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Formas de comunicación, libertad y acción emancipadora en la teoría de la comunicación de Jurgen Habermas

Federico Gadea, Walter

Abstract

Las formas generalizadas de la comunicación surgen, en la teoría de la comunicación de Habermas, como una instancia ambigüa, contingente e independiente tanto de la acción comunicativa como de la acción estratégica. De esta manera, los medios de comunicación masivos, comprendidos como formas generalizadas de comunicación, no constituyen una realización plena y necesaria de la homologación del poder político o económico; en la medida en que toda “misión periodística”, como señala Habermas, hace referencia a una instancia que resulta exterior respecto del centro emisor. En la concepción habermasiana de la comunicación, los medios masivos no pueden generar toda la información y, por lo tanto, siempre es posible registrar diversidad de emisores y de actores en el proceso de comunicación.

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624 CAPÍTULO 47 “Formas de comunicación, libertad y acción emancipadora en la teoría de la comunicación de Jurgen Habermas” Federico Gadea, Walter (Universidad de Huelva) [email protected] Resumen. Las formas generalizadas de la comunicación surgen, en la teoría de la comunicación de Habermas, como una instancia ambigüa, contingente e independiente tanto de la acción comunicativa como de la acción estratégica. De esta manera, los medios de comunicación masivos, comprendidos como formas generalizadas de comunicación, no constituyen una realización plena y necesaria de la homologación del poder político o económico; en la medida en que toda “misión periodística”, como señala Habermas, hace referencia a una instancia que resulta exterior respecto del centro emisor. En la concepción habermasiana de la comunicación, los medios masivos no pueden generar toda la información y, por lo tanto, siempre es posible registrar diversidad de emisores y de actores en el proceso de comunicación. Palabras clave: comunicación, emancipación, libertad, democracia, medios masivos. Abstract: The generalized forms of communication arise, communication theory of Habermas, as an instance ambiguous, contingent and independent of both communicative action and strategic action. Thus, the mass media, understood as generalized forms of communication, not a full realization and necessary for the approval of political or economic power, to the extent that any "journalistic mission, " as Habermas notes, references to an entity that is external with respect to the broadcasting center. In the Habermasian concept of communication, mass media can not generate all the information and, therefore, it is always possible to record diversity of issuers and actors in the communication process. Keywords: communication, empowerment, freedom, democracy, media 1. Introducción. Las formas generalizadas de la comunicación surgen, en la teoría de la comunicación de Habermas, como una instancia ambigüa, contingente e independiente tanto de la acción comunicativa como de la acción estratégica. De esta manera, los medios de comunicación masivos, comprendidos como formas generalizadas de comunicación, no constituyen una realización plena y necesaria de la homologación del poder político o económico; en la medida en que toda “misión periodística”, como señala Habermas, hace referencia a una instancia que resulta exterior respecto del centro emisor. 625 En la concepción habermasiana de la comunicación, los medios masivos no pueden generar toda la información y, por lo tanto, siempre es posible registrar diversidad de emisores y de actores en el proceso de comunicación. A lo que se suman las condiciones en los que destinatarios ejercen las distintas funciones semióticas de decodificación y de resignificación de los enunciados. Resultando de esta forma, que todo proceso de comunicación y decisión social está atravesado por una lógica de la incompletitud, de la ambigüedad y de la dislocación semiótica; lo cual desestabiliza los intentos de concentración e integración de intereses. Por lo tanto, la independencia de los medios de comunicación respecto de los poderes fácticos debe buscarse más en la lógica generalizada de la comunicación que en un intento consciente de los agentes por ser libres e imparciales. 2. Medios de comunicación y dominación social. En este apartado nos proponemos ordenar los conceptos fundamentales que permiten a Jürgen Habermas repensar los medios de comunicación de masas en las sociedades actuales. En su conclusión al famoso libro de la Teoría de la acción comunicativa nos dice: “Pues bien, la teoría de la modernidad cuyas líneas básicas acabo de trazar nos permite damos cuenta de lo siguiente: en las sociedades modernas los espacios de contingencia para las interacciones desligadas de contextos normativos se amplían hasta tal punto, que tanto en las formas desinstitucionalizadas de trato en la esfera de la vida privadafamiliar como en la esfera de la opinión pública acuñada por los medios de comunicación de masas «se torna verdadera en la práctica» la lógica propia de la acción comunicativa...” Habermas, J.: (1990: p.572) La afirmación de Habermas nos posibilita hacer una valoración del relieve que los medios de comunicación de masas tienen en la Modernidad; pero además, nos permiten introducir el problema a través de una afirmación clave, según la cual en las sociedades actuales existen “espacios de contingencia” que posibilitan que las interacciones entre los agentes cobren márgenes más o menos generosos de independencia de los contextos normativos. Quizá no esté de más recordar que lo que para Habermas caracteriza a la lógica de la Modernidad es la licuación del sujeto, de la subjetividad, o la filosofia de la conciencia, y frente a ello prioriza la lógica de las relaciones, cuya mejor expresión es la lógica comunicativa. La crítica que Habermas le hace a las filosofias anteriores es que son filosofias de la conciencia (incluyendo a Hegel, Marx e incluso Heidegger en tanto piensan la historia como un sujeto, el ser temporal como un sujeto que crea época). En cambio en Habermas la racionalidad no es una conciencia o un sujeto, sino que es la relación entre los sujetos. Por eso es que el problema no se centra en los contenidos o los conceptos, sino los mecanismos a través de los cuales circulan estos conceptos, y es en ese sentido que se trata de una “pragmática trascendental”. 626 La garantía de la comunicación está dada por la posición horizontal de los sujetos en el diálogo, y esto se opone a cualquier tipo de sociedad organizada autoritariamente. Que los integrantes de la comunicación se otorguen una mutua fe en el diálogo implica que la palabra de cada uno vale tanto como la del otro, es decir, no hay jerarquía (en términos políticos es la democracia); y la tendencia a esto está ínsita en el proceso de la modernidad. Por eso es que la verdad trascendental está en el orden del discurso, el ágora misma es la verdad (en este sentido hay un cierto formalismo en el planteamiento). Pues bien, estos márgenes de indeterminación, estos “espacios de contingencia”, estos ámbitos de no-determinación, nos brindan una puerta de acceso al modo en que Habermas piensa a los medios de comunicación en las actuales condiciones de desarrollo de las sociedades democráticas y globalizadas. Podríamos, en función de ellos, ensayar una vía negativa. Y en este caso nos parece relevante, porque en ella se diferencia de los planteos que al respecto formularan Horkheimer y Adorno (1994); pensadores que enmarcan la tradición filosófica en la que Habermas se alista, aunque, por cierto, de un modo crítico y radicalmente diferente a la primera y segunda generación de la Escuela de Frankfurt, porque invalida la teoría manipulativa de la comunicación y niega la idea de que los medios funcionan adormeciendo o dirigiendo a las masas. El planteamiento habermasiano supone que la vía seguida por Horkheirner y Adorno en la Dialéctica del iluminismo (1994) es una vía muerta, entonces intenta recuperar la tradición crítica de Frankfurt volviendo a los trabajos de la década del treinta, pero por otro lado, también plantea que no se puede cuestionar la racionalidad científica; es posible cuestionar el modo como la entiende el positivismo, pero no la ciencia como tal, y ello le lleva a rescatar el iluminismo. Todo esto lo hace desde una postura que no quiere ser una filosofia de la historia porque no puede haber una justificación teleológica, dado que ello lo remitiría a una posición metafisica. Habermas interpreta que Horkheimer y Adorno no han percibido este “espacio de contingencia” y por ello han visto sólo un aspecto del “ambivalente potencial de los medios de comunicación de masas”. En este sentido, la propuesta habermasiana será vecina a la que formula Vattimo, esto es, un estado de indecisión acerca del papel de los medios. Esta ambigüedad, que los medios pueden llevar a la dominación o a la liberación, también es explícita en este último autor. En la terminología de la teoría habermasiana de la comunicación, los medios de comunicación pueden oficiar tanto dentro de la acción estratégica como en la acción comunicativa. La perspectiva unilateral de Horkheimer y Adorno los ha llevado a suponer que en las sociedades capitalistas avanzadas, los medios anulan el espacio propio de la “opinión pública”. Este concepto de ambivalencia, este doble valor o esta duplicidad potencial, aparece en Habermas en oposición a quienes han subrayado solamente la unidimensionalidad mediática. En efecto, según los antiguos frankfurtianos “los flujos de comunicación controlados a través de los medios de comunicación de masas sustituyen a aquellas estructuras de la comunicación que antaño habían posibilitado la discusión pública y la autocomprensión del público que formaban los ciudadanos y las personas privadas” Habermas. J: (1990, p. 551). 627 En algún sentido, podríamos decir que ni Adorno ni Marcuse (1985) van mucho más allá que Habermas respecto de los medios, ya que también para ellos el problema de la dominación no está en éstos sino la lógica de la dominación, en la lógica tecnológica o en la lógica de la producción. Al incluir a los medios dentro de esta lógica más basta, Adorno, Horkheimer y Marcuse les otorgan una filiación que impide la ambigüedad; sin embargo, es posible pensar que estos mismos medios pueden usarse de otro modo, aunque para los frankfurtianos clásicos esto no sea así. En cambio, en Habermas no podemos ahorrarnos el trabajo de pensar en qué ocasiones y por qué éstos sirven a la dominación y en qué ocasiones y por qué sirven a la democracia o a potenciar las garantías, los derechos y las libertades de los ciudadanos. Si esta mediación resulta en realidad una sustitución del espacio de discusión y de acuerdo, entonces los medios de comunicación de masas producirían una homologación del discurso hegemónico o dominante conducente a formas cada vez más sutiles y elaboradas de totalitarismo. Los medios serían así un “aparato que penetra y se adueña por entero del lenguaje comunicativo cotidiano”, y, de ese modo, realizarían tres metas: a) convertir cualquier contenido cultural auténtico en estereotipos inertes, asépticos, reproducibles y multiplicables; b) producir un efecto de pasteurización cultural, quitando a los discursos sus elementos “subversivos y trascendentes”, es decir, transformadores; c) crear un “sistema omnicomprensivo de controles sociales” sujetando al individuo a este dominio. En síntesis, los medios formarían parte de un proceso de homología [igual logos], reafirmador de las tendencias totalitarias. Pues bien, si este es el horizonte que la filiación filosófica traza al pensamiento de Habermas, resulta evidente que no adhiere a tal postura, sino que, además, su posición y elaboración filosófica sobre la comunicación resulta más compleja. En primer lugar, las posiciones de sus maestros le parecen una simplificación deficitaria en tanto no dan cuenta de: 1) el proceso histórico, 2) el cambio estructural de la esfera de la opinión pública burguesa, 3) las diferencias nacionales, 4) las diferencias entre centros emisores privados, públicos y estatales, 5) las diferencias en la configuración de los programas, 6) las diferencias en las costumbres de recepción, 7) las diferencias en las culturas políticas, etcétera. Sin embargo, todas estas insuficiencias que Haberrnas considera “empíricas”, son de menor relieve que aquellas que se sitúan en el dualismo entre medios de control sistémico (sistemático) y formas generalizadas de comunicación. En el caso de los medios de control sistémico encontramos que consecuentemente, el texto manifiesta, de un modo abierto y dialogado, una crítica respecto de las distintas 628 funciones negativas que se despliegan en los mismos, en la medida que los medios concebidos de esta forma: a) dejan del lado el lenguaje como mecanismo de coordinación de la acción. Desligan la coordinación de la acción de la formación lingüística de un consenso y la neutralizan frente a la alternativa de acuerdo o falta de entendimiento, b) a través de ellos los subsistemas se diferencian del mundo de la vida. Por ejemplo, el dinero y el poder, gobiernan las interacciones a través de las intervenciones de ego en la situación de alter, es decir, a través de efectos perlocucionarios. 3. Medios de comunicación, acción estratégica y formas de comunicación generalizada. En los Complementos y estudios previos de la Teoría de la acción comunicativa, dice: “en la medida en que las relaciones interpersonales entre los sujetos que interactúan orientándose hacia su propio éxito sólo vienen reguladas por el intercambio y el poder, la sociedad se presenta como un orden instrumental”Habermas, J.; ( 1994, p. 484). En ese sentido el concepto de acción estratégica es cercano al concepto de “razón instrumental”. Y a la vez, la lógica económica y la lógica del poder (como acciones dirigidas al éxito) son ambas instrumentales, en oposición a la acción comunicativa en donde se entiende a lo político como una forma de acuerdo entre los diversos integrantes de esta acción.(xiii) Pero Habermas no considera a los medios como medios de control sistemático sino como formas de comunicación generalizada. Ahora bien, con el tema de las “formas” aparece una cuestión que es difícil aclarar: la conexión entre lo formal y lo instrumental. Horkheimer en la Crítica de la razón instrumenental dice que la razón al mismo tiempo que se subjetiviza se formaliza. Este problema parecería que no es tenido en cuenta por Habermas. Al respecto habría dos posibilidades. O bien que la razón se formalice dentro de la intersubjetividad, con lo cual esa formalización no implicaría el contrabando de contenido propio de las formalizaciones. O bien, que el planteamiento mismo sea formal, con lo cual se cuestiona el carácter de deseable de la acción comunicativa en oposición a la acción estratégica. En relación con esto, la crítica que hacen Gadamer o Ricoeur es que la acción comunicativa no puedeser formadora de comunidad, sino que supone una comunidad determinada, no es un trascendental ético político. Además, subrayan una variedad de instancias comunicativas que no suponen esa horizontalidad (Habermas supone que toda comunicación termina por admitir sus trascendentales como es, entre otros, la horizontalidad). En cambio, las formas de comunicación generalizada: 629 a) Se limitan a simplificar la supercomplejidad de los contextos de acción orientada al entendimiento, pero siguen dependiendo del lenguaje y del mundo de la vida (aunque se trate de un mundo de la vida racionalizado), b) no sustituyen al entendimiento lingüístico, sino que simplemente lo condensan y, por lo mismo, permanecen ligadas a los contextos del mundo de la vida; c) se trata de una especialización de los procesos lingüísticos de formación de consenso, que sigue dependiendo de la posibilidad de echar mano a los recursos del trasfondo que para la acción comunicativa representa el mundo de la vida. Por ejemplo, la influencia y el compromiso valorativo exigen actos ilocucionarios y dependen, por tanto, de los efectos de vínculo que tiene el lenguaje cuando se lo usa con vistas al entendimiento. En Habermas la cuestión parece un poco más clara, porque frente a las posiciones unidimensionales de Adorno y Horkheimer, sostiene una posición dual expresada por los dos tipos de acción, y los medios, en tanto formas de comunicación generalizada, no son incluidos necesariamente en uno de estos tipos. Recordemos que cuando Habermas se refiere a la acción estratégica, dice explícitamente que se trata de una acción por la dominación. En esta medida su planteamiento supone una dualidad: hay una lógica de dominación y hay otra lógica que implica libertad, que es la acción comunicativa. Si hay dos lógicas (una que está más cercana a la dominación y otra más cercana a la libertad, a la contingencia), cobra importancia el concepto de “contingencia”. En realidad el carácter contingente de los medios señala que pueden ser incluidos tanto dentro de la acción estratégica, y en ese sentido dentro de una lógica de la dominación, como dentro de una acción comunicativa, y, en tal medida, dentro de una lógica de la libertad. Consecuentemente, la contingencia es previa a la acción estratégica y a la acción comunicativa. Esto hace que el planteamiento habermasiano pueda pensarse como “contingente” o “ambiguo” entre la libertad y la necesidad, o entre la liberación y la dominación. Lo problemático reside en la conexión de estas dos lógicas. Porque al ser los contenidos indeterminados, la determinación se deriva de los tipos de acción en un espacio de contingencia. Lo curioso aquí es que el medio funciona como contenido, no como aquello que da forma. Esto es así porque hay muchos estratos del “mundo de la vida” en los cuales los medios no intervienen. Por eso es que los medios no tienen un papel estructurante de la conciencia ya que el “mundo de la vida” tiene una variedad y una riqueza mayor que el mundo mediático. Y ello le permite relativizar el papel de los medios en la sociedad moderna. Con el planteamiento de estas dos lógicas se supera el problema de la “totalización totalitaria” que plantea Marcuse, porque estas dos lógicas están arraigadas en la naturaleza humana y no se las puede reducir una a la otra, ni hacer desaparecer a alguna 630 de ellas; de modo que siempre existiría una instancia de libertad o de comunicación que no permitiría que la lógica del poder o la lógica de la economía cerrase o absorbiese todo. En un artículo de Ernesto Laclau en el que se discuten los temas del particularismo y el universalismo, Habermas es colocado en la tradición universalista de la Ilustración, aunque se trate de un universalismo formal. Laclau plantea que ninguna de las dos lógicas se sostiene por sí misma, sin referencia a la otra. Por esta razón, una lógica pura de la diferencia no tiene ningún sentido, porque para diferenciarse del otro hay que tener algún elemento común, algún límite que comunique con el otro. Esa es la dimensión de la equivalencia. Y esto es así porque plantea que la lógica de la modernidad es esa lógica equivalencial, en la que las diferencias se piensan como equivalentes a otras. Y este es el problema del universal: cuando quiero reivindicar una particularidad mía y digo “tengo derecho a esto”, en realidad me remito al derecho que los demás tienen a eso, es decir, para hacer aceptable mi particularidad debo hacerla equivalente. Retomando, los medios de comunicación de masas como formas de comunicación generalizada no están determinados como propios de la acción comunicativa’, ni tampoco de la ‘acción estratégica’. Habermas supone que por el solo hecho de entrar en un proceso de argumentación, aceptamos los presupuestos de inteligibilidad, de verdad, etc. que los filósofos analíticos, por ejemplo, aceptan. Además, el solo hecho de entrar en un proceso comunicacional supone una “comunidad libre de argumentación” que puede durar indefinidamente y en el que cualquiera puede intervenir y decir lo que sea de su interés o su deseo. Aunque nosotros hablamos de un dualismo, en realidad Habermas plantea un tercer tipo de acción: la “acción dramatúrgica” que se define como la presentación de sí que hace un agente, en ella encontramos elementos del lenguaje tales como el valor poético, taumatúrgico, etc., valores que, dentro de la comunicación, no forman parte de la argumentación comunicacional.(xiii 4. Características y paradojas de la comunicación masiva. Podría plantearse si existe algún tipo de “acción comunicativa” que no se encuentre teñida por la “acción estratégica”, pero Habermas sostiene que la argumentación fáctica está siempre afectada por todo tipo de intereses, aunque de todos modos, al entrar en un proceso de argumentación presupongo algo contrario a los hechos, que probablemente no se dé, esto es: estoy aceptando discutir con el otro y dar argumentos. Esta situación es análoga a lo que sostiene Adorno en la Teoría sociológica cuando dice que en cuanto aparece una justificación del absolutismo, el absolutismo está muerto, porque el hecho de justificarlo teóricamente acepta que es criticable y, por eso, no puede ser sostenido. En ese sentido, las características generales de la comunicación son:(xiii) 631 i) que cada sujeto que es capaz de lenguaje y acción puede participar en los discursos argumentativos (cada uno puede cuestionar cualquier propuesta, cada uno puede introducir cualquier propuesta en el discurso, cada uno puede expresar sus actitudes, deseos y necesidades), ii) nadie pude ser impedido compulsivamente ya sea interior o exterior al discurso a los derechos establecidos anteriormente. Las dos primeras reglas son simplemente para una argumentación limpia, la tercera regla intenta impedir el engaño o la distorsión. La regla más importante de éstas pertenece al contexto de acción. Los medios de comunicación de masas, como formas generalizadas de la comunicación, no son una realización plena y necesaria de la homologación. Habermas enumera los reparos a esta visión unilateral; los medios encierran contradicciones no resueltas que, como tales, implican un potencial no desarrollado. Por eso nos dice que se han subrayado con no menos energía las contradicciones que resultan: 1) “De que los centros emisores estén expuestos a intereses rivales y de que en modo alguno puedan integrar sin discontinuidades los puntos de vista económicos, políticoideológicos, profesionales y los relativos a la estética de los medios” Habermas, J.: (1994, pp. 553-554). Sin olvidar que el espacio de ambigüedad, también supone la posibilidad de su funcionamiento corno medios de control sistemático. Recordemos que Horkheimer y Adorno habían visto en los medios sólo una dinámica de concentración en la que las diferencias se integraban. Habermas señala la imposibilidad de esa integración de intereses contrapuestos. Sin negar que hay fuerzas mayores y otras menores, fuerzas que se imponen y otras que se subordinan, Laclau plantea que este juego no está decidido de antemano, pero no todas las fuerzas tienen la misma intensidad o ejercen el mismo poder. Para que una fuerza pueda llegar a ser hegemónica precisa convencer a otros grupos porque ningún bloque hegemónico está determinado -digámoslo asíontológicamente” Por eso, cuando Laclau (1987, pp.106-110) utiliza el concepto de “hegemonía’ se refiere a las fuerzas triunfantes, que son siempre alianzas de distintos sectores, lo cual no imposibilita que existan, a su vez, otras fuerzas que se opongan hasta que, incluso, puedan desplazar a aquellas y aun hegemonizar ellas el proceso. Sin embargo, los bloques hegemónicos ejercen un poder desigual y superior al de los sectores subalternos, y esta situación de hecho, queda desdibujada en el planteamiento habermasiano. 2) “De que los medios de comunicación de masas normalmente no puedan substraerse sin conflictos a las obligaciones provenientes de su misión periodística” Habermas, J:(1994. p.553) Esta “misión periodística” hace referencia a una instancia exterior al mismo centro emisor. Antes, la cuestión se centraba en el emisor, aquí es el mensaje que está expuesto a contradicciones que derivan de una cierta exterioridad: la misión periodística por la cual es necesario informar acerca de algo. Los medios no pueden generar toda la 632 información y, por tanto, también en este aspecto habría diversidad. Del mismo modo que también podemos registrar posibles contradicciones entre sus intereses y lo que emiten. Podríamos ver en esta cuestión una cierta “moralidad” (profesional o de otro tipo) que los medios no pueden evitar, estas obligaciones son funcionales y exceden el ámbito de estos centros. 3) “De que las emisiones en modo alguno respondan sólo o predominantemente a los estándares de la cultura de masas, y que incluso cuando adoptan las formas triviales de entretenimiento popular puedan muy bien contener mensajes críticos, popular culture as popular revenge” Habermas. J.: ( 1994, p. 554). Los primeros frankfortianos no negaban la posibilidad de mensajes críticos, sino que esos mensajes pudieran no ser despotenciados por la lógica de la unidimensionalidad. Pero Habermas, cuestiona esta lógica como única y marca las posibilidades irónicas de los productos masificados. 4) “De que los mensajes ideológicos no den en el blanco de sus destinatarios porque el significado pretendido, bajo las condiciones de recepción que impone un determinado trasfondo subcultural, se transforman con frecuencia en su contrario” Habermas, J.: (1994, pp. 553-554). El problema político de la receptividad, muestra otra posible fractura entre el intento dominador y el éxito a través de la lectura qué el receptor hace de él. Un mensaje de sojuzgamiento o dominación puede transformase en su contrario, en una instancia de liberación. Al respecto, en el artículo de Zizek (1996) denominado: La identidad y sus vicisitudes: la ‘lógica de la esencia’ de Hegel como una teoría de la ideología, se trata de demostrar que en la teoría de las decisiones no hay una concatenación de los argumentos que lleven necesariamente a tomar una decisión determinada. La decisión rompe esa cadena o la reconstruye desde sí, la decisión pone sus propios fundamentos retrospectivamente; por eso es que lo que aparece desde la cadena de las relaciones como teniendo un resultado determinado, desde las decisiones que se toman efectivamente ocurre todo lo contrario. El ejemplo que pone al respecto es que uno puede decirle a otra persona “tu marido es alcohólico, no trabaja, te pega, etc., te aconsejo que lo abandones”, y la mujer responder: “por las mismas razones que me das no lo voy a dejar porque necesita mi ayuda”. 5) “De que la lógica propia de la práctica comunicativa cotidiana se ponga a la defensiva contra las intervenciones directamente manipuladoras de los medios de comunicación de masas” (Idem). Aquí aparece la «práctica comunicativa cotidiana» como otra instancia de preservación y, al mismo tiempo, fractura de todo intento manipulador. Mientras en el caso anterior los mensajes podían ser releídos por el destinatario de otro modo, el problema se genera en la recepción; ahora el problema se centra en la