LA
AVENTURA TRIUNFAL DE
DON
QUIJOTE
POR
JOSÉ
MONTOTO
Al
le
e
el Quijo e
siemp e
me
enamo ó
el
loco genial, y
pensé
muchas
eces
en
lo
que
pudo
se
el
pensamien o que
guió a Ce an es
al
c ea
la
igu a del ingenioso hidalgo. ¿Qué
quiso
e a a
en
su
pe sona?
¿Qué
nos
quiso deci el genio
alcalaíno? ¿Qué
ep esen a
don Quijo e
en
el
mundo
de
las
ideas?
Quede
pa a
los
doc os
el
amplio
es udio
y
la
ponde ación
de
la
ob a
ce an ina. A
noso os,
simples obse ado es de
la
ida
en
lo
que
és a
p esen a
en
los
p ime os
planos,
nos
em-
ba ga
un
sen imien o
de
admi ación
hacia
el
g an
Don Qui-
jo e
de
la
Mancha,
en
quien
emos el es ue zo y las
más
nobles
ansias
po
log a
lo sublime,
con
ol ido de que, desde
la
Tie a, que, como
dijo
el
poe a
,
no
es
cen o
de
la
s almas, le
es al
homb e
imposible el
pode
ascende
has a
lo
s cielos
de
una
eliz
log ada
pe ección. Sólo
en
eso
ue
loco y ue insen-
sa o
el
hé oe
de
la
Mancha. Y
la
ida, ll
amándole
a
co du a
con
ei e ados
y c ueles a isos, ue el
eno
que
impidió que
las ansias del
más
sublime
loco u iesen
cumplim
ien oy ea-
lidad.
T
es salidas,
animosas
l
as
es,
hizo
el
hé oe manchego, y
la
desg acia ue con él las
es
eces.
Su
p ime a
a en u a
ue
la
del mozo And és,
al
que
un
amo
c uel
es á
azo ando,
en
luga
de
paga le
su
soldada
. Y
don
Quijo e, loco
acaso
es a
122
JOSÉ MONTOTO GONZÁLEZ DE
LA
HOYUELA
ez
más
que
ninguna, con ió
en
la
palab a
del
amo
a a o,
quedando
el
pob e
And és
en
ocasión
de
se
apuleado
nue-
amen e
c
on
edoblada
u ia.
C eyó
hecha
la
jus icia,
y
ma chaba
el
hidalgo
muy
gozoso
camino
de
su
aldea
a in
de
p o ee se
de
odo
aquello
que
el
soca ón
en e o
le
p esc ibió
como
p eciso,
cuando
se
da
de
manos
a
boca
con
unos
me cade es
con
los
que
iene algo
más
de
dimes
y di e es
pa a
que
p oclamen
la
excelsi ud
de
Dul-
cinea.
An es
había
sido
la
jus icia.
Aho a
ha
sido
el
amo
quien
le
ue za
a
la
a en u a.
Pe o
el
caballo
cae
al
comenza la, y
el
pob e
hidalgo es
mal a ado
con
c ueles golpes
po
aquellos
illanos. Como
si
Rocinan e
nos
quisiese
ad e i
con
su
caída
que
el
hé oe
de
la
Mancha
e a
un
monumen o
de
sup ema
g andeza
sus en ado
en
el
li iano
pedes al
de
pob es
ealida-
des
de
la
ida.
Sale
segunda
ez
en
busca
de
a en u as,
y
la
p ime a
de
es a
segunda
ez es
pa a
cas iga
la
sobe bia
de
unos desco-
munales
gigan ones
cuya
co pulencia
y
espan
able
apa a o
no
amilanan
su
ánimo.
También
aho a
ha
calculado
mal
la
o -
aleza
de
sus medios, y
caballo
y
caba
ll
e o
miden
el
du o
suelo,
malpa ados.
Resul a
así
encido,
no
po
quien
iene
más
co azón
,
sino
más
ue za
ma e ial
y ciega, como
ue on
las
aspas
de
molinos
de
ien o.
En
su
e ce a
salida, la
p ime a
a en u a
es
la
de
la
amo-
osa
co esía.
El
a
nsía
endi
asallaje
a
la
a
l
a
p incesa
del
Toboso a
la
que
le
ha
endido
su
a
lb
ed ío.
¡G an
pode
del
Amo y
de
los al os y
pu os
ideales!
El
sabe
en
su
co du a
que
al
p incesa
no
hay.
El
le h
abía
dicho a
Sancho
cuál
e a
su
e dade a
condición y
el
nomb e
e dade o,
que
es Aldonza
Lo enzo.
Eso
lo
sabe
él
en
su
co du a.
Pe o
en
su
al a
locu a
«pín ola
-dice
a
Sancho-
en
mi
imaginación
como
la
deseo,
así
en
belleza como
en
p incipalidad,
sin
que
le al e
ni
le
sob e
nada».
También
aho a
acasa, y
la
al a
p incesa
se
le
con ie e
en
za ia
lab ado a.
T es
eces
ha
salido. Una,
pa a
a o ece
al
desdichado.
O a,
pa a
l
ucha
con a
el sobe bio.
La
o a,
pa a
endi se
LA
AVENTURA
TRIU
NFAL
DE
DO:-!
QUIJOTE
123
an e
el
amo .
T es eces
ha
salido, y
las
es
uel e
is e
y
malp
a
ado.
La
ez
p im
e
a,
en
el
ma
c
ho
de
su
hon ado
ecino
Ped o
Alonso. Llega
al
luga
encido
el
cue po,
pe o
más
in-
encible y
loca
el
alma
en
su
noble
y
al ísima
locu a.
Vuel e
encido
po
segunda ez.
Es a
ez
«encan ado».
Los amigos,
que
ansían
hace le bien,
no
se
pe ca an
de
que
al
mundo
le
in ie en g a e daño,
ya
que
son
an
p ecisos
esos locos subli-
m
es
que
son
deco o
de
la
humanidad.
Y
la
e ce a
ez uel e
encido y
mel
ancólico. Un
año
en e o
ha
de
es a
inac i o.
¡Con
la
al a
que él
piensa
que
es á
ha
ciendo
en
el mundo!
Yo
no
sé
cómo
pudo
llega
has a
su
alde
a;
yo
no
sé
cómo pudo
s
u i
su co azón, s
in
ompe s
e
de
pe
na
,
el
encimien o. Aun
cuando
no
es
e dad
que
a él lo enciese
nadi
e. Aho a, como
o a
s eces,
ue
su
pob e
caballo
el
que
no
es u o a
ono
con
la
g an
o aleza
que
impe aba
en
el
án
imo
de
su
noble
seño
.
Y uel e melancólico a
su
aldea.
La
g an
deza
de
alma,
la
sublime
loc
u a,
el
he oísmo
ciego,
la
gene osidad
sin
asa
ni
medida
an
a
ence a se
po que
así lo ha dis
pues o
la
imp u-
de
n e
p udencia
de
los
que
no
ad ie
en
el
mal
que
hacen
al
mundo;
a ese
mundo
en
el
que
acaso
sob en
p udencias eme-
osas, y escaseen,
en
cambio
, locu as
pe eg inas.
¿No
es
e dad
que
pa ece
qu
e
Ce an es
quiso
deci nos
algo
en
odo
es
o? Acaso
se
p opuso
mos a nos
el
e da
de o
cauce
po
el
que
de
bemos
conduci
la
exal ación, el
ímpe u
,
la
ilu
si
ón
y el ensueño. Acaso quiso
mos a nos
el acaso de
c
uan o
no
se
e
ncamina
di ec am
e
n e
a
Di
os.
Ac
a
so
ue su in-
en o
d
ec
i no
s
cómo
es
el
mundo
y en
qu
é ienen a
pa a
hon
as
y
a anes
. Lo c
ie o
es que, al
lo
co
ge
ne oso
,
cua
ndo
a
ya
camino
de
su
aldea
lo p
a ea
y
ensuc
ia u
na
pia a
de
ce
dos
que
lo
a opella
y
pasa
sob e
él. Y
que
luego,
pa a
mayo
c ue
ldad
, iene
la
bu la
necia y de
mal
gus o
de
Al i-
sido a,
que
simu
la
habe
mue o
de
am
o
po
don Quijo e.
T is
e a el
caballe o
hacia
su
aldea.
T i
s e, y
enamo a
do.
Enamo ado,
y loco,
que
es
locu a
es
eces. Va
aho a
a ha-
ce
s
e
pas o
pa a,
en las
cla as
uen e
s,
en
los alles se enos,
en
las
caña
das
umb osas
y
en
los iscos
se anos
da
su
oz
a
los
ien os
encomiando
a
su
dama, y
pa a
que
el
nomb e
de
Dulci
nea
lo
epi an
los ecos campesinos.
124
JOSÉ MONTOTO GONZÁLEZ
DE
LA
HOYUELA
Pe o
Dios
ue
piadoso. Don
Quijo e
,
al
llega
a
su
casa,
du míose
unas
seis ho as. Y
al
despe a
-nos
dice
Ce an-
es-
dio
una
g an
oz
pa a
deci :
«Bendi o
sea
el
pode oso
Dios». Así
enía
que
se . Don Quijo e,
que
a g andes
oces
e ó
a los enemigos, y a
g andes
oces
denos ó
a los illanos,
y a
g andes
oces
p oclama a
lo
jus o,
y a
g andes
oces
en-
salza a
al
amo ,
no
podía, a
la
ho a
de
bendeci
a Dios,
musi-
a
una
plega ia
con
enue
oz y
ono
las ime o.
Había
de
hace lo
con
co azón
en e o
y
g andeza
de
espí i u.
Po
ello,
dice Ce an es que,
dando
una
g an
oz,
dijo
con
ímpe u:
«¡Bendi o
sea
el
pode oso Dios
cuyas
mise ico dias
no
ienen
lími e
ni
la
ab e ian
ni
impiden
los
pecados
de
los homb es!»
Ya
don
Quijo e
es á
cue do.
En e amen e
cue do.
Pe o
es
que
la
pe ec a
co du a
en
quien
ha
islumb ado
an as
locas
g andezas,
an as
pe ec as
jus icias
y
an os
excelsos
amo es
no
es
ya
posible
en
ida
hecha
a
soña .
Y
en onces
don
Quijo e, iéndose
cue do
ya, u o la
g an
co du a
de
mo i se,
eme oso,
sin
duda,
de
cae
en
nue a en-
ación
de
cabalga
sob e
o o
Rocinan e
que
pudiese
oda
dando
en
ie a
con
él y
sus
al os a anes. Y así,
en
plena y
en
se ena
co du a,
se
mu ió
pa a
en a se
po
las
cla as
es an-
cias de los cielos, en donde,
dando
una
g an
oz,
se
en a ía
diciendo: ¡B
endi o
sea
el
pode oso
Dios!
Y
he
aquí
cómo
don
Quijo e,
que
soñó
con
eina
en
un
eino,
encon ó
al
in el
eino
en
que
eina .
He
aquí
có
mo
el
que
i ió
enamo ado
de
la
jus icia
,
ue
a
habi a
en
el
eino
de
la
Jus ici
a misma. He a
quí
cómo
el
que
po
amo
al Amo
ingió da
ma
a
la
que
da
su
co azón
, y
has a
ingió y c eyó
se
e dad
su
amo
ingido,
se
ab azó
y
se
ab asó
con
el Amo .
Es a
ue
la
a en u a
ic o iosa.
La
única
ic o iosa
-co
n
ic
o ia
o al
cie a
y
de ini i a-
del
Ingenioso
Hidalgo de
la
Mancha.