Artículos • Gaspar Maza • Ricardo Sánchez • 41 • DEPORTE E INMIGRACIÓN: UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SPORT AND INMIGRATION: A CRITICAL VIEW Gaspar Maza
[email protected] Universitat Rovira I Virgili, Tarragonai Ricardo Sánchez [email protected] Universitat Ramon Llul, Barcelona RESUMEN El artículo que aquí presentamos surge de la voluntad de compartir y poner en común ideas y reflexiones que se habían tratado de manera independiente en diversas publicaciones anteriores, pero que aquí se plantean como una síntesis crítica del análisis de las prácticas y los discursos que enmarcan el campo sobre deporte e inclusion social aplicado a la inmigración extranjera. En un primer momento se esbozan las líneas teóricas que fundamentan la lectura crítica de los conceptos “inmigrante”, “cultura” e “integración social”. En segundo lugar se esboza la importancia del deporte en la sociedad contemporánea, así como de su proceso de complejización. En tercer lugar se ofrecen datos estadísticos sobre la evolución de la práctica deportiva para poder situar el debate sobre la diferenciación de los “modelos deportivos”. En cuarto lugar se realiza un análisis crítico sobre los proyectos y discursos de este nuevo campo sociodeportivo. A continuación, se reflexiona sobre la evaluación de este tipo de proyectos inclusivos. Y para concluir se señalan los objetivos de futuro y los procesos de intervención social que deberían acompañar los proyectos que quieran promover la inclusión social de los colectivos extranjeros a través del deporte. PALABRAS CLAVE: Deporte, interculturalidad, intervención social, inmigración, inclusión SUMMARY The article presented here arises from the desire to share ideas and thoughts that have been exposed independently in several previous publications, but are here proposed as a critical synthesis of the analysis of practices and discourses that frame the field of sport and social inclusion applied to foreign immigration. Firstly, we outline the theoretical lines that support the critical reading of the terms “immigrant”, “culture” and “social integration”. Secondly, we illustrate the importance of sport in contemporary society, and its ever growing complexity. Thirdly, we provide statistical data on the evolution of sport in order to place the debate upon the differentiation of “sports models”. Fourth is a critical analysis of projects and approaches within this new field concerned with the social aspects of sport. Here we consider the evaluation of these projects of inclusion. And, finally, we identify future goals and processes of social intervention that should accompany the projects that promote social inclusion of foreign communities through sport. Keywords: Sport, intercultural, social intervention, immigration, inclusion. Recibido: 15/09/2011 Aceptado: 09/01/2012 • Anduli • Nº 11 - 2012 • 41-54 • ISSN 16960270
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 11 - 2012 • 42 • 1. Introducción: Fundamentos Teóricos Al hablar de deporte e inmigración es habitual centrar el debate en la interculturalidad (Sánchez, 2010). Son varios los autores que trabajan con una serie de conceptos ya habituales en estos debates (Kennett, 2005; Lleixà, 2002; Lleixà y Soler, 2004; Bantulà y Mora, 2002): multiculturalismo, policulturalismo e interculturalismo. Básicamente, se habla de multiculturalismo cuando gente con culturas distintas comparten el mismo territorio, cosa que podría llevar a la interacción. Se emplea pluriculturalismo cuando existen diferentes culturas que conviven en un mismo territorio, pero que no interactúan, e interculturalismo cuando se comparte e interactúa con gente de culturas diferentes a la propia, encontrando que “puede haber una mezcla de pluriculturalismo e interculturalismo en un contexto multicultural” (Kennett, 2005: 9). En nuestra opinión, todas estas aproximaciones tienen como elemento central un concepto de cultura erróneo, una conceptualización de la cultura tratada como esencial, ideal-culturalista, homogénea y totalizadora. Un concepto de cultura que hace de la diferencia algo exterior y anula el moderno proceso de diferenciación interno que evoluciona alrededor de dos elementos: funcional (subsistemas sociales, campos, etc.) y social (estamentos, clases, agrupaciones, individuo, etc.) (Luhmann, 1998). Desde una perspectiva —creemos— más conveniente, la cultura debe ser vista como un proceso–flujo siempre inestable que acompaña la complejización de los sistemas sociales y la tendencia a la “individualización institucionalizada” (Beck, 2001); una “unidad múltiple” con creciente complejidad (Beriain, 1996). En esta línea se manifestaba Delgado (1998) cuando criticaba por racista la idea del multiculturalismo como una convivencia en mosaico de grupos que no se interseccionan, de culturas singulares planteadas como universos herméticos e inconmensurables. En efecto, es más lícito hablar de transculturalidad, de hibridación cultural y de procesos de bricolaje personal con respecto a la cultura. Medina (2002) señalaba la necesidad de acercarse a la interculturalidad y el deporte desde una perspectiva “voluntarista”, que huyera de un concepto de integración esencialista y que reconociera la necesidad de “una renegociación continua […] entre las diversas partes que componen el entramado social” (Ibid.: 22). En esta idea abunda la propuesta conceptual de Beck (2005) cuando afirma que el cosmopolitismo metodológico se debe imponer frente a la creciente contradicción existente entre el nacionalismo metodológico y la cosmopolitización real: “La mirada nacional, la gramática nacional, es falsa porque la acción política, económica y cultural, junto con sus consecuencias, conscientes e inconscientes, no pueden conocer fronteras en la sociedad del riesgo transnacional” (Ibid.: 37). A partir del nacionalismo metodológico se construye una definición implícita de lo que es o no es una persona “inmigrante” y se conforma un sistema de diferenciación con respecto a los individuos “autóctonos”. Esta elaboración se hace a través de dos elementos claves en el discurso (Tello et al., 2008): uno es el nuevo referente de la “autoctonía”, que necesita de la alteridad para la construcción identitaria de un nosotros (la sociedad de acogida), y el otro es una representación estereotipada de la inmigración, especialmente en la representación de la mujer inmigrada —un estereotipo que se construye en todo momento desde el modelo de domesticidad y el subdesarrollo. La integración se plantea, así, como un pacto no negociado, donde “la sociedad de acogida” establece las políticas de integración y se representa como agente activo, mientras se muestra a “la inmigración” como agente pasivo y, por ello, no se le reconoce el derecho a modificar las condiciones del pacto. Existen supuestos derechos inalterables de la sociedad de acogida que están por encima de los procesos democrá-
Artículos • Gaspar Maza • Ricardo Sánchez • 43 • ticos. En general, se olvidan las aportaciones positivas de la inmigración y se destacan las negativas (Tello et al., 2008). Se trata de lo que Beck (Ibid.: 77) denomina “la doble cara del universalismo”: la presión por los valores humanos universales, normalmente ligada a lo propio, puede llegar a diluir la alteridad, especialmente la de los “otros”. A la postulada igualdad abstracta corresponde la presión sobre el étnicamente distinto a plegarse a esta pretensión de igualdad particular, es decir, a renunciar a la posición de la diferencia. En efecto, la integración es el problema de las sociedades contemporáneas, en todos sus sentidos: simbólica, funcional, moral, social. Se trata, en definitiva, de una integración laxa y no recurrente. Mientras que, sin embargo, la exclusión social se muestra totalmente integrada, llega a todos los sistemas y es recurrente (Luhmann, 1998). Algo similar plantea Heinemann (2002) en relación a la integración social y el deporte. El autor sugiere diferentes campos para la integración social: legal, estructural-funcional, instrumental, cultural, identitario, donde la integración es uno de los campos, no garantiza, en absoluto, la integración total. Por ello, la integración deportiva no garantiza la integración social, pero la exclusión legal si es recurrente y redundante en todos los sistemas, también en el deportivo. 2. El papel del deporte en la sociedad contemporánea El papel central que el deporte ha adquirido en la sociedad actual es bien evidente, tal y como es puesto en evidencia en las declaraciones de las Naciones Unidas y de la Carta Europea del deporte. En ambas podemos ver cómo el deporte es una herramienta reconocida desde muchas instancias, no sólo como actividad física, psíquica, competitiva, sino también como actividad social, cultural y política. A la vez, su repertorio de funciones y de conexiones se ha ido igualmente ensanchando. Y es que el deporte es reflejo de la modernidad, constituye un potente mecanismo ritual para la reproducción de la sociedad (Sánchez, 2003). La importancia del deporte adquiere aún más relevancia en el momento actual, en que diferentes corrientes teóricas han venido a problematizar como de “fin de la sociedad” (Outhwaite, 2008): liberales, que sólo contemplan el interés individual como motor del cambio social; posmodernistas, que anuncian la fragmentación y desaparición de la sociedad como proyecto; y los teóricos de la globalización, quienes consideran que la sociedad no sobrevivirá al debilitamiento del Estado-Nación. En este contexto, el sistema deportivo (formal e informal) presenta unos elementos característicos únicos que le convierten en un instrumento clave en los procesos de integración y reproducción social (Sánchez, 2010): • Sentido. El deporte es un aparato semántico de primer orden que insta a la producción de sentido a través de la interpretación y el debate sobre las formas y características básicas de la sociedad. Genera un discurso redundante que reduce la complejidad de las metanarrativas sobre lo social y posibilita la producción selectiva de formas psíquicas y sociales (Luhmann, 2007). Convertido en un elemento clave de comunicación entre sistemas sociales y sistemas psíquicos y medio de generalización simbólica, funciona como un instrumento de fusión, un bálsamo social que ofrece una reducción de la contingencia simbólica, redundancia discursiva y seguridad ontológica (Sánchez, 2003). Es aquí donde el deporte, como antropología de la igualdad de los individuos, armoniza simbólicamente las contradicciones culturales señaladas por Bell (1987) y se convierte en una metanarrativa práctica cargada de sentido. Especialmente, el deporte urbano permite hacer de los espacios públicos zonas de contactos que configuran
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 11 - 2012 • 44 • formas culturales híbridas y se convierten en referentes simbólicos e identitarios (Tello et al., 2008, Maza, 2010). • Corporalidad. Además, el deporte produce un “sentido práctico” (Bourdieu, 1991), una “conciencia práctica” (Giddens, 2006), un conocimiento aplicado que no necesita de la reflexión teórica y que no se expresa discursivamente. Un sentido incorporado, hecho cuerpo, que hace de la corporalidad un instrumento comunicativo de gran relevancia. • Ética estética. Los deportes incorporan una razón sensible (Maffesoli, 1997) que, más allá de la razón racional, genera una razón estética que permite reunir a la sociedad (racional) con la socialidad (estética). Un “sentir en común” que se convierte en “el cemento de la sociedad” (Elster, 2006). • Capital social. La práctica deportiva permite la formación de un “habitus”, de una estructura de percepción, interpretación y acción, que permite la reubicación en el sistema de las posiciones sociales (Bourdieu, 1997), así como del incremento de las relaciones sociales y una ampliación y densificación de las redes sociales que lleva a la creación de capital social (Maza, 2006). Por otra parte, el sistema deportivo expresa y configura las características de la sociedad en la que se produce y, por ello, se pluraliza ante la creciente complejidad de la sociedad contemporánea (posmoderna, líquida, del riesgo, hipermoderna, etc.) (Sánchez, 2004). Esta extensión de las funciones y de la propia complejización del deporte ha sido reconocida por diferentes autores que nos confirman el papel envolvente del mismo y en el que destacan las multiconexiones resultantes de un deporte entendido como “sistema abierto” (García, Puig y Lagardera, 2002). Veamos algunas de las características de esta posmodernidad que se están reflejando en el deporte actual, tal y como fueron recogidos en el Plan integral para la actividad física y el deporte. Deporte y actividad física para la inclusión social: inmigración (Maza, 2009), así como por distintos autores en otros trabajos (García, Puig y Lagardera, 2002 Puig y Heinemann, 1991; Heinemann, 2001; Sánchez, 2004 y 2011a; Beck, 1998): • La heterogeneidad de las prácticas y la diversidad de estilos de practicarlas como reflejo de una sociedad orientada a la maximización del bienestar individual. • La informalidad y la desburocratización a la hora de organizarse, lejos de las reglamentaciones institucionales y de los clubes deportivos. • La recreación de la práctica al aire libre fuera de instalaciones convencionales, la búsqueda de nuevos espacios a conquistar como una filosofía general de muchas de estas prácticas. • La conexión de muchas de estas prácticas con el desarrollo de una tecnología nueva y con una red productiva y comercial de extensión global. • La personalización de las prácticas. El sistema deportivo acompaña el proceso de individualización institucionalizada. En efecto, la mayoría de autores consideran que estas nuevas prácticas físico-deportivas recrean los valores predominantes de la sociedad postmoderna (Sánchez, 2004), sintetizados en la personalización multiforme (prácticas a la carta), el relevo de la ética por la estética, la multiplicación de los sistemas de valores y la barroquización del universo simbólico, el desarrollo de la sociedad informacional, el policulturalismo, el tribalismo como medio de integración, la extensión de las solidaridades
Artículos • Gaspar Maza • Ricardo Sánchez • 45 • blandas, la aparición de la consciencia ecológica y la consciencia de vivir en sociedades del riesgo (Lipovetsky, 1990 y 1994; Mafessoli, 1990; Beck, 1998; Luhmann, 2007). Así, podemos ver cómo hacer deporte hoy en día es un hecho con múltiples repercusiones y lecturas posibles. Un aspecto clave en las nuevas funciones del deporte parece ser su progresivo impacto en la construcción de identidades dentro de unas sociedades cada vez más multiculturales. La identidad deportiva se ha convertido en una “identidad proyecto” (Castells, 1997) frente a las tradicionales formas de identidad colectiva basadas en la religión o la nación por poner dos de los ejemplos más habituales (Maza, 2009). Entre los temas sociales y culturales que cada día se hacen más presentes en nuestra sociedad, en respuesta a los cambios generales producidos en la economía, la tecnología y las relaciones internacionales, están los procesos migratorios de los países pobres hacia los países mas desarrollados. Una de las consecuencias más visibles de estos flujos es la aparición de lo que se ha denominado nuevos paisajes “étnicos” (Appadurai, 2001). Así, por ejemplo, podríamos considerar la reciente aparición de diferentes deportes en espacios públicos donde los inmigrantes se reúnen, practican estas actividades, intercambian información y ayuda, etc. En definitiva, al aproximarnos al deporte como un elemento importante en la generación de relaciones sociales en la época actual se nos hace por lo tanto necesario tener en cuenta y evaluar todo este campo de conexiones múltiples y vértices posibles que presenta hoy en día la practica deportiva (Camino, Maza y Puig, 2008). 3. Los discursos sobre el deporte, la integración y la inmigración La expansión del campo deportivo al ámbito de la intervención social ha dado lugar a la creación de diferentes tipos de proyectos y discursos justificativos de los mismos, por parte de entidades de inmigrantes, instituciones, clubes deportivos, federaciones, deportistas profesionales, etc., que ven como una nueva realidad multicultural empieza a ser cada vez más palpable. Veamos a continuación una breve muestra de esta situación, siguiendo un documento elaborado por el Consejo Superior de Deportes (CSD), Plan integral para la actividad física y el deporte. Deporte y actividad física para la inclusión social: inmigración (Maza, 2009), donde se constata la gran cantidad de proyectos y la disparidad de objetivos que se plantean según la naturaleza de su promotor. En este documento se hizo una lectura crítica de algunas de las ideas multiculturales subyacentes en los mismos, intentando aplicar en lo posible la propuesta clasificatoria de Klincheloe y Steninberg (1999). Para estos autores, parece claro que, llegado un determinado momento, cada sociedad debería de reflexionar y replantearse hacia qué tipo de modelo de sociedad multicultural desea dirigirse, como ejercicio útil para prever las diferentes consecuencias que se derivan de la elección un tipo u otro de multiculturalismo. Tras una primera revisión, se detectaron dos tipologías de proyectos sobre esta relación y se clasificaron en un primer momento según la naturaleza de los promotores. Así, se distinguió entre:
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 11 - 2012 • 46 • • Proyectos deportivos organizados por los inmigrantes. Aquí se encontraron diferentes tipos de modelos que se clasificaron de la siguiente forma: de resistencia, de integración y simbólicos. • Proyectos deportivos organizados para los inmigrantes. En este caso, se observaron diferentes tendencias que podrían ir hacia la asimilación cultural, la integración social y el paternalismo y la comunicación simbólica. Llegados a este punto, se consideró de suma importancia observar los discursos sobre los que se construyen los diferentes proyectos, ya que, como forma de pensamiento, es frecuente que un discurso represente una estructura de conocimiento y poder. En esta parte, se revisaron varios ejemplos más de los diferentes tipos de discurso con los que se justifican estos proyectos: • Entre los clubes deportivos, se destaca la práctica deportiva por sus valores higiénicos, cooperativos, aunque también se resalta el hecho de la carrera deportiva como una alternativa o futura promesa. A la vez, en los clubes se ha incorporado algunos de los nuevos valores sociales más al uso, como tolerancia, respeto, convivencia, etc. La carrera deportiva como una posibilidad de vía de ascenso social para la población excluida es otro punto que desde diferentes investigaciones se ha puesto en evidencia. La carrera deportiva es especialmente dura y complicada, una profesión de riesgo donde los jóvenes de clase baja, aún teniendo cualidades, encuentran muchas dificultades para mantenerla. La visión “mesiánica” es reforzada por la creencia popular en este tipo de promoción, aunque su eficacia en la práctica puede ser mínima. La mayoría de las campañas protagonizadas por los “clubes” se parecen especialmente a las campañas del marketing “de la solidaridad”, al que muchas empresas se han apuntado para rentabilizar sus negocios de una forma más amable. Otras veces algunos clubes hacen gestos en días especiales, visitando con algunos de sus jugadores barrios conflictivos al modo de misioneros del deporte. Este tipo de acción caracteriza también a otras manifestaciones del deporte espectáculo que se autojustifica como ayuda para las causas sociales, pero que generalmente termina convirtiéndose en un simulacro de consenso social y como vía de protagonismo y relevancia para deportistas de la elite, exdeportistas o benefactores con buenas intenciones. En la organización de estos acontecimientos simbólicos prima generalmente una visión higienista-medica, etnocéntrica, y especialmente paternalista hacia el otro. • En el discurso de las federaciones deportivas se destacan aspectos parecidos a los de los clubes y, en este caso, en particular se resalta al deporte como una vía de “convivencia entre comunidades”, aunque no se especifica lo que se entiende por “comunidades”. • Los valores positivos del deporte son también los que más se indican por parte de instituciones académicas, así como en la mayoría de las jornadas y estudios de carácter más especializado, siguiendo un poco la línea “positiva” y paternalista de federaciones, clubes y entidades. En este tipo de jornadas y, en paralelo a los encuentros más académicos, se suele dar el desarrollo de algunos talleres donde se enseña algo práctico sobre la “otredad” a modo de festival cultural (danza, taller de comida, talleres musicales, juegos étnicos....). En muchas de estas jornadas se constata que proyectos más modestos se encuentran con muchas dificultades para perdurar más allá de un breve periodo de tiempo. El resultado de todo ello es que se produce un vacío que no nos ayuda a conectar bien los enfoques más teóricos con las experiencias más prácticas. Otro punto
Artículos • Gaspar Maza • Ricardo Sánchez • 47 • a señalar, en relación a las instituciones académicas, es la aceptación casi unánime de las principales teorías que tratan de explicar la diversidad, como son el multiculturalismo, por un lado, y la interculturalidad, por otro. Ambas teorías son aceptadas y adoptadas rápidamente, aun siendo teorías que no han salido de nuestras propias experiencias. Aplicadas al deporte, se acaban traduciendo en que el deporte es bueno para relacionarnos con el otro sea del origen que sea y que es útil para la comprensión cultural, aunque sin mostrar cómo. En estos encuentros también se han abordado algunos problemas más específicos relacionados con la competición deportiva y con los problemas planteados por algún tipo de reglamentaciones discriminatorias, por parte de algunas federaciones y competiciones. Para finalizar, parece darse también una cierta unanimidad en la aceptación del juego vinculado al deporte como una forma de recurso útil y valido para la interculturalidad. Como consecuencia de la aceptación de esta idea, algunos juegos y deportes tradicionales (tanto de inmigrantes como de autóctonos) son teorizados y actualizados en clave cultural y social (Bantulà y Mora, 2002). En suma, estamos asistiendo al desarrollo de lo que podríamos considerar como un “campo” de compromisos sociales del deporte para la integración de la inmigración extranjera (Maza, 2009). Sin embargo, ante la heterogeneidad que presenta el propio campo de las intervenciones sociales, se hace necesario tener un marco general más claro y revisado para poder orientar bien el papel de las actividades deportivas en una sociedad cambiante. En la actualidad, los reajustes y encajes de las actividades deportivas con los programas que tienen objetivos sociales no están siempre bien conseguidos o delimitados. Y, con respecto al tema de la inmigración, se da un cierto peligro de colonialismo deportivo (Maza, 2002 y 2009), especialmente cuando las intervenciones deportivas-sociales las encabezan grandes clubes, corporaciones, ex deportistas famosos, etc. Existe, por tanto, la necesidad de replantearse el multiculturalismo o la interculturalidad usada hasta el momento en los diferentes proyectos deportivos. En general, en el mejor de los casos, los proyectos que usan estos marcos tienden a convertirse en paternalistas y ven al Otro como un individuo al que hay que ayudar, proteger y apadrinar. En el peor de los casos, se trata de formas estratégicas de asimilación. Culturalmente hay una cierta tendencia de los proyectos a actuar como “ventrílocuos” de los inmigrantes, más que como socios en igualdad de condiciones y con voz propia (Maza, 2001 y 2002). Tendemos a explicar qué piensan, sienten, esperan, y se ve siempre el deporte como un beneficio para los mismos. Sin duda, el papel de las actividades deportivas ha de pasar por el aprovechamiento de sus ventajas sociales, pero también por el reconocimiento de sus límites. Entre sus límites, conviene destacar que el deporte por sí solo no cambia las situaciones de exclusión social o cultural. Se necesita la combinación del mismo con otros tipos de proyectos sin por ello confundir los objetivos. También hay que alejarse del deporte visto exclusivamente como una carrera deportiva o en su versión competitiva. Muchas veces se usa el símil de la carrera deportiva como una carrera semejante a lo que es la vida en otras dimensiones. Esta es una comparación muy simple, ya que los proyectos personales y sociales son mucho más complejos que conseguir marcas o resultados deportivos. Algunos proyectos deportivos en su dinámica interna y cotidiana acaban ayudando más a la deportivización que a la integración. Así, en algunos programas y proyectos de iniciación/promoción deportiva de base se vuelve a dar la exclusión de los que no tienen buen juego o de los que no tienen buenas cualidades (Maza, 2002). En ocasiones resulta ser un límite el propio etnocentrismo deportivo de los profesiona-
Anduli • Revista Andaluza de Ciencias Sociales Nº 11 - 2012 • 48 • les, técnicos y entrenadores (Maza, 2001). Se tiende a pensar que lo que ha sido útil para uno también puede serlo para los demás. Hay deportistas a los que una práctica deportiva les ha proporcionado habilidades para su vida posterior; sin embargo, el deporte a otras personas sólo les ha proporcionado una frustración más o ningún tipo de transferencia ni positiva ni negativa. Por tanto, no podemos otorgar a los proyectos deportivos un papel redentor. No es un instrumento sin límites para el “rescate y rehabilitación” de los que se han desviado, de los que consumen drogas, de los que presentan algún tipo de desviación social. Y, sobre todo, no hay que caer en los acontecimientos deportivos donde los protagonistas son más los organizadores que los organizados. Acontecimientos que se realizan de forma periódica patrocinados por instituciones, clubes, famosos/as, que convierten a éstos/as en la noticia principal del acontecimiento. Por último, es imprescindible recordar que no hay oasis cultural o social. Todo proyecto debe interrogarse por la situación de las personas una vez que el proyecto haya finalizado. Esto es especialmente importante en los proyectos que hemos catalogado como de “apadrinamiento” (Maza, 2001, 2002 y 2009). 4. La evaluación en los proyectos de integración social y deporte Ante la multiplicidad de propuestas que han emergido en los últimos años para la intervención social a través del deporte, muchas de ellas financiadas con dinero público de forma directa o indirecta, y con las limitaciones que acabamos de señalar, debemos empezar a considerar la evaluación de los impactos sociales y deportivos de estos proyectos como algo imprescindible y riguroso (Sánchez, Gozzoli y D’Angelo, 2010). En efecto, así se recoge en el Plan Integral para la Promoción de la Actividad física y el Deporte (versión 1) del Consejo Superior de Deportes (CSD) (Maza, 2009) donde se establecen diferentes dimensiones de indicadores para la evaluación desde una amplia perspectiva global. Por ello, se propone la búsqueda de indicadores sobre los hábitos deportivos, las redes sociales, las relaciones entre redes, el capital social, la salud y la calidad de vida, etc. Sin duda, el diseño de la evaluación tiene múltiples posibilidades derivadas, implícita o explícitamente, de posicionamientos teóricos y epistemológicos diversos. Sin entrar en debates que aquí no podemos reproducir, queremos, eso sí, señalar que, para los proyectos que nos ocupan es fundamental la reflexión teórica en torno al constructo teórico “integración social” en las sociedades contemporáneas, así como del debate metodológico sobre el tipo de investigación que debe guiar los proyectos de intervención social y, especialmente, su evaluación. De esta reflexión teórica surgen las respuestas a preguntas tales como ¿Qué tipo de indicadores de integración social se operacionalizan y cómo se miden?, o ¿Quién participa en la evaluación y con qué horizonte temporal? Ante estos interrogantes, el Grup de Recerca i Innovació en Esport i Societat (GRIES) de la Universitat Ramon Llull de Barcelona decidió llevar a cabo, en el curso 20102011, una investigación exploratoria sobre la evaluación en los proyectos de Deporte e Integración social que se han llevado a cabo en los últimos cinco años en el área metropolitana de Barcelona. El análisis, aún inconcluso, ofrece ya algunos datos de interés. En general, se considera que la realización del proyecto es una prueba de su éxito y que la participación deportiva implica integración social por sí misma. Pero, más allá de este criterio común, lo que encontramos es una diversidad de diseños
Artículos • Gaspar Maza • Ricardo Sánchez • 49 • evaluativos. Podemos enmarcarlos a partir de cómo articulan diferentes dimensiones (Sánchez, 2011b): • Dimensión social. De lo individual a lo grupal y a lo social. Aquí encontramos evaluaciones sobre indicadores que miden competencias personales de carácter social (habilidades sociales, autoestima, percepción del propio cuerpo, etc.); grupales (clima social, red deportiva); y sociales (red social, inserción laboral, nivel académico, salud, etc.). • Dimensión epistemológica. De lo cuantitativo a lo cualitativo y a lo colaborativo. En este plano, situamos la evaluación por el tipo de metodología utilizada y en un orden que implica un incremento de la participación. Encontramos técnicas objetivas como cuestionarios y test; técnicas cualitativas como la entrevista abierta y las entrevistas en grupo; y técnicas colaborativas como sesiones participativas con deportistas, técnicos, educadores y colectivos sociales. • Dimensión de control. Del resultado al proceso y a la proposición inicial. Aquí situamos desde evaluaciones finales, ajenas al desarrollo del proyecto y que sólo miden el resultado (número de participantes, recaudación, etc.); a aquellas que establecen seguimientos monitorizados y procesuales que se sitúan al inicio del proyecto desde el diseño mismo de los objetivos y programas. • Dimensión temporal. De la evaluación del presente a la evaluación futura. Hemos visto que algunos proyectos establecen algún tipo de evaluación inicial y final (pre y post-test), especialmente cuando utilizan cuestionarios sobre autopercepción de la salud, de la autoestima, etc. de tal forma que pueden dar cuenta de las mejoras obtenidas con el desarrollo del programa. Prácticamente ninguna evaluación establece mecanismos de control de la integración grupal o social más allá de la finalización del proyecto. En el momento actual de la investigación, aunque existen proyectos que evalúan básicamente la participación, la “visibilidad” del proyecto y el ajuste presupuestario, podemos decir que la mayor parte de los proyectos analizados hacen una evaluación plurimetodológica, que combina algún tipo de evaluación cuantitativa (participantes, asistencia, pruebas fisiológicas, cuestionarios, test...) con evaluación cualitativa mediante entrevistas abiertas individuales y/o grupales. La mayor parte de los proyectos se definen como participativos, aunque ninguno se sitúa dentro de la corriente de la Investigación Acción Participativa. No hemos encontrado proyectos que evalúen de forma holística el impacto del mismo más allá del grupo deportivo participante y de la situación presente. Otro punto significativo son las diferencias observadas en cuanto a la complejidad del diseño de evaluación, cuando en el proyecto participa alguna Universidad o grupo de investigación. Por último, hay que señalar que los expertos consultados coinciden en que la evaluación de los programas de intervención social a través del deporte debe ser un proceso participativo, cuyas características han de ser: procesual, colaborativa, sistematizada y abierta, plurimetodológica, valorativa, con incidencia práctica, que permita la información, opinión y sensibilización de los diferentes agentes sociales, y que oriente la toma de decisiones. Evaluar para conocer y transformar. Es, por ello, que consideramos que la Investigación Acción Participativa, funcionando como “socio-praxis” implicativa, puede incrementar el potencial del deporte para la creación de la red social (Sánchez, 2011b).