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Resumen
B e e ap oximación a la p oblemá ica que plan ea el
conocimien o y conse ación de las o i icaciones
medie ales de Andalucía Occiden al. Conside ando
la he encia de la An igüedad, se des acan los aspec-
os más ele an es de la a qui ec u a de ensi a eali-
zada po los musulmanes de Al-Andalus y la Co ona
cas ellana.
Palab as cla e
Cas illos y mu allas/ A qui ec u a medie al/ A qui-
ec u a mili a / Fo i icaciones medie ales/ Fo i ica-
ciones de Al-Andalus
Una ap oximación al p oblema
Du an e la Edad Media la a qui ec u a mili a gozó
de una g an impo ancia en Andalucía, cuando mu-
allas y cas illos dominaban su paisaje. La p esencia
co idiana de la gue a en la sociedad medie al, co-
b ó una especial in ensidad en un e i o io eminen-
emen e on e izo, dispu ado po einos y ci iliza-
ciones. Po na u aleza ines able y con lic i o, en él
las o i icaciones se e igie on en la más ele ada ex-
p esión de un pode que, a a és de ellas de endía
la in eg idad de sus dominios y los adminis aba. Po-
cos es imonios ma e iales e lejan de un modo an
iel la e eb ación de la ie a andaluza y de las p o-
pias sociedades que se asen a on en ella du an e la
Edad Media.
Hoy, sin emba go, las o i icaciones han is o soca-
ada la p es ancia que an año u ie on, cuando no
su o gullosa igu a. Ausen es en nues as ciudades,
po adi amen os y mu ilaciones, se pie den des ali-
das en la lejanía, cuando ansi amos –ap esu ada-
men e– po nues as au opis as. Su de e io o es
muy supe io al de o os ipos de cons ucciones
coe áneas, lo cual, en cie a medida, se debe a su
p opia condición u ili a ia. Concebidas, esencialmen-
e, pa a epele oda sue e de ag esiones, con e-
cuencia, e an some idas a un la go p oceso de des-
ucción. Acon ecimien os no muy lejanos, como la
Gue a de la Independencia, aca ea on nue as des-
g acias pa a áb icas muy an iguas y de e io adas.
Si a como ejemplo el caso del cas illo de los Guz-
manes en Niebla. Como an os o os, había sido u i-
lizado como cua el po las opas ancesas del
ma iscal Soul , quien as abandona lo, decidió su
oladu a en 1812. Con ecuencia, aquellas o ale-
zas que man u ie on su uso o iginal, ambién se ie-
on amenazadas po ampliaciones y e o mas, que
a endían a las nue as écnicas de de ensa y a las ne-
cesidades de una ida más cómoda. Una ez pe di-
do su alo de ensi o o esidencial, no su ie on
mejo sue e. Algunas ecibie on usos muy inade-
cuados. Como ocu ie a con la amosa o aleza
jiennense de Baños de la Encina, la onubense de
San a Olalla de Cala, acogió un cemen e io, que de-
bili ó no ablemen e sus mu os. En o os casos, sen-
cillamen e, conocie on el más du o de los abando-
nos. La pé dida de su alo es a égico, así como el
alejamien o del medio u al y la uina económica i-
ida po la nobleza, a lo la go de los úl imos siglos,
con ibuye on a un abandono acele ado po la ac-
ción de la p opia na u aleza.
De ás de es e penoso ca álogo de in o unios, se
halla una al a absolu a de alo ación, es deci , una
al a de conocimien o. Has a hace muy poco, los
mu os de ensi os de muchas poblaciones andaluzas,
pe manecían mudos, odeados de un halo de leyen-
da, sólo escud iñado po impeni en es e udi os lo-
cales y po algunos his o iado es y a queólogos sen-
sibilizados con la ma e ia. Sin emba go, la si uación,
desde hace un iempo, ha comenzado a cambia . La
ecupe ación ma e ial y el es udio del pa imonio
mili a andaluz es una me a que, plan eada po pa -
icula es e ins i uciones públicas, se basa en un cú-
mulo de ci cuns ancias:
• La nue a conciencia dominan e sob e el pa imo-
nio his ó ico, en gene al, pe mi e un econoci-
mien o de es os monumen os, has a hace muy
poco iempo negado.
• El desa ollo e impulso de la iden idad de las co-
munidades locales, hallan en es e ipo de ob as un
elemen o simbólico de e e encia; po cuan o
suelen apa ece asociadas a una se ie de hechos
memo ables, con ecuencia mi i icados, enden es
a ennoblece el p opio pasado de cada población.
In o mación: Pa imonio His ó ico Andaluz
Las o i icaciones medie ales
en Andalucía Occiden al.
Un legado a conse a
Juan Clemen e Rod íguez Es é ez
Depa amen o de His o ia del A e.
Uni e sidad de Se illa
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• La disposición de unos inmuebles, que suelen p e-
sen a g andes espacios abie os, una ubicación
p i ilegiada y un en o no a ac i o, pe mi e su ex-
plo ación pa a la ealización de espec áculos y ce-
leb aciones públicas. La ins alación en el siglo XVI
de un co al de comedias, en el Pa io de la Mon-
e ía de los Alcáza es de Se illa, supuso una expe-
iencia ea al que hoy se ha ecupe ado en el
edi icio se illano y aplicado con g an éxi o en el
Cas illo de Niebla. Desde el siglo XIX, algunas
o alezas con i ie on sus pa ios de a mas en
plazas de o os, al como puede ad e i se en las
localidades onubenses de A oche y Almonas e la
Real. Y, en echas más ecien es, la de Cumb es
Mayo es, ha ins alado en su in e io un pin o esco
campo de ú bol ( o o 1).
• Muy en elación con es os hechos, se halla la posi-
bilidad de explo a los monumen os con ines
económicos, a endiendo al c ecien e aumen o del
u ismo cul u al en la egión. Desde hace cua o
décadas, la ed de Pa ado es Nacionales de u is-
mo ab ió una ía, secundada más a de po la ini-
cia i a p i ada. Pe o, en un sen ido más gene al, el
acceso o ganizado a los cas illos y alcazabas se ha
con e ido en odo un eclamo pa a los isi an es,
aún hallándose en luga es adicionalmen e ma gi-
nales pa a es e ipo de ac i idades.
Son muchas las di icul ades plan eadas pa a una e-
cupe ación e icien e de es e ico pa imonio. En al-
gunos casos, el g ado de de e io o es al que esul a
i e e sible. En o os, la p opiedad de los mismos
di icul a una ges ión e icaz y su alo ación como se -
icio público. La al a de ecu sos económicos am-
poco debe desdeña se. No obs an e, a pesa de o-
do ello, en un ho izon e ce cano, se halla la
posibilidad de a on a unos abajos que siemp e
deben ene como e e encia el conocimien o p o-
undo de un legado cuyo es udio esul a an apasio-
nan e como complejo. Las o i icaciones medie ales
de Andalucía Occiden al o man un conjun o monu-
men al excepcionalmen e ico. To es, cas illos y
mu allas componen un abundan e y a iado ca álo-
go, o jado po cul u as muy di e en es. Du an e la
An igüedad, los a esios, los ibe os y, pa icula -
men e, los omanos deja on una ed de in aes uc-
u as y o i icaciones que ue he edada, en p ime
luga , po los isigodos, luego, po musulmanes y
c is ianos. De es e modo, nos encon amos con una
ealidad de compleja ca ac e ización, si cabe, di icul-
ada po la al a de es imonios esc i os y el al o g a-
do de de e io o de muchas ob as. En es e con ex o
debe in e p e a se el análisis de un legado o jado
en dos g andes pe íodos: el de la dominación islámi-
ca, que ocupa desde el 711 has a mediados del siglo
XIII, y el de la pos e io dominación c is iana, que se
ex iende desde en onces has a inales del siglo XV.
Las de ensas andalusíes en el alle del
Guadalqui i
La llegada de los musulmanes a la Península, en el
año 711, supuso un hi o an impo an e en el desa-
ollo de nues a his o ia que, puede deci se, que
con es e hecho se inaugu a lo que conocemos co-
mo Edad Media, un pe íodo abie o en la mayo
pa e de Eu opa as la caída del Impe io Romano.
La ocupación islámica se adujo en la c eación de
un dominio conocido como Al-Andalus. Se a aba
de un as o e i o io que, a di e encia de lo que
ocu ía en la Eu opa c is iana, había e omado el i-
go de las ciudades an iguas, dándole un nue o y
pe sonal impulso. La impo ancia de la ida u bana
en el Islam, de es e modo, p on o se hizo palpable;
especialmen e en aquellos luga es que p esen aban
una si uación p i ilegiada, po su papel económico y
es a égico. Es e ue el caso del Valle del Guadalqui-
i , un e i o io que, p o egido de las ie as del
no e y abie o a las ce canas cos as a icanas, p e-
sen aba una é il ega, explo ada e icazmen e desde
época omana. Fue allí donde se hallaban dos de las
ciudades más impo an es: Có doba y Se illa. La p i-
me a, auspiciada po la dinas ía Omeya, ue su capi-
al has a p incipios del siglo XI. La segunda, oma ía
su ele o, pa a con e i se en la sede de la ai a más
pode osa, en el siglo XI, y en la capi al de los almo-
In o mación: Pa imonio His ó ico Andaluz
1. Cas illo de Cumb es
Mayo es. De alle.
2. Mu allas de Ca mona.
Pue a de Se illa.
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hades desde mediados del siglo XII, has a que inal-
men e, en la segunda mi ad de la úl ima cen u ia, o-
do el alle quedó en manos c is ianas.
Du an e es e la go espacio de iempo, la p esencia
de los musulmanes en el Valle del Guadalqui i pe -
mi ió el desa ollo de una se ie de planes de ensi os
que han ma cado inde ec iblemen e el cu so de la
his o ia en Andalucía. No obs an e, su apo ación se
p odujo de un modo g adual y e olu i o, pues cada
pe íodo dejó su huella en el desa ollo de las cons-
ucciones de ensi as.
En muchos casos se u iliza on, man u ie on y ans-
o ma on las in aes uc u as y cons ucciones o-
madas a los isigodos; las cuales se emon an, en
ocasiones, a época p e omana. Tal es el caso del
complejo de ensi o de la Pue a de Se illa, en Ca -
mona, es udiado po Al onso Jiménez. Dicho au o
de iende la exis encia de una cons ucción de ensi a
ca aginesa, luego ampliada po los omanos, quie-
nes hicie on de Ca mo uno de los cen os u banos
más impo an es de la egión. Sob e es a base, en el
siglo XI, cuando la ciudad se con i ió en un eino
de ai a independien e, ecibió las p ime as ob as is-
lámicas, de ini i amen e ce adas en el pe íodo al-
mohade ( o o 2).
El ap o echamien o de las áb icas p eexis en es e-
sul ó especialmen e impo an e al p incipio, cuando
los Omeyas plan ea on la o ganización de un es ado
aún do ado de medios p eca ios. En los siglos VIII y
IX, una buena pa e del sis ema de comunicaciones,
in aes uc u as y o i icaciones hallaban su base en
los es os omanos y isigodos, los cuales seguían
ca ac e izando las ce cas de las p incipales ciudades
del Valle del Guadalqui i . Poco a poco, sin emba go,
las pa icula es necesidades de un es ado cen aliza-
do como el co dobés, se aduje on en la cons uc-
ción de ob as a undamen is. La e ección del Da al-
Ima a, pa ocinado po Abd al-Rahman III en Se illa,
en el año 913, se concibió como una es uc u a
des inada a p ese a los in e eses del emi a o en
una ciudad que se había suble ado con a su au o i-
dad. Tal como había ocu ido en Mé ida, en iempos
de Abd al-Rahman II, es os hechos pe mi ie on una
e isión del sis ema de ensi o, que incluía el debili a-
mien o de las de ensas locales y la c eación de un al-
cáza , desde el cual la éli e gobe nan e podía impo-
ne su au o idad. En es a ob a ealizada con silla es
omanos, que nos emi e a los ecin os o i icados
que los Omeyas le an a on en O ien e P óximo, se
halla el o igen del complejo esidencial de los Reales
Alcáza es.
La c eación de nue as cons ucciones no hizo sino
acen ua se du an e el cali a o, cuando ya se halla
pe ilado un comple o sis ema de ensi o, des inado a
p o ege las on e as del es ado y, pa icula men e,
los caminos hacia la capi al. La o aleza cos e a de
Ta i a, le an ada en el año 960, o la co dobesa de El
Vaca , p o egiendo el acceso desde Sie a Mo ena,
e idencian el desa ollo de un sis ema, cuya culmina-
ción se hallaba en la p opia Có doba. P o egida po
una es uc u a mu a ia de magní ica can e ía, a soga
y doble izón, hallaba su más ele ada exp esión en el
Alcáza ; un conjun o de ensi o y esidencial que,
p ác icamen e desapa ecido, sólo podemos conoce
po los es imonios li e a ios á abes.
Ya en onces e a un hecho e iden e que el Islam había
de uel o a las ciudades andaluzas el igo que an año
u ie on, o o gándoles una nue a pe sonalidad. En
es e con ex o, la mu alla se con i ió en un elemen o
cla e pa a la de ensa y e eb ación del complejo en-
amado de calles y casas, pe ilado en las ciudades
andalusíes. En muchos casos, se man u ie on y adap-
a on las ce cas omanas, en o os, se cons uye on
o as nue as. Pe o siemp e, el esul ado úl imo ue la
gene ación de unos azados genuinos, cuya honda
p esencia aún puede expe imen a se.
En el siglo XI, pa ece pe ec amen e asimilada una
concepción de la ciudad, je a quizada po p incipios
de ensi os. Po una pa e, hallamos la mu alla con
sus o es y pue as, po o a, la alcazaba. Es a e a
algo más que un simple cas illo. Se a aba de un
complejo a qui ec ónico que aglu inaba jun o a la
unción de ensi a, la adminis a i a y la esidencial.
En ella se alojaba el p íncipe o el gobe nado , los al-
os ca gos de la adminis ación y la gua nición que
los p o egía. Ins alada en un luga es a égico, en el
ex emo de la medina, poseía una ce ca p opia, con
acceso di ec o al ex e io . Podía con e i se en el
úl imo educ o an e una amenaza ex e na, pe o
ambién pe mi ía una de ensa de la éli e gobe nan e
en e a la población. En sí mismo e a la más ele ada
exp esión del pode , que sepa aba un cue po de la
ciudad, del es o. La alcazaba, aída desde O ien e a
la Península, acaba ía dominando muchas ciudades
andaluzas: Có doba, Se illa, Niebla, Ca mona, G a-
nada, Alme ía, Málaga, e c. En el siglo XI, además,
en e sus mu os se hallaban las sedes de los einos
de ai as que, as el de umbamien o del cali a o, se
adueña on de un e i o io agmen ado. Como e-
sul ado de ello, muchas de es as cons ucciones alo-
ja on es ancias pala inas que sa is acían las necesida-
des de las pequeñas co es su gidas con el nue o
o den. Pa adójicamen e, el inal del cali a o a o eció
la di usión de los p imo es de la co e co dobesa,
has a luga es donde la sede del pode apa ecía do-
minada po un ono mili a y adminis a i o. Es e ue
el caso del Alcáza de Se illa, ampliado po los eyes
abadíes; quienes al le an a el mí ico Qas al-Muba-
aq, suma on un palacio al cas illo.
Débiles en e a la amenaza c is iana, los einos de
ai as debie on acudi a la ayuda de los almo á ides,
quienes llega on pa a queda se. Al-Andalus había
sal ado su in eg idad pe o no su independencia. A
pa i del año 1090 pasó a o ma pa e de un im-
pe io cuya capi al se hallaba en Ma akech. La ame-
naza c is iana y el some imien o de los andalusíes
debie on p eocupa a los nue os seño es, quienes
emp endie on un plan de ensi o ecogido en las
uen es esc i as, pe o di ícilmen e delimi able a a-
és de las p opias ob as. Sabemos de la exis encia
de ob as en Có doba, Niebla, Je ez y Se illa. Pe o se
In o mación: Pa imonio His ó ico Andaluz
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desconoce el alcance de las mismas. Es a p esencia
casi an asmagó ica, hace que se man engan impo -
an es dudas sob e su pa icipación en p oyec os
culminados pos e io men e po sus suceso es, los
almohades. No obs an e, obse ando sus apo acio-
nes en Á ica, pod ía de ende se la exis encia de
una cie a con inuidad en e un pe íodo y el o o.
En odo caso, debemos a ibui a los almohades, la
de inición de una se ie de p oyec os en e los que
des acan las g andes ce cas de Je ez, Niebla, Alcalá
de Guadai a y Se illa. La cons ucción de es a úl ima
debe insc ibi se en un as o p og ama cons uc i o,
iniciado en 1172. Nue os palacios en los Alcáza es,
una nue a mezqui a aljama y oda una se ie de in a-
es uc u as, en e las cuales des aca on un acueduc-
o, conocido como los Caños de Ca mona, un
puen e de ba cas y las a a azanas ins aladas en el
A enal. La mu alla, desbo dando la p imi i a ce ca
emi al, p obablemen e de o igen omano, alcanzaba
más de sie e kilóme os de longi ud. Le an ada con
un ma e ial an ba a o y lexible como el apial, se
concibió con ece pue as y cien o sesen a y seis
o es de di e en e es uc u a. Su azado no e a e-
gula , sino que se ceñía a la o og a ía del e eno y a
las p opias necesidades de ensi as. Además, inco -
po aba soluciones an no ables como la ba bacana
de la Maca ena y la To e del O o. Es a úl ima e a
una o e alba ana, una especie de apéndice que se
p oyec aba desde los Alcáza es, con los que se unía
po un mu o o co acha, pa a pode con ola el pa-
so po el ío. La g an e o ma plan eada po los al-
mohades ma có la ida u u a de Se illa, as su caí-
da en 1248. Has a el siglo XIX, la ciudad que ue a
sede del monopolio ame icano i ió ceñida po sus
mu os, al como mues a la maque a de la ciudad
que se halla en el e ablo de su Ca ed al ( o o 3).
Sin duda alguna, de en e odas las soluciones dadas
po el Islam a la a qui ec u a de ensi a en la Penín-
sula, las almohades ue on las más complejas y ela-
bo adas. Su legado ue undamen al pa a el desa o-
llo de la a qui ec u a naza í. Sin emba go, no encon-
ó un he ede o musulmán en Andalucía Occiden al
pues, a mediados del siglo XIII, el pode almohade
se de umbó, dejando el Valle del Guadalqui i lib e
a los c is ianos.
Las de ensas cas ellanas en los einos de
Có doba y Se illa
Las conquis as c is ianas du an e el einado de Fe -
nando III el San o pe mi ie on la e i ada casi o al
de los musulmanes en el Valle del Guadalqui i . Sin
emba go, la coexis encia en e unos y o os aún
pe du a ía la go iempo, pues el a ance cas ellano
se hizo len o has a oma se G anada en 1492. Es a
ci cuns ancia y la p esencia amenazan e del eino
po ugués pe mi ie on que du an e oda la Baja
Edad Media nunca se pe die a ese ca ac e ís ico am-
bien e bélico que des acábamos; lo cual, a su ez, a-
o eció el man enimien o y desa ollo de emp esas
de ensi as. Los sólidos mu os, las almenas y ma aca-
nes dominaban odo ipo de ob as; no sólo las o -
alezas, sino ambién los palacios, las casas y los p o-
pios con en os e iglesias, al como puede e se en
undaciones como las de San An ón de T igue os o
San Isido o en San iponce.
En p ime a ins ancia, el ap o echamien o de las á-
b icas andalusíes ue sis emá ico. Se ca ecía de e-
cu sos y iempo pa a emp ende g andes campañas
cons uc i as en plena gue a y la conquis a había
o ecido g andes edi icios, cuya epa ación e a en-
able. Puede deci se que el ac o de mayo alo a -
qui ec ónico p ac icado po la Co ona cas ellana ue
la ap opiación ísica y simbólica de las g andes cons-
ucciones o iciales andalusíes, en e las cuales des a-
caban los cas illos y alcazabas.
No obs an e, p og esi amen e, ue on su giendo los
p ime os es imonios de una a qui ec u a que debía
esponde a las necesidades de los nue os seño es.
Dichas ob as, po una pa e, espondían a los mo-
delos gó icos aídos del no e que, desde iempos
de Al onso X el Sabio, se iban in oduciendo len a-
men e. Po o a, con ecuencia, inco po aban las
écnicas y las o mas de los conquis ados, dando lu-
ga a lo que se conoce como a qui ec u a mudéja .
Pa a el con ol y paci icación del e i o io, se c eó
un as o p og ama de ensi o, auspiciado po la Co-
ona y apoyado po la nobleza y las ó denes mili a-
es, a quienes se encomendó la p ime a línea on e-
iza. En el siglo XIII, el e i o io andaluz se o ganizó
en es einos: Jaén, Có doba y Se illa. Sus es capi-
ales se con i ie on en ciudades de ealengo, donde
la Co ona plan eó g andes ob as. De en e odas
ellas, hab ía que des aca los nue os palacios le an a-
dos en el ecin o de los an iguos alcáza es. Pa a p o-
ege a las g andes capi ales se diseñó un sis ema de-
ensi o o mado po o alezas, en o no a las cuales,
In o mación: Pa imonio His ó ico Andaluz
3. Ca ed al de Se illa. Maque a
si uada en el Re ablo Mayo
(p incipios del siglo XVI)
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con ecuencia, su gie on nue os núcleos de pobla-
ción. En es e con ex o, Có doba con ó con de ensas
an sólidas como el imp esionan e cas illo de Almo-
dó a del Río, y Se illa con o as an as, como las
undaciones islámicas de Alcalá de Guadai a y de
Ca mona, en onces e o madas. De un modo más
di ec o, en e a la amenaza del eino g anadino, se
c eó odo un cin u ón de ensi o a lo la go de la
on e a, conocida como la Banda Mo isca. Pa ía de
las o alezas jiennenses de Ho nos de Segu a y Ca-
zo la, pasando po o as co dobesas como las de Es-
pejo y P iego, y se illanas como las de Es epa y Mo-
ón, has a las gadi anas de A cos y Medina Sidonia.
Es e cin u ón se ce aba con la p o ección de las po-
blaciones ce canas al Es echo, amenazadas po g a-
nadinos y me iníes. Je ez, El Pue o de San a Ma ía,
Cádiz, Ta i a y, luego, Algeci as, as la Ba alla de Sala-
do, o ma on pa e de esa p o ección, comple ada
con la o mación de una lo a, cuya base se hallaba
en el Pue o de Se illa, donde se ins aló la sede del
Almi an azgo. Muchas de las o alezas mencionadas
se con i ie on en la sede de las g andes casas nobi-
lia ias, que ob u ie on de la Co ona bienes y p i ile-
gios excepcionales en la egión.
Si la p incipal p eocupación de la Co ona e a la de-
ensa del e i o io en e a los musulmanes, a Occi-
den e, la p esencia del eino po ugués, en di e en-
es momen os, esul ó amenazan e pa a los
in e eses cas ellanos. Pa a p o ege los, se c eó un
p og ama de ensi o en las Sie as del no e de
Huel a y Se illa, lo que se conoce como la Banda
Gallega. Allí se acondiciona on cas illos de o igen
á abe como los de A acena, A oche y Co egana; y
se le an a on o os nue os como los de Cumb es
Mayo es y San a Olalla, en iempos de Sancho IV.
Mien as, al Su , las de ensas de Ayamon e y de Nie-
bla, man enidas po los Guzmanes, se e igie on en el
balua e más impo an e en e a la expansión lusi-
ana ( o o 4).
Es e p og ama, que ue comple ándose en e los si-
glos XIII y XV, acogió ob as de muy di e en e condi-
ción, cuya e olución e a mani ies a. La c ecien e im-
po ancia adqui ida po el uego a ille o in odujo
algunos cambios no ables, al como se ad ie e en la
cons ucción de "El Cube e", un o ín a ille o ins a-
lado a inales del siglo XV en el Alcáza del ey don
Ped o en Ca mona ( o o 5). De igual mane a, es os
edi icios se ue on adap ando a las nue as condicio-
nes de una sociedad que acogía una a is oc acia po-
de osa y en en ada, cuyas o alezas aspi aban a
con e i se en el más ele ado e lejo de su pode y
os en ación.
La ampliación del Cas illo de Ma chenilla, en Alcalá
de Guadai a, el Alcáza de los Guzmanes en Niebla,
la o aleza de Almodó a del Río, o el Cas illo de
Belalcáza , en Có doba, o man pa e de un ico e-
pe o io. En es e úl imo, pa icula men e, se ad ie -
e un nue o in e és po con e i la o aleza en
una esidencia, capaz de p oyec a simbólicamen e
los ideales del seño y de la amilia que lo egen a
( o o 6).
In o mación: Pa imonio His ó ico Andaluz
4. Mu allas de Niebla.
Cas illo de los
Guzmanes.
5. Alcáza del Rey don
Ped o en Ca mona. El
Cube e.
6. Cas illo de
Belalcáza .
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Con unos o ígenes que se emon an a la época o-
mana, ue en egada en 1444 a don Gu ie e de So-
omayo , maes e de la O den de Alcán a a y con-
de de Belalcáza . Fue a pa i de en onces cuando
se le an ó un cas illo de plan a ec angula en el
que des aca su imponen e o e del homenaje, dis-
pues a en dos cue pos. El p ime o es de plan a cua-
d ada, mien as que el segundo iende a la o ma
de un cilind o, con ga i ones adosados donde se a-
lla on los escudos con las a mas de los seño es. En
iempos del duque don F ancisco de So omayo
(1531-1544), en el cos ado su -o ien al se le an ó
un palacio pla e esco, del que aún se conse an
pa e de sus mu os. El la go camino eco ido po
la o aleza de Belalcáza , has a con e i se en una
esidencia pala ina, e idencia los cambios ope ados
en la nobleza cas ellana; lo cual ambién se ap ecia
en el cas illo-palacio de Bo nos (Cádiz), e igido po
la Casa de Medinaceli. La c eación de esidencias
más cómodas y os en osas, y la exhibición de los
a ibu os nobilia ios son elemen os muy ca ac e ís-
icos de ese pe íodo úl imo, p o agonizado po el
gó ico a dío y, en buena medida, alimen ado po
una mi i icación de esa c uzada que ue la conquis a
de Al-Andalus. Sin duda alguna, los ideales caballe-
escos se exal aban con mayo b illo cuando ya la
gue a ocaba a su in.
El inal de la Gue a de G anada y la e o ma del es-
ado plan eada po los Reyes Ca ólicos, acaba on
con el o den es ablecido has a el momen o. Sin em-
ba go, ello no supuso la pé dida de la igencia de los
sis emas de ensi os medie ales. Hubo luga es donde
el desplazamien o del cen o de la ac i idad supuso
un cie o abandono, como ocu ió en Mo ón. Es a
población si uada en la F on e a, ue obje o de los
cuidados de los Gi ón. Pe o, en el siglo XVI queda ía
elegada a un segundo o den po los seño es, que
ins ala on su esidencia en la ce cana Osuna, nue o
cen o de sus ac i idades cons uc i as.
Sin emba go, la Co ona y las casas nobilia ias siguie-
on haciendo uso de es os balua es du an e a ios
siglos y una buena pa e de los planes gene ales de
de ensa, pe manecie on igen es. La on e a po u-
guesa siguió siendo con lic i a has a el siglo XVIII.
Du an e la gos pe íodos, como ocu ió con la sepa-
ación de Po ugal y la gue a de Sucesión, las ie-
as onubenses se ie on una y o a ez asoladas
po la mise ia y la iolencia que ae oda gue a.
Ello pe mi ió que los planes de ensi os siguie an ac-
ualizándose has a la época de Ca los III. De igual
mane a, la de ensa del li o al siguió siendo necesa ia.
Los ac os de pi a e ía man enidos po be be iscos e
ingleses exigie on una o al e o ma de los p og a-
mas medie ales, cuya capacidad había quedado so-
b adamen e supe ada. Los mu os se hacían más e-
cios, más g uesos y ce ados. Los pues os de
a ille ía cob aban mayo impo ancia, a la ez que
su gían azados angulosos. Sin emba go, aún du an-
e la go iempo, las al i as o es con blasones y ma-
acanes sob e i i ían a la hos ilidad de la na u aleza
y del homb e, como ecue do de un iempo que
aún pe du a.
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