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ASTRÁGALO. Cul u a de la A qui ec u a y de la Ciudad, 37 (2025). ISSNe: 2469-0503
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike. Re iew
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2025.i38.15
EL ARQUITECTO CURIOSO / THE CURIOUS
ARCHITECT / O ARQUITETO CURIOSO
Albe o Ma ina Cas illo
Uni e sidad Pablo de Ola ide
[email p o ec ed] 0000-0002-3535-5149
Reseña de Sabe habi a . Oikonomikós, de Jeno on e.
T aducción y no as de Josep Que glas / Re iew o Sabe habi a .
Oikonomikos, by Xenophon. T ansla ion and no es by Josep
Que glas / Resenha de Sabe habi a . Oikonomikos, de Xeno on e.
T adução e no as de Josep Que glas
Asimé icas, Mad id, 2023
El abajo de Josep Que glas pa a es a
aducción de Jeno on e emi e a lo que
me a e o a llama la lógica del ca é. Y
no hablo de un ca é cualquie a, ni po
asomo de ésos anquiciados que minan
hoy nues os cen os his ó icos, sino que
debemos imagina el es ablecimien o en
su esplendo : pongo po caso el pa isino
Zimme , en la Place du Châ ele , y es oy
pensando, cla o, en la escena céleb e de
Vi e sa ie (Goda d, 1962) en la que el
ilóso o B ice Pa ain cha la con Nana
(Anna Ka ina) y dice algo así como “que es
ex ao dina io que podamos comp ende
a Pla ón, aún se deja en ende , y eso que
esc ibió en g iego hace... ¿cuán os, 2.500 años? Nadie conoce la lengua de aquel iempo, po
lo menos no exac amen e. Sin emba go, algo queda”. Aún más, ci ando a Szlezák, cabe lee los
diálogos de Pla ón y po ende los de Jeno on e como au én icos “d amas ilosó icos”, donde a lo a
“el sen imien o de que uno como lec o no es sólo es igo, sino ambién de alguna mane a pa e
en la i a dispu a” (Lee a Pla ón, Alianza, 1997, p.15). Y en el caso de es e Sabe habi a , no sólo
leemos el diálogo como si pa icipá amos en una g a a y encendida cha la de ca é con aquellas
eL a QUi ec o cU ioso
366 ASTRAGALO Nº 38 | MAYO / MAY / MAIO 2025 2025 | Visual A icle | ISSN 2469-0503
p esencias milena ias y an asmales, sino ambién con el aduc o , amigo suyo, que nos p ecede y
que se queda a cena lo que du e nues a lec u a. Pe o, po o o lado, es cie o que el comp omiso
de comp ende y aduci a los an iguos g iegos, a cuya lengua es amos siemp e eg esando, se
sus en a sob e ines ables cimien os: como decla a Que glas, “no se aduce en e iguales. Si la
g iega es desconocida, nues a lengua es “desconocedo a” (p.45). Po ob io que pa ezca, con iene
econoce además que no en endemos a los an iguos —no necesa iamen e— mejo de lo que ellos
mismos lo hicie on; o eco da , con el ulmíneo No alis, aquello de que “pasa con la li e a u a clásica
como con la An igüedad: p opiamen e hablando, no se nos ha dado —no es á p esen e—, sino
que debe se p oducida po noso os” (ci . en Wal e Benjamin, El concep o de c í ica de a e en el
Roman icismo alemán, Abada, 2010, p.115). Dicho es o, éngase en cuen a que ni Que glas ni es e
o o lec o cómplice susc iben la p esun a in aducibilidad de aquella li e a u a: asumimos que esa
ja dine ía concep ual, en los mejo es casos, log a asplan a la con éxi o a o os suelos, y que los
plan ones a aiguen y p ospe en depende, como decía Laca iè e en su Dicciona io del aman e de
G ecia, del a e del ja dine o como de la ie a de acogida. Que aduci no es aiciona , sino más
bien asplan a .
Me pa ece aleccionado a la úl ima sección de su muy p o echosa “No a p e ia”, donde
Que glas, que se conduce con eso que Mau izio Be ini llama “a e di p udenza cul u ale”, econoce
que oma “como modelo de aducción la de Cesa e Pa ese de algunas poesías de Hesíodos [sic],
donde la lengua i aliana queda descoyun ada, balbuceada, y los pespun es del eje cicio escola de
aducción se conse an y exhiben. La aducción, en es e caso, apa ece con la e e encia, ag ade-
cimien o y since idad de un humilde ac o de lec u a que ha necesi ado pone el dedo en cada le a
y p onuncia la o pemen e en oz al a” (p.46). El lec o aplaude esa hones idad en el aduc o
y la plena implicación del a qui ec o y pensado que ha ap endido el g iego an iguo quizás —
a en u o— mien as enía en men e es a edición, a la que apo a incluso la o og a ía de cubie a:
las muchachas de e aco a que juegan a las abas, como indicio del jo ial e in enso in e cambio
dialógico que p ome e es e Sabe habi a . Oikonomikós. Se a a, cu iosamen e, de una de las piezas
del B i ish Museum que ci cula on po nues o país hace poco menos de diez años g acias a la
exposición Agón! La compe ición en la an igua G ecia, y de nue o imagino que acompaña ía a quien
es udiaba po en onces el ex o en g iego de Jeno on e con is as a su publicación.
Pues os a di aga —que no es sino una o ma más de enseño ea se de lo leído, de in-
co po a lo—, con ieso mi so p esa an e una coincidencia digamos múl iple y acaso aza osa: pues
eso a lo que allí juegan las muchachas (que si ienen sue e ob end án la máxima pun uación bajo
la igu a conocida como “A odi a”, mos ando cada una de las abas una ca a di e en e) se llamaba
en g iego p ecisamen e ἀστράγαλος, nomb e de es a publicación, en cuya cabece a se a i ma que
“alude a una pieza del o den a qui ec ónico, que a icula lo e ical y lo ho izon al, lo sopo ado y
el sopo e, lo eal y lo imagina io. Es una pieza pequeña pe o undamen al, que une y sepa a, que
dis ingue y conec a. También sugie e amas de lo es, a eces soli a ias”. La coincidencia pod á se
casual, pe o no deja de pa ece me signi ica i a, an o más cuando epa amos en que aquel juego
de los as ágaloi o de las abas (si bien en su a ian e kúboi) se cuen a en e las échnai que Theu h
in en a y egala, como di inidad ilan ópica, a la humanidad, según el mi o ela ado po Sóc a es
en el Fed o: y es que “el núme o, la as onomía, los juegos, las le as son espacios ma cados en ese
e i o io donde la na u aleza humana empieza, e dade amen e, su p oceso de humanización”
(Emilio Lledó, El su co del iempo, C í ica, 2000, p.43). Si Que glas se en asca en la aducción del
Oikonomikós es po conside a lo un ex o capi al, un diálogo sólo en apa iencia meno —como
insigni ican e pod ía an oja se, en p incipio, el elemen o a qui ec ónico cuyo nomb e ap o echa
albe o ma ina cas illo
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es a publicación y que se e ela luego como “pieza pequeña pe o undamen al”—, una ob a que el
maes o esca a como momen o undacional de o a o ma de en ende la casa, opues a a la im-
plan ada median e la lec u a canónica de Vi u io.
El lec o disculpa, po no deci que ag adece, cie a dispe sión en el ex o in oduc o io y las
muy suge en es no as, ya que compensa con c eces que el aduc o y ensayis a lance sus edes
sob e un pano ama an amplio de in e eses y lec u as. El ilólogo clásico queda ascinado al descu-
b í sele es e Jeno on e uncionalis a: “Una casa, pa a Smi hson, debe ía es a cons i uida en un
25-30 % de a ma ios. Jeno on e hubie a habi ado a gus o en ella” (p.32). Digámoslo de una ez po
odas: el ensayo in oduc o io de Que glas emon a nues a lec u a a un iempo en que — según
la obse ación de Gilbe Mu ay— los manuales no habían abandonado aún, especializándose, el
eino de las Musas.
Con ieso que he dis u ado pa icula men e de la es upenda sección 5 “Sob e “manda ” y
“obedece ” (pp.29-37), donde Foucaul queda disc e amen e e u ado, si bien Que glas se mues a
mucho más mesu ado de lo que yo mismo lo se ía conside ando en pa icula el ace camien o a
la An igüedad en su conjun o del au o de Les mo s e les choses (al cual, po o a pa e, y como
di ía el bueno de Agus ín Ga cía Cal o cuando se e e ía a la Cul u a con mayúsculas, odio co -
dialmen e). Y como odo buen lib o, el alioso olumen de Que glas in i a al descub imien o de
o os í ulos y conju a además la p esencia de lec u as p óximas: ce ca es án, en mi caso, las de
dos au o as de su gene ación. Ca men Es ada nos egaló p ime o una Odisea ilus ada (po B ie a,
hijo suyo), au én ica ilig ana de adap ación semejan e en espí i u a aquella aducción de Samuel
Bu le que Bo ges elogiaba como “i ónica no ela bu guesa”, y luego La he encia de E a. Del ins in o de
cu iosidad a la ciencia mode na (Tau us, 2024). Como Que glas, Es ada cul i a el g iego clásico como
culminación (o guinda) de una ca e a cien í ico- écnica que no puede en ende se sin esa ape u a
humanís ica. En cuan o a Ad iana Ca a e o, no log o desliga la lec u a de es e Sabe habi a de la
Penélope con que comienza su ecien emen e aducido A pesa de Pla ón (Galaxia Gu enbe g, 2024),
donde la ensayis a i aliana e ela en qué consis e su “ écnica de la ocinio: en sus ae las igu as
emeninas a su con ex o y deja que la ela asgada pe mi a en e e los nudos que con o man la
ama concep ual que las ocul a”. G acias a Ca a e o —o po su culpa— aho a puedo imagina a la
esposa de Iscómacos en el diálogo de Jeno on e, educida como Penélope al espacio emenino de
los ela es, pue as aden o, ejiendo y des ejiendo una an igua ama, y así pe ilando “un p ime
ho izon e de pe enencia que excluye el masculino a ana se en el eino de la mue e que el a ón ha
elegido como medida y lími e ex emo de sus sang ien os ho izon es” (A pesa de Pla ón, pp.41-42).