Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna
Abstract
Enmarcándola en sus propios recuerdos y desde un prisma personal, Magda se acerca inicialmente a la figura de Beauvoir considerando a la autora en lo autobiográfico de su obra, y deteniéndose en sus relaciones y en el tándem formado con Sartre. Una vez considerada la persona, Magda se vuelve hacia la autora adentrándose en una discusión de “El Segundo Sexo”, y repasando críticamente muchos de los posicionamientos adoptados por Beauvoir en esta obra. En último lugar, Magda analiza la situación de un “feminismo transmoderno” examinando su vinculación con movimientos como el Existencialismo y subrayando los retos que hoy en día siguen pendientes en torno a las concepciones que configuran la imagen de mujer.
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157 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda SIMONE DE BEAUVOIR, UNA LECTURA TRANSMODERNA SIMONE DE BEAUVOIR, A TRANSMODERN READING Resumen: Enmarcándola en sus propios recuerdos y desde un prisma personal, Magda se acerca inicialmente a la figura de Beauvoir considerando a la autora en lo autobiográfico de su obra, y deteniéndose en sus relaciones y en el tándem formado con Sartre. Una vez considerada la persona, Magda se vuelve hacia la autora adentrándose en una discusión de “El Segundo Sexo”, y repasando críticamente muchos de los posicionamientos adoptados por Beauvoir en esta obra. En último lugar, Magda analiza la situación de un “feminismo transmoderno” examinando su vinculación con movimientos como el Existencialismo y subrayando los retos que hoy en día siguen pendientes en torno a las concepciones que configuran la imagen de mujer. Palabras clave: Feminismo, Simone de Beauvoir, mujer. Abstract: Initially Magda approaches Beauvoir from a personal perspective, framing her in her own memories. Focusing on the autobiographical dimension of her work, she explores Beauvoir’s relationships and as Sartre’s partner. After considering Beauvoir as person, she turns to her as author to discuss “The Second Sex” and to critically examine the French author’s work. Finally, Magda analyses the situation of what she calls “transmodern feminism”, revising its connections with movements such as Existentialism and underlying the challenges that yet today mark the conceptualizations delineating the female image. Keywords: Feminism, Simone de Beauvoir, woman.
158 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2012.i12.09 Cuando Victoria Sendón me invitó a este homenaje, en el centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir, diversos sentimientos se agolparon. En primer lugar el agradecimiento y el cariño, porque a Victoria no sólo la admiro como escritora y mujer, sino que además la quiero como amiga que es, lo cual constantemente me demuestra; así, la oportunidad de verla de nuevo representa siempre una alegría. Por otro lado, el tema del encuentro sabía que iba a constituir para mí un viaje al pasado, que asumía con cierta perezosa curiosidad. Pereza, ya que volver a reencontrarse con la que una fue, a través de la lectura de las obras que nos han marcado, representa un esfuerzo teórico y autobiográfico en el que no siempre las piezas encajan. Asumí el reto diligentemente. Hace ahora la friolera de unos treinta años que compré y leí El segundo sexo. Estaba yo en cuarto de Filosofía y visité la Feria del Libro de Valencia, mi ciudad, con unos compañeros, creo que incluso tuve que justificar la adquisición de los dos tomos con un: “ya es hora de que me entere de este asunto”, como si incursionar en el feminismo teórico fuera una pequeña desviación de la adecuada seriedad académica, pues, efectivamente, ni la más ligera alusión a dicha problemática figuraba en el currículo de un licenciado en Filosofía. El impacto de su lectura fue tremendo, constituyó una revelación, en cierto modo la misma que sufrió la autora cuando, como cuenta en La force des choses, Sartre la conminó a iniciar una investigación sobre cómo le había afectado el hecho de ser mujer en su vida. Simone; igual –salvando las distanciasque yo en ese momento, estaba convencida ella de ser una intelectual inmersa en el ámbito de la universalidad, que se hallaba por encima de cualquier limitación en función de su sexo. Creía la autora que iba a despacharse el tema en un pequeño texto, pero la investigación se tornó inmensa y cambió de raíz la visión que tenía de sí misma y del mundo. Igual me pasó a mí, gracias a ella. Sencillamente descubrió que “toda la historia de las mujeres ha sido hecha por los hombres”1, y más aún que “la historia nos demuestra que los hombres han tenido siempre todos los poderes concretos; desde los comienzos del patriarcado han juzgado útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus códigos han sido establecidos contra ella, y de ese modo ha sido convertida concretamente en el Otro. Esta condición servía a los intereses económicos de los machos, pero convenía también a sus pretensiones ontológicas y morales”2. Lo que haya podido yo aportar en mi reflexión desde el ser mujer, arranca de esta impactante constatación. Simone de Beauvoir – devoré buena parte de sus libros – se convirtió para mí en un modelo de filósofa y escritora, y su relación con Sartre en el ideal de pareja intelectual e independiente. Después el tiempo pasó, encontré serias divergencias, sobre todo con el segundo Sartre, incluso ella acabó pareciéndome 1 Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Buenos Aires, Siglo Veinte, 1977, T. I. p.168. 2 Idem, p.181
159 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda un poco estirada y distante; además, la madurez nos aleja de las idealizaciones de la primera juventud. ¿Cómo sería, hoy, retomar sus textos? Este verano aproveché un viaje a París para escudriñar en las librerías. Del 9 al 11 de enero se había celebrado el “Colloque Centenaire Simone de Beauvoir 2008”, que, organizado por Julia Kristeva, reunió a intelectuales y biógrafos de diferentes países, entre ellos Claude Lanzmann, Danièle Sallenave, Deirdre Bari y Hazel Rowely. No fue difícil encontrar una actualizada documentación: diversas biografías, documentos gráficos, nuevos tomos de su correspondencia, una compilación exhaustiva del impacto de la publicación de El segundo sexo3, sus diarios inéditos de juventud4… Sobre todo había bibliografía abundante en la librería La Hune, sita junto al archifamoso Cafe de Flore, el más frecuentado por la pareja, al lado de la plaza de Saint Germain des Prés, ahora denominada Place Jean Paul Sartre et Simone de Beauvoir. El ritual incluyó alojarse en el Hotel Colbert, que en su propaganda en internet recordaba que había albergado a personajes célebres, entre ellos nuestra filósofa; aunque, al inquirir en la recepción por los años en los que residió, nadie conocía el dato, ni siquiera a quién me estaba refiriendo. Con esta verdadera avalancha de estudios biográficos, y el análisis exhaustivo de toda la documentación disponible, la vida de nuestra autora y su relación con Sartre queda desvelada hasta en sus aspectos más íntimos, poniendo de manifiesto los momentos aciagos, incluso las pequeñas mezquindades, en un retrato realista y a veces cruel, por supuesto muy alejado de la imagen libre, que a tantas nos subyugó en su momento. Pero ellos mismos prefirieron que toda su correspondencia se conservara, lo que a la postre implicaba que esa imagen que habían mostrado durante su vida acabaría resquebrajándose, iluminando sus lados oscuros. Simone había ya contado mucho en sus textos autobiográficos (Mémoires d’une jeune fille rangée, La forcé de algunos de los en ellas aparecían, aun cuando cambiara los nombres, y de otros que 3 Idem, p.181 4 Por sólo citar lo más recientemente publicado: Jacques Deguy, Sylvie Le Bon de Beauvoir, Simone de Beauvoir. Ecrire la liberté, Paris, Gallimard, 2008. Jean-Luc Moreau, Joseph Vebret (Annotateur), Simone de Beauvoir. Le goût d’une vie , Paris, Ecriture, 2008. Danièle Sallenave, Castor de guerre, Paris, Gallimard, 2008. Simone de Beauvoir, Cahiers de jeunesse, Paris, Gallimard, 2008. Alice Shwarzer, Simone de Beauvoir, Entretiens avec Simone de Beauvoir, Mercure de France, 2008. Hazel Rowley, Tête-à-tête. Beauvoir et Sartre: un pacte d’amour, Paris, Grasset, 2006,2008 Marianne Stjepanovic-Pauly, Simone de Beauvoir. Une femme engagée , Edictions du Jasmin, 2007. Huguette Bouchardeau, Simone de Beauvoir , Paris, Flammarion, 2007. Ingrid Galster, Beauvoir dans tous ses états,Tallandier, 2007. Michel Kail, Simone de Beauvoir philosophe, Paris, PUF, 2006.
160 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2012.i12.09 consideraron que mostraba sin respeto sobre todo la decrepitud del Sartre anciano. A su correspondencia mutua, se unió tras su muerte la publicación en 1997 de las cartas de amor de Beauvoir a Nelson Algreen5, y en 2004 la correspondencia con Jacques- Laurent Bost6. Pero toda la obra de Simone tiene ese tinte memorialístico, fue una filósofa que reflexionó desde su propia vida y desde las consecuencias que su opciones teóricas tenían en sí misma; así sus novelas son también parte de su autobiografía y de su indagación filosófica. L’invitée refleja el impacto de la presencia de Olga Kosakiewicz en la pareja, primero alumna y amante de ella y después de Sartre, formando un difícil trío amoroso, situación que se repetirá más tarde con Bianca Bienenfeld. En Les mandarins son reconocibles los personajes que encarnan a Sartre, Camus, Koestler, los debates políticos y la plasmación de su relación con Algreen en la historia de amor de Anne Dubreuilh y el escritor de Chicago Lewis Brogan. Une mort très douce, donde narra el fallecimiento de su madre, avanza en cierta medida la reflexión sobre la ancianidad, que, una vez llegada ella misma a la edad madura, se plasma en el ensayo La viellesse. La puesta al desnudo de su efectiva relación con Sartre dista mucho de ese ideal de pareja abierta, en la que no existen los celos sino un compromiso con la libertad mutua. Muchos críticos que en su día vieron en ellos un modelo han mostrado su decepción, se han sentido estafados. Para quien retome ahora su historia conjunta, con datos en su momento ocultos, pienso que quien cae hecho añicos es Sartre, patético en su compulsión por seducir a jovencitas, que sucumbían fascinadas por su aureola de intelectual famoso, aun cediendo muchas veces ante una clara repulsión física. Sin embargo Simone, al menos para mí, se muestra más humana, debatiéndose entre sus contradicciones, sus celos, sus inseguridades, lanzada también ella a nuevos amantes frente al amor hacia un hombre que muy pronto dejó de desearla físicamente, para obsesionarse con la posesión erótica no sólo de sus jóvenes amigas, sino de toda mujer joven y atractiva que se le acercase. Su “amor necesario”, intelectualmente fructífero, afectivamente perdurable, convirtió muchas veces los “amores contingentes” en meros objetos dependientes y utilizados, a menudo con un desapego estremecedor. ¿Qué otra cosa decir por ejemplo de Michelle Vian, que por tres veces abortó un hijo de Sartre, mientras éste se desentendía y, al menos en una ocasión, partía tranquilamente de vacaciones con su “amor necesario”? Las manifestaciones de quienes cayeron sentimentalmente en medio de la pareja muestran el dolor de la doblez, del engaño, de la insignificancia. Pero no se trata aquí de hacer un juicio sumarísimo; las relaciones humanas son complicadas y las mitificaciones falsas, eso es todo. Nada de ello afecta al 5 Simone de Beauvoir, Lettres a Nelson Algreen: Un amour transatlantique, 1947-1964, Paris, Gallimard, 1997. 6 Correspondance croisée: Simone de Beauvoir et Jacques-Laurent Bost, 1937-1940, Paris, Gallimard, 2004.
161 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda valor literario o filosófico de una obra, y en el caso de Simone de Beauvoir la puesta a la luz de todas sus contradicciones no deja de manifestar el esfuerzo teórico y práctico de una mujer que quiso afirmarse como sujeto, con el riesgo que el ejercicio de la libertad implica. Al releer ahora El segundo sexo, tengo reacciones encontradas: por un lado, me parece una obra relevante, casi enciclopédica, y que por su envergadura merece el lugar que tiene de referencia inexcusable en el pensamiento feminista; por otro, sus compendios antropológicos, históricos, psicológicos, sociológicos… los encuentro en ciertos puntos apresurados, claramente revisables a la luz de estudios posteriores. Y sin embargo redescubro en sus páginas planteamientos, conceptualizaciones fulgurantes, cuya deuda y rastro puede hallarse en las teorizaciones de feministas posteriores. Es como decir: me costó volver a pensar esto, redescubrirlo en otros autores, y ¡ya estaba aquí! A mi modo de ver el eje básico de su teoría es la aplicación feminista del existencialismo, la potenciación de la noción de lo Otro, y la dialéctica del amo y del esclavo hegeliana. Con respecto a lo primero, concuerdo con Teresa López Pardina en que el existencialismo de Simone de Beauvoir no es una mera traslación del de Sartre, sino que tiene elementos propios7. Así mismo, la categoría de “lo Otro”, en boga en el pensamiento del momento, debido principalmente a la influencia de Kojève, adquiere en ella una dimensión novedosa que no encontramos en Sartre, Merleau-Ponty o Lévinas. El primer gran acierto, a la hora de enfrentarse a la pregunta “¿que es una mujer?”, consiste en deshacer el supuesto de que masculino y femenino, macho y hembra, son dos pares de contrarios situados a un mismo nivel lógico. Se piensa así la diferencia como natural e irreductible, dando lugar a la consabida retórica de la complementariedad, ocultando la relación de poder subyacente y pretendiendo descalificar cualquier reivindicación igualitaria como antinatural. Por consiguiente, resulta una ruptura epistemológica de amplísimo alcance denunciar esta falacia al evidenciar que “la mujer aparece como lo negativo, ya que toda determinación le es imputada como una limitación sin reciprocidad”8. El criterio, la regla, la referencia legítima es siempre lo masculino, frente a ello la mujer aparece como lo relativo, lo inacabado, lo imperfecto. Existe todo un proceso de heterodesignación, como muy bien ha mostrado Amelia Valcárcel reiteradamente, y que ya encontramos explicitado en Beauvoir: “La mujer se determina y diferencia con relación al hombre, y no éste con relación a ella; ésta es lo 7 Véase Teresa López Pardina, Simone de Beauvoir, una filósofa del siglo XX, Cádiz, Universidad de Cádiz, 1998, y “El feminismo existencialista de Simone de Beauvoir” en Teoría feminista: de la ilustración a la globalización.Celia Amorós, Ana de Miguel (eds.), Madrid, Minerva ediciones, 2005, T.I, pp.335-365. 8 Simone de Beauvoir, op.cit. p. 11.
162 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2012.i12.09 inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto: ella es el Otro”9. Pero la autora tiene mucho cuidado de escapar de la trampa que representa adjudicar lo Otro a lo femenino, como algo irreductible, que consagra el eterno femenino como misterio, mecanismo por el cual la mujer queda reducida ora a ideal falsamente enaltecido, ora a lo irracional, pero en cualquier caso negándosele la autoconciencia que la convertiría en sujeto de pleno derecho. Toda comunidad se define como Una frente a lo Otro, sin embargo para que este proceso sea reversible debe ser recíproco, la comunidad definida como otra debe poderse definir a su vez como una, frente a la primera, cosa que no ocurre si sus componentes no pueden tomar conciencia de grupo como un “nosotros”, y ésta es la situación de las mujeres, que, viviendo desperdigadas entre los hombres, no han conseguido hasta hace muy poco esa identidad grupal afirmativa. Este proceso de heterodesignación y la necesidad de constituir un “nosotras” nominal pero fuerte ha sido ampliamente desarrollado en la línea beauvoiriana por autoras como Amelia Valcárcel o Celia Amorós. Beauvoir encuentra en la exposición hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo un modelo para explicar las relaciones patriarcales entre el hombre y la mujer. Gracias a él desvela características muy sutiles, pero también queda atrapada en la traslación en el fondo misógina que el modelo conlleva. Para Hegel un individuo sólo alcanza el estadio de autoconciencia cuando es reconocido por otra autoconciencia, para ello ha de arriesgar la vida en la lucha: quien no teme la muerte, y busca trascender su mero estado natural, vence frente a aquel que teme perderla y queda sometido a la esclavitud. El amo es amo porque el esclavo lo reconoce como tal; el primero consigue la libertad, el segundo la seguridad, se reconoce como conciencia sometida a través de la mirada del amo. El esclavo es la mediación a través de la cual el amo domina la naturaleza. Indudablemente, si sustituimos el término esclavo por el de “mujer”, tenemos una descripción muy reveladora de cómo históricamente se han conformado las relaciones entre los hombres y las mujeres. El problema aparece cuando Beauvoir no describe meramente este proceso de dominación, sino que le transfiere una actitud valorativa. El ser humano se caracteriza, según los postulados existencialistas, por ser proyecto, buscar la trascendencia y la libertad. La autora da por supuesto que el arquetipo viril del guerrero implica esta transcendencia, mientras que la mujer queda confinada a la inmanencia, a la reiteración de su tarea reproductiva. “La peor maldición que pesa sobre la mujer es estar excluida de esas expediciones guerreras: el hombre se eleva sobre el animal al arriesgar la vida, no al darla: por eso la humanidad acuerda superioridad al sexo que mata y no al que engendra”10. Pero precisamente se trataría de denunciar esa atroz inversión que 9 Ídem. p. 12. 10 Ídem. p. 88
163 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda entroniza el “dar la vida” como sinónimo de muerte, frente al “dar la vida” como forma de perpetuación de ésta. Una cosa es mostrar en qué modo la configuración biológica de la mujer puede explicar el sometimiento que ésta ha sufrido, y otra bien distinta devaluar su función de dadora de vida, hasta convertirla en una maldición: “engendrar y criar no son actividades, sino funciones naturales: ningún proyecto les es referido, y por eso la mujer no encuentra en ello el motivo de una afirmación altanera de su existencia y sufre pasivamente su destino biológico”11. Decididamente, como tanto se le ha criticado, Beauvoir pierde aquí la oportunidad de hacer una transvaloración feminista de los valores, de subvertir no únicamente el dominio patriarcal, sino su misma lógica y visión del mundo. De ahí su ceguera cuando afirma: “en verdad, las mujeres no han opuesto jamás valores hembras a los valores machos: esa división ha sido inventada por hombres deseosos de mantener las prerrogativas masculinas que sólo han querido crear un dominio femenino –reino de la vida de la inmanenciapara mantener a él en la mujer”12. No cabe aquí reiterar todas las polémicas entre el feminismo de la igualdad y el de la diferencia, las matizaciones han sido suficientes a lo largo de los años para que esa oposición refleje ya meramente una simplificación inane. Los valores femeninos creados por los hombres para dominar a la mujer no tienen nada que ver con la asunción de la mujer de su posición de sujeto, generadora de sus propios valores, de su acceso a la universalidad y la igualdad desde su posición situada, desde su cuerpo y su deseo. ¿Realmente podemos estar de acuerdo con la siguiente afirmación? : “Lo que ellas (las mujeres) reivindican hoy día es el ser reconocidas como existentes a mismo título que los hombres, y no someter la existencia a la vida, el hombre a su animalidad”13. Al igual que se ha denunciado, en tantos otros aspectos políticos, un universalismo desentrañado no es neutro, sino reproductor de la visión hegemónica. Esta ceguera de Beauvoir ha sido reiteradamente criticada desde el feminismo de la diferencia, el feminismo cultural y el ecofeminismo. Beauvoir supo poner de manifiesto el subtexto de género presente en los mitos, la historia como dominio patriarcal, las trampas psicológicas de la educación sentimental represiva de las mujeres, la feminidad como modelo normativo castrante, en la sexualidad, en el ideal doméstico, la percepción sexista de la madurez y la vejez femeninas. Evidenció, incluso antes de que el psicoanálisis se convirtiera en teoría ensalzada e intocable, algunos de sus aspectos más misóginos, estableció sus distancias frente al materialismo histórico, y mientras Sartre y los intelectuales del momento cantaban las loas al sistema soviético, advirtió de su fracaso como medio emancipador 11 Ídem. p. 187 12 Ídem. p. 89 13 Ibídem
164 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2012.i12.09 para las mujeres. Pero ella, que fue tan perspicaz a la hora de denunciar las visiones androcéntricas, acepta sin embargo el espacio simbólico en el que se ha gestado la discriminación de la mujer, llegando a afirmar rotundamente que “la acción de las mujeres no ha sido jamás una acción simbólica”. Como viene reclamando Victoria Sendón, no basta con incorporarse a lo universal o a la libertad en abstracto, se trata de elegir la libertad que nos permita crear simbólica y vivencialmente un universo Otro. A este fin, según la propuesta que desarrolla en su libro Matria14 sería necesario, frente a la lógica identitaria de lo Mismo, bucear en una lógica vital, del devenir. De esta manera se conseguiría que lo Otro dejara de ser el espacio negado para convertirse en el espacio genésico, asumiendo las aportaciones últimas de la física relativista (cuántica, lógica borrosa), las posibilidades cibertecnológicas o la visión ecológica de la naturaleza como Gaia. Queda así la biología resignificada, más allá del criterio evolutivo del más fuerte por un modelo cooperativo (Maturana), que resulta más apto para postular el elemento femenino como matriz gnoseológica. Otro de los aspectos donde la obra de Beauvoir parece errada es en su visión de una historia en la que está por completo ausente la mujer. Su punto de partida parece especialmente sangrante cuando afirma que “la desvalorización de la femineidad ha sido una etapa necesaria de la evolución humana”15. Ello implica, como muy certeramente se pregunta Geneviève Fraise que si “la opresión de las mujeres ha permitido la civilización. La dominación de los hombres “es por tanto causa de progreso”16. No basta con que Simone apostille a continuación que hubiera podido ser distinto si se hubiera dado una colaboración entre los dos sexos. La autora, muy influida por Lévi- Strauss, cae en la misma trampa que él, cuando sitúa el comienzo de la civilización en el intercambio exógamo de mujeres, androcentrismo que ya denunciara Gayle Rubin en su famoso artículo “The Traffic in Women”. Pues no se está meramente describiendo una situación de hecho, sino que en modo alguno se pone en tela de juicio la noción de “civilización”, ¿puede denominarse tal, con su implícita valoración de progreso, a lo que representa el sometimiento de la mitad de la humanidad?, ¿podríamos aceptar de igual modo que la esclavitud ha sido una etapa necesaria de la evolución?, ¿no serían ambas acciones más bien la escandalosa vergüenza de una historia que se ha construido a través de la explotación? Beauvoir, cuando se ocupa de ella, no hace una historia de las mujeres, sino confirma, aun denunciándola, la historia que los hombres han hecho olvidándolas. En su descargo podemos aceptar que, en su momento, ya resulta bastante revolucionario mostrar el sesgo androcéntrico de una disciplina que se pretendía neutra, cuando todavía no había irrumpido en el panorama intelectual 14 Victoria Sendón de León, Matria. El horizonte de lo posible, Madrid, Siglo XXI, 2006 15 Simone de Beauvoir, op.cit. T.II, p. 506 16 Geneviève Fraise , Le Privilège de Simone de Beauvoir, Arles, Actes Sud, 2008
165 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda el trastocamiento que representó la historia de las mentalidades, ni siquiera la recuperación a modo de excepcionalidad de las mujeres pioneras, ni mucho menos una historia de las mujeres que pone en tela de juicio el criterio viril de relevancia. Pero aún así, resulta lamentable su negación del feminismo como movimiento autónomo, la falta de constancia de las luchas de las mujeres por su emancipación. Por fortuna los trabajos realizados en las últimas décadas nos ofrecen una perspectiva amplia que subvierte el enfoque tradicional basado principalmente en las grandes gestas guerreras. Baste recordar la monumental Historia de las mujeres, dirigida por G. Duby y Michelle Perrot, o la reformulación de los periodos de la historia de Bonnie S. Anderson y Judith P.Zinsser17. Las críticas postmodernas propiciaron, por medio de los Cultural Studies, que se diera voz a todos los excluidos de la Modernidad, la defensa foucaultiana de la “insurrección de los saberes sometidos” abre un campo, como yo misma he intentado demostrar18, a la aplicación de sus nociones de arqueología y genealogía a historia de las mujeres. El segundo sexo concluye con un canto a la “fraternidad”, entendida, en la estela del emblema de la revolución francesa, “libertad, igualdad, fraternidad”, como la necesaria profundización democrática, que otorgaría una dignidad equipotente, alejada de cualquier hipotética “guerra de sexos”. Postura que entronca con la denuncia de esa “ilustración insuficiente”, que dejaba fuera de su horizonte emancipador a las mujeres. Apuesta pues por un “feminismo de la igualdad”, que, hoy, en el siglo XXI, ha asumido buena parte de las críticas que se le efectuaron, manteniendo lo mejor del impulso beauvoiriano. El principal elemento discutible es, de nuevo, que la autora propugna una igualdad frente al varón, sin cuestionar los valores masculinos, que aparecen simplemente como los propios del ser humano. Reiteradamente se ha puesto de manifiesto que la fraternidad es la igualdad entre los fratres, los hermanos que, tras el asesinato del padre, se reconocen como iguales. Habrá que recordar el carácter restrictivo de esa fratría, donde, como señalara Celia Amorós, ellos tienen el poder y el reconocimiento de “los iguales” mientras que las mujeres ocupan el reducto de “las idénticas”, genérico intercambiable al que no se le concede la prerrogativa de la individualidad. Y habría que reconocer también, como ha reiterado Luce Irigaray, que previo a ese asesinato del padre, está el asesinato de la madre, negación de toda filiación simbólica y real con el elemento femenino. Estemos de acuerdo o no con las propuestas del feminismo italiano de la diferencia, no podemos olvidar que su noción de “soridad” evidencia en gran medida el sexismo que el término “fraternidad”, tomado como neutro, conlleva. 17 Historia de las mujeres, dirigida por G. Duby y Michelle Perrot, Madrid, Taurus, 1991, y Bonnie S. Anderson y Judith P.Zinsser, Historia de las mujeres. Una historia propia, Barcelona, Crítica, 1991. 18 Rosa María Rodríguez Magda, Foucault y la genealogía de los sexos, Barcelona, Anthropos, 1999.
172 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 Simone de Beauvoir, una lectura transmoderna DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2012.i12.09 a las mujeres la lógica neoliberal del mercado, verdadera traición a la ética del liberalismo clásico ejemplificada en John Stuart Mill y Harriett Taylor Mill, pues ésta acaba confundiendo la libertad de elección con el consumo esclavo: soy libre porque consumo, porque puedo adquirir objetos, experiencias, relaciones, identidades… Y esa fluidez reitera penosamente los más engañosos o lesivos estereotipos, frivolización de las relaciones, la intimidad como espectáculo, la cibersexualidad como estandarización del modelo masculino, cuando no de la más clara pornografía… Un feminismo transmoderno debe saber enfrentarse a las dos caras de la globalización como nuevo pretendido Gran Relato: la totalización y el caos. Porque esa totalidad que nos atrapa en el maëlstrom de la nueva economía y la cibernética es a la vez envolvente y caótica, crece reticularmente como un universo en expansión, en el que los flujos de información generan agrupaciones discordantes que pueden actuar efectivamente sobre el conjunto. Hoy la acción de las mujeres debe ser ciberfeminista. Un feminismo transmoderno, recordémoslo de nuevo, debe retomar los retos pendientes de la Modernidad: emancipación, autonomía, libertad, desde la visibilidad social y la equipolencia. Debe estar alerta revisando permanentemente las falsas universalidades, los subtextos de género, los androcentrismos solapados, la heterodesignación que nos hurta nuestra dimensión de sujetos. Debe reivindicar la diferencia sexual, proceder a la resignificación y puesta en valor de la relación de la mujer con la naturaleza, la vida, la maternidad, la ética del cuidado, con lo que ello implica de reformulación en la concepción del trabajo, de la distribución del tiempo, de las relaciones erótico-afectivas, de la cooperación y reciprocidad en las tareas. En fin, nos queda tanto por transformar que no podemos prescindir de ninguna contribución, por eso hoy rendimos homenaje a Simone de Beauvoir, por sus grandes aportaciones, en sus aciertos y pese a sus carencias. Quedan muchas voces sin voz, muchas víctimas sin nombres, tanta sumisión consentida. Mientras seguimos denunciando el techo de cristal, y reclamando nuestra cuota de poder, esta misma sociedad cierra los ojos ante las esclavas sexuales que cualquiera puede comprar en nuestras ciudades, seguimos siendo ineficaces ante el terror de las mujeres amenazadas, y de todas aquellas que continúan muriendo a manos de los hombres que un día creyeron amar. Hace pocos días la prensa daba la noticia de una mujer nigeriana que había podido escapar de la mafia de prostitución que la tenía capturada en España, tuvo valentía, pero los sicarios asesinaron en su país a su padre como venganza. No sé su nombre, sin embargo puedo sentir el horror en sus ojos, su tremenda indefensión. Y quiero recordarla ahora. Porque no seremos realmente humanos mientras la muerte sea para una sola mujer el pago por su libertad.
173 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2012 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL2012.i12.09 Rosa María Rodríguez Magda BIBLIOGRAFÍA Bouchardeau, H. (2007). Simone de Beauvoir . Flammarion: Paris. De Beauvoir, S. (1977). El segundo sexo. Siglo Veinte: Buenos Aires. De Beauvoir, S. (1997). Lettres a Nelson Algreen: Un amour transatlantique, 1947-1964. Gallimard: Paris. De Beauvoir, S. (2008) Cahiers de jeunesse. Gallimard: Paris. De Beauvoird, S. (2004) Correspondance croisée: Simone de Beauvoir et Jacques- Laurent Bost, 1937-1940. Gallimard: Paris. Deguy, J; Le Bon de Beauvoir, S. (2008). Simone de Beauvoir. Ecrire la liberté, Gallimard: Paris. Galster, I. (2007). Beauvoir dans tous ses états. Tallandier: Paris. Geneviève, F. (2008). Le privilège de Simone de Beauvoir. Paris, Actes Sud. Kail, M. (2006). Simone de Beauvoir philosophe. PUF: Paris. López Pardina, T. (1998). Simone de Beauvoir, una filósofa del siglo XX, Cádiz, Universidad de Cádiz; Cadiz. Moreau, J.M. L; Vebret J. A. (2008). Simone de Beauvoir. Le goût d’une vie. Ecriture: Paris. Pardina, T. L. (2005). El feminismo existencialista de Simone de Beauvoir. In Teoría feminista: de la ilustración a la globalización (pp. 333-365). Minerva. Paul Sartre, J. (1980). El existencialismo es un humanism. Sur: Buenos Aires. Perrot, M; Duby, G. (1991). Historia de las mujeres. Taurus: Madrid. Rodríguez Magda, R. M. (1999). Foucault y la genealogía de los sexos. Anthropos: Barcelona. Rowley, H. (2006). Tête-à-tête. Beauvoir et Sartre: un pacte d’amour. Grasset: Paris. S. Anderson, B, P.Zinsser, J. (1991) Historia de las mujeres. Una historia propia, Crítica: Barcelona. Sallenave, D. (2008). Castor de guerre. Gallimard: Paris. Sendón de León, V. (2006). Matria. El horizonte de lo posible. Madrid: Siglo XXI. Shwarzer, A. (2008). Simone de Beauvoir, Entretiens avec Simone de Beauvoir, Mercure de France: Paris. Stjepanovic-Pauly, M. (2007) Simone de Beauvoir. Une femme engagée , Edictions du Jasmin,