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Entre la nostalgia y el desencanto: la década de los 80 en la Nueva Comedia Americana. El caso paradigmático de Freaks and Geeks

Zozaya Fernández, Miguel

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657 PREVIOUSLY ON Entre la nostalgia y el desencanto: la década de los 80 en la Nueva Comedia Americana. El caso paradigmático de Freaks and Geeks Miguel Zozaya Fernández -It’s the fuckin’ eighties, guys! Let’s do what we wanna do! Free love! -That’s the sixties, dipshit. -No, we had like Reagan and AIDS, let’s get the fuck out of here, ok? Jacuzzi al pasado (Hot tub time machine, Steve Pink, 2010) De entre la ingente cantidad de grandes series que ha dado la primera década del siglo XXI, Freaks and Geeks (Paul Feig, 1999-2000) ha pasado bastante desapercibida frente a otras comedias de gran éxito para el público [como el remake americano de The Office (Greg Daniels, Ricky Gervais, Stephen Merchant, 2005-)] o la crítica [el caso de las originales y renovadoras Curb your Enthusiasm (Larry David, 2000-) y Arrested Development (Mitchell Hurwitz, 20032006)]. Es cierto que no es una comedia típica, más bien no es “sólo” una comedia, ya que su poso es fundamentalmente dramático. No obstante, buena parte de su público se encuentra entre los seguidores de la llamada Nueva Comedia Americana (concepto discutible que no podemos abordar aquí, pero adoptamos para facilitar el entendimiento), arremolinada en los últimos años alrededor de la figura de Judd Apatow. En torno a esta y otras cuestiones pretende desarrollarse el presente artículo, centrándonos primero en la citada serie para luego adentrarnos en su relación con una cierta mirada generacional sobre el problemático paso a la madurez de quienes crecieron en la década de los 80. Mirada agridulce a la adolescencia. Un breve repaso a Freaks and Geeks Pese a que, generalmente, el nombre que resuena en nuestros oídos al hablar de la serie es el de Judd Apatow, la idea original surge de la mente de Paul Feig, coproductor ejecutivo y creador de la serie. Basándose en recuerdos de infancia y en sus propias experiencias vitales, Feig escribió en solitario un primer capítulo para la serie, que después enseñaría a Apatow, quién la vendió a DreamWorks (con los que tenía un contrato por aquel entonces). Pese a ser una idea ajena y muy personal, la temática y el estilo conectaban a la perfección con la sensibilidad de Apatow, quien creó su propia compañía (Apatow Productions) para producirla y rápidamente se erigió en co-creador de la serie, introduciendo sus propias ideas y recuerdos y escribiendo tantos o más guiones que el propio Feig, e incluso dirigiendo tres de ellos. A posteriori, observando la carrera de Apatow es evidente su personal impronta en Freaks and Geeks, lo que explica el relativo olvido (o, al menos, esquinamiento) al que se ve sometida la figura de Feig, errático guionista y realizador cinematográfico que ha centrado su trabajo en el medio televisivo, escribiendo para relevantes comedias como Arrested Development, The Office o 30 Rock (Tina Fey, 2006-) y otras prestigiosas series como Mad Men (Matthew Weiner, 2007-), Weeds (Jenji Kohan, 2005-) 658 PREVIOUSLY ON o Bored to Death (Jonathan Ames, 2009-). Sin embargo, no hay que subestimar el gran peso de Feig en la serie que nos ocupa, como prueban dos de sus novelas autobiográficas, Kick me (2002) y Superstud (2005), trufadas de recuerdos, anécdotas y sentimientos que ya habían sido llevados a la pantalla en Freaks and Geeks. El 25 de septiembre de 1999 se emitía en la NBC el capítulo piloto de Freaks and Geeks, una mezcla de comedia y drama de 45 minutos de duración. La serie, que no pasaría de esta única temporada, sería cancelada por su baja audiencia en marzo de 2000 tras la emisión de doce episodios, sufriendo los seis últimos diversos retrasos, desórdenes e incluso un cambio de cadena (la Fox compró los derechos y emitió los dos restantes por estrenar –en realidad los capítulos 14 y 15en octubre del mismo año). Pese a estos problemas, ya se había formado un fiel séquito de defensores, que aumentaría con el paso del tiempo y la convertiría en objeto de culto. La primera escena del piloto, a modo de prólogo, describe a todos los personajes principales y sitúa la acción. Unos títulos manuscritos sobre un campo de fútbol americano nos ponen en contexto: William McKinley High School, Michigan, 1980. En plano secuencia, sobrevolamos las gradas del campo, donde un jugador y una animadora mantienen una sensiblera discusión, para a continuación pasar a su opuesto, sumergiéndonos bajo las escaleras en el mundo subterráneo de los denominados freaks: fuman hierba, escuchan rock duro, visten chupas de cuero y cazadoras vaqueras y pasan del deporte y la religión. Un nuevo movimiento de cámara abandona a este grupo de “chicos malotes”, que son observados desde la distancia por una chica (Lindsay, la protagonista interpretada por Linda Cardellini, que se siente atraída por ellos pero todavía no se atreve a acercarse), para arrojarnos frente a tres chavales más jóvenes, que caminan alegres y despreocupados imitando a Bill Murray en la película El club de los chalados (Caddyshack, Harold Ramis, 1980), hasta que se cruzan con un abusón que comienza a amenazarles. Este otro grupo representa a los geeks del título: jóvenes atrapados entre la niñez y la adolescencia, menos desarrollados físicamente que otros chicos de su edad, que se adentran en la edad del despertar sexual sin abandonar una mentalidad todavía infantil, obsesionados con la televisión, las comedias, los comics o la ciencia ficción. Lindsay, hermana de uno de ellos, interviene para espantar a sus atacantes (que se alejan por temor a que esté colocada), provocando una pequeña e involuntaria humillación para el chico. “Man, I hate high school”, pronuncia nuestra protagonista antes de dar paso a los títulos de crédito. En apenas tres minutos se ha resumido la problemática de la serie, esbozando los dos grupos protagonistas [permitiéndonos incluso intuir quiénes son los “líderes” de cada uno: Daniel Desario (James Franco) entre los freaks, Sam Weir (John Francis Daley) entre los geeks] y situando al personaje principal, Lindsay Weir, en una tierra de nadie. Este arranque es toda una declaración de intenciones: frente al retrato pijo y falseado de series como Sensación de vivir (Darren Star, 1990-2000) o las artificiales aflicciones sentimentales 659 PREVIOUSLY ON de Dawson crece (Kevin Williamson, 1998-2003), Freaks and Geeks propone una visión más amarga y complicada, pero también más realista, de la adolescencia. No interesa explotar una vez más los tópicos sobre quarterbacks y cheerleaders ni crear un nuevo culebrón de amoríos de instituto, sino adentrarse en las dificultades de la adolescencia, en las dudas y miedos que genera. Para ello, se centra en un grupo de adolescentes normales y corrientes, que precisamente por su aspecto “común” o “vulgar”, por el hecho de no destacar, resultan ser los “raros”, los inadaptados. Este aspecto, junto a la utilización de actores desconocidos que, por una vez, tienen en general la edad real de sus personajes, le confiere un realismo que ayuda a la identificación de los espectadores. La introducción también sirve para marcar el tono: no se trata de la típica sitcom de 22 minutos por capítulo, ni centra sus recursos cómicos en el humor gamberro que caracterizará las futuras producciones de Apatow. Aquí la comedia se supedita a un relato dramático, más centrado en el desarrollo de los personajes que en la consecución de gags. La ambientación en un suburbio ficticio de Detroit a comienzos de los años ochenta le da cierto toque crepuscular, a lo que contribuye la pulsión del personaje de Lindsay, que impregna con su inquietud todo el aire de la serie, creando una enrarecida y melancólica atmósfera. A lo largo de este primer episodio se realiza toda una panorámica de lo que será la serie y sus personajes, con Lindsay como centro gravitatorio de la misma y, a priori, el personaje más complejo. En el momento en que la conocemos se encuentra en una encrucijada vital: tras la muerte de su abuela, y acercándose el paso a la universidad, se replantea su vida actual y futura; está en una fase de maduración avanzada con respecto a los chicos de su edad. La muerte de un ser querido le ha hecho enfrentarse a nuevos sentimientos, a pensar en qué quiere para el futuro. Tiene claro que no desea la vida de sus padres, a quienes quiere mucho pero no la entienden, ejerciendo sobre ella un control y una sobreprotección agobiantes. Pese a resultar entrañable, el matrimonio Weir es la pareja más caricaturesca de toda la serie -aunque Feig afirme que sus padres eran incluso más exagerados-. Su función más relevante será reflejar y aumentar la sensación de incomunicación e incomprensión entre adolescentes y adultos, aún siendo el único entorno familiar cálido y amoroso que veremos en la serie. Tampoco encuentra su lugar entre sus compañeros de instituto. Se siente mayor que sus amigas de toda la vida y está harta de ser la buena estudiante que acata las normas y sigue la corriente. Ya no puede seguir siendo una geek, aunque sabe que tampoco encaja del todo con el grupo de los freaks, con quienes no comparte costumbres ni forma de pensar. Pero, inevitablemente, sucumbe a los encantos de Daniel Desario, el atractivo cabecilla del grupo, lo que hace que acabe arrimándose a ellos. Con el tiempo, Lindsay comprobará que sus sospechas eran ciertas y que tras su fachada se esconden buenas personas tanto o más perdidas que ella, pero también que, pese a haberse divertido y encontrado buenos amigos, los freaks no le inspiran ni le suponen ningún reto (como confesará a Barry, el hermano universitario de Neal que aparece en el capítulo 15). En los capítulos finales, el desengaño de Lindsay aumenta significativamente al comprobar la injusticia, la hipocresía y la estupidez imperante en el mundo adulto. Muestra de ello son la 660 PREVIOUSLY ON ilógica e incoherente mentalidad de los profesores, que la castigan sin atender a razones por defender a una alumna, para luego no permitirle hacer sus deberes (¡en el aula de castigo del instituto!) porque la penalización “es para hacerla pensar”. El momento culminante, en ese sentido, llega en el capítulo en que el vicepresidente George H. W. Bush acude a un encuentro con los alumnos del McKinley, en el que rechazan la pregunta de Lindsay por conflictiva y observa la rabia e impotencia con que Mr. Rosso (Dave “Gruber” Allen) -el profesor “enrollado” empeñado en guiar y orientar a Lindsayasume dicha derrota. Al día siguiente, comprueba con gran decepción cómo Rosso es capaz de resignarse, renegando de sus ideales de juventud y poniendo buena cara ante el ridículo acto, dando así su brazo a torcer, para que finalmente le impidan acceder al salón de actos por su pasado hippie… El agridulce final de la serie nos muestra precisamente a Lindsay recogiendo el testigo de su profesor, al embarcarse en una furgoneta de colores para seguir la gira de Grateful Dead, en lugar de acudir a un exclusivo campamento de verano para talentos preuniversitarios, como creen sus padres. El grupo de los freaks está formado por el citado Daniel, de mayor edad que el resto y el aparentemente más despreocupado por su futuro (y por tanto, el de más negro porvenir); su novia Kim Kelly (Busy Phillips), la macarra del instituto que (muy) bajo su psicótica superficie es una chica sensible; Ken Miller (Seth Rogen), especie de lugarteniente de Daniel, siempre borde y sarcástico; y por último Nick Andopolis (Jason Segel), simpático y enamoradizo porreta obsesionado con ser un gran batería. El personaje interpretado por James Franco, gancho masculino de la serie, es probablemente el más amargo. Pese a resultar el más atractivo para cuantos le rodean, es fácil descubrir que tras su máscara pasota se esconde un chico consciente de que no hay salida para él tras la etapa escolar, de que se le acaba el tiempo de disfrutar (no es baladí que sea el mayor del instituto, habiendo repetido varios cursos). El único capítulo dedicado a Daniel, en el que trata patéticamente de conquistar a una chica disfrazándose de “punk de postal”, nos muestra brevemente su sórdida situación familiar, con un padre enfermo y postrado, una madre desesperada y una velada referencia a un hermano yonki. Igualmente complicada es la vida de su novia, Kim Kelly. En el capítulo 4, “Kim Kelly is my friend” ( en su primer acercamiento amistoso hacia Lindsay, tras unos agresivos comienzos), asistimos a una cena en su casa en la que se nos muestra a una familia desestructurada de barrio pobre, donde la violencia doméstica está a la orden del día, con leves alusiones al pasado como prostituta de la madre o la muerte por sobredosis de una tía, elementos subidos de tono para una serie supuestamente familiar que hicieron que el capítulo no fuese emitido. Sin embargo, Kim se mostrará más consciente y preocupada por el futuro que el resto de freaks, característica común a los personajes femeninos en el cine de Apatow, que habitualmente son más maduros que los masculinos. 661 PREVIOUSLY ON El desarrollo de la serie llevará a Lindsay a superar su atracción por Daniel y envolverse en una breve y frustrada relación con Nick, quien no sabrá manejar la situación debido a su actitud infantil y, especialmente, su adicción a fumar hierba. El tema de la marihuana, por su lado, será objeto central de un episodio que evidencia el criticado carácter conservador de Apatow (no en vano dicho guión lleva su firma). Con un rol más secundario respecto al resto de amigos, Ken protagoniza hacia el final una de las tramas más espinosas de la serie: su relación con Amy, una chica que le revela haber nacido hermafrodita, y las confusiones y problemas que esto provoca entre ellos. La manera en que se aborda un tema tan delicado, sin dejar de lado el sentido del humor, pone de relieve el tacto y buen gusto con que los responsables de la serie manejan sus historias. Por su parte, los geeks estarían compuestos por Sam Weir, hermano pequeño de Lindsay que observa con temor cómo empieza a desaparecer su inocencia, a la vez que sufre su primer enamoramiento de una chica supuestamente fuera de su alcance; su amigo Neal Schweiber (Samm Levine), un peculiar niño judío con aspecto adulto y extraño sentido del humor que, de manera inexplicable, tiene una alta autoestima y se precia de su cultura e inteligencia; y para finalizar el inefable Bill Haverchuck (Martin Starr), un larguirucho y desgarbado gafotas que por su forma de hablar y algunos extraños comentarios pudiera parecer que sufre algún tipo de retraso leve, pero que resulta un chico inteligente y sensible, con una aguda visión de las cosas en muchas ocasiones. Sam Weir es probablemente el personaje que mayor índice de empatía tiene con el espectador. No es ningún “rarito”, simplemente es un niño común que sin darse cuenta está entrando en su etapa adolescente y todavía no lo asimila, no entiende ciertas cosas. Inconscientemente, desea seguir viviendo un tiempo más en el estado de inocencia y felicidad que está abandonando, lo que motiva que los cambios a los que empiezan a enfrentarse tanto él como sus colegas se presenten ante ellos como grandes problemas. La trama principal que envuelve a Sam durante toda la serie es su amor platónico con Cindy, una chica popular que se pretende por encima de su edad y se relaciona preferentemente con chicos deportistas, más altos y desarrollados que él. Con el paso del tiempo, no sólo irá comprobando que Cindy no es tan perfecta como aparenta (le gusta la comida basura, es superficial, egocéntrica y, para colmo, republicana radical a sus catorce años), sino que, cuando finalmente consiga salir con ella, se dará cuenta de que no tienen absolutamente nada en común. Por su parte, los personajes de sus dos compañeros, Bill y Neal, ofrecerán los momentos más duros y tristes de toda la serie. Bill, hijo de una ex-bailarina de strip tease divorciada, tendrá que lidiar con la relación que inician su madre y su “archienemigo” del instituto, Fredricks (Thomas F. Wilson), el profesor de gimnasia. Este último representa todo lo que Bill detesta: su imagen 662 PREVIOUSLY ON es la de un probable ex-abusón, deportista insensible que menosprecia a los débiles, etc.; sin embargo, el entrenador Fredricks se revelará como un personaje amargo y consciente de sus limitaciones, un buen hombre que sólo quiere aprovechar su última oportunidad de ser feliz junto a la señora Haverchuck. La fragilidad de Bill y su dependencia de su madre le harán pasar por malos momentos, culminando en el lacrimógeno diálogo con Fredricks tras la carrera de karts del capítulo 14. En este mismo episodio, Bill -que a esas alturas ya se ha ganado el corazón del público como personaje más tierno y sensibleprotagoniza el que es seguramente el momento más hermoso de cuantos ha escrito y dirigido Judd Apatow: esa secuencia musical en la que el chico llega del colegio, se prepara la merienda y la devora entre carcajadas mientras ve un programa cómico en televisión; todo un (auto) homenaje a esa generación de niños que se crió frente al televisor en los años setenta y ochenta. La de Neal es la historia más amarga y que más refuerza la sensación de tristeza y desencanto que atraviesa transversalmente la serie. Tras un chivatazo de Sam, que al principio provoca su rechazo y enfado, Neal descubrirá que su padre mantiene relaciones extramatrimoniales, lo que enfrenta al chico a un terrible dilema: contárselo a su madre y conducir a su familia a una ruptura segura, o silenciar el secreto de su padre y mantener así una falsa estabilidad en su hogar. Ignorando el consejo de su hermano Barry, finalmente confesará ante la madre para llevarse una sorpresa aún mayor: ella lo sabe y vive con ello, asumiéndolo en favor de sus hijos. La aparición de este tipo de conflictos adultos perturba y confunde al grupo de niños, incapaces de entender los problemas sentimentales de sus mayores (aunque traten de explicárselo, como en la hilarante escena de Sam en la consulta odontológica del padre de Neal). Es imposible abarcar en tan poco espacio otras muchas tramas interesantes, así como profundizar más en estos y otros de los extraordinarios personajes secundarios que conforman el universo del instituto Mckinley, como Alan, el clásico abusón que acosa a los niños débiles (siendo él mismo un geek frustrado); Gordon, un orondo chico con problemas de olor corporal que se une habitualmente al grupo de marginados, al igual que Harris, otro geek más mayor y sabio que ha superado los problemas de sus compañeros; Millie, la infantil y religiosa amiga nerd de Lindsay que pretende ser la voz de su conciencia; o el anteriormente citado Mr. Rosso, el consejero escolar ex-hippie, que cree conectar con los alumnos pero acaba chocando con las mismas barreras de entendimiento que los padres de estos. A diferencia de lo que ocurre en muchas otras series de adolescentes, durante una única temporada se puede apreciar una gran evolución de los personajes (algo proporcional a lo que ocurre en esos vertiginosos años de adolescencia), en un proceso de maduración agridulce y complicado, retratado con gran verosimilitud. Para finalizar, es preciso resaltar la importancia que tiene dentro de la serie el incesante magma de referencias a la cultura popular de finales de los setenta y comienzos de los ochenta, que más allá de situar la acción en una época acaban por sumergir al espectador en un universo 663 PREVIOUSLY ON particular, el de los personajes, que es en realidad en el que se movieron sus creadores durante su infancia y adolescencia. En cada episodio hay constantes citas musicales (de la resaca hippie de Fleetwood Mac y Grateful Dead al hard rock de Led Zeppelin o Rush, pasando por el hardcore de Black Flag), cinematográficas (el fanatismo geek por Star Wars, los Monty Python y las películas de Bill Murray y Steve Martin) y televisivas (las innumerables series de las que hablan también los geeks, destacando especialmente el programa Saturday Night Live), sin dejar de lado muchos otros detalles como revistas (Mad Magazine), personajes populares por sucesos de la época (el asesino Ted Bundy), la moda (del punk a la estética disco) y hasta la política (haciéndonos testigos del paso de Carter a la era Reagan). Toda esta amalgama de influencias, que dejó una indeleble huella en Apatow, Feig y muchos otros compañeros de profesión y generación, sirve para describir sutil pero minuciosamente a los personajes (incluidos los padres, que también tienen su universo referencial, resaltando así la diferencia con los jóvenes). Freaks and Geeks en contexto. La Nueva Comedia Americana y la nostalgia de la inmadurez La aparición de Freaks and Geeks tiene lugar en un panorama de renovación de la comedia yanki. Por un lado, desde ese mismo año tiene lugar una temprana revitalización de las teen movies auspiciada por el éxito de American Pie (American Pie, Paul Weitz, 1999). Esta vertiente de comedia gamberra ambientada en universidades o institutos, género que había alcanzado gran popularidad en los años ochenta, con su origen en Desmadre a la americana (Animal House, John Landis, 1978), aunque el modelo concreto a seguir por la saga American Pie se encontraría más cerca de Porky’s (Porky’s, Bob Clark, 1982). Así, el contexto podía parecer proclive a la aparición de una serie de sus características, pero su ambientación “de época”, su tempo lento y su poso dramático la situaban al margen del “cine de espinillas y erecciones” (en afortunada expresión de Jaime Pena) que se estaba poniendo de moda. Tras la traumática cancelación de Freaks and Geeks, Apatow lo intentó de nuevo con Undeclared (Judd Apatow, 2001-2002), una nueva serie creada y producida por él, esta vez situada en el tiempo actual y en el ámbito universitario, con un tono predominantemente humorístico, adaptándose al modelo convencional de sitcom de corta duración. Se trataría, por tanto, de una continuación en versión light de su anterior serie, aprovechando tanto el favorable caldo de cultivo como lo aprendido de su reciente fracaso para elaborar un producto más comercial, con posibilidades de perdurar y hacerse un hueco en antena. Nuevamente falló en su empeño, siendo cancelada tras una única temporada al igual que su antecesora, lo que no desanimó a Apatow para seguir presentando nuevos proyectos para series televisivas, aunque con ninguno más pasaría del episodio piloto. En Undeclared no sólo reaparecen actores de Freaks and Geeks como Rogen o Segel, sino que varios de sus personajes pueden leerse como versiones universitarias y contemporáneas de los añorados geeks: el protagonista, Steven Karp (interpretado por Jay Baruchel, nuevo descubrimiento para el clan apatowiano) es un trasunto de Sam Weir, mientras que Marshall 664 PREVIOUSLY ON (Timm Sharp) guarda un cierto parecido con Bill Haverchuck y Ron (Seth Rogen) bien podría ser una evolución de Neal Schweiber. Por no hablar de Jason Segel, que interpreta una versión esperpéntica del Nick Andopolis obsesionado por su novia. Por otro lado, en esta serie abundan los cameos de famosos amigos de Apatow como Adam Sandler, Will Ferrell o Ben Stiller, lo que nos lleva a otro de los hitos de esta década en la renovación de la comedia estadounidense: la consolidación de un nuevo star system de actores cómicos, especialmente del denominado Frat Pack, formado por los anteriormente citados y otros como Jack Black, Vince Vaughn, Owen Wilson, Steve Carrell o Paul Rudd. Esta nueva generación -a la que también pertenecen Apatow y directores como Adam McKay o Todd Phillips-, dentro de su diversidad y los distintos tipos de humor que maneja cada uno, tiene en común sus influencias, sus orígenes televisivos y, por supuesto, el haber crecido en la década de los 80. Conviene retomar ahora el aspecto referencial, ya que llama la atención en las películas de la Nueva Comedia Americana (NCA) la profusión de citas y alusiones a muchos de los elementos que veíamos antes en Freaks and Geeks, lo que refuerza la idea de un universo común a toda esta generación de cómicos forjado en la cultura popular de los años ochenta. Desde veladas alusiones hasta comentarios explícitos, en la mayoría de estas películas se suceden las citas visuales, verbales o musicales a un conjunto de referentes muy amplio, pero a la vez bastante concreto. Pese a tratarse de películas ambientadas en la época actual, es habitual encontrar grupos tan ochenteros como Journey o los inevitables Rush en las bandas sonoras de las cintas de Adam Sandler, o detalles tan entrañables como ver a uno de los chavales de Supersalidos (Superbad, Greg Mottola, 2007) vistiendo camisetas de un cómico hoy tan pasado de moda como Richard Pryor, por poner un par de pequeños ejemplos. También se puede citar, dentro de la misma tónica, el sentido homenaje que supone la aparición de Harold Ramis interpretando al padre de Seth Rogen en Lío embarazoso (Knocked up, Judd Apatow, 2007) vendría a confirmar la veneración por sus maestros, aquellos surgidos del Saturday Night Live y la National Lampoon. Mención aparte merece la consideración a la saga Star Wars, una de las piedras angulares de la cultura pop, cuya omnipresencia en el mundo de la comedia [inundando conversaciones en innumerables títulos, como el memorable enfrentamiento entre fans de “los anillos” y “las galaxias” en Clerks II (Clerks II, Kevin Smith, 2006)] llega al punto de originar toda una película alrededor de su mitología, como es Fanboys (Fanboys, Kyle Newman, 2008), en la que Seth Rogen tiene un pequeño cameo como malvado líder trekkie. Y es que, tras la mala imagen y el desprecio al que fue condenada su estética en los noventa, durante los últimos años empieza a sentirse cada vez más intensamente un revival ochentero. Un retorno al pasado que comienza por la vuelta de la música electro y su influencia en los sonidos actuales, pasando por el rescate de series y películas en forma de continuaciones o remakes y llegando hasta el mundo de la moda. En cierto modo, este tipo de fenómeno de revisitación, que cada vez ocurre con más rapidez y cercanía en el tiempo, parece guardar relación con la 665 PREVIOUSLY ON negación a envejecer de unas generaciones crecidas en la era pop de la cultura de masas, que progresivamente van añorando las etapas que acaban de quemar. Tras ello parece estar el deseo de recuperar el tiempo perdido, la juventud y los años de juerga y desparrame; asunto que, como veremos más adelante, está muy presente en las películas de la NCA. Volviendo a la evolución de la comedia durante esta década, es momento de abordar la figura de Judd Apatow. Desde su debut cinematográfico como director con Virgen a los 40 (The 40 year old virgin, Judd Apatow, 2005), y especialmente con la avalancha de películas vinculadas a su nombre que llegan entre los años 2007 y 2008, tiene lugar su definitiva entronización como gurú de la NCA. En tan sólo cinco años, este director, guionista y productor, aglutinando a su alrededor a una nueva generación de jóvenes actores, no sólo ha cosechado numerosos éxitos, sino que ha llamado la atención de buena parte de la crítica cinematográfica, dentro y fuera de su país. Habiendo dirigido tan sólo tres largometrajes ha conseguido crear un sello reconocible. Y es que, en la NCA, el concepto de “autor” no puede entenderse en su sentido clásico, adquiriendo el papel de productor un destacado lugar, en ocasiones de tanta o más importancia que los guionistas y directores. Pero muy especialmente hay que prestar atención a la importancia de los actores, verdaderos motores del humor alrededor de los cuales se desarrollan las películas, muchas veces vehículos de lucimiento a su servicio. Por tanto, es inevitable tener muy en cuenta la “vocación autoral” de algunos actores, fuertemente involucrados en los proyectos en los que se embarcan, como es el caso de Adam Sandler o, sobre todo, Will Ferrell. En este sentido, hay que destacar otro de los valores de Apatow que anteriormente hemos citado de pasada, como es su carácter de descubridor de nuevos talentos cómicos (ya sean actores o escritores), muchos de los cuales surgieron de la cantera Freaks and Geeks. Entre ellos podríamos destacar al omnipresente Seth Rogen, que ya desde Undeclared comienza a compaginar la interpretación con la escritura, hasta llegar a ser en los últimos años protagonista principal, guionista o productor de varios éxitos. Pero también a Jason Segel, otro de los más activos y visibles actores [sobre todo por su participación en la conocida serie How I met your mother (Carter Bays, Craig Thomas, 2005-)] que también ha dado el paso a la escritura, o al guionista Nicholas Stoller, que ya trabajó con Apatow en Undeclared y Dick y Jane, ladrones de risa (Fun with Dick & Jane, Dean Parisot, 2005), para después saltar a la dirección con Paso de ti (Forgetting Sarah Marshall, 2008, con guión de Segel) y Todo sobre mi desmadre (Get him to the Greek, 2010). Entrando ya en las características de su cine, en el apartado formal el estilo visual de Apatow es plano, poco llamativo, sin ningún tipo de alarde en la puesta en escena: lo que importa es la interpretación de actores, su dominio de la fisicidad y el timing, y la comunicación directa con el espectador. Por tanto, el estilo de Apatow se encuentra más en su temática recurrente y en el tono con que la aborda.