imi ación y expe iencia
en el p oyec o a qui ec ónico
IV Talle In e nacional de A qui ec u a
Talle de A qui ec u a
_
DIRECCIÓN
San iago Quesada-Ga cía
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Se illa
_
TALLERES
Gab iel Bascones de la C uz
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Se illa
Rica do Ca alho & José Ad iâo
Facul ad de A qui ec u a de Lisboa
An onio Jiménez To ecillas
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de G anada
Pie luigi Sal adeo
Poli écnico de Milán
_
PROFESORES INVITADOS
Manuel Ai es Ma eus
Uni e sidade Lusíada y Uni e sidad Au ónoma de Lisboa
Ra aello Cecchi y Vicenza Lima
Poli écnico de Milán
Ja ie Gomá Lanzón
Doc o en Filoso ía. Mad id.
Blanca Lleó Fe nández
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Mad id
José Ma ía Lozano Velasco
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Valencia
An onio O iz
C uz y O iz a qui ec os. Se illa.
Helio Piñón Palla és
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Ba celona
Lib o
_
COORDINACIÓN Y DIRECCION San iago
Quesada-Ga cía
Gab iel Bascones de la C uz
EDICIÓN
Uni e sidad In e nacional de Andalucía
DISEÑO Y MAQUETACIÓN
Guille mo Sánchez Galla do
IMPRESION
J. De Ha o A es G a icas S.L.
ISBN
978-84-7993-047-9
Depósi o Legal
© del lib o: San iago Quesada-Ga cía
© de los ex os: sus au o es
© de las ilus aciones: sus au o es
Relación de alumnos pa icipan es
_
ALBA DORADO, MARIA ARACELI
AMATE MORENAS, MARIA DE LA VILLA
AZEVEDO MENDES PEREIRA COSTA, FRANCISCO
BELTRAN VALCARCEL, FRANCISCO
CAMPOS MIRA, MANUEL
CARRASCO ARRUDA, GONÇALO
CARVAJO LUCENA, ROCIO
CASTELLANO BRAVO, BEATRIZ
CASTRO ALBA, JAVIER
CHIARADIA, ANNA
CRESPO MORENO, JOSE ANGEL
CRUZ CARDENAS, MIRIAM
CRUZ MORENO, RAFAEL
DAUN E LORENA DE MATTOS TAQUENHO, SEBASTIAO
GARCIA DE CASASOLA GOMEZ, MARTA
GARCIA RUIZ, MARIA TERESA
GARRIDO RUIZ, JUAN MANUEL
ILLAN MARTIN, JESUS MANUEL
LARRALDE DEL SOLAR, DANIEL
LEDO CARMONA, SOLEDAD
LEITE DE FARIA HORTA E COSTA, MARIA MADALENA
MAESTRE BORGE, MARIA DEL ROCIO
MAGALHAES CASTRO CALDAS, NUNO
MENDOZA DE CASTRO, LAURA
MILLAN MILLAN, PABLO MANUEL
MONTECATINE ALONSO, MAITE
MONTES JIMENEZ, FRANCISCO
MONTORO GARRIDO, FRANCISCO MIGUEL
MONTORO GARRIDO, SERGIO
MOREIRA LOPES LINO GASPAR, RODRIGO
NAVARRETE ELORDUY, MARIA DEL CARMEN
ORTEGA AMEZCUA, IRENE
PEREZ FLORIDO, FRANCISCO
PULIDO ROA, ANTONIO LUIS
QUINTERA LOPES, JOAO PEDRO
REY PEREZ, JULIA
RODRIGUES COSTA, ANDRE
RODRIGUEZ DOLBETH COSTA, NADIA VANESSA
RODRIGUEZ MONEDERO, MANUEL JAVIER
RODRIGUEZ SERRANO, MARIA DOLORES
RUBIA MORENAS, CARMEN
SANCHEZ RUS, MARIA BELEN
VILLAR PEREZ, LUIS MARÍA
ZECCA, GIANLUCA
Índice
Imi ación y expe iencia en el p oyec o de a qui ec u a
San iago Quesada-Ga cía
A qui ec u a de la Imi ación
Ja ie Gomá Lanzón
P opues as pa a el Ce o del Alcáza de Baeza
Talle 1.
Gab iel Bascones de la C uz
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Se illa
Talle 2.
Rica do Ca alho & José Ad iâo
Facul ad de A qui ec u a de Lisboa
Talle 3.
An onio Jiménez To ecillas
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de G anada
Talle 4.
Pie luigi Sal adeo
Poli écnico de Milán
Los iempos de la a qui ec u a
F ancisco Ja au a
Sob e el p oyec o de a qui ec u a y su ap endizaje
Helio Piñón
C ónica del Talle
Bibliog a ía básica
9
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51
61
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La his o ia de la imi ación con inúa después. T as esa consag ación,
ípicamen e omán ica, del suje o au oconscien e en el cen o de odas
las cosas, a inales del siglo XIX y du an e odo el XX se p odujo una
ex aña y no conce ada e i iscencia de las eo ías de la imi ación.
Ya no una imi ación de la obje i idad despe sonalizada, sino una
plu alidad so p enden e de eo ías e e idas, de una o ma u o a,
a la imi ación mo al de pe sonas.2 Es a imi ación en e suje os lib es
y acionales es aba mucho más ce ca de un concep o de e dad
pos mode no (his ó ico, ela i o, socialmen e condicionado) que los
plan eamien os omán icos y posi i is as que habían es ado igen es
du an e la go iempo.
Conscien e de que las obse aciones que siguen equie en una mayo
e lexión, oy a indica sólo algunas ideas sob e la posible ap oximación
de la a qui ec u a a la imi ación en nues a época pos mode na.
1. El “axioma undamen al” de la eo ía de la imi ación pos mode na
se halla esumido en el p incipio “ ac icidad”: de hecho, nos gus e o
no, imi amos, i imos a ojados en un ho izon e de modelos, en una
ed de in luencias mu uas. La a ea del homb e es con e i ese hecho
en algo asumible po un se acional, lib e y mo al. En el caso del
a qui ec o, es oy segu o de que, como suje o mo al y como p o esional
de la a qui ec u a, es á ambién “a ojado” en un ho izon e de modelos
y en esa compleja ed de in luencias. Tend á de una o ma más o menos
conscien e una pau a o un es ánda de lo que es excelen e en la ida
y en el a e, una imagen ideal de pe ección, a la que iende con oda
su espon aneidad y en compa ación a la cual medi á sus esul ados.
En es a obse ación se cons a a ía la ine i able p esencia de modelos
imi ables en odo suje o, ambién en el a qui ec o.
2.- Del a qui ec o se pod ía deci , con más p ecisión, que se encuen a
“a ojado en un ho izon e de modelos a qui ec ónicos”. En cuan o
c eado de p oyec os es á expues o a una in luencia especí ica
de ejemplos dados y no ma i os. Se ía in e esan e examina si en
a qui ec u a, donde la in luencia de los p eceden es (de lo ya hecho
con éxi o en el pasado) y del paisaje y el en o no u bano o na u al (la
Na u aleza en sen ido la o) es un hecho incon o e ible y se encuen a
en la misma esencia de ese a e y o icio, se ía obligado una eno ación,
pos mode na, de la an igua eo ía p emode na de la imi ación de los
An iguos y de la Na u aleza, con p esupues os nue os. Po un lado,
una ecupe ación del concep o de maes o y au o idad en dicha
disciplina, cuyas ob as el consenso gene al conside a de alguna o ma
no ma i as o con una con inuada capacidad de suges ión, no ago ada
en su singula idad. Po o o, una econside ación de la Na u aleza
como “luga habi able” que, po ejemplo Kan , p esupone en ella al
concebi la como o ien ada a una inalidad ( eleología). En cuan o
do ada de ines, se ía suscep ible de imi ación po el a qui ec o, el
cual con su écnica a a de da inalidad (humana) a la ma e ia que
abaja. Quizá sea la a qui ec u a el a e que mejo ealiza la esencia de
la écnica, en la e lexión de Heidegge y O ega y Gasse , en endida
como he amien a pa a c ea “lo habi able” en el mundo, pa a con e i
la Na u aleza ex aña al homb e en hoga pa a és e.
Lo an e io no excede de me as suge encias sob e los p incipios que
debe ían inspi a una ap opiación de la eo ía de la imi ación pa a la
a qui ec u a. En esa ap opiación debe ían oma se en conside ación,
a mi juicio, algunas ad e encias pa a e i a incu i en la misma
ingenuidad que ha podido obse a se en in en os los an e io es.
2.1.- Una eo ía de la imi ación p esupone una endencia hacia la
obje i idad en endida como uni e salidad. Todo ejemplo iene una
p e ensión de uni e salidad, po que, de lo con a io, es sólo un “caso”
en e o os, un me o “hecho”, pe o no un ejemplo. Se excluye en él lo
ex a agan e, lo ingenioso y la ocu encia, pu a p oyección subje i a.
2.2.- Esa uni e salidad no es á dada, comple a, p e ia, ce ada, como
sucedía en la obje i idad p emode na y p esubje i a, sino que es
pos -subje i a, pa e de la exis encia de una subje i idad plena. Sin
emba go, no se de iene en ella sino que eco e la dis ancia en e esa
subje i idad y una nue a obje i idad c eada socialmen e, u o del
consenso epe ido y con i mado, his ó icamen e condicionada.
2.3.- Esa nue a obje i idad no se acep a ac í icamen e. Puede y debe
enjuicia se, explica se, azona se. Se acep a la au o idad inhe en e al
modelo, al ejemplo escogido, pe o la ley que ese ejemplo enuncia es á
suje o a con inua c í ica: debe da se azón del p incipio que encie a.
Aquí pod ía e o mula se la an igua que ella enacen is a en e
imi a io/in en io, o el equilib io ilus ado en e e y azón.
2 Me emi o a oda la Pa e II, sección 3, de mi lib o: “Eme gencia de una cua a clase de imi ación en el pensamien o con empo áneo”
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2.4.- No hay un modelo único de pe ección. Los g iegos y los enacen is as aspi aba a esumi la pe ección en una única ó mula: el canon.
Aho a pensamos que la pe ección, en cuan o ealización, es imposible, pe o nadie nos impide segui o ien ados hacia ella en la o ma de una
pe manen e aspi ación, como una p omesa más que como un bo ín ya cap u ado.
2.5.- La uni e salidad a la que aspi amos es abie a, las o mas de aspi a a la obje i idad son plu ales, y los esul ados que ob enemos,
p o isionales.
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La labo de p oyec a a qui ec u a es, como odo hecho c ea i o, un p oceso complejo. Un
camino cuya inalidad es la as o mación de la ealidad median e la c eación de espacios,
camino que no es lineal y uni oco, y no sólo e lexi o sino ambién p oposi i o. Se a a de un
p oceso que pa e de un conocimien o e in e p e ación de la ealidad dada, a pa i de la cual se
desencadena un p oceso de a gumen ación o posicionamien o ideológico pe sonal que lle a
a la elabo ación de una espues a c ea i a. En es e p oceso, pe sonal e in as e ible, en an en
juego los e e en es cul u ales, an o a qui ec ónicos como de o as disciplinas. La a qui ec u a
se nu e de modelos que son ap ehendidos y en an a o ma pa e de la expe iencia p opia, del
bagaje cul u al pe sonal, ma e ial que es ambién ma e ia p ima del p oyec o a qui ec ónico.
P o undizando en el ema del Talle , se a ó de des ela median e un eje cicio p ác ico el
p oceso de p oyec o y como en él en an en juego los concep os de imi ación y expe iencia.
U ilizando como p e ex o una si uación y localización conc e as, ambas in encionadamen e
alejadas de una noción de sola y p og ama al uso. El obje i o ue que el abajo a elabo a no
se ciñe a a un esul ado, a la ma e ialización inal del p oceso de p oyec os, sino que ilus a a y
desci a a el p oceso de ges ación del mismo, y cuáles son los modelos de e e encia, como se
han in e p e ado y como o man pa e de la p opues a elabo ada.
Den o del cen o his ó ico de Baeza, se ha elegido como luga de ac uación el p ime
asen amien o de la ciudad, el ce o del alcáza musulmán. Ex emo su oes e del espolón en
que o igina iamen e se ubicó la localidad y que el iempo nos ha hecho llega como un e eno
acío, en el que no nos es econocible ningún elemen o edi icado. Únicamen e la con unden e
opog a ía pe mi e iden i ica el bo de de es a mese a ele ada con el azado de lo que ue an
en iempos mu allas de alcáza y la medina á abes, aho a saliendo a la luz en las campañas de
exca ación a queológicas ealizadas en los úl imos años. Si los p ocesos de c ecimien o de la
ciudad hacia co as in e io es y ex amu os ue on dejando es a zona en abandono, la es echa
P opues as pa a el Ce o del Alcáza de Baeza
17
anja de i iendas cons uidas en e el ce o y la ciudad his ó ica en el pasado siglo han
acen uado aún más la desconexión en e el ce o y la ciudad, di icul ando su iden i icación y la
lec u a de su con inuidad.
Dada su si uación opog á ica, es e á ea se con ie e en una magní ica a alaya desde la que
dis u a de las is as del alle del Guadalqui i , y de la misma localidad que se ex iende desde
el pe íme o amu allado.
Con el eje cicio se p e endió cen a la e lexión eó ica del cu so sob e el á ea an e io men e
desc i a, p oponiendo pa a ello de e minadas acciones, así como su sopo e espacial, que
econozcan y p omue an los alo es del luga . Lejos de p opone un p og ama exhaus i o pa a
el abajo, se apun a on algunas posibles ac i idades a conside a , p e endiendo se sólo pun o
de pa ida pa a la elabo ación del p og ama, cuya de inición, escala y g ado de inculación en e
las di e en es ac i idades, se ía obje o del abajo a desa olla po cada g upo.
Se sugi ió la elabo ación de un eco ido que elacionase el Ce o del Alcáza con la ciudad y el
paisaje, do ándolo de di e en es espacios, de pausa o mi ado … al alle y la ciudad. Es a posible
es uc u a se pod ía comple a con una cabaña-es udio pa a un in es igado , elacionado con
los abajos de exca ación… así como, con un espacio de p o ección y apoyo a es os abajos.
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Algunos aspec os p opues os en el eje cicio ue on:
- La na u aleza del sopo e, dualidad en e la enigmá ica y muda apa iencia ac ual y su condición de documen o pa a se leído, en la que es
econocible casi la en e la p esencia de sus a o a queológico. Es a ci cuns ancia in oduce un alo añadido al iempo, exigiendo del p oyec o
una espues a que inco po e un g ado de empo alidad, lexibilidad o adap ación a las ci cuns ancias cambian es de los abajos de exca ación.
- T abaja en un as o espacio, abie o y aco ado, con un lími e muy de inido, hace que és e, necesa iamen e, en e a o ma pa e del p oyec o
como elemen o de e lexión. Espacio que la in e ención no p e ende colma a , donde la a qui ec u a se sus en a mas en el acío que en el
lleno.
- El con as e en e las ac i idades p opues as, la dualidad público / p i ado, la con aposición en e el espacio es á ico del cobijo o la mo ada
ín ima, pa adigma de la a qui ec u a, y el espacio dinámico el eco ido; in e io y ex e io y la de inición de, los lími es en e ambos.
- Cómo el p oyec o esponde a la na u aleza del sopo e, a su opog a ía, alo his ó ico de los elemen os p eexis en es, ex u as de sus supe icies,
la inco po ación del paisaje median e el con ol de sus is as, la pe cepción en endiendo el luga po su posición desde su doble condición, pa a
e y se is o.
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TALLER 1
P o eso
Gab iel Bascones de la C uz
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de Se illa
Alumnos
Ma ía de la Villa Ama e Mo enas
Gonzalo Ca asco A uda
Bea iz Cas ellano B a o
Ma a Ga cía de Casasola
Ma ía Te esa Ga cía Ruiz
Juan Manuel Ga ido Ruiz
Mª Magdalena Lei e de Fa ia Ho a e Cos a
Ma ía del Rocío Maes e Bo ge
Se gio Mon o o Ga ido
Ma ía del Ca men Na a e e Elo duy
Ma ía Dolo es Rod íguez Se ano
22
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Mi amos el luga como el es a o con inuado
de una his o ia inacabada. Inco po a es a
his o ia al pa que u bano de la ciudad, supone
un p oceso de acep ación, de ans o mación.
Pasea con una mi ada obje i a supone
un p oceso su icien e como pa a hace
a qui ec u a con lo e íme o, con lo esencial,
sin nada más que lo necesa io. Camina es
i do ando al luga con la impo ancia de la
p esencia.
Baeza, luga de incógni as. Luga de
con adicciones. Luga de comienzos y de
inales inacabados. Como si de la campana
de Gauss se a ase se comienza con un in
de e minis a, de e minado. La his o ia en su
sabidu ía nos mues a un eco ido cíclico.
O igen inde e minado, in de e minado.
Sin e iza es e luga desa iculado y pone lo
en ca ga signi ica i a pa a la sociedad, pasa
po inse a lo en la escala de alo es que
hoy nos mue en (p esencia económica).
Decisiones limi adas en lo c onológico
pueden llega a desa olla a empo almen e y
de o ma pe du able.
Pac a con el luga supone la acep ación de
una his o ia pa adigmá ica que mues a luces
y somb as, y al inal la nada. El p oyec o que
pa e de es a nada a anca de la acep ación
limi ada de lo ocu ido. Homb es como
somos ma camos los luga es con el háli o de
lo inanimado. Es e luga adquie e el se de no
se nada. Luga . A qui ec u a del luga , de no
se nada. De es a .
“La posibilidad de simpli ica una cosa, signi ica
p escindi de lo i ele an e pa a exp esa lo
esencial” H. Ho mann
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TALLER 3
P o eso
An onio Jiménez To ecillas
Escuela Técnica Supe io de A qui ec u a de G anada
Alumnos
F ancisco Aze edo Mendes Pe ei a Cos a
Anna Chia adia
José Angel C espo Mo eno
Ra ael C uz Mo eno
Jesús Manuel Illán Ma ín
Soledad Ledo Ca mona
Nuno Magalhaes Cas o Caldas
F ancisco Mon es Jiménez
F ancisco Miguel Mon o o Ga ido
I ene O ega Amezcua
An onio Luis Pulido Roa
Joâo Ped o Quin ela Lopes
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APRENDER CON UN RÁPIDO EJERCICIO DE ARQUITECTURA
Con independencia de las “condiciones de con o no” di e enciales y
ca ac e ís icas de cada eje cicio (el cu so de e ano que nos ocupa se
desa olló a lo la go de una escasa semana), esul a in e esan e ealiza
un análisis más gené ico que especí ico a la ho a de a on a lo. Es e
eje cicio, más que p oyec o, se con e ía en una excusa pa a e lexiona
sob e algunas cues iones que, en con ex os his ó icos como es el
caso de Baeza, si úan al p oyec o de a qui ec u a al se icio de la
egene ación u bana.
Como en la mayo ía de los asen amien os esidenciales inculados a un
núcleo de ensi o, el emplazamien o del p omon o io de la Alcazaba de
Baeza no cons i uye una elección o ui a, sino que iene de e minada
po unas condiciones opog á icas a o ables al es ablecimien o de una
ed de con ol isual e i o ial. La liquidación de la Alcazaba di icul a
la lec u a de los ínculos isuales que es uc u aban la población
con el e i o io ci cundan e. Lazos que se pueden es i ui median e
las pano ámicas u banas es ampadas o manusc i as conse adas de
Baeza. G acias a ellas se puede comp ende la elación en e el en o no
cons uido y el na u al, que en la ciudad p eindus ial se ealiza, a
a és de los ínculos igu a i os basados en el juego de escalas en e
el monumen o o aleza como hi o, y la ex ensión inde inida de su
paisaje.
Po odo ello, la e lexión-eje cicio de a qui ec u a sob e el p omon o io
de la Alcazaba de Baeza p opone ecupe a los alo es del en o no en
es as dos escalas, en la p óxima y en la alejada. El luga se en iende
desde es a doble pe spec i a, la inmedia a o p óxima cons i uida po
la mo ología y es uc u a u bana, y la amplia del e i o io en endido
como paisaje, es o es, como una si uación esul ado de la in e acción
en e los componen es ísicos del medio y la ac i idad del homb e
enma cada en o no a un núcleo u bano colgado sob e un alle lu ial,
bellamen e exp esada en los campos de oli os casi sin lími es.
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TALLER 4
P o eso
Pie luigi Sal adeo
Poli écnico de Milán
Alumnos
Ma ía A aceli Alba Do ado
Ja ie Cas o Alba
Mi iam C uz Cá denas
Sebas iâo Daun e Lo ena de Ma os Taquenho
Daniel La alde del Sola
Lau a Mendoza de Cas o
F ancisco Pé ez Flo ido
Julia Rey Pé ez
Manuel Ja ie Rod íguez Monede o
Ma ia Belén Sánchez Rus
Gianluca Zecca
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“Quizá alguien me acusa á de habe educido la a qui ec u a a casi nada. Es e dad que de la a qui ec u a he eliminado mucho de supe luo, que
la he libe ado de una g an can idad de ba a ijas que habi ualmen e la deco an, que la he dejado sólo en su simple uncionalidad… Un edi icio con
pila es lib es que sos ienen las igas no iene necesidad de pue as y en anas –pe o po o a pa e es inhabi able si es á abie o po odos los lados– “.
Ma c-An oine Laugie , Essai su l’a chi ec u e, Pa is 1755.
El deba e sob e la a qui ec u a con empo ánea es cada ez más
complejo. Una se ie de nue os con ex os polí icos, sociales y cul u ales
elacionados con los g andes cambios que de inen y ca ac e izan
nues a época, han de e minado un cambio de di ección en la discusión
ac ual. Y desde la a qui ec u a y sob e la a qui ec u a podemos
iden i ica hoy nue os p oblemas, más p óximos a las condiciones
de i adas de los cambios cul u ales del habi a humano que de cie os
análisis cen ados en expe imen os o males y es é icos de décadas
an e io es. Una si uación que, a su ez, debe se pensada desde una
pe spec i a global aco de con las condiciones de la época, ma cada po
g andes ensiones y di e encias den o de una c ecien e homologación
plane a ia. El mapa que esul a de es e cambio de posición es
so p enden e. La a qui ec u a ha pasado a se ac ualmen e uno de los
labo a o ios de análisis y discusión más ac i os en elación al deba e
con empo áneo sob e los modelos ci iliza o ios que la humanidad es á
en p oceso de ealiza , en el la go y complejo sis ema de espues as a
las condiciones de i adas de una c ecien e complejidad, siendo es a
ap opiación de los in e ogan es gene ales de la época el e i o io po
excelencia de la discusión.
En e ec o, es imposible en ende la a qui ec u a sin pensa la en
elación a la ciudad, a la casa, al espacio del homb e, a las o mas de
habi a . Todo el pensamien o a qui ec ónico ha sido en sus aíces
iel a es e pos ulado. Desde la Ca a VII de Pla ón a las no as de Le
Co busie o de Mies an de Rohe es a idea ha sido una cons an e. El
ho izon e de la polis, de la ciudad en sus di e en es o mas his ó icas,
Los iempos de la a qui ec u a
F ancisco Ja au a
decidía el sen ido del p oyec o, de la edi icación, como eco daba
L.B. Albe i. E a la ascinación que Vale y supo da a las b e es pe o
luminosas páginas de su Eupalinos. Y a la que desde o a pe spec i a
el mo imien o mode no igualmen e buscaba esponde . Toda ía hoy
cuando ol emos a lee algunas páginas de los años ‘30 nos sen imos
di ec amen e cues ionados. Po ejemplo, cuando Le Co busie
in e ogaba en aquellos años las condiciones del homb e mode no, su
o ma de habi a , al esc ibi : “Los homb es es án mal alojados. Y es á
en ma cha un e o i epa able. La casa del homb e que no es cá cel ni
espejismo, la casa edi icada y la casa espi i ual, ¿dónde se encuen a?
¿dónde puede e se? En ningún lado, en casi ninguna pa e. Es p eciso,
po an o, ompe el juego con oda u gencia y pone se a cons ui pa a
el homb e”. La a qui ec u a, pa a unos y o os, no iene o a azón de
se que la de cons ui pa a el homb e desde una dialéc ica que eco e
en zigzag la his o ia de las ideas y los mapas del mundo. Una his o ia
que se eesc ibe con inuamen e pa a eme ge de acue do a lógicas no
es ablecidas y que ninguna espues a consigue inicialmen e esol e .
Lo impo an e es la disposición que eúne el pensa , el cons ui , el
habi a al como suge ía la conocida con e encia de Ma in Heidegge
el 5 de agos o de 1951 en el ma co de las Da ms äd e Gesp äche.
Es e deba e pasa igualmen e po las condiciones p opias del abajo
del a qui ec o. No hay una sola e dad en a qui ec u a. F en e a una
si uación son posibles espues as, soluciones di e sas. La dialéc ica
del p oyec o se basa jus amen e en es a ensión. F en e a un concu so
complejo puede habe y hay di e en es epues as álidas. Es un
47
ma gen de in e p e ación que acompaña como una somb a a odo
p oyec o. Y los c i e ios de alidación en úl ima ins ancia ienen que
emi i se al ca ác e abie o del p oyec o mismo. Bien es cie o que
en de e minados momen os de la his o ia dichos c i e ios han sido
p ees ablecidos, dando al sis ema de o mas ue emen e codi icado
el alo del canon. La ascinación de Alcibíades en el Eupalinos no es
ajena a la pe ección que la a qui ec u a de Eupalinos compa e con la
música y la ma emá ica. Se a a de un uni e so egido po las leyes del
modelo clásico. Pe o nues a si uación se sien e y econoce egida po
o os p esupues os. Igualmen e, en la época del mo imien o mode no
se pod ía deci que cie as pau as o concep os egía el p oyec o. Hoy,
no. Es la condición de la a qui ec u a mode na. No hay una doc ina
compa ida, un pun o de is a legi imado que imponga c i e ios,
o mas, sis emas desde los que esol e el p oyec o, lo que da a la
a qui ec u a una disponibilidad c ea i a nue a con la que in e iene
en e a una de e minada si uación.
Rem Koolhaas de ine como junk space al espacio alea o io en el que
se insc ibe odo p oyec o. Po una pa e, se a a de econoce una
se ie de odas aquellas decisiones p e ias que p oceden del espacio
mismo, de su insc ipción social y cul u al. Son condiciones que es án
ahí y se imponen con la lógica de los hechos. Po o a pa e, la máquina
cons uc i a opone sus exigencias an as eces innegociables. En e
una y o a, la in e p e ación que se cons i uye en el cen o de la
expe imen ación misma, de la idea que egi á el p oyec o. Po eso
e mina siendo cen al iden i ica el luga desde dónde se p oyec a.
Nos encon amos an e una si uación en la que la doc ina uncionalis a,
su espí i u de espues a hones a a las necesidades, no esponde más.
El c edo uncionalis a había sido una e ó ica de comba e, había dado
a la a qui ec u a un nue o papel en la e a de la écnica, echazando
y eliminando las másca as deco a i as. Bas a eco da los alega os de
Loos con a el sis ema de o mas he edado. Siguiendo sus pasos, los
p ime os mode nos habían hecho suyo un c edo: la a qui ec u a no
se á en el u u o un simple o namen o, se á la exp esión de la belleza
écnica. De Loos a B uno Tau , a Le Co busie o Mies an de Rohe
podemos iden i ica un apasionado es ue zo de ideas y p oyec os que
esponden a es a idea, que a as a consigo la ensión y di icul ad po
de ini un nue o modo de habi a , aco de con las condiciones de lo
que en endían po ida mode na.
A nadie escapa que en el co azón del p oyec o pensado po el
mo imien o mode no es á p esen e una posición uni e salis a. Nadie
como G opius pa a de ende es a o ma de pensa . El p oyec o debe
abandona la de e minación de lo pa icula pa a se p opues a
uni e sal. Había que pensa , esc ibe G opius, en é minos de humanidad
y no de indi iduo. El adicalismo de G opius dejaba ue a de escena
odos aquellos e e en es pa icula es que han ocupado más a de,
as la c isis del mo imien o mode no, el cen o y p eocupación de la
a qui ec u a de algunas décadas a ás.
Posiblemen e engamos hoy que ol e a plan ea nos es as ideas pa a
dialoga con sus lími es e insu iciencias. Se a a de econoce una
complejidad inicial en la que se dan la mano odas las a ian es que
subyacen al p oyec o. Lo econocía Robe Ven u i al e e i se a es as
mismas di icul ades. “Los a qui ec os mode nos, ano aba, simpli ica on
es a complejidad. Aclama on la no edad de las unciones mode nas,
igno ando sus complicaciones. En su papel de e o mado es, aboga on
pu i anamen e po la sepa ación y exclusión de los elemen os, en luga
de la inclusión de equisi os di e en es y de yux aposiciones”. Como
p ecu so del mo imien o mode no, F ank Lloyd W igh se a e ía a
de ende su lema: “La e dad con a el Mundo”, dando luga a posiciones
ex emas que halla ían su exp esión en la mejo adición mode na.
Pe o aho a nues a posición es di e en e. La c ecien e complejidad del
mundo ac ual, en endida an o en sus aspec os económicos, sociales
y cul u ales, cuan o en lo que se e ie e a la dimensión e lexi a sob e
las condiciones del indi iduo, su iden idad y sus de i aciones cada
ez más complejas en uno y o o sen ido, su insc ipción social y los
modelos de pe enencia polí icos y cul u ales, hace que apa ezca un
espacio di e en e, mucho más complejo y con el que la a qui ec u a
debe abaja .
En e ec o, un p oyec o puede de ini se como una in ención pa a
esponde a un p oblema habi acional sea cual sea su dimensión
y ipología. Y es a la ho a de es ablece la p opues a de un p oyec o
conc e o que en an en con lic o las di e en es a ian es en juego.
Pa a unos, la a qui ec u a debe p oduci nue os espacios, debe
en ende se como un eje cicio u ópico, un agmen o del u u o que
acon ece sin espe a la u a del iempo. Pa a o os, el p oyec o debe
media en e las di e en es ci cuns ancias, debe se quien a icule los
dis in os con ex os en los que el espacio se insc ibe, espondiendo a
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las condiciones de uso e incluso al sis ema de unciones p e is as. Se
a a de un equilib io mesu ado, in eligen e, en el que se encuen an la
pasión cí ica, jun o al juego c ea i o, a la idea.
Se cons uye con ideas, pe o és as deben c uza se con el mapa de aquel
espacio sob e el que se edi ican. Es a di icul ad ha sido in e p e ada
de mane as bien dis in as a lo la go de la his o ia. De ahí la necesidad
de una elación c í ica con la adición, con la his o ia, con la eo ía de
la a qui ec u a, con la cul u a del p oyec o. Relación c í ica que, po
o a pa e, debe ayuda a in e p e a desde las condiciones ac uales
la complejidad que acompaña a las o mas del habi a . Hoy el edi icio
no es ya más un cue po, como imaginaba Leon Ba is a Albe i, sino
que, después de habe sido una máquina, al como lo había pensado
el mo imien o mode no, ha pasado a se un co ps imma e iel, inme so
en el uni e so de lujos sígnicos, del que habla Paul Vi ilio. De la misma
o ma que la ciudad ya no es ni esponde a los modelos he edados
de la his o ia ni a los sueños u ópicos ep esen ados po la ci à
ideale, sino que se p esen a hoy como la ille géné ique con igu ada
como luga de coexis encia de g upos sociales, cul u as, géne os,
lenguas, eligiones, e c di e en es. La ille géné ique pasa a se el nue o
labo a o io de elaciones, mi adas, econocimien os, ole ancias que
con on an di ec amen e el modelo he edado de la an igua ciudad,
dominada po la memo ia de un iempo sob e el que se cons uía
la his o ia de una iden idad. El nue o cue po social, como esc ibie a
Foucaul , se p esen a aho a desde las ma cas y signos de di e encias
múl iples, eunidas apenas en el p o isional y ágil modelo de las
nue as elaciones sociales, dando luga a una ep esen ación p ác ica
de la complejidad la en e de lo social.
C eo que es en el con ex o de es e nue o ma co de p oblemas que
la a qui ec u a debe es ablece su e lexión y p ác ica. Es ace adísima
la opinión de Je ey Kipnis al insis i en la pe inencia de conside a
el alo social y cul u al de la libe ad como una de las me as de
lo indi idual y lo colec i o. Una on e a que esul a polí icamen e
hablando cada ez más p oblemá ica. Ideas como las p opues as po
Rem Koolhaas, S e ano Boe i y San o d Kwin e en e o os hace ya
unos años en Mu a ions, o la más ecien e p opues a de B uno La ou
y Pe e Weibel en Making Things Public hace apenas un año en el ZKM
pod ían se los e e en es p oblemá icos pa a una discusión abie a
sob e es as cues iones.
Lo impo an e es cons ui una nue a o ma de pensa , aco de con las
condiciones de la nue a complejidad. Hoy, po ejemplo, la ecología nos
obliga a pensa la ciencia y la polí ica al mismo iempo. Es la debilidad de
cie os discu sos sob e la sos enibilidad, que e minan siendo un inú il
pliego de buenas in enciones. Si nos si uamos en esa pe spec i a, odo
lo que iene que e con la cul u a del p oyec o debe se epensado.
John Be ge lo eco daba ecien emen e. La p ime a a ea de cualquie
cul u a es p opone una comp ensión del iempo, de las elaciones
del pasado con el u u o, en endidas en su ensión, en la di ección en
la que con e gen con adicciones y espe anzas, sueños y p oyec os.
Comme le e é le dessin! Sí, como el sueño, el p oyec o, en esa ex aña
elación en la que se encuen an las ideas y los hechos, la ensión de
un a ue a que la his o ia ans o ma y el luga de un pensamien o que
imagina y cons uye la casa, la polis.
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Sob e el p oyec o de a qui ec u a y su ap endizaje
Helio Piñón
Ace ca de la expe iencia en el a e
Pa a e i a suspicacias espec o a la idea de a e que enma ca es as e lexiones, comenza é
e i iéndome a la noción más sol en e de genio, la que lo de ine como “aquél que es capaz de
concebi sin a ene se a eglas”. Lejos –como se e– de la idea pin o esca y populis a del mismo
que di unden las eleno elas y los suplemen os dominicales, el genio kan iano se de ine po
el modo a ís ico de a on a la concepción, no po una mí ica ines abilidad emocional que
lo con ie e en un se inadap ado, des alido –y, en consecuencia, i i able–, lo que le da un
a ac i o especial pa a los espec ado es imp esionables. No; el genio au én ico se ca ac e iza
po la in ensidad cons uc i a de su mi ada, no po la endencia a la inno ación compulsi a
con que los medios lo desc iben, ni po el u o imagina i o que anida en la banalidad de sus
plan eamien os y la ex a agancia de sus esul ados.
“Concebi sin a ene se a eglas” signi ica enuncia a sis emas no ma i os con encionales –an e
los que sólo cabe el uso de la azón deduc i a–, pa a ac ua de acue do con c i e ios de ca ác e
subje i o, i educibles a la azón, pe o inculados a la mi ada y enden es a la uni e salidad;
que sólo se adquie en con la expe iencia del a e, es deci , con la p ác ica del juicio es é ico.
“Concebi sin a ene se a eglas” supone, en de ini i a, p ocede de acue do con la in uición:
modo de conoce especí ico del a e, que a a de e i a el de e minismo de la lógica acional, y
se o ien a, en cambio, hacia la in elección sensi i a.
El genio es, pues, el a ibu o especí ico del modo de p ocede p opio de la p ác ica a ís ica, es
deci , el genio es pa a el a is a lo que la in eligencia es pa a el pensado : la condición esencial
de su abajo. Po ex ensión, se conside a como al el p opio suje o. Hay que no a , en cambio,
que mien as la in eligencia del pensado –o del simple ciudadano– se basa en el buen uso de
la azón, el genio, en la medida que se de ine como a ibu o al e na i o a la misma, ex ae sus
c i e ios de juicio p ecisamen e de la expe iencia: el econocimien o de los alo es es é icos
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de una ealidad a ís ica se basa en el uso de c i e ios isuales que sólo se adquie en con la
expe iencia del a e.
Sólo desconociendo la p opia esencia del a e se puede plan ea el abandono de la expe iencia,
a a o de una p ác ica es ic amen e in en i a. La ob a de a e a on a una cues ión pa icula
desde unos p esupues os sis emá icos que ienden a lo uni e sal: al pin a “un á bol”, el a is a
au én ico es á pin ando, además, “el á bol” en gene al. Renuncia a la expe iencia, limi ando
la mi ada al me o econocimien o de los c i e ios gené icos, impide accede a la iden idad
conc e a de la ob a, inalcanzable pa a quien la mi a con el de e minismo de la azón. Una azón
que, en e ec o, puede suge i las ca ego ías de la mi ada, pe o no puede suplan a el p opio ac o
de mi a , es deci , de econoce los alo es del obje o de la expe iencia.
La expe iencia en la a qui ec u a mode na
Las ideas esbozadas has a aquí pe enecen al dominio del a e en gene al. En adelan e, cen a é
mi e lexión en el papel de la expe iencia en la a qui ec u a mode na. A ese espec o, quie o
plan ea una cues ión undamen al, que se elaciona con una de las chapuzas eó icas que es á
en la base de la idea más ex endida de mode nidad a qui ec ónica: la que p o esa la c eencia
de que, desapa ecido el sis ema no ma i o ca ac e ís ico del clasicismo – ipo a qui ec ónico
y ó denes clásicos–, sólo queda el “pin o esquismo del desba ajus e” o la “disciplina del
concep o”, pa ología simé ica a la an e io . En e ec o, ins i ui como alo absolu o “lo pe sonal
a bi a io” puede conduci a dos si uaciones igualmen e pa ológicas espec o a la a qui ec u a
mode na: la “deso ganización inno ado a”, en la que la al a de c i e io se esuel e con el
eje cicio de la a bi a iedad subje i a, o “el p oyec o concep ual”, en el que se a a de legi ima
una con igu ación po el me o hecho de aduci en imágenes lo que una consigna a bi a ia
p esc ibe.
El p opósi o obsesi amen e inno ado es la men alidad que compa en ambas ac i udes, y
al conduc a compulsi a e i esponsable se iden i icó muy p on o con el modo de p ocede
ípico del a qui ec o mode no. Así, la p opia idea de mode nidad se asoció con una asunción
incondicional del cambio pe manen e, no con el modo de a on a la cons ucción o mal del
obje o o de plan ea con in ensidad las elaciones en e la con igu ación y la apa iencia, como
ponen de mani ies o sus ob as más signi ica i as.
Nada de lo exp esado has a aquí induce a pensa que la enuncia a la con ención ipológica
supone una elajación en la consis encia o mal del obje o. En ealidad, la mode nidad
a qui ec ónica implica el abandono de la egla –del sis ema no ma i o– como ins ancia p e ia,
legi imado a y de e minan e de la es uc u a del obje o, pe o en modo alguno compo a un
abandono del empeño o mado del p oyec is a, consus ancial a la p opia idea de a qui ec u a:
po el con a io, lo in ensi ica, al ac ua con una idea de o ma más su il.
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Po o a pa e, en la medida en que se enuncia a la expe iencia social
que implica la noción de ipo, esul a más necesa io el ecu so a la
expe iencia pe sonal. ¿Sob e que ma e ia p ima ac ua ía la in uición
– acul ad que, como se ha is o, es indispensable pa a la p ác ica del
a e–, si se enuncia a cualquie u o de la expe iencia subje i a?
Si bien se mi a, la mode nidad no hace más que desplaza la posición
del come ido de la egla en el p oceso de p oyec o, pe o no echaza su
empeño o mado : si en el clasicismo la egla e a an e io al p oyec o,
en la mode nidad la sis ema icidad y el o den –es deci , el e ec o de la
egla sob e el obje o– son las cualidades que se a an de alcanza como
esul ado del p oceso. El obje i o es análogo, aunque la es a egia
sea di e en e: se a a de do a al obje o de una consis encia o mal
que lo iden i ique como a e ac o. En la a qui ec u a del clasicismo, la
iden idad se undamen a en el sis ema y, en la mode nidad, la iden idad
se basa en el p og ama; no obs an e, la consis encia o mal –en ambos
casos– impide que se pueda desplaza cualquie elemen o de la
posición que ocupa en el obje o, si no se quie e a uina la es uc u a
que sopo a su con igu ación.
No cabe duda de que el p opósi o esencial del p oyec o mode no
es alcanza la iden idad del a e ac o. Como se ha is o, lo que en el
clasicismo es a ga an izado po el ecu so al ipo, en la mode nidad
se ha de consegui como esul ado del p oceso de p oyec o. Una
iden idad que, po de inición, asciende la apa iencia, en an o que
a ec a a la o ma del obje o y no a los po meno es de su imagen.
Es e hecho consus ancial a la p opia idea de a qui ec u a, no ha sido
econocido po la c í ica, has a el pun o que el abandono gene alizado
de los c i e ios de la a qui ec u a mode na, a mediados de los años
sesen a, ue u o de unas ideas que se habían incubado diez años
an es, que p egonaban que la a qui ec u a mode na había ago ado su
p opues a al cons i ui se en un es ilo in e nacional. En la ac ualidad,
pocos discu i án, en cambio, que sólo los g andes sis emas es é icos son
capaces de cons i ui se en un sis ema que ga an iza una e sa ilidad y
una e iciencia que de i an p ecisamen e de su uni e salidad.
Sin ninguna p e ensión p oba o ia, solo a í ulo de ejemplo, quie o
señala que el peso de la expe iencia del a e en la ob a de Pablo
Picasso, A nold Schönbe g o Ludwig Mies an de Rohe –po ci a a
es a is as inequí ocamen e mode nos y cla amen e eno ado es–,
la impo ancia de su apo ación, eside, como puede comp oba
cualquie a que epa e en su i ine a io in elec ual y a ís ico, en que
el conocimien o del sis ema a ís ico en el que ac ua on se basa en la
expe iencia pe sonal del sis ema an e io , a la ez e e encia y es ímulo
de la p opia ob a.
No; jamás el a e ha podido p escindi de la expe iencia de su his o ia.
En la mode nidad, la necesidad de con a con una ma e ia p ima, obje o
de la capacidad o denado a del a qui ec o, alcanzó su culminación
p ecisamen e en la segunda mi ad de los años cincuen a y en los años
sesen a del siglo x x , en el momen o de excelencia a qui ec ónica que
se conoció como Es ilo In e nacional. En un pe íodo de an sólo ein a
años, se es ableció un epe o io de episodios y c i e ios o males que
dio e osimili ud a un sis ema es é ico –el mode no– que, sin enuncia
un ápice a su p ecisión y igo o mal, daba en ada a las condiciones
pa icula es de cada caso, a a és de una subje i idad que asciende
lo pe sonal, en la medida que ac úa con c i e ios que ienden a la
uni e salidad.
Ace ca de la a qui ec u a ac ual
En iendo la a qui ec u a como la ep esen ación de la cons ucción,
es deci , como el u o de una acción subje i a o ien ada a do a a
la cons ucción de una con igu ación que ascienda la me a lógica
ma e ial. En las ideas y en los juicios que expond é a con inuación, me
a end é a es e c i e io y, po an o, ob ia é la p oducción inmobilia ia
di igida a o os p opósi os o mo ida po o os in e eses.
Es oy con encido de que en la segunda década del siglo x x se
p odujo una e olución en el modo de mi a y de concebi la o ma,
sin p eceden es en la his o ia. En la e ce a década de dicho siglo, al
e olución p o ocó un uelco simila en la a qui ec u a, que culminó
en la segunda mi ad de los años cincuen a, p ecisamen e cuando e a
cues ionada po una c í ica que igno aba an o sus alo es es é icos
como su sen ido his ó ico.
A pa i de 1970, se gene alizó una p ác ica del p oyec o que, en
el mejo de los casos, pe sigue la con igu ación de un “concep o”
o mulado lib emen e po el a qui ec o. Ello supuso inaugu a una
o ma a ípica de concepción que no log ó consolida se, lo que ab ió
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un pe íodo de decadencia oda ía no supe ado y del que nada indica
que se aya a sali en un u u o p óximo.
Es amos, a mi juicio, en el momen o de más baja calidad a qui ec ónica
–de la ac i idad humanís ica, en gene al– del úl imo siglo, y no po que
no haya un colec i o su icien e de a qui ec os con alen o o po que
la capacidad media de los p o esionales es é en anca decadencia. Lo
que de e mina la medioc idad de la a qui ec u a ac ual es la absolu a
pe e sión de las e e encias: jamás ha habido menos coincidencia
en e la nómina de los a qui ec os amosos y la de los ealmen e
compe en es. Los a qui ec os amosos, en muchos casos, no an sólo
esul an medioc es y ulga es, sino que –a endiendo a sus ob as–
pa ecen cla amen e negados pa a la p ác ica del p oyec o. Quie o
señala que, al juzga a esos a qui ec os, no me e ie o an o a su
capacidad pe sonal –que, en la mayo ía de los casos, desconozco–
cuan o a la calidad del p oduc o que sale de las emp esas en las que
p es an sus se icios.
Pe o la ulga idad de las e e encias ac uales –ine i ablemen e
coyun u ales– se ha cul i ado en el ma co de una ausencia o al de
e e encias absolu as: en e ec o, la a qui ec u a de las úl imas cua o
décadas –es deci , el ciclo del denominado posmode nismo– se ha
desa ollado al ma gen de la mejo a qui ec u a del siglo x x . Tan o
“el desba ajus e pin o esco” como “la cons ucción del concep o”
–opciones que, como se ha is o, de i an de una in e p e ación
pa ológica de la mode nidad– se han some ido a los igo es de un
desa ollo au ónomo, sin el ma co que la a qui ec u a de odos los
iempos ha cons i uido pa a su p opio p oceso his ó ico.
Así, sólo con una idea supe icial de las “ob as emblemá icas de los
maes os” y la educción de la a qui ec u a mode na a pu o “lenguaje”
–es deci , codi icación banal de la apa iencia–,los p o esionales se
en en an a unos p og amas mal o mulados, en condiciones casi
siemp e inacep ables, po lo que ienen que “in en a ” un edi icio
pa a cada ocasión. El eclipse de la his o ia como e e encia y, a la ez,
como legado deja a los p o esionales en manos de “la a qui ec u a de
las e is as”, lo que les p oduce, ine i ablemen e, una incon esable
pe plejidad: po la incompe encia de sus p oduc os y la banalidad de
sus p opues as.
An e esas ci cuns ancias, no debe ex aña a nadie el ela i ismo
congéni o con que “la p o esión” se dispone a baila al son de los iempos,
pues conside a la deso ien ación gene alizada que les en uel e un
signo de i alidad cul u al. En esas condiciones, el es ilismo que se
conside ó una pa ología insopo able hace cincuen a años y se u ilizó
como ca go pa a aboli el Es ilo In e nacional, se ha con e ido en un
c i e io de sol encia, aho a sí, educido a un simple modo de apa en a ,
sin ninguna incidencia en la con igu ación in e na de la ob a.
Po o a pa e, pa ece e iden e –como se comp ueba con sólo obse a
la ealidad– que nadie se in e esa ya po la a qui ec u a: las g andes
p omociones inmobilia ias las i man p o esionales que sólo abusando
del é mino pueden conside a se a qui ec os. El ecu so de los pode es
públicos a los “a qui ec os es ella” no puede in e p e a se como un
in e és eal po la a qui ec u a, sino como un me o a án de p omoción
polí ica o de simple no o iedad pe sonal.
A eno de la expe iencia, no es a en u ado supone que, en el ondo,
el único in e és que hay en la ac ualidad po la igu a del a qui ec o es
dispone de un esponsable de la edi icación, pa a e i a los p oblemas
de o den público que p o oca ía la exis encia de un comp omiso di uso,
no es ablecido con p ecisión. Un comp omiso legal que compo a un
segu o de esponsabilidad ci il y penal capaz de hace se ca go del
cos o económico de incidencias y sinies os.
Ace ca de la enseñanza de la a qui ec u a
La a qui ec u a sob e i e, pues, g acias al p o eccionismo o icial y a
la complicidad de las ins i uciones docen es: en los países en los que
no es necesa ia la in e ención de un a qui ec o pa a cons ui un
edi icio, se obse a que su p esencia dec ece no o iamen e, a a o
de apa ejado es, ingenie os u o os p o esionales elacionados con la
cons ucción.
A cambio de su e ec o dudoso sob e la calidad de la edi icación, en gene al,
las escuelas de a qui ec u a dan e osimili ud a la disciplina y e ue zan
la ins i ución. Gene almen e, sob e i en sin muchos sob esal os, con
una demanda c ecien e que les pe mi e ene en e enido a un sec o
“inquie o” de la ju en ud y ga an iza la con inuidad de unos cuan os
pues os de abajo a p o eso es y pe sonal no docen e. Es oy con encido
de que si odas las escuelas de a qui ec u a ce asen du an e diez años,
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El esul ado del Talle es el con enido de es e lib o, cuyo obje o es pe mi i e lexiona sob e los emas a ados y deba i sob e las p opues as
ealizadas. A la is a del al o ni el de de inición y elabo ación de las p opues as ealizadas, podemos asegu a que la expe iencia ha sido
en iquecedo a y p o echosa an o pa a es udian es como p o eso es, cumpliéndose ampliamen e los obje i os p opues os al inicio del semina io:
po un lado ha habido un ico deba e sob e los emas eó icos p opues os y po o o la posibilidad de apo a ideas con las p opues as hechas
po los es udian es, habiendo sido ecibidas con expec ación y posi i amen e po las adminis aciones ges o as, con ibuyendo de es a o ma y
modes amen e, a una labo de pues a en ca ga y di usión de una ciudad decla ada ecien emen e Pa imonio de la Humanidad.
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65
Giulio Ca lo A gan
Jacques De ida
Ja ie Gomá Lanzón
Ma in Heidegge
José O ega y Gasse
Helio Piñón
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San iago Quesada-Ga cía
Ignasi Solá-Mo ales
-----------,
G. Teysso
Osca Wilde
F ank Lloyd W igh
B uno Ze i
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