scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El análisis no-médico ¿una controversia superada?

Sánchez-Barranco Ruiz, Antonio; Balbuena Rivera, Francisco; Sánchez Barranco-Vallejo, Pablo

Abstract

En este trabajo llevamos a cabo una reconstrucción histórica de la controversia en torno al análisis no-médico (laico, lego o profano), que enfrentó a los norteamericanos y los centroeuropeos desde mediados los años veinte a los cuarenta del pasado siglo, habiendo sido Theodor Reik una figura central en todo ello. A partir de la institucionalización de la psicología y la aparición de las diversas psicoterapias, el asunto tomó un camino razonable, asumiéndose hoy la posibilidad de la práctica del análisis clínico por los profesionales no médicos en todo el mundo occidental.

Full text

1511 Antonio Sánchez-Barranco Ruiz*, Pablo Sánchez-Barranco Vallejo*, Francisco Balbuena Rivera** El análisis no-médico, ¿una controversia superada? Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2002, vol XXII, n.º 82, pp. 89-102 RESUMEN: En este trabajo llevamos a cabo una reconstrucción histórica de la controversia en torno al análisis no-médico (laico, lego o profano), que enfrentó a los norteamericanos y los centroeuropeos desde mediados los años veinte a los cuarenta del pasado siglo, habiendo sido Theodor Reik una figura central en todo ello. A partir de la institucionalización de la psicología y la aparición de las diversas psicoterapias, el asunto tomó un camino razonable, asumiéndose hoy la posibilidad de la práctica del análisis clínico por los profesionales no médicos en todo el mundo occidental. PALABRAS CLAVES: Análisis nomédico, laico, lego, profano, controversia histórica, Reik. SUMMARY: In this paper we try to scope an historical reconstruction of the debate, which turned into a bitter confrontation on regard of lay analysis between the North American and the European psychoanalytic schools from the mid 20s through the 40s of the past century in which Theodor Reik played a central role. Nevertheless, with the incorporation of psychology to the academic institutions and the arrival of other forms of psychotherapy, the question about the lay analysis began to be held in a more open manner, allowing the nonmedical doctors to progressively incorporate into the psychotherapy practice. KEY WORDS: Non-medical Analysis, Lay Analysis, Historical Controversy, Reik. Introducción. El psicoanálisis es una teoría psico(pato)lógica, un método de investigación del psiquismo humano, una técnica psicoterapéutica y una peculiar cosmovisión. En todos sus aspectos ha sido defendido y atacado, ocupándonos exclusivamente en este trabajo de la controversia histórica en torno a su utilización como forma de psicoterapia, en el sentido si debe estar sólo en manos de los profesionales médicos o también de otros, aunque en cualquiera de los casos tras la debida formación y experiencia clínica. El inicio del debate sobre el análisis profano. Theodor Reik (1888-1969), un judío vienés de ascendencia húngara, doctor en filosofía, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Viena desde 1911, analizado por Karl Abraham en 1914-1915 y posteriormente tras aquejar una crisis por Freud en 1937, se instaló profesionalmente en Viena al finalizar la Primera Guerra mundial. En un momento dado, fue acusado de intrusismo en el ejercicio de la medicina por un grupo de galenos y algo después por un paciente descontento, afecto de un trastorno psicótico, recibiendo una defensa incondicional por parte de Freud, que incluso redactó para ello 1512 El análisis no-médico, ¿una controversia superada?(90) HISTORIA en 1926 un ensayo titulado ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (1), donde mantuvo la tesis de la inconveniencia de que el psicoanálisis fuera absorbido por la psiquiatría, manteniendo que la formación psicoanalítica se llevara a cabo al margen de la Universidad y de la Medicina, precisamente en el marco de los Institutos Psicoanalíticos dependientes de las oportunas Asociaciones oficiales, uno de cuyos fines era tal cometido. Ya con anterioridad, el debate se había abierto cuando en 1910 Freud editó Sobre el psicoanálisis silvestre (2), donde alertaba del daño que podía hacerse a los pacientes practicando el análisis sin la debida preparación (análisis salvaje), hablando por entonces de la necesidad del autoanálisis como camino imprescindible para formarse, y no el mero hecho de ser médico, decantándose en 1912 por la obligatoriedad de seguir un análisis didáctico realizado por un profesional experto (3). El año siguiente, cuando Freud (4) redacta el prólogo del libro de Oskar Pfister El método psicoanalítico, señala como exigencias para la formación del futuro analista una adecuada preparación psicológica y una apertura mental amplia, aludiendo a la incapacidad de muchos médicos para ejercer el psicoanálisis, aunque juzgara útil recurrir a su consejo para fijar el diagnóstico del trastorno mental. Ya a mitad de los años veinte del pasado siglo se establece por la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) la obligatoriedad del análisis didáctico, así como del análisis de control y de las supervisiones, lo que fue propuesto por Max Eitingon (1881-1943) en el IX Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en Bad-Homburg, defendiéndose que podían acceder a tal formación tanto los médicos como los no médicos, propuesta a la que se opusieron los estadounidenses. Con ocasión de ver la luz en 1927 El porvenir de una ilusión (5), Freud le escribe a Pfister que con esta obra también quiere separar el psicoanálisis de toda creencia religiosa, manifestando textualmente (...) el psicoanálisis (...) es un instrumento sin partido que pueden utilizar religiosos y laicos, siempre y cuando lo hagan únicamente al servicio de la liberación de los seres sufrientes (6). Al final de su vida, Freud afirmó en Análisis terminable e interminable, que todo analista debería hacerse de nuevo objeto de análisis periódicamente, quizás cada cinco años, sin avergonzarse por ello (7). El asunto del análisis lego llevó en un momento dado a una fuerte confrontación entre los analistas europeos y los norteamericanos, hasta el punto que Abraham Arden Brill (1874-1948), antiguo analizado de Freud y presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Nueva York (NYPS), se planteó el romper con la API si ésta mantenía abierta la posibilidad del análisis no-médico, actividad que fue declarada ilegal en Norteamérica en otoño de 1926, precisamente cuando el ensayo freudiano acerca de esta cuestión veía la luz. Con el fin de liquidar tales tensiones, en el Congreso de la API de 1929, celebrado en Oxford, la NYPS se comprometió a aceptar a los analistas profanos, aunque estableciendo una cláusula mediante la cual podía rehusar en ciertos casos a los psicoanalistas formados en Europa, lo que en la práctica suponía que los emigrantes, incluso los que fueran médicos, tendrían que convalidar sus estudios en EE UU y reciclarse en su formación psicoanalítica. Años después esta cláusula fue eliminada, concretamente en el Congreso de Lucerna de 1934, aunque ello no frenó la progresiva medicalización del psicoanálisis 1513El análisis no-médico, ¿una controversia superada? (91) HISTORIA en Norteamérica, en lo que contribuyeron tanto la Asociación Psicoanalítica Americana (APsaA) como la potente NYPS, lo que, tras muchos dimes y diretes, cambió de signo después del acuerdo de 1988 como salida al pleito que tuvo la Asociación Norteamericana de Psicólogos (APA) con la APsaA, que abocó en 1991 a la admisión en el entrenamiento clínico a doctores en psicología, salud pública y trabajo social (8, 9). El acoso a Theodor Reik. Los máximos instigadores del ataque al análisis no-médico en Europa en la década de los veinte, en la persona de Theodor Reik, fueron los vieneses Julius Wagner-Jauregg (1857-1940) y Wilhelm Stekel (1868-1940), lo que trajo consigo para Reik una prohibición cautelar de su práctica clínica el 24 de febrero de 1925. Ello sirvió de caldo de cultivo para que, un año después, prosperase la demanda de un paciente norteamericano, Newton Murphy, que había tenido un brote psicótico tras tres meses de terapia analítica con Reik, atribuyéndolo al inadecuado trabajo de éste. Newton Murphy, médico de profesión, se había trasladado a Viena para analizarse con Freud, quien, dada la falta de tiempo, encomendó tal labor a Reik. Después de tres meses de tratamiento, Murphy, que había sido diagnosticado por Freud de una neurosis obsesiva, manifestó una psicosis, llegando a creer que unos hombres entraban a través de la chimenea de su casa hasta su habitación para castrarle (10). Murphy acudió al consulado norteamericano vienés para quejarse por el tratamiento recibido por parte de Reik, llevándose el asunto hasta los tribunales de justicia (11). Todo ello desencadenó una amplia reacción en la prensa austriaca, particularmente en Die Fackel, por parte de Karl Kraus, y en Neue Freie Presse, por Walter Finkler. Así, en el primero, escribió en 1926 con su ironía característica: Hoy ya no se puede negar que el aumento del número de turistas [que recibe Viena] no sea hasta cierto punto debido al psicoanálisis. Lo que naturalmente no excluye ciertos malentendidos, como el que ha incitado al cónsul de Estados Unidos a atacar a un especialista del alma, porque, en un caso preciso, estimaba que los honorarios percibidos de un cliente de un hotel no tenían correspondencia con el éxito de la cura (12). Finkler, por su parte, en Neue Freie Presse, el 14 de julio de 1926, dijo entre otras cosas: Este penoso asunto no cae del cielo. Los iniciados saben desde hace mucho tiempo que los médicos, con los analistas médicos a su cabeza, se oponen vigorosamente a los analistas profanos. El Dr. Freud confía casos difíciles a no-médicos porque su ausencia de prejuicios y su libertad cara a las doctrinas aprendidas les rinde más aptos para la aplicación de esta terapia que es incluso revolucionaria (...) (12). En el mismo número de Neue Freie Presse, aparece un texto anónimo bajo el título Un informe del consejero áulico Wagner-Jauregg, donde aparece el siguiente comentario: El Prof. Wagner-Jauregg, psiquiatra jefe de Austria, neurólogo y consejero áulico ha puesto a disposición del consejero sanitario superior un informe cuya frase de conclusión estipula que los médicos son los únicos autorizados para tratar las enfermedades nerviosas y psíquicas, cualquiera que sea el método de tratamiento, psicoanalítico o no, habida cuenta que los médicos son los que están en condiciones de diagnosticar las enfermedades nerviosas y mentales (12). 1514 El análisis no-médico, ¿una controversia superada?(92) HISTORIA Toda la confrontación sobre el análisis laico se desarrolló en Viena dentro de un ambiente muy tenso, el cual había nacido tras el asesinato el 9 de septiembre de 1924 de Hermine Hug-Helmuth (1871-1924), que tampoco era médico, por parte de su sobrino Rolf, al que había tratado psicoanalíticamente en su niñez. El asesinato originó un proceso legal en marzo de 1925, que acabó con la condena de Rolf, poniéndose en marcha en varios senos científicos y no científicos la discusión acerca de los peligros del análisis de niños, y, de paso, del psicoanálisis en general cuando era practicado por personal no médico. Así, el 17 de octubre de 1924 en la Asociación de Analistas Médicos Independientes de Viena, que lideraba Wilhelm Stekel, éste había afirmado en una conferencia: Sólo el médico (...) es capaz de hacer un diagnóstico diferencial entre la parapatía y la paralogia. El caso Hug-Helmuth debe permitir tomar consciencia del peligro del análisis profano (12). En cuanto a lo que aconteció con el proceso legal seguido contra Reik, tras la interdicción de prohibirle la práctica psicoanalítica, éste, después de consultar a un abogado, presentó una apelación, a la par que buscó el apoyo de Freud, levantándose la suspensión cautelar de su ejercicio clínico a partir del 22 de mayo de 1927, fecha en que se dio fin a la cuestión, aunque meses después Reik tuvo que marchar a Berlín para continuar su práctica clínica, dado que aquí no existían las restricciones de Viena. En relación con este proceso jurídico hay que señalar que el material no se ha encontrado, quizás porque se destruyó al cabo de un lapso de tiempo (12). La posición de Freud frente al análisis laico. La posición de Freud en la cuestión del análisis no-médico fue siempre comprometida. Así, en una misiva fechada el 27 de marzo de 1926, le manifiesta a Federn su firme actitud de defender al psicoanálisis como disciplina que no debe ser absorbida por la medicina, aunque también afirma que no pretende que los demás miembros de la Asociación Psicoanalítica Vienesa compartan esta tesis, la cual estaba decidido a defender en público, en privado y ante los tribunales (13). De ello puede inferirse que la defensa de Freud del análisis lego no fue ocasionada por causas momentáneas o circunstanciales, sino que tenía bien establecida tal actitud. Es cierto, sin embargo, que a razones teóricas y pragmáticas se unieron en un momento dado otras de naturaleza afectiva, pues, su propia hija Anna (1895-1982), que luego fue analista, no era médico, al igual que otros muchos discípulos, como Lou Andreas-Salomé (1861-1937), Oskar Pfister (1873-1965), Hanns Sachs (1881-1947), Melanie Klein (1882-1960), Otto Rank (1884-1939), August Airchorn (1878-1949), Ernst Kris (1900-1957), Ella F. Sharpe (1875-1947) y Siegfried Bernfeld (1982-1953), entre otros. El debate en el seno de la API y de la NYPS. En cuanto a los acuerdos del Congreso de la API que tuvo lugar en Bad Homberg durante los días 2 al 5 del septiembre de 1925, tras un acalorado debate acerca del análisis laico, de decidió crear una Comisión Internacional que regulara las normas en la formación psicoanalítica, discutiéndose intensamente sobre los patrones y requerimientos 1515El análisis no-médico, ¿una controversia superada? (93) HISTORIA de los candidatos, especialmente respecto al hecho de ser o no médicos. Ante tal dilema, y en idéntica línea que Freud, Sándor Ferenczi (1873-1933) se inclinó por la defensa del análisis laico, sin dejar de estimar la posible idoneidad de los médicos para acceder a la formación psicoanalítica. En todo caso, a fin de evitar conflictos con los estadounidenses, se decidió que se pidiese autorización a las asociaciones de origen cuando un norteamericano solicitase un análisis didáctico, lo que en la práctica podía suponer una limitación para el acceso como candidato a los no médicos. El fundamento de tal resolución vino en parte influenciado por la agria polémica que se desató a causa de la solicitud de admisión de Caroline Newton en la NYPS. Caroline, analizada por Freud en 1921 y que por entonces realizaba la traducción de los escritos de Otto Rank (1884-1939), vio como se eclipsaba su deseo de ser admitida como miembro titular de la referida Sociedad. Tal adverso fallo fue comunicado a Karl Abraham (1877-1925), por entonces presidente de la API, quien, en una nota fechada en marzo de 1925, afirmaba que los neoyorquinos sólo habían aceptado a Caroline Newton como invitada, a la par que manifestaban una serie de objeciones por su práctica clínica y la expedición de certificados que realizaba.Tal dato, sin embargo, no es correcto, pues, como afirma Gay (14), en las Actas de la NYPS fechadas el 24 de febrero de 1925, se afirma que a Caroline Newton se le habían retirado sus derechos incluso como invitada, concretándose que se limitaban las reuniones de la Sociedad a miembros médicos, designándose un Comité de Formación para velar por el idóneo acceso de los nuevos aspirantes a la NYPS. A finales de octubre, tal como se reflejan en las oportunas Actas de la NYSP, se decidió por unanimidad oponerse a que los profesionales no médicos ejercieran como psicoanalistas, de forma que, en 1929, el grupo neoyorquino de psicoanalistas laicos era obligado a disolverse, ya que, tras consultas previas a la Asociación Médica Americana, se declaró ilegal el psicoanálisis clínico por parte de los que no eran médicos (15). Antes de ello, a finales de noviembre de 1926, la cuestión del análisis profano había sacudido fuertemente a la comunidad psicoanalítica estadounidense, dada la enconada defensa que Ferenczi realizó del mismo en su viaje de 1926-1927, lo que se evidenció con la creación de una Sociedad para Analistas Profanos, para la que incluso llegó a solicitar el reconocimiento oficial por parte de la API, a lo que se opuso Max Eitingon (1881-1943), por entonces presidente de la misma, cuya preocupación fundamental residía en el temor de que los psicoanalistas norteamericanos pudieran retirarse de la API. En lo que toca a Europa, en el grupo de Berlín la polémica suscitada por el análisis laico adquirió un peculiar cariz, pues Sàndor Radó (1890-1972) y Melanie Klein (1882-1961), ambos exiliados húngaros y ex-discípulos de Sàndor Ferenczi, adoptaron posturas opuestas. Así, mientras Radó, que era médico, rechazó a los legos como candidatos, Klein, que no era médico, los defendió. Y dado que Radó tenía más poder, pues había asumido recientemente el puesto de editor del Zeitschrift, tras la obligada renuncia de Rank por haberse alejado de la matriz freudiana, suprimió de la citada revista los trabajos de Klein. Ésta, ya sin el apoyo de Abraham, que había fallecido en diciembre de 1925, se trasladó a Inglaterra, país donde se estableció de forma 1516 El análisis no-médico, ¿una controversia superada?(94) HISTORIA permanente a partir de septiembre de 1926, con la ayuda de Ernest Jones (1879-1958), quien deseaba que analizara a algunos de sus hijos (16). En lo que se refiere a Viena, Stekel seguía caldeando el asunto, al publicarse el 23 de enero de 1927 un artículo suyo en la Neue Freie Presse, elaborado como réplica al libro de Freud acerca del análisis lego, insistiendo en que sólo los médicos poseían la formación adecuada para tratar psicoanalíticamente a los pacientes. Tal postura, que Stekel defendía públicamente, se contradecía con lo que mantenía en círculos privados, pues, entre sus más estrechos colaboradores se encontraban Herbert Silberer (1822-1923) e Hilda Milko, más tarde su mujer, que no eran médicos y que practicaban la terapia psicoanalítica. La controversia del análisis profano alcanzó un punto álgido en el X Congreso de la API en Innsbruck (Austria), que tuvo lugar desde el 2 al 4 de septiembre de 1927. Previamente, y a fin de aplacar los ánimos de los asistentes, se decidió editar un número especial del Zeitschrift dedicado a la cuestión. Entre los artículos publicados para tal ocasión, cabe señalar el titulado Comentarios acerca del análisis profano, que había elaborado Eitingon (17), donde, en otras cosas, afirmaba la conveniencia de que el analista lego trabajara en colaboración con un médico, dadas las complicaciones somáticas que pudieran presentarse. Paralelamente, juzgaba utópico la posibilidad de que todos los futuros psicoanalistas procedieran del campo de la medicina, aun cuando existía un gran descontento en esta profesión, tanto a nivel curricular como científico, por lo que apostaba por un cambio profundo en la formación médica. Finalmente, expresaba las dos resoluciones adoptadas por el Comitéé Internacional para la formación psicoanalítica: a) la insistencia en que las asociaciones filiales admitieran preferentemente como candidatos a los licenciados en medicina, lo que no implicaba rechazar a los sujetos que poseyeran una formación científica adecuada, así como las cualidades personales apropiadas para ser analista; b) a pesar del criterio general mencionado, cada asociación filial tendría libertad para fijar las condiciones de admisión que juzgase convenientes, estableciéndose como única limitación que los candidatos extranjeros cumplieran con los criterios exigidos por los comités de formacióón de sus países de origen, los cuales luego habría que cotejar con los del país de acogida, informando posteriormente a aquellos comités de tal admisión. Ante tales exigencias, la ulterior reunión de la Comisión Internacional para la Formación resultó un fracaso, dada la oposición de los norteamericanos a aceptar los analistas profanos e incluso a los candidatos médicos formados por miembros de Institutos psicoanalíticos distintos a los suyos. Por otro lado, en el Comité (grupo secreto fundado por Jones en 1913 para arropar a Freud), las opiniones se encontraban profundamente divididas. En tal situación, Freud deseaba que Ferenczi sucediera a Eitingon en la presidencia de la API, siendo consciente de la oposición que ello podía generar, dada la defensa de aquél del análisis lego. Se piensa en Jones como solución de compromiso, ante lo que Freud y Ferenczi muestran sus reservas, pues piensan que Jones admitirá el análisis profano en teoría y lo evitará en la práctica. Finalmente, Eitingon decide continuar en el puesto, sugiriéndose la siguiente solución administrativa: el Comité no podía continuar 1517El análisis no-médico, ¿una controversia superada? (95) HISTORIA siendo secreto, sino que debía reflejar la estructura organizativa de la API, y los miembros seniors, así como las personalidades de la misma, debían continuar automáticamente en la API; y, en segundo término, debía crearse un grupo de analistas profanos para estudiar las diferentes composiciones de las diferentes grupos de la API, que habría de hacer posible un cierto compromiso entre sus miembros. El 3 de abril de 1928, en su intercambio epistolar con Eitingon, Freud expresaba su malestar ante el fracaso de la defensa del análisis lego con estas palabras: fui, por así decirlo, un general sin ejército (14). Casi a mediados de julio, en una carta que Freud envió a Fritz Wittels (1880-1950), que por entonces se encontraba en Estados Unidos invitado por Alvin Johnson, director de la New School for Social Research de New York, aludía al tema del análisis profano, afirmando entre otras cosas: Me place saber que comparte mi opinión sobre el valor del análisis en los tratamientos médicos, en pedagogía y en la formación cultural en general, sin restricciones. No obstante, si se presentara usted allí con mi programa en favor de la aplicación del análisis lego, suscitaría la hostilidad de los analistas médicos cuya desconfianza hacia nuevos visitantes de nuestro círculo aumentaría. En América no puede imponerse este criterio. (...) Desde luego, no quiero decir que debe usted descartar la cuestión del lego, o mantener en secreto su opinión; pero no haga bandera de ella. A esos primitivos les interesa poco toda ciencia que no tenga aplicación práctica directa. Lo peor del modo de ser norteamericano es su llamada amplitud de criterio, por la que se sienten hasta magnánimos y superiores a nosotros, los intolerantes europeos; esto, en realidad, no es sino el práctico velo con el que tapan su completa falta de discernimiento. Ellos elaboran -casi a modo de tendencias inconscientes- un compromiso o mezcla de análisis, misticismo junguiano y adlerismo, una estupidez vergonzosa, naturalmente, que sólo merece burla. Esta labor les resulta tanto más fácil por cuanto no han leído prácticamente ninguna de las publicaciones originales, por falta de tiempo y de voluntad (18). La postura de los analistas norteamericanos. A pesar del pesimismo de Freud, algunos intentaron luchar por implantar el análisis laico en EE UU, destacando al respecto Reik, que, ante el rechazo de su integración en la NYPS y en el Instituto William Alanson White, busca paladines para su causa, para lo que se desplaza desde Nueva York hasta San Francisco, donde se reunió con un grupo de profesionales no médicos, entre los que se encontraba Siegfried Bernfeld (1892-1953), que vivía allí desde 1937. Crea entonces la Sociedad para la Psicología Psicoanalítica (Society for Psychoanalytic Psychology o SPP), centro de formación entre cuyos patrocinadores figuraban destacados nombres como Milton H. Erickson, Henry Murray y Lewis Terman, quienes generosamente proporcionaron los fondos económicos necesarios para su sostenimiento. Tras esta iniciativa, Reik consigue aglutinar a su alrededor un interesante grupo de personas, que conformarán el germen de la futura Asociación Psicológica Nacional para el Psicoanálisis (National Psychological Association for Psychoanalysis o NPAP), institución que quedará constituida formalmente el 20 de mayo de 1948. De tal proyecto, Reik informó a Ángel Garma (1904-1993) (que fue el 1518 El análisis no-médico, ¿una controversia superada?(96) HISTORIA primer psicoanalista español, que vivía exiliado en Buenos Aires desde 1938, y al que había conocido en Berlín cuando estaba en formación, siendo su analista didacta) en una misiva fechada el 20 de enero de 1941, donde expresaba el desencanto hacia las instituciones psicoanalíticas oficiales en estos términos: (...) Fenichel, Simmel, Nunberg, Sachs, y otros muchos colegas europeos, entre los que me incluyo, nos mantenemos al margen de la Asociación Americana, pues creemos que los colegas de la citada Asociación, que ejercen como psicoanalistas, sólo tienen en común con nuestra ciencia el nombre y nada más. Ciertamente, en un futuro próximo, se formará una nueva Asociación en Estados Unidos (...) (19). Coincidiendo con la opinión de Natterson (20), creemos que la ruptura de Reik con la comunidad psicoanalítica oficial fue doblemente beneficiosa, pues junto al reconocimiento de su labor, vino a añadirse la difusión del psicoanálisis entre el amplio público lego norteamericano, objetivo que, de haber acontecido los acontecimientos de forma diferente, quizás no hubiera podido llevarse a cabo. El papel de la Asociación Psicológica Nacional para el Psicoanálisis (NPAP). Gracias a la NPAP, entre cuyos miembros destacaba Clement Staff, que más tarde llegaría a ser vicepresidente de la misma, Reik creó la posibilidad de la formación psicoanalítica de los no-médicos, incorporando a su programa los requisitos exigidos por la Asociación Psicoanalítica Vienesa y la Escuela de Psiquiatría de Washington (21). De esta forma, a la rica experiencia adquirida por Reik como antiguo secretario de la Asociación Psicoanalítica de Viena, se añadían las directrices rectoras de tal Escuela de Psiquiatría, donde habían acudido en calidad de oyentes algunos de los miembros fundadores de NPAP, como Mattew Besdine, Gisela Schaetzer-Barinbaum, Ed Frankel y Ben Margolis. La NPAP exigió como requisito a sus futuros miembros la firma de un código ético, normativa interna entre cuyos artículos figuraba el siguiente: Todo paciente que nos llegue será tratado como un análisis de prueba. De esta forma, en todos aquellos casos en que la profundidad del problema no esté clara, usaremos como medidas de salvaguarda el Rorschach o la consulta con un psiquiatra u otro especialista competente (21). Durante el año 1949, la gran labor desarrollada por los psicólogos en la selección de personal militar y en el tratamiento de los veteranos de la Segunda Guerra mundial, da sus frutos, al ser reconocida la dimensión terapéutica de la psicología clínica. En tal línea, se celebra en Boulder (Colorado) una conferencia donde se configura el programa de formación universitaria del psicólogo clínico, que, hasta la década de los ochenta, ha permanecido sin modificaciones. Dada la concepción del psicólogo como un científico-practicante, junto a la formación académica (a nivel de doctorado), se exige para la práctica psicoterapééutica una adecuada formación práctica, que habría de llevarse a cabo en diversos centros asistenciales autorizados. Frente a ello, sin embargo, reaccionaron pronto los psiquiatras norteamericanos, para quienes la psicoterapia era competencia exclusivamente médica (22). 1519El análisis no-médico, ¿una controversia superada? (97) HISTORIA La incorporación de psicólogos a la práctica psicoterapéutica resultó en todo caso imparable, lo que se materializa en la NPAP con la puesta en marcha en 1949 del Servicio de Referencia de Bajo Costo (Low Cost Referral Servicie o LCRS), cuyo primer director será Alfred Farau. El LCRS tenía como objetivo fundamental proporcionar ayuda terapéutica a los pacientes más desfavorecidos económicamente, iniciativa, que guarda muchas similitudes con la que se realizó en el Policlínico Psicoanalítico de Berlín. Dos años después, sin embargo, al no cumplirse las expectativas generadas con el LCRS, Reik envía una carta a los miembros de la NPAP, donde les insta a que aumenten su compromiso y nivel de participacióón, a la vez que se oferta a los estudiantes en formación la posibilidad de adquirir experiencia clínica en el LCRS. Para la supervisión de estos futuros profesionales se constituyó un Comité Clínico, a cuya cabeza figuraban Clement Staff y Ruth Berkeley, ésta médico psiquiatra, cuya labor resultó decisiva para impulsar tal proyecto (23). En el otoño de 1949, y a fin de perfilar los rasgos fundamentales que caracterizarán a la futura Organización de Afiliación de Estudiantes (Student Affiliate Organization o SAO), se reúne Matthew Besdine, máximo responsable por entonces de la Sociedad para el Consejo de Estudiantes (Society of Student Affiliate Advisory Council o SAAC), con una representación de estudiantes en formación de la NPAP. Como colofón de ello, el 18 de enero de 1952, tuvo lugar el primer encuentro de la SAO, que presidida por Paul Cornyetz, decide constituir tres comités cuyas áreas respectivas de interés se centraban en la dirección, las actividades educativas y los eventos sociales. Seis años más tarde, la SAAC se transformaría en el Consejo de Miembros en Formación (Member-in-Training Advisory Council o MTAC), mientras la SAO pasaría a convertirse en la Organización de Miembros en Formación (Member-in-Training Organization o MITO), cuyo órgano de difusión, la revista Counterpoint, vio la luz en 1959, cambiando al año siguiente su título por el de Newsletter, denominándose desde 1995 MITO Monthly (24). En 1952, la labor de difusión y consolidación del psicoanálisis iniciada cuatro años atrás por la NPAP da un paso más, al ser editada la revista Psychoanalysis, que en 1958, y hasta 1963, se denominará Psychoanalysis and the Psychoanalytic Review. Este añadido al título original era un tributo a la pretérita Psychoanalytic Review, primera publicación de lengua inglesa dedicada al psicoanálisis, cuyos fundadores fueron Smith Ely Jelliffe (1866-1945), médico neurólogo, y William Alanson White (1870-1937), médico psiquiatra. En 1963 el título de la misma será nuevamente modificado por el de The Psychoanalytic Review, epígrafe que ha permanecido hasta la actualidad. En sus inicios, como directores de la revista estaban John Gustin y Clement Staff, figurando Reik como director-jefe, cargo que de hecho no ejercitaba, habiendo prestado solamente su nombre para prestigiar la citada publicación. Más tarde, al modificar la revista su denominación, las labores editoriales fueron asumidas por Marie Coleman Nelson y Murray Sherman, quienes fueron respectivamente director y subdirector de la misma, llegando el último de ellos a ser también coeditor y eventualmente editor. En 1978, al producirse el relevo en la dirección de la publicación, pasará a ocupar el puesto de editora Leila Lerner, labor que desempeñará hasta 1988, fecha en la que será sustituida por