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Alfonso X y sus relaciones con el Emirato granadino: política y guerra

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Alfonso X y sus relaciones con el Emirato granadino: política y guerra

Author: García Fitz, Francisco
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2005
Source: https://idus.us.es/bitstreams/3b816456-7f9e-48dd-b22d-bf3bb3b1e09d/download
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IV SEMANA DE ESTUDIOS AL ONSÍES
Al onso X y sus elaciones con el
Emi a o g anadino: polí ica y gue a
F ancisco Ga cía Fi z
Uni e sidad de Ex emadu a
Una mi ada de conjun o sob e las elaciones polí icas y mili a es habidas
en e el eino de Cas illa y el sul ana o naza í de G anada du an e el einado
de Al onso X, pe mi e ap ecia a p ime a is a un pe il queb ado que mues a
dos ases ní idamen e di e enciadas po los sucesos de 1264. Cie amen e, los
especialis as han sub ayado en di e sas ocasiones la ascendencia que la ebelión
de los mudéja es de Andalucía y Mu cia, así como la gue a cas ellano-naza í
lib ada con al mo i o, u o en el escena io poblacional, económico y social de
las ie as en las que se desa olla on dichos episodios, pe o quizás no se ha des-
acado lo su icien e el impac o que es os sucesos u ie on sob e las elaciones
en e es os dos einos peninsula es.
Sin é icamen e, puede a i ma se que desde el acceso al ono de Al on-
so X, en 1252, has a aquella a ídica echa, los con ac os ue on apa en emen e
co diales, ca ac e izados incluso po el signo de la colabo ación iel en e un
seño –Cas illa– y su asallo –G anada–. No obs an e, con iene señala desde el
p incipio es a noción de “apa iencia”, po que como e emos en es a época ci -
culaban ya co ien es sub e áneas muy u bias que es aban llamadas a con ami-
na la si uación en el momen o en que u ie an opo unidad de a lo a . En odo
caso, a pa i de 1264, como consecuencia de la indicada e uel a mudéja , de la
pa icipación naza í en la conspi ación y del desencadenamien o de la p ime a
gue a abie a en e Cas illa y el eino de G anada, aquellas elaciones expe i-
men a on un gi o adical, de mane a que, a pa i de en onces y has a la mue e
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de Al onso X ein e años más a de, su ca iz esul a á mucho más ag io, ma cado
po el en en amien o, el esen imien o, la descon ianza, el miedo y la iolencia.
Como puede supone se a pa i de lo indicado, ampoco esul a posible
pe cibi la ayec o ia de es as elaciones bajo un hilo conduc o único, y no
solo po el d amá ico cambio de escena io que se p odujo en 1264, sino am-
bién po que, a lo la go de los ein a y dos años de einado de Al onso X, aquella
ayec o ia se e ía además in e e ida y p o undamen e a ec ada po algunos
p oblemas in e nos de ambos einos y po p esiones ex e nas –ex apeninsula-
es– que de e mina on, en más de una ocasión, el cauce de la misma. Al análisis
de es e pano ama cambian e y complejo dedica emos las siguien es páginas1.
El es udio de las elaciones polí icas es ablecidas en e la co e cas ellano-
leonesa y la naza í en iempos de Al onso X necesa iamen e nos obliga a plan ea
dos cues iones p e ias que es án es echamen e in e elacionadas, pe o que no
son idén icas: de un lado, el es ado de los con ac os exis en es, en los momen os
inmedia amen e an e io es al acceso al pode del Rey Sabio, en e el eino de
Cas illa-León, las comunidades musulmanas some idas –los mudéja es– y los
1 Las elaciones en e Cas illa y G anada en iempos de Al onso X han ecibido la a ención de
di e sos au o es que se han ace cado a la biog a ía del mona ca, al es udio del eino naza í o al
análisis de las in asiones me iníes. Pa a no ei e a e e encias a es as ob as a lo la go del ex o, nos
pe mi imos ecoge aquí aquellas que c eemos que pueden se i al lec o pa a con ex ualiza
los enómenos sob e los que e lexionamos en es as páginas: A. Balles e os Be e a, Al onso X,
el Sabio, Ba celona, 1963, 258-262, 272-284, 325-332, 362-403, 405-407, 434-435, 490-682.
740-769, 827-835, 866-869, 885-889, 895-905, 912-917, 941-943, 981-983, 987-992, 1020-
1022; M.Á. Lade o Quesada, G anada. His o ia de un país islámico (1232-1571), Mad id, 1979,
2ª ed. e isada, 103-112; C. de Ayala Ma ínez, Di ec ices undamen ales de la polí ica peninsula
de Al onso X (Relaciones cas ellano-a agonesas de 1252 a 1263), Mad id, 1986, 36-41, 79-84 y 264-
282; M.Á. Lade o Quedasa, “Cas illa, Gib al a y Be be ía (1252-1516)”, I Cong eso In e nacional
«El Es echo de Gib al a »”, Mad id, 1988, 37-64; F. Ga cía Fi z, “Los acon ecimien os polí ico-
mili a es de la on e a en el úl imo cua o del siglo XIII”, Re is a de His o ia Mili a , 64, 1988,
9-71; R. A ié, L’Espagne Musulmane au emps des Nas ides (1232-1492), Pa ís, 1990, 61-75; M.Á.
Manzano Rod íguez, La in e ención de los benime ines en la Península Ibé ica, Mad id, 1992, 3-
157; B. Rosenbe ge , “El p oblema del Es echo a ines de la Edad Media”, Ac as del II Cong eso
de His o ia de Andalucía. Andalucía Medie al, I, Có doba, 1994, 255-266; M. González Jiménez,
“Andalucía, G anada y el Es echo de Gib al a en iempos de Al onso X”, Ac as del II Cong eso
In e nacional «El Es echo de Gib al a »”, Mad id, 1995, omo III, 3-25; J. F. O’Callaghan, El Rey
Sabio. El einado de Al onso X de Cas illa, Se illa, 1996, 207-234, 240-242, 261-275, 281-284, 292,
295-298, 304-305, 314-316; F. Vidal Cas o, “His o ia Polí ica” en His o ia de España Menéndez
Pidal. Tomo VIII-III: El eino naza í de G anada (1232-1492). Polí ica, Ins i uciones, Espacio y Eco-
nomía, coo d. M.J. Vigue a, Mad id, 2000, 87-97; F. Ga cía Fi z, Relaciones polí icas y gue a. La
expe iencia cas ellano-leonesa en e al Islam. Siglos XI-XIII, Se illa, 2002, 190-242; M. González
Jiménez, Al onso X el Sabio, Ba celona, 2004, 46-47, 107-111, 136-152, 163-187, 228-230, 236-
272, 295-306, 322-324, 332-337, 361-362.
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einos islámicos que subsis ie on al g an a ance e i o ial p o agonizado po
Fe nando III; de o o, y de mane a más especí ica, la si uación de las elaciones
en e Cas illa-León y el eino de G anada du an e los años que p ecedie on al
gobie no al onsí. C eemos que Al onso X no ha á, al menos en los años iniciales
de su einado, sino ges iona el s a u quo he edado de iempos de su pad e, así
que pa a comp ende las ac uaciones de la co e cas ellana en es e e eno, ine-
i ablemen e hemos de e o ae nos a la úl ima e apa del einado e nandino a
in de es ablece el pun o del que hab ía de pa i su hijo.
T as asis i a dos décadas y media –las que anscu en en e 1224 y 1248–
de gue a casi con inua en las on e as me idionales, de impa able expansión
e i o ial y mili a cas ellana, y de ines abilidad e insegu idad gene alizadas en
al-Andalus, as más de ein e años que con empla on la c isis, agmen ación
y desapa ición del impe io almohade en la Península, el nacimien o y hundi-
mien o e iginoso de algunos pode es andalusíes –como el de Ibn Hud–, la
adical ans o mación, po la ía de la ue za, del mapa polí ico en el su y el
some imien o a Cas illa-León de buena pa e del Islam peninsula , los úl imos
años del einado de Fe nando III, especialmen e después de la esolución del
ce co de Se illa en 1248, pa ecen mos a un sosiego que esul a insóli o en el
con ulso con ex o del cua o de siglo p eceden e.
Apa en emen e, se había llegado a una si uación de es abilidad en las
on e as: de una pa e, en las ie as conquis adas, g andes masas de población
islámica, an o en Mu cia como en el alle del Guadalqui i , habían quedado
in eg adas bajo el dominio cas ellano-leonés, pe o al ampa o de unas capi u-
laciones ela i amen e gene osas que les pe mi ían el man enimien o de sus
bienes pa imoniales, de su eligión, de su iscalidad, de sus usos y cos umb es
adicionales, e incluso de sus au o idades locales2. De o o lado, odos los
pode es polí icos islámicos econocibles que había sob e i ido a la “ma ea
e nandina” –desde el eino de Niebla y el pequeño núcleo de Tejada en el
Alja a e, has a di e sas en idades insu icien emen e conocidas al su de Se illa
y en el alle del Guadale e, como Je ez, Leb ija o A cos, pasando po supues o
po el sul ana o naza í de G anada–, se encon aban, después de 1248, some i-
dos a Fe nando III median e ínculos asallá icos, ibu a ios, o una combina-
ción de ambos. Como el miedo llega donde no alcanzan las espadas, ambién
es posible que la in luencia polí ica de Cas illa-León se ex endie a incluso
has a la cos a no ea icana, pues exis e cons ancia documen al de que as la
2 Véase, po ejemplo, M. González Jiménez, “Los mudéja es andaluces (ss. XIII-XV)”, Ac as del V
Coloquio In e nacional de His o ia Medie al de Andalucía: Andalucía en e O ien e y Occiden e (1236-
1492), Có doba, 1988, 539-544.
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conquis a de Se illa y an es de 1253 los ceu íes pagaban igualmen e ibu os
al mona ca cas ellano3.
Así pues, después de an os años de con lic i idad bélica y una ez inco -
po ado el alle del Guadalqui i , pa ecía habe se llegado a una si uación de
p edominio acep able pa a Cas illa-León: oda la España islámica que le co es-
pondía po los di e sos a ados de epa o es ablecidos en años an e io es con
o as mona quías c is ianas peninsula es, se encon aba aho a, en palab as de la
P ime a C ónica Gene al, bajo “su seño ío” 4.
Sin emba go, esul a cuan o menos dudoso que es e ma co de elacio-
nes ue a conside ado de ini i o po la mona quía cas ellano-leonesa: si bien es
cie o que después de la conquis a de Se illa no hubo más ope aciones mili-
a es con a el Islam peninsula y que no enemos no icia de que se iola an
las capi ulaciones, lo cie o que en di e sas ocasiones, en e 1248 y 1252, Fe -
nando III hizo concesiones a a ias ins i uciones y pe sonas de e i o ios que
oda ía es aban bajo dominio de sus ecinos musulmanes –así en Niebla, Je ez
o G anada, en e o os–, donaciones cuya ma e ialización se e asaba has a el
momen o en que uesen conquis adas5. Resul a casi ine i able pensa , pues, que
el ey de Cas illa-León enía la in ención de con inua a medio o a la go plazo
la expansión de su dominio a cos a de odos los einos islámicos colindan es,
desde G anada a Niebla, pasando po Je ez, cuyos e i o ios pa ecen se consi-
de ados como una especie de bo ín de epa o di e ido.
Po o a pa e, si el conocido es amen o polí ico de Fe nando III, eco-
gido en la P ime a C ónica Gene al y exp esado en su lecho de mue e a su
hijo y suceso , e leja ealmen e su mane a de en ende las elaciones con los
musulmanes de al-Andalus, en onces hab á que econoce que, al menos en el
p oyec o de u u o ideal que concebía pa a su p opio eino, el Islam peninsula
es aba condenado a desapa ece . Es e dad que en aquella ocasión, al en en-
de que dejaba a su hijo como “seño ” de odas las ie as que en su momen o
los islami as le habían a eba ado al ey Rod igo –una pa e conquis ada, o a
3 Sob e la posible ibu ación de Ceu a éase J.M. Rod íguez Ga cía, “La ma ina al onsí al asal o
de Á ica (1240-1280). Conside aciones es a égicas e his o ia”, Re is a de His o ia Na al, 85,
2004, 46. El documen o ci ado lo aduce y comen a M.C. Mosque a Me ino, Ceu a en el siglo
XIII (His o ia polí ica y económica), Mad id, 1993, 258-267. No obs an e, M. Che i ha mos ado sus
dudas sob e las in o maciones con enidas en el ci ado documen o, M. Che i , Ceu a aux époques
almohade e mé inide, Pa ís, 1996, 43-44, y Rosenbe ge p opone e asa su da a has a 1260, B.
Rosenbe ge , “El p oblema del Es echo a ines de la Edad Media”, 258-259.
4 P ime a C ónica Gene al, ed. R. Menéndez Pidal, Mad id, 1977, cap. 1132, 772 [En adelan e PCG].
5 Véanse di e sos ejemplos en J. González, Reinado y diplomas de Fe nando III, Vol. III, Có doba,
1986, docs. 762, 834 y 839, Diploma a io Andaluz de Al onso X, Ed. M. González Jiménez, Se illa,
1991, doc. 15 [en adelan e DAAX] y PCG, cap. 1123.
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simplemen e some ida a ibu ación, pe o al in y al cabo bajo su seño ío–,
pa ecía exp esa un acep able g ado de con o midad con la si uación que se
había alcanzado a mediados del siglo XIII. Pe o no es menos cie o que de es e
mismo es imonio se deduce una in i ación a su he ede o pa a al e a aquel
es ado de cosas, po cuan o que ambién le ad e ía que si log aba man ene
dicho s a u quo en los mismos é minos se ía an bueno como él, pe o que se ía
mejo mona ca si conseguía gana más y, consiguien emen e, si lo queb aba en
bene icio p opio y pe juicio islámico6. De nue o, pues, cabe deduci que el
edi icio polí ico e nandino, en elación con los musulmanes peninsula es, no
es aba pensado pa a pe du a inde inidamen e.
De odas o mas, ue an cuales ue an los planes de Fe nando III espec o
al u u o de las elaciones de Cas illa-León con el Islam peninsula , hay que
econoce no obs an e que no hay ningún indicio, du an e los úl imos años de
su einado, que mues en una in ención eal de acaba con la es abilidad que
se había alcanzado. An es al con a io, las uen es sugie en que la colabo ación
en e el ey de Cas illa y sus asallos musulmanes uncionó de mane a adecuada.
En es e sen ido, las elaciones con el eino naza í de G anada esul an pa a-
digmá icas: desde que en 1246, median e el llamado “pac o de Jaén”, el ey de
G anada se había a enido a paga anualmen e pa ias a Cas illa, le había ju ado
plei esía, se había con e ido en su asallo y, en consecuencia, se había comp o-
me ido a cumpli las obligaciones eudo- asallá icas del consilium –a a és de la
asis encia a co es– y del auxilium –a a és de la asis encia mili a –, las elacio-
nes en e ambos einos se habían ajus ado pe ec amen e a es e ma co seño ial.
Cab ía eco da que Muhammad I ac uó desde en onces como un buen asallo
y que la idelidad hacia su seño se puso de mani ies o en epe idas ocasiones
en el e eno bélico, como demues a la p esencia de opas g anadinas en las
campañas con a Ca mona o en las conquis as de Alcalá de Guadai a y Se illa.
Los “g andes llan os” que, según la P ime a C ónica Gene al, el ey de G anada
mandó hace po odo su eino al en e a se de la mue e de su seño end ían
a simboliza , si no necesa iamen e el a ec o pe sonal, al menos el espe o que el
asallo mos aba a su seño 7.
6 “Seño e dexo de oda la ie a de la ma aca, que los mo os del ey Rod igo de Espanna ganado ouie on;
e en u senno io inca oda: la na conque ida, la o a ibu ada. Sy la en es e es ado en que e la yo dexo la
sopie es gua da , e es an buen ey commo yo; e sy gana es po i mas, e es meio que yo; e si des o menguas,
non e es an bueno commo yo”, PCG, cap. 1132, 772. Una e lexión más amplia sob e el signi icado
polí ico de la p opues a e nandina en F. Ga cía Fi z, “¿Una España musulmana, some ida y ibu-
a ia? La España que no ue”, His o ia. Ins i uciones. Documen os, 31, 2004, 227-248.
7 PCG, caps. 1070 y 1072; Ibn Khaldoun, His oi e des Be bè es e des Dyna ies Musulmanes de
L’A ique Sep en ionale, Pa ís, 1969, II, 322 [en adelan e : His oi e des Be bè es]; C ónica del ey Don

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Tal e a la he encia polí ica que, en elación con el Islam peninsula en
gene al y con el eino naza í en pa icula , ecibía y end ía que ges iona
Al onso X al accede al pode en mayo de 1252: una si uación es able en el
p esen e, pe o suscep ible de al e ación en los planes de u u o.
No es ácil sabe si Al onso X enía ese ado, a p io i, algún p oyec o pa a
sus súbdi os mudéja es de la Andalucía bé ica y de Mu cia o pa a sus asallos,
los gobe nan es islámicos de G anada, Niebla, Je ez u o as localidades meno es,
pe o si ealmen e las Can igas de San a Ma ía e lejan las c eencias, opiniones y
aspi aciones pe sonales del ey de Cas illa, se puede pensa , a endiendo a sus p o-
pias con esiones, que sus deseos pasaban po des ui a los musulmanes an o del
no e de Á ica como de España, donde aquellos enían o zadamen e unos e i-
o ios que, a juicio del mona ca, en absolu o les pe enecían. P ecisamen e es a
e a una de las pe iciones que le hacía a la Vi gen como gala dón po los can a es
que le había dedicado: que le die a pode y ue za pa a acaba con los “mou os”,
que in e cedie a an e su Hijo pa a que le concedie a ida su icien e pa a desalo-
ja a Sus enemigos de aquellas ie as que e enían con a odo de echo. Po su
cla idad, me ece la pena ep oduci la pa e del ex o a la que aludimos, donde le
pide a San a Ma ía que le ogase a Dios po el pe dón de sus pecados
“e que en es e mundo | quei a que os enc eus
mou os des uy possa, | que son dos Filis eus,
com’ a seus eemigos | des uyu Machabeus
. . .
e que con a os mou os, | que e a d’Ul ama
e een e en Espanna | g an pa ’ a meu pesa ,
me dé pode e o ça | pe a os en dei a .
Ou os ogos sen es es | e que ’ o a aze :
que ogues a eu Fillo | que me aça i e ,
pe que se i-lo possa, | e que me dé pode
con a seus eemigos | e lles aça pe de
o que een o çado, | que non de en a e ”8.
Al onso el Onceno, Mad id, 1953, cap. LI. Sob e los “llan os” g anadinos, PCG, ca 1134. Sob e el
signi icado del pac o de Jaén éase F. Ga cía Fi z, Relaciones polí icas y gue a, 187-189, así como
A. Ga cía Sanjuán, “Conside aciones sob e el pac o de Jaén de 1246”, en M. González Jiménez
(Coo d.), Se illa 1248. Cong eso In e nacional Conmemo a i o del 750 Ani e sa io de la Conquis a de
la Ciudad de Se illa po Fe nando III, ey de Cas illa y León, Se illa, 2000, 715-722, y las e e encias
bibliog á icas allí ecogidas.
8 Al onso X: Can igas de San a Ma ía, ed. W. Me mann, Mad id, 1989, Can iga 401.
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Si, como sos ienen los especialis as, es a Can iga se ía pa a ce a la
se ie de las cien p ime as y, po an o, su edacción o iginal puede echa se
en e 1257 y 1265, es a íamos c udamen e an e los emp anos planes al onsinos
sob e el Islam occiden al en gene al, y sob e el de al-Andalus en pa icula , y
ello en un momen o en el que, quizás, las elaciones en e Cas illa y G anada
no habían llegado a ag ia se como lo ha ían en adelan e9.
En odo caso, como uego a la Vi gen que e a, aquella “pi içon” ecogida
en la Can iga 401 no pasaba de se la exp esión ín ima de un deseo, pe o la eali-
dad polí ica enía su p opio peso y, de momen o, al accede al pode , un mínimo
sen ido de la p udencia imponía a Al onso X cie a con inuidad con las ac ua-
ciones de su pad e: no deja de se signi ica i o, a es e espec o, que la p ime a
decisión que la C ónica de Al onso X le a ibuye al mona ca ecién p oclamado en
Se illa ue a p ecisamen e la eno ación inmedia a del asallaje naza í y del i-
bu o que pagaba es e eino: “E es e ey don Alonso en el comienço de su einado [se
a i ma en aquella uen e] i mó po iempo çie o las pos u as e a enençias que el ey
don Fe nando su pad e a ía pues o con el ey de G anada e que le diesen pa ias”. Desde
luego, el ey de G anada apa ece ya a mediados de 1252 en e los con i man es
de los p i ilegios al onsinos como “uassallo del ey”. Lo mismo pa ece que hizo
espec o a o os pode es islámicos que e an ibu a ios en iempos de su pad e,
como el eino de Niebla, cuyo mona ca ambién se encuen a con i mando
como asallo del nue o ey cas ellano al menos a pa i de eb e o de 125310.
Po lo que espec a a las elaciones con G anada, que como imos enía
ac uando desde 1246 con idelidad a su seño cas ellano, odo pa ece indica que
aquella si uación se man u o sin cambios du an e los p ime os años del einado
de Al onso X. De hecho, en 1254 Muhammad I acudió a las co es de Toledo en
su calidad de asallo, “po a e la olun ad e amis a del ey don Al onso más de cuan o
la auía”, y allí ambos mona cas a i ica on “sus pley os e pos u as que an e auían de
consuno”11. Unos años más a de, a inales de 1259 o p incipios 1260, después de
las Co es de Toledo celeb adas “sob e echo del Impe io”, son p esen adas po el
p opio Al onso X como co diales, ma cadas incluso po el deseo de colabo a en
emp esas conjun as: con el mo i o indicado, el ey de Cas illa pidió “conseio” al
naza í, “commo uassallo e amigo en quien iáuamos”, y es e no dudó en esponde le
po ca a que si sus planes espec o al Impe io acasaban, es a ía plenamen e
9 Véase la glosa a es a Can iga ealizada po J. Mon oya Ma ínez y A. Juá ez Blanque , Anda-
lucía en las Can igas de San a Ma ía, G anada, 1988, 12-14.
10 C ónica de Al onso X, ed. M. González Jiménez, Mu cia, 1998, cap. I, 5-7 [en adelan e CAX];
DAAX, docs. 4 y 12.
11 CAX, cap. III, 10. Véase el comen a io del edi o en no a 12.
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dispues o a p opo ciona le o o negocio, cali icado como “muy mayo e meio
impe io que aquél”. Pa a conc e a es a p opues a que pa ecía an en able pa a
Cas illa, ambos mona cas se ie on al menos en dos ocasiones, en Jaén y en
Se illa, donde Muhammad I le o eció su ayuda diplomá ica y al ez mili a
pa a que conquis ase Ceu a, si bien como e emos más adelan e ales p oyec os
no llega on a ul ima se12.
Que la ecindad en e los dos einos pa ecía buena en aquellas echas
lo p ueban o os es imonios que indudablemen e hablan de coope ación en
asun os de in e és local, co idiano y on e izo: en eb e o de 1262, al obje o de
es ablece el amojonamien o en e los é minos de Tiñosa y los de o as locali-
dades co dobesas, odas ellas bajo dominio cas ellano –P iego, Ca cabuey y El
Alga – y esol e la con ienda que exis ía en e la iglesia de Có doba y la O den
de Cala a a, se p ocedió a nomb a a ios pa ido es y no se dudó en solici a
la ayuda de “mo os de ie a del ey de G anada” que conocían la zona. A endiendo
a es e eque imien o, el mona ca naza í en ió a diez “mo os” coma canos cuyos
es imonios ue on undamen ales pa a sol en a aquella cues ión13.
Así pues, según el es imonio del p opio ey de Cas illa y de o os menos
subje i os, ningún indicio pe mi ía pensa que, al cabo de una década de buena
ecindad y leal asallaje, hubie a algún cambio signi ica i o en es as elaciones
has a 1264, en que la e uel a de los mudéja es, la di ec a implicación g anadina
y la gue a inie on a cambia adicalmen e su ca iz. Sin emba go, las cosas di í-
cilmen e podían se iguales a los iempos de Fe nando III. La in eg ación del
alle del Guadalqui i y del eino de Mu cia, ocu ida en e 1224 y 1248, nece-
sa iamen e enía que gene a en Cas illa escena ios, p oblemas y p oyec os polí-
ico-mili a es nue os: aquellas conquis as y anexiones habían c eado si uaciones
desconocidas que apenas se habían podido en e e en iempos de Fe nando III.
De una o ma o de o a, di ec a o indi ec amen e, el desa ollo de es as end ía
a pone de mani ies o que e a imposible man ene , espec o a las comunidades
mudéja es y al Islam peninsula en gene al, la si uación he edada. En pa icula ,
y po lo que a las elaciones con el eino naza í se e ie e, hay que econoce que
aquellas no edades acaba ían a ec ando p o undamen e al apa en emen e buen
ambien e exis en e en e Cas illa y G anada desde 1246.
En ealidad, aunque Al onso X no se die a cuen a de ello, las cosas en e
Cas illa y G anada habían empezado a se dis in as desde an es de 1264 y, como
decimos, en ello enían mucho que e los planes y ac os al onsíes elacionados
con las nue as si uaciones a las que acabamos de aludi . Sin é icamen e, pod ía
12 DAAX, doc. 286.
13 Ibidem, doc. 253.
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IV SEMANA DE ESTUDIOS AL ONSÍES
Al onso X y sus elaciones con el Emi a o g anadino...
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a i ma se que as el pe íodo de expansión e i o ial, polí ica y mili a p o ago-
nizado po su pad e, el mona ca enía que hace en e en el su a un escena io
es a égico que le plan eaba es nue os e os: uno, consolida lo que ya se había
adqui ido en Mu cia y en la Andalucía Bé ica; dos, y siguiendo la ayec o-
ia apenas esbozada po Fe nando III, con inua la expansión al o o lado del
Es echo; es, amplia el dominio cas ellano hacia una zona que se conside aba
p opia, pe o que las icisi udes de las conquis as había dejado en manos po u-
guesas, es o es, el Alga be. Unos p oyec os dis in os que, no obs an e, en más de
una ocasión apa ece án in e conec ados. Con iene ad e i que, cualquie a que
ue a la in ención úl ima de Al onso X en elación con sus súbdi os mudéja es y
con los gobe nan es islámicos de la Península – ecué dese que es os e an asallos
o ibu a ios suyos–, la ealización p ác ica de aquellos es planes implicaba, se
quisie a o no, la al e ación o al o pa cial de las si uaciones de pa ida, y con ello
la quieb a del equilib io alcanzado a ines del einado de Fe nando III. No sabe-
mos has a qué pun o Al onso X e a conscien e de las implicaciones de sus ac os,
pe o lo cie o es que las consecuencias de es os se ían de muy la go alcance.
Sin duda, de las es apun adas la cues ión que más di ec amen e podía
a ec a a las elaciones en e Cas illa y G anada e a la consolidación de las adqui-
siciones e nandinas. Todo pe mi e pensa que cuando el ey Sabio accedió al
pode en 1252 se encon ó con una si uación de dominio en los e i o ios
anexionados po su pad e, an o en el ámbi o mu ciano como en el andaluz,
insu icien emen e a i mada desde el pun o de is a polí ico, mili a y demo-
g á ico. Aquellas ie as habían sido some idas median e capi ulaciones que
p e eían el man enimien o de la población, el espe o a sus pa imonios y, al
menos en el caso de Mu cia, la con inuidad de los pode es islámicos locales, de
o ma que la p esencia cas ellana en las mismas se limi aba al con ol mili a
de las p incipales o i icaciones median e la ins alación de gua niciones, que
a la pos e enían a ep esen a pequeños islo es de gen e a mada odeada po
un ma de súbdi os mudéja es y, además, en las ce canías de un pode islámico
polí icamen e o ganizado, el de G anada.
Sin duda una si uación como la desc i a había sido ú il en iempos de
Fe nando III, pues había pe mi ido la inco po ación de aquellos e i o ios y
de sus poblaciones al dominio cas ellano, pe o es e iden e que una ez pasada
es a p ime a ase se imponía un mayo g ado de p esencia cas ellana que pe mi-
ie a supe a la ocupación es ic amen e mili a . Desde luego había azones de
di e so ipo pa a explica es a necesidad de ede ini las condiciones de ocupa-
ción, pe o con iene que nos cen emos en una de ellas que, a nues o juicio, es á
di ec amen e conec ada con las elaciones cas ellano-g anadinas: nos e e imos a
la es abilidad y i meza que, a la al u a de 1252, había alcanzado el eino naza í.
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Todo lo que acabamos de indica –un p oceso que se ex iende du an e la
p ime a década del einado de Al onso X– enía a signi ica la conculcación de
capi ulaciones i madas con la población mudéja –caso de A cos–, el p e isible
desplazamien o de musulmanes como consecuencia de la implan ación de la
epoblado es c is ianos –así en Cádiz y en El Pue o de San a Ma ía–, la des-
apa ición de o o eino musulmán –Je ez– y la inco po ación plena de oda la
coma ca del Guadale e a la Co ona de Cas illa. Has a donde sabemos, Al onso X
no había necesi ado de un casus belli pa a desman ela el equilib io polí ico,
demog á ico y ju ídico en la zona, que se emon aba a mediados del siglo XIII,
ni ampoco pa a sac i ica un pode andalusí –el je ezano– si con ello se ace -
caba a algunos de sus g andes p oyec os, en es e caso, la c uzada no ea icana.
Posiblemen e, ampoco es ajeno a es a conside ación el ce co y anexión
del eino de Niebla, que u o luga a inales de 1261 y p incipios de 1262. La
ce canía de echas espec o a unas co es celeb adas pa a da con inuidad al
“ echo de A ica” –las de Se illa de p incipios de 1261– y a unas ope aciones
di ec amen e elacionadas con el a ianzamien o de la p esencia cas ellana en
una zona i al pa a lle a a é mino aquella a en u a –el ce co de Je ez–, hace
pensa que ambién en es e caso la ag esión con a un es ado andalusí es aba
elacionada con los p oyec os ul ama inos y con la necesidad de domina la
cos a a lán ica andaluza. De hecho, la C ónica de Al onso X alude al consejo que
pidió el mona ca a sus allegados sob e “á cuál des as conquis as –Je ez o Niebla–
i ía p ime o”, lo que pe mi e pensa que ambas campañas o maban pa e de un
mismo plan27.
Si emba go, a es e escena io se supe pone o a azón de peso que debe
se e aluada: como indicábamos páginas a iba, la e ce a no edad que, as la
conquis a del alle del Guadalqui i y a la mue e de Fe nando III, se p esen aba
en la polí ica cas ellana, e a la posibilidad de eclama unas ie as que Al onso X
conside ada p opias en i ud del a ado de Sahagún de 1158, pe o que habían
quedado en manos po uguesas: el Alga be. Mien as Fe nando III es u o ensi-
mismado en la conquis a del alle del Guadalqui i , pa ece que soslayó el con-
lic o, pe o la oma de Se illa, la inco po ación del Alja a e y la ecindad del
eino de Niebla modi icaban sus ancialmen e el pano ama es a égico de Cas-
illa, que en aba aho a en di ec a compe encia con Po ugal po el dominio
del sudoes e, y no sólo po lo que quedaba oda ía po conquis a –el eino de
27 CAX, cap. IV, 12. Así lo hizo no a ambién J. F. O’Callaghan, El Rey Sabio, 220 y, más ecien-
emen e, M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 146 y 148. En su momen o, C. de Ayala
ampoco dudó en incula los p oyec os de C uzada con la oma de Niebla y, en es e caso, la
epoblación de Cádiz, Di ec ices undamen ales, 279-281.

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Niebla– sino ambién po lo que los mona cas lusos Sancho II y Al onso III se
habían anexionado de hecho en las úl imas dos décadas.
Al con a io que su pad e, Al onso X sí se mos ó dispues o a eclama
es as posesiones, si bien en e es as y el eino de Cas illa se encon aba un pode
islámico que, en aquellos momen os, enía la condición de asallo: el eino
de Niebla. No amos a en a en de alles, pe o no enemos más emedio que
eco da que, al día de hoy, quienes mejo conocen es e pe íodo y es e p o-
blema no dudan en pone en conexión la conquis a de Niebla en 1261-1262
con las eclamaciones cas ellanas sob e el Alga be, po cuan o que el dominio
sob e el e i o io iliplense dejaba a Al onso X en una mejo posición a la ho a
de plan ea sus exigencias. Po lo que a noso os nos in e esa, lo que con iene
des aca es que el ey de Cas illa, al a ende a o o de los nue os e os que se le
plan eaban al p incipio de su einado, no dudó en acaba con o o pode islá-
mico en a as de in e eses que conside aba supe io es, en es e caso, el con ol del
sudoes e peninsula 28.
A es as al u as, con iene hace una ecapi ulación de las ac uaciones pues-
as en p ác icas po Al onso X du an e la p ime a década de su einado en ela-
ción con la población mudéja y con sus ecinos, los es ados ibu a ios musul-
manes de la Península: pa a abo da el complejo pano ama polí ico su gido en
el su as el la go pe íodo de expansión mili a e nandina –un escena io que
le obligaba a consolida an o el e i o io adqui ido como la nue a on e a
con G anada en una amplísima anja que iba desde Mu cia al su de Se illa, le
impulsaba a p osegui las conquis as en el no e de Á ica y le pe mi ía eclama
el dominio sob e el sudoes e peninsula –, Al onso X no dudó en conculca las
capi ulaciones i madas po su pad e y po él mismo con los mudéja es de Mu -
cia y de Andalucía, ni en expulsa los de sus localidades si lo llegaba a conside a
necesa io, ni en acaba con los einos de Tejada, Niebla o Je ez.
Pa a los musulmanes de al-Andalus, aquellos p ime os diez años de ei-
nado al onsí debie on de pa ece e dade amen e d amá icos. Es e dad, no
obs an e, que el más impo an e de los núcleos polí icos andalusíes, el eino
naza í de G anada, se había lib ado de la p esión mili a cas ellana. Después de
odo, hay que des aca lo, ninguna de las medidas omadas po Al onso X con a
el Islam peninsula es u o di igida di ec amen e con a aquel. Pe o había que
se muy ingenuo pa a pensa que el “pa aguas” de la ibu ación, del asallaje
28 Además de las ob as de González Jiménez y Ga cía Fi z ecogidas en no a 1, éase ambién
Roldán Cas o, F.: “Ibn Mah uz en Niebla (siglo VII/XIII)”, Anaquel de Es udios Á abes, IV
(1993), 170-175; J. F. O’Callaghan, El Rey Sabio, 219-221; A. Ga cía Sanjuán, “La conquis a de
Niebla po Al onso X”, His o ia. Ins i uciones. Documen os, 27, 2000, 89-111.
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o de la buena y sumisa ecindad e a su icien e p o ección en e a Cas illa. La
comunidad islámica peninsula había acumulado su icien e expe iencia en aque-
lla década como pa a que en G anada la candidez polí ica pudie a se conside-
ada como una i ud: si Al onso X había desman elado el mapa de la España
musulmana que he edó de su pad e has a los ex emos que hemos comen ado,
no había mo i o alguno pa a pensa que lo que quedaba de ella ue a a man-
ene se incólume; si la condición de asallo y ibu a io del eino de Niebla, o
la de súbdi o de los musulmanes de Écija no había se ido pa a e i a el in del
p ime o y la expulsión de los segundos, ampoco había azón pa a pensa que la
sue e de los naza íes hab ía de se dis in a a la de sus co eligiona ios. Teniendo
en cuen a la o ma en que había discu ido la polí ica al onsí en es as ma e ias,
e a pe ec amen e azonable supone que en cualquie momen o el eino de
G anada pudie a con e i se en el obje i o mili a de Cas illa: al in y al cabo
–podía en ende se con oda lógica en la co e naza í–, lo que había hecho el
mona ca cas ellano desde que subió al ono, al e o za el en amado mili a e
in e i la ealidad poblacional en las on e as y al acaba con odos los pode es
islámicos esiduales en el Alja a e y en el Guadale e, no había sido sino aco ala
o ce ca al eino G anada. Así las cosas, el pano ama de u u o que se plan eaba
al úl imo educ o islámico de la Península e a e dade amen e oscu o.
Po ello, cuando en un momen o de e minado Al onso X eclamó a
Muhammad I los pue os de Algeci as y de Ta i a, en la co e naza í debie on
de comp ende la g a edad del pelig o que se ce nía sob e ellos. El es imonio
del mona ca cas ellano, que es quien da cuen a en p ime a pe sona de las ci -
cuns ancias en que u o luga dicha pe ición, esul a imp eciso, así que no es
posible asegu a en odos sus ex emos el con ex o polí ico conc e o de dicha
exigencia. Como ya indicamos en an e io es páginas, sabemos con segu idad
que con mo i o de la co es de Toledo, con ocadas a inales de 1259 pa a a a
“sob e echo del Impe io”, el ey de G anada le p opuso –p ime o po esc i o de
una mane a un an o aga y más a de de o ma más conc e a en una en e is a
que u ie on en Jaén–, una o e a de colabo ación pa a conquis a Ceu a. Fue
en onces cuando Al onso X le pidió la en ega de los dos pue os ci ados al
obje o de u iliza los como bases na ales en dicha emp esa29.
Lo que ya no esul a an segu o es echa es as negociaciones ni in e -
p e a el signi icado de la p opues a g anadina o de las aspi aciones de Cas illa.
Gene almen e la his o iog a ía ha sos enido que el encuen o de Jaén y las pos-
e io es is as en Se illa u ie on luga a mediados de 1262, y que en el ondo
la in ención de G anada no e a sino consegui el apoyo na al cas ellano pa a
29 Vid. sup a no a 12.
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ex ende su in luencia polí ica y come cial al o o lado del Es echo, eco dando
pa a ello que ya el año an e io la lo a naza í había acasado es epi osamen e
en su in en o de conquis a Ceu a30. Sin emba go, más ecien emen e González
Jiménez ha adelan ado la echa a 1260 –inmedia amen e después de las co es
de Toledo– y ha pues o el episodio en elación di ec a con los p oyec os al on-
síes de lle a la c uzada al no e de Á ica, cuyos p epa a i os se acele a on en
aquellos momen os y sob e los que algún indicio pe mi e pensa que el obje i o
inicial e a Ceu a, y no Salé, que al inal ue el elegido31.
Con los conocimien os que enemos no es posible p ecisa mucho más
a es e espec o, pe o independien emen e de odas es as ci cuns ancias, lo que
es á ue a de dudas es la eacción que la exigencia cas ellana p o ocó en la co e
naza í. El p opio Al onso X a i ma en su na ación de aquellos hechos que, as
la pe ición de los pue os de la o illa no e del Es echo, Muhammad I se a ino
a en egá selos en el plazo de un mes, si bien no llegó a cumpli es e p ime
comp omiso. Una ez que los plazos es ablecidos se sob epasa on, el mona ca
g anadino se p esen ó en Se illa pa a in o ma a Al onso X de las di icul ades
que encon aba en su p opia co e pa a e ec ua la cesión y ol ió a comp o-
me e se o a ez con un nue o plazo, pe o la en ega no llegó a ealiza se32.
Todo pe mi e pensa que cuando, después de la p ime a en e is a en
Jaén, el ey de G anada ol ió a su ie a y expuso a sus colabo ado es el acue do
que había alcanzado con el mona ca cas ellano, aquellos debie on hace le com-
p ende no solo el ex ao dina io e o polí ico y es a égico que come e ía
si llegaba a o maliza la cesión de Ta i a y Algeci as, sino ambién los neg os
augu ios que aquella pe ición enían pa a el u u o de G anada. En p ime luga ,
con iene eco da que, a aquellas al u as del siglo XIII, el dominio de los pue os
del Es echo enía un signi icado come cial de p ime a magni ud, po cuan o
que podía pe mi i el con ol de las cada ez más in ensas elaciones me can iles
en e el Medi e áneo y el A lán ico. Po mo i os económicos ob ios, G anada
no podía pe mi i se el lujo de cede aquellas posiciones p i ilegiadas a Cas illa,
pe o además había o a azón es a égica que desaconsejaba la en ega: como
comen ábamos en páginas an e io es, quien domina a ambos lados del Es echo
30 A. Balles e os, Al onso X, 363; Ch.-E. Du ou cq, “La ques ion de Ceu a au XIIIe siècle”,
Hespe is, 42, 1955, 112-113; ARIÉ, R.: L’Espagne Musulmane, 62-63; C. de Ayala, Di ec ices un-
damen ales, 272; M. Che i , Ceu a aux époques almohade e mé inide, 45; J.F. O’Callaghan, El Rey
Sabio, 222-223; F. Ga cía Fi z, Relaciones polí icas y gue a, 219. El a aque g anadino a Ceu a en
1261 en Ibn `Ida i Al-Ma akusi: al-Bayan al-mug ib i ij isa ajba muluk al-Andalus wa al-Mag ib,
omo II, ad. A. Huici Mi anda, Te uán, 1954, 275-276 [en adelan e: al-Bayan II]
31 Al onso X el Sabio, 133-138 y 163-165.
32 DAAX, doc. 286.
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end ía la ges ión del paso de un con inen e a o o. Pa a G anada, deja los pue -
os en manos cas ellanas signi icaba ce a se o di icul a se la posibilidad de que,
llegado el caso y si las cosas se ponían di íciles con su ecino cas ellano, pudie a
ob ene apoyo mili a del no e de Á ica. La cesión de Ta i a y Algeci as hab ía
con ibuido a aisla a G anada de su en o no islámico y hubie a supues o ce a
un poco más el dogal que desde una década an es Al onso X enía colocando
en su en o no.
Pe o al ma gen de los pe juicios económicos o es a égicos que la en ega
de las ci adas plazas pudie a ene pa a los in e eses g anadinos, lo cie o es que
la me a pe ición de Al onso X debió de encende las luces de ala ma en la co e
naza í. Recué dese que, pa a lle a adelan e sus p oyec os expansi os en el no e
de Á ica, po aquellos mismos años Al onso X había ins alado poblado es c is-
ianos en el alle del Guadale e y en la bahía de Cádiz, había acabado con el
eino de Je ez y conquis ado el de Niebla. Los g anadinos enían un espejo ce -
cano en el que mi a se: la exigencia cas ellana, en el con ex o en que se p odujo
y a la luz de odo lo que es aba ocu iendo, podía se pe ec amen e in e p e ada
como una amenaza de p ime a magni ud, como el anuncio de un d ama.
Quizás po ello no debe ex aña que, como in o ma el mismo ey de
Cas illa, al iempo que Muhammad I aplazaba la en ega de los pue os y ei-
e aba a e amen e su leal ad, comenza a a busca nue os aliados en Túnez y a
conspi a con los asallos mudéja es de Al onso X. En es e pano ama, el inci-
den e ocu ido en Se illa en 1264, cuando el ey de G anada iajó has a aquella
ciudad pa a eno a los pac os de 1246 y su delegación ue ence ada con una
empalizada en plena noche y sin a iso p e io po los homb es de Al onso X,
ue ine i ablemen e in e p e ado –al ma gen de la buena o mala olun ad que
hubie a en aquella acción– como una señal inequí oca de las a iesas in en-
ciones del mona ca cas ellano, que bien podía es a planeando pa a el naza í
la misma sue e que ya habían co ido sus co eligiona ios peninsula es. Con
aquellos p eceden es, el miedo del gobe nan e g anadino es aba jus i icado. Su
eacción ue inmedia a: “a la sazón que él ouo passado quan o pode pudo de allen
ma e guisadas odas sus cosas e en endió que nos es áuamos más assossegado e assegu-
ado e con más poca companna deque a es a ie a uiniemos, enbiónos dezi que non e a
nues o uasallo”33. E a la p ima e a de 1264 y la up u a se había consumado.
33 DAAX, doc. 286; al-Bayan II, 285-286. Sob e es os acon ecimien os éase la ecien e apo a-
ción de A. Ga cía Sanjuán, “Causas inmedia as y alcance de la e uel a mudéja de 1264”, Ac as
del Simposio In e nacional de Mudeja ismo. Mudéja es y mo iscos. Cambios sociales y cul u ales, Te uel,
2004, 505-518, especialmen e 510-513.
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Pa ece e iden e que, con su polí ica, Al onso X había lle ado a sus súb-
di os musulmanes y a su has a en onces asallo g anadino a una si uación insos-
enible. Po lo que espec a a es e úl imo, es el p opio ey de Cas illa, en su
e sión de los hechos que es amos comen ando, quien o ece una secuencia
de acon ecimien os y ac i udes muy e elado a: inmedia amen e después de la
exigencia de Ta i a y Algeci as y como consecuencia de ella, en la co e naza í
empeza on a u di la in iga que conduci ía a la ebelión de los mudéja es y a
la gue a. E iden emen e, aquella había sido la go a que colmaba un aso que
el mona ca cas ellano había comenzado a llena desde el momen o mismo en
que accedió al pode en mayo de 1252. Solo al aba un le e soplido pa a que se
desbo da a, y quizás eso ue lo que ocu ió en aquel callejón de Se illa donde
Muhammad I ue aco alado con noc u nidad.
La espues a ue iolen a y se adujo, en la p ima e a de 1264, en un
le an amien o de los mudéja es de Andalucía y de Mu cia, acompañado de una
in e ención mili a g anadina en ie as cas ellanas que, además y po si ue a
poco, es u o e o zada po la p esencia de e ec i os islámicos p oceden es del
o o lado del Es echo, lo que enía a signi ica la eapa ición en el ho izon e
peninsula de la “amenaza a icana”, en es a ocasión ep esen ada po los me i-
níes. La desc ipción que hizo Al onso X de aquellos acon ecimien os en junio
de 1264 es exp esi a: “co iónos la ie a [el ey de G anada] e comba iónos los cas-
illos e ma ónos los uassallos, e ázenos ago a quan a gue a e quan o mal puede con su
pode e el de allen ma ”34.
No amos a en a en los de alles de la e uel a mudéja y de la gue a
cas ellano-g anadina, cuyo desa ollo ha me ecido la a ención y el análisis de
no pocos au o es y pa a el que se cuen a con un núme o es imable de uen es,
a pesa de lo cual siguen exis iendo lagunas e ince idumb es impo an es que
oda ía pueden da luga a algunas so p esas. Así, po ejemplo, ecien emen e se
ha p opues o una nue a c onología de los acon ecimien os que quizás pe mi a
encaja da os has a aho a con adic o ios, pe o que as oca la e olución de los
hechos al como se conocía35. Po lo que aquí in e esa, lo que con iene des aca ,
34 Sob e el signi icado es a égico de la “amenaza a icana” en las elaciones cas ellano-andalusíes
éase F. Ga cía Fi z, “Es a egias in e nacionales en el con ex o de sociedades de on e as. La
amenaza a icana en las elaciones cas ellano-andalusíes, siglos XI al XIII”, en F. To o Ceballos
y J. Rod íguez Molina (eds.), II Es udios de F on e a. Ac i idad y ida en la F on e a, Jaén, 1998,
269-292. Las palab as de Al onso X en DAAX, doc. 286.
35 CAX, caps. X-XV, 29-43; Can igas, CLIX y CCCXLV; JAIME I: Llib e dels e s, ed. J. B ugue a,
Ba celona, 1991, caps. 378-456 [en adelan e: Llib e dels e s]; G. de la Hinojosa, Con inuación de
la C ónica de España del a zobispo don Rod igo Jiménez de Rada, en Colección de Documen os Inédi os
pa a la His o ia de España, ed. Ma qués de la Fuensan a, Mad id, 1893, omo CVI, ca CCXXXVIII,

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a nues o juicio, es que la up u a del asallaje g anadino, la conspi ación an i-
cas ellana o ques ada po los naza íes, la e uel a de los mudéja es a ins ancias
del sul án g anadino y el con lic o bélico consecuen e, que du ó desde 1264 a
1267, ma có un hi o undamen almen e en las elaciones en e los dos einos.
Has a aho a, 1264, y a pesa del c ecien e miedo de los g anadinos an e
las ac uaciones de Al onso X, apa en emen e las elaciones en e ambos einos
habían es ado ma cadas po el acue do, la a enencia e incluso la colabo ación.
Después de odo, lo cie o es que ninguna de las ac uaciones de Al onso X
se había di igido con a G anada, po mucho que es as acaba an po causa
espan o en la co e naza í. A pa i de en onces, po el con a io, se p oduci ía
un gi o adical en es e pano ama, que queda ía señalado po la descon ianza,
po el esen imien o, el emo y po el en en amien o di ec o.
El impac o de la c isis de 1264 sob e las elaciones en e Cas illa y G a-
nada se ía g a ísimo y de e minan e, has a el pun o de que puede a i ma se
que odo lo ocu ido en e ambos einos du an e los siguien es ein e años,
has a la mue e de Al onso X, se ía consecuencia di ec a la quieb a ocu ida en
1264: c eemos que ningún hecho pos e io en las elaciones en e ambos es ados
puede explica se en e amen e sin ene en cuen a la up u a ocu ida en onces.
De momen o, aquella c isis se saldaba con un con lic o mili a en e los
dos einos, que en ealidad e a la p ime a gue a en e Cas illa y G anada desde
la undación del sul ana o naza í en 1246. Tan o los ebeldes mudéja es del
alle del Guadale e que consiguie on hace se con el con ol de plazas ue es
an impo an e como Je ez, como los del eino de Mu cia que alcanza on a
domina la capi al, con a on con el apoyo de las opas g anadinas y de sus
aliados me iníes36. Dada la ampli ud del poblamien o mudéja no solo po las
zonas ya ci adas, sino ambién po odo el alle del Guadalqui i , cabe sospecha
13-14; al-Bayan II, 275, 285-288 y 337-338; His oi e des Be bè es, ol. IV, 75; Ibn Abi Za ´: Rawd
al-qi as, ad. y no as A. Huici Mi anda, Valencia, 1964, 575 [en adelan e: Rawd al-qi as]; DAAX,
doc. 286; J. To es Fon es, J.: Documen os del siglo XIII, Mu cia, 1969, docs. XXIII-XXXII. Ade-
más de las ob as ecogidas en no a 1, éase J. To es Fon es, La econquis a de Mu cia en 1266 po
Jaime I de A agón, Mu cia, 1965, passim; J. Mon oya Ma ínez, “Una p ime a documen ación
‘Gene es=Zene es’ igno ada”, Miscelánea de Es udios Á abes y Heb aicos, XXVII-XXVIII (1978-
1979), 215-221. La ecien e p opues a a la que aludimos en M. González Jiménez: Al onso X el
Sabio, 173-187.
36 En el p ime caso, los ebeldes de Je ez ue on e o zados, pa a oma y después man ene el
alcáza , con e ec i os en iados po el ey de G anada, en e los que se encon aban los me iníes
que poco an es habían c uzado el Es echo -Rawd al-qi as, 575; His oi e des Be bè es, ol. IV, 48
y 75; al-Daji a al-saniyya i a’ ij al-dawla al-ma iniyya, ad. pa cial de J. M. Con inen e en “Dos
poemas de Malik ibn al-Mu ahhal, poe a malagueño al se icio de los benime ines”, Aw aq, 2
(1979), 48; al-Bayan. II, 285-; en Mu cia, as el éxi o de los suble ados el sul án naza í les en ió
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que, siquie a en los p ime os momen os, los a aques musulmanes con a las
gua niciones cas ellanas se ex endie an po buena pa e de los e i o ios que
habían sido conquis ados desde iempos de Fe nando III –el ey Jaime I habla
de escien as localidades, en e ciudades, illas y cas illos, pe didas po Cas illa
en las es p ime as semanas de gue a37–, y que al menos en algunos casos la
implicación de opas naza íes en las ope aciones ue a di ec a, pues como se
a i ma en la C ónica de Al onso X “el ey de G anada azía gue a la más ue e que
podía a los c is ianos e mandaua a los suyos que quando más non pudiesen aze a sus
enemigos ollasen la ie a”38. Po su pa e, la eacción cas ellana que comenzó a
a icula se du an e la segunda mi ad de 1264, se di igió p ime o con a algu-
nos e i o ios suble ados, lo que se adujo en la ecupe ación del alle del
Guadale e –Je ez, El Pue o de San a Ma ía, Veje , Medinasidonia, Ro a, San-
lúca , A cos y Leb ija– y de di e sas localidades de la on e a de G anada en la
campiña se illana, como pa ece se el caso de Osuna39. Pe o al año siguien e la
maquina ia mili a cas ellana apun ó di ec amen e con a quien e a conside ado
como el e dade o a í ice de aquella conmoción, el eino de G anada, que en
el e ano de 1265 hubo de padece los e ec os de una cabalgada que, desde
Có doba ma chó hacia Alcalá la Real y se in e nó “po ie as de mo os alándoles
e quemándoles e aziéndoles mucho mal e mucho danno” po la Vega40.
A i ma la C ónica de Al onso X que, a aíz de aquellos acon ecimien os,
el ey de G anada se a ino a solici a una egua que se o malizó en Alcalá la
Real, de esul as de la cual el mona ca naza í se comp ome ió a eanuda el pago
de pa ias y a ayuda a Al onso X a some e a los ebeldes mu cianos, a cambio
de que el ey de Cas illa deja a de apoya a los Banu Asqilula. Sin emba go, la
c onología de es os acon ecimien os p esen a a ios p oblemas de cong uencia
con da os que se ienen po cie os –en e o os, que la e uel a de los Asqilula
no u o luga has a un año después–, lo que ha lle ado a González Jiménez a
p opone la exis encia de dos a ados de Alcalá la Real, uno en 1265 que se ía
incumplido al poco iempo po los g anadinos, y o o de ini i o en 1267. Desde
como gobe nado a un miemb o de la amilia Ašqı¯lu¯la, lo que conlle aba ambién algún ipo de
colabo ación mili a -al-Bayan II, 287-288-.
37 Llib e dels Fe s, cap. 378, 286.
38 CAX, cap. XII, 34-35.
39 Ibidem, cap. XIV, 38-39. Osuna, una localidad si uada en una zona de p edominio mudéja y
que, p e isiblemen e, se io a ec aba po la e uel a, ue en egada a la O den de Cala a a el 29 de
diciemb e de 1264, de donde se in ie e que su ecupe ación, y quizás ambién la de su en o no, se
p odujo en los meses an e io es, DAAX, doc. 297. O’Callaghan e asa la oma cas ellana de Je ez
has a 1266, pe o las objeciones de González Jiménez a es e espec o pa ecen azonables, éase
espec i amen e El ey Sabio, 231-233 y Al onso X el Sabio, 178-180
40 CAX, caps. XII y XV.
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luego, si en la p ime a de las echas indicadas llegó a alcanza se algún ipo de
a enencia, lo cie o es que su e icacia p ác ica ue nula, pues o que las hos ilida-
des bélicas se eanuda ían –o con inua ían– has a bien en ado 126741.
No hay duda de que ue en onces, en el o oño de es e úl imo año, cuando
el ey de G anada se io obligado, po las ci cuns ancias polí icas –la ebelión
del clan de los Asqilula y su alianza con Al onso X– y mili a es –la conquis a de
Mu cia y el some imien o de los mudéja es de aquella egión a manos de las
opas de Jaime I–, a acep a un acue do que esul aba muy pe judicial pa a sus
in e eses, po cuan o signi icaba la en ega de doscien os cincuen a mil ma a e-
díes anuales a Cas illa en concep o de pa ias, la i ma de una egua de un año
con los ebeldes g anadinos –lo que en la p ác ica signi icaba la con inuidad de
la agmen ación del eino– y el comp omiso de ayuda mili a men e a Cas illa
en la ep esión de los ocos ebeldes que aún es aban ac i os42.
Es e dad que aquello suponía la suspensión de las hos ilidades y el some-
imien o naza í a Cas illa, pe o no po ello se puede habla de “no malización” de
las elaciones en e los dos einos, al menos si po al cosa en endemos la uel a a
la si uación que se había conocido en e 1246 y 1264. De momen o, como muy
a inadamen e ha esal ado González Jiménez, las elaciones o males de depen-
dencia de ipo eudo- asallá ico que habían sido anudadas en el pac o de Jaén
en 1246 y que se habían man enido has a el comienzo de la e uel a mudéja ,
no ol ie on a ecompone se: G anada aho a –1267– e a conside ado como un
es ado ibu a io de Cas illa, pe o no como un asallo, lo que en e o as cosas
pod ía es a hablando de la imposibilidad de ees ablece la con ianza mu ua
necesa ia sob e la que se apoyaba es e ipo de ínculo polí ico. Y es que, sin duda
alguna, aquel con lic o dejó unas he idas muy p o undas, cuyas secuelas a ec a ían
sus ancial y de ini i amen e al ca ác e de las elaciones en e los dos es ados.
En adelan e, an o un eino como o o p ocu a ían ap o echa odos
los elemen os disponibles en o den a deses abiliza o daña a su ecino, aho a
con e ido en con a io: la p ime a gue a cas ellano–naza í había e minado
en 1267, pe o no así la ensión y el en en amien o polí ico. El caldo de cul i o
41 Sob e la exis encia de en en amien os bélicos du an e la p ime a mi ad de 1267 y los p epa-
a i os cas ellanos pa a a ende los éase M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 185-186. Tam-
bién en es e úl imo año Muhammad I in en aba –con un ce co de es meses– a eba a le Málaga
a los aliados musulmanes de Al onso X, R. A ié, L’Espagne musulmane, 67.
42 CAX, cap. XV. Ibn Ida i a i ma que la gue a en e G anada y Cas illa du ó es años y echa la
egua en 1267 (al-Bayan II, 288 y 337). P ecisamen e en oc ub e de ese año el Papa Clemen e IV
elici aba a Al onso X po el some imien o del ey de G anada, lo que pe mi e supone que el
acue do había enido luga poco an es, J. O’Callaghan, El ey Sabio, 234. Sob e el pac o i mado
en 1267 po Al onso X y Muhammad I en Alcalá la Real éase ambién P. Cano Á ila, Alcalá la
Real en los au o es musulmanes, Jaén, 1990, 60-61.
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de u u os con lic os mili a es se seguía alimen ando, y a ello no e a en absolu o
ajeno una cues ión a la que ya hemos aludido b e emen e y que si ió pa a
en enena las elaciones en los años siguien es: nos e e imos al p oblema de los
de los Banu Asqilula.
Hemos analizado con más p o undidad es e asun o en o o luga , así que
no amos a en a en de alle, pe o necesa iamen e enemos que eco da algu-
nos ex emos de mane a sin é ica43. Como ya hemos apun ado, en el cu so de la
gue a con a G anada Al onso X se encon ó con un ins umen o que es aba
llamado a ene una eno me capacidad co osi a pa a la polí ica in e io naza í:
la ebelión de uno de los más impo an es clanes del sul ana o, los Banu Asq-
ilula. La in e ención de los me iníes en la gue a de 1264 y el amplio pode
que Muhammad I les con i ió en la es e a mili a gene ó un ue e descon en o
en e los miemb os de es a amilia undado a del eino naza í, que has a en on-
ces había enido una posición p edominan e en asun os bélicos y que, como
consecuencia de la p esencia de opas no ea icanas, se io desplazada y acabó
po e ol e se con a la polí ica del sul án. An e la si uación de pos e gación en
que se encon a on, acudie on en 1266 a la co e del ey de Cas illa en busca
de ayuda, y allí los di igen es cas ellanos no deja on pasa la opo unidad de
ap o echa la up u a de las solida idades in e nas de las eli es polí icas y sociales
g anadinas pa a impone se al ey de G anada, con quien en onces es aban en
plena gue a. Si hemos de c ee a la C ónica de Al onso X, los e ec os de la alianza
en e los ebeldes al pode naza í y el ey de Cas illa ue on ulminan es, pues o
que de o ma inmedia a Muhammad I se ap esu ó a solici a una egua, p eci-
samen e la que se i ma ía en Alcalá la Real en 126744.
Como dijimos, el in de las hos ilidades mili a es en aquel año no con-
lle ó una dis ensión polí ica, pues o que Al onso X impuso, en el con ex o del
acue do de Alcalá, una egua de un año en e el sul án naza í y los ebeldes,
al cabo del cual el mona ca cas ellano se comp ome ía a desampa a a los Asq-
ilula si an es no llegaban a una a enencia con el ey de G anada. A pesa de la
apa iencia paci icado a del acue do, la si uación e a g a ísima pa a los in e eses
naza íes, po que en la p ác ica aquello signi icaba la con inuidad del apoyo de
Cas illa a los ebeldes y la agmen ación del eino naza í: los Asqilula se man e-
nían en Guadix, Málaga y Coma es como pode es independien es45.
43 F. Ga cía Fi z, “Al onso X, el eino de G anada y los Banu Asqilula. Es a egias polí icas de
disolución du an e la segunda mi ad del siglo XIII”, Anua io de Es udios Medie ales, 27 (1997),
215-237.
44 CAX, cap. XV.
45 Ibn Al-Ja ib, Ki ab A`mal al-A`lam, ad. pa cial de I.S. Allouche: “La é ol e des Banu Askilula
con e le sul an nas ide Muhammad II, d’ap ès le...”, Hespé is, XXV (1938), 5.
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o ece la C ónica, po cuan o que en las ins ucciones dadas po Al onso X a sus
in e media ios espec o al acue do, en ningún momen o deja de insis i en la
necesidad de inclui en el mismo una egua pa a los a aeces: en la pa e cas-
ellana, el mona ca es el único que ac úa con anspa encia59. Po el con a io,
son los icos homb es los que p oponen desde el p ime a los ep esen an es del
mona ca cas ellano –la eina y el in an e– que acep asen “el pley o de Alcalá de
Bençayde” pe o sin plan ea exp esamen e el desampa o del clan ebelde g ana-
dino, y son es os mismos p o agonis as –pe o no el ey de Cas illa– los que en
odo momen o ocul a on sus in enciones: “de la egua de los a ayaces –se dice en
el momen o en que Muhammad II acudió a Có doba pa a en ega en ieldad
el dine o al maes e de Cala a a– non dixie on nada al ey de G anada, ca sabían
que si gelo dixiesen que pa i ía po es o la abenençia”. Tal ez ue a e dad que,
como los negociado es le dije on al sul án naza í cuando po so p esa le p opu-
sie on una egua pa a los a aeces, Al onso X no sabía nada de aquella pe ición,
sencillamen e po que el ey de Cas illa c eía que esa condición o maba pa e
del acue do ya i mado60.
Quizás no hubo doblez en la ac i ud del ey, pe o desde luego sí la hubo
en los icos homb es exiliados. C eemos que, a pa i de un de e minado momen o
de las negociaciones con el ey cas ellano, es os úl imos llega on a pe cibi que
los Asqilula e an el p incipal obs áculo pa a log a las demandas que exigían,
así que idea on la ó mula pa a esol e lo a cos a de los in e eses g anadinos.
Si es o ue así, hab á que econoce que, en cie a medida, la in asión me iní
ue o a de las consecuencias de la ebelión nobilia ia cas ellana, pues o que la
manipulación e ec uada po los exiliados ue la causa inmedia a de la pos e io
eacción de Muhammad II.
Cie amen e, a co o plazo el engaño pa ecía esul a en able pa a Cas-
illa en sus elaciones con la co e naza í: la paz ol ía a las on e as, se había
eanudado el pago de pa ias y el asallaje, se man enía a los a aeces, la ebelión
nobilia ia había concluido y Muhammad II se había quedado sin el apoyo de los
icos homb es. En de ini i a, aho a lo que quedaba del Islam peninsula e a más
pob e, con inuaba di idido y enía menos ue za, es deci , se encon aba o a
ez some ido a Cas illa y p ác icamen e inde enso. Pe o a medio plazo la elonía
59 Véase, po ejemplo, Ibidem, cap. LV, 160, donde da po supues o que la a enencia con G anada
y con los icos homb es es aba ligada al es ablecimien o de una egua con los a aeces. Solo en
un momen o de las negociaciones Al onso X llegó a plan ea se la posibilidad de desampa a a
sus aliados musulmanes, pe o la con apa ida que exigía e a an ele ada –que los nobles ebeldes
enunciasen a odas sus demandas– que en la p ác ica esul aba de imposible conc eción, Ibidem,
cap. XLIX.
60 Ibidem, caps, LIV y LVIII

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de los nobles conducía a un nue o d ama de dimensiones mucho mayo es. El
g ado de us ación y de ama gu a que causó al mona ca naza í aquella impo-
sición ue conside able. El c onis a lo exp esó en é minos elocuen es: “G an[ ]
pesa auie el ey de G anada po la egua que dio a los a ayazes es ando él en Seuilla,
que auía dado al Rey [don Al onso] g an algo, e auía o o la ca a del plei o que los icos
omnes auían con él. Todo es o auía echo cuydando que los a ayazes inca ían en mane a
que los pudiese conque i e oma les la ie a que enién. E en endió que pues incauan
en egua con él po aquel anno, que después de aquel ienpo el ey de Cas illa que ía
o na a los de ende e así incaua él des e plei o con danno e los a ayazes incauan sen-
no es e pode osos en la ie a”61.
Tal ez en Cas illa no se daban cuen a, pe o el acue do impues o al sul án
naza í a inales de 1273 lo dejaba inexo ablemen e a las pue as del emi me iní:
al como es aban las cosas, si Muhammad II no que ía esigna se en el lamen able
es ado en que había quedado su eino – agmen ado, ibu a io y a inconado–,
no le quedaba más opción que ol e la is a al no e de Á ica en busca de un
aliado mili a que compensa a la p esión cas ellana. Cie amen e, es a al e na i a
no e a desconocida en la co e cas ellana, no solo po que los naza íes habían
amenazado con ella en muchas ocasiones a lo la go de las negociaciones de 1272
y 1273 – ecué dese el es imonio que acabamos de ecoge , en el que el ey de
G anada se mues a dispues o a busca la alianza con Abu Yusu an es que a i ma
una egua con los Banu Asqilula–, sino ambién po que de hecho y como hemos
is o algunos con ingen es me iníes ya habían pa icipado en la con ienda.
Sin emba go, odo pa ece indica que Al onso X e a muy escép ico sob e
la posibilidad eal de que, más allá de alguna apo ación limi ada como la eali-
zada en 1264 o en 1272, los benime ines pudie an o ganiza una in e ención
masi a en la Península. Pensaba, simplemen e, que aquellas e an b a uconadas o
a imañas del ey de G anada empleadas pa a in lui en la negociación: “cos unb e
es de los mo os –le ad e ía a su inexpe o y quizás imp esionable he ede o, el
in an e don Fe nando– de aze ca as maes as e alsas e en iá selas unos a o os po
cuida ende su p o. E es e Alami de G anada a ía Aboyuça enbia es as ca as, bien
asy commo lo azía su pad e, que me enbiase a mí a dezi que me abeniese con él, sy non
que a ía ma auillas con a mi”. En ealidad, no se c eía que los me iníes pudie an
ealmen e c uza el Es echo y p o oca un uelco en las elaciones polí icas
y mili a es peninsula es, po que aquellos enían muchos en es abie os en el
no e de Á ica. Pe o supongamos que de odas o mas quisie an hace lo, se
p egun aba el ey, “¿ónde pod á él a e nauíos pa a pasa an os caualle os commo dizen
que ae á e ianda que les abonde a ésos e a los o os que acá son?”. Su opinión e a
61 Ibidem, cap. LXI.
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muy cla a: “yo non lo puedo c ee que pueda se nin an ayna commo ellos dizen que lo
a á”. Pe o si de odas o mas es o llegaba a ocu i –le insis ía a su he ede o–, la
expe iencia his ó ica demos aba que el eino de Cas illa, aun siendo más débil
y pequeño de lo que aho a e a, había log ado en en a se con éxi o a impe ios
no ea icanos más pode osos que el de los me iníes. Su conclusión e a de e -
minan e: “ engo que non puede asy pasa commo chu an ésos que es án en G anada”.
Pe o, po si acaso, no dejaba de aconseja le que pusie a na es en el Es echo pa a
e i a que Abu Yusu lo a a esa a si, a pesa de odo, se lo p oponía62.
Es a e a la opinión de Al onso X a mediados de 1273, con el con lic o
con G anada oda ía abie o. Una ez i mada la a enencia con el sul án naza í
a inales de aquel año, su inc edulidad sob e la posible in e ención me iní se
o nó en una con ianza casi absolu a: pa ecía que, es ablecidas las eguas con
Muhammad II, el pelig o no ea icano p ác icamen e se hubiese es umado. De
hecho, inmedia amen e después de o maliza el pac o con los naza íes el ey
de Cas illa se plan eó la posibilidad de in i a al mismo al emi benime ín, pe o
llegó a la conclusión de que “pues la paz e a pues a e i mada con el ey de G anada,
que el ey Abén Yuça non auía po qué pasa aquende nin enía acá illa nin o a ie a
do iniese, po que los pue os odos e an del ey de G anada, e demás, que cuidaba que
la pasada non la pod íe aze eniendo gue as començadas en su ie a”. Es deci , que
as la paz alcanzada con G anada, Al onso X conside aba que los me iníes no
enían ni azón pa a c uza el Es echo ni posibilidades de hace lo, po que bas-
an es p oblemas debían sol en a en su p opia ie a y po que, además, las bases
que necesi a ían pa a el desemba co es aban en manos naza íes, con quienes los
cas ellanos enían “paz e egua”63.
Es a úl ima conside ación me ece siquie a un comen a io. C eemos que
solo una pe sona que ue a ajena a las maniob as que habían conseguido enga-
ña a Muhammad II du an e las negociaciones de 1273 o que desconocie a su
somb ío es ado de ánimo y su emenda us ación po e se obligado a con-
cede una egua a los a aeces después de habe pagado una eno me can idad
de dine o y de enuncia a odas sus bazas polí icas y mili a es pa a consegui
su desampa o, solo una pe sona que igno ase odas es as ci cuns ancias podía
pensa que p ecisamen e g acias a la paz alcanzada y a las buenas elaciones que
man enía aho a con G anada se pod ía neu aliza una posible in e ención
me iní en la Península.
Desde luego, hay ejemplos más que su icien es en la biog a ía de Al onso X
pa a pensa que a eces sus pe cepciones de la ealidad polí ica esul aban bas an e
62 Ibidem, cap. LII.
63 Ibidem, cap. LVIII.
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Al onso X y sus elaciones con el Emi a o g anadino...
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ingenuas – ecué dese si no, su so p esa an e la e uel a mudéja de 1264 después
de que él mismo la hubie a p o ocado con sus ac uaciones–, pe o aho a cues a
abajo c ee en an a ingenuidad. Insis imos en que únicamen e si se desconocía
lo ocu ido con la i ma de la paz a ines de 1273 y la posición en la que había
quedado el mona ca naza í e a posible espe a de es e alguna colabo ación en e
a los no ea icanos, cuando po el con a io el más some o análisis de si ua-
ción pe mi ía supone que se ía p ecisamen e Muhammad II quien, en cuan o
pudie a, busca ía el apoyo de los me iníes pa a incumpli los é minos de unos
acue dos que le habían sido impues os de mane a o ice a y, sob e odo, pa a
acaba con los Banu Asqilula. Y es o úl imo ue exac amen e lo que ocu ió.
Al onso X no solo es aba comple amen e equi ocado al e alua el papel
que juga ía el eino de G anada an e una posible in e ención de los me iníes,
sino ambién al conside a la si uación en la que es os es aban a inales del
año 1273. Po que al con a io de los que pensaba el ey de Cas illa, en es as
echas aquellos ya se habían consolidado en la cos e no e del Mag eb g acias
al some imien o de Melilla, Tanwun y Tánge , y en 1274, con el apoyo a ago-
nés, ambién consiguie on con ola Ceu a64. Eso quie e deci que, cuando en
el o oño de 1274 Muhammad II se di igió al emi Abu Yusu pa a pedi le su
colabo ación mili a con a Cas illa, las ci cuns ancias e an muy p opicias pa a
que se p oduje a una masi a i upción de es os en la polí ica peninsula , que
inalmen e u o luga en la p ima e a de 127565.
En in, pa ece cla o que, de la misma que mane a que el acue do de
Alcalá la Real de 1267 había ce ado en also el con lic o en e G anada y
Cas illa y había dado ocasión pa a una nue a gue a, el pac o de diciemb e de
1273 no solo no e a un ins umen o pa a la paz, sino que po el con a io ab ía
la pue a a un nue o en en amien o a mado, y en ambos casos el mo i o e a el
mismo: el empeño cas ellano en apoya a los a aeces. Dos di e encias en e uno
y o o caso cabe no a : uno, que la magni ud de la colisión bélica ue mucho
mayo a pa i de 1275, pues o que el eino de Cas illa u o que con empla
cómo e an asoladas sus ie as po los musulmanes –especialmen e los alles del
Guadale e y del Guadalqui i – en una medida desconocida desde los iempos
de las g andes incu siones almohades; dos, que en un maniob a muy in eligen e
los Banu Asqilula cambia on de bando y se alia on ambién con los me iníes, de
mane a que pudie on conse a el pode que enían66.
64 His oi e des Be bè es, IV, 62-66; Rawd al-qi as, 589-590.
65 His oi e des Be bè es, IV, 74-76; Rawd al-qi as, 591-593.
66 El cambio de alianza de los a aeces en CAX, cap. LXI; His oi e des Be bè es, IV, 89. Pa ece que
las no icias sob e la gue a ci culaban po Cas illa ya a inales de eb e o de 1275, cuando se puso
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Así pues, en 1275 se subía un peldaño más en las ag ias elaciones cas e-
llano–naza íes. Sin duda, en un p ime momen o el uelco que daba la si uación
polí ica y mili a en la Península como consecuencia de la in e ención de los
benime ines hacía más con lic i a si cabe el pano ama de aquellas elaciones. Bas e
pensa que Cas illa enía que en en a se aho a a un enemigo mucho más pode oso,
o mado po la alianza polí ico-mili a de los dos es ados islámicos más impo -
an es a ambos lados del Es echo. Po si al aba algún elemen o pa a adicaliza la
con on ación, es a nue a c isis bélica e a p esen ada en el campo musulmán bajo
el man o del yihad y como la espues a de la comunidad islámica de Occiden e a
la si uación de iolencia, injus icia y aco alamien o en la que se encon aban los
habi an es de al-Andalus67. Todo ello hacía p e isible una iolen a polí ica “ en-
is a”: un bloque c is iano, en o no a Cas illa, con a o o musulmán.
Sin emba go, la polí ica es cualquie cosa menos simple y lineal, así que
a medio plazo la i upción no ea icana acabó p o ocando un ace camien o
en e Cas illa y G anada. F en e a lo que pudie a pensa se a p ime a is a, es e
p oceso no es pa adójico, sino que esponde a una lógica pe ec amen e expli-
cable en unción de las ci cuns ancias. Cie amen e, en la co e naza í in e esaba
mucho la p esencia mili a no ea icana en la Península, po que como hemos
is o e a la única opción posible que le quedaba pa a acaba con el es ado de
di isión y some imien o en que se encon aba el eino, pe o en la p ác ica e a
muy di ícil que el impac o de la in e ención me iní se limi a a al es ic o
campo de las elaciones cas ellano-naza íes. De una o ma o de o a, los beni-
me ines acaba ían con i iéndose en un elemen o adicional que no solo dis-
o siona ía aquellas elaciones, sino que además media iza ía a la polí ica in e-
io g anadina. Después de odo, si la pa icipación de unos cien os gue e os
me iníes en la gue a de 1264 había p o ocado una e dade a con ulsión en las
es uc u as polí icas de G anada, siendo la causa de la e uel a de los Asqilula,
¿acaso no e a p e isible que el paso de miles de ellos, bajo el mando di ec o del
emi , aca ea a ambién consecuencias no deseadas pa a la co e naza í?
P esionado y humillado po los cas ellanos, y an e la pe spec i a de
ene que gobe na un eino di idido y ibu a io, al ez Muhammad II pen-
só que alía la pena a iesga se e in en a con ola el pelig o de la p esencia
en ma cha la p edicación de la c uzada, y a inales de ma zo ya se señalaban los luga es del alle
del Guadale e y de la campiña se illana que necesi aban e ue zos an e lo que se a ecinaba y pa a
ecoge las mieses. Sob e es o éase M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 297 y P. Linehan,
“‘Quedam de quibus dubi ans’: On p eaching he c usade in Al onso X’S Cas ile”, His o ia. Ins i u-
ciones. Documen os, 27, 2000, 129-154, donde se publican a ios documen os al espec o, aunque
con alguna al e ación en las echas.
67 His oi e des Be bè es, IV, 74; Rawd al-qi as, 591-593.
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no ea icana limi ándola al e eno es ic amen e mili a y lanzándola con a
Cas illa. Pe o hubo dos ci cuns ancias que hicie on imposible es e “con ol de
daños”: en p ime luga , los me iníes no se con o ma on con hace pasa a
sus hues es a la Península y pone las al se icio de los naza íes, sino que p o-
cedie on a ocupa , p e isiblemen e con a la olun ad del sul án de G anada,
una se ie de localidades – undamen almen e Ta i a y Algeci as, al ez ambién
Ronda– cuyo dominio les dejaba las manos lib es pa a in e eni en al-Anda-
lus cuando quisie an68; en segundo luga , pa a desconsuelo de Muhammad II,
la in e ención del emi ino a consolida la posición de los a aeces y, po
an o, a a i ica la di isión del eino naza í69.
Con la lucidez que ca ac e iza a sus análisis, Ibn Jaldún supo exp esa la
desazón que aquel es ado de cosas causó en la co e naza í ememo ando una
ama ga expe iencia his ó ica: cuando se p oduje on los p ime os éxi os me iníes
en la Península, a i ma el c onis a, Muhammad II comenzó a eme a sus co e-
ligiona ios po que no podía ol ida cómo siglos an es los almo á ides habían
a ado a los eyes de ai as, y su descon ianza aumen ó oda ía más cuando
comp obó el apoyo de Abu Yusu a los a aeces y cons a ó que es os es aban dis-
pues os a econoce la au o idad de los no ea icanos en la Península. En in, al
como había ocu ido la in e ención de los benime ines, el mona ca naza í bien
podía mi a se en el espejo del ai a se illano, al-Mu` amid b. `Abbad, o en el de
su lejano an eceso en el gobie no g anadino, el ey zi í des onado a inales del
siglo XI po quienes ambién habían c uzado el Es echo pa a ayuda le en e a
los c is ianos. Sin duda, aquella imagen no e a p ecisamen e alen ado a70.
Cie amen e, es as señales no e an buenas pa a G anada. Es e dad que,
einiciada la gue a con a Cas illa en 1275, los naza íes ac ua on jun o a sus
aliados del no e de Á ica, pe o solo dos años más a de, en la siguien e in e -
ención –1277– es os decidían, po su p opia cuen a, en de ensa de sus p o-
pios in e eses y sin que hubie a una pe ición p e ia de los andalusíes, ol e
a c uza el Es echo. Se daba la ci cuns ancia, además, que los Banu Asqilula
seguían siendo ampa ados po los me iníes y que es os no hacían sino amplia
68 His oi e des Be bè es, ol. IV, 77; Rawd al-qi as, 593-595; al-Daji a al-saniyya i a’ ij al-dawla
al-ma iniyya, ed. Abd al-Wahhab b. Mansu , Raba , 1972, 144-146 [en adelan e: al-Daji a. Ag a-
dezco a Mª José Rebollo Á alos, a abis a y amiga del Depa amen o de Filología Hispánica de
la Uni e sidad de Ex emadu a, la aducción es a uen e]; CAX, Cap. LXI, 177. Pa a las dudas
sob e una cesión olun a ia de es os núcleos éase M.-Á. Manzano Mo eno, La in e ención de
los benime ines, 15-18; F. Ga cía Fi z, Relaciones polí icas y gue a, 234-236.
69 His oi e des Be bè es, ol. IV, 78-79 y 89; Ibn Al-Ja ib: Ki ab A`mal, ed. Allouche, 5-6; al-
Daji a, 146.
70 His oi e des Be bè es, ol. IV, 92.

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su p esencia e i o ial en la Península, inco po ando aho a Málaga a los pue -
os que ya con olaban71.
La con luencia de es os es ac o es –ac uación independien e de los me i-
níes, ampliación de sus bases a es e lado del ma y man enimien o de la agmen a-
ción del eino de G anada– ue ci cuns ancia su icien e pa a que los peo es emo-
es de Muhammad II queda an a i icados. Así las cosas, se en iende que cuando,
en 1278, Al onso X decidie a pone ce co a Algeci as en un in en o de bloquea
o di icul a el paso de opas no ea icanas, se encon a a con el apoyo mili a
y polí ico del ey de G anada72. Como pod á supone se, el ace camien o en e
los dos einos e a me amen e coyun u al y u o de un escena io muy conc e o:
después de dos in asiones de en e gadu a –las de 1275 y 1277–, Al onso X es aba
muy in e esado en desman ela las posiciones me iníes en los pue os del Es e-
cho, mien as que no menos in e és enía Muhammad II po limi a el alcance
de la p esencia no ea icana en la Península, que como hemos indicado se io
e o zada a ines de 1277 con la cesión de Málaga po pa e de los Asqilula. Pe o
aquel e a un ma imonio de con eniencia, basado únicamen e en la exis encia de
un enemigo común con a el que podían es a dispues os a uni sus ue zas. Pe o
nada más. Ninguno de los dos con endien es –ni Cas illa ni G anada– pod ían
admi i , llegado el caso, que el o o se con i ie a en bene icia io de los esul ados
que pudie an ob ene se. A es e espec o, los in e eses g anadinos e an pa icula -
men e cla os: se a aba de desaloja a los me iníes de las cos as sep en ionales del
Es echo o, cuan o menos, impedi que su pode ío siguie a ex endiéndose, pe o al
mismo iempo enían que e i a que los cas ellanos los sus i uye an en el dominio
de las mismas. Su ac uación ue in eligen e, pe o a iesgada: Muhammad II apoyó
a los cas ellanos en el ce co de Algeci as has a que, en eb e o de 1279, la ciudad
de Málaga pasó a su pode . En cuan o es o ocu ió, el ey naza í se ol ió con a
su ci cuns ancial aliado, Al onso X, y se unió o a ez a los no ea icanos, a los
que ayudó a le an a el ce co sob e Algeci as.
La “jugada” naza í es digna de se no ada: g acias a su empo al alianza
con los cas ellanos había e osionado la p esencia no ea icana en el Es echo
y, sob e odo, había ecupe ado una plaza de p ime ísima impo ancia polí ica
y come cial que había escapado del dominio naza í desde el p ime momen o
de la e uel a de los a aeces en 1266. De es a o ma, conseguía pa cialmen e
71 Rawd al-qi as, 607-619; His oi e des Be bè es, ol. IV, 85-97; Ibn Al-Ja ib, Ki ab A`mal, ed. Allo-
uche, 6-7. El g an “alcance polí ico” de la cesión de Málaga a los me iníes po pa e de los a aeces
ha sido jus amen e sub ayado po F. Vidal Cas o, “His o ia polí ica”, 96.
72 His oi e des Be bè es, ol. IV, 97-102; Rawd al-qi as, 619-628; Ibn Al-Ja ib: Ki ab A`mal, ed.
Allouche, 6-8; CAX, caps. LXIX-LXX, LXXII. Sob e el ce co de Algeci as, además de la biblio-
g a ía ci ada en no a 1, éase M.C. Mosque a Me ino, Ceu a en el siglo XIII, 342-348.
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uno de sus obje i os p io i a ios –la ein eg ación del eino– y debili aba a sus
amenazan es co eligiona ios. Pe o, al mismo iempo, y g acias a su cambio de
alianzas, hacía acasa a las ambiciones cas ellanas de posiciona se en el Es echo,
humillaba mili a men e a Cas illa –al obliga le a le an a p ecipi adamen e el
ce co de Algeci as y colabo a en la de o a na al que padeció– y, po añadidu a,
le c eaba adicionalmen e algún p oblema in e no, debido al dis anciamien o
que se p odujo en e Al onso X y el in an e don Sancho a aíz de los p oblemas
de inanciación de la campaña.
Cla o que odo aquello enía pa a G anada una con apa ida an indesea-
ble como, segu amen e, ine i able: se a aía la i a cas ellana y al mismo iempo se
enajenaba el apoyo de su has a en onces aliado no ea icano. En 1280 la gue a
ol ía de nue o a las on e as en e Cas illa y G anada, con el añadido no edoso
de que los benime ines ac ua ían como socios de los cas ellanos. Es á cla o que
después de los sucesos de 1279 en e a los mu os de Algeci as, la dis ancia en e
Al onso X y Muhammad II se con i ió un e dade o abismo: a odos los ag a-
ios acumulados desde 1264, incluyendo la pe ición de ayuda a los no ea icanos
en 1274 y los des ozos causados en el alle del Guadalqui i du an e la gue a de
1275 y 1277, enía aho a a suma se la des ucción de su lo a en 1279, en pa e
consecuencia de una nue a “ aición” g anadina. A es as al u as, la posibilidad
de ecompone las elaciones e an nulas: los ai enes diplomá icos g anadinos
p opicia on en onces un acue do en e Cas illa y el emi me iní Abu Yusu –eno-
jado con los naza íes po la pé dida de Málaga–, pa a cas iga a Muhammad II73.
Como decimos, el en en amien o bélico ma caba o a ez el signo de las ela-
ciones en e Cas illa y G anada, y así segui ía de momen o, has a 1281.
Du an e es os años, los g anadinos hubie on de sopo a la p esión mili a
de cas ellanos y de me iníes en sus on e as: po lo que espec a a los p ime os,
Al onso X, as delibe a con sus he manos, hijos y conseje os en una eunión
habida en Badajoz a p incipios de 1280, anunció que “pues e a abenido con el ey
Abén Yuça , que que ía bolue la gue a con el ey de G anada”. Su obje i o no podía
se más ambicioso y maximalis a: no se a aba solo de cas iga a Muhammad II,
sino que planeaba aquel con lic o “po que pudiese se ui a Dios e cob ase es a ie a
que los mo os auién aquén la ma ”. Pa a ello o denó concen a el ejé ci o cas e-
llano en Có doba, bajo el mando del in an e don Sancho, con idea de a aca
la Vega de G anada. La campaña u o luga du an e el e ano de 1280 y, as
un desas e inicial en Moclín, las opas asola on aquel e i o io “quemando los
panes e alando e de ibando quan o allaua”. En el e ano siguien e una nue a
expedición ol e ía a epe i las mismas escenas de des ucción y saqueo en la
73 CAX, cap. LXXIII; Rawd al-qi as, 629-630.
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Vega g anadina, y es posible que algún con ingen e naza í ue a de o ado a las
mismas pue as de G anada74. Los benime ines, po su pa e, an e la imposibi-
lidad de e ec ua un ce co a g an escala sob e Málaga, debido a los p oblemas
que debían a on a en su p opio e i o io, se hubie on de con o ma con un
in en o po a eba a Ma bella a los naza íes, pe o ampoco lo log a on75.
Después de dos años consecu i os de alas cas ellanas po las inmedia-
ciones de G anada y quizás ambién p eocupado po que en la segunda mi ad
de 1281 los me iníes ol ían a ene las manos lib es pa a ac ua en al-Andalus,
Muhammad II le o ecía a Al onso X el e cio de las en as de su eino en con-
cep o de pa ias a cambio del in de las hos ilidades. La con ao e a al onsí, que
exigía la en ega de algunos cas illos y o alezas, debió de hace imposible el
a o, aunque de momen o pa ece que las ope aciones se de u ie on76.
Sin emba go, el es allido de la gue a ci il cas ellana en e Al onso X y su
hijo Sancho ino a añadi o o elemen o de con on ación, es a ez el úl imo,
en e el ey de Cas illa y G anada. E a p e isible que aquel con lic o in e no
a ec a a de una u o a o ma a las elaciones en e los dos es ados, pues cabía
supone que cada pa e busca ía aliados den o y ue a del eino. Y dado que la
descon ianza y el en en amien o habían p esidido las elaciones en e Al on-
so X y Muhammad II, no e a de ex aña que es e úl imo in en a a ap o echa
la ocasión pa a pe judica a un i al que no le había dado muchos espi os
en quince años. Como e a lógico con aquellos p eceden es, la co e naza í se
decan ó po colabo a con el in an e ebelde. Es posible, además, que en la oma
de posición g anadina in luye a en no poca medida la ac i ud espec o al con-
lic o de quien en aquellos momen os e a su o a g an amenaza: el emi me iní.
Como se sabe, una ez que el ey de Cas illa pudo comp oba la soledad en la
que se encon aba pa a hace en e a la ebelión de su hijo, sin halla apoyos en
74 CAX, caps. LXXIII-LXXV; Anales Toledanos III, ed. A.C. Flo iano, Cuade nos de His o ia de
España, XLIII-XLIV, 1967, 64 y 67, 174-175. No deja de se signi ica i o de la empe a u a bélica
que se alcanzó du an e aquellos años en la on e a, el al o núme o de comba ien es que ue on
ap esados po los musulmanes en e 1279 y 1280, cau i os cuyas his o ias ue on incluidas en los
“mi aculos omanzados” de San o Domingo de Silos, S. de Ve ga a, Vida y milag os de el hauma u go
español Moyses segundo, edemp o de cau i os, abogado de los elices pa os, S o. Domingo Manso, abad
benedic ino epa ado de el Real Monas e io de Silos”, Mad id, 1796, 141-151 y 163-167.
75 Abu Yusu no pudo a a esa el Es echo a ines de 1279 po que su ecino Yagmu asan de T e-
mecén, aliado con los naza íes, comenzó a a aca el e i o io me iní. La maniob a o ques ada po
Muhammad II pa a des ia la a ención del emi alcanzó su obje i o e impidió que es e ecupe a a
Málaga, como enía p oyec ado, Rawd al-qi as, 630-631. Sob e el ce co de Ma bella, éase His oi e
des Be bè es, ol. IV, 102; Ibn Al-Ja ib, Ki ab A`mal, ed. Allouche, 8.
76 CAX, cap. LXXV, 215. En el segundo semes e de 1281 los me iníes de o a on a Yagmu asan,
así que es aban en condiciones de ol e sus ojos hacia la Península, Rawd al-qi as, 633-635.
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A agón, F ancia, Ingla e a, Po ugal ni Roma y en en ado a la mayo pa e de
su eino, se di igió al gobe nan e no ea icano buscando un aliado mili a , y
p ecisamen e allí lo encon ó77.
Quizás no deje de se signi ica i o pa a e alua la deg adación de las
elaciones en e los dos einos, el hecho de que en el pa é ico eco ido de
Al onso X po las co es peninsula es y eu opeas más ce canas pidiendo auxilio
pa a su causa, a la única a la que no acudie a ue a a la naza í. Po lo que espec a
al impe io de los benime ines, más allá de la caballe osidad que an o Al onso X
en su es amen o como las c ónicas del pe íodo le adjudican al ges o del emi , lo
cie o es que es e encon aba en aquella si uación una opo unidad pa a cas iga
a Muhammad II y esa ci se de la pé dida de Málaga, y al mismo iempo saca
pa ido del en en amien o en e los c is ianos78.
De momen o, la alianza con el ey de Cas illa le pe mi ía al emi , en
colabo ación con los escasos e ec i os que podía apo a Al onso X, ace ca se
has a Có doba, saquea sus al ededo es, ealiza una campaña de des ucciones
po ie as de Jaén, Anduja y Úbeda e incluso a a esa Sie a Mo ena y asola
e i o ios manchegos, llegando al ez has a Toledo y Mad id, odo ello en el
o oño de 1282. Hacía muchas décadas que aquellas ie as no eían a un ejé ci o
musulmán alga eando po sus inmediaciones, de modo que no podía duda se de
la se iedad de la amenaza. La alianza mili a en e los nue os socios e a sólida y
empezaba a da u os, an e lo cual el in an e don Sancho ol ió sus ojos hacia
el eino naza í en busca de un aliado con el que compensa la colabo ación de
los me iníes con su pad e. Muhammad II, que pe ec amen e podía eme que
a de o emp ano Abu Yusu y las opas al onsíes in en a an hace le paga po
an iguas que ellas, no dudó en acep a la o e a, que se conc e ó en un acue do
i mado en P iego a inales de aquel año79.
Los emo es g anadinos se hicie on ealidad al año siguien e: en la p ima-
e a de 1283, el emi me iní, con ando con con ingen es c is ianos apo ados
po Al onso X, se di igió G anada y le a eba ó algunos cas illos y illas ce ca-
nas a Málaga –Cá ama, Coín, Fuengi ola–. Quizás las desa enencias en e los
e ec i os cas ellanos que lo acompañaban y el gobe nan e no ea icano, unida
a una in e mediación del hijo del emi , hizo que es e die a po e minada la
expedición con a el e i o io malagueño, iniciando en onces o a con a los
enemigos cas ellanos de su aliado, Al onso X, po ie as co dobesas, jiennenses
77 DAAX, doc. 518; Rawd al-qi as, 635.
78 Así lo hace no a Ibn Jaldún, His oi e des Be bè es, ol. IV, 106
79 CAX, cap. LXVI, 229; Rawd al-qi as, 636.