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"El concepto de 'intrahistoria' como 'praxis' periodística en "Andanzas y visiones españolas" de Miguel de Unamuno"

Escobar Borrego, Francisco Javier

Abstract

El presente trabajo ofrece un análisis pormenorizado del concepto de intrahistoria como práctica periodística en Andanzas y visiones españolas (1922) de Miguel de Unamuno (1864-1936). Se abordan, entre otras cuestiones, los marcos espaciales intrahistóricos y los personajes-actantes que los conforman, la peculiar hibridación genérica que presentan los diversos artículos del libro —a modo de crónica-artículo de sesgo ensayístico— y la destacada pervivencia en ellos de la filosofía del secessus o retiro mundano, de cuño estoico

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Anuario de Estudios Filológicos, ISSN 0210-8178, vol. XXVI, 103-116 EL CONCEPTO DE INTRAHISTORIA COMO PRAXIS PERIODÍSTICA EN ANDANZAS Y VISIONES ESPAÑOLAS, DE MIGUEL DE UNAMUNO FRANCISCO JAVIER ESCOBAR BORREGO Universidad de Sevilla «Noli foras ire; in interiore Hispaniae habitat veritas» Ángel Ganivet Resumen El presente trabajo ofrece un análisis pormenorizado del concepto de intrahistoria como práctica periodística en Andanzas y visiones españolas (1922) de Miguel de Unamuno (1864-1936). Se abordan, entre otras cuestiones, los marcos espaciales intrahistóricos y los personajes-actantes que los conforman, la peculiar hibridación genérica que presentan los diversos artículos del libro —a modo de crónica-artículo de sesgo ensayístico—y la destacada pervivencia en ellos de la filosofía del secessus o retiro mundano, de cuño estoico. Palabras clave: Miguel de Unamuno, intrahistoria, periodismo. Abstract This work analyzes the permanence of the intrahistoria as journalistic practice in Andanzas y visiones españolas (1922) by Miguel de Unamuno (1864-1936). It also focuses on the places connected with the intrahistoria and their acting-characters, the hybridization of the several genres (like essay-feature) and the Stoic philosophy of secessus (or wordly seclusion). Keywords: Miguel de Unamuno, intrahistoria, journalism. Andanzas y visiones españolas, cuya publicación se remonta a 1922, constituye el cuarto libro paisajístico que dio a conocer Miguel de Unamuno (18641936) después de Paisajes (1902), De mi país (1903) y Por tierras de Portugal y de España (1911)1. La obra ofrece una nutrida selección de artículos perio1Sobre Andanzas y su relación con otros libros paisajísticos de Unamuno, véase el estudio preliminar de L.G. Egido a su edición de la obra (Madrid: Alianza, 1988, 7 ss.), por la que ci06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 103 dísticos escritos entre junio de 1911 y marzo de 1922 y editados —buena parte de ellos— en La Nación, de Buenos Aires y El Imparcial, de Madrid. El tema del libro son las reflexiones y experiencias personales de Unamuno en sus diversas excursiones por distintas zonas de la geografía española2. El interés por la tierra y por la historia nacional lleva al escritor vasco a realizar numerosas descripciones paisajísticas, sirviéndose de un género híbrido entre la crónica-artículo periodístico (en algunos casos, incluso de sesgo epistolar), con una extensión limitada y dirigido a un público concreto; el ensayo, que le permite las reflexiones eruditas sobre varia materia pero expresadas mediante un lenguaje llano3; y los libros de viajes, con una secuenciación temporal de experiencias personales y, en ocasiones, anecdóticas a modo de diario interior o íntimo (como sucede, salvando las distancias, en el Diario de un poeta reciencasado de Juan Ramón Jiménez)4. Tal género misceláneo, que ofrece un buen ejemplo de la experimentación genérica taremos. En cuanto a los libros de paisajes unamunianos, en general, cf. M. Arizmendi/M. López, «Miguel de Unamuno: del artículo al ensayo», en Movimientos literarios y periodismo en España, ed. de M.P. Palomo, Madrid, Síntesis, 1997, 328 ss. 2Resulta evidente que Unamuno sintió gran cariño hacia Andanzas, como refleja una carta dirigida a su amiga Elvira Rezzo y fechada en febrero de 1924: «En Andanzas y visiones españolas hay algunas de las páginas que más de corazón he escrito»; cf. Epistolario americano (18901936), ed. de L. Robles, Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1996, 486. Para la doble vertiente de Unamuno como escritor y periodista véase, por ejemplo: J.M. Fernández, «Unamuno y el género periodístico», Sistema. Revista de Ciencias Sociales, 89, 1989, 123-136; L. Urrutia, «Unamuno, ¿Periodista o Escritor? ¿Escritor y Periodista?», en Actas Congreso Cincuentenario Unamuno, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989, 107-117; idem, «Unamuno et Lucha de clases», en Peuple, mouvement ouvrier, culture dans l’Espagne contemporaine, ed. de J. Maurice/B. Magnien/D. Bussy, Saint-Denis, Presses Universitaires de Vicennes, 1990, 227-236; F. Rebollo, «Miguel de Unamuno», en Periodismo y movimientos literarios contemporáneos españoles (1900-1939), Madrid, Huerga y Fierro, 1997, 50 ss.; M. Arizmendi/M. López, «Miguel de Unamuno: del artículo al ensayo», cit., 322 ss., y M.Á. Vázquez Medel, «El periodismo como proyección de un intelectual: Miguel de Unamuno» (en prensa). 3Sobre el género ensayístico en la literatura unamuniana, véase: M. Romera-Navarro, Miguel de Unamuno: novelista, poeta, ensayista, Madrid, Sociedad General Española de Librería, 1928, 169-315. Por otra parte, críticos como M. García Blanco (en su estudio preliminar a Poemas de los pueblos de España, Madrid, Biblioteca Anaya, 1961, 10-11) insertan Andanzas en la categoría genérica del ensayo. 4Vid. M.Á. Pérez Priego, «El género literario de Diario de un poeta reciencasado», en AA.VV., Juan Ramón Jiménez en su Centenario, Cáceres, Ministerio de Cultura, 1981, 101-120; y R. Reyes Cano, «El Diario de un poeta reciencasado, de Juan Ramón Jiménez, como libro de viaje», en De Blanco White a la generación del 27. Estudios de Literatura Española Contemporánea, Huelva, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 2001, 213-232. Como es sabido, los libros o diarios de viajes vienen a entroncar con la crónica literaria modernista; vid. J. Olivio Jiménez, «El ensayo y la crónica del modernismo», en Historia de la Literatura Hispanoamericana, II, ed. de L. Íñigo Madrigal, Madrid, Cátedra, 1987, 537-548, 547 ss.; y N. Rivas, «La crónica modernista», en el estudio preliminar a su edición de Rubén Darío, España contemporánea, Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 1998, 13 ss. Un análisis de los géneros mencionados ofrece A. Chillón, «Las grandes narrativas facticias y su contribución al periodismo literario moderno», en 104 Francisco Javier Escobar Borrego El concepto de intrahistoria como praxis… AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 104 practicada por los modernistas y que viene a preludiar, en cierta medida, el movimiento renovador del llamado nuevo periodismo o periodismo informativo de creación5, proporciona a Unamuno un vehículo flexible, creativo y ameno para insertar en la praxis periodística sus meditadas reflexiones teóricas sobre la intrahistoria, concepto apuntado por otra parte en sus libros paisajísticos anteriores y que adquiere un amplio tratamiento en Andanzas6. Al desarrollo de esta cuestión están dedicadas las siguientes páginas. Como es sabido, la relación entre literatura y periodismo supuso un importante punto de inflexión en la trayectoria profesional de diversos escritores modernistas de la talla de Rubén Darío, Azorín, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu o el propio Miguel de Unamuno. Tales intelectuales, que llevaron a cabo buena parte de su labor creadora y crítica en diversos periódicos, vieron en este medio de comunicación no sólo un sustento económico de vida —ligado íntimamente a la vocación de escritor—, sino también un vehículo de gran proyección social para transmitir sus ideas educadoras y reformadoras sobre temática varia a un público lector amplio7. Unamuno, en concreto, asumió plenamente, como árbitro moral de la nación y depositario de grandes valores, el ministerio intelectual de influir Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas, Bellatera, Universidad Autónoma de Barcelona, 1999, 107 ss. 5Como recuerdan S. Bernal y L.A. Chillón, la hibridación de los géneros constituye una de las características fundamentales del nuevo periodismo (vid. Periodismo informativo de creación, Barcelona, Mitre, 1985, 93). 6En general, Unamuno desarrolló la intrahistoria en sus diversas facetas como escritor; cf. C. Blanco Aguinaga, «La revelación de la Naturaleza aplicada a la Historia. Sobre el significado más extenso del concepto de intrahistoria», en El Unamuno contemplativo, Barcelona, Laia, 1975, 234-259; J.M. Rozas, «Historia-Intrahistoria como forma literaria», en Intrahistoria y Literatura, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1980, 11-34; J.L. Abellán, «Historia e Intrahistoria en la poesía de Unamuno (Euzkadi, Castilla, España)», en La poesía de Miguel de Unamuno, San Sebastián, Universidad de Deusto, 1987, 305-324; A. Escamilla, Génesis de la concepción de «intrahistoria» en Miguel de Unamuno, Tesis Doctoral inédita, dirigida por P. Ribas y defendida en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid en mayo de 1987; P.W. Watson, Intra-Historia in Miguel de Unamuno’s Novels, A continual Presence, Potomac, Scripta Humanistica, 1993; y M.J. Vidal, «La intrahistoria de Unamuno y la nueva historia», Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, 21, 1996, 237-250. 7Entre la amplia bibliografía sobre el tema, destacamos: J. Acosta, «Del periodismo como necesidad: Unamuno, Azorín, Baroja», en Periodismo y Literatura, II, Madrid, Ediciones Guadarrama, 1973, 143-189; P. Celma, La crítica literaria de actualidad (Estudios y textos), Salamanca, Plaza Universitaria, 1989; idem, La pluma ante el espejo (visión autocrítica del fin de siglo), Salamanca, Universidad de Salamanca, 1989; C.A. Molina, Medio siglo de prensa literaria española (1900-1950), Madrid, Endymion, 1990; P. Celma, Literatura y periodismo en las revistas de fin de siglo. Estudio e Índices (1888-1907), Madrid, Júcar, 1991; F. Rebollo, Periodismo y movimientos literarios contemporáneos españoles (1900-1939) … cit., 25 ss.; M. Arizmendi/M. López, «De la crisis de fin de siglo a las vanguardias», en Movimientos literarios y periodismo en España … cit., 277 ss.; y N. Rivas, «La crónica modernista», cit. El concepto de intrahistoria como praxis…Francisco Javier Escobar Borrego 105 AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 105 en el pueblo a través de la prensa. De hecho, el escritor vasco, desempeñando el papel de excitator Hispaniae, es bastante consciente de la importante repercusión social que conlleva la labor periodística, tal como se observa en algunos de sus artículos (recuérdense, por ejemplo, «Un artículo más» y «La prensa y el lenguaje», ambos de 1899; o «El porvenir de la novela», de 1902)8. Uno de ellos, titulado «La prensa y la conciencia social» (1900), refleja, entre otras cosas, el sueño utópico de Unamuno de disfrutar de una prensa que no ofrezca al público lector tan sólo las noticias (que vienen a constituir la historia descarnada), sino el lenguaje y la rica vida cotidiana de los pueblos de España, es decir, la intrahistoria o verdadera historia nacional: Poniéndome en imposibles, he soñado alguna vez en un gran diario nacional que no se redactase ni publicase en Madrid, sino en toda España —una cosa imposible—, en un periódico cuyos artículos fuesen la sinfonía sacada a diario de las notas que formaran telegramas de todas las ciudades y villas y de los villorrios, lugares, lugarejos, aldeas, concejos y alquerías de toda España, donde quedasen nuestros políticos reducidos a su verdadera talla y donde se viera qué poco significan las últimas declaraciones de Sagasta junto a la cosecha de algarrobas o al precio de la carne9. Un medio eficaz que Unamuno tiene a su alcance como escritor e intelectual para sublimar esa carencia de intrahistoria en la prensa ordinaria es, precisamente, el desarrollo práctico de dicho contenido teórico en los artículos periodísticos recogidos en Andanzas. Mediante tal programa de acción, Unamuno, desde la mirada atenta y creativa de un viajero, lleva a cabo su propósito reformador y de elevación moral como excitator Hispaniae tomando como punto de partida dos referentes íntimamente vinculados: los espacios intrahistóricos y los personajes-actantes que lo habitan. Espacios «intrahistóricos» y retiro mundano Como refleja ya en diversos artículos no pertenecientes a Andanzas —por ejemplo, el titulado «Ciudad y campo» de 1902—, Unamuno considera el espacio urbano y tecnológico como símbolo manifiesto del desasosiego del 8Vid. J.M. Fernández, «Unamuno y el género periodístico», cit., 123 ss. 9Apud, J.M. Fernández, «Unamuno y el género periodístico», cit., 128. Revelador al respecto resulta también otro testimonio de Unamuno en «El cuarto poder» (enero de 1896): «La prensa periódica debe ser el más genuino y adecuado órgano de relación social de un pueblo, el órgano de su conciencia refleja colectiva, cuya función es sacar a luz y relieve las riquezas subconscientes de un pueblo y ponerle a la vez en comercio con el ámbito. Y como la conciencia, que lo abarca todo, es integradora, integradora debe ser la prensa»; vid. Política y filosofía. Artículos recuperados (1886-1924), ed. de D. Núñez y P. Ribas, Madrid, Fundación Banco Exterior, 1992, 51. 106 Francisco Javier Escobar Borrego El concepto de intrahistoria como praxis… AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 106 hombre y de la frenética actividad del periodista en busca de la noticia10. En cambio, la vida en contacto con la naturaleza, uno de los espacios privilegiados de la intrahistoria que recrea Unamuno, le proporciona solaz y descanso11. La valoración de la naturaleza y del paisaje por Unamuno obedece, como se sabe, a la afición viajera de los autores modernistas (de gran vitalidad gracias al floreciente auge del periodismo reporteril)12. Ya a lo largo del siglo XIX el ávido deseo de visitar lugares desconocidos se había hecho patente, cobrando una nueva dimensión y sentido para los krausistas de la Institución Libre de Enseñanza. De hecho, Francisco Giner de los Ríos y otros intelectuales integran el viaje en su plan pedagógico al reconocer el valor del contacto con la naturaleza y de la observación directa del paisaje. Como señala José-Carlos Mainer, el prestigio que la Institución concedió a la afición viajera como medio de enriquecimiento espiritual tiene su punto álgido en los autores modernistas, quienes recrean en crónicas, diarios de viajes y ensayos el paisaje español, bien como motivo didáctico-moral —en la línea krausista—, bien para expresar mediante una actitud impresionista la condición fugaz del viajero: La arqueología de campo y el excursionismo estuvieron entre las actividades que los hombres de Giner de los Ríos aclimataron en la España de final de siglo. Esa herencia y el interés de los modernistas por la observación de lo natural y por los viajes conformaron la preocupación por el paisaje español de la generación de fin de siglo: en unos predominará la impresión mo10 La recreación del tema de la ciudad por los autores modernistas ha sido objeto de diversos estudios. Por ejemplo, véase: L. Lituak, Transformación industrial y literatura en España (1895-1905), Madrid, Taurus, 1980, passim; J. Cano Ballesta, Literatura y Tecnología. Las letras españolas ante la revolución industrial (1900-1933), Madrid, Orígenes, 1981, passim; D. Dougherty, «La ciudad moderna y los esperpentos de Valle-Inclán», Anales de la Literatura Española Contemporánea, 22.1, 1997, 131-147; J.L. Rozas, «Manuel Machado y El mal poema: Invención (y ocultación) de la ciudad modernista», Ínsula, 608-609, 1997, 19-22; J.R. González, «Nueva meditación del marco: Ciudad y literatura en el fin de siglo», Ínsula, 613, 1998, 30-33; y R. Reyes Cano, «Una interpretación de Sevilla desde el espíritu del 98: La imagen de la ciudad en los apócrifos de Antonio Machado», en De Blanco White a la generación del 27 … cit., 147-160. 11 Vid. J.M. Fernández, «Unamuno y el género periodístico», cit., 130 ss. 12 Entre la abundante bibliografía sobre naturaleza y paisaje en el Modernismo, destacamos: M. Alvar, «Introducción» a Miguel de Unamuno, Paisajes, Madrid, Ediciones Alcalá, 1966, 5-24; C. Blanco Aguinaga, «La Naturaleza», en El Unamuno contemplativo … cit., 211-281; I. Galbis, «De Baroja y Antonio Machado: Proyección anímica sobre el paisaje», The Journal of Basque Studies, 3.1, 1982, 63-75; N. Norris, «Visión azoriniana del paisaje español», y C. Ruiz, «The Paisaje and the Generation of 1898», Cuadernos de Aldeeu, 1.2-3, 1983, 373-383 y 443-460, respectivamente; F. Calvo Serraller, Paisajes de luz y muerte: La pintura española del 98, Barcelona, Tusquets, 1998; J.C. Brasas, «La Castilla de la generación del 98 y su visión en el arte español», en Los 98’ibéricos y el mar, Lisboa, Exposición Mundial de Lisboa, 1998, 79-102; y G. Pina, «El 98 y el descubrimiento del paisaje español», Circulo, 28, 1999, 25-37. El concepto de intrahistoria como praxis…Francisco Javier Escobar Borrego 107 AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 107 ral y regeneracionista; en otros, la captación del detalle y la muy modernista «sensación de lo efímero» de la condición de viajero; en aquéllos, la impresión personal de paz o de desasosiego, pero, fuera como fuera, el paisaje de España cobró casi condición de protagonista literario…13 Unamuno, por su parte, dotando a sus artículos de cierto sesgo ensayístico en la línea regeneracionista14, opone en Andanzas el espacio urbano de las grandes capitales a otros que vienen a constituir un marco paisajístico idóneo para la plasmación de la intrahistoria honda y sincera: el campo y la naturaleza, las pequeñas y viejas ciudades, los pueblos y otros lugares que albergan plazas, sitios de retiro, etc. Así se comprueba, por ejemplo, en sendos pasajes del artículo «Ciudad, campo, paisajes y recuerdos» que ofrecen evidentes reminiscencias del tovpo~ del menosprecio de corte y alabanza de aldea, de tanta tradición en la literatura española áurea: «… el recuerdo del campo y la esperanza de volver a él es una de las cosas que más y mejor nos sostienen en medio del tráfago de las ciudades»; y «… la odiosa ciudad de las vanidades y las envidias. Huyo de esta ciudad, en cuanto puedo. El campo es una liberación»15. Asimismo, en «De vuelta de la cumbre», haciéndose eco de la filosofía estoica del retiro mundano (secessus) y del otium —pero adecuada a la finalidad divulgativa del género periodístico—, Unamuno transmite al lector en un recorrido introspectivo el ideal horaciano y luisiano del vivere secundum naturam o convenienter naturae vivere en aras de alejarse del «mundanal ruido» (negotium)16. Para ello, el escritor vasco se vale de fórmulas conativas dirigi13 Vid. La Edad de Plata (1902-1939). Ensayo de interpretación de un proceso cultural, Madrid, Cátedra, 1999, 126. El destacado papel que adquirió el paisaje natural en el pensamiento reformista se pone de manifiesto en el intercambio epistolar que mantuvieron Ginés de los Ríos y Unamuno en 1899 (vid. D. Gómez Molleda, Unamuno «agitador de espíritus» y Giner. Correspondencia inédita, Madrid, Narcea, 1977, 22-23). Hacia esa misma fecha, el escritor vasco envió a su amigo el poema Al campo, notable exaltación de la naturaleza como lugar de retiro (cf. Unamuno «agitador de espíritus» …, cit., 96-97). Para la relación entre krausismo, intrahistoria y paisaje español, véase: J.M. Rozas, «Historia-Intrahistoria como forma literaria», cit., 30-31. 14 Recuerda M. Romera-Navarro que el método ensayístico que Unamuno aplica en su obra se basa fundamentalmente en un sistema de pensamiento de honda filosofía humana (vid. Miguel de Unamuno: novelista, poeta, ensayista… cit., 170). Como veremos, la filosofía que el escritor vasco desarrolla en Andanzas es esencialmente estoica. 15 Ed. cit., 67 y 68-69, respectivamente. 16 Tanto Horacio como fray Luis de León son dos autoridades citadas en Andanzas. Del primero de ellos recuerda Unamuno la conocida oda III, 30 («Exegi monumentum aere perennius») a propósito de «La torre de Monterrey a la luz de la helada»: «Y se queda así [el sueño], hecho piedra, piedra terrena, pero civilizada, piedra civil, o piedra espiritual, frase acuñada para siempre, monumento aere perennius, más duradero que el bronce» (ed. cit., 223). Al humanista salmantino lo menciona Unamuno en varias ocasiones: «Ha sido en paisajes así limitados, sencillos, al parecer pobres, donde ha nacido la poesía eglógica. Aquí se inspiró fray Luis de León» («Salamanca», ed. cit., 157); y «Decía fray Luis de León en Los nombres de Cristo que «algunos 108 Francisco Javier Escobar Borrego El concepto de intrahistoria como praxis… AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 108 das a una segunda persona, frecuentes tanto en las crónicas modernistas como en el periodismo informativo de creación, a fin de implicar al lector y situarlo hipotéticamente en el lugar de retiro que sugiere: «Vives acaso, lector mío, en un tráfago mundano, entre negocios o entre diversiones. Escápate cuando puedas a la cumbre, ve a pasar unos días al pie del Aconcagua, donde más alto puedas. Deja de pisar el asfalto de los bulevares. Aprende a desdeñar eso que llamamos civilización, y que rara vez es tal, y a extraer de ella lo que de cultura encierre. Deja la civilización con el ferrocarril, el teléfono, el water-closet y llévate la cultura en el alma»17. Como buen erudito, el escritor vasco recomienda en su «Ciudad, campo, paisajes y recuerdos» la lectura de determinados libros —en concreto, los evangelios y tragedias— para disfrutar del retiro: «Tiene usted, amigo, que leer ciertos libros en el silencio y recogimiento de su cuarto, acostado en su cama, entre cobijas, para soñar en el campo. ¡Oh, si pudiese usted leerlos en el campo mismo!»18. Otras veces, Unamuno aborda la filosofía del secessus, pero valiéndose de la tópica de las ruinas aplicada a un determinado espacio intrahistórico, de tal suerte que, en «Recuerdo de la Granja de Moreruela», llega a insertar un soneto suyo sobre el tema: «En una celda solo, como en arca / de paz, libre de menester y cargo …»19. La contemplación de las ruinas como invitación a la meditación introspectiva, motivo que cuenta con egregios antecedentes en la lírica barroca española (recuérdense los poemas de Caro, Lope de Vega, Quevedo o Rioja)20, facilita por otra parte el alejamiento de las pasiones mundanas (ajpavqeia) y el estado de imperturbabilidad anímica (ajtaraxiva), filosofía estoica que Unamuno transmite a sus lectores como sofov~ hay a quien la vista del campo los enmudece; mas yo, como los pájaros, en viendo lo verde deseo o cantar o hablar». Y una especie de canto hablado, de recitación, de rezo más bien, es el verso. Y al ciego Salinas le habló fray Luis de música y de paisaje, o mejor, de celaje, en versos muy firmes» («Visiones rítmicas», ed. cit., 275). Para la pervivencia del tema del retiro mundano en la literatura unamuniana, véase: C. Blanco Aguinaga, «La naturaleza, refugio de paz y descanso», en El Unamuno contemplativo … cit., 260-265. 17 Ed. cit., 57. 18 Ed. cit., 74. 19 Ed. cit., 48. 20 Vid. B. López Bueno, «Tópica literaria y realización textual: Unas notas sobre la poesía española de las ruinas en el Siglo de Oro», en Templada lira. 5 estudios sobre poesía del Siglo de Oro, Granada, Don Quijote, 1990, 75-97. Otros escritores modernistas se valieron de la misma tópica, como por ejemplo Azorín en «Palacios, ruinas»: «Viajero: es la hora de meditar ante las ruinas, y este paredón ruinoso de un palacio que fué, aquí en la campiña solitaria, nos da tema para nuestras meditaciones. Los siglos han transcurrido. El antiguo palacio se ha desmoronado; pero aquí al lado de las ruinas, como una sonrisa en la eternidad, está este grupo de finos chopos que tiemblan levemente en sus hojas al soplo de la tarde expirante» (cf. Una hora de España … cit., 127). El concepto de intrahistoria como praxis…Francisco Javier Escobar Borrego 109 AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 109 o sapiens, aunque de forma amena y metafórica: «Allí es la quietud del lago del alma, y sin esa quietud no florece el lago»21. La filosofía del secessus aparece acompañada, con bastante frecuencia, de una exaltación del silencio, que goza de gran predicamento en Andanzas22. Así lo comprobamos en un pasaje del artículo «El silencio de la cima», en el que Unamuno a modo de diario íntimo alude además a la importancia del descubrimiento personal del individuo, evocación de la gnwvmh pindárica gevnoij, oi|o~ ejssi; maqwvn ‘aprende a ser quien eres’ (Pítica, II, 72) y de la fraseología senecana secum morari (‘morar en sí’) o sapiens in se reconditur, secum est (‘el sabio se concentra en sí mismo, vive para sí’)23: «Recojerse una temporada, sí, y callar, callar, envolviéndose como en mortaja de resurrección en el silencio, pero no por mezquinos móviles de defensa y de ataque, no, sino a busca de alguno de nuestros otros yos, de alguno de aquellos que he ido dejando en las encrucijadas del camino de la vida»24. En cambio, como recuerda Unamuno en su «Ciudad, campo, paisajes y recuerdos», el individuo que no puede disfrutar del silencio que le proporcionan los espacios intrahistóricos se verá abocado a la desdicha (contrafactum del makarismov~ o beatus ille): «¡Desdichado del hombre que se aburre si se tiene que permanecer solo unos días en medio de la campiña libre! ¡Desdichado del hombre que no puede prescindir del ruido y el trajín de sus prójimos!, porque este tal 21 Ed. cit., 49. 22 Un análisis del motivo del silencio en Andanzas ofrece C. Blanco Aguinaga, «Soledad y silencio de la naturaleza», en El Unamuno contemplativo … cit., 216 ss. En cuanto a la relación de este motivo y la intrahistoria, véase del mismo autor: «La revelación de la Naturaleza aplicada a la Historia …», cit., 234 ss. 23 Píndaro fue uno de los autores clásicos más citado por Unamuno en sus obras. La máxima señalada, que recuerda el ideal apolíneo gnw'qi seautovn (gnosce te ipsum), le interesó especialmente, como refleja su poema «Conócete a ti mismo» de Poesías (1907) inspirado en tal sentencia pindárica (vid. M. García Blanco, «El mundo clásico de Unamuno», en El mundo clásico en el pensamiento español contemporáneo, ed. de J. Lasso de la Vega et alteri, Madrid, Sociedad Española de Estudios Clásicos, 1960, 47-89, 71-72) y su artículo «Aprende a hacerte el que eres», publicado en el Nuevo Mundo en febrero de 1924 (vid. De mi vida, Madrid: Espasa-Calpe, 1979, 163-165). En Andanzas, Unamuno cita en varias ocasiones a Séneca, otro de sus autores clásicos predilectos; por ejemplo, en «Por capitales de provincia» («Séneca, el moralista, no fue en rigor un metafísico»; ed. cit., 130) y en «Frente a los negrillos» («Podría decir con Séneca que cuantas veces me entrometí con los hombres volví de ellos a mí mismo más inhumano»; ed. cit., 170). Siguiendo tal praxis filosófica, Unamuno contrapone la noticia que el individuo recibe a través de los medios de comunicación y el conocimiento personal obtenido de la incesante búsqueda del yo en un estado introspectivo (en la línea pindárica y senecana). Así lo refleja el escritor vasco en «De vuelta a la cumbre», dando a entender que las reflexiones de su diario interior pueden facilitar el camino de indagación individual de sus lectores: «Pero tú, lector, me complazco en creer que no me pides noticias. Hay otros que te informarán mejor que yo de lo que pasa en el mundo. Y entretanto, acaso no te enteres de lo que pasa en ti mismo. Por mi parte, si alguna vez he logrado llevarte o siquiera acercarte a ti mismo, me doy por pagado» (ed. cit., 57). 24 Ed. cit., 61-62. 110 Francisco Javier Escobar Borrego El concepto de intrahistoria como praxis… AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 110 no se ha encontrado a sí mismo, ni ha sabido siquiera buscarse, ni se ve sino reflejado en los demás»25. Sin embargo, la búsqueda introspectiva mostrada en su diario íntimo requiere, según Unamuno, no sólo el retiro en un marco intrahistórico que proporcione paz interior, sino la firme voluntad y decisión personal de huir del trasiego mundano. De hecho, señala el escritor vasco en su artículo «En la calma de Mallorca», evocando la Epístola moral III, 28 de Séneca a Lucilio, que las preocupaciones mundanas acompañan al individuo aunque mude de lugar, por lo que resulta absolutamente necesario cambiar el estado del alma: A esta isla del polvo quieto y de la calma, del bienestar de la cortesía, he venido a descansar un poco y a huir de la excitación que me producían las inevitables discusiones sobre la marcha de la guerra y sus causas. Pero es inútil huir del mundo si uno se lleva el mundo en sí; de poco o de nada sirve refugiarse en un claustro —y un claustro henchido de luz es esta roca ceñida de mar y hecha un jardín de almendros, higueras, algarrobos, olivos, albaricoqueros, pinos, encinas, vides— si se lleva el siglo dentro de sí al claustro26. Al margen del marco idílico del espacio natural, Unamuno concede gran valor en su reivindicación de la intrahistoria a las pequeñas ciudades tranquilas —frente a las grandes capitales—, como refleja un pasaje del artículo «En la quietud de la pequeña vieja ciudad» en el que de nuevo hace partícipe al lector de su habitual intimismo intelectual (rasgo característico de su diario interior): «Sólo os diré que desde entonces acá me he corroborado más y más en mi creencia de que las pequeñas ciudades tranquilas, donde la historia, que es el sentimiento de la continuidad en el cuerpo social, se remansa, son las más a propósito para una íntima vida de concentración espiritual, es donde mejor puede mantenerse el ánimo fijo hacia el Norte, sin oscilaciones, aunque no sin íntimo esfuerzo, es donde se puede cuadrar y cubicar las horas»27. Además, según apunta en «Frente a Ávila», Unamuno asocia los distintos espacios de las pequeñas y viejas ciudades —como las plazas públicas— a la cotidianidad intrahistórica: ¡Esas plazuelas apacibles y sosegadas que se abren dentro del recinto conventual de una eterna —no ya vieja— ciudad castellana! ¡Esas plazuelas por las que han resbalado siglos de instantaneidad cotidiana! 25 Ed. cit., 72. 26 Ed. cit., 187-188. El texto de Séneca es el siguiente: «Hoc tibi soli putas accidisse et admiraris quasi rem novam quod peregrinatione tam longa et tot locorum varietatibus non discussisti tristitiam gravitatemque mentis? Animum debes mutare, non caelum …» (vid. Ad Lvcilivm Epistulae Morales, ed. de L.D. Reynolds, I, Oxford, Oxford University Press, 1965, 79). 27 Ed. cit., 122-123. El concepto de intrahistoria como praxis…Francisco Javier Escobar Borrego 111 AEF, vol. XXVI, 2003, 103-116 06ElConcepto(Escobar) 10/12/03 18:49 Página 111