La bética como referente identificador en la documentación epigráfica
Full text
A. Caballos Rufino y S. Lefebvre (eds.), Roma generadora de identidades. La experiencia hispana, Collection de la Casa de Velázquez (123), Madrid, 2011, pp. 185-207. LA BÉTICA COMO REFERENTE IDENTIFICADOR EN LA DOCUMENTACIÓN EPIGRÁFICA Antonio Caballos Rufino Universidad de Sevilla El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia en su vigésimo segunda edición aporta como segunda y tercera acepciones del término «identidad» las siguientes: «Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás» y «Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás». Se expresan con ello de forma elemental dos enfoques complementarios en la interpretación del término, el primero haciendo hincapié en el argumento de la caracterización y diferenciación frente al otro y el segundo a la asunción de la propia individualidad. La primera de las acepciones recogidas atiende así a los elementos y factores constitutivos de una entidad social que llevan a la consideración de su especificidad, mientras que la segunda se refiere a la asunción de la singularidad propia por la vía del contraste con lo externo y ajeno, que define la alteridad. Válganos estos criterios generales en su aplicación al caso de la provincia romana de la Bética; siendo el intento de este trabajo dilucidar a partir de las fuentes disponibles, deteniéndonos aquí como primer ensayo específicamente en las epigráficas, en qué medida pudo existir y haberse desarrollado una identificación como «bético», una conciencia y sentido de pertenencia a un colectivo específico definido por aquel término y asumido como coherente. Se trataría de ver si individuos o colectivos dentro de ese ámbito, considerando quiénes y en qué medida, se reconocían históricamente de forma activa a sí mismos identificándose expresamente como béticos, expresando a la par elementos simbólicos y referentes individualizadores como manifestación reconocible de esa identidad. Dicho sea ya desde el comienzo, que huyo conscientemente de cualquier concepción ontológica, esencialista, de la identidad, haciendo por contra hincapié en una concepción constructivista, por tanto en la dimensión temporal-procesual de los fenómenos identitarios. Entiendo así a la identidad, concepto cultural, como construcción histórica, sometida a un proceso de continua reconformación, recreada individual y colectivamente, y en permanente transformación por su sometimiento a múltiples y continuos impactos y presiones, tanto internos como externos. La identidad, por tanto, no como concepto inmanente, sino como referencia contingente1. 1 Sin afán de ser exhaustivo, remito para toda esta amplísima problemática a B. Anderson, Imagined Communities; M. Augé, «Qui est l’autre ?»; Id., Le sens des autres; P. Bourdieu,
antonio caballos rufino 186 La Baetica como referente espacial, en un primer momento término imprecisamente formulado para referirse al ámbito del cauce medio e inferior del río que le da nombre, coincidente grosso modo con la vieja Turdetania y su entorno inmediato, se fue reformulando al compás de la creciente significación aportada al Baetis, que con Roma cumple plenamente una función vertebradora de la región, incluso antes de la reestructuración augustea de los espacios peninsulares. Pero será sólo la reorganización de las comunidades y, por ende, del territorio de la antigua provincia Ulterior llevada a cabo por Augusto, con un afán de precisión descriptiva y de más plena caracterización del espacio, la que hará surgir a la Bética como referente político-administrativo, conformándola específicamente como provincia. El interés de la historiografía en los últimos tiempos por conocer las formas en que era entendido, asumido y representado el medio físico, manifestado en los estudios consagrados al análisis de la conciencia espacial, su expresión cartográfica y su uso político, administrativo y fiscal2, así como, por otra, el análisis de los fenómenos migratorios y el de las interacciones y los procesos de vertebración operados3, son el contrapunto historiográfico al interés por el conocimiento de las dinámicas históricas y suponen el punto de partida para un estudio sobre identidades culturales. A la creación de la Bética como circunscripción político-administrativa —la Provincia Hispania Ulterior Baetica— va ligado el interés y la necesidad de que los colectivos en ella integrados se identifiquen con este nuevo registro espacial. En esta línea de concebir la identidad como construcción, de seguir los planteamientos culturalistas de estirpe foucaultiana que parten de la consideración de los sistemas simbólicos como mecanismos de dominación, habría que hacer hincapié en la generación de unos modelos y una praxis social propagados por el poder como útiles instrumentos de éste, referentes de los que las elites provinciales se mostrarían como eficaces avalistas y difusoras. Junto a ello debe tenerse en cuenta además que, en todo caso, la posibilidad de reforzamiento de la Bética como elemento identificador en el ámbito cronológico que le da sentido pleno, la Antigüedad romana, nunca pudo configurarse como excluyente de otros niveles de identificación. Trabajar sobre identidades supone adentrarse en el difícil campo del estudio de los sentimientos. Las dificultades de analizar lo no tangible se hacen más evidentes en el lenguaje epigráfico, que es un lenguaje estandarizado, si no oficial, al menos siempre público, y donde los modelos canónicos y la necesidad de sometimiento a lo política y socialmente aceptable adquieren carta de naturaleza. «L’identité et la représentation»; A. Collovald, «Identités stratégiques»; P. Gleason, «Identifying Identity»; R. Gallissot, «Sous l’identité»; A. Guillemin, «Pouvoir de représentation»; C. Hidalgo y L. Tamagno (comp.), Etnicidad e Identidad; M. Oriol, «Identité produite»; y P. Tap (dir.), Identités collectives. 2 Buen ejemplo de ello son las recopilaciones de G. Cruz Andreotti et alii (eds.), La invención de una geografía de la Península Ibérica. 3 Véase, por ejemplo, A. Caballos Rufino et S. Demougin (eds.), « Migrare ». La formation des élites.
la bética como referente identificador 187 Aquí, junto al problema general de la representatividad del acervo documental disponible, esto es, su capacidad de aportar soporte a una adecuada interpretación histórica4, se debe dilucidar en qué medida la expresión individual es reflejo de presupuestos ideológicos compartidos colectivamente. También debe presuponerse aquí un doble juego en la expresión, desde la óptica de quien se expresa epigráficamente y desde aquélla del auditorio, un lenguaje simbólico, una semiótica de la expresión de sentimientos identitarios, en la que resulta un amplio margen a la discrecionalidad en la valoración tanto de la dimensión psicológica, esto es, personal, como en la dimensión sociológica de la identidad. A estas dificultades generales en la interpretación de las expresiones epigráficas, sólo aparentemente asépticas, se une el problema de que, debido a la imposibilidad de una asignación cronológica precisa, no siempre se pueden delinear las dinámicas operadas, en este caso el discurso de los precedentes, así como el surgimiento y posible desarrollo de expresiones identitarias. Dado que la identidad es un fenómeno, por una parte de autodefinición, por otra de reconocimiento externo, el objetivo historiográfico no se cumple con la mera elaboración de listados de uso del término, sino que debiera establecerse en qué medida su utilización es expresión de una autoconciencia de identidad, aun no siendo ésta en el caso romano exclusiva ni excluyente, en qué medida se trata de una mera identificación geográfica del origen, e incluso en qué grado su uso es fruto de una imposición, implícita o explícita, aun pudiendo ser ésta en mayor o menor medida aceptable y voluntariamente aceptada. Esto es, en qué medida nos podemos encontrar ante una dinámica de autodefinición colectiva, o, en sentido contrario, hasta qué punto se ha podido imponer esta caracterización, como construcción ideológica de una identidad externamente impresa, al servicio y como fórmula de reproducción de determinados esquemas de poder. Por supuesto que, toda vez que se hubiese generado una identidad, el desarrollo de impulsos tendentes a su preservación podría surgir suficientemente de entender como intrusiones los contactos interculturales, y ello sólo pudo haber tenido lugar en época tardía, con la remisión de la movilidad que había sido consustancial con la Roma imperial. En la superposición de identidades colectivas, la consideración de la Bética como seña de identidad habría de competir en inferioridad con otros niveles identitarios incomparablemente más sólidos y persistentes, la identidad cívica por abajo, y, por arriba, tanto la identificación con Hispania, como, con carácter general e indispensable, con la inasible y multiforme —pero no por ello menos fuerte— idea de Roma. En el sur peninsular el referente identitario por antonomasia fue la civitas en su formulación original, bien en su expresión política, utilizando el término con su contenido etimológico, bien, a la conclusión de su desarrollo institucional, en su expresión más plenamente urbana. La historiografía ha acuñado así el término «orgullo cívico» para expresar la fuerte vinculación afectiva de los individuos 4 En relación con este tema, del que comprensiblemente me he ocupado en aportaciones anteriores, remito a W. Eck, «Zur Repräsentativität».
antonio caballos rufino 188 con los colectivos en los que éstos se integran, lazos de cohesión anudados entre quienes se sienten solidarios entre sí y copartícipes de una trayectoria histórica común. Orgullo cívico que se vuelve pragmático también por el hecho de que el destino individual estaba inexorablemente ligado al de la colectividad en la que se estaba integrado, hasta el punto de que, como asimismo está más que suficientemente argumentado, las posibilidades de promoción estaban en gran medida supeditadas a la significación de la propia ciudad5. La huella de este orgullo cívico se muestra de manera harto elocuente, tanto, primero y de forma más evidente, en su plasmación literaria, en su expresión arqueológica —en la escultura en forma de personificaciones de la ciudad—, en las acuñaciones monetales y, por supuesto, en la misma epigrafía, cuyo estudio ha llegado a constituir un lugar común en la historiografía de los últimos tiempos. Los procesos de vertebración colectiva que generaron nuevas fórmulas de expresión político-administrativa, la provincia, y veremos si también el conventus, por la concomitante dinámica de estandarización cultural y homogeneización organizativa, difícilmente pudieron generar expresiones identitarias de carácter autonomista que, por una parte, supusieran una pérdida de vigor del sentimiento de apego a la comunidad cívica, y que, por otra, entraran en concurrencia con la idea de Roma como patria universal. Una segunda constatación de similar trascendencia, tal como se deriva del estudio de la evidencia documental que iremos analizando a continuación, es que estas otras expresiones identitarias no fueron un producto colectivo endógeno, sino que se desarrollaron como resultado de la presión política externa, y con ellas se identificaron prioritariamente, no los colectivos amplios, sino especialmente quienes componían las elites provinciales. Es lugar común de la historiografía destacar el interés prioritario por parte de Roma, como fórmula de control por la vía de generación de interlocutores válidos, en afianzar los procesos de vertebración tendentes a la conformación de estructuras cívicas. Se destaca sin embargo menos el significado que adquiere para Roma la generación de procesos de vertebración a escala más amplia. Tras la creación de la provincia como unidad administrativa de interlocución directa con los provinciales, para hacer operativo un reducido organigrama de gestión imperial descentralizado era asimismo requerida la vertebración de los administrados. Es por tanto Roma la primera interesada —y necesitada— en la generación de una conciencia solidaria entre los provinciales o, mejor dicho, ante todo y sobre todo entre sus capas rectoras. Esta generación de una conciencia identitaria en la provincia de ninguna manera tuvo o se expresó de forma autonomista, sino, bien al contrario, como otra rotunda manifestación de la romanidad. No en vano fueron la difusión del culto al emperador y a Roma los objetivos prioritarios del concilium, como veremos la expresión más evidente y la única con continuidad estatutaria en la manifestación de la representatividad provincial. Una fórmula que hoy, en nuestro presente español, se entiende desde el reforzamiento de la alteridad 5 Véase, por ejemplo, A. Caballos Rufino, «Cities as the Basis for Supra-Provincial Promotion».
la bética como referente identificador 189 o la pura generación artificial y políticamente condicionada de elementos de contraste, mientras que en el Imperio actuaba, de acuerdo con su concepción, como elemento de vertebración con Roma y de facilitación del control por parte de ésta. Un ensayo concomitante con la fórmula de la provincia fue la institución del conventus. Este último a menor escala de vertebración y con una funcionalidad administrativa que sepamos básicamente circunscrita al ámbito de lo judicial6 y para aquellas actuaciones que desbordaban las competencias de las instancias municipales. Dado que, bajo una misma denominación, los conventus esconden precedentes, funciones y dinámicas de desarrollo y significación diversos, lo que dificulta, o incluso desaconseja un tratamiento unívoco7, nos referiremos aquí estrictamente al caso de la Bética. Dando Plinio un listado de ciudades correspondientes a cada conventus, no quiere con ello decir que se trate en sentido estricto de una demarcación territorial, esto es, que haya que entenderlos como unidades administrativas vertebradas por un criterio y en un sentido estrictamente espacial. No se trata así de una circunscripción intermedia entre la civitas y la provincia, ya que ambas instituciones, conventus y provincia, corresponden en origen a criterios de justificación y argumentos funcionales diferentes. Los conventus béticos no fueron en principio otra cosa que demarcaciones de carácter judicial para aquellos argumentos que desbordaban la competencia estrictamente municipal, englobando un conjunto coherente de entidades cívicas, residenciadas en un lugar central que da nombre al conventus8. Esta circunscripción judicial, el conventus, como fórmula de vertebración ni tuvo los mismos precedentes, ni presentó la misma caracterización, ni mostró la misma operatividad en las distintas provincias hispanas. Tuvo mayor funcionalidad para una provincia tan heterogénea y extensa, la mayor del Imperio, como la Citerior y cuyo grado de integración con Roma era, con carácter general, más débil, mientras que no nos parece que fuese sin embargo éste el caso de la Ulterior, especialmente para los territorios de ésta que constituyeron la Provincia Ulterior Baetica. Roma utilizó los conventus de la Citerior como unidades de vertebración colectiva en el interior de la extensa provincia, lo que no sería de la misma forma necesario para la Baetica. Creemos pertinente asumir que para Roma habría de ser 6 Recientemente P. Ozcáriz, con ocasión de su estudio de los conventus de la Citerior, ha querido identificar en éstos una función fiscal (P. Ozcáriz Gil, Los conventus de la Hispania Citerior, especialmente pp. 91 sqq.). 7 Festo (De verb., 333) registra cuatro acepciones de la voz conventus: quattuor modis intellegitur. Uno, quum quemlibet hominem ab aliquo conventum ese dicimus. Altero, quum significatur multitudo ex compluribus generibus hominum contracta in unum locum. Tertio, quum a magistratibus iudicii causa populus congregatur. Quarto quum aliquem in locum frequentia hominum supplicationis aut gratulationis causa conligitur. De entre las múltiples referencias bibliográficas disponibles, preferimos remitir aquí a M. D. Dopico, «Los conventus iuridici»; y P. Le Roux, «La question des conventus». 8 Difiero, por tanto, de las concepciones subyacentes en las interpretaciones, por ejemplo, de M. L. Cortijo Cerezo, ver últimamente «El papel del conventus iuridicus en la descripción geográfica»; mientras que, por el contrario, me identifico en mayor medida con las expresadas por P. Le Roux, «Géographie péninsulaire», esp. pp. 208 sqq.
antonio caballos rufino 190 plenamente conveniente la generación en cada uno los conventus de la Citerior de una identidad propia. Esta identidad propia, manifestación de una personalidad impuesta, es la que se expresa en la serie de elocuentes inscripciones dedicadas a las representaciones de los conventus de la provincia erigidas en Tarraco, la capital9. En última instancia las necesidades de una más adecuada gestión administrativa en función de la extensión y heterogeneidad provincial y las dinámicas históricas operadas en el caso de la Citerior, por contraste con los de la Baetica, desembocaría con ocasión de la reforma de Diocleciano en la desmembración de la antigua provincia extensa en provincias menores, como nuevas entidades administrativas, a partir de las antiguas unidades conventuales10. Son doce las inscripciones documentadas en la Citerior con la expresión ex conventu, todas ellas significativamente procedentes de su capital11, mientras que no se registra en ninguna ocasión esta fórmula en el caso de la Bética. Si nos referimos expresamente a esta última provincia, de acuerdo con la documentación literaria y la evidencia epigráfica debe concluirse que fueron inexistentes los lazos de vinculación anímica con las unidades conventuales. Otra cosa es que la implantación de esta circunscripción con una funcionalidad que sepamos básicamente judicial, no adquiriendo otra atribución administrativa, a la larga traería consigo consecuencias en relación con el rango de preeminencia en la región asumida por la sede del tribunal. Ello es bien evidente en el caso de Hispalis. En sentido contrario, no era necesaria la existencia de una entidad administrativamente configurada como punto de partida para la generación de una identidad. Así, por supuesto, Roma como símbolo de referencia supraterritorial y supratemporal. Pero también la Península Ibérica, con la designación Iberia y su progresiva asimilación con el término Hispania12, no por no haberse expresado como una unidad provincial se vio privada de identidad. Todo lo contrario. El nombre de Hispania, fuese cual fuese su concreta etimología, en todo caso de estirpe fenicia, como referente identificador se ha beneficiado tanto de una larga tradición literaria, reforzada por su identificación con Iberia, como de la fuerte personalidad que se deriva del carácter peninsular del territorio al que designa13. Y ello hasta el punto de superar la variedad ambiental de éste, la heterogeneidad cultural y étnica de sus gentes, así como el que desde el punto de vista adminis9 RIT, 24-27 y AE, 2001, 1257. 10 E. Albertini, Les divisions administratives, pp. 118 sq. 11 Diez inscripciones públicas dedicadas por la provincia a flámines o flamínicas provinciales (RIT, 253; 265; 266, 284; 308; 314; 320; 324; 326, y 328), otra asimismo honorífica dedicada por la misma provincia a un funcionario militar ecuestre (RIT, 263), mientras que sólo una es una dedicatoria privada (RIT, 378). 12 Hispania como designación y sus adjetivos derivados no siempre hacen concreta y especial referencia a un espacio geográfico definido territorialmente por la Península, sino que con ello se puede estar haciendo referencia a ámbitos más restringidos, o incluso contener referencias culturales, étnicas o de otro tipo. Así, puede ser sinónimo de Península Ibérica, pero en múltiples ocasiones también puede referirse exclusivamente a la Citerior, si no incluso se pudo hacer un uso metonímico del término Hispania, citando al todo para referirse a la parte. 13 G. Cruz Andreotti et alii (eds.), La invención de una geografía de la Península Ibérica, t. I. y II.
la bética como referente identificador 191 trativo, su propia dimensión le impidiera ser conceptuada unitariamente como provincia. Las personificaciones en forma de imagen de Hispania14 no son sino el corolario de su fuerza conceptual como símbolo identificador, que el proceso de vertebración administrativa y de progresiva homogeneización cultural impreso por Roma acabó por consolidar fuertemente15. Estas obvias constataciones en relación con el caso de Hispania no tienen otro cometido en este caso que marcar una clara diferencia con el caso de la Bética, más artificiosa como designación territorial16. El objetivo de este trabajo no será otro que el de exponer una serie de consideraciones generales de la imagen que se deriva del estudio en la epigrafía de las referencias a la Bética como fórmula de adscripción y símbolo de identificación individual. Por supuesto que el nombre Baetica aparece en la titulatura de quienes ejercieron cargos en esta provincia17, aunque tal designación carece de significación 14 J. Arce Martínez, «La iconografía de Hispania»; P. Liverani, «La imagen de Hispania»; y, para las acuñaciones con la imagen o leyenda de Hispania, no únicamente las de Adriano, sino otras, las primeras remontando al 81 a. C., o las de Galba o Vitelio, véase últimamente M. Zahrnt, «Hadrians “Provinzmünzen”». 15 Tal como se expresa de forma bien elocuente a fines de la Antigüedad. Ver, por ejemplo, F. J. García Fernández, «La imagen de Hispania». 16 Son incomparablemente muchísimo más numerosas las menciones de Hispania en la literatura latina, bien para referirse a la Península Ibérica en su conjunto, bien a alguna de sus circunscripciones, o como término genérico, metonimia para indicar alguna comunidad o región de la Península en concreto (1064 referencias registradas, de las que sólo algo menos del 12% se refieren a las citas de Plinio en su Naturalis Historia), que las correspondientes menciones a la Bética (con un registro total de 91 referencias, de las que el 35% pertenecen sólo a las menciones de la Naturalis Historia de Plinio). Por supuesto se aducen estas cifras a título de mera referencia de escala, teniendo sin embargo en cuenta las múltiples consideraciones y el fortísimo filtraje individualizado que debieran incorporarse para que de su comparación pudiera derivarse una necesariamente más perfilada interpretación histórica. 17 En la Lex coloniae Genetivae Iuliae se cita al promagistratus qui provinciarum Hispaniarum ulteriorem Baeticae praeerit optinebit (LCGI, 127). Para la designación del gobernador provincial tenemos documentados los siguientes títulos: con mayor frecuencia Proconsul provinciae Baeticae, o bien los similares Proconsul Hispaniae Baeticae, Proconsul provinciae Hispaniae Ulterioris Baeticae, Proconsul provinciae Hispaniae Baeticae, Proconsul provinciae Baeticae ulterioris Hispaniae. Para los aun no entrados en servicio Proconsul sortitus provinciae Hispaniae Ulterioris Baeticae y Proconsul sortitus provinciam Baeticam, mientras que la designación para el gobierno conjunto de las dos provincias es la de Legatus Augusti pro praetore provinciae Hispaniae Citerioris et Baeticae. El lugarteniente del gobernador se designaba, bien simplemente los más de los casos como Legatus provinciae Baeticae, bien Legatus Hispaniae Ulterioris Baeticae, Legatus pro praetore provinciae Hispaniae Baeticae, Legatus provinciae Baeticae Hispaniae o Legatus pro praetore provinciae Baeticae. Por su parte, el cuestor provincial era designado, la mayoría de los casos, simplemente como Quaestor provinciae Baeticae, también Quaestor provinciae Hispaniae Ulterioris Baeticae, Quaestor provinciae Hispaniae Baeticae Ulterioris, o, con atribuciones de gobierno precisadas, Quaestor pro praetore provinciae Baeticae. Tras las reformas tardoantiguas de la administración provincial el Praeses provinciae Baeticae y Agens vice praesidis in provincia Baetica. Complementariamente se documentan el Legatus Augusti pro praetore ad censos acceptandos provinciae Hispaniae Baeticae (CIL, VI, 41229), así como la designación Consularis provinciae Baeticae (CIL, II2/7, 265 y AE, 2000, 735). Para las titulaturas véase por extenso el clásico G. Alföldy, Fasti Hispanienses, respectivamente en las pp. 271 sqq., 278 sq. y 281 sq., mientras que en su actualización en Id., «Fasti und Verwaltung», apenas se trata el caso de la Bética (en las
antonio caballos rufino 192 a los efectos identitarios que aquí nos convocan, y sólo indirectamente se puede considerar su impacto en la consolidación del referente regional, tanto en lo que afecta a su delimitación conceptual y territorial, como en las atribuciones directamente gestionadas por Roma en la provincia. Junto a los altos funcionarios, de rango senatorial y ecuestre, el officium de la administración provincial exigía la intervención de una amplia serie de funcionarios subalternos que portan, en su titulatura, junto a la designación del cargo o función desempeñada, la adscripción a la Bética como espacio competencial. La epigrafía nos documenta un commentariensis y un tabularius provinciae Baeticae. Una inscripción tarraconense del siglo iii se refiere a un liberto imperial, de nombre no conservado, que ejerció el cargo de commentariensis, escribano o secretario público, en diversos destinos, tanto en Roma como en provincias, entre éstas en la Bética18. Otro liberto imperial, cuyo nombre hay que completar, a partir del del hijo, verosímilmente como T(itus) Flavius Speudon, fue tabularius provincial. Lo conocemos por la inscripción funeraria puesta por él y su mujer en recuerdo de su hijo prematuramente muerto, T. Flavius Antoninus, que había alcanzado relieve hasta el punto de merecer el homenaje público del Senado de la capital provincial, la colonia Patricia19. El tipo de letra aconseja datar la inscripción a mediados o fines del siglo ii, mientras que la onomástica vincula al liberto con la dinastía flavia, verosímilmente en concreto con Domiciano, por lo que hay que suponer que la inscripción fue dedicada a comienzos del siglo ii. Conservamos asimismo recuerdo de dos servi publici provinciales, como el nombre traiciona, posteriormente manumitidos, a partir de sendas inscripciones cordubenses, ambas datables en la segunda centuria20. pp. 329 y 348). Funcionarios de rango ecuestre son el Procurator provinciae Baeticae o Procurator Augusti provinciae Baeticae, el Procurator Augusti patrimonio Baeticae, si se acepta nuestra interpretación de la fragmentaria inscripción italicense (AE, 1993, 1005 ; HEp, 5, 718 y 9, 510), el Procurator XX hereditatium provinciae Baeticae o Procurator Augusti XX hereditatium per Hispaniam Baeticam, el Procurator Augusti provinciae Baeticae ad ducena o A ducenis provinciae Hispaniae Baeticae, también el Procurator Augusti ripae provinciae Baeticae (CIL, II, 1177), o incluso un Delectator Augusti pro … provinciae veteris Hispaniae Baeticae (CIL, II, 1970) y un Curator divi Titi in Baetica (CIL, II, 3271). Merecen asimismo destacarse la mención Fisci rationis patrimonio provinciae Baeticae (AE, 1982, 672), así como la de un Ad causas fiscales tuendas in provinciam Baeticam beneficio studiorum prima aetate iuventutis electus, [in]deque por meritis actibus ad defensionem populi area Saturni in sacrum urbem promotus (CIL, VIII, 9249). 18 CIL, II, 6085 = RIT, 32: […]TI […]/[…]ustino Augusto/rum [libe]rto commentar(i)en/si XXXX Gall(iarum) item u(r)bis albei / Tiberis item provinci(a)e Bae/tic(a)e item Alpium Cotti vi/xit annis XXXXII diebus XXXXI / Statia Felicis sima con/iugi inconparabili cum quo / vixit annos XXI m(enses) VI d(ies) XXXII. 19 CIL, II2/7, 290 Corduba: T(ito) Flavio T(iti) f(ilio) Cl(audia) / Antonino / huic ordo c(olonorum) c(oloniae) P(atriciae) funeris / inpensam locum sepulturae / statuam decrevit / Speudon Aug(usti) lib(ertus) tab(ularius) / provinciae Baetic(ae) / et Antonia Rhodoe / parentes honore usi / piissimo posuerunt. 20 CIL, II, 2230 = CIL, II2/7, 300 Corduba: D(is) M(anibus) s(acrum) / C(aius) Public(ius) provinc(iae) / Baetic(ae) lib(ertus) […; y CIL, II2/7, 301 Corduba: P(ublius) Publicius / provinc(iae) / Baetic(ae) lib(ertus) / Fortunatus / marmorarius sig/nuarius verna ur/bicus ann(orum) LXXV / p(ius) i(n) s(uis) / [h(ic) s(itus)] e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis).
la bética como referente identificador 193 Augusto no sólo tomó la decisión de reorganizar administrativamente las provincias hispanas, desgajando de la antigua Ulterior la nueva provincia Baetica como publica provincia o provincia populi Romani, sino que a la par, como complemento a su consolidación administrativa, la comenzó a dotar de símbolos y referentes formales específicos. Así el arco monumental junto al Baetis que marcaba en la via Augusta —a Baete et Iano Augusto ad Oceanum— el ingreso en la provincia, según los conocidos miliarios de Augusto, Tiberio y Calígula y el correspondiente a la restauración de la vía llevada a cabo por Vespasiano21. A este programa ideológico-político de consolidación e integración imperial de la recién creada provincia corresponde la más antigua mención epigráfica conocida de la Bética, en la que ésta aparece como sujeto de una dedicación a Augusto. Es por el argumento, por la fecha, la singularidad del acto epigráficamente registrado, y el lugar de exposición de la pieza que ésta ha atraído reiteradamente la atención de la historiografía22. Se trata de un pedestal marmóreo encontrado en el Foro de Augusto en Roma, a la derecha del templo de Mars Vltor, aunque verosímilmente debió haber estado erigido en origen en el interior de aquél. Su bien conocido texto reza: Imp(eratori) Caesari / Augusto p(atri) p(atriae) / Hispania Ulterior / Baetica quod / beneficio eius et / perpetua cura / provincia pacata / est auri / p(ondo) C23. Son múltiples las cuestiones que suscita la inscripción. La primera, la de identidad del objeto dedicado, siendo como era en Roma el epígrafe el mero acompañamiento deíctico de una decisión superior. Si bien tradicionalmente se supuso que podría tratarse de la dedicación de una estatua del mismo emperador, ya sabemos por Suetonio que los homenajes de estatuas en metal precioso no agradaban a Augusto, hasta el punto de dar la orden de que se aquéllas se fundieran24. Como alternativa, G. Alföldy cree que debió tratarse de una representación de la provincia de la Bética en forma de estatua, para lo que aduce las referencias de Veleyo (Vell., II, 39, 2) y Casio Dion (DC, 56, 34, 325), pudiéndose citar asimismo como inmediato paralelo, mutatis mutandis, precisamente las estatuas de los Genios de los conventus de la Citerior expuestos en la capital provincial a las que nos hemos referido con antelación26. Como no se ha conservado ni éste ni ningún otro ejemplo de tal imagen de la Bética, caso de aceptarse la propuesta, desconoceríamos los atributos con que se habría individualizado a la provincia. Si bien P. Liverani 21 AE, 1912, 11; CIL, II, 4701; 4703; 4704; 4707; 4708; 4709; 4711; 4712; 4715; 4716; 4717; 6208 (cf. CIL, II2/7, pp. 65 s.) y CIL, II2/5, 1280 (también de esta restauración CIL, II, 4721). 22 Véase G. Alföldy, «Zu den Monumenten»; Id., «A propósito dei monumenti», esp. pp. 71 sqq. 23 CIL, VI, 31267 (ILS, 103; AE, 1889, 60; 1992, 164). 24 Suet., Aug., LII. 25 Ver también Tac., Ann., III, 18, 2, que permite suponer la existencia en el templo de Marte de imágenes de oro de los pueblos súbditos de Roma. 26 G. Alföldy, «Zu den Monumenten»; Id., «A propósito dei monumenti».
antonio caballos rufino 200 familia de los M. Vlpii italicenses antes que M. Vlpius Traianus filius alcanzase el trono imperial, cuyo enriquecimiento buenamente pudiera haberse derivado de la actividad de representación en el comercio entre la Bética y Portus, que construyó un mausoleo familiar, legado a sus familiares y libertos. La viuda, vuelta a casar, concedió la mitad que le correspondía a su nuevo marido y a sus libertos. Por su parte los libertos L. Domitius Callistion y Domitia Eutychia, recogidos en la parte derecha de la placa funeraria, convirtieron la cantidad recibida del legado de M. Vlpius Artemidorus en sepulcro familiar, para el matrimonio, para sus hijos Domitius Callistus, con un cognomen ya plenamente latinizado, abandonando el de estirpe griega que evidenciaba la extracción servil del padre, y una tal Plotina Baetica, así como para sus libertos y los descendientes de éstos62. Difícilmente podríamos encontrar otra inscripción que, amén de presentarnos este claro ejemplo de promoción social y los vericuetos por los que pasaron las herencias de los derechos sobre los mausoleos ostienses, manifestase tan a las claras de forma indirecta las estrechas relaciones entre las familias del círculo imperial de época de Trajano y Adriano. Ya hemos referido la servidumbre de los libertos fundadores del mausoleo con la familia de los Vlpii Traiani, pero asimismo habría que sospechar la posibilidad de que Callistion y Eutychia fuesen tal vez esclavos de la familia de los Domitii, entre quienes se cuentan Lucanus y Tullus, Curvii fratres63, cuyas estrechas relaciones ya en la Bética con la poste rior familia imperial de los Aelii pusimos en evidencia en un anterior trabajo64. Su hija Plotina Baetica, amén del cognomen geográfico, que aquí debe especialmente señalarse, porta significativamente el nombre de la mujer del emperador Adriano. Las restantes menciones en lengua latina del uso de Baeticus como nombre proceden todas ellas de provincias occidentales. De fuera de Hispania tenemos documentado un Q. Marcius Baeticus, citado entre los decuriones de Sigus, en la Numidia65, mientras que en el Africa proconsularis, concretamente en Tipasa, una inscripción funeraria registra un posible B(a)eticus66. También la Narbonense puede manifestar otro ejemplo, en este caso de una Cattia Baetica67. Más interesante es otra inscripción asimismo funeraria, procedente de Blatobulgium (Birrens) en Britannia, donde una Flavia Baetica, dedicante de la inscripción, 62 CIL, XIV, 5176 = AE, 1961, 31 = 1981, 172: M(arcus) Vlpius Artemi/dorus fecit M(arco) Vl/ pio Hilaro patri / et Atriae Fortuna/tae co(n)iugi libertis / libertabusq(ue) poste/risq(ue) eorum Atria / Fortunata P(ublio) Afra/nio Callisto co(n)iugi / concessit ex portio/ne sua parte dimidia / libertis libertabusq(ue) / eius // L(ucius) Domitius / Callistion et / Domitia Eutychia / p(ro) p(arte) dimidia recepti / in soc{c}ietate ab / Vlpio Artemidoro / fecerunt sibi et / Domitis Callisto / Plotinae Baeticae / fili(i)s et libertis li/bertabusq(ue) posterisq(ue) / eorum. A estos Vlpii de extracción liberta ya se refirió C. Castillo, «El emperador Trajano», p. 36. 63 A. Caballos Rufino, Los senadores hispanorromanos, pp. 359 sqq., I 18 A y B. 64 Id., «Implantación territorial», pp. 263 sqq. 65 CIL, VIII, 10860 = 19135 = ILAlg., II, 6519, procedente de Bou Hadjar (Sigus). 66 CIL, VIII, 17145 = ILAlg., I,1974: B(a)e[t]icus / vixit an(n)is / XXXV. 67 CIL, XII, 4116 (Saint-Gilles): D(is) M(anibus) / Cattiae Baeticae / M(arcus) Sualius Cattius / Cominius coniugi / incomparabili.
la bética como referente identificador 201 recuerda a su marido, centurión de la cohors II Tungrorum68. El interés estriba en que este mismo tándem onomástico lo tenemos documentado dos veces en la Lusitania69, una de un esclavo de un Flavius Baeticus, conimbrigensis, de una inscripción de Emerita70, y otra ya de la misma Conimbriga, donde acompaña el praenomen: G(aius) Flavius Baeticus, del que no descartamos incluso la posibilidad de la identidad con el anterior71. Con todos los riesgos que de ello se derivan, la escasa difusión del cognomen permite aventurar una relación entre el conimbrigense y la Baetica documentada en Britannia. No con este cognomen, sino con un derivado, tenemos a una Licinia Baeticata en la capital de la Lusitania72. Un solo caso documentado, por el contrario, para toda la Citerior, aunque de un ámbito estrechamente conectado e inmediatamente vecino con la Bética: Castulo73. En la misma provincia de la Bética el cognomen Baeticus/-a se documenta en tres ocasiones en la epigrafía en piedra: en Corduba un Iulius Baeticus74, en Celti una simple Baetica75, y en Munigua un T. Flavius Baeticus, libertus rei publicae Muniguensium76. A estos testimonios deben añadirse para la provincia los documentados en marcas de ánforas olearias, donde se documentan los registros BAE y BAETICI, de origen no documentado77, y BAETIC·RVFINI en el catálogo de marcas del alfar de «Las Sesenta», situada a la derecha del paleocauce conocido como la «Madre Vieja», muy cerca del actual cauce del Guadalquivir, al occidente de Celti (Peñaflor)78. Genaro Chic entiende Baeticus como nombre de estirpe indígena, perteneciente a la onomástica primitiva derivada directamente del nombre del río, aunque, de acuerdo con todos los ejemplos que estamos citando, entiendo que el nombre debiera preferentemente vincularse ya de forma directa con el de la provincia. 68 CIL, VII, 1078 = RIB, 2115: D(is) M(anibus) / Afutiano / Bassi or/dinato / coh(ortis) II Tung(rorum) / Flavia Baeti/ca coniunx / fac(iendum) curavit. 69 Sobre la difusión onomástica de Baeticus en Hispania véase J. M. Abascal, Los nombres personales, p. 292. 70 AE, 1905, 24: Invicto Deo / Quintio Flavi / Baetici Conim/brig(ensis) ser(vo) / pro sa(lute) Coutii Lupi (caso analizado por S. Crespo Ortiz de Azcárate, «Fuentes epigráficas», p. 192). 71 CIL, II, 395: M(anio) Antistio / Agrippae f(ilio) / Quir(ina) Agrippino / ex testamento / G(aius) Flavius Baeticus / h(eres) f(aciendum) c(uravit). 72 CIL, II, 575 (Emerita): Licinia / Licinii / Baeticata / Lentina / ann(orum) XXXV / T(itus) Manilius / Quietus ann(orum) […] / sibi et uxori / d(e) s(ua) f(aciendum) c(uravit). 73 CIL, II, 3284 = CILA Ja, 155: …] / Val(erius) Baeticus / annoru(m) LVXV / pius in suis. 74 CIL, II2/7, 508: Securitati aeternae / Paciae Saturninae piissimae indulgen/tissimae omnium suorum cum qua vixi ann(os) XXXII / et bilem cum ea numquam habui Iul(ius) Baeticus mar(itus) / eius et Pacia Natalis lib(erta) fecer(unt) excessit ann(is) XXXXVIII / p(ia) in s(uis) h(ic) s(ita) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) levis. 75 CILA Se, 191 = HEp, 10, 561 = AE, 1975, 504: D(is) M(anibus) s(acrum) / pietati Baeticae / annorum XXI pia / in suis hic sita est / te rogo praeterie(n)s dicas / sit tibi terra levis / Barathes coniugi / indulgentissumae / posuit. 76 CILA Se, 1062 = AE, 1972, 254 = HEp, 7, 917: [Iovi P]antheo Aug(usto) sacrum / T(itus) Flavius Baeticus lib(ertus) rei p(ublicae) / Muniguensium accepto loco / ex decreto ordinis d(onum) [d(edit)]. 77 Aunque tal vez de «Las Sesenta», como las siguientes (G. Chic García, Datos para un estudio», p. 304). 78 Ibid., p. 145; e Id., «Religión, territorio y economía», p. 469.
antonio caballos rufino 202 Como adjetivo, Baeticus individualiza una unidad militar, la Cohors Baetica, documentada sin ordinal en una tabla de bronce de Bérgamo conteniendo un decreto decurional79, o la Cohors V Baetica, cohorte quinquagenaria peditata compuesta de auxiliares, a la que J. González dedicó un estudio monográfico, en función de la aparición en Los Corrales (Sevilla) del pedestal que la menciona, datado por su editor a mediados del siglo ii d. C.80. González entiende ésta como una cohorte reclutada en la provincia que le da nombre81, debido a los problemas generados por las invasiones de mauri de los años 171-172 y luego 177/180. Un sello de plomo de Castuera (provincia de Badajoz) contiene la leyenda S·B·A, que ha sido desarrollada, siguiendo paralelos en la designación de societates mineras82, como referencia a la provincia y la localidad en que ésta radicaba. Siendo Artigi83 la ciudad más próxima en la Baeturia cuyo nombre comienza por «A»84, resulta posible interpretar S(ocietas) B(aetica) A(rtigiensis). Se ha apuntado asimismo, como menos probable alternativa a Arsa85, en la misma región, por lo que el desarrollo del texto habría sido en este caso S(ocietas) B(aetica) A(rsensis)86. En el Museo de Badajoz se conservan otros dos sellos con un texto similar, de procedencia no documentada, aunque buenamente pudieran proceder de la misma provincia, transcritos como S·BA, y desarrollados por ello como S(ocietas) Ba(etica)87. Aunque no se haya identificado la segunda interpunción, debe asumirse que se tratase de la misma marca anterior88. Otro sello con esta marca, pero con una cabeza masculina en el reverso, procede de la provincia de 79 CIL, V, 5127 = AE, 1984, 435 (Bergomum, en la Transpadana). Sobre la unidad, en su momento únicamente conocida por este testimonio, A. García y Bellido, «El exercitus», p. 27. Sobre el documento A. Garzetti, «La tavola». La vinculación con Bérgamo se establece a partir de su prefecto, que hay que considerar natural de aquella localidad italiana. 80 J. González Fernández, «Cohors V Baetica», pp. 179-188. Cf. CIL, II2/5, 895 + CILA Se, 1196 + HEp, 6, 868 = AE, 1994, 913: Mine]rvae Aug(ustae) s(acrum) / […]nius Quir(ina) Optatus / [… c] ohortis V Baeticae / […]ORES [….. La inscripción debe adscribirse a Ilipula Minor, localizada en los cortijos de Repla, en el término de Los Corrales (provincia de Sevilla). 81 Junto al menos las otras cuatro a las que corresponderían los ordinales inferiores al V. 82 Un lingote de plomo procedente de Campanario, donde se ubica Artigi (vide infra), publicado por J. González Fernández («Varia Epigraphica II», pp. 110 sq. y lám. en p. 114), contiene las siglas SCEL. También las numerosas marcas restituidas como S(ocietas) C(astulonensis?) de El Centenillo y La Carolina, en la provincia de Jaén, y Santa Eufemia, en la de Córdoba (cf. B. Díaz Ariño, Epigrafía latina republicana, P2, p. 294). 83 A. Tovar, Iberische Landeskunde, pp. 95 sq. Se ha propuesto su ubicación al suroeste de Castuera, en Campanario, o en un yacimiento a tres km al N o NO de Monterrubio de la Serena (provincia de Badajoz). Cf. CIL, II2/7, 947. J. Martínez Clemente, «Aproximación al proceso», pp. 125-136, esp. pp. 131 sq., asume la asimilación entre Iulipa y Artigi. 84 Excluyéndose por tanto Arucci, más alejada hacia el SO. 85 A. Tovar, Iberische Landeskunde, pp. 92 sq. Se ha propuesto identificarla, bien tal vez con Esparragosa de Lares o con Malpartida de la Serena, en la provincia de Badajoz. 86 F. J. Jiménez Ávila, «Notas sobre la minería», p. 126 y fig. 3. Cf. HEp, 4, 143. 87 Ibid., p. 126, nos 1-2 y fig. 2. 88 Así Stylow, ad HEp, 4, 191.
la bética como referente identificador 203 Córdoba, lo que amplía las posibilidades de restitución de la leyenda89, impidiendo asegurar que en ella se hubiese hecho referencia a una societas calificada explícitamente de Baetica. Queda aun una decena de otras referencias epigráficas al nombre de la provincia, muy heterogéneas entre sí, y diferentes a los ejemplos analizados hasta ahora, que merecen que le dediquemos una atención individualizada. Algunas de estas referencias son escuetas menciones de la Baetica, donde sólo se conserva este nombre, acompañado o no de la referencia a la provincia, así: … / provincia[e] / Baeticae / …. de una inscripción de Axima en los Alpes Graiae90, o las tres letras monumentales «AET·» de 24 cm de altura, con una hedera muy bien labrada a la derecha del texto, de una placa de mármol de Itálica que conserva el lateral derecho y que serviría de losa de revestimiento paramental, procedente verosímilmente de un edificio público de la colonia91. Por las características formales de las letras Canto le asigna una datación de finales del siglo ii o principios del iii, si bien nosotros preferimos decantarnos por esta última centuria. Como parece razonable suponer, esta autora propone la restitución B]aet(icae) como complemento nominal de un cargo público, que sería también verosímilmente la función que cumpliría en la inscripción anteriormente citada. La provincia Baetica aparece en una misteriosa y muy debatida inscripción hispalense, cuyo texto registra Hübner como: Provinciae Baeticae / manentibus profutura / coloniae Hispalensium / XXIIII XXIII XXII XXI XX XVII[II]92. Hallada en 1563 y hoy perdida, la tradición historiográfica aporta como procedencia, bien el Convento de Madre de Dios (Gonzalo Argote de Molina), bien el entorno de la Catedral (Rodrigo Caro y Alonso de Morgado). Aceptando esta primera procedencia y vinculando por ello la inscripción posiblemente con el teatro de la colonia, S. Ordóñez93 cree que debió tratarse de una losa del graderío de este edificio, marcando la reserva de asientos en éste para un colectivo amplio, de al menos 24 individuos de relevancia no residentes en Hispalis (de ahí el manentibus profutura), pareciéndole apropiado asignarle una presumible cronología de época antonina, la etapa de mayor auge de la colonia, cuando tuvo lugar una insistencia en la monumentalización y una remodelación urbana, formando parte del conjunto constituido por el templo a Liber pater y la plaza porticada a la que pertenece el templo de la calle Mármoles de esta ciudad. A. Canto en su revisión del epígrafe rechaza sin embargo la hipótesis interpreta89 Véase por extenso B. Díaz Ariño, Epigrafía latina republicana, P1, p. 293. 90 CIL, XII, 116 = ILALpes, 40, Aime-en-Tarantaise. 91 ERIT, 64 = CILA Se, 401 = HEp, 2, 629. 92 CIL, II, 1193 = CILA Se, 40. Como ejemplo de alguna de las interpretaciones funcionales que se han aportado hasta ahora, M. Marchetti (DE, s. v. Hispania, p. 882) pensaba pudiese tratarse de un calendario. 93 S. Ordóñez Agulla, «Edificios de espectáculos». Cf. AE, 1998, 733, donde se duda de la autenticidad de la pieza y la interpretación propuesta.
antonio caballos rufino 204 tiva de S. Ordóñez94, tanto en lo que se refiere a la ubicación, como a la función de la inscripción, prefiriendo la propuesta de R. Caro de que la pieza procediera del entorno de la Giralda, con lo que se excluye su vinculación con el teatro. Piensa por el contrario, interpretando de una manera diferente las escotaduras dibujadas en el manuscrito bajo los numerales, que la pieza podría pertenecer a una clepsidra o algún otro instrumento relacionado con el agua, y que las dificultades para la interpretación del texto estribarían en haberse conservado incompleto, aunque A. Canto no adelanta ninguna propuesta al respecto. En todo caso ésta aparenta ser una mera referencia de carácter geográfico-administrativo en relación a la provincia, verosímilmente en genitivo como complemento nominal de un cargo desempeñado en ésta95 y, por lo tanto, se trataría de una mención de la Bética intrascendente a los efectos que aquí nos convocan. Dos carmina funerarios aluden poéticamente a la Bética como provincia originaria. Uno de ellos corresponde a M. Furius Herennus, un astigitano —Baetica me genuit— que fue a morir a los 50 años en Caesarea, en la Mauretania Caesariensis96. Otro personaje de nombre Festus, de extracción macedonia y nacido en los campos labrantíos de la Bética —in arvis Baeticae partus—, muerto a los quince años en Corduba97. Una placa de mármol de Roma lista una serie de provincias en nominativo, entre ellas la Bética: …] / MEDI[…] / Baetica […] / Africa Sa[rdinia] / Aquitan[ia…98, aunque la función del texto, sin duda público, se nos escapa. Siguiendo esta serie de epígrafes, merece que le dediquemos nuestra atención a una inscripción de Corduba que, conservada incompleta, ha sido restituida de la siguiente manera: ……] / [provincia Baetica dev]ota / [numini maiest]atiq(ue) eor(um) / dedica[nt]e M(arco) Aur(elio) Alexandro / p[roc(uratore) A]ugg(ustorum) nn(ostrorum) v(iro) e(gregio) agente vice / praesidis / [flamo]n(io) M(arci) Val(erii) Saturnini Lacipponens(is)99. 94 HEp, 8, 476. 95 S. Ordóñez Agulla, «Edificios de espectáculos», p. 148, n. 30. 96 CIL, VIII, 21031 = F. Bücheler y E. Lommatzsch (eds.), Carmina Latina Epigraphica, nº 479: M(arcus) Furius Herennus Papiri(a) / Astigitan(us) veterani f(ilius) hic situs est / Baetica me genuit telus cupidus / Lib<y>ae cognoscere / cognoscere fines Caesar(e)ae / veni cupidus fata me rapuere mea / et me iacio eidus ignotis vixsi an/nis L vivere dum liquit carus me/is et pius vixsi et in omnia sollers / ite mei sine me ad meos ite dic / rogo praeteriens hospe{h}s sit t(ibi) t(erra) / levis et mol(l)iter ossa quiesc(a)nt. 97 CIL, II2/7, 389 = AE, 1972, 276 y 277: C. Fernández Martínez, Carmina, CO3, pp. 143-148: [… n]overat unum / […]at et pia nutrix / [… c]oepit et unus / […]A fiant / […] mater habebit // Sum genere Macedon se<d> in arvis Baeticae partus / quintus post decimum revolutus fugerat annus / et iam iamque viro toga se sociare parabat / deficiunt fata totus labor excidit hora / hic ego sum positus festus de nomine Festi. Datada a fines del siglo ii o comienzos del iii. 98 CIL, VI, 31806. 99 CIL, II2/7, 259.
la bética como referente identificador 205 Ni el procurador ni el flamen citados eran conocidos de antemano. El homenaje debe referirse muy verosímilmente al gobierno conjunto de Valeriano y Galieno. En lo que nos interesa, la atribución de la autoría del homenaje a la propia provincia, por intermediación de su gobernador y del presidente del concilium provincial, su flamen, forma parte precisamente de la propuesta de restitución. En dirección diferente nos conduce, si queremos utilizarla como paralelo, otra dedicación a Galieno en la misma Corduba, que debe datarse por la titulatura de éste (sin iteración del consulado) el 254 y en la cual la dedicante es palmariamente la res publ[ica Cordubensis] / numi[ni maiestatiq(ue)] / [eius devota]100. En una tercera inscripción que coincide ambiental y cronológicamente con las anteriores, dedicada esta vez a Cornelia Salonina, la mujer de Galieno, la expresión provinciae Baeticae de la línea octava, dado que no puede complementar al anterior «proco(n)s(ulis)» de la titulatura del emperador, ha sido corregida por el nominativo, con quien concordaría así el adjetivo que sigue: provincia{e} Baetica{e} devota numini maiestatiq(ue) eius101. Cerrando el círculo que habíamos comenzado con la inscripción del foro de Augusto, no podemos dejar pasar por alto la inscripción, hoy en Roma, pero procedente de Tibur, que recuerda los beneficios concedidos por Adriano a la Bética: Ob libe]ralitates pub[licas] / [Imp(eratoris) Caes(aris) T]raiani Hadria[ni Aug(usti)] / [p(ontificis) m(aximi) trib(unicia) pot(estate) X]X co(n)s(ulis) p(atris) p(atriae) im[p(eratoris) II] / [erg]a prov[inciam H]ispaniam Baetic[am ex an(no)] / [d(ie)] III Id(us) Aug(ustas) Q(uinto) A[quilio Nigro M(arco)] Rebilo Aproniano co(n)s(ulibus) in a[n(num)] / [d(ie)] IIII K(alendas) Ian(uarias) [L(ucio) Tutilio Luperco P(ublio) Calpu]rnio Atiliano co(n)s(ulibus)102. Las referencias consulares permiten datar las actuaciones desde la misma fecha de acceso del emperador al trono, el día III de las idus de Agosto del año 117103, y hasta el día IIII de las calendas de Enero, esto es, el 29 de diciembre del año 135104, mientras que, por la titulatura imperial, el momento de la erección de la propia inscripción debe fecharse el año 136. Adriano, natus Romae, pero oriundo de Italica, su patria, en la provincia de la Bética. Esta ciudad, que pidió y obtuvo del emperador el derecho propio de las colonias, no desempeñando ningún papel administrativo de relevancia, no se resignaba a perder su antiguo protagonismo como referente de Roma en la provincia. Así había sido durante la República, y así habrían querido los italicenses que siguiera siendo, aun cuando la sangría de las promociones de muchos de sus próceres al uterque ordo, con las implicaciones económicos inherentes, y los avatares de la política la habrían debido sin duda afectar sustancialmente. 100 CIL, II2/7, 257. 101 CIL, II, 2200 (ILS, 552) = CIL, II2/7, 258. 102 CIL, XIV, 3577 y 4235 (ILS, 318) = I.I., 4-1, 79. 103 HA, Hadr., 4, 7: Tertium iduum earundem [Augustarum], quando et natalem adoptionis celebrari iussit. 104 Caso de que no fuese el [X]IIII K. Ian., que llevaría entonces la datación al 19 de Enero.
antonio caballos rufino 206 Ya hemos visto con antelación en qué medida, de los ejemplos en que se indica la patria originaria y como complemento la provincia a la que aquélla se adscribe, la ciudad que más veces aparece en la documentación es Itálica. A éstos debe añadírsele aun otro más, de Volsinii, en Etruria, donde se recoge el cursus de un personaje de rango senatorial, de nombre no conservado, que fue patrono, además de otras localidades, item colon(iae) Italicens(ium) in prov(incia) Baetica105. No es de extrañar así, en esta línea de comportamiento a la que en otras ocasiones hemos hecho referencia, la fórmula dedicatoria de la inscripción erigida en homenaje a Gayo Valio Maximiano, el libertador de la provincia asediada por segunda vez en breve plazo por la invasión de los mauri106. Valga recoger así una vez más aquí el tan conocido texto de la inscripción italicense: C(aio) Vallio / Maximiniano / proc(uratori) provinciar(um) / Macedoniae Lusi/taniae Mauretan(iae) / Tingitanae fortis/simo duci / res p(ublica) Italicens(ium) ob / merita et quot / provinciam Baetic(am) / caesis hostibus / paci pristinae / restituerit // Dedicata anno / Licini Victoris et / Fabi Aeliani IIvirorum / pr(idie) Kal(endas) Ianuar(ias)107. Lo peculiar de la fórmula por la que se expresaron públicamente destaca especialmente si la contrastamos con la inscripción que paralelamente erigieron los singilienses al mismo personaje: G(aio) Vallio Maxumiano / proc(uratori) Augg(ustorum) e(gregio) v(iro) / ordo Singil(iensis) Barb(ensis) / ob municipium / diutina obsidione / et bello Maurorum / liberatum / patrono / curantibus / G(aio) Fab(io) Rustico et / L(ucio) Aemil(io) Pontiano108. Con esta referencia concluyo el recorrido descriptivo de los testimonios epigráficos conservados en relación con la identidad de la Bética, lo que dista mucho de agotar historiográficamente el argumento. Antes bien al contrario, resulta pertinente como complemento, contrapunto y equilibrio de esta contribución, ampliar la óptica, contemplando otros argumentos y otras visiones, entre ellas por supuesto y de forma especial la literaria. Algunos ejemplos bien conocidos basten: los de Plinio el Viejo, con la descripción de aquellos argumentos medioambientales por los que consideraba que la Bética superaba a otras 105 CIL, XI, 2699 (ILS, 5013) = B. Lörincz, «Die römischen Hilfstruppen», nº 77: tr(ibuno) p l(ebis) candi[d(ato) quaest(ori) patrono] / in Italia Volsiniensium / patriae suae item Ferent(inatium) / et Tiburtium item colon(iae) / Italicens(ium) in prov(incia) Baetica / praet(ori) Etrur(iae) XV populor(um) / sacerdoti Caeninensium / M(arcus) Helvius M(arci) f(ililus) Clemens Arnen/sis domo Carthagine praef(ectus) eq(uitum) / alae primae Cannanefat(i)um / praesidi sanctiss(imo) et rarissimo / cura agente L(ucio) Aconio Callisto / trib(uno) mil(tum) leg(ionis) XIIII Gem(inae) Sev(erianae). 106 Remitimos para todo lo referente a este argumento al ya clásico artículo de G. Alföldy, «Bellum Mauricum». 107 CIL, II, 1120 = AE, 1961, 339 (ILS, 1354) = CILA Se, 378. G. Valio Maximiano fue proc. Maur. Tingitanae aproximadamente el 175/6-178/9. La inscripción italicense debe ser datada así el año 177 o poco después. 108 CIL, II, 2015 = CIL, II2/5, 783 (ILS, 1354 a; HEp, 1, 469; AE, 1961, 340).
la bética como referente identificador 207 provincias109; Marcial, alabando también las riquezas de la provincia, identificándola con el Baetis y coronando la cabeza de su personificación divina con ramas de olivo110; o Silio Itálico, que completa el panorama con la referencia a las ricas explotaciones metalíferas de la provincia111. Por su parte se han considerado posibles, aunque hipotéticas, personificaciones de la Baetica algunas imágenes representadas en la numismática. Entre éstas primero las acuñaciones cordobesas del pro q(uaestor) M. Minatius Sabin(us), con Cn. Magn(us) imp(erator) y su efigie en el anverso, y figuras femeninas oferentes a su imagen de pie en el reverso, en las que se han querido ver, tanto representaciones de la propia Corduba, como de las provincias hispanas. También la emisión de un denario pompeyano del leg. pro pr. M. Poblici(us), acuñado durante la Guerra Civil, posiblemente en Corduba, que representa en el reverso a Cn. Pompeyo (leyenda: Cn. Magnus Imp.) recibiendo una palma de manos de un personaje femenino de pie, portando dos lanzas y la caetra. Por último, con mayor insistencia, un áureo de Adriano con su cabeza laureada, con manto y coraza, a derecha en el anverso, acompañada de la leyenda Imp(erator) Caesar Traian(us) Hadrianus Aug(ustus) y, en el reverso, con la leyenda P(ontifex) M(aximus) Tr(ibunicia) P(otestate) Co(n)s(ul) III (119-122 d.C.), la imagen de Minerva con casco a la derecha, apoyada con su mano izquierda en una lanza, frente a un olivo al que apunta con su mano derecha y un conejo al pie112, fundamento de una hipotética consideración como representación de la Bética; aunque la carencia de leyenda explícita impide cualquier certificación113. En todo caso, ya el largo panorama trazado muestra cómo la idea de la Baetica, impuesta por el poder imperial romano como circunscripción administrativa, reforzada ideológicamente por su vinculación con Augusto y Roma, y de la que las elites provinciales vertebradas en el concilium provincial fueron su abanderada, acabó poco a poco permeabilizando en la sociedad hasta ir calando de forma más o menos profunda y consciente en los sentimientos de sus componentes. De aquí un largo camino, difícil de rastrear por la disminución drástica del hábito epigráfico, que sólo la literatura con una representatividad y mensaje diferenciados permite en ocasiones evidenciar, hasta la mitificación de la Baetica como la región más romanizada de Hispania identificada como referente y sinónimo de Roma toda. Y como tal fue, ejemplo paradigmático de lo que venimos desarrollando, el emblema enarbolado como seña de identidad de la facción de Hermenegildo en su lucha contra su padre Leovigildo114. 109 Ver Plin., Nat., III, 7. 110 Mart., XII, 98, 1-2; 9, 61, 3; y 14, 133. 111 Sil., 3, 401 y 16, 468-470. 112 RIC, II, 70, p. 349 (C. 1068, 9 y lám. XII, 228). 113 Sobre los bustos de esta divinidad procedentes de la Bética, pero también sobre la difusión de la iconografía de Minerva por toda Hispania, véase M. C. Marín et alii, «Bustos de AteneaMinerva» y las referencias en este trabajo contenidas. Para una asignación diferente véase, por ejemplo, J. A. Garzón Blanco, «La propaganda imperial». 114 Ver C. Fernández Martínez y J. Gómez Pallarés, «Hermenegildo» y las referencias al respecto en este trabajo contenidas (pp. 641-644).