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La española inglesa : se exponen otros amorosos sucesos de Ricardo è Isabela ; Segunda parte

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LA ESPAÑOLA INGLESA. SE EXPONEN OTROS AMOROSOS SUCESOS DE RICARDO, éIsabela. ^^LUmentaban con el llanto los Padres de la Cautiva del gran Reyno de Neptuno las corrientes cristalinas: Ricardo los consolaba con amorosas caricias, que aunque al parecer infiel, observa la Ley Divina; los persuadía con ruegos le diesen claras noticias de su historia ,para ver si igualmente convenia lo que se pronosticaba qon lo mismo que él sabia; yformqndo en sí un suspiro, entre quexas doloridas,, en breve tiempo le dieron de aquel caso las noti cías. Entonces el General conoció por cosa fixa que eran aquellos los .Padres SEGUNDA PARTE.1ni*ík- de la que en el alma estimar ycon agrado ,ydulzura aliviaba sus fatigas, sin descubrirse jamás, ni decir que conocía, ni de lo que ellos contaban haber tenido noticia, entre otras mil diferentes razones que se decían. Llevados del feliz viento con prosperidad tranquila, - en dos dias ,poco meaos, grangeároa las orillas del Mar ,yáLondres llegaros, dan fondo ,yla orilla pisas, ysolo álos dos Cautivos *. se llevó en su compañía ásu casa, ycon secreto $ ^ encargó que no les digan nada ,que importaba haced» según como lo decía,- ^,\.¿ tan galán ytan dispuesto, étocos causaba embidia: lkgó íPalacio, yle haeeiT el cortejo ásubvenida. Hechos ya, pues, los aplausos, dixo Ricardo ,que había en el nombre de su Alteza, para mas triunfo ásu dicha, dado libertad átodos, que solamente traía un hombre ,yuna muger, " que dixeron que querían ver al Rey de Inglaterra, yen su casa los tenia. Quedó la Reyna con esto en extremo agradecida. Al instante dispusieron el partirse ágrande prisa, údescargar los Bájeles de tedas las mercancías. Hecha ya esta diligencia, Ricardo les notifica álos Cautivos ,que fueran, áPalacio ,si querían ver álas Personas Reales que todos juntos irían. Le obedecen ,ylos tres fueren álas quadras mismas de la Reyna ,yse llegaron en ccasion que saiia Isabela de su sala, ^an bizarra ,ybien prendida, que áno haber salido el Sol, juzgaran que era ella misma, pues la cadena de oro, jila hermosa pedrería dérubies, yesmeraldas les empañaba la vista. Llegó ,yentre las Doncellas óel Sof que en candidez brilla entre los demas Planetas, pues Sol ,yLuna tenia. Atentamente sus Padres la miraban ,pues ya iba la sangre hirviendo en el pecho; que £l corazón pronostica, # yen sobresaltos anuncia óel bien ,óel mal ;regla fija en donde es el parentesco el móvil que los inclina, ypor mas certificarse . con mas cuidado se arriman» En este tiempo Isabela estaba en la duda misma, hasta que su amada madre rompió al decoró las lineas, ysin reparar en nada se llegó ásu propia hija, ybuscóle atentamente una señal que tenia de un lunar en la garganta; luego que se certifica, le echó ios brazos 3I cuello, diciendole :¿Amada hija J estrechamente se abrazan, aunque hablarse no podían: Abrazadas ,en el suelo ... cayeron amortecidas, ypor muertaslas juzgaron, yno fuera maravilla que hubieran muerto, pues vemos* que áveces quita la vida una impensada congoja óuna súbita alegría; t: tnbien su querido Padre sin dar lugar áque opriman lagrimas que por su rostro copiosamente corrían. L h f- *e ver tan raro suceso la Reyna se maravilla, ytodos áun mismo tiempo absortos de loque miran, yya todos informados de tragedia tan no vista, la Reyna le habló áRicardo, diciendo; Ya llegó el dia, en que tus desees tengan fin por obras merecidas, yel dar principio átus bodas, hoy mi intención determina, que estos nobles Españoles aqui en mi Palacio asistan, que ya que han venido áVerme, verán finezas crecidas. No acertaba áresponder Ricardo con la alegría, pensando que se acercaba todo el colmo de sus dichas. Mas la contraria fortuna no paró aqui con sus iras, que hay dichas que no se logran sin pasar por las desdichas. Fué la causa que áeste tiempo Nála Reyna la servia dé'-Camarera una Dama, la quat Señora tenia un hijo de gran valor, un Bernardo en valentía, un Gerinaldo en galan; pues quantas buenas partidas de bondades hay ,le asisten ytodas las comunica. Era Conde, ytambién era de aquellos de roas estima del Rey ,que por muy afable este aplauso merecía. Su propio nombre era Arnesto; vista, ..ficion ,ypotencias en la Deidad peregrina de Isabela ,de tal forma, que en fuego de amor se ardía, yno hallando facultad de hablarla ,verla, úoíría, entre si mismo ásus solas varios conceptos se hacía, que siempre un enamorado anda con frases ,yenigmas; mas viendo que se acercaba la unión de las dos familias, le participó ásu madre el mucho amor que tenia ála Cristiana Española, yque áno lograr tal dicha próximo estaba áquitarse tiranamente la vida al impulso de un cordel, óde una punta ála ira, oque colérico ,yciega violentamente daría áRicardo ,éIsabela la muerte con ignominia, por no ver en otros brazos el bien que adora ,yestima. Suspensa quedó la Madre, al ver lo que se seguían de desdichas, si su hijo tan gran desacierto hacía; que hay hombres de tan malgusto, que aventurando la vida, pierden hacienda ,yhonores por lograr sus rebeldías, ysiempre mas obstinado quanto mas ie persuadía, porque el amor no repara, ni dificulta salidas. Dixole su Madre entonces se detuviese ,que iria ^ hablar gh e% .„ ála Reyna ,mas que iw rezelosa ,por saber, que para el siguiente día se celebraban las bodas. ,Qtiedó coa esta noticia haciéndose mil conceptos por ver si hallaba saida, aunque en algo consolado, porque su Madre tenia mucha mano con la Reyna, yeste consuelo le anima. Habló ála Reyna en efecto diciendole ,como iba úproponerle la causa de los extremos que hacía el Conde por Isabela, yquando pensó que iba por el sf ,lo halló trobado, pues sin rodeos ,ni cifras le respondió que' era tarde para lo que pretendía, porque ya estaba casada, ysu palabra tenia dada al General Ricardo, yque atrás no se volvía-. Con esta resolución quedó mas que nieve fría, temiéndose de decirle al hijo la poca estima que hacían de su persona por su condición altiva; irías como le precisaba, le fué forzoso el decirla: quiso -ccn UiX, n^- —g-- armarada darse muerte. La Madre lo detenia, _ diciehdole ,que no hiciese cosa tan mal parecida, que le daba su palabra, de que no se gozaría Ricardo con Isabela ápesar de quien lo impida. Intentó; en su falso pecho una infame alevosía, yla' crueldad mas enorme, cómo falsa ála divina ley de Dios Soberano, ycon exaltada ira, llenó un vaso de veneno, ycomo cosa de estima, áIsabela por regalo se lo dió en una bebida enredado en sus entrañas por señas de su enemiga; porque no vive el leal mas de los que el traydor cita Yaqui para proseguir los rasgos en esta lira, por no enfadar al oyente con Historia .tan prolixa, Alonso Pablo Morales al Auditorio suplica, que si no les dá molestia, en la tercera partida, si con atención lo escuchan, promete de proseguirla. FIN.