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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE
AZORÍN: LOS PUEBLOS
CARLOS PEINADO ELLIOT
UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
[email p o ec ed]
Resumen: En es e a ículo se p e ende abo da la p esencia de la ópica simbolis a en el
pe iodismo de Azo ín, omando como cen o los ex os publicados en el dia io España que el
au o incluyó pos e io men e en Los Pueblos: el echazo a la ci ilización indus ial, la búsqueda
de la a monía –en las sín esis que descub en la sus ancia única y uni e sal que subyace a odo–, la
é ica de la compasión schopen-haue iana – e lejada en los médicos de p o incia–, la angus ia, el
simbolismo paisajís ico o el opos de la ciudad mue a, con igu an un uni e so aspasado po el
acío que se a isba as lo eal.
Palab as cla e: Azo ín. Simbolismo. Mode nismo. Pe iodismo. Roman icismo.
Compasión. Angus ia. Schopenhaue . Ciudad mue a. P ecapi alismo. Me ali e a u a.
Abs ac : This a icle aims o add ess he p esence o opical symbolis in Azo in´s
jou nalism, aking as cen al he ex s published in he Jou nal España ha he au ho subsequen ly
included in Los pueblos: he ejec ion o indus ial ci iliza ion, he sea ch o ha mony –in he
syn hesis ha disco e s he unique and uni e sal subs ance unde lying all–, he Schopenhaue ‘s
e hics o compassion – e lec ed in he physicians o he p o ince– he anguish, he symbolism
landscape o he opos o he dead ci y, a uni e se se pie ced by he emp iness a e eal pee s.
Key wo ds: Azo in. Symbolism. Jou nalism. Roman icism. Compassion. Ange .
Schopenhaue . Dead ci y. P ecapi alism. Me ali e a u a.
Résumé: Ce a icle ise à épond e à la p ésence des mo i s symbolis es dans les a icles
jou nalis iques d’Azo in, en p enan comme cen e les ex es publiés au Jou nal España que l’au eu
a ensui e inclus dans Los pueblos: le eje de la ci ilisa ion indus ielle, la eche che de l’ha monie –dans
les syn hèses qui décou en la subs ance unique e uni e selle qui sous- enden la To ali é–, l’é hique
de la compassion de Schopenhaue –qui se e lè e dans les médecins de la p o ince–, l’angoisse, le
symbolisme paysage ou le opos de la ille mo e, mon en un uni e s anspe cé pa le ide.
Mo s-clés: Azo in. Le symbolisme. Le mode nisme. Le jou nalisme: Le oman isme. La
compassion. L’angoisse. Schopenhaue . Ville mo e. P écapi alisme. Me ali é a u e.
En es e a ículo se p e ende abo da la p esencia de la ópica simbolis a en
el pe iodismo de Azo ín, omando como cen o los ex os publicados en el dia io
España que el au o incluyó pos e io men e en Los Pueblos (si bien en algún caso el
análisis se ex iende a algún a ículo coe áneo, po la ce canía en ema o es ilo)1.
1 Como es lógico, al emplea los é minos «simbolis a» y «mode nis a» no se hace alusión a escuelas o g upos li e a ios,
sino al amplio mo imien o en el que se mani ies a la c isis inisecula y que pene a has a bien en ado el siglo XX, al
y como dejó pa en e Juan Ramón Jiménez en su cu so El mode nismo. En la bibliog a ía azo iniana ha sido Lozano
Ma co quien con mayo cla idad ha asen ado la iliación mode nis a-simbolis a del esc i o .
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En es a época, des aca Azo ín en la p ensa po su labo de c onis a pa lamen a io.
Sin emba go, apa e de las c ónicas pa lamen a ias, Azo ín esc ibe a ículos que
se án pos e io men e ecopilados en di e sos lib os: Los Pueblos (Ensayos sob e la
ida p o inciana), Fan asías y de aneos ( í ulo que no eúne los mismos a ículos que
lle aban es a úb ica en el pe iódico), Tiempos y cosas, Ve aneo sen imen al y algunos
de los abajos de Palab as al ien o. Como obse a Val e de (1987: 21), los a ículos
que i ma cuando no hay sesión pa lamen a ia cons i uyen «un mundo apa e,
plu i o me y de ni el más ele ado que esas c ónicas»: una an asía u u is a– «La
casa, la calle y el camino»–, una ec eación del pesimismo de Leopa di, una
e ocación del siglo de o o, a ículos sa í icos a la mane a de La a –»The ime
hey lose in Spain»–, homenajes a au o es ecien es (Ba oja, Cos a). Du an e las
acaciones pa lamen a ias Azo ín ma cha al No e, a los balnea ios y las playas
elegan es ecuen ados po la al a bu guesía y la a is oc acia, donde ningún
acon ecimien o impo an e hab ía de ocu i y, po an o, escena io ap opiado
pa a los a ículos ípicos del es ilo azo iniano. Es el pe íodo más in e esan e de
es a época. T as la ape u a de las sesiones pa lamen a ias, e oma Azo ín su
labo de c onis a de las Co es, si bien sigue publicando a ículos como los
an e io es –solo al an abajos de es ilo imagina i o– que se án ecogidos en Los
Pueblos, lib o cuya edición comen a á el 6 de eb e o de 1905 en «Con esión de un
au o ». Hay dos ediciones de es e lib o en el año 1905, hecho que demues a su
éxi o –que, a juzga po sus a ículos, e a especialmen e des acado en e las muje es
de al a sociedad–2. La c ecien e ama de Azo ín como pe iodis a culmina con su
en ada en El Impa cial.
En es os a ículos –en los que J. Ma ínez Ruiz unde di e sos géne os–
alcanza el esc i o una de las cimas de su a e, como ha obse ado Riopé ez y
Milá (1996: 14):
Casi odos ellos no pueden cali ica se con la simple e ique a de a ículos, sino
que, al ma gen de se llamados cuad os, es ampas o, incluso, semblanzas, ep esen an, en
sí mismos, b e es medi aciones –bellamen e expues as–, pequeños poemas en p osa,
na aciones lí icas, que in en an ap esa , en el pano ama uni e sal del mundo y de la ida;
en la his o ia de los homb es, de los paisajes y cosas, esa en aña mis e iosa y sob ecogedo a
que los dispa a inexo ablemen e a un acabamien o y ini ud.
Encuen a Azo ín en es os ex os el molde pe ec o pa a el con enido que
p e ende ap esa su esc i u a, pues el a ículo se cons i uye como el géne o capaz
de ap esa el apun e ugaz, la p esencia de lo in ini o en lo pequeño, la
2 C . «El mis e io de las cosas» (Azo ín, 1987: 221) y «Conju ación de seño as» (Azo ín, 1982: 113).
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agmen ación de la ealidad que es consecuencia de la ans alo ación p oducida
po la c isis inisecula . El géne o pe iodís ico se adap a a la pe ección a la es é ica
simbolis a que se a a enca na en Los Pueblos.
1. LA CIUDAD Y LOS PUEBLOS
Es os a ículos no pueden desgaja se del con ex o de la p oducción
pe iodís ica azo iniana, ya que, si en las Imp esiones pa lamen a ias el au o e leja la
España o icial, el cen o de pode de la capi al, el pe iodis a dedica ecuen emen e
los a ículos publicados en los días en que no hay sesiones pa lamen a ias a mos a
la España eal, la ida igno ada, no ep esen ada, de los pueblos de las p o incias.
De es e modo, mien as que en las c ónicas pa lamen a ias se e leja la acuidad
y el g i e ío de la ida polí ica, en Los pueblos pa ece el au o e i a se pa a eg esa
a lo sencillo, huyendo de la an asmago ía ea al del Pa lamen o.
Como ha obse ado Ángel L. P ie o de Paula (2006: 166), en e a la isión
del pueblo como «quin aesencia de los de ec os de la nación» que se obse a en
sus p ime as no elas, en es os a ículos se con ie e en el espacio ideal pa a la
epi anía de las cosas sencillas, que se e elan dia iamen e en ins an es de sín esis
a moniosa3. Se alza el pueblo así como «una U opía e oac i a» (P ie o de Paula,
2006: 184), eacciona ia (en opinión de es e c í ico), que pod íamos elaciona
con las posiciones adop adas po los an imode nos, según el análisis e ec uado
po Compagnon, que si úa en e ellos a Cha eaub iand o Baudelai e).
Azo ín, comen ando a Unamuno, c i ica la ciudad mode na po su uido, sus
luces, la elocidad de la ida en ella, la mul i ud y el á ico que la conges ionan –»La
casa, la calle y el camino»–, la g an can idad de obje os amon onados en las iendas4.
F en e al i mo ené ico de la ciudad, los pueblos se ca ac e izan po la len i ud, la
mono onía, la placidez. En ez de los uidosos y eloces medios de anspo e, en las
ciudades de p o incias dominan el ca o y el sosegado paseo a pie5.
En «La elada» nos o ece Azo ín un cuad o de la ida co idiana en los
pueblos: los homb es i en en con ac o con la ie a, el i mo de la ida es á
ma cado po el de la na u aleza, especialmen e po las cosechas del campo
–asun o que cen a las con e saciones–. Los pe sonajes son pocos y, al con a io
de lo que sucede con las mul i udes anónimas de la ciudad, se conocen po sus
nomb es, ya que las posibilidades de elación no son muchas, es echándose así
3 Allan Wallis ha es udiado la aíz omán ica de la epi anía y su a iculación en la poé ica de Fin de Siglo, así como la
in luencia de Baudelai e en la epi anía azo iniana (Wallis, 2003).
4 Víd. «El mis e io de las cosas», (Azo ín, 1987: 221). La ciudad no deja pe cibi el mis e io de la na u aleza.
5 Sob e la e olución de la ciudad mode na en Azo ín, c . Li ak (1980: 83-89).
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
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los lazos de los habi an es. Sólo pasea po el paisaje, de ez en cuando, «un
iandan e» soli a io en medio de la noche –uno de los símbolos p edilec os de
Azo ín, de es i pe omán ica6– La con e sación es sosegada, in e umpida po
ecuen es silencios, po o os emas que sob e ienen y luego se abandonan pa a
ol e al asun o p ime o. Los la gos silencios c ean un ambien e de anquilidad
y hacen posible escucha los sua es uidos (los pasos, la oz, el silbido, el c uji de
los oncos de la chimenea, los pico azos de las pe dices) que o man «como una
sín esis sup ema, como un co o p o undo, mis e ioso, que es la oz e e na,
incomp endida, de las cosas» (Azo ín (1987: 210). Es necesa io apa a se del
bullicio de la me ópoli pa a pode encon a un espacio de silencio y
con emplación que pe mi a ascende lo inmedia o a in de escucha lo mis e ioso
que se encuen a as los obje os que se o ecen a la is a.
Po es os a ículos apa ece odo ipo de o icios adicionales que en la ciudad
ya no exis en y po los que Azo ín sien e un p o undo amo : ape ado es, pel e os,
alaba e os, he e os… El abajo en es os alle es se mues a con un os o más
humano, pues se in eg a den o de la na u aleza: los ins umen os se humanizan
y apa ecen como se es animados, do ados de alma, que abajan en a monía y
sín esis en e sí y con el en o no; el abajo en onca con una adición ances al,
an e io a la época indus ial, en la que el homb e es aba inculado a la ie a y sus
u os e an na u ales, en a monía con es a, ca en es de a i iciosidad; el homb e
no apa ece, po an o, escla izado po las máquinas sino en equilib io con sus
ins umen os de abajo; es e no lo explo a ni aliena ya que el i mo de abajo es
más humano, sosegado, aco de con la ida de los pueblos: mien as abaja, el
a esano con e sa, o bien debe hace in e upciones cada cie o iempo, exigidas
po la elabo ación del obje o, que p o ocan el diálogo. Po ello, en e a la
u ilización, ap o echamien o y some imien o de cada ins an e a la p oduc i idad,
como sucede en la ciudad, que sac i ica la ida de sus habi an es en a as de la
p oducción y acaba con la elación in e pe sonal, el i mo del abajo a esanal
a o ece el diálogo y la comunicación7.
Azo ín alaba las a esanías p oducidas en pequeños alle es p eindus iales
que con as an con los obje os ab icados indus ialmen e. Es os úl imos,
elabo ados en se ie po máquinas que una mul i ud de ob e os manejan, ca ecen
de alma: es la labo del a esano conc e o que abaja con ca iño y dedicación
cada obje o pa icula , que pone su alma en él, la que les o ja un alma. Si la
sociedad consumis a de la ciudad no ap ecia, en su o acidad, el alo de los
6 No hay más que eco da Las ensoñaciones del pasean e soli a io.
7 Sob e la impo ancia que en la e alo ización del obje o manual ienen el echazo al p og eso y al u ili a ismo de la
sociedad mode na –enemigos de la belleza–, c . Li ak (1980: 53-59).
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obje os, de las cosas, en los pueblos, donde la ca encia es mayo , se ap ecia la
labo hecha con paciencia y que du a pa a siemp e.
Se puede obse a , po an o, en es os a ículos, un echazo del indus ialismo
y del p og eso a a o de un mundo p eindus ial, p ecapi alis a, en el que las
elaciones in e pe sonales y los p opios indi iduos no han sido some idos a las
necesidades de la p oducción. Es a isión de la ealidad inse a a Azo ín en la
es é ica de la mode nidad, como se puede obse a en el ensayo «¿Y pa a qué
poe as?», en el que Heidegge , comen ando a Rilke, ad ie e de la amenaza de la
écnica, que disuel e lo humano del homb e y el ca ác e de cosa de las cosas
den o de la p oducción8.
2. LA ARMONÍA DE LAS COSAS
Las cosas ienen alma, que se e ela en la conco dancia, en la sín esis que
epen inamen e se es ablece en e ellas. Los obje os más ulga es y minúsculos
en an en concie o y es a a monía e ela el alma que ienen escondida. No se
a a ya de la Na u aleza, o de lo humano, sino de cualquie pequeña ealidad. Así,
en «Un ecue do: Cla ín», se es ablece una a monía en e un ejempla de Doña
Be a y odo cuan o le odea, que no es á allí po casualidad, sino que debía es a
(Azo ín, 1987: 145), e elándose así la eleología que subyace al o ganicismo
azo iniano. La misión del esc i o es pe cibi es as conco dancias, e leja es a
belleza de las cosas pequeñas, insigni ican es, ol idadas, pe o que e lejan el alma
de la Na u aleza. Así lo a i ma Azo ín en «Con esión de un au o », a ículo en el
que eseña la apa ición de Los Pueblos (Ibíd.: 233):
Los concie os diminu os de las cosas son an in e esan es pa a el psicólogo y
pa a el a is a como las g andes sín esis uni e sales. Hay ya una nue a belleza, un nue o
a e en lo pequeño, en los de alles insigni ican es, en lo o dina io, en lo p osaico; […]
necesi amos hechos mic oscópicos que sean e elado es de la ida y que, ensamblados
a mónicamen e, con simplicidad, con cla idad, nos mues en la ue za mis e iosa del
Uni e so, es a ue za e e na, p o unda, que se halla lo mismo en las populosas ciudades
[…] que en las ciudades oscu as […].
8 Obsé ese la amosa ci a de la ca a de Rilke, echada el 13 de no iemb e de 1925 (ci , de Heidegge , 1995: 262):
«Toda ía pa a nues os abuelos una «casa», una « uen e», una o e conocida, incluso su p opio es ido, su ab igo, e an
in ini amen e más e in ini amen e más amilia es; casi cada cosa e a un ecipien e en el que encon aban algo humano
y acumulaban lo humano. Aho a, p oceden es de Amé ica, nos in aden cosas acías e indi e en es, cosas sólo apa en es,
engañi as de ida… Una casa, según la concepción ame icana, una manzana ame icana o un acimo de u as de los de allí,
no iene nada en común con la casa, el u o, el acimo en el que se habían in oducido la espe anza y la medi ación
de nues os ances os».
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Como se obse a en la ci a an e io , hay una ue za del Uni e so que se
mani ies a en odo cuan o exis e, p oduciendo unidades o sín esis a mónicamen e
ensambladas: queda así cla o el o ganicismo azo iniano. Po ello, es quizá en la
Na u aleza donde se e ela es a alma uni e sal que i adia incluso en las cosas.
En el ocaso, odos los sonidos y los colo es se elacionan mis e iosamen e en e
sí (Azo ín (1982: 130). La sín esis lo aba ca odo, an o lo c eado po el homb e
como la ie a y el cielo, mos ando, de es a mane a, su ín ima y mis e iosa unidad.
En es e momen o se descub e la sus ancia única y uni e sal que Azo ín iden i ica
con la Volun ad de Schopenhaue 9, una «ene gía ocul a e inex inguible [que] mue e
los á omos en o ación e e na, algo que «es, sin acaba de se nunca» (Ibíd.: 131).
Desembocamos, pues, en un pan eísmo pe o no abs ac o, como nos ad ie e el
p opio esc i o , sino undamen ado en el es udio de las ciencias na u ales y en la
obse ación de la na u aleza.
Es a concepción azo iniana del uni e so en onca, como ha obse ado
Sánchez Ma ín (1997: 139), con el i alismo. Según es e c í ico, aunque no se
puede ya c ee en una ue za i al ex e na, la ida no es pa a es os au o es obje o
di isible sino que debe exp esa se en é minos de o alidad y de o ganicismo. Las
pa es del uni e so son, po consiguien e, solida ias y deben se a mónicas: el
cosmos es un se i o, mis e ioso, en absolu o una máquina, y se concibe a a és
de nociones animis as como mo imien o, ue za, ene gía o ida10. Las
co espondencias son la consecuencia de es a alma uni e sal. En es e i alismo
inisecula se obse a, pues, la in luencia de la me a ísica pan i alis a del
Roman icismo, que di undió la concepción neopla ónica del animal-uni e so a
a és de su c eencia en la exis encia de un alma uni e sal omnip esen e, p incipio
espi i ual de odas las cosas, pues las almas indi iduales no son sino emanaciones
o aspec os o iginados de aquélla (Ce ezo Galán, 2003: 486). Es e es el o igen
omán ico de la me a ísica pan eís a que se obse a en los ex os azo inianos
(Ibíd.: 492-493):
[…] a la simbólica del alma subyace una me a ísica pan i alis a o un pan eísmo
animis a, po el que el alma comunica en su aíz con el odo, y desde allí i e y sien e cada
cosa desde su ín ima subje i idad. Pe o es una subje i idad que no sabe e lexi amen e
de sí misma; an sólo se sien e, y po eso no dis ingue el den o y el ue a, lo subje i o y
lo obje i o, con el ajo de la e lexión. Pa a el simbolis a, como an año pa a el omán ico,
9 En el a ículo «La busca» iden i ica cla amen e el alma del mundo con la olun ad: « lo que ha llamado Schopenhaue
la olun ad, es deci , el alma del mundo, ha enca nado ya de una ez po odas en una modalidad única […]». (Ci .
Lozano Ma co, 1996: 211)
10 La e olución desde el ana quismo a es e i alismo no debe so p ende si conside amos las eo ías biológicas
subyacen es a di e sas doc inas ana quis as. Es el caso del impulso na u al de pode («pode de ida») que Bakunin,
siguiendo a Lama ck, encuen a como uen e de la ene gía na u al. C . Dobón An ón (1997: 39-40).
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el alma ansmig a del yo a las cosas, o dicho a la in e sa, el Alma del mundo ib a y
esuena en la in e io idad del yo. Lo decisi o no es que el yo sea alma, sino que odo sea
un yo, y que el yo se sien a y expe imen e en odo. És a es la con icción undamen al pa a
el niño y pa a el poe a: que las cosas ienen alma, y que un mismo la ido de conciencia
hace ib a al unísono las en añas del odo.
En el a ículo «El g ande homb e en el pueblo» alcanza es e pensamien o
su culminación. En él se desc ibe un día de la ida de Cas ela , pocos meses an es
de mo i 11. Es e polí ico, que lo había conquis ado odo, se e i a a un pueblo
le an ino al inal de su ida. Cas ela es p esen ado como «un eg egio pan eís a»
que se e i a al le an e, donde «las cosas hallan su sín esis». Cie amen e, la igu a
del p o agonis a es á bien escogida, pues como seguido de Hegel, de iende en
sus esc i os el monismo acionalis a y una isión o ganicis a del uni e so: el espí i u
es uno, y su esencia se despliega y o ganiza a mónicamen e de acue do con el
p incipio de inmanencia, de modo que «no apa ece en una egión de la ida y de
la ciencia una ley que no se ex ienda a moniosamen e en odas sus egiones, a
odas sus es e as, siendo como el espí i u uno e idén ico a sí mismo» (ci . Abellán,
1984: 575). Cas ela cap ó con ni idez el cambio que Hegel in oducía en la
concepción de lo absolu o, que pasaba de se ascenden e a inmanen e,
encon ándose en odas las cosas. El idealismo inmanen is a del polí ico
co espondía con los pos ulados azo inianos: el monismo –la ue za única, que
Azo ín iden i ica en los ex os ci ados con la Volun ad, la ene gía uni e sal o el
Alma de la Na u aleza– se despliega o gánicamen e, p oduciendo los acue dos y
conco dancias a que asis e el con emplado .
De es e modo, Cas ela con empla en el amanece ese b e e ins an e en
que odas las cosas «i adian su e dade o espí i u», momen o p eciso en que
« odos los de alles, odos los elemen os de la belleza –la luz, el colo , el ai e, los
uidos, las líneas– o man una sín esis sup ema, algo como una a monía ine able,
desconocida, que adquie e su máximum en un pun o y que poco a poco a
disipándose, undiéndose en el ambien e ulga del es o del iempo […]» (Azo ín,
1987: 99). El éx asis p oducido po la con emplación de la belleza a siemp e
acompañado de la pe cepción de su ugacidad. Po ello, Azo ín imagina que
Cas ela , al mi a el momen o ceni al que la mañana le egala, y as el que odo
inalmen e se disuel e en mono onía, expe imen a angus ia (Ibíd.: 99-100).
11 Hallamos en es e a ículo un e a o del polí ico y el esc i o , géne o cul i ado con ecuencia po Azo ín. C . el
lib o di igido po Pascal Pey aga (2009), especialmen e el a ículo dedicado a los e a os de poe as (Auladell, 2009).
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Y luego odo ol ía a queda en silencio: una golond ina ina, auda; c oan las
anas en el es anque; la campana sigue ocando, ocando, c is alina. Y en onces el g ande
homb e, desde su en ana, solo an e la Na u aleza, acaso sen ía esa epen ina e inexplicable
op esión de angus ia que sen imos noso os, ciudadanos, cuando en plena campiña
con emplamos un en que pasa.
Asis imos a un día en la ida de es e g an polí ico e i ado del mundo que,
como pan eís a, no podía sino acaba en «es a ie a le an ina –G ecia mode na–
donde las cosas hallan su sín esis» (Ibíd.: 100). Es a disposición empo al an
ecuen e en los a ículos de Azo ín –pues acen úa el paso del iempo, los dis in os
momen os epi ánicos que se p oducen en el día y su disolución inal en la noche–
nos descub e la ac i idad de un Cas ela en e mo y cansado. Con emplamos sus
ho as de abajo, aunque «el g ande homb e, iejo, cansado, en e mo, o ece escaso
abajo o iginal» (ibíd..: 101). Apenas come, aunque an e él des ilan los suculen os
pla os p o incianos; ampoco due me a la ho a de la sies a; con o me a anza la
a de, sus acciones cambian, ol iéndose su ca a, an es edonda, ala gada y
láccida. Vemos apa ece , po an o, una de esas igu as dolien es que en Azo ín
simbolizan el homb e con empla i o, conscien e de su in. Y en e ec o, en Cas ela
ha ep esen ado el ideal de homb e según la iloso ía de Schopenhaue y, po ello,
el modelo de a is a a que aspi a el p opio au o (Ibíd.: 103):
És e es el momen o en que el homb e insigne, sen ado bajo el ancho pa al, o eado
po la b isa esca del c epúsculo p opincuo; és e es el momen o en que i e en e amen e
es a ida que se le escapa. Su alma se unde con el alma de la Na u aleza en e a; una
son isa asoma a sus labios, y de sus ojos g andes, cla os, desapa ece el espan o in an il
que los elaba. ¿Di é que la Na u aleza no puede se sen ida en odas las épocas de
nues a ida, ni, aun eniendo el ánimo p opicio a ello, siemp e que noso os que emos?
Un poe a o un pin o no eles pueden da nos una sensación in ensa de las cosas; pe o no
llega éis a sen i la comple a e inexp esable e usión con la ene gía uni e sal, sino sólo
cuando hayáis abajado mucho po el mundo y os hayáis saciado de sus sa is acciones, o
cuando una ab umado a ca ás o e mo al haya caído sob e ues o espí i u y lo haya
limpiado de deseos, anidades y concupiscencias, o acaso al sali de una la ga e incie a
en e medad que os ha mos ado abie o an e ues as mi adas el e e no acío… El g ande
homb e ha pasado po odos es os ances […].
No emplea, en es e caso Azo ín el é mino « olun ad», sino «ene gía
uni e sal» y «alma de la Na u aleza», si uándonos en el pan i alismo o pan eísmo
i alis a de Fin de Siglo, he ede o del idealismo omán ico, ácilmen e
empa en able, po su monismo y o ganicismo, con la iloso ía de Schopenhaue .
Lo que expe imen a el p o agonis a es la unión sin dis inción con el p incipio que
odo lo anima. Pe o pa a uni se con la Na u aleza de es e modo, Cas ela ha
CARLOS PEINADO ELLIOT / UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
debido su i una pu i icación ascé ica, al y como pos ula Schopenhaue , de deseos,
anidades y concupiscencias, ha debido con empla el e e no acío12. Despojado
así de alsas imágenes, ep esen aciones u o de la olun ad, puede admi a el
espec áculo de la Na u aleza y sen i se uno con ella. Es a aniquilación no p o oca
ya espan o, pues la en e medad y el desengaño han de umbado el apego hacia sí
mismo que pudie a ene el polí ico.
La mi ada con empla i a que nos mues a el a ículo es p ecisamen e la
mi ada de un a is a, aquella que odo c eado debe ía ene . El homb e que lo ha
sido odo, i iendo en e los que no son nada, puede uni se con la Na u aleza.
Es o es posible en el e i o, lejos de los cen os de pode , en un pueblo. El polí ico
que ha i ido en egado a las luchas y dispu as, debe enuncia al comba e,
econoce la anidad de es e es ue zo y anonada se.
La pé dida de la angus ia se mani ies a igualmen e en el inal del día, en e
lindas muchachas de p o incias, con las que cha la amablemen e. Aunque es as le
piden no icias de cómo son las muje es de Mad id –pues es iman supe io el
ambien e mad ileño, ya que ellas no c een ale nada–, el apa amien o del ambien e
í olo y supe icial de la capi al hace que Cas ela p e ie a, en un ejemplo de
e asión mode nis a, desc ibi con « an asía exube an e» espacios y iempos
emo os y ca gados de belleza las «g acias y a a íos de las emo as y g áciles
egipcias, de las helenas, de las omanas»; luga es decaden es –las noches de «la
o ien al y o giás ica Venecia»–, escena ios del de oche –»los aus os p ódigos de
Pa ís bajo el impe io del e ce Napoleón»–, paisajes p o o ípicos de la Na u aleza
sublime omán ica –»el paisaje de Suiza»–13. No es casual, en es e sen ido, que el
echazo, es a up u a con el pode polí ico, con las anidades de la co e, con las
iquezas, pa a encon a la unión con la Na u aleza, se p oduzca en un a ículo en
el que abundan los emas y símbolos mode nis as: el cenado del umb ío ja dín
« apizado de en edade as y pasiona ias», la uen e, el hue o, el ocaso, las melodías
de piano –Chopin, Bee ho en–. Es á eñida, e ec i amen e, la elada de la p esencia
de la música, que, pa a Schopenhaue , es la esencia ín ima del enómeno, la
olun ad misma, exp esando así lo que hay de me a ísico en el mundo ísico, de
modo que exis e una elación en e la música y el se e dade o de las cosas.
Puede conclui así el día de es e g an homb e que, as su enuncia al mundo,
puede con empla la esencia de la ealidad.
12 C . in a las ideas es é icas de Schopenhaue que Lozano Ma co ha aplicado a Azo ín.
13 La elación en e Azo ín y los au o es mode nis as ha sido ya es udiada con p o undidad. C . po ejemplo Auladell
(1996).
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
322 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012)
En consecuencia, ampoco el símbolo puede posee el mismo ca ác e que
en el Roman icismo, como señala Ce ezo Galán (2003), pues no incula lo empo al
con lo e e no, dado el abismo que los sepa a. Ya no hay una con inuidad, he ede a
del icono c is iano, en e la supe icie que se mues a y el ondo in ini o, sino que
lo sensible conc e o nos liga con lo o o sensible y e oca el mis e io, sus ancia /
alma que anima el odo y del que se encuen a sepa ado i emediablemen e; de
ahí la i epa able melancolía que in ade al con emplado . Po ello, el g an haz
simbólico que a a iesa la esc i u a azo iniana, es el de la empo alidad: ugacidad
de la ida, inconsis encia e insus ancialidad de las cosas, uina y mue e. En es e
sen ido, es deci , en la medida en que oda la ealidad se encuen a aspasada po
la mue e es imago mo is, a a ecibi un a amien o esencialmen e poé ico (Pé ez
López, 1991) que la hace po ado a de signi icados simbólicos. Así emos cómo
el monas e io de Loyola se uel e neg o y eneb oso, el ambien e de la casa de
Sa ió hace p esen i la mue e, las ciudades mue as exp esan la melancolía y la
decadencia y uina de lo humano, las uen es, cuya p esencia es con inua, se e igen
en símbolos no solo del iempo, sino de la cons i ución del se : siemp e cambian e.
Es a concepción del iempo que se encuen a en la base de la es é ica y la
in e p e ación de lo eal en Azo ín es semejan e a la de He ácli o y a la de
Schopenhaue , el iempo como con inua des ucción (C . Nie zsche, 2001: 59).
Asis imos, po an o, a b e es ins an es de a monía o sín esis, que son
inmedia amen e des uidos, que se disuel en en la oscu idad. El paso ugaz de la
belleza y la a monía que lle an al éx asis o usión con la Na u aleza p ecipi an al
yo en su des ucción: po ello se hace más agudo el dolo po la ugacidad, y la
melancolía se o na i es añable. El paso del odo a la nada que expe imen a don
Luis –del ideal al acaso–, se mani ies a igualmen e en la uina de la belleza. No
hay mediación du ade a –como po el con a io exis ía en la eología c is iana,
g acias al Logos que e a Fo ma y Dios, Homb e y Dios– en e el Absolu o y lo
ini o, de ahí que se oscile ágica y ci cula men e en e dos polos i econciliables:
el Todo y la Nada. No obs an e, como e emos a con inuación, de lo enoménico
puede alza se el a is a a la idea, si bien es a no es sino una obje i ación de la
olun ad, que pe manece desconocida y mis e iosa.
Lozano Ma co (1996) ha e lexionado sob e la elación exis en e en e el
pensamien o de Schopenhaue y la es é ica de Azo ín. Es a se ca ac e iza po
a ios elemen os: acend amien o de sensaciones que se p oducen a pa i de una
e ocación, obse ación minuciosa, a ención al mis e io y es ímulo li e a io. Al
igual que Pé ez López, obse a de qué modo el imp esionismo, que a anca del
na u alismo como consecuencia de la a ención a la ealidad enoménica, se
ans o ma en undamen o de la eacción del simbolismo cuando el poe a, po
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
debajo de la isión agmen a ia y pasaje a de la imp esión, cap a el espí i u de las
cosas, las elaciones mis e iosas que exis en en e ellas, y a a de econs ui la
unidad del mundo. Lozano Ma co (1996) conside a la Me a ísica de lo bello un ex o
undamen al pa a in e p e a la es é ica de Azo ín21. En ella a i ma Schopenhaue
que an o el homb e como los enómenos son una obje i ación de la olun ad y
que el homb e debe libe a se de ella; solo así, como suje o pu o, pod á con empla
la mani es ación de la olun ad en el obje o, es deci , el obje o pu o –o idea
pla ónica del mismo–22. La imagen elabo ada po el a is a es á más ce ca de la
idea –lo du ade o en odo cambio– que de la ealidad, pues a a de encon a
una o ma de ini i a, única.
La isión del uni e so es animada y se unda en una cosmo isión pan eís a,
que, según Lozano Ma co, se mani ies a en el a e en la noción de símbolo23. La
olun ad, la cosa en sí o esencia de las cosas, no puede se conocida po el homb e.
La olun ad es, po an o, el mis e io que odea al homb e y al que alude Azo ín
cons an emen e –Azo ín iden i ica el alma de las cosas y el mis e io–. El a e
end á po misión e oca el obje o conc e o y su mis e io, el mundo y su alma,
pues el a e ha de suge i .
De aquí p ocede el concep o de «obje i ación», undamen al en el paisajismo
azo iniano. El esc i o se obje i a en el paisaje, «el poe a se aslada al obje o
desc i o, y en la mane a de desc ibi lo nos da su p opio espí i u» (ci . Lozano
Ma co, 1996: 213).
Pa a Lozano Ma co, el c i e io de obje i ación aplicado a un es ado de
alma se basa en la iloso ía de Schopenhaue : en la con emplación desin e esada
que se p oduce en la esc i u a es án inco po ados el obje o y el suje o de la
obse ación. El poe a mues a en lo que nomb a un es ado de alma24. Así los
paisajes, en la apa iencia de una desc ipción obje i a, mues an la elación del
esc i o con lo nomb ado, la «emoción».
21 Azo ín en «La nue a c í ica» mani ies a «la necesidad ine i able de una me a ísica que si a de base a una es é ica» y
a i ma que «Schopenhaue , en un lib o ma a illoso, La olun ad en la Na u aleza, ha sen ado las bases de es a es é ica»
(1982: 131-132).
22 Ci . Lozano Ma co (1996: 210): «Solamen e así se p oduce, con el suje o pu o, el obje o pu o, es deci , la mani es ación
comple a de la olun ad, que apa ece en el obje o pe cibido, que es p ecisamen e la idea (pla ónica) del mismo […];
cualquie cuad o da, no lo indi idual, sino la idea, lo du ade o en odo cambio, sólo po el hecho de ija pa a siemp e
el momen o ugi i o y sali , po lo an o, ue a del iempo».
23 Los a ículos de Azo ín sob e animales –en los que es ablece ecuen es compa aciones en e es os y los
homb es– ejempli ican es a concepción de la unidad del uni e so –y de la ela i idad de lo humano–: el homb e es
un simple momen o en la e olución de la sus ancia uni e sal. C . «Las ho migas» y «Los ges os ejempla es». En
es e úl imo es in e esan e la oposición en e abejas –espí i u bu gués– y a ispas –a is oc acia–.
24 Así, la angus ia que sien e al llega a la casa de en e mos de U be uaga se mani ies a en el paisaje (Azo ín, 1987):
«Pe o en U be uaga las e ien es se es echan más; el iachuelo es más amblizo; los cas aña es son menos amplios, y
algo como un ahogo, como una le e op esión –ya iniciada po un p ejuicio– os sob ecoge cuando llegáis an e su
pue a».
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
324 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012)
En el a ículo «Una ciudad» («En San ande . El día y la noche») encon amos
una mues a de es e a e simbolis a p econizado po Azo ín. La a ea del esc i o
es e leja los momen os –especiales, ugaces, p o undos– en los que la ciudad
mues a su espí i u, es deci , en los que odo el se de ella –su idea– se mani ies a
en la ugacidad del iempo: es la e elación de lo in ini o –el mis e io– en lo
ini o, que se con ie e en símbolo de aquel.
Como he ede o del imp esionismo, Azo ín es un ino obse ado de la
ealidad, que conoce las di e encias de luz, colo y líneas que hay en cada momen o
del día y las de alla. Pe o, lejos de de ene se en lo simplemen e enoménico, a a
de in ui el mis e io que las apa iencias encub en. La isión de los inquie an es y
mis e iosos canónigos, pues nada sabe de ellos, lo sume en una la ga di agación
en la que e oca las posibles idas de es os homb es, de o ma que, an e el lec o ,
se despie a un as o uni e so desconocido, el de las almas de cada uno de ellos.
En la penumb a de la ca ed al, encuen a el na ado «en medio de ales á agos
mundanos, como un oasis de la e, del ecogimien o, de la medi ación y del dolo »
(Azo ín (1987: 140), oasis, po an o, p opio de la iloso ía de Schopenhaue y de
la concepción de eligión que él expone: huida de la agi ación del mundo pa a
dis ancia se y medi a , pe o den o de una concepción nega i a del uni e so
–dolo – que lle a a la esignación, a la acep ación de los su imien os.
Azo ín callejea po San ande , de iende las calles ípicas y an iguas, es echas,
o cidas, con a los mode nos a qui ec os que azan «las anchas, simé icas y
mundanas ías de las g andes capi ales uni e sales» (Ibid.: 141), símbolos, po
an o, del p og eso, de la ciudad. La calle pequeña es especialmen e acogedo a al
iandan e y en ella se p oduce la usión en e el espí i u de las iendas ( iendas,
po an o, animadas, que pa ecen uni se) y el que camina po ellas; más aún, es as
calles son consus anciales con la aza y con el medio, con lo que quien camina
po ellas en a en es a comple a a monía y amilia idad.
Pe o es en la isi a a la playa donde el a ículo alcanza odo su simbolismo.
Las en anas, al ilumina se, se animan, «pasan a la acción y a la elocuencia» y el
con as e en e el ho izon e eneb oso, los a os y las luces c ea un espec áculo
lleno de mis e io. An e la na u aleza e e na, inconmensu able e insondable, el
homb e pa ece sen i se solo y angus iado, de ahí el g i o, an simbólico, que esuena
en la playa. La desc ipción es á, po an o, e lejando una emoción. Sensible a
cuan o lo odea, el esc i o ecoge es a «sín esis p o unda de uidos, de cla idades
y de somb as» y, acen uando la animación del paisaje y su simbolismo, a i ma que
el a o habla a quienes lo con emplan emba gados po la ansiedad: «¿Qué dice
con su luz en es e momen o es e a o? ¿A qué espí i us pe didos en la inmensidad
habla? ¿Qué ojos le mi an desde la noche in ini a y qué ansiedades y con u baciones
CARLOS PEINADO ELLIOT / UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
aplaca? (Ibid.). Una lucecilla impe cep ible que e mo e se a lo lejos, en las « inieblas
inmensu ables» le op ime el co azón: en ella pa ece simboliza se la ini ud humana,
el mis e io de una ida ágil que ma cha en e somb as hacia la mue e.
Es e agmen o es á p esidido po la oscu idad de la noche, que pa ece aba ca lo
odo: «ho izon e eneb oso», «noche neg a», «neg u a», «la neg u a se ab e inmensa»,
«noche in ini a», « inieblas inmensu ables», «densa oscu idad». Finalmen e, es es a la
que « eina en el ma y en la cos a», quedando solo la luz del a o. F en e al pode de
es a oscu idad, que se iden i ica con el ma y acaba aba cando la ie a, las luces de las
en anas son débiles y, e lejadas en los cha cos, pu a apa iencia.
Al inal del a ículo se pe soni ican el a o y el ma , que apa ecen como
símbolos del homb e y de la na u aleza, del es ue zo del homb e –quizá hab ía
que deci la humanidad– po domina y conoce la na u aleza y de la esis encia
de es a a deja se conoce . La na u aleza es pe du able – en e al homb e, ini o–
, lo que anuncia que se á ella la que subsis a, con i mando así la unidad de odo.
Es a dialéc ica homb e-Na u aleza, mues a su es i pe idealis a –Yo-No Yo–, de
la que p ocede el pensamien o o ganicis a en el que Azo ín se encuad a. La
desc ipción apa ece, po an o, ue emen e condicionada po el suje o, que do a
a los elemen os de múl iples sen idos, unas eces mis e iosos, o as cla os,
exp esando un «es ado de alma». Esciibe (Ibid.: 143):
Hay du an e odas es as ho as de p ima noche algo como una lucha, como una
po ía, en e las en anas, el a o y el oleaje. Pe o las en anas son más débiles; son
incons an es; son delicadas; son olubles. Y así, an cediendo, como con cie a i onía,
elegan e y plácida, an e la cons ancia inqueb an able del a o y an e la ozudez indómi a
de las olas. Y ya odos los cuad os luminosos han desapa ecido. Un p o undo silencio,
una densa oscu idad eina en el ma y en la cos a. Y en onces, ya solos, en e a en e, en
el mis e io de la noche, comienza el coloquio –símbolo e e no– en e el a o –que es la
ue za del homb e– y el oleaje inquie o y pe du able –que es la ue za de la Na u aleza.
El a e de Azo ín es, pues, simbolis a. Como ha obse ado Lozano Ma co
(1997) su es ilo es á ue emen e in luido po los simbolis as belgas (Mae e linck,
Rodenbach), que esc iben sob e la isión conc e a de los obje os del mundo de la
expe iencia co idiana. El es ilo de es os esc i o es es más conc e o y en aizado en el
mundo que la poesía simbolis a ancesa: nomb a los obje os, aunque p o undizando
en su dimensión espi i ual, a ando de ahonda en el mis e io de la ealidad ci cundan e,
en las cosas sencillas y amilia es. Es e simbolismo a aiga en el Roman icismo alemán,
eco dando la concepción de « oman iza » sos enida po No alis: «En el mismo ins an e
en que yo a ibuyo a lo ulga un signi icado sublime lo con ie o en omán ico y
cuando doy a lo común una apa iencia mis e iosa, a lo conocido la dignidad de lo
desconocido, a lo ini o el aspec o de lo in ini o, lo oman izo». Sin emba go, dado
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
326 «Homenaje al D . Albe o Millán Chi i e». Nºs 34-35 (años 2011-2012)
que es a ascendencia en Azo ín es el acío, no posee un os o ni un con enido
conc e o (más que el de la nada), de modo que el mis e io es ago e inde inido.
5. EL
TOPOS
DE LA CIUDAD MUERTA EN
LOS PUEBLOS
. METALITERATURA
El simbolismo belga se inspi a en las ciudades p o incianas, is es,
melancólicas, quie as, oscu as, semejan es a an as de las desc i as po Azo ín. En
el opos de las ciudades mue as apa ecen en los esc i os de es a época, con
ecuencia, las con adicciones que se encuen an en La olun ad: po una pa e, la
a acción po es os ambien es, que e lejan la concepción dolo ida y esignada de
Schopenhaue ; po o a pa e, la c í ica a la pos ación en que se halla el país. Un
ejemplo de es a con adicción lo hallamos en «La decadencia», publicado el 31 de
ene o de 1904 y úl imo a ículo p opiamen e dicho con la i ma «J. Ma ínez
Ruiz». E oca las ciudades cas ellanas que han su ido la despoblación, «ciudades
mue as» que p esen an di e sos asgos del opos o jado po Rodenbach (C .
Lozano Ma co, 2000: 13-30), calles silenciosas y desie as, is eza, ambien e
c epuscula , sonido de campanas que ige el día imponiendo un iempo eligioso,
mono onía y len i ud, eligión de esignación y enuncia que pa ece esumi se en
las ob as de a e de sus emplos, muje es enlu adas. La p esencia de la mue e y
del paso des uc o del iempo es absolu a: la dec epi ud de los edi icios pa ece
con o ma un «a iso de la mue e» –la in luencia de Que edo y la de Cadalso
pa ecen e iden es, mien as que la len i ud y la mono onía ac úan como «sedan es»,
dejando un dolo sua e, una dulce melancolía. Leemos en Azo ín (1987: 46):
Las calles es án silenciosas, desie as; los case ones, blasonados en sus po adas,
es án ce ados; los anchos ale os se desni elan; las made as se hienden y alabean; las ejas
se enmohecen; un háli o de humedad se exhala de las anchas es ancias abandonadas; las
ce cas de los iejos hue os caen pied a a pied a, y la a caica no ia ma cha y ma cha
monó ona, con el mismo chi ido dulce, con la misma len i ud sedan e de hace escien os
años; en la campiña, ojiza, ye ma, una yun a a día ab e los su cos con el p opio a ado
de los omanos, y unos álamos soli a ios que se ye guen en la lejanía del ho izon e os
aen al alma, con su aislamien o en la llanu a inmensa, la is eza de un pueblo mue o.
Ma ínez Ruiz busca y expone las causas his ó icas de es a decadencia, que
él encuen a en la despoblación de los pueblos que deja los campos sin cul i a .
El discu so pa ece ene , po an o, una inalidad egene acionis a: España es á
an mue a como en iempos de Felipe II. La ac i ud con empla i a al e na, pues,
con la u ilidad del a ículo de c í ica social; en e a la esignación y la melancolía,
sigue el impulso e o mis a, que p omue e el cambio.
CARLOS PEINADO ELLIOT / UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
Sin emba go, el a ículo esul a con adic o io, pues inci a a empapa se del
espí i u de España, encon ando és e, en e o os elemen os, en la esignación, el
dolo y la espe a deila mue e (Ibíd.):
En es as iglesias diminu as y oscu as, con cuad os hó idos del G eco y san os
ex á icos y dolo osos, han o ado y dep ecado gene aciones y gene aciones de muje es,
con sus man illas neg as, con su aje neg o, con las manos exangües, ex endidas en
pe du able súplica; en es os hue os iejos, con cip eses que se pe ilan en el luminoso
ambien e azul y con no ias e us as que chi ían dulcemen e, han paseado los poe as,
imaginando esas es o as dolo osas en que se pide a la mue e que enga callada, «como
suele eni en la sae a […].
De es e modo, se descub e en la ciudad mue a no un p oblema polí ico
que hay que esol e , sino un es ado del alma que hay que log a , un ideal de ida
espi i ual: un luga de esignación y aus e idad, de enuncia a los deseos y a la
ida, pues la melancolía de la ciudad mue a esponde al pesimismo de
Schopenhaue (c . Lozano Ma co, 2000: 17).
Al mismo iempo, en el a ículo se e oca y ec ea el pasado cas ellano. Las
ciudades, que se conse an como en el Siglo de O o, anspo an la imaginación
del au o a es as épocas25: hidalgos, a en u e os, na egan es, amilia es del San o
O icio… Ma ínez Ruiz enume a los o icios, las cos umb es, los acon ecimien os
de la ida co idiana de es os siglos, c eando un cuad o en el que es a sociedad se
p esen a an e el lec o . E oca, al mismo iempo, el momen o de pleni ud de la
nación, que él si úa an es de los Reyes Ca ólicos: el empleo del p esen e anspo a
al lec o al momen o desc i o; las ases b e es, la yux aposición de elemen os,
c ean una isión llena de ida y dinamismo. F en e a es e pasado, el p esen e es á
gobe nado po la mue e. Si an es imos cómo el esc i o escapa de la ciudad
e ugiándose en el campo, aho a pa ece hui hacia épocas p e é i as –un pasado
medie al–, an e io es al éxodo del campo a la ciudad.
En el a ículo an e io obse amos cómo es a ec eación se p oduce a a és
de la li e a u a: es un lib o, Relaciones opog á icas de España, el o igen e inspi ación
del a ículo, las imágenes con las que e oca el Siglo de O o es án omadas con
ecuencia de la li e a u a –El donado hablado , Don Quijo e, El Lib o del Buen Amo –
o de la pin u a – e a o del caballe o–. Azo ín e la ealidad a a és de la li e a u a26,
25 Es undamen al el empleo del demos a i o y del adje i o iden i icado : es as callejas, es as es ancias, es os pa ios,
es as iglesias, es os hue os, es as ciudades, es as pied as, es os mu os; el mismo chi ido, la misma len i ud sedan e de
hace escien os años, con el p opio a ado, la misma g a edad.
26 C . «Guía de o as e os» en Azo ín (1982: 43): «La calle es á desie a, silenciosa; es el momen o en que su gen –no
se sabe de dónde, no se sabe po qué– es as iejas que ha pin ado Baudelai e en sus poemas, o es as españolas
enlu adas, que en los e sos de Ve hae en caminan len as, an ás icas, ensimismadas, c uzándose en sus paseos, sin
uido».
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
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no es un obse ado ío de la ealidad, sino que sus obse aciones son il adas
po una sensibilidad lib esca. Inman Fox (1976) ha ca ac e izado, en es e sen ido,
el a e de Azo ín como an i ealis a. A a és de los lib os llega a cap a el espí i u
de las cosas; a a és de las ob as cas ellanas, puede llega al espí i u de Cas illa.
En «El a e nacional», publicado el 28 de diciemb e de 1904, ec ea los mesones
españoles del siglo XVII basándose en no elas y cuad os de la época, que ci a
con ecuencia. Las ases b e es, yux apues as c ean, median e in o maciones
dispe sas, un cuad o de la ealidad de la época que explica el hamb e y la
consecuen e pica esca. «El a e nacional» cons i uye un cla o ejemplo de in ahis o ia,
con a ención a los acon ecimien os menudos de la ida co idiana. Al inal del a ículo
comp obamos cómo es a e ocación ha su gido de un cuad o de Velázquez que Azo ín
dice habe is o en una Ilus ación Española. Toda España se simboliza en los pe sonajes
que pueden halla se en la cocina de un mesón de no ela pica esca que buscan cómo
come y que se bu lan de cualquie idealismo, ep esen ado po Don Quijo e.27 A
a és de la li e a u a llega Azo ín al símbolo de la ealidad española.
Pe o al mismo iempo, al sume gi nos en el pasado y en los lib os, Azo ín
sepa a al lec o de la ealidad p esen e, lo sume ge en una ealidad in en ada, en un
mundo cons uido po la palab a y el a e. La li e a u a se uel e p o undamen e
me ali e a ia: una li e a u a hecha de a e y belleza c eada po el homb e. La concepción
del a e po el a e po encia es a opción es é ica, así como la c eencia en el acío que
se ocul a as la ealidad, que con ie e a es a en i eal, an c eación de la men e
humana, de la olun ad, como cualquie ob a de a e.
Azo ín ec ea di e sas ob as de la li e a u a en sus a ículos de és a época. En
Los Pueblos encon amos un ejemplo de es e ipo de a ículos que se á muy nume oso
en sus ob as pos e io es. Se a a de la ec eación del a ado e ce o de El Laza illo
que ealiza en el a ículo «Un hidalgo. Las aíces de España». El ela o se ealiza en
iempo p esen e y las in ocaciones al lec o son con inuas, a ando, po an o, de que
es e se in oduzca en la escena que se le pin a, e i iéndola. Po o a pa e las ci as y
alusiones a ob as li e a ias y pic ó icas, a a és de las cuales se compone el ela o y se
a i a la imaginación del lec o , son muy abundan es: Las hilande as y La uen e de los
T i ones de Velázquez, El donado hablado , Vies des dames galan es, paisajes del Toledo de
«El G eco», La Celes ina, Las Fundaciones; e iden emen e, las ci as del Laza illo son
con inuas. De es a o ma se ec ea la ida co idiana de la época –de nue o, pues, la
in ahis o ia–: el abajo de las hilande as, los paseos de los nobles po las hue as, los
27 En el a ículo «Un loco» (publicado el 7 de diciemb e de 1904) ec ea Azo ín la igu a de Don Alonso Quijano –su
casa, su aspec o, su o ma de ida–, cali icado de loco según los es udios cien í icos del doc o Rica do Royo en su
lib o La locu a de Don Quijo e. Pe o Azo ín se decan a a a o del esca necido loco, «el g an pe seguido del Ideal»:
epa a las injus icias y a o ece a los op imidos es cali icado de locu a po una sociedad sin ideales.
CARLOS PEINADO ELLIOT / UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
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«Cauce. Re is a in e nacional de Filología, Comunicación y sus Didác icas. Nºs 34-35 (años 2011-2012) »
galanes, las doncellas ocul as en sus man os, las dueñas celes inas, los ges os de co esía,
las no enas y isagios…La na ación aba ca el espacio de un día; el paso del iempo
es á ma cado po las campanas de las iglesias, que sub ayan la p esencia con inua de
lo eligioso.
El hidalgo simboliza la g andeza española, el espí i u de la nación. Pe o es e
espí i u nacional es espí i u de esignación y con o midad an e el des ino. El a ículo
desc ibe la pob eza del hidalgo y, al mismo iempo su idealismo y su espi i ualidad. Al
igual que en «El a e nacional» con apone Azo ín ealidad y espí i u, los abajos
p osaicos y el ideal, en es e caso en en ando el hidalgo y las hilande as que se bu lan
de él. El hidalgo es el soñado y alien e que ca ece de lo ma e ial pe o, como se
simboliza en su espada, ep esen a « oda el alma de la aza»: la en e eza, el alo , la
dignidad, el desdén po lo pequeño, la audacia, el su imien o silencioso, al ane o. No
iene qué come pe o se compo a con al i ez y co esía, al iempo que su ida es á
dominada po la eligiosidad – a a misa y a la no ena–. El hidalgo a a ep esen a el
asce ismo ce cano a Schopen-haue ,28 según el cual an e el dolo de la ida –«el e e no
y dolo oso con as e, an du ade o como el mundo, en e ealidad y espí i u»– no
cabe o a ac i ud que no sea la esignación. Como hemos is o an e io men e, la
dis ancia en e el se y el debe se puede engend a desde la aspi ación u ópica a la
seducción po la nada. Pe o son opciones ín imamen e unidas: la aspi ación a la o alidad
p ocede de ehui la nada que se in uye al ondo del se ; la seducción po la nada
p ocede de la desespe ación de alcanza el ideal. La conciencia de la poquedad del
es ue zo humano e ela el ondo «nadis a» –según la e minología de Ce ezo Galán–
en don Quijo e. Pasión po el odo y quie ismo son «las dos ca as insepa ables de una
misma pasión de absolu o» (Ce ezo Galán, 1996: 105).
La esencia de la pa ia se iden i ica con un idealismo esignado, conscien e de la
dis ancia en e idealidad y ealidad, un caballe o, he encia de la sociedad medie al,
inadap ado en la sociedad p ecapi alis a en la que comienzan a apun a los alo es
bu gueses29. Es a oposición esignada a la ealidad bu guesa median e un pe sonaje
idealis a se enca na en las igu as inisecula es del hidalgo, el loco y el en e mo30.
28 En el a ículo a i ma que «en ealidad, la ida no es más que la ep esen ación que enemos de ella.
29 Debemos eco da el a ículo «Hidalgos y gino eses», undamen al en la e olución de su au o .
30 La p opia esc i u a se asocia con la en e medad, p oduciéndose en un momen o de al e ación ne iosa. Así, en
«Hacia Ces ona», Azo ín comen a cómo an e las cua illas, la «hipe es esia ne iosa» p oducida po el iaje le ae a la
men e el ayec o en el en. Cecilio Alonso (1996: 39) ecue da la igu a de Llanas Aguilaniedo quien «desa olló con
su emo i ismo una sue e de legi imación es é ica de la is eza, la his e ia y el pesimismo, como pa adójicas uen es
de ene gía c eado a (pa o elia o pa o exia, en cuan o es ados no sólo mo bosos sino ambién de emoción, deseo
a dien e e impulso anímico), con la complacencia de sus jó enes compañe os de p omoción, deseosos de concilia
hipe es- esia y egene ación. En el lími e, po an o, en e el posi i ismo y la ehabili ación de emociones y sensaciones
como ma e ia p ima de la es é ica mode nis a».
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS
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6. LA ENFERMEDAD
En los a ículos dedicados a la casa de en e mos de U be uaga –«En
U be uaga» y «Silue as de U be uaga»– se desc ibe un mundo ma cado po la
en e medad y la mue e, con i iéndose en símbolo de una ealidad aspasada
po el mal y el dolo 31. En el p ime a ículo («En U be uaga. Los ojos de Au elia»)
se nos mues a la casa, un edi icio labe ín ico, lleno de un olo pene an e a clo u o
y é e , al que acuden los «en e mos es é icos, en la e dade a y p imi i a acepción
de es a palab a», es deci , los en e mos de los ne ios. La a mós e a que ec ea
Azo ín es p o undamen e omán ica. Iden i ica el ambien e p o inciano con «un
oman icismo ensoñado y melancólico» (lo que e ela las conno aciones que lo
p o inciano iene en Azo ín); es ablece una elación es echa en e el oman icismo
y la ipología del en e mo de los ne ios ( ez pálida, oje as, delgadez e in ini a
desespe anza ágica); desc ibe la muje p o inciana omán ica, p esidida po la
idealidad y la is eza o la melancolía consecuen es ( ue emen e asociadas a la
mue e)32: sua es, is es, delicadas, an aseado as, que gimen, lag imean, pasan
de la aleg ía al desconsuelo, ocan en el piano La ma cha úneb e de una muñeca, leen
a Campoamo y a Bécque y agua dan a un desconocido que cambie sus idas.
Son los espí i us que echazan la ealidad que les odea y sueñan con una ida
ideal; en es e echazo o inadap ación a la ealidad se encuen a la azón de es os
en e mos de los ne ios. Po ello son iden i icados con el ideal y despojados de
oda ma e ia (delgadez, blancu a).
El cen o del a ículo es la igu a de Au elia, en la que se concen an los
ópicos de la muje omán ica: des acan sus ojos, que dan í ulo al a ículo: «anchos,
agos y is es»; su pose es de elegancia y abandono. Au elia con empla abso a
las aguas del ío, eco ándose en el c epúsculo; pe o «sus ojos, ijos, abso os, no
en las aguas mansas del ío»33. Hallamos aquí el llamado po Bachela d «complejo
de O elia», igu a des acada en la iconog a ía p e a aeli a. La con emplación del
agua nos sume ge en una ensoñación del paso del iempo y de la mue e, aún
más, la a acción po la mue e y el suicidio, el impulso nihilis a que eco e la
c isis inisecula . Como a i ma Gas on Bachela d (1978: 143), «pa a cie as almas,
31 Obsé ese la in e p e ación que del símbolo de la en e medad inisecula ealiza F ancisco José Ma ín (1996: 183-
184): «Nó ese cómo el ca ác e en e mizo de los pe sonajes de Azo ín es á en pe ec a consonancia con los pe sonajes-
en e mos de S e o o de Mann; cómo la me á o a de la en e medad ep esen a a ís icamen e la i encia ín ima de la
c isis, que es en e medad del alma, aunque pueda ene de i aciones ex e nas. Es e a amien o li e a io de la en e medad
esponde a la idea schopenhaue iana de que el mal anida en el co azón del homb e, de que el su imien o y el dolo
no son algo his ó ico o inhe en e a las es uc u as socioeconómicas del capi alismo indus ial, y, po an o, pasaje os,
sino que pe enecen a la es uc u a undamen al de la ida humana, al ondo úl imo e i educ ible del i i ».
32 Si en la no ela ealis a e an enjuiciadas c í icamen e, la ac i ud mode nis a las ensalza.
33 De nue o, es a igu a se e a a és de una ob a a ís ica, en es e caso de Ga a ni (Azo ín, 1987: 111).
CARLOS PEINADO ELLIOT / UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA)
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el agua es la ma e ia de la desespe ación». Los ojos de Au elia pa ecen mi a
siemp e más allá, no de eniéndose en los simples enómenos, sino que, pasando
a a és de ellos, se quedan abso os con emplando al ez el ideal, el espí i u o la
unidad que subyace a los enómenos. El inal del a ículo ezuma la melancolía
u o de la aspi ación omán ica al ideal y su pos e io acaso: el osa io –»mís ica
salmodia»– sume al a iculis a en «un ensueño de lejanías omán icas», bailan
muchachas lindas y pálidas al compás de no as len as danzas an iguas que e ocan
épocas pasadas, Ma ía can a una canción «lánguida, melancólica, plañide a». En
es a a mós e a omán ica, el na ado se encuen a sa u ado de «idealidad
sen imen al», lle a en el espí i u una sensación aga de amo . Azo ín se ec ea en
un cuad o de melancolía, is eza y ansias inalcanzables, e ugiándose en una
a mós e a ya casi desapa ecida pe o que cons i uye el ondo de la dolien e
sensibilidad mode nis a. Nos hallamos an e un he manamien o, an e una
co espondencia en la melancolía34.
En «Silue as de U be uaga» la a mós e a se adensa. Siguen apa eciendo las
no as melancólicas y is es en los os os –palidez, ojos apagados, enue isaje de
is eza, pe o p edominan la en e medad y la mue e. Se desc ibe a los en e mos
hepá icos que, con un dolo «ex endido, di luido po odo el cue po en una
sensación aga de desasosiego y males a » (Azo ín, 1987: 114), pa ecen simboliza
el «mal du siècle»; la ausencia de niños señala la al a de ida y e ue za el silencio.
La es ancia es á dominada po la en e medad y la p esencia cons an e en las
men es de la mue e –ansiedad, p eocupación, sospecha ágica, desespe anza
honda y la en e– que pesa odo el día sob e los en e mos, pues la jo nada en e a
ha de emplea se en baños y «consul as ansiosas y desespe ado as al médico», sin
que haya iempo pa a o as cosas (Ibid.):
Y, ena decidos, ene ados, ecogidos sob e sí mismos, pues o el pensamien o en
un p oceso impe cep ible de un hondo mal, caminan de sala en sala en un ambien e de
é e , de clo u o, de apo escapado de las pul e izaciones, odas es as igu as pálidas,
cónca as, que osen en la gos y p o undos ca aspeos, o en b e es, b uscas, in e minables
oses.
En es e a ículo Azo ín ealiza a ios e a os que e lejan es a in ini a
melancolía. El p ime o de ellos es una pa eja de en e mos mis e iosos y
p o undamen e omán icos: pálidos, delgados, al os –es e eo ipo omán ico y
p opio de las es ilizadas igu as de El G eco–, que gua dan silencio y leen du an e
34 La en e medad apa ece con in es de a alidad (an e la que hay que esigna se), ligada al dolo y a la melancolía, sin
que haya explicaciones cien í icas (Azo ín, 1948: 300).
MOTIVOS SIMBOLISTAS EN EL PERIODISMO DE AZORÍN: LOS PUEBLOS