A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua
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156 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua María Caballero Wangüemert (Universidad de Sevilla) María Caballero: Puerto Rico, más de un siglo de lucha y defensa del idioma, frente al inglés como lengua impuesta desde el poder... Ahí está la concesión del Príncipe de Asturias para premiar la resistencia activa del español. Ahora bien y dejando a un lado la política: como dijera Sarmiento la lengua es el instrumento portavoz de un pueblo ¿cuánto tiene que ver con el español y la herencia hispánica el Puerto Rico de hoy? José Luis Vega: Hace unos días escribí unas palabras de presentación para un poemario de Guillermo Gómez Rivera, uno de los pocos escritores filipinos que aún escriben en español. Decía que los puertorriqueños leeremos sus versos con el pasmo de quien descubre que la desdicha ajena pudo haber sido la suya. Los pocos autores hispanofilipinos supervivientes escriben en español para un pueblo que ya no habla la lengua española. Aquella pregunta profética de Rubén Darío: ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? se cumplió en Filipinas donde el español, después de 1898 cayó en picada hasta que dejó de ser lengua oficial en 1986. El Tratado de París arrojó a Cuba, Filipinas y Puerto Rico a una misma suerte matizada por la historia particular de cada archipiélago. En Cuba y Puerto Rico, después de 1898, la lengua española se afianzó como raíz de identidad. En Cuba, la lengua reclamó fueros soberanos; en Puerto Rico ha convivido relativamente incólume con el inglés por más de un siglo, sobreviviendo a las corrientes de transculturación que aún hoy actúan sobre ella. Los puertorriqueños en las primeras cinco décadas del siglo XX sufrimos en carne propia la misma política de desnaturalización que dio al traste con la cultura hispánica en Filipinas.Podría aducirse, para explicar la perduración del español en las islas caribeñas y su decadencia en Filipinas, que Cuba y Puerto Rico eran territorios plenamente hispanizados en 1898, mientras que en Filipinas solo una minoría ilustrada tenía como propia la lengua española. En buena medida así es, pues el empeño y la saña con que el gobierno norteamericano de ocupación impuso el inglés en Filipinas, no fueron menores en Puerto Rico. El hecho de que en 1898 la lengua española hubiera sido durante varios siglos la única lengua vernácula de todas las clases sociales en Puerto Rico constituyó una barrera natural que impidió la imposición del inglés Letral, Número 6, Año 2011
157 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert a los puertorriqueños. Se trató, pues, de una resistencia espontánea del pueblo puertorriqueño aferrado a sus hábitos idiomáticos, a la que, por lo menos en el plano simbólico, se sumó más tarde la resistencia organizada del sector magisterial y de las clases ilustradas. Esa base popular le faltó al español de Filipinas donde se hablan más de cien lenguas nativas, una de las cuales, el tagalo, de fuerte sustrato hispánico, hoy es, junto con el inglés, lengua oficial. M.C.: “Spanglish”: una denominación acuñada poco a poco... ¿Definirías así el habla cotidiana en la isla? ¿Podría aplicarse esta denominación también a la “lengua” en el sentido saussuriano? J.L.V.: El término “espanglish” fue acuñado a fines de la década de 1940 por un puertorriqueño, Salvador Tió, para referirse a la españolización del inglés realizada por los puertorriqueños radicados en Nueva York y otras zonas de Estados Unidos. Hoy día el término se ha vuelto difuso y designa, de manera pseudocientífica, fenómenos muy dispares que van desde el “code-swithching” propio de los hablantes bilingües, los préstamos crudos o adaptados del inglés, las jergas urbanas, nuevos idiomas que pudieran estar en etapa de gestación hasta la lengua literaria fabricada deliberadamente por algunos escritores, cultos o populares, con elementos del español y del inglés. El habla cotidiana de Puerto Rico no es, contrario a lo que algunos desavisados pudieran pensar, un “spanglish” en ninguno de los sentidos anteriores. El puertorriqueño se comunica cotidianamente en el dialecto antillano del español, como el andaluz lo hace en el dialecto andaluz y el madrileño en su variante castellana. Cerca de un 20% de los puertorriqueños se considera plenamente bilingüe en español y en inglés y un porcentaje mayor maneja el inglés con más o menos dominio. Muchos puertorriqueños son totalmente monolingües en español. El español de Puerto Rico, particularmente en el léxico, acusa una influencia mayor del inglés que el español de otras zonas hispánicas. Pero el sistema fonológico, la sintaxis y la morfología del español de Puerto Rico conservan la misma integridad que la del español de cualquier parte del mundo hispánico, lo que resulta admirable si se tiene en cuenta que los puertorriqueños son ciudadanos norteamericanos, que viajan a Estados Unidos con facilidad, que residen o estudian allá, que el inglés es una asignatura obligatoria desde los primeros grados escolares hasta la universidad, que muchos textos escolares e informativos circulan en inglés, que un grupo importante de la población está continuamente expuesto al cine y la televisión en inglés, etc. M.C.: Háblame de la última publicación, presentada en el LIBER de Letral, Número 6, Año 2011
158 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert Barcelona en septiembre, en la que tu has participado y que trata de asumir la totalidad lingüística puertorriqueña hoy. J.L.V.: Creo que te refieres al Diccionario de anglicismos actuales: una fotografía desde la Internet, preparado por la académica puertorriqueña Amparo Morales, que circula con el sello de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y la Editorial SM. Se trata, en efecto, de un excelente diccionario de anglicismos, de planta y factura muy modernas, que procura llenar la carencia existente, con notables excepciones, de buenos diccionarios de anglicismos actualizados. Sorprende que ante el flujo imparable de voces inglesas sean tan escasos los diccionarios de anglicismos. No se trata, por su puesto, de demonizar el anglicismo, sino de registrarlo y definirlo, sea crudo (blog, chat) o adaptado (bloguear, chaterar). A veces se trata de desvíos semánticos (apreciable, en el sentido de considerable; ignorar, en el de pasar por alto). ¡Cuántas de nuestras referencias al mundo (hoyo negro, edificio enfermo, revisión de literatura), proceden del inglés, aunque en español sean dichas! Todo esto se registra en el diccionario al que aludo. Si se trata de un anglicismo innecesario porque existe una palabra del español equivalente, así se señala. El diccionario presenta una fotografía del estado actual de la influencia del inglés en el español de Puerto Rico y en la lengua española en general. Sirve, pues, de observatorio desde donde vigilar la fluida frontera entre ambos idiomas. Se trata de dos lenguas formidables y pujantes, una, la inglesa, se apertrecha en los dominios de la economía y la tecnología; la nuestra, la española, en una desbordante demografía que ya la coloca, después del mandarín, en el segundo lugar entre las lenguas más habladas del planeta. M.C.: ¿Cuál es el papel, si existe, de la vieja metrópoli? ¿Cuál la relación con su Academia? J.L.V.: El español de Europa, aunque minoritario, todavía conserva un papel muy importante, primero, por razones históricas evidentes y, en segundo lugar, porque la lengua española es un instrumento importante en la política exterior, económica y cultural del estado español, mucho más que en cualquier otro estado hispanoamericano. La Real Academia Española ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, allegar recursos económicos a la tradición, y conservar muy eficazmente su papel de líder entre las academias de la lengua de América y Filipinas. Lo hace, sin embargo, cada vez con mayor conciencia del inmenso poder demográfico que agrupan las academias de América y las fuerzas creativas del español en el otro lado del Atlántico. Asimismo ha reconocido la complejidad y los retos que suLetral, Número 6, Año 2011
159 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert pone el español de los Estados Unidos. La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, fundada en 1955, es la más joven, después de la Norteamericana, de las veintidós que componen la Asociación de Academias de la Lengua Española. Es también, por la particular relación que existe entre Puerto Rico y Estados Unidos y la situación de lenguas en contacto que existe en la isla, una academia de alto valor simbólico. Además del valor simbólico, la Academia Puertorriqueña aporta al concierto de las academias una larga tradición de estudios lingüísticos científicos a la que tanto han aportado figuras como Augusto Malaret, Tomás Navarro Tomás, Manuel Álvarez Nazario, Rubén del Rosario, Humberto López Morales, María Vaquero, Amparo Morales, entre otros. Nuestra academia, además de escritores consagrados, siempre ha contado con relevantes estudiosos de la lengua y, en la última década, con un grupo de jóvenes investigadores de gran talento. M.C.: La diáspora puertorriqueña... el uso del inglés tanto en la isla como sobre todo en los Estados Unidos... Si una lengua es una nación, ¿una literatura en inglés es o no puertorriqueña? El canon imperante en la cultura y literatura hispanoamericana parece haberse fracturado con los nuevos usos lingüísticos... Por fin —perdona, son demasiadas cuestiones—, literatura puertorriqueña entre Caribe y Estados Unidos... ¿qué pasa con la identidad, ese viejo leitmotiv? J.L.V.: La población puertorriqueña suma unos ocho millones de personas, la mitad de los cuales vive en Estados Unidos. Entre los que viven en los Estados Unidos muchos nacieron y se criaron allí, pero se consideran a sí mismos puertorriqueños. Entre ellos, no sé cuántos, algunos ya no hablan español y otros, probablemente pocos, tal vez olvidaron por completo las contraseñas de la puertorriqueñidad. Por su parte, los cuatro millones de puertorriqueños insulares, más allá de las diferencias raciales, sociales, económicas, educativas, de género, de preferencia sexual e ideología política, comparten un difuso, y a la misma vez poderoso, sentimiento de unidad, que no excluye a la diáspora a la que se mantienen unidos por fuertes lazos de parentesco. El idioma español, sin caer en esencialidades, —y salvo el caso de algún que otro enajenado— es aún un factor identitario importante. No hay discusión, el español es la lengua de los puertorriqueños, lo que no está reñido con una aspiración muy generalizada al bilingüismo y con el reconocimiento de que algunos de los de la otra banda ya no lo hablan o lo hacen con fuerte acento anglicado. Casi todos los padres puertorriqueños monolingües desearían que sus hijos aprendieran bien el inglés. (Pero creo que esto también ocurre en España o Japón, por mencionar dos países, ¿no?). Letral, Número 6, Año 2011
160 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert En términos generales, el puertorriqueño mira con cierto pesar a los descendientes que, por una razón u otra, han dejado de hablar español. Muchos puertorriqueños nacidos o criados en Estados Unidos han hecho esfuerzos notables para, en unos casos, no perder el español y, en otros, recuperarlo. Es cierto que el canon literario insular, monolingüe y esencialista —que prevaleció, por casi cuarenta años, desde la década de 1930— ha hecho crisis. No así el tema de la identidad o de las identidades, que sigue siendo, si no un tópico, al menos foco y sustrato de gran parte de la actividad literaria y artística. Si por canon se entiende el conjunto de obras sobre las cuales existe consenso que una comunidad debe leer, pues digamos que es necesario leer el texto clásico de Antonio S. Pedreira, Insularismo, antes de leer los reparos y revisiones que del mismo se han propuesto Quiero decir, que el tema de la identidad sigue siendo el eje de importantes debates. Del mismo modo, ningún puertorriqueño culto tiene reparo mayor en seguir, si así lo desea, la carrera de autores puertorriqueños que escriben en inglés. M.C.: José Luis Vega es el Director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, pero ha pasado por varios puestos de gestión: director de revistas literarias, Director de Departamento en la Universidad de Puerto Rico (recinto de Río Piedras), Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña... ¿ Qué ha significado este nuevo puesto y qué aportaron los otros? J.L.V.: La dirección de la Academia no es un nuevo puesto, sino uno que ha convivido con otras encomiendas que he aceptado en diversos momentos como el Decanato de la Facultad de Humanidades y la Dirección del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Los compañeros académicos me han hecho el honor de reelegirme por varios términos consecutivos y me han permitido delegar ciertas tareas en los excelentes colaboradores con que cuenta la Academia, por lo que he podido cumplir con más de una responsabilidad a la vez, sin abandonar mi trabajo literario. En los últimos años, con el apoyo de un excelente grupo de académicos, entre todos, hemos logrado convertir a la Academia Puertorriqueña en un centro moderno de estudio del español de Puerto Rico y de su literatura. La academia es una institución activa con importantes publicaciones como el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico, el tercero en su clase en todo el mundo hispánico. Continuamente presentamos actividades culturales y seminarios de lengua y literatura a los que asisten numerosas personas. La academia cuenta con una página electrónica muy útil, con un espacio en Facebook con más de un millar de amigos, con una revista de divulgación muy solicitada, que circula de forma impresa y electrónica, llamada DILO y ha desarrollado efectivas campañas radiales, como por Letral, Número 6, Año 2011
161 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert ejemplo, la que llamamos Español de Puerto Rico, atrévete y dilo, que ha sido imitada en Islas Canarias. Yo no creo en la torre de marfil ni en la idea del intelectual como recluso. Antes bien tengo una cierta inclinación por los aspectos prácticos de la gestión cultural y por la vida activa. Estoy convencido de que la dimensión social de la comunicación cultural es un factor determinante en el desarrollo y el bienestar de un país. Si el intelectual y el artista se retiran por completo, las labores culturales importantes caen en manos de burócratas o, lo que es peor, en manos de artistas mediocres. M.C.: Ensayista, crítico literario, poeta —poesía popular, bolero, lo cotidiano, lo erótico, la memoria, los ocultismos—... ¿Qué poemario de los tuyos elegirías? ¿Que ha supuesto el “molde prosístico” de Techo a dos aguas sobre la poesía anterior? J.L.V.: Empiezo por lo último. Yo creo que la escritura, la prosa incluida, se despliega en el ritmo. En tal sentido, me parece muy afortunado que te refieras al “molde prosístico”, pues los ensayos de Techo a dos aguas están compuestos con exigencias rítmicas que no son muy diferentes de las que me impongo cuando escribo versos. Para mí la prosa es tanto sonido como idea, así es la poesía. De ahí que me resulte tan incómodo escribir cierto tipo de prosa, como cierto tipo de prosa narrativa o argumentativa. Creo que el lenguaje, todo lenguaje, cuando se aparta de la musicalidad, se adocena. Además, me parece que los temas de algunos esos ensayos, la recuperación de la infancia, la cotidianidad, el arte, la bohemia, el misterio de lo oculto… tienen vasos comunicantes con mi poesía. Al menos nacieron, esos ensayos, con la misma necesidad y urgencia con que nacen los poemas. M.C.: Un poeta, un intelectual trasatlántico. Todos sabemos de las dificultades de la cultura isleña para salir al exterior. La antología Letra viva (2002) te permitió escapar al “insularismo”... y tu cargo te mantiene en conexión con la vieja Europa. ¿Cómo ha sido tu experiencia? J.L.V: Ha sido por lo menos estimulante que una editorial como Visor aceptase publicar una selección de mis libros de poesía. Fue grato encontrarme, por ejemplo, en Buenos Aires o México, en Madrid o Santo Domingo con uno o dos ejemplares de Letra viva en alguna librería. La obra se agotó hace tiempo. ¿Quién la compró? No sé. Creo que el prólogo de Julio Ortega, tan generoso, ayudó en algo. A los escritores de países periféricos, como Puerto Rico, les resulta bastante cuesta arriba salir de sus fronteras, sobre todo si escriben solo poesía, como es mi caso. Por otra Letral, Número 6, Año 2011
162 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert parte, yo tengo una fuerte vocación para escribir y ninguna para promocionarme. Después de Letra viva no he publicado nada más, pues me parecía editorialmente anticlimático volver a las ediciones insulares. He mantenido un relativo silencio hasta ahora que parece que otra editorial española, en consorcio con una puertorriqueña, se hará cargo de mi próximo libro que se titulará Los inventores del cielo y otros poemas. El título se debe a un grupo de poemas sobre algunos personajes que han pensado, de una manera u otra, la mecánica de los cielos: Copérnico, Giordano Bruno, Galileo, Thycho Brahe, Johannes Kepler, Newton, Einstein, Stephen Hawkings… Debo admitir que escribo con la esperanza de ser leído y, en cierta medida, lograr publicar en editoriales reconocidas puede contribuir a tal propósito. Otro tipo de reconocimiento me importa poco. En una de las secciones de Los inventores del cielo... aparece un poema titulado “Nada nos salva del olvido”, donde ironizo sobre el afán por alcanzar la gloria literaria que aguijonea a algunos pero donde, a la misma vez, reconozco que a veces algún poema, algunas notas musicales pueden contribuir a que no nos desvanezcamos tan pronto en el olvido total. Te copio el poema, y te agradezco tu siempre vivo interés en las letras y la cultura puertorriqueña. Nada nos salva del olvido Nada nos salva del olvido, ni el mármol que la lluvia lava ni el luto doble de la viuda dura. Tampoco el oro en cuya consonante combaten dos ejércitos ruidosos. Mucho menos la fama, esa doncella falsa, que pregona de noche en la ciudad. Acaso el hilo fino de la caligrafía amarre al viento algún cantar en fuga o el pájaro al azar del pentagrama, un eco. Pero nada es igual cuando lo mira el ojo del pescado abierto al bodegón. ¿ Has visto el álbum de las fotografías donde la gente posa, sin fecha ni apellido, absortas ante el limbo? Así es la gloria literaria: un paraje de estatuas sin brazos ni cabezas, un cielo raso donde vagan volando capirotes. Nada nos salva del olvido, y qué. ¿Quién guarda la memoria de las aguas? ¿Un pétalo de otro, quién lo distingue? Letral, Número 6, Año 2011
163 A José Luis Vega, poeta y profesor de la Universidad de Puerto Rico... María Caballero Wangüemert Consuela, sin embargo, el ruido del cometa y la estela que deja cuando pasa. Letral, Número 6, Año 2011