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Mujeres y guerra: imperio, biopolítica y género

Pérez González, Bibiana

Abstract

La investigación parte del presupuesto de que el estado actual del mundo nos obliga a hablar de “guerras civiles permanentes”, más allá de la concepción tradicional de guerra (Negri, 2000). En la nueva soberanía global en la que la guerra está asfixiando la vida social e instaurando un nuevo orden político, me propongo investigar cuáles son las relaciones de poder que se ejercen sobre el cuerpo de las mujeres en los conflictos armados contemporáneos; es decir, rastrear las marcas de género en el contexto más amplio de las relaciones entre política-cuerpo-guerra. Tres ámbitos se tratarán con especial atención: en el primero, se propondrá un abordaje conceptual sobre la guerra; en el segundo, se anudará la reflexión en torno a los dos conceptos claves de biopoder y biopolítica contemporánea. En el tercero, se entrará en lo específico sobre guerra y género. Distintas referencias a los trabajos de Michel Foucault, Antonio Negri, Giorgio Agamben, Judith Butler, Chynthia Cockburn, y Zillah Eisenstein, servirán para anudar las relaciones: Imperio, biopolítica y género y permitirán responder a la pregunta sobre las formas de poder que se ejercen sobre el cuerpo femenino en los conflictos bélicos actuales.

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MUJERES Y GUERRA: IMPERIO, BIOPOLITICA Y GÉNERO Pérez, González Bibiana Institut Universitari d'Estudis de la Dona Universidad de Valencia [email protected] RESUMEN La investigación parte del presupuesto de que el estado actual del mundo nos obliga a hablar de “guerras civiles permanentes”, más allá de la concepción tradicional de guerra (Negri, 2000). En la nueva soberanía global en la que la guerra está asfixiando la vida social e instaurando un nuevo orden político, me propongo investigar cuáles son las relaciones de poder que se ejercen sobre el cuerpo de las mujeres en los conflictos armados contemporáneos; es decir, rastrear las marcas de género en el contexto más amplio de las relaciones entre política-cuerpo-guerra. Tres ámbitos se tratarán con especial atención: en el primero, se propondrá un abordaje conceptual sobre la guerra; en el segundo, se anudará la reflexión en torno a los dos conceptos claves de biopoder y biopolítica contemporánea. En el tercero, se entrará en lo específico sobre guerra y género. Distintas referencias a los trabajos de Michel Foucault, Antonio Negri, Giorgio Agamben, Judith Butler, Chynthia Cockburn, y Zillah Eisenstein, servirán para anudar las relaciones: Imperio, biopolítica y género y permitirán responder a la pregunta sobre las formas de poder que se ejercen sobre el cuerpo femenino en los conflictos bélicos actuales. PALABRAS CLAVE Biopoder, biopolítica, género, guerra, cuerpo, mujeres, Imperio, nuda vida. - 1557 - MUJERES Y GUERRA: IMPERIO, BIOPOLITICA Y GÉNERO Concepto de Imperio Más de veinte años de teoría feminista hacen posible que hoy podamos hablar de cuerpos, política y poder. Esa constante indagación por la subjetividad, la alteridad, las formas como se reorganiza el poder, lo íntimo y lo privado, han tomado formas particulares según el momento histórico en el que emergen. Sin embargo, sigue existiendo hasta nuestros días esa tensión nunca resuelta de los dualismos: cuerpo/mente, naturaleza/cultura, exterior/interior, público/privado, que nos exige hacer exploraciones políticas del cuerpo sexuado, en devenir, inacabado, relacional, precario, múltiple, frente al cuerpo autónomo, sólido y acabado. ¿Qué formas toman estos cuerpos en un contexto contemporáneo en el que emerge con fuerza una nueva soberanía global? ¿De qué manera son sujetados los individuos por las tecnologías del poder en las sociedades contemporáneas que han tomado la guerra como una situación social permanente? Toni Negri y Michael Hardt desarrollan un complejo estudio sobre cómo ciertos procesos globales trascienden las formas que usaban las potencias modernas, basadas en la idea de la extensión de la soberanía de los Estados-nación sobre territorios extranjeros. En su lugar la red, las empresas multinacionales, la informatización, los flujos económicos más importantes, están creando nuevas formas de poder que se nos presentan como una nueva soberanía global a la que denominan: Imperio. Esta nueva organización del poder se caracteriza por una organización en red, constituida por múltiples instancias desde donde operan, a saber, los estados-nación, las instituciones supranacionales, las corporaciones capitalistas, el Fondo Monetario Internacional, entre muchas otras. Así lo afirman Hardt y Negri: “Junto con el mercado global y los circuitos globales de producción ha emergido un nuevo orden, una nueva lógica y estructura de mando, en suma, una nueva forma de soberanía. El Imperio es el sujeto político que regula efectivamente estos cambios globales, el poder soberano que gobierna al mundo.” (Hardt y Negri, 2000; p. 4) Hay desde el punto de vista del materialismo histórico un pasaje cualitativo en la historia moderna, un pasaje desde el imperialismo al Imperio y desde el estado-nación a la regulación política del mercado mundial. En ese sentido, no hay que confundir los conceptos, el imperialismo es una forma de soberanía de los estados-nación que se constituyeron como centro de mando hacia unos territorios que están fuera de sus fronteras: “El pasaje al Imperio emerge del ocaso de la moderna soberanía. En contraste con el imperialismo, el Imperio no establece centro territorial de poder, y no se basa en fronteras fijas o barreras. Es un aparato de mando descentrado y desterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas. El Imperio maneja identidades híbridas, jerarquías flexibles e intercambios plurales por medio de redes moduladoras de comando. Los diferentes colores del mapa imperialista del mundo se han unido y fundido en el arco iris imperial global”. (Hardt y Negri, 2000; p. 5). El Imperio entonces, es un concepto que se fundamenta sobre los siguientes ejes. Primero, “La falta de fronteras” que se entiende como un gobierno sin límites que engloba la totalidad del - 1558 - espacio. Segundo, el Imperio “no se presenta a sí mismo como un régimen histórico originado en la conquista, sino como un orden que, efectivamente, suspende la historia”. Por último, “el mando del Imperio opera sobre todos los registros del orden social”, lo cual significa que rige no solo poblaciones y territorios; el objeto de mando es sobre todo la totalidad de la vida social, “por esto el Imperio presenta la forma paradigmática del biopoder.” (Hardt y Negri, 2000; p. 6) El biopoder toma como escenario primordial las sociedades de control en donde, a diferencia de las sociedades disciplinarias, los mecanismos se presentan más “democráticos”, distribuidos a través de los cuerpos y las mentes de los ciudadanos. El cuerpo bajo esta lógica del poder imperial adquiere un valor crucial: "el control de la sociedad sobre los individuos no solo se lleva a cabo mediante la conciencia o la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo más importante es la biopolítica, lo biológico, lo somático, lo corporal."1 1 Cita que Hardt y Negri hacen de Bernard Aspe y Muriel Combes, "Du vampire au parasite", Futur antérieur, No 35-36 (1996), 207-219. Imperio y guerra Una de las ideas centrales de Negri es que “la guerra se está convirtiendo en el principio organizador básico de la sociedad, y la política simplemente es uno de sus medios o disfraces”, lo cual significa, que la guerra está asfixiando la vida social e instaurando un nuevo orden político, convirtiéndose en una “relación social permanente”. En épocas anteriores la guerra era el último elemento de la secuencia de poder, ahora es el primero, es el fundamento de la política misma cumpliendo la función de crear y reforzar el orden global actual. Hardt y Negri sostienen que ante esta nueva soberanía global ya no sería legitimo hablar de guerra, hay que considerar los conflictos armados actuales como guerras civiles del imperio. Las guerras trascienden el espacio nacional, pues aunque sean locales, están sin embargo, condicionadas por el sistema Imperial global. “Por lo tanto ninguna guerra local debe ser contemplada aisladamente, sino como parte de una gran constelación, vinculada en mayor o menor grado a otras zonas de guerra, así como a zonas que por ahora no están en guerra.” (Hardt y Negri, 2000; p. 24) Las nuevas formas en que operan las guerras en las sociedades actuales se caracterizan por su movilidad, flexibilidad, integración de la inteligencia, la información, el trabajo inmaterial y por extender la militarización por todo el mundo. Los conflictos armados se reconocen por tener límites difusos, por ser cada vez más difíciles de enmarcar espacial y temporalmente; las relaciones internacionales y la política interior se asemejan y confunden cada vez más, lo que genera límites porosos entre la acción militar y las acciones policiales. Se ha producido un cambio en las concepciones sobre los bandos o bien sobre la caracterización del “enemigo”, ahora los “otros” son representaciones más abstractas y menos delimitadas. En ese sentido, lo señalan lucidamente Hardt y Negri cuando dicen que la guerra tiende hacia dos sentidos opuestos: por un lado se reduce a la acción policial y por otro, se eleva a un nivel absoluto y ontológico a través de las tecnologías de la destrucción global. Es decir, el biopoder no solo juega a nivel de la destrucción masiva, sino también con la violencia individualizada. (Hardt y Negri, 2000) Toni Negri y Giorgio Agamben comparten la hipótesis de que el estado de guerra ha pasado a ser una situación global permanente y en consecuencia, la suspensión de la democracia es la norma y no la excepción. Veamos ahora los postulados de Giorgio Agamben en relación al estado de excepción permanente y el concepto de nuda vida. - 1559 - Giorgio Agamben: un conflicto entre animalidad y humanidad Giorgio Agamben (Roma 1942), es una referencia clave en la filosofía política contemporánea por la riqueza de sus investigaciones en las que confluyen estudios literarios, lingüísticos, políticos y estéticos. Algunas de sus obras son de especial importancia para el presente estudio, tales como: Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida (1998), y Homo Sacer. Estado de excepción (2004). Estos trabajos nos permitirán volver al concepto foucultiano de biopolítica, aportándonos elementos imperdibles para el análisis actual del poder. Señala Agamben, que la obra de Michel Foucault es obligada porque se aleja de los análisis tradicionales del poder que se basan en modelos jurídico-institucionales, y en su lugar propone un análisis “de los modos concretos en que el poder penetra en el cuerpo mismo de los sujetos y en sus formas de vida” (Agamben, 1998; p.14). Lo que propone Agamben entonces, es la intersección de éstas dos analíticas del poder; es decir, del modelo jurídico-institucional y las marcas concretas del poder en la vida de los sujetos. Foucault al final de La voluntad de saber (1976), sintetiza ese proceso en que la vida natural, o mejor, el individuo, en tanto cuerpo viviente se convierte en el objetivo de las estrategias políticas; la política se transforma en bio-política. Y más aún, nos dice que ese poder en la vida de los seres humanos esta posicionado en los Estados modernos como forma de gobierno: “(...) habría que hablar de biopolítica para designar lo que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte al poder-saber en un agente de transformación de la vida humana” (Foucault, 1976; p. 173). Por otra parte, Hannah Arendt ya en los años 50 publica el libro: The Human Condicion, en el cual, analiza el proceso en el que la vida biológica entra a ocupar progresivamente el centro de la escena política del mundo moderno. Para explicar la biopolítica contemporánea, Agamben se remite a la Grecia clásica encontrando que la vida natural estaba excluida del ámbito político. El significado que se le da a la “vida” estaba definido por dos términos diferentes: la zoé y el bios. “Los griegos no disponían de un termino único para expresar lo que nosotros entendemos con la palabra vida… [Ellos usaban el termino zoé] que expresaba el simple hecho de vivir, común a todos los seres vivos (animales, hombres y dioses) y bíos, que indicaba la forma o manera de vivir propia de un individuo o grupo” (Agamben, 1998; p. 9). En ese sentido, la vida natural es excluida del ámbito de la polis, la zoé es mera vida reproductiva separada de la política, mostrándose claramente la diferencia entre naturaleza y cultura, biología y política. No obstante, en la época moderna podemos asistir a un viraje en el que la vida biológica pasa a ser el eje central de la vida política. En otras palabras, la entrada de la zoé en la polis, momento inaugural que configura nuestras formas de poder en la modernidad: el poder deviene biopoder. La política occidental crea un nuevo tipo de vida: la Nuda vida La tesis de Foucault ha de ser completada, señala Agamben, pues lo que caracteriza a la política moderna es que la zoé no solo entra en la polis, sino que ambas se vuelven indiferenciables, hay confusión y umbrales porosos. Es decir, para Agamben el elemento más característico de la política moderna es que zoé y bíos se confunden, vida natural y vida calificada se superponen creándose la: Nuda vida, ese espacio que no es ni vida ni muerte, umbral de indiferenciación entre naturaleza y cultura, hecho y derecho. “Nuda” corresponde al griego “haplos” que significa ser puro, así que el sintagma “nuda vida” hace alusión a la pura vida, la vida en su estado más genuino. De manera que el sujeto es inscrito en lo político como puro ser viviente, desprovisto de su vida cualificada de ciudadano, el biopoder legitima esa sustitución. Las sociedades modernas intentan hacer de esa vida sin - 1560 - derechos y sin palabras la forma de vida dominante. La politización de la nuda vida constituye el acontecimiento decisivo de la modernidad. En la cita que Agamben hace de Foucault lo veremos de manera más clara: “El resultado de ello es una suerte de animalización del hombre [nuda vida] llevada a cabo por medio de las más refinadas técnicas políticas. Aparece entonces en la historia tanto la multiplicación de las posibilidades de las ciencias sociales, como la simultánea posibilidad de proteger la vida y de autorizar su holocausto” (Agamben, 1998; p. 12). En esta animalización que nombra Foucault, el Estado entonces ya no interactúa con el ciudadano, dicha categoría es sustituida por la vida desnuda. Aquí nos asalta una cuestión ¿Cuál es el proceso y las condiciones de posibilidad de esas vidas desnudas? El campo de concentración como paradigma de la modernidad La tesis Agambiana se fundamenta en que los campos de concentración no se limitan a un hecho histórico, no son como muchos desearían una aberración del pasado, ni se circunscriben a un espacio físico. El campo de concentración es la matriz oculta del espacio político en el que vivimos actualmente, en la medida en que no han desaparecido ninguna de las condiciones que lo hicieron posible; la modernidad es para muchos la era de la masacre. Zygmunt Bauman (1997), dice: “Los factores que se reunieron eran, y siguen siendo, omnipresentes y normales (…) Nuestra sociedad racional y moderna ha preparado el camino para los que cometen genocidios sistemáticos, fríos y meticulosos, como los de Stalin y Hitler a quienes la sociedad moderna y racional abonó el terreno” (Bauman, 1997; p.7). Lo sui generis de las guerras modernas, es la creación de fabricas de muerte, la tecnificación y despersonalización de la barbarie. Para sostener esta tesis Agamben, en su obra Homo sacer, busca responder a las preguntas: ¿Qué es un campo de concentración? y ¿Cuál es la estructura que lo hizo posible y lo sigue sosteniendo hasta nuestros días? Auschwitz representa las características sociales, funcionamiento y posibilidades de la época en que vivimos. Uno de los elementos constitutivos del campo es el estado de excepción, así que para entender el funcionamiento y la emergencia de estos campos de exterminio, es necesario entender primero en que consisten estos. El estado de excepción es una medida provisional que es tomada en situaciones graves para la seguridad de los ciudadanos y del Estado, y cuyo objetivo es neutralizar el conflicto; cuando se anuncia esta medida el Estado suspende las leyes que protegen las libertades personales y protege la suspensión de dicha ley. En consecuencia, los individuos se encuentran expuestos al poder político-policivo sin ninguna mediación; en el estado de excepción estamos despojados de cualquier condición política, convertidos en vidas desnudas. ¿En qué sentido afirma Giorgio Agamben que estamos en un estado de excepción permanente? Durante la primera guerra mundial y los años que siguieron, los Estados modernos han instaurado dispositivos que revocan los poderes legislativos y judiciales, generando que el gobierno tenga más poder y los ciudadanos menos derechos. A lo largo del siglo XX hemos asistido a algo que se ha definido como una guerra civil legal, “el totalitarismo moderno puede ser definido, en ese sentido, como la instauración, por medio del estado de excepción, de una guerra civil legal.” (Agamben, 2003; p. 11). La idea es que se ha creado deliberadamente un estado de excepción permanente (no declarado técnicamente) convirtiéndose en una de las prácticas fundamentales de los estados modernos contemporáneos, incluyendo también los llamados democráticos. Cuando la excepción [el estado de excepción] se convierte en regla se genera el “campo de concentración”. Si tiene razón Agamben, esto significa que los campos no han desaparecido, siguen subsistiendo, se regeneran, toman otras formas, otros semblantes. - 1561 - “(…) Si la esencia del campo consiste en la materialización del estado de excepción y en la consiguiente creación de un espacio para la nuda vida como tal, tendremos que admitir entonces que nos encontramos virtualmente en presencia de un campo cada vez que se crea una estructura de esta índole, con independencia de los crímenes que allí se hayan cometido y cualesquiera que sea su denominación y sus peculiaridades topológicas” (Agamben, 2001; p. 38). Se crean en consecuencia subjetividades, o para ser fieles a Agamben, des-subjetividades a través de la creación de esta nuda vida. De esa des-humanización del “otro” cobran valor figuras como la del extranjero, el refugiado político y las mujeres en la guerra; se crea la otredad indeseable para validar de esta manera su aniquilación, “(…) es necesario someterlo (al extranjero) a todas las formas de expropiación posibles (quitar el derecho de tener una nacionalidad y pertenecer a un Estado, colocar marcas como brazaletes o chips para controlarlos, encerrarlos en guetos, etc.), hasta las formas más extremas que buscan producir un cuerpo mutilado del que sólo quede el nivel más básico de supervivencia.” (Camargo y Zambrano, 1998, p. 26) En este orden de ideas, si los campos de concentración son el paradigma político de occidente y estos tienen lugar cuando el estado de excepción deja de ser una medida temporal para convertirse en regla, si la figura por excelencia de los campos son la nuda vida, la pregunta siguiente es ¿Qué lugar ocupa el género en esta des-subjetivación? Alguna pista nos dará Agamben cuando dice que el concepto de “cuerpo”, como el de sexo y sexualidad, está ya apresado por un dispositivo, es cuerpo bio-político y nuda vida, es un umbral en que no se distingue entre derecho y hecho, norma y vida biológica. A modo de resumen, podemos decir que Foucault ya había anunciado el nacimiento del biopoder, esto es, la politización de la vida biológica, y bien hace Agamben en señalar que el triunfo del capitalismo no había sido posible sin la creación de los cuerpos dóciles que necesitaba, a través del control disciplinario del bio-poder. Giorgio Agamben desarrolla el concepto clave de la nuda vida, refiriéndose al umbral en el que se superponen, se difuminan, se indiferencian, naturaleza y cultura, zoé y bios; y si ese espacio desnudo es la instancia que crea el poder para interactuar, significa entonces, que la política occidental es ante todo bio-política. En el estado de excepción, los individuos se convierten en sujetos despojados de toda subjetividad, se les arrebata su vida cualificada y se convierten, parafraseando a Judith Butler, en vidas que no merecen ser vividas. El estado de excepción es, en consecuencia, ese mecanismo o dispositivo instaurado por las tecnologías del biopoder para crear vidas desnudas al servicio del Imperio. El campo de concentración y no la ciudad es hoy el paradigma biopolítico de occidente. Asistimos a una época en la que hay una imposibilidad para distinguir entre política y biología: intervenciones militares con fines humanitarios en los que se proponen fines biológicos como alimentación de poblaciones, control de epidemias, manipulación genética, etc. Desde los campos de concentración nazis no hay retorno posible a la política clásica, el espacio político de occidente ya no puede pensarse en esa distinción clásica de la zoé y bios, de la vida pública y vida privada, el hombre como ser vivo que habita en la casa y el hombre político que ocupa la ciudad. Ya no hay distinción entre cuerpo biológico y cuerpo político: “Y no somos solo, por emplear las palabras de Foucault, animales en cuya política está puesta en entredicho su vida de seres vivientes, son también, a la inversa, ciudadanos en cuyo cuerpo natural está puesta en entredicho su propia vida política”. (Agamben, 1998; p. 238) - 1562 - Lo que está en el fondo de esta reflexión sobre la biopolítica es el reflejo de una nueva estructuración de la subjetividad en nuestros tiempos ¿Qué lugar ocupa el género en estas nuevas formas de poder? Porque aunque la tendencia sea hacia una des-subjetivación sistemática, podemos ver que en las guerras actuales hay un tratamiento diferente para la vida/cuerpos de las mujeres y la vida/cuerpos de los hombres. Imperio, Nuda vida y género Para Toni Negri el poder de hoy es el poder del capitalismo, es un poder que abarca nuestra existencia, establece relaciones de producción y explotación por medio de nuestras vidas. Es decir, es un biopoder que sirve a los intereses del capitalismo. En el Imperio, así como se producen productos, se producen y administran subjetividades y relaciones sociales: Es de este modo como las grandes potencias industriales y financieras producen no sólo mercancías sino también subjetividades. Producen subjetividades dentro del contexto biopolítico: producen necesidades, relaciones sociales, cuerpos y mentes – es decir, producen productores. En la esfera biopolítica, la vida está hecha de trabajar para la producción y la producción está hecha de trabajar para la vida. Es una gran colmena donde la abeja reina vigila continuamente la producción y la reproducción. (Hardt y Negri, 2000; p.31) Tanto Negri como Agamben, coinciden en que el poder en nuestros tiempos es esencialmente biopoder, es decir, no solo administra la vida, sino que busca regir directamente sobre la naturaleza humana: “El biopoder es una forma de poder que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola.” (Hardt y Negri, 2000; p. 26) El primero desarrolla esta afirmación señalando como funciona el poder en las sociedades de control, y el segundo, a través de la producción de vidas denudas, vidas en las que se confunde lo humano con lo animal, el hecho y el derecho. Pistas para análisis de género Considerando que la subjetividad no es sustancial, sino que en cierto grado es formada en el campo de las fuerzas sociales, Negri señala dos aspectos en este proceso de producción. “Primero: la subjetividad es un proceso social de generación constante [a través de las prácticas materiales diseñadas para el sujeto en las instituciones y mediante sus propias acciones el sujeto es generado.]… Segundo: las instituciones proveen por sobre todo un discreto lugar (el hogar, la capilla, el aula, la tienda) donde se representa la producción de subjetividad…Las diversas instituciones de la sociedad moderna deben ser vistas como un archipiélago de factorías de subjetividad” (Hardt y Negri, 2000). En otras palabras, el sujeto es formado por las diversas instituciones por las que atraviesa a lo largo de su vida, atendiendo a su lógica y reglas internas. El pasaje al Imperio nace de la caída de la soberanía moderna. La modernidad se asienta en la lógica de la exclusión, de los dualismos, relaciones dicotómicas, dialécticas: Yo-Otro, blanconegro, femenino-masculino; discursos totalitarios y universalizantes. El pensamiento posmoderno por su parte, desafía esas relaciones dialécticas y apuesta por lo hibrido; la indistinción adentro, afuera, reivindica la frontera; discurso que rescata lo situado, lo especifico, ofreciendo herramientas para la lucha contra el patriarcado, el sexismo y el colonialismo en los que se fundamenta el discurso moderno. En ese sentido, las identidades también se multiplican. En el paso a la sociedad imperial, las subjetividades siguen la misma lógica de producción, al menos en el sentido de ser generadas en la factoría social, y señala Hardt y Negri, son producidas de un modo más intenso. Sin embargo, hay algo que es preciso revisar ¿Si las - 1563 - instituciones como la escuela, el hospital, la prisión, la fábrica, están en crisis y en una continua ruptura, cómo es posible la producción de subjetividades? Nos dirá Negri entonces, que la crisis no implica necesariamente que las instituciones no sigan cumpliendo su función en la creación de sujetos, lo que cambia es la segunda condición de la que nos habla, es decir, el lugar en el que se generan las subjetividades. Los espacios se han roto, los límites se han borrado, se difuminan; la lógica se extiende a todo el terreno social, traspasa las paredes de la institución. Aquí cobra valor el slogan feminista “lo personal es lo político" que anuncia esa ruptura de los limites entre lo público y lo privado: “La producción de subjetividad en la sociedad imperial tiende a no limitarse a ningún lugar específico. La indefinición del lugar de la producción se corresponde con la indeterminación de la forma de las subjetividades producidas. Entonces, las instituciones sociales imperiales pueden ser vistas en un proceso fluido de generación y corrupción de subjetividad.”(Hardt y Negri, 2000) La relación entre Nuda vida y género es aún más compleja. Si consideramos el género como una tecnología, un artificio, un mecanismo semiótico discursivo que le da sentido a los cuerpos, situarlo en ese umbral de indistinción, de confusión, entre naturaleza (bios) y cultura (zoé), humanidad y animalidad, es problemático. Y lo es, porque la producción de la vida desnuda tiene como objetivo despojar de humanidad a los sujetos mientras que el género sería una apelación a la subjetividad. Lo que sugiere entonces, que la biopolítica en la producción de la nuda vida entra en una relación conflictiva con el género, en tanto productor de subjetividad. Las propuestas conceptuales del Imperio y de Nuda vida se conectan con la teoría del Cyborg (1991) desarrollada por Donna Haraway, pues precisamente señala el estatuto híbrido del ser humano, esa interconexión entre máquina y organismo, naturaleza y cultura, “permite pensar en redes de relaciones en las que tecnologías, cuerpos, discursos, política, poder, hacen mestizajes particulares desde los cuales se actúa.” (Pujol, Montenegro y Balasch, 2003) Un zoom al conflicto armado colombiano “El estado de guerra es inevitable en el imperio ya que funciona como un instrumento de su dominación.” (Hardt y Negri, 2000) Las guerras civiles del imperio toman formas particulares respondiendo al contexto y las formas de poder propias del lugar donde surgen, sin embargo, no olvidemos que los conflictos armados trascienden lo nacional para hacer parte del engranaje del Imperio. Tomemos como punto de referencia el conflicto armado colombiano, que atraviesa una grave situación de vulneración de Derechos Humanos, violaciones al Derecho Internacional Humanitario y situaciones de violencia sistemática en la vida diaria de la población civil, consecuencia de un conflicto interno que se ha extendido por más de 50 años, en una lucha por el control territorial, económico y militar. Colombia cuenta según el consejo noruego de refugiados, con 4 millones de desplazados internos entre 1998 y 2008, ocupando el segundo lugar con mayor número de desplazados en el mundo después de Sudán. Del total de personas desplazadas el 75% son mujeres, niños y niñas. Desde este marco, en el que el Imperio se ha constituido como la nueva soberanía global y la época en que la guerra es una “relación social permanente” ¿Qué lectura podemos hacer del conflicto armado colombiano? , ¿Rastreando las marcas de género en este conflicto armado que podemos encontrar? - 1564 - • Retomando la idea de Negri de que el Imperio está constituido por diversos poderes que funcionan a diferentes escalas, el conflicto armado colombiano es un ejemplo de las formas que pueden adoptar las guerras. El conflicto que atraviesa este país está protagonizado por varios poderes que cumplen una función determinada en la dinámica de la guerra misma, algunos de los cuales son: el ejército, las guerrillas2, los paramilitares3, La mafia del narcotráfico, las trasnacionales, la intervención de Estados Unidos, las empresas privadas, los medios de comunicación, entre otros. • En el contexto colombiano cobra mucho sentido la idea de que “la guerra se está convirtiendo en el principio organizador básico de la sociedad” (Hardt y Negri, 2000). Ésta se ha convertido en un régimen de biopoder en la que busca no solo controlar la vida civil, sino también producir y reproducir la vida social, escenario de muerte y productor de vida. ¿Qué subjetividades se crean en este conflicto armado? ¿La guerra es un elemento organizador de la sociedad colombiana? ¿Sería otra guerra civil del Imperio y en consecuencia, un mecanismo activo que crea y refuerza el orden global actual? • El territorio es un elemento clave dentro de este conflicto, escenario de disputa de las multinacionales, los narcotraficantes, la guerrilla, los paramilitares y la población civil - que en su mayoría son indígenas y comunidades negras-. Pero vemos que no sólo se trata del control el territorio geográfico, se trata principalmente del control del cuerpo social. De un tiempo para acá ha aumentado el interés por el uso del cuerpo de las mujeres en los contextos bélicos; en varios estudios se ha considerado que el cuerpo de las mujeres está siendo usado como arma de guerra. • En los conflictos armados se subvierte (¿o pervierte?) el orden de lo cotidiano y se instaura un código de valores que rige la violencia en términos generales. En este escenario, el cuerpo de la mujer se convierte en campo de batalla y no solo en el conflicto armado de Colombia, hace parte de la dinámica misma de las guerras, un elemento constante en los escenarios bélicos: Bosnia, Kosovo, Liberia, Somalia, Camboya, Congo, Sierra Leona, Sudán, Ruanda, Afganistán, Irak, Perú y en muchos más enfrentamientos actuales. • En todas las guerras han estado presentes situaciones de violencia sexual sistemática a mujeres y niñas, aunque ésta sea una realidad invisible o sean consideradas como realidades que no “merecen ser lloradas” (Butler, 2010). Desde hace algunos años, muchas activistas y organizaciones que luchan por el respeto a los Derechos Humanos, están gritando a grandes voces, para que sean reconocidas las muertes, los abusos, las humillaciones, el dolor y el miedo de tantas mujeres que han visto la cara horrorosa de la guerra, y para que estas atrocidades no sigan siendo naturalizadas dentro de las dinámicas bélicas, tengan un lugar en la historia, sea una lucha presente y futura en todos los conflictos armados del mundo. • Zillah Eisenstein (2007), afirma que la violencia sexual a mujeres y niñas en los conflictos armados, ataca también al sistema de género de la masculinidad de esas poblaciones. Los hombres se desmasculinizan con la violación de sus hijas y esposas, pues una de las funciones que les supone la masculinidad es la protección de “sus” mujeres. Se desintegran las diferencias entre la vida pública y la vida privada, aniquilan - 1565 -