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¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo?

Contreras Peláez, Francisco José

Abstract

Tanto la abortada Constitución Europea como el Tratado de Lisboa evitaron toda mención del cristianismo; en los documentos ordinarios de la Unión Europea se evita también cualquier alusión directa al cristianismo o las Iglesias. El artículo reflexiona sobre las causas de esta aversión. La Constitución Europea no se limitó a trasladar a la escala supranacional lo que ya era un hecho consumado a escala nacional, pues numerosas Constituciones de países europeos nombran a Dios o al cristianismo, o incluso instituyen una religión oficial. La causa de la «cristofobia» de la nueva eurocracia parece residir en una negación de las propias raíces culturales: Europa quiere basar su identidad sólo en valores universal-abstractos como la libertad, los derechos humanos, etc. Sin embargo, los valores liberal-democráticos surgieron precisamente en Occidente... porque son valores cristianos secularizados.

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507 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 / 507-530 ISSN 0021-325X ¿Por qué los tratados europeos evitan mencionar el cristianismo? Why do European treaties make no mention of Christianity? Francisco J. CONTRERAS PELÁEZ Catedrático de Filosofía del Derecho Facultad de Derecho. Universidad de Sevilla [email protected] Resumen: Tanto la abortada Constitución Europea como el Tratado de Lisboa evitaron toda mención del cristianismo; en los documentos ordinarios de la Unión Europea se evita también cualquier alusión directa al cristianismo o las Iglesias. El artículo reflexiona sobre las causas de esta aversión. La Constitución Europea no se limitó a trasladar a la escala supranacional lo que ya era un hecho consumado a escala nacional, pues numerosas Constituciones de países europeos nombran a Dios o al cristianismo, o incluso instituyen una religión oficial. La causa de la «cristofobia» de la nueva eurocracia parece residir en una negación de las propias raíces culturales: Europa quiere basar su identidad sólo en valores universal-abstractos como la libertad, los derechos humanos, etc. Sin embargo, los valores liberal-democráticos surgieron precisamente en Occidente… porque son valores cristianos secularizados. Palabras clave: Constitución Europea, Unión Europea, identidad europea, autonegación civilizacional. Abstract: Neither the proposed European Constitution nor the Lisbon Treaty made any mention of Christianity, nor are there any references to Christianity or Christian churches in the ordinary documents of the European Union. This essay explores the likely root causes of such omission. Given that the constitutions of many European member-states refer to God and/or Christianity (and in some cases even establish an official religion), the European Constitution did not simply transfer the status quo at national level to the international sphere. The root cause of the ‘Christophobia’ that marks the current Eurocracy would appear to lie in a rejection of its own cultural origins: a civilizational self-denial. Europe seeks to define its identity in terms of abstract universal values such as freedom, human rights, etc. Nevertheless, the reason such liberal-democratic values emerged in the West is because they are secularized versions of Christian values. Keywords: European Constitution, European Union, European identity, civilizational self-denial. 508 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 1. EL CRISTIANISMO, CENSURADO Volver a estas alturas sobre el episodio de la omisión del cristianismo entre las raíces culturales de Europa por parte de la Constitución Europea de 2004 puede parecer desfasado, dado que ésta quedó finalmente en agua de borrajas, tras ser rechazada en los referenda francés y holandés de 2005, y terminar siendo sustituida en 2007 por el menos ambicioso Tratado de Lisboa (el cual, por cierto, tampoco incluye mención alguna del cristianismo). Pero la omisión en cuestión era síntoma de un síndrome más profundo, cuyos efectos permanecen en la actualidad (por ejemplo, los ministros europeos de Exteriores reunidos en Bruselas el 31 de enero de 2011 para condenar las matanzas de cristianos en Iraq, Egipto, etc. … ¡fueron incapaces de incluir la palabra «cristianos» en el borrador de resolución!)1. Vayamos, antes que nada, al texto de la discordia. Se trata de los dos primeros párrafos del Preámbulo de la Constitución Europea: «Conscientes de que Europa es un continente portador de civilización; de que sus habitantes, llegados en sucesivas oleadas desde los tiempos más remotos, han venido desarrollando los valores que sustentan el humanismo: la igualdad de las personas, la libertad y el respeto a la razón. Extrayendo inspiración del legado cultural, religioso y humanista de Europa, que, alimentado primero por las civilizaciones de Grecia y Roma, caracterizado por un impulso espiritual siempre presente en su herencia y después por las corrientes filosóficas de la Ilustración, ha inculcado en la vida social su percepción del papel central de la persona humana y de sus derechos inviolables e inalienables, así como del respeto a la ley…». El constituyente europeo consideró dignos de mención a Grecia, a Roma, a la Ilustración… pero no al cristianismo (del que sólo cabe sospechar una referencia indirectísima y eufemística en la frase sobre el «impulso espiritual siempre presente en su herencia»)2. Ni siquiera la alusión al legado «cultural, religioso y humanista de Europa» está desprovista de connotaciones: se pre1Cf. Informe de European Dignity Watch: http://www.europeandignitywatch.org/es/el-diadia/detail/article/llamada-a-la-accion-antes-del-21-de-febrero-ue-debe-condenar-univocamente-la-persecucion-de-cris.html 2«Ou bien la Constitution se passait de toute référence historique quelle qu’elle fût, ou bien, si on citait l’humanisme ou les Lumières, il fallait évidemment citer aussi le christianisme» (P. NEMO, «Les racines chrétiennes de l’Europe et leur dénégation», en Ch. DELSOL y J.-F. MATTÉI, L’identité de l’Europe, Presses Universitaires de France, Paris 2010, p. 46). 509 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 senta «lo religioso» y «lo humanista» como vetas diferenciadas de la tradición europea, sugiriéndose una oposición entre ambas (como si la religión no pudiera ser humanista). El iter de este texto estuvo lleno de avatares. Una primera versión incluyó una mención específica del cristianismo (en pie de igualdad con Grecia y Roma, la Ilustración, etc.). Se produjo entonces el contraataque de Valéry Giscard d’Estaing, representante francés en la Convención, que afirmó que «los europeos viven hoy en un sistema político totalmente laico, en el que la religión no juega un papel importante»3; señaló también que una alusión explícita al cristianismo podría resultar «excluyente», dado que en Europa viven ya 30 millones de musulmanes, y su número aumentará sin duda en las próximas décadas. La posición francesa prevaleció finalmente. La peculiar versión de la Historia europea solemnizada por la Constitución dista de ser una anécdota. Como bien explica Joseph Weiler, las constituciones tienen básicamente tres funciones: el reparto de competencias institucionales y organización de los poderes del Estado, la determinación de las relaciones entre el poder y los ciudadanos (catálogos de derechos y deberes fundamentales), yla definición de «los valores, ideales y símbolos que comparte una determinada sociedad»4. Esta tercera función se hace patente especialmente en los Preámbulos y Títulos Preliminares, que ofrecen una fotografía de la autocomprensión de la nación de que se trate: son textos que vienen a decir «en esto creemos, así entendemos nuestra identidad, a estas metas aspiramos». La omisión selectiva del cristianismo en la enumeración de fuentes culturales de las que derivan los valores europeos resulta, por tanto, altamente significativa: implica que la Europa actual reniega de la componente cristiana de su identidad, y considera que los valores de libertad, democracia, dignidad humana, etc. han surgido a pesar del cristianismo. La alusión de Giscard a nuestros sistemas «totalmente laicos» –que parece implicar que la Constitución Europea se limitó a levantar acta de lo que ya es un hecho consumado en las Constituciones nacionales– es del todo infundada. Pues, como oportunamente ha recordado Joseph Weiler, lo cierto es que las Constituciones europeas distan de ser unánimes en este punto. La 3Citado en Ph. JENKINS, God’s Continent: Christianity, Islam, and ’s Religious Crisis, Cambridge University Press, Cambridge 2007, p. 39. 4J. WEILER,Una Europa cristiana, cit., p. 53. ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 510 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ constitución (consuetudinaria) británica es tan poco laica que la jefatura del Estado resulta coincidir con la de la Iglesia. La Constitución irlandesa se abre con una invocación a «la Santísima Trinidad, de la Cual procede toda autoridad, y en la Cual deben inspirarse todos los actos de los hombres y de los Estados». La Constitución de la muy secularizada Dinamarca establece una religión oficial: «la Iglesia evangélica luterana es la Iglesia nacional danesa» (art. 4). Lo mismo hace la de Grecia («la religión predominante en Grecia es la de la Iglesia oriental ortodoxa cristiana»: art. 3.1), que no olvida señalar que «el texto de las Sagradas Escrituras es inalterable» (art. 3.3). La Constitución alemana comienza con la frase: «Consciente de su responsabilidad ante Dios y los hombres, […] el pueblo alemán…». O sea: la cuestión religiosa recibe tratamientos muy diferentes en los diversos países europeos. La libertad religiosa es reconocida en todos, pero ello no obsta para que muchos confieran carácter oficial a una confesión (que no suele ser el sintoísmo o el jainismo, sino alguna Iglesia cristiana). La estricta laicidad a la francesa es más bien la excepción que la regla. Por tanto, la Constitución Europea no se limitó a reproducir a nivel continental lo que ya era un hecho consumado a nivel nacional. Antes bien, la Constitución Europea optó deliberadamente por un modelo más bien minoritario de concebir la relación Estado-religión (la laicidad a la francesa) y, en esa medida, declaró anticuado y superado el modelo «confesional» seguido por muchas otras Constituciones. Se podría alegar que el constituyente europeo tenía que hacer una elección entre dos modelos incompatibles, y que la opción recayó sobre el que parecía más a tono con los tiempos. Y, sin embargo, hubiera cabido una solución integradora. Como indica Weiler, hubiera bastado con imitar la fórmula escogida por la Constitución polaca, cuyo preámbulo incluye la inspirada frase: «Nosotros, la Nación polaca, todos los ciudadanos de la República, tanto aquellos que creen en Dios como fuente de verdad, justicia, bien y belleza, como aquellos que no comparten esta fe pero respetan esos valores universales derivándolos de otras fuentes, iguales en derechos y obligaciones frente al bien común…» El texto polaco hace justicia a la realidad de las sociedades europeas actuales: sociedades cosmovisionalmente plurales, en las que conviven creyentes con ateos. No establece jerarquías entre ellos, no oculta vergonzantemente a ninguno de los dos grupos; antes bien, pone de manifiesto que ambos pueden 511 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 concordar en torno a ciertos valores, aunque encuentren el fundamento de tales valores en fuentes distintas. Pero la Constitución Europea no quiso incluir una fórmula similar: prefirió declarar implícitamente que el futuro pertenece sólo a los ateos; prefirió tratar a los creyentes como ciudadanos de segunda, como el embarazoso residuo de un pasado destinado a ser superado. La laicidad suele ser definida como «neutralidad cosmovisional del Estado»: el Estado suspende el juicio en materia metafísica, sin comprometerse con esta o aquella cosmovisión (ya que sus leyes van dirigidas a ciudadanos que profesan cosmovisiones diversas: cristianos, ateos, musulmanes…). En la práctica, la «neutralidad» en cuestión termina a menudo funcionando como una ley del embudo: cada vez que el creyente religioso aspira a ver reflejados sus valores u opiniones en las leyes, se le dice que «está imponiendo sus creencias a toda la sociedad» (nunca se le dice lo mismo al ateo cuando intenta que las leyes reflejen su visión de las cosas). El constituyente europeo ha procedido en forma similar a la hora de escoger entre el modelo constitucional «confesional» y el laicista. Su «neutralidad» consiste, no en buscar una posible equidistancia a la polaca, sino en tirar uno de ellos a la basura5. 2. UNA EUROPA POSTHISTÓRICA Y POSTIDENTITARIA Las Constituciones, decíamos antes, sirven, entre otras cosas, para mostrar y consolidar la autocomprensión de una sociedad. Al desdeñar los dos mil años de pasado cristiano, la Constitución Europea renuncia al que objetivamente es, sin duda, el rasgo histórico-cultural paneuropeo más evidente: lo único que comparten realmente países que, por lo demás, tienen historias y presentes muy diversos. Como indica Weiler, si viajamos desde los Urales hasta Galway y desde Hammersfest hasta Tarifa, variarán enormemente los 5«El sentido de la premisa agnóstica del Estado es precisamente garantizar el reconocimiento tanto de la sensibilidad religiosa […] como de la sensibilidad laica. Excluir la sensibilidad religiosa del Preámbulo, por lo tanto, no es realmente una opción agnóstica; no tiene nada que ver con la neutralidad. Significa simplemente privilegiar, en la simbología del Estado, una visión del mundo respecto a otra, haciendo que todo esto pase por neutralidad» (J. WEILER, op. cit., p. 65). «Questa cultura oggi non è propriamente laica […]. [Q]uesta cultura è laicista. Essa irride alla religione, la denigra, la considera “superata”, la tratta come una superstizione, come residuo di un’era mitologica […]» (M. PERA, Perché dobbiamo dirci cristiani: Il liberalismo, l’Europa, l’etica, Mondadori, Milán 2008, p. 93). «For Europe’s elites, Christianity is at best irrelevant, at worst an obstacle to social progress and the expansion of human rights» (Ph. JENKINS, God’s Continent, cit., p. 39). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 512 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 idiomas, las costumbres, los niveles de riqueza… lo único que no variará son las catedrales presidiendo las ciudades. Lo único omnipresente es la cruz: la encontraremos en tumbas del año 511, 1011, 1511 o 2011. ¿En qué cifra su identidad esta Europa que da la espalda a su pasado? El propio Preámbulo nos lo dice: «la igualdad de las personas, la libertad y el respeto a la razón»; «el papel central de la persona y de sus derechos inviolables»; «el respeto a la ley». Y bien, es cierto que tales valores suscitan la aprobación de prácticamente todos los europeos. El «problema» es que también suscitan la aprobación, al menos nominal, de todos los no europeos. Es decir: no hay en ellos nada de específicamente europeo; se trata de valores universales. Los encontraremos también en la Constitución de EEUU… y en la de Bután, y en la de Tanzania. Si ser europeo consiste en creer en «la libertad y el respeto a la razón», todo el mundo puede serlo. Marcello Pera ha llamado a esto la «paradoja de la identidad europea»6. La identidad europea resultaría ser puramente universal… es decir, resultaría ser una no-identidad. Pues la identidad es, por definición, algo que le distingue a uno de los demás. La paradójica identidad europea estribaría… en carecer de identidad. Chantal Delsol ha hablado de una vertiginosa «voluntad de vacío», que es a la vez modesta y pretenciosa. Modesta en lo que tiene de autodespojamiento y autonegación: Europa, tan dispuesta siempre a respetar las identidades culturales foráneas (la moda «multiculturalista»), renuncia a una identidad cultural propia. Pero esta modestia es sólo aparente, y podría esconder una forma de soberbia: Europa se ve a sí misma como una modalidad más evolucionada de humanidad, una humanidad post-identitaria que ya no necesita raíces y puede alimentarse sólo de valores universales abstractos7. Tener identidad cultural está bien para todos esos atrasados africanos y asiáticos (no sólo «está bien»: es que el europeo 6«[P]oiché i “principi” e i “valori indivisibili e universali” di cui parla la Carta trascendono, per definizione, qualunque collocazione storico-geografica, […] ne consegue che la Carta europea […] è una carta cosmopolita, cioè ha come referente l’intera umanità» (M. PERA, Perché dobbiamo dirci cristiani, cit., p. 77). «Elle [la Constitución Europea] revient à imposer de force à l’ensemble des Européens une autre identité que celle qui est réellement la leur. Une identité d’ailleurs sans épaisseur et sans cohérence. Car elle serait fondée seulement sur les “droits de l’homme”, la “démocratie”, etc., tout ce qu’on croit, à tort, être venu des seules “Lumières”» (P. NEMO, «Les racines chrétiennes de l’Europe et leur dénégation», cit., p. 63). 7«Cette volonté du vide […] exprime à la fois la modestie et la prétention. […] Prétention: celle de vouloir être sans frontière et sans définition, seule expression de l’Universel pendant que toutes les autres contrées son engluées dans leur particularité» (Ch. DELSOL, «L’affirmation de l’identité européenne», en Ch. DELSOL y J.-F. MATTÉI, L’identité de l’Europe, cit., p. 3). FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 513 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 multiculturalista espera que los no-occidentales perseveren en sus respectivas identidades culturales de origen, que tanto colorido étnico aportan a nuestras calles)8. Pero los europeos vivimos ya más allá de toda identidad. Todavía hay clases. Esta opción por la identidad thin, por la «identidad postidentitaria», podría ser interpretada como una cierta «germanización de Europa». Abrumada por su pasado, traumatizada por los crímenes cometidos en su nombre en la primera mitad del siglo XX, Alemania lleva ya varias generaciones ensayando la «identidad postnacional» (Habermas). ¿Cómo ser alemán después de Auschwitz? Reduciendo la germanidad a la Ley Fundamental de Bonn, entendiendo Alemania como un puñado de principios universales: al alemán no le está permitido otro patriotismo que el Verfassungspatriotismus9. Ahora bien, el síndrome postnacional alemán en realidad afecta a toda Europa (como síndrome, no ya postnacional, sino postcivilizacional). Es Europa en su conjunto, no sólo Alemania, la que salió traumatizada de la sobredosis de Historia de su dantesca primera mitad del siglo XX: dos guerras mundiales, el Lager y el Gulag, las guerras civiles española, rusa y griega, conflictos coloniales10… 8«El defensor de […] las identidades indígenas valora la pluralidad cultural y el colorido étnico en cuanto tales, con independencia de que la pertenencia a las “comunidades” en cuestión favorezca o no la realización, la felicidad o la libertad personales. Desde un relativismo cultural intransigente, el multiculturalista insiste en atribuir el mismo valor a todas las cosmovisiones y tradiciones, y exige que cada individuo quede definitivamente atrapado por su cultura de origen. En el caso de los pueblos indígenas, debe tenerse en cuenta que se trata en algunos casos de culturas muy primitivas, vinculadas a una vida de cazadores-recolectores (en el caso de las tribus del Amazonas) o de agricultura de subsistencia (en el altiplano). El multiculturalista quiere fijar a esas personas en su forma de vida tradicional (quizás experimentada como chata, dura o empobrecedora por sus propios protagonistas), a la mayor gloria de la diversidad y la autenticidad culturales» (F. J. CONTRERAS PELÁEZ, «Los derechos indígenas en las nuevas Constituciones hispanoamericanas», en espera de publicación). 9Vid. J. HABERMAS, Identidades nacionales y postnacionales, Tecnos, Madrid 2007. HABERMAS desarrolló el concepto de «patriotismo constitucional» en pugna con historiadores como Ernst NOLTE o Michael STÜRMER, en la que dio en llamarse Historikerstreit de 1986: cf. P. BALDWIN, Hitler, the Holocaust, and the Historians Dispute, Beacon Press, Boston 1990. 10 «El talante moral dominante en la Europa de la posguerra era el de arrepentimiento por dos desafueros históricos: el colonialismo y el nazismo. […] [L]os europeos de la posguerra sentían una ilegitimidad moral que se acentuó con el paso de las décadas. El estado de ánimo imperante quedó resumido en The March, una película que la BBC 1 emitió con motivo de la One World Week en 1990. En ella, un líder carismático llamado El Mahdi conduce a un cuarto de millón de personas en una marcha de 5.000 km desde un campo de refugiados sudanés hasta Europa bajo la consigna “somos pobres porque sois ricos”. Una consigna que la película hacía poco por contradecir» (Ch. CALDWELL, La revolución europea, trad. de J. Manera, Debate, Madrid 2010, pp. 20-21). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 514 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 Como las guerras mundiales fueron suscitadas por el choque de nacionalismos exacerbados, Europa «tira el niño con el agua del baño»: nunca más las identidades, nunca más las políticas de fuerza, nunca más la «asertividad» histórica11 … Europa sale de su apocalipsis de 1914-45 con la cabeza gacha; quiere, como dijo Raymond Aron, «apearse de la gran Historia»12: se deshace de sus imperios coloniales, renuncia al músculo militar (sabiéndose protegida por el paraguas norteamericano … al que, eso sí, el europeo se permitirá el lujo de zaherir por «maniqueísta», «cowboy», «primario»); se acurruca en un rincón del mundo, casi pidiendo perdón por existir (¿no son todas las modas filosóficas de los 50 en adelante –estructuralismo, deconstrucción, postmodernismo, multiculturalismo, etc.– formas de autodenigración civilizacional?13; ¿no concluyen –por una vía u otra– en afirmaciones del tipo: «la verdad objetiva no existe; cada cultura tiene derecho a su verdad … salvo la occidental, que es explotadora, imperialista y criminógena, como demuestra nuestra historia reciente»?)14. «El mundo entero nos odia y lo merecemos sobradamente: tal es la convicción de una mayoría de europeos. […] Nada es más occidental que este odio a Occidente: esta pasión por maldecirse, por lacerarse…» (Pascal Bruckner)15. El inconveniente de «apearse de la Historia»… es que la Historia no está dispuesta a detenerse, ni las demás civilizaciones (nada inclinadas al autodespre11 «[U]ne idée généreuse et fausse traîne-t-elle dans les cerveaux européens: gommons les identités, oublions-les, et, toutes raisons de combat abolies, la paix s’établira… Oublions les religions: plus jamais la Saint-Barthélemy [matanza de protestantes a manos de los católicos en 1572]. Oublions les nations: plus jamais les tranchées de 1914 […]. Oublions les idéologies: plus jamais Auschwitz et la Kolyma» (Ch. DELSOL, “L’affirmation de l’identité européenne”, cit., pp. 1-2). 12 «A los europeos les gustaría apearse de la historia, de la grande histoire, de la historia que se escribe con letras de sangre. Otros, que se cuentan por centenares de millones, desean entrar en ella» (R. ARON, Pensar la guerra: Clausewitz, Centro de Publicaciones del Ministerio de Defensa, Madrid 1993, p. 284). 13 «De l’existentialisme au déconstructionnisme, toute la pensée moderne s’epuise dans la dénonciation mécanique de l’Occident dont elle souligne l’hypocrisie, la violence, l’abomination. […] Le remords a cessé d’être lié à des circonstances historiques précises, il devient dogme […]. Le devoir de pénitence […] interdit au bloc occidental, coupable de toute l’eternité, de juger, de combattre d’autres régimes, d’autres Etats, d’autres religions. Nos crimes passés nous intiment de garder bouche close. Notre seul droit est le silence. Il offre ensuite aux repentis le confort du retrait. Réserve, neutralité, seront notre rédemption» (P. BRUCKNER, La tyrannie de la pénitence: Essai sur le masochisme occidental, Bernard Grasset, Paris 2006, pp. 14-15). 14 «Multiculturalism was conceived by the Western elites not to celebrate all cultures but to deny their own: it is, thus, the real suicide bomb» (M. STEYN, America Alone: The End of the World as We Know It, Regnery Publishing, Washington DC 2006, p. 194). 15 P. BRUCKNER, op. cit., pp. 19 y 50. FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 515 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 cio) a salir de ella (la frase de Aron terminaba así: «mientras Europa quiere apear - se de la gran Historia, otros, cuyo número se cuenta por centenares de millones, quieren entrar en ella»). De hecho, tras 1945 la «gran Historia» sigue adelante con la Guerra Fría. Una «guerra» que el europeo (al menos, el europeo de izquierdas) se negará siempre a asumir como tal: tenderá a pensar que la amenaza soviética es un producto de la fantasía paranoica de esos americanos pasados de testosterona; criticará el «peligroso belicismo yanqui» (movilización contra el despliegue de misiles, etc.) y votará, a menudo, a Partidos Comunistas que simpatizan con el enemigo (en Francia o Italia, en porcentajes superiores al 20% e incluso el 30% del electorado). Robert Kagan analizó certeramente esta mentalidad de «niño mimado» en su obra Poder y debilidad: en el fondo, los europeos saben que, si las cosas se ponen realmente feas, los americanos vendrán a salvarles (como han hecho ya varias veces)16; mientras tanto, se permiten el lujo de morder la mano que les da de comer, cultivando el pacifismo de salón e invirtiendo en gasto social las cantidades que no son invertidas en defensa (Europa ha descuidado sus presupuestos militares desde 1945... porque se sabe protegida por EEUU). Cuando se produzca la increíble victoria occidental sobre el bloque comunista en 1989 (increíble por lo fulminante, total e incruenta), prácticamente nadie en Europa la celebrará como tal: en realidad, Europa había pretendido vivir como si la Guerra Fría no fuera con ella17. 16 Tras la gesticulación antibelicista de muchos europeos se esconde, según Robert KAGAN, un alivio secreto vinculado a la convicción de que EEUU dará buena cuenta de las amenazas exteriores: «En general, los europeos suponen, aunque se resistan a admitirlo en su fuero interno, que siempre que Irak o alguna otra nación “proscrita” pueda surgir como un peligro verdadero y presente –no uno meramente potencial-, Estados Unidos hará algo al respecto» (R. KAGAN, Poder y debilidad: Europa y Estados Unidos en el nuevo orden mundial, trad. de M. Ramírez, Taurus, Madrid 2003, pp. 53-54). Europa se permite criticar al sheriff, al gendarme mundial, aunque en el fondo agradece que exista uno: «Estados Unidos actúa a la manera de un sheriff internacional –autoproclamado quizás, pero generalmente bienvenido de todos modosque vela por imponer algo de paz y justicia en lo que ve como un mundo sin ley, donde es preciso disuadir o destruir a los malhechores, por lo común a punta de pistola. Europa, por no salirnos de esta vieja película del Oeste, es más bien el encargado del saloon. Y los malos suelen disparar al sheriff, no al encargado» (R. KAGAN, op. cit., p. 57). 17 «One of the most obvious refutations of Francis Fukuyama’s famous thesis The End of History […] is that the victors didn’t see it as such. Americans […] may talk about “winning” the Cold War, but the French and the Belgians and the Germans don’t. Very few British do. […] [T]here was no sense on the Continent that our Big Idea had beaten their Big Idea. […] [I]t’s hard to credit the citizens of France or Italy as having made any serious contribution to the defeat of Communism. Au contraire, millions of them voted for it, year in, year out» (M. STEYN, America Alone, cit., p. xxxvii). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 522 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 «bien» y «mal»)36, los europeos somos «complejos» y pensamos que «todo tiene muchas caras»37; si los americanos son puritanos, los europeos somos libertinos38. Así, Jürgen Habermas, admitiendo que Europa necesita elementos de identidad thickque vayan más alla de las consabidas alusiones thina valores universales, los busca en referencias ideológicas típicamente izquierdistas: pacifismo, Estado social39, ecologismo… Esta concepción sectaria de la europeidad (resumible en la ecuación «ser europeo es igual a ser de izquierdas») alcanzó quizás su máximo predicamento durante los meses que precedieron y siguieron a la guerra de Iraq en 2003. Cuando el presidente Rodríguez Zapatero dijo en 2004 «volvemos al corazón de Europa», entendía por «Europa» exactamente esto. Existe una variante aun más discutible de la concepción anterior: es la que cifra la quintaesencia de la europeidad en los «nuevos derechos» derivados de la revolución cultural de los 60: aborto, permisividad sexual, matrimonio gay, etc. El sociólogo holandés Pim Fortuyn –un fogoso cultural warrior que creó un partido propio y llegó a cosechar resultados electorales notables, antes de ser asesinado en 2002 por un ecologista– defendió una concepción de este tipo en su obra Contra la islamización de nuestra cultura (1997)40. El novelista alemán Peter Schneider declaró hace unos años: «Eu36 Dos grandes hitos de la americofobia europea fueron las chanzas sobre el discurso del presidente REAGAN que describió a la URSS como «imperio del mal» y el del presidente BUSH sobre los regímenes norcoreano, iraní e iraquí como «eje del mal». Naturalmente, sólo a un simplista cowboy se le ocurriría llamar «maligno» al régimen que mató a millones de personas en el Gulag y en la hambruna ucraniana, o al que ha convertido su país en una prisión, o al que gaseó a 5000 kurdos, o al que mata a homosexuales, lapida adúlteras y promueve el terrorismo. 37 «The biblical references in politics, the division of the world between good and evil, these are things that [Europeans] simply don’t get. In a number of areas, it seems to me that we [Europeans and Americans] are no longer part of the same civilization» (F. HEISBOURG [director de la Fundación para la Investigación Estratégica de París], citado en S. SLOAN, «Religion and Politics: All the President’s Truths», International Herald Tribune, May 18, 2005). 38 La incuestionabilidad de una libertad sexual ilimitada (al menos, entre adultos, y en Holanda ya se elevan voces a favor de la despenalización de la pederastia) parece el único y último dogma de una Europa por lo demás descreída y relativista: «A algunos legisladores les ponen nerviosos los indicios de desintegración familiar –el índice de ilegitimidad del 43% en Gran Bretaña, por ejemplo-, pero aquellos que relacionan su nerviosismo con los recelos hacia la liberación sexual ([la exministra] Christine BOUTIN en Francia y [la exministra] Ann WIDECOMBE en Inglaterra, por ejemplo) suscitan más mofas que apoyos. La aprobación pública de la liberación sexual parece casi obligatoria» (Ch. CALDWELL, La revolución…, cit., p. 237). 39 Vid. J. HABERMAS, Time of Transitions, Polity Press, Cambridge 2006, p. 71 y ss. 40 P. FORTUYN, Tegen de islamisering van onze cultuur: Nederlandse identiteit als fundament, A. W. Bruna, 1997. FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 523 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 ropa se ve ahora desafiada a defender sus valores y principios, tanto en casa como en el extranjero. Las líneas de conflicto […] muestran tres grandes temas: la igualdad y autodeterminación sexual de las mujeres y los homosexuales, la libertad de opinión en la prensa y los derechos de la laicidad frente al mundo sagrado»41. El gobierno holandés ha producido un vídeo que muestra «los valores de la sociedad holandesa» a los inmigrantes que han solicitado permiso de residencia (sus reacciones son estudiadas, y los que denotan abierto desagrado ven denegada su solicitud): el vídeo muestra, entre otras cosas, hombres besándose y mujeres exhibiéndose en topless en las playas. También el gobierno regional de Baden-Württemberg somete a los solicitantes de asilo a un test similar: un cuestionario en el que, junto a preguntas totalmente razonables («¿ve usted alguna justificación a los atentados del 11 de septiembre?»), figuran otras muy problemáticas («¿cómo reaccionaría usted si su hijo le dijera que es homosexual y que quiere vivir con otro hombre?»). Estas preguntas –y, más genéricamente, esta concepción que cifra la esencia de la europeidad en la ética sexual sesentayochista– son problemáticas… porque muchos europeos nativos también «suspenderían»42. Los cristianos europeos reaccionarían con desagrado frente al topless y el besuqueo masculino, y contestarían quizás que intentarían explicar a su hijo que la homosexualidad activa es pecado, y que existen terapias que permiten superar la inclinación homosexual. Naturalmente, cualquier occidental considera una abominación la ejecución de homosexuales en Irán: el rechazo de semejante barbarie sí forma parte del patrimonio moral común a todos los europeos. Pero eso es una cosa, y otra pretender excluir de los valores europeos a cualquiera que albergue el mínimo reparo moral frente a la homosexualidad activa. Las consecuencias de esto serían abrumadoras: los cristianos se verían conceptuados como la anti-Europa (precisamente lo que sugería el Preámbulo de la Constitución)43. Hay ya inquietantes síntomas de esta 41 Citado en Ph. JENKINS, God’s Continent, cit., p. 248. 42 «Other questions [of the Baden-Württemberg test] would be a real obstacle […] for political moderates who are conservative on moral and gender issues, who do not support wide-ranging ideas of gay rights, or who have serious qualms about public nudity. This would certainly be true among Muslims but also those Christians or Jews for whom acceptance of full homosexual equality would constitute an acid test» (Ph. JENKINS, God’s Continent, cit., p. 275). 43 «Los líderes políticos preguntan si los musulmanes aceptarán nuestros valores. Yo pregunto: ¿qué valores son esos? ¿El matrimonio gay? ¿La eutanasia?» (A. SIMONIS, Obispo de Utrecht [citado en Ph. JENKINS., op. cit., p. 276]). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 524 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 evolución: clérigos (Ake Green, Dale McAlpine) arrestados por proclamar en público los criterios bíblicos sobre la homosexualidad activa; agencias británicas de adopción cerradas por no prestarse a tramitar la adopción de niños por parejas homosexuales; grupos españoles de comunicación (Intereconomía) multados por emitir comentarios críticos sobre el desfile del Orgullo Gay44. Cifrar la identidad europea en los «nuevos derechos» es disparatado: implicaría que el alma de Europa se identifica con unos criterios ético-sexuales recientísimos (no tienen más de 30 años) y rechazados por un porcentaje importante de europeos (¡por no hablar de los inmigrantes!)45. Si ser europeo significa aplaudir entusiásticamente el matrimonio gay, entonces no lo fueron Shakespeare, ni Dante, ni Churchill, ni Marx, ni Freud… Erasmo, Tomás Moro o Kant quedarían desplazados por Bibiana Aído como europeos arquetípicos. 5. ACEPTAR LAS RAÍCES CRISTIANAS En su famosa obra ¿Qué es una nación?, Ernest Renan afirmó que la identidad nacional es jánica: mira simultáneamente hacia el pasado (conciencia de unas raíces comunes) y hacia el futuro (proyecto colectivo). «Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía: he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo»46. La Constitución Europea quiso poner los cimientos de una supernación europea, pero lo hizo mirando sólo hacia el porvenir (un proyecto continental de democracia, derechos humanos, etc.), y renegando implícitamente de su pasado (raíces cristianas). Renan habría dicho que esos eran unos cimientos muy débiles. Creo que la razón principal por la que el constituyente europeo volvió la espalda al pasado cristiano es la suposición de que hay una ruptura lógica e histórica entre el cristianismo y los valores europeos actuales (democracia, li44 Sobre el tema, vid. G. KUGLER, «No Successor for Don Camillo: On the Marginalization of Christians in Europe», en G. y M. KUGLER (eds.), Exiting a Dead End Road: A GPS for Christians in Public Discourse, Kairós Publications, Viena 2010, pp. 7-23; cf. M. PHILLIPS, The World Turned Upside Down, Encounter Books, London-New York 2010, pp. 101 y ss. 45 «No es bueno etiquetar unas disposiciones sexuales y de género totalmente nuevas como “principios europeos fundamentales”» (Ch. CALDWELL, La revolución…, cit., p. 238). 46 E. RENAN, ¿Qué es una nación?-Cartas a Strauss, trad. de A. de Blas, Alianza, Madrid 1987, p. 82. FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 525 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 bertad, derechos humanos, etc.). Giscard y los demás estaban profundamente imbuidos de la versión «progresista» de la Historia, según la cual los valores democráticos surgieron a pesar del cristianismo, en dura competencia con él. Pero esa visión de la Historia deja mucho que desear. Los ideales liberaldemocráticos modernos proceden en realidad de los valores cristianos. Naturalmente, ésta es una afirmación «fuerte», para cuya justificación conceptual detallada carecemos aquí de espacio. Señalemos simplemente que la noción de dignidad humana -la idea según la cual la mera pertenencia a nuestra especie confiere al individuo ciertos derechos inalienablesencuentra una fundamentación insuperable en la creencia cristiana en la filiación divina: el homo sapiens no es el producto fortuito de una lotería bioquímico-cósmica carente de sentido, sino la criatura predilecta de un Dios amoroso. De ahí deriva su dignidad: de lo alto. Cualquier otra explicación convierte la dignidad, al final, en una autosacralización voluntarista («tenemos dignidad porque así lo hemos decidido») y selectiva («tienen dignidad sólo aquellos que decidamos que la tienen» [por ejemplo, últimamente hemos decretado que los fetos y enfermos terminales carecen de ella]). Sólo la religión confiere a la dignidad humana un fundamento sólido (si el hombre es hijo de Dios –y no un capricho de la química del carbono– entonces es realmente sagrado; su dignidad es entonces objetiva, y no autoatribuida). El cristianismo ha hecho posible el concepto de derechos humanos al proporcionar la idea de una dignidad inviolable del individuo. Pero también ha contribuido a ello de una segunda forma: poniendo las bases de la desacralización del poder y de la dualidad de órdenes (¡es decir, de la laicidad!: «al césar, lo que es del césar», etc.)47. Israel surge en la Historia como una excepción dualista (separación del poder temporal y el espiritual) en un mundo de «monarquías sagradas» teocráticas, donde el rey es el dios [faraones egipcios] o habla con los dioses. En Israel –y, después, en la cristiandad– el poder es desacralizado: sólo Dios es Dios; el 47 «Il n’y a rien de plus chrétien que la laïcité! […] Pour le peuple biblique, l’État ne sera plus jamais une source de vérité ni un modèle moral, il sera à jamais désacralisé. […]. Même au plus fort de son influence historique, l’Église s’est abstenue d’exercer un pouvoir temporel direct. […] [C]e sont les régimes antichrétiens fondés sur des idéologies matérialistes ou païennes qui ont resacralisé l’État et créé des idéologies d’État fanatiques» (Ph. NEMO, «Les racines chrétiennes de l’Europe …», cit., pp. 54-55). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 526 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 Estado no es divino, ni el rey es un dios; el Estado es falible (y, por tanto, su autoridad debe ser sometida a control y limitación). El Estado no salva48. El mismísimo Habermas ha reconocido todo esto: «Para la autocomprensión normativa de la modernidad, el cristianismo ha representado más que un mero precedente o catalizador. El universalismo igualitario –del cual derivaron las ideas de libertad y solidaridad social, conducción autónoma de la vida y emancipación, conciencia moral individual, derechos humanos y democracia– es un heredero directo de la ética judía de la justicia y de la ética cristiana del amor. Este legado ha sido objeto de una constante apropiación e interpretación crítica, sin sufrir transformaciones sustanciales. Al día de hoy, no existe ninguna alternativa a él. […] Seguimos alimentándonos de esa fuente. Todo lo demás son chácharas postmodernas»49. Con estas palabras (que implican, desde luego, un giro radical respecto a su trayectoria anterior), Habermas está contestando afirmativamente a la pregunta que Ernst W. Böckenförde formulara en los años 60: «¿Se nutre el Estado liberal secularizado de presupuestos normativos que él mismo no puede garantizar?»50. En efecto, la democracia liberal surgió de un humus cultural muy concreto: un humus en el que el cristianismo (junto al sustrato grecorromano) juega un papel central. No es casualidad que las ideas de derechos humanos, Estado de Derecho, etc. hayan surgido en Occidente y encuentren en Occidente sus realizaciones más duraderas y perfectas. Tampoco es casual que el único país del mundo que ha sido invariablemente liberal y democrático desde su nacimiento (y el que salvó la democracia frente a los totalitarismos nazi y soviético) –Estados Unidos– sea también el más cristiano de Occidente. 48 «Esta desacralización del poder en Europa fue fruto del judeocristianismo; […] y [ésta] es la razón por la que la democracia solamente apareció y es probable que solamente pueda florecer en Occidente. […] Fueron los profetas hebreos […] quienes inauguraron la división y la lucha fecunda del poder espiritual y el poder temporal. El profeta no se somete al poder del rey. No duda en acudir a palacio e interpelarle […]. [E]l poder temporal, en cuanto tal, no participa en la economía de la salvación. Ésta depende únicamente de la conversión interior de las personas, en la que trabajan los profetas y los santos. El Estado tiene como misión hacer que reine el orden, impedir que la sociedad se convierta en un infierno, pero no tiene en sus manos la llave del paraíso» (Ph. NEMO, ¿Qué es Occidente?, Gota a Gota, Madrid 2007, pp. 81-82). Cf. G. MADDOX, Religion and the Rise of Democracy, Routledge, London-New York 1996. 49 J. HABERMAS, «A Conversation About God and the World», en Time of Transitions, Polity Press, London 2006, pp. 150-151. 50 «Die Entstehung des Staates als Vorgang der Säkularisation», en Recht, Staat, Freiheit [1967], Suhrkamp, Francfort del M. 1991, p. 112. FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 527 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 Claro, en la historia del cristianismo no todo es luminoso: existieron la Inquisición, las guerras de religión, la condena eclesiástica de las libertades modernas durante el siglo XIX… Pero la cultura occidental disponía de los antídotos adecuados para reaccionar contra tales extravíos; los antídotos estaban en su mismo ADN: en el racionalismo griego y el teo-humanismo cristiano51. Una y otra vez, reformadores, santos, fundadores, activistas anti-esclavitud, etc., podían volver a la fuente: al sermón de la Montaña; a «ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni amo, no hay varón ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús» (Gal. 3, 28). El agnóstico Marcello Pera52 lo ha visto con claridad (y el pensamiento del último Habermas va en la misma dirección)53: el liberalismo no es autosuficiente ni autofundado54. Privado de su raíz prepolítica natural, tiende a dudar de sí mismo, a degenerar en el relativismo y el procedimentalismo55. Es lo que ocurre en la actualidad. La democracia relativista puede autodestruirse. «El liberal –escribe Pera– es cristiano. Lo es aunque no lo sepa»56. Lo es porque sus valores liberal-democráticos no son más que valores cristianos secularizados (aunque él no sea consciente de esa filiación). Y, como indican Pera y Habermas, la preservación del liberalismo no será posible sin una cierta recristianización de Europa57. «Recristianización» que no consiste necesaria51 «In alcune fasi della sua storia, il cristianesimo è stato fondamentalista […]. Ma l’antidoto migliore contro il fondamentalismo è il cristianesimo medesimo» (M. PERA, Perché …, cit., pp. 124-125). «I liberali hanno vinto una battaglia contro la Chiesa, ma hanno avuto come alleato il cristianesimo» (M. PERA, op.cit., p. 48). 52 Vid. M. PERA y J. RATZINGER, Sin raíces: Europa, relativismo, cristianismo, islam, Península, Barcelona 2006. 53 Vid. J. HABERMAS y J. RATZINGER, Dialéctica de la secularización: Sobre la razón y la religión, Encuentro, Madrid 2006. 54 «[I]l cristianesimo –con quella sua idea dell’uomo creato a immagine di Dio […]- è la religione che ha introdotto il valore della dignità personale, senza il quale non c’è né libertà, né uguaglianza, né solidarietà, né giustizia. […] Oggi che è diventato anticristiano, il liberalismo è senza fondamenti e le sue libertà sono appese nel vuoto. […] Se non vogliamo che degeneri ulteriormente, dobbiamo restituirgli il senso dei suoi fondamenti cristiani» (M. PERA, Perché …, cit., pp. 6-7). 55 «Liberalismo e cristianesimo sono congeneri. […] Per mantenere una società liberale […] occorrono un ethos e delle virtù. Non bastano libere istituzioni, liberi giudici, una libera stampa. […] Il difetto principale dell’attuale liberalismo è quello di essersi ritirato in una dimensione solo politica e procedurale e di dimenticare di essere una tradizione con specifici e densi contenuti etici, la quale affonda le sue radici nella storia europea, di cui la storia cristiana […] è parte essenziale» (M. PERA, Perché …, cit., pp. 44-45). 56 M. PERA, Perché …, cit., p. 45. 57 Me ocupé del tema en F. J. CONTRERAS PELÁEZ, «Europa: agonía del sesentayochismo, ¿retorno del cristianismo?» (Persona y Derecho, vol. 58 [2008], pp. 300-367). ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? 528 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 mente en una recuperación masiva de la fe religiosa (aunque, ¿quién sabe?… la religión está en alza en todo el mundo58, e incluso en Europa hay tímidos síntomas de revitalización)59, pero sí en una concienciación generalizada de que los europeos somos, inevitablemente, «cristianos culturales». «Cristiano cultural» es aquél que, tenga o no fe religiosa, valora la aportación insustituible del cristianismo a la identidad occidental. Es la posición del propio Pera, que se autodefine como un admirador del cristianismo que no posee el don de la fe: «Admirador del cristianismo es aquél que sabe que el cristianismo ha cambiado el mundo, que nos ha traído una revolución moral de amor, igualdad y dignidad sin precedentes, y que esa revolución despliega todavía hoy sus efectos; que sin esta revolución el mundo sería peor, la vida entre los hombres más salvaje, los derechos menos garantizados, la esperanza menos fundada. […] Ambos [cristianos religiosos y «cristianos culturales»] tienen un don. Para los creyentes en el primer sentido, el «don de Dios» es la gracia, la gratuita y misteriosa esperanza de un encuentro, de una presencia: la Suya. Para los creyentes en el segundo sentido, el «don de Dios» es un patrimonio de virtudes, costumbres, cultura, civilización: la nuestra»60. Bibliografía ARON, R., Pensar la guerra: Clausewitz, Centro de Publicaciones del Ministerio de Defensa, Madrid 1993. 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JENKINS, God’s Continent, cit, p. 55 y ss. 60 PERA, M., Perché dobbiamo …, cit., pp. 56-57. FRANCISCO J. CONTRERAS PELÁEZ 529 IUS CANONICUM / VOL. 51 / 2011 ¿POR QUÉ LOS TRATADOS EUROPEOS EVITAN MENCIONAR EL CRISTIANISMO? BÖCKENFÖRDE, E.-W., «Die Entstehung des Staates als Vorgang der Säkularisation», en Recht, Staat, Freiheit [1967], Suhrkamp, Francfort del M. 1991. BRUCKNER, P., La tyrannie de la pénitence: Essai sur le masochisme occidental, Bernard Grasset, Paris 2006. CALDWELL, Ch., La revolución europea, trad. de J. Manera, Debate, Madrid 2010. CONTRERAS PELÁEZ, F. J., Los derechos indígenas en las nuevas Constituciones hispanoamericanas, (en espera de publicación). —«Europa: agonía del sesentayochismo, ¿retorno del cristianismo?» en Persona y Derecho, vol. 58 [2008], pp. 300-367. CONTRERAS PELÁEZ, F. 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