scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El patrimonio activado. Patrimonialización y movimientos sociales en Andalucía y la ciudad de México

Hernández Ramírez, Javier

Abstract

En este trabajo centraremos nuestra atención en el fenómeno, que hemos denominado “patrimonialismo”, atendiendo en primer lugar al contexto social que lo hace posible, para posteriormente trazar una caracterización general y establecer por último una comparación entre distintas entidades que operan en la ciudad de México y en algunas zonas de Andalucía.

Full text

DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 El patrimonio activado. Patrimonialización y movimientos sociales en Andalucía y la ciudad de México Javier Hernández Ramírez* La vida del patrimonio cultural Q uizá resulte reiterativo apuntar una vez más que el patrimonio cultural es una construcción social; sin embargo, a la vista de los discursos hegemónicos que otorgan a los bienes culturales un carácter sagrado e inmutable, parece pertinente insistir en que detrás de cada elemento patrimonial socialmente reconocido ha operado un proceso de activación que lo eleva a la categoría de símbolo colectivo, pudiendo éste representar una noción de belleza universal y permanente, un vestigio o reliquia de un pasado inalcanzable o una tradición que vincula a los vivos directamente * Universidad de Sevilla, España. Este trabajo se inserta en el proyecto de investigación “Patrimonio cultural, movimientos sociales y construcción de la identidad andaluza”, inanciado por la Fundación Centro de Estudios Andaluces (centra, ref. ATPA1.05/063), y el trabajo de campo en la ciudad de México fue realizado en 2006 gracias a una estancia de investigación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah), inanciada por la Secretaría de Relaciones Exteriores (sre) del gobierno de México. Esta investigación no hubiera sido posible sin el apoyo del grupo de investigadores dirigido por el doctor Elio Masferrer y del equipo directivo de la enah, que en todo momento facilitaron los medios de que dispone esta notable institución académica. 8DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 con sus antepasados. En todos los casos al bien se le atribuye un valor intrínseco sin revelarse el proceso social que lo activó, los actores que intervinieron directamente en su reconocimiento ni las contradicciones y conflictos sociales derivados del mismo. Al final se presenta como encarnación colectiva, como imagen fija y símbolo de la identidad de un grupo que comunica una versión esencial del nosotros, ya sea para aglutinar la diversidad negando la diferencia, ser consumido como un producto atractivo por su singularidad en el mercado turístico y de ocio o actuar como instrumento de resistencia a las dinámicas globalizadoras. Este “milagro social”, mediante el cual un elemento de la cultura adquiere un nuevo signiicado como símbolo colectivo que sacraliza una determinada interpretación de la historia y la realidad o representación de una idea sugerente de pureza o autenticidad, es el resultado de la acción política y/o empresarial consciente de grupos e intereses concretos. Estamos por tanto ante un proceso de selección patrimonial, que persigue el consenso social de los grupos a los que se dirige o sencillamente crear un producto de mercado acor de con las expectativas de los consumidores. Corresponde al antropólogo analizar estos procesos de patrimonialización, lo que supone deconstruir el patrimonio cultural en su contexto social como un proceso dinámico y dialéctico, y determinar los grupos e intereses que intervienen en las activaciones patrimoniales —tanto los promotores como los detractores—, así co mo los distintos signiicados atribuidos a los bienes culturales que pueden estar en conlicto. Esta perspectiva cientíica implica también el estudio de “la vida del patrimonio”, que consiste en analizar la evolución de los signiicados tanto dominantes como minoritarios de los bienes y las causas socioculturales de las desactivaciones patrimoniales, es decir, de los procesos por los cuales determinados elementos dejan de ser reconocidos como patrimonio cultural. No es posible entender el patrimonio cultural aislándolo de los contextos sociales, políticos y de mercado en los que es interpretado e instrumentalizado. Por ello en el análisis se deberían tener presentes, simultáneamente y en toda su complejidad, las políticas de las administraciones, las demandas sociales de autenticidad y la lógica del mercado que transforma la singularidad cultural en un bien de cambio cada día más cotizado. Son grupos empresariales, políticos y entidades ciudadanas los tres actores principales que intervienen con objetivos e intereses distintos en los procesos patri- 9 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... monializadores y desactivadores, conformando una intrincada red de alianzas y conlictos en la que la comunidad cientíica participa avalando con su autoridad socialmente reconocida los discursos hegemónicos o aportando argumentos alternativos y reairmadores a otros sectores. No hay duda de la rentabilidad política del patrimonio cultural. Esto, que es evidente desde la modernidad y la creación del Estadonación, cobra hoy aún más relevancia. Desde inales de los ochenta del siglo xx el poder político recurre crecientemente al patrimonio cultural promoviendo nuevas activaciones. En esta “histeria patrimonial”1 se enfatizan sobre todo los aspectos diferenciales, lo cual es, paradójicamente, una especie de “patología global” presente en las políticas públicas locales, regionales, estatales e incluso supraestatales, como es el caso de la Unión Europea. No sería exagerado señalar que la insistencia global en lo particular es un signo de nuestro tiempo. A cada pueblo, ciudad o Estado que aspire a estar presente en este mundo globalizado se le exige, por ejemplo, que tenga su propia gastronomía, poseer monumentos históricos emblemáticos o contar con alguna tradición particular, lo que genera una dinámica patrimonializadora vertiginosa. Cuando esto no es posible, la singularidad es sencillamente inventada mediante recreaciones temáticas, una arquitectura novedosa (fenómeno que bien podríamos denominar neo-monumentalismo) o cualquier mega-evento, para así ofrecer una imagen distintiva del lugar en el mercado global. Por ello no debería sorprendernos la obsesión conmemorativa que existe en nuestra época, en la que todo acontecimiento que se considere con potencialidad para atraer visitantes y reforzar la identiicación colectiva es festejado y espectacularizado, aun cuando alguno de ellos genere cierto asombro y extrañeza por el despliegue de medios humanos y económicos utilizado para su celebración. Son muchos los casos que ilustran el recurso del espectáculo con ines políticos, en los que a través de la conmemoración se procede a la patrimonialización de nuevos referentes colectivos. Por ejemplo, en la localidad andaluza de Almonte (Huelva) en 2004 se celebró el V Centenario de la Saca de las Yeguas, una práctica tradi1 P. Peixoto, “Os meios rurais e a descoberta do patrimonio”, 1998, cit. en X.C. Sierra y X. Pereiro (coords.), “Patrimonio cultural: politizaciones y mercantilizaciones”, en X Congreso de Antropología, 2005. 10 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 cional consistente en desplazar hasta el pueblo, para su manejo y comercialización, el ganado equino que pasta en condiciones de semilibertad en las marismas de Doñana. La efeméride se justiica por el hallazgo de unas ordenanzas del duque de Medina-Sidonia sobre gobierno en su jurisdicción en las que por primera vez se hace referencia escrita a la actividad, aunque no hay duda de la mayor antigüedad de la misma. Sin embargo, esta interpretación histórica se ha convertido en el discurso autorizado que se utiliza estratégicamente para convertir, a través de la conmemoración festiva, una ac ti vidad ganadera en una tradición con fecha ija de origen con la que se pretende identiicar a todo el vecindario. Todo ello ha supuesto una inversión económica considerable, la edición de libros y folletos de divulgación, la solicitud municipal a la Junta de Andalucía de la inscripción de la actividad en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, y la transformación de la práctica ganadera en una iesta anual que se difunde en los medios de co mu nicación como una exótica costumbre persistente en plena moderni dad. De modo similar, en 2006 se celebra en la ciudad castellana de Valladolid el V Centenario del fallecimiento de Cristóbal Colón con un completo programa de actos para mayor gloria de la misma, orgullo de sus vecinos y de paso atraer turistas.2 En esta obsesión por la particularización y mediante el recurso del espectáculo, las distintas administraciones refuerzan el carácter cuasi-sagrado de los referentes preexistentes y promueven procesos de patrimonialización de nuevos elementos, extrayéndolos tanto de la historia como del arte, las costumbres o las tradiciones. La selección de nuevos símbolos colectivos se suele acompañar de un discurso en el que se resalta que los bienes constituyen un “patrimonio de todos”, una herencia única y valiosa cuya preservación corresponde al poder político, lo que legitima su función ante los ciudadanos, eludiéndose así la problemática que subyace a la diversidad cultural y velando “bajo el traje regional las contradicciones y conlictos, nada cómodos para el sistema, que se ocultan en las personas y en los grupos que llevan el traje”.3 El actual papel del 2 La cursiva es nuestra. En los actos de exaltación de la igura del navegante no se realiza una revisión crítica a su vida y obra, resaltándose únicamente la noticia de su fallecimiento en la ciudad, el 20 de mayo de 1506. 3 M. Gondar y Lourdes Méndez (coords.), “Política cultural: iniciativas de las administraciones, respuestas de los administrados”, en X Congreso de Antropología, 2005, p. 31. 11 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... Estado y de las administraciones poco diiere del operado en épocas anteriores, en las que el poder político intervenía como garante del patrimonio y el patrimonio mismo se utilizaba como símbolo visual o “heráldica del poder”, que hace visible y legitima la existencia y acción del mismo ante los ciudadanos.4 Pero lo que caracteriza a nuestra época es que el poder político interviene no sólo patrimonializando la cultura, sino que además convierte lo distinto y autóctono en mero espectáculo de consumo. Este modo de proceder es el mismo que aplica el mercado al presentar las culturas como productos coherentes, cerrados y armónicos, sin isuras ni contradicciones sociales de naturaleza étnica, de género o de clase, para el ocio y la diversión tanto de la población autóctona como de la visitante. Por la vía emotiva, mediante una cuidada presentación de imágenes gracias al empleo de efectos especiales, el poder político consigue acrecentar la eicacia simbólica de los discursos de identiicación colectiva que subyacen al patrimonio cultural, al tiem po que incorpora los lugares donde gobierna en el mercado global de lo simbólico. Precisamente el mercado es hoy la fuerza dominante en los procesos de activación patrimonial. Como acertadamente indica Mo reno,5 en el contexto actual de globalización la lógica de mercado se ha constituido en el “absoluto social” dominante que está presente en todo el mundo y tiende a regular bajo sus leyes todas las relaciones sociales, mercantilizando también la cultura y el patrimonio cultural como productos que circulan y se intercambian. En esta lógica global, en la que se comercializan a escala planetaria no sólo productos materiales, sino también elementos intangibles co mo imágenes e ideas, el mercado se convierte en el principal agente ge nerador de nuevos patrimonios, recurriendo a la “festivalización, espectacularización y souvenirización”6 como efectivos mecanismos para transformar los bienes culturales en productos atractivos y sugerentes, que son consumidos tanto por los habitantes locales como por la población visitante ávida de autenticidad dentro de lo que viene a denominarse turismo cultural. Tras lo planteado hasta ahora, estamos totalmente de acuerdo con Sierra y Pereiro cuando indican que es necesario analizar trans4 C. Sierra y X. Pereiro, op. cit. 5 I. Moreno, Isidoro, La globalización y Andalucía. Entre el mercado y la identidad, 2002. 6 C. Sierra y X. Pereiro, op. cit. 12 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 culturalmente los procesos de mercantilización y politización del patrimonio cultural para mejor entender la actual “iebre patri mo nializadora”;7 sin embargo, este análisis transcultural estaría incompleto si no se acompañara del estudio de los movimientos sociales de muy diverso signo centrados en la defensa del patrimonio cultural. El fenómeno no es en absoluto marginal, aunque sí relativamente reciente y complejo, ya que comienzan a proliferar por muchos rincones del planeta organizaciones que reivindican la defensa del patrimonio cultural, se apropian simbólicamente de referentes preexistentes y proceden a patrimonializar otros nuevos. Atender a las organizaciones que recurren a la defensa del patrimonio cultural y a la producción de nuevos símbolos colectivos hace más visible el carácter construido, dialéctico y dinámico del mismo. Como trataremos de demostrar en este artículo, la salvaguardia y activación del patrimonio cultural que promueven estas entidades se enmarca en una estrategia de reairmación (étnica, local o intra-local) y de oposición a dinámicas desterritorializadoras consustanciales a la globalización. En las siguientes páginas centraremos nuestra atención en este fenómeno, que hemos denominado “patrimonialismo”,8 atendiendo en primer lugar al contexto social que lo hace posible, para posteriormente trazar una caracterización general y establecer por último una comparación entre distintas entidades que operan en la ciudad de México y en algunas zonas de Andalucía. Patrimonio cultural y sociedad El asociacionismo centrado en la defensa del patrimonio cultural es la punta del iceberg de un fenómeno que se expande socialmente9 y constituye uno de los rasgos más representativos de la contemporaneidad: el apego al pasado, el deseo de recuperar la memoria, la 7 Ibidem, p. 9. 8 Javier Hernández, “El patrimonio en movimiento. Sociedad, memoria y patrimonialismo”, en Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, t. XLVII-XLVIII, 2004, pp. 195-224; véase del mismo autor “De resto arqueológico a patrimonio cultural. El movimiento patrimonialista y la activación de testimonios del pasado”, en Boletín Gestión Cultural, núm. 11, Barcelona, Portal Iberoamericano de Gestión Cultural (www.gestioncultural.org), 2005. 9 Antonio Ariño, “La expansión del patrimonio cultural”, en Revista de Occidente, núm. 250, marzo de 2002, pp. 129-150. 13 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... exaltación de las tradiciones y, consecuentemente, la necesidad de poner en valor y asegurar la protección de los bienes considerados más signiicativos que atestigüen la singularidad y enaltezcan a cada cultura y sociedad. Es cierto que desde los inicios de la modernidad surge una preocupación social por el patrimonio cultural que incluso llega a materializarse en grupos organizados10 y que el Estado-nación hace un uso político del mismo difundiéndolo entre la población a través de instituciones públicas, principalmente museos. Sin embargo, hasta hace unas pocas décadas el patrimonio cultural era un aspecto secundario en las preocupaciones políticas, así como un terreno prácticamente circunscrito a los criterios de expertos profesionales que apenas despertaba el interés de la ciudadanía. Hoy, sin embargo, se ha convertido en un tema central que está presente en muchos foros en los que se debate no sólo la conservación de determinados bienes singulares, sino también el modelo de sociedad que queremos para el presente y para el futuro. Las referencias al patrimonio aparecen en todos los ámbitos de la vida social, afectando cuestiones aparentemente muy diferentes, tales como la deinición de los derechos colectivos, los usos sociales de los bienes, la planiicación urbanística, la protección medioambiental, la organización territorial, los modelos de desarrollo económico o la mercantilización turística. En las páginas centrales de los diarios y en las horas de mayor audiencia de las emisoras de radio y televisión locales son frecuentes las intervenciones de políticos, técnicos, representantes de entidades vecinales y ciudadanos que discuten sobre el valor o el estado del patrimonio; al mismo tiempo, se incrementan los artículos de opinión y los programas radiofónicos y televisivos en los que se ensalza el valor de un determinado monumento, de alguna iesta, de tal costumbre o una artesanía singular. Todo muestra que este no es un asunto baladí y elitista que interese sólo a intelectuales, académicos y políticos, sino que es un complejo tema transversal que afecta los cimientos de la propia sociedad. Como hemos sostenido en anteriores trabajos,11 este apego por la historia, el patrimonio y el lugar es la expresión de un sentimien10 Javier Hernández, op. cit., 2004. 11 Javier Hernández, “Patrimonio cultural y movimientos sociales urbanos”, en Actas del IX Congreso de Antropología Social, 2002; Javier Hernández, op cit., 2004; Javier Hernández, op cit., 2005. 14 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 to de disolución de los vínculos sociales en un “mundo desbocado”,12 en el que la comunidad simbólica territorial ha perdido ya deinitivamente su papel como lugar preferente de socialización, información, experiencia y seguridad. Es una percepción de desanclaje o desarraigo en la que lo propio: la cultura, la identidad, la historia, el patrimonio..., se encuentra en una situación de riesgo, lo que convierte a los testimonios colectivos más emblemáticos en bienes muy apreciados. Esta desterritorialización es el resultado de un proceso iniciado en la modernidad, por el que la capacidad de las fuerzas del lugar para inluir y decidir sobre sus destinos es cada día más escasa, ya que “el poder se ha convertido en algo extraterritorial”13 y, lo más importante, la localidad ha perdido centralidad como ámbito preferente para forjar una experiencia vital dentro de un entramado de relaciones sociales estables, porque aunque los vínculos vecinales no han cesado, su carácter es cada vez más efímero, débil e inestable, y su continuidad en el tiempo no está en absoluto asegurada. Por todo ello, la experiencia espacio-temporal sólida propia de etapas pasadas se ha hecho inviable, se resquebraja, ya que nada permanece demasiado tiempo en el lugar como […] para familiarizarse con ello y para convertirlo en el envoltorio acogedor, seguro y confortable que las identidades hambrientas de comunidad y sedientas de hogar han buscado y esperado encontrar [...] En resumen: se han acabado la mayoría de los puntos de referencia constantes y sólidamente establecidos que sugerían un entorno social más duradero, más seguro y más digno de conianza que el tiempo que duraba una vida individual.14 Ante el vértigo y temor de disolución de las raíces que producen los profundos y acelerados cambios, los individuos se refugian cada día más en lo que consideran real, auténtico y comprensible: la naturaleza, las tradiciones, las costumbres, y todo aquello que los entronca en un lugar determinado. En esta dinámica, la relevancia actual del patrimonio cultural estriba en sus funciones como factor de cohesión e instrumento simbólico para el reconocimiento, el reforzamiento y la perpetuación de la “comunidad”. Obviamente, en los lugares donde estos procesos de disolución de las comunidades 12 Anthony Giddens, Un mundo desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas, 2001. 13 Daniel Innerarity, La sociedad invisible, 2004, p. 110. 14 Zygmunt Bauman, Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil, 2003, pp. 57-58. 15 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... simbólicas se han vivido de forma más radical y se extiende socialmente un sentimiento local de apego a la memoria del grupo es donde brota con más fuerza el movimiento patrimonialista. Dentro de su diversidad, las organizaciones de este tipo coinciden en desplazar el énfasis del futuro o el cambio histórico (característico en organizaciones de la modernidad como el partido o el sindicato) hacia la cultura, el pasado y la identidad,15 actuando relexivamente en la creación o reforzamiento de comunidades simbólicas en un proceso que podríamos deinir como de “reterritorialización”, para así tratar de recuperar la seguridad perdida y frenar la incertidumbre. En tal empresa se procede al rescate de la historia (local, intralocal o étnica), la revalorización de la memoria de grupos concretos, la defensa de testimonios signiicativos del pasado y la patrimonialización de nuevos símbolos comunitarios. La singularidad de la ciudad de México La ciudad de México es una de las más importantes megalópolis del mundo. Sus magnitudes son tan espectaculares que el propio concepto de ciudad es insuiciente para deinir esta compleja rea lidad. En este vasto espacio, que abarca las dieciséis delegaciones del Distrito Federal y varios municipios conurbados del Estado de México, habitan cerca de veinte millones de personas, muchas de las cuales proceden del interior del país, llegaron en distintas oleadas, especialmente a partir de la década de los cuarenta, y se han asentado en diferentes puntos. Desde entonces México se consolida como la ciudad del automóvil, siendo este medio de transporte el que modela el diseño urbano a través de la construcción de vías rápidas (anillos periféricos, circuitos, ejes viales) que favorecen la expansión urbanística y la ocupación de una supericie que hasta mediados del siglo pasado se dedicaba sobre todo a usos agropecuarios. La imagen actual de la ciudad, en la que domina el automóvil sobre el peatón, con sus autopistas urbanas de ocho o más carriles en distintos niveles de altura, y donde casi a diario aparecen desordenada y casi espontá15 David Harvey, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, 1990, p. 234; Enrique Laraña y Joseph Gusield (eds.), Los nuevos movimientos sociales. De la ideología a la identidad, 1994. 22 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 Sobre este asunto en la realidad mexicana ha relexionado agudamente Jesús Antonio Machuca, cuyas conclusiones son aplicables también a ciertas visiones del conservacionismo en Andalucía: Pero las concepciones más conservacionistas, no dejan de tener un aspecto erosionador […], pues, si por un lado se insiste en la defensa del área patrimonial, mostrando la preocupación por la preservación de la unidad original del entorno […] propugna por otra parte, por el retiro de los talleres, las herrerías; el no hacer uso de la vía pública para la prestación de los servicios, o realizar trabajos y reparaciones, con lo cual se desaloja a la superpoblación lotante que labora en ese lugar y al sector popular del pequeño artesanado y comercio […] De hecho se desemboca en la visión museística y contemplativa de la zona patrimonial que se critica y echa a patadas por la puerta de servicio, lo que había anunciado triunfalmente con la entrada inicial.29 En lo que también coinciden el conservacionismo andaluz y me xicano es en el recurso de una estrategia de colaboración con otros grupos (patrimonialistas o no). Hemos podido documentar para el caso mexicano la conluencia de conservacionistas con grupos patrimonialistas inscritos en instituciones,30 así como la convergencia ocasional con otros sectores sociales con los que se alían en su demanda a las autoridades de mejoras en las obras públicas o servicios y la oposición a la saturación del tránsito rodado o la contaminación acústica.31 Del mismo modo, los conservacionistas andaluces recurren a geógrafos, arqueólogos, arquitectos, historiadores o antropólogos para que los asesoren —de hecho, muchos de los miembros y líderes de estas organizaciones son profesionales y académicos—, al tiempo que pactan con otros grupos vecinales, ecolo29 Jesús Antonio Machuca, “Modernización urbana y patrimonio cultural”, en E. Montalvo (ed.), Patrimonio, cultura y modernidad, 2003, p. 26. 30 Como el Instituto Nacional de Bellas Artes (inba), que apoyó a la organización conservacionista Movimiento Pro Digniicación de la Colonia Roma, o el Instituto de Inves tigaciones Estéticas de la unam, que asesoró a la Asociación de Residentes de la colonia Cuauhtémoc en la elaboración del proyecto que transformó a esta colonia del Distrito Federal en “zona especial de desarrollo controlado”, y en posteriores estudios de impacto ambiental en el medio urbano. La oposición de esta entidad al proyecto de construcción del ediicio El Águila en el Paseo de la Reforma tuvo una considerable resonancia mediática. Véase R. Ibarra, “Asociación de Residentes de la colonia Cuauhtémoc, A.C.”, en Francisco Vidagras, (ed.), La sociedad civil frente al patrimonio cultural, 1997, pp. 125-131. 31 Victoria Novelo, op. cit. 23 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... gistas y de consumidores cómo actuar conjuntamente ante situaciones concretas.32 Patrimonialismo esencialista mexicano y conservacionismo andaluz. Semejanzas y diferencias En México asistimos a casos interesantes en que la defensa del patrimonio cultural se maniiesta visiblemente a través de rituales religiosos en centros ceremoniales prehispánicos y danzas en espacios públicos de elevado valor simbólico como el Zócalo. Nos referimos al heterogéneo Movimiento de la Mexicanidad, formado por distintos colectivos que coinciden en una serie de discursos y acciones para reivindicar una nueva identidad mexicana y así “restaurar los valores y la espiritualidad prehispánica”.33 Estos grupos realizan una nueva lectura de la historia de México, en la que el pasado prehispánico es idealizado y exaltado, y llevan a cabo acciones de revitalización cultural como recuperar la lengua náhuatl y restaurar (reinventar) tradiciones comunitarias aztecas, como los sistemas de organización social llamados Kalpulli o los centros de enseñanza prehispánicos o Kamelkak.34 Asimismo es frecuente tomar conceptos esotéricos de la astrología, las doctrinas hin dúes, herméticas y la new age, construyendo un discurso y unas prácticas sincréticas en las que se superponen distintas tradiciones y cosmovisiones. Estamos, por tanto, ante un movimiento plural de 32 Javier Hernández, op. cit., 2005. 33 Yolotl González, op. cit. Siguiendo a Francisco de la Peña, Los hijos del Sexto Sol. Un estudio psicoanalítico del movimiento de la mexicanidad, 2002, existen dos grandes corrientes en el movimiento: una mexicanidad tradicionalista y radical, y una nueva mexicanidad con importante inlujo new age. Para Yolotl González, op. cit., existen tres grandes colectivos: Mexikayotl, algunos grupos de los danzantes de la tradición o concheros y los seguidores de Regina o de la nueva mexicanidad. 34 En la nueva interpretación de la historia plantean argumentos muy controvertidos como la consideración de que los aztecas se gobernaban bajo un sistema democrático justo donde en absoluto existían sacriicios humanos, los cuales fueron —según estos neoindigenistas— una invención de los historiadores españoles con el objetivo de “denigrar por medio de la mentira a nuestros abuelos minimizando así sus avances en las ciencias, en la educación y sobre todo en la moral que se fundamentaba dentro del marco de la ilosofía del respeto hacia todo lo que existe” (extracto del texto de un cuadernillo de 20 páginas titulado “El mito de los sacriicios humanos y la antropofagia de los pueblos aztecas”, que aparece sin irma ni fecha, repartido por un grupo de danzantes concheros en Coyoacán (México, D. F.), en la primavera de 2006. 24 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 corte nativista, nacionalista y milenarista, que entiende lo mexicano exclusivamente como prehispánico (o precuauhtémico como preieren), aspirando “a la restauración de la civilización precolonial, y a una reindianización de la cultura nacional”.35 Un movimiento que tiene además un marcado carácter patrimonialista, al empeñarse en recuperar el legado prehispánico. En este sentido promueven el rescate y la difusión de tradiciones y costumbres recreadas que dicen tener un origen prehispánico, tales como las artes marciales mexicanas, los juegos de pelota, cantos, las danzas, la interpretación de instrumentos musicales, las técnicas de meditación, la medicina, bo tánica, el idioma náhuatl, las artesanías, etcétera. Estos grupos llevan a cabo ceremonias religiosas en los monumentos arqueológicos durante los solsticios y equinoccios, así como otras acciones simbólicas en fechas signiicativas como el natalicio de Cuauhtémoc, la caída de Tenochtitlán o el año Nuevo Anáhuak entre otros. Tras estos rituales subyace la reivindicación del uso del patrimonio histórico y el rechazo a su mercantilización turística, que es interpretada como una forma contemporánea de usurpación de los referentes más emblemáticos de la identidad mexicana. Son, por tanto, acciones simbólicas de apropiación del patrimonio cultural considerado propio. No obstante, la eicacia de estos esfuerzos de apropiación y usufructo de los bienes patrimoniales es muy limitada dada la creciente aluencia de turistasperegrinos a las zonas arqueológicas ceremoniales, muchos de los cuales se desplazan a estos lugares por considerarlos como centros emisores de energía cósmica.36 De este modo, ante la demanda de espiritualidad los san tuarios funcionan como lugares de producción y distribución de mercancía sacralizada, donde especialistas religiosos, entre los que también se encuentran seguidores de distintas corrientes de la mexicanidad, comercializan productos sagrados (minerales, talismanes, reliquias, etcétera) y ofrecen servicios religiosos, junto con prácticas esotéricas y terapéuticas (ritos puriicadores, cargas de energía, etcétera).37 35 Francisco de la Peña, op. cit., 2002. 36 Según Yolotl González, una verdadera muchedumbre asistió a los rituales equinocciales de Teotihuacan de la primavera 1999, ya que se estima en un millón (!) el número de asistentes. Yolotl González, op. cit. 37 Renée de la Torre y Cristina Gutiérrez, “La lógica del mercado y la lógica de la creencia en la creación de mercancías simbólicas”, en Desacatos, núm. 18, 2005, pp. 53-70. 25 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... En los rituales de apropiación simbólica de los santuarios existe también una voluntad de comunicar los discursos y propósitos de estos colectivos. En este sentido, es interesante la justiicación que hace el líder mexicanista Cuauhcoalt de las danzas practicadas frente a la escultura de la divinidad azteca Coatlicue, localizada en el Museo Nacional de Antropología e Historia: “impulsar la memoria genética que funciona en el inconsciente colectivo y social de los mexicanos”.38 Como se desprende de la cita anterior y de las acciones rituales señaladas, este tipo de patrimonialismo releja con claridad el carácter contingente que tiene todo patrimonio cultural como particular lectura del pasado realizada en el presente, y que en casos como éste supone también una propuesta de futuro. Así, los restos prehispánicos se interpretan como centros ceremoniales sagrados que mantienen propiedades energéticas positivas y donde es posible recuperar la grandeza del país; es una apuesta a futuro. Una lectura distinta de la que realizan los conservacionistas estudiados en Andalucía, para quienes los restos arqueológicos constituyen testimonios del pasado y la prueba de la singularidad de pueblos y ciudades cuya identidad se percibe amenazada ante el proceso de globalización. Una vez hallados, los restos arqueológicos son automáticamente elevados a la categoría de patrimonio por los conservacionistas, lo que en cierto sentido supone su sacralización. Esta consideración explica su oposición abierta al desmonte de los mismos, lo que es entendido como una especie de profanación, y la exigencia de que permanezcan en el mismo lugar donde han estado durante siglos, porque son percibidos como la raíz de la localidad. Asimismo proponen la creación de parques arqueológicos públicos, oponiéndose a la privatización y construcción de infraestructuras y equipamientos que desean impulsar los promotores urbanísticos con el apoyo de intereses políticos y inancieros.39 Esencialistas mexicanos y conservacionistas andaluces coinciden en la sacralización del patrimonio, aunque con lecturas distintas. Para los primeros los centros ceremoniales irradian energía y espiritualidad que pueden impulsar un renacimiento cultural; para los otros los restos arqueológicos son reliquias del pasado al que 38 Yolotl González, op. cit. 39 Javier Hernández, op. cit., 2005. 26 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 hay que aferrarse; pero ambos se oponen a su mercantilización y privatización. Académicos, intelectuales y patrimonialistas en México y Andalucía El importante papel que han jugado disciplinas académicas como la antropología e historia en el caso mexicano ha favorecido la emergencia de un patrimonialismo institucional que no existe en Andalucía, donde la relevancia social de la antropología es más reciente y menor. No obstante, la intervención de intelectuales procedentes del mundo académico y profesional en el movimiento patrimonialista andaluz destaca en las últimas décadas. Como se sabe, en su apuesta de autolegitimación el Estado me xicano ha contado desde sus orígenes con la antropología y la historia. Esta política ha tenido como contrapartida positiva una consolidada estructura institucional de ambas disciplinas y el desarrollo de una fructífera tradición cientíica. Dadas estas circunstancias, no es casual que la conciencia patrimonialista se haya desarrollado am - pliamente entre investigadores críticos pertenecientes a las instituciones académicas especializadas en humanidades y ciencias sociales, los cuales han capitalizado las primeras protestas y fomentado en muchos lugares la organización de juntas vecinales centradas en la defensa del patrimonio.40 En este sentido, han sido muy relevantes las actuaciones de los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah) integrados en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte), y concretamente de la Comisión Nacional de De fensa del Patrimonio Cultural, entre cuyos objetivos se plantea “impulsar la participación de la comunidad en la defensa, preservación y difusión de su patrimonio”.41 La labor realizada en cumplimiento de este objetivo central es manifestada reiteradamente en distintos foros: “hemos colaborado con organizaciones y asociaciones de pueblos, colonias y barrios para defender el patrimonio cultural 40 Javier Hernández, op. cit., 2004. 41 M. García Soto, “Comisión Nacional de Defensa del Patrimonio Cultural. Algunas experiencias”, en Ana María Crespo, C. Viramontes e I. Rodríguez (coords.), Arqueología, rea lidades, imaginaciones, 1996, pp 167-174. 27 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... que consideran suyo; y también para defender el derecho de la sociedad civil para opinar ante las instituciones competentes sobre el uso y preservación del Patrimonio Cultural”.42 En las siguientes páginas describiremos algunas de las experiencias más signiicativas de las acciones protagonizadas por este movimiento en México, y a las que hemos tenido acceso. El análisis de documentación, bibliografía y entrevistas realizadas durante el trabajo de campo nos permiten señalar que 1983 fue un año importante para el desarrollo del patrimonialismo institucional, ya que en este año se produjeron dos hechos muy signiicativos para la mo vilización de académicos en defensa del patrimonio cultural. Por un lado tenemos la celebración en la ciudad de México del Primer Foro de Defensa del Patrimonio Cultural, organizado por la delegación de investigadores del inah inscritos en el sindicato (snte), en el que se resaltó la necesidad de involucrar a intelectuales, académicos y a la sociedad civil en la conservación del patrimonio cultural.43 Del otro, el papel protagonista de la Delegación de Académicos del inah en su oposición a las obras de la línea 8 del Metro en pleno Centro Histórico de la ciudad de México, cuya ejecución suponía perforar el subsuelo en zonas muy sensibles —como en la propia plaza de la Constitución— donde se presumía la existencia de va liosos restos prehispánicos. El frente opositor ciudadano fue encabezado por la propia delegación, que creó la Comisión Inter dis ci pli naria para la Defensa del Patrimonio Cultural de México y pro movió una gran movilización civil que, tras numerosas acciones de protesta, alcanzó su objetivo consiguiendo que las autoridades ordenaran el desvío del trazado original de esa línea.44 Dos años más tarde, los movimientos sísmicos del 19 y 20 de septiembre de 1985 marcaron la conluencia entre el patrimonialismo institucional y las organizaciones vecinales, al evidenciar “las 42 Jesús Antonio Machuca, M.A. Ramírez e I. Vázquez (eds.), El patrimonio sitiado, 1995, p. 360. 43 Un año antes se celebró el Primer Congreso Nacional de Investigadores del inah, en el que por primera vez se denunció pública y colectivamente la pretensión de mercantilizar el patrimonio cultural al servicio del turismo, lo que mostraba la profunda visión de los académicos del momento histórico que se vivía en México con el inicio de las políticas neoliberales (Iván Franco, op. cit., 2005). 44 M. García Soto, op. cit.; véase también R. M. Garza, C. Viramontes y L. C. Flores, “El patrimonio cultural, el proyecto modernizador del Estado mexicano y la organización sindical”, en J. A. Machuca et al., op. cit. 28 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 condiciones de miseria y abandono que prevalecen en numerosas manzanas del centro capitalino”.45 Ante la ineiciencia de actuaciones oiciales como el Programa de Renovación Habitacional Po pular,46 surgió un movimiento social organizado —la Coordinadora Única de Damniicados (cdu)— que apostó por la mejora y revalorización de las colonias, vecindades y barrios afectados, el cual fue apoyado por los académicos del inah, que encabezaron a su vez el Frente de Defensa del Centro Histórico de la ciudad de México, en el que se integraron más de diez organizaciones,47 y apoyaron otras iniciativas organizadas bajo lemas tan signiicativos como “Échame una manita”48 o “Nunca más un México sin nosotros”.49 Con todo este conjunto de acciones dieron respaldo técnico y promovieron la participación popular en la auto-reconstrucción de la ciudad, generando una valoración social más positiva sobre los modos de vida tradicionales en las vecindades. Asimismo, los académicos se posicionaron irmemente por el mantenimiento del vecindario tradicional en los barrios históricos oponiéndose abiertamente a la iniciativa privada con intereses inmobiliarios,50 lo cual releja una visión holística del patrimonio cultural que entiende que no existe contradicción entre patrimonio material y usos del mismo.51 Desde entonces la actividad de los profesionales del inah agrupados en el sindicato (snte) ha encabezado la defensa del patrimonio en la ciudad de México, aglutinando en su acción a numerosas organizaciones sociales. Es el caso del rechazo a los proyectos de cons trucción en el sitio arqueológico de Cuicuilco en 1997 y la vertebración de un movimiento plural formado por ciudadanos de distintos barrios, asociaciones vecinales y grupos ecologistas bajo el liderazgo de dichos académicos del inah.52 Más recientemente, la 45 Iván Franco, op. cit. p. 79. 46 Ana María Rosas Mantecón, “La participación social en las nuevas políticas para el patrimonio cultural”, en Patrimonio etnológico. Nuevas perspectivas de estudio, 1999, pp. 34-51. 47 Iván Franco, op. cit. 48 M. García Soto, op. cit. p. 173. 49 Las memorias del foro en el que se crea el Frente de Defensa del Centro Histórico de la Ciudad de México han sido recientemente publicadas. Véase E. Montalvo (ed.), Batallas por la vivienda y el patrimonio monumental, 2003. 50 Iván Franco, op. cit. p. 79. 51 Jesús Antonio Machuca, op. cit., 2003. 52 Ana María Salazar, “Cuicuilco: Public Protection of Mexican Cultural Patrimony in an Archaeological Zone”, en Society for American Archaeology (SAA), vol. 16, núm. 4, 1998; véase de la misma autora “Cuicuilco, el uso social del patrimonio cultural”, en J. I. Sánchez y S. 29 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... oposición a la construcción de un centro comercial (Wal-Mart) en el perímetro de la zona arqueológica de Teotihuacan ha supuesto una comprometida toma de partido por la defensa del patrimonio arqueológico y el rechazo a las intervenciones en el mismo propuestas por la dirección del inah, y los gobiernos estatal y municipal. Como en otras intervenciones, académicos del sindica to agrupados en la Comisión de Patrimonio Cultural y Legislación apo yaron profesionalmente a una organización ciudadana patrimonialista denominada Frente Cívico en Defensa del Valle de Teo tihuacan aportando argumentos y difundiendo en distintos medios las razones para oponerse a una ediicación comercial en la zona arqueológica, a saber: destrucción de patrimonio arqueológico, violación de la legislación vigente y “que la presencia de esta empresa transnacional afecta gravemente el simbolismo que esta zona representa para la identidad nacional”.53 En nuestros días la actuación más signiicativa del patrimonialismo institucional en México es la creación (2005) por parte de cincuenta y dos organizaciones académicas, artísticas, sindicales, sociales, así como por personalidades mexicanas del ámbito de la cultura, del llamado Parlamento Alterno de Cultura y Educación (pace), cuya actuación principal es el rechazo a la Iniciativa de Ley de Fomento y Difusión de la Cultura presentada por el ejecutivo federal y elaborada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).54 La oposición se justiica fundamentalmente por pretender privatizar y mercantilizar el patrimonio y la cultura al servicio de intereses particulares y del turismo, por no contar con los profesionales del sector patrimonial en la elaboración de la leGurrola, El uso social del patrimonio cultural, 2004, pp. 51-59. Por otro lado, anteriormente (1986 y 1990) los vecinos del entorno del recinto arqueológico, apoyados y encabezados por profesores e investigadores de la enah, denunciaron la actividad de una factoría y la construcción de grandes ediicios en Cuicuilco. También, Francisco Amezcua (comp.), op. cit.; R.M. Garza et al., op. cit.; “El patrimonio cultural, el proyecto modernizador del Estado me xicano y la organización sindical”, en Jesús Antonio Machuca y M.A. Ramírez, op. cit., pp. 9-17. 53 VV. AA., La construcción de Wal-Mart en Teotihuacan, México, 2005. 54 La participación de los investigadores y académicos del inah en los debates sobre legislación patrimonial ha sido una de las labores más relevantes de la institución desde su creación. En este frente destaca su intervención en el proceso de revisión de la Ley Orgánica del inah (1986) y su oposición a la Iniciativa de Ley sobre Patrimonio Cultural (1991), que pretendía la modiicación de la Ley Federal sobre Zonas y Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos (1972) sin el concurso de la ciudadanía y de los sectores expertos. 30 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 gislación cultural del país y por hacer peligrar la existencia de organismos como el inah y el inba. La labor del patrimonialismo institucional en México es muy relevante. Como se ha mostrado, los intelectuales y académicos, además de dirigir la oposición a las iniciativas legislativas propuestas por gobiernos de orientación neoliberal, han promovido o se han sumado a movimientos ciudadanos que bien podríamos caliicar como plataformas de activación, aportando argumentos y orientaciones para el desarrollo de la conciencia colectiva y la identidad de grupos especíicos. Como se desprende de la siguiente airmación, esta función social es claramente asumida por miembros del Sindicato de Académicos del inah: “El sindicato debe ser un instrumento de real representación de los agremiados, a la vez que un intelectual orgánico de la resistencia civil y social, un moderno promotor de ciudadanía y […] un líder en la defensa del patrimonio cultural del país.”55 En Andalucía no existe una estructura orgánica formada por profesionales que tenga una tradición tan enraizada en la defensa del patrimonio cultural como ocurre en México, aunque comienza a emerger —de forma tímida aún— un conjunto de entidades profesionales que sobre todo a través de maniiestos, notas de prensa y publicaciones expresan su oposición al deterioro del patrimonio.56 Ante tan precaria presencia de organizaciones vinculadas directa o indirectamente a instituciones públicas, la intervención de intelectuales procedentes del mundo académico y profesional en el movimiento patrimonialista andaluz es casi siempre voluntaria e individual. Estamos, por tanto, ante sujetos relexivos, comprometidos e identiicados con la memoria y los proyectos de determinados grupos a los que, gracias a su bagaje intelectual, apoyan racionalizando las reivindicaciones en el marco de un discurso de reairmación colectiva en el que se realiza una nueva lectura de la historia y se procede tanto a la apropiación simbólica de bienes culturales como 55 E. Montalvo y M. I. López, “Prólogo”, en Iván Franco, op. cit., pp. 11-12. 56 Entre ellas destacan la Asociación Andaluza de Antropología (asana), que en ocasiones se ha manifestado en favor de las tradiciones culturales amenazadas y contra posiciones políticas favorables a la mercantilización de la cultura y del patrimonio, y la Asociación de Geógrafos Españoles que se ha posicionado abiertamente contra el avance del incon tro lado proceso de urbanización que se vive en toda España: www.ieg.csic.es/age/docs_externos/06 05maniiesto_cultura_territorio.pdf 31 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... a la patrimonialización de nuevos referentes, que son reivindicados como pertenecientes a la comunidad simbólica local o intralocal. No obstante, ya sea por la demanda de entidades concretas o por propia iniciativa, a veces se constituyen “grupos de expertos” que adoptan una actitud protagonista en determinadas luchas. En este sentido son dignas de mencionar la oposición a las obras en la plaza de la Encarnación de Sevilla57 o el respaldo a la organización patrimonialista Valencina Habitable de la comarca sevillana del Aljarafe, porque los posicionamientos de los profesionales han contribuido a frenar —al menos parcialmente— los desmanes urbanísticos que afectaban la preservación de yacimientos arqueológicos de gran valor histórico.58 En ambos casos la autoridad intelectual socialmente reconocida de los expertos ha actuado como caja de resonancia de las demandas de los grupos patrimonialistas, aportando mayor credibilidad a las mismas. De este modo, los restos arqueológicos hallados se elevan —rápidamente y casi sin discusión— a la categoría de patrimonio cultural, lo que se utiliza como el principal argumento para impedir la construcción de nuevas viviendas o equipamientos y sirve como criterio para delimitar zonas de servidumbre arqueológica en el entorno de los yacimientos, donde se establecen cautelas rigurosas antes de proceder a su urbanización. Plataformas de activación y patrimonialismo étnico Desde los inicios de la colonización, la historia de los pueblos originarios de la cuenca de México (Anáhuac) constituye una lucha defensiva por la preservación de sus derechos territoriales, políticos, lingüísticos, religiosos y culturales. Sobre estas luchas contra el exterminio han construido su deinición como comunidades.59 57 Javier Hernández, op. cit., 2005. 58 En el subsuelo de Valencina (Sevilla) se han hallado restos del poblamiento originario, cuya antigüedad se estima en 4 000 años, así como de asentamientos posteriores, tartesios y romanos. Por su parte, en la Encarnación se han encontrado testimonios de Híspalis, la Sevilla romana, así como bienes correspondientes a Isbiliya, la Sevilla Almohade (siglos xii y xiii). 59 Andrés Medina, “Las comunidades corporadas del sur del Distrito Federal. Una primera mirada etnográica”, en Miguel Lisbona Guillén (coord.), La comunidad a debate. Relexiones sobre el concepto de comunidad en el México contemporáneo, 2005, pp. 135-160. Esta concepción choca frontalmente con la propuesta de los grupos de la mexicanidad que preten- 38 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 este tipo de entidades un instrumento con el que impulsar proyectos de futuro. Alcanzado el objetivo de la catalogación oicial del palacio, diseñaron una estrategia de reapropiación del patrimonio para evitar posibles procesos especulativos en el inmueble y acelerar las obras de restauración. Para ello procedieron a la ocupación de una de las dependencias del inmueble como centro de actividades culturales para uso del vecindario, diseñaron un proyecto de gestión vecinal y acordaron en asamblea la puesta en marcha de un plan con vistas a preservar y activar los usos que tradicionalmente se habían desarrollado en el palacio, dinamizar otros de acuerdo con las demandas y necesidades sociales, y promover la difusión de los valores del bien para aianzar la conciencia e identidad vecinales. El concepto de patrimonio que elaboran las organizaciones patrimonialistas tiene consecuencias en sus prácticas y acciones. A diferencia de algunos grupos conservacionistas, las plataformas de activación desarrollan una concepción integral del patrimonio. Si bien la primeras resaltan el carácter histórico y artístico, y valoran básicamente “la piedra”, es decir, lo material eludiendo lo social, las plataformas lo interpretan en sus dimensiones tangible e intangible al incorporar en su noción de patrimonio los modos de vida, las costumbres, tradiciones, formas de sociabilidad, leyendas y artesanías, lo que en España se deine como patrimonio etnológico o etnográico. Por esta razón apuestan por un patrimonio cultural vivo y denuncian las intervenciones de maquillaje urbanístico, asegurando que tras la restauración y embellecimiento de los barrios históricos tradicionales se ocultan procesos de exclusión social del vecindario que cuenta con menor renta, el cual es sus tituido por nuevos vecinos “pudientes”. Que permanezca “la piedra”, aunque embellecida, pero sin las personas, es para ellos museiicar, una forma discreta de desactivar el patrimonio. Estos patrimonialistas revelan una paradoja que muchos ciudadanos, admirados por las mejoras urbanísticas, no advierten: que cuando los barrios parecen más tradicionales y autóctonos, gracias a las obras de adecentamiento y restauración, es cuando está culminando el proceso de expulsión del sustrato social tradicional que históricamente le ha dado contenido cultural. Dicho de otra manera: los modos de vida, los rituales, la sociabilidad, las tradiciones… van desapareciendo paralelamente a las intervenciones urbanísticas que pretenden representar la permanencia de la cultura en el espacio y a lo largo del 39 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... tiempo. Este aspecto es denunciado por dichas entidades, que se oponen tanto a la gentriicación como a la museiicación y turistización de los centros históricos. En esto coinciden con grupos patrimonialistas de la ciudad de México, que demandan la mejora de los inmuebles del Centro Histórico y la permanencia de los vecinos en sus viviendas, denunciando el dominio de “un criterio de monumentalidad, un criterio estético contemplativo, y no social de la restauración”.69 El patrimonio activado En 1995 la Delegación de Académicos e Investigadores del inah publicó una excelente compilación de artículos bajo el sugerente título de El patrimonio sitiado. En dicha obra se ofrece una interesante panorámica de la situación del patrimonio cultural en México, al tiempo que se realizan importantes aportaciones conceptuales y análisis sobre la legislación vigente. El volumen es un documento coherente con lo que aquí hemos denominado patrimonialismo institucional, ya que surge de la iniciativa y voluntad de un sector de investigadores interesados en manifestar públicamente el estado de deterioro, la tendencia a la mercantilización y la actitud negligente de las administraciones, reivindicando su condición de especialistas “para diseñar la política en torno al patrimonio cultural […] y asesorar a la sociedad para la conformación de asociaciones dedicadas a la defensa del patrimonio cultural”.70 En consonancia con el propio título de la obra prevalece una visión conservacionista en la que el patrimonio se concibe como un legado excepcional de testimonios del pasado cuya existencia está seriamente amenazada. Esta alarma se justiica porque los bienes son considerados vestigios únicos de un tiempo pasado que ya no volverá y pruebas de la singular trayectoria histórica de la nación. Son las fuerzas de la modernización las que tienen sitiado a este patrimonio inito y sagrado, que puede desaparecer ante la desidia de las instituciones responsables, el impacto del progreso o, sencillamente, perder su signiicado cultural al transformarse en un trivial producto de mercado. De acuerdo con esta perspectiva, la pre69 E. Montalvo (ed.), op. cit.. 70 Jesús Antonio Machuca y M.A. Ramírez, op. cit., pp. 3-4. 40 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 ocupación más recurrente en la treintena de artículos del libro es la conservación-protección del patrimonio, abundando las denuncias de destrucción e incluso de saqueo. Sin embargo, no encontramos referencias de los procesos de patrimonialización ni de las formas en que son resemantizados socialmente los bienes culturales como reacción o respuesta a los cambios impulsados por la globalización. Como se ha tratado de mostrar en este trabajo, la degradación e incluso destrucción del patrimonio, producidas en aras de un presunto progreso o sencillamente por el simple abandono de propietarios y administraciones son hechos objetivos y factores catalizadores del patrimonialismo. No obstante, del mismo modo que se desactivan, también se producen procesos de patrimonialización y resigniicación. Esta concepción dinámica permite completar la visión conservacionista presente en la obra a la que nos referimos, pues comprende el patrimonio como construcción social e histórica sujeta a distintos y contradictorios procesos de reelaboración, apropiación, desactivación y patrimonialización. Partiendo de estas premisas, en este artículo se ha sostenido que en los procesos señalados intervienen grupos empresariales, políticos y entidades con objetivos e intereses distintos (aunque coyunturalmente pueden establecer alianzas). Nos hemos centrado en estas últimas, por cuanto el patrimonialismo constituye un fenómeno de masas relativamente reciente, que es de gran interés porque en su seno encontramos una importante pluralidad de discursos y prácticas, y también de coincidencias, que demandan la realización de estudios antropológicos comparativos. Las organizaciones patrimonialistas son “hijas de su tiempo”, es decir, son el producto de una sociedad que, ante la percepción de disolución comunitaria, contempla el futuro con desconianza y desarrolla un gran apego por los rasgos más autóctonos e identitarios. En consecuencia, son entidades de una etapa post-utópica en la que los grandes proyectos o metarrelatos —como preieren algunos— están en crisis. A diferencia de las organizaciones e instituciones de la modernidad que miraban a un futuro donde residiría el porvenir desechando un pasado de atraso e injusticia, los patrimonialistas perseveran en la recuperación de la memoria y las tradiciones y se preocupan por el legado patrimonial, aunque en bastantes ocasiones lo hacen para impulsar proyectos colectivos concretos. Pero este movimiento no es sólo la expresión organizada del sentimiento de pérdida de la identidad al que hacíamos referencia 41 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... anteriormente, sino que además, gracias a sus discursos y acciones, retroalimentan la conciencia patrimonial en la sociedad. De un lado, divulgan el valor del patrimonio cultural, promoviendo e incluso creando una conciencia colectiva intralocal, local o étnica que favorece la expansión de la autoestima en la propia sociedad, contribuyendo así, al menos en parte, a frenar las tendencias desterritorializadoras de la globalización; del otro, el patrimonialismo genera un estado de opinión sobre el modelo de ciudad o pueblo al que se aspira, fomentando un deseo de participación ciudadana en el diseño urbanístico y territorial de los lugares donde habitan. Por tanto, su contemporaneidad y originalidad descansa también en la instrumentalización que hacen del patrimonio y la historia para legitimar sus demandas sociales, frenar procesos urbanísticos o mantener su status quo. De este modo las “reivindicaciones culturales van apareciendo como el eje político de la negociación”.71 En deinitiva, el patrimonialismo es un movimiento que genera relexividad social sobre la historia y el modelo de sociedad, haciendo uso del patrimonio cultural como testimonio que evidencia y simboliza lo particular en un mundo de incertidumbres y profundos cambios. 71 Ana María Salazar, op. cit., 2004, p. 52. 42 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 Bibliografía Amezcua, Francisco (comp.), El patrimonio cultural a la venta, México, Taller Abierto, 2000. Ariño Villarroya, Antonio, “La expansión del patrimonio cultural”, en Revista de Occidente, núm. 250, 2002, pp. 129-150. Bauman, Z., Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil, Madrid, Siglo XXI, 2003. Castells, Manuel, La era de la información, vol. 2, El poder de la identidad, Madrid, Alianza, 1997. De la Peña, Francisco, Los hijos del Sexto Sol. Un estudio etnopsicoanalítico del movimiento de la mexicanidad, México, inah, 2002. De la Torre, Renée y Cristina Gutiérrez, “La lógica del mercado y la lógica de la creencia en la creación de mercancías simbólicas”, en Desacatos, núm. 1, 2005, pp. 53-70. Franco, Iván, Transformaciones del proyecto cultural en México, México, Delegación DII-IA-1. Sección 10 del snte-Académicos del inah, 2005. García Soto, M., “Comisión Nacional de Defensa del Patrimonio Cul tu ral. Algunas experiencias”, en Ana María Crespo, C. Viramontes e I. Ro dríguez (coords.) Arqueología, realidades, imaginaciones, México, Delegación D-II-IA-1 Sección 10 del snte-Académicos del inah, 1996, pp. 167-174. Garza, R.M., C. Viramontes y L. C. Flores, “El patrimonio cultural, el proyecto modernizador del Estado mexicano y la organización sindical”, en José Antonio Machuca, M.A. Ramírez e I. Vázquez (coords.), El patrimonio sitiado, México, Trabajadores Académicos del inah, 1995, pp. 9-17. Garza, R.M., “Reproducción cultural y patrimonio: fiestas rituales en Iztapalapa”, mecanoescrito, 2005. Giddens, Anthony, Un mundo desbocado: los efectos de la globalización en nuestras vidas, Madrid, Taurus, 2001. Gondar, M. y L. Méndez (coords.), “Política cultural: iniciativas de las administraciones, respuestas de los administrados”, en X Congreso de Antropología, Sevilla, 2005. González, Yolotl, “El movimiento de la mexicanidad”, en Religiones y Sociedad, núm. 8, México, Secretaría de GobernaciónSubsecretaría de Asuntos Religiosos, 2000, pp. 935. Harvey, David, La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, Buenos Aires, Amorrortu, 1990. Hernández, Javier, “De resto arqueológico a patrimonio cultural. El movimiento patrimonialista y la activación de testimonios del pasado”, en Boletín Gestión Cultural, núm. 11, 2005, Barcelona, disponible en línea [www.gestioncultural.org]. 43 EL PATRIMONIO A C T I VA D O . PATRIMONIALIZACIÓN Y M O V I M I E N T O S S O C I A L E S ... ——, “El Patrimonio en movimiento. Sociedad, memoria y patrimonialismo”, en Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, vol. XLVII-XLVIII, México, 2004, pp. 195-224. ——, “Patrimonio cultural y movimientos sociales urbanos”, en Actas del IX Congreso de Antropología Social, Barcelona, Instituto Catalán de Antropología/Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español, 2002. Ibarra, Ramón, “Asociación de Residentes de la Colonia Cuauhtémoc, A. C.”, en Francisco Vidargas (ed.), La sociedad civil frente al patrimonio cultural, México, iee-unam, 1997, pp. 125-131. Innerarity, Daniel, La sociedad invisible, Madrid, Espasa, 2004. Laraña, Enrique y Joseph Gusfield, J. (eds.), Los nuevos movimientos sociales. De la ideología a la identidad, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 1994. Machuca, Jesús Antonio, “Modernización urbana y patrimonio cultural”, en E. Montalvo (ed.), Patrimonio, cultura y modernidad, México, Delegación Sindical DII-IA 1-Profesores e Investigadores del inah, 2003, pp. 19-29. Machuca, Jesús Antonio, M.A. Ramírez e I. Vázquez (eds.), El patrimonio sitiado, México, Trabajadores Académicos del inah, 1995. Medina, Andrés, “Las comunidades corporadas del sur del Distrito Fe deral. Una primera mirada etnográfica”, en Miguel Lisbona Guillén (coord.), La comunidad a debate. Reflexiones sobre el concepto de comunidad en el México contemporáneo, El Colegio de Michoacán/Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2005, pp. 135160. Montalvo, E. y M. I. López, “Prólogo”, en Iván Franco, Transformaciones del proyecto cultural en México, México, Delegación DII-IA-1. Sección 10 del snte-Académicos del inah, 2005, pp. 7-12. Montalvo, E. (ed.), Batallas por la vivienda y el patrimonio monumental, México, Delegación Sindical DII-IA 1-Profesores e Investigadores del inah, 2003. Moreno, Isidoro, La globalización y Andalucía. Entre el mercado y la identidad, Sevilla, Mergablum, 2002. Novelo, Victoria, “El patrimonio cultural mexicano en la disputa clasista”, en X. C. Sierra y X. Pereiro (coords.), Patrimonio Cultural: politizaciones y mercantilizaciones, Sevilla, X Congreso de Antropología, 2005, pp. 85 99. Peña, F. de la, Los hijos del Sexto Sol. Un estudio etnopsicoanalítico del movimiento de la mexicanidad, México, inah, 2002. Rosas Mantecón, Ana María (coord.), “El patrimonio cultural. Estudios contemporáneos”, en Alteridades, núm. 16, México, 1998. ——, “Las participación social en las nuevas políticas para el patrimonio cultural”, en Patrimonio etnológico. Nuevas perspectivas de estudio, Sevilla, 44 DIMENSIÓN AN T R O P O L Ó G I C A , AÑ O 14, VO L . 41, S E P T I E M B R E /D I C I E M B R E , 2007 Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico/Junta de Andalucía, 1999, pp. 34-51. Salazar, Ana María, “Cuicuilco, el uso social del patrimonio cultural”, en J. I. Sánchez y S, Gurrola, El uso social del patrimonio cultural, México, Quinto Sol, 2004, pp. 51-59. ——, “Cuicuilco: Public Protection of Mexican Cultural Patrimony in an Archaeological Zone”, en Society for American Archaeology (saaBulletin), vol. 16, núm. 4, 1998; dispoible en línea: http://www.saa.org/ publications/SAAbulletin/16-4/SAA-21./html. Sandoval, L.T., “Experiencia sobre organización de la población de Atlapulco”, en E. Montalvo (ed.), Batallas por la vivienda y el patrimonio monumental, México, Delegación Sindical DII-IA 1-Profesores e Investigadores del inah, 2003, pp. 87-90. Sánchez, J. I. y S, Gurrola, El uso social del patrimonio cultural, México, Quinto Sol, 2004. Sierra, X.C. y X. Pereiro (coords.), “Patrimonio cultural: politizaciones y mercantilizaciones”, en X Congreso de Antropología, Sevilla, 2005. VV.AA., La construcción de Wal-Mart en Teotihuacan, México, D-II-IA-1 Sección 10 del snte-Trabajadores Académicos del inah, 2005. VV.AA., Primer Foro por la Defensa del Patrimonio Arqueológico, Histórico y Subacuático, México, Trabajadores de Investigación Científica y Do cen cia del inah, 1989. VV.AA., Primer Foro por la Defensa del Patrimonio cultural, México, Delegación D-II-IA-1 del snte-Académicos del inah, 1985. VV.AA., Primer Congreso Nacional de Investigadores del I N A H , México, Delegación D-II 345 Sección 10 del snte, 1983.