Discurso de contestación al de ingreso del Excmo. Sr. D. Manuel Ferrand Bonilla
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DISCURSO DE CONTESTACION AL DE INGRESO DEL EXCMO. SR . D. MANUEL FERRAND BONILLA EN LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS POR EL EXCMO. SR . DR. D. ANTONIO GONZALEZMENESES Y MELENDEZ, CENSOR DE LA MISMA Excelentísimo Señor Director . Excelentísimos Señores Académicos. Acabamos de oír un delicioso di scurso por el cual Manuel Ferrand ha mostrado las brillantes cualidades que lo adornan: la creación, casi podría decirse ex nihilo y la perfección formal a que nos tiene acostumbrados. Lo que Juan Ramón Jiménez llamó «el hallazgo y el acento; es to es, lo pe rso nal», que consideraba esenciales en poesía y que yo extrapolo a la lit er atura entera, al arte de escribir. Y ahora debo yo contestar a este discurso en nombre de la Academia, para que se perfeccione -lo que en latín quiere decir que se compl e tela ceremonia del Ingre so. Confieso que el encargo de ha cerlo que me hizo el se ñor Director lo he recibido con una enorme alegría. Y no porque crea que lo haré mejor que otros, sino porque con ello se cumple una promesa, o mejor profecía que hice a Manu el Ferrand en 1967, en el momento en que era yo el electo y él me entrevistaba para la prensa . Entonce s -y si hace tanto tiempo no es sólo culpa de la Academiayo le dije que él merecía más que yo ser Académico, que lo sería y me ofrecí a co nte starle . Y todavía debo confesar que aquella entrevista me valió en los primeros minutos de mi primera asistencia a la Academia una reprimenda de nuestro inolvidable, querido e inefa-
36 ANTONIO GONZ,\LEZ-MENESES Y MELÉNDEZ ble Director, don José Sebastián y Bandarán, administrada entre ceños frucidos de los académicos de más edad y recibida por mí, tembloroso, con el ademán y el sentimiento de un colegial de primeras letras cogido en una travesura por su maestro. Era que yo había dicho que la Academia debía remozarse, incorporar a escritores jóvenes a su nómina y abrirse a la ciudad cuyo nombre ostentaba en su título. Y la verdad era que yo había sido indiscreto, desagradecido y poco veraz. Pero tambi én e ra verdad que Ferrand no era académico. Y ahora lo es. Y lo es por derecho propio. Y lo de bió haber sido por herencia. Porque, para qu e ahora conste para el futuro y aquí para el resto del mundo la razón que la Academia ha tenido para llamar a su elenco a Ferrand, he creído que debo empezar hablando de sus antepasados, de los F er rand que han vivido y trabajado y creado en Sevilla. Y el primero de quien debo -o creo que debohablar es de Son Excelence Mr . Jules Ferrand o, a la española, don Julio Ferrand y Couchoud, el ingeniero francés que trajo a Sevilla su trabajo fecundo, su fecunda inquietud en muchos aspectos de la sabiduría y su fecundísima semilla en hijos, nietos, biznietos y tatarani etos: cinco gen eracio ne s de esta familia brillante, entrañablemente es pa ñola, francesa de origen, sev illana por su desarrollo y su actividad. Sie mpr e me int eresó la persona de don Julio Ferrand p or - que sabía que era amigo y compañero de profesión de mi abu elo, el in geniero Antonio González y García de Me ne ses (que fue elec to de esta Academia). Porqu e sabía qu e éste había lu c hado viol enta mente para defender al hijo de don Julio, el jov en médico Carlos Fe rrand y a Manuel Espejo, a quienes querían despo seer de sus cargos en la Beneficenc ia Municipal otros concejales - Lupiáñ ez, Lemu s Malo de Molina- en el borrascoso Ayuntamiento de 1898. Don Julio Fe rrand había nacido en Niza, com o los claveles sevillanos. Y es tudió en Grenoble. Y vino a Sevilla a trazar y construir el ferrocarril de Se villa a Málaga y Granada (otro paral elismo con mi abu elo, que trazó el ferrocarril de Sevilla a la s Minas del Castillo de las Guardas, de cuya mina Admir a-
DISCURSO DE CONTESTACIÓN 37 ble era Director) . Don Julio era un maravilloso y universal talento. Coleccionó antigüedades, qu e sirvieron de base para el Museo Arqueológico (en el que hay piezas procedentes de Cueva de la Mora, donada s por mi abuelo). Reunió miles de libros, qu e contribuyeron a la iniciación de la Biblioteca del Ateneo. Como los libros no le cabían en su casa, los tenía repartidos en los más extraños lug ares como en las estaciones del ferrocarril. Era ateneísta desde el 19 de agosto de 1889 (mi abuelo fue de los fundadores). Protegió a Antonio Su sillo y a Coullaut Valera . Estrenó en Sevilla piezas cómicas de ambiente andaluz. Y se casó dos veces. Y tu vo muchos hijos. Algunos, de nombre ex traño: Scevola, Iyabel , Florismundo. Uno de éstos, Diógenes, fue escritor y era tan popular en España que un grupo de literatos madrileños env ió en dos ocasiones -una en prosa y otra en versoscartas lit erarias a don Julio para que dej ara a Diógenes marchar a la capital , dond e al parecer no podían vivir sin él. Eso era en 1905. Veinticinco año s después, Diógenes murió en Méjico. Una rama del tronco de este don Julio es la de los médicos don Carlos Ferrand López y don Carlos Ferrand Gil. Ambos han sido ángeles g uardianes de la salud de la gente sevillana, al frent e de la Sanidad. Vive el segundo en esa apas ionant e tarea y a ambos me ha unido una entrañable amistad. Como a Cristina, su hermana , que es la esposa del que ha tenido muchos años la misma empresa en Madrid, el doctor Fernández Turégano. Y, finalmente, un hijo de don Julio, don Manuel Ferrand Rodríguez, el menor de ellos, cuya vida ejemplar, su car iño a Sevilla, su afición a los libros, su tolerancia , su talento, su hombría de bi en han sido el criso l en que se ha copelado nuestro Manuel Ferrand Bonilla. También don Manuel Ferrand Rodríguez se casó dos veces. Antes de d ejar de ocuparme de estos antepasa dos -da vergüenza de ll amarlos raíces, por lo rec iente de la serie norteamericana en la que ellos han aprendido la atroz historia de una injusticia no redimida-, antes de dejar de hablar de ellos recordaré que don Julio fue miembro de la Sociedad Española de His toria Natural en 1875, de la de Geografía Comercial en
38 ANTONIO GO NZ ÁLE Z-MENESES Y MELÉND BZ 1892 y qu e ingr esó en la Ord en de I sa bel la Católica en 1896. Firma el diploma la Re ina Regente y se le llama en él Monsieur Teodoro Julio Mateo Ferrand . Y en la e dición de un Cu adro de H onor de Sevillanos Ilu stres que, con ocasión del nu ev o siglo XX, se ed itó en la imp renta de la ca lle de Hernando Colón, 11 en 1901, se encuentra nuestro don Julio como sevillano y como ilustre. Y tambi én se lee su nombre entre los franceses que formaban la Socie dad F rancesa de Beneficencia en 1902. Emociona la relación de aque llos se ñores cuyos apellidos son ahora tan sevillanos como el mío: Auban -los antepa sados de los Gas quet- , Adema, B arrau, Bidon, Br ioude, Noel, Peyré, Delclos, Perrier. Allí es tá el abate Moyennin, que enseñó francés a Manuel G or dillo y a sus h er man as, y a media Sevilla. Me c ompl ace h aber recordado a a qu ellos france - ses de p ri ncipi os de siglo, cuya descendencia está ya intricada - ahora la Academia Española prefiere la forma vulgar , intrincada - en la po bla ción autóctona -q u iero decir la del Repartimiento--. ¿Se puede ol vidar que doña Amparo Bid on era la madre sevillana de Luis C ernu d a? ¿Y a los Laffón? P ero ya está bi en de antigi.iedades. Y conste que las he usado p ara dos fines: el prim ero, para cen trar la pe rsona corporal, carna l de nu es tro académico; el seg undo, para que se vea cóm o pued e alguien de apellido extran j er o ser tan español como el que más. Sobr e es to volveré al ocuparme de los Bécquer. Y ahora debo hablar sob re el p rop io Manu el Ferrand, de lo que ha hecho -y lo bien que lo ha hecho-, de lo q ue si gnifica su obra y de lo que se espe ra de su persona. Nació Ma nu el Ferrand Bonilla en esta Sevilla amada en 1925. Y ha hecho tantas cosas, ha tenido tant as vertientes para el fluir de sus vene ro s, y tan bien todo, que se le pu ede ap li car sin duda el título de Ho mbr e de l as Musas. Hacer la biografía de una person a viva es c ruel y atrevido. P ero precisamente ese es el fin de los discursos de contestación -lo he dicho aquí otra vez, en ocas ión semejante-.
DISCURSO DE CONTESTACIÓN 39 Lo mismo que el de ingreso concluye esa biografía a la hora de la muerte del que había ingresado antes en el mismo sillón. Y como, sea como sea, hay que hac er un esquema, por lo menos, de la vida del recipiendario, procuraré que sea una historia viva, cambiante y escurridiza en los primeros años y firme y decisiva en los próximos. Para apoyar en ella la visión de Ferrand como escritor, aspecto por el que ha sido elegido para estar hoy aquí como protagonista de esta fiesta de amistad y alegría. Lo dir é revuelto, vertiginoso y, con toda intención, de una manera confusa para que sea así: el fondo desdib ujado de una figura próxima y neta. (El gran desc ubrimiento de la perspe ctiva aérea, aplicado a la palabra hablada.) Y allá va. E scr ibió obritas de teatro cuando e ra un niño, colegial. Fundó un Cine-Club en su primera juventud, mientras dibujaba historietas y chistes para «Dígam e» , escribía cuentos para niños en «Letras» y para gente mayor en no sé cuántas revistas más. Inventó cosas tiernamente inútiles, pero que se vendían: algún juego de mesa, un abeced ario deducido por asociación de imágenes y algo más . Llevó el peso de la revista «Museo» de Radio Nacional de España en Sevilla. Por entonces soñó en ser g uionista profesional. Y entre esta barahunda aparent e, estudió en la Escuela de Bellas Artes y en la Facultad de Filosofía y Letras, en la que se licenció. Y pintó: retratos, murales; expuso en cuatro ocasiones, ilustró libros y colaboró intensamente en revistas de Madrid y de Sevilla. Pero esto requiere que se trate no tan a la ligera. Manuel Ferrand es un prodigioso dibujante. En la colección de «La Codorniz» hay centenares de obras suyas. Pero sus dibujos no son de un simple humorista gráfico, pretextos para ilustrar una frase ingeniosa. Son acabadas obras de arte. Tiene Manuel Ferrand un dominio del trazo, una limpieza de la línea, un sentido de la composición, una corrección académica mezclada con el desenfado de un creador que se burla de lo perfecto para no caer en academicista, qu e son características de un maestro, lo repito, capaz de la perfección. Pero
40 ANTONIO GONZÁLEZ·MENESES Y MELÉNDEZ él ha preferido dejar este brillantísimo costado de su figura como eso, como un costado, lateral y escorzado, para que no distraiga de su plano frontal de escritor. Lo mismo que hizo Bécquer. He de volver sobre este aspecto de artista de los que dan, como dijo Malraux, las Voces del Silencio. (También André Malraux fue más que polifacético). Porque a Manuel Fc - rrand se le transparenta cuando escribe que sus ojos son ojos de pintor. Y ha dado cursos en la Rábida, en la Universidad de P amplona, en Madrid, a grupos de universitarios norteamericanos; sobre Arte, Novela, Periodismo, Literatura. Y entre unas cosas y otras fue centrándose, madurando, ya no sólo como decía J. R. J. de Salinas frondoso y florido, sino fruta do. Profesor de Historia del Arte, primero en la Facultad de Filosofía y Letras, luego en la de Bellas Artes. Esto de tener que poner reglas, orden y proporción a lo que se sabe, imprime carácter. Y se nota siempre. Y finalmente, sus dos actividades cruciales (lo son como el meridiano y el primer vertical. ¿O no lo son?): el periodis - mo y la novela. De int ento dejo aparte la fase de paseante despierto por nuestra Sevilla viendo sus calles, sus pájaros, sus flores, su cielo. Ya hablaremos de esto. El periodismo y su vocación están ya confesados por nuestro académico en 1968. Porque en su «Con la Noche a Cuestas», P remio P laneta de aquel año, un personaje que se llama simplemente el periodista -«No quiero que mis hijos sean periodistas» decía a cada momento ... , pero callaba la otra verdad del cuento y era que si volviese a nacer , dedicaría su nueva vida al periodismo». La cita literal es mucho más expresiva y convincente que mis comentarios, que siempre serán exteriores, como las observaciones de un ctólogo o de un psicólogo behaviorista. Y la novela, oficio vertebral -dije yo un díade este académico de tantas actividades previas. Como periodista , Ferrand , además de las colaboraciones juveniles que he citado a la ligera, fundó una revista, dirigió otra -«Nuestra Ciudad»-, publicó centenares de cosas en
DISCURSO DE CONTESTACIÓN 41 <<La Codorniz» y, desde 1958, entró a formar parte del equipo de redacción del ABC de Sevilla. En ABC public ó humor con el pseudónimo «Tic» e hizo casi de to do. Pero un lu gar de honor deben tener los recuadro s que durante tanto tiempo -¿o fue tan poco o es que s upo a poco?- leía yo con avidez, saboreaba yo como pequeñas -por la exte nsiónobras de arte, llenas de finísimo in genio, pulcra s hasta el máximo en la forma, con un delicado humor he rma no del es prit francés y del ángel sevillano, que es una c ar acterística de toda la obra de Fer rand. Recuerdan sus recuadro s aquellos «Cielos que perdimo s», de Joaquín Romero (sus í ntimos de la familia supr imíamos el Murub e, a pesar del car i ño qu e le teníamos a doña Nieves). Ha y algo común en el periodismo de Jo aqu ín y el de Manolo Ferrand: la cali dad de ob ra afinada, como un violín, y e jecutada con la grac ia, el gar bo de un minuetto de la más alegre, c orrec ta, br eve música barro ca. Y aprovec ho esta alusión para decir, de paso, que M anuel Ferrand es músico, aunque no lo sea con grados académicos -toca de oídas, como se acostumbra decir-. pero que c uat ro de sus hijos est udian en el Conservatorio, con lo que se amplía la razón con que dije que Ferrand es Hombre de las Musas. El temor de prolongar este discurso me obliga a dejar así el tema de la labor peri odística de nuestro nu evo académico y que pase a contemplar su tarea de novelista. De los once libros « ma yores» que ha publicado, siete son novelas en se ntid o estricto; las dos t erce ra s pa rt es del total. Los once se han publicado en once a ños. A libro por año, amén de su tarea periodí s tica , rle sus cl ases como profesor , de su quehacer diario, permit en clasificar a F erra nd como un gran trabajador . Y si, ad emás, lo que hace lo hace bien , lo coloca a una gran altura en n uestra valo ración. No se me oculta -ni a todos los qu e me oyenqu e un análisis pormenorizado de la obra novelada de F er rand está totalmente por encima de mis posibilid ades y rebasa el tiempo que se puede conceder para una parte de un discurso de contestación que es siempre cansado y deslucido, porque sigue a otro mejor y más denso y largo. Por e ll o seré supersintético, si se me admite este monstruo filológico bi lingüe y feo.
42 ANTONIO GONZÁLEZ·MENESES Y MELÉNDEZ Manuel Ferrand escribe sus novelas con una unidad de fondo y forma y de intención que a veces llega a condensarse en una anécdota sola, y todo lo anterior es la preparación del ánimo del lector para conocer un desenlace desconsolado. Es- to da a este grupo de novelas un dramatismo que hace que el lector se sienta implicado personalm ente en la trama y sobrecogido por el sino ineluctable. Recuerdo que eso me ocurrió cuando leí su «Con la Noche a Cuestas»; como me había pasado de muchacho con «Crimen y Castigo». Por cierto, que cuando se lo conté a Manuel Ferrand, me pidió perdón por haberme angustiado, en vez de enorgullecerse. Esto lo retrata mejor que una descripción. Al lado de estas nov e las monolíticas está n las que corren como un torrente que se divide en varios regatos, corno una fuga de Bach que reanuda el tema en distinto tono y lo de sarrolla con diversa estructura , pero en que, a través de esta aparente diversidad, fluye una melodía íntima, sola y continua, co n la intención derecha. Son como trenzas de niña antigua; como un Concerto que trata el tema en la tónica y en la dominante, que introdu ce el segundo y secun dario tema y va y viene de uno a otro con reglas perfectas y una apariencia de juego. Sólo apariencia . A veces el juego lo es y torna la forma arcaizante para lucirse como dominador de la lengua y del estilo, como su encantador «Don Gaiferos», el caballero venturoso y quebrantado. Pero debemos de jar esto y seguir con otros aspectos de la intención del novelista. Es doble: reflejar la vida como en el más fiel espejo, casi fotográficamente. La vida y la psicología de los personajes. Y denunciar los fraudes que nos atosigan: el mundo del arte en «Los F arsantes», el boom turístico en "El Negocio del Siglo », la crisis de lo eclesial en «La Sotana Colgada», la hipo cres ía de la vida diaria en «La Forastera». Estas , que a un lector superficial podrían parecer divertida s c ríticas, historietas, más que historias, tienen el amargo sabor de la verdad para que quede el paladar sin estragar, despier to y sensible. Otra vez corramos a otro tema: «Fábulas sin Remedio» c;e llama así porque su último elemento es una obra teatral
DISCURSO DE CONTESTACIÓN 43 con ese título en singular, que mereció justamente ser representada en París, en Madrid, en el Corral de Almagro, en Televisión Española, en la que se reparte entre varios personajes -no es vano que los ingleses les llamen caractereslas fases del hombre, las tendencias y las aspiraciones que a todos nos arrastran hacia lo cómodo o hacia lo difícil. Las otras parcelas -fábulas- sin remedio: arcaizantes o análisis de los temas eternos: el amor carnal inserto en una vida gris, el dinero disolvente sólo con nombrarlo, una serie de relámpagos del más brillante ingenio, y dos pintores. Esto requiere párrafo aparte. Ferrand habla de pintores, de pintura en muchos sitios. No sólo de Van der Goes y de Van Gohg, los dos locos; pero habla «pintura». Sus descripciones son pictóricas; cuando dice las cosas, los rostros, los cielos, las olitas que hac e un barco al pasar por el río y mueven una canasta medio podrida, acompasadamente. Pero aunque pinta con la pluma (la caligrafía de Ferrand no desmerece de la de J. R. J. Pero es mejor, porque no es pedante), aunque pinta escribiendo, no se detiene en la superfic ie, sino que penetra en el fondo. Los rostros son personas, las cosas están allí con los que las usan, los cielos transparentan a Dios. La «Carta Abierta a un Españolito que Viene al Mundo» en 1974, como es lo que dice, descripción de un presente -en- toncesvaticinio de un futuro y análisis de una crisis en la que ahora estamos hasta el cuello, ha sido descrita en una amplia y profunda crítica como una obra «triste, divertida y esperanzad ora». Y ya es bastante para una instantánea de España con revés de futuro. Y dos libros es peciales: «Las Calles de Sevilla» y «La Naturaleza en Sevilla ». Libros para ver y leer; libros de estampas, pero en los que se demuestra lo que dij e hace un momen- to sobre la pintura y lo que escribe nuestro querido académico: Las imágenes las ponen otros, aunque Ferrand las escogiera. Pero las ve Ferrand. Las enseña, les da vida. En estos libros están las dos vertientes de nuestra ciudad: las casas, es decir la obra humana, la civilización, que viene de civitas. Y los árboles, las flores, los pájaros, los bichitos (las arañas, las mariposas ... (¿me dejáis que les llam e los artrópodos?),