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Discurso de contestación al de recepción académica del Ilmo. Sr. D. Francisco Arquillo Torres

Cordero Ruiz, Juan

Abstract

Discurso de bienvenida del autor al nuevo académico Ilmo. Sr. D. Francisco Arquillo Torres.

Full text

DISCURSO DE CONTESTACIÓN AL DE RECEPCIÓN ACADÉMICA DEL ILMO. SR. D. FRANCISCO ARQUILLO TORRES por el ILMO. SR. D. JUAN CORDERO RUÍZ 45 Excmo. Sr. Presidente Dignísimas Autoridades y Representaciones limos. Sres. Académicos Señoras y Señores: Todo lo humano pasa. El hombre nace, vive y muere, aunque, sabemos por la fe, que un día resucitará para la eternidad. Pero el hombre se resiste a la realidad de la muerte y lucha por sobrevivir, librando una desigual batalla que siempre pierde. Toda vida transcurre en corto plazo, en un breve parpadeo. Lo recuerda el clásico sevillano anónimo: "¿Qué es nuestra vida más que un breve día, do pena sale el sol cuando se pierde en las tinieblas de la noche fría?" A una flor, bella obra maestra de la naturaleza, Rioja -otro ilustre sevillanole dice: "Tan cerca, tan unida está al morir tu vida, que dudo si en sus lágrimas la aurora mustia tu nacimiento o muerte llora." El hombre aspira a lo eterno. Y en ese deseo de alcanzar la inmortalidad el hombre quiere, al menos, preservar sus obras. Pero las obras humanas, 46 DISCURSO DE CONTESTACIÓN incluso las buenas y bellas, están hechas con la arena de la orilla, que no resisten las mareas del tiempo. Desde la vecina Utrera nos llega la voz hecha lamento del arquiólogo poeta, para recordarnos, al contemplar las ruinas de Itálica, lo efímero de las obras humanas: "Estos, Fabio, ¡ay, dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa... " ... "Sólo quedan memorias funerales donde erraron ya sombras de alto ejemplo; este llano fue plaza, allí fue templo; de todo apenas quedan las señales." Infancia, juventud, adultez y vejez son escalones que forman parte de un ciclo vital inevitable. Parece lo prudente envejecer con diginidad y aceptar la muerte resignados; es la actitud más sensata que pueden adoptar los hombres y sus obras ante lo inevitable. Este comienzo poético y escatológico me lo sugiere el discurso que acabamos de oir. Magnífico y magistral discurso, que hoy nos muestra como cartas credenciales el nuevo académico, al ser recibido en esta Real Academia de Bellas Artes. Y aquí estoy, designado por esta Real Corporación para dar la bienvenida al nuevo académico, cumpliendo el protocolo de hacer un comentario a su discurso y glosar los méritos que aconsejaron su nombramiento. Ensimismado y preocupado por tener que contestar a tan particular discurso, el pensamiento y la imaginación, "loca de la casa", me llevaban por otros derroteros. Y pensaba yo, mientras leía su discurso, en la singular vocación de hombres como Don Francisco Arquillo Torres, quienes dedican gran parte de su vida al estudio paciente e ilusionado de restaurar y sanear las obras de arte que el ayer implacable destruye. Una vocación y una profesión, pensaba, semejante a la del médico, que interviene a veces para prevenir la enfermedad, pero lo habitual es que actúe sobre cuerpos deteriorados, envejecidos y moribundos, que trata de retornarlos a su lozana edad, edad que camina inexorable a la destrucción JUAN CORDERO RUIZ 47 total, y con tan acelerado ritmo, que las obras de hoy ya las podemos ver como las de ayer. La aguda palabra de Jorge Manrique lo pinta así: "Non se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera mas que dura lo que vió, porque todo ha de pasar por tal manera." En semejante devenir del tiempo, el restaurador tiene que intervenir ante una obra de arte. Porque estas obras también enferman, se deterioran, envejecen y... ¡tienen que morir! Y ahí está la vocación del experto restaurador para tomar decisiones en tan precario ciclo. Sabiendo que no le va a dar la inmortalidad a la obra sino una prórroga en su inevitable agonía. Sabiendo que no es posible devolverle la juventud con que salió de las manos del artista; y, pensando con Goethe, que puede ser demoníaco un rejuvenecimiento a lo Fausto, al otorgarle una juventud artificiosa y contranatural. Ya nos ha dicho el nuevo académico lo difícil que es el acuerdo; los muy diferentes criterios que hay en la historia de la restauración y conservación de las obras de arte; de cómo, hasta hoy, no están conformes los expertos de las distintas escuelas al intervenir en ese camino cuesta abajo que es la vida de la obra. Porque, ¿cuál es el criterio acertado a la hora de intervenir en una obra deteriorada por el tiempo o por otros agentes? Restituirla a su uso y función primigenia? ¿Adaptarla a los nuevos tiempos y gustos, en una función de diferente uso? ¿Emplear materiales actuales ajenos a los del resto de la obra? ¿Dejarla como reliquia del pasado con las huellas de la vejez? ¿Maquillarla de manera que parezca recién terminada por el artista? ¿Agregar, quitar, modificar, corregir al autor? ¿Qué es lo correcto, qué lo honesto, qué lo ideal? ¿Pintaríamos hoy el ojo izquierdo de la reina Nefertiti? ¿Pondríamos brazos a la Venus de Milo? ¿Quitaremos el añadido de la parte superior de las Hilanderas de Velázquez?... Cuestiones varias, arduas y complejas, que para una correcta y respetuosa deontología precisan una gran formación científica y técnica, sin olvidar una exquisita sensibilidad. Moral, razón y arte. 48 DISCURSO DE CONTESTACIÓN trilogía imprescindible para adentrarse sin errar en el campo polémico y controvertido de la restauración. Pues estas son las galas que viste, y con las que hoy se presenta a las puertas de esta Real Academia, Don Francisco Arquillo Torres: moral de su exigente sentido ético, razón que se apoya en su rigor científico, y arte que cultiva desde su práctica experiencia de pintor. Quienes le llamamos un día para compartir el honor de las tareas académicas, sabemos los muchos méritos que concurren en Don Francisco Arquillo Torres. También sabemos que muchos de esos méritos pueden quedar reflejados en una fría relación curricular, pero, desgraciadamente, otros méritos, no menos importantes, no pueden tener reflejo documental, porque pertenecen al terreno de los afectos, a las relaciones del compañerismo y la amistad, al bien hacer cotidiano y a la laboriosa responsabilidad que derrocha en todas sus actuaciones. Por ello debe bastar, por ahora, nuestra palabra, y esperar que en la convivencia diaria, en esta Real Academia lo ratifique con los hechos, no defraudando las esperanzas que en él depositamos. Pese a que en este ambiente cultural y artístico en que nos movemos es sobradamente conocido, debo hacer una breve reseña de los méritos que aconsejaron llamarlo a esta Real Corporación, como justificación pública del acierto de incorporar una persona de tanta valía a la noble tarea académica. Ardua tarea seleccionar sus méritos y actividades principales, pues en mi intento de resumir, y después de mucho eliminar, me he quedado "solo" con veinte folios. Es apabullante contemplar la relación de las tareas realizadas, la lista de tantos trabajos ejecutados, dirigidos o tutelados. Viendo la ingente labor de este hombre, no quisiera parecer irrespetuoso si traigo aquí la exclamación, que en caso semejante, soltó el chusco: "¡Ahora me explico yo porqué hay tanto paro en España!". Posee, además del grado de Doctor en Bellas Artes, títulos de Restaurador por la Escuela Central de Bellas Artes de Madrid, el Instituto Céntrale del Restauro de Roma, diplomaturas del "Centro Internazionale di Studi del mosaico" de Ravenna en Italia, y de Restauración de Pintura Mural en el "Centro Internacional de la UNESCO" en Roma. Catedrático de "Restauración de Cuadros y Estatuas" de la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia; y en la actualidad Catedrático en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, donde decir esto JUAN CORDERO RUÍZ 49 siginifica que también es Director del Departamento de Pintura, Director de once proyectos de investigación, impartiendo nueve Cursos de Doctorado y dirigiendo una decena de Tesis Doctorales, y participando en casi todas las actividades del Centro. Puede intuirse, por todo ello, que es el verdadero artífice de una escuela de restauradores que ha florecido en Sevilla, formada por discípulos y colaboradores con prestigio más allá de nuestras fronteras. Porque una cualidad tiene que es indiscutible, sabe hacer escuela, sabe rodearse de alumnos fieles y colaboradores laboriosos, que mantienen de forma nuclear las enseñanzas del maestro. Son incontables los que, un día alumnos y hoy maestros, llevan y transmiten el buen aprendizaje que recibieron. Y justo es mencionar aquí, como producto predilecto de su contagiosa vocación, la garantía de continuidad encamada por sangre en su hermano y discípulo Joaquín, ya profesor titular de la Facultad, y en su propio hijo David, recientemente doctorado, y también profesor, dispuestos ambos a continuar esta tradición familiar y gremial que tanto proliferó en tiempos pasados. El reconocimiento a sus méritos se constata por la gran cantidad de ayudas y subvenciones que le han otorgado. Fia sido becado por prestigiosas Instituciones oficiales y privadas. Miembro de varias Comisiones locales, nacionales y extranjeras. También es Miembro Correspondiente de la Real Academia de Medicina de Sevilla. Y hace sólo unos días, le fue impuesta la Medalla que la Facultad de Bellas Artes de Valencia concede cada año a un destacado profesor de otra facultad española. Participa en una docena de congresos con ponencias y comunicaciones. Es conferenciante ilustre con una extensa relación de conferencias pronunciadas en capitales españolas y extranjeras. Ha visitado hasta diecisiete países, invitado en labores de investigación, peritaje y docencia. Tiene publicados en libros y revistas multitud de trabajos relacionados con su profesión. Y, hablando de profesión, quiero mencionar sólo el hecho, porque la sola relación de obras que han pasado por sus manos o su taller son incontables, y los cuadros, retablos, esculturas, dibujos, monumentos, que se amontonan en una extensa relación, nos ocuparía horas. Es sobradamente conocido en el ambiente popular y cofradiero sevillano, porque rara es la imagen devocional de Sevilla y su provincia, que no hayan pasado por la "clínica" o la "consulta" de este restaurador singular. Como vemos por tan extensa, aunque abreviada síntesis, la personalidad del nuevo académico está cimentada en una sólida formación, 50 DISCURSO DE CONTESTACIÓN experiencia profesional y talento reconocido a muy diversos niveles. El hombre trabajador, el profesional responsable, el profesor eminente, el investigador exigente y el publicista versátil, forman un todo armonioso, y sus actividaddes son difíciles de clasificar, aunque sean con un convencional carácter didáctico. Valga por ello este recorrido, que despojado de detalles y concreciones impropios de esta hora y de vuestra paciencia, he querido recordar. La Academia recibe alborozada a quien cultiva tan singular rama del arte. Que si se trata de traer a la Academia a los mejores posibles, para que con su hacer y prestigio, prestigien y hagan grande a la Academia, en esta ocasión se puede sospechar hasta un poco de interés, pues siendo misión de la Academia de Bellas Artes, a semejanza de su hermana de la Lengua, que limpia, fija y da esplendor" al lenguaje, esta persigue limpiar, fijar y dar esplendor al arte y sus obras, y nadie tan adecuado para ello como el recién llegado maestro. Porque a la Academia se viene a trabajar y a entregar con generosidad nuestros talentos. Pero con profesión tan apetitosa como tiene el recién llamado académico, pudiera pensar receloso, como el insigne Quevedo: "Cuando alguno me convida no es a banquetes ni a fiestas sino a los misacantanos para que yo les ofrezca Pierda cuidado el nuevo académico y amigo, que las obligaciones para con la Real Corporación no nos vendrán impuestas desde fuera, sino que, en todo caso, brotarían del amor con que un corazón agradecido corresponde a la Noble Institución que nos acoge. Por otro lado, yo sé por propia experiencia, que ni siquiera una amistad como la nuestra, comprometen y fuerzan el ritmo de trabajo y la línea de actuación que don Francisco se marca. Pero todavía me queda un hueco que debo llenar. Que todo lo expuesto puede resultar una canción monocorde; puede parecer para algunos que se trata de hombre de un solo registro, intenso y perfecto en la rama de la restauración y la conservación de la obra de arte, pero nada más. Puede que a algunos cause extrañeza que sea la sección de Pintura, que me honro presidir, la que haya acogido al nuevo académico. Quienes así piensan es JUAN CORDERO RUIZ 51 porque no conocen la gran capacidad de trabajo de este hombre. También, porque la intensidad del especialista suele eclipsar cualquier otra labor, y porque es más fácil para las mentes limitadas etiquetar a cada hombre con una sola etiqueta. Parece propio de un país pobre como el nuestro, que aboga por repartir la pobreza más que por crear la riqueza, esta limitación del pluriempleo. Pero se equivocan quienes piensan que el destacar en una faceta del intelecto incapacita para cultivar otra; se equivocan quienes igualan a quienes tienen iguales titulaciones; se equivocan quienes exigen dedicación exclusiva a quienes están dotados para más dedicaciones. Y, sobre todo, se equivocan quienes piensan que el dominio de la restauración, la historia o la perspectiva, impiden ser buen pintor. Debo proclamar aquí que, si las razones para ocupar un sillón en esta Academia parecen sobradas razones su hacer de restaurador, también sería suficiente su exclusiva actividad pisctórica, ciertamente menos conocida, pero no por ello menos meritoria. Porque hay que decirlo ya: don Francisco Arquillo es ante todo pintor. Parece perogrullada, pero es pintor porque pinta. Es pintor porque realizó cinco años de estudios superiores, en la especialidad de Pintura. Es pintor porque se ha pasado muchas más horas pintando que muchos de los pintores que ostentan ese título exclusivo. Y porque así lo reconocen sus compañeros cuando lo eligen Director del Departamento de Pintura de la Universidad de Sevilla... Aunque, bien mirado, el arte no es cuestión de cantidad, sino de calidad; ahí tenemos al poeta de Utrera citado al comienzo, Rodrigo Caro, que pese a ser historiador riguroso, arqueólogo y topógrafo,biógrafo y mitólogo, eminente clérigo, erudito insaciable, bibliógrafo apasionado y una de las mentes más lúcidas de su tiempo, le bastó un sólo poema, "Canción a las ruinas de Itálica , para ser consagrado y reconocido como un gran poeta, figurando su nombre en las más exigentes antologías de la poesía castellana. Pero si todo ello no parece convincente, a las pruebas me remito. El pintor Arquillo ha querido donar a la Academia, en este acto, su más reciente obra; casi fresca todavía. Ha querido realizar expresamente para esta ocasión el magnífico cuadro que nos preside. Es una magistral composición de armónico colorido y sabia técnica pictórica. La diversidad de objetos que representa no son meras representaciones de formas independientes, sino que adquieren la unidad de un todo equilibrado, atributo consustancial de la obra de arte. Es la suya una pintura figurativa y realista con sentido clásico, pero tiene esa nota de modernidad en 52 DISCURSO DE CONTESTACIÓN el tema y en el tratamiento plástico, que la hace muy personal y muy de nuestra época. No he preguntado al artista si ha sido inttencionado el motivo, o si compleja jugada del subconsciente, o si se trata de una apreciación de mi subjetividad: el motivo del cuadro es una rica colección de muñecos; y la obra que presentara en acto semejante, en 1972, don Miguel Gutiérrez, su antecesor en la Academia, era también una rica composición com muñeca. Feliz coincidencia, que simboliza para mí, una deseada continuidad en la Institución. Y nada más por mi parte, sino en nombre de esta Real Academia de Bellas Artes, y en el mío propio, darle una gozosa bienvenida, e invitarlo a tomar asiento entre nosotros, ocupando el sillón (a la vista del estrado, sillón metafórico, se entiende) sillón que dejara vacante el inolvidable y ocmún amigo don Miguel Gutiérrez Fernández, deseando que con sus actuaciones académicas, este nuevo miembro, sepa honrar su imborrable memoria. Y par que no se interprete pesimista ni desalentador el criterio que mostré al comienzo sobre el arte de restaurar, permítanme que termine en verso, estableciendo un paralelismo a lo divino, que enaltece la función del restaurador. Con un material de arcilla el Dios Padre Creador refleja ¡oh, maravilla! en el hombre su esplendor. El pecado deteriora esta bella creación y restaurándola otrora actúa en su Redención. Y si perfecta es la obra en su primigenia acción más perfecta queda ahora desde su restauración. He dicho.