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La construcción de la identidad romana en Corinto

Abstract

En este artículo mostramos los diferentes cambios experimentados por la ciudad griega de Corinto como parte del proceso de romanización y de construcción de una identidad romana que la convirtió en colonia romana y luego en capital de la provincia de Acaya, foco de romanidad en un entorno cultural predominantemente helénico, además de un gran emporio comercial, centro de almacenamiento y de distribución de mercancías en el Mediterráneo oriental.

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La construcción de la identidad romana en Corinto

Author: Fornis Vaquero, César Antonio
Year: 2007
Source: https://idus.us.es/bitstreams/15737193-3c93-4ef3-aab3-3483b244f24d/download
205
LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
LA CONSTRUCCIÓN
DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO*
Césa Fo nis
Uni e sidad de Se illa
En es e a ículo mos amos los di e en es cambios expe imen ados
po la ciudad g iega de Co in o como pa e del p oceso de omanización y
de cons ucción de una iden idad omana que la con i ió en colonia omana
y luego en capi al de la p o incia de Acaya, oco de omanidad en un
en o no cul u al p edominan emen e helénico, además de un g an empo io
come cial, cen o de almacenamien o y de dis ibución de me cancías en el
Medi e áneo o ien al.
In his a icle we show he di e en changes su e ed by he G eek
ci y o Co in h as a pa o he p ocess o omaniza ion and cons uc ion o
a Roman iden i y ha become i in a Roman colony and hen in he capi al
o he p o ince o Achaia, a ocus o Romani as in a Hellenic cul u al scene,
besides a huge comme cial empo ium, a cen e o s o age and dis ibu ion
o commodi ies in he Eas e n Medi e anean.
Co in o ue sin duda una de las ciudades más impo an es y ep esen a i as
de G ecia bajo la égida omana. Pa a en ende mejo las o mas y el alcance eal
del p oceso de omanización y de cons ucción de la iden idad omana en ella he-
* Una e sión sensiblemen e más educida de es e abajo ue leída en el cu so “La
cons ucción de las iden idades omanas”, o ganizado po la Uni e sidad In e nacional de Andalucía
y la Uni e sidad Pablo de Ola ide y celeb ado en la sede La Ca uja de Se illa del 29 de mayo al 2 de
junio de 2006. Rep esen a una línea de in es igación insc i a en el ma co del P oyec o Las sociedades
g iegas en la gue a de Co in o, financiado po el Minis e io de Educación y Ciencia (HUM 2004-
02095).
HABIS 38 (2007) 205-224
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CÉSAR FORNIS
mos de emon a nos al pe íodo de independencia de la ciudad, en o as palab as,
debemos p egun a nos cómo e a la Co in o g iega.
Nacida en el siglo VIII a.C. como consecuencia de un p oceso sinecís ico, la
Co in o g iega se nos p esen a como una polis flo ecien e, de p o e bial opulencia,
i az, bulliciosa, cosmopoli a, con una la ga y ica adición his ó ica y cul u al
a sus espaldas. Con un e i o io pequeño, 825 km2 (las on e as ue on es ables
desde la época de los Cipsélidas), su excepcional si uación geog áfica le ga an izó
un papel p imo dial, a eces incluso hegemónico, en muchos momen os de la e-
cunda his o ia de la Hélade. En e ec o, Co in o se asien a en el is mo que lle a su
nomb e, puen e de comunicación en e el Peloponeso y G ecia cen al y en e los
ma es Jónico y Egeo. No en ano ue sede y cen o neu álgico de las dis in as ligas
helénicas y luego de la liga aquea. La ciudad se hallaba a la somb a del imponen e
Ac oco in o, una inexpugnable oca de 575 me os de al u a que ue definida como
uno de los «g ille es» de G ecia1, la cla e de su con ol, p ime o po macedonios
y después po aqueos, omanos, bizan inos y u cos.
Es e magnífico emplazamien o geog áfico le ga an izó igualmen e un luga
p i ilegiado en el come cio del Medi e áneo o ien al, no sólo po la p opia ac-
i idad come cial, sino po el uso del diolchos pa a c uza el is mo p e io pago
de ele adas asas; el diolchos e a un camino pa imen ado sob e el cual se hacían
oda an o na es (no odas, sólo ba cos mili a es y me can es no supe io es a diez
oneladas) como me cancías de un ex emo al o o del is mo, e i ando así los seis
días de ci cunna egación del Peloponeso y con ello el pelig oso cabo Malea. La
ciudad en e a ue, y lo con inua ía siendo en época omana, cen o de di e sión y
ocio pa a isi an es. Pe o no sólo el come cio y el ocio dejaban dine o en la ciu-
dad. La adminis ación y con ol de los juegos ís micos que bienalmen e se cele-
b aban en el amoso san ua io de Posidón en Is mia apo aban pingües beneficios
al Es ado co in io.
É nicamen e Co in o es á ma cada po se una undación do ia, azón po la
cual encon amos a la población di idida o iginalmen e en las es ibus do ias
adicionales: panfilios, hileos y dimanes, a las que en echa inde e minada se
añadió una cua a llamada los cinó alos, con población p edo ia. Una no icia de
la Suida ecogida po Nicolás de Damasco2 nos dice que en Co in o pa n a ojk w ,
“ odas las cosas [públicas se en iende] son ocho”, o múl iplo de ocho, lo que se ha
in e p e ado en el sen ido de que exis ía una o ganización e i o ial y é nica o-
mando como base ocho pa es, es deci , hab ía ocho ibus (quizá una subdi isión
en dos de las cua o an e io es), cada una de las cuales elegía un p oboulos (pa a
un o al de ocho p obouloi o magis ados sup emos) y diez bouleu as (pa a un o al
de ochen a miemb os del Consejo). Conocemos así mismo un p i ano anual (desde
el a caísmo), un gimnasia ca (desde el siglo III a.C.) y o os ca gos meno es. Des-
1 Plb. 18.11.5; S . 9.4.15; Li . 32.37.4.
2 FG H 90 F 60.
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LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
de la caída de la i anía cipsélida hacia el año 583, la poli eía en Co in o asume la
o ma de una oliga quía flexible y de ancha base que no su ió in e upciones (ni
po democ acias ni po i anías) has a la dominación macedonia.
En el ámbi o u banís ico y a qui ec ónico la A queología nos ha ayudado a
econs ui el esplendo de la Co in o clásica g iega, una g an ciudad cuyo pe í-
me o alcanzaba los diez kilóme os, con seis pue as de acceso de las que nacían
o as an as u as p incipales al Peloponeso, a la Megá ide y al Á ica. En e sus
mu os i ían en e cua en a y cincuen a mil habi an es de condición lib e (de los
cuales doce o ece mil se ían ciudadanos de pleno de echo), más una ci a inde e -
minada de escla os (que fluc úa según los es udiosos en e ein e mil y cien mil).
En el siglo V las e azas en las que se asien a la ciudad se cie an con imponen es
mu os de ensi os y se cons uyen los Mu os La gos que la unen con el pue o de
Lequeo (unos es kilóme os de dis ancia). El espacioso ágo a, cen o polí ico,
adminis a i o y eligioso de la ciudad, se ado na con edificios públicos, pó icos
y es a uas; en el lado su es aban emplazados un ea o, un gimnasio y una pis a
de ca e as, mien as que en el no e se encon aba el emplo a caico de Apolo (la
iden ificación no es del odo segu a, algunos lo conside an de A enea, la di inidad
políada), al es e del cual exis ía una gale ía de diez iendas y al no e o a es oa y
unas e mas, p obablemen e pa e de un complejo a lé ico. En el siglo IV se aña-
dió al su del ágo a, de ás de la ibuna, un pó ico his o iado de 165 me os de
longi ud con 71 columnas dó icas y nume osas iendas, el mayo edificio secula
de su iempo (es la llamada Es oa Su ). También había un cemen e io in amu os,
mucho más pequeño que la nec ópolis ex e io . La inclinación come cial de la
ciudad se hace pa en e en los me cados, donde a esanos, me cade es, campesinos,
e c. can aban la excelencia de sus p oduc os y los banque os enían sus mesas de
cambio, mien as en el pue o de Lequeo se cons uían na es y se con a aban
a ezados ma inos. Aunque no ue an ya los dominado es del me cado ce ámico,
el ba io de los al a e os no había pe dido su i alidad y aje eo.
En polí ica ex e io Co in o ue fiel aliada de Espa a, no siemp e dócil ( e-
co demos que llega a condiciona la oma de decisiones de su hegemon y en la
gue a Co in ia incluso le comba e), como p incipal pode na al de la liga del
Peloponeso. De hecho el des ino de la polis co in ia siemp e es u o unido al ma ,
no sólo mili a men e, sino ambién en el ámbi o come cial. Así, con dos excelen es
pue os en su e i o io (Lequeo en el gol o Co in io, mi ando a Occiden e, y Cén-
c eas en el gol o Sa ónico, de ca a a O ien e), la adición la hace in en o a de la
i eme, Tucídides3 afi ma que ue p o agonis a, jun o con Co ci a, de la p ime a
ba alla na al en 664, impulsó un sólido mo imien o colonizado en el no oes e
con inen al g iego du an e el a caísmo (una au én ica a che o impe io, po modes-
a que ue a), pe íodo en el que, po lo demás, ue la mayo po encia come cial
3 1.13.4.
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CÉSAR FORNIS
has a que ue a desplazada po la impa able i adiación de la ce ámica a eniense
de figu as neg as. Desde Que onea, en 338 a.C., Co in o pie de su independencia
polí ica po la dominación macedónica y luego aquea, pe o no hay signos isibles
de decli e en su ac i idad económica y come cial (indus ia del b once, a qui ec-
u a, pin u a, escul u a, ce ámica).
De odos es sabido que la gue a emp endida po Roma con a la liga aquea,
úl imo bas ión que anquea en el camino hacia la dominación de G ecia, acabó
con Co in o, la capi al con ede al, asolada4. La labo de saqueo y expoliación de
Lucio Mumio no se limi ó a la ciudad, ambién alcanzó a luga es emblemá icos y
icos como Is mia, Cénc eas y el He eo de Pe acho a5. Mumio y los diez comisio-
nados di idie on el e i o io de la Co in ia en dos pa es: una ue inco po ada al
age publicus Romanus, la o a al es ado de Sición. La celeb ación de los juegos
ís micos se asladó a es a úl ima y la p esidencia ue os en ada conjun amen e po
sicionios y a gi os6. En suma, el es ado co in io dejó de exis i . El eco de los es-
agos su idos po la ciudad nos llega a a és del lamen o de An ípa o de Sidón
en el siguien e epig ama:
¿Dónde es á u belleza sin pa , u co ona de o es,
Co in o la dó ide, us eso os de an año,
Los palacios, los emplos di inos, las damas sisifias,
La gen e innume able que en iempos e poblaba?
Ni as o de i es a ya, desg aciada, ni as o;
Todo lo a eba ó la gue a y de o ólo.
Las ne eidas an sólo, las hijas del Océano, inmunes
Quedamos pa a se alciones de us males7
Aho a bien, es e as ondo admi e cie as ma izaciones. En e ec o la des-
ucción ue sis emá ica, b u al, an ejempla izan e como la de Ca ago en ese
mismo a ídico año 146; sin emba go, no alcanzó el ni el del suelo en la ciudad,
pues sabemos que subsis ie on al menos agmen os de mu allas, los san ua ios y
algunos edificios. Tampoco ue abandonada po comple o, como adicionalmen e
se ha enido c eyendo, ya que cie os da os p o enien es de las uen es li e a ias,
no ablemen e Cice ón8, y a queológicas (án o as de anspo e, lámpa as y pa ece
incluso que cons ucciones udimen a ias con ma e ial eu ilizado) confi man que
algunos poblado es i ían en e las uinas (la adición asegu a que, as la oma
de la ciudad, los a ones ue on mue os y las muje es, niños y escla os libe ados
4 Plb. 38.9.1-18.12, 39.2-6; S . 8.6.23; D.S. 32.26.1-5; Paus. 7.14.1-16.10; Li . Pe ioch. 52;
Ius . 34.2.1-6; Flo . 1.32.4-7; O os. 5.3; Zona . 9.31.
5 Sabemos po ejemplo que el cónsul dedicó a Zeus un Posidón de b once, quizás la es a ua
p incipal del san ua io ís mico, pensando que ep esen aba al p ime o (D.Ch . 37.42).
6 Paus. 2.11.2.
7 An h. Pal. 9.151; ad. M. Fe nández Galiano.
8 Ag . 1.2.5, 2.19.51; Tusc. 3.22.53.
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LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
ue on escla izados). Sea como ue e, las bases pa a inicia un p oceso de cons-
ucción de la iden idad omana en Co in o no pudie on se más iolen as.
Ap oximadamen e un siglo después, en el año 44 a.C., Co in o ue e undada
exac amen e en el mismo luga po Cayo Julio Césa , jus o an es de su mue e,
como Colonia Laus Iulia Co in hiensis9. Al final del einado de Vespasiano los
es imonios epig áficos y numismá icos e elan que cambió su nomb e po el de
Colonia Iulia Fla ia Augus a Co in hiensis, posiblemen e como ag adecimien o
po la gene osidad impe ial en la econs ucción que siguió al e ible e emo o de
los años 70, pe o ecupe ó el an iguo con la desapa ición de la dinas ía Fla ia. Su
enacimien o como ciudad iba a es a de e minado una ez más, po su es a égica
localización, que le lle ó a os en a , ya en época de Augus o, la capi alidad de la
ecién c eada p o incia de Acaya, la cual comp endía G ecia cen al, Tesalia, su
del Epi o, el Peloponeso y las islas ci cundan es10. Jun o a la ciudad enacie on
ambién sus pue os e Is mia, no así Pe acho a, con su amoso He eo de época
a caica, que dejó de exis i como san ua io y como comunidad impo an e pa a se
sus i uido po una pequeña aldea.
Desconocemos el núme o o iginal de colonos i álicos, pe o pues o que ese
mismo año 44 es mil ue on en iados a la colonia undada po Césa en Ca a-
go11, se ha pensado que Co in o pudo ecibi una ci a simila . Los ciudadanos ue-
on epa idos en e un núme o de ibus, de las cuales al menos doce es án a es i-
guadas epig áficamen e12. Es as gen es lle a on consigo su lengua, su cul u a, sus
cul os. La lengua oficial de la colonia e a ob iamen e el la ín13, que coexis ía en la
calle con el g iego, el heb eo y o as lenguas semí icas.
Las uen es li e a ias nos dicen que los colonos e an undamen almen e li-
be os ca en es de ie as y de ecu sos. Así po ejemplo, en o o epig ama ecogi-
do en la An ología Pala ina, C inágo as de Mi ilene se quejaba a finales del siglo
I a.C. de la baja ca adu a social y mo al de los habi an es de la colonia omana,
indignos en compa ación con sus an iguos poblado es:
¡Vaya colonos has encon ado, desdichada!
¡Y en luga de cuáles! ¡Ay, des en u a de la g an G ecia!
P e e i ía e e más pos ada que Gaza, Co in o,
Y más á ida que las a enas de Libia,
A e cómo semejan es me cena ios e subyugan po comple o y
Op imen los huesos de los an iguos Baquíadas14
9 S . 8.6.23; 17.3.15; Plu. Caes. 52, 57; D.C. 43.50.3-5; Paus. 2.1.2; App. Pun. 136.
10 Apul. Me . 10.18, A is . 46.27, además de las Ac as de los Após oles 18.12-17.
11 App. Pun. 136.
12 Va inia, Hos ilia, Maneia, Calpu nia, Au elia, Domi ia, A ia, Li ia, Ag ippia, Vinicia, Claudia
y Elia.
13 D.L. 37.26.
14 An h. Pal. 9.284; ad. M. Fe nández Galiano.

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CÉSAR FORNIS
Sin emba go, del es udio p osopog áfico ealizado po An hony Spaw o h,
basado undamen almen e en los nomb es de los 42 duo i os que fi ma on las emi-
siones mone ales en b once du an e el p ime siglo de exis encia de la colonia, se
desp ende que en e los colonos hubo ambién libe os acaudalados y de cie o éxi-
o polí ico (las colonias cesa ianas e an una excepción a la no ma de que los libe -
os no e an elegibles pa a las magis a u as), nego ia o es p o enien es del O ien e
omano (come cian es, na ie os, p es amis as, e c. a aídos po las pe spec i as
come ciales de la nue a undación) y en meno medida e e anos de las legiones
y no ables (gno imoi) g iegos de o a p ocedencia (po ejemplo el epidau io Cneo
Co nelio Pulc o, el espa ia a Cayo Julio Laco o el aqueo Publio Caninio Ag ipa,
posiblemen e el p ime co in io de adopción que en ó en el o do ecues e). Es a
p esencia g iega ha dado pie a que algunos au o es hablen de una “helenización de
la Co in o omana”, pe o, como ha ase e ado con buen c i e io Spaw o h, “es a
e ique a no es más que una desa o unada designación pa a un complejo p oceso
de in e acción cul u al en el Is mo de época omana”. No podemos ol ida que
sólo los ciudadanos omanos podían llega a se ciudadanos de la nue a colonia,
mien as que quienes no lo e an quedaban egis ados como incolae.
Lo que sí se ha podido comp oba a a és de la epig a ía es que los miem-
b os de la eli e colonial o iginal ue on cambiando paula inamen e a lo la go del
Al o Impe io sus nomb es la inos con cognomina g iegos a nomb es o almen e
la inos (un ejemplo cla o lo p opo ciona el pode oso Cneo Babio Filino, que llamó
a su hijo Cneo Babio I álico), lo cual indica un in en o de p ese a su iden idad
omana en un medio cul u al y social p edominan emen e helénico. E a es a eli e,
que ep esen aba y enca naba el pode impe ial, la que con olaba las magis a-
u as, ins i uciones y finanzas de la ciudad, de al modo que no hay ni una sola
insc ipción e e ida a la cons ucción, mejo a o ehabili ación de edificios o mo-
numen os dedicada po un indi iduo con onomás ica g iega u o ien al. No en ano
la capi al p o incial ha sido desc i a como “el cen o de Romani as en G ecia, una
ciudad con un ue e empuje g a i acional pa a los magna es de la p o incia”.
La colonia co in ia se desa olla con cele idad, sob e odo indus ial y eco-
nómicamen e, con i iéndose en un pode oso polo de a acción, en an o que, no
po casualidad, ciudades ecinas como Méga a y Sición expe imen an un no able
decli e15. Po el año 20 Ho acio16 ecupe a y aduce a e so la ino un iejo p o-
e bio g iego: non cuiuiis homini con ingi adi e Co in hum (“no a cualquie a le
es concedido i a Co in o”), mani es ación del lujo y del efinamien o de una g an
ciudad. En época Fla ia enemos cons ancia ( id. in a) de una segunda oleada de
colonos con el fin de pone en cul i o ie a é il e inc emen a así los ing esos
po asación de la misma en un pe íodo en el que Vespasiano buscaba ecupe a
las a cas del Es ado as los dispendios de los Julio-Claudios (es la esis de Da id
15 Paus. 1.36; 2.7.1.
16 1.17.36.
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LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
Gilman Romano, quien ecue da cómo en 69 ó 70 Vespasiano ápidamen e de ogó
la disposición ne oniana de exención fiscal a los g iegos alegando que és os habían
ol idado cómo se lib es17). En cuan o a la p ocedencia de los colonos, es e au o
piensa que pudie on eni de Sición y de o as ciudades ecinas, aunque ambién
sugie e la posibilidad de que algunos escla os que abaja on en la ape u a de un
canal en el Is mo bajo Ne ón pudie on se libe ados y ecibi ie as en la Co in ia.
A finales del siglo I y comienzos del II Co in o es jun o con A enas y Pa as
unos de los es p incipales cen os de come cio y banca. También de cul u a: Plu-
a co18 cuen a que asis ía, jun o a p o eso es de e ó ica, geóg a os y o os e udi os
a los banque es que se celeb aban en casa de Ma co An onio Sospes, agono e a en
es ocasiones, además de duoui y cu a o annonae. El siglo II es el de su apo-
geo. Embellecida con edificios y monumen os po pa e de empe ado es o icos
mecenas como He odes Á ico, Co in o es la p ime a ciudad de G ecia, po delan e
de A enas en población (en o no a 100.000 habi an es, en e u bs y e i o ium),
iqueza e impo ancia económica19. Es ex ensa la nómina de in elec uales que pa-
san po la ciudad (Elio A is ides, Apolonio de Tiana, Dion C isós omo, Plu a co),
e incluso alguno habi a en ella, como el cínico Deme io de Co in o20. Exis ían
escuelas de Filoso ía y de Re ó ica, además de una g an biblio eca.
Pese a los mencionados es ue zos de la eli e co in ia, desde el siglo II Co in o
se nos p esen a como una ciudad helenizada. Así lo afi ma Fa o ino21 y lo e en-
dan las insc ipciones ecogidas po John Ha ey Ken en el olumen VIII.iii de las
memo ias de exca ación de la Escuela Ame icana (publicado en 1966): de las 104
insc ipciones an ead ianeas, 101 es án en la ín y sólo es en g iego; ad ianeas: 10
po 15; posad ianeas has a Galieno: 7 (además con muchos y g a es e o es g a-
ma icales) po 24. La misma endencia en cuan o a composición y, po ende, iden-
idad é nica se pone de manifies o en la onomás ica de los al a e os co in ios, que
desde la undación de la ciudad has a mediados del siglo I d.C. fi man sus ob as
con nomb es la inos en al abe o la ino, pe o desde es a echa comienzan a p edo-
mina los nomb es g iegos en al abe o g iego. Y o o an o sucede con las basas
de columnas, moldu as y o namen os a qui ec ónicos, que de efleja unas o mas
y una imp on a omana en el siglo I d.C. se acomodan más a la adición g iega
desde en onces. En es e sen ido, Donald Engels apun a que “es o indica, si no un
cambio en el o igen é nico de los ma molis as mismos, sí al menos en el gus o del
pueblo”. Sea como ue e, p obablemen e es é en lo cie o Susan Alcock cuando
dice que “es os cambios lingüís icos y cul u ales no necesa iamen e debili a on la
posición dominan e de Co in o den o de la ida de la p o incia”.
17 Paus. 7.17.4; Sue on. Vesp. 8.4; Philos . VA. 41.
18 Mo . 83 a.
19 A is . 46.20-31 can a la glo ia y iquezas de la Co in o con empo ánea.
20 Philos . VA 4.26; 7.10; D.Ch . 6.3; 8.5; 31.121; Fa o in. 37.
21 Ps.-Ch ys. 37.26.
212
CÉSAR FORNIS
El decli e comienza en el siglo III. Aunque la azzia de los hé ulos en 267 no
pa ece habe supues o un mazazo a su adicional p ospe idad, es sin omá ico que
la cons ucción y epa ación de edificios p ác icamen e se pa aliza. Toda ía en el
siglo IV Co in o con inuaba siendo, según Juan C isós omo22, la p ime a ciudad
de G ecia en población, iqueza y sabidu ía, si bien a finales del mismo la ciudad
su i ía dos ca ás o es de las que no se ecob a ía, p ime o los e emo os de 365
y 375, dos décadas más a de el incendio de la ciudad po las hues es isigodas de
Ala ico. La ciudad que eme gió de nue o en el siglo siguien e ya no espondía a
una adición clásica, sino c is iana, bien que con ecos del esplendo y la p ospe-
idad del pasado.
Pasemos aho a a la o ganización in e na. No se nos ha conse ado una ley
colonial o ca a cí ica de Co in o. Como colonia que e a y, po an o, una ciudad
p i ilegiada, los duoui i iu e dicundo e an los magis ados supe io es ( enemos
documen ados muchos nomb es g acias a la numismá ica, pues Co in o acuñó mo-
neda en b once has a el año 69 d.C.). El ca go es u o en p incipio abie o a libe os
en las colonias cesa ianas, pe o desde la lex Visellia del año 24 d.C. debían se
ingenuos de nacimien o; po o o lado el pues o ue ocasionalmen e ocupado po
el empe ado u o os conspicuos pe sonajes de o igen no co in io, con lo que debía
elegi se un p ae ec us iu e dicundo que le sus i uye a en sus unciones. Después
enemos dos ediles, ambién anuales. O o impo an e come ido e a el de cu a o
annonae (ejpimelh h;" eujqhni a"), aunque quizá no e a egula , sólo pa a pe íodos
de escasez. También sabemos de un quaes o ( ami a"), pe o hay dudas sob e si
e a municipal o p o incial, y de un p ae ec us ab um o je e de ingenie os. De los
juegos públicos se enca gaban un agono he es (p esiden e) y diez hellanodikai
(jueces). Desde mediados del siglo I d.C., odos se celeb aban en Is mia, no sólo
los ís micos bienales, sino ambién las Cesa eas cua ienales y las compe iciones
impe iales en hono del empe ado de u no, exigiendo cos osos gas os pe sonales
del agono e a, de ahí que es e ca go, conside ado el de mayo dignidad y p es igio
pa a un ciudadano co in io, salie a siemp e de en e las clases pudien es de la
ciudad. Algunos indi iduos ebasan los lími es de la ca e a local y cumplen ca -
gos p o inciales o incluso impe iales. Es el caso de Cneo Co nelio Pulc o, quien
después de se dun i quinquenal y agono e a de los juegos ís micos si ió como
helenoda ca de la liga aquea, sumo sace do e de G ecia, sace do e del Panhelenio
ad ianeo y a con e panhelénico, mien as que en el se icio impe ial ue ibuno
mili a de la cua a legión, p ocu ado del Epi o y ju ídico de Egip o y Alejand ía;
su influencia sob e el empe ado Ad iano ue de e minan e pa a que Co in o lo-
g a a la inmunidad fiscal23.
22 En su Homilía sob e la p ime a epís ola a los co in ios, a gumen o 1-2.
23 IG IV 1600.
213
LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
El senado local, p obablemen e in eg ado po cien decu iones (bouleu ai), se
nu ía de an iguos dun i os y ediles, con un ca go i alicio. Po lo demás, la cu ia
no se ía di e en e de la de o os municipios y colonias en composición y unciones.
Cie as insc ipciones p ese adas nos hablan po ejemplo de su labo supe iso a
en la cons ucción de edificios y de la concesión de hono es públicos.
Po o o lado, Co in o con aba con una ceca que acuñaba moneda p o incial.
Si bien no ue la única ceca de Acaya, el nume a io co in io mues a una ue e
inclinación po los ipos mone a ios omanos, incluida una diligen e acep ación de
las modificaciones de i adas de los cambios dinás icos.
Como pa e que e a, capi al además, de una p ouincia ine mis como Acaya,
Co in o no sopo ó una p esencia mili a omana en su suelo, lo que la p i ó sin
duda de la acción de uno de los p incipales agen es omanizado es, el ejé ci o.
No obs an e, los omanos sí deja on la huella de su cul u a, de sus señas de
iden idad, en la o denación del pasaje u bano, en el diseño espacial y a qui ec óni-
co de la nue a ciudad. Uno de los cambios u banís icos más impo an es que su e
Co in o bajo su nue a iden idad omana es la localización del cen o de la ciudad
y de la ida cí ica, el Fo o, que has a no hace mucho se c eía que se le an aba en
el luga del ágo a g iega. Sin emba go es o ha quedado desca ado a aíz de las
exca aciones más ecien es de la Escuela Ame icana en A enas. El ágo a de época
clásica y helenís ica es á aún po descub i (quizá, como piensa Cha les K. Willia-
ms II, ac ual Di ec o Emé i o de los abajos, se halle en la zona al no des e de la
colina del emplo de Apolo). El Fo o omano, po el con a io, se dispone al su de
la colina del emplo a caico de Apolo. Ello no implicaba el abandono de luga es
sag ados, pues el único del iejo ágo a e a el emenos de la Fuen e Sag ada, cuyo
cul o pudo se inco po ado al emplo monóp e o omano e igido en la pa e no e
de dicho emenos. Las umbas de hé oes, al no con a con sace docios pa a el cul-
o, posiblemen e no se conse a on as la des ucción de 146.
El Fo o, un espacio más g ande de lo habi ual (14.000-15.000 m2), e a el
cen o de la ida ciudadana y el p incipal escapa a e de la ideología y la p opa-
ganda impe ial, que había o o gado a la colonia un papel cen alizado y a la ez
mediado en e la capi al del impe io y las comunidades helenas. Es aba di idido
en dos po un mu o de e ención que co ía pa alelo al Pó ico Su de época hele-
nís ica: la pa e supe io o o um ciuile es aba ese ada a unciones es ic amen e
adminis a i as, la pa e in e io al come cio y a o as unciones di e sas. Los
p ime os edificios ue on cons uidos en caliza blanca y po os, mien as que se
u ilizó p e e en emen e el má mol pa a los que se le an a on as el g an e emo o
de los años 70 d.C. El lado Es e del Fo o es aba delimi ado o iginalmen e po una
pendien e na u al con a la cual ya en época augus ea se e igió un g an es íbulo
columnado deco ado con las es a uas de la amilia impe ial (algunas de excelen e
ac u a, como las de Augus o y sus dos nie os Cayo y Lucio), de las cuales oma
el nomb e mode no el edificio: Basílica Julia. El lado No e se define en su pa e
220
CÉSAR FORNIS
de la época g iega (bas e eco da a Lais, la he mosa he e a de la Co in o clásica).
Y cómo no, la p opia ciudad, embellecida con sus monumen os y ob as de a e,
cons i uía un a ac i o en sí mismo pa a los isi an es, an o como pa a que Elio
A is ides30 se efie a a ella como la A odi a de las ciudades omanas.
Hemos dejado pa a el final las p ác icas cul uales. Las ac i idades de cul o
en la Co in ia son más an iguas que la ciudad misma, se emon an al P o ogeomé-
ico An iguo (segunda mi ad del siglo XI), a juzga po indicios de cul o como
libaciones y comidas i uales, en los luga es que siglos después ocupa án los p in-
cipales san ua ios del es ado co in io: el de Posidón en Is mia, el de A odi a en
la cima del Ac oco in o, el de Demé e y Co e en la lade a no e del Ac oco in o.
Al comienzo del siglo VIII pe enece uno de los san ua ios más icos del a caísmo
heleno: el He eo de la península de Pe acho a, elacionado di ec amen e con las
emp esas coloniales. Algo después, a mediados de siglo, se dedica un al a de es-
no a Zeus Apesan io en la cima del mon e Apesas, al oes e de la ciudad de Co in o,
y ya a finales o o impo an e san ua io ex au bano se consag a, bien a Demé e
o a He a, en la an igua Soligia, al su de Cénc eas. En el cen o u bano de Co in o
p opiamen e dicha hay que espe a al p ime cua o del siglo VII pa a encon a el
p ime ecin o sac o de cie a en idad; se a a del emplo a caico localizado en la
llamada Colina del Templo, comúnmen e conside ado el emplo de Apolo, aunque
la a ibución no es segu a. La g an mayo ía de és os y o os cul os adicionales
de Co in o, con A odi a y Posidón a la cabeza (las deidades más ep esen adas en
los ipos mone a ios), son ecupe ados con la e undación de la colonia omana, lo
cual pa ece apun a a una con inuidad con el pe íodo g iego.
A odi a enía al menos es san ua ios den o de la ciudad y o os dos en
Lequeo y Cénc eas. El más impo an e en época g iega e a el que co onaba la cima
del Ac oco in o (mon aña que según el mi o hab ía sido un egalo de Helios), un
sun uoso emplo egido po un milla de hie ódulas o p os i u as sag adas que se
habían con e ido en uno más de los a ac i os de la ciudad, aunque hay se ias
dudas sob e si el cul o se man enía cuando Es abón isi ó la ciudad31.
Pe o sin duda e a el san ua io de Posidón en Is mia el más espléndido y el de
mayo enomb e de oda la Co in ia. En es e caso las exca aciones han sido lle a-
das po la Uni e sidad de Chicago. En el siglo II de nues a E a el ecin o cons aba
de un g an emplo dó ico a Posidón con su co espondien e emenos, o o emplo
con iguo dedicado al hé oe Palemón-Melike es, dos es adios y un ea o; o os
edificios anexos e a los baños, pó icos, pequeños emple es e incluso un ho el
pa a los a le as o áneos. La en ada p incipal al ecin o sac o es aba ma cada po
un monumen al y majes uoso a co de es anos. Allí enían luga cada dos años
los juegos ís micos en hono del dios ma ino, que en época g iega ue on uno de
los cua o juegos panhelénicos jun o a los olímpicos, pí icos y nemeos y que aho a
30 46.25.
31 8.6.20.

221
LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
en época omana es aban asociados a la di usión del cul o impe ial en la p o incia
de Acaya. Las an iguas es a uas de cul o de Posidón y Anfi i e, de época g iega,
ue on eemplazadas po un g upo c isoele an ino dedicado po He odes Á ico y
que ep esen aba a Posidón y su esposa An i i e en una cuad iga flanqueada po
dos i ones do ados y a Palemón sob e un del ín32. O ganizados, adminis ados y
supe isados po los co in ios, los juegos a aían a compe ido es y isi an es de
odo el Medi e áneo cen al y o ien al. Las p uebas e an de es ipos: musicales y
li e a ias, hípicas y, po úl imo, a lé icas. Fue aquí, du an e los juegos ís micos del
año 67, donde con g andilocuencia Ne ón p oclamó la au onomía y la exención
de impues os de las ciudades g iegas, inde ec iblemen e e ocado a de la ealizada
po Flaminino en es e mismo escena io más de dos siglos y medio an es.
También el san ua io de las diosas Demé e y Co e en el Ac oco in o su-
ió emodelación y e o mas en el pe íodo omano as el empo al abandono
que siguió a la des ucción, como es imonian las exca aciones de la Ame ican
School o Classical S udies. Sabemos po ejemplo que apenas ue on ocados los
nume osos comedo es del pe íodo g iego, p epa ados pa a acoge en e sie e y
nue e comensales cada uno y con ins alaciones adyacen es pa a la a y cocina ,
sin duda pa a celeb a comidas i uales en pequeños g upos po sepa ado; sí ue
ehabili ado el p opileo que co onaba la escale a cen al y se cons uyó una es oa
en la e aza supe io con o ien ación su . El iejo ea o de la e aza media, que
si ió pa a i uales que implicaban sac ificios, can os, danzas e incluso alguna
ep esen ación ea al (a juzga po las másca as y o os obje os elacionados con
Dioniso), ue en e ado y se cons uyó en la supe io uno nue o con una cá ea
ec angula exca ada en la oca que podía albe ga a casi un cen ena de pe sonas.
Así mismo en la pa e supe io del san ua io, eemplazando a los adicionales
luga es de cul o a Demé e y Co e del pe íodo g iego, se cons uye on a finales del
siglo I d.C. es emplos p ós ilos abie os al no e, alineados, equidis an es, muy
simila es en plan a y con un cie o gus o o ien alizan e, el más occiden al dedicado
a Demé e (la cabeza de la es a ua de cul o se ha encon ado en un pozo, a ojada
po los des uc o es del san ua io a finales del siglo IV), el cen al posiblemen e a
la hija de la diosa, Pe sé one-Co e (el suelo iene un mosaico de finales del siglo
II-p incipios del III donde se ep esen an ces as con se pien es en oscadas, ela-
cionadas con los mis e ios del cul o), y el más o ien al a una deidad o deidades
desconocidas (quizá las Moi as, mencionadas po Pausanias en es e con ex o33,
como ha eco dado Ronald S oud).
Las p ác icas i uales, sin emba go, han cambiado. Las figu i as y los asos
o i os en minia u a en el san ua io de Demé e y Co e, abundan es en los pe ío-
dos a caico y clásico, disminuyen sensiblemen e en núme o (caso de las p ime as)
o incluso desapa ecen (caso de los segundos) en el siglo II a.C. Dos da os elo-
32 Paus. 2.1.7-9.
33 2.4.7.
222
CÉSAR FORNIS
cuen es: p ime o, de más de 24.000 agmen os de figu i as ecob adas (muchas
de muje es po ando ce dos y an o chas, símbolos elacionados con Demé e , pe o
ambién jugue es de niñas y joyas emeninas), sólo 29 da an del pe íodo omano;
segundo, el san ua io no ha p opo cionado ce ámica i ual de época omana (ha
sido sus i uida po ajilla domés ica, u ili a ia), ni ampoco ningún al a ni huesos
de animales sac ificados. De hecho los comedo es ya no obedecen a la unción de
se i pa a comidas i uales. Es a e idencia, dice Nancy Bookidis, esponsable
del yacimien o, pa ece indica que “el san ua io ha cesado de unciona como al
a comienzos del pe íodo omano”, si no ue a po los abajados de es au ación,
acondicionamien o y mejo a señalados an e io men e, po una es a ua de cul o
echada a mediados del siglo II de nues a E a y po el es imonio de Pausanias34.
Ad e imos las mismas pau as en el Asclepeo, cons uido al no e de la ciu-
dad en el siglo IV a.C. y dedicado no sólo a Asclepio, sino ambién a o a deidad de
la salud como Higeia. El emplo ambién ue obje o de cie as epa aciones, cos ea-
das po unos bene ac o es que deja on es imonio esc i o de su libe alidad, pe o no
ha sob e i ido has a el momen o ningún obje i o o i o de época omana.
La conclusión e iden e es que se han p oducido modificaciones en la dedi-
cación de o endas y en la u ilización de es os cen os eligiosos en e los pe íodos
g iego y omano, cambios sin duda in oducidos po los nue os colonos omanos de
la ciudad (el enómeno no se limi a a Co in o, sino que lo hallamos en la mayo ía de
los san ua ios de la G ecia omana). Ejemplos ilus a i os pueden se las dieciocho
planchas de plomo con maldiciones insc i as deposi adas en uno de los comedo es
abandonados, pe o que ha sido eno ado, del san ua io de Demé e y Co e, cuando
las defixiones son inexis en es en época g iega; es án di igidas con a muje es ( es
con a una misma, una ejedo a de gui naldas llamada Ka pime Babbia), in ocando
a deidades c ónicas como las Moi as P axidikai (que exigen jus icia), asociadas aho-
a sin duda a la pa eja Demé e -Co e. En es e mismo san ua io ha apa ecido un ele-
ado núme o de conchas, lo que pa ece suge i que e an consumidas o dedicadas.
En o os luga es ni siquie a exis e con inuidad. Lo hemos is o en el He aion
de Pe áco a, pe o ambién son abandonados en 146 o os cul os locales como el
He oon de la Enc ucijada, la Fuen e Sag ada y a ios san ua ios de es ela. Son sus-
i uidos po los nue os cul os in oducidos po los colonos omanos: a Venus y a
Apolo Cla io ( inculados a la gens Iulia), a He mes (imp escindible en una ciudad
come cial), al cul o impe ial (exis ía al menos un san ua io a la gens Iulia, el deno-
minado emplo E35) y a di e en es abs acciones como Vic o ia, Conco dia, Fo una
o el genio de la colonia. Un cu ioso monumen o, sin pa alelo en o os luga es de
Acaya y p ác icamen e del o be omano, ep esen a a Roma sob e las sie e colinas,
lo que se ha in e p e ado como un in en o de que los habi an es y isi an es de la
34 Ibid.
35 Paus. 2.3.1 habla del emplo de Oc a ia, he mana de Augus o.
223
LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ROMANA EN CORINTO
capi al p o incial conocie an la significación geog áfica, polí ica y eligiosa de la
capi al impe ial (se halló en el camino de Lequeo y da a de la p ime a mi ad del siglo
II de nues a E a). P esumiblemen e con es os nue os cul os llega ían de I alia los
sace do es pa a a ende su se icio. De hecho la g an mayo ía de las dedicaciones a
di inidades y e e encias a sace docios que conse amos son de dioses del Es ado
omano o del cul o impe ial. Son además insc ipciones en la ín y en má mol, una
demos ación de la de oción de la eli e co in ia (in eg ada, no lo ol idemos, po mu-
chos an iguos libe os que debían la libe ad o la ciudadanía a la amilia impe ial), si
bien es e dad que al e o ue debili ándose con el paso del iempo.
También se p opaga en época omana el cul o a di inidades mis é icas u
o ien ales: a Cibeles, que con aba con un emplo en el Ac oco in o según Pau-
sanias36, a la pa eja Isis y Se apis, que disponían de cua o san ua ios en la base
del Ac oco in o y Se apis en soli a io uno más en la Es oa Su (en el ea o y sus
inmediación se ha encon ado además una columna dedicada a ambos po Cayo
Julio Si o en el siglo I y a ias cabezas de Se apis).
Po úl imo desde al menos el einado de Calígula hay una comunidad judía
es ablecida en Co in o, que sin duda no dejó de c ece con la llegada de los que
Claudio expulsaba de Roma. Pablo de Ta so, conocedo del po encial geog áfico,
polí ico y económico de Co in o, llega a la ciudad po p ime a ez en el año 50;
allí pe manece á año y medio, iempo du an e el cual, p edicando desde la sina-
goga, cap a muchos adep os pa a la nue a e y pone las base de la comunidad
c is iana co in ia, una de las más impo an es, oco de i adiación de esa doc ina,
pese a que una mayo ía de los judíos co in ios con inuó sin emba go hos il hacia el
c is ianismo. Se ía p ecisamen e es e úl imo el cons uc o de una nue a iden idad
pa a Co in o en la An igüedad Ta día, una iden idad c is iana.
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