El lenguaje periodístico como catalizador del cambio lingüístico : la pérdida de la defectividad verbal en "agredir"
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EL LENGUAJE PERIOD~STICO ARACELI LOPEZ SERENA I LOLA PONS RODRIGUEZ Universidad de Sevilla 1. Introduccion 1.1. Objetivos del trabajo Los denominados verbos defectivos ocupan un lugar singular en la morfologia verbal del espafiol, tanto pot el tipo especifico de irregularidad que presentan, como por la aparente mayor permisividad que, con respecto a usos tradicionalmente condenados por la norma prescriptiva, manifiestan en la sincronia actual. Por lo que respecta, por ejemplo, al lenguaje periodistico (tennometro gramatical por excelencia del estado actual de la lengua), no solo 10s diferentes medios de comunicacion, sino incluso los libros de estilo por 10s que estos se rigen, ban mostrado una gradual apemra hacia el fendmeno de variacion que ha convertido en regulares a verbos que tradicionalmente se tenian por defectivos en nuestro idioma (agredir: aboli,: transgredir ...). Nuestra investigation atendera a este hecho de variacion vivo en la actualidad en espafiol: la tendencia a la regularization de verbos defectivos (a partir del estudio de caso de agredir), con la intention de I. Este trabajo constituye una parre de una labor de iwestigacilin de mayor enveigadura, de cuvas resultados. nor restncciones de esnacio. resulta imoosible dar cuenta rinicamente en las . . . . pSginas que ocupa la Dresente contribucihn. Una versi6n ampliada, elaboiada Dor las mismas .. . . . autoras, yen la que se vuelven a abordu con mayor extensidn y profundidad algunos problemas de 10s aaui tratados iv ohas nuevos) aoarece en el Bolefin de la ReulAcademia Esaafio- , . la, con el tMo "Un episadio de lamarfologia hist6rica del espaiiol: laptrdidade ladcfectividad verbal en los medios, las gramaticas y el usa" (cf Pons Rodriguez 1 Llipez Serena 2007). Aunaue se hata de un trabaio noslerior a tste en el tiemno v en su contenido. los avatares edi- <. . . tonales han hecho que, paraddjicamente, terminc astentando una fecha anterior
-~ 546 Araceli Lhper SerenaILola Pons Rodriwer observar de forma comparativa el desarrollo de usos linguisticos innovadores y el eco paralelo que de esas innovaciones se filtra en los textos metalinguisticos2. Dado el fenblneno, constante en todas las lenguas e inherente a1 propio lenguaje3, del ca~nbio lingiiistico, y teniendo en cuenta la existencia en el contexto linguistic~ espatiol de frenos normativos a1 cambia, en este trabajo tratamos de presentar las bases necesarias para poder proseguir, en estudios posteriores, con la cronica detallada de como una tendencia de calnbio -en este caso la propensibn analogica de 10s verbos es refle~ada en los productos metalingiiisticos. Nuestro prophsito final es, por tanto, observar como se proscribe, prescribe y describe en relacion con fenomenos como la complecibn de la conJugaci6n de verbos defectivos, observando simultaueamente, a traves de pesqnisas en corpus y colecciones textuales, las coincidencias o mas que posibles divergencias entre el uso y la nonna. El proceso de extensibn de la proporcionalidad que se observa en la historia de los verbos defectivos ha sido registrado por la historia normativa del espafiol, y nuestro trabajo -del que aqui nos tendremos que contentar con presentar unicamente sus directrices y ceiiimos exclusivamente a on ejemplbusca describir ese proceso en un intento de tasar la distancia entre ambas realidades: la generaliracion de una novedad lingiiistica y el levantamiento de posibles etiquetas censoras en torno a esa novedad. 1.2. La lenguaperiodistica como corpus Dentro de nuestro corpus, hemos dispensado especial atencion a la lengua perio distica y a los productos metalingiiisticos que nacen en torno a ese tipo de lengua como 10s libros de estilo de periodicos o 10s diccionarios de dudas. De entre es2. Camo sciialamos en Pons Rodriguez 1 L6pez Serena (2007: 60,n. I), de esta forma, al mismo tiempo que abordamos un hecho de variation vivo en la sincrania, creemos que a la largapodremas contribuir, tambien, a "reilenar [un] 'hueca' [imponante] de la morlulugia histbica", cuya situacihn ha sido considerada recientemente par Rafacl Cano, en un traba jo que repasa las contribucianes hechas a "La morfologia historica del espahol en 10s ulti mos cien aiios" coma no tan favorable, de "estudia [...I minoritario y sin visible capacida de expansion'' (Cano 2004: 71-72). Clara que, se impone decirlo, Cano (1986) ya hab' constituido una impartante contribucihn al "relleno" dc ese "hueca" en nuestras canoc mientas sobre morfologia historica de 10s verbas espdiioles. 3. De hecho, el cambio lingiiistico es, junto con la variacion y la diversidad lingtiisticas, uno de los corolarios de la historicidad, uno de los universales generico-esenciales postulados por Coseriu para definir el lenguaje. Cf, s este respecto, Oeslerreichei (2006). ~p ~
El lenguaje periodistico coma catalirador del cambio lingiiistico 547 tos, concedemos un lugar importante al Diccionario panhispanico de dudas de la Academia, aunque no irnicamente como obra de referencia prescriptiva, sino en su calidad de reflejo de lo que 10s hispanohablantes "ban convertido en habito de correction, siguiendo Ins modelos de la escritura o del babla considerados cultos" (DPD "Presentacion": XI). Por una parte, es obvio que, como afirma Francisco Rico (1996: 519), "[cluando la lengua pierde diafanidad, cuando deja de ser un mero vehiculo y plantea dudas o despierta curiosidades, la Academia aparece con toda naturalidad en el horizonte mental del bispauohablante", entre ellos, fundamentalmente, 10s profesionales de ins medios de comunicacion. Pero ademis, en su historia reciente, la Academia ha dejado de concebir su cometido en Ins terminos de limpiar, fijar y dar esplendor, y mas bien se propone, de acuerdo con Ins nuevos estatutos redactados por Fernando Lazaro, "velar por que 10s cambios que experimente la Lengua EspaRola en su continua adaptation a las necesidades de Ins hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ambito hispinico" (Garcia de la Concha 2005: 27)q. Ademb del inter& que por si misma tiene la lengua periodistica como variedad, hay otras razones para elegirla, como el becho de que sea, por su difusion, en la actualidad, la gran propagadora de procesos de cambio lingiiistico. Los periodistas son, sin saberlo, portavoces -y muchas veces tambien creadoresde las novedades lingiiisticas que van desarrollandose en una comunidad. Es evidente que, a este respecto, nos enfrentamos a una especie de "retroalimentaci6n": 10s periodistas se hacen eco de las novedades (se ha dicbo a este respecto que son, por lo tanto, una especie de termometro gramatical y lexico de una sociedad) y, a1 mismo tiempo, fomentan y desarrollan en esa sociedad estos fen6menos. Ademb, el hecho de que para muchos hablantes el imico contacto con el estAndar y con la lengua mas formal sea atraves de 10s medios de comunicacion les confiere una enorme responsahilidad en la educacion lingiiistica de la comunidads. De hecho, cuando se aborda la cuestion de Ins tipos de ejemplaridad predominantes en la historia del espafiol (Mendez 1999), se constata que, mientras que a1 menos hasta el Esbuzu la norma preceptiva se fundaba en un ideal de lengua literano, en la actualidad, el ideal de lengua es mas hien el de 10s medios de comunicacion. Consciente de esta situacion, la Real Academia ha llegado a celebrar congresos dedicados especificamente a la lengua de Ins medios de comunicaci6n. En 1985 se celebro la Primera Reunion de 4. Sobre la unidad del espaiiol, se puedc ver tambien Coseriu (1 990). 5. Sobre la responsabilidad idiamhtica de los piofesianales de 10s medias de cornunicaci6n, cf, pot ejemplo, Comisi6n Permanente de laAsociaci6n de Academias de la Lengua Espaiiola 1987; Seco 1994; Martinez Albertas 1990,2003.
548 Araceli Lover SerenaILola Pons Rodriguez Academias de la Lengua Espafiola sobre el Lenguaje y 10s Medios de Comunicacion, cuyas actas se publicarou en 1987. En el texto de la sesiou inaugural de esta reunion, Pedro Lain Entralgo (1987: 14) llamaba la atencibn sobre el papel de "10s medios sociales de la comunicaci6n verbal -la prensa, la radio y la television- [como] 10s mb eficaces recursos paramantener la unidad uacional y supranational del idioma, [que] puedeu ser, si no se cuida su lenguaje, los agentes mh temibles de su deterioro y su fragmentaci6nn. Por su importancia en cuanto catalizadores del cambio lingiiistico, los estudios de caracter normativo sobre el Ienguaje en el ambito periodistico han atendido tradicionalmente a 10s denominados exempla vitanda, esto es, errores y desviaciones gramaticales difundidos en 10s medios de comunicacion. Tales desviaciones se denuucian con la pretension de evitar que el lenguaje periodistico se constituya en lengua especial o profesional (con marcas diferenciales del oficio) y deje de ser lo que realmente es: un lenguaje general comun a los miembros de una comunidad linguistics (Lkaro 1990: 25). Sin embargo, en la actualidad, parece que, sobre todo par lo que respecta a1 lenguaje televisivo, mas que hacia la constitution de un lenguaje de especialidad, el uso linguistic0 de 10s medios audiovisuales tiende hacia una mayor unifomlidad en todo el mundo i:ispa~:o, hasta el punto de que, frente a la fragmentation del latin (temida por Rutino Josk Cuervo para el espafiol tras la independencia de los paises bispanoamericamos), se ha llegado a pronosticar que, gracias a la unidad promovida en la actualidad por 10s medios de comunicacion, "el conocimiento mutuo engendraria una koind hispanica que, asi coma la koini helenistica prolong6 la unidad del lenguaje en el mundo griego, hiciese perdurar durante siglos y siglos la basicaunidad de la lengua espaiiola, a la vez una y varia" (Lapesa 1987: 20-21). Ademas de en relacion con la nonna prescriptiva o norma ejemplar, la lengua periodistica constituye un excelente campo de obsewacion de la tension constante que, en el uso lingiiistico, se da entre el sistema y la norma consuetudinaria, es decir, la norma en el sentido coseriano del tirmino. La regularizaci6n, coma tension entre sistema y norma, y la creacion analbgica son ejemplificadas por Coseriu, "[plor lo que concieme a la distincion entre norma y szsfema en el campo de la morfologia" mediante un fenbmeno de babla, los "errores de flexion que hacen 10s niiios, o, en general, las personas que no conocen suficientemente la norma" (Coseriu 1952[1973": 75). En nuestro caso, la perdida de defectividad de ciertos verbos a lo largo de la historia del espafiol y en la actualidad constituyen, mb que un mero hecho de habla, la coustatacion de un cambio lingiiistico analogico cousistente en la sustitucion, primero en la norma cousuetudinaria y despues en
El lenguaje periodistico como catalirador del cambio lingiiistico 549 la ejemplar o prescriptiva -de ahi que analicemos las ohras que codifican el estandar de una comunidad-, de lo asistematico por lo sistematico. Asi las cosas, en este trabajo queremos esbozar muy hrevemente cuales son las principales dficultades que presenta la investigacion sobre 10s verhos defectivos, para posteriorrnente, de la mano de un ejemplo concreto, comprobar, en que medida es cierta la atribucidn, a los medios de comunicacion, de la mkiia responsabilidad en la catalizaci6n de 10s procesos de cambio lingiiistico, que, coma es sabido, suele presentarse como un apriori en las reflexiones sobre la responsabilidad lingiiistica de periodistas, locutores y otros profesionales de 10s medios de comunicacion. 2. Problemas te6ricos y metodol6gicos en el estudio de la defecti~idad Una primera dificultad que se presenta en la investigacion sohre 10s verbos defectivos del espafiol es la constatahle existencia de discrepancias entre 10s gramaticos sohre cusl sea el catilogo de verhos defectivos de nuestro idioma. Tal situacion se deriva de la propia variahilidad a la hora de definir la nocion de defectividad. No ha existido apenas, hien es cierto, discusion te6rica acerca de qu6 se engloba bajo tal nocion ni tampoco se plasma de manera explicita el disenso de unos autores con otros. Mas hien lo que hallamos es un conjunto de informaciones sohre la defectividad dispersas en gramLticas, diccionarios, monografias sohre cuestiones verhales o trahajos sohre norma del espaiiol ach~al. En cualquier caso, a1 margen del tratamiento teorico y gramaticografico de lo defecfivo -en que no necesitamos volver a entrar aqui, puesto que ya lo hemos ahordado en otro lugar (cfr. Pons Rodriguez / Lopez Serena 2007)-, en general, lo habitual es distinguir entre la defectividad que ataiie a la morfologia nominal (generalmente referida a 10s llamados singularia y pluralia fanfum) y la que afecta a1 verbo. En este ultimo terreno, el que nos interesa a nosotras en este trabajo, es notablemente amplio el conjunto de fenomenos que historicamente han cahido bajo la idea de defectividad. Asi, a este respecto, las gramaticas han contemplado motivos muy diversos de defectividad y han distinguido, en consecuencia: verbos defectivos por carencia de ciertas personas, por carencia de determinados tiempos, por la dificultad de incorporar a su paradigma formas presumiblemente irregulares, o por motivos semanticos, entre otros. Una segunda dificultad, como sefial6 Elvira (1989), es de indole sintsctica, en la medida en que en ocasiones se postulan infinitivos de supuestos verbos de-
550 Araceli L6uer SerenaILola Pons Rodrieuez fectivos que solo se atestiguan en participios dificilmente analizables como otra cosa que adjetivos verbales. Asi, dentro del grupo de verbos que pretendidamente son defectivos segun publicaciones varias de gramatica sincronica (e incluso de acuerdo con antiguas gramaticas del espaiiol), se incluyen formas en infinitivo que no parecen haberse documentado nunca en el espaiiol; tal cuestion fue puesta de relieve par Malkie1(1941), quien llamo la atencion sobre el espejismo lexicografico de la documentacion en diccionarios del espaiiol de infinitivos derivados retrospectivamente desde adjetivos acabados en -ado o -ido, adjetivos que, pese a su coincidencia formal con participios, no dejan huella de uso como verbos en la historia del espaiiol. Es decir, que existan amodorrido,florido o empedernido no implica que se hayan dado unos correspondientes infinitivos: amodorrir,florir: empedernir, formas que ocasionalmente son dadas por existentes y calificadas como verbos defectivos. Con todo, aparte de 10s casos en qne las gramaticas operan a1 margen del uso e inventan infinitivos y formas conjugadas de supuestos verbos defectivos, y volviendo a las dificnltades en la definicion de defectividad a las que haciamos alusi6n antes, es interesante constatar que de la disparidad de teorias acerca de quP es la defectividad se deriva otro hecho: la discrepancia que se constata en las nominas que los diferentes gramaticos dan acerca de que verbos son defectivos en espaiiol. En ocasiones, por lo que respecta a la falta de coincidencia en la nomina de verbos defectivos propuestos por los distintos gramaticos, las diferencias entre autores de Ppocas distintas pueden llegar a interpretarse como indicios de cambios. Asi, por ejemplo, la desaparicion de agredir del elenco de verbos defectivos enumerados por la GDLE6 (que contempla 10s siguientes: abolil: acaeoer, acontecei: acostumbrar, adii: atardecei: balbucir, compungii: desabril: descolorir, desvail: embaii: embebecei: empedernii: jallir, licuefacer: preterii: rarefacer, sarpullii: transgredir: uszrcapir) es sintoma claro del proceso de regularizacion que ha experimentado hasta llegar a ser utilizado, en la actualidad, en formas que no poseen la letra i en su conjugacion. Sin embargo, en otras ocasiones, no se puede hablar de posibles cambios en marcha como causas del desacuerdo7. De hecho, en la historiografia lingiiistica espaiiola lo mas habitual no ha sido eliminar de la lista de verbos defectivos ofrecidos por las gramaticas algunos antiguamente defectivos ya regularizados, sino mas bien ir ~adiendo nuevos casos a 6. Cf. Alcoba (1999), en: Bosque / Demonte, dirs. (1999). 7. Cf. las discrepancias que rastrca Elvira (1989) entre las grarniticas de SalvB, Bella y acad6micas de 1771 y 1917, entre otras.
El lenguaje perlodistico como catallzador del cambio llngurst~co 551 10s recog~dos por la tradition gramat~cografica antenor, tal como exponemos en Pons Rodriguez 1 Lbpez Serena (2007) 3. La regularizaci6n del paradigma de agredir El caso particular del verho agredir puede funcionar como ejemplo paradigmatic~ de ese proceso de acomodacibn a los parametros morfologicos de uniformidad y transparencia seguidos por algunos verbos defectivos en espaiiol actual: progresivamente este verbo adquiere 10s exponentes formales del resto de verbos regulares. Agredir es, pues, un verbo representativo (quiz8 el que rnb) de la cuesti6n que estamos examinando aqui, ya que presenta una defectividad explicable diacrbnicamente pero sin que se observe "fundamento sincronico actual para establecer una relacibn entre la manifestacibn o no de la vocal tematica lil y el uso o node la forma flexiva correspondiente" (Alcoba 1999: 4968). Por esa falta de rnotivaci6n sincronica para la defectividad, puede explicarse el hecho de que este verbo haya pasado de estar normativamente excluido de toda posibilidad de conjugaci6n carente de lil ternatica a ser considerado regular, no defectivo y conjugable en todos los tiempos, con Iil o con lei. Su defectividad esta, en efecto, historicamente motivada; agredir, del lat. AGGREDIOK-GRESSUS SUM 'diriguse hacia', 'atacar' es seglin Corominas-Pacual de documentacion tardia en el idioma (del siglo XIX, no esta aun en el DRAE de 18848), aunque si se conocieran desde el Siglo de Oro derivados de AGGREDI como agresihn, agreso,: digresidn, etc. Deponente de la tercera conjugacibn en latin, este verbo se introduce en castellano con el sufijo verbal en -ir y no en -er debido a la atraccion que la tercera conjugaci6n castellana ejerce en la adaptacion morfologica de verbos cultos (Elvira 1993 y 1998). La incorporacion de esta voz en el espafiol decimon6nico suscitb dos reacciones normativas, relativas tanto a su forma defectiva coma a su significacibn! Asi, su significado bascula entre el de 8. De hrcho, la primera dacumentaci6n que ofrece CORnF para agredir data del siglo xix y se ubica en el espaiiol a~nericano (I 881, Juam Vicufia Mackenna, La campaha de Lima); los ejemplos de espaiiol peninsular taidan una decada m8s en manifestarse.Aparece en la lenicagrafia acadhica desde 1914; a partir de 1927 se incluye informaci6n sobre su caricter defectivo, con el aviso: "Se usa en las mismas rormas que aguerrii'; dicha infomaci6n desaparece (1939, 1947, 1956, 1970) y aparece (1950, 1984, 1988 y 1992) en edicioncs posteriores (datos dcl NTLLE).
552 Araceli Lopez SerenaILola Pons Rodriguez 'atacar' y el mb ortodoxo etimologicamente de 'aproximarse', y este fue el pretendido por autores puristas como el padre Juan Mir y Noguera en su Prontuario de hispanismo y barbarismo (1908): Si hemos de estar a1 sentido del latino "aggredi", el verbo apdir significara acercarse a alguno. Agredir nu asunta sera emprenderle; agrediv un discurso sera comenrarle; agredir a una dificultad sera satisfacer a ella. Con estas acepciones propias del latin "aggredi", se tendri que conformar el nuevo agredir, si ha de ir consiguiente (Mir 1908, s.v agredir). Le otorgan caracter defectivo tambiCn tempranamente autores como Cuervo (1955)9: "Para que haga juego con agresibn, agresor, usan algunos el verbo agredir, como anterionnente se hizo con transgredir; pero estos verbos se resisten a ser conjugados en todas las inflexiones". Para un verbo de la tercera con vocal radical e como agredir, eran posibles dos conjugaciones: una conjugacion apofonica -que por ejemplo sigue medir: mido-medimos o una conjugacion con diptongo altemante en 10s presentes de indicativo y subjuntivo-la que tiene mentir: miento, mienta-. Ambas opciones de conjugaci6n tienen en comun una serie de formas: la primera y segunda personas del plural del presente de indicativo (agredimos, agredis); el paradigma completo del imperfect0 de indicativo, indefinido, futuro de indicativo y conditional (agredia, agredid, agredira, agrediriaiO) y todo el paradigma de tiempos compuestos (con participio agredido). Tales son las formas que, historicamente, han sido "toleradas" para la conjugacion del verbo agredir, formas todas ellas con i en la desinencia y que coinciden con las formas debiles del verbo. El resto de las fonnas (las formas fuertes: 1 .", Z.", 3." persona del singular y 3.' del plural del presente de indicativo y del subjuntivo) no eran conjugables a1 carecer de desinencia en -i. Asi, se evito historicamente una fluctuation entre una conjugaci6n 9. Tamhien se debatid en torno a la pertinencia de la intraducci6n de esta nueva vaz en espa301. Asi, en su reseiia al Diccionario de galicirmos de Rafael Baralt (1 855), Andres Bello aprobaba el usa de ese nuevo verbo agredir: "Tenernos agresidn y agresor, agresora; @or qut no hemas de tener, corno 10s franceses, agresivo, agresiva y agresivamente? Tambitn paseen ellas el verba agresser, que entre nosotras podria ser muy bien agredir Todo ello viene de la ruenle com611, de la madre latina, que decia agg~essiu, -uni.s; oggg,es.s,or, -o~i.s; oggredior, -edi". lo. Con respect0 a1 indefinido, el modelo de medir &aria en agredir unds formas *a,qridirdid y verbos en -ir.
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