles de hectáreas de tierras irrigables deben ser concedidas y que la mano de obra masculina emigra a otros países? En nuestros días, el crecimiento continuo de las prácticas económicas informales en Senegal está asociado, de manera evidente, al progresivo agudizar de las crisis de las economías del África Negra (Lopes, 2004). En Senegal se produjo el hundimiento de los tres sectores de la economía como consecuencia de la puesta en práctica de políticas de liberalización comercial y de privatizaciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: se produjo el hundimiento de la agricultura, con la pérdida de tierras cultivables y un monocultivo de cacahuete que acentuaba el desequilibrio; el hundimiento de la pesca, con el cierre de empresas como Senepesca y Africamer, el agotamiento de recursos por el aumento de barcos y la debilidad de la pesca artesanal; y el hundimiento de la industria, donde más de un tercio de los trabajadores perdieron sus empleos desde 1980, acentuándose este proceso a lo largo de los 90, sobre todo después de la devaluación del franco CFA, en enero de 1994 (Dembélé, 2007). La reestructuración de la Función Pública se tradujo en la congelación de salarios, despidos masivos y programas de “retiro voluntario”para cumplir con las exigencias de los Planes de Ajuste Estructural; los despidos masivos de trabajadores en el sector público repercutieron, por un lado, en el trabajo de las mujeres, creciendo sus responsabilidades en los hogares para satisfacer las necesidades familiares1 y, por otro lado, en un crecimiento de la economía informal ante la dificultad de poseer empleo y salario. Pero lo económico no es autónomo como tal. La economía informal está presente en todos los aspectos del funcionamiento de la sociedad, sustentándose, sobre todo, en relaciones sociales que crean y refuerzan lazos y redes. En Senegal, la economía informal es fundamental en los sistemas de abastecimiento y distribución de los centros urbanos. El comercio en los mercados, en la calle, puerta a puerta, es imprescindible para que la vida marche. “El milagro de la supervivencia en África subsahariana es el conjunto de pequeñas empresas y artesanos que trabajan para la clientela popular, pequeños empresarios que se las arreglan en el planeta de los excluidos gracias al desarrollo de una actividad quasi-profesional; son ellos y ellas quienes constituyen el núcleo central de lo que los economistas denominan sector informal” (Latouche, 2004:2-3). La economía informal es visible, es tolerada y fomentada ante la certeza por parte del gobierno de que es la única salida de gran parte de su población y de que un mayor control de esta economía generaría importantes movimientos de protesta, como ya se vio en noviembre de 2007 en Dakar, donde personas dedicadas al comercio se manifestaron por las calles de la ciudad ante el anuncio del presidente Abdoulaye Wade de poner fin a “la ocupación ilegal de la vía pública con fines comerciales”. El trabajo en la economía informal no es, por tanto, una situación nueva para los senegaleses y senegalesas que llegan a Sevilla. La venta ambulante se adapta al carácter informal de las actividades económicas que mayoritariamente realizaban en Senegal 1 Como las políticas de Ajuste Estructural no tenían como finalidad el desarrollo de los países sino la reducción de la deuda externa acabando para ello con los presupuestos dedicados a sectores “no productivos”, como la salud o la educación, las mujeres se vieron obligadas a encargarse de gran parte de estos servicios debido a la concepción ideológica del género, que les reserva las tareas de reproducción y cuidado del núcleo familiar. 2 (Lacomba, 2001), lo que varía es su significación y la percepción social de la actividad en nuestro país2. 3. Mujeres senegalesas, emigración y economía informal Ante la situación de éxodo rural a las grandes ciudades, de crecimiento de la venta ambulante y de la puesta en práctica de los PAE, dos realidades se ponen de manifiesto en el conjunto de mujeres senegalesas: la de una emigración masculina que les deja a ellas gran parte de las actividades agrícolas en el país de origen y la de aquellas que deciden también emigrar3. El lugar que ocupa la mujer en la esfera de la reproducción social en Senegal, y más específicamente dentro del grupo familiar, es determinante a la hora de ver cómo también ellas se plantean la emigración como parte de la estrategia familiar. Muchas senegalesas ya se dedicaban al comercio en Senegal, siendo habitual comprar mercancías en países limítrofes para venderlas luego en su país. También entre la emigración de comerciantes que van a vender sus mercancías, primero a las Palmas y después a otros lugares de la península -puntualmente a ferias y fiestaspara regresar después a Senegal, se encontraba un grupo numeroso de mujeres. Se trataba de salir, vender y regresar. Con la llegada de la primera Ley de Extranjería en 1985, que impedía entrar y salir libremente del territorio español, muchos de estos senegaleses y senegalesas comenzaron a quedarse fuera y continuaron con la actividad de la venta, en un contexto de precariedad laboral también para los autóctonos. Quienes fueron llegando como consecuencia de estos nefastos resultados de la aplicación de los PAE, ante la facilidad de acceso y la oportunidad de hacerse con ganancias en un periodo corto de tiempo, siguieron con la misma actividad, la mayoría de las veces dentro del sector informal: “Allí estuve estudiando primaria, y después hice secundaria, y después no quise terminar el colegio, y dejo el colegio por la venta, para ir de viaje, para comprar mercancías, por ejemplo, zapatos. Yo viajaba mucho para otros países al lado de Senegal, en África, en África, todavía yo no había salido para Europa. Estuve ahí en Guinea, Guinea Ecuatorial, en Gambia, en.., ¿cómo se llama?, que no me acuerdo del nombre, pero muchos países africanos. Ahí compraba la mercancía que yo traía a Senegal para luego venderla. Y cuando llegué aquí trabajé en la venta ambulante. Yo he trabajao con la venta ambulante por la calle Tetuán, por las calles de Sevilla, por Nervión Plaza. Ahí siempre trabajando. Pero como yo no tenía un sitio fijo siempre, ¿sabes? Ahí en la calle no se puede trabajar, la policía te echa, te quita la mercancía, y cada vez que te la quita tienes que pagar, si no, tú la pierdes. Cada vez que te cogen, tú tienes que pagar, si no, tú dejas la mercancía y te compras otra mercancía” (Mariéme). Una de las cosas que se desprende de la investigación es, por tanto, lo erróneo de aquel planteamiento que afirma que la mujer que emigra siempre lo hace para reunirse 2 También ciudades norteafricanas con importante población subsahariana debido a su carácter de paso hacia el salto definitivo a Europa cuentan con un creciente sector informal. Rabat en Marruecos, Orán y Argel en Argelia o Trípoli en Libia, son ciudades donde la mayoría de esta población encuentra trabajo en el sector informal, en especial, en limpieza, construcción, agricultura, talleres mecánicos o artesanía especializada (Baldwin-Edwards, 2008). La situación de discriminación laboral y de vulneración de derechos fundamentales de la población subsahariana en estos países que hoy actúan de fronteras exteriores de la UE ha sido denunciada en no pocos informes de Asociaciones de Derechos Humanos. 3 Las mujeres que emigran continúan siendo consideradas, generalmente, como dependientes. Diversos consulados exigen para la expedición de una visa a las mujeres una autorización del marido o un certificado de recursos del cónyuge. Es cada vez más difícil para las africanas solteras de entre 20 y 40 años obtener una visa de entrada en Europa o América sin ofrecer razones “serias” para desplazarse (Sow, 2006). 3 con su marido. En algunos casos sí es así y hay reagrupamiento familiar -“Yo vengo con mi marido. Es mi marido quien me trae aquí. Porque mi marido lleva mucho tiempo, desde el año 83” (Tako)-, pero, otras veces, la mujer entiende su emigración como estrategia para mantener su grupo doméstico como cabeza de familia, sin venir detrás de ningún hombre. Mujeres solteras, mujeres viudas, mujeres separadas o casadas pero sin sus maridos, viajan por su cuenta con el propósito de mejorar su situación económica y social y las de sus familias. Es el caso de Thiéka, viuda: “Yo dejo mi trabajo. Porque una vez que tú te quieres ir, la oficina te paga mucho dinero para que tú dejes el trabajo. Eso yo lo hago para ayudar a mi hijo que está estudiando, porque yo tenía que pagar un millón de pesetas cada año. Y entonces me vine aquí para poder ayudarlo. Me vine sola con un visado de seis meses en septiembre del 97” (Thiéka). En Senegal, parte de la gente que había perdido su trabajo y que pretendió incrementar el dinero ahorrado invirtiendo parte del mismo en emigrar fueron mujeres. Fatou también llegó sola a Sevilla en la década de los ochenta y, desde entonces, hace la venta mientras su marido trabaja en el aeropuerto de Mauritania. El proyecto es que, cuando él se jubile, venga para reunirse con ella y con sus cinco hijos (que también están en Sevilla) para dedicarse también a la venta, cosa que hace ahora durante los meses de verano. Mbegué y su hermana Maguette, ambas solteras, llevan adelante una estrategia familiar de subsistencia mediante el envío de remesas a Senegal, habiendo llegado primero una y después la otra en forma de relevo. Al igual que los hombres, ellas inician y perpetúan redes, incentivan la emigración independientemente de la oferta y la demanda en el país receptor. Unas mujeres animan a otras mujeres a iniciar su proyecto migratorio. Esta perspectiva permite, pues, deconstruir una serie de estereotipos creados en torno a la mujer como una migrante subsidiaria del varón. 4. Mujeres reagrupadas y trabajo El autor senegalés Ba establece una distinción para las migrantes senegalesas que, si bien no compartimos la nomenclatura, sí nos sirve su clasificación, aunque únicamente para las mujeres que han venido reagrupadas. Ba (1998) nos habla de “migrantes pasivas” en contraposición a las “migrantes activas”. Las primeras son aquellas que mantienen su dependencia respecto al marido, permaneciendo la mayor parte del tiempo en el hogar, contribuyendo al equilibrio de aquel y atendiendo a los que van llegando nuevos a la ciudad; las “migrantes activas”, por su parte, son aquellas mujeres que trabajan o bien desarrollando una actividad independiente a la del marido o bien uniéndose a la de este. Rechazamos el calificativo de “activas” y “pasivas” por responder a una concepción ideológica del género que invisibiliza el trabajo de la mujer en la casa propia; sin embargo, sí encontramos entre las senegalesas de Sevilla todas las situaciones que el autor propone, siendo las mujeres que permanecen en casa una pequeña minoría que responde, en ocasiones, al deseo de tener una “mujer tradicional” tras una mala experiencia con mujeres autóctonas. La gran mayoría, como decimos, trabaja fuera de casa. Hay quienes lo hacen uniéndose a la actividad del marido: “Mi marido es vendedor, como la mayoría. Yo ahora estoy ayudando a mi marido. Trabajo con mi marido, ayudándolo. No tenemos sitio fijo. Ya llevamos tres años más aquí. Y no tenemos sitio ninguno. Cada día nos vamos a un pueblo. Aparcar 4 coche y esperar al municipal a ver si nos da el sitio para poner, si nos lo da, ponemos, si no nos lo da, nos volvemos” (Tako). Y quienes complementan este trabajo con alguna otra actividad: Yo cuando no trabajo me quedo en mi casa. Alguna vez yo hago trenzas. Mira el cartel ese, yo lo pongo: “se hace trenzas. Pregunta por Khudia”. Y alguna vez yo hago trenza en la casa, tengo puestos los carteles, y si alguna gente lo ve, apunta el teléfono, me llama y viene y yo le hago las trenzas. Si no, cuando yo voy al mercao con mi marido me llevo allí carteles” (Khudia). También algunas mujeres reemplazan al marido en sus negocios cuando estos van de viaje atendiendo, por ejemplo, en locutorios, en sitios fijos de venta, etc., pero se trata del negocio del marido, por lo que sigue habiendo una situación de dependencia respecto a este. Muy distinta es, sin embargo, la situación de las mujeres que realizan un trabajo independiente aunque estén con sus maridos en Sevilla, ya que tienen la posibilidad de generar un capital económico propio y de adquirir una mayor independencia. Por supuesto, la situación puede ir cambiando a lo largo del proceso migratorio. Mujeres que han venido reagrupadas y han trabajado con el marido, después se han divorciado y no han vuelto a Senegal, sino que han permanecido en Sevilla y han iniciado una trayectoria autónoma, uniéndose al grupo de aquellas que desempeñan una actividad independiente. 5. Obligaciones con el país de origen Indudablemente, las decisiones que se van tomando en la emigración dependen de las expectativas y obligaciones sociales ligadas al país de origen, claramente marcadas por los roles de género de la cultura propia que, en el caso de la sociedad senegalesa, están sufriendo importantes cambios en parte como resultado de esta experiencia migratoria. Existen en el modo de organización familiar de los senegaleses, al igual que en cualquier cultura, valores y responsabilidades asignados por sexo-género y por edad, y estos están cambiando con la emigración. Lo que se mantiene en todos los casos es el valor que se le da a la familia. La familia de origen lo es todo, la relación que se establece con los distintos miembros de la misma determina todo cuanto hagas en la vida. En último caso, cómo le vaya a cada quien en la emigración será un éxito o un fracaso a ojos de la propia familia y, a su vez, esto significará un éxito o un fracaso de la familia a ojos de la sociedad. Muchas mujeres son, solas o junto a más miembros de su grupo de parentesco, responsables desde la emigración del mantenimiento de sus familias en Senegal. Mediante el envío de remesas, muchas veces a través de canales informales, se paga la comida, el agua, el teléfono, la electricidad, la medicina, los colegios… En 2003, el monto de transferencia mensual de un emigrante era de 200.000 francos CFA, es decir, el doble del salario de un profesor ese año (Seck, 2004). “Aquí no se puede estar sin trabajo, porque hay mucho gasto, porque yo pago la casa, yo no tengo casa, yo tengo una casa de alquiler, la casa está alquilada, tengo que pagar la casa, pagar la luz, pagar la comida, y mandar dinero siempre a Senegal. Cada mes tengo que mandar dinero. Cada mes, antes del día cinco, tengo que mandar. Siempre día 1 o día 2, antes del día 5 tengo que mandar dinero. Porque ahí están mi padre, mi madre, y mi hija, y mi hija necesita dinero porque se va al colegio, pa comprar el autobús y vestirse y sus cosas. Es una chica joven y necesita cosas para 5 ella, no tiene a nadie pa dárselo, na más que yo. Por eso cada mes, antes del día 5, tengo que mandar dinero” (Mariéme). También la participación en fiestas religiosas y en diversas ceremonias, como bautizos o funerales, depende del dinero que estas mujeres envían, ya sea para comprar un cordero, para la realización de una peregrinación o para la confección de un traje para una fiesta. Es decir, no solo la subsistencia económica, sino también la social y la cultural, viene muy determinada por las aportaciones de estas mujeres que, en muchos casos, proviene de la actividad en la economía informal en la emigración. Y si este éxito a ojos de la propia familia es a la vez un éxito de la familia a ojos de la sociedad, el prestigio que adquiere la mujer que está fuera es evidente, a pesar de que en Sevilla esté desarrollando una actividad que no cuenta con buena consideración por parte de los autóctonos al no estar reguladas por el Estado4. Además, las expectativas de estas mujeres no se cubren exclusivamente con el envío de remesas. El hecho de invertir en la tierra natal con la idea de tener un ingreso fijo no dependiente de un salario al regresar y de proveer a los familiares dependientes de ingreso estable que reemplace las remesas, está muy presente en las aspiraciones de las mujeres senegalesas. Y este ha sido uno de los motivos, junto con el de cubrir sus necesidades en el desarrollo de la venta ambulante, que ha generado la creación de la Asociación de Mujeres Senegalesas de Sevilla que presentaremos enseguida. “Yo soy una mujer mayor ya, yo pienso hacer algo allí, en Senegal, para quedarme allí. Yo tengo muchos chicos que quiero traer pa’cá, los dejo aquí trabajando a ellos. Pa no quedarme aquí dos años o tres años, pa montar allí una cosa, yo no sé, por ejemplo, yo no sé todavía cuál pero yo quisiera poder hacer algo allí en Senegal para quedarme. Yo pienso en eso, pero todavía yo no sé lo que puedo hacer allí” (Kame). Toda esta realidad, indudablemente, genera cambios en las relaciones entre géneros y entre grupos de edad. Así, las decisiones que un una familia eran tomadas por los hombres, y principalmente por los mayores, ahora son decisiones compartidas con la mujer que se encuentra en la emigración, que es la principal responsable, en ocasiones, del mantenimiento familiar. 6. La Asociación de Mujeres Senegalesas de Sevilla Un rasgo que comparte la mayoría de las mujeres africanas es su pertenencia a algún tipo de grupo o asociación5. Grupos religiosos, sociedades para la mejora de la comunidad, tontinas… El empeoramiento de su situación a causa de los Planes de Ajunte Estructural significó, por ejemplo, un incremento de su actividad empresarial organizada. En la actualidad, las asociaciones de mujeres constituyen el mayor sector organizado de la población en numerosos países africanos, incluido Senegal, basándose, con frecuencia, en la autoridad moral de las mujeres en tanto que madres para defender su inclusión en la política, en un modo que sería improbable fuera del continente (Bauer, 2008:105). 4 La economía informal sería la formada por todas aquellas actividades generadoras de ingresos que no están reguladas por el Estado en un medio ambiente social donde actividades similares están reguladas (Portes, 1981). La OIT (2002) define la economía informal como todas las actividades económicas de trabajadores y unidades económicas que no están cubiertas por las disposiciones oficiales que las encuadran. 5 Hoy en día, los donantes internacionales canalizan cada vez más sus fondos a través de ONGs, muchas de ellas de mujeres. 6 ¿Qué ocurre en la emigración? ¿Existen en la sociedad receptora soportes de solidaridad, reciprocidad y ayuda mutua entre mujeres? Sabemos que los procesos de creación, reproducción y transformación de la economía informal están ligados en Senegal a la familia, a las redes de vecindad, a la vida comunitaria (Lopes, 2004). ¿A qué está ligada la economía informal en la emigración? Aunque mujeres de diferentes colectivos de inmigrantes encuentren su nicho laboral, muchas veces dentro de la economía informal, en las tareas, tradicionalmente femeninas, que las mujeres andaluzas están abandonando en su proceso de autonomía y emancipación -tareas domésticas y de cuidado-, son una minoría de las mujeres senegalesas las que se dedican a estos sectores. El nicho laboral principal de estas mujeres es la venta ambulante por los motivos que hemos ido exponiendo y por las ventajas que les ofrece como miembros de un colectivo que sufre una discriminación sistémica en la sociedad de acogida y que vive, cotidianamente, a caballo entre Senegal y España, entre África y Europa, construyendo sus vidas en ambos continentes (Moreno Maestro, 2006). A esto quizás debamos unir el hecho que denunció la presidenta de una asociación de mujeres inmigrantes de Sevilla recientemente: el rechazo que existe por parte de un importante sector de la población autóctona a querer contratar a mujeres negras en sus casas por considerarlas menos civilizadas que al resto. La mayor parte de las mujeres senegalesas de Sevilla se dedican, pues, a la venta ambulante, por eso no es extraño que la asociación de mujeres senegalesas que se está creando en la actualidad tenga como uno de sus principales objetivos cubrir las necesidades que surgen en el ejercicio de esta actividad, una actividad ejercida, en la mayoría de los casos, dentro del sector informal. La asociación tuvo su primera reunión en mayo de 2007 y hoy cuenta con alrededor de sesenta mujeres y con un fondo que recoge las cuotas -10€ al mesque se han ido pagando desde entonces. Aunque en la actualidad la tesorera es quien guarda el dinero, están gestionando abrir una cuenta bancaria, no por falta de confianza, sino para responder a la realidad del colectivo: las senegalesas no están siempre en Sevilla, muy a menudo se encuentran vendiendo en otros lugares de Andalucía o de España, o pasando un periodo de varios meses en Senegal. En los estatutos de la asociación –que actualmente están en su fase de redacciónestán los objetivos que hoy se espera de toda asociación de inmigrantes: la “integración laboral” -en este caso de las mujeres inmigrantes senegalesasa través de cursos de formación (clases de español, clases de informática, clases para el carné de conducir, de hostelería, etc.), la organización de jornadas y encuentros para mostrar sus especificidades culturales, y la implicación en el desarrollo de su país de origen, lo que hoy día denominan los profesionales de la cooperación “codesarrollo”. Sin embargo, al dedicarse la mayoría de ellas a la venta ambulante, es a esta actividad a la que esperan atender principalmente. Así, teniendo como base la creación de esta asociación, que además les permitirá acceder a subvenciones una vez constituida “oficialmente”, se está generando un fondo mediante cuotas. La idea es que las mujeres constituyan grupos de unas tres personas y que cada uno de estos grupos pueda recibir préstamos de la asociación, que se emplearán en ir a Senegal, comprar allí mercancía y venderla luego en España. Es decir, la creación de una asociación formal responde a las necesidades del desarrollo de una actividad que puede ser tanto formal como informal, aunque abastezca a un negocio formal. Es habitual, por ejemplo, que agentes económicos formales subcontraten y sean clientes de agentes económicos informales. Además, quienes están pensando en un regreso definitivo a su país también ven lo ventajoso de la creación de este fondo: en Senegal podrán seguir siendo miembros de la asociación y, por tanto, disponer allí de dinero para comprar mercancías que 7 venderán, de manera puntual, en España; y/o viceversa, comprarán en España productos que después venderán en Senegal. Es decir, los ingresos continúan una vez se regresa. Respondiendo a este mismo deseo de tener unos ingresos fijos una vez de vuelta en Senegal, que es lo que está en las cabezas de la gran mayoría de las senegalesas, se está barajando la posibilidad de montar un negocio en Sevilla que marche sin la necesidad de estar presentes; se vendrá solo una vez cada cierto tiempo para controlar su buen funcionamiento. El negocio que se están barajando es el de una lavandería en el barrio de La Macarena. Y, por último, con este mismo objetivo de permitir el regreso supuestamente definitivo a Senegal, se pretende, a más largo plazo, montar un negocio en el país de origen, “como han hecho los hombres”6, es decir, con la ayuda de distintas subvenciones a las que podrían acceder a través de la asociación. Con esta organización se asegura, por tanto, un control social del uso del ahorro y, además, se contribuye al afianzamiento de las relaciones y al aumento de las redes de género dentro del colectivo senegalés de la ciudad. Incluso mujeres que no trabajan fuera de casa y ocupan casi todo su tiempo en atender a sus maridos y demás miembros de la casa, asisten a estas reuniones, pues lo fundamental es el encuentro, pasar un tiempo considerable con el resto y charlar de cómo le va a cada quien. Prestar, pedir prestado, dar, recibir, ayudarse mutuamente, informarse, organizar encuentros, etc. Todo toma un tiempo considerable y ocupa una parte importante de la jornada. Por este motivo algunas de ellas están teniendo problemas con sus maridos, que no aprueban la implicación de estas en la asociación. Tako, una de las fundadoras, ha abandonado la asociación porque así se lo ha mandado su marido; Mami también ha tenido problemas y, aunque no ha abandonado la asociación, sí ha dejado su cargo en la Junta Directiva. Indudablemente, esto no es exclusivo del colectivo senegalés, casos similares se dan en la propia sociedad andaluza. Aún así, hay que tener en cuenta que “el código senegalés de la familia autorizaba, hasta 1984, al marido impedir a su mujer ejercer una profesión. Este derecho se le concedía en condición de cabeza de familia. Si bien es cierto que se ha cambiado esta cláusula de la ley, la cláusula que lo convierte en cabeza de familia sigue vigente. Por ello, la mujer debe obedecerle y someterse a él, que es el único que posee autoridad familiar, que decide el domicilio de la pareja y que detiene la responsabilidad legal de los hijos” (Sow, 2005:12). 7. Cambios en los roles de género Sea cual sea su cualificación y su grado de inserción en la economía, emigrar y enviar dinero a la familia que queda en Senegal eleva, como hemos visto, el prestigio de estas mujeres. Las dificultades y humillaciones de la migración son compensadas por un ascenso social en el país de origen, donde el dinero enviado es invertido en la mejora de la vivienda de la familia, en la educación de los niños, en fiestas y celebraciones, etc. El tratar por un lado la inmigración y por otro la cooperación, sin conectarlos, además de equivaler a la idea de que la existencia de lazos de los inmigrantes con sus países de origen es contraria a la integración en la sociedad de acogida (De la Brosse, 1994), significa, también, obviar que es esta relación entre el aquí y el allí la responsable, en buena medida, de los cambios en los roles de género en Senegal. Hasta los 70, la salida de los hombres no generaba apenas cambios porque las mujeres quedaban bajo tutela de los hermanos o padres del marido (Ba, 1998); sin embargo, hoy, con la emigración de algunas mujeres, los cambios se aceleran, pues ellas también adquiere el estatus social de emigrantes, y, como afirma Seck (2004), en 6 Un grupo de senegaleses de Sevilla montaron una granja en la ciudad senegalesa de Thiest. 8 Senegal la emigración constituye el modelo de éxito social que está de moda. En este sentido, al igual que la emigración es un factor de ajuste de desigualdades que da al emigrante y a su familia, sea de la casta que sea, la posibilidad de reposicionarse en la escala social (ibid)7, también empieza a cambiar la jerarquía por edad y se empieza a dar una redistribución de estatus y roles sociales entre hombres y mujeres. El jefe de la familia, que siempre ha sido el hombre de más edad entre los wolof, no toma ya las decisiones solo, sino que cuenta con la opinión de aquellos que están en la emigración, ya sean jóvenes y/o mujeres, pues son ellos y ellas quienes aseguran el sustento a la familia. 8. Para concluir “Si no creemos en otra cosa que en la economía en sí misma, entonces no podemos llevar sobre lo informal más que una mirada negativa o condescendiente. Juzgando lo informal desde la economía dominante occidental, y en el horizonte del desarrollo, reduciendo la sociabilidad a un aspecto pintoresco, complementario o auxiliar de lo único importante, la economía, estaremos tentados a ver esta realidad atípica como una suerte de sucedáneo de la economía y del desarrollo, como un desarrollo espontáneo, alternativo, pero siempre esperando algo mejor, esperando la tierra prometida de la modernidad, de la economía oficial y del verdadero desarrollo. Solo la veremos como una figura de transición” (Latouche, 2004:3-4). No se puede valorar la actividad informal de una realidad trasnacional como es la de las senegalesas atendiendo únicamente a una de sus partes, en este caso a la sociedad receptora, pues sus repercusiones también se dejan sentir en la sociedad de origen. El ejercicio de la venta, muy a menudo dentro de la economía informal, genera cambios en las relaciones de género en Senegal, un cambio en el papel social de las mujeres dentro de la familia, del barrio y de la sociedad. Aún así, como afirma Fatou Sow, aunque las diferentes crisis han convertido cada vez más a las mujeres en cabezas de familia, no por ello disfrutan de estatus jurídico, poder político y otras compensaciones sociales que debería conllevar semejante cargo. Ello significaría, para muchos, la pérdida de la africanidad de estas mujeres. Sin embargo, como también afirma ella misma y otras muchas voces representativas de las mujeres del continente negro, la situación de la mujer africana no puede separarse de otras relaciones de poder y desigualdad generadas por el sistema de globalización neoliberal: “no podemos separar la lucha de las mujeres sin luchar contra las demás formas de injusticias causantes de la situación de África”. En palabras de la ex –Ministra de Cultura de Malí Aminata Traoré: “cuando hablamos de los derechos de las mujeres, sobre todo de los países del sur, la gente suele tener en mente las sociedades y las culturas de esos países. Olvidamos que sin soberanía política y económica ni hombre ni mujer se pueden salvar” (Diario de Sevilla, p.46, 27/3/2007). 7 En el sistema de castas wolof, el factor profesional juega un rol decisivo en la jerarquización social. En la emigración, todas las castas se encuentran en la obligación de ejercer oficios que les repugnan, lo que pone en cuestión la especialización heredada de las castas. Y no solo lo ejercen fuera, sino que de regreso algunos piensan seguir con el oficio que no corresponde a su casta (Seck, 2004). 9