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Los espacios simbólicos en El Rey Lear de W. Shakespeare a través de la adaptación fílmica de A. Kurosawa en Ran

Abstract

A partir del concepto de texto entendido como lenguaje tal como ha sido propuesto por Yuri M. Lotman, nos adentramos en el análisis de la significación tanto de los significados como de los significantes de las propuestas de espacialidad, siguiendo la descripción y análisis de Ricardo Gullón —y posteriormente completada con la noción de no-lugar de Marc Auge-, aplicado a El Rey Lear de William Shakespeare y a Ran (1985) de Akira Kurosawa, adaptación fílmica del texto teatral.

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Los espacios simbólicos en El Rey Lear de W. Shakespeare a través de la adaptación fílmica de A. Kurosawa en Ran

Author: Vizcaíno Macero, Candelaria
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2005
Source: https://idus.us.es/bitstreams/0fcd65b2-cc95-40b4-a372-03fa98446bd8/download
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CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005
LOS ESPACIOS SIMBÓLICOS EN EL REY LEAR DE
W. SHAKESPEARE A TRAVÉS DE LA ADAPTACIÓN
FÍLMICA DE A. KUROSAWA EN RAN
CANDELARIA VIZCAÍNO MACERO
Uni e sidad de Se illa (España)
RESUMEN
A pa i del concep o de ex o en endido como lenguaje al como ha sido
p opues o po Yu i M. Lo man, nos aden amos en el análisis de la signi i cación
an o de los signi i cados como de los signi i can es de las p opues as de espa-
cialidad, siguiendo la desc ipción y análisis de Rica do Gullón –y pos e io -
men e comple ada con la noción de no-luga de Ma c Augé–, aplicado a El Rey
Lea de William Shakespea e y a Ran (1985) de Aki a Ku osawa, adap ación
ílmica del ex o ea al.
PALABRAS CLAVES
Espacio simbólico. Espacio na a i o. Ran. Aki a Ku osawa. King Lea .
William Shakespea e.
ABSTRACT
When we a e s udying he concep o ex as language as pu o wa d by
Yu i M. Lo man, we a e conside ing in dep h he analysis o meaning (o signi-
i e and o signi i ed) om he p oposals o “spaciali y”. Also, i was comple ed
wi h Ma c Auge’s no ion o “no-place” when i was applied o Shakespea e’s
“King Lea ” and Ku osawa´s “Ran” (1985), cinema ic adap a ion o he play.
KEY WORDS
Simbolic space. Na a i e space. Ran Aki a Ku osawa. King Lea . Willian
Shakespea e.
RESUME
Á pa i du concep de ex e en endu comme langage ( el qu’il a é é p o-
posé pa You i M. Lo man), nous péné ons dans l’analyse de la signi i ca ion
(aussi bien des signi és que des signi i an s) des p oposi ions d’espaciali é, en
sui an la desc ip ion e l’analyse de Rica do Gullon –e pos é ieu emen com-
ple ée a ec la no ion de non-lieu de Ma c Augé–, appliqué à Le Roi Lea de
William Shakespea e e à Ran d’Aki a Ku osawa, adap a ion i lmique du ex e
héâ al.
MOTS CLES
Espace symbolique. Espace du éci . Ran. Aki a Ku osawa. Le Roi Lea .
William Shakespea e.
CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 / págs. 439-468. Recibido: En. 2005. Acep ado: May. 2005.
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0. DEFINICIÓN DEL OBJETO DE ESTUDIO: LOS ESPACIOS DEL PODER
Si en la época con empo ánea la dominan e i ualidad espacial
condiciona nues a isión del mundo ci cundan e –y cuando nos e e i-
mos a mundo lo hacemos en su doble acepción empo al y espacial–,
es po ello u gen e, hoy más que nunca, una p o unda oma de con-
ciencia de los luga es que habi amos. Es amos hablando de una isión,
en e an as, de los sucesi os emplazamien os – al como ha p opues o
el p o eso Vázquez Medel– po los que discu en nues o exis i i al
pe o, ambién, es amos hablando de una aducción de allada de lo que
signi i can es os espacios, c eados, al i n y al cabo, po noso os. Pa a
ello disponemos, po supues o, de nues a p opia o ma de ac ua , de
mo e nos, de emplaza nos y, an e odo y sob e odo, de las dis in as
ob as de a e que, en mayo o meno medida, nos pueden ayuda a
es a in e p e ación po su p opia condición in ínseca; es deci , po que,
como ob as de a e, se supe ponen – al como indicó Y.M. Lo man– a la
comunicación p ima ia del lenguaje hablado, habi ual, co idiano y co-
ien e; po que comunican “más”; po que es án do adas, po esencia, de
plu isigni i cación. Es a plu isigni i cación se mues a, en la mayo ía de
los casos, a a és de un complejo en amado simbólico, ma e ializado,
en su o ma más suges i a, a a és de los espacios a ados en la p opia
ob a. Den o de es os espacios simbólicos, amos a de ene nos en los
espacios de pode , en aquellos luga es, en aquellos c ono opos que, de
una mane a u o a, nos emi en a la ma e ialización empo al y, sob e
odo, espacial, del pode y, en especial, del pode polí ico. Las ob as
elegidas pa a el p esen e es udio es El Rey Lea de William Shakespea e
y la adap ación ílmica lle ada a cabo po el di ec o japonés Aki a Ku-
osawa en la ob a bau izada con el nomb e de Ran. En ambos discu sos
a ís icos nos de end emos pa a, median e un análisis de allado, in en a
desen aña el complejo en amado simbólico que subsis e en o no a
los espacios de pode .
El ema p incipal de El Rey Lea de William Shakespea e es el de la
ing a i ud i lial, ep esen ado en dos amas: la del Rey Lea y sus hijas
y la his o ia de Glouces e , aicionado po su hijo Edmond. En los dos
casos la al a de lucidez y de isión lle an, an o a Glouces e como a
Lea , a come e sendas injus icias con sus hijos más since os, Edga y
Co delia espec i amen e. Los ac os I y II plan ean el inicio de la age-
dia con el desacie o e injus icia de Lea al epa i su eino en e sus
hijas mayo es –deshe edando a Co delia, la meno , po since a–. Pos e-
io men e, se p oduce las icisi udes con Regan y Gone il –las o as hi-
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jas–, al no cumpli ninguna de las dos, mo idas po el a án de pode , lo
que habían p ome ido y ju ado a su pad e. El nudo cen al se desa olla
en el ac o III: Lea ha sido des e ado y se encuen a p ác icamen e sin
nada, a la in empe ie, en una noche de ue e o men a y acompaña-
do únicamen e po el bu ón. Los ágicos acon ecimien os conducen al
anciano ey a la locu a mien as que, y pa alelamen e, se ep esen a la
agedia de Glouces e , que, al igual que Lea y engañado po su hijo
bas a do, pe ju a de su hijo legí imo. La locu a de Lea se ans o ma
en Glouces e en cegue a –p oducida po una de las hijas mayo es del
ey– El desenlace se ep esen a en los ac os IV y V con el eg eso de
Co delia y la sal ación de Glouces e po pa e de su hijo Edga , aun-
que los acon ecimien os i nales p ecipi an a casi odos los p o agonis as
hacia la mue e.
El di ec o japonés Aki a Ku osawa adap a El Rey Lea de una o ma
bas an e pe sonal. T as oca secuencias y pe sonajes, elimina ca ac e es
y c ea o os nue os, ala ga y complica la ama, al mismo iempo que
modi i ca, además, el emplazamien o p imigenio.
Ran, cuya aducción del japonés es “caos”, se si úa en el Japón
eudal del siglo XVI, en el pe íodo an e io a la dinas ía Tokugawa. El
pode oso seño Hide o a Ichimonji, asun o de Lea , depa e con sus
hijos Ta o, Ji o y Sabu o y con sus in i ados, los ecinos seño es Ayabé
y Fujimaki. Mien as el bu ón, Kyomi, en e iene a los p esen es con
sus lúcidas b omas, se in en a conce a la boda de Sabu o con una de
las hijas de los in i ados. En es e momen o, Hide o a se sume ge en un
sueño epen ino y, cuando se despie a, lo hace asus ado po una pesa-
dilla, as la cual decide la epa ición de sus posesiones. Sabu o, el me-
no y asun o de Co delia, a icina el en en amien o en e los dis in os
miemb os de la amilia. Hide o a deshe eda al más jo en de sus ás a-
gos y és e pa e pa a las ie as del seño Fujimaki, quien ha accedido a
casa a una de sus hijas con el meno de los Ichimonji.
El anciano Hide o a se ins ala en el p ime cas illo pe o Ta o, agui-
joneado po su muje , Kaede, cuya amilia había sido asesinada po el
pa ia ca de los Ichimonji y que ha uel o a ocupa , de nue o, la esi-
dencia que un día pe eneció a su pad e, le hace i ma un documen o
de obediencia. Con a iado, se aslada al segundo cas illo donde eside
su segundo hijo con su esposa, Sué, cuya amilia ambién ue asesinada
po Hide o a y sus p opiedades educidas a uinas y cenizas. Ji o, in o -
mado po su he mano, le pide a su pad e que acep e las condiciones de
Ta o. An e la nega i a del anciano, lo expulsa del cas illo. Como en El
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Rey Lea , la supues a con eniencia de una opa uidosa y nume osa es
lo que desencadena el des ie o de los pa ia cas. En la película –escena
que no se desa olla en la ob a de Shakespea e– el anciano in en a un
úl imo e ugio en el e ce cas illo. Es aquí donde es so p endido po
las opas de sus dos hijos. T as una e oz ba alla, donde no sólo Ta o
es asesinado po la espalda, sino que, además, son aniquilados el ha én
y las opas de Hide o a; el anciano Ichimonji enloquece y abandona
la o aleza en llamas, ya o almen e ue a de sí. Comienza, en onces,
el des ie o un e a pe dido a la in empe ie, en medio de una e oz
o men a, encon ado e ugio únicamen e en una humilde cabaña –don-
de habi a Tsu uma u, he mano meno de Sué, al que Hide o a le hizo
a anca los ojos cuando és e e a niño–.
Po su pa e, Kaede, la esposa de Ta o, eme e se excluida del po-
de y seduce a su cuñado Ji o pa a que asesine a Sué y pode , así, ella
ocupa su pues o. Mien as an o, el hijo pequeño eg esa en busca de
Hide o a al en e de un pequeño con ingen e o mado po homb es i e-
les. Un e o de in e p e ación hace que los ejé ci os de los dos he ma-
nos en en en ba alla con la pos e io ic o ia de Sabu o. La aleg ía du a
poco po que és e es asesinado po un he aldo de Ji o y en ese p eciso
momen o Hide o a mue e de dolo . Como en El Rey Lea , el clan al
comple o sucumbe a manos unos de los o os.
1. LOS SENTIDOS DEL SIGNIFICANTE “ESPACIO” EN RAN DE AKIRA KUROSAWA
Y EL REY LEAR DE W. SHAKESPEARE SEGÚN EL ANÁLISIS PROPUESTO POR
RICARDO GULLÓN
1.1. El espacio como símbolo
T a a emos de analiza dis in os espacios is os desde una pe spec-
i a eminen emen e simbólica y cen ándonos, sob e odo, en aquellos
luga es de pode concebidos como una mane a de es a , de i i y de
en ende el mundo. Pa a ello, segui emos el desglose ca egó ico ex-
pues o en 1980 po Rica do Gullón en su ob a Espacio y no ela. Rep o-
duci emos el o den emá ico expues o en el es udio mencionado po
azones de mé odo, aunque és e no se co esponda ni con el empus
c onológico de la película ni con el de la ob a ea al.
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1.1.1. Las on e as y su análisis
Den o de los espacios en endidos como on e as, como lími es
en e un aquí y un aho a, en e a un allí o un después o un an es,
p es a emos especial in e és a las imágenes del ío, la niebla y el uego.
Asimismo, ha emos una b e e pa ada en la signi i cación de la música
en endida, no sólo como silencio, sino como p oceso de comunicación
y de signi i cado esencial. Empeza emos con el es udio de es os elemen-
os a pa i de las imágenes isuales de Ran, de la película, pues o que
nos pa ece que puede explica con mayo ni idez el espacio simbólico
de las dis in as on e as.
– El ío. Cuando Sabu o, des e ado, se dispone a ecoge a su pa-
d e, abandonado po sus he manos, an o él como su ejé ci o
c uzan un ío. El ío, como sucede en muchas delimi aciones polí-
icas, se e ige en on e a. A un lado, es a ía Sabu o y su o ma de
en ende el mundo; una o ma de en ende el mundo muy alejada
de las de sus he manos obsesionados con el pode . Al o o lado,
es a ía el e i o io de los Ichimonji, un e i o io que ha sido con-
quis ado a sang e y uego y que sigue inme so en dispu as, ai-
ciones, peleas y ba allas. El ío sepa a los dos mundos. Los sepa a
ísicamen e pe o, ambién, es una on e a espi i ual que di ide la
amilia. Cuando Sabu o se aden a en el ío pa a alcanza la o a
o illa, abandona “su mundo”; abandona, en de i ni i a, su o ma de
en ende la exis encia y de lle a adelan e los asun os de gobie no
pa a ace ca se “al mundo de sus he manos”; abandona su espacio
y pene a en o o espacio o almen e dis in o, aquel que es egido
po los mayo es de los Ichimonji y su especial manejo del pode .
Al c uza el ío, Sabu o iene que a ene se a las eglas del juego
de ese o o lado; ya no alen las suyas. Las ca as que se manejan
aho a son las de la con on ación, la de la ba alla –que iene luga
pos e io men e y una de an as que se p oduce en la película– y
de la que poco impo a á que salga ic o ioso pues o que, en la
gue a, odos salen pe diendo. En El Rey Lea , ese ío di iso es á
ep esen ado po el des ie o y pos e io eg eso de Co delia. Al
a a esa esa línea espacial, ep esen ada po el lapsus empo al
del exilio, la meno de las hijas del ey abandona, al igual que
Sabu o, su mundo, el mundo que conoce, pa a aden a se en el
mundo de las in igas palaciegas de sus he manas. Como en Ran,
las eglas del juego que igen en ese o o lado del ío, no son las
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suyas. Son o as, bien dis in as, y delimi adas po esa on e a que,
en el caso del ex o ea al, iene ep esen ada po el silencio de
Co delia.
– La niebla. Aunque en la película se ep esen an múl iples imáge-
nes con niebla, nos amos a de ene en la escena de la en ada
de Hide o a ( asun o de Lea ) jun o con sus opas en el e ce
cas illo (cuando ha sido des e ado po sus dos hijos mayo es pe o
aún no se ha p ecipi ado en la locu a p oducida po la inquina de
sus ás agos). Los hijos de Hide o a Ichimonji han o o el pac o
p imigenio susc i o con su pad e; és e, ab umado po la conduc a
de Ta o y Ji o, aún conse a un pequeño educ o del pode de
an año: dispone de su opa, de su ha én, de su dignidad y pa ece
que, ambién, puede u iliza un luga adecuado que dé cuen a
de su ango. Ese es el e ce cas illo, en el que no pensaba i i ,
pe o al que iene que ecu i como e ugio –an es de e se de i -
ni i amen e p ecipi ado hacia la indigencia– El anciano pa ia ca,
a pesa de que los hechos no son a o ables, aún se encuen a
en su emplazamien o; aún conse a el luga que le co esponde
en la escala de pode cons i uido po él mismo; aunque se á po
poco iempo. E ec i amen e, al llega a la úl ima cons ucción de
su eudo, la pode osa imagen nos p esen a, en un zoom de abajo
hacia a iba, la silue a eco ada, en e la niebla, del e ce cas illo.
La niebla se e ige en el símbolo de la ince idumb e; la misma
ince idumb e que odea la cons ucción es la que emba ga a Hi-
de o a Ichimonji y su séqui o. Es án en su luga pe o los pelig os
acechan. Son pelig os que, apenas, se dejan e ; son de di ícil in-
uición y p e isión, casi como los sucesos acaecidos en el luga y
en el iempo más ecien e. Es a niebla no sólo a icina los hechos
pos e io es sino que nos pone en gua dia sob e aquello que no
puede e se supe i cialmen e. Nos iene a deci que lo que es á
desdibujado, muchas eces, ocul a hechos y acciones que no o -
man pa e de nues a o ma de concebi el mundo pe o, no po
ello, no dejan de exis i .
Si la niebla en Ran se ma e ializa a a és de una imagen, en El
Rey Lea , es in uida en el p opio discu so. La niebla, en la ob a
de Shakespea e, iene a se , no aquello que no puede e se, sino
aquello que se sospecha que no pueda e se en un u u o p óxi-
mo; es amos hablando del miedo a la locu a; un miedo exp esado
po el p opio Lea y que ac úa en el ex o ea al a la mane a de
niebla. La niebla no es la oscu idad, como el miedo a la locu a no
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es la p opia locu a; pe o, an o en el caso de la b uma como en el
de la in uición de la p opia enajenación men al, nos encon amos
an e la an icipación de pelig os agazapados: “¡Cielos clemen es,
que no me uel a loco, no! / Conse adme la azón, no quie o
enloquece ” (Shakespea e, 1999: 371).
– La música. Poco iempo pasa án las opas y el ha én del pa-
ia ca Ichimonji en es e cas illo, apenas una noche. So p endido,
al como la niebla nos adelan aba, po los ejé ci os de sus hijos
mayo es, la co e al comple o es aniquilada. Nada pueden hace
los iejos samu áis y las muje es inde ensas an e es e a aque po
so p esa y la sang e, con la que se iñe el cas illo, anuncia el p in-
cipio de una nue a e a. En es a nue a e a, Lea /Hide o a no sólo
ha sido desgajado de su luga de pode , de su emplazamien o
conocido, sino que es educido a la me a condición de mendigo.
Solo, abandonado, pob e, únicamen e le queda la opción de la
locu a; una locu a que se á su au én ico descendimien o al in i e -
no, su au én ica bajada a la oscu idad pa a pode , allí, conoce la
e dad.
Pe o ol amos a la p ime a ba alla de la película –ba alla que en
el ex o ea al iene ep esen ada po las in igas, conju as y c í-
menes de las hijas mayo es del ey– Es a que comen amos aho a
ocupa la lucha po el e ce cas illo y, consecuencia de ella, es la
educción de las opas del pa ia ca Ichimonji. Toda la escena se
p oduce sin g i os, en silencio, con una sua e música de ondo;
música que se e ige en odos los g i os, en el ho o pe pe ado
en la co e de Hide o a. La música alcanza el pun o de mayo
d ama ismo en el Shinju, el doble suicidio i ual, de las a o i as
del anciano. Como O eo, el pa ia ca de la amilia sólo iene la
música. Pe o “su música” no le si e pa a e ene aquello que más
ama: su es a us, su posición den o de la amilia y de la sociedad,
su gua dia que ep esen a esa posición y las jó enes muchachas
que le acompañan y que ambién ienen a deci del pode de
Hide o a. Rica do Gullón ae a colación las palab as de Copland
ace ca de la unción de la música en una película. Los sonidos
musicales pueden se i , como es és e el caso, pa a “sub aya los
e i namien os psicológicos, los pensamien os no hablados de un
pe sonaje o las implicaciones no is as de una si uación” (Gullón,
1980:89). En Ran la música nos dice del e o de las concubinas,
de la impo encia de los samu áis y del ho o de Hide o a po lo
que es á sucediendo. La música dice odo aquello que el p o ago-
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nis a no pod ía deci y no pod ía deci lo po que es os hechos no
o maban pa e de su mundo, pues o que nunca concibió que ese
iempo y ese luga , ese c ono opo, pudie a pe enece le, pudie a
sucede le. En la película, la música da paso al ago de la ba alla
cuando odo se ha consumado: cuando los acompañan es del ie-
jo Ichimonji han sido aniquilados, cuando el cas illo se encuen a
o almen e en uel o en llamas y el p imogéni o es asesinado po
la espalda po o den de Ji o, el segundo. Caín ma a a Abel, ambi-
cionando las posesiones del he mano. El pad e es des e ado po
los hijos, el pad e es obligado a baja a los in i e nos. Un nue o
o den es á comenzando. El ánsi o en e uno y o o ha sido gene-
ado po la música.
– El uego. En es a misma escena, al igual que la música, el uego
ep esen a el inicio del i n. El uego pone la palab a i n al an iguo
o den e inaugu a uno nue o. Si el an iguo es aba di igido, al
como e emos más adelan e, po la unidad de la co e del Rey
Lea o la casa de los Ichimonji; el nue o es á dominado po la
dispe sión, la desin eg ación y la con on ación en e odos los
miemb os de la amilia. Es a desunión no sólo gene a el caos, la
ba alla, sino que ambién de ama sang e inocen e y conduce a
odos al aniquilamien o. En El Rey Lea , el uego, que simboliza el
inicio del i n, el descenso a los in i e nos, se ep esen a median e
los enómenos na u ales: la g an o men a con sus ayos y uenos
del ac o segundo.
1.1.2. Recin os de la in imidad
“…pasa al espacio más abie o, el del camino, al más ín imo y ce-
ado, el de la alcoba, en que se acep a la clausu a no ya como necesa-
ia, sino como deseable, supone un ánsi o b usco, al ez demasiado
b usco. El espacio más con i nado en sí mismo es el de la i cción e ó ica.
Con i namien o y pa alela educción de la palab a que de ins umen-
o comunica i o pasa a ins umen o de la exci ación, y eliminación del
deco ado po supe l uo, limi ando sus e ec os a los elemen os p ecisos
pa a la consecución del place . Los obje os se subo dinan a es a i nali-
dad (lecho, baño, el agua misma), y las opas no an más allá del ealce
de los cue pos: si cub en es pa a descub i (…) Des es i se es un i o
y no sólo un ac o” (Gullón, 1980:136) En El Rey Lea los espacios de la
in imidad son los espacios de la conju a, los espacios de la men i a y de
la maquinación pa a consegui el pode . Es os espacios es án con o ma-
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dos po las dis in as amas que lle an a cabo las dos hijas mayo es del
ey pa a elimina se la una a la o a. El eje de es a in imidad lo con o ma
Edmond que, como Gone il y Regan, es á en enenado po su ansia de
pode . Las dos he manas hacen sabe al hijo ilegí imo de Glos e no sólo
sus planes polí icos sino ambién sus aspi aciones amo osas hacia el jo-
en. Edmond ecibe oda es a in o mación en la in imidad, a solas con
alguna de las muje es y, además, ealiza su p opia conspi ación ambién
en el más absolu o aislamien o. Nadie debe sabe nada de lo que es á
amando Edmond; odo debe hace se de o ma ocul a, a escondidas, en
la más es ic a in imidad, donde se consuman an o los amo es –p ohi-
bidos o no– como las maquinaciones y los c ímenes. El mismo Edmond
decla a: “De lo que me acusáis soy culpable, / y de más, mucho más; el
iempo lo descub i á” (Shakespea e, 1999: 463). El iempo, que odo lo
dice, des apa á las amas: la de Edmond pe o, ambién, la de Regan y
Gone il; las amas que se ges a on a pue a ce ada, en la más es ic a
y necesa ia in imidad.
Los ecin os de la in imidad en Ran son, sob e odo, u ilizados po
la bella y maquia élica Kaede, que, en la película, unciona con un
papel pa alelo al pe sonaje de Edmond. Ella se ale de es os espacios,
ce ados a los oídos y a las mi adas ajenas, pa a consuma su enganza
y a i anza su pode y, además, en odo momen o con una cla a con-
ciencia de lo que es á haciendo. Pe o el espacio de la in imidad pa a
Kaede no es la consumación del ac o sexual sino la consumación de la
enganza. Cie a las pue as ce emoniosamen e cuando se dispone a se-
duci a su cuñado; cie a las pue as cuando le cuen a su e dad; cie a
las pue as cuando se dispone a la maquinación. Cie a las pue as pa a
que odo quede en la in imidad –la in imidad en e Ji o y ella– pe o esa
in imidad no es la del ca iño o el amo y, ni an siquie a, de la pasión
sexual. La en ega y la seducción es sólo un medio pa a o os i nes que
no se encuen an en el ámbi o amo oso; la in imidad es necesa ia pa a
consuma su enganza, pa a que és a se man enga, de momen o, en
sec e o y, po an o, los i nes e ó icos sólo si en pa a es e come ido;
la in imidad es á, en Ran, a disposición del luga de la maquinación y
de la pe i dia y no encaminado a la consumación del espacio amo oso.
De hecho, odos los elemen os secunda ios (sob e odo, las opas) se
encuen an, ambién, a disposición de es a i nalidad.
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CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005
si ab iga se ue a i engalanado,
no e ha ían al a esas galas que lle as,
pues apenas e ab igan. En cuan o a la necesidad,
¡dadme, cielos, la paciencia necesa ia!
Aquí me eis, dioses; un pob e anciano,
ca gado de años y penas, míse o en ambos.
Si sois oso os los que indisponéis
a es as hijas con su pad e, no hagáis de mí
el necio que odo lo sopo a mansamen e;
in undidme noble cóle a y no dejéis
que esas a mas de muje , las lág imas,
deshon en mi homb ía. No, b ujas, desalmadas;
oma é al enganza de oso as
que el mundo en e o... Lo ha é... No sé aún
qué a a se , mas se á el e o de la ie a.
C eéis que llo a é. No, no oy a llo a .
Me sob an mo i os;
F ago de o men a
pe o es e co azón sal a á en mil pedazos
an es de que llo e.- ¡Ah, bu ón, oy a enloquece !
En Shakespea e, la imagen del mu o sob e la que se supe pone la
cla i idencia de las maquinaciones i liales es una sola palab a: “necesi-
dad”. Se ha discu ido po esa sola palab a, y esa palab a es la que Lea
de i ende. Lo que sus hijas p e enden a eba a le (la con eniencia o no
de un séqui o nume oso) es pa a el mona ca su alo pe inen e, el
ene o no ene esa co e es la que le hace se ey; si se la a eba an,
en onces, ha pe dido su espacio an e io : el emplazamien o del pode ,
el del sup emo manda a io. Su nue o espacio es, como en el caso de
Hide o a, ambién dilucidado po el anciano: iejo, mise able, solo, po-
b e y con un u u o desconocido. El nue o emplazamien o de los dos
hé oes es el mismo: la na u aleza incie a que p opicia el encuen o con
uno mismo, pe o pa a eso hay que descende aún más. Es amos en el
p incipio del descendimien o.
Vol amos a la película. El peldaño i nal espe a a Hide o a en el e -
ce cas illo donde in en a un úl imo e ugio. Cuando llega a es a o a-
leza, abandonada po su hijo Sabu o, con su séqui o de iejos samu áis
y el ha én inde enso, oda la cons ucción es á cubie a po una espesa
niebla; de nue o, el emplazamien o de la ince idumb e (de algo que
es á al o o lado, pe o que no es posible e se), simbolizado en esa
niebla que no anspa en a lo que hay de ás, ni delan e, ni al ededo
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del hé oe. La signi i cación de ince idumb e ma e ializada en la niebla
adelan a los peldaños del Hide o a, pues o que, una ez que se ha con-
sumado la ba alla, que se ha consumado el nue o emplazamien o, Hi-
de o a desciende desde lo más al o hacia lo más bajo.
Nos encon amos con la segunda signi i cación según el eje e ical.
A iba es a ía el emplazamien o de lo posi i o, del amo , del pode ; lo
que es á a iba es á ce ca del sol y del cielo –Dios es á en las al u as–
Abajo se encuen a la abyección, el abandono, la oscu idad, la soledad;
abajo se emplaza el in i e no. Hide o a baja las escale as del e ce cas-
illo; ya es á loco, es á debajo de la azón; ya es á solo y abandonado,
es á debajo del espacio del pode . Es á en un nue o emplazamien o:
abajo, muy abajo, y ese nue o emplazamien o, al como señalamos al
p incipio, “impone la ca ac e ización (…) sugie e la conduc a” (Gullón,
1980:57). La conduc a aho a se á bien dis in a, po que, en e o as co-
sas, es á emplazado en un nue o iempo y en un nue o luga (el de o-
al abandono, el de un mendigo); ambos o almen e desconocidos pa a
Hide o a, imposibles e inimaginables cuando habi aba el emplazamien o
p imigenio (el del mando más absolu o). Hide o a, pa ia ca de los Ichi-
monji, se encuen a aho a en el espacio de la dispe sión. Sus ás agos,
enca gados de la con inuación del clan, han desmemb ado lo que es-
aba unido. En Ran, el in i e no se ep esen a po medio de imágenes
es emecedo as inculadas a imponen es espacios na u ales donde las
i gu as humanas apenas son pequeños pun os en medio de un deco a-
do emendamen e hos il. Kyoami, el bu ón, desc ibe pe ec amen e el
nue o emplazamien o: “El cielo es á lejos pe o el in i e no no an o”.
El in i e no en Ran y en El Rey Lea iene o ma de cabaña: los
o o a pode osos seño es que habi a on cas illos y palacios sólo ienen
aho a pa a e ugia se de una na u aleza poco a o ecedo a (oscu idad,
ien o, ío, llu ia, o men a…) una humilde cabaña que, además, ni an
siquie a les pe enece. Llegan a ella mendigando hospi alidad. En Ran
las espues as al nue o emplazamien o (el del hundimien o, el de la
bajada) la da el bu ón, Kyoami: “En es e mundo loco, ol e se loco es
es a cue do”. Pa a el muchacho la única mane a de dilucida la e dad
de una ealidad c uel es pasa al o o lado, emplaza se en el o o ban-
do, pa a, desde allí, pode e con cla idad lo que es á pasando. “No
podemos escapa de a/de nues o emplazamien o. Y sólo cabe la obje-
ción de la ma ginalidad (que es o o modo muy cuali i cado de emplaza-
mien o) o la sumisión de la locu a o del suicidio, única mane a adical
de desemplaza nos, de anula el iempo y el espacio que nos emplazan
a a és de la mue e” (Vázquez Medel, 2000: 127). Hide o a ha esca-
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pado de su emplazamien o median e la locu a, Lea ha escapado de su
emplazamien o, ambién, median e la locu a. Pa a conoce la e dad
han enido que en a en ese o o lado de las cosas, de los hechos, de
las azones de las pe sonas. Si en Ran, “ ol e se loco es es a cue do”,
en El Rey Lea , la locu a es la asunción de un des ino, el deja se lle a a
los elemen os, el sali de sí y asumi la ida y sus a a a es al como se
p esen en, llegando a se una sue e de some imien o eligioso: “Bu ón
[Can a] / Quien iene poco juicio y sensa ez, / do, e, mi, do, hay ien o
y llo e á, / a su des ino se ha de some e , / pues un día y o o llo e á”
(Shakespea e, 1999: 404).
El nue o emplazamien o es pa a los dos ancianos la locu a; el nue-
o emplazamien o es no pode con ola absolu amen e nada. El nue o
emplazamien o es pa a Lea e Hide o a una humilde cabaña; el nue o
emplazamien o es la pob eza más ex ema. El nue o emplazamien o es
la soledad que p opicia el encuen o con uno mismo. Mien as que pa a
Hide o a ese encuen o consigo mismo se p esen a en o ma de emo -
dimien os, pa a Lea se á o almen e dis in o, se á el sen imien o de la
absolu a pena.
1.1.5. Tea o y danzas de la mue e
Tan o en El Rey Lea como en Ran es el bu ón quien, de mane a
indi idualizada, ealiza las au én icas danzas de la mue e. En la pelícu-
la, es as danzas se insc iben en la escena p ime a –con los in i ados de
Hide o a–; luego, an e Hide o a solo pa a hace le e de una mane a
cómica, pe o especialmen e lúcida, cual a a se el des ino del anciano;
y sob e odo, en la escena de la pelea de gol os –en e a ios miemb os
bo achos del séqui o de Hide o a y la gua dia de Ta o– en el p ime
cas illo, cuando di ie e a la opa. Es a danza de la mue e se a dilu-
yendo, se a con i iendo en unos compases mucho más sua es y len-
os y, con o me a anza el descendimien o de Hide o a, a omando el
ca iz de un au én ico asoma se al pozo de la e dad.
Po su pa e, en el ex o ea al la danza es in e p e ada po el bu-
ón an es y du an e el des ie o del Rey. Es el supues amen e loco –de
hecho, en inglés bu ón iene la misma acepción que loco, “ ool”– el que
“baila” al ededo del ey, con ándole su e dad, la e dad de lo que an
a hace las hijas –an es de que se consume la aición– y la au én ica
e dad de lo que le sucede a Lea , una ez que ha sido des e ado. La
“danza” que desc ibe es a ealidad es á ealizada, po pa e del bu ón
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de El Rey Lea , con un abundan e uso de la me á o a, del lenguaje i gu-
ado y del doble sen ido. Vol emos, de nue o, al concep o de plu isig-
ni i cación de odo ex o li e a io, que en la ob a de Shakespea e ac úa,
unas eces, a la mane a de co o, y o as, omando la o ma de con a-
pun o, cuando no y, en epe idas ocasiones, e is iéndose de es as dos
ca ac e ís icas a la ez: “Bu ón.- La e dad es el pe o que se manda a la
pe e a. Se le sacude en la calle, mien as que la seño a pe a se la deja
jun o al uego apes ando” (Shakespea e, 1999: 360)
1.1.6. Espacios mí icos y me a ó icos
Pa a el análisis de es os luga es nos cen a emos, sob e odo y espe-
cialmen e, en las escenas de la película pues o que es en el i lm donde
se desa ollan es os espacios con mayo ele ancia y cla idad. Aunque
en El Rey Lea ambién se in uyen es os emplazamien os, Ku osawa, en
Ran, ha ealizado un au én ico despliegue de es os ecu sos; desplie-
gues que, po o a pa e, son u ilizados con ecuencia en sus películas.
Pasamos a de alla los.
– Los signi i cados de los es anda es. Si, como e emos con mayo
de enimien o más adelan e, la unidad, la pe ección, es aba e-
p esen ada po la conjunción del sol y la luna, po la conjunción
de los p incipios emeninos y masculinos; los hijos de Hide o a
acaban con esa unidad. Acaban con esa unidad, no sólo median e
la gue a, sino ambién en un imagina io simbólico mucho más
su il. Si el es anda e de Hide o a, aho a pe dido, lo cons i uía la
ep esen ación del sol y la luna, la ep esen ación simbólica de la
o alidad del uni e so, de la unidad; su hijo mayo , Ta o, sólo se
hace ep esen a po uno de los símbolos –el sol–, mien as que el
segundo, Ji o, ena bola la imagen de la luna. Uno de los he manos
posee el elemen o masculino, Ta o, el mayo ; mien as que Ji o,
sólo iene el emenino, lo nega i o, la oscu idad, las inieblas a
las que ha p ecipi ado, inci ado po Kaede, a oda su amilia. La
pe ección de la na u aleza se ha o o; los es anda es es án di i-
didos y, además, Caín ha ma ado a Abel. La úl ima espe anza de
ecomposición de la unidad pe dida ecae, en Ran, en la i gu a
de Sabu o, pe o su insignia, ambién, nos in oduce en es e nue o
emplazamien o de caos: es un cí culo, símbolo de la pe ección
ma emá ica, pe o a es a i gu a le al a una pa e. Es como si se
hubie a ampu ado el espacio y el iempo que necesi a pa a consu-
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ma la sal ación de su amilia, de su e i o io y de sus posesiones
y, de paso, de él mismo.
– Las l echas. Po o a pa e, Hide o a, al inicio de la película, ena -
bola un haz de l echas como símbolo de la unidad. Si las l echas
pe manecen jun as, es imposible que alguien las ompa. El p opio
Sabu o se enca ga de demos a a su pad e que, o zándolas, es a
supues a unidad no es al. Las l echas, en el imagina io simbólico,
se e igen en ep esen ación de lo álico, de lo masculino y, po
an o, de odos los ca ac e es adicionalmen e asimilados al a ón
– ue za, o aleza, decisión…– Las l echas son, pa a Hide o a, la
ma e ialización de odas las i udes de un gue e o, i udes que
llegan a con e i se en dogma inamo ible si o man pa e de una
colec i idad que camina en el mismo sen ido. Pe o esa unidad
que se sus en a en el apoyo mu uo – ep esen ada po las mascu-
linas l echas– es pues a en en edicho muy p on o, pues o que el
meno de los he manos demues a que ambién la masculinidad
puede o za se y ompe se.
1.1.7. El no luga según Augé
Una ca ego ía no enida en cuen a po Rica do Gullón y expues a
con bas an e éxi o po pa e de Ma c Augé, se ía el concep o de no-lu-
ga . Si el no-luga pa a el es udioso ancés lo cons i uyen odos esos
espacios de paso donde el se humano “sabe” que se encuen a p o i-
sionalmen e; pod íamos deci que, en la pos-mode nidad impues a en
los albo es del siglo XXI, el no-luga pod ía ex ende se a odos aquellos
espacios que el se humano en iende como no suyos, como no p opios,
como los luga es que no le pe enecen y que nunca le pe enece án.
Ele a íamos, en onces, la concepción del no-luga a una ca ego ía mu-
cho más amplia, más ex ensa; en de i ni i a, la ele a íamos a un concep-
o no limi ado po on e as “ ísicas” sino po on e as “psicológicas”.
Un no-luga se ía aquel espacio que el indi iduo en cues ión sin ie a
como ajeno a él/ella, e independien emen e de la pe enencia o p opie-
dad del mismo.
En El Rey Lea , como en Ran, los no-luga es se ían esos sucesi os
espacios que Lea e Hide o a eco en buscando su “si io”, su luga en
el mundo, su emplazamien o, una ez que han pe dido, y que saben
que han pe dido, sus emplazamien os p imigenios –el del pode – En
Ran, el pa ia ca de los Ichimonji se e abocado a la soledad, al e ugio
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en una cabaña donde i e un muchacho que ha sido o u ado bajo
sus ó denes, al ampa o p eca io en e unas uinas de lo que an año ue
un cas illo –una cons ucción que él mismo mandó des ui – El campo
soli a io, la cabaña humilde, los desolados es os de una cons ucción
pode osa son espacios en sí, pe o en Ran son no-luga es dilucidados
po el alma de Hide o a. El anciano ya sabe que no iene si io, que ha
pe dido su emplazamien o, que le han obado su espacio, que ya nada
le queda si no son esos no-luga es y es así como en iende es a nue a
si uación. Es os no-luga es es án muy ce ca del in i e no, del a e no al
que el hé oe ha descendido buscando, sin desea lo y lle ado po o as
ci cuns ancias, su e dad más ín ima. Lo más du o de la comp ensión
de esa e dad es la de hace pa en e el e dade o ca ác e de sus accio-
nes pasadas y es, quizá, es o lo que más a o men a al iejo samu ai: el
hace suyo su p opia c ueldad.
Hide o a sabe que no iene espacio, que i e en un no-luga y, po
ello, econoce que lo único que le queda es la mue e ísica. Del no-
luga de un indi iduo sin emplazamien o se pasa al luga de la mue e,
de la umba; a la posición yacen e en la que lo encuen a su hijo Sa-
bu o y su se ido Tango. Cuando se sabe mue o –y pa a el pa ia ca
de los Ichimonji es a mue o es habe pe dido su emplazamien o de
pode - adop a la posición de un di un o; ocupa el espacio de quien
no pe enece a los i os. (“Es oy en o o mundo (…) dejadme. Es que
que éis a anca me de la umba”) Pe o su hijo y su i el se ido in en-
an que comp enda su nue o espacio sin que se anule de esa mane a
y, pa a ello, obligan al anciano a que di ija su mi ada a o o luga , a
o o luga ue a de él pe o e es ido de la misma esencia psicológica.
Tango le dice a Hide o a: “…mí ale en los ojos [de Sabu o]. Encuen a
la e dad en su co azón”. Hemos cambiado el espacio, hemos pasado
del no-luga psicológico a odos-los-luga es espi i uales; un espacio en
el que eside, nada más y nada menos, que la e dad. Pe o és a se á
la e dad de Sabu o; sólo la e dad del meno de los Ichimonji; una
e dad que su pad e hace suya buscando, de nue o, o o espacio en el
que “emplaza se”, o o espacio dis in o a ese in i e no de ol ido al que
ha descendido.
En El Rey Lea sucede un an o de lo mismo. El anciano mona ca
se e expulsado de sus p opiedades y comienza su agabundeo bajo el
ago de una o men a. Ha pe dido su emplazamien o y se e abocado
a e a po dis in os no-luga es. Cuando econoce a su hija Co delia, en
su desespe ación, acep a, incluso la cá cel. Pa a Lea cualquie luga
puede se bueno si allí hay un poco de amo , de comp ensión, de g a i-
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ud i lial. Se encuen a emplazado en el más absolu o de los no-luga es:
“…Ven, amos a la cá cel. / Can a emos como pája os en jaula. / Si me
pides la bendición, me pond é de odillas /pidiéndo e pe dón. Vi i e-
mos así…” (Shakespea e, 1999: 456).
1.2. Es udio del con apun o y de las di e sas acciones ocu idas
al mismo iempo en dis in os opoi
Ran, a pesa de su ue e e ineludible empo alidad, es una película
eminen emen e espacial al como es amos iendo. Los planos conge-
lados y la impo an e ca ga de signi i cación de los sucesi os emplaza-
mien os así lo con i man. Una de las ca ac e ís icas de la película, que
inciden en esa p eeminencia de los luga es sob e el iempo de la na a-
ción, es la ecu encia ecuen e del con apun o –del uso de dis in as
acciones ocu idas al mismo iempo en dis in os luga es– Pa a no ex-
ende demasiado es e abajo, enume a emos an sólo alguna de ellas.
Así, mien as se sucede el d ama del econocimien o de Sabu o y de los
sucesos ecien es po pa e de Hide o a, en la llanu a se p epa a una
nue a ba alla –es a ez a campo abie o y en e las opas de Ji o y de
Sabu o-, al mismo iempo que, en la cabaña, donde el pa ia ca de los
Ichimonji se e ugió la noche an e io , se ep esen a el c uel asesina o
de Sué, o denado po su cuñada Kaede –con el i n de ocupa el em-
plazamien o de la legí ima esposa de Ji o– Al i nal de la película se nos
dice que, además, mien as que se sucedían es as pequeñas agedias,
una agedia de mayo des ucción se es aba p epa ando: el ejé ci o de
Ayabé, a hu adillas, se di ige al p ime cas illo con la i nalidad úl ima
de hace se con él.
También al i nal de la cin a se p ecipi an los acon ecimien os con-
densados en un mismo iempo, pe o expues os en dis in os luga es.
Mien as se p oduce el inespe ado a aque al p ime cas illo, Ku ogane
acaba con la ida de Kaede al iempo que Tsu uma u –muy lejos de
allí– se asoma al bo de de un p ecipicio un poco an es de que el icono
de Buda, egalado po su he mana, se p ecipi e en el acío. Si bien,
son dis in os los luga es, son dis in as las acciones ocu idas al mismo
iempo, la simbología u ilizada pa a odos ellos es la misma. De o ma
ecu en e, el ecu so de la niebla nos in oduce en la ince idumb e del
nue o emplazamien o gene ado y los g andes espacios desé icos, en
los que el ho izon e casi no puede e se, con ibuyen a gene a en el
lec o -espec ado esa sensación, esa lec u a de un nue o luga aún po
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nace y o almen e desconocido; un nue o o den po in en a . El caos,
la sang e de amada, c ea un nue o espacio que no podemos in ui .
Lo mismo sucede en El Rey Lea , ca ac e ís ica que, po o a pa e,
es bas an e usual y ecuen e en el ea o isabelino. En el ex o se su-
ceden, en esencia, dos amas bien dis in as, aunque unidas de o ma
emá ica: po un lado, la agedia del ey y la maquinación de sus hijas
mayo es y, po el o o, el engaño de Edmond. Aunque, an o la ep e-
sen ación como la lec u a del guión, siemp e debe hace se de una o -
ma lineal (una escena as o a, un ac o as o o) en el desa ollo de la
his o ia, del d ama, se exp esan o se adi inan esos acon ecimien os que
es án sucediendo al mismo iempo en dis in os espacios. Mien as que,
po ejemplo, Lea aga en e la o men a; Edga huye de la supues a i a
de su pad e y las hijas del ey ap o echan es e iempo pa a u di sus
espec i as in igas –en dis in os espacios, pe o al mismo iempo– jun o
a Edmond.
1.3. El caos como agmen ación del discu so
Y en elación con es o úl imo enemos el caos como agmen ación
del discu so. Las sucesi as secuencias acaecidas en dis in as luga es pe o
odas al mismo iempo –secuencias que, po o a pa e, nos emi en a
hechos undamen ales pa a los pe sonajes y p o agonis as de la película
pues o que, en la mayo ía de ellos, les a, nada más y nada menos, que
la ida– acen úan la espacialidad de es e discu so. En Ran, además, la
agmen ación es muy acusada, pues o que no se ecu e al ecu so de
la elipsis y los dis in os planos y secuencias se suceden unos a o os sin
in e upción, u ilizando, en de i ni i a, la écnica del esumen. Ku osawa,
po o a pa e y pa a consegui es e e ec o, u ilizó en el odaje es cá-
ma as si uadas en dis in os pun os pa a i lma las mismas escenas. Es-
as escenas, pos e io men e, en el p oceso de mon aje, ue on cuidado-
samen e seleccionadas y enlazadas sin in e upción, con i gu ando es a
lec u a de la película. Con ello, el mismo Ku osawa ha econocido que
se p opuso, en odo momen o, acen ua el d ama ismo y la in ensidad
simbólica de la película.
Po su pa e, en El Rey Lea , el caos iene ep esen ado po esa
mul i ud de escenas, de acon ecimien os, de hechos, de in igas, de
conspi aciones agmen adas y, en apa iencia deshil anadas e inconexas
pe o que al uni las, al ecompone las en sus dis in os agmen os, da
luga a la agedia.
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1.4. La impo ancia de la desc ipción en e a la na ación
Es a ca ac e ís ica espacial es, como en el caso de los luga es mí i-
cos y me a ó icos que hemos a ado an e io men e y, al como e emos
a con inuación en el apa ado siguien e, especialmen e no able en la
película po su especial isualidad en la pues a en escena. Po an o,
pasamos a de alla la sólo en su elación con la película y ob iamos el
discu so ex ual de El Rey Lea , pues o que se p esen a de una o ma
menos la en e.
Ya hemos is o que, ni an siquie a en una lec u a supe i cial, en
Ran se coloca el én asis en la na ación en de imen o de la desc ipción.
De hecho, el empus de la na ación se sucede a un i mo muy len o
ayudado po planos congelados en un espacio en los que la signi i ca-
ción se p oduce en un p o undo ni el simbólico. El iempo se de iene
pa a acen ua el d ama de los p o agonis as y es ese iempo de enido el
que se do a de signi i cación, de lenguaje p opio, aunque el lenguaje sea
el mismo silencio. Un ejemplo de es o úl imo se ía el acío –co ela o
del silencio– que odea a odos los cas illos. Más bien que acío, po-
d íamos denomina los desie os: paisajes que se nos an ojan ue a de la
supe i cie e es e y an ajenos a nues o plane a po su ex ema senci-
llez y soledad, po la ex u a y el colo ido de los mismos, que de inme-
dia o se asocian como pe enecien es a un espacio in e io ; al luga del
espí i u donde se p oduce la duda y el miedo. Cuando hay un elemen o
na u al –la hie ba, po ejemplo– és e ambién es á ep esen ado de o -
ma poco con encional, de al mane a que nos hace p egun a nos sob e
el signi i cado, sob e la lec u a p o unda, simbólica, de la imagen que se
nos ep esen a en la pan alla. Todo ello, po supues o, son elemen os
pu amen e desc ip i os que acen úan la empo alidad del discu so que
es amos es udiando.
1.5. El de allismo desc ip i o
Pa a el análisis de es a ca ac e ís ica, nos de end emos en la escena
inaugu al, an o de la película como del ex o ea al, po la impo ancia
signi i ca i a con la que se e is e la misma. En el El Rey Lea shakes-
pe iano, el epa o de los bienes se ealiza sin más explicación; el ey
lo había decidido y lo anuncia, así, en e sus hijas y sus ye nos. No
hay ningún de onan e de la decisión, más bien, pa ece como si es os
hubie an sido los planes del mona ca du an e mucho iempo y lo que
CANDELARIA VIZCAÍNO MACERO
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CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005
p e ende es “e i a u u as disecciones” (Shakespea e, 1999: 335). Lea
se nos p esen a sin pasado, se nos apa ece en ese “aho a” en el que
hace público su es amen o en ida, pe o no sabemos nada (de amo es,
conquis as, gue as, p oblemas con los súbdi os) de su biog a ía an e io
al ac o de la pa ición de su e i o io. Es, en es e sen ido, un pe sonaje
plano, un pe sonaje que comienza con ese pa lamen o, con la di isión
de su eino en e sus es hijas que, además, quie e hace lo en base al
amo que és as le p o esan, po lo menos el decla ado: “...cuál de o-
so as / di é que me ama más, pa a que mi la gueza / se p odigue con
aquélla cuyo a ec o / i alice con sus mé i os”. (Shakespea e, 1999: 335)
Realiza una p egun a y espe a una espues a de sus hijas. La decisión
del es amen o se hace, además, en p i ado; sólo asis en las he ede as,
sus ye nos y, el que suponemos su mano de echa, el duque de Ken .
El ey hace lo que c ee que debe hace , lo que es su obligación y no
se mue e emba gado po emo dimien os o malos p esagios, al como
sucede en la película Ran.
En Ran es a escena se ealiza con un despliegue de mayo simbo-
lismo. De engámonos en la imagen que p esagia la escena. El seño
Ichimonji ha o ganizado una cace ía pa a sus súbdi os, hijos y ecinos y
as és a, odos se e ugian en un ecin o ce ado le an ado pa a la oca-
sión. En el in e io del mismo se eúne con sus hijos, su mano de echa,
el bu ón y los seño es de Ayabé y Fujimaki que o ecen la mano de sus
hijas espec i as pa a el meno de los he manos Ichimonji. Es e ecin o
se encuen a encla ado en plena na u aleza y lo o ma un cuad ado
pe ec o sin echo. En las elas que lo con o man apa ece epe ido el
emblema de la casa de los Ichimonji. El escudo es á o mado po la
unión del sol y la luna, que, en simbología, se en iende como la unión
del p incipio emenino (la luna) y del p incipio masculino (el sol); como
la unión de lo ío y lo oscu o (la luna) y de lo cálido y lo luminoso (el
sol). La conjunción del sol y la luna, como el ey y la eina, el he ma-
no y la he mana, el homb e y la muje , es el símbolo de la o alidad,
la unidad de la na u aleza, donde los con a ios no se niegan sino que
se a i man en una con inua sine gia. Tenemos, pues, que los Ichimonji
y sus huéspedes se encuen an bajo el ampa o del p incipio del odo,
en un luga ele ado, y p o egidos po la mad e na u aleza, que, en
es a escena de la película, apa ece de mane a apacible, dominada po
un cielo cla o. Más imágenes abundan en es e sen ido de unidad. Nos
e e imos a la conjunción en las mismas elas que con o man la ca pa
de los colo es azul (neg o) y o o (blanco), conside ados en simbología,
ambién, como la ep esen ación del ying y del yang, del homb e y
LOS ESPACIOS SIMBÓLICOS EN EL REY LEAR DE W. SHAKESPEARE A TRAVÉS DE...