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Conocimiento y actitud del maltrato entre alumnos (Bullying) de los futuros docentes de educación infantil, primaria y secundaria

Benítez, Juan Luis; Fernández, María; Berbén, Ana G.

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ConoCimiento y aCtitud del maltrato entre alumnos (bullying) de los futuros doCentes de eduCaCión infantil, primaria y seCundaria Juan luis Benítez, maría fernández y ana G. Berbén departamento de psicología evolutiva y de la educación facultad de Ciencias de la educación universidad de Granada resumen el objetivo del estudio es analizar los conocimientos y actitudes que poseen los futuros docentes de educación infantil, primaria y secundaria sobre la violencia entre escolares. Centramos la atención en el análisis de las estrategias de afrontamiento del problema preferidas por el futuro profesorado para resolver el problema del maltrato entre iguales. finalmente, analizamos las demandas de formación que sobre el fenómeno estudiado realizan los futuros docentes. la muestra está formada por 373 estudiantes de las diplomaturas de educación infantil y primaria y alumnos del Curso para la obtención del Certificado de aptitud pedagógica. los resultados obtenidos indican que los participantes conocen el problema y sus efectos aunque se hace necesaria mayor información y formación específica para afrontar el fenómeno. demandan formación para trabajar con víctimas, agresores, familias y observadores. del mismo modo, queda patente la necesidad de trabajar para prevenir el problema y no centrarse solamente en paliar sus efectos. Palabras clave: violencia entre iguales, conocimientos, actitudes, profesorado en formación, niveles educativos abstract the main objective of this study is to analyze the knowledge and attitudes of secondary, primary and elemental education training teachers. among different topics we focus our attention on preferred teachers’ coping strategies for tackling bullying. at least, we analyze specific training claimed by the teachers of the future. the sample is formed by 373 students from elementary and primary education Course and to students who are enrolled in a post-graduated course for obtaining the pedagogical aptitude Certificated. the obtained results point out that participants know the bullying problem and its revista de enseñanza universitaria 2005, n.º 26; 71-84 71 J.l. benítez, M. Fernández y A.g. berbén 72 introduCCión en los últimos años, el interés por la violencia escolar en general, y el maltrato o abuso ente compañeros (bullying) en particular, ha ido creciendo y cobrando más fuerza. el abuso entre compañeros forma parte, junto a otros comportamientos, del espectro de conductas violentas dentro de la escuela. así, para que los comportamientos de abuso entre iguales sean catalogados como tales han de cumplir con ciertas condiciones que los distinguen de otros comportamientos violentos: (a) ser intencionales; (b) pretender provocar daños; (c) ser frecuentes y duraderos en el tiempo, y (d) existir un desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima. algunos investigadores prefieren definir el maltrato entre alumnos en términos conductuales, considerando la frecuencia con la que ocurre el comportamiento objetivo o averiguando lo que hace que se mantenga en las relaciones entre iguales (Griffin y Gross, 2004). olweus (1994) habla de abuso entre compañeros cuando un alumno es expuesto, repetida y frecuentemente, a acciones negativas por parte de uno o más compañeros de clase, siendo una acción negativa cuando alguien intencionalmente inflige, o intenta infligir daño a otro. Hay que destacar el criterio de la repetición en el tiempo, ya que como indican Hazler, millar, Carney y Green (2001), son muchos quienes no le dan importancia a esta característica reconociendo como bullying hechos aislados de violencia. los tipos de malos tratos entre compañeros van desde los abusos físicos y verbales hasta los psicológicos, aunque estos últimos junto con la exclusión social son difíciles de reconocer por el profesorado (Hazler y cols., 2001), ya que como indica lahelma (2004) hay una línea casi invisible entre las bromas y los insultos o incluso entre empujar amistosamente y la violencia física. independientemente de los abusos sufridos por las víctimas, los efectos, tanto a largo como a corto plazo, pueden ser incontrolables y de diversa amplitud: depresión, ansiedad, insomnio, falta de concentración, disminución de la autoestima, absentismo escolar, bajo rendimiento escolar, ideas suicidas, suicidio, etc. en este sentido, es de vital importancia que los docentes conozcan y sean conscientes de la extensión del problema y de sus efectos. algunos adultos creen que la violencia entre iguales es una fase normal del desarrollo y que es necesaria para el cambio evolutivo de los alumnos. pensar esto es un grave error; por lo que es necesario hacer que profesores, padres, alumnos y sociedad en general se conciencie de la gravedad del problema (o’moore, 2000). Quizá se pueda pensar que es algo normal dado que la agresividad, con ciertos matices, es natural al ser humano, aunque únicamente cuando se utiliza como mecanismo de defensa, no cuando su objetivo damaging effects but its necessary more information and specific training for facing bullying. they demand training for working with victims bullies, families and bystanders. in the same way, it appears clearly the necessity of working for preventing the problem and not only for palliating its effects. Key Words: bullying, knowledge, attitudes, training teachers, educational levels Conocimiento y actitud del maltrato entre alumnos (bullying)… es causar daño a otra persona sin motivo alguno (anderson y Brushman, 2002). no obstante hay un patrón fijo en el desarrollo de la agresión que nos puede permitir predecir a qué edades es más frecuente un tipo de agresión u otra. el primer momento en el que las agresiones son importantes para los jóvenes tiene lugar en la primera crisis fuerte de la socialización, que se sitúa entre el año y medio y los tres años. el segundo momento coincide con la entrada en la escuela primaria, a los seis años, y con el establecimiento de relaciones interpersonales más continuadas con los iguales. sin embargo, hay autores que omiten estas etapas y afirman que la agresión empieza a darse con más fuerza a partir de los 11 años, siendo éste el momento en el que niño empieza a desarrollar estrategias agresivas. finalmente, durante la adolescencia, disminuyen las formas de agresión física, mientras que aumentan las verbales y sociales (Bjorkqvist, osterman y Kaukiainen, 1992). es importante incluir en los programas de educación del profesorado los aspectos que conciernen a la evolución de la agresión, con el fin de que puedan detectar sin dificultad los actos agresivos de cualquier tipo (Craig, 2000). es necesario prepararse y poner fin a esta situación entre todos, y un papel esencial es el que juega el profesorado. por esta razón, se han realizado estudios con el objetivo de conocer si los docentes son capaces de diagnosticar e intervenir los malos tratos entre alumnos. o’moore y Hillery (1991) señalan que el profesorado sólo es capaz de detectar a uno de cada cuatro agresores presentes en el aula. en la misma línea, Craig, Henderson y murphy (2000) indican que la intervención de los profesores es poco frecuente e inconsistente y son percibidos por los alumnos como poco capaces de hacer frente al bullying. estos resultados nos señalan que para que un profesor intervenga adecuadamente debe, en primera instancia, aprender a reconocer el problema. a la hora de realizar programas de intervención con profesorado esto es algo que no se debe olvidar, puesto que lo que el profesor observa y ve, en clase o en los recreos, va formando su idea sobre lo que sucede, sirviéndole de base para tomar las medidas que crea necesarias (Craig, 2000) y aplicar las estrategias que considere convenientes, aunque sin olvidar que ni siquiera los años de experiencia docente son significativos a la hora de intervenir de una forma adecuada sobre el bullying (yoon, 2004). por otra parte, hay que considerar que los alumnos tienen más confianza en sus amigos y en sus padres que en los profesores a la hora de comunicar su situación, sobre todo cuanto mayores son (Houndoumadi y pateraki, 2001). tanto es así, que uno de cada tres estudiantes de eso afirma que “nunca pediría ayuda a sus profesores si sufre situaciones de violencia” (aBC, 2004), siendo esto un obstáculo para el diagnóstico de casos de abuso entre iguales. además del profesorado, no hay que olvidar el papel que puede desempeñar la familia. según Galardi y ugarte (2005), las familias muy permisivas y con escasas normas, pocas muestras de cariño y en las que es común el castigo físico o emocional son propias de los agresores, mientras que a las familias de las víctimas se le atribuyen otros rasgos como la sobreprotección o la ansiedad paterna. el profesor debe conocer los rasgos de ambas familias para que al 73 J.l. benítez, M. Fernández y A.g. berbén está en disposición de opositar al cuerpo de funcionarios docentes en los próximos años ya que o bien han terminado estudios de segundo ciclo, o bien están en el último curso de estudios de primer ciclo. el total de participantes es de 373 alumnos: 169 alumnos del Curso para la obtención del Certificado de aptitud pedagógica (Cap) (45,3%); 94 alumnos de tercer curso de la especialidad de maestro en educación primaria (25,2%); y 110 alumnos de tercer curso de la especialidad de maestro en educación infantil (29,5%). en la muestra hay 113 (30,3%) hombres y 260 (69,7%) mujeres. la edad media de los participantes se sitúa entre los 24 y 25 años con un rango entre los 20 y los 50 años. instrumento el instrumento utilizado fue el Cuestionario sobre el Maltrato entre iguales en 74 trabajar conjuntamente padres y profesores se obtengan resultados óptimos. por todo esto es de suma importancia tratar estos aspectos con los futuros docentes, y la mejor manera de comenzar es conocer lo que saben, con qué estrategias afrontarían el problema, qué importancia otorgan a la familia…, y así, de este modo, trabajar con ellos los puntos débiles y afianzar lo que ya sepan. Como dijo olweus (1991), hay una relación inversa entre la supervisión de los profesores y el bullying: cuanto más aumente la supervisión, menos casos de violencia se darán en las aulas. método participantes la muestra (tabla 1) está compuesta por alumnado de la universidad de Granada que tabla 1. muestra de participantes, sexo y nivel educativo de especialización. nivel educativo de especialización Total ESO EP Ei sexo Hombre n 75 32 6 113 % sexo 66,4% 28,3% 5,3% 100,0% % nivel 44,4% 34,0% 5,5% 30,3% % del total 20,1% 8,6% 1,6% 30,3% mujer n 94 62 104 260 % sexo 36,2% 23,8% 40,0% 100,0% % nivel 55,6% 66,0% 94,5% 69,7% % del total 25,2% 16,6% 27,9% 69,7% total n 169 94 110 373 % sexo 45,3% 25,2% 29,5% 100,0% % nivel 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% % del total 45,3% 25,2% 29,5% 100,0% Conocimiento y actitud del maltrato entre alumnos (bullying)… de maltrato entre iguales, ya que la primera pregunta consistía en definirlo; a posteriori y conforme iban avanzando, el cuestionario exponía las características del fenómeno. los resultados se obtuvieron realizando los análisis estadísticos descriptivos anoVa y manoVa, con el statistical package for the social sciences (spss) versión 12.0.1. resultados identificación de víctimas y agresores uno de los primeros aspectos interesantes surge al analizar las respuestas a los ítems relacionados con la identificación de víctimas y agresores. a los participantes se les preguntó sobre el porcentaje de víctimas y agresores que creían existían en los colegios, el sexo predominante en ambos colectivos y, finalmente, sobre la comunicación entre el profesorado y víctimas y agresores. en la tabla 2 se muestran las percepciones de los estudiantes sobre estos aspectos. los participantes estiman que el porcentaje de agresores es del 27,21% y que un 61,22% de ellos son varones. en el caso de las víctimas creen que existe un 34,96% de víctimas y que éstas pueden ser tanto niños (44,76%) como niñas (56,24%). en relación a la comunicación del acoso, creen que las víctimas comunican más su situación que los agresores (21,97 frente a 7,79%). en relación a la identificación de agresores, y analizando las respuestas en función del sexo del participante, encontramos diferencias estadísticas significativas (f[1] = 5.524, p < 0,05), dado que las mujeres estiman mayores porcentajes de agresores (28,78%) que los hombres (23,63%). 75 la Escuela (nicolaides, toda y smith, 2002), traducido y adaptado para esta investigación. los datos obtenidos son muy diversos, presentando información sobre cuatro aspectos concretos de la investigación: características del problema (de víctimas, agresores y observadores), estrategias de afrontamiento del abuso entre compañeros, creencias sobre la importancia de la violencia escolar y valoración de los contenidos de formación de un docente en este tema. estos aspectos se engloban en 45 ítems, los cuales forman 15 preguntas de diferente contenido. de la 1 a la 7 se recopila información descriptiva, preguntándole al sujeto por su experiencia previa en la violencia escolar. a continuación, aparecen preguntas destinadas a recopilar información acerca de los agentes implicados: agresores (pregunta 8), víctimas (pregunta 9) y observadores (pregunta 10). la pregunta 11 recoge información sobre las estrategias de afrontamiento preferidas por el profesorado en formación; la 13 y 14 sobre las creencias previas del profesorado acerca del problema; y por último, la pregunta 15 analiza la valoración de los contenidos de formación por parte de los futuros docentes. procedimiento los alumnos del Cap, de educación infantil y de educación primaria, de diversos grupos, cumplimentaron el cuestionario en el segundo cuatrimestre del curso académico 2004-2005. la administración se realizó de forma grupal y en horario lectivo. el tiempo efectivo de aplicación fue de treinta minutos. antes de comenzar a contestar el cuestionario se explicó a los alumnos los objetivos de la investigación haciendo énfasis en la confidencialidad de los datos. no se proporcionó verbalmente la definición J.l. benítez, M. Fernández y A.g. berbén por su parte, los hombres creen que hay más agresores de sexo masculino (69,65%) que las mujeres (57,55%) siendo estas diferencias estadísticamente significativas (f[1] = 14.993, p < 0,001). también existen diferencias significativas en función del nivel educativo en el que impartirán docencia los participantes. los futuros docentes de educación infantil señalan índices más altos de agresores (35,28%) que sus colegas de educación primaria (26,76%) y de educación secundaria (22,38%), resultando estas diferencias entre educación infantil y el resto estadísticamente significativas (prueba de Bonferroni; p < 0,01 en ambos casos). las diferencias estadísticas en función del nivel educativo también aparecen cuando se estima el porcentaje de agresores que comunican su situación. en este caso, los futuros docentes de secundaria señalan valores más bajos (5,37%) que sus colegas de primaria (9,53%) e infantil (9,86%) (prueba de Bonferroni; p < 0,01 en ambos casos). en cuanto a las estimaciones realizadas por los participantes en relación al colectivo de víctimas encontramos diferencias en función del sexo y nivel de especialización del encuestado. así, los hombres señalan mayor porcentaje de víctimas de sexo masculino (54,16%) que las mujeres (40,64%) siendo significativa tal diferencia (f[1] = 25.690; p = 0,000). del mismo modo, son los hombres (25,09%) en comparación con las mujeres (20,62%) quienes señalan mayor comunicación por parte de las víctimas (f[1] = 5.072; p < 0,05). en relación a los porcentajes de víctimas estimados correctamente, los futuros docentes de educación secundaria estiman más correctamente (11,2%) que sus colegas de educación primaria (3,3%) (prueba de Bonferroni; p = 0,000) y que los de educación infantil (2,2%) (prueba de Bonferroni; p = 0,001). evolución del fenómeno en función de la edad otro conjunto de resultados resulta del análisis de la evolución del problema en agresores y víctimas en función del aumento de la edad (fig. 1). un tercio de los encuestados no ve relación entre el aumento de la edad y el hecho de ser víctima o agresor. sin embargo, para el resto la influencia de la edad es diferente según hablemos de víctimas y agresores. los participantes señalan que con el aumento de la edad es más probable que el agresor siga siéndolo (33,8%) que deje de serlo (28,2%). sin embargo, en el caso de las víctimas, el 46,0% de los futuros docentes afirma que es menos probable que las víctimas sigan siendo víctimas conforme crecen, frente a un 16,7% que afirma lo contrario. 76 tabla 2. agentes implicados, sexo y comunicación. % Estimado % Estimado agresores en los centros 27,21 Víctimas en los Centros 34,96 agresores Varones 61,22 Víctimas Varones 44,76 agresores que comunican su situación 7,79 Víctimas que comunican su situación 21,97 Conocimiento y actitud del maltrato entre alumnos (bullying)… 77 Figura 1. Aumento de la edad y mantenimiento de roles. 50 40 30 20 10 0 No hay relación Pérdida del rol Mantenimiento del rol 46,0 Agresores Víctimas 33,8 16,7 28,2 35,8 33,8 según los futuros docentes (0 = nunca, 1 = a veces, 2 = siempre). el patrón de respuestas obtenidas para las víctimas es opuesto al de los agresores; las más frecuentes para los agresores son las meCaracterísticas del hogar familiar de víctimas y agresores en la figura 2 presentamos las características familiares de víctimas y agresores 0 1 2 Disciplina Inconsistente Relaciones Distantes Abuso emocional/físico Castigo Físico Sobreprotección Hogar normal Rel. Personales Positivas 1,5 0,5 1,41 1,4 1,36 1,31 1,57 0,75 1,09 0,93 0,58 0,8 1,26 0,76 1,05 0,44 AGRESORES VÍCTIMAS Figura 2. Características familiares de víctimas y agresores. J.l. benítez, M. Fernández y A.g. berbén nos frecuentes en el caso de las víctimas. el hogar del agresor se caracteriza por una disciplina inconsistente (X = 1,41; σX = 0,57), relaciones interpersonales distantes (X = 1,40; σX = 0,61), existencia de abusos físicos y/o emocionales (X = 1,36; σX = 0,56), uso del castigo físico (X = 1,31; σX = 0,55) y ausencia de relaciones interpersonales positivas (X = 0,44; σX = 0,54). sólo encontramos diferencias estadísticas significativas en relación a las relaciones interpersonales distantes como característica del entorno familiar del agresor que es más señalada por las mujeres (f[1] = 11.797; p < 0,005) y por el colectivo de educación secundaria en comparación con sus colegas de educación infantil (prueba de Bonferroni; p < 0,05). en relación a las características del hogar de las víctimas, las más sobresalientes son la sobreprotección (X = 1,57; σX = 0,56), y, en menor medida, las relaciones personales distantes (X = 1,09; σX = 0,57), aunque la percepción general de los participantes es que las víctimas pertenecen a hogares normales (X = 1,26; σX = 0,57) con relaciones personales positivas (X = 1,05; σX = 0,58). de nuevo, no encontramos diferencias significativas ni en función del sexo ni del nivel de especialización. Creencias sobre el maltrato entre iguales en el estudio de las creencias previas de los participantes, éstos mostraban su grado de acuerdo sobre diez creencias presentes entre el profesorado en activo a través de una escala de valoración en la que 1 = en desacuerdo, 2 = sin opinión y 3 = de acuerdo. el análisis de los resultados muestra que la mayoría de los participantes se enfada cuando los alumnos son agredidos (X = 2,85; σX = 0,49). del mismo modo, la mayor parte muestra su desacuerdo hacia afirmaciones tales como que las víctimas merecen lo que les pasa (X = 1,12; σX = 0,46), que deben afrontarlo solas (X = 1,12; σX = 0,42), que la agresión es algo normal y natural (X = 1,27; σX = 0,59), o que ser agredido ayuda a forjar la personalidad (X = 1,33; σX = 0,68). los resultados del manoVa indican diferencias significativas cuando hacemos la intersección de sexo y nivel educativo con respecto a la siguiente creencia sobre el bullying: ser agredido ayuda a forjar la personalidad (f[2] = 3.557; p < 0,05). son los hombres (f[1] = 6.160; p < 0,05), independientemente del nivel educativo quienes más presentan esta creencia. también son ellos quienes opinan en mayor medida que la agresión es algo normal y natural (f[1] = 11.829; p < 0,05]. estrategias que recomendarían para afrontar el maltrato entre iguales los futuros docentes, en primer lugar, recomendarían a su alumnado comunicar la situación a padres, amigos y profesorado. un segundo conjunto de recomendaciones se relaciona con el enfrentamiento directo con el agresor, bien diciéndole que pare o bien defendiéndose. por último, recomendarían acciones tales como alejarse tranquilamente, huir o escapar, ignorar la situación, llorar, y por último, aguantar y resistir (tabla 3). analizando las respuestas en función del sexo de los participantes observamos que las mujeres aconsejan, más que los hombres, la adopción de medidas de enfrentamiento 78 Conocimiento y actitud del maltrato entre alumnos (bullying)… positivo: decir a los agresores que paren (f[1] = 14.173; p = 0,000); contárselo a los padres (f[1] = 17.979; p = 0,000); contárselo al profesor (f[1] = 37.045; p = 0,00) y pedir ayuda a un amigo (f[1] = 8.139; p < 0,001). en el caso de los hombres, éstos valoran más que sus colegas mujeres la opción de aguantar y resistir (f[1] = 24.855; p = 0,000]. 79 tabla 3. estrategias que aconsejarían los futuros docentes. 0 = nunca, 1 = a veces y 2 = siempre X sX Contárselo a los padres 1,87 0,38 pedir ayuda a los amigos 1,86 0,39 Contárselo a un profesor 1,85 0,40 decir a los agresores que paren 1,63 0,61 defenderse 1,41 0,59 alejarse tranquilamente 1,27 0,65 Huir / escapar 0,68 0,64 ignorar la situación 0,61 0,78 llorar 0,46 0,59 aguantar y resistir 0,45 0,66 los resultados del manoVa indican diferencias significativas cuando hacemos la intersección de sexo y nivel educativo con respecto a dos estrategias de afrontamiento: pedir ayuda a un profesor (f[2] = 3.936; p < 0,05) y pedir ayuda a los amigos (f[2] = 3.213; p < 0,05). son las mujeres independientemente del nivel educativo quienes más recomiendan estas estrategias en comparación con los hombres. demandas de formación por último analizamos los datos obtenidos de los participantes con respecto a las demandas de formación que creen necesarias para poder afrontar el problema. Consideran prioritaria la formación que les capacite para trabajar con las víctimas, con los agresores y con el alumnado en general. también consideran importante ser formados para poder trabajar con los padres de víctimas y agresores. en último lugar, los participantes demandan formación para el diagnóstico del fenómeno así como para la intervención preventiva del profesorado y del alumnado (tabla 4). Figura 3. Diferencias en las estrategias recomendadas y sexo. 0 1 2 Aguantar y resistir Pedir agresores que paren Contar a los padres Contar al profesor Pedir ayuda a ami g os 1,5 0,5 hombre mujer