Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española: el caso de Florencia y Siena
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Al alba del siglo XVI, la arquitectura militar en Italia no se presenta ajena a los cambios políticos y tecnológicos ocurridos durante la segunda mitad del siglo XV. Al rápido desarrollo de nuevas técnicas bélicas, se une el delicado equilibrio político tras la paz de Lodi de 1454 y el clima de tensión en la península italiana que tendrá su culminación en la invasión de Carlos VIII en 1494 que contribuyen a que la arquitectura militar llegue al cambio de siglo con un amplio bagaje en la definición de modelos que den respuesta a las exigencias nacidas en la realidad italiana y con ejemplos concretos de intervenciones de fortificación en los que las altas y lineales cortinas de muralla en torno a ciudades y burgos son sustituidas por fortificaciones caracterizadas por una geometría contundente con bajas torres poligonales o circulares en los ángulos y un robusto terraplén (Adams 2002, 546-548). La figura de referencia para la arquitectura militar de este primer período es Francesco di Giorgio Martini. Desde 1477 y hasta finales del siglo proyecta una gran cantidad de arquitectura militar a lo largo de la península italiana, desde Urbino hasta Otranto, que reflejan una búsqueda proyectual marcada por un continuo interés por la innovación y la superación proyectual de modelos precedentes con especial atención a las innovaciones tecnológicas de la técnica bélica y a las características específicas del lugar, componiendo incluso, en torno a 1480, un tratado de arquitectura civil y militar donde ya demuestra una intensa actividad teórica en dicho campo.1Será éste el responsable de la inauguración de un período, que durará hasta los años cincuenta del siglo XVI, en el que importantes arquitectos introducen en sus repertorios arquitectónicos singulares obras de arquitectura militar o de fortificación favorecidos por el aumento de la demanda de este tipo de obras y de la innovación y la experimentación en este campo fruto de la consolidación de Italia como campo de batalla entre las principales potencias europeas. Desde Biagio Rosetti hasta Galeazzo Alessi o Michele Sanmicheli conducirán en este campo, de igual modo que en su arquitectura civil o religiosa, investigaciones proyectuales de gran calidad e interés que permanecerán como obras arquitectónicas de referencia. Tras Francesco di Giorgio, son los hermanos Sangallo, Giuliano y Antonio, quienes toman el testigo en el desarrollo de nuevas propuestas arquitectónicas al inicio del siglo XVI dando lugar al período llamado de transición de la arquitectura militar. Con posterioridad a ellos, es Antonio el Joven quien marcará la pauta de las invenciones en arquitectura militar en los decenios sucesivos contribuyendo en modo notable a soluciones proyectuales que poco a poco irán conformando el elemento per excellance, como lo define J. R. Hale, de la arquitectura militar renacentista: el bastión angular, ya consolidado en el cuarto decenio del siglo.2Aún si diferentes estudiosos difieren en la identidad del proyectista ideador de este elemento arquitectónico,3y teniendo en cuenta las investigaciones proyectuales realizadas por Miguel Ángel para las defensas ante el asedio de Florencia Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española: el caso de Florencia y Siena Carlos Plaza Morillo Actas del Séptimo Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Santiago 26-29 octubre 2011, eds. S. Huerta, I. Gil Crespo, S. García, M. Taín. Madrid: Instituto Juan de Herrera, 2011
por parte de las tropas hispano papales en 1529 o los pequeños bastiones como refuerzo de las murallas de Siena erigidos por Baldassare Peruzzi con una interesante sintaxis arquitectónica (1527-1532), es sin duda en el proyecto de la Fortezza di San Giovanni de Florencia, encargada a Antonio da Sangallo en 1534, donde este elemento arquitectónico llega a su madurez dentro de un proyecto de conjunto y fruto de la búsqueda proyectual del arquitecto visible a través de los numerosos dibujos relativos a ella y anteriores al proyecto definitivo.4 Más allá de tratar las singulares obras de arquitectura militar de los arquitectos más importantes de la época como singulares creaciones fruto de su inventiva y su habilidad proyectual y técnica, y como ya demostrado con respecto a la contribución de Francesco Maria della Rovere a aquélla véneta del primo Cinquecento,5es necesario ampliar la visión sobre la arquitectura militar de la época introduciendo en su génesis a aquellos interlocutores con los cuales dichos proyectistas debía de entrar en un fructífero diálogo, dándoles la importancia que merezcan —diferente en cada caso concreto— fruto de su efectiva sinergia con el arquitecto como en el caso de la coetánea arquitectura civil o religiosa. Con respecto a éstas, la arquitectura militar precisa de una mayor especificidad y compromiso con la técnica —en este caso bélica— como demostrará el hecho de que tras la mitad del siglo sean los ya especializados ingenieros militares quienes sustituyan a los arquitectos en las tareas de proyecto y construcción. Como sostiene C. J. Hernando Sánchez en relación a la arquitectura militar de los años treinta, «cualquier aproximación a las fortificaciones europeas de aquel período debe tener presente los intereses y recursos movilizados por la Monarquía de España» (Hernando Sánchez 2002, 349). Dicha aproximación se extiende no solamente a las cuestiones políticas, diplomáticas o meramente financieras de la construcción de la arquitectura militar europea sino sobre todo a la implicación en ella de la gran presencia en Europa en aquel período de militares y diplomáticos españoles quienes, como veremos, es preciso tener presente con respecto al iter proyectual o constructivo de algunos ejemplos de arquitectura militar de gran interés. De acuerdo con F. Cobos (Cobos 2002, 371), «en el proyecto de arquitectura militar en ambiente hispánico participaban activamente los Gobernadores de la plaza, los Virreyes, los Capitanes Generales de Artillería y los miembros del Consejo de Guerra», entendiendo como tales a los militares y representantes políticos españoles presentes en cada plaza fortificada. La arquitectura militar construida durante el siglo XVI en muchos puntos de la Monarquía Hispánica, desde el Sur de Italia hasta Flandes o las Indias, ha sido objeto de numerosos estudios sin haber sido tenido en consideración el territorio toscano.6Al gran esfuerzo por conocer las fortalezas más importantes construidas en el Imperio de Carlos V y la Monarquía de Felipe II y su legado posterior en los territorios de influencia hispánica, falta una efectiva visión de conjunto que reconozca los modelos, los personajes y los protagonistas de las ideaciones proyectuales que han condicionado en mayor medida el proyecto de la arquitectura militar. Aceptando las particularidades de cada caso y las efectivas mejoras y perfeccionamientos realizados, las más importantes innovaciones arquitectónicas provienen de las investigaciones producidas en Italia en el segundo cuarto del siglo XVI —habiendo contraído amplias deudas de la arquitectura de Francesco di Giorgio— donde se dan respuesta a numerosos problemas surgidos en las décadas precedentes y que conceptualmente permanecerán inmutados en los siglos sucesivos. De entre los territorios de la península itálica con estrechos lazos con el ambiente español de Carlos V y Felipe II, es poco frecuente tener en consideración el Ducado de Florencia y Siena, desde 1569 Gran ducado de Toscana, frente a otros territorios controlados o con gran relación cultural con la Monarquía Hispánica. En cambio, al menos desde los años cuarenta, su cercanía política hace que se construya un ambiente favorable para el intercambio entre ambos centros, de los cuales sólo nos ocuparemos en esta sede del relacionado con la arquitectura militar.7 LA FORTALEZA DE FLORENCIA La reconciliación tras el Sacco di Roma entre el papa Clemente VII (Medici) y Carlos V en 1529 pone como uno de sus objetivos el fin de la República florentina y la restitución del poder medíceo en la ciudad. Un año más tarde, tras un largo asedio y la definitiva capitulación del gobierno republicano, es colocado al frente del gobierno de la ciudad Alessandro de’Medici, titulado por Carlos V como Duque de Florencia, poniendo fin a la República y dando paso 1134 C. Plaza
al nuevo escenario político, social, artístico y arquitectónico del Principado. Es precisamente en torno al asedio de la ciudad por las tropas hispano pontificias donde se produce un gran debate tipológico en torno a la configuración moderna de las defensas de las ciudades y donde se enfrentan, como consultores en materia de arquitectura militar, Miguel Ángel como encargado de la defensa de las fortificaciones de la República florentina, y Baldassare Peruzzi y Antonio da Sangallo el Joven como consultores de las tropas asediantes.8Tras la capitulación florentina, una de las primeras medidas de gobierno del nuevo Duque es la de construir una fortaleza con el objetivo, más que ante posibles ataques del exterior, de la defensa del Duque ante sus conciudadanos debido al clima de hostilidad interna liderado por notables florentinos como Filippo Strozzi y alentado por la rica nación florentina exiliada en Roma. El proyecto de la fortaleza de San Giovanni —posteriormente Fortezza da Basso— es encargado en marzo de 1534 a Antonio da Sangallo el Joven, quizás el mayor experto, junto a Michele Sanmicheli, en arquitectura militar del momento. En los meses sucesivos se realiza el proyecto y se procede a la demolición de los edificios preexistentes y a los movimientos de tierras, colocándose el 15 de julio la primera piedra de la cimentación. La posición del edificio fue elegida, por razones estratégicas al noroeste de la ciudad, en una zona palúdica, dificultando así los trabajos de construcción que fueron delegados en Florencia, al residir Antonio en Roma, al capomastro Nanni Unghero con Alessandro Vitelli y Pier Francesco da Viterbo como superintendentes a la obra.9Los numerosos dibujos del arquitecto (figura 1), muestran la fatiga de éste en la resolución de problemas que acuciaban a la práctica de la arquitectura militar en esos momentos, siendo éstos un valioso testimonio del iter proyectual de Antonio da Sangallo el Joven (Salvadori y Violanti 1971). La construcción se desarrolla a lo largo de 1534 y 1535, estando documentada a través del intercambio epistolar entre los responsables desde Florencia y el arquitecto desde Roma (cfr. Gurrieri y Mazzoni 1990, 115-133). Como fecha de terminación es considerado el día 5 de diciembre de 1535, cuando se produce un solemne rito y es colocado un epígrafe conservado aún hoy. Con posterioridad, son escasas las fuentes documentales sobre la situación constructiva o los trabajos posteriores referidos a la fortaleza. Sin embargo, con respecto a ellos no ha sido tenido en consideración la situación que es descrita, aunque si en modo somero, por el cronista del emperador Prudencio de Sandoval cuando escribe sobre la estancia de éste en la ciudad en mayo de 1536. El cronista menciona como el emperador «visitó la fortaleza que había hecho en Florencia su yerno Alessandro de Medici. Contentole su grandezza y fuerte, los tiros y municiones que tenía: aconsejole que se diese prisa en acabarla» (Sandoval 1634, 3: 305). Este comentario del cronista nos arroja otra interpretación de los acontecimientos debido a que la fortaleza no estaría terminada a los ojos del emperador en mayo de 1536, por lo que la inauguración de finales de 1535 responde más a un señal político del Duque ante sus ciudadanos —quienes ya habían comenzado a conspirar contra él debido a su precaria situación política tras la muerte del papa Clemente VII en 1534— y no a una efectiva terminación de la construcción de la fortaleza. Esta hipótesis es sostenida por los pocos documentos posteriores a 1535, como la conocida carta de Nanni Unghero a Antonio da Sangallo el Joven sobre obras aún en ejecución con respecto a la fortaleza en diciembre de 1537.10 Aún si no estuviese acabada la construcción a los ojos de Carlos V la fortaleza fue considerada como inexpugnable —al menos por una masa de ciudadanos y no ante el asedio de un ejército— una vez fue asesinado el Duque el 6 de enero de 1537. Entonces, ésta fue ocupada por Alessandro Vitelli en nombre del emperador custodiando Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española 1135 Fig. 1 Antonio da Sangallo el Joven, Bocetos del proyecto de la fortaleza, 1534, GDSU 758A (de Frommel y Adams 1994)
dentro a la duquesa Margarita de Austria y a los hijos ilegítimos del Duque ante posibles revueltas. Ante ello, es posible pensar como la fortaleza se encontraría en un avanzado estado de ejecución que comprendería una construcción completa del perímetro amurallado al menos hasta una altura considerable. La elección al día siguiente del asesinato de Cosimo de’Medici como sucesor del primer Duque es vista con recelo por parte del emperador quien, no obstante la confirmación de la elección después de la visita a Florencia de su embajador en Roma el conde de Cifuentes, se conserva el control de las estratégicas fortalezas de Florencia y Livorno. Por lo tanto, éstas permanecerán bajo jurisdicción imperial y en manos de tropas españolas hasta que en 1543 serán entregadas a Cosimo I en contraprestación a la aportación económica del Duque a las guerras europeas del emperador.11 Estos representantes imperiales y militares españoles presentes en la fortaleza desde 1537 están llamados a tener un papel de relieve en los primeros decenios del gobierno del segundo Duque de Florencia, Cosimo I, aún después de la fecha de restitución de las fortalezas de 1543. Los militares en particular, dada la supremacía militar hispánica en Italia, jugarán un papel muy importante en la política de Cosimo de formación de una estable milicia ducal inexistente en épocas precedentes confiando en éstos para la organización de dicha milicia a través de su nombramiento como altos militares de ella12. Igualmente, Cosimo confiará en dichos personajes para el control de las fortalezas más allá de los años en los que estuvieron éstas bajo jurisdicción imperial y, ante la falta de documentación conocida sobre ello por parte de la historiografía local, es posible citar la relación al Senado del embajador veneciano Lorenzo Priuli en 1566, «per mantenersi [il Duca Cosimo] la grazia del re [Filippo II], mostra di stimare e fidarsi nella nazione spagnuola per guardia delle sue fortezze di Fiorenza e di Livorno»; posteriormente Andrea Gussoni, también embajador veneciano en Florencia, en su relación al Senado de 1576 declara igualmente sobre las defensas de la ciudad de Florencia en el modo siguiente, «Tiene il granduca [Francesco I] in San Miniato per guardia quaranta Spagnuoli, e nel Castello [Fortezza da Basso] cento della medesima nazione, e fa questo il principe come cosa principata dal padre, che voleva con questo mezzo gratificare quella nazione, dimostrando confidenza in essa» (Alberi 1841: 81). La presencia en Florencia de estos militares no ha sido nunca puesta en evidencia, debido fundamentalmente a la inexistencia de documentación acerca del aparato militar del período, y sin embargo es elevada su importancia política y su prestigio social. Un ejemplo de ello es el capitán español Hernando Sastre, quien siendo capitán de las tropas de la fortaleza de San Giovanni en 1580, había alcanzado una notable posición social en la ciudad desde los años cuarenta, tomando parte muy activa, junto a otros militares españoles, en la guerra de Siena. Llega a ser comendador de la orden de Santo Stefano y su posición social e interés por la cultura local se ve reflejado en la comisión a uno de los pintores más importantes del momento, Santi di Tito, de la obra del Compianto davanti al Cristo Morto. Volviendo a la fortaleza, si ésta pasa a jurisdicción imperial a inicios de 1537 y aún no estaba finalizada, los trabajos de terminación pasan a tener como comitente de ellos al emperador a través de su representante y no a Cosimo de’Medici. En noviembre de 1537 llega a la ciudad Lope Hurtado de Mendoza, hombre de confianza del emperador en Italia, quien se hace cargo de Margarita de Austria, confirma definitivamente a Cosimo I a través de un privilegio imperial y toma posesión de la fortaleza en nombre de Carlos V.13 Sin pertenecer a alguna de las ramas mayores, Lope Hurtado de Mendoza (1499-1558) era miembro del ilustre clan Mendoza conocido, desde mediados del siglo XV, por tener un papel relevante en la apreciación de la cultura humanística, y desde finales del siglo por el especial interés por la arquitectura italiana de vanguardia.14 Desde la muerte de su padre es nombrado Señor de la Bujada, cerca de Miranda de Ebro; sin embargo, anteriormente, al no poseer el mayorazgo de su Casa buscó fortuna mediante la carrera en la corte imperial llegando a ser miembro del Consejo del Reino, gobernador de Orán, embajador ante las cortes de Roma, Alemania y Portugal (Layna Serrano 1993-1996) y mayordomo mayor de Margarita de Austria.15 Es seguramente él, por lo tanto, y no Cosimo I, quien encarga a importantes artistas presentes en el panorama florentino, Raffaello da Montelupo y Niccoló Tribolo, esculpir los emblemas en piedra del emperador y del Duque que serán colocados antes de finales de 1537, como testimonia una carta del propio Nanni Unghero a Antonio da Sangallo de 29 de diciembre (Gurrieri y Mazzoni 1990, 118). La aportación de este personaje español, del cual poco o nada es conocido de su pa1136 C. Plaza
pel político o diplomático en la Italia de la época, no se ciñe solamente a estos encargos escultóricos sino que es posible realizar la hipótesis de su relación con aquello que ha sido reconocido, junto a la cuestión de los bastiones angulares, como uno de los éxitos arquitectónicos del propio edificio: el revestimiento almohadillado del bastión hacia la ciudad y el mastio central, el cual ha sido considerado por N. Adams y S. Pepper como «one of the most remarkable pieces of sixteenth-century rustication» (Adams y Pepper 1994), siendo construido al decir de Vasari, «per rispetto dell’impresa de’Medici, é fatta a punte di diamanti e palle schiacciate» (Vasari-Milanesi, I, 129). Aunque si Vasari menciona, en la introducción a la arquitectura de su más famosa obra, come este tipo de almohadillado «fa bellisimo vedere» no lo menciona expresamente como diseñado por Antonio da Sangallo el Joven en la vida de éste al referirse al encargo del proyecto de la fortaleza (Vasari-Milanesi, V, 462). Que sea Antonio da Sangallo el autor del diseño del almohadillado está fuera de toda duda sea por la propia genialidad como por la existencia del dibujo del arquitecto que representa la solución de revestimiento finalmente proyectada y seguramente dirigida a los directores de la obra o quizás al comitente en Florencia (Figura 2). Sin embargo, aceptando que la terminación de los trabajos no corresponde a finales de 1535, sino que el edificio aparece por terminar ante los ojos de Carlos V en mayo de 1536 y que trabajos de embellecimiento y ornamentación son posteriores a la toma de posesión de Lope Hurtado de Mendoza en noviembre de 1537, es posible realizar la hipótesis de que el revestimiento del bastión hacia la ciudad sea coetáneo a los últimos trabajos de acabado, embellecimiento y ornamento del edificio y que por lo tanto no se ejecute en 1535 cuando el edificio se encontraba en un fase intermedia aunque definida en su perímetro amurallado. Así, el interlocutor del arquitecto en la definición del acabado último del edificio, no sería ninguno de los dos primeros duques de Florencia sino Lope Hurtado de Mendoza, quien ostentaba el importante y potente cargo, dada la precaria situación política del joven Duque de Florencia, de representante de Carlos V y jefe de la milicia que controlaba la ciudad desde la fortaleza. La relación entre el arquitecto y el español no está documentada pero para encontrar una conexión entre la solución final proyectada por Antonio da Sangallo y quien proponemos como comitente o hábil interlocutor de éste en la fase proyectual, es preciso analizar el almohadillado como solución compositiva de paños de muralla en la arquitectura militar entre Italia y España. El revestimiento de la torre de una fortaleza con un robusto almohadillado —al menos la parte alta— la encontramos en el tratado de Francesco di Giorgio como una solución ya en la mente de quienes se dedicaban a la arquitectura militar del último cuarto del siglo XVI,16 pero sin ser efectivamente ejecutada. El celebrado recurso compositivo ideado por Antonio da Sangallo tiene su genialidad en la unión entre la firmeza y solidez que aporta el revestimiento pétreo al bastión central hacia la ciudad, y a la vez la componente arquitectónica de la composición a través de bolas que sobresalen del Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española 1137 Figura 2 Antonio da Sangallo el Joven, Dibujo de la solución compositiva final del almohadillado de la fortaleza, 1537-1539. GDSU, 762A (de Frommel-Adams 1994)
plano murario, las cuales a través de una posición desplazada en filas alternas y separadas por sillares en forma de puntas de diamante con poca altura perpendicular al plano de fachada producen un interesante ritmo en el cuerpo bajo del bastión principal que se repite en el mastio que asoma amenazante sobre la ciudad. En esta solución, arquitectura y escultura se unen en el proyecto de la piel ciudadana de un elemento tan agresivo para la propia ciudad como la fortaleza, la cual simboliza, como advierte John Hale, «The end of the Florentine liberty» (Figura 3). Si los sillares en punta de diamante, como hemos visto, son una solución que podemos encontrar ya ideada por arquitectos en sus proyectos de fortificación, las bolas pétreas aplastadas son reconocidas como una invención compositiva de Antonio da Sangallo que tendrá gran fortuna crítica a comenzar por el propio Vasari. Sin embargo, una solución de sillares que conforman el revestimiento de grandes obras de fortificación es posible encontrarla en España, concretamente en uno de los más importantes ejemplos de arquitectura militar construida en el último cuarto del siglo XV, el castillo de Manzanares el Real, donde a la avanzada configuración arquitectónica de su implantación es posible añadir un refinado revestimiento pétreo que tendremos ocasión de observar con atención (Figuras 4, 5). Los territorios de Manzanares el Real entran en posesión de Iñigo López de Mendoza en 1449 cuando es recompensado por sus acciones en favor de Juan II con los títulos de marqués de Santillana y conde del Real de Manzanares (Nader 1979, 70). El primer marqués de Santillana (1398-1458), sin duda uno de los personajes clave del siglo XV español, es considerado como el introductor del interés artístico y por la arquitectura en el linaje Mendoza y será su hijo Diego Hurtado de Mendoza (1417-1479), primer duque del Infantado, quien encargue construir el castillo del Real de Manzanares a Juan Guas antes de 1475, finalizándose en 1483 y representando una de las construcciones más importantes de la arquitectura tardogótica castellana.17 Una vez construido, el castillo permanecerá como una referencia por su configuración arquitectónica de vanguardia para la arquitectura militar así como representará el poder político del linaje Mendoza en uno de los territorios estratégicos y de paso obligado entre la baja Castilla y los dominios castellanos y las ciudades más importantes del norte del Reino. Al moderno proyecto de castillo de planta cuadrangular con cuatro torres circulares y una torre del homenaje, se une el refinado proyecto del patio porticado en dos niveles de altura que denota una cultura arquitectónica muy avanzada. Una característica importante del castillo es la introducción en la composición arquitectónica de los paños de muralla exteriores con elementos lapídeos muy cualificados y de diseño unitario con el entero proyecto, entre los que destacan sillares de piedra en forma de bolas incrustadas en los cuerpos de terminación de las torres angulares y el cuerpo octagonal de la torre del homenaje. En torno a ésta, existe una galería cuyo revestimiento exterior está compuesto por sillares en forma de pronunciada punta de diamante, similar, aunque con diferente composición de conjunto, a los sillares del palacio del Infantado de Guadalajara (1480-1502). Así, el revestimiento pétreo de las torretas y de la gran mole de la torre del homenaje se presentaba a finales del siglo XV en Castilla como una gran invención compositiva ligada al clan Mendoza que sin embargo no tuvo gran repercusión en la posterior arquitectura militar castellana, quizás por un elevado coste material, porque requiriese una elevada pericia técnica o quizás por su simbología como solución arquitectónica ligada al grupo de poder castellano. Es por lo tanto este diseño de Juan Guas un precedente 1138 C. Plaza Figura 3 Bastión central y mastio de la Fortaleza de Florencia (de Gurrieri y Mazzoni 1990)
para la solución compositiva de Antonio da Sangallo en la fortaleza de Florencia, siendo el enlace entre ambas obras arquitectónicas Lope Hurtado de Mendoza quien, a través de la sinergia propia de un refinado comitente, habría valorado junto al arquitecto florentino el revestimiento de la gran obra arquitectónica a partir de 1537, siendo éste finalmente quien consiguiese armonizar la composición del revestimiento pétreo de conjunto con la fortaleza en vías de terminación. Al decir de F. P. Fiore, en el proyecto de la Fortezza da Basso «è intervenuta una fondamentale maturazione, legata agli anni di guerra precedenti ed agli scambi avuti da Antonio con committenti ed altri architetti militari» (Fiore 1986, 335). Así, a los genéricos intercambios con comitentes y militares presentes en la Italia de la primera mitad del siglo y referidos a la génesis del proyecto de conjunto, es preciso añadir el intercambio particular con Lope Hurtado de Mendoza con respecto a la solución de revestimiento del bastión sur hacia la ciudad y el mastio de la fortaleza florentina. La datación del dibujo del proyecto del almohadillado ha sido establecida en 1535 colocando como terminus ante quem la finalización de los trabajos en diciembre de ese año (Adams y Pepper 1994) y, no siendo conocido otra representación de la solución de almohadillado en los dibujos que representan el iter proyectual del edificio datado a los años precedentes, es posible reconducir el dibujo a unos años más tarde, concretamente entre finales de 1537 y 1539. Como consecuencia de lo anteriormente expuesto y de la hipótesis sostenida en este estudio, la simbología hasta ahora considerada de las «palle schiacciate» como evidente signo medíceo —procedente de la mención de Vasari— es necesario reconsiderarla hacia quizás una puesta en común entre el signo medíceo y una solución compositiva ya conocida en ambiente hispánico y que evoca —y quizás celebra— el poder que el linaje mendocino ostentaba dentro de la organización imperial de Carlos V. LA CIUDADELA ESPAÑOLA DE SIENA En Siena, bajo el dominio político hispánico desde 1526 y hasta que el estado de Siena es enfeudado a Cosimo I por parte de Felipe II en 1557, la presencia española no era en cambio vista con buenos ojos por parte de la población y el gobierno de la ciudad de tradición republicana. Éstos demostraban una actitud hostil ante la guarnición española y ante el gobernador que desde 1547 es Diego Hurtado de Mendoza. Al igual que Lope, Diego (1504-1575) pertenecía al numeroso clan Mendoza, pero a diferencia de aquél, Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española 1139 Figuras 4 y 5 Castillo de Manzanares el Real, vista general y detalle de una de las torretas
era uno de sus más importantes representantes. Bibliófilo, literato y diplomático como embajador de Carlos V en Inglaterra, Venecia, Roma y Trento, era hijo del Gran Tendilla y uno los personajes españoles más cultos de cuantos se movían en torno a la figura de Carlos V y poseían responsabilidades políticas y diplomáticas en Italia.18 Poco es conocido sobre su paso por Siena y su posible relación con el interesante ambiente cultural, artístico y arquitectónico sienés. Su aportación más evidente en la ciudad es la fortaleza que es construida por las tropas españolas y que será destruida en gran medida a partir de julio de 1552. La destrucción es fruto de la sublevación popular que obliga a la guarnición española a refugiarse en la ciudadela y, tras el asedio de ésta por parte de la ciudadanía, es pactada la expulsión de las tropas de la ciudad.19 Tras ello y la política filo francesa del gobierno republicano, el emperador declara abiertamente la guerra a la ciudad recayendo el peso de ésta en las tropas de Cosimo I quien, tras 2 años de contienda, conquista la ciudad en 1556 y finalmente el estado en 1559. Con posterioridad, es bien conocido su empeño por la construcción de una fortaleza sobre los restos de aquella española para asegurar el control ante ulteriores sublevaciones. La construcción de ésta es encargada al urbinés Baldassare Lanci, uno de los ingenieros militares de los que el Duque se servía para la gran operación de renovación de todas las fortificaciones del vasto ducado de Florencia junto a Giovan Battista Belluzzi, Giovanni Camerini o Simone Genga y otros arquitectos involucrados en arquitectura militar como Bernardo Buontalenti.20 El iter constructivo de la fortaleza medícea de Siena es bien conocido y comienza con la puesta de la primera piedra el 6 de marzo de 1561 y puede considerarse completada a finales de noviembre de 1563 (figura 6).21 La ciudadela española sobre la que surgirá esta construcción es menos conocida, y aún si existen algunas 1140 C. Plaza Figura 6 O. Warren, Pianta della Fortezza di Siena, 1749 (de Warren [1749] 1979)
fuentes gráficas y varios estudios han afrontado su génesis política así como su proyecto y construcción;22 su iter proyectual y constructivo, el papel de los personajes implicados en ellos, e incluso su relación con la posterior construcción fortificada medícea merecen aún mayor profundización. La fortaleza, tal y como es posible conocer a través de las fuentes gráficas, aparece con una configuración arquitectónica a modo de dos cuerpos bien diferenciados formando entre ellos un ángulo de sesenta grados, ubicándose el primero en posición más alejada de la ciudad y expuesto a los asediantes, y el segundo con función de conexión de la ciudadela con la muralla de la ciudad. El perímetro murario se extendía por cerca de 1200 metros, comprendiendo cinco bastiones ubicados en los ángulos del polígono irregular que se adapta con gran pericia a la topografía de la zona al oeste de la ciudad sin comprometer la eficacia defensiva (figura 7) (Adams y Pepper 1986, 76). A través de escasa pero preciosa documentación archivística inédita es posible tener mayor conocimiento sobre esta fortaleza proyectada en el seno de las tropas españolas en Siena bajo el mandato de Diego Hurtado de Mendoza, algo que resulta importante para conocer la real implicación de este personaje español en el proyecto de la fortaleza e igualmente para un mayor conocimiento del proyecto posterior de Baldassare Lanci. A través del carteo del gobernador español con Cosimo I y de éste con sus más cercanos colaboradores, apreciamos un gran interés de Diego en relación a las fortificaciones toscanas del Duque e incluso a través de una carta de éste, vemos como es el propio Diego a comisionar a Cosimo en 1548 el inicio de la construcción del gran complejo fortificado de Portoferraio en la Isla de Elba,23 comenzándose la construcción escasamente 20 días después (28 de abril de 1548) de la carta del español, bajo el proyecto de G. B. Belluzzi. Poco después, en noviembre de ese mismo año, las buenas relaciones entre el gobernador de Siena y el Duque se hacen patentes a través del envío de diferentes regalos por parte de este último, entre los que se cuenta un «libro de architettura» que había sido solicitado por Diego24 y que no serviría para ampliar su gran biblioteca,25 sino para contribuir a sus conocimientos en arquitectura militar con el objetivo de aplicarlos a las fortalezas toscanas bajo dominio español. De febrero de 1549 se conserva un memorial donde el gobernador ordena a los oficiales de Balia, un órgano de gobierno republicano, mejorar las defensas según sus criterios y a proceder a la organización de las fortalezas de Orbetello, Porto Ercole y Talamone bajo jurisdicción española.26 A través de una misiva de Cosimo a su enviado a la corte imperial, Bernardo de’Medici, sabemos cómo Diego quiere «dar principio alla fortezza [de Siena]» en enero de 1550.27 En septiembre se obtiene la financiación pero los trabajos no son iniciados posiblemente por la falta de un proyecto de conjunto,28 pidiendo para ello el gobernador de nuevo el libro de arquitectura que le había sido prestado anteriormente por Cosimo solicitándole igualmente al Duque el servicio del ingeniero militar sienés Giovan Battista Peroli al cual «yo le podría hazer algún bien en esta fábrica y él es tan provechoso como un libro».29 El libro de arquitectura, es usado por Diego «per conto del fortificare» y aún si Cosimo expresa dudas sobre el préstamo, finalmente le hace llegar el libro en octubre de 1550, solicitando posteriormente su restitución en 1554.30 Este libro es usado por el gobernador para estudiar el proyecto que ya Giovan Battista Pelori había elaborado y que a finales de septiembre de 1550 el gobernador envía a la corte imperial en Augusta para que lo supervisara el ingeniero militar Giovan Battista Romano31. Giovan Battista Pelori (1483-1558) fue un ingeniero militar sienés que realizó numerosas fortificaciones fundamentalmente en Italia, pero también fuera de ella. Fue alumno de Baldassare Peruzzi en Roma, trabajó en España para Carlos V (1528) y para Ferrante Gonzaga en Milán (1547), así como participó en la construcción de las fortalezas adriáticas con especial interés a la prosecución de las obras en Fano Arquitectura militar en Italia en el siglo XVI y la aportación española 1141 Figura 7 F. de Marchi (atribuido), Cittadella di Siena in Toscana (de Adams y Pepper 1986)