Posibilidades de la A queología de la A qui ec u a.
A p opósi o del es udio de la p ime a a qui ec u a
abo edada al omedie al de la Península Ibé ica
La a qui ec u a al omedie al hispánica o ece buen
núme o de edi icios de impo ancia, esencialmen e
eligiosos, que han cen ado líneas de in es igación
desa olladas du an e más de un siglo p ocu ando e-
cha los y comp ende la secuencia de su desa ollo
his ó ico. Pa a ello se han u ilizado modelos de análi-
sis p oceden es de la His o ia del A e y de la A qui-
ec u a, básicamen e in luidos po modelos p e ios
his o iog á icos y po mé odos ilológicos ( uen es
esc i as) y es ilís icos. Ello dió luga a una explica-
ción de es a a qui ec u a que, después de Jas p ime as
indecisiones, se acep a hoy como de ini i a. La a -
qui ec u a paleoc is iana, ca ac e izada po plan as
basiJicales con a madu as, a a és de modeJos de
ansición, da ía luga a la isigoda o de época isi-
goda, enden e a la plan a cen ada, con apa ejo de
sille ía, abo edada y deco ada con escul u a; y és a,
a su ez, a la as u iana de apa ejo de mampos e ía,
bó edas de lad illo y deco ada con escul u a y pin u-
a. La up u a de es a secuencia g adualis a end ía
con la llamada a qui ec u a mozá abe, que in oduci-
ía el in lujo islámico apo ado po g upos de mozá-
abes huidos de al Andalus y asen ados en la on e a
c is iana del Due o a pa i del s. X, con ipologías
a iadas, abo edados o con a madu a, con el ósil di-
ec o de sus capi eles y, en ocasiones, con escul u a
deco a i a.
A pesa de su acep ación gene alizada, es e mode-
lo con inuis a p esen a su icien es con adicciones
como pa a que se haya plan eado su e isión (Real
1995; Caballe o
1994-95). Pese
al in en o de de ini
Luis Caballe o Zo eda
un g upo in e medio «de ansición» (Palol 1967) Y a
Ja búsqueda a anosa de pa aleJos o áneos (Schlunk y
Hauschild 1978), exis e un sal o di íciJ de explica
en e los sis emas cons uc i os a do omanos y los
isigodos y as u ianos a ni eJ de apa ejo, o mas, es-
uc u as y deco aciones. His ó icamen e, es e saJ o
se jus i ica ap o echando la c isis de la in asión islá-
mica a comienzos del s. VIII que pe mi i ía, a su ez,
explica la simili ud exis en e en e el a e isigodo y
el as u iano. Pe o es a elación se en ende ía mejo si
in i ié amos el sen ido de la e olución hoy conside-
ada canónica, es o es, conside ando p eceden es Jas
mani es aciones as u ianas y consecuen es, de Re-
conquis a, las hoy denominadas isigodas. De es e
modo se ellena ía el acío de la ac i a p oducción
a qui ec ónica que ci an los documen os de es e mo-
men o y que no puede explica solo la a día edilicia
mozá abe que, además, p esen a una di ícil elación
di ec a con lo andalusí y, al con a io, una compleja
ed de elaciones indi ec as con lo andalusí y lo Jla-
mado isigodo y as u iano.
La oma de conciencia de es as con adicciones, de
las que ya se hicie on eco algunas p opues as dis in as
al modelo consensuado (Puig i Cada a1ch 1961; Ca-
món 1963), y especialmen e la o denación al e na i a
de pa alelos o males y es ilís icos y el análisis de su
elación con las ó muJas cons uc i as y escul ó icas
omeyas, me ha penni ido plan ea un modelo expJica-
i o dis in o, «ca as o is a», que in en a esol e las.
És e supone que eJ sis ema conocido como a qui ec u-
a isigoda es en ealidad una consecuencia de Ja im-
Ac as del Te ce Cong eso Nacional de His o ia de la Cons ucción, Se illa, 26-28 oc ub e 2000, eds. A. G aciani, S. Hue a,
E. Rabasa, M. Tabales, Mad id: I. Juan de He e a, SEdHC, U. Se illa, Jun a Andalucía, COAAT G anada, CEHOPU, 2000.
126
plan ación del es ado andalusí en nues o suelo, que
apo a ía con sus ó mulas a qui ec ónicas p oceden es
del a e omeya si io una mezcla de in lujos omanos
o ien ales, bizan ino s y sasánidas p incipalmen e.
F en e a la eo ía adicional, es e modelo p opone
una cla a up u a en e nues o a e a do omano -pa-
leoc is iano--- y el al o medie al o p e ománico. En
época isigoda, la a qui ec u a depende ía de ó mulas
e olucionadas sob e las que incidi ían, sin duda, in-
lujos medi e áneos que aún da ían luga a magní i-
cas basílicas como la de S a. Eulalia de Mé ida (Ma-
eos 1999) o la de la ciudad de Recópolis. Pe o las
nue as ó mulas son apo ación del a e omeya, es-
pecialmen e el abo edamien o en sille ía, la alla de
los silla es, o la ecupe ación de la escul u a deco a-
i a y el lad illo. Hab ía que conside a los edi icios
llamados « isigodos», unos como especí icamen e
andalusíes o muladíes, -palacios emi ales de Mé i-
da (Alba 1997) y Pla de Nadal (Valencia, Juan y Pas-
o 1989)-; o os mozá ahes echados hacia el 800-
mani es ación de comunidades c is ianas bajo
dominio islámico, como El T ampal (Cáce es, Caba-
lle o y Sáez 1999) y Melque (Tole do, Caballe o y
La o e 1980)-; y o os de Reconquis a, elacionados
con el a e as u iano y echados hacia el 900 -Ban-
de (O ense, Caballe o 1991), la Na e (Zamo a, Ca-
balle o y A ce 1997) o el g upo iojano-bu galés
(Caballe o 1999)-. Pa ecidas écnicas y ó mulas
ue on asumidas po g upos sociales muy di e en es,
la sociedad iscal islámica andalusí; la some ida so-
ciedad c is iana mozá abe; o las clases a is oc á ica y
eclesiás ica de la nacien e sociedad eudal c is iana.
El nue o modelo explica i o no soluciona odas las
con adicciones del hoy consensuado; al con a io, su
e idencia de p oblemas i esolu os suponen pa a él, a
la ez, nue as con adicciones, como las echas a -
queológicas de la llamada cá cel de S. Vicen e de
Valencia (So iano 1995) y del palacio episcopal de
Ba celona (Bonne y Bel án de He edia 1999), o la
da ación de la de Baños (Palencia) en 652 o 661 po
la insc ipción dedica o ia del ey Reces in o (Caba-
lle o y Feijoo 1998). Es posible que algunos de es os
edi icios, aunque pe enecien es o malmen e al g u-
po «p e ománico», se adelan a an a su momen o
his ó ico, as la c isis del s. VII que supuso la consi-
guien e expansión islámica con la implan ación de
nue as condiciones sociales y la consecuen e opo u-
nidad pa a un nue o y e oluciona io sis ema cons-
uc i o.
L. Caba1le o
La b e edad del ex o impide desa olla los a gu-
men os y los ca ac e es de nues o nue o modelo ex-
plica i o, a pesa de la es echa elación que iene
con el ema del Cong eso. Po ello solo me oy a e-
e i a su aspec o me odológico y a su capacidad
heu ís ica. La demos ación de un nue o modelo ex-
plica i o, y más si ello conlle a la e u ación (no
exac amen e el echazo) de o o p e io, necesi a la
cons ucción de una me odología adecuada al obje i-
o que se p e ende alcanza . El empleo de la misma
me odología usada pa a la cons ucción del modelo
adicional supone juga con unas limi aciones que
posiblemen e sea imposible supe a . Solo con la
pues a en ma cha de una me odología adecuada a los
p oblemas plan eados se puede p opone un nue o
pa adigma. Po ello, as la p oposición del modelo
siguiendo la me odología empleada en el plan ea-
mien o adicional, p ocu é u iliza un nue o ins u-
men o analí ico do ado de una mayo capacidad y i-
go (no obje i idad como en ocasiones se dice
equi ocadamen e) a la ho a del análisis y de la ob-
ención de da os. Es e mé odo es la llamada A queo-
logía de la A qui ec u a, la aplicación de la me odo-
logía a queológica al análisis del es o ma e ial que
es el edi icio his ó ico cons uido. No podemos de-
ci que es a me odología halla esuel o el p oblema
del cambio de da ación de es a a qui ec u a, pues
es a esolución supone algo más que la me a conse-
cución de nue os da os, como su modelización y ex-
plicación his ó ica. No p e endo demos a , po an-
o, la exac i ud o la inco ección de uno u o o
modelo, sino sólo la capacidad heu ís ica del mé odo
a queológico aplicado al es udio de la a qui ec u a.
Igual que se a i ma de la A queología, la A queolo-
gía de la A qui ec u a (Caballe o y Esc ibano 1996)
posee es es a egias o líneas de ac uación p incipa-
les: -la es a ig á ica, pa a la que hoy se u iliza el
denominado mé odo Ha is (1991) de lec u a y do-
cumen ación es a ig á ica, que dis ingue las dis in-
as unidades de cons ucción y des ucción e ec ua-
das a lo la go de su ida en el edi icio y que
de e minan su aspec o ac ual, que o ece una se-
cuencia c onológica ela i a some ida a los p inci-
pios es a ig á icos; -la ipológica que ag upa los
elemen os cons uc i os según sus dis in os ca ac e-
es o males, que echa ela i amen e una ez que se
o dena su línea e olu i a; -y las de las Ciencias
u ilizadas po la A queología como auxilia es, analí-
icas de las Ciencias Na u ales y ilológicas o docu-
Posibilidades de la A queología de la A qui ec u a 127
men ales de las Ciencias Humanís icas, que suelen
o ece c onologías absolu as.
Pe o an es de desa olla ejemplos de es as es lí-
neas, debo incidi en la lógica que obJiga a u iliza
una me odología a queológica pa a el es udio de la
A qui ec u d his ó ica. Ha sido la ac i idad u banís i-
ca humana la que ha c eado las mani es aciones ma-
e iales cul u ales que denominamos yacimien os a -
queológicos. Pa ece e iden e que se u ilice un mismo
sis ema de análisis pa a los elemen os que son conse-
cuencia de la misma génesis his ó ica, cons uccio-
nes y yacimien os. Los yacimien os son la úl ima ex-
p esión de la ac i idad u banizado a humana, cuando
los g upos habi acionales, cons uidos sob e las ui-
nas de o os, de ini i amen e pie den su unción. Los
elemen os y las huellas de las ac i idades humanas
que eHos conse an son en su g an mayo ía de ca ác-
e edilicio, es ic amen e coe áneos y asociables a
los elemen os y ac i idades que die on luga a los
edi icios en pie y cuyas huellas se conse an en
ellos. Lógicamen e se some en a los mismos p inci-
pios gené icos y, po an o, nada impide, sino al con-
a io, odo demanda que se u ilice la misma écnica
de análisis (Ha is 1991). Tan o a qui ec os como a -
queólogos debemos e i a las e icencias a u iliza un
mé odo que nos pa ece ajeno o un obje o de es udio
que no c eemos nues o. El mé odo a queológico de-
iene de las Ciencias Na u ales y de la His o ia del
A e an o o más que de la p opia His o ia y debe se
conside ado p opio de unos y o os sin ap ensión
ninguna.
Un ejemplo de es o lo o ece el es udio de la igle-
sia del T ampa] (CabaIJe o y Sáez 1997). Apa e de
la ubicación de la iglesia en un «yacimien o», el p o-
pio edi icio lo es, al habe se a uinado algunas de sus
pa es has a desapa ece como elemen os aé eos.
Pe o además, el «yacimien o» ha c ecido sob e las
cubie as del edi icio que pueden exca a se igual que
un yacimien o. Análisis es a ig á icos de yacimien o
y de edi icio suponen una misma secuencia (cons-
ucción, deg adación y eo denación y sucesi os
p ocesos de uina, eadap ación y econs ucción)
que se o dena en un mismo diag ama c onológico
( igu a 5). Los ma e iales ag egados a las unidades
es a ig á icas (po iden idad o po inclusión) del ya-
cimien o y del edi icio, sean es os ce ámicos o es-
cul ó icos, se es udian del mismo modo. Epíg a es,
uno la ino g abado en la pa ed del edi icio y o o á a-
be g abado en una ce ámica del subsuelo, se comple-
men an en la comp ensión social del luga . Las múl-
iples azones, económicas, sociales, polí icas, eli-
giosas, que jus i ican la c eación de una implan ación
mozá abe se p esen an y se complemen an an o a
a és del yacimien o como del edi icio. La a qui ec-
u a de la iglesia e leja es ic amen e el p oceso de
c eación de la explo ación o iginal; su inmedia o
abandono; la ecupe ación a domedie al; el paula i-
no decaimien o has a el abandono de 1800; su epo-
blación como consecuencia de la Desamo ización;
su de ini i o abandono; y ]a úl ima in e ención, a -
queológica y a qui ec ónica.
Todos los edi icios his ó icos p esen an una se-
cuencia es a ig á ica, que, aunque no es emos acos-
umb ados a eIJo, es mucho más ica de lo que en
p incipio c eemos. Secuencias que de i an de las su-
cesi as supe posiciones, pe o ambién de los co es
que p o ocan pé didas o hia os no siemp e debida-
men e aJo ados. Las econs ucciones y, sob e odo,
las es au aciones de ca ác e his o icis a p e enden
maquil1a e] edi icio ocul ando mimé icamen e lo
que es y lo que no es en el edi icio his ó ico. Es o es
lo p ime o que esal a la lec u a de pa amen os o es-
a ig á ica. Luego, lo que se espe a, la secuencia de
cons ucción, uina y econs ucción que sucesi a-
men e ha su ido el edi icio has a nues os días, de
modo que encon amos a ios edi icios in eg ados en
donde pa ecía habe solo uno, cada cual con sus es-
peci icidades o maJes y uncionales; no malmen e el
p ime o de mayo empuje y los demás dependien es
de éJ. Tobi1las (ÁJa a, Azká a e 1995b), S. Ped o el
Viejo de A lanza y S. Vicen e del Valle (Bu gos, Ca-
baHe o y Cáma a 1995 y A ce ]998), La Na e ( iígu-
a. 3), Baños, El T ampal o Bande, odos en mayo o
meno medida p esen an es a iqueza secuenciaJ. Ba-
ños es un ejemplo de la delimi ación del p oceso de
in e ención con empo áneo, al dis ingui se una ac-
uación ce cana a Ja anas ilosis en el mu o que sos ie-
ne su a cada me idional a lo que noso os sabemos
desconocida has a aho a ( igu a. 1; CabalJe o y Fei-
joo ]998).
Una ca ac e ís ica que es ambién ípica de la lec-
u a es a ig á ica es el descub imien o de edi icios
que no son lo que pa ecen o que son lo que no apa-
en an. Azká a e (1995a) ya llamó la a ención sob e
eIJo, de i ado de la conclusión implacable a que con-
duce el igo me odológico y la ayuda de la in o ma-
ción documen al. A án (Lugo, Caballe o y o os
1999b), una «iglesia ománica del s. XV!», es nues-
128
o ejemplo más cla o, de la que se nos p egun ó si
alguna de sus pa es podía se p e ománica dada la
eu ilización en ella de celosías así conside adas. No
sólo no pudimos dis ingui pa es an an iguas, sino
que llegamos a la conclusión de que la iglesia se
cons uyó ap o echando es os de edi icios an e io-
es, en e ellos de una iglesia ománica con cuyos
es os se ehizo posiblemen e en el s. XVI el ábside y
dos po adas ománicas, allando en ese momen o los
elemen os que necesi aban pa a comple a lo eu ili-
zado. Los elemen os deco a i os ománicos es án
«incluidos» en las unidades enacen is as que se e-
chan po sus elemen os que imi an a los ománicos y
que, aunque engañan a p ime a is a, se di e encian
de ellos ipológicamen e pe mi iendo da a el edi i-
cio. En o as ocasiones, como demues an Feijoo y
Rúa (1995) en S. Ma ín de P ado (Pon e ed a), ocu-
e al con a io: una iglesia cuyo aspec o es mode no
ocul a una iglesia p e ománica p ác icamen e com-
ple a. En es e caso es la ausencia de « ósiles- guía»
del edi icio o iginal y, en cambio, la p esencia de
o mas de ipología mode na (ma cos de pue as y
en anas) lo que de e mina la inadecuada da ación,
solo co egida pa cialmen e po la da ación ela i a
que o ece la es a ig a ía. Muchas de nues as igle-
sias u ales p esen a án ambas si uaciones, debiendo
eubica se en los espec i os ca álogos, a asando o
adelan ando su adsc ipción c onológica y apo ando
una in o mación p eciosa sob e la p ehis o ia de la
in e ención es au ado a.
La es a ig a ía de pa amen os no sólo si e como
un ins umen o de indudable ca ac e ización c onoló-
gica. El ejemplo de A án a que acabo de e e i me in-
dica ambién bas an e sob e la ideología de sus cons-
uc o es, de su comp ensión de los es ilos y de la
economía, de la pe du ación de las soluciones cons-
uc i as y deco a i as, y, quizás, del p es igio social
de o mas adicionales o mode nas, según el caso.
Además, la es a ig a ía, al di e encia en e unidades
o iginales, supe icies de o u a o uina y unidades
añadidas de es au ación pe mi e e i ica los daños
su idos po el edi icio y a a és de ellos «diagnos i-
ca » los p oblemas cons uc i os a que se debían y
las ca ac e ís icas cons uc i as del edi icio. An e
odo la disc iminación de los elemen os pe ene-
cien es a cada época pe mi e econs ui has a donde
es posible pe o con igo y segu idad las onnas de
los a ios edi icios que se sucedie on. Es e es el caso
de la econs ucción de las iglesias p e ománica y
L. Caballe o
gó ica de Baños (Caballe o y Feijoo 1998), ayudados
po las escasas no icias dejadas po la in o mación
documen al y la econs ucción his ó ica ( igu a. 2).
Pa ecido, desde la ipología pe o sin la p e ia lec u a
es a ig á ica, es el es udio de la modulación de los
edi icios as u ianos e ec uada po A ias (1995) que le
pe mi e econs ui las o mas pe didas y, lo que es
más impo an e, los p incipios de sus azados.
Las huellas conse adas en el edi icio ayudan a e-
cons ui lo pe dido del sis ema cons uc i o que im-
pide su pe ec a comp ensión. En las iglesias de A -
lanza (Caballe o y Cáma a 1995), S. Vicen e del
Valle (A ce 1998), La Na e ( igu a. 4; Caballe o y
A ce 1997) y El T ampal ( igu a. 6 y 7; Caballe o y
Sáez 1999) es el ipo de uina (desplazamien o de los
silla es, inclinación de los mu os, o u a de los es e-
os o de los din eles de las pue as, g ie as) lo que
ayuda a econs ui el sis ema cons uc i o, es o es
los a cos en las pilas as adosadas, las a cadas en las
na es y sob e ellas la cubie a abo edada. La sis e-
má ica conse ación de las bó edas en los ábsides y,
en ocasiones, en las cabece as y la p esencia de a -
madu as (de es au ación) en el cue po de las iglesias
« isigodas», hizo pensa que al e naban en ellas los
dos sis emas cons uc i os. Sin emba go, los nue os
da os ob enidos pe mi en a i ma que es u ie on
comple amen e abo edadas, ex apolando la conclu-
sión al es o del g upo ( igu a. 8). P obablemn e ue
el ensayo de es os sis emas de abo edamien o lo que
hizo que sus empujes mal equilib ados p o oca an su
uina en un p oceso iniciado en unos casos a poco de
cons ui se y p olongado en o os has a nues os días.
Algunas, como A lanza y S. Vicen e del Valle, se
es au a on en el ac o con sis emas p e ománicos,
incluso en a ias ocasiones, mien as que las más se
es au a on con sis emas que no enían en cuen a e
incluso a iaban el sis ema o iginal, como ocu ió en
La Na e y El T ampal. Los esul ados pe mi en la c-
cons ucción i ual de los edi icios o iginales.
Analizados los edi icios ac uales, documen adas
desc ip i a, planimé ica y diag amá icamen e sus
secuencias his ó icas, da adas és as al menos ela i-
amen e y econs uidas las o mas cons uc i as;
cn onces se pueden plan ea ipologías. Las o ecen
los ma e iales cons uc i os, los apa ejos, los ele-
men os deco a i os y las es uc u as o los sis emas
cons uc i os. El g upo mayo i a io e alla silla es
expoliados de cons ucciones omanas (y ambién
made as), ajus ando la alla a su posición, con los
Posibilidades de la A queología de la A qui ec u a 129
que ealizan apa ejos de una apa iencia onnal muy
pe ec a, con cadenas de g andes silla es en los ex e-
mos de los pa amen os y paños de hiladas más es e-
chas y onduladas (Caballe o 1999); y cub en con bó-
edas sob e pechinas los ábsides y quizás los
c uce os, y con bó edas de cañón sob e a cadas las
aulas de es na es. Es e ipo se ex iende en época de
Reconquis a especialmen e po el alle del Due o y
las zonas de Bu gos y La Rioja. Con sus di e encias
y excepciones pueden ag upa se a ian es según ca-
ac e es geog á icos, cul u ales y c onológicos: mo-
zá abe, ex emeño, bu galés- iojano, los de inidos
como no « isigodos» -as u iano, mozá abe leonés y
ca alán en e o os- y po ugués. Desde o a pos u-
a, algunos elemen os pa ecen aislados ya po que no
u ie an éxi o o po que no han llegado a noso os
más indi iduos de los ipos que o ma an. Po ejem-
plo, la iglesia del T ampal o ece unos ipos de mam-
pos e ía y de bó edas sob e a cadas adosadas a los
mu os que, a no se po su elación con los palacios
eme i enses, la habi ación ase a de Melque y su le-
jana elación con ó mulas as u ianas, se hubie an
dado po únicos. La sille ía sacada de can e a y la
bó eda aida de la iglesia de Melque no o ecen pa-
alelos; pe o su iglesia al e na con la pe ec a mam-
pos e ía de sus edi icios quizás monás icos. Aunque
ipológicamen e podamos p opone que la deco a-
ción de isos, impos as y capi eles de las supues as
iglesias isigodas de i a de p o o ipos omeyas, en e-
alidad desconocemos odo sob e su modo de ansmi-
sión y los eslabones in e medios, sal o un caso an
discu ido como el de los es ucos de Villajoyosa (Ali-
can e ).
Pe o el p oblema de mayo impo ancia y más di-
ícil de esol e es el de la c onología absolu a. An e
odo, como sabemos, los da os de c onología «abso-
lu a» siemp e se han de analiza a la luz del con ex o
a que pe enecen, « ela i izándose» po an o. En
es e sen ido, es pa adójico y equí oco sepa a una
c onología absolu a de o a ela i a, dado que la p i-
me a no debe u iliza se ue a del ma co de un con-
ex o, una secuencia y una hipó esis explica i a.
La ubicación c onológica de los da os que bo dean
los lími es de una c isis -«ca as o ismo»- apa ece
a la in es igación como imp ecisa, de modo que, en
el momen o de p opone un cambio de pa adigma,
pa ece que, si ua los a uno u o o lado del «lími e»,
depende más del modelo que se sigue o, dicho de
o o modo, que los da os en sí son incapaces de
a o-
ece una u o a hipó esis. Es el caso de ]a echa de
ca bono-14 de una cue da de espa o de los es ucos
que deco an la iglesia de Melque (¿ isigoda o mozá-
abe?) que aba ca el úl imo e cio del s. VII y los es
p ime os cua os del s. VIII (Caballe o y Fe nández
Mie 1999). Además, su ma gen c onológico depen-
de en g an pa e de la cu a de calib ación po lo que
se p e é que cualquie o a mues a coe ánea da á un
pa ecido ma gen c onológico. Un g a i o del T am-
pal se da ó en el s. VIII, pe o la inc1usión de es a
iglesia en el g upo canónico isigodo impedía la
acep ación de es a echa, po ]0 que se conside ó mo-
de nizan e y se puso en ese a (Caballe o y Veláz-
quez 1989). Lo mismo había ocu ido an es con e]
g upo deco a i o más a anzado de la escul u a a qui-
ec ónica del alle de Mé ida que su es udiosa (C uz
1985) conside aba dependien e del a e omeya, pe o
de la que man enía su c onología « isigoda» mien-
as o os a gumen os no demos a an lo con a io.
Un p oblema semejan e debe ocu i con las úl i-
mas ce ámicas isigodas y las p ime as emi ales, pa a
las que no se poseen exac os e e en es c onológicos,
po lo que ]a c onología de sus ipos aciJa en e poco
an es y poco después del 700 según nues os in e e-
ses. En El T ampal (Caballe o y Sáez 1999) se ha di-
e enciado, lógicamen e, jun o a un g upo de ce ámi-
cas de ipología anda]usí o o que se conside a de
adición isigoda. Siendo ambos g upos coe áneos,
sin emba go el isigodo unciona como «incluido»,
mien as que el p ime o, ecnológicamen e más mo-
de no, lo hace como «de iden idad ipológica» o « ó-
sil di ec o » y, po lo an o, da a el con ex o y la igle-
sia a que se asocia. Las mismas di e encias se pueden
hace con la escul u a a qui ec ónica. Así ocu e en
Baños (Caba11e o y Feijoo 1998) donde se han podido
dis ingui es g upos deco a i os, los dos p ime os
«incluidos» y solo el e ce o « ósi1» iden i icado ( i-
pológicamen e) del momen o cons uc i o de la igle-
sia. Va ias impos as de los capi eles y es os mismos
son eu ilizados y de segu a c onología a do omana
(g upo 1). El « ípico» g upo de impos as con cí culos
secan es o cuad i olias y cin as que deco an los ábsi-
des y el aula eu ilizan ambién piezas eco adas, me-
iculosamen e ajus adas al edi icio (g upo 2). Es os
elemen os se conside an p o o ipo de la deco ación
« isigoda» pe o, aunque lo sean a pesa de sus cla os
e e en es con la deco ación omeya, es e iden e que
no son coe áneos a la cons ucción de la iglesia que es
pos e io dado que los eu i]iza. De se un " ósil di-
130
ec o » de lo conside ado isigodo han pasado a se
un imp eciso da o «pos quem» de la iglesia. La da a-
ción de la iglesia iene de e minada po el e ce g u-
po deco a i o --el e dade o « ósil» di ec o - o -
mado po las piezas del g upo an e io e alladas pa a
pode se ap o echadas y nue as piezas, ajimezes,
impos as y canceles cuya ipología se elaciona pe -
ec amen e con la p e ománica. De es e modo se
plan ea o o p oblema de da ación al con adeci se la
echa de la insc ipción del ey Reces in o (652 ó 661
de.) con es e e ce g upo que iden i ica ipológica-
men e la iglesia en el s. IX. Es a insc ipción, po an-
o, ambién pasa de conside a se « ósil di ec o » a se
un elemen o <<incluido», un da o «pos quem». Pa a
pode u iliza co ec amen e la echa absolu a de es a
« uen e esc i a» e a necesa ia su p e ia ela i ización,
la cual e a imposible mien as no se aplica a al análi-
sis del edi icio una me odología especí ica como es la
A queología de la A qui ec u a.
Un caso semejan e pe o opues o al de la insc ip-
ción de Reces in o en Baños ocu e con la iga des-
cubie a en la iglesia de La Na e cuando ue des-
mon ada po Fe an pa a su aslado. La lec u a
es a ig á ica asegu a azonablemen e que pe enecía
a la es uc u a o iginal y que, po an o, debía echa
el momen o de su cons ucción. La p egun a a la ana-
lí ica e a simple: si la iga pe enecía al s. VII, según
la explicación adicional, o a los siglos IX-X según
la nue a explicación. La conclusión del análisis den-
d oc onológico y de ca bono-14 la echa en el s. IV,
con adiciendo las hipó esis p e ias y ab iendo po
an o una nue a, la e u ilización del ma e ial que,
como sabemos, es una cons an e de es os g upos
cons uc i os (Rod íguez T obajo y o os 1998).
Mien as que con la iga ue posible consegui una
echa «absolu a» -aunque con su lógico ma gen-
al conse a su albu a, no ocu e lo mismo con las
g apas que a aban los silla es y cuya c onología que-
da « lo an e» al ene que suma Ia una a iable des-
conocida, «pos quem» po lo an o pa a la iglesia.
De hecho odos es os elemen os da ados «absolu a-
men e», po más que nos ien e, no podemos consi-
de a los « ósiles di ec o es», de echa equi alen e a
la de su edi icio. Pensemos qué hubie a ocu ido si el
análisis de la iga hubie a dado s. VII: se hab ía con-
side ado coe ánea a la iglesia y asegu ado su isigo-
ismo, sin pensa en la posibilidad de una eu iliza-
ción más a día has a que alguna con adicción
hubie a obligado a e-con ex ualiza la.
L. Caballe o
Como es sabido, los modelos p e ios son necesa-
ios pa a pode desa olla una in es igación, pe o
es os modelos suponen el pelig o de que da emos
po ellos los elemen os o zando la echa. Es lo que
nos ocu ió con Bande, echada po una uen e esc i-
a (Caballe o, A ce y U e o 1999a). En una dona-
ción de 982 se consigna que la iglesia ue epoblada
en 872, cuando lle aba abandonada 200 o más años,
po lo que se supuso que ue cons uida hacia 672.
Sin emba go su conside ación isigoda se con ade-
cía con el es ilo «as u iano» de algunos de sus ele-
men os (capi eles, impos a, bó edas de lad illo), lo
que se p e endió soluciona suponiendo que el ábsi-
de y las bó edas de lad illo pe enece ían al momen-
o de Repoblación del s. IX. Pe o el esul ado de
nues a ecien e lec u a de pa amen os indica que el
edi icio es básicamen e uni a io y que sólo en el ex-
e io los mu os han panzeado po e ec o de la p e-
sión de las bó edas siendo es au ados en dis in os
momen os ( igu a. 9). Demues a po lo an o que
ue el modelo p e io y la ausencia de un igu oso
mé odo de análisis lo que o zó una comp ensión in-
co ec a del edi icio. Admi iendo de an emano que
la iglesia del documen o y la de la A queología son
la misma iglesia, la con adicción en e la no icia
documen al y la e idencia a queológica solo puede
se esuel a acep ando que la iglesia es á echada po
los elemen os de c onología más mode na que la
o o gan su «iden idad ipológica», es o es los que se
echan po su pa alelo con lo as u iano en el s. IX,
obligando a busca o a explicación al da o docu-
men al que, posiblemen e, solo p e endía sub aya la
an igüedad de la iglesia.
No quie o e mina mi ex o sin e e i me a dos
cues iones inales que, a mi modo de e , dejan
abie a la espe anza a la esolución de es a p oblemá-
ica que, de an complicada como nos pa ece, ende-
mos a simpli ica la en un «p oblema de echa»,
¿pe o de cuándo son en ealidad es as iglesias?
Po una pa e, pa ece educi se a un p oblema de
echa que, desde la si uación «lími e» en que se en-
cuen an y la ela i idad c onológica de las secuen-
cias es a ig á ica y ipológica, es imposible conse-
gui . Sin emba go, a mi pa ece , es en es as p opias
secuencias c onológicas ela i as, po su igo y o -
den, donde podemos encon a ayuda a la ho a de op-
a po un modelo explica i o. Si la secuencia ipoló-
gica de la escul u a deco a i a o, en gene al, del ipo
e oluciona io de iglesia abo edada, enga za, po
Posibilidades de la A queología de la A qui ec u a 131
ejemplo, con los modelos omeyas, lo lógico es consi-
de a que de i en de ellos y no al e és, que nues as
secuelas se adelan en a los p o o ipos o ien ales.
Algo pa ecido debe ocu i con la escul u a de igle-
sias como La Na e espec o a las as u ianas de las
que deben de i a en con a de la opinión adicio-
nalmen e admi ida. Más di ícil pa ece encon a ayu-
da en las secuencias es a ig á icas. Pe o algunas,
como las de Melque y eJ T ampal su giendo como
algo nue o, insóli o e inaúdi o que enlaza enseguida
y sin solución de con inuidad con el momen o inicial
islámico, pa ecen indicamos po sí mismas a qué
lado del lími e debemos coloca la secuencia conse-
guida, sin apa en e hia o.
Po o a pa e, ehuso conside a que el p oblema
se eduzca a «la echa». T as cada echa hay modelos
explica i os muy dis in os que e san sob e conside-
aciones muy a iadas. El p oblema (y su solución)
es his ó ico. Conside a lo de o o modo signi ica e-
baja Jo y acep a que iene un muy ela i o in e és
en e a o as «his o ias». Así, la esolución del p o-
blema, e u ando (no echazando) una y o a hipó e-
sis, signi ica a anza en la comp ensión compleja de
es as p oducciones y de sus sociedades y, po lo an-
o, en su es udio como un «p og ama de in es iga-
ción» en que es án empeñadas dis in as eo ías y dis-
in os equipos de in es igación que pe enecen a
p o esiones, escuelas y me odologías dis in as, a qui-
ec os y a queólogos, pe o ambién his o iado es de
odo ipo, lingüis as, ísicos y químicos e, incluso,
me os documen alis as. A mi pa ece , no debemos
a e gonzamos de hace His o ia en equipo.'
NOTAS
l. No hubie a sido posible a anza en es a a gumen ación
sin la ayuda de muchos colegas. De ellos sólo aya ci-
a algunos más ce canos, a qui ec os Pablo La o e, Le-
and o Cáma a y An onio Almag o; a queólogos Agus ín
Azká a e y su equipo, Fe nando A ce, San iago Feijoo y
Ma ga i a Femández Mie ; y ísicos y químicos, Femán
Alonso yEdua do Rod íguez T abajo.
Figu a l.
Lec u a de pa amen os del alzado su de la iglesia de S.
Juan Bau is a de Baños (Palencia).
Figu a 2.
Recons ucción ideal del es ado o iginal de la iglesia de S.
Juan de Baños.
~.
Figu a 3.
Lec u a de pa amen os de la sección longi udinal a Su de
la iglesia de S. Ped o de la Na e (Zamo a).
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132 L. Caballe o
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Figu a 5,
Lec u as de pa amen os de los aJzados ex e io es longi udi-
nales de la iglesia de S a. Lucía de] T ampal (Cáce es),
Figu a 4,
Recons ucción ideal en sección del es ado o iginal de la
igJesia de S. Ped o de la Na e,
Figu a 6.
Recons ucción ideal de las habi aciones la e ales abo e-
dadas de la iglesia de S a. Lucía del T ampaL
Figu a 7.
Recons ucción ideal del sis ema de abo edamien o de la
iglesia de S a. Lucía del T ampal.
Posibilidades de la A queología de la A qui ec u a 133
Figu a 8.
Recons ucción ideal, seccionada de la iglesia de Quin ani-
Ha de las Viñas (Bu gos).
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Figu a 9,
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